Aquí estoy para quienes decían que iba a demorar unos meses en actualizar XD Lo cual sigue siendo una posibilidad muy realista. Pero dejando eso a un lado, espero disfruten del capítulo y lo que se nos viene. Al menos siento que ya va progresando un poco más la relación de nuestros protagonistas :'D ¡Así que nos leemos en la siguiente subida de capítulo!

*Cote.- Hola, gracias por leerme y comentar :D Y sólo para fastidiarte he actualizado rápido muajaja :D Me alegra que te guste la historia y créeme, también quiero que suceda eso, pero Miyuki es complicado lol

*Guest.- Muchas gracias por leer mi fanfic y dejarme tu opinión. Es bueno saber que esta historia le está gustando a la gente :D Sí, todas nos morimos por ver esa faceta en él e_e

Capítulo 16

Iridescent

—¿Ahora sí te ha quedado lo suficientemente claro? —preguntó para quien la observaba con completo anonadamiento. Esa misma que le había dado un reto como ese.

—N-No puedo creerlo…—es que ella estaba completamente segura de que no lo haría.

—Espero que sepas cumplir con tu palabra —por ahora se encontraba dándola la espalda al castaño. Por algún motivo se sentía avergonzada por lo que había hecho y optaría por no cruzar mirada con él hasta que esa muchacha se fuera de allí.

—Claro que sí —estipuló de muy mala gana. No estaba contenta de haber perdido.

—Pues espero que no te metas en nuestro camino de nuevo —espetó con cierta hostilidad. Es que en cierto modo le adjudicaba su naciente malhumor a esa tía por orillarle a hacer semejante barbaridad.

—Hasta luego —dijo de mala gana antes de retirarse.

—Me debes una grande, Miyuki —le observaba desde el rabillo del ojo, con cierta molestia. Aunque el chico parecía estar mirando en otra dirección; ¿era un ligero sonrojo el que vislumbraba en su mejillas?¿Por qué eso despertaba su curiosidad?—. ¿Me estás escuchando?

—Pensaba que lo que querías era que todo terminara —ahí estaba, encarándole, con su sonrisa confiada y un rostro impecable.

—Podemos sacarle provecho de un modo u otro por ahora —sí, ella también se estaba cuestionándose sobre tal hecho. Ella que estaba buscando justamente terminar con esa farsa y estaba haciendo todo lo contrario para mantenerla.

—Mmm…¿Segura que es solamente eso? —alguien se estaba burlando de ella muy abiertamente.

—Por supuesto que sí, tonto —expresó con total seguridad—. No pienses que es porque siento algún interés por ti —aclaró, cruzándose de brazos—. Ahora mejor regresemos o Kuramochi estará inventándose quién sabe qué cosa.

Después de lo ocurrido, sencillamente optó por dejar el tema en el pasado. Porque nada bueno salía cada vez que ese acontecimiento salía a flote; era como sentirse inundada por un mundo de contrariedades en donde no podía hacer absolutamente nada por escapar de allí. Y ciertamente prefería pasar completamente de la única opción viable que le había orillado a actuar de esa manera.

Ahora lo único que interesaba era enfocarse en los partidos que se aproximaban y que prometían ser un verdadero reto para todos. Especialmente porque uno de ellos era un viejo enemigo del pasado.

Sin embargo, ¿estaban esperándose que un incidente como ese ocurriera en medio de su partido contra Seiko?¿Cómo se supone que dejaban que algo tan gravoso fuera pasado por alto por ser calificado como un mero accidente? Es que nadie dentro de la banca ni en las gradas se había desprendido del espasmo que se creó en el justo instante en que vieron a aquel cátcher estrellarse contra el suelo después de recibir semejante embestida.

—¡Miyuki! —no pudo evitarlo, no pudo reprimir ese grito de preocupación en cuanto contempló al castaño ser arremetido tan violentamente por el pitcher de Seiko. Es que desde su punto de vista había sido hecho con toda la saña del mundo—. ¿Realmente no le habrá ocurrido nada? Ese golpe verdaderamente debió de haberle lastimado y sin embargo, allí está de pie, como si nada hubiera ocurrido…—volvió a tomar asiento, sintiéndose ridícula por la manera en la que reaccionó, ignorando la mirada de ese par de chicas que se habían sobresaltado—. ¿Es que es idiota o qué? Está bien que se preocupe por el equipo y todo eso, pero antes está su propia salud… Sólo quiero que este partido termine…

En la baja de la décima, el capitán y cuarto bateador sentenció el juego con su bateo y provocó un oleaje de emoción en todos los que habían estado viendo el partido sin desatender ni un solo instante. ¿Es que su pequeño deseo había sido concedido o era simplemente cuestión del destino el que las cosas tuvieran un desenlace como ese? Lo que fuera, lo estaba celebrando con ese par de chicas mientras no dejaban de saltar por lo felices que eran de ver a Seidou triunfar.

¿Eres un tonto con mucha suerte, no? —sonrió con disimulo, sin despegar su atención de ese escandaloso equipo que celebraba el éxito alcanzado en compañía de su capitán—. Pero todos se merecen esta victoria.

Pero a partir de allí el camino no fue ni remotamente fácil. No tras llegado el día en que se confrontaron contra Yakushi, dejándoles a todos con el corazón en la mano durante el transcurso del juego, hasta el surgimiento de una verdad que para muchos no fue más que una mera sospecha por varios días. Sí, la lesión del capitán de Seidou ya era del dominio público.

—¿Puedes decirme qué es lo que haces ahí tirada sobre el pasto tan despreocupadamente? —no era a quien estaba esperando escuchar. De hecho consideraba que a esa hora de la noche ese chico debería estar en su cuarto sin molestar a nadie más.

—Todavía no es tan tarde. Lo que pasa es que tú no tienes nada en qué ocuparte —no era tan insensible como para recordarle sobre su lesión—. Deberías estar por allí, dándole consejos a la gente.

—Sawamura y los otros lo están haciendo bien. No necesitan de mis ilustres consejos —agregó como si hinchara el pecho al decirlo—. Aunque tal vez tú necesites un poco de esa ayuda.

—Descuida, yo sé muy bien encargarme de mí misma —se sentó, quitándose toda la basurilla indeseable que se había pegado en su cabello y ropas—. Por cierto, ¿no quieres? —Kazuya recién vio la caja carmesí que estaba al lado de Sora, como si se escondiera del mundo—. Compré demasiado pensando en las chicas, pero al final no han querido porque dicen que están cuidando su figura —abrió el paquete dejando ver todas esas delicias de la alta repostería—. No tienen veneno ni nada por el estilo. Antes de que digas algo ofensivo.

—Engordarás si sigues comiendo tantos carbohidratos.

—Y tú amanecerás un día golpeado si sigues soltando tan hilarantes comentarios con la gente que amablemente te está regalando algo.

—Kuramochi te ha vuelto a hacer enojar, ¿correcto? —se sentó a medio metro de ella, sonriéndole con burla.

—No, este es mi humor habitual —al diablo la delicadeza. Ya se había encargado de darle esa caja al cátcher—. Cómelos.

—Son demasiados hasta para alguien como yo —criticó. Ella se limitó a mirarle con cierto despunte—. Ya, ya, me los comeré… Umm, este sabe bastante bien. ¿Los compraste donde siempre?

—No, esta vez son de una pastelería diferente —comentaba sin mirarlo a ver—. Miyuki…

—¿Ah?¿Qué sucede? —la pelinegra sintió su mirada y terminó por elevarla hasta la luna que les miraba con curiosidad.

—¿Te encuentras bien?¿Has estado haciendo tus ejercicios de rehabilitación?¿Quieres…hablar sobre todo este tema? —preguntó con un tono cada vez más bajo.

Kazuya se quedó callado, observándole con notorio anonadamiento. Es que de todas las personas que podían preguntarle por su condición, tenía que ser justamente ella. Simplemente no daba crédito a lo que estaba escuchando.

Si bien no la consideraba como alguien del todo indiferente, sabía que él no era precisamente de su completo agrado, que a lo sumo le miraba como un compañero de clases y nada más. ¿Acaso lo hacía por mera cordialidad o es que de verdad estaba preocupada por él?¿Y cómo es que una posibilidad como esa le despertaba algo parecido a la satisfacción?

—¿Acaso estás inquieta por lo que me ocurrió? —siseó sin desatender a los gestos faciales que poseía tan estoico rostro.

—Ese golpe no fue para menos y tuviste mucha suerte de que solamente fuera un desgarre muscular —habló secamente—. También estoy consciente que estás luchando contra ti mismo cuando ves a todos practicar y te miras a ti mismo con las limitantes que ahora posees… Pero sé que eres un orgulloso, ególatra, embustero y demás cosas, por lo que finges como si nada pasara ni te afectara —repentinamente había pasado de ser comprensiva con él a agredirlo verbalmente.

—Ey, ¿estás intentando darme ánimos u ofenderme?¿Cuál de las dos?

—Ambas —sentenció vilmente. El castaño parpadeó un par de veces, sonrió socarronamente y se echó a reír—. ¡Deja de burlarte! ¡Esto es lo que me gano por intentar ser una buena persona!

Podrían haberle prohibido rotundamente el ejercitarse con el resto del equipo, así como el de guardar reposo, pero eso no significaba que dejaría de asistir a las practicas. Incluso si ahora había alguien más que representaba el papel de capitán. Fue de ese modo en que arribó hasta donde permanecía ese escandaloso equipo suyo, tan energético y ansioso de que llegara su siguiente partido clasificatorio.

—¿Desde cuándo espías al equipo desde las sombras, ¿eh? —gracias a lo concentrado que se encontraba no fue capaz de percatarse de que alguien más estaba allí, haciendo lo mismo que él.

—Hmp… Por supuesto que no —fue su simplona respuesta antes de que empezara a abandonar el área, dejando el ruido de sus compañeros de equipo sólo en el recuerdo.

—¿No deberías estar descansando o algo por el estilo? —no es que Sora quisiera seguirle, sino más bien que él estaba siguiendo la misma ruta que ella empleaba para reunirse con Haruno y las demás.

—¿Puedes vaguear de este modo? —la pelinegra notó de inmediato la tenue irritación que corrompía al castaño. Pero no era para menos, si consideraba que debía estar lejos de las canchas por tres semanas enteras.

—No es como si hubiera mucho por hacer —se limitó a suspirar en cuanto notó que el chico se adelantó lo suficiente como para cortar su plática—. Bueno, no estaba esperando a que se comportara como es usual… Con los devotos que son todos en el equipo, el mantenerse en la banca a causa de una lesión debe ser el peor castigo posible… Pero como es un cabezota, seguramente no se da cuenta de cómo son las cosas…

—Ey, ey, tengo algo que contarte, Sora-chan —a la pelinegra ya no le sorprendía que ese descarado chico le llegara desde atrás y le echara el hombro encima, como si fueran amigos de toda la vida.

—Capitán, debería comportarse como es correcto. No debería estar perdiendo el tiempo con trivialidades.

—No hay nada más tierno que una chica dándole ánimos a su testarudo e insensible novio —esa sonrisa podría venderse maravillosamente para un comercial de pasta dental.

—Como capitán ese debería ser tu papel —estipuló, viéndole de soslayo—. Ve y dale unas palmaditas llenas de apoyo moral.

—Espero que tengas ahorros, Sora-chan —entre más se llevaban, más cínico se comportaba con ella. Y claramente, también había aprendido a ignorar sus mordaces comentarios.

—Los tengo… pero no pienso usarlos para comprarte ningún videojuego, Youichi —el peli verde se arrepintió de haber sacado el tema a flote sin considerar que podría recordar cuando usó los ahorros de la chica sin su permiso para comprarse el último videojuego de una de sus sagas favoritas.

—Ungh… Bien, bien, pero este caso es diferente —mencionó, tragando saliva pesadamente. Podría ser muy hombrecito, pero sabía que esa mujer podía llegar a darle una paliza digna de miedo.

—Mmmm… No creo que valga la pena escucharte. Así que me iré a hacer mis cosas.

—¿Qué clase de novia eres si ni siquiera conoces el día que cumple años tu queridísimo enamorado? —las grisáceas pupilas de la muchacha no mostraron perturbación alguna. Incluso su rostro estaba totalmente imperturbable—. ¿Qué?¿Los novios se regalan cosas entre ellos en esas fechas, no?

—Para no haber tenido novia nunca, sabes mucho al respecto —dijo con inquisición—. Te recuerdo que no somos novios de verdad y que fuiste TÚ quien se encargó de propagar ese chisme… Por ende, deberías ser tú quien le obsequiara algo. Eso hacen los buenos amigos, ¿cierto? —esa dulce sonrisa podría persuadir a todo aquel que no conociera un poco a la querida hermana de Tetsuya Yuki.

—¡Claro que las he tenido! —ella había hecho bien en darle directo en su ego.

—Si quieres que te acompañe para elegir un buen regalo para tu amigo, sólo dímelo —contraatacó alegremente. El chico se limitó a jalar de sus mejillas sin compasión.

—¡Que no le voy a comprar nada a ese idiota egocentrista! —vociferó. Eso sí, sin soltarla.

—Duele —se quejó, torciendo el entrecejo.

—¿No te escucho? —canturreó divertido. A los pocos segundos habría de arrepentirse—. Ungh…—al menos el suelo le acogió con enorme aprecio tras ese suave rodillazo en su estómago.

—Necesitaremos otro capitán —indicó con notable seriedad.

—¡Pequeña….!

Y después de aquella charla con el ahora actual capitán, el resto de su tarde prosiguió sin problema alguno. Incluso había terminado a buena hora como para irse a casa a descansar. Sin embargo, tenía que entregar aquella libreta de apuntes que amablemente Yui le había pedido ese día y para su fortuna la había encontrado rápidamente.

—¿Qué están haciendo? —preguntaba a la vez que decidió tomar asiento justo al lado del buen Watanabe—. Incluso Miyuki se encuentra aquí… Y por lo que tiene Sacchan, seguramente estén hablando del marcador.

—Es fácil saber el curso de un lanzamiento con esto. Es un sistema realmente genial —felicitaba honestamente Hisashi. Aunque alguien no parecía estar totalmente de acuerdo con él.

—Hmm… Sigue siendo complicado de leer en comparación con los de Takako-senpai.

¿Por qué no me sorprende que no le parezca? —lo mejor era guardar silencio y esperar el momento adecuado para hablar de la razón que la trajo hasta allí.

—Y-Ya veo… Así que eso es lo que piensas —indicó un tanto nerviosa y a la vez, un poco frustrada Sachiko.

—Sí.

No era necesario que afirmaras algo que ya estableciste, Miyuki —suspiró internamente, lamentándose que su amiga tuviera que tener esas charlas con semejante capullo.

—Dejando eso de lado… ¿Qué te pareció tu primera vez viendo un partido desde las gradas en vez de jugar en él? —cuestionó con cierto desafío la de coletas. Parece que quería llegar a un determinado punto.

—Bueno… Fue una experiencia fresca y un poco divertida también… ¿Pero es no es suficiente para ti, verdad? —no fue su pregunta la que dejó callados a todos allí, sino más bien lo que podía apreciarse en sus gestos faciales.

—Es un triste comentario para alguien que no se dignó a echar porras ni nada… Solamente se quedó con el cono pegado a su cara —porque nada le costaba a Sora unirse a la plática. Y menos cuando tenía oportunidad de dejar en descubierto alguna faltilla del de gafas. Una de cal por todas las de arena, ¿no?

—Mmm…

—Estaba escrito sobre toda tu cara, ¿lo sabes? —expresaba burlonamente Natsukawa ante el silencio de Kazuya—. Tú no vitoreas.

—¿Eh?¡¿Qué no lo hizo?! —Sachiko estaba que no se lo creía—. ¡Qué revelación! ¡Nunca creí que fueras un chico tímido hasta ahora! —exclamó con notoria sorpresa Umemoto—. Así que primero tenemos que hacer algo con esa timidez…—mascullaba, observando al sujeto en cuestión… ¡Entonces, esforcémonos más en el vitoreo! —expuso especialmente para Miyuki que eligió sabiamente no decir absolutamente nada.

¿Él alguien retraído…? —por mera inercia miró en dirección en donde el castaño se encontraba, más que absorto en el rumbo que había adquirido la charla. Inesperadamente se estaban metiendo con su persona por no tener experiencia en animar desde las gradas—. Tal vez no esté acostumbrado a expresarse… Lo cual es raro para alguien que habla sin cortarse…

—Creo que conozco a la persona adecuada para ayudar a Miyuki-kun con este problema —por alguna extraña razón todas las miradas se postraron en Yu. Y alguien temía por su respuesta—. Sora es muy buena apoyando al equipo y considerando la relación que tienen, estoy segura de que sus consejos y apoyo serán mucho más efectivos que si alguno de nosotros lo hace.

—Hay mucha razón en tus palabras —apoyaba Sachiko.

—Me parece una buena idea —hasta Watanabe estaba de acuerdo con el brillante plan.

¡¿Qué?!¡¿Buena idea, de dónde?! Lo único que noto es que quieren hacer mi vida un tormento… Como si no tuviera suficiente con Kuramochi… ¿Y cómo se supone que le enseñe algo como eso a ese narcisista? —observó al causante de todos sus males y después a sus "buenas amigas" —. Pero yo…no creo ser una buena opción para ayudar a superar su problema de timidez…—quería zafarse de la tarea. Más porque al día siguiente tenían un partido.

—¿No me digas que tú también eres cohibida, Sora? —la pelinegra calló y se sentenció totalmente.

Yo solamente venía a entregar unos apuntes y miren en lo que ha terminado…—empezaba a creer que lo suyo era algo peor que mala suerte—. A todo esto, vine a dejarte la libreta de apuntes que me pediste, Yu. Espero y te sirva —tras la salida de esos dos ya podía hablar del tema que le precisaba a ella.

—Se nota que eres tremendamente ordenada, Sora —lo supo con sólo darle un vistazo a esa libreta. Todo estaba impecable, con una caligrafía envidiable y bastante entendible.

—Y cambiando de tema, Sora~ —la pelinegra debió de haber escapado tras su entrega. Ahora lamentaría haberse quedado; especialmente porque esas dos ahora estaban sentadas a su lado, mirándole como si tramaran algo.

—¿Ah?¿Qué sucede chicas? —sonrió con nerviosismo. Su instinto le dictaba que debía huir.

—¿Y qué tienes planeado para el cumpleaños de Miyuki-kun? —Sachiko fue la primera en hablar.

—Su cumpleaños es este 17 —alegaba Yu para su querida amiga—. ¿Has pensado que regalarle?

—Yo… no creo que sea buena idea —calló en cuanto sintió la mirada de ambas. Obviamente no existiría nada que decir que fuera lo suficientemente bueno como para hacerlas desistir—. Con una simple felicitación bastará…¿no creen? —claramente no estaban de acuerdo con su decisión.

—Mañana después del partido te acompañaremos para ayudarte a elegir el mejor presente para Miyuki-kun —Yu guiñó el ojo en son de complicidad. Estaba de lo más emocionada.

—Y quizás una tarta no esté de más —sugería Sachiko con una sonrisa de lado a lado—. Oh, pero debes pensar si será una celebración en público o privado —y mientras esas dos continuaban hablando sobre los planes futuros que tenían en mente, Sora se quedó totalmente taciturna, como una hoja de otoño esperando a ser arrojada por el viento.

El partido del día siguiente fue mucho más fugaz de lo que hubiera deseado. Ni siquiera el tener que lidiar con las burlas del castaño ante sus intentos de enseñarle a vitorear como era debido permitió que el tiempo se le fuera más lentamente. Y cuando menos se lo esperó, ya se hallaba en el autobús con dirección a Seidou.

Si no pensaba en una excusa, pronto se hallaría recorriendo las tiendas de todo Tokio en busca de un regalo decente para el cátcher del equipo.

—¿Cómo pasó todo esto…? —podría jurar que no supo en qué momento abandonó las instalaciones del campus y se trasladó hasta el epicentro de la ciudad en compañía de esas tres jóvenes. Todo había sido demasiado rápido y sospechoso como para asimilarlo.

—Bien, hay varias tiendas por los alrededores. Así que empecemos de una vez para que nos dé tiempo —Sachiko tenía un mapa en manos con las tiendas marcadas con una cruz roja.

—Seguramente encontraremos algo bonito que sea perfecto para Miyuki-kun —Yu tan positiva.

Tengo el presentimiento de que no nos iremos de aquí hasta que no compremos algo… Trágame tierra…

El momento de la búsqueda dio al fin inicio. Por lo que no sorprendía que fueran de una tienda departamental a otra, con la clara meta de dirigirse hacia el apartado de deportes; después de todo, ¿qué más podían regalarle a alguien que exclusivamente tiene el béisbol tatuado en la cabeza?

Y fue así como su pequeña travesía les llevó hasta uno de los centros comerciales más concurridos y donde seguramente hallarían algo bonito que comprar. En el cual pronto se halló subiendo por las escaleras eléctricas, al lado de sus queridas compañeras de escuela.

—¿Qué tal si ahora vamos a la zona de chicos? Tal vez alguna camisa podría servir —sugería Yu para todas. La verdad que las únicas que tenían energía para continuar eran ellas, Sora ya quería arrojar la toalla.

—Solamente compremos lo primero que hallemos y punto…—la pelinegra estaba en total resignación. Pero su estado de indiferencia se cortó de golpe en cuanto llegaron al área de ropa para caballero y se dio cuenta de que conocía a alguien dentro de toda la clientela—…Trágame tierra…de nuevo.

—¡¿Sora…?!¿Pero qué andas haciendo por aquí? —sí, allí estaba la mujer que le había dado la vida y que no dudó nada en aproximarse hasta ella y mirarla con total incredulidad.

—¿Sora…? —Haruno contempló a la joven en total anonadamiento.

—Eso mismo pregunto yo —lo único que se le ocurrió decir en cuanto salió del shock—. Deberías estar en casa haciendo la cena como todas las demás madres.

—Vine a comprarle un par de camisetas a tu padre. Ya sabes que siempre le gusta ir bien vestido al trabajo —relató para el grupito—. ¿Y ellas?¿Tus amigas acaso? —otra que se emocionaba por las pequeñeces de la vida.

Si llegan a decirle la razón por la que estoy aquí, entonces esto se volverá una pesadilla completa…—debido a su ausentismo fue incapaz de notar el momento clave en que sus amigas le contaron toda la verdad a su amada madre. Sí, habían firmado su sentencia.

—En el fondo eres alguien sumamente detallista, Sora —una sonrisa enternecedora se dibujó en los labios de la mujer. La pelinegra no supo cómo reaccionar—. Te ayudaré a buscar algo bonito para Miyuki-chan.

—¡Entonces pongamos manos a la obra! —llamó a todas una Sachiko muy motivada.

—¿Y qué te parece esto para Miyuki? —ya se había demorado en proponer algo.

—¿De dónde has sacado eso? —es que lo que la madre poseía no era una prenda cualquiera. Era una camiseta de uno de los catorce equipos que conformaban la liga americana de béisbol profesional.

—La encontré en la sección deportiva. Creo que es buena idea llevarle una a tus hermanos.

—No creo que a él le interese algo como esto. Además, no sé si le guste un grupo de béisbol en específico —había tomado la camisa entre manos, apreciando el estampado azul que poseía y que sin duda alguna pertenecía a uno de los equipos de la división este, los New York Yankees.

—¿Y qué tal ésta? —Interrogó Yu. Una playera azul rey con una vistosa letra B en rojo captaba ahora la atención de la pelinegra—. Supongo que cualquiera estaría bien.

—…Vaya, son bastante caras…para tener un estampado tan simplón…—ese precio era doloroso para su cartera.

—El blanco sin duda le quedará mejor, así que llévatela —fue la recomendación de Umemoto.

—Ni yo me he comprado algo tan caro —lo que ella no sabía es que las prendas de marca eran más costosas.

—No es como si no tuvieras dinero —señaló sonriente su madre—. Ganas bien al mes por ese negocio que tienes.

—Mmm…Se la arrojaré a la cara si no le gusta —sentenció vilmente. Sachiko y compañía rieron ante su pequeña declaración.

—Eres muy orgullosa para aceptar lo que es obvio, Sora-chan —su madre solamente agregaba ese honorifico cuando de verdad quería burlarse de ella.

Llegar a su casa tras esa maratónica de compras fue como escuchar el canto celestial de los ángeles. Y darse una buena ducha no hizo más que revivirla y confortarle pese al cansado día que había llegado a tener. Pero en el instante en que contemplaba esa bolsa plástica en la esquina de su cama, todo se tornaba pesado de nuevo.

—Diría que la peor parte ya pasó, pero… sería un error…—suspiró y tomó asiento en su cómodo colchón. Observó la bolsa y después enfocó su atención en su armario; si su memoria no le fallaba, había dejado unas cuantas cosas con las que podría forrar el regalo que compró—. Pero si pienso todo mejor, lo más complicado es entregarle esto… Si lo hago directamente, no terminará de burlarse de mí. Si los demás lo ven, entonces todo será mucho peor. Tengo que encontrar un modo de que lo obtenga pero sin saber que fui yo… Piensa Sora, piensa qué puedes hacer.

—¿Interrumpo? —le llamó su padre desde la puerta.

—No, en lo más mínimo —mencionó—. ¿Pasa algo?

—¿Qué te parece alguno de estos modelos, Sora? Creo que alguno podría funcionar para la ocasión —ella no comprendía a lo que se refería hasta que observó lo que su progenitor llevaba entre manos; se trataba de una revista de postres, una que trataba específicamente sobre pasteles y sus diversos diseños decorativos.

—No pensé que existieran modelos como esos —su curiosidad fue más grande que otra cosa. Ahora tenía consigo la gruesa revista y la hojeaba con interés—. Oh, este es gracioso.

—Tú sólo di cuál quieres y lo tendré listo para el cumpleaños de Miyuki-kun —sí, ella debía deducir que su madre le fue con el chisme a él también.

—Mmm… Este me gusta. Creo que queda a la perfección —señaló con su dedo índice su elección—. ¿Ah?¿Sucede algo? —cuestionó ante el silencio de su padre. Parecía estar confundido.

—Es que pensé que rechazarías la idea y no verías la revista —Sora parpadeó un par de veces, entendiendo el punto que le ofrecía. Él estaba en todo lo cierto. Se supone que así debía responder.

—Independientemente de lo que Miyuki sea para mí… No creo que haya algo de malo en celebrar su cumpleaños, ¿no? —por supuesto que no existía nada malo en ello. De hecho podría considerarse como algo normal. Pero por alguna razón le suponía cierta incomodidad el hacerlo—. A todos nos gusta que nos festejen el día en que nacimos.

—Ciertamente —sonrió sin querer ante las palabras de su hija. En cierto modo era algo conmovedor.

—¡¿Qué?!¿Por qué me miras de ese modo? —se puso de pie de golpe, arrugando la revista entre sus dos manos. Su padre se fue de allí con una sonrisa de oreja a oreja—. Da igual, de todos modos tengo que darle ese regalo, así que no creo que importe que también haya pastel de por medio…

Era la primera vez que sometía a su cuerpo a un proceso de rehabilitación. No obstante, no podía objetar nada al respecto; había sido una orden directa del entrenador, y simultáneamente le permitiría a su cuerpo irse recuperando poco a poco de su lesión. Aunque lo que no estaba esperándose era que terminaría asistiendo al mismo lugar que Takigawa Chris y posiblemente esto fuera lo mejor que pudiera sucederle; tal vez el interactuar con alguien tan sabio y paciente le ayudaría a despejar un poco su mente de todo lo que estaba sintiendo en ese momento que se encontraba fuera del equipo. Después de todo, Yu ya había pasado por todo lo que él estaba enfrentando.

Tras el término de su sesión de rehabilitación hasta su llegada a las instalaciones de Seidou, se les hizo de lo más extraño que no se encontraran a ningún miembro del equipo; ni siquiera al ruidoso pitcher que siempre se encontraba armando jaleo y medio alrededor del diamante. Sin embargo, no le dieron mayor importancia al asunto y prosiguieron.

—¿Pues dónde se habrán metido todos? —aun cuando llegaron hasta la zona de los dormitorios no había señales de nadie. Hasta las luces se encontraban apagadas.

—Rei-chan, seguramente haciendo el vago —señaló divertido Miyuki.

—¿No es tu celular el que está sonando, Miyuki-kun? —y efectivamente la mujer tenía razón.

—¿Umm? —lo raro no radicaba en haber recibido un mensaje de texto, sino el remitente del mismo—. Me pregunto qué es lo que pondrá —pero antes de que pudiera siquiera abrirlo, uno de sus pequeños y adorables kouhais casi le destrozó los tímpanos con semejante grito.

—Ese chiquillo, nuevamente quiere que lo re-eduque —Rei estaba más que preparada para trasmitirle sus sabias enseñanzas al castaño. No por nada el abuelo de Sawamura se había encargado de mostrarle cómo aplacar a su idiota nieto.

—¿Quiere que lo sigamos? —fue la conclusión a la que llegó en cuanto vio los extraños gestos que el moreno le hacía desde donde se hallaba parado—. O quizá ya enloqueció —sonrió con astucia.

Movidos en gran medida por la curiosidad comenzaron a seguir a Eijun. Resultándoles de lo más raro que tuviera como objetivo el comedor colectivo de los dormitorios. ¿Para qué quería llevarlos hasta allí?¿Por qué razón se giró hacia ellos y les sonrió como si estuvieran confabulando los tres?

Y en cuanto ingresó, intercambiaron miradas de completa extrañeza. Lo que fuera que motivara a aquel joven, se encontraba dentro. Así que todo era tan fácil como comprobarlo por ellos mismos.

Se abrieron paso simultáneamente, encontrándose con la completa oscuridad. Pero rápidamente sus ojos tuvieron que cerrarse de manera instintiva en cuanto sintieron todas las luces encendiéndose a la vez, lastimándoles sin piedad alguna. Lo siguiente que contemplaron los dejó totalmente pasmados.