ENSEÑAME

IX


El equipo Gai era, seguramente, el equipo con mejor nivel de combate cuerpo a cuerpo en toda Konoha; con el mayor especialista de taijutsu, el genio experto en Jüken y la más talentosa kunoichi en el manejo de armas, Maito Gai, a sus apenas treinta y seis años de edad, podía considerarse a sí mismo como el más afortunado de los maestros. Neji, Tenten, Lee… ¿Cómo no iban a ser tan espectaculares muchachos con un sensei tan apuesto, ultra fuerte, y cool como la bestia verde de Konoha? Imposible. Ellos estaban destinados a la grandeza. Por ello, mientras disfrutaba del últimamente demasiado inusual placer de verlos entrenando juntos, Gai sensei, desde su silla de ruedas Ultra-Plus-Revolution-2.0 con rines spinergy, dejó que su pecho se hinchara de orgullo por un instante, rememorando, analizando.

La perseverancia de Lee, la grácil agilidad de Tenten, el ingenio de Neji.

Un cruce de miradas entre el muchacho del Spandex verde y la reina del armamento ninja, le hizo acomodarse en alerta. Oh, interesante, pensó. Aunque habían acordado una batalla de todos contra todos, parecía que la joven pareja había formado una alianza en contra del integrante solterón del grupo. ¿Esto es lo que llaman Complot de Amor?

Lee atacó primero de forma agresiva con puños y patadas fríamente calculadas para la distracción. Gai podía verlo claramente, pero seguramente a Neji, dentro del calor de la batalla, se le haría difícil notar el momento en que una Kusarigama empezaba a acercarse de forma silenciosa y ágil. Un arma exquisita, admiró Gai, hoz cuidadosamente afilada y con curvatura ideal. Cadenas reforzadas con chackra. ¡Buen trabajo, Tenten!

Cuando un golpe alcanzó la mandíbula del joven Hyüga, elevándolo apenas un poco en el aire, y obligándolo a retroceder por reflejo en una vuelta aérea, los tres pares de ojos brillaron, ¡bien!, y al caer Neji tuvo que bajar la vista hacia las piernas que empezaban a ser estranguladas por cadenas de más de tres metros. Estaba atrapado. Dolorosamente atrapado.

—¡Te tengo! —la sonrisa triunfal de Tenten se ensanchó al aparecer frente a su presa, el arma aún en sus manos.

—¡Bien! —Lee, a su lado, vitoreó.

Neji observó cauteloso la punta de metal a milímetros de sus talones. Si ella apretaba un poco más el agarre y aumentaba la presión, los huesos y articulaciones serían cortados como si se tratara de blandos trozos de pasta.

—Di que te rindes, Neji, o Tenten no dudará.

—Así es —la aludida alzó la ceja en un gesto divertido—; ¿quieres conservar tus pies unidos al cuerpo o no?

El ceño de Neji se frunció ligeramente en una pequeña mueca de frustración. Luego, siempre calmo, él suspiró. —Ya, ya… —sus manos se alzaron en señal de paz—Vamos a calmarnos.

Una imperceptible sonrisa arrogante. Entonces…

¡Puff!

Un tronco.

"¡¿Sustitución?!"

La pareja más atlética de Konoha apenas fue capaz de escuchar su voz (él se aseguró de ello), pero un milisegundo fue demasiado poco para poder reaccionar a la poderosa ola de chackra que los expulsó del suelo al instante, arrojándolos de lleno contra las ramas de los arboles cercanos.

—¡Hakke Kūhekishō!

El combate estaba terminado. Y para cuando Gai pudo acercarse por entre la polvareda recientemente generada, una conversación se formaba.

—¡Ouch! —la mujer del equipo, desde el suelo, se pasó el índice por su mejilla derecha, de la que brotaba una gota de sangre—Tu chackra, Neji, parece tornarse más cortante cada vez.

—¡Cierto! —Lee, levantándose quejumbroso, apoyó—, ¿pero por qué yo siempre termino con mi traje destrozado? ¡y con este frío! ¡Es el quinto, Neji! Vas a tener que pagarlo.

Neji se cruzó de brazos. Sus ojos perlados mirando a un lado. —No es como si lo hiciera a propósito, así que no aportaré un centavo para que sigas comprando esas prendas horrendas.

—¡¿Disculpa?!

En este punto, Gai consideró oportuna una intervención.

—Vamos, vamos, Lee, él no lo dice en serio. Neji conoce el poder del spandex —sonrisa brillante—Ahora, mis jóvenes discípulos, creo que no es conveniente iniciar una discusión frente a los espectadores.

—¿Espectadores? —Tenten preguntó, curiosa.

Y entonces, después de seguir la mirada oscura de la bestia verde de Konoha, el rostro de Neji se suavizó (Gai pudo notarlo inmediatamente) al murmurar un nombre femenino:

—Hinata-sama.


.

.

.

Al interior del equipo Gai existía la promesa de reunirse para entrenar la mayor cantidad de viernes en los que sus integrantes no se encontraran realizando alguna misión en el exterior (en el caso de Neji, también se contaban sus deberes como miembro de un prestigioso clan, ya que ni Lee ni Tenten debían preocuparse por ocupaciones semejantes), y Neji Hyüga disfrutaba enormemente de cada una de sus sesiones. En realidad, para él, más que de un entrenamiento, se trataba de un espacio de tiempo libre para compartir con sus más cercanos amigos; gusto que a medida que pasaban los años parecía convertirse más en un escaso lujo.

Y en esos momentos su humor era inmejorable.

Se sentía absolutamente complacido con cada uno de los gritos absurdos de juventud provenientes de Lee, y de las amenazas confiadas que su compañera castaña lanzaba al atacar. Le gustaba la forma en la que ellos se quejaban cuando lograba salirse con la suya "¡maldición, ¿de nuevo una sustitución?! ¡no puedo creer que caímos en algo tan básico!" o "¿sabes, Neji? Hemos decidido considerar el uso del byakügan como trampa". Ellos solían asegurar que sus combates serían totalmente individuales en una racha de todos contra todos (no alianzas), pero inevitablemente terminaban poniéndose ambos en su contra. Eran pareja después de todo, no se podía esperar menos, y eso le causaba una gracia infinita. No los estaba subestimando, en realidad, era todo lo contrario; sus dos compañeros de equipo eran considerablemente poderosos, ambos especialistas en su área, y él simplemente representaba al clan más fuerte y noble de la aldea, por lo que no existía motivo en la tierra de que él fuera suave contra ellos. Sin embargo, podía confesar sólo para sí mismo que, a veces, direccionaba sus ataques exclusivamente con el fin de volver inservibles las ropas de Lee (porque en serio las odiaba, en serio), e iba un poco… sólo ligeramente más suave contra Tenten. Ella lo masacraría si se lo dijera, pero él no podía evitar ser un poco considerado en ocasiones. ¿Qué quería? ¿que destrozara su bonito rostro justo el día antes de una festividad? Sencillamente imposible; eso lo haría el peor de los bastardos. Es más, ya estaba empezando a lamentar profundamente el haber ocasionado un diminuto corte en su mejilla…

Bueno, suponía que con un poco de maquillaje no se notaría en absoluto. Las mujeres eran expertas en hacer ese tipo de cosas, y no era peor ese ligero rasguño que un grano, así que estaría bien.

Neji la oyó quejarse y comentar que su chackra se estaba volviendo más filoso, mientras Lee le alegaba que debía pagarle un traje nuevo (lo cual jamás sucedería) justo antes de que Gai-sensei se acercara rodando –literalmente- e interviniera con una sonrisa de artista. —Ahora, mis jóvenes discípulos, creo que no es conveniente iniciar una discusión frente a los espectadores.

—¿Espectadores?

La voz de Tenten sonó curiosa, y él mismo se sintió un poco intrigado. ¿Espectadores? ¿cómo pudo no haberlos notado? Pero cuando se giró todo tuvo sentido, pues se trataba de ella, la kunoichi experta en el arte del camuflaje y en el pasar absolutamente inadvertida. Era su prima. Hinata.

—Hinata-sama.

Ella se encontraba de pie, su hombro recostado en el tronco de un árbol, y Neji la observó configurar una pequeña sonrisa apenas hubo notado que acaparaba la atención de los presentes mientras se acercaba. No se encontraba a más de unos cuantos metros, y le pareció nuevamente increíble que ninguno de los tres se hubiesen percatado de su cercanía antes de que Gai-sensei la mencionara. Llevaba ropa casual, pero abrigada, y sus mejillas estaban brillantes, la respingada nariz con un sutil rojo en la punta.

—¿Quisieras unirte a ellos, Hinata? Sería interesante ver un dos contra dos.

Ella declinó educadamente la oferta. —Me encantaría, Gai-sensei, pero no será posible. Hoy… —sus miradas se cruzaron por un breve momento, y un rubor ligero coloreó los pómulos femeninos antes de romper el contacto —En realidad, h-hoy sólo vengo a darle un mensaje a Neji-niisan. Lamento si interrumpí su entrenamiento.

Tenten se cruzó de brazos. —Ya hemos terminado —dijo—. No me puedo permitir llegar a tu cumpleaños con un ojo morado, así que es todo por hoy.

—¿En serio, Tenten? —Lee gimió—¡pero si apenas se estaba encendiendo mi llama!

—Pues enciende tu llama en el distrito comercial. Debes ayudarme a elegir el atuendo de mañana, así que necesitarás energía en cantidades. Hinata —se giró hacia ella—, dime cómo debemos vestir, ¿será un evento extremadamente formal?

Neji la notó incómoda. —Bueno…, yo diría que semi-formal, ¿qué opinas Neji-niisan?

—Usted estará excesivamente elegante, Hinata-sama. Y en general, todos los miembros de la familia Hyüga —respondió—, pero para los invitados pienso que un traje semi-formal es lo adecuado —asintió.

—¿Semi-formal? —Lee preguntó, llevándose un dedo a la barbilla—O sea que uno de mis spandex estará bien, ¿cierto?

—¡Absolutamente no!

Tenten tomó a su absurdo novio por el brazo, y empezó a arrastrarlo. —¡Vamos ya mismo a comprarte pantalones! —se giró brevemente hacia ellos para despedirse con un "¡Nos vemos mañana, sensei, Neji, Hinata!", para en seguida retomar su camino. Se notaba que tenían mucho por hacer—¡Y una corbata, Lee!

—¿Corbata? ¡Tenten, ¿no has escuchado eso de que la comodidad es lo más importante? ¡Por favor, la corbata no!

—Mañana lo único importante es lucir bien.

—Está bien, pero que sea verde.

—Ni hablar.

—¡Oh, vamos, Tenten!

Con una casi visible gota de sudor resbalando por su sien, Hinata habló: —Lamento que deban preocuparse por cosas tan triviales como la vestimenta…

—Oh, no, no, Hinata. ¡Todos están muy entusiasmados!

—Es verdad, Hinata-sama —Neji asintió—. Además nos está haciendo a todos un favor… Lee debe diversificar su armario en pro de la salud mental general.

Gai-sensei soltó una risotada. —¡Oh, Neji, no debes sentirte celoso del buen gusto de Lee! Tú también tienes tu estilo —le guiñó un ojo, antes de empezar a rodar con entusiasmo nuevamente—¡yo debo ir al peluquero, debo estar totalmente pulcro para mañana!

—¡Oh, Gai-sensei, no se…! —Hinata suspiró. El hombre había desaparecido de su rango normal de visión en un segundo—… moleste.

—Esa silla es sorpresivamente rápida —comentó Neji de manera casual.

—Ya lo veo.

Un instante después, él giró en su dirección. —¿Cuál era el mensaje?

—¿Mensaje?

—Dijo que tenía un mensaje que entregarme. ¿De quién?

—¡Ah, s-sí, el mensaje, claro! El m-mensaje de… —sus pequeños hombros se hundieron—de nadie, niisan. Mentí.

Y lucía tan culpable como si hubiese masacrado a un clan entero en medio de la noche y traumado de por vida a su hermanito menor, poniendo en grave peligro físico a todos por causa de la inestabilidad mental y profundo vacío emocional del mismo. Oh, okey, basta de meterse con los Uchiha. Mal hábito.

—Eso no es común en usted —comentó—. ¿Qué sucede?

—Es sólo… —se detuvo; una pausa en la que él pudo notar que se mordía suavemente el labio, intercambiando además nerviosamente el peso de su cuerpo entre un pie y el otro. Después de una profunda inhalación, los ojos violáceos lo miraron con absoluta determinación, y reiterando su inigualable cualidad de sorprenderlo, habló: —Salgamos en una cita, Neji-niisan.

¿Qué?

¿Qué?

¿Qué?

Notablemente incómodo, él se removió en su puesto, silencioso.

—¿Una cita? —repitió luego de unos segundos, ladeando al rostro al mirarla—Hinata-sama, ¿usted… ha enloquecido finalmente?

—No enloquecí.

—Entonces… —Neji se enderezó, con seriedad—¿Está enamorada de mí? —preguntó, observando atentamente el cambio en su rostro de marfil; ella boqueó, y su sonrojo apareció sin censura—Porque déjeme decirle que yo-

—¡N-No, no es eso!

Pero entonces… ¿Por qué, por todos siete infiernos, ella interrumpía su entrenamiento para pedirle una cita a él de todas las personas?

—Sería como una especie de práctica… —la oyó hablar suave, dulcemente—para cuando tenga una con Naruto-kun. No quiero arruinarlo.

Ah, eso tenía sentido.


.

.

.

Bien, ella había dicho que irían en una cita, pero, ¿qué diablos se suponía que la gente joven, común y corriente hacía en una? Más allá de andar por ahí de las manos, Neji no estaba totalmente seguro. Sospechaba, sin embargo, que estar sentados en una banca de parque, rígidos y agarrotados por el frío, con la vista fija en cualquier punto del espacio, no era el escenario ideal. Neji le dedicó una mirada de reojo a su acompañante, notando que sus labios habían adquirido un ligero tono morado y temblaban tenuemente. No lograba encontrar el qué, pero algo debían estar haciendo mal.

—Está temblando —bruscamente directo, como siempre—. Creo que debemos aplazar este… asunto.

Vio la protesta en sus ojos violáceos. —Pero, Neji-nii-

—Pero nada —le interrumpió—. Nos devolvemos ya al complejo.

Sus ojos se abrieron sorprendidos cuando, al empezar a ponerse de pie, fue bruscamente puesto nuevamente en su sitio. "¿Qué demonios…?", pero entonces el rostro ruborizado y mortificado de Hinata lo llenó de inquietud. ¿Qué pasaba con ella? Estaba actuando de forma extraña (es decir, más extraña de lo usual), así que se quedó allí, alzando una ceja de manera inquisitiva.

—Es que… —ella inhaló, y botó aire frío por la boca al hablar, mirándolo con ojos tímidos—Es que no podemos regresar a casa hoy.

Una pequeña parte de su mente gimió de frustración porque, diablos, quería desesperadamente tomar un baño caliente, mientras que en el resto la intriga aumentó. Esbozó una sonrisa un poco ladina.

—Explíqueme el sagrado motivo por el que dos Hyüga no pueden volver a la propiedad Hyüga.

Le estaba empezando a inquietar la forma en que sus labios tiritaban antes de hablar. —Es que… —ella desvió la mirada, avergonzada, y Neji siguió atento el movimiento de sus pequeños dientes al morderse el labio—Es que dije mentiras.

Un parpadeo. ¿Qué?

Neji casi rueda los ojos, pero estaba tan impresionado que simplemente se quedó allí mirándola, casi escéptico, preguntándose qué, exactamente, querría decir con eso.

Hinata había despertado esa mañana sintiéndose extrañamente ansiosa. No tenía idea del motivo. Bueno, en realidad podían llegarle a la mente varios posibles motivos si lo pensaba con seriedad… Pero, francamente, ¿era algún ser humano capaz de ligar algún pensamiento coherente con los gritos de una Hanabi dando órdenes a diestra y siniestra? El complejo Hyüga temblaba ante decenas de pasos apresurados moviéndose de un lado a otro y, justo empezaba a considerar la posibilidad de cederle el liderazgo del clan porque, joder, ¡qué pulmones tenía esa mujer!, cuando (milagrosamente) pudo oír el toque de la puerta.

—Adelante —habló alto, distraídamente, cepillándose el cabello, sentada frente al espejo.

El bullicio del exterior entró de forma más intensa con el chirrido de la madera, "¡que la fuente de chocolate va en el centro, en el centro, carajo! ¡no me hagas ir hasta allá porque te pondré el chocolate donde te-" —¡Cierra rápido, por favor! —se giró alarmada, chocándose de lleno con el rostro imponente y serio del patriarca de la familia.

El silencio reinó un segundo después de que la voz de su hermana menor fuese aligerada, y Hinata se levantó rápida y torpemente de su asiento, al tiempo que el cepillo se resbalaba entre sus dedos para terminar ruidosamente contra el suelo, y ella ahogaba un gemido de dolor (pues en la carrera con la que se puso de pie, se había golpeado la espinilla con la pata del banquillo). —¡Pa-Padre! —sintiéndose avergonzada por su propio tono infantilmente agudo, tosió, modificándolo—Padre, ¿qué necesitas?

Tratando de no fijarse de forma excesiva en la tensión creciente en las esquinas de los labios en la cara de su padre (él estaba obviamente intentando reprimir una carcajada), bajó la mirada al suelo.

—Me preguntaba si Neji estaba contigo.

—¿Neji-niisan? —¿y cómo por qué su primera opción para buscarlo sería su habitación? —Pues estoy sola, padre.

—Ya lo veo —él asintió—, ¿entrenarán hoy?

Ella negó en un movimiento de cabeza, atreviéndose a mirarlo, intrigada por la extraña curiosidad.

Hiashi Hyüga le dedicó una mirada apreciativa. Pasó los ojos sobre sus vaqueros oscuros y su bonita chaqueta lila. —¿Irás a alguna parte?

Bueno, ¿él no esperaba que pasara el día entero escuchando los alaridos de Hanabi, verdad? Ay, no… ¿sería que la necesitaba para algo? No, no, no, ¡por el amor de Dios, eran sus vacaciones! Ya, vacaciones auto-impuestas… Apretando los dedos, Hinata asintió.

—Vinieron temprano a probarme el atuendo que usaré mañana, y ha quedado perfecto —le contó—¿N-Necesitas que haga algo más?

—No, no, está bien. Puedes irte a… a donde sea que tengas que ir.

—Gracias, padre —asintió con una respetuosa reverencia.

Interiormente eufórica (porque, vamos, ¡tenía otro día libre!), caminó cuidadosamente para rodear a su primogenitor, quien permanecía estático. —Si me disculpas…

—Hinata, antes de que te marches —¡oh, mierda! Casi cierra los ojos con nerviosismo, ¿qué era ahora? Ambos se miraron —Si ves a mi sobrino, dile que requiero de su presencia el día de hoy.

Pobre Neji. Su padre podía ser un cruel tirano esclavizador sin respeto alguno por los derechos laborales cuando quería. Pero… ella podía, seguramente por primera vez en la vida hacer algo para ayudar a su querido y leal primo, ¿verdad? Quizá no fuera mucho, pero…

—Padre, lo siento —se disculpó, sosteniéndole la mirada. Aún le temblaban un poco las piernas cuando estaba frente al hombre más estricto que había tenido la fortuna de conocer; sin embargo, no permitió que eso la amilanara, y notó confusión en sus ojos plateados, así que se apresuró a añadir: —Hoy yo ocupo la compañía de mi primo.

—Dijiste que no entrenarían.

Asintió. —Y n-no lo haremos.

—Entonces, Hinata, ¿qué asuntos tan importantes son los que debes atender con él? —cuando se ponía en modo soy el todopoderoso rey de esta casa y debo saber cada pequeña cosa que suceda bajo este techo, se tornaba imposible de sortear.

¿Y ahora qué? En realidad no ocupaba a Neji para algo específico. Realmente ni siquiera había tenido la idea de buscarlo hasta el momento en que él lo había mencionado. ¿Qué podría inventar? Era de conocimiento general entre la familia que los asuntos que atendían los primos Hyüga, en su mayoría, eran estrictamente laborales; entrenamientos, papeleos, más entrenamientos… ¿Para qué más podría ella necesitar de su compañía? Nunca había gustado de escoltas, y a esas alturas de su vida estos ya no eran primordiales…

Ahora que lo pensaba, había sólo una cosa por la que ella querría recurrir a él además de los entrenamientos, pero era algo que ni por la pureza de la línea sanguínea podría confesarle. Ni hablar, primero se arrancaría los ojos. "Padre, mi primo está instruyéndome en el arte de la seducción… Y yo requiero de clases intensivas, realmente, realmente intensivas, si entiendes lo que quiero decir. Así que, por favor, ¿podrías dejar de ser un estorbo y prestármelo por un día?". ¡Ja!

Un momento… ¿Prestar?

—Con todo respeto, padre —habló, sin titubeos, brindándole una educada sonrisa—, son asuntos entre mi guardián y yo.

"Mi", de pertenencia. Mío.

Cuando la puerta se cerró –prácticamente en sus narices- Hiashi Hyüga ladeó la cabeza, pensativo. —¿Guardián? —pero si ella misma había insistido fuertemente en que no necesitaba guardaespaldas a partir de los dieciocho. ¡En ese entonces le había faltado poco para armarle sindicato con tal de lograr su "independencia"!

Casi rueda los ojos. Sólo podía hallar una explicación medianamente lógica: —Mujeres.

Neji frunció el ceño y Hinata lo miró, atenta y preocupada por su posible reacción. —Entonces… —él empezó, sobándose suavemente la quijada en gesto pensativo—, Hanabi-sama está reventando los tímpanos de toda la Rama Secundaria.

Ella quiso agregar que estaba rompiendo los tímpanos de cualquier ser vivo, unicelular o pluricelular, que tuviera la mala fortuna de encontrarse a veinte cuadras de distancia, pero se contuvo, asintiendo. Su primo pareció considerarlo por un instante más, y luego simplemente puso las palmas en ambas rodillas, decidido. —Definitivamente no podemos volver, hay que continuar con esta… lo que sea.

—¿Lo que sea? —Hinata se sintió ligeramente ofendida. Que sí, que no era algo real, pero no tenía que decirlo de esa manera tan burda—Es una cita.

—No lo es —Neji la miró con los ojos a media asta—; estamos sentados en un parque solitario, transformándonos lentamente en trozos de hielo con Byakügan.

—S-se supone que los parques son románticos… —su boca creó un puchero.

Pero quizá lo eran más en primavera.

—Pues yo no siento mucho romance en el ambiente, ¿y usted?

—Tampoco —Neji casi ríe ante su tono de refunfuño, pero se fijó en que ella se abrazó ligeramente, tratando de infundirse calor. Por un momento, pensó en regañarla por salir en un día tan frío con ropa tan simple, pero se decidió por simplemente suspirar y desenrollar su propia bufanda café para enfundarla con ella.

Hinata le dedicó una mirada brillante e intensa que logró hacerlo sentir incomodo, antes de susurrar un bajito "gracias". Él sólo asintió en respuesta, sin sospechar que el cuerpo de su prima estaba siendo atravesado por una agradable sensación de deja vú, y se cruzó de brazos.

—Bueno, si no podemos volver, entonces debemos encontrar un lugar para resguardarnos. ¿Se le ocurre alguno?

—¿Ichiraku´s Ramen…? —ella tanteó, sin borrar ese resplandor extraño de sus grandes ojos.

—¿Acaso tiene hambre?

Ella negó. —Pero la tendremos pronto, y es un lugar abrigado.

—Buen punto —le concedió con un movimiento de cabeza—, pero no tengo muchas ganas de ramen.

Hinata lo miró de reojo, curiosa. —¿Qué te gustaría, Neji-niisan?

Él se giró hacia ella, aturdiéndola con el tenue brillo cómplice que danzaba en sus pupilas antes de susurrar: —Frijoles…

La sonrisa de Hinata fue más amplía y, aunque hacía frío, el pecho de Neji percibió una inusual tibieza. —¡…dulces! —completó.

—Exacto.


.

.

.

Con la mesa llena de algunos de sus platillos y postres favoritos, Hinata luchaba por no saltar en las puntas de los pies y chillar de alegría. En cambio, sus ojos se encargaron de condensar el sentimiento y reflejarlo en un deslumbrante brillo. La alegría, sin embargo, fue mermada en el instante en que su primo abrió la boca para decir que todo corría por su cuenta.

—Imposible —ella negó, acentuando su posición con las manos—. Hoy no es mi cumpleaños.

Neji frunció ligeramente el ceño. Y a ella le entraron unas extrañas y picantes ganas de pasar los dedos por la piel blanca entre sus cejas. Parpadeando para alejar ese raro pensamiento, se fijó nuevamente en la mesa.

—¿No puede aceptarlo como un regalo anticipado?

Se opuso nuevamente. —Mañana te aceptaré todo lo que quieras, Neji-niisan, pero hoy no hay razón.

Hinata lo miró entre las pestañas para ponderar su reacción; con los parpados sutilmente caídos, él la veía entre el humo de la bebida caliente que soplaba con cuidado, en silencio. Después de tomar un pequeño sorbo con insoportable calma, sus labios se abrieron para botar un suspiro de alivio. Él estaba disfrutando y notó que no estaba dispuesto a entrar en una discusión. Ligeramente decepcionada, Hinata volvió a su propio plato, y cuando subía el primer bocado hasta sus labios, el carraspear suave de Neji le hizo subir la vista para mirarlo.

—Lección número uno del día de hoy —él había depositado el vaso de cerámica sobre la madera para poder alzar el índice, mientras la seriedad transformaba la expresión de su rostro—: En las citas el hombre paga.

Bueno, Hinata ladeó la cabeza, Naruto había pagado el ramen del otro día… Pero había sido una situación totalmente diferente. De cierta forma, la había invitado en retribución, quizá agradecido de que al aparecerse, involuntariamente le hubiese brindado una excusa para escapar de su fanaticada. Por su primo, en cambio, ella no había hecho gran cosa. Por otro lado, con Neji estaba en una cita (aunque fuera de mentiras), mientras que con Naruto… no podía llamarse así.

—Eso no me parece justo —alegó, mordiendo extasiada un rollo de canela, ¡qué delicia!, esperando a su vez que su primo no la reprendiera por empezar por el postre. Él moría por decir algo, lo notó en sus ojos, pero luego hizo una graciosa mueca momentánea y calló. Hinata quiso reír; ¡era tan obvio!—; si las dos personas disfrutan, ¿entonces por qué la carga económica debe recaer sobre una? Es absurdo. Ambos deberían colaborar.

—No es absurdo, es una regla elemental.

—¿Por qué es elemental?

—Porque el hombre busca parecer considerado y confiable frente a la dama que le gusta. Mientras que la mujer disfruta del sentirse agasajada.

Ambos habían empezado a comer, mientras charlaban. El ambiente ameno, pero con un grado de agradable tensión que los mantenía despiertos, pendientes el uno del otro. Las cejas de Hinata se elevaron. —Yo me sentiría apenada si cada vez que salimos él debe gastar su dinero —se llevó un dedo a la barbilla—, y también un poco ofendida, sabes, porque yo también tengo dinero. ¿El mío es menos que el suyo?

—No se trata de eso. Aunque debe tener en cuenta que el ego de los hombres es sensible, así que podría herirlo con facilidad si no acepta la invitación.

Hinata permaneció un momento en relexivo silencio.

—Y si un día yo quiero salir en una cita, pero él no tiene dinero —habló, hipotéticamente, mirando al techo—, ¿entonces debo reprimir mis deseos de verlo hasta que a él le asignen una misión y reciba su pago? ¿puedes pasarme la sal?

Neji estiró la mano. —Aquí tiene.

—Gracias.

—Bueno… —sus pupilas ascendieron hasta el techo también, mientras consideraba la idea—En ese caso estaría bien que usted lo invitara —aceptó—, pero no debe hacerlo muy seguido porque se acostumbra.

—¿Se acostumbra?

—Así es. Con los hombres no se puede tener excesiva consideración, porque les da la mano y le toman el codo —Neji asintió, como si fuera lo más natural del mundo, y Hinata ahogó una risa al interior de su propio vaso porque, hombre, él sonaba como una mujer mayor—. Además, usted no puede ir por ahí de la mano con cualquier vagabundo.

—¿Vagabundo? —se cubrió los labios para ocultar la sonrisa—¿vagabundo porque no tiene dinero para una cita?

—Primero no tiene para sacarla a una cita, luego no tiene para la comida ni para los pañales de los niños, y al final terminan los cinco muriendo de inanición debajo de un puente. ¿Quiere eso para su vida?

Finalmente, la batalla contra la risa fue perdida y una carcajada femenina carcajada grave brotó desde su pecho. —¡Neji-niisan, qué exagerado! —lo miró con gracia y, recostándose en el espaldar de la silla, respiró hondamente para recuperar la compostura—; primero que nada, ¿quiénes, exactamente, somos los cinco que moriremos desahuciados bajo el puente?

—Usted, el susodicho, y sus tres hijos —él enumeró con los dedos—. Si es que no son más, porque a los pobres les gusta tener muchos hijos.

Riendo nuevamente, sin ser plenamente consciente del momento en que apoyaba el codo sobre la mesa (en contra de todas las reglas de decoro durante las comidas), miró a su aparentemente estoico primo, dedicándole una sonrisa ligeramente ladina al comentar. —Me gustaría mucho tener varios hijos, ¿esa es pura mentalidad de pobre para ti?

El rostro masculino se contrajo en un gesto incómodo, y su cuerpo se tensó. —No…

Reconociendo el rayo de preocupación que atravesaba la mirada aperlada, Hinata se incorporó, acomodándose en el asiento. —¿Qué pasa? ¿Neji-niisan?

Él la observó por un instante, como si se debatiera internamente por responder o no. Al final, su pecho se desinfló un poco, relajándose. —Solo pensaba que, en su posición, no creo que sea lo más aconsejable —rehuyó su mirada, como si se sintiera apenado de confesarle sus pensamientos.

Ella se sintió azarada. —¿Qué quieres decir?

El dedo de Neji señaló las vendas sobre su frente, y Hinata lo entendió antes de que lo aclarara. —El sello —dijo—, yo no quisiera que alguno de mis sobrinos cargara con la maldición.

No supo que decir. De repente, la temperatura alrededor de la mesa bajó varios grados más. El padre de Neji había tenido la mala fortuna de nacer unos segundos después que su propio padre, siendo automáticamente desplazado de la rama principal de la familia, y toda su prole junto a él. Hizashi Hyüga no fue el primer gemelo… y en el clan Hyüga no había lugar de privilegio para el segundo hijo. El destino de Hanabi hubiese sido el mismo desde hacía mucho tiempo, pero ambos sabían que lo único que había frenado el acontecimiento de lo inevitable había sido la duda de su padre sobre la diferencia de poder entre sus dos hijas. Poner un sello en la frente de Hanabi hubiese significado perder a la posible mejor candidata para el liderazgo de la familia.

Con un ligero peso en el corazón, Hinata alargó la mano para apretar la del hombre, sobre la mesa, motivada por el sentimiento de desamparo en los ojos de su primo, y sintió los dedos tensándose bajo su palma. Oh, Neji-niisan. Él no quería que ningún otro niño pasara por ello. Él no quería que su familia pasara por ello. Él era tan absurda y adorablemente noble que ella quiso decirle que nada de eso iba a pasar, aunque no estuviese segura de ello, que las cosas estarían bien, aunque con nada podía probarlo, y que su familia estaría a salvo (ambos, sus hijos y los de ella), aunque no sabía exactamente qué hacer para lograrlo; pero simplemente se mantuvo en silencio, buscando sus ojos, tratando de infundirle calidez en el alma con el toque de su mano…

Neji, por su parte, parecía vulnerable y apenado, como si hubiese destapado la caja que contenía su más grande temor ante ella. Ese pensamiento la hizo sentir melancólicamente afortunada, y la impulsó a, finalmente, hablar en un dulce susurro:

—Estaremos bien —dijo, y esbozó una sonrisa efímera, pero profunda, con un brillo singular adornándole la mirada—; los cinco.

La mano de Neji se liberó de su agarre. Cambió de posición, y esta vez él sostuvo sus dedos entre los suyos, de forma delicada, guiando su mano hasta los labios. Besándola, sin desconectar sus pupilas. —Lo sé.

Pensando que lucían como si estuviesen en una verdadera cita, Hinata tragó, sintiendo la garganta repentinamente seca, mientras la boca masculina se deslizaba cariñosamente por la tersa piel de su muñeca, por el medio de su palma, por la punta de sus dedos y, desviando finalmente la mirada a causa del creciente bochorno en su interior, carraspeó con menos sutileza de la que deseaba, replegando también el brazo para salvarse de su caricia. Abrazó la mano vulnerada con la otra, acomodándolas sobre su pecho.

—C-Creo que, de todas formas, pedimos demasiado —murmuró, desviando el tema hacía la comida sobre la mesa.

Un breve silencio.

—Puedo pedir que empaquen algunas cosas después, si lo desea, Hinata-sama.

—Te lo agradecería.

—Aunque eso le pasa por no comer como se debe; lo salado para empezar, lo dulce al final —y aunque él lo dijo en tono bajo de anciano chocho, ella lo oyó y no pudo evitar sonreír. Su cuerpo entero se aflojó (¡sabía que él no podía resistirse a mencionarlo!) y sólo hasta entonces notando la rigidez que la había poseído en algún instante anterior.

—Tú sacas los pimientos del plato y nadie te dice nada…


La tarde pasó rápidamente entre una ligera charla, algunas risas, y cejas elevadas con gestos burlones, más uno que otro rubor. Para cuando decidieron que no podían seguir abusando del cobijo que les brindaba el pequeño local, Neji pagó la cuenta, pidió que les empacaran algunos dulces de canela y otros de miel sobrantes, y la envolvió con su bufanda oscura antes de salir al frío del exterior. El cielo estaba oscureciendo y Hinata se sorprendió enormemente al comprender lo veloz que había corrido el tiempo. Las calles por poco estaban vacías a causa del clima helado.

—No puedo creer que al final hayas pagado todo tú solo, Neji-niisan —se quejó, su voz siendo atenuada por la tela gruesa de la bufanda, pues él la había subido de forma tal que por poco le cubre los ojos, alegando que debía protegerse lo mejor posible—. Siempre te sales con la tuya.

Él soltó una risa, de esas que parecían tan escasas, antes de hablar. —Pensé que habíamos llegado a un acuerdo sobre eso, Hinata-sama.

—¿Acuerdo? No lo creo —frunció el ceño, exhalando aire blanco en un bufido—. Eres el tirano de esta relación.

—Lo siento, pero ya habíamos discutido el asunto; en la primera cita paga el hombre. Y esta es nuestra primera cita —los ojos de Hinata se abrieron al sentir un delicioso calor sobre su mano y, girando el rostro, notó que Neji la había tomado entre la suya—. Tiene frío. Mejor volvamos a casa.

Eso fue todo. Hasta finalizar el camino, se mantuvieron sus manos juntas. Hinata le devolvió en algún momento el apretón, sintiendo que las mejillas le quemaban y hundiéndose aún más al interior de la bufanda, repitiéndose una y otra vez que estaban en una cita de mentiras, en un simple simulacro. Si así reaccionaba en uno, ¿entonces qué haría cuando llegara el momento de la real? Con lo tonta que era, seguro que se desmayaba o algo peor. Creía haber superado su atolondrada etapa de adolescente, pero al parecer un vestigio de esta refulgía dentro de su ser.

Para cuando entraron en el complejo Hyüga ya era de noche. Neji cerró la puerta tras ellos y se inclinó para desenvolverla de forma delicada pero firme, y Hinata se entretuvo mirando los bordes de sus labios, acomodados justo frente a sus ojos.

—No estoy muy acostumbrado a las citas —él la sorprendió con la repentina confesión—, espero no haberla aburrido.

Hinata exhaló, y quedaron tan cerca por el momento en que él retiraba finalmente la bufanda tras su nuca, que el aire frío golpeó su nariz, haciéndolo sonreír.

—Nunca me resultas aburrido, Neji-niisan.

—Lo dice para no hacerme sentir mal.

—Claro que no, ¡es la verdad!

Ante la expresión acalorada de su rostro, Neji rió por… ¿veinteava vez en el día? Quién sabe. Su risa era sorpresivamente fresca y ronca, y cuando la miró nuevamente Hinata vio algo en sus ojos que le hizo saltar el corazón. Quizá fue la expresión de su propio rostro embelesado reflejado en ellos, no sabría decirlo con certeza, pero provocó que su corazón se saltara un latido.

—Con usted todo es divertido —él dijo, suavemente, pasando un dedo por su tabique, en una caricia fugaz hasta la punta roja de su nariz, y era tan cálido que Hinata tuvo que reprimir la absurda necesidad de cerrar los ojos y mantenerlo sobre su piel.

—Lo dices para no hacerme sentir mal.

Se sonrieron con complicidad, y Neji medio rodó los ojos, mentirosamente pensativo. —Uh, quizás —lo cual la hizo hacer una mueca ofuscada con los labios y reír.

Si hubiesen sido un poco más experimentados, hubiesen notado que estaban envueltos en un inocente coqueteo, sutil y agradable. Pero como no lo eran, simplemente rieron un poco más, sin preocupaciones absurdas y, al despedirse, Neji dio el toque final.

—Lección número dos —dijo, agarrándola sutilmente de los antebrazos para depositar un cálido beso sobre la piel lisa de su frente, y la mantuvo allí, rozando su piel al decir—; sea usted misma siempre. Es maravillosa, jamás podría arruinarlo —y tras un último contacto, sin esperar respuesta, se marchó.

Eso, pensó Hinata, con las mejillas arreboladas y las manos sobre la frente, eso sí era una despedida digna de una cita… de mentiras, claro.