ENSEÑAME.
V.
Esa mañana cuando Hinata llegó al döjo sufrió un sobresalto tan grande que por poco rompe el techo con la cabeza, chillando tontamente "¡Na-Naruto-kun!", lo cual sólo hizo patéticamente obvia la cantidad de ayuda que debía recibir si alguna vez aspiraba acercarse al héroe de Konoha, románticamente hablando.
Neji se apresuró, claro, a asegurarle que no era Naruto. Sin embargo, el gesto diligente y calmo, característico de su primo, en el bronceado rostro de Naruto solamente la azaró más, ¡la seriedad solo le aumentaba el sexy-thing! Si hubiese regresado a tener trece años seguro se hubiera desmayado ahí mismito y mejor que le hubieran apartado cuarto de hospital por al menos un mes, porque la recuperación sería larga. Afortunadamente ya era una mujer de veinte años avergonzada hasta la muerte, que recibía tímidamente el vaso de agua que unas manos callosas le ofrecían.
Cuando él había dicho que sería Naruto, no pensó que quisiera decir ser Naruto, no literalmente. Una actuación hubiese estado bien, ¿verdad? Pero bueno, que eran ninjas después de todo.
—¿Se encuentra bien ahora?
Naruto se sentó frente a ella con las piernas cruzadas.
Ella cabeceó ligeramente en respuesta, balbuceando un torpe "s-sí". Respiró hondo y, apenas un segundo después, le sostuvo la mirada.
Era él. Su voz. Su cabello dorado. Su piel trigueña. Su chaqueta naranja. Sus labios…
Obviando el brillo burlón en los hermosos ojos de su amor platónico, Hinata Hyüga, muy valientemente, carraspeó:
—En mi defensa… —dijo—eres el mejor Henge* que se ha visto.
Él no pudo reprimir una risa.
Neji Hyüga tenía que admitir ante sí mismo que todo ese asunto de su prima intentando seducir a Naruto le estaba resultando bastante divertido. El proceso le estaba siendo demasiado entretenido. Al comienzo, esa misma mañana, sus ánimos habían ido en caída libre ante la reacción exagerada que tuvo ella al verlo (¡tantas cosas por mejorar!) y, sin embargo, el resultado no había sido tan dramático después de todo; ahora, en plena lucha de miradas, la estaba pasando de lo lindo.
—¿Seguro que esto es necesario, Neji-niisan?
Su gesto era un poema. Se confundía la vergüenza con la incomodidad y… ¿el estreñimiento? No es que fuese malvado, sino que simplemente tenía que sacar algo al obligarse a sí mismo a lucir como alguien que no era, sobre todo si ese alguien producía unas reacciones tan interesantes en su pequeña discípula.
Ventajas del oficio.
—Absolutamente —con una malicia que ella no pudo percibir (porque, ya saben, se trataba de ella), movió sus labios de tal forma en que ellos se pintara una sonrisa zorruna—. No pares de mirarme, Hinata-chan.
En respuesta, las mejillas femeninas se incendiaron. Neji la observó perder miserablemente cuando desvió la mirada perlada y… ¿eso fue un puchero?
Linda.
—Oh, Neji-niisan, eso ya es crueldad.
No lo era. O quizá un poco. Pero, si lo pensaba detenidamente, ¿no era esto necesario para que su prima tuviese pudiese tener una interacción más fresca y relajada con el Naruto real? Una simulación podría ir adaptándola a su presencia. No había nada que con la práctica no se pudiese lograr.
Aunque podían empezar poco a poco.
—Está bien —aceptó y se puso de pie, ofreciéndole la mano para que lo imitara. Hinata parecía hiperventilar, pero la aceptó luego de unos segundos—. No actuaré como Naruto. Por el momento me limitaré a transformarme en él, así lograremos que se acostumbre pronto a esta apariencia.
Que, por cierto, no era tan asombrosa si se lo preguntaban.
Hinata asintió, ruborizada. —¿No volverás a usar el "chan" entonces? —él negó, ganándose una inusual mirada recelosa—¿ni intentarás intimidarme de nuevo o avergonzarme a propósito?
—Jamás he hecho tal cosa.
—Neji-niisan…
—No lo haré.
Era raro abrir la boca y que de ella saliera la voz de Naruto. Hasta había sonado fastidiado y, cuando vio a su prima llevarse una mano a los labios para ocultar una risita, ubicó ese gesto como uno que ella sólo haría con algo dicho por el Naruto real. Fue extraño, sin embargo, se adecuaba perfectamente a su propósito común.
—Pero tendrá que estar cerca de mí en esta forma. No intentaré asustarla, pero debemos lograr que la presencia de Naruto le resulte natural para que pueda sacar a relucir frente a él sus verdaderos encantos.
—¿M-Mis verdadero encantos? —ella lo miró, entre curiosa y confusa—¿te refieres a cosas como la forma en que me enseñaste a caminar o te refieres… a mi…? —ella empezó a balbucear rápidamente cosas inaudibles y su rostro se tornó genuinamente rojo.
Él elevó una ceja rubia. —¿Su… —preguntó—qué?
Hinata estuvo balbuceando otro medio minuto sin atreverse a mirarlo y, luego, cuando Neji empezaba a pensar seriamente en inscribirla en terapias de lenguaje, escuchó algo entre todos esos murmullos que lo hizo congelar. —Porque y-ya sabes… l-los chicos… M-Mis pechos.
Asimilando apenas su respuesta, repitió atontado: —¿Sus… pechos? —lo cual fue obviamente una mala idea, porque esto le provocó un calor inmenso en las mejillas. ¿Se sonrojaría el rostro de Naruto más fácilmente que el suyo?
Hinata, interpretando su tono atropellado como signo de incredulidad, se dispuso a explicarse mejor, aunque por su apariencia se podría creer que estaba al borde del desmayo. —I-Ino-chan a veces dice que Sakura-chan no tiene mucho encanto y q-que yo le gano en ese sentido… E-es decir, tú sabes, e-ella dice que a los hombres les gusta que… bueno, aunque yo pienso que los de Sakura-chan son bonitos, pero a-al parecer los míos llaman más la atención de los chicos según ella, s-sin embargo, siempre me he encontrado incómoda con ellos porque… c-creo que son grandes.
Estaba helado (o hirviendo, no sabría decirlo con exactitud) con aquella lluvia de palabras y confesiones. Encantos… Se podría fácilmente malinterpretar, pero por Kami, ¡claro que él no se estaba refiriendo a esos!
Carraspeó, sintiéndose muy incómodo. —No, sus encantos están muy bien —¿qué carajos estaba diciendo? Carraspeó nuevamente, con más fuerza—, pero, Hinata-sama, yo… no me refería a eso. En realidad, estaba pensando en cosas más… subjetivas.
—¿Subjetivas?
—Como su personalidad —no pechonalidad.
—Ah… —Neji no tenía que ser un genio, que lo era, para leer acertadamente la expresión de su prima: quería que se la tragara la tierra y no la escupiera nunca. Es que él mismo aún seguía sin creer que hubiese hablado de sus pechos delante de él… ¡de él transformado en Naruto! Qué terrible debía ser su vergüenza.
Dispuesto a distraerla y zanjar el tema, se forzó a continuar: —Aunque estoy seguro de que Naruto sabe apreciar su amistad y la estima por su fortaleza, lealtad y amabilidad, hay una gran parte de su esencia —nota mental: nunca más usar la palabra encantos—que él no ha podido admirar, ¿y tiene idea del por qué?
—Porque… —ella pareció ligeramente recuperada al obligarse a pensar—¿yo no le he permitido verla?
—Exacto.
—¿Pero qué puedo hacer para mostrársela? —su ceño se frunció un poco, muestra de su contrariedad—, quiero decir, ¿qué es exactamente esta parte de mi esencia que Naruto-kun no ha visto?
—Lo divertida que puede llegar a ser, por ejemplo.
—Eso sólo lo piensas tú, Neji-niisan, y es porque te encanta reírte de mí, me di cuenta hace bastante —dijo, pero su sonrisa la traicionó. Estaba bromeando.
—¿Ve? Es exactamente eso a lo que me refiero —su sonrisa se volvió tímida, pero Neji vio el brillo en su mirada—. Hay tanto potencial en usted que Naruto desconoce.
Ella se mantuvo en silencio un instante, durante el cual pareció pensárselo, mordiéndose suavemente el labio inferior. Al fin, habló: —Es que… con él es diferente.
—¿A qué se refiere?
—No puedo hablarle como lo hago contigo, Neji-niisan —un suspiro de resignación—, es sencillamente imposible.
Neji alzó una ceja. —Pero yo soy él ahora mismo.
—Sí, pero no es así como funciona, porque en el fondo sé que eres tú.
Nada que hacer.
Interiormente decepcionado por lo que al parecer había sido una total y gran pérdida de tiempo, Neji se obligó a pensar positivamente. A Hinata de alguna forma le afectaba la apariencia de Naruto, lo había notado en su mirada y en sus muchos más frecuentes sonrojos, así que, después de todo, la idea del Henge pudo no haber sido un fracaso rotundo. Con esto en mente, caminó hacia la mitad del döjo ante su atenta mirada perlada.
—Vamos a entrenar —avisó, seriamente, dando por entendido que el tema anterior quedaba zanjado—. Hoy practicaremos taijutsu —ella asintió y rápidamente se dispuso a tomar la postura de defensa del propia del júken, pero él no tenía esos planes—, pero el taijutsu normal.
Hinata se enderezó. —¿No puño suave?
—Ni byakugan.
—¿Cuál es el punto de no usar nuestro Kekkei Genkai, Neji-niisan?
Mirándola, se cuestionó en qué momento ella se había vuelto tan preguntona.
—El punto es —respondió—ser los mejores aún sin nuestra ventaja natural. Olvidar nuestro punto fuerte.
Al parecer satisfecha con su respuesta, Hinata adoptó una postura básica, con las piernas separadas y flexionadas, y con los brazos elevados a los laterales. Una mano al frente lista para defender, la otra ligeramente atrás dispuesta para el ataque. Quizá no fuesen expertos como Lee, pero definitivamente tenían claro lo que significaba el combate cuerpo a cuerpo tradicional.
Neji adoptó la misma postura, pero inmediatamente el rostro femenino expresó desconcierto.
—Neji-niisan, aún tienes tu transformación.
—Lo sé —dijo sin más, y se lanzó sobre ella.
Decir que fue un combate suave sería una mentira. Fue un sinfín de puños, patadas, saltos y empujones, una batalla de gruñidos y jadeos de cansancio y dolor. Y aunque él sabía que su técnica era superior debido a su genio natural y al hecho de haber pasado los últimos diez años conviviendo con los dos especialistas de taijutsu más grandes que hubiera engendrado Konoha, no se reprimió lo suficiente como para darle un respiro; quería verla sudar, quería llevarla al límite, quería observar cada una de las respuestas a sus ataques, quería desesperadamente ver una mirada decidida en su rostro, aquella mirada que había visto en ella durante los exámenes chunnin durante su fatídico enfrentamiento después de que Naruto la hubiese animado. No quería dañarla como antaño, pero estaba ansioso por ver qué tanto le afectaba su apariencia al luchar.
Con el byakugan ella tenía forma de obviar su físico, pues no hay nada que se le escape, pero sin él… habría la posibilidad de que su visión común la traicionara en la batalla. Quería ver cuánto la afectaba su amor.
Ahora yo soy Naruto, se dijo, ¿qué va a hacer, Hinata-sama?
Para su sorpresa y total complacencia, los ataques venían hacía él con tanta fiereza como si estuvieran dirigidos a un enemigo real; Hinata luchó con una rudeza tal que le hizo sonreír y gritar de emoción.
—¡Así! ¡muestre cuánto vale Hinata Hyüga! —luego de que una de sus patadas impactara en su abdomen, haciéndolo retroceder en un salto mortal para controlar el impulso.
—¡De pie! ¡sin lloriqueos! —después de impactarle en la mejilla un puño que la hizo tambalear, seguido de una tabla que la lanzó directo al suelo.
Durante tres horas estuvieron luchando sin pausa, sin descanso alguno, chocando brazos y piernas con un fervor apasionante. Neji luego se reprocharía el haber sido tan rudo, pero por el momento no hubo nada mejor. Había un algo excitante y salvaje en la fiereza de los ojos aperlados, había algo delicioso en el sudor corriendo y bañando sus rostros —¡Más, más, más!
La retó hasta el punto en el que Hinata se hubo lanzado desesperada, casi que con ira, hacía su cuerpo, sin preocuparse por las aberturas en su defensa, sin preocupare por un contra ataque —¡Grrraaaw! —simplemente yendo al ataque con todas sus fuerzas, saltando sobre él como un oso salvaje con tal rapidez y destreza que el efecto sorpresa hizo lo suyo cuando sus manos impactaron con sus hombros con su cuerpo entero empujándolo. Neji, asombrado y exhausto también, no pudo más que dejarse caer en el suelo.
Un ruido sordo. Una respiración rápida y cortada sobre su hombro, un ser completamente inmóvil encima, unos cabellos oscuros desordenados y, por alguna razón, una de sus manos enredada en un montón de hebras enloquecidas. La sensación de su propio ritmo cardiaco descendiendo lentamente, muy, muy lentamente…
—Hinata-sama —jadeó, pero ni siquiera reconoció su propia voz. Cierto, cerró los ojos con fuerza, cierto, soy Naruto, y entonces, al abrirlos, unos ojos aperlados observándolo de forma enigmática desde arriba, un montón de cabello acariciándole las mejillas, y un aliento inestable golpeándole la punta de la nariz, ¡menuda sorpresa! —Hinata-
Unos labios arrolladoramente suaves estrellándose contra los suyos, que se sentían absurdamente resecos. Por un instante, su cerebro se negó a procesar la situación. Ella lo estaba besando, y lo hacía con tanta fuerza y dulzura que resultaba, de cierta manera, muy abrumador. Sus delgados antebrazos apoyados en el suelo la mantenían estable sobre él y le daban el suficiente margen de comodidad y dominio para presionar sus labios una y otra y otra vez, frotar sus bocas una y otra y otra vez…
Independientes a su propia voluntad, sus ojos se cerraron y su lengua surgió curiosa entre sus labios para acariciar los que insistentemente le estaban asaltando.
El escalofrío que estremeció su espalda le hizo saber que, independientemente de su fuerza y de su ingenio, en esa batalla él había perdido, porque la mujer sobre empezaba a moverse contra él de una manera en la que podía sentir todos sus encantos. Oh, ¿quién podría resistirse a los besos de una mujer en llamas? Ni siquiera el gran parco de Neji Hyüga. La atrapó en sus brazos, estrechándola con tal fuerza que ella gimió de placer y dolor, al tiempo que sus lenguas por fin se conocían.
¿Cómo habían llegado hasta allí? Esto era definitivamente otro tipo de lucha, sin embargo, Neji se sintió enardecido de forma sólo análoga a la que se da en una batalla mortal.
Hinata jadeó y respiró sobre sus labios cuando él se incorporó bruscamente, dejándola sentada en su regazo. Sus ojos plateados le miraron entrecerrados y con un quejido, ella volvió a besarlo, hambrienta, seguramente sin saber de dónde provenían esas ansías repentinas de besos y calor, igual que Neji nunca supo exactamente en qué momento dejó su boca impulsado por el deseo repentino de tocar y raspar su piel húmeda por el sudor… Nunca supo cuándo empezó el recorrido por su cuello ni cuántos suspiros brotaron de su garganta como dulces incentivos.
Su piel era tan suave, tan delicada…
Los estilizados dedos enterrándose entre sus cortos cabellos, las yemas acariciándole con fervor. Oh…
Tan sublime.
—Hinata-sama…
Y entonces todo acabó, tan rápido como empezó. Neji abrió los ojos encontrando una mirada espantada en un par de ojos idénticos a los suyos, pero puestos en un rostro sonrojado y sudoroso de porcelana.
Un chillido agudo y luego… Aire entre sus brazos.
Porque ella era Hinata Hyüga.
Y él no era Naruto.
El equipo ocho era el más unido de los 9 novatos. Nadie podría protestar: La historia del equipo siete estaba plagada de triángulos amorosos, inestabilidades mentales, obsesiones depresivas y una pizca de masoquismo estilo fangirl; el equipo diez, por su parte, lucía bastante compatible, era casi que obligatoriamente funcional por su larga tradición de lucha InoChikaCho, pero siendo totalmente honestos, entre la glotonería, la pereza, y una cantaleta incesable no era que se pudiera encontrar precisamente el nirvana. El ocho, en cambio, exudaba tranquilidad gracias al silencioso Shino Aburame y a la tímida Hinata Hyüga… y si fuesen sólo ellos dos todos estarían de acuerdo en que sería el equipo más aburrido y raro de la historia (Hinata podía entender lo de la rareza de Shino, porque –no era por ser mala- el hombre era un envase de bichos, sin embargo, se negaba a admitir la propia). Afortunadamente, se había incluido a la ecuación la explosiva y fresca actitud brillante de Kiba Inuzuka, quien no podía caracterizarse precisamente por su prudencia o tacto, a quien le faltaba sensibilidad, quien tenía un muy arraigado olor a perro, pero quien era una cosa chiclosa que mantenía a los tres juntos.
Justamente por lo anterior, a Kiba le resultaba imposible, insultante, inaudito, irritante y totalmente inaceptable que no se le permitiera ver a su muy querida amiga sólo porque "Hinata-sama se encuentra ocupada en estos momentos", "Hinata-sama está en una reunión con el concejo, no podrá atenderlo ahora mismo", "Hinata-sama tiene una ceremonia de té", o sólo porque "Hinata-sama no va a recibirlo, deje de insistir". Estaba hasta la coronilla de eso. Saben, hasta el más paciente se desespera a veces, y Kiba jamás se había considerado paciente. Allí, precisamente, frente al Hyüga más absurdamente parecido a Hinata, estalló.
—¡Tengo que hablar con ella! —exhibió concienzudamente su colmillo más afilado—No lo entiendes, Neji, tengo que verla ya.
Él, impasible, sólo negó. Estaban sobre el río, en un pequeño puente peatonal ubicado a un extremo de la aldea; el antiguo equipo Gai iba equipado para pasar unos días fuera, quizá estaban de camino a una misión importante teniendo en cuenta que precisaba la presencia del más grande prodigio del clan Hyüga, pero a Kiba eso le había importado un bledo cuando decidió saltar frente a ellos para gritar a los cuatro vientos acusaciones graves de secuestro y explotación. —Sólo Dios sabe qué cosas horribles le estarán haciendo.
Tenten frunció el ceño, colocando una mano en la cadera, preparada para intervenir. —Neji nunca dejaría que alguien dañara a Hinata, eso deberías saberlo a estas alturas.
Kiba gruñó. —Perdón, pero su clan me ha dado buenas razones para no fiarme mucho de ellos.
Akamaru ladró, apoyando en idioma perruno a su amo y, mentalmente, Neji les encontró la razón. No era que el clan Hyüga se hubiese esforzado mucho en aparentar comprensión y ternura realmente. Ellos dos (Kiba y Shino) siendo compañeros desde niños de su prima tuvieron que, al menos, notar en algún momento los hematomas de sus exigentes entrenamientos privados que, muchas veces, pudieron haberse llamado acertadamente mundanas palizas, aunque ella tratase de ocultarlo tan efectivamente como él ocultaba la marca de encierro en su frente. Por favor, no era de gratis que el clan Hyüga fuera considerado el clan más poderoso del país del fuego entero, si habían llegado hasta allí no fue solamente por su línea sanguínea, también se debía a sus políticas ligeramente primitivas. La fortaleza de la familia, decía a menudo su abuelo, no recae únicamente en el byakugan. Un Hyüga siempre exige y resiste.
—Pero Hinata-chan está bajo la protección de Neji, ¿no es verdad? Debería ser suficiente seguridad —Lee parecía absorto en sus pensamientos.
—Eso no es necesariamente cierto. Como miembro del clan Hyüga debe velar por su bienestar, al igual que los demás, pero su deber especifico desde hace tiempo dejó de ser el de servir como su guardián personal, pues ella no lo necesita —Shino se ajustó los lentes. Parecía tranquilo, observó, pero podía sentir un ligero aura que le molestaba. O talvez lo que molestó fue que insinuara que era inservible para la heredera del clan, quien sabe—. Sin embargo —continuó—, soy de la idea de que Neji siente afecto por Hinata y, por tanto, ella no sufrirá daño si él puede evitarlo.
—Es lo que digo —el suspiro femenino le irritó—; Neji adora a Hinata, así que estén tranquilos.
—Cierto, cierto —Lee asintió varias veces—, su vida entera gira alrededor de Hinata-chan tal como la tierra gira alrededor del sol.
Y era gracioso, porque Hinata era un lugar soleado…
Neji hasta se hubiera apenado por los abusivos comentarios de su equipo (que ya lo tenían un poco cabreado la verdad), si el canino Inuzuka no se hubiese cruzado de brazos y bufado de forma tan descarada antes de soltar unas palabras dolorosas que no había escuchado desde hacía años por una voz diferente a la de su conciencia:
—Pues casi asesinarla no es una muy bonita forma de demostrarlo.
Su corazón se detuvo por un instante, justo como el de Hinata se había detenido peligrosamente diez años atrás. Por un momento todo pareció ir lento –Lee y Tenten brincando en sus puestos, gritando un "¡oye!", Shino removiéndose incómodo, Akamaru tensándose por el aura negativa apareciendo de repente-, y al siguiente, simplemente fue consciente de tener la nariz de Kiba a escasos centímetros de su rostro.
—Proteger a Hinata-sama… —masculló, apretando las manos. En algún momento lo había agarrado de las solapas. En algún momento el byakugan se había activado—es mi deber.
Uno que no pensaba compartir con nadie, uno que le pertenecía por derecho desde el día en el que ella llegó al mundo. Y aunque lo había deshonrado en el pasado, sólo él mismo podía atormentarse por ello. Nadie más. Absolutamente nadie podía tocar ese punto sensible. Ignoró el gesto que hizo Kiba con la mano para que los demás no trataran de acercarse. Por ese minuto, sólo eran ellos dos. Blanco contra café. Neji sintió el tirón de las venas tensándose aún más en su cara.
—Daría mi vida por el bien de Hinata-sama.
Una sonrisa ladina apareció en el rostro salvaje.
—Entonces, Neji —él dijo tranquilamente, estrechando los ojos—, por su bien, haz una maldita cosa decente en la vida y róbala un rato para nosotros.
Las noches en el interior del recinto Hyüga no dejaban de ser tranquilas, siempre en calma y silenciosas. Con los pasillos vacíos y el sonido de los grillos acariciando sus oídos, Hinata no pudo evitar suspirar al comparar el contraste de ese ambiente con el que le acompañaba la mayor parte de su día; las estrictas clases de Jüken con su padre, las reuniones con el concejo, las clases de historia del clan y Kekei Genkai le provocaban una nada despreciable cantidad de estrés que, sumado a la tensión típica de actuar en el papel de heredera… Su padre le había estado dejando a cargo muchos asuntos que normalmente él resolvía por su cuenta y, si bien era cierto que esto la llenaba de satisfacción y orgullo, también la estaba desesperando un poco.
Cansada, soltó un liviano suspiro, cerrando los ojos con resignación y permitiéndose recostar suavemente la cabeza en la madera fría de la columna a su lado.
Últimamente la atormentaba un dolor de cabeza tintineante durante el día y para cuando era la hora en la que podía sentarse en un rincón del pasillo de madera, con la intención de observar la luna sobre el patio interior del complejo o de simplemente pensar, ya era éste tan insistente que no se sentía capaz de tolerar la presencia de ser humano alguno.
—Hinata-sama.
Complicados seres humanos con ojos blancos y cabello oscuro, renegó mentalmente, arrugando el ceño. Si permanecía en silencio… ¿sería posible que la persona a su espalda desapareciera con un puff? En el mejor de los casos hasta podría pensar que estaba dormida y, lógicamente, por simple decencia tendría que largarse, ¿verdad? Una ligera esperanza alcanzó a titilar en su interior antes de que la voz nuevamente la despertara de sus fantasías, esta vez sonando ligeramente preocupada. —¿Se encuentra bien?
Las comisuras de sus labios temblaron. —No pensé que llegarías tan pronto.
¿Tan pronto? Dos semanas no eran poco tiempo en absoluto. Hinata se reprimió mentalmente por sonar ligeramente distante… con él, de todas las personas en el mundo. No era su intención en absoluto, pero es que… ¡ah, estaba tan cansada! Cansada, fatigada, exhausta. Sin embargo, no era excusa suficiente. Sin embargo, no era una razón siquiera honesta. Quizá lo que sucedía era que una parte hasta ahora desconocida de su interior se negaba ridículamente a darle a él la más mínima sospecha de que lo hubiese echado de menos. Era algo que en ese momento no tenía fuerzas ni ganas de descifrar.
—No tuvimos contratiempo alguno.
—¿Te presentaste ya ante Hokage-sama? —su voz era apenas mayor a un susurro.
—Sí. Acabo de hacerlo.
—Bien —era extraño hablar de esta manera, es decir, ella sentada con los ojos cerrados y él… Hinata se giró de repentinamente y ahogó un chillido—Neji-niisan —le llamó azarada—, ¿qué estás haciendo?
Neji levantó la cabeza hasta quedar al nivel de su mirada. Una de sus rodillas estaba firme en el suelo y servía de apoyo a su cuerpo, mientras que la otra pierna se flexionaba levemente y los nudillos de ambas manos se mantenían en el suelo. Todo su cuerpo se hallaba en una posición similar a la de un atleta antes de iniciar la carrera, pero en realidad era una completa pose de sumisión y respeto que sólo había visto usar delante del hokage y de su propio padre. Por lo demás, Neji no parecía en absoluto como alguien que acababa de llegar después de dos semanas fuera luchando o durmiendo a la intemperie. Como siempre, ni un rasguño, ella observó, admirada. Sus ojos blancos encontraronse directamente. Él ni siquiera parpadeó al responder:
—Me presento ante Hinata-sama.
Ella sostuvo el aire. —P-pues no hagas eso.
Un pequeño gesto de contrariedad abarcó el rostro masculino, pero no duró más de un segundo. —¿No quiere que esté en su presencia?
—N-No quise decir eso. Es sólo que… Neji-niisan, no soy yo ante quien debes inclinarte.
Sus ojos la miraron, adoloridos, inundados con algo desconocido. Y Hinata se sintió tonta al temblar cuando él susurró: —No quiero volver a deshonrarla.
Entendió el mensaje implícito, pero no supo qué responder. Dos semanas atrás, durante uno de sus entrenamientos matutinos había sucedido algo… grave, algo que no se podía explicar aún. Ella había actuado mal. Ella se había lanzado sobre su primo. Estaba tan avergonzada, se sentía tan culpable y, sin embargo, ahí estaba él agachando la cabeza y humillándose cuando era la única víctima. ¿Después de todo, cuál era la culpa de Neji? Él no la había deshonrado, de eso se había encargado por sí misma. ¿Qué hubiese podido hacer su pobre primo frente a un miembro de la rama principal? Porque a fin de cuentas, eso es lo que ella era…
La que tenía la llave de su jaula.
—Neji-niisan —lloró tontamente—, estoy tan… cansada.
De mi lugar en el clan , de mis sentimientos por Naruto, de mi estupidez, de mis pensamientos… Estoy tan cansada de estar sola.
—Yo sé.
Neji la tomó en sus brazos y ella no se resistió. Simplemente se recostó en su hombro y respiró su olor mientras él la cargaba. Algo conocido. Algo suyo.
—Déjeme llevarla.
—A mí habitación no —pidió—, estaré de nuevo sola.
Neji sonrió un poco. —No, a su habitación no.
Bajo la luz de la luna, en una banca de parque, Neji hizo algo decente al fin (según las palabras de Kiba) y la secuestró para que el equipo más unido de los 9 de Konoha estuviese… pues unido.
Son las tres de la mañana y, si les soy sincera, no tengo idea de lo que hago. Estoy absolutamente feliz de haber podido terminar este capítulo después de casi un año de ausencia total y de una falta de practica humillante, aunque no estoy del todo segura del resultado. Perdonen errores y posibles incoherencias, lo editaré cuando haya dormido al menos dos horas.
No me puedo ir sin agradecer su enorme, enorme paciencia. Estaba pasando por un momento incómodo y raro en mi vida, pero creo que un año de mandar todo a la mierda es suficiente.
Los quiero.
