ENSÉÑAME

XII


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Era una bonita mañana de domingo; despejada, pero fresca. Luminosa, pero no irritante. Animada, pero no bulliciosa. Para Neji, quien no solía fijarse en los detalles con demasiada frecuencia, era simplemente una normal y perfecta mañana que él debía desperdiciar haciendo recados.

Bien, no, no precisamente haciendo recados, pero sí haciendo algunas más compras de las usuales, como bien se lo recordaba la lista que cargaba dentro del bolsillo del holgado pantalón blanco; además de haber pasado por la tienda de armas para nutrir sus suministros de kunais y shurikens (quedándose un rato para charlar con Tenten, claro), se había pasado ya por el supermercado para surtirse de frutas, verduras, algo de carne y condimentos, y por la farmacia donde compró un nuevo botiquín de primeros auxilios.

Mientras andaba por la amplia calzada del distrito comercial de Konoha, se le vino nuevamente a la cabeza la posibilidad con la que había estado jugando las últimas semanas: mudarse. Y, nuevamente, pudo enviarla hasta el rincón más alejado de su mente para una posterior consideración. Si bien en un principio la idea había surgido como un intento desesperado de ofrecerle algo de distancia a su prima ante una situación supremamente incómoda entre ellos, que actualmente se había superado, la opción de contar con un espacio propio se había estado materializando en su cabeza con inusitada frecuencia; ¿sería tan malo ser un poco más independiente y tener algo de privacidad? Tenía veintidós años, edad en la que no era raro que un muchacho decidiese vivir en su propio techo. Sí, sería algo perfectamente natural y comprensible… de tener otro apellido, claro, o quizás de encontrarse en un nivel inferior dentro de la jerarquía del clan ya que, si bien seguía siendo parte de la relegada rama del Bouke, Neji era se encontraba en una relativamente elevada posición, sólo por debajo del Consejo, de Hiashi Hyüga y de Hinata.

Hinata. Inconscientemente su cara formó una mueca ante el recuerdo de ella explicándole de forma tímida y atropellada que había requerido a su padre para restaurarlo nuevamente como su guardián permanente y oficial. No le había molestado la noticia, pero… muy en el fondo, una pequeña parte del rebelde adolescente que, aparentemente, no se había ahogado por completo en el fondo de su corazón, se estremeció al sentir las cadenas apretándose alrededor de su cuello. Era absurdo, y le avergonzaba profundamente el sentirse de esa manera, pero era una realidad; ahora le tenía un profundo aprecio a la familia, y su sentido del deber era fuerte… Quería especialmente a Hinata, y estar a cargo de su seguridad lo complacía, pero… diablos, era una tontería, pero… él la cuidaba, lo había hecho por muchos años sólo por voluntad propia. Él no quería rendir cuentas a nadie sobre el paradero de ella, ni sobre sus acciones, sus entrenamientos y conversaciones.

Recordó muchas veces anteriores en las que se había sentido ligeramente dolido ante las distintas insinuaciones ante el hecho de que ella ya no necesitaba su protección, y eso lo hacía más absurdo aún, pues había retornado a su posición de preciado guardián…, posición desde la cual la posibilidad de una mudanza se tornaba cada vez más y más lejana.

Al inhalar, Neji percibió un aroma dulzón y parpadeó sorprendido al notar que estaba de pie frente a la floristería. La tienda estaba vacía y él no era de comprar flores, pero no pudo evitar echar un vistazo general a las distintas tonalidades y formas que se traslucían por el ventanal; formas y colores que le hicieron recordar el olvidado paquete envuelto en papel violeta que se encontraba escondido en su armario. Un olvidado regalo de cumpleaños.

—No creo que sea buena idea…

La voz femenina era baja y tenía un timbre nervioso, pero Neji pudo reconocerla como la de Ino. Pudo verla de espaldas, en un rincón ubicado en la parte derecha del ventanal, y ella charlaba con un hombre, quedando ambos casi perfectamente ocultos de las miradas curiosas. Casi.

—Debemos decírselo alguna vez, Ino.

El hombre era Sai y él, como no era un chismoso y sabía perfectamente que escuchar conversaciones de pareja era lo más aburrido del mundo (gracias a Lee y a Tenten), empezó a girarse para alejarse lo más pronto posible.

—Lo sé, pero mamá se va a poner un poco histérica…

Tiempo después, Neji se preguntaría porqué demonios se detuvo en ese instante y no siguió su camino, y siempre llegaría a la misma conclusión; lo que lo dejó paralizado fue la risa de Sai. Sai, seguramente el ser humano más inexpresivo y falso del planeta, se reía con la frescura de un niño, y eso… Él simplemente tuvo que quedarse, agazapado a un lado del marco de la ventana, para averiguar qué motivaba aquella alegría tan abrumadora.

—Pienso que se va a poner más histérica cuando te vea y piense que te has comido una sandía entera.

—Sai —ella lo reprendió, pero la dulzura, la forma en la que pronunció aquel nombre, estremeció a Neji. Esa era la alocada Ino, por Dios; ¿acaso el mundo estaba enloqueciendo? —, ¿no se nota aún, ¿verdad?

—No. Pero pronto todos se preguntarán porque ya no usas tus blusas cortas, y empezarán a sospechar, lo sabes.

—Tienes razón…

—Además —el tono, un poco más bajo, hizo que Neji se esforzase más en oír—, la casa ya está casi lista. Quiero tenerlos a ambos bajo mi techo, Ino, y sólo una charla con la señora Yamanaka y la firma ante un ministro se interponen en mi camino.

—¿Está lista? ¿tan pronto?

—Casi. Y hay espacio de sobra para tu jardín…

Así, Neji Hyüga fue el primero en enterarse del chisme más jugoso del mes entre la gente del pueblo y, sobre todo, entre los distintos clanes ninja. Ino, la heredera del clan Yamanaka, estaba esperando un hijo de un hombre que no era nadie (nadie, casi literalmente) … y parecían ambos tan satisfechos. Su relación iba en contra de todas las reglas y convenciones, pero aún así se notaban tan absurdamente felices que Neji se sintió abrumado.

¿Cómo era posible?

Pero lo era, y con la risa de Sai y la ternura de las palabras de Ino resonando dentro de su cabeza, Neji se alejó, pensando que eran unos estúpidos, pero sintiendo, para su irritación, una pizca de envidia: ellos serían libres.


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Era una bonita mañana de domingo; una mañana demasiado perfecta como para desperdiciarla allí, sentada en el escritorio de su padre, leyendo cartas, escribiendo respuestas y manchándolas todas con el sello del clan, pero era precisamente lo que Hinata Hyüga tenía que hacer todo el día.

"Honorable Hiashi Hyüga, me dirijo a usted por medio de la presente, agradeciendo infinitamente sus exhaustivas atenciones durante nuestra visita y haciendo extensiva nuevamente nuestra invitación a los terrenos Kuroba para su gentil persona y su virtuosa hija mayor y heredera del prestigioso clan Hyüga de Konoha durante la primavera, con el fin de fortalecer los vínculos entre nuestros clanes.

El clan Kuroba y el clan Hyüga han sido aliados comerciales durante generaciones y se han beneficiado mutuamente con diversos tratos; ahora, dado que la heredera Hyüga ha causado una grata impresión en nuestro heredero, y teniendo en cuenta los aires de paz que se respiran, me he planteado, Hiashi (si se me permite la familiaridad, viejo amigo), la posibilidad de unir nuestras familias de forma más estrecha y definitiva.

Esperamos, y yo específicamente espero, que nuestra invitación sea aceptada con gusto y que nuestro heredero, mi hijo, resulte ser un pretendiente aceptable ante los exóticos ojos de vuestra bella hija tras un convencional cortejo.

Deseando a su familia la mejor de las fortunas, y atento a su eventual respuesta;

Kain Kuroba.

Líder del clan Kuroba, Iwagakure".

Hinata sonrió, escéptica, pensando que cualquier mujer se sentiría halagada en su posición… de no saber que la verdadera motivación tras las múltiples cartas con invitaciones y propuestas era, simplemente, congraciarse más con su padre. ¿"Exóticos ojos de vuestra bella hija"? ¡Ja! Ella apostaría la vida a que, durante su fiesta de cumpleaños, había visto a Kenji Kuroba, el hijo de Kain Kuroba (viejo amigo de su padre), correteando tras una de las jóvenes aldeanas, con sus ínfulas de macho altivo.

Primero se cortaba el cuello con su propio kunai antes de sufrir la tortura de ser cortejada por ese presuntuoso de ojos tan oscuros como sus sentimientos.

"(…) Nos vemos obligado, sin embargo, a rechazar la invitación por el momento, en razón a inminentes compromisos adquiridos previamente durante los próximos seis meses.

Hiashi Hyüga

Líder del clan Hyúga, Konohagakure".

O, mejor, años. Hinata rió en bajo mientras presionaba el sello oficial de su padre en el pergamino.

Aunque se tratara de una tarea aburrida, también tenía sus ventajas: ella conservaría su libertad todo el tiempo que le fuera posible.

Minutos después, un toque en la puerta le ofreció la excusa perfecta para tomar un descanso.

—Hinata-sama —Ko entró, y ella se permitió una sonrisa breve como saludo—, Uzumaki Naruto está en el salón principal, y solicita unos minutos a solas con usted.

Naruto.

El corazón le retumbó.

—¿Naruto-kun? —preguntó, tontamente—¿no ha mencionado el asunto que lo trae hasta aquí el día de hoy?

—No. ¿Le digo que puede pasar?

—No, no —rápidamente, dejó la pluma a un lado, poniéndose de pie—. Dile que en un momento estoy con él, por favor. Ha de ser importante.

Cuando Ko cerró la puerta, Hinata se permitió un momento de debilidad al caer de nuevo sobre el asiento. Naruto. Allí. No había pensado en él durante semanas, y ahora él aparecía de forma tan repentina en su casa, en su salón, solicitando unos minutos a solas.

Dios mío.


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Encontrar a Neji no fue difícil, teniendo en cuenta que podía usar el modo sabio para encontrar a cualquier persona que estuviese a chorrocientos mil kilómetros a la redonda, y a que el sujeto en cuestión andaba con tal porte aristocrático que sobresalía fácilmente entre la gentil y modesta gente de la aldea. Naruto habría alzado una ceja con diversión al verlo cargando bolsas de compras como una ama de casa convencional, pero ese día pretendía mantener con él una conversación que lo tenía un poco nervioso.

Cuando le cortó el paso en la esquina de la tienda de dangos más apartada, el hombre castaño casi choca contra él, y luego le dedicó una mirada perpleja, apagada, que se fue iluminando de forma paulatina, como si estuviese despertando de un estado aletargado. Obviamente, había estado distraído.

—Naruto.

—Neji —le saludó, alzando una mano, y señaló con los ojos las bolsas que sostenía en ambas manos—, ¿día de compras?

—Algo así, supongo —lo vio encogerse de hombros—, ¿y a ti qué te trae por acá?

Incómodo, Naruto frunció el ceño, balanceándose un poco sobre las plantas de sus pies, y sintió la mirada de Neji fija en él. —En realidad, te estaba buscando´ttebayó.

—¿Te puedo ayudar en algo?

—No —sacudió la cabeza—. Digo, sí.

Unos segundos de silencio.

—Si no te vas a dar prisa…

Neji avanzó, dispuesto a pasar por su lado con tranquilidad, pero Naruto le cortó el paso, dando un paso atrás y soltando de golpe: —Los vi.

La seria mirada aperlada lo traspasó. —¿Qué?

—Los vi —repitió, enderezando la espalda para encararlo; azul vibrante contra gris pálido—. A Hinata y a ti, Neji. Esa noche. Los vi´ttebayó.

Sólo un ligero movimiento en la mandíbula delató algún tipo de reacción a su declaración, pero en menos de medio segundo desapareció cualquier signo de tensión en su rostro.

—¿Qué viste? —su voz, normalmente seria, fue plana y helada.

Echando un vistazo rápido alrededor, Naruto sonrió, tratando de aparentar jovialidad. —¿En serio quiere hablar de eso aquí? —, pero él no parecía dispuesto a aplazar la conversación, y lo sorprendió, acercándose un paso.

—¿Qué viste, Naruto?

Bien. Si eso quería.

—Los vi escondidos en la oscuridad, sentados, abrazados y… besándose.

Lo soltó todo de golpe, con el corazón retumbándole en el pecho ante la expectativa. Shikamaru se reiría de él. Diablos. Shikamaru le daría una buena tunda si estuviera allí, pero Naruto simplemente no podía quedarse con la duda.

Entonces, una sonrisa torcida desfiguró el rostro de Neji. Le vio alzar una ceja y enviarle una mirada burlona, similar a la que le había dado el niño de catorce años antes de que él le pateara el trasero hacía casi diez años. —Si así fuera, ¿a ti qué?

Sintió ganas de volver a hacerlo, darle un puñetazo y tumbarlo en el suelo, pero esta vez no estaban en un campo de batalla, ni presentando un examen. Estaban teniendo una charla aparentemente corriente en una maldita calle justo en el centro de la aldea.

Pero, realmente, ¿a él qué le importaba? Hacía años se había liado a puños con Neji para ser chunnin, claro, pero principalmente lo había hecho por Hinata. Para vengarla. Su primo la había humillado y lastimado… Diablos, Neji por poco la mata, y recordar eso le hacía hervir la sangre; ¿después de eso él creía que podía ir por la vida, besándola y toqueteándola? Apretó los puños. Se había liado a puños con él antes por Hinata, y no dudaría en volver a hacerlo. Él había sido su campeón antes, y lo sería también ahora.

—Hinata es mi amiga —dijo, apretando los dientes—. No quiero que la lastimes… de nuevo.

Vio el cambio en los ojos blancos, y supo que había dado en el clavo. Cualquier digno de burla desapareció de su expresión.

—Muy noble por tu parte, Naruto, pero no tienes que preocuparte por la seguridad de Hinata-sama —respondió—. De eso me encargo yo.

—¿Y quién la protege de ti?

—¡Nadie! —asombrado por la ferocidad de su respuesta, Naruto retrocedió un paso—. Nadie —Neji pasó las bolsas a una de sus manos, y se pasó la mano libre por el rostro en el más claro gesto de frustración que Naruto le había visto alguna vez en la vida. Finalmente, él suspiró, devolviéndole la mirada. —Yo nunca le haría daño, nunca.

Neji caminó, dispuesto a marcharse y Naruto no intentó detenerlo, mientras trataba de descubrir el significado de sus palabras, pero él se detuvo abruptamente a su lado, como si de repente hubiese tomado una decisión.

—Esa noche, cuando nos viste allí sentados, no nos estábamos besando. Al menos no como tú crees —le contó, hablando bajo como prevención contra los curiosos. Naruto mantuvo la mirada al frente—. Ella solamente me besó la mejilla.

—La mejilla…

Dios. Naruto tuvo que hacer un esfuerzo para no maldecir en voz alta.

—Exacto. Y ambos estamos de acuerdo en que no debiste presenciar ese momento, pero dado que estuviste husmeando…

—La estaba buscando —se defendió—. Sólo quería…

—No me importa —Neji le cortó, aparentemente calmo—. Pero si le comentas a alguien, si te atreves a deshonrar el buen nombre de Hinata-sama esparciendo chismes sobre lo que creíste ver…

Naruto no tuvo que girarse para saber que el byakügan más poderoso había sido activado por el Hyüga más letal.

—… te mataré. A ti y al verdadero.


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Hinata sabía que el que estuviera paseando por los jardines Hyüga en compañía de Naruto Uzumaki sería comentado por la familia entera en un abrir y cerrar de ojos. Aunque hubiera varios pares de ojos observándolos desde una distancia prudente, el simple hecho de ir junto a un hombre ajeno al clan por los senderos adornados levantaría el rumor de que tenía un nuevo pretendiente, así que, haciendo gala de su autocontrol más fuerte, trató de fingir que su presencia no la intimidaba, para no ayudar a condimentar los chismorreos.

Ojalá no fuera tan guapo.

—Son muy bonitas —él dijo de repente, señalando las enredaderas que se entrelazaban en una especie de pasillo natural, formando una especie de túnel por el sendero—, ¿las cuidas tú?

Ella sonrió, reprimiendo una risa. Cielos, no, ¿con qué tiempo?

—No, lo hacen los jardineros —al verlo ruborizarse, avergonzado, ella quiso hacerlo sentir mejor—, pero sí procuro cuidar de mi pequeño jardín siempre. No es tan bonito como este, ni tan espacioso, pero, bueno… era de mi madre.

—Oh.

Después de un minuto lleno tan sólo de un extraño silencio, Naruto murmuró. —¿La extrañas mucho?

Y, entonces, no soportando la profundidad que estaba tomando la charla, ni la intimidad que eso propiciaba, Hinata se detuvo y esperó que él la imitara. Cuando lo hizo, le sostuvo la mirada. —Naruto-kun —dijo—, ¿para qué viniste a verme hoy?

Él lucía incomodo mientras se rascaba la oreja, pero le sonrió. —¿Para pasar algo de tiempo juntos´ttebayó?

La respuesta en forma de pregunta le hizo entristecer. Sintió el endurecimiento de sus propias facciones. —¿Para qué querías verme… realmente?

Lo vio suspirar, vencido. —Bien, bien, me tienes —él alzó las manos, sonriéndole—. Sé que estás ocupada y lo siento. Sólo quería darte algo —de su chaqueta, sacó una pequeña caja dorada del tamaño de su mano, y se la ofreció—. Es un regalo´ttebayó.

—¿Un regalo? —ella dudó, observando el obsequio con el rostro ladeado en franca curiosidad.

—De cumpleaños.

—Estamos en febrero, Naruto-kun —rio con suavidad—. Mi cumpleaños es en diciembre.

Él rodó los ojos. —Ya lo sé, Hinata. Pero lo tengo guardado desde hace dos meses, porque no había tenido la oportunidad de dártelo.

Ella lo recibió, dubitativa, y abrió lentamente la caja para echar un vistazo a las dos horquillas decoradas con formas de flores violetas y azules que se extendían sobre plateadas imitaciones de ramas. No eran muy grandes. Eran delicadas y preciosas.

—Me gustan mucho —se inclinó educadamente, sintiéndose apenada—. Muchas gracias.

Cuando le miró nuevamente, observó que sus mejillas estaban tan tostadas como seguramente debían estar las suyas.

—¿Te gustan en serio? ¿no puedes esperar a usarlas?

Ella rio, y le entregó nuevamente la caja, pero esta vez vacía. Él la sostuvo, mientras ella metía una horquilla entre los labios, y con las manos abrochaba la otra, recogiendo un mechón de cabello oscuro a un lado de la cabeza. Seguidamente, hizo lo mismo con la otra, del otro lado.

—¿Están bien así?

Los ojos de Naruto estaban tan brillantes que ella se removió, ligeramente incómoda y profundamente avergonzada. —¿No?

—Creo que el de la derecha está un poco torcido —sin esperar, él le devolvió la caja y se acercó.

Hinata sintió cómo sus dedos se movían sobre su cabeza, desatando con premeditada suavidad el cabello contenido en el lado derecho, y peinándola suavemente con los dedos antes de acomodar nuevamente la horquilla. Sus movimientos eran precisos, y ligeramente rudos, demasiado rápidos… Hinata exhaló, abochornada, recordando la ternura de los dedos que hacía unos meses le habían acariciado el cabello, quitándole horquillas en vez de poniéndoselas, soltando cabello, en vez de apresarlo, relajando en vez de constriñendo.

Naruto se alejó. —Así está mucho mejor´ttebayó —parpadeó al mirarla, y ella no quiso saber el tipo de expresión que tenía su cara en ese momento. Cielos—¿Estás bien, Hinata?

Asintiendo rápidamente, se reprochó a sí misma, frustrada. No se suponía que recordara a Neji cuando Naruto la tocaba… ¡Naruto le había tocado el cabello, ella tenía que haberlo disfrutado! Enojada por haber dejado escapar el goce que pudo haberle provocado su contacto, trató de retomar la conversación.

—No debiste molestarte, Naruto-kun.

Él se encogió de hombros. —Los compré para ti. ¿Qué más se suponía que hiciera?

—¿Los elegiste tú? ¿te ayudó Sakura-san?

—¿Sakura-chan? —él soltó una carcajada—. Ella me mandó al demonio cuando le pedí ayuda y me dijo que pensara por mí cuenta. Sufrí mucho, Hinata, pero me alegra que te haya gustado.

Sintiéndose halagada, pues él había comprado esto especialmente para ella, pensando sólo en agradarle (santo Dios, debería desmayarse ahí mismo), jugó tímidamente con una hebra de cabello y parpadeó lentamente, recordando tardíamente algunas de las lecciones dadas por su primo.

Al parecer, funciono, porque la mirada de Naruto se agudizó, y Hinata vio que se humedecía los labios.

—Esa noche quería dártelo —él habló, con voz suave—. Los chicos nos interrumpieron, y luego desapareciste. Te busqué, pero no pude encontrarte más. Nadie más te vio —él inclinó el rostro, interrogante—. ¿A dónde fuiste, Hinata?

Fui a un rincón para compadecerme de mí misma.

Fui a un rincón para danzar a la luz de la luna… y para recibir el beso más encantador, profundo, estremecedor y ardiente que hubiera imaginado.

Hinata rogó para que el rubor que ascendía por su rostro, fuera ignorado por el hombre rubio frente a ella. Nerviosa porque él pudiera leer su pensamiento, desvió tímidamente la mirada antes de responder.

—Estuve en un ala apartada. Había t-tomado licor, y no me sentía bien —murmuró—. En realidad —le dirigió una mirada, antes de apartarla nuevamente, avergonzada—, estaba un poco ebria.

—¿Estuviste sola?

—No —negó con la cabeza—. Afortunadamente, Neji-niisan me encontró —soltó una risa nerviosa—, quién sabe qué habría podido hacer sola. Si mi padre o alguien más me hubiese visto… —negó nuevamente, abochornada—. Neji-niisan estuvo conmigo, y luego me llevó a la cama —¡ay, eso sonó mal! —. En realidad, sólo me llevó a mi habitación y llamó a Hanabi para que me ayudara con esa ropa tan incómoda...

—Ya veo.

Alzando el rostro, Hinata lo vio esbozar una leve sonrisa. —Es una lástima que no te haya encontrado yo´ttebayó.

"¿Por qué? ¿tú sí me habrías llevado a la cama?", Hinata se sonrojó brutalmente, y Naruto esbozó una mueca satisfecha. Parecía como si se hubiese quitado de los hombros el peso del mundo entero.

—El hombre de allá me está mirando feo, así que creo que mi visita debe llegar a su fin.

Ella le sonrió, apesadumbrada. —Lo siento, son bastante estrictos con eso.

—Está bien —él le guiñó un ojo, pícaro—. Te veré afuera pronto, y más allá de estos muros no hay quien nos contabilice el tiempo.


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Neji se escondió entre las sombras de las cortinas cuando la puerta se abrió. Él no debía estar ahí, pero después de haberse pasado todo el día excesivamente exaltado e irritable, no podía ir simplemente a dormir. Era tarde, pero él tenía que avisarle.

Escuchó el sonido de la puerta al cerrarse, y los ligeros pasos que se dirigían al armario y, adivinando que se disponía a sacar su ropa de cama, Neji dio unos pasos, dejando que la luz nocturna que entraba por la ventana lo iluminara.

—Hinata-sama.

La vio llevarse una mano al pecho y soltar un chillido de sorpresa, pero su rostro se relajó al reconocerlo. —Neji-niisan, c-casi me muero del susto —exhaló, aliviada—¿qué haces ahí escondido?

—Discúlpeme, no era mi intención asustarla —se le acercó, impaciente—, y sé que no debería entrar en sus aposentos, pero tenía algo importante que decirle.

Hinata se mantuvo en silencio y luego caminó hasta el otro extremo de la habitación. Cuando la luz iluminó el cuarto, él entendió el motivo, y siguió hablando, solemne: —Naruto habló conmigo esta mañana —fue directo al grano—; me dijo que nos había visto la noche de su cumpleaños.

No tuvo que recordarle a lo que se refería, porque el bonito rostro femenino se tornó pálido, y las piernas dejaron de sostenerla. Hinata se sentó en la cama, apretando el grueso edredón que cubría el colchón con las manos. —Dios mío, ¿nos vio? —ella preguntó en un murmullo estrangulado.

—No tema —se apresuró a calmarla, acercándose—. Al parecer él no nos vio realmente… Sólo presenció el momento en que usted me besó en la mejilla y, aunque él pensaba que había visto un beso real, yo le dejé claro que no fue más que eso; un inocente beso fraternal.

Los ojos de Hinata se agrandaron, y su rostro se tornó más pálido aún. —No lo entiendes —dijo, y lo miró de manera intencionada—: él también vino a verme hoy. Esta mañana.

Esta vez fue Neji el que sintió debilidad en las piernas, así que se sostuvo disimuladamente del dosel de la cama. El maldito, ¡el muy bastardo!

Pasó saliva. —¿Qué le dijo?

—Me preguntó a dónde había ido esa noche. Dijo que me había buscado sin éxito para entregarme un obsequio —Neji la vio llevarse una mano hacia el cabello, y notó por primera vez que no lo llevaba totalmente suelto—. Qué mentiroso…

Deduciendo que las horquillas que le sostenían el cabello eran el dichoso obsequio, Neji frunció el ceño.

Hinata, de repente, lo miró asustada. —¿Con quién habló primero?

Él suspiró. —Habló con ambos a la vez, Hinata-sama. El que me interceptó era un maldito clon.

—O sea que el mío era el original…

—Bueno, ni siquiera Naruto es tan idiota como para enviar un clon al complejo Hyüga. Sería una falta de respeto.

La vio cerrar los ojos, e inclinar la cabeza en dirección al techo, pensativa. —Él estaba comparando nuestras respuestas —murmuró—, ¿crees que encontró incongruencias? Yo también le mencioné que estuve contigo, y que estaba ebria…

—Yo omití la parte de la ebriedad —le sonrió cuando ella se giró a mirarlo y la vio reír suavemente, así que también prefirió omitir la parte en la que había amenazado de muerte a su crush.

—Gracias.

—De nada.

Neji la vio bostezar disimuladamente.

—Creo que no debe preocuparse de nada entonces, Hinata-sama —le dijo, sin resistirse a preguntar: —¿tuvo un día duro?

—No tanto —ella se inclinó hacia atrás, sosteniéndose con las palmas de las manos, y girando la cabeza hacia su propio hombro delgado, casi recostándose en este—. Fue día de responder la correspondencia de padre.

—Y yo pensando que mi domingo fue aburrido.

Nuevamente la risa de campanitas inundó la habitación, y Neji fruncio el ceño, incómodo al notar que su posición hacía resaltar sus senos, estrechándolos contra la holgada blusa. Enojado consigo mismo por fijarse, carraspeó. —Creo que debería-

—¿Y tú qué hiciste, Neji-niisan?

Evitando su mirada, Neji tamborileó suavemente los dedos contra la madera del dosel. —Fui de compras.

Eso captó la atención de su pequeña prima, quien, gracias al cielo, se sentó derecha. —¿Qué compraste?

—Comida, armas, lo típico —de pronto, por primera vez después de su charla con Naruto, recordó la escena presenciada en la floristería. Lo pensó por un momento, y decidiendo que comentárselo a Hinata definitivamente no lo convertía en un chismoso, habló—. También escuché algo interesante por casualidad.

Vio la chispa curiosa en los ojos violáceos de Hinata y pensó que, definitivamente, podría volverse la vieja cotilla del pueblo con tal de ver ese brillo en su rostro, con tal de verla inclinarse hacia él con curiosidad. —¿Qué escuchaste?

Con aire dramático, Neji dio unos pasos frente a ella, de un lado hacia el otro. —No sé si sea lo más prudente contarle.

—¡Neji-niisan!

—Está bien, está bien —él sonrió—, pero tiene que prometer que no se lo dirá nadie.

La vio rodar los ojos, como diciendo "¿a quién se lo podría contar?", pero, sin embargo, ella asintió con desgano. —Lo prometo.

—Bien —Neji se cruzó de brazos, mirándola concienzudamente—; Ino está embarazada de Sai y piensa casarse con él —soltó de una sola vez, complaciéndose en la forma en que su quijada cayó.

—No-puede-ser.

—Sí-puede-ser.

Ella se puso de pie de un salto. —¡Un bebé! —exclamó, mirándolo como si quisiera sacudirlo, como si no hubiese sido justamente él quien le acabara de dar la noticia. Eso lo hizo alzar una ceja, divertido.

—Sí, es justamente lo que dije.

—¡Qué alegría! —ella se llevó las manos a la boca de repente, aterrada—¡qué escandalo! Un bebé fuera del matrimonio y, además, de Sai.

—Bueno, según oí, puede que esté en marcha un matrimonio apresurado, pero seguramente existirán habladurías.

—Ay, Dios —el ceño se frunció en su bonita cara y Neji sintió la necesidad de pasar los dedos entre sus cejas y aplanar su suave piel, pero se contuvo. Ella lo miró, con una expresión de preocupación—. Debemos apoyarlos en todo lo que podamos.

Él asintió en silencio, simplemente centrado en el pequeño hoyuelo risueño que se formaba en su cremosa mejilla al sonreír de forma soñadora. —Un bebé… —ella repitió—, quisiera felicitarlos ahora mismo, pero claro, no puedo decir nada, ¿verdad? —preguntó, mirándolo entre las pestañas, y Neji dio avanzó un paso hacia ella, atraído magnéticamente.

—No, no puede.

—¿Lo imaginas, Neji-niisan? Tendrá padres muy guapos, así que debe ser un bebé precioso…

Mientras ella hablaba, su atención se enfocó en las horrendas horquillas que le apresaban los mechones de pelo que normalmente enmarcaban suavemente su rostro, y él no pudo soportarlo. Estiró las manos, y empezó a retirarlas, mirándolas casi con asco.

Ella permaneció en silencio durante el proceso, y Neji pensó que había dejado de respirar. —¿Q-qué haces? —su vocecita sonó temblorosa, mientras él repasaba con los dedos las hebras gruesas de cabello oscuro recién liberados. Tomó los mechones de cabello y los acomodó delicadamente sobre sus hombros.

—Así está mucho mejor —sonrió ligeramente, satisfecho, y dejó caer descuidadamente las horquillas sobre el colchón—, ¿en serio le gustaron esas cosas tan vulgares, Hinata-sama?

Su boca se apretó en una mueca adorable. —Son lindas.

—Para una campesina, quizás —le concedió, a regañadientes—, pero definitivamente no para usted.

Ella lo miró fijamente por un instante, como analizándolo, y, Dios, nuevamente ese juguetón hoyuelo. Tan cerca. —Eres un esnob, Neji-niisan.

—¿Lo cree? —cediendo a la tentación, se inclinó hasta rozar el pequeño hundimiento de su tierna mejilla, y ella se irguió, tensa, mientras él estiraba los brazos y la envolvía en un abrazo suelto, solo para acercarla y frotar su boca contra la piel con aroma a lavanda. —Yo también le compré algo… —le susurró bajo, al oído.

—¿Sí…?

—Sí, algo mucho mejor que esas cosas.

Ella, al parecer, ya no se sintió ofendida por su ataque directo al regalo de Naruto, porque se rio suavemente, y Neji sintió el aliento cálido sobre su cuello cuando ella murmuró tan bajito que apenas pudo sentir el roce de su boca sobre su piel. "Esnob".

Ante el escalofrío que le recorrió la espina dorsal, Neji apretó el abrazo, sintiendo su cálido cuerpo un poco más maleable. —Aunque también está relacionado con las flores… —su voz sonó ronca contra su piel, alcanzando con los labios la comisura temblorosa de su boca.

Sintió las manos pequeñas aferrándose a sus costados, apretando la tela de su camisa. —Me gustan las flores —ella prácticamente jadeó, y Neji sonrió.

—Lo sé —raspó sus labios suavemente contra la suya—. Se lo daré mañana.

Con un breve sonido de aceptación contra su boca, Hinata estuvo de acuerdo, y él la besó. El segundo beso del día; el primero, en la mejilla, el segundo, en la boca. Chupó delicadamente su labio inferior y sonrió complacido al sentir cómo lo imitaba. Le acarició la espalda en lentos círculos, tratando de imprimir ternura en la caricia, al comerle concienzudamente la boca, abriéndole los labios, delineando con la lengua la línea de sus dientes, sus mejillas y chocándose lentamente contra su lengua.

Qué deliciosa era. Era menta, era lavanda, era limón. Era suavidad, tibieza y dulzura. Pero también tierna ferocidad. Sus dedos se clavaban en sus costados, acercándolo más, como dos pequeñas anclas, y él permitió que le explorara de la misma forma en que lo había hecho con ella, inclinando sus rostros hacía un lado y hacia el otro en un cadencioso movimiento. Cuando ella suspiró contra su boca, y le estiró el labio entre los dientes, Neji apretó los parpados y supo que el beso había terminado.

Hinata respiraba con dificultad, y sus mejillas estaban calientes. Lo supo porque le tomó el rostro entre las manos y la lleno de suaves besos picoteados sobre los labios y las comisuras de su boca.

—Me voy —se obligó a soltarla. Su propio pecho se sentía hinchado por la celeridad de su respiración.

—S-sí.

—Buenas noches, Hinata-sama.

—Buenas noches, Neji-niisan.

Neji la observó un momento; de pie en medio de la habitación, con las manos juntas, ruborizada, con la boca húmeda y el cabello suelto, ella se veía muy, muy bonita.

Dándose bruscamente la vuelta, caminó hacia la puerta y la abrió, pero antes de dar un paso hacia él umbral, cuando aún tenía el pomo entre los dedos, le llegó un susurro adorablemente enronquecido. —¿Qué me compraste?

Él sonrió, permitiéndose una breve mirada. —Mañana —prometió al salir de la habitación.

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¡Hola! Espero que no les haya parecido muy enredado este capítulo. Como verán, tardé mucho menos tiempo en actualizar, porque estoy con tiempo en esta época, así que aprovechenme. Espero ansiosa sus comentarios!

Como nota especial, quisiera invitarlos a leer un hermoso, dulce, y estremecedor NejiHina, llamado CELEBRACIONES. Es escrito por la hermosa CONNIE y, personalmente, es mi NejiHina favorito de todos los tiempos.