ENSEÑAME

VIII


—Naruto está de vuelta.

Neji sonrió al verla toser después de haber tomado un sorbo de agua. Ella disimuló su sorpresa limpiándose delicadamente con el dorso de la mano y desviando la mirada.

—¿S-sí? No sabía que estaba fuera.

Ajá, claro.

Él se cruzó de brazos. —Estuvo lejos por cerca de un mes, de visita en Sunagakure y en Kumogakure. Al parecer el kazekage manda sus saludos fraternales al clan Hyüga.

Hinata lo miró de reojo. —¿Cómo lo sabes?

—Me lo encontré en el camino, por supuesto.

—¿A Gaara-sama?

Rodó los ojos. —A Naruto.

Neji notó, no sin cierta curiosidad, que los pequeños hombros femeninos se tensaron. Ella se había dado la vuelta para recoger una toalla del suelo, y lo sorprendió al ver que caminaba hacia la puerta del döjo después de hacerlo.

—Dale mis saludos cuando lo veas de nuevo, por favor —dijo, deteniéndose un momento en el umbral, sin mirarlo.

—Lo haré.

Hinata asintió, claramente dispuesta a seguir su camino, así que la detuvo por última vez, ladeando ligeramente el rostro. —Pero, Hinata-sama, con respecto a la invitación… ¿prefiere hacerlo usted misma?

Nuevamente la vio asentir y, tras balbucear un rápido "sí", marcharse. A pesar de ello, no fue lo bastante despistado como para no percatarse del intenso sonrojo que invadía sus mejillas.


Su cumpleaños estaba a la vuelta de la esquina; para ser más precisos, exactamente a tres días de distancia, un sábado. Y para su total espanto, su padre había decidido que debía celebrarse con bombos y platillos. Hacía algunos días ya que Hiashi Hyüga se había despertado de buen genio y había anunciado ante la aldea entera que el día 27 de Diciembre se armaría el fiestón en el complejo Hyüga. Bueno, "fiestón" no sería la palabra adecuada. En realidad, Hinata se imaginaba más como una tortuosa procesión de gente detallándola con morbosa curiosidad. "¿Ella es la heredera Hyüga? No luce muy fuerte", "¿ella es la princesa del byakugan? No es la gran cosa", "Hinata-sama, querida, a su edad nosotras habíamos aportado tres hijos al clan", "no hemos escuchado noticias acerca de un compromiso, Hinata-sama", "¿que no hay planes de matrimonio? ¿y qué está esperando Hiashi para ponerse en ello?", "viéndolo bien, es más bonita su hermana… será más fácil para él casarla", o algo parecido.

¿Acaso su padre no sabía que odiaba convertirse en el centro de atención? Estuvo a punto de explicarle y rogarle que no le hiciese pasar por semejante incomodidad, pero… ay, él parecía estar tan emocionado. Las canas de su majestuosa cabeza parecían desaparecer mientras daba órdenes a diestra y siniestra al acondicionar el complejo Hyüga para el evento al que asistirían cientos de personas, y su escurridiza sonrisa aparecía nada más ante la mención de Hinata en el rumor de alguna conversación ajena.

¿Cuándo ella lo había visto así de feliz al escuchar su nombre? Le hacía sentir que estaba orgulloso de tenerla como hija… Y por eso, Dios santo, ella cruzaría el infierno.

Por otro lado, el clan Hyüga se había tomado esa semana como semana sabática, y el ambiente parecía más ligero y ameno. Todos lucían más relajados, y hasta sus propios hombros se sentían aliviados ante el descargo de deberes que ello le significaba. Había podido salir en repetidas ocasiones, se había reunido con Kiba y Shino para algunas comidas, y hasta había conversado en algunas ocasiones con Sakura e Ino. Estuvo esperando nerviosamente encontrarse con cierto rubio en cualquier esquina, pero se enteró, con alivio y decepción, de que él se encontraba visitando a Gaara y a Killer Bee, en Sunagakure y Kumogakure, respectivamente, desde hacía ya un buen tiempo.

Por eso, cuando esa mañana su primo le había informado acerca de su regreso, no quiso perder el tiempo. Si bien trató patéticamente de no lucir emocionada o demasiado interesada en la noticia, había salido como alma que lleva el diablo para arreglarse y buscarlo.

Y lo encontró fácilmente, pues el Byakügan no servía sólo para lucir aterradora.

¡Naruto! ¡al fin! De pie al final de una pequeña colina al oeste de la aldea. ¡Era él, el original! Acelerando el paso, Hinata intentó recordar cuándo había sido la última vez que lo había visto; ¿hace tres meses, quizás cuatro? Ella ni siquiera había podido felicitarlo por su cumpleaños, en Octubre, más de dos meses atrás. El corazón empezó a latir con fuerza a medida que se acercaba…

Verdaderamente era él. Cabello dorado como el del principito, ojos azules como el océano, sonrisa tonta y nerviosa… Él era tan apuesto y alto. Lo suficientemente alto como para lograr verlo con todas esas mujeres a su alrededor, chillando "¡Naruto-sama"!

Hinata se detuvo a algunos metros, el corazón cayéndole a los pies. ¿Esto era una jodida broma? ¿tenían idea todas esas pe–ejem-señoritas de cuánto había tenido ella que pasar para encontrarse con este hombre, de cuánto tiempo había esperado, y cuánto valor había tenido que acumular para pararse frente a esos ojos vibrantes de cielo? ¡No era justo que se creyeran con el derecho de acapararlo de tal modo! Aunque, bueno… Naruto seguía siendo el gran héroe de la IV Gran Guerra Ninja, además de, sin duda, ser el futuro hokage, y era normal que fuera el centro de atención. Sobre todo de la femenina.

Suspiró, sintiéndose rendida. Él era patrimonio nacional y, al parecer, la irracional parecía ser ella al desear acaparar para sí misma una pizca de su valioso tiempo. Entender eso, para su mal, no ayudaba a minimizar el peso de la decepción apabullante en su pecho.

¿Acaso él nunca podría mirarla por encima de aquellas otras mujeres? Con desgano, se dio la vuelta, arrastrando ligeramente los pies, suaves copos de nieve deslizándose hacia su nariz. Quizá si tuviera el cabello rosa, podría ser lo suficientemente vistosa para llamar su atención.

—¡Hinata!

Quizá si fuera un poco más alta…

—¡Oye, Hinata, aquí!

O tal vez, si hiciese temblar la tierra con un puñetazo…

—¡Hinata!

Todo su cuerpo vibró al ser tomada por los hombros, sus ojos abriéndose de par a causa de la sorpresa. Alguien la había girado 180 grados con un agarre firme. La sangre corrió apresurada hacía su rostro apenas su cerebro pudo procesar la identidad de la persona que la apresaba con sus grandes manos. —¿No me oyes? ¡Estás en las nubes´ttebayó!

Santa mierda bendita.


.

.

¿Qué Dios había obrado tal milagro? Porque definitivamente el que Naruto estuviese sentado a su lado, devorando el tercer tazón de ramen con extra puerco, y balbuceando entre bocados, lo era. Eran las tres de la tarde, y había almorzado hace poco, pero cuándo él, el hombre más hermoso del mundo shinobi la usó como excusa para deshacerse de su club de fans, diciendo "Lo siento, chicas, debo ir a almorzar con mi amiga. ¡Será en otra ocasión´ttebayó!" y después la había invitado realmente a almorzar. Entonces ella había fingido estar casi muriendo de inanición. Diablos, luego vomitaría a escondidas de ser necesario, pero no dejaría que nada le dañara el momento, ni la oportunidad. Ni siquiera sus propios nervios.

Revolviendo cuidadosamente el caldo con los palillos, respiró profundo, concentrada en calmar el cosquilleo que le acalambraba el estómago, y en recordar cómo exactamente debía comportarse. Llevaba meses practicando el estar a su lado, así que por nada del mundo podía echarlo a perder, pues todo habría sido en vano. No podía permitir que tanto esfuerzo se fuera a la caneca.

—Oye, Hinata —su rostro se giró hacia la derecha, encontrándose de lleno con el azul brillante en los ojos de Naruto. Él, cosa usual, parecía no fijarse demasiado en cuidar del espacio personal, y Hinata sintió que el corazón casi le agujerea el pecho—, estás… diferente.

Inhaló.

¿Qué era lo primero?

Ah, contacto visual.

.


.

—Puede ser porque… no me gustan mis ojos.

Avergonzada ante su propia confesión, desvió la cara a un costado. Se encontraba junto a Neji, sentada en el suelo de madera. Él se había propuesto encontrar la razón por la que a ella se le dificultaba mantener el contacto visual prolongado al interactuar con las personas, así que se había visto impelida a hacer múltiples suposiciones. Esta, en especial, pareció causarle mayor sorpresa a su primo, pues sus propios ojos se abrieron ligeramente en una expresión asombrada. Sus ojos idénticos…

Y entonces cayó en cuenta: ¡acababa de confesar, entonces, que los suyos tampoco le gustaban! En realidad, sus palabras implicaban que los ojos de toda la familia le parecían desagradables.

Abochornada, se inclinó un poco hacia él, mirándolo arrepentida. —N-No quiero decir que los tuyos sean feos…

Los labios masculinos temblaron ligeramente en una sonrisa que no se terminó de formar. Su espalda se recostó a la pared, cruzándose de brazos, y brindándole una mirada atenta. —¿Por qué no le gustan? Soy todo oídos.

Con las mejillas ruborizadas, comenzó, acomodándose tímidamente en una posición más recta. —Cuando era una niña —dijo—… me llamaban monstruo debido a su color. A muchos niños les parecía escalofriante el verme, y me evitaban por eso. Creo que, a su vez, yo quise evitar que la atención de todos se fijara en mis ojos, y me acostumbré a mantener siempre la vista baja.

—¿La molestaban mucho en la academia?

—Un poco. Generalmente niños más grandes.

El ceño de Neji se frunció. —¿La golpearon?

Hinata vaciló. Después de un segundo, murmuró: —A-Algunas veces.

—Yo debí estar ahí para protegerla.

Podía notar la furia del hombre a su lado aún sin mirar su rostro, lo cual la hizo sentir levemente incómoda. Le hacía recordar con pena cuán patética había sido en el pasado. —Pero, Neji-niisan, no fue mucho… —forzó una sonrisa—En realidad, golpeaban como niñas.

Sin embargo a él pareció no hacerle gracia.

Y justo cuando Hinata pensaba empezaba a buscar un tema de conversación diferente, o una excusa para huir de allí, se sobresaltó al sentir unos dedos largos contra su barbilla que le hicieron inclinar el rostro hacia arriba.

—Acérquese —su brazo estaba estirado para tocarla, pero no había modificado su posición, así que ella obedeció, acercándose a su costado.

Él la observó un instante con detenimiento y, a su vez, Hinata pudo detallare el color en los orbes de su primo. Pareció totalmente absorto al susurrar:

—No me parecen los ojos de un monstruo.

"Ni a mí", pensó rápidamente sobre los suyos, intensos y severos.

No notó el momento exacto en el que Neji giró ligeramente el cuerpo en su dirección, acortando el espacio, hasta que sintió suaves caricias alrededor de sus ojos. Las yemas de sus pulgares rasposos recorrieron las pequeñas bolsas bajo ellos, pasando luego por sus parpados.

—Lucen como perlas, Hinata-sama —esbozó una liviana sonrisa que le rebotó el estómago, e inmediatamente su mirada recobró la concentración. Envuelta en cada una de las expresiones del rostro masculino, ni siquiera se acordó de sonrojarse—, o amatistas… —Neji ladeó la cabeza, las manos aún sobre su cara—Creo que son una peculiar mezcla de ambas.

—Los tuyos, Neji-niisan, son como dos lunas cubiertas de plata.

Ante el afeminado cumplido, la risa grácil y ronca vibró entre ellos. Entonces fue que la sangre subió hasta los altos pómulos que él atendía.

—No desvíe la mirada —Neji la detuvo, ajustando la fuerza del agarre sobre su rostro. Era firme, pero suave—. Permítame seguir viéndola.

Avergonzada, con las manos retorciéndose sobre su propio regazo, Hinata asintió, obediente. —¿Le gustan mis ojos?

La pregunta la descolocó un poco, provocando que el calor subiera un poco más en su cara. Se preguntó fugazmente si las manos de Neji no se estarían quemando ante la alta temperatura, antes de responder.

—M-Me gustan —balbuceó, y después de ello no pudo detenerse con facilidad—. Son severos, pero al mismo tiempo contienen mucha amabilidad. T-Tus ojos son muy… bonitos.

Neji la miró con seriedad. —Hinata-sama, los suyos son propios de una princesa —declaró—. Usted es nuestra princesa. Contienen una belleza análoga a la suya. Desbordan ternura y calidez…

Los dedos de Neji se refugiaron detrás de sus pequeñas orejas, moviéndose con suavidad, mientras que sus rostros, lenta, muy lentamente, se iban acercando a medida que hablaba. Hinata no fue consciente de ello, simplemente estando enajenada en el sonido de su voz, en el roce de sus manos, y en color nacarado de sus ojos.

—… Reflejan la pureza de su alma. El calor de su mirada podría derretir un glacial —no fue consciente del movimiento en el cuello del hombre al pasar saliva—, y es su arma más poderosa contra los hombres.

—¿A-Arma? —Hinata parpadeó.

—Arma —Neji asintió—. Contra Naruto. Cuando esté con él, asegúrese de usarla.

—¿Cómo hago tal cosa?

—Mírelo.

—¿Cómo?

—¿A usted le gusta la mirada de Naruto?

—Ujúm.

—Entonces sólo concéntrese en ella. Eso lo atraerá… —un movimiento de la boca masculina desvió su atención hacia esta parte del rostro, y un extraño sentimiento apretó su estómago.

Su labio superior tenía una ligera curva de corazón, sin ser femeninos. El inferior era sutilmente más grueso , llamativo, aparentemente blando… ¿Serían así los de Naruto? ¿al verlos , sentiría la imperiosa necesidad de tocarlos, de probar su suavidad?

—… Sólo mírelo así, y él se encargará del resto.

¿Así? No tenía idea de lo que eso significaba. Por otra parte, tampoco estaba muy a la tarea de investigarlo.

—¿Lo hará?

—Sí.

El aire empezó a sentirse pesado en el interior de sus pulmones. —¿Qué hará, Neji-niisan?

Hinata lo observó alejarse, sonriendo de forma extraña, casi incómoda. —Si es listo —él dijo, poniéndose de pie—la besará. Mientras tanto, ¿quiere que le enseñe a batir las pestañas?

Aún con una ligera corriente agitándole los lugares del rostro que habían sido tocados, se levantó, roja como una amapola, pero con una sensación renovadora aleteando en su interior. —Estoy ansiosa por aprender, sensei.

Lo vio sonreír, pero luego él puso una seria expresión. —Pero antes, Hinata-sama, ¿cree que reconocería a esos tipos de los que me habló antes? —preguntó, golpeando con un puño su propia palma—. Me gustaría tener una pequeña e inofensiva charla con ellos.

.

.


Su primo mayor, para su pasmosa decepción, jamás le había enseñado a batir las pestañas (en serio deseaba que le hubiera hecho una demostración; podía morir de risa tan sólo con imaginarlo pestañeando en modo flirteo desesperado), pero dijo algo útil: "Parpadee lentamente. Ser descarada no es adecuado para comenzar. Sólo parpadee lento, busque los ojos de la otra persona con insistencia, y desvíe brevemente la mirada apenas entren en contacto. Eso causa un efecto. Por demás, muéstrese interesada en la conversación. Absorba las palabras que salen de su boca. Seguro será difícil con alguien tan bocazas como Naruto, pero…" sonrisa sardónica "esfuércese".

Y ahora, intentando seguir su consejo, se sentía absolutamente tonta.

—¿Diferente? —desvió la mirada—¿En qué sentido?

Lo miró tímidamente, los parpados cayendo con deliberada delicadeza, mientras lo veía fruncir el ceño y adoptar una pose pensativa, acariciándose con el pulgar y el índice su varonil barbilla. —No sabría decirlo… uhm… supongo que diferente en el buen sentido.

Okey. No era exactamente lo que esperaba, pero estaba satisfecha… por ahora.

—Eh… Gracias, supongo.

La risa nerviosa del muchacho sacudió el ambiente. —Bueno, Hinata, es extraño estar solo nosotros dos, sabes…

—¿Extraño? —pegó un respingo, preocupada—¿a qué te refieres con extraño? ¿estoy haciendo algo mal? ¡Oh, no!

—¡No, no, no, nada de eso! —Naruto movía desesperadamente las manos en negación, su bonita cara bronceada cubierta con una expresión de pánico—Lo que quiero decir es, verás… uhm… ¡que no es usual, sí, eso! Pero resulta agradable´ttebayó.

Totalmente abochornada por la reacción de cuarentona desesperada, su rostro se coloreó de un profundo rojo. —A-Ah, s-sí, m-muy a-agradable —sus ojos se abrieron en pánico. ¿Qué rayos era ese tartamudeo? Cálmate, Hinata. Cál-ma-te—¡Oh, e-está muy bueno el ramen! —la voz pareció chillona a sus propios oídos, pero ignoró ese hecho al absorber un poco del caldo, más precisamente para refugiarse en el tazón.

—¡Sí, sí, está muy bueno, el mejor´ttebayó!

—¡El señor Teuchi sí que es asombroso!

—¡Sí, el viejo es el rey en la cocina! ¡el ramen de Suna y Kumo sabe a mierda, ja, ja!

—Ja, ja, sí —oh, por Dios, ¿qué estaban haciendo?—… Supongo que sí.

—Sí...

—Sí…

Naruto rió, una risa llena de la más pura incomodidad. —Me causó diarrea´ttebayó —dijo, obviamente sin pensarlo realmente pues se puso colorado al instante, aunque Hinata no pudo percatarse al estar muy ocupada atorándose.

Sintió la palma masculina sobre su espalda, mientras tosía de una forma que Hiashi Hyüga definitivamente no aprobaría. Sobre todo porque…

—Hinata… Te salió… Eh… —Naruto habló, en un fuerte susurró—; Te salió ramen por la nariz´ttebayó.

Instintivamente pegó un chillido, llevándose ambas manos al rostro, mirándolo con terror. ¡Los dioses debían estar riéndose de su miseria! ¡que se la tragara la tierra y no la escupiera nunca, por favor! Pero entonces… El que reía era Naruto, y lo hacía de forma tan dura, con tan deliciosas ganas, que se llevó las manos alrededor del abdomen, mientras prácticamente lloraba. —¡Oh, H-Hinata, tú… tú…! —le interrumpió otra sonora carcajada, más repentina y potente. Para cuando ella lo miró, más avergonzada que nunca, algo llamó su atención. Parpadeó. Una. Dos. Tres veces. Y no, no estaba intentando coquetear ni seducirlo.

¿Era eso lo que creía que era?

Verde. Bajo su nariz.

—¡N-Naruto-kun, tienes un moco!

—¿Eh? —lo vió limpiarse con la manga de su chaqueta naranja, y parpadear—¡Es cierto!

Y esta vez él se tiró al suelo entre carcajadas.

Ella, por su parte, tuvo que apoyar la cabeza sobre la barra del restaurante, abrazándose a sí misma en un vano intento por controlar el volumen de su risa. ¿Cuándo había sido la última vez que había reído así? Honestamente, no podía recordar. Le dolía el estómago, le dolían las mejillas y, sin embargo, se sentía tan absolutamente genial que no podía parar.

—¿Qué está pasando aquí? ¿qué es todo este alboroto?

—¡Viejo! —Naruto estiró el cuello graciosamente desde el suelo para mirar al dueño del restaurante más querido de Konoha—¡Pasa que Hinata y yo somos unos puercos´ttebayó!

Hinata convulsionó en otra risotada contenida ante esto, sonrojada por el esfuerzo de reprimirse frente al hombre mayor; pero tal fue su desgracia que el aire brotó en un una vergonzosa risa de cerdito. ¡Oing, oing!

—¡Ay, Hinata, estás matándome!

.

.


Para cuando la clientela empezó a fluir para el turno nocturno, Ayame prácticamente los había corrido del local alegando que Naruto era una verdadera mala influencia para cualquiera, sin importar si se trataba de una noble dama, y que él en definitiva no tenía ni una pizca de caballero. Pero Hinata descubrió que se había equivocado en esto último cuando él se ofreció amablemente a acompañarla en su camino a casa, y cuando, tras verla temblar ligeramente ante una brisa helada, se quitó su propia bufanda verde y se la enrolló alrededor del cuello, ante su total vergüenza.

—G-Gracias —murmuró, escondiendo tímidamente su polvoreada nariz ruborizada entre la prenda.

—Descuida, yo tengo calor —él se rascó la mejilla, sonriente—. Por cierto, lamento lo de antes… No quise ser maleducado.

Hinata dejó escapar una pequeña risa. —No, yo lo siento… No fui una compañía muy agradable.

Naruto se detuvo de golpe, perplejo. —¿Bromeas?

Ante el silencio de su compañera, agregó: —Ha sido el almuerzo más divertido que he tenido en mucho tiempo —lo miró de reojo, encontrándose con su rostro bronceado fijo en el camino. Y entonces, él susurró algo muy bajo, en un tono asombrosamente suave e inusual en él—; todo gracias a que estabas conmigo´ttebayó.

Después, sólo caminaron en silencio. Hinata mirando sus propios pies, notando positivamente asombrada el contraste que estos relejaban junto a los de Naruto, grandes y de pasos largos. Él mantenía ambas manos dentro de la chaqueta naranja y, aunque ya no nevaba, el frío empezaba a ser insoportable. No quiso ni imaginarse lo helada que sería la madrugada.

El silencio que los abrazó fue cómodo, natural.

—Es aquí —avisó, deteniéndose ambos frente a la puerta de entrada de la mansión.

Naruto echó un vistazo a las letras sobre esta. —No me digas que es más grande que lo que parece. Tu casa, quiero decir. Porque parece enorme.

—Bueno… Es un poco espaciosa.

—Me imagino, ¿cuántas habitaciones tiene?

—Bastantes —le sonrió suavemente—. Mi familia es bastante grande, Naruto-kun —le recordó.

Rascándose la cabeza, estiró los labios en una gran sonrisa. —A veces lo olvido. Que tu familia y la de Neji es tan prestigiosa. Me siento un poco nervioso, siento un poco como si fueras una celebridad.

—¿Es en serio? —ella se llevó un mano a los labios, riendo en bajo—No quiero que me diga eso el Gran Héroe del mundo ninja, la joven celebridad más f-famosa de las cinco naciones.

Curiosa, lo observó jugar tímidamente con sus pies. —Nada de eso. Fue hace mucho —y luego estiró los brazos hacia el cielo en un exagerado movimiento, como si se desperezara—Bien, Hinata. No quiero que tengas problemas por mi culpa, te he quitado demasiado tiempo.

Ignorando el pequeño sentimiento de decepción al ser él quien iniciaba la despedida, Hinata asintió con un leve cabeceo. —¡Oh, espera, Naruto-kun! —él se detuvo antes de dar el primer paso, observándola con atención mientras ella se desenrollaba la bufanta y cuidadosamente se la entregaba—. Muchas gracias.

—Ah, de nada´ttebayó.

Mientras lo veía usarla de nuevo, Hinata continuó. —Eh… y quería decirte que podrás echar un vistazo al interior del complejo Hyüga, si quieres.

Los ojos azules se expandieron, no ocultando la sorpresa y emoción. —¿Ahora?

—No, no, no ahora —sonrió, balanceándose un poco sobre sus piernas. Al parecer, para mantener una conversación tan larga, para esforzarse al mirarlo siempre a los ojos, era necesario que su cuerpo liberara energía de alguna otra forma—. Verás, mi vigésimo primer cumpleaños es el sábado… y Padre desea celebrarlo. Así que la mansión Hyüga tendrá las puertas abiertas para ti, Naruto-kun, si lo deseas. M-Me sentiría honrada si asistieras.

—¿Por tratarse de la joven celebridad más famosa de las cinco naciones? —bromeó.

Hinata negó. —No. Por ser mi amigo.

Se miraron un instante a los ojos, en silencio. Él configuró una expresión seria en el rostro, y asintiendo, murmuró: —Aquí estaré, Hinata´ttebayó.

Después, se despidió con una mano en alto y dio media vuelta. Tras observarlo doblar en la primera esquina, se permitió al fin suspirar. ¡Qué día!

—Lo hizo muy bien.

—Neji-niisan —jadeó con sorpresa.

Neji dio un paso hacia ella, haciéndose visible al salir del rango de oscuridad existente tras un poste del alumbrado. Había ocultado de forma tan asombrosa su presencia que ni siquiera Naruto había podido percatarse… Después de todo, era un genio.

—Hinata-sama —él saludó con un ligero movimiento de cabeza al llegar hasta su posición—, se está volviendo una experta.

Neji observó sus mejillas arreboladas y su nariz polvoreada de rubor, quemada de forma adorable por el frío. —Pero debemos entrar ya, conquistadora —dijo, tomándola suavemente de los hombros para girarla hacia la puerta. Mientras hablaba, él la rodeó protectoramente con uno de sus brazos, usando el libre para abrir la puerta. No era un abrazo, tan sólo pretendía cubrirla de las frías corrientes.

—Él dijo que vendría a mi cumpleaños… —la oyó susurrar en bajo, con emoción contenida, como una pequeña niña.

—Felicidades, Hinata-sama —ya entrando, Neji cerró la gran puerta con facilidad, liberando a la joven heredera de su cálido agarre. Hinata, sin embargo, no se alejó demasiado.

Cuando él la miró nuevamente, se encontró con una expresión llena de ilusión, casi de completa adoración. Su voz femenina, tembló suavemente con algo que Neji, quien era experto en describir todo lo existente, no pudo diferencias. Quizás simple esperanza. —D-Debemos practicar más y más, N-Neji-niisan.

Supo inmediatamente que se refería a sus clases especiales, y asintió con obediencia. —Como desee —respondió, retomando nuevamente el camino por el sendero de grava, en dirección a la casa principal. Mierda, qué frío. Y entonces, justo cuando se preparaban para despedirse en una intersección del pasillo, dispuestos a seguir cada uno por un camino opuesto con destino a sus habitaciones correspondientes, Hinata habló:

—¿Estabas esperándome? —la pregunta brotó llena de inocente curiosidad, pero Neji percibió un pequeño tinte de preocupación colándose en sus palabras.

Él quiso reír.

Si supiera, pensó, pero, decidiendo que lo mejor era no ser totalmente honesto con su pequeña y momentáneamente feliz prima, respondió. —No, yo también iba llegando —y, dándole la espalda, se permitió sonreír. —Descanse, Hinata-sama.


Nota de Autora:

¡Hola! Acepto amenazas de muerte, tomatazos, lo que quieran, ¡lo merezco! Sin embargo, quiero decirles, que este capítulo está especialmente dedicado a mi hermosa y super talentosa amiga y fan del NejiHina, CONNIE23. Sin ella, yo ni siquiera encontraría la inspiración necesaria para continuar escribiendo. ¡Ella se merece todas los agradecimientos del mundo!

Ahora, con respecto al capítulo; ¿qué les ha parecido? Naruto ha hecho su aparición, y creo yo que de una manera muy Narutesca. De todas formas, esto se va a poner bueno, les advierto. No esperen, sin embargo, que Hinata borre magicamente su amor de infancia como si no se tratara de gran cosa. Por el momento, afortunadamente, Neji tampoco ha profundizado en sus sentimientos hacia ella, así que no, no está sufriendo. Él no será el típico pobrecito despechado en esta historia, así que pueden estar tranquilos. Lo prometo.

Por otra parte, muchas gracias, muchisimas gracias por todos sus reviews. Cada uno de ellos me alegra inmensamente la vida.

PD: Si alguno no se ha pasado por mi perfil, les recomiendo hacerlo y buscar mi más reciente One Shot NejiHina "De aromas y tradiciones", el cual, dejenme decirles, está casi directamente relacionado con Enséñame.

Besos.