¡Buenas madrugadas! Oh, sí, al fin me manifiesto XD Sé que he estado desaparecida, pero aprovechando que estoy en casa unos días, pues me impuse de reto escribir capítulos de mis historias que están actualmente en "emisión". Y heme aquí con la de Diamond no Ace *O*9 ¡Qué disfruten y nos andamos leyendo después! Matta ne~

*Agradecimientos a Rokudo Sayuki por darle Fav y follow a mi historia :D Se agradece enormemente.

Capítulo 11

Sign

Para su hora de receso había optado por estirar un poco las piernas y deambular un rato por los jardines escolares para distraerse y olvidarse de las cansadas clases que había tenido ese día. Y como no tenía mucha hambre se bastaba con el jugo que llevaba en manos.

—Hmp…No ha querido darme su número de teléfono…—chasqueó la lengua y mandó directo la caja vacía al bote de basura—. Sora puede ser tan terca.

Avanzó hasta llegar a la parte trasera de los salones de primer año, ya que generalmente era un buen sitio para pasar el rato y no ser visto por los alumnos o algún profesor cotilla. Aunque por lo visto no había sido el único que pensó en ello.

—Pero si es…—se quedó ahí de pie, observando la escena. Conocía de antemano esa clase de comportamiento y lo que sucedería en cuanto esa chica quisiera escapar—. Será mejor que vayan a molestar a otra parte —dirigió sus palabras a esos cuatro con caladora hostilidad.

—¿Y quién se supone que eres para meterte en nuestra conversación? —habló aquel alto estudiante de tercer curso, cuya mala cara no cautivaría a ninguna mujer.

—Acaba con él, Onitsuka —agregaba el más bajito de todos tras una risotada.

—¿No es Kuramochi Youichi de segundo año? —uno parecía conocerle al menos.

—Ciertamente —completó un cuarto.

—¿No creen que es bajo asediar a una chica como lo están haciendo? —tenía su historia y no iba a intimidarse solamente porque le superaban en número. Sabía pelear, mucho mejor de lo que esos sujetos podían siquiera imaginarse.

—…Es el amigo de Sora…—susurraba la pelirroja.

—Terminaremos en lo que estábamos cuando acabemos con este bocón.

—Oh, se ven muy seguros de sí mismos —esa sonrisa cantaba la victoria absoluta, inclusive cuando ni siquiera se habían puesto a medir sus fuerzas contra ellos. Lo cual no hizo más que irritarles.

Youichi no sólo era buen beisbolista, sino también era capaz de destacar en otros ámbitos. Tales como encuentros cuerpo a cuerpo. Que por algo había sido catalogado como un chico problemático en su escuela secundaria.

—Más habladores no pudieron ser —no se había siquiera despeinado. Al menos algo bueno surgía de usar a Sawamura de saco de boxeo todos los días.

—I-Increíble… ¡Les has dado a todos! —Funaki estaba asombrada. No se esperaba que el chico supiera defenderse de tal modo.

—No deberías a acompañar a sujetos como ésos a sitios como éstos —no era un regaño como tal, pero Miu lo sintió así.

—No vine por voluntad propia, que lo sepas —aclaró—. Y cuando me di cuenta ya no pude escapar.

—Pues sé más cuidadosa.

—Apenas y te conozco, ¿y me andas regañando? —objetó. Allí estaban esos bonitos ojos suyos atravesando por completo a Kuramochi.

—…Soy Kuramochi Youichi —se presentó, de nuevo. Era por si no recordaba su nombre.

—Ya lo sé. Sora me ha hablado de ti —y tampoco tenía tan mala memoria para no recordarle—. Por cierto, muchas gracias —si él no hubiera aparecido, no sabría con certeza qué le hubiera pasado.

—Descuida —le restó importancia a su acto—. ¿No deberías estar desayunando con ella?

—¿Te refieres a Sora? —él asintió—. Se ha ido a desayunar con Tetsuya.

—No me sorprende.

—Por cierto, ¿quieres que intercambiemos números telefónicos?

Existían numerosos motivos por los cuales alguien como Kuramochi podría estar de tan buen humor iniciando la práctica. Y uno de ellos, conocido por todos los jugadores de Seidou, era meterse con Sawamura cada que tenía oportunidad. Sin embargo, ni el castaño era el motivo de su regocijo y para asombro de todos, se encontraba tratándole como el ser humano que era; ni siquiera lo había apaleado en lo que llevaban de entrenamiento.

—¿Qué creen que le suceda a Kuramochi-senpai? —no es como si el castaño fuera masoquista, pero tenía miedo de que se las estuviera juntando todas para cuando menos lo esperara.

—¿Tiene algo de malo que se esté comportando así, Eijun-kun? —preguntaba Haruichi tranquilamente. Ambos se encontraban corriendo energéticamente antes de dar comienzo con la práctica de bateo.

—Por supuesto que lo es —replicaba—. ¿No lo crees así Furuya? —el pelinegro asintió.

—Es extraño.

—Menos charla, más acción —hablando del Rey de Roma. Allí estaba, metiéndole duro al calentamiento y adelantándose a todos; no por nada era el corredor más rápido de todos.

—En serio, ¿alguien sabe qué lo trae tan motivado? —Maezono también se lo preguntaba. Y seguramente otros más.

—Ha estado actuando de ese modo desde hace unos días para acá. Aunque hoy parece mucho más entusiasta…—Miyuki no se quejaría. Había tenido mucha paz en los días en que Youichi empezó a comportarse un tanto raro.

—¡Se están viendo muy lentos chicos! —cuando todos apenas iban, él ya estaba de regreso. ¿Qué tanta energía tenía? Era un enigma.

—¡¿Pero qué diablos le ha picado?! —Sawamura ya estaba preocupándose—. ¡¿Es que no les da miedo que se comporte así?! —todos simplemente suspiraron al unísono. A veces ese pitcher exageraba.

La hora de la comida posiblemente fue lo que dejó a más de uno con la boca abierta. Es que no lograba explicarse un par de cosas; la primera, ¿con quién parecía estarse escribiendo ese hombre? Segundo, ¿de quién era ese teléfono? Hasta donde todos sabían, el del peli verde había muerto por la patria en uno de los entrenamientos.

—Me pregunto…a quién le estará escribiendo —para Eijun era el momento de cobrarse las intromisiones que Kuramochi había tenido al responderle los mensajes a Wakana.

—No deberías hacer eso…—le advirtió con tiempo Kominato.

—M-Maldita…sea…—los deseos del pitcher se quedaron meramente en eso. El corredor en corto le había propinado un buen golpe para que se quedara quietecito y con la cara sobre su tazón de arroz.

—Tsk… Se le ha acabado la batería —dejó el pequeño aparato a un lado y prosiguió a comer sus sagrados alimentos. En definitiva todos empezaron a cuestionarse quién era ese hombre y dónde estaba el ruidoso oriundo de Chiba.

—Supongo que es una etapa…—comentaba Toujou.

—¿En verdad lo crees? —a los ojos de Kanemaru ese asunto iba para largo.

—Mientras no nos afecte para los siguientes juegos, estaremos bien —agregaba Kazuya con burla. Debía admitir que sentía un poco de curiosidad sobre lo que estaba provocando ese cambio de comportamiento en el moreno.

—Si fueran más observadores sabrían la razón que tiene así a Kuramochi-kun —la fémina voz de Umemoto captó la atención de los que aún quedaban en el comedor en cuanto entró en compañía del resto de las managers del equipo.

—Nunca imaginé que él tuviera un lado como ése —sonreía Yu al mirar al tranquilo joven.

—No deberíamos estarles contando eso chicas —habló Haruno con cierto recelo. Sus dos amigas solamente le sonrieron y le guiñaron el ojo.

—Sí, deberían respetar la privacidad de los demás —esas tres chicas callaron. ¿Pero cómo no hacerlo? Que ella le defendiera era inconcebible; no cuando conocían las riñas que tenían desde que cruzaron palabra.

—Sora-chan —Yoshikawa estaba feliz de recibir el apoyo de alguien—. Yo estoy contigo.

—…Ya te dije que no me llames así…—suspiró cansadamente la pelinegra.

—Al parecer a Kuramochi-kun le gusta una chica. Y está esforzándose mucho ya que ella viene a ver las prácticas todos los días —Sachiko no era precisamente una tía chismosa, pero era un momento único que quizás no se repetiría en mucho tiempo.

—¡¿Eh…?! —exclamaron todos por igual, con el asombro estampado en sus rostros y sin dejar de mirar al aludido que los ignoraba campalmente.

—Tal como lo oyeron —secundaba Natsukawa.

—….¿Cómo terminaron las cosas de este modo?¿Por qué fui tan descuidada…? Eso me pasó por sacarle la vuelta en cuanto lo vi con mi hermano…

—¿Crees que podrías cargarlo? Me he quedado en medio de una conversación muy interesante —la pelinegra vio el celular siendo entregado en sus manos en cuanto el chico se puso de pie con dirección hacia ella. Hasta le sonreía socarronamente indicándole que era una petición que debía ser cumplida en la brevedad posible.

—…Me niego rotundamente —era ahora o nunca.

—¿Ah sí, cómo era? —fingió como si de verdad estuviera tratando de recordar algo sumamente importante—. Oh, creo que fue durante octubre que tú hiciste esa bo- —esa boquita ya no hablaba más. Ahora se encontraba tapada por las manos de Sora.

—…Estará listo en dos horas…—estaba que ni el sol la calentaba, pero no podía simplemente poner a Kuramochi en su sitio. No, tenía todas las de perder y no podía arriesgarse—. Es mucho más perverso que el mismo Miyuki…Le he subestimado…

Todo se hizo silencio en cuanto vieron que esa chica iba a hacer lo que el moreno le dijo sin chisteo alguno. ¿El mundo estaba loco o qué?

—Has estado haciendo un buen trabajo, Sora —le felicitaba cínicamente Kuramochi—. Y no olvides lo que te he pedido.

—…Ya me largo…—la oji gris trasladaba su humanidad hacia la salida del comedor. Ya no quería saber nada de la escuela, del equipo de béisbol o de la gente.

—…La está chantajeando…Indudablemente lo está haciendo…—fue la sabia conclusión grupal.

La vida no era demasiado buena como para dejar que su pequeño martirio personal se limitara a la escuela y las practicas. No, también debía de haber un poco de eso en su propio hogar a manos de sus dos queridísimos hermanos que parecían estársela llevando muy bien con la pelirroja que se les había unido a la hora de la cena.

Así que huyó a su habitación. Una pena que alguien decidiera quedarse a dormir ese día con ella.

—Gracias a ti mi vida es un infierno —ya estaba bien metida en su cama. Miu por su lado se encontraba poniéndose quién sabe qué cosas en la cara mientras peinaba su cabello—. ¿Por qué tenían que mostrarle Tetsu y tú ese vergonzoso vídeo? —recriminó.

—Es tu culpa por no borrarlo —se sentó en la esquina de la cama. Ahora era el turno de pintarse las uñas—. No debiste de haberlo grabado en un principio.

—¡Yo no fui! Fue el mismo Tetsu quien lo hizo —se quejó, otra vez.

—¿Te imaginas lo que pasaría si los miembros del equipo lo vieran? Bueno, deja eso, los de la clase misma —¿por qué se escuchaba como que si se estuviera divirtiendo con su desgracia?—. No se pueden imaginar la clase de persona que puedes llegar a ser en verdad —alguien debería mantener el pico bien cerrado si quería que esa mascarilla tuviera los efectos deseados.

—¿Dijiste algo? —se hizo la occisa tras haberle arrojado esa almohada directo en su bonita cara.

—¡Sora, me has arruinado la mascarilla!

—Dudo que funcionen de todos modos —se excusó, girándose en sentido contrario a la joven—. Además, ¿por qué rayos le diste tu número de teléfono a Kuramochi?

—¿Eso que escucho son celos? —preguntó muy divertida.

—Tú no sueles hacer esa clase de cosas a menos que te interese el chico —y allí está de nuevo, enfocando su atención en la pelirroja—. Y sé que él no es tu tipo.

—Bueno, bueno, a veces las personas cambian —Sora no estaba nada convencida con sus palabras—. Digamos que me impresionó un poco —alegó—. ¿Por qué rayos me sigues viendo con desconfianza?

—Mmm…

—En cuanto su celular quede reparado, te devolveremos el tuyo —prometió—. Igual nadie te escribe ni te marca. Por lo que no tienes nada de qué preocuparte —esa sonrisa destellante, casi de comercial, le crispaba los nervios a Sora.

—De verdad que no entiendo lo que estás pensado.

—Tú deja de preocuparte. Todo saldrá bien.

—Es difícil asegurarlo considerando tu fama —la oji verde infló sus mejillas en sinónimo de indignación total.

—Tenme un poco más de fe.

—Yo tengo límite, ¿sabes? —suspiró fatigada—. Denme un respiro.

—¿No me digas que te está chantajeando? —sonrió, de nuevo, pero muy divertida—. Tiene agallas. Le daré puntos por eso.

—¿Por qué te oyes como si le alabaras por ello? ¿En qué momento pasé a ser el centro de su diversión?¿Por qué parece que congenian tan bien?

—No creo que suceda nada malo.

Si ella le pidiera borrar ese vídeo y nunca más mencionarlo, sé que él lo haría con tal de quedar bien. Pero conozco a Miu y sé que pierdo mi tiempo… Lo peor es que ahora hasta Miyuki se une a su disfrute. Maldigo el momento en que me metieron a esa escuela.

—Por cierto…¿le has regalado algo por su cumpleaños?

—¿A quién?

—Vamos, no te hagas la tonta…—Sora se limitó a darle la espalda de nuevo—. ¿No me digas que lo has estado evitando todo este tiempo? Van en la misma escuela, te recuerdo.

—…¿Acaso importa?

—Supongo que no. Si tú estás bien de ese modo, no creo que interese lo demás —al fin concluyó con sus uñas y ahora se disponía a limpiar su cara—. Se me olvidaba decirte, pero…hace unos días mandé a tu correo las fotos que nos tomamos en el viaje escolar de quinto de primaria. ¿Recuerdas? —oh, esos buenos tiempos—. Las vi y me dio mucha nostalgia. Sé que no las tenías, por eso te las he pasado. Hasta sale el tonto de Ohsaka.

—Vuélveme a repetir lo que has hecho…—mandó a volar las cobijas y se había aproximado hasta esa descarada amiga suya—. ¿Te das cuenta que mi correo es de acceso total en mi celular y que la persona que lo tiene en estos momentos es Kuramochi?

—Pero si nos vemos terriblemente monas allí.

—¡Ese no es el problema, tonta!

—Mañana saliendo de clases vayamos por un parfait. ¿Te parece bien?

—…Ese momento en que a nadie le importa lo que piensas o sientes…Me pregunto por qué sigo llevándome con personas como ella…—sabía que no era la mejor persona del mundo, pero no recordaba haber hecho algo tan malo como para tener que venir a pagarlo todo en Seidou.

Miyuki había estado disfrutando enormemente de no tener a ese ruidoso jugador echándole carrilla durante los recesos o a la hora de las prácticas. Incluso había logrado tener conversaciones normales con Sora; quien casi siempre terminaba regresándole sus asertivos comentarios. Y si las cosas marchaban tan maravillosamente, ¿por qué se sentía extraño? Ahora hasta las aguas se habían calmado con respecto a Maezono.

Y haciendo a un lado la mala leche del entrenador Ochidai, todo marchaba perfectamente bien dentro del equipo.

—¿No crees que ya has limpiado demasiado esas pelotas? Estás que les sacas brillo —comentó Kazuya en cuanto salió del comedor en dirección a los dormitorios y se encontró con esa chica que todavía continuaba con el balde de pelotas.

—¿No es raro el comportamiento de Kuramochi? —cuestionó desde su cómodo asiento en el suelo.

—Se me hace más extraño el tuyo —inquirió burlesco con esa reluciente sonrisa, incitando a la chica a que le respondiera hostilmente—. ¿Uh? —ni la más pequeña de las reacciones se hizo presente. Hasta juraba que le aventaría una pelota, pero nada.

—…Podría ser cierto. A este punto todo es factible.

—¿Me estás dando la razón…? —¿quién era esa de allí y dónde estaba Yuki Sora?¿Dónde?

—Quizá…

—¡Decídete!

—¿Has hecho algo de lo que te has arrepentido enormemente? —le preguntó, viéndole desde el rabillo del ojo.

—…No en realidad… ¿Tú sí?

—…Haberlos presentado…Ese ha sido uno de los grandes errores de mi vida…—si no lo hubiera hecho ahora mismo tendría su celular, no estaría siendo chantajeada y no tendría que soportar a ninguno de esos dos por separado.

—Pues eres la única que se queja —nada como burlarse un poco de su desgracia. Y claro, reír tampoco estaba de más.

—…Tal vez a ti también debería presentarte a alguien a ver si pasa lo mismo —dijo tan claro y fuerte para que le escuchara.

—…Si quieres puedo ayudarte a recuperar tu celular…—Sora creyó que había oído mal. Sí, tenía que ser de ese modo. Ya que bajo ningún otro precepto Miyuki Kazuya se dispondría a ofertarle una mano ayuda—. ¿Por qué presiento que no me has creído?

—Mejor dime qué quieres y deja de burlarte de mí.

—Pero qué desconfiada eres —su mirada incitaba a cualquiera a creer en sus palabras, pero esos labios curvados en una socarrona sonrisa, hacían desistir de tal suicidio—. Estoy hablando en serio.

—¿Qué es lo que ganas con todo esto?

—¿Te han dicho que siempre estás muy a la defensiva? —rio un poco y se cruzó de brazos—. Si quieres recuperar tu celular, la única opción es cuando esté jugando. Cuando está metido en ello, se olvida de todo…Es la oportunidad ideal para tenerlo de vuelta.

—…Sawamura me contó lo que le hiciste en su primer día. Así que no me fío de ti.

—Creía que querías recuperar tu libertad —Yuki deseaba dejar de estar en medio de esos dos y regresar a su vida normal. ¿Pero estaba bien dejarse convencer por la labia de Kazuya? Que por algo era un zorro astuto de cuidado.

—¿Cuál es el plan?

Sí, el día acordado llegó pero no se imaginaría que las cosas terminarían dando un vuelco como ése. Se supone que el plan consistía en una sesión amigable de videojuegos para que Kuramochi se distrajera un poco y se desentendiera del celular el tiempo suficiente para quitárselo. Pero entonces, ¿cómo es que la reunión había pasado del dormitorio del peli verde a la sala de su casa?

Lo único que sabía es que ya había sido mandada a la cocina por bebidas y botana.

—…No debí mencionar que en casa tenía un televisor más grande que el que tenía en su habitación…—llenó la charola de frituras. Inclusive ahora se limitaba a servir soda en cada vaso.

—Vamos, deberías poner mejor cara. Pronto lo recuperarás —allí estaba el vago de Miyuki a la entrada de la cocina, mirándole divertido mientras llevaba sus manos hasta los bolsillos delanteros de su pantalón. Seguramente era el único que se la estaba pasando a toda caña.

—Hasta el momento no he visto que lo suelte —bueno, de todos modos apenas estaban conectando todo ese mundo de cables y ajustando el vídeo.

—Ten un poco de paciencia.

—Para ti es fácil decirlo —pero como modo de agradecimiento por su buena voluntad le dio la charola de papas—. Sé un buen capitán y llévales algo de comer a tus lindos kouhais.

Y en cuanto empezaron a jugar, a lo único que esos hombres ponían atención era a la pantalla y a los controles de la consola y obviamente a la comida. Por lo visto Miyuki no la había timado en lo más mínimo.

Kuramochi había hecho polvo al pobre de Sawamura antes de que el segundo round llegara. Haruichi lo había intentado pero se lío por completo con los controles y no resultó ser un digno rival para el invicto vencedor. Furuya pese a lo serio que se veía lo estaba haciendo bastante bien para no tener experiencia en ese campo y de alguna manera eso mosqueaba un poco a Eijun; quien pedía un combate uno a uno contra el pelinegro.

—…De verdad que se concentra cuando se pone a jugar…—Sora permanecía a una distancia prudente de esa panda de ruidosos chicos, observando cuidadosamente los movimientos de Youichi, él era su objetivo después de todo—. Al menos lo ha sacado de su bolsillo…—ese doloroso dilema de tener su celular demasiado cerca pero al mismo tiempo, tan lejos.

—Ey Miyuki, ¿estás seguro de que quieres intentarlo? La última vez te di una buena paliza.

—Ya he visto de qué va. No te será tan fácil como en ese momento —las primeras veces que jugó contra él le ganó vilmente. Pero a través de sus derrotas le había cogido el truco a los controles; y ahora ya no la tendría tan fácil como en ese momento.

—¿Qué te parece si lo hacemos más interesante?

—¿A qué te refieres? —ya tenía el control en manos. Hasta estaba sentado al lado del peli verde mientras el resto observaba.

—Una apuesta —¿qué era eso que lo hacía sonreír como si fuera un pequeño desquiciado?

—¿Y qué se supone que apostaremos? —Kazuya estaba totalmente seguro de sus habilidades. Esta vez lo derrotaría.

—El que gana hará todo lo que el otro diga por un día entero…¿Qué te parece? —todas las miradas se trasladaron hacia el de gafas. ¿Aceptaría o lo rechazaría? Sabía que no lo dejarían escapar.

—Mmm… No lo sé…—para él ganar era más que suficiente.

—¿No me digas que tienes miedo?

—Por supuesto que no —Kazuya presentía que algo tramaba y no quería verse arrastrado por ello.

—Serán cuatro rondas. Cada una de ellas será de un juego diferente…Y todos los has jugado anteriormente…¿Simple no lo crees?

—¿Por qué no? —había un problema cuando se consideraba que ambos gustaban siempre de dar lo mejor de sí y ser sumamente ambiciosos cuando de obtener la victoria se trataba. Esa tan buena calidad podría estarles condenando mutuamente.

—¿Estás seguro de lo que has hecho? —Yuki se había acercado hasta el confiado capitán.

—Ninguno de esos juegos es difícil y ya les he pillado el truco —informó—. Así que será pan comido.

—¿Tan confiado estás de tus habilidades? —no es como si le importara que el castaño mordiera el polvo. Pero algo muy dentro de ella le decía que debía asegurarse de que Kazuya ganara si no deseaba estar metida en un embrollo; porque conocía a Kuramochi y sabía que a algo se debía esa maquiavélica sonrisa que intentaba ocultar la risilla que se le escapaba ocasionalmente de los labios.

—Esto será pan comido —fue su comentario alentador.

—Tengo un mal presentimiento sobre todo esto…—sus grisáceas pupilas miraban en dirección al televisor mientras la masacre daba inicio.