Nota:
Sospecho que les gustará este capítulo... No puedo adelantar más. Y, hombre, juro que estoy más ansiosa por sus opiniones que nunca antes, ¡ya verán!
Muchas, muchas gracias, por seguir la historia y tomarse el tiempo para comentar.
Enséñame.
IV.
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Estaba bien entrado el día, pero en la austera habitación sin ventanas la luz era escasa. No era que importase realmente. Para ser totalmente claros, en esos momentos la entrada vetada para los rayos del sol podía ser algo benéfica para su huésped.
Neji Hyüga maldecía internamente los síntomas de la resaca, del guayabo de la mañana, mientras se miraba en el pequeño espejo del pequeño cuarto de baño; que los había sentido ya varias veces en la vida, pero uno no termina nunca de acostumbrarse a esos males. Unas débiles ojeras adornaban la parte inferior de sus ojos claros y Neji frunció el ceño al centrar su mirada en sus labios, que estaban tan secos como los sentía y, además, la comisura de su boca lucía un suave color morado. La garganta le quemaba. Había también un ligero dolor puyándole la cabeza, pero no era nada que no pudiese controlar. Lo que más le molestaba, sin embargo, era la desagradable sensación de calor sofocándolo de pies a cabeza, era como el infierno en su piel, y el fastidio en la boca del estómago, la acidez infernal.
Después de echarse agua en la cara, de fregarse insistentemente con las manos y suspirar, Neji tomó el cepillo de dientes y empezó el aseo bucal. Fue un alivio porque aparte de eliminar el mal aliento matutino, el contacto del líquido con sus labios y con el interior de su boca le resultó placentero.
Luego, echó un vistazo general.
Resultado: era un desastre.
Tenía el torso desnudo, algunos moretones y los pantalones rasgados en la zona de las rodillas.
Se sentía pesado y lento, dos cosas mortales para un ninja, y por un ínfimo momento se permitió envidiar la reacción del cuerpo de Lee ante el alcohol, que lo volvía más fuerte e impredecible. A él, en cambio, no le favorecía mucho, ya lo veía; le hacía lucir como un tonto y actuar también como uno. Sólo había que recordar su actitud con su prima en la madrugada; ella había tenido que cargar con él estando ebrio, riéndose por cualquier nimiedad, diciendo incoherencias, ¡y hasta haciéndole cosquillas en el cuello con la nariz! Hinata había cuidado de sus insípidas heridas y le trató pacientemente mientras él hablaba tonterías de mujeres y labiales rojos y miles de cosas más… Qué vergüenza, hasta había querido darle recomendaciones con respecto a su relación con Naruto y encerrarla en una de sus simplonas lecciones de seducción. Y, Neji se cubrió los ojos en un gesto de frustración, menos mal que ella había sabido sacarle el cuerpo, porque… la verdad era una sola aunque le costara admitirla incluso ante sí mismo: podía ponerse un poco intenso cuando estaba ebrio.
Siendo totalmente honesto, esa era la razón por la que su mirada se había detenido varias veces en los tiernos labios femeninos, en sus ojos aperlados, en las finas facciones de su rostro y en las acentuadas curvas delanteras insinuándose bajo la delgada tela de la yukata veraniega… También fue la razón por la que había disfrutado tan sagradamente de las gentiles manos atendiéndole la boca, desvistiéndolo y aplicando lentamente (oh, le había parecido tan lento) un poco de su secreta pomada sobre la piel de su abdomen y pecho. El alcohol era el único culpable de ese impulso reprimido de unir sus labios con los de ella, así fuera un poco, al momento en que la vio inclinarse sobre su rostro para despedirse (y afortunadamente su yo ebrio no había sido tan obvio). También, con la mejilla bien puesta sobre la almohada, había mantenido las pupilas bien fijas sobre la figura de su prima abandonando la habitación…, analizando el movimiento tenue de caderas que, en ese momento, se le antojó supremamente sensual, y devorando visualmente ese trasero apretado y redondo…
Se recostó en la pared, cansado, cubriéndose el rostro caliente. Dios mío, el alcohol lo volvía un pervertido. No podía permitirse volver a caer en sus garras. No cuando lo hacía pensar y actuar como lo que no era, no cuando le hacía ver a su protegida y querida prima con ojos libidinosos, con ojos pecadores.
Joder… Sólo esperaba que ella no hubiese podido leer pasado ardor interno al estar tan cerca. Lo esperaba de verdad y, teniendo en cuenta que se trataba de Hinata, inocente y pura Hinata, quien nunca podía pensar algo malo de las personas y menos de su honorable guardián, entonces las probabilidades estaban a su favor.
Nunca, se repitió, nunca volvería a toparse con Hinata estando ebrio. De lo contrario, tendría que cometer seppuku, ¿que eso era cosa de samuráis y no de ninjas? Le importaba un bledo; si volvía a acercarse en estado alcoholizado a la heredera del clan Hyüga, se volvería un maldito samurái si era preciso y se clavaría una daga en el abdomen.
Con sangre, filos, dagas, samuráis y muertes honorables llenándole la mente, Neji a duras penas percibió el suave sonido de la puerta abriéndose cuidadosamente, al que le siguieron unos pasos sigilosos, demasiado sigilosos… sospechosamente sigilosos y el sonido de la puerta al cerrarse. De nuevo, con el pensamiento de sangre, filos y dagas, ni siquiera tuvo tiempo de pensar antes de que sus instintos actuaran por él; dos segundos después su más preciado kunai aprisionaba la piel clara de una garganta.
El invasor pegó un respingo junto a una ahogada exclamación de sorpresa y Neji se maldijo nuevamente al reconocer el sonido de campanitas y el sutil olor del romero. Relajó el agarre en el arma y separó su mano antes de esconder el kunai con rapidez.
—Neji-niisan.
Ella cargaba una bandeja en las manos. Debió haber sido un verdadero esfuerzo el no derramar nada con el susto. —Discúlpeme, por favor —con una mirada arrepentida, se la arrebató cuidadosamente y la depositó en el escritorio de madera, dándole la espalda—, pensé que se trataba de un intruso.
Acordándose fugazmente de su parcial desnudez, caminó hacia el armario y se puso una de las camisas allí guardadas, blanca y con cortas mangas.
—No, es mi culpa, debí llamar antes de entrar —Hinata se disculpó—. Pero pensé que estarías dormido todavía y no quería molestar. Después de todo, fuiste a dormir muy tarde y estabas… uhm, indispuesto.
—Ebrio —Neji la miró—, lamento que haya tenido que lidiar con tal situación.
La vio sonreír un poco. —Está bien, no me causaste problemas. En realidad, me agrada el Neji ebrio.
¡Oh, pobrecita, no sabía lo que decía! ¡el Neji ebrio era un depravado!
Con desgano, Neji se sentó en la cama, causando una expresión de preocupación en su prima.—¿Te sientes bien?
Asintió, cada una de sus atenciones haciéndolo sentir un poco más culpable, porque se suponía que era él quien debía velar por ella, no al revés. Desvió la mirada hasta la bandeja que reposaba en la mesa y habló, desviando también su atención: —¿Qué ha traído?
—Bueno, supuse que amanecerías sediento, así que te traje un poco de agua —relegó tímidamente un mechón de azulado cabello tras la oreja y, mientras hablaba, por primera vez Neji reparó en algo: no estaba usando su común ropa de entrenamiento. En cambio, un kimono elegante y de color lila abrazaba su delicada figura. Pequeñas flores grisáceas se entrelazaban delicadamente en el estampado del obi sobre su cintura y en las largas mangas del vestido. Dos prendedores de violetas adornaban agradablemente su cabello—. También te preparé una receta que, escuché alguna vez de Ino-chan, es muy efectiva para combatir los síntomas generados por el alcohol.
—Muchas gracias.
Hinata se había acercado en algún momento con un vaso de agua entre las manos. Neji tomó un sorbo grande, sintiendo alegremente como el líquido fresco aliviaba su garganta, como lo revitalizaba.
—¿Te sientes mejor, Neji-niisan?
Un nuevo asentimiento. Neji estiró la mano que sostenía el vaso ahora vacío y ella lo recibió dispuesta, acomodándolo nuevamente sobre la bandeja. —¿Quieres comer ahora? Es una sopa ligera y fui cuidadosa al hacerla. Trae un poco de carne de res y-
—Hinata-sama, ¿por qué está vestida de esa manera?
Sin rodeos. Así. Directo. Ese era él. Y al verla bajar la mirada supo que había algo que la inquietaba.
—Tengo que presentarme frente a mi padre y el concejo en una hora, así que… debo vestir adecuadamente.
—¿Tan temprano?
—Neji-niisan, son más de las diez —la manga del kimono cubrió parcialmente su boca al reprimir una risa—, la reunión es a las once.
Se sintió estúpido, pero el haberla hecho sonreír alivianó su vergüenza. —Oh… Espero que no le deleguen más tareas, Hinata-sama —comentó de manera natural—. Kiba y Shino la han preguntado mucho cuando me los encuentro en la aldea. Dicen que no la han visto últimamente.
—Es verdad, no he salido en días del complejo Hyüga… —ella susurró, su mirada adoptando un dulce brillo melancólico—. Los deberes están aquí dentro, pero a veces quisiera tanto que Kakashi-sama me enviase fuera en una larga misión como las de antaño junto a mi equipo.
—Los sacrificios de ser la heredera, supongo.
Hinata lo miró un momento. Parecía demasiado pensativa. —Sí… —dijo—, los sacrificios…
Definitivamente algo estaba mal. Definitivamente algo estaba mal con ella y Neji prefería cometer doble seppuku (sin importar que fuera imposible) a dejar que su prima cargase con quién sabe qué clase de problemas o preocupaciones. La conocía como la palma de su mano y sabía que lo que la tenía meditabunda era la dichosa reunión con el líder y el concejo del clan.
Palmeó el colchón, indicándole que se sentara a su lado. —Venga acá.
—¿Eh?
Un ligero rubor invadió sus mejillas mientras sus ojos se abrían un poco más. Neji tuvo que contenerse para no rodar los de él. La noche anterior habían estado más cerca, con él sin camisa y lo había tocado sin pena, en cambio ahora se sonrojaba nada más con la idea de sentarse a su lado. Quizá el Neji ebrio la hacía sentir más confiada, pensó. —Venga. Siéntese junto a mí, que quiero que hablemos —tiró de las comisuras de su boca en una pequeña sonrisa—¿o es que el Neji sobrio no le agrada?
Hinata rió, captando inmediatamente el juego en sus palabras y avanzó, sentándose a su lado, cerca, pero a una distancia prudente, a una distancia Hyüga. —Me agrada.
Neji la miró, manteniéndose calculadoramente en silencio. La sonrisa en el rostro femenino se esfumó y, en cambio, apareció un gesto incómodo. Su mirada opalina se desvió. —¿Q-qué sucede, niisan? —no le agradaba sentirse tan observada.
—¿Qué sucede, Hinata-sama? —contraatacó—Estoy esperando a que se decida contarme la razón que la hace actuar falsamente frente a mí de todas las personas —ella abrió los ojos, sorprendida, así que continuó—. Sé que algo la está mortificando. Dígame lo que es, la ayudaré de cualquier manera.
Apoyó una mano en el colchón, sosteniéndose, notando con frustración que le arremetía un pequeño mareo. Hinata, por suerte, se encontraba muy ensimismada como para notarlo, así que él simplemente se enfocó en ella, en esperar que la verdad brotara de sus labios como una corriente de agua dulce, como sabía que pasaría.
La vio morderse el labio inferior. —Es la reunión con el concejo.
Oh, no me diga. Rodó los ojos mentalmente, pero mantuvo su mirada firme, seria, expectante. Hinata nuevamente acomodó un pequeño mechón de cabello tras la pequeña oreja, era un hábito que demostraba su ansiedad de una manera más disimulada que el particular juego con los índices que aún creaba en ocasiones.
—¿Por qué crees que quieran verme, Neji-niisan?
Frunció el ceño. —No lo sé. Usted es la heredera del clan, hay infinidad de razones por las que querrían reunirse con usted.
Ella de nuevo se mordió el labio y Neji notó que ya estaba poniéndose más rojo de lo normal. Sintió deseos de detenerla, pero no lo hizo.
—¿Piensas que… tú crees que… existe la posibilidad de que quieran hablar sobre mi estado civil?
—¿Un matrimonio? —llevó las pupilas al techo, pensativo—. No creo.
—Pero, niisan, estoy más cerca de los veintiún años que de los veinte —ella protestó—, y en todas las generaciones el líder del clan ha asumido el cargo estando casado. Al menos comprometido.
—Usted puede ser la excepción —en realidad, le estaba empezando a doler un poco la cabeza—. Nadie puede obligarla a hacer algo que no quiere.
Aun diciendo esto, Neji entendía perfectamente su preocupación. En realidad, no era tan simple como se oía. El clan Hyüga seguía siendo una familia llena de tradiciones ancestrales rígidas y el derecho consuetudinario, el dictado por las costumbres, estaba en la cima de la pirámide. A Hinata, como futura líder, no le convenía contravenirlo de alguna manera, pero un matrimonio con el único objetivo de asumir el cargo sin problemas sonaba bajo incluso para Orochimaru. A ella no la iban a obligar, pero si querían podían llegar a presionarla intensamente.
Sabía que Hiashi Hyüga había aplazado el momento de discutirlo, pero como Hinata misma decía: estaba más cerca de los veintiuno que de los veinte. Después de eso, todo podría ir cuesta abajo, pues estaba pasando la edad tradicional para comprometerse.
Así que por eso había querido aprender a seducir…
—¿Por eso pidió mi ayuda?
—Sí —ella se sonrojó.
—Pero, Hinata-sama, no debe preocuparse por eso —dijo con calma—. La solución podría ser simple; comprométase con alguno de sus pretendientes y cuando ya esté bien posicionada como cabeza del clan, entonces rompe el compromiso por algún motivo. Algo se nos ocurrirá para justificarlo en su momento.
Si era preciso, podían hasta montarle una trampa al pobre desafortunado o Neji siempre podía darle alguna pequeña amenaza de castración, nada grave.
Él no lo supo, pero ella sintió ganas de abrazarlo con fuerza al oírlo hablar con propiedad, incluyéndose en la ecuación. Tuvo ganas de abrazarlo y darle las gracias por ser tan preciosamente leal y desinteresado, por estar allí para ella durante años, no dejándola sentir sola o desamparada, por ser su guardián y su amigo. Sin embargo…
—No quiero comprometerme… Aunque fuera una mentira, no quiero comprometerme de esa manera —suspiró, dedicándole una mirada débil—. A veces… —una nueva mordedura en el lado—pienso que a ninguno de ellos les agrado realmente, que simplemente fingen… Y yo no puedo pensar ni siquiera en fingir una relación con alguno de esos hombres.
Un pequeño silencio se instauró entre ambos. Quizá estaban pensándolo demasiado, se dijeron, quizá las cosas se arreglarían por si solas, pero siempre cabía la posibilidad de que no fuese así. Sin embargo, pronto Neji llegó a la conclusión de que nada sacarían quedándose allí, matándose la cabeza por un futuro incierto. Cuando llegara el momento él haría lo necesario para ayudar. Ella no cedería a presiones. Y en el mejor de los escenarios podían contar con la ayuda del séptimo hokage, el que aún no había sido coronado, y, por qué no, Hinata podía llegar a ser, además de líder del clan Hyüga, primera dama de Konoha.
Lentamente posó una de sus manos en las de ellas, juntas en el regazo. Las pupilas idénticas entraron en contacto. —Quite los pensamientos inquietantes de su cabeza, por favor —le habló suave—. Deje que su guardián cargue con ellos.
Una bonita sonrisa se pintó en su boca, su atención sobre él. —Sabes que no puedo hacer eso. Hay cosas que simplemente no me puedo sacar de la cabeza.
Neji llevó una de las delicadas manos hasta sus labios y besó el torso con reverencia. —Entonces sólo confíe en mí —mantuvo el contacto de sus dedos, posando nuevamente su mano sobre la rodilla femenina. La miró. —Escuche mis palabras: el concejo ni siquiera estará pensando en su estado civil, positivamente la causa de la reunión sea otra totalmente diferente y usted se está estresando sin motivo.
—¿Lo crees?
—Estoy seguro.
Las pupilas cálidas de Hinata descendieron un poco. —¿Te parezco débil en este sentido?
Un movimiento sutil entre sus dedos. Neji frunció el ceño. —Para nada. Cualquiera en su situación estaría inquieto.
—Es sólo que… —ella hablaba más para sí misma que ninguna otra cosa—no quiero ser besada ni tocada por un hombre que no me quiera de forma sincera. Es simplemente eso. El pensar que mis primeras experiencias románticas sean compartidas con una persona que no siente por mí ni siquiera cariño me aterra, es algo que me causa nauseas… Aunque si fuese por el bien del clan, por el bien de la familia… yo sé que podría hacerlo, estoy segura, pero… no puedo evitar sentirme de esta forma… yo…
—No tiene que explicarlo.
—Pero quiero.
Y quería abrazarlo. En serio, el abrazo reprimido podría accionarse en cualquier momento. Pero ellos eran Hyüga y no demostraban sus sentimientos a través del contacto físico, al menos no con frecuencia, y no podían hacer mucho para cambiarlo.
Cuando Neji suspiró, Hinata se puso alerta, pero luego sus ojos blancos la miraron con un sentimiento desconocido, algo parecido a la simpatía. —La primera vez que besé a alguien fue hace mucho tiempo, estaría a eso de los quince años, y ella era mayor.
La menor se acomodó mejor en la cama, mirándolo de frente, con los ojos brillando y el gesto sorprendido y expectante de un niño al que le cuentan una historia para dormir. —¿Cuál era su nombre?
—No lo recuerdo —él respondió secamente—. Era una misión. Ella era la esposa de un comerciante exitoso y corrupto que estaba ejerciendo un control desastroso en una pequeña aldea del norte. Le gustaba serle infiel a su marido con hombres mucho más jóvenes, así que yo era la pieza perfecta para sacar un poco de información.
Los ojos de Hinata estaban totalmente abiertos. No se imaginaba un primer beso más horrible. Si bien ella había tenido algunas misiones extravagantes o arriesgadas como kunoichi, en ninguna había sido necesario más que algunos tartamudeos, sonrojos y aceptar tomar una copa con algún hombre horrible en cuyo vaso disolvía rápidamente una sustancia y listo. Jamás un beso. Jamás un toque muy inadecuado. Nunca se había puesto a pensar en lo suertuda que había sido.
—Pero sí recuerdo que era una mujer bonita y que cuando me besaba yo no podía sentir nada, era simplemente mi misión. Ni siquiera el tacto de sus labios y de sus manos me provocaba asco. Era nada.
Ella se llevó una palma a la boca. —Qué horrible…
Neji sonrió. —Quizá para mí no haya sido tan importante, pero al menos comprendo lo que me está diciendo. Si hubiese podido elegir, nunca me hubiese acercado a esa mujer y es por eso que yo no dejaré que a usted se acerque un hombre que no la aprecie.
Hinata se mordió el labio. Ya que estaban en esas…
—¿Puedo preguntarte algo? —ante su asentimiento, continuó, tímida—¿has recibido besos reales, Neji-niisan, de personas que te hayan querido?
Se rascó la cabeza. —No tengo forma de saber eso —dijo—. Bueno… al menos puedo decir que sí en el caso de Tenten.
—¿Tenten y tú se besaron? —Hinata se llevó ambas manos a la boca, sorprendida. En su cara una expresión que a Neji se le antojó graciosa.
—Fue hace años, cosa de nada. Pero al menos sé que Tenten me tiene cariño.
—Y tú… —sus manos cayeron lentamente, sus mejillas se colorearon de un suave rosa—¿tú tienes sentimientos por ella, Neji-niisan?
—Nada que no se deba sentir por una compañera de equipo.
Hinata suspiró, aliviada por él, por Tenten y por Lee. —Qué bueno.
Neji quiso reír. Ella en verdad le daba mucha más importancia a las cosas de las que merecían. Sin embargo, justamente por eso, por la preocupación desmedida de su prima, decidió hacer lo que hizo.
—Sí, qué bueno que el tema quedó concluido —comentó, enderezando su postura, acomodándose de una manera en la que pudiera mirarla de frente—. Ahora acérquese. Quiero enseñarle algo.
Ella lo miró dudosa, pero obedeció, moviéndose un poco hacia él.
—Más, Hinata-sama.
Un centímetro más.
Neji dejó el pie derecho en el suelo y dobló la pierna izquierda, sentado con la rodilla sobre el colchón, creando así un espacio que su prima pudiera recorrer para estar más cerca, invitándola a ello. La vio parpadear.
—¿No está bien desde aquí?
—No, no está bien —respondió—, sólo acérquese tanto como si quisiera contarme un secreto.
Su siempre disciplinada alumna lo obedeció sin chistar, no se detuvo sino hasta que el flequillo sobre la frente casi podía ser acariciado por su respiración. —¿Así, Nii-san?
—Sí —él asintió—, ¿hará lo que yo le diga?
—¿E-Esta… es una de nuestras clases?
Nuestras clases. Tenían clases de taijutsu casi todos los días y, sin embargo, nuestras clases eran las otras clases, las secretas, las de seducción. Nuestras clases. Algo solo entre los dos.
Sonrió. —Sí, esta es una —habló en apenas un murmullo, porque simplemente no era necesario usar un tono más elevado—, ¿lo hará? —repitió.
—Siempre hago lo que mi maestro me ordena —fue su respuesta.
Hinata tomó aire y esperó. Su corazón estaba latiendo un poco más rápido de lo común, pero era comprensible en su situación; estaba nerviosa por la reunión con su padre y los ancianos del concejo, estaba nerviosa por la lección de Neji, estaba nerviosa por todo. Sus latidos siempre se aceleraban cuando no sabía lo que iba a pasar. Y fue peor cuando, en un susurro, Neji habló:
—Cierre los ojos.
—¿Ah?
—¿Quién es la que siempre hace lo que su maestro le ordena?
Cielos. Odiaba que usara sus propias palabras en contra. Tras un suspiro lento, obedeció. Sus iris plateados se ocultaron tras la cortina de los párpados. Neji observó que las pestañas oscuras eran tan largas que con sus puntas alcanzaban a tocar superficialmente los pómulos rosados. —No los abra hasta que yo se lo diga. Sin trampas.
Sus labios se apretaron en un puchero molesto, el inferior sobresaliendo de forma infantil. —No soy tramposa.
Él se permitió sonreír, despejando cuidadosamente el femenino rostro estilizado usando las puntas de los dedos. Cuando los cabellos de Hinata no fueron un estorbo, puso las manos sobre sus hombros: —Está bien entonces —y la besó. Sus labios se encontraron con suavidad, la presión entre ellos con la fuerza apenas del aleteo de una mariposa y Hinata abrió los ojos, sorprendida, sus mejillas adoptando un rubor adorable, y se echó un poco hacia atrás.
—N-Neji —el ceño fruncido de su primo le hizo detenerse. Estaba molesto. Los dedos largos se aferraron a sus hombros, sosteniéndola.
—No le he dicho que los abra. Obedezca.
Anonadada, Hinata cerró los ojos nuevamente, temblorosa. —P-pero yo-
—Y tampoco hable.
Ella cerró la boca. Podía sentir la mirada fija sobre ella. Después pudo sentir también una respiración cálida sobre sus labios. Y en claro contraste con las autoritarias palabras que brotaban de ellos, los labios de Neji eran tiernos y pacientes. Le sacudían el estómago. Y no podía hablar porque los tenía sobre los suyos y no podía respirar porque… simplemente no podía respirar.
Él se dedicó a depositar besos suaves, besos lentos que eran apenas el contacto de unos labios con otros, apenas un vaivén de presionar y separar, de atraer y repeler. Besos cortos y dulces que recorrieron la comisura de su rosada boca, que repasaron sus labios como si quisiera calcarlos. Hinata se preguntó fugazmente si estaba siendo tan cuidadoso por el pequeño moretón en su boca, se preguntó si besarla le lastimaba. Pero luego dejó de preguntarse algo porque se sentía muy bien, y era como si pudiera recibir cariño y devoción a través de ello y… él habló contra sus labios y las cosquillas eran tan agradables que apenas pudo reprimir un suspiro. —Me estoy asegurando de que quien la bese sea un hombre a quien le importa —las grandes manos acariciaron sus mejillas. Hinata no tenía forma de saberlo, pero Neji tenía los ojos abiertos, no había dejado de verla un solo segundo. Sus labios volvieron a juntarse por un instante—, ¿me odia por esto?
Ni una palabra.
Neji frunció el ceño, luego se mordió el labio para reprimir una sonrisa. —Puede responder.
—No —susurró ella débilmente—, n-no te odio.
—Imagine que soy Naruto.
—Ujum.
Los dedos de Neji le elevaron un poco la barbilla y entonces él hundió sus labios en ella de verdad. No moviéndolos tentativamente como antes, sino llevándola a un ritmo diferente, más rápido. Mareada, Hinata tanteó su pecho con las manos, aferrándose apenas de la ropa de su primo.
Ella empezó a mover los labios, tratando torpemente de seguirlo, y Neji alentó los movimientos frotando gentilmente los pulgares sobre la piel de sus mejillas. Hinata entendió el motivo por el que a las personas les gustaba tanto dicha actividad… Su estómago se retorcía de una agradable manera y, de repente, parecía como si su mente estuviera vacía. Sólo eran esos labios contra los suyos, sólo eran esos pulgares sobre su rostro, sólo era esa camisa entre sus dedos. Eso hasta que él hizo una cosa especialmente deliciosa al succionar con lentitud su labio inferior y entonces ella hizo trampa: susurró un bajo Neji, desobedeciendo la orden de mantenerse callada y entreabrió los ojos por un segundo, ignorando la de mantenerlos siempre cerrados. Pero, al parecer, a él no le importó. Sus ojos grises también estaban cerrados.
En un momento, Neji la separó con lentitud, siempre caballeroso. La respiración de Hinata empezaba a ser pesada. Ella se mordió el labio, tratando de mantener la sensación allí, y él miró fugazmente el reloj de la pared: —Ya casi es la hora de su reunión, Hinata-sama. Faltan menos de quince minutos —sonrió—. Ya puede abrir los ojos, hablar, y dejar de imaginar a Naruto.
Los párpados subieron pesadamente, dejando ver unas tímidas pupilas y el rubor en sus mejillas adquirió un tono más elevado. Sin mediar palabra, ante la sorpresa de Neji, ella hizo lo que llevaba bastante tiempo hacer: lo abrazó, porque era ahora o era nunca, y quería que fuera ahora. Recostó la mejilla en el amplio hombro de su protector.
—Hinata-sama…
La mano de Neji se posó sobre su espalda, devolviéndole torpemente la atención y durante un instante ninguno habló. Esos eran gestos que los Hyüga no solían permitirse y, sin embargo, allí estaban ellos dos, la heredera del clan Hyüga y su guardián, abrazados, después de haber intercambiado algunos besos.
—Gracias —por quererme, por enseñarme lo que es sentirse importante, por ser gentil y elegante, por ser tú y por existir, primo. Un gracias que no tenía que ser explicado porque ellos eran Hyügas, gente de pocas palabras, personas que veían más allá de ellas.
Neji sonrió y cuando ella se separó, ligeramente avergonzada, le señaló la bandeja sobre la mesa. —¿Podría alcanzármela antes de retirarse? No quiero que se enfríe más —. Y fue bueno, porque ella lo hizo y se rió antes de despedirse, aconsejándole de paso que tomara más líquido y susurrándole un secreto:
—Uno de mis clones está entrenando en el döjo en este instante. Uno de mis clones transformados en ti, así logré que mi Padre no hiciera demasiadas preguntas esta mañana.
Y, sin embargo, Hinata se guardó otro. La desobediencia de una de sus órdenes: que durante el beso se le había olvidado imaginar a Naruto.
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Lo más gracioso fue que la reunión con su padre y con el concejo resultó tratándose de simplemente un ajuste de la contabilidad general del clan. No matrimonios. No compromisos. Ni siquiera había tenido mucho protagonismo. Y fue bueno, la verdad, porque su cabeza aún estaba un poco nublada.
