¡He vuelto después de haber estado ausente por dos meses! Digamos que entre el trabajo, otros fandoms y mi inestable inspiración, pues tuve abandonada esta historia. Pero el cielo me iluminó y logré escribir algo decente y que espero que les guste :'D Antes de despedirme, agradezco a RuneDokusoteki y Artemisa93 por agregar mi historia a favoritos. ¡Ahora sí, disfruten y nos leemos después!

*Cote.- Gracias por leerme y dejarme tu comentario OwO9 Y sí, mis historias son lentas cuando de amor se trata =_=U Pero qué bueno que no la tiraste y continuaste hasta ahora. Estoy segura de que te gustará el capítulo de hoy jojojo. Saludos desde México.

*Cool Watermelon.- Agradezco que hayas leído mi fic y te tomaras tu tiempo para comentarla :D Jajaja ¡Y es la primera vez que me dicen que mi historia tiene la onda y es chevere! Pues nada más que decir que disfrutes la actualización.

Capítulo 15

Face of Fact

—¿Qué es lo que se supone que hagamos ahora? —fue la pregunta arrastrada que emitió Sora tras la ruidosa salida del cuarto corredor.

—Ya no hay nada que podamos hacer…—suspiró con resignación forzada el castaño. ¿En qué momento pensó que toda su vida podía complicarse aún más?—. Te dije que te marcharas cuando todos se fueran del campus.

—Es lo que iba a hacer, pero…el cansancio terminó venciéndome y me dormí sobre el suelo —sus momentos bochornosos eran pocos, pero consideraba como al peor el que había vivido en la habitación del castaño.

—No imaginaba que fueras tan delicada con las desveladas —siseó, viéndole de soslayo. Estaba burlándose de su fragilidad.

—Al menos intenta disimular que estás disfrutándolo —estipuló frunciéndole el ceño—. Aunque vaya a golpearlo y destruya su celular, el daño está hecho… A este punto esas fotos deben estar en los celulares de cada miembro del equipo de Seidou —lamentarse era lo único que estaba a su alcance—. Y cuando esos tontos nos vean, entonces…—no quería imaginárselo pero su cabeza ya estaba haciéndolo de manera automática.

—Simplemente ignóralos… Con eso dejarán de molestar —para alguien como Miyuki pasar por situaciones problemáticas y cardíacas ocurría muy segido dentro de la cancha de béisbol, por lo que podía lidiar con ello en su vida cotidiana y buscar la mejor solución.

—No todos somos tan infames y desinteresados como tú —recriminó.

—¿Por qué estás atacándome ahora, eh? Después de que te ayudé a que no durmieras en la calle —decía con altanería. Sora se abstenía de callarle con un buen gancho al hígado—. Estoy seguro de que quieres golpearme, ¿verdad?

—¡Deja de regocijarte, cabeza de chorlito!

—Vamos, vamos, si te enfadas solamente harás que él disfrute con lo que ha hecho… No le des ese gusto —recomendó.

—Bueno, en eso tienes razón…—si lo pensaba calmadamente era una buena opción—. Si hacemos como si realmente no importara que él levante un chisme nuevo sobre nosotros, entonces dejará de ser divertido…Se frustrará y nos dejará en paz de una buena vez por todas.

—Exactamente.

—¿Qué haremos si eso no funciona?

—Ah, entonces tienes todo mi permiso para golpearlo.

—Bien, esa voz me agrada —tomó sus pertenencias y se dirigió hacia la puerta. El momento de irse y confrontar la realidad había llegado al fin—. Por cierto, te toca cuidar a Carolyn este día —señaló al pequeño animal que ya estaba durmiendo plácidamente sobre la cama del cátcher.

—¿Y tu faceta de madre responsable?

—La he estado cuidando desde que la profesora nos la dio. Así que ya va siendo hora de que te encargues tú —indicó, enterrando su dedo índice en el pecho del castaño un par de veces—. Si crees que serás un padre irresponsable, estás muy equivocado.

—B-Bueno, ¿si sabes que entreno prácticamente todo el día, verdad? No tengo tiempo para cuidar de esa rata peluda.

—Pues tendrás que encontrar un modo de organizarte para hacerlo —claramente sus excusas no iban a servir de nada contra alguien como ella; pero al menos lo quería intentar—. Si le pasa algo lo lamentarás —nada como una dulce amenaza antes de irse de allí.

¿Por qué me están pasando cosas como estas a mí?¿Por qué de todas las madres que te pudieron tocar tuvo que ser una como ella? —y por breves segundos sintió que el tierno animal le miraba con compasión—. Dame un respiro tú también…

¿Desde cuándo su celular se había vuelto tan escandaloso cuando no recordaba que él fuera tan solicitado o que hubiera tanta gente que contara con su número de contacto?¿Por qué ni siquiera el modo silencio parecía ser suficiente para hacerlo sentir en paz? Tal vez porque ya podía sentir en qué momento le llegaban esos numerosos y graciosos mensajes, tal vez porque tenía frente a él a la persona que compartió su número telefónico con todos los miembros del equipo.

Sí, desde aquel incidente desafortunado donde las circunstancias se malinterpretaron, el caos se desató. Y aunque sus compañeros de equipo no le decían las cosas en persona, lo hacían de manera indirecta y a través de mensajes de texto.

—¿No es grandiosa la tecnología? —decía casualmente Youichi desde su lugar mientras curioseaba en su celular sin mucha importancia—. La manera en que esta nos conecta a todos y así.

—Supongo que la gente ociosa y con mucho tiempo libre, piensa como tú —él se había mantenido en una posición conservadora, sin caer en las provocaciones del peli verde y tomando los mensajes con mucho humor y diplomacia; sí, su actitud estaba empezando a cabrear a cierto alborotador.

—Incluso ella ha sabido manejarlo bien…—chasqueó la lengua con enfado. ¿Por qué tuvieron que ponerse de acuerdo para arruinar su diversión?—. Creo que es más efectivo molestarla con ese bochornoso vídeo —sonreía con malicia. Tenía que desquitar su fracaso con alguien.

—Iré pensando en quién podría ocupar tu posición de ahora en adelante —comentaba con una sonrisa cínica y él lo supo de inmediato que no dudó en ponerse de pie y tomar al pobre Miyuki del cuello de su camisa—. Dijo que te golpearía como a un pedazo de carne si continuabas haciéndole esas bromas de mal gusto… Y creo que hablaba en serio —es que en sus pupilas se percibía ese enorme regocijo que le albergaba de sólo imaginarse aquel cuadro.

—¡Maldito seas, Miyuki!¡Y olvídate sobre lo de conseguir otro cuarto corredor!

—¿Ya tan temprano y estás de ruidoso, Kuramochi? —el peli verde sintió un escalofrío recorrerle todo el espinazo, provocándole que liberara al cátcher en un santiamén—. ¿Te he asustado?

—H-Hoy…te ves bastante bien, Sora —elogiaba con temor el muchacho a la joven que traía su cabello recogido en una trenza intercalada—. Ahora que lo pienso siempre traes un peinado diferente cada día.

—Llenándome de halagos no harás que te perdone por todo los problemas que me has causado —se sentó con una tranquilidad que inquietaba a esos dos jugadores; por alguna razón sentían que su vida peligraba.

—¿T-Te…ha pasado algo? Siento que estás de muy mal humor.

—Y-Yo he cuidado muy bien al cobayo —y efectivamente el animalillo se asomaba desde el maletín de Kazuya más que lleno de vida y entusiasmo.

—¿Alguno de ustedes dos conoce a una tal Iwao Ritsuka? —se limitó a preguntar sin voltearles a ver. Incluso había sacado su libro de la primera hora y su lapicera.

—Ah…¿Alguna artista famosa que tanto les gusta a las chicas como tú? —se aventuró Youichi.

—¿Saben cuál es la relación que guarda esa chica con nosotros tres? —volvió a cuestionarles.

—¿Qué vamos en el mismo salón de clases? —expresaba Kazuya.

—No…—depositó esas frías y grisáceas pupilas en esos dos, como si quisiera desaparecerlos de la faz de la Tierra ahora mismo—. Esa chica me abordó antes de entrar a la escuela y me ha dado esta carta —mostró la prueba de delito que ya había sido abierta—. ¿Y saben lo qué ponía adentro?

—¿Una carta de amor? —se atrevió a concluir Kuramochi—. Veo que estás siendo popular dentro de tu mismo género.

—Cállate que todo esto ha sido por tu culpa —musitó secamente. El pobre muchacho se quedó completamente quietecito—. Esta tal Iwao me ha desafiado a un reto por la cosa más ridícula jamás imaginada.

—¿Y esa sería…? —el peli verde siempre tan cotilla.

—…Por Miyuki…—el castaño se quedó a cuadros sin saber cómo responder a lo que acababa de escuchar y el moreno no dejaba de mirar al aludido como si quisiera cerciorarse de que existían personas en el mundo capaces de armar un arguende por alguien como él; es que tenía que estarse volviendo loco.

—¿Ah…?¡¿Ahhhh?! —fueron las exclamaciones que salían de la garganta del cátcher. Es que él tampoco se lo creía; sentía que estaban haciéndole una bromita.

—¿Pero qué clase de loca pelearía por un pedazo de carne como este?¿En qué mundo vivimos actualmente?¿Qué tiene de bueno un cretino como este que nadie reconoce si no trae puestas sus gafas? —alegaba el moreno sin dejar de observar despectivamente al capitán de Seidou—. Estoy seguro de que esa chica está mal de la cabeza.

—Pues lo ha dejado muy claro en su carta —Yuki tomó el curso de la conversación nuevamente—. Quiere que termine mi "relación" con Miyuki porque no soy una novia digna para él y que no he hecho más que perjudicar su "buena imagen"…

—Él ni siquiera tiene una buena imagen, para empezar —ciertamente Kuramochi tenía un punto en manos—. Bueno, lo de novia no lo discuto —su osadía tuvo como castigo aquel libro de texto siendo estampado contra su cara.

—También me advirtió que si no aceptaba su propuesta, ella…—guardó silencio porque su atención había sido captada por la castaña que había entrado al salón sin inmutarse de la mirada de todos y teniendo en mente una sola dirección.

—Mi nombre es Iwao Ritsuka. Voy en primer año y me gustaría que pudiéramos ser amigos y conocernos mejor —la timidez no parecía ser un atributo en la personalidad de aquella joven. De hecho sus celestes pupilas destilaban una seguridad abrumadora.

—Bueno, ahí lo tienes —murmuraba Sora para el castaño que había quedado en shock por segunda vez en menos de quince minutos.

—Bien, no sé qué decir… Esto es demasiado repentino —Miyuki no era el claro ejemplo de sociabilidad; de hecho ni siquiera era capaz de mantener una conversación casual con algún miembro de su equipo, por lo que tenerla con una completa desconocida que buscaba algo más que su amistad, era algo así como una misión suicida.

—Sé que tienes novia actualmente —la pelinegra sintió esa miradilla cargada de rivalidad sin demasiada dificultad—. Pero permíteme demostrarte que alguien como tú merece a una mejor chica a su lado y no a alguien tan violenta y ordinaria como ella.

Ey, ey, esto no tiene buena pinta… Esa chica está atacando descaradamente a Sora como si fuera cualquier cosa y ella no está tomándolo precisamente bien… Cuando más tranquila está, es peor…—es que Youichi ya tenía el don de leer la calma de la pelinegra y detectar cuándo ésta era buena o mala. Ahora solamente estaba esperando a ver en qué momento Yuki le respondía—. Aunque puede ser divertido si me pongo a pensar en lo que vivirá de ahora en adelante el idiota de Miyuki.

—Te escuchas muy segura al decir eso —intervenía Sora al fin—. ¿No crees que es de mal gusto que una chica esté asediando a alguien que ya tiene pareja? —desde su perspectiva así era—. Y creo que eso mancha un poco la imagen de "mejor chica" que quieres darle a Miyuki.

—Fuiste tú la que no quiso aceptar mi desafío.

—No tengo motivos para aceptarlo —estipuló, viéndole desde el rabillo del ojo—. Es mi novio y no tengo que estarlo apostando solamente porque tú consideras que soy poca cosa para él.

—Entonces, ¿por qué no le llamas por su primer nombre?¿Por qué eres tan desagradable con él? —le interrogó con insistencia.

—No creo que interese mucho si me dirijo a él por su apellido o su nombre… Y yo respeto su espacio personal, por eso no estoy pegada a su lado todo el día —era una respuesta concreta y que abarcaba los puntos en cuestión—. Soy una novia comprensiva.

—Esto no se quedará de este modo, Yuki —la muchacha abandonó el salón de clases dejando a ese par de tíos totalmente anonadados y a una pelinegra aún más callada que antes.

—Lo has manejado muy bien para ser consciente de la verdad —Kuramochi no recibió ningún agravio por su palabrería. De hecho estaba preocupado de que Sora no reaccionara—. ¿Sucede algo?

—¿Quieres que te suelte la rienda para que ella te haga suyo?

—¿Por qué suenas tan feliz con esa insinuación?¿Por qué parece que te lo estás pensando de verdad? —hablaba Kazuya a la jovencita que estaba mirando sus uñas, como si le buscara alguna imperfección—. ¡Al menos mírame!

—No quiero invertir tanto esfuerzo en una causa como esta donde el único que obtendrá beneficio serás tú —susurró de manera inaudible para ese par—. No obstante, no soy alguien que le guste escapar de un enfrentamiento… Ni siquiera de uno tan absurdo como este.

Las amenazas de aquella desvergonzada chica no fueron meras habladurías o algún capricho momentáneo; no, lo que ella había establecido lo estaba llevando a cabo con diligencia y la mentalidad positiva de que lograría obtener la victoria.

No solamente se encargaba de traerle diariamente desayunos caseros con una pinta excelente y un sabor bastante hogareño, sino también de irle a apoyar durante las prácticas y de hacerle conversaciones casuales antes de que las clases dieran inicio.

Sí, todos estaban conmocionados por ver a esa muchachita intentando conquistar al capitán de Seidou mientras la supuesta novia se le notaba tanto calmada como desinteresada en esa extraña que estaba intentando meterse en su territorio.

—Me sorprende la autoconfianza que Yuki-kun posee…Mira que permitir que esa niña esté tan cariñosa con Miyuki-kun…

—Yo no podría mantenerme tan serena bajo circunstancias como esas…

—Si viera que hay una chica así siguiéndole los talones a mi querido Kenta, no dudaría ni un momento en ponerle su alto y ponerla su lugar —esa clase de susurros se habían convertido en cotidianos en su vida desde que Iwao Ritsuki apareció.

—¿Por qué demonios no has hecho algo al respecto, eh Sora? —justamente lo que le faltaba a su receso, que Miu apareciera y comenzará a sermonearla.

—¿Y qué es lo que sugieres que haga?¿Que le monte una escena de celos?¿Que la lleve a los baños y le dé su escarmiento o que le tiña el cabello de naranja? —ahora sus bolas de arroz ya no sabían tan buenas como antes de que esa amiga apareciera.

—Pues es un buen comienzo —nada como apoyar el vandalismo—. Sé que buscas que él termine contigo y todo eso —le susurró al oído. Era un secreto después de todo—. Pero lo que tienes en tus manos va más allá de eso… ¡Es sobre la dignidad que tienes como mujer! —exclamó como si de repente el fuego de la pelea la envolviera—. Tú misma me dijiste que no le sacarías la vuelta. Y aunque no has tirado la toalla, lo que haces equivale prácticamente a lo mismo —la señaló con vileza, como si la juzgara como una de las peores criminales del mundo.

—Este es el modo en que peleo —argumentó.

—Olvidaba que eras así de pasiva cuando de relaciones interpersonales se trata —suspiró, intentando darse paciencia a sí misma—. Lamentablemente el mundo no funciona de esta manera, Yuki Sora.

—¿Estás aburrida, verdad? Por eso vienes a molestarme.

—No permitiré que una amiga mía pierda a su hombre por una escuintla escurridiza cualquiera. ¿Entendiste?

—Siento que estás amenazándome.

—Lo estoy haciendo… Tú solamente entiendes así.

—No pienso ponerme a cocinarle —remarcó, cruzándose de brazos—. Tampoco decirle cosas bobas en frente de la gente.

—Necesitamos una vida para que aprendas a cocinar. Y lo otro no me lo puedo ni imaginar —es que conocía a su amiga—. Por lo que empezaremos con dos cosas sencillas.

—¿Y esas serían?

—…Llamarlo por su primer nombre y pedirle su número telefónico…—dijo—. Ninguna chica puede convertirse en una novia que se respeta si no ha cumplido esos dos puntos fundamentales.

—Eso suena bastante razonable. Es decir, no es cosa del otro mundo.

—Esa actitud me gusta, Sora —ambas se pusieron de pie de manera armoniosa—. En este momento debe estar en la cafetería con Kuramochi. De modo que es perfecto.

—¿Por qué presiento que todo lo has planeado con anticipación?

Atendiendo a las palabras de la pelirroja, se dirigieron hasta la cafetería, pasando por completo del usual escándalo que allí mismo se respiraba y enfocándose únicamente en el par que estaban buscando; lo que tampoco les sorprendía era que contaran con una acompañante.

—De modo que las señoritas se han dignado a desayunar con el resto de los plebeyos —decía Kuramochi divertidamente—. Todavía tenemos dos lugares disponibles.

—Yo vine porque tengo asuntos pendientes —Sora miró al estoico castaño, tragó saliva, maldijo muchas veces su jodida suerte y usó todo su orgullo para lograr que sus pies avanzaran hasta él. Debía mantenerse totalmente concentrada en su objetivo y no cuestionar nada más—. Quiero hablar contigo un momento, Kazuya —el primer desafío había sido salteado sin dificultad alguna. Ella no poseía ningún complejo con denominar a la gente por su primer nombre; aunque una actitud como esa parecía haber dejado confuso y extrañado al de gafas.

—Mmm…Claro —si con acompañarla podía librarse de la fastidiosa presencia de Youichi, se iría más que encantado.

—Parece que estás disfrutando de sus atenciones y que no te quita la mirada de encima —habló al fin tras haber dejado atrás el comedor y comenzar a transitar por los jardines de la escuela.

—¿Tengo cara de que esté pasándola bien? —ironizó con una sonrisilla forzada—. No es como si fuera mala chica, es solamente que…

—No estás acostumbrado a esta clase de cosas —fue su conclusión y el silencio de Kazuya le apoyaba—. Y tampoco parece que quieras nada de eso por ahora —los dos se detuvieron justamente a un lado de una máquina expendedora. Incluso tomaron asiento en la banca que estaba allí mismo.

—Y bueno, ¿de qué querías hablarme?

—Dame tu número telefónico —expresó.

—¿Me has hecho darle la vuelta a la escuela por algo tan absurdo como eso? —suspiró larga y pesadamente—. Eres bastante exagerada.

—Y tú demasiado problemático y no me ves quejándome.

—En este preciso momento lo estás haciendo.

—Tú solamente dame tu número telefónico y asunto terminado —y es que ya tenía el móvil fuera, lista para teclear.

—Pudiste habérselo pedido a Kuramochi —indicó, viéndole de reojo.

—No tendría sentido alguno de haberlo hecho de esa manera —Kazuya sabiendo que ella no desistiría, no tuvo más remedio que cumplir con su petición—. Te pondré como Ore-sama.

—¡Ey!¡¿De nuevo con eso?! —indignado era como mejor se sentía en ese momento.

—Todavía queda rato para que el receso termine…y aquí se puede aspirar mucha tranquilidad —ciertamente no había más que sus dos almas por todo el lugar—. Nunca he sido acosada por nadie, pero imagino que debe ser una situación sofocante.

—¿Por qué lo dices?

—Esa chica más que enamorada de ti, está obsesionada… No le ha importado que tengas una novia ni que tú no la aceptes a su lado, tampoco se ha desanimado en todo este tiempo aun cuando no ha recibido la respuesta que quiere…—sus manos estaban jugueteando con su celular, como si hubiera encontrado un juego en el cual entretenerse—. Porque considerando tu personalidad, es muy viable que le hayas dejado las cosas claras.

—Oh, ¿es que has estado espiándome?¿Te ha preocupado que me vaya detrás de otra chica? —porque le gustaba hacerla repelar.

—Claro que no, Ore-sama —no es que ella fuera tan volátil, es que él poseía el don para lograrlo a la primera—. Lo que estoy diciendo es que si la razón por la que sigues aguantándola no es porque ella te haya dicho algo…O siendo claros, ¿no te amenazó?

De nuevo el mutismo se hizo presente. Pero en esta ocasión era exasperante para una de las dos partes que no iba a dejar que esa situación de prolongara más de lo necesario.

—¿Qué fue lo que te dijo? —exigió saber—. Y no me vayas a salir con una tontería o un chiste de mal gusto, Kazuya.

—Es raro…y algo incómodo que me llames por mi primer nombre —hasta ese momento solamente existían cinco personas que se dirigían a él de esa manera y nunca se imaginó que ella fuera a ser una más.

—Te llamaré Kazuya, Miyuki, Ore-sama, como se te plazca, pero dime qué fue lo que te dijo esa tal Iwao —si de obstinaciones hablábamos, la de ambos estaba muy pareja.

—Tsk…—se resignó a que no la haría desistir de su postura. ¿Por qué tenía que ser tan necia?—. Solamente mencionó algo así de que me metería en problemas…o que se desquitaría con alguien que conociera…—su respuesta era demasiado ambigua y fastidiosa para Sora, pero era más que suficiente para ella.

—Dudo que pueda hacerle algo a Kuramochi o a mí —no era por darse importancia, pero al ser la "novia" en turno, claramente la involucraría—. Aunque es un…noble gesto que soportes todo eso por evitar problemas a terceros —admitió, mirando hacia el costado opuesto a donde él se encontraba. No estaba acostumbrada a esa clase de cortesías y mucho menos si provenían de alguien como Miyuki; por extraño que fuera, le hacía sentir importunaba, como si lo mejor hubiera sido que no le importara lo que esa loca pudiera hacer si no accedía a seguirle el juego—. Parece que puedes ser un poco caballeroso si te lo propones.

—¿Me estás alabando u ofendiendo?

—Las dos —refunfuñó.

—¿Y ahora por qué demonios te has enfadado? —él nunca comprendió a las mujeres, pero Sora era un tópico muy aparte del resto de las féminas.

—Todo es tu culpa —reiteró—. Si me hubieras rechazado en ese momento y no hubieras fingido demencia pese a que te dije que todo había sido planeado por alguien más, ahora mismo no tendría que lidiar con tu séquito de locas obsesionadas…¿Es que por qué razón esas mujeres se cuelgan tanto contigo?¿Qué es lo que te ven que no miran esa torcida personalidad que tienes? —le miraba con disimulo, analizando cada una de las facciones de su rostro—. Bien, no niego que es…un poco guapo y que incluso esas gafas le quedan bien. Y supongo que el que practique diariamente es beneficioso para su cuerpo; lo cual también podría ser una de las razones por las que esas chicas babean por él… No obstante, cuando abre la boca, todo el posible encanto que pudiera poseer, se desvanece…—lo mejor era que mantuviera su vista al frente. Ahora se sentía apenada por estar viboreando el físico del cátcher—. No debería estar haciendo algo como esto.

Cuesta creer lo diferente que son ella y Tetsu-san. Aunque la parte de la obstinación la llevan bastante por igual —sus castañas pupilas se escurrieron hacia quien mantenía sus pensamientos ocupados en quién sabe qué cosa—. Oh, es cierto lo que Kuramochi dice…Siempre trae un peinado diferente cada día…¿Quién lo diría? Es más femenina de lo que pudiera imaginarme, considerando que quiere solucionar todo con violencia —no es como si antes no hubiera observado la apariencia de la muchacha, sino más bien que parecía ser la primera vez en que le ponía notoria atención a ello—. ¿Era tan pálida?¿Y cuál será su fijación en llevar el suéter remangado? Aunque parece ser que el negro le gusta bastante que todas sus tobilleras son de ese tono —esos eran detalles insignificantes que hasta él había pasado por alto, pero en este momento estaban dejando de serlo. ¿Pero es qué existía algún sentido en particular en estar mirando ahora el perfil de su rostro o esos pequeños gestos que hacía involuntariamente?¿Por qué sentía como si apenas notara que ella poseía cierto encanto físico?¿Es que empezaba a verla como una chica? No, en definitiva no podía estar pasando algo como eso. No, Sora era solamente la hermana menor de su ex capitán y nada más—. ¿Pero qué rayos estoy haciendo?

Tal vez había sido obra del destino o posiblemente una mala jugada de los altos cielos, pero sus miradas conectaron en el mismo instante mientras eran incapaces de bloquear lo que hasta hace poco habían estado pensando el uno del otro. Y eso les llevó a sentirse avergonzados, obligándose a sí mismos a mirar en otra dirección sin que pudieran notar ese ligero rubor que corrompía sus mejillas.

Maldición, ¿es qué se dio cuenta de que estaba mirándolo? Dime que no es así —rogaba fuertemente la oji grisácea. No deseaba que ese chico tan ególatra se percatara de ello.

No hay manera de que se hubiera dado cuenta —él estaba totalmente seguro de que no tenía de qué preocuparse. De hecho no deberían existir razones para eso, porque teóricamente no había estado haciendo nada malo.

—De modo que aquí era donde se encontraban —sus espasmos pasaron a segundo plano en cuanto se dieron cuenta de que alguien había dado con su ubicación.

—…Iwao…—Sora no le saludó con demasiada cortesía—. Creo que debes ponerle fin a tu desagradable jueguito —no era una petición negociable, sino una orden muy clara—. Kazuya no está interesado en ti y tampoco se siente a gusto de que lo estés acosando en todo momento. Y creo que él ya te lo dejó más que claro.

—Aun cuando todos dicen que ustedes dos son novios, parece ser que la verdad es otra…—alguien estaba demasiado informada al respecto y eso alertó a ese par de inmediato—. Al menos yo no les creo… Yo diría más que nada que están fingiendo ser una alegre pareja por alguna razón.

—¿Son tus celos los que te hacen ver las cosas de esa manera, Iwao? —Sora se cruzó de piernas y se mantuvo totalmente imperturbable. Ya se había recompuesto y no habría manera de que esa chiquilla la sacara de sus cabales—. La manera en que nosotros llevemos nuestra relación no es de tu incumbencia.

—Entonces demuéstramelo… Muéstrame que en verdad son pareja y que no han estado fingiendo durante todo este tiempo.

—¿Y por qué se supone que tenga que darte gusto?

—Si en verdad son novios no creo que exista problema alguno, ¿no crees? Sería prácticamente natural.

—Lo haré, si prometes dejarnos en paz después de que lo haga —dijo con inquisición pura.

—Después de eso me quedará más que claro que son una pareja real —estableció con seriedad—. Y si lo hacen dejaré de meterme en su camino.

—Esa voz me agrada —sonrió ávidamente—. Bien, ¿qué es lo que tenemos que hacer?

—…Quiero que lo beses en este preciso momento…

Su petición era de lo más sensata. Una acción que era de lo más normal en las parejas actuales. Pero para esos dos significaba uno de los retos más grandes que pudieran enfrentar; y es que solamente había pasado una vez por culpa de Kuramochi y no les evocaba buenas experiencias.

—¿Y bien?¿Vas a hacerlo o no?

Yuki sabía lo que ocurriría si no cumplía con esa demanda, también estaba consciente de que al castaño no le agradaba en lo más mínimo lo que Ritsuka les propuso y que se opondría. No obstante, algo más que la integridad física y emocional de ese cátcher estaba en juego y no podía desistir; no se permitiría huir con algo tan simple como eso. Es que si no había nada de por medio entre ambos, un simple beso no podía significar la gran cosa para ninguna de las dos partes, ¿verdad?

Se levantó, logrando poner en alerta al castaño. Ni él estaba seguro de que ella accedería a eso; podía apostar a que terminaría intimidando a la chica para después simplemente esfumarse de allí. Sin embargo, su premisa estaba errada por completo; lo comprobó por sí mismo en el instante en que sus vibrantes pupilas no dejaban de reflejar algo que no fuera el rostro de Sora.

No podía hablar, ni siquiera tenía oportunidad de emitir algún sonido en son de protesta. No porque sus labios se encontraban siendo prisioneros de los de ella mientras sentía tanto su calidez como ese suave dulzor a cereza. Pero lo peor no era ese beso robado, sino ese marcado sonido que estaba colándose hasta el pabellón de sus oídos; eran los latidos de su corazón comenzando a acelerarse sin razón aparente.