¡Buenas a todas! Y sí, sé que demoro en actualizar, pero lo bueno se hace esperar, ¿a qué no? Y principalmente me gusta esperar a tener capítulos de las otras historias que publico para subir todo el paquete; y tampoco tengo mucho tiempo e_e Esto de ser explotada no es nada bonito uwu Y la ancianidad me está pegando duro que ya ni aguanto estar despierta más allá de las 11 XD En fin, disfruten y nos estamos leyendo. Matta ne!

Capítulo 6

Matches

—¿Cómo es que terminé haciendo esto, eh? —se preguntó en voz alta la pelinegra. Por extraños azares del destino había terminado en aquel campo techado, sentada sobre una reja llena de pelotas de béisbol mientras las lanzaba para que fueran bateadas por el eufórico de Sawamura.

—¡Una más por favor! —pidió con toda la energía el castaño.

—Porque eres la novia del capitán, así que debes esforzarte tanto como él —decía muy cínico Kuramochi mientras se dedicaba al arduo trabajo de abanicar en el aire.

—No veo que el capitán les ayude para estas cosas, así que deja de mentir, Kuramochi —soltó de lo más indignada. Esta vez mandaría la pelota hacia él; una pena que pudiera batearla.

—Esa ha sido una muy fácil —se jactó el bateador.

—La próxima irá directo a tu cabeza —sentenció.

—Mujer, realmente eres peligrosa —porque alguien como él podía hacer dos cosas simultáneamente, no como Eijun que perdía el ritmo en cuanto abría el pico.

—No es mi culpa que se hayan comido esos panquecitos con laxante…—mencionó sin culpa alguna, como si no hubiera tenido nada que ver al respecto—. Una opción era que los tiraran; pero supongo que su ego las llevó a probarlos y comprobar qué tan buena era en la cocina.

—¡Lánzalas más rápido, Yuki-senpai!

—Pero lo del baño fue un poco perverso —sonrió de sólo imaginárselo—. ¿Cómo se te ocurrió?

—No soy buena para hacer bromas. Todo lo que hice fue planeado por alguien más…A esa persona se le dan muy bien esa clase de cosas —informó—. Anoche le hablé y me explicó lo que tenía que hacer; y justo hoy antes de clases fui por todo.

—¿Con qué clase de personas te juntas? —interrogó con mesura, mirando fijamente a la calmada chica—. Siento que perteneciste a una pandilla peligrosa.

—La que me dio los consejos para esas chicas, sí —sonrió fugazmente—. La respeto mucho.

—Ungh…Esta chica podría ser peligrosa, mejor no hacerla enfadar.

—¿A quién respetas?¿A mí acaso? —el incordio de Sora había aparecido sorpresivamente. Allí estaba Miyuki, recargado sobre el margen izquierdo de la puerta, con esa sonrisa socarrona que ya era un sello de su persona.

—No puedo respetar a alguien que va por la escuela en calzoncillos —comentó burlonamente; sus dos acompañantes estallaron a las risas y Miyuki únicamente se dedicó a llegar hasta a ella y taparle la boca para que no continuara burlándose de su persona.

—A eso le llaman karma, capitán —Youichi debía de aceptar que nunca le habían pasado cosas tan bochornosas a Kazuya desde que Sora apareció en su vida—. Eres todo un galán, capitán.

—Chris-senpai nunca haría cosas tan desvergonzadas como ésas, Miyuki —Eijun y su gran respeto y aprecio hacia su antiguo tutor.

—Pasando a otra cosa, debes irte ya —indicaba al tiempo que dejaba hablar a la pobre chica—. Ya pasan de las nueve.

—¿Tan rápido se fue el tiempo? —sacó de su bolsillo su celular y examinó la hora. Efectivamente era el momento de decir adiós—. Debo poner una alarma o algo.

—Vamos, te acompaño —todos se quedaron completamente callados; cada uno con diferentes gestos faciales que reflejaban su estupefacción ante la "amabilidad" repentina del capitán de Seidou.

—¿Qué es lo que pretendes? Dímelo de una buena vez, Miyuki.

—Eres bastante desconfiada conmigo.…¿verdad? —por algún motivo sentía que lo tenía en peor estima de lo que pensaba.

—Por esta vez aceptaré tu petición.

—¿Cómo que mi petición?¿Y cómo que por esta vez?¿Qué significa eso? —interrogó una y otra vez. Ella únicamente le miró sin darle respuesta—. Ya vámonos antes de que me arrepienta.

—Andando entonces.

No demoraron demasiado en salir y sentir la suave brisa nocturna, fría y al mismo tiempo refrescante.

Las calles se encontraban de lo más concurridas pese a la hora que era, como si existieran aún un montón de cosas por hacer. Incluso las congestionadas avenidas hacían pensar en que no era de noche, sino las horas picos en las que los trabajadores tenían sus horas de almuerzo.

—Escuché que encontraron a unas chicas totalmente dormidas en los baños del segundo piso y que nadie sabe cómo fue que terminaron allí —empezó la charla el castaño con la mirada puesta hacia el frente.

—Eran tus admiradoras —el otro simplemente le miró de soslayo, preguntándose qué demonios había hecho—. ¿Quieres saber qué les hice? —él negó con lentitud. Sabía que era mejor no conocer ciertas cosas y vivir en la ignorancia—. Los panquecitos tenían un fuerte laxante de acción lenta pero con efectos significativos. Sí, eran los que te había a dar, pero ellas se los comieron.

—Te dije que no me contaras —objetó—. ¿Y qué demonios pretendías hacerme?

—Era un señuelo, Miyuki —su ceño se frunció tenuemente ante las quejas del castaño—. Luego me citaron en los baños del segundo piso, intentaron intimidarme pero el laxante había hecho efecto por lo que se encerraron en los sanitarios —relataba con mucha burla. De sólo recordarlo quería reírse un poco—. Y luego solté una botella con gas para dormir.

—¿Qué tan malvada puedes llegar a ser? —no era malo que temiera, no cuando sabía lo que había hecho.

—Lo mío no son las bromas —suspiró con agobio—. La idea de todo fue de una amiga. Yo solamente me limité a seguir sus instrucciones. Necesitaba consejos y eso fue lo que me ofrecieron.

—Debes cortar lazos con esa clase de amistades —aconsejó para sobreguardar su pellejo en el futuro; no era tonto y sabía que podía aplicársela tarde o temprano.

—Sawamura va mejorando día a día. En verdad que es bueno, y su explosiva personalidad es de sus mejores cualidades. Aunque debe pulir sus técnicas para poderlas emplear adecuadamente dentro del juego.

—…Eres como Furuya…

Justo antes de doblar en la esquina siguiente, Sora se detuvo al notar que le faltaba alguien al lado. Por lo visto Miyuki había decidido detenerse frente a lo que indudablemente era una pastelería.

—Necesito comprar algo —fue la excusa del castaño antes de entrar y dejarla allí, sola y a media calle.

—¿De verdad va a comprar cosas dulces a estas horas? —se resignó y entró. Al menos se distraería con los productos que allí vendían.

Lo primero que veías al entrar era ese enorme mostrador donde permanecían muy probablemente los productos más vendidos de toda la tienda. Cada uno de ellos lucía más apetitoso que el anterior y eran irresistibles para cualquiera que amara comer.

Todo a su alrededor era un mundo de adorables creaciones cremosas y dulces.

—¿Estarás bien comiendo tanta azúcar a estas horas? —ya se encontraba al lado del joven; uno que parecía dudar sobre qué llevarse.

—¿Qué crees que es mejor el mousse de chocolate, el choux de crema o un tiramisú?

—Esa pequeña tarta de chocolate se ve bien, igual que ese mousse de café —le señaló cada postre mencionado.

—Umm…No puedo llevármelos todos —rascó su barbilla, viéndose de lo más serio sólo para elegir que pastelillo llevarse.

—Yo llevaré tres, tú puedes llevarte los que mencionaste. Así habremos conseguido todos —sugirió la joven, sacando su cartera de su mochila—. ¿Qué?¿Por qué me miras como si hubiera asesinado a alguien? Me siento insultada.

—Es que no pensé que te gustaran estas cosas —dijo antes de pedir los postres de su elección.

—Siento debilidad por las cosas dulces. De pequeña venía a comprar mucho por estas zonas —confesó antes de hacer su pedido y aguardar por la bonita caja alba que Miyuki ya tenía prendada de su mano derecha.

—Es la primera vez que compro aquí, así que espero sepan bien. O te culparé a ti —¿es qué no se cansaba de sonreír a cada momento? Era una de esas preguntas existenciales que acosaban a Sora de vez en cuando.

—Saben muy bien, así que no tendrás queja alguna —ya con su compra en mano no había más razones para permanecer allí; hora de seguir su camino.

Tras esa pequeña escala prosiguieron sin mayor dilación hacia su destino final. Ahora con la clara intención de llegar y poder hincarle el diente a esas delicias culinarias que llevaban consigo.

A pocos metros de donde se habían detenido a petición de Sora, se hallaba esa casa de dos plantas color beige con una impecable puerta de madera de roble teñida de un azul añil. Un tímido jardín se postraba a ambos lados del sendero de piedra que conducía hacia la entrada de la casa y un portón negro impedía que cualquiera entrara sin previo consentimiento.

—¿Tetsu-san no ha llegado aún? —Miyuki permanecía a un lado de Sora, mientras ella abría el portón.

—Seguramente esté con Jun para despejar su mente de estar estudiando. Lo de la universidad lo tiene un tanto ocupado —al fin podían acceder. Ninguno demoró en entrar y escurrirse hacia la puerta de entrada.

—¿Meikai, eh?

—¿Tienes planeado aplicar allí? —curioseó.

—No lo he pensado en realidad —esas cosas sobre su futuro le tenían sin cuidado por el momento—. ¿Y tú?

—De momento la Universidad de Nagoya, Keio y Tokio son mis opciones.

—Vaya que aspiras alto —decía con cierto nerviosismo—. No mucha gente ingresa.

—Lo sé. Me gustan los retos —sonrió ladinamente. Él simplemente rio un poco; por algo era la hermana de Tetsuya.

En cuanto Miyuki colocó su mirada en el interior de la residencia, pudo apreciar de inmediato cada detalle de su alrededor.

Hacia su izquierda se encontraba el inmaculado comedor, con un bonito mantel puesto y cuadros de lo más pintorescos que daban un mejor ambiente. Hacia su derecha podía encontrar la sala, un recinto donde las aficiones de la familia eran puestas en manifiesto ya que había numerosos reconocimientos de béisbol, uno que otro trofeo referente a ese deporte y muchos más de artes marciales; tampoco podía faltar un televisor y unos cómodos sofás.

Más al fondo se apreciaban las escaleras y a un costado lo que indudablemente era la cocina.

—¿Quieres algo con que acompañarlos o los comes solos?

—Así está bien —respondió tras haber tomado su lugar en el comedor. Ya estaba abriendo la cajita para exponer sus ansiados postres.

—Yo iré por algo a la cocina —se retiró, dejando totalmente solo al joven.

—Sí que es silencioso este sitio —fue la premisa que tuvo, pero que quedó atrás en cuanto escuchó esas voces cada vez más nítidas y próximas; alguien había entrado recién y se dirigían hacia donde él se encontraba—…Ah, buenas noches —saludó de inmediato en cuanto su mirada se encontró con la de esos dos padres.

—Perdona la demora, pero estaba buscando…—calló en cuanto notó ese ambiente tan espeluznantemente amistoso que estaba viviéndose en el comedor teniendo de punto central al castaño—. ¿Pero qué demonios está pasando aquí?

—Sora, cariño, al fin apareciste. No debes dejar a tus invitados solos, y menos si es tu novio — le regañó con esa grisácea mirada, torciendo levemente la sien—. Ahora siéntate y platiquemos.

—Cuando mi madre dice eso, no significa nada bueno —suspiró, se resignó a tomar asiento a un lado de su padre y colocó su vaso con leche de fresa en la mesa—. Mi papá debió de haberle contado a mi madre sobre Miyuki. Después del espectáculo que dimos en el restaurante…

—¿Por qué siempre soy la última en enterarme de tus relaciones, Sora? —se quejó con dramatismo la pelinegra—. Bien que te lo tenías guardado.

—Hasta lo trajo al restaurante anoche —comentó el padre con satisfacción en la mirada.

—No te diré nada más solamente porque tu novio es sumamente encantador y muy guapo —decía la mujer feliz de la vida, enfocando su atención en el embustero chico que ya se había echado en el bolsillo a sus padres.

—Sabía que era un error aceptar su compañía. Ahora ha engatusado a mis padres y se piensan que es el mejor hombre que puedo tener de novio —la mejor elección era centrarse en comer sus postres y olvidar todo su alrededor.

—De manera que eres tú el nuevo capitán del equipo. Tetsu nos comentó que había dejado a alguien muy capaz en el cargo —por lo visto la plática se había hecho de lo más extensa y Sora estaba en su nube.

—Cuando venga mi hermano le preguntaré sobre esa decisión...de nuevo. Tengo mis dudas —ella continuaba en silencio, observando la situación como lobo aguardando a que el rebaño de ovejas se separara para atacar.

—Ups, ya es bastante tarde. Creo que es momento de que me vaya —soltó de imprevisto el castaño.

—Si ya te tienes que ir, no hay nada que hacerle. Pero permite que te lleve, es lo menos que puedo hacer ya que has traído a mi hija a casa —ofertó el padre.

—No quiero causar molestias.

—Ya las estás causando de todos modos —nada como la seguridad de su mente como para poder expresarse abiertamente sobre Miyuki Kazuya.

—Descuida, descuida. Siéntete en confianza —añadía la madre.

—Aquí nadie considera cómo me siento —suspiró con melancolía—. ¿No que ya se iba?

—Mira lo que acabo de encontrar, el álbum de fotos de cuando Sora estaba en el kínder —anunció muy rimbombante el padre. Esa simple palabra activó la alarma de la chica.

—¡Papá, no le muestres eso! —replicó en voz alta. No quería que alguien como él contemplara sus penosos momentos de su infancia.

En cuando la puerta se cerró, pudo descansar al fin y considerar aquella visita como un recuerdo borroso del cual no debería acordarse el día de mañana. Pero que su madre estuviera observándole con esa pilla mirada no le ayudaba a estar en paz en su habitación.

—¿Sucede algo? —no había terminado de ponerse la pijama, pero que su madre se mantuviera de pie frente a su habitación no la dejaba estar en paz.

—Parece un buen chico. No dudes en traerlo más veces a casa a cenar con nosotros.

—No tiene mucho tiempo libre. Se entrena a diario y hasta altas horas —cosa que no era mentira y que ahora le era de gran ayuda para zafarse de los pedidos de su madre—. Así que dudo que eso sea posible.

—Igual no dudes en traerlo —sonrió resplandeciente.

—¿Qué le hiciste a mis padres, Miyuki? Parece que te aman y eso me aterra.

El día había empezado magníficamente bien. Quizás más de lo que se esperaba, pero no se quejaría; la ansiada paz que por varios días no tuvo, al fin llegó a sus manos y no dejaría que se le escapara así porque sí, ni siquiera cuando había alguien que le observaba fijamente desde la entrada del salón.

—Oye, ¿quién es esa y por qué te está mirando de ese modo? —fue el susurro que llevó Kuramochi al oído izquierdo de Sora. Estaban en medio de su receso y podían hacer el tonto un rato.

—Se llama Namikawa Kokone, te la puedo presentar. Está soltera y le gustan los de tu tipo —decía muy casual, mirando de soslayo al chico. Incluso le sonrió con complicidad.

—Es bastante mona —su mirada scanner se enfocó totalmente en la castaña. Miró con enorme detenimiento su cabello, su rostro, sus ojos, sus labios, el resto de su anatomía. Nada pasó desapercibido para él—. Le falta algo para que sea mi tipo.

—No lo menciones en voz alta o te golpeará —había sacado un pequeño libro de su mochila y comenzó a hojearlo, ignorando a Youichi.

—¿Ella? Parece ser que se escapó de secundaria —gracias a su estruendosa voz y esa carcajada que todo mundo conocía de antemano, la castaña logró escucharle sin problema alguno; fatal error.

—No debiste de haber dicho eso, Kuramochi.

El castaño supo de inmediato a lo que se refería Sora en cuanto sintió aquel golpe dirigido hacia su zona hepática. Sí, esa jovencita había ejecutado un magnífico gancho al hígado.

—Debí mencionar que práctica boxeo desde secundaria.

—Ungh… No me…lo…dijiste…a pro-propósito… —se quejaba como podía. El impacto había sido lo suficientemente fuerte para dejarlo en el piso, retorciéndose de dolor.

—¿Qué haces todavía por aquí, Kokone?

—Todas te echan mucho de menos, Yuki-san. Tienes que volver —no le interesaba que estuviera pisando al pobre hombre caído si podía hablar con la pelinegra.

—¡No soy un tapete humano!

—Eres muy ruidoso, así que cállate —nada como un puntapié para mantener al bravío hombre bien domesticado.

—No lo golpees tan fuerte, es un valioso jugador de Seidou. Estaré en problemas si queda muy dañado —espetó, mirando acusadoramente a la chica—. No puedes ir por allí golpeándolos a todos.

—¡Yuki-san, siempre diciendo cosas tan geniales! —no pudo resistirse y se lanzó a abrazar a la pelinegra como si fuera su hermana perdida. Y claro, continuaba pisoteando a Youichi.

—Va a ser un día de lo más largo y cansado —suspiró, pidiendo paciencia para soportar a dos personas volátiles que ya estaban insultándose.