Enséñame
XIII
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La boda oficial de Ino y Sai fue apresurada y hermética. De parte de la novia, se presentaron los miembros al completo del clan Yamanaka. De parte del novio, sólo sus dos mejores amigos, Sakura y Naruto. Todo el lugar estaba repleto de las más vistosas y olorosas flores, como se esperaba, pues qué vergüenza hubiera sido si no. Al menos, eso era lo que Hinata había alcanzado a captar durante una casual y corta charla con su amor platónico en medio de la aldea. En cinco minutos, Naruto le había compartido todos los detalles; desde los gestos de desdén hacía Sai hasta las bonitas flores que lucía Ino en su vestido, e incluso alcanzó para la detallada descripción de la graciosa barba de chivo que lucía el ministro que dirigió la ceremonia, la cual, según sus palabras, se mecía con la brisa mañanera de forma perturbadora, pero hipnótica.
—Tengo que ser sincero contigo, Hinata —él había culminado la conversación, inclinándose hacia ella y hablándole en voz baja, como si temiera develar el misterio que había rondado por varios días a todos los ciudadanos, shinobis y no shinobis, de Konoha—. Fue la boda más aburrida a la que me han invitado.
Hinata, cubriendo su sonrisa con el dorso de la mano, había replicado. —Me gustaría saber a cuántas has asistido, Naruto-kun.
—Bueno, sólo a esta, es cierto —lo vio rascarse la cabeza, luciendo en el rostro una sonrisa avergonzada—, pero quiero decir que es la más aburrida de todas aquellas que me he imaginado.
Una repentina ternura la abordó al pensar en él, positivamente el hombre más famoso del País del Fuego, el epítome del heroísmo, la gallardía y la masculinidad, imaginando ceremonias de boda, pero antes de que pudiera preguntar los detalles de sus ensoñaciones, Naruto se adelantó. —He pensado en la mía, ¡y va a ser estupenda´ttebayó! —ella podía jurar que los ojos azules brillaban—. Invitaremos a todo el mundo, vendrán de Suna y de todas las aldeas ninja. Y de las no-ninja también, sabes. Además, serviremos el banquete más grande que se haya visto en la historia de la humanidad, con ramen, por supuesto, y celebraremos a lo grande. Usaré un traje elegante ultra genial, ya lo verás.
—¿Y tu novia?
Naruto la miró. —Ella estará preciosa.
—Estoy segura de eso.
Un silencio extraño los abordó, y Hinata, sintiéndose un poco incomoda, pensó que eso estaba pasando últimamente con mayor frecuencia entre ellos. No era que se encontraran cerca de forma seguida, pero eso sólo lo hacía más extraño; ¿por qué él, cuyo don natural era la palabra, quedaba tan constantemente apagado en sus conversaciones? La Hinata insegura hubiera podido pensar que quizá le desagradaba la idea de compartir un momento en su presencia, pero la Hinata racional y madura le susurraba que Naruto nunca la rehuía, sino por el contrario, propiciaba los encuentros y las charlas al correr siempre hacia ella para saludar.
—D-debo irme —trastabilló al hablar—, Neji-niisan me está esperando para nuestra lección.
—Oh, de acuerdo, de acuerdo. Hablaremos en otra ocasión, Hinata.
—Adiós, Naruto-kun.
Él parecía inquietamente incómodo, pues se frotaba la nuca con la mano, y Hinata se sintió inclinada a agregar un poco más de contenido a su discurso antes de partir. —¿Me invitarás a esa boda tan maravillosa, cierto?
La sonrisa en su rostro fue luminosa al contestar. —Pero por supuesto´ttebayó.
—Me alegra —Hinata le dedicó una genuina y gentil sonrisa—. También estarás en la mía.
Con suerte, usando aquel traje elegante últra genial, mientras ella… ella estaría preciosa.
—El arte de prensar flores —Hinata leyó lentamente, mientras sostenía con cuidado un libro de mediano tamaño y colores agradables—Guía practica sobre técnicas de arreglos florales y prensado de hojas, flores y diferentes vegetales.
Para cuando ella levantó la vista hacia él, dedicándole una mirada entre curiosa y confundida, Neji ya llevaba rato sintiéndose el ser más estúpido de la galaxia. Sin embargo, dispuesto a aparentar una seguridad acorde a su reputación, habló con serena calma y fingida experticia. — Contiene prensadas varios especímenes exóticos de flores del desierto, imposibles de conseguir en Konoha, y en el País del Fuego entero. Lo compré en Suna.
Hinata, lentamente, había empezado a ojear las páginas con su acostumbrada delicadeza.
—Además usted puede aprender varias técnicas importantes para conservar las flores de su jardín —él continuó, ante el silencio femenino—. Imagínese, si funcionan con las flores de cactus, con las suyas harán maravillas.
Ella asintió, su boca esbozando una muy ligera sonrisa. —Es un lindo regalo. Te lo agradezco.
Neji se abofeteó mentalmente. No. Era un pésimo regalo. ¿Alguna vez en la vida le había expresado ella el deseo de conservar flores muertas? Si uno lo pensaba bien, hasta parecía algo deprimente. Pero en su momento le había parecido buena idea, tenía que admitirlo; había pensado instantáneamente en Hinata entusiasmada, agradecida y ansiosa por inmortalizar la belleza de sus adoradas rosas…, pero ahora estaba incómodo, y lo hizo notar cuando tocó la banda sobre su frente en un movimiento que captó la atención de los ojos plateados de su prima.
—Debo irme pronto.
—¿T-tan pronto?
Él percibió el pequeño tinte de decepción en su tono, pero aún así asintió. Habían estado entrenando durante una hora entera antes de que él le entregara su regalo. —Tengo algunos pendientes.
En realidad, no tenía ninguno. Todo había estado dramáticamente tranquilo durante los últimos días, pero sentía una profunda necesidad de alejarse.
—¿Tardarás?
Él la miró confundido, y apenas alcanzó a abrir la boca para contestar alguna mentira antes de que ella lo interrumpiera de manera ligeramente atropellada. —Me gustaría que te reunieras más tarde conmigo —dijo—. En mi jardín. Podríamos… No sé, es que me gustaría practicar algunas técnicas, y quizás… —ella carraspeó, mientras sus mejillas empezaron a adquirir un color más rosado—, tenga algunas preguntas, y puedas ayudarme.
¿Técnicas? ¿de qué? La mente masculina divagó rápidamente; ¿del libro? ¿de artes marciales? ¿del byakügan? ¿o…? Al demonio.
—No tardaré.
Neji sentía una extraña fascinación por las katanas. Tal afición no era de conocimiento general, pero para Hinata y gran parte del clan Hyüga no era extraño verlo alguna que otra vez, admirando el resplandor de los hermosos metales, puliendo y afilando. Allí, en el espacio verde del jardín del norte, el jardín de Hinata, el patio más alejado y silencioso de todo el territorio familiar (al cual sólo se podía acceder a través de las habitaciones de la heredera) ella lo observaba darle brillo a una de sus más recientes adquisiciones, mientras fingía entender algo de lo que leía en su dichoso libro de prensado de flores.
Era su día libre y al parecer él había solucionado sus pendientes y estaba libre también, así que no veía nada de malo en querer pasar un poco de tiempo de caridad juntos. Era su familia, después de todo, además de su amigo, maestro y confidente, por lo cual ella se sentía cómoda en su presencia y por ningún motivo iba a sentirse culpable por ser egoísta al tratar de mantenerlo a su lado algunas horas. ¿Alguien tenía idea de lo profundamente solitario que llegaban, a veces, a ser los días de la líder de un clan tan arcaico como el Hyüga? Oh, no lo creerían…
Pero, se mordió preocupada el labio, ¿estaría Neji sintiéndose incomodo ahora mismo? El pensamiento de que quizás él prefiriera estar en cualquier otro lugar pululó en su cabeza, así que le echó una mirada tímida por encima del libro en sus manos para intentar obtener alguna señal de su parte.
Él, por su parte, seguía limpiando el metal como si no hubiera un mañana. Había mencionado que era una espada muy antigua, casi una reliquia, que había pertenecido a un famosísimo espadachín de la Kumo. Algo así. En realidad, la historia le importaba más bien poco. Lo que sí que llamaba su atención era la concentración y la intensidad de la mirada de Neji. Para él, se notaba, ese pedazo de metal era un gran tesoro. Reprimió una sonrisa ante la idea de que él parecía un niño con un juguete nuevo.
Entonces, después de unos minutos de duda, finalmente decidió interrumpir su momento de silenciosa admiración para abordar el motivo verdadero por el cual lo había hecho venir hasta ella. —Neji-niisan —le llamó con suavidad.
Sin mirarla, el alzó una ceja, expectante. —Digame, Hinata-sama.
—¿Cómo se siente el amor?
Sus manos se detuvieron, y ella se ganó una mirada. Su ceño estaba fruncido, pero Hinata no encontró ningún signo de molestia. El gesto era sin duda de confusión. Oh, así que esa era las posibles preguntas en las que yo podría ayudarle, Neji pensó.
—¿Por qué me pregunta eso? —él retornó a su labor.
Carraspeando, Hinata continuó: —Bueno, eres mayor, y tengo muchas dudas —dijo—¿Cómo se siente el amor? Tú me dijiste una vez que amor y atracción no son lo mismo, pero, ¿cómo podré diferenciar uno de otro? No lo entiendo.
Por su parte, Neji sólo pensaba en que, definitivamente, Hinata necesitaba amigas. Mujeres. Mu-je-res. Los hombres (especialmente los shinobis, amantes del campo de batalla) no solían hacer grandes reflexiones sobre los sentimientos. A pesar de ello, suspiró.
—No soy un experto —confesó—. Pero supongo que el amor es... Uhm... Supongo que es cuando uno solo desea que la otra persona esté a salvo, que nada malo le suceda.
—Uhm... —ella se llevó un dedo a los labios, mirando hacia arriba en gesto pensativo —. Yo deseo que muchas personas estén a salvo, y no quiero que nada malo les suceda. Pero no creo que los ame a todos.
El suspiro hondo de Neji le hizo girar la vista, curiosa. Él había cerrado los ojos y casi parecía como si rezara por autocontrol para no asesinarla.
—Tiene razón —dijo—. Entonces creo que es amor cuando se arriesga sin dudas la vida por alguien. Así como usted lo hizo y lo haría nuevamente por Naruto —la miró— ¿satisfecha?
Por un ínfimo momento creyó apreciar un brillo de molestia dentro de las pupilas plateadas del hombre, pero él desvío nuevamente el rostro tan rápidamente, sin esperar respuesta, que no pudo estar completamente segura.
Después de unos segundos, en los que Neji siguió brindando sus atenciones al arma, ella se mordió el labio, y volvió a llamarlo.
—Neji-niisan.
—Digame, Hinata-sama.
—¿T-tú... darías tu vida por mí?
Neji la miró fijamente por un momento, buscando algo en su rostro. Un destello de burla, quizá, porque definitivamente debía pensar que le estaba tomando el pelo. Finalmente, habló, serio: —Usted sabe la respuesta. Lo demostré en la Guerra.
Repentinamente intimidada, Hinata asintió ligeramente, infundiéndose ánimo para formular la pregunta que de repente llegó a su cabeza. Si se callaba en ese momento, estaba segura que no podría volver a empezar. —Pero aquella vez... -susurró, bajando la mirada—también fue por Naruto-kun...
—¿Quién estaba frente a Naruto?
—Yo.
—Ahí tiene su respuesta.
Repentinamente frustrada, sintiéndose un poco derrotada, sus cejas se fruncieron un poco. Después de un tranquilo silencio, lo volvió a llamar, casi con el único propósito de molestarlo.
—Neji-niisan.
—Dígame, Hinata-sama.
Jugó un poco con los dedos sobre el regazo. —Ino-chan dice que cuando se besa a la persona que se ama, una horda de mariposas revolotea en el estómago. ¿Tú qué piensas?
—No pienso nada sobre eso.
Ella frunció más el ceño. —¿No estás de acuerdo?
—No. Pero tampoco en desacuerdo. No tengo idea.
No era tonta, ella notaba el tono de molestia en su voz, aunque él intentara camuflarlo de la mejor manera. Aun así, ella no retrocedió, se retiró un mechón de cabello de la mejilla y lo escondió tras su pequeña oreja, antes de hablar nuevamente, con un tono mucho más suave del que debería.
—Yo siento cosquillas en el estómago cuando veo la sonrisa de Naruto-kun... Pero creo que hablar de "hordas de mariposas" es una exageración. Aunque, bueno, no lo he besado antes, así que no estoy segura —divagó—. Sólo he sido besada por tí...
El buen humor de Neji pareció regresar, pues las comisuras de sus labios se tensaron ligeramente en una sonrisa que nunca llegó. —¿Y ni rastro de manadas voladoras en su vientre? -su tono fue divertido. Todo el tiempo, sin embargo, ninguno de los dos dirigía su mirada fijamente hacia el otro.
—No... Bueno, la primera vez sí sentí algo —Hinata posó una palma sobre su propio abdomen—. Una acidez en la boca del estómago...
—Eso es gastritis, Hinata-sama —Neji soltó una risa fresca.
Ella le respondió con una sonrisa, contenta, pero negó. -No, no, tomé un buen refrigerio antes de verte -aclaró.
—Como diga —la sonrisa en el rostro de Neji era agradable, aunque su mirada estuviese más interesada en el mango desgastado de un pedazo de metal que en ella. —Entonces cuando la besé por primera vez le dió reflujo estomacal. ¿Qué sucedió la segunda vez? ¿Sufrió de arcadas o le causé una úlcera? —-una de sus cejas marrones se alzó. Oh, lo estaba disfrutando.
Los labios femeninos formaron un puchero. -No te burles de mí, nii-san.
—No me burlo — y, sin embargo, rió—. Lo siento, Hinata-sama. Usted continúe —ondeó la mano en un gesto despreocupado—, continúe con sus interesantes reflexiones.
—Bien —carraspeó, adoptando una postura más recta, más respetable—. Esa fue mi experiencia personal con los primeros besos. Me sentí muy bien.
—Ajá.
Ignorando la acotación escéptica y divertida de su primo continuó. —Pero después, con cada beso, sentía algo diferente... Últimamente, sin embargo... —su estómago se retorció suavemente ante el recuerdo de la noche de su cumpleaños, la única noche en la que ella había estado en una cama con un hombre, en la sensación de los labios rasposos raspando su boca, en sus propios suspiros ansiosos, en la succión mutua de los cálidos alientos, en la deliciosa humedad derivada del lento choque de las lenguas. "Neji..." casi cierra los ojos al rememorar la sensación del ronco susurro de su nombre hermoso brotando de su garganta. (Sólo Neji), pero entonces simplemente tomó una honda inhalación.
—¿Últimamente qué?
Las manos de Neji se habían detenido, sus pupilas fijas en ella, inexpresivas. Forzadamente inexpresivas.
—Últimamente siento... como un volcán en mi interior. Aquí —se tocó tímidamente la parte baja del vientre, sonrojándose.
—¿Un volcán en su ombligo? —Neji arqueó una ceja.
—Casi... —ella soltó una rosita nerviosa—. Creo que tengo un supervolcán allí, en mi interior. Dormido. Y con tus besos lo has despertado...
—Dios mío, —los ojos de su primo se abrieron, sorprendidos— ¡eso es muy peligroso, Hinata-sama!
—¿Lo crees? —preguntó, preocupada— Ay, Neji nii-san, también me he sentido mareada después de ellos. ¿Será que estoy enferma? —su mirada se tornó asustada, antes de bajar el tono de voz hasta alcanzar apenas el volumen de un susurro secreto y aterrado —¿Será que soy alérgica a los besos...?
Para su total incredulidad, Neji cayó de espaldas, con un brazo cubriéndole los ojos, y el pecho estallándole en risas. —Alérgica —le oyó balbucear entre el fuerte sonido de su diversión. Ver en ese estado a su normalmente bien portado primo, al más conservador y respetuoso Hyüga hubiese sido una conmoción causante de infarto en cualquier habitante de la aldea de la hoja. Hinata, en cambio, aunque ligeramente sorprendida, sólo atinó a ruborizarse de pena, mientras permanecía en silencio, observándolo. Sus dientes eran muy bonitos, blancos y alineados... Debería mostrarlos reír así más a menudo, pero no a costa de ella, claro.
Neji finalmente se calmó, sufriendo aún de pequeños espasmos y ahogando un gemido casi doloroso. La mano aún sobre su rostro. —Alérgica —repitió, soltando otra fresca risa— ¿Será eso posible? —la miró por debajo del brazo, y entonces se soltó nuevamente a reír, como si no soportara verle la cara.
—Ya, Neji-niisan, b-basta —le regañó, envuelta en la vergüenza, y giró el rostro hacia el lado contrario, aparentando indignación.
—Lo sien... —fue interrumpido por otra risa, que ocultó al aclararse la garganta—Lo siento, no se moleste.
Hinata sintió un calor denso en la rodilla, y cuando volvió el rostro hacia ella notó que la gran mano de Neji estaba sobre ella, tratando de apaciguarla. El brazo con el que se había estado cubriendo los ojos, se estiraba ahora hacia ella para tocarle esa pequeña parte de la pierna, de forma tan natural.
—No me estoy riendo de usted —él dijo, y tuvo que notar la forma en que entrecerró los ojos en un "sí, claro" silencioso, porque, riendo, agregó: —Bueno, quizá un poco.
—¡Neji-niisan! —reclamó.
—Lo siento, lo siento —su mano se movió sobre la lisa tela sobre su rodilla, en gesto apaciguador. —Continúe hablando sobre su extraña enfermedad, no se detenga por mí, por favor.
Ella lo miró con evidente desconfianza. —¿Para que te sigas burlando?
—No lo haré, lo juro —respondió, más serio ahora, desde el suelo—. Tiene mi palabra. Aunque, honestamente, —Neji se incorporó nuevamente, con pesado esfuerzo—, no creo que alguien pueda ser alérgico a los besos.
—¿No? —lo miró tímida, entre tupidas pestañas negras.
La mano de Neji continuó bien puesta en su sitio. Al levantarse él se había acercado un poco. —No. Y tampoco creo que los síntomas que menciona correspondan a una "alergia".
Un gesto pensativo se acomodó en el rostro de la heredera del clan. —¿Podría ser entonces algo más grave? -ella susurró, casi para si misma, y subió nuevamente la mirada hacia su compañero—Porque, Neji-niisan, eso no es todo.
Él asintió, infundiéndole confianza para continuar. Retiró la mano de su pierna, y mientras Hinata hablaba, enfundó la katana y la dejó a un lado, en el pasto.
—Siento que la lava se esparce por todo mi cuerpo.
—¿La del volcán en su abdomen?
—Exacto —asintió, animada—. Desde el centro... Sube por mi pecho, y se detiene en mi garganta —las pequeñas manos se deslizaban lentamente sobre su cuerpo, acorde a sus palabras, terminando alrededor de la blanca piel del cuello— Es asfixiante. Pero al mismo tiempo, baja por mis caderas, recorre mis piernas y llega hasta el último dedo de mi pie... Me quema, me provoca calambres.
—Calambres, asfixia —Neji repitió, con gesto pensativo—. La he estado torturando todo este tiempo. No, he estado a punto de matarla. ¿Por qué no me detuvo?
—Porque no se siente mal -admitió, ruborizada.
—Pues se escucha bastante mal para mí, Hinata-sama. Lo siento mucho, no quise dañarla —si Hinata no hubiese bajado la mirada, hubiese podido notar la mirada de diversión en el níveo rostro masculino, en gran contraste con su tono arrepentido—. Le prometo que no la haré pasar nunca más por semejante sufrimiento.
Ella se mantuvo en silencio un instante, la vista baja sobre los dedos que se estrechaban suavemente en un gesto que la acompañaba desde la infancia. —¿Eso significa entonces que sí es algo extraño lo que me pasa, Neji-niisan? ¿Ni tú... ni nadie más siente lo mismo?
—Me temo que no —Neji suspiró—. Me preocupa un poco. Nunca he escuchado de alguien a quien le suceda nada parecido.
Temerosa, con los ojos brillantes por la naciente preocupación y la acuosidad de lágrimas que se empezaban apenas a gestar, Hinata lo miró. —Ay, Neji-niisan, ¿será que estoy enferma de verdad? —¿cómo diablos se suponía que iba a llegar al matrimonio antes de asumir el liderazgo si se enfermaba cuando su marido la besara? Seguramente el susodicho marido pensaría, con razón, que se había casado con una mujer defectuosa. ¡Qué humillación!
—Tranquila, Hinata-sama, no estamos seguros de nada aún.
—¿Qué haré si sufro de alguna enfermedad incurable? Nadie querrá tomarme como esposa, nii-san -un pequeño sollozó se escapó entre sus labios.
—Ya, ya —Neji le palmeó la cabecita —. No vaya a llorar, ¿está bien?
Sorbiendo la nariz, ella asintió, mirándolo.
—¿Cree poder soportar nuevamente ese dolor? Sólo una vez más, para analizar mejor lo que le sucede.
Hinata parpadeó. —¿Q-Qué quieres decir?
—Que, con su permiso, voy a besarla.
Hinata asintió, sus altos pómulos enrojeciendo levemente, y enderezó la espalda, preparándose.
El rostro masculino avanzó un poco. —Me disculpo de antemano —habló, cordialmente arrepentido—. No quiero hacerlo, pero todo es por su bien —sus labios se tocaron con suavidad, y Hinata cerró los ojos—. ¿Duele?
Ella cabeceó ligeramente en negación.
—Uhm, por favor, concéntrese bien, y dígame lo que siente.
Posando una mano sobre su mejilla, el pulgar rozando la pequeña boca, Neji sonrió. —No me oculte nada. ¿Qué siente cuándo hago esto? -estiró suavemente el carnoso labio inferior, y pasó lentamente la punta de la lengua, delineando de forma concienzuda su forma.
—C-Cosquillas...
—¿No hay dolor?
—No, nii-san.
—Creo que debemos ponernos serios, es hora de que colabore. Abra la boca —la orden vino en forma de murmullo. Y ella, naturalmente obediente, entreabrió los labios, expulsando un tentativo gemido cuando la lengua húmeda y fuerte, penetró altanera toda la cavidad de su boca.
Él deslizó la mano desde su mejilla hasta la parte posterior de su cuello, manteniéndola en su lugar, dándole soporte para que resistiese los avances de su boca, de su lengua, de sus dientes. Y entonces, justo cuando empezaba a acabársele el aire, lo sintió endulzarse. Tan repentino, tan inesperado... Sus propios labios parecían querer deshacerse contra los suyos. Parecía una tonta, sin embargo, con los ojos cerrados, las manos sobre su propio pecho maltratado por los latidos desbocados del pobre corazón, y tratando desesperadamente de recuperar el oxígeno en inhalaciones fugitivas entre beso y beso.
Los labios de Neji, el aroma de Neji, los besos de Neji, el toque de las manos de Neji en su cuello, palpando su barriga... Un escalofrío la hizo brincar. —¿Q-Qué haces? -chilló la pregunta, pero luego le siguió un quejido provocado por una pequeña mordedura la parte inferior del labio. -D-Duele...
—Lo siento —esta vez él la acarició con la boca en la zona herida con anterioridad, besándola, curándola. -Pero se lo merecía. Estaba siendo muy rebelde.
¿Qué?
—¿Algún síntoma?
Él se separó apenas un poco para preguntar, sus narices casi rozándose, y la miró con curiosidad. Hinata abrió lentamente los ojos y presionó más las manos contra el pecho, en un único y pequeño puño. —Mis latidos son más rápidos... Y potentes.
—Oh —la expresión fue desalentadora—. Eso es terrible. Sólo puede significar taquicardia.
Hinata lo miró entre las pestañas, asustada y ruborizada. —¿Taquicardia?
—Y además su rostro está un poco rojo, ¿será fiebre? -sus frentes se juntaron con suavidad, mientras Neji comparaba las temperaturas (cosa inútil, ya que él tenía vendas, por Dios, pero ella estaba tan perdida en la sensación de su aliento cuando le chocaba la cara, y en la mano que acariciaba su vientre que no lo notó). —Creo que está un poco abrigada...
Tratando de controlar la respiración, Hinata lo empujó suavemente de los hombros, balbuceando. —D-Déjame respirar un poco.
—Insuficiencia pulmonar. Esto es peor de lo que imaginaba.
—Neji-niisan, p-por favor —ante sus esfuerzos, él no se separó ni un centímetro. Al contrario, con una exclamación de asombro, Hinata cayó de espaldas al suelo, con su cuerpo sobre ella. -¿Q-Qué haces? ¿enloqueciste?
La mirada seria que la observó desde la parte superior, la congeló. —¿N-Nii-san...? —susurró, cautelosa. No se había golpeado con la caída porque la mano grande de hombre sirvió de soporte bajo su cabeza.
—Yo estoy seriamente preocupado por usted.
Y le creía. Su expresión era de pura concentración y madura preocupación.
—¿El volcán está dormido aún?
Hinata negó suavemente, encerrada en la vergüenza. —N-No, explotó... Casi desde el comienzo —confesó, ladrando la cabeza para fijar la vista en el pasto a su lado y no en él.
—Oh, Hinata-sama —la mano bajo su cabeza se deslizó con cuidado para liberarse, y Hinata lo sintió alejarse.
El corazón en verdad se le desbocó ante la presión en su vientre. —¡Neji-niisan! -exclamó, tratando de alejarlo con las manos, pero él permaneció inmóvil, el oído recostado en su estómago, el rostro ladeado. No podía ver su expresión, sólo su cabello castaño, sus hombros poderosos.
—Sshh, quédese tranquila -su tono fue firme-. Estoy revisándola.
—Pero no eres médico.
—Pero soy un genio, así que silencio —su rostro se levantó, y Hinata notó con asombro que las venas alrededor de sus ojos sobresalían, indicando la activación de su línea sanguínea. Al apenas procesarlo, comprendió que solo había distraído su atención para subir su blusa sin resistencia, casi hasta el inicio de sus pechos. Sintió la intensa mirada inyectada de poder sobre la piel de su abdomen—. El flujo de chacra es normal. No veo ningún problema.
—Entonces ya puedes dete-
Sus palabras fueron ahogadas ante el contacto de los labios fríos sobre la piel bajo sus costillas. La garganta simplemente se le secó. Esto, se dijo, esto es algo totalmente nuevo.
—Veamos si tiene alergia también a esta clase de besos.
¿No había dicho antes que eso era imposible? Oh, al diablo. Eso, eso... Su boca abierta deslizándose por el centro de su estómago, la hizo contraerse de gusto. —B-basta —susurró, hablando su pelo en un último intento desesperado por apartarlo, pero él era demasiado fuerte, y ella... Ella tenía tan poca fuerza y voluntad, y cuando su lengua recorrió la profundidad de su ombligo, apretó los ojos, y apretó su pelo y gimió su nombre.
—Lo siento, pero es el único cráter que veo por aquí. —se excusó, refiriéndose a la abertura de su ombligo, pero depositando sensuales besos en el hueso de su cadera.
Después, la boca de Neji recorrió la parte baja de su abdomen, justo por encima de la pretina del pantalón. Él rozó la boca de un lado al otro de su cadera en pequeños movimientos que lograron enviar vibraciones a cada una de las células de su cuerpo. Pero que al mismo tiempo...
—N-Nii-san, basta, haces cosquillas, ja, ja -se removió, inquieta. Y sintió la sonrisa de él contra su piel.
—Hinata-sama, por favor, compórtese. Su estado es muy delicado.
—¡Ya! -alargó la "a" con deliciosa agobia cuando él siguió más descaradamente con los ataques.
Para cuando la maldad de su primo estuvo satisfecha, estaba sudorosa y sonrojada, exhalando ásperamente y con los músculos del estómago adoloridos de tanto reír. Sus ojos cerrados...
—Creo —el susurro cercano al oído casi la hace suspirar. Él se había vuelto a ubicar sobre ella-que usted está completamente sana, Hinata-sama.
La suave vibración de una risa contra su cuello. Ay, Dios...
—Te has estado burlando de mí todo este tiempo, ¿verdad?
—¿Yo? -un beso sobre su quijada sucedieron la visión de su sonrisa altiva, del brillo increíblemente pícaro en sus ojos—Jamás podría hacer tal cosa.
Fallando monstruosamente en protestar, Hinata frunció los labios en un puchero, pero rápidamente este se deformó en una sonrisa. Y luego en una risa. Él era tan gracioso. Falso. Mentiroso. Burlón. Un desgraciado altanero. Altivo. Engreído. Poderoso. Guapo. Hermoso. Dulce. Fuerte. Fiel. De mirada tan, tan, tan intensa... Lava candente le quemaba las entrañas. Y entonces lo supo. La calidez en su estómago, la avidez, el volcán, no entraba en trabajo solo con los besos. Era él.
Sus ojos, su boca, su voz. Eso era el detonante.
Neji.
Mareada, alzó una mano para tocar su fuerte mentón con la yema de los dedos, sin despegar la mirada de sus ojos bañados en brillante plata.
Neji carraspeó muy suavemente. -Se está volviendo buena en esto... -pero ella no supo a que se refería, porque, elevando un poco la cabeza, lo besó, y Neji apenas susurró un "demasiado buena" antes de inclinarse, profundizando apenas un poco.
Se besaron lentamente, con calma, tranquilos. Y Hinata sintió que, cosa de locos, los latidos de su corazón iban rápido y despacio a la vez. Su beso fue dulce, se acariciaron los labios, consumieron sus propios alientos y se mordisquearon con suavidad. Tan delicioso, tan lento, tan íntimo...
—No tiene que preocuparse por nada —la voz de Neji le sonó ahogada, mientras lo observaba entre el suave velo de sus pestañas, parpadeando lentamente, soñadora mente hacia él. -Cualquier hombre la querrá como esposa.
Ella asintió, embelesada. ¿Eran sus palabras las que calentaban su corazón? ¿O era su mirada ardiente?
—Pero escúcheme bien —el hermoso rostro de hombre se oscureció levemente al hablar. -un hombre debe hacer arder a su mujer cuando la besa. Si no lo logra, si usted no siente, aunque sea, las cosquillas de hace un momento entonces él no es digno de estar ni en su mente, ni en su corazón, ni en su cama.
Él la miró, esperando respuesta. —¿Entendido?
—Sí, sensei.
Esa noche, recostado en su propia cama, el hombre más letal del clan Hyüga suspiró profunda y sentidamente, atormentado. El antebrazo le cubría los ojos grises que habían hecho temblar a tantos enemigos en el pasado, pero que ahora sentía completamente averiados, completamente inútiles e inconvenientes. Malditos ojos, y maldita línea sanguínea: ¿Por qué, por los mil infiernos, aun tapándose la vista, seguía viéndola?
Hinata-sama…
Esos labios rosados y llenos, esas mejillas encendidas, esa mirada tímida, ese timbre dulce en su voz, esa risa de campanitas, esos besos ardientes, esa piel suave y lisa, esa figura tan pecaminosamente femenina y esas curvas tan marcadas que había sentido, una por una, bajo su cuerpo…
Se sentía físicamente atraído por ella. La deseaba. Punto. No tenía sentido negárselo.
En la mañana, se había sentido un imbécil por haberle dado un regalo tan estúpido, y se vio sorprendido de lo mucho que eso le había dañado el humor durante la mayor parte del día. En la tarde, incluso, había pensado en dejarla plantada en su jardín… Plantada de "dejarla esperando", no plantada de "enterrarle los pies en la tierra", pero eso habría sido algo totalmente injusto e inmaduro, porque qué culpa tenía ella de que él se hubiera decepcionado tanto de su reacción a su regalo si la que seguramente debía sentirse decepcionada era ella.
Cuando llegó, la vio leyendo el libro y eso lo irritó aún más consigo mismo, porque era obvio que no le iba a servir para nada. Es más, ella en toda la tarde no había hecho ningún comentario sobre el contenido, Neji había estado esperando al menos eso, pero no sucedió, así que él simplemente se concentró en su katana, el distractor más efectivo de su amargura.
Luego, ella le había comenzado a hacer preguntas ridículas sobre el amor, e incluso -no recordaba cómo- se había tocado el tema de Naruto y eso… eso no ayudó a mejorar su humor.
Estaba frustrado.
Pero cuando ella -Neji pasó saliva-, cuando ella le había empezado a hablar del volcán en su interior y de su ridículo temor por ser alérgica a los besos, se había ablandado totalmente… Si se hubiera tratado de una mujer distinta, él habría pensado que era tonta y quizás la hubiera tratado con frialdad, convencido de que ella, quienquiera que fuese, estaba usando una treta femenina para cumplir un fin oculto; pero se trataba de Hinata, y ella… ella era tan genuina, tan patética y adorablemente inocente aún… A veces lo olvidaba, el hecho de que había sido tan absurdamente protegida y que había crecido ajena a mucha información que la mayoría de las personas adquirían en la más tierna juventud. Hinata estaba insegura de su sensualidad, porque nunca había podido tener las interacciones normales que se dan en la adolescencia, y su personalidad tímida sólo dificultaba más su acceso al conocimiento. Ella sobrepensaba sus sensaciones y sus sentimientos, preguntándose todo el tiempo si las demás personas sentían de igual manera que ella cada nueva experiencia. "Un volcán", casi rio, ella quería saber si a todas las personas les quemaba el deseo al besar, y él…
Él casi podía sentirse culpable de haberse reído, y de haber manipulado la situación. Casi.
La deseaba. Con fuerza.
La deseó con intensidad esa tarde, mientras la besaba, mientras jugaba, y mientras le subía la blusa sin que lo notara. La deseó con una bravura inhumana cuando se deslizó sobre la piel de su abdomen, cuando lamió su ombligo y, luego, cuando sintió con la boca la piel erizada de sus caderas… Como una ráfaga, le había llegado la idea de bajar un poco más, de deslizar la tela de sus pantalones holgados, de seguir besando, olfateando y lamiendo más y más abajo… Pero se empezó a reír e incluso la deseó mientras se revolvía junto a ella en el pasto llenándola de cosquillas.
Dios, la deseaba en ese mismo momento, mientras deslizaba la mano entre sus propios pantalones, recordando la forma en que ella había gemido su nombre al sentir la humedad de la lengua que penetraba ansiosa el orificio de su ombligo; recordó la forma en la que apretó sus manos entre su cabello castaño y la manera en la que la había sentido tensarse de placer…
"Neji-niisan".
Pensó que en Hinata la idea de placer y su nombre siempre iban a estar entrelazados, y sintió un extraño orgullo por ello. ¿Sería tan malo? Ella era ignorante en ese campo, y él… él tenía mucho que enseñar…
¿Qué hubiera pasado de haber continuado el recorrido hacia el sur, si hubiera enterrado el rostro entre sus piernas y le hubiera demostrado todo su ardor? ¿ella se hubiera negado? ¿qué habría sucedido si hubiese perdido la razón… y la hubiese despojado de sus prendas, si la hubiese tenido desnuda, sudorosa y excitada sobre el prado…?
Gruñó, sintiéndose culpable y tan duro como una roca. No. Era Hinata. Su dulce y tierna prima. La heredera de su clan, una mujer decente y respetable, que merecía más que unos calambres de gozo, más que unos besos ardientes y minutos de placer; que merecía adoración y devoción, absoluta, un amor aplastante además de una pasión ardiente…
Y que definitivamente no merecía que su primo, en quien tanto confiaba, estuviera a media noche, jalándosela como un adolescente caliente, totalmente ensimismado y pensando en ella.
No lo merecía, lo sabía, pero igualmente no se detuvo.
Y esa noche, cuando explotó y el semen espeso manchó sus sabanas, Neji gimió su nombre (Hinata…) agónicamente con éxtasis, imaginando el gemido análogo y femenino en su mente, que se reproducía al mismo tiempo: "Neji-niisan".
Hello a todos. Estoy de vuelta. Espero con el corazón que este capítulo sea de su agrado, estoy muy nerviosa por leer sus opiniones. Les quiero agradecer con el alma tanto cariño, paciencia y lealtad. Son gente maravillosa y los amo mucho.
