A petición del público he llegado con la sensual actualización (?). Bueno, ya que andaba encarrilada pues aproveché para poner mi granito de arena con la historia y subir algo. Espero sea de su agrado y estoy segura de que querrán capítulo nuevo prontito XD. Quiero agradecer a mis dos comentaristas por darme su visto bueno sobre la historia. Y bueno, Guest, aquí tienes más de este fanfiction. Sin más, lindo domingo y nos estaremos leyendo. Au revoir~

Capítulo 4

Russian Roulette

¿Desde cuándo los estudiantes se detenían a mirar tan cuidadosamente los casilleros que existían al fondo del salón, como si fuera la primera vez que ven algo como eso en sus vidas?¿Por qué todo eran murmullos a medias y ausencia de palabras claras?

Allí todos simplemente se preguntaban qué era lo que escurría tan lentamente desde la taquilla intermedia del conjunto y que simultáneamente había estropeado por completo el contenido que se mantenía en su interior.

Ese fuerte olor era inconfundible, tanto como el hecho de que ahora debía conseguir un par de libros nuevos porque los que había guardado en su casillero no eran más que un bonche de hojas remojados en salsa de tomate.

—…Con lo que odio la cátsup…—no tenía caso siquiera intentar rescatar algo. Solamente le quedaba la resignación y pensar en lo que le diría a los profesores en cuanto la vieran sin los libros de texto.

—Un paquete de patatas y podríamos disfrutar de toda esa kétchup —Kuramochi había logrado pasar entre los chismosos y correrlos gentilmente con la mirada; nadie tenía nada que estar viendo.

—Siempre tan oportuno con tus comentarios —dio media vuelta, dispuesta a tomar asiento.

—Te lo estás tomando con mucha calma. Te elogiaré por ello —se limitó a seguir las andadas de la chica y pronto se encontró sentada frente a ella, como todas las mañanas antes de que las clases dieran inicio.

—No necesito de tus halagos, Kuramochi. Aunque bien podría necesitar de tus li….—había llevado su mano hacia el cajón de su pupitre, percatándose de que su taquilla no fue lo único invadido—. Esto es asqueroso…—no pudo reprimir sus deseos de levantarse y mirar con asco la tonalidad café y viscosa que envolvía a toda su mano.

—Ungh, eso huele espantosamente mal —taparse la nariz era la única manera para evitar que ese penetrante olor acampara en sus fosas nasales—. ¿Pero qué demonios pusieron allí?

—Tsk…Iré al baño a limpiarme esto —bien, estaban empezando a cabrearse poco a poco con sus pequeñas bromitas mañaneras; pero debía mantener la compostura, no podía simplemente salirse de sus casillas y actuar—. Debo tranquilizarme o terminaré yendo a buscarlas a su salón de clases para frenar su tonto jueguito de intimidación…

En cuanto llegó al baño no demoró en dedicarse a lavar su mano con enorme fervor y empleando todo el jabón líquido que le era posible. Probablemente el olor ya se había ido, pero ella continuaba olfateándolo, revolviéndole el estómago.

—¿Sora?¿Por qué estás lavando tus manos como una obsesa de la limpieza?

—Ah, Miu…—miró por el rabillo del ojo a su recién llegada amiga. Iba bien acompañada, así que otras miradas confusas se unieron al elenco—. Dificultades técnicas con el séquito de fans de Miyuki.

—Cierto, olvidé mencionarlo —se disculpó la pelirroja.

—Otras ya han pasado por tus zapados, Yuki-san —alegaba una.

—Aunque ya hiciste un home run —decía muy divertida la tercera chica del grupo.

—Yo diría que apenas pasó a primera base, con dos strikes.

—Gracias por tu buena fe, Miu. No sabría qué hacer si no te tuviera cerca —esas tres mujeres se quedaron calladas ante la mirada tan helada que les dedicó; podrían prácticamente sentir cómo una ventisca las embestía sin compasión.

—B-Bueno, pero has tenido éxito. Ahora son pareja —habló una de ellas con nerviosismo.

—Y son la envidia de muchos.

—Él tiene sus seguidoras locas —jaló un par de toallas de papel y secó con persistencia sus manos—. Pero el hecho de que no quieran que nadie se le acerque se me hace de lo más ridículo.

—Solamente no vayas a hacer una locura, Sora. Te conozco desde el jardín de niños y sé lo que eres capaz de hacer —sus esmeraldas pasaron del área de lavado hacia la puerta de entrada; la pelinegra se despidió con un simple ademán y retornó hacia su salón de clases—. Te dije que nada bueno traería inmiscuirte con Miyuki, pero nunca me escuchas…

Después de aquel pequeño altercado con sustancias de origen cuestionable y olor fétido, el resto de las clases siguieron con enorme normalidad. O al menos así fue hasta que llegó la hora del almuerzo.

No era el barullo de sus compañeros el que perturbaba sus sagrados alimentos comprados previamente en la cafetería, sino más bien que había varios chicos de otros grados asomándose hacia el interior del salón.

Era extrañamente perturbador sentir que esas miradas estaban enfocadas en su persona y si era así, ¿por qué razón?¿Acaso tenía morros pintados en la cara o qué?

—No sé qué me enfada más, si el hecho de que ni en el descanso me des unos segundos de paz, o que esos chicos estén mirando hacia acá.

—Yahahahaha —él sólo sonrió y siguió comiendo antes de ofertarle una buena idea—. Seguramente se han dado cuenta de que tienes buenas cualidades y han quedado encantados.

—Mírame a los ojos cuando me hables, Kuramochi —pidió amablemente después de haberle arrojado su caja de leche en la cara—. ¿Se les ofrece algo? —no es que tuviera humor para tratar amablemente a los que se habían acercado hasta ella, sino más bien estaba curiosa sobre sus intenciones.

—¿Eres Yuki Sora, no es así? —el chico más alto se armó de valor para hablar. Ella se limitó a asentir—. Queremos decirte que te admiramos y creemos que eres una chica muy mona. Así que por favor, ¡déjanos seguirte!

—¿Ah…? —tanto Youichi como ella ladearon sus ojos ante semejante revelación. ¿Pero de qué carajos le estaban hablando?

—Sí, sí, es que con estas fotos de verdad sentimos que llegarás lejos.

—Te ves muy bien en tu uniforme escolar. Aunque el deportivo nos ha fascinado a todos —y una vez que empezaron a hablar no hubo poder humano que los callara.

—¡¿Pero de qué fotos hablan…?! —al diablo que asustara a esos pobres críos, en sus manos ahora tenía lo que tanto baboseaban ese trío de pervertidos—. Esto es…

—Oh, es cierto, en esos bloomers te ves bastante bien, Sora-chan —le guiñó un ojo de manera pervertida y ella por su lado de obsequió una vista panorámica de su puño derecho directo a su cara.

—Mantente callado, Kuramochi —no existía placer más sublime que destruir lo que tanta felicidad le daba a esos chicos de primero—. ¿Cómo rayos consiguieron estas fotografías? ¿Será acaso que hay alguien aquí que haya estado en el mismo colegio que yo el año pasado? Son bastante mañosas…¿Tanto escándalo por un cátcher narcisista y mete aire?

Supieron en el momento en que llegó al área de práctica que su día no había sido bueno y que las ropas que llevaba puestas no eran más que el sinónimo claro de que no estaría de buenos ánimos, y por ende, lo mejor era no comentar nada al respecto. Aunque eso era algo un poco complicado si se consideraba que había varios chicos con debilidad evidente hacia la vestimenta deportiva de las jovencitas.

A sus compañeras les costaba trabajo creer que estando en su condición actual hubiera ido al club. E incluso estando parada frente a un grupo de hormonales beisbolistas se mantenía tan fresca como una coliflor recién lavada.

—¡Yuki-chan! —Haruno se limitaba a mover sus brazos de arriba hacia abajo de manera frentica. Parecía ser ella la avergonzada y no la pelinegra que iba por allí con uniforme deportivo.

—Nice —le felicitó el buen Kuramochi, analizando con ojo de detalle la vestimenta—. No hay duda, entre más corto y ajustado es mucho mejor —a Sora ya se le estaba haciendo normal golpearlo; ahora era el turno de su mochila escolar—. ¡¿Qué tiene, piedras?!

—Efectivamente —ni se dignó a ver al fisgón chico que ahora se encontraba tumbado sobre el suelo.

—¡Dejen de estar de mirones y vayan a entrenar ahora mismo! —Takashima llegó para imponer el orden y mandar a esos chavales a hacer lo que deberían. Éstos movidos por el miedo accedieron en un parpadeo—. Diablos, hacen quedar mal al resto del equipo por un comportamiento como éste.

—Es una enorme ventaja que tu cabello sea así de largo, Yuki-chan —hablaba Yui mirando que ese lacio pelo llegaba por debajo de sus caderas.

—¿Pero por qué estás con el uniforme deportivo? —curioseaba la de las coletas.

—Después de la clase de gimnasia fui al vestuario para cambiarme pero no hallé en ningún lado mi uniforme. Así que no tuve más elección que quedarme de esta manera —relató con resignación total.

—Lo mejor sería que te fueras a casa. No es nada cómodo para una mujer andar así como así. Aunque lo de tu uniforme también es un problema —Rei sencillamente no sabía qué necesidad atender primero—. Hay un par de uniformes extras que podrías usar, al menos así evitarías miradillas.

—Muchas gracias, Takashima-sensei —se alegró de saber que al menos algo le estaba saliendo bien para variar.

Unos minutos más fue lo que tuvo que esperar antes de poderse sentir totalmente cubierta y protegida de miradas curiosas. Eso sí, se sentía de lo más extraña en ese uniforme de béisbol, especialmente porque le quedaba un tanto holgado. Pero eso era mejor que permanecer en ropa deportiva.

Recogió su cabello y empezó con sus usuales actividades; eso la distraería de todo lo que había acaecido en su movida mañana.

—Estas son las anotaciones del juego de práctica que hubo ayer, Kataoka-sensei —Sora entregó el largo cuadernillo al serio hombre y éste irremediablemente le miró patidifuso—. Ah, tuve problemas con mi uniforme escolar y terminaron prestándome éste por el momento.

—Gracias por tu buen trabajo —volvió a enfocar su analítica mirada en sus jugadores; estaban practicando el fildeo—. Lo has hecho bastante bien pese a que recién te has integrado.

—Aún me falta mucho, pero me esforzaré por hacerlo lo mejor posible —espetó con una pequeña sonrisa. Un halago viniendo de un hombre como él no era algo que se recibía a diario.

—Yuki-chan, por fin te encuentro. Necesito que vayas a comprar algunas cosas para las bebidas de hoy —la pobre Yoshikawa apenas y había podido llegar hasta allí sin tropezarse.

—Claro, yo me encargo.

Las mesas del comedor de los dormitorios de Seidou se habían vuelto momentáneamente en el apoyo principal para que esas chicas colocaran numerosas jarras, trastes con azúcar y una hielera que recién empezaba a ser llenada con hielo. Aparentemente estaban a punto de preparar una buena ronda de agua natural; aunque claramente faltaba el ingrediente principal.

—Disculpen la demora, pero la gente me preguntaba cada tanto si me encontraba haciéndole propaganda al equipo —tales palabras se iban colando conforme la puerta del comedor iba siendo empujada y la pelinegra se adentraba.

—Déjanos echarte una mano, Yuki-chan —Yui se ofreció a darle una buena mano para arrastrar aquel costal con naranjas hacia el interior.

—Así que prepararemos zumo de naranja —agregó la pelinegra antes de que con ayuda de la castaña lograran subir esa gran cantidad de cítricos a la mesa—. En eso sí puedo echarles una mano.

Los chicos no eran los únicos que estaban disfrutando de la deliciosa y fresca bebida que se les había sido entregada hacía poco; las jóvenes que se esmeraron tanto en preparar el zumo también se deleitaban de su sabor y conservaban cierta distancia de donde descansaban los jugadores.

—Nunca imaginé que alguien como tú terminaría siendo atacada de esa manera —fue el comentario que salió de los labios de Haruno.

—Eso ya es pasarse de la línea.

—Son unas verdaderas exageradas —hablaba Yui.

—Posiblemente haya algo más que eso…—dijo por mero impulso, desconcertándolas por completo—. No me hagan caso, solamente estoy pensándolo de más —corrigió de inmediato—. Ha sido una buena idea, Natsukawa-kun —felicitó—. Los jugos antioxidantes al ser tomados después de un esfuerzo físico reportan beneficios al contrarrestar los efectos dañinos de los radicales libres que se liberan durante el ejercicio.

—Estás bastante informada al respecto —elogiaba Sachiko.

—Mis dos hermanos son jugadores, así que me sé muchos aspectos sobre alimentación y rutinas —de sólo recordar esos días en los que tenía que prepararles esos raros jugos, ponía mala cara.

—Oh, es cierto que tu hermano menor entrará el siguiente año a nuestra escuela —alegaba Umemoto—. Lo vimos un par de veces por los alrededores; se ve algo serio e intimidante…sin ofender.

—Es un poco tímido, pero es una buena persona —decía Yuki—. Y muchos piensan que es el mayor de los tres.

—No me sorprende en lo más mínimo —mencionaba Yui tranquilamente—. ¿Podemos llamarte Sora-chan? —pidió amablemente.

—Con Sora es más que suficiente. No me gusta mucho ese honorífico —confesó. La verdad es que solamente a tres personas les permitía dirigirse así hacia su persona.

—¿Qué les parece si pedimos la opinión de Sora para ver qué otras cosas podemos preparar para ayudar a los chicos? —propuso con firmeza e iniciativa.

—Podría sacar mis viejos cuadernillos y traerlos. Veremos qué podemos hacer de todo eso.

—Veo que se están divirtiendo bastante, chicas —los buenos momentos de Sora habían sido fugaces. Así los sintió en cuanto cruzó mirada con Kazuya.

—Miyuki-kun, ¿ocurre algo?

—Bueno, necesito que una de ustedes me haga el favor de acompañar a Sawamura a la enfermería. Al parecer comió algo que no le cayó muy bien…y en cuanto se puso a dar de vueltas con todos nosotros…—recordar al castaño potando encima de un desafortunado kouhai le daba cierto asco, pero el regocijo que la escena le provocaba en sí hacía que esa sonrisa de gato burlón se dibujara sin disimulo alguno.

—Yo lo llevo —se ofreció de inmediato Yuki—. Solamente dime dónde está.

—Allí botado sobre la segunda base —apuntó con su dedo índice la localización del caído chico; al parecer nadie se había tomado las molestias de quitarlo del sol. Si serán gilipollas todos.

—Son algo capullos con ese chico…—por una extraña razón sentía un poco de empatía por el pobre olvidado pitcher; posiblemente porque ambos eran fastidiados por el mismo tío de gafas.

Fortuna había sido el haber hallado a la enfermera a semejantes horas de la tarde, la otra que había camas libres que escoger, así como el medicamento que pronto dejaría como nuevo al desafortunado Sawamura.

—Ahora soy niñera —suspiró sin mucho ánimo—. Al menos el día pronto terminará —mientras Eijun permanecía tumbado sobre la cama, ella se encontraba sentada en un banquillo admirando la caída de la tarde—. No ha sido nuestro día, ¿eh?

—¡Furuya, es mi turno para lanzar! —gritó en cuanto abrió los ojos. Incluso se levantó; allí estaba parado sobre la cama.

—Estás en la enfermería —le faltó poco para saltar del banquillo ante el susto que ese chico le metió—. Comiste algo malo y vomitaste.

—Sabía que no debía confiar en ese emparedado que Miyuki me dio. Pero se veía bien y tenía hambre, así que…—sonrió con nerviosismo. Pobre ingenuo.

—Si ya te sientes mejor, vayámonos.

—¿Uh?¿A dónde? —parpadeó con enorme confusión.

—Iremos a cenar. Muero de hambre y seguramente tú te dejaste todo en el piso… Y como no quiero limpiar, mejor hagamos una retirada inteligente —propuso. Eijun se lo pensó unos rápidos segundos y aceptó.

No fue demasiado difícil escapar del campus y mucho menos si se tenía el permiso del entrenador para faltar al resto de la práctica por los problemas médicos del castaño. Lo que si era en cierto modo cómico y digno de ser grabado para la posteridad, era la emoción que el chico tenía en cuanto se alejaron de la escuela y empezaban a contemplar la urbanización en su máximo esplendor.

No sabía con exactitud dónde se encontraba, de lo único que estaba totalmente seguro era que se trataba de un restaurante tradicional que desprendía un olor de lo más seductor; era como el canto de las sirenas que llevan a los marineros a encontrar su perdición.

—¡¿De verdad vamos a comer en un sitio tan lujoso como éste?! —no llevaba mucha plata consigo.

—Por supuesto —sonrió ladinamente.

—No sé si traigo suficiente dinero, también…—el pobre hombre era un manojo de nervios. Ni la cartera encontraba en esos momentos.

—Descuida, yo invito en esta ocasión —él la miró con extrañeza, luego pasó a un semblante de pavor absoluto para terminar como un cachorrito agradecido por haber sido adoptado—. No sales mucho que digamos, ¿verdad?

—Mi vida se resume en práctica-escuela-práctica-dormir —por alguna razón estaba muy feliz por su itinerario.

—Debes disfrutar tu juventud, Sawamura —aconsejó seriamente.

Entraron sin mayor demora, inundándose con el bullicio de toda la clientela que había llegado y que parecía estársela pasando demasiado bien, tanto por la comida como por el ambiente tan hogareño que se respiraba alrededor.

—¡Sean bienvenidos a Ginza! —exclamó muy elocuente quien probablemente era el dueño y cocinero principal del restaurante—. Oh, pero si es….

—Buenas noches, papá. ¿Crees que podríamos tomar una mesa? —preguntó casual al alto y fornido hombre cuya dorada mirada podría intimidar a cualquiera de débil espíritu.

—¡Buenas noches, Yuki-sama! —allí estaba Sawamura y sus mil inclinaciones.

—Así que mi pequeña ha traído a casa a su novio —sonrió ampliamente el castaño, con esos ojos reluciendo como un par de diamantes—. Chicos, vengan, mi dulce florecilla ha traído a su novio y quiero que lo conozcan —llamó de inmediato a los cocineros que permanecían en la parte trasera del restaurante, justo donde estaba la cocina.

—¡¿Su novio?! ¡No, claro que no! —nada más dejaba el terreno de Seidou y ya le estaban haciendo malos entendidos.

—No otra vez…—intentó calmarse, pero era complicado si estaban esas miradas adicionales observándoles con mucho interés—. No somos pareja, es un compañero y hemos venido a cenar. Solamente eso.

—No emociones de este modo a tu amado padre, Sora —regañó fingidamente—. Tomen la mesa que está al fondo y en un momento mandaré a alguien para que tome su orden.

—Gracias —decía al tiempo que alaba al pobre chico que continuaba como en stand by—. No debes ser tan formal con mi padre, Sawamura —admitía que esa parte de su persona era extrañamente entrañable; ante sus ojos era como un niño pequeño.

—Esta cosa tiene muchos platillos que no he probado nunca —en cuanto se sentaron se dispusieron a tomar la carta y ver qué era lo que les apetecía para esa noche.

—Pide lo que quieras. Te aseguro que sea lo que sea, estará delicioso. Mi padre tiene uno de los mejores restaurantes de todo Tokio —mencionó llena de orgullo.

—Sukiyaki suena bastante bien, aunque también…—alguien era de lo más indeciso.

—Tenemos tiempo, así que no te presiones.

—¡Sean bienvenidos a Ginza! —por lo visto el restaurante estaba siendo de lo más concurrido esa noche—. Mesa para cuatro, ¿verdad? Me temo que tendrán que aguardar a que se desocupe alguna.

—Descuide, acabamos de ver a unos conocidos, así que estaremos bien.

—Yahahahaha —esa carcajada era inconfundible y era lo suficientemente escandalosa para poner en alerta a los dos jovencitos que huyeron de la escuela para irse a cenar.

—¡¿Kuramochi-senpai, Haruicchi, Furuya, Miyuki?! —Sawamura flipó en cuanto reconoció a esos cuatro; Kazuya y Youichi sonreían con cinismo puro, Furuya seguía en su bola y Konimato parecía haber sido arrastrado por todos ellos.

—No me digas que nos vinieron siguiendo todo el trayecto…—al parecer tampoco iba a poder cenar en santa paz. Algo tenía el karma con ella ese día.

—Parece ser que mi pequeña se ha hecho de nuevas amistades. Y yo que pensaba que la estaría pasando duro después de que la cambié de colegio —hablaba el señor Yuki para esos recién llegados.

—Un gusto conocerlo, Yuki-sama —el peli rosa tenía modales y no dudó en presentarse. El resto hizo lo mismo pronto.

—Pero por favor, tomen asiento. En breve tomarán su orden —invitaba el buen hombre.

—¿Pensaron que escaparían tan fácilmente de sus senpais? —hablaba mientras se acercaban hasta su posición.

—Seguramente mañana caerá un diluvio porque ustedes decidieron abandonar los dormitorios de Seidou para salir a pasear un poco —comentó con enorme humor la pelinegra sin siquiera dedicarles una mirada.

—Creo que estamos demasiado justos. No fue una buena idea venir…—Haruichi estaba en medio de Sawamura y Furuya; y pese a que la mesa era redonda, no estaba adaptada para más de cuatro personas, por lo que el espacio era limitado.

—Por habernos abandonado sin despedirse deberán invitarnos la cena —agregaba muy campantemente Youichi—. Tiene muy buena pinta lo que hay en el menú.

—Espero traigan dinero para pagar. Yo únicamente invité a cenar a Sawamura —momento de dejar las cosas claras para ahorrarse problemas posteriores.

—Evidentemente traemos dinero —Miyuki por su lado hojeaba el menú buscando algo que le apeteciera—. Una terrina helada no suena mal.

—¿Viniste a cenar o solamente por el postre? —Sora era el relleno del sándwich entre Kuramochi y Kazuya.

—Se me ha antojado, así que —sonrió como un crío malcriado.

—¿Te importan mucho tus admiradoras, Miyuki? —alguien no tenía tacto para cambiar de tema.

—No mucho en realidad —sus manos estaban entretenidas doblando una servilleta para crear un pequeño barco.

—Bueno saberlo.

—Parece que te la han hecho grande —comentó, viéndole de soslayo. Todos parecían estar metidos en sus propias pláticas que estaban ignorando la suya por sonar un tanto "aburrida".

—No imaginaba que actuarían tan rápido. Además, hacen demasiado escándalo por un simplón —tenía una gran frustración por su culpa, así que lo mínimo que podía hacer era echarle en cara que no era la gran cosa.

—Ah, ¿un simplón? —podría estar sonriéndole, pero esa venita saltada denotaba que ese adjetivo no le gustó en lo más mínimo.

—Siendo sinceros, eres bien parecido, posees calificaciones aceptables en la escuela, eres un gran jugador pero tienes una personalidad horrenda; eres un narcisista, un ególatra y disfrutas de meterte con los demás y jugar con sus mentecitas…Tu cara bonita no solucionará todos tus defectos —recitó con un tono encantador, dedicándole su mejor sonrisa.

—Parece que me conoces bien —rio por lo bajo. Ni su ego ni moralidad se vendrían abajo ante sus hostiles acusaciones—. Parece ser que sí te gusto después de todo —cada palabra fue arrastrada con alevosía. El cabrón quería hacerla enfadar.

—No le veo nada interesante en fijarse en un simple cascarón —ella también podía sostenerle la mirada si así lo deseaba.

—Eres de lo más rara —se le veía confiado, como cuando ocurrían esos momentos llenos de decisión dentro de un juego importante; él sencillamente tampoco se iba a dejar envolver por sus palabras.

Un segundo fue más que suficiente para que se percataran de lo que ocurría a su alrededor. Y eso no era suficiente tiempo para reaccionar y poder escabullirse de la trampa del destino.

Esa sensación no era desconocida para ninguno de los dos. No obstante, no era algo que estuvieran buscando experimentar tan abruptamente y justamente con la persona que tenían a un lado. Tampoco es como si quisieran prolongar más tiempo aquel contacto, aquella suavidad y ese sentimiento de ofuscación total que los quería hacer que se pusieran de pie y separarse de inmediato.

Pero el haber sido obligados a besarse fue el menor de sus males en cuanto escucharon ese bien conocido sonido.

—¡Yahahahaha! ¡Ahora sí lucen como una verdadera pareja!

Kuromachi se había encargado de empujar a esos dos mientras estaban hundidos en su riña, como si se tratara de un coco dividido que deseaba volverlo a dejar en una sola pieza. Sawamura había sido el designado en conmemorar su primer feliz beso en pareja para que todos pudieran verlo.

Esos dos se la habían hecho en grande.