ENSÉÑAME

XI

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—Fue un poco extraño —Naruto susurró, su rostro adoptando una expresión pensativa—; no sé cómo explicarlo. Había un aire demasiado… intimo, creo.

—¿Íntimo? —el estratega alzó su oscura ceja, escéptico, mientras llenaba de nueva cuenta las pequeñas copas de sake—Ellos son como hermanos. Es normal.

Bien, tenía sentido.

Naruto se sintió casi estúpido por haber mencionado el tema, por comentarlo; había sido una verdadera tontería, ¿verdad? Es decir, los Hyüga parecían parcos y renuentes a las demostraciones de afecto en público, pero quizá ellos no fueran diferentes a cualquier persona en privado. Él nunca había tenido experiencia con las relaciones familiares, el universo no se lo había permitido, así que talvez en la imagen que se había estado repitiendo una y otra vez en su mente desde aquella noche no hubiese nada oculto. Quizás, como decía su compañero, era normal entre familia, entre hermanos, entre primos. Podía ser. Era, de hecho, lo más seguro, sin embargo…

—No lo sé, Shikamaru —suspiró—Es que su voz… la de Neji —aclaró, ausentándose en el recuerdo una vez más—, tenía un tono que jamás le había oído antes. Y sus palabras. Le hablaba como si… —sacudió la cabeza, deseando librarse del pensamiento.

—¿Cómo si qué?

Naruto lo miró, sintiéndose absurdamente avergonzado. —Como si fuese un tesoro´ttebayó.

La risa de Shikamaru lo descolocó ligeramente.

—Es que es un tesoro —le recalcó—. Es la princesa del byakügan. Para Neji, ella es también su señora y él se debe por entero a ella y a su protección —negando con diversión, Shikamaru le acercó el vaso—. Anda, bebe, y no pienses más en ese asunto.

Naruto, terco, rechazó el trago, frunciendo el ceño y, tras unos segundos de reflexión, soltó el verdadero foco de su preocupación: —Sospecho que se besaron.

—¿Sospechas? —la ceja oscura se elevó, demostrando escepticismo—, ¿no los viste?

—No. No, es decir, no vi directamente sus bocas juntas, pero ellos estaban definitivamente cerca. A una distancia muy poco decente, ¿me comprendes?

—Ajá, se dieron un abrazo, ¿y qué? —Shikamaru se encogió de hombros.

—Pero estaban tan apartados, y en un sitio tan oscuro, juntos, abrazados, mirándose el uno al otro… —frunció el ceño, desocupando la copa que Shikamaru se encargó rápidamente de volver a llenar—, y después de que él le dijo algo como "usted es la luz de mi vida, Hinata-sama, me muero sin usted, buah, buah" —hizo una mueca de lloriqueo, antes de girar el rostro hacia su amigo—. A las mujeres les gustan esas cosas´ttebayó.

La sonrisa de Shikamaru se tornó burlona. Para él, era obvio el verdadero problema que se estaba tratando en esa mesa: celos.

—No me imagino a Neji diciendo algo así.

—Bueno, no dijo exactamente eso, pero para el caso lo mismo, Shikamaru.

El muchacho Nara se ocupó nuevamente de los tragos antes de hablar.

—Estaba oscuro, no estabas en una posición ventajosa para observar, y él simplemente hacía cumplidos a su querida prima la noche de su cumpleaños. Yo también buscaría un lugar apartado para eso, si me lo preguntas. ¿No te imaginas lo difícil que sería para alguien como Neji decir las cosas vergonzosas que tú me cuentas en público? —soltó una risa ronca, alzando su vaso —Obviamente, le estás dando a esa escena mucha más importancia de la que amerita, así que sólo bebe y olvídalo de una buena vez.

Tras un momento, el rubio asintió con renuencia. —Quizás tengas razón…

—¿Cuándo no?

Con otro sorbo de licor, Naruto ahogó la frase que picaba en su lengua, las palabras que ardían en su garganta: "él le hablaba como si la amara".

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Hinata estaba evitándolo.

Y era tan desastrosamente obvia que Neji se hubiese reído si la situación no fuese tan horriblemente incómoda y tan poco práctica, dado que pertenecían al mismo clan y vivían bajo el mismo techo. Ella había estado repeliéndolo con tanto esfuerzo y por tanto tiempo que había llegado, incluso, a considerar la idea de alquilar un cuarto o apartamento un poco alejado para permitirle un descanso de su presencia… ¡Pensar que un breve instante de acción irracional había provocado una etapa tan crítica y duradera entre ellos!

Él hacía todo lo posible para mantener la distancia en público con el fin de evitarle la vergüenza de un sobresalto, pero acercársele en privado tampoco era una opción viable; su agenda estaba siempre llena y cuando no era así ella desaparecía inmediatamente del complejo.

Durante las primeras semanas, Neji no había estado muy interesado en buscarla a causa de la vergüenza que sentía; no creía poder mirarla a los ojos después de… de haberla besado, apasionadamente, sin consideración, sin delicadeza… como si ella fuese cualquier campesina de hábitos vulgares, en vez de la noble heredera del clan Hyüga. Dios mío, es que donde otro hombre se hubiese atrevido a hacer lo que él hizo, dicho hombre no habría vivido lo suficiente como para ver el siguiente amanecer, pues él mismo le hubiese cortado las bolas antes de cortarle el pescuezo.

Sin embargo, tras el primer mes, su vergüenza había cedido para dar paso a la preocupación: ¿no había forma de remediarlo? ¿ella lo odiaría por siempre? ¿qué podía hacer para retornar a su cómoda relación anterior, a su tierna complicidad? Y, entonces, después de pasar tres semanas a la intemperie en una misión de reconocimiento que le dejaba tiempo para pensar, Neji tuvo una idea.

Pero, podía dolerle en el alma aceptarlo, iba a necesitar ayuda.

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—Me lo deben.

Interceptar a un Inuzuka nunca era tarea difícil, puesto que ellos no se esforzaban demasiado en ocultar su presencia ni en bañarse seguido, pero ahora, con las pupilas delgadas fijas sobre él, mirándolo de forma sospechosa, Neji presintió que, sin embargo, contar con su colaboración no iba a ser tan fácil como encontrarlo. Él había llegado a la aldea apenas la noche anterior, pero aún así estaba mucho más descansado que el otro hombre, quien apenas llegaba de su misión y a quien no había dejado dar dos pasos antes de abordarlo a las puertas de Konoha.

—Viven en la misma maldita casa —Kiba suspiró y empezó a andar, seguido por su fiel perro blanco, mientras minimizaba su petición con un gesto de mano—. Seguro puedes apañártela solito.

A su paso y con el ceño fruncido, Neji murmuró a regañadientes. —Hinata-sama no me lo está poniendo nada fácil.

Esa confesión le valió una mirada de reojo por parte del domador de perros. —¿Qué diablos le dijiste para que sea así? No es propio de Hinata —frenó en seco para amenazarlo—. Si le hiciste algo malo, Neji, juro que te rebanaré las-

—No lo hice —le cortó, sintiéndose enojado por aquella insinuación de violencia de su parte. Bien, era cínico; sí había hecho algo, y quizá sí la había lastimado de alguna forma, pero nunca jamás había usado golpes para lastimarla físicamente como sugerían las palabras de Kiba… bueno, al menos no desde hace mucho tiempo.

Kiba retomó el camino, acariciando descuidadamente la cabeza de Akamaru. —Entonces no tiene sentido —dijo—; como mencioné, no es algo propio de la Hinata que conozco, quien suele ser amable y servicial con todos. Ella no evitaría a alguien a propósito… —llevándose un dedo a la barbilla, esbozó una sonrisa maliciosa—Bueno, aunque recuerdo una época en la que no podía estar en la misma habitación que Naruto —se burló—, pero esos eran otros tiempos, claro, y tenía razones totalmente distintas, ¡qué tímida era!

Sí que lo era. Nada que ver con la fiera que le había hundido los dedos en el cuero cabelludo y le había chupado la lengua como si… ¡Basta!

Sacudiendo ligeramente la cabeza, Neji retomó nuevamente el habla.

—Es probable que esté avergonzada por un pequeño, eh, incidente que ocurrió la otra noche —mintió—, y cuando está en ese estado, acercarse a ella es muy complicado. Pero si no logro acercarme, no podré tranquilizarla y decirle que todo está bien.

—Entiendo —Kiba asintió, comportándose de manera increíblemente razonable, pero no dijo nada más.

Neji esperó unos segundos. —¿Y bien?

Él alzó una ceja. —¿Y bien… qué?

Maldito fuera. Reprimiendo su naciente ira, Neji preguntó: —¿Vas a hacer lo que te pido?

—Eh… —Kiba se golpeó la barbilla con el dedo índice, mirando hacia el cielo unos segundos; luego cerró los ojos y negó con la cabeza—No. Y si tengo que decir el motivo, entonces responderé que no lo haré porque simplemente no me da la gana.

—Yo la llevé con ustedes cuando me lo pidieron —dijo, apretando los puños—, pero ahora tú no devolverás el favor porque no te da la gana.

—Exacto. —se encogió de hombros— ¿Qué puedo decir? No me caes bien, chaval.

Chaval…

Antes de que los puntos de chackra a lo largo y ancho de todo el canino cuerpo de Kiba fuesen irremediablemente destrozados, una voz profunda desvió la atención de su futura víctima: —Él lo hará. Aunque es más correcto decir que ambos lo haremos.

Al otro lado de Kiba y Akamaru, caminaba el tercer integrante del antiguo equipo 8.

—¡Shino! —Kiba saltó, llevando una mano hasta su pecho—¡demonios, casi me matas del susto! ¿desde cuándo estás ahí parado?

—He estado aquí casi desde el comienzo.

—Maldita sea, mi corazón no es tan fuerte como antes y no resistirá muchas más de tus apariciones.

—Uno pensaría que tras una década siendo compañeros te habrías adaptado a mi presencia, Kiba. Después de todo, eso es lo que hacen los amigos; se notan, y se saludan —ajustándose los lentes oscuros, se dirigió ahora hacia Neji—. Buenos días, Neji. Tomo por hecho que tú sí te diste cuenta de que caminaba a su lado desde el principio debido, supongo, a tu línea sanguínea.

—Sí, sí, por supuesto —carraspeó—. Buenos días, Shino.

Asintiendo, el Aburame, afortunadamente, fue al punto: —Te propiciaremos un encuentro con Hinata.

—Gracias —le dijo, sinceramente aliviado.

—No me agradezcas. El mantenerse alejada de ti debe estarla afectando. Ella estará sufriendo tanto como tú.

El orgullo le impulsó a negarlo (¡él no estaba sufriendo, precisamente!), pero Neji logró reprimirse e, instantáneamente, su mente se centró en los sentimientos de Hinata; temía que, contrario a lo que pensara Shino, ella no estuviese lamentando su separación, ni extrañándolo, sino odiándolo intensamente.

—¿Cuándo podrán hacerlo? —¿cuándo podré verla?

—Cuando nos dé la gana.

—Pronto. Te enviaré un mensaje con mis insectos, así que mantente atento.

Controlando una sonrisa, Neji asintió nuevamente. —De acuerdo.

—Estaré feliz de ayudar, ya que Hinata, contrario a otros, sí es una buena amiga.

—¡Oh, vamos, Shino! —Kiba se llevó las manos a la cabeza, y mientras Neji se alejaba pudo oír sus quejas—¡Al menos déjame tomar una ducha antes de empezar con tus recriminaciones! Tengo que pensar seriamente en amarrarte un cascabel al cuello para ahorrarme estos numeritos en el futuro.

Vaya, qué sorpresa. Al parecer, sí se bañaba.

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Aunque estuviese ocupada, casi todos los domingos Hinata se tomaba un momento para visitar la modesta casa donde vivía su querida maestra de antaño con su preciosa hija. Juntas tomaban el té y hablaban, a veces sobre noticias importantes y otras veces sobre trivialidades como el clima, las plantas o el último chismorreo de la aldea. Era su preciado momento a solas, aunque la pequeña Mirai revolotease de un lado a otro de vez en cuando, y lo apreciaba como si fuese un tesoro. Esa tarde, sin embargo, vio algo fuera de lo normal, algo que le hizo fruncir ligeramente el ceño antes de sentarse en el cojín junto a la mesa de té.

—¿Esperas otras visitas, Kurenai-sensei? —dijo, refiriéndose a las tazas dispuestas—Si es así, yo puedo volver luego, no hay problema.

Hinata no había gozado de la compañía de una madre desde que era muy pequeña, pero Kurenai se había transformado prontamente en el reflejo del cariño materno que tan desesperadamente había buscado durante doce años. Era para ella, de muchas formas, lo más parecido a una y, aunque se sintiera caprichosa, no podía evitar molestarse ante la idea de aplazar su tiempo juntas.

La mujer le sonrió, moviendo una mano en negación. —Oh, no, no, Hinata, insisto en que te quedes —le incitó a sentarse, para seguidamente hacer ella lo mismo al otro lado—; se trata solamente de Shino y Kiba. Dijeron que probablemente pasarían a verme hoy, así que acomodé sus tazas, por si acaso.

—Pero hay cinco tazas, Kurenai-sensei —le señaló—; pusiste una de más.

—Ah, eso, bueno, supongo que… quizás puede ser la edad, no sé, ¡yo abro!

Hinata ni siquiera había escuchado los golpes en la puerta, confundida como estaba por la extraña actitud de su maestra. Parecía nerviosa, pero ¿por qué?

El ruido de los saludos en la puerta le llegaron de forma distante y opaca hasta el pequeño salón dispuesto para el té, pero Hinata reconoció fácilmente la voz escandalosa de Kiba y el modulado tono de Shino. Sonriendo, se dijo a sí misma que no tenía sentido el sentirse enojada por no estar a solas con su maestra, pues después de todo, ella era tan preciada para ella como lo era para sus dos compañeros varones, y una reunión de equipo siempre era divertida y bienvenida. Sin embargo, con extrañeza, le pareció escuchar una voz diferente por un segundo, así que prestó más atención, ¿venía alguien con ellos? ¿la persona para quien la quinta taza estaba servida? Al no escucharla de nuevo, se encogió de hombros, pensando que había sido su imaginación. El único que acompañaría a Kiba y Shino hasta allí sería Akamaru y, seriamente, no creía que él estuviese muy dispuesto a sentarse y tomar el té…

Con la imagen del perro tomando la taza entre sus patas y metiendo la lengua en el líquido con actitud aristocrática en su mente, Hinata dejó escapar una risita que aún vivía cuando Kurenai-sensei entró al salón, diciendo alegremente "mira quienes están aquí, Hinata", y dando paso a los tres hombres que la precedían: primero, Kiba, luego, Shino y, por último…

El corazón se zarandeó fuertemente dentro de su pecho.

—Ne-Neji-niisan… —balbuceó tontamente.

—Hinata-sama —él dio unos pasos hacia ella, y luego elevó mecánicamente los brazos para extender el paquete que sostenía en las manos—. Traigo pan.

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Neji podía oír tras de sí la risa que Kiba trataba inútilmente de reprimir, pero se obligó a permanecer impasible, con la vista fija en la cara espantada de su prima. "Traigo pan". Joder, ¡qué idiotez acababa de decir!

En su defensa, podía decir que nunca esperó que el mentado encuentro organizado por esos dos fuese en esa pequeña casita de la campiña, sentados, tomando un tecito con y hablando del clima como si tal cosa… ¿acaso tendría que disculparse con ella frente a tanta audiencia? ¡ni hablar!

Cuando Hinata se puso de pie y tomó el paquete que le ofrecía, sus dedos se rozaron y él retiró rápidamente las manos con un gesto brusco, pero antes de poder abrir la boca para decir quien sabe qué brutalidad más, Kurenai ahogó un grito, desviando la atención general.

—¡Dios bendito! Olvidé que Kiba es alérgico a la manzanilla —exclamó, llevándose las manos al rostro, en gesto apesadumbrado—, ¡y sólo tengo té de manzanilla en casa!

—¡Santo cielo, Kurenai-sensei, ¿pensabas matarme?!

—Fue un gran descuido de su parte —Shino negó con pesar—, un gran, gran descuido. Kiba se hincha como una pelota de playa cuando está cerca de la manzanilla.

—Lo sé, qué vergüenza, discúlpenme, muchachos —suspiró, demasiado dramáticamente—. Ahora tendré que ir por algo que no mate a nuestro querido Kiba.

Kiba refunfuñó. —Y ahora yo tendré que acompañarte para estar seguro de que no vayas a envenenarme con alguna otra cosa por error.

—Yo voy con ustedes —este fue Shino—. Kiba no sabe ni distinguir las hojas de limón de las de mango.

Neji tuvo ganas de reír ante las excusas tan obviamente falsas que lanzaban mientras caminaban rápidamente hacia fuera, pero casi sintió pesar cuando Hinata se lanzó para alcanzarlos, totalmente aterrada. —¡Aguarden, yo también voy!

—Oh, no, Hinata —Kurenai la tomó cariñosamente por los hombros, haciéndole retroceder con firmeza—. Debes quedarte aquí, y cuidar de Mirai un momento. Ella está en el jardín. Neji te ayudará. No tardamos.

Y tres segundos después, el ruido de la puerta al cerrarse dio paso a un ensordecedor silencio. Ella permanecía estática en la sala, con la vista fija en la puerta, y los hombros caídos. Verla tan derrotada, mientras se aferraba a un paquete de pan como a un salvavidas en medio del océano, provocó en Neji una puntada de tristeza.

Ella se sentía sí por su culpa. Había invadido uno de los pocos lugares en los que se sentía segura de su presencia.

—Hinata-sama.

—¿Qué haces aquí?

Hablaron a la vez, y Neji la observó girarse en su dirección. Se notaba que trataba de infundirse valor, pero había un ligero temblor en su mandíbula.

Él decidió ir al grano.

—Necesito hablar con usted.

Pensó que sería buena idea invitarla de nuevo al salón de té, y tener esa conversación sentados, pero ella parecía decidida a permanecer inmóvil, cerca a la puerta, como si pensara que tendría que escapar de un ataque en cualquier momento. Un ataque proveniente de él. Eso lo irritó. —No voy a lastimarla.

—Lo sé —un suave color cubrió sus pómulos blancos—, pero…, bueno, ¿de qué quieres hablar?

—De su cumpleaños —dijo, antes de pensarlo realmente—. De la forma ruin en que la asalté y me aproveché de usted.

Hinata soltó una exclamación ahogada, cubriéndose el rostro con las manos. Él hubiese podido ver el rubor subiendo por su cuello, deslizándose hasta sus orejas. —N-No quiero hablar de eso.

Neji dio un paso hacia ella, inquieto. —Lo siento mucho, sé que fue algo horrible, sé que mi comportamiento no tiene justificación alguna, y entiendo completamente que haya resultado ser una experiencia repugnante —la vio encogerse más sobre sí misma—, pero necesito, por favor, que sepa que no fue mi intención que eso pasara y que ruego encarecidamente su perdón.

Un golpe contra la madera del suelo, y Hinata supo que él estaba de rodillas. —Neji-niisan, por favor, no… no fue tu culpa —susurró, lanzándole una mirada culpable a través de sus dedos—, yo…

—Usted había tomado, y yo debía cuidarla, no… —él tragó—hacer lo que hice.

—Pero yo me lancé a ti —gimió, torturada—, prácticamente te rogué que lo hicieras… ¡qué humillante! Debes pensar lo peor de mí.

—¡Eso jamás!

Neji se impulsó como un resorte y en un segundo, de alguna forma inexplicable, la sostenía entre sus brazos, y ella no se resistía, sino que acomodaba el rostro, aun con las manos cubriéndolo, en su pecho, cerca de su hombro. Se había prometido mantener la distancia física por miedo a su reacción, así que respiró aliviado al comprender que ella no lo repelía. No estaba realmente asustada de él, ni lo odiaba, sólo sentía vergüenza y culpa.

—Jamás podría pensar nada malo acerca de usted. Jamás.

—¿Ni siquiera después de lo que hice? —su susurró apenas fue audible, estando sus manos sobre su rostro, y a su vez, estas pegadas a su pecho—¿ni siquiera porque te hice pasar por algo que consideras tan repugnante?

—Por nada del mundo —se apresuró a contestar, pero entonces meditó bien sus palabras… ¿ella creía que a él le había parecido repugnante? Dios, claro que le había asqueado su propia debilidad y falta de escrúpulos, pero definitivamente el acto en sí… bueno, los besos… eso había sido placentero, no "repugnante".

—¿Entonces… me perdonas?

Al bajar el rostro, vio sus ojos perlas mirándolo a su vez con expectación y duda.

¿Cómo diablos habían terminado la escena al revés?

Neji negó, desubicado. —No, no, no, usted es la que debe perdonarme por comportarme como un primitivo hombre de las cavernas —dijo, sin desviar la mirada de su lindo rostro apesadumbrado—. Entiendo que usted haya querido evitarme todo este tiempo a causa de eso, pero…

—¡Ay, sí, perdón por eso también! —ella puso el rostro contra su hombro, y Neji se tensó al sentir que lo abrazaba por la cintura—; no podía mirarte a los ojos después de… eso.

—Lo sé, discúlpeme por ponerla en esa situación.

—Ya te dije que todo es mi culpa.

—No, definitivamente fue mía.

—Yo te pedí que me besaras…

—Pero yo accedí.

—Pero yo te provoqué.

Bueno, sí, y mucho

—Pero no me obligó.

—Pero tú no querías, discúlpame.

Antes de decirle que estaba equivocada, Neji soltó un suspiro, sabiendo que esa conversación no tendría fin si continuaban por aquel circulo de culpas. Claramente la culpa había sido enteramente suya, pero convencer a su prima de ello era una tarea ardua y extensa.

—¿Qué le parece si lo olvidamos? —le propuso.

—Olvidarlo —ella retrocedió, para mirarle el rostro—, ¿crees que podrías…?

No. No. Involuntariamente, la mirada de Neji se detuvo en su boca, en sus labios generosos, blandos, y rosados, recordando fugazmente su textura y su agradable sabor. Un fogonazo de deseo le quemó el abdomen al notar que las pupilas violáceas de Hinata habían descendido también hacia su boca, imitándolo, mientras el rubor se intensificaba en sus mejillas. ¿Estaría ella también recordando… anhelando…?

—Sí —carraspeó suavemente—, sé que para usted fue… una noche repugnante, así que podría intentarlo. Lo haré.

Neji la vio abrir los ojos, sorprendida. —No fue una noche repugnante para mí —aclaró rápidamente, como si no lo hubiese pensado antes de hablar, como si las palabras brotaran sin permiso—, pero para ti sí.

Entonces él empezó a reír, y la abrazó, posando una mano tras su cabeza, incitándola a recostarse contra él para no ver su rostro, para evitar la tentación de besarla. —No lo fue en absoluto —murmuró, aun con la risa en su voz—, sólo fue una noche imprudente.

Ella permaneció en silencio, y Neji sintió con placer que lo abrazaba con más fuerza, pero todo su pequeño cuerpo se relajaba de alivio contra el suyo. Él, por su parte, lleno de júbilo por estar al fin en paz con su prima, y lejos de los temores, se permitió la libertad de depositar un beso sobre su cabeza.

—Eso significa… —Hinata habló después de un silencio calmo y prolongado—Eso significa que lo que hice esa noche… Bien, significa que… si no fue asqueroso, entonces… —alzó el rostro, tímidamente—¿lo hice bien?

Pero antes de que Neji abriera la boca para responder, un grito los alertó. —¡Mami!

—¡Mirai!

En un santiamén, los brazos de Neji estaban vacíos, y ambos corrían hacia el jardín.

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Mirai había visto un sapo, y eso la había aterrorizado, a pesar de que Hinata le aseguró que éste se había ido a vivir a un jardín muy lejano. Sólo cuando Neji le explicó que no debía temer, ya que el sapo no había querido asustarla, sino que, al contrario, quería protegerla de los odiosos zancudos y mosquitos que querían picarla y dejarle dolorosas ronchas, ella se calmó.

—¿Sapo protege mí?

—Sí, es como tu guardián, y tú la princesa a la que debe proteger.

Mientras él hablaba con la pequeña niña, Hinata no pudo evitar relacionar sus palabras con ambos, y rió al imaginar a Neji como un sapo. Él, sin embargo, solo alzó una ceja en su dirección, y luego siguió hablando con Mirai.

Hinata, relegada a segundo plano, se sentó sobre el césped del jardín y se relajó, dejando descaradamente toda la carga de niñero en él. ¿Qué más podía hacer? Obviamente Mirai lo prefería … Así que Hinata sólo se dedicó a observarlos; él le explicaba cosas de la naturaleza, y ella le prestaba toda la atención del mundo, él la tomaba en brazos y ella reía, él le ayudó a excavar la tierra para encontrar gusanos y los ojos de Mirai brillaban de excitación. Al comprender que ella nunca había tenido un padre, el corazón se le estrujó dolorosamente…

Qué buen padre sería Neji. Así como era bueno en todo lo demás.

—¿En qué piensa, Hinata-sama?

Él se dejó caer a su lado, en sus labios adivinándose una muy pequeña sonrisa. Estaba contento, se veía.

—En nada importante —respondió, tratando de devolver la sonrisa, y observando que Mirai corría hacía el pequeño huerto, un poco más apartado—. No deberías dejarla sola mucho tiempo, Neji-niisan, te extrañará.

—¿Sí? —una ligera risa—¿y usted no lo ha hecho?

—¿Qué?

La expresión en el rostro de Neji se congeló, como si no hubiese caído en cuenta de sus palabras hasta el momento en que estas salieron de su boca. Muy raro. A la que solía pasarle eso era a ella, no a él.

Ladeando ligeramente el rostro, Hinata le sonrió, tratando de hacerlo sentir lo menos incomodo posible. —Lo hice —dijo, dulcificando su tono de voz—, te he extrañado muchísimo, niisan.

¡Paff!

Hinata chilló al sentir el golpe de algo frio contra su cuello, y cayó de espaldas en el suelo al tratar de desenredar lo que estuviese entre sus cabellos y la piel de su nuca.

—¡Hinata-sama, el sapo!

Ah, sólo era el sapo, qué alivio… ¡El sapo!

—Quítamelo, Neji-niisan, quítamelo —le urgió en susurros, cerrando los ojos. En un segundo, sus manos estaban trabajando sobre ella, y Hinata lo oía reír.

—Descuide, descuide, ya está.

Abriendo los ojos lentamente, lo miró. Estaba sobre ella, pero él no parecía notarlo. —¿Ya?

—Sí, ya se fue saltando —otra sonrisa.

—Sólo tenía miedo porque podía ser venenoso.

—Sí, por supuesto.

Diablos, era demasiado raro verlo tan obviamente contento. Sus sonrisas no eran exageradas y grandes, ni su voz escandalosa. Al contrario… si alguien lo viera, apenas notaría un cambio en su rostro, pero Hinata notaba su alegría en los ojos… En la forma en que las comisuras de su atractiva boca se apretaban ligeramente…

El momento justo en el que él se dio cuenta de la posición en que se encontraban, ella también lo notó. Todo rastro de alegría desapareció, y sus cejas marrones estuvieron un poco más juntas. Empezó a alejarse, pero Hinata, inhalando, le impidió la retirada, tomándolo por los costados de su camisa. Sentía que el aire se volvía denso y una ola de calor le quemaba el rostro, pero ella quería… necesitaba…

Neji la miró, serio.

—Me preguntaba… —su voz salió rasposa, como la voz de un sediento, así que se humedeció los labios, y notó que las pupilas plateadas siguieron el movimiento con atención—Quiero decir… aún me falta práctica… en los besos, quiero decir… y estos son parte importante de la seducción, ¿v-verdad? Entonces, quizás, deberíamos… uhm, tener al menos uno de práctica… para que yo pueda aprender, claro.

Él no dijo nada durante unos segundos, pero no desvió la mirada de sus ojos, abochornándola. Finalmente, cuando Hinata pensó que se moriría de vergüenza, él habló… con un tono bajo y ronco. —¿Uno? —dijo, posicionando los antebrazos a cada lado de su cabeza para sostenerse, e inclinándose lentamente—, ¿quiere un beso?

—Sólo con fines educativos… —aclaró con un hilito de voz, sintiendo su aliento en el rostro.

—Claro, por supuesto —sus labios se rozaron suavemente, y él habló contra su boca—¿le parece uno diario?

Entonces, presionó su boca contra la suya, besándola con calma. Sus labios se movieron y Hinata respondió a los movimientos concienzudamente, tratando de complacerlo. Subió una mano entre sus cuerpos y le acarició la mandíbula suave y afeitada, sintiendo cómo con su caricia él intensificaba el beso con un sonido ahogándose entre sus bocas.

No lo llevó muy lejos, pero Hinata suspiró al perder el calor de sus labios.

—Uhm… Que mejor sean dos —susurró, atrayéndolo en un nuevo y jugoso beso, con risa masculina incluida.

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—¿Creen que haya sido buena idea, muchachos? Me preocupa que Hinata pueda enojarse con nosotros.

Sentados en un banco de parque, Kurenai, Shino y Kiba, comían helado, después de dar vueltas más de una hora por aquí y por allá.

—Neji sólo necesitaba un empujón, él lo arreglará —Kiba se encogió de hombros.

—Un empujón que tú no querías darle —terció Shino.

—Bueno, ¿por qué debería ponerle las cosas fáciles al geniecito? Pero ya qué más da.

Kurenai, sin embargo, frunció el ceño. —¿Ustedes creen que Hinata… y él…?

—No sé Hinata —Kiba esbozó una sonrisa burlona—, pero el pobre hombre está perdido.

—Pobre Neji —Shino negó, apesadumbrado—. Ya no puede zafarse de las garras del amor.

—Uy, Shino, si hasta nos saliste poeta y todo…

Kurenai rió, y después de unos segundos de calma, se atrevió a preguntar: —¿Deberíamos regresar ya?

—Nah —sacudiendo la mano, Kiba le guiñó el ojo—, concédamosle un poco más de tiempo a ese bastardo engreído.