¡Oh sí, yo sé que todas están sorprendidas de que haya regresado con actualización tan prontamente! Pero no se acostumbren XD Pero dejando eso a un lado, espero disfruten del capítulo, porque con esfuerzo y mucha voluntad ya estamos poniendo las cartas sobre la mesa y algunas cosas empiezan a ser evidentes :D ¡Disfruten y nos leemos después!

Capítulo 17

Spread your wings

Sí, había encontrado a la mayor parte del equipo. Pero no estaba esperando que estuvieran allí reunidos, bajo tales circunstancias. Por lo que era claro que no sabía cómo reaccionar; ni siquiera estaba seguro de lo que estaba viendo. ¿Una panda de tíos como ellos organizando algo como eso? Tenían que estar de absoluta broma.

Lo siguiente que experimentó fue ese brazo alrededor de su cuello y la enorme sonrisa de satisfacción de ese bribón corredor en corto. Parecía estar más que complacido con la reacción que su rostro estaba mostrando en ese momento. Y muy posiblemente todos estaban igual que él porque sonreían descaradamente de oreja a oreja.

—¡Mírenlo, mírenlo, se ha quedado como tonto! —Eijun y su nulo respeto por el cátcher que nada le importaba señalarle y reírse en su cara.

—¡Eijun-kun, no digas esas cosas! —Haruichi se lamentaba por el insolente comportamiento del moreno. Pero bueno, tampoco podía enojarse con su infantil actuar.

—Felicidades —congratulaba Furuya con una espanta brujas en su boca.

—¡Yahahaha…! Ya quita esa cara de idiota, Miyuki —otro que no se cortaba con los insultos hacia el castaño.

—En definitiva no se lo veía venir —comentaba Kanemaru.

—Que alguien le saque una fotografía —sugería el buen Sawamura.

—Vamos, no te quedes ahí parado o todo esto va a enfriarse —habló Zono para el estupefacto chico.

Quizá la estancia no se encontraba adornada de acuerdo al evento que celebraban, pero eso no interesaba en lo más mínimo cuando se postraba la mirada en las mesas. Había platillos suculentos en abundancia, meticulosamente ordenados, como si se encargaran de marcar la pauta de cuál debería ser probado primero.

—Me sorprende que hayan preparado algo como esto, chicos —hablaba Rei, viendo a cada uno de los jugadores.

—Es una larga pero muy divertida historia —Youichi se moría de ganas de dar a conocer los detalles.

—¡Sawamura ya ha empezado a comer! —gritó uno de los de segundo cuando vio que el joven ya tenía media chuleta en la boca.

—¡Ey, que alguien lo detenga! —era de esperarse que la calma durara tan poco cuando todos esos sujetos estaban reunidos bajo el mismo techo.

—Ya di algo, idiota —Kuramochi ya se había desesperado de que Kazuya no dijera ni pío. De modo que una suave patada lo haría reaccionar.

—¿Y a qué se debe todo esto? —el mutismo se hizo presente. ¿Cómo que a qué se debía todo eso?¿Estaba ciego o qué, o solamente quería fastidiarlos?

—Despabila.

—¡Feliz cumpleaños, Miyuki-kun! —allí estaban las managers, mostrando la pieza fundamental de todo festejo: una deliciosa tarta. Una que tenía la magnífica apariencia de una manopla atrapando una pelota de béisbol.

¿Pero era raro que tuviera una reacción como esa cuando juraba que era la primera vez en tantos años que le celebraban el cumpleaños de manera colectiva? El festejo del día de su nacimiento desde hace tiempo atrás siempre involucraba a dos personas: a su padre y a él; así había sido desde que su madre falleció y les dejó completamente solos.

Y fue en ese instante en que recordó que no era bueno para esa clase de cosas. Pero de manera casi incierta sabía que no era tan malo y que estaba bien, que le alegraba que existiera un gesto como ese, independiente de las razones que pudieran llevarlos a ello. Y esa simple sensación de bienestar dibujó ávidamente una pequeña sonrisa que sólo él podía reconocer, porque nadie más se había percatado de ella.

—…Supongo que debo darles las gracias —ladeó un poco su cabeza, rascando su nuquilla. Se le veía claramente que estaba un tanto apenado y nervioso por lo que los chicos habían hecho. Eso de algún modo llevó a todos a conocer otra faceta que no consideraban como existente en alguien como Miyuki Kazuya; era como si sintieran que él les estaba dejando conocer un poco de lo que había tras su faceta de seguridad y autosuficiencia.

—¡Mírenlo, mírenlo, se ha sonrojado! —Sawamura siempre soltando los comentarios en los momentos más acertados.

—¡Claro que no, idiota! —replicaba el de gafas. Ya era hora de pararle el carro al graciosito.

—¡Se ha puesto más rojo! —sencillamente nadie podía evitar reírse de los modos tan infantiles que tenía Eijun para meterse con Miyuki. Sí, pronto todo se tornó un mundo de risas inesperadas que estaban dejando en jaque al castaño.

—Bueno, lo mejor será que empecemos a comer o todo esto se enfriará —Rei llamó al orden. Todos parecían haberlo entendido y no demoraron en tomar asiento; entre tanta comida de tan buen ver el apetito afloraba muy fácil.

—¿El cumpleañero ya se va a dignar a decir algunas palabras de agradecimiento? —porque el obsequio especial para Miyuki ese día consistía en quedar en medio de Eijun y Youichi.

—Esto sabe bastante bueno —ignorar por completo los comentarios del peli verde era lo ideal. Quería disfrutar de lo que se había servido.

—Oh, el pastel tiene muy buena pinta —comentaba Zono en cuanto las managers dejaron la tarta prácticamente en frente del cumpleañero. Su diseño era bastante único—. Una manopla de cátcher —sonrió con cierta burla—. Bastante acertado.

—Sawamura, ¿las trajiste? —cuestionaba el corredor en corto al muchacho. ¿De qué hablaban esos dos?

—Por supuesto —agregó con enorme orgulloso—. No sabía cuántas traer así que compré dos cajas —¿qué sería un pastel sin velitas de cumpleaños? Obviamente nada.

—Parece ser que han cuidado todo detalle —habló Kawakami en cuanto miró a Satoru y Eijun poner meticulosamente las velas sobre el pastel—. Esperen…¿por qué han puesto tantas? —¿qué había de malo en poner cerca de treinta velitas?

—¿Por qué han puesto tantas? —Kazuya no sabía a quién de los dos recriminarle. Furuya lucía de lo más entusiasmado con la labor y Eijun reía por lo bajo muy sospechosamente. Presentía que lo de menos era que estuvieran duplicándole la edad.

—¿No creen que ya se está demorando? —la pregunta de Youichi se dirigió hacia las tres jovencitas que hasta apenas habían tomado asiento y cenaban tranquilamente.

—Ella dijo que venía en camino… Aunque eso fue hace como una hora —comentó Yui mirando la hora del último mensaje recibido—. ¿Habrá pasado algo?

Me pregunto qué estará haciendo… ¿Al final se habrá acobardado? —el peli verde sonrió con cierta burla ante su planteamiento.

Los pequeños bocadillos decorando las lustrosas charolas, la gran cantidad de bebidas predispuestas alrededor de un enorme refractario de ponche, el llamativo pastel de tres pisos decorado con hojas de chocolate blanco y fresas, y el gran número de personas que rápidamente iban llenando el salón, correspondían a su actual escenografía. Ese era el modo en que esa familia celebraba los cumpleaños de sus más jóvenes miembros.

Yacía sentada al lado del área de botanas con la mirada puesta en su más grande enemigo: el reloj. Ya había perdido demasiado tiempo en ese sitio y no veía en ninguna parte a la persona que la había literalmente arrastrado a ese lugar.

—No cabe duda de que es una mujer de palabra —la persona que se aproximó no la conocía más allá del nombre y unas cuantas palabras. Y simultáneamente era el que estaba festejando su cumpleaños.

—…Si le llamas palabra a detenerse a media calle y jalar a alguien dentro de un vehículo para traerle a quién sabe dónde, entonces sí —relató sin pizca alguna de humor.

—Vamos, vamos, te vas a divertir enormemente —decía animoso el castaño—. Yo fui quien le pidió de favor a Miu que te trajera a mi fiesta.

—Pues Feliz Cumpleaños —si eso es lo que quería, ahí lo tenía.

—Al menos podrías ponerle más sentimiento, Sora —pidió tras suspirar.

—Así son mis felicitaciones, Hoshimura.

—Haciendo eso a un lado… ¿Te parece si bailamos un poco?¿O quizás quieras que te presente con el resto de mis compañeros? —preguntó, sonriente y esperando por un sí.

—Sinceramente no estoy de humor para hacer ese tipo de cosas. De hecho tengo un asunto pendiente que atender —informó, sin despegar su atención de esas chocolatadas pupilas.

—Estoy seguro que eso puedo aguardar un poco más —su atención pasó de ella a la bolsa de papel que estaba al costado de donde permanecía sentada—. ¿Acaso es mi regalo de cumpleaños? —sí, ahora recordó por qué no quiso cruzar más palabra con él después de que Funaki se lo presentó hace unos meses atrás.

—¿Cómo podría serlo si apenas en este momento me entero de que cumples años? —el tío que tenía en frente no sólo era bien parecido, sino que venía de una familia acomodada. Y ella no tendría problema con ello si no fuera un caprichoso que disfruta de la emoción de conquistar a una chica incauta para después perder el interés.

—Miu pudo habértelo dicho —si eso había pasado la verdad es que nunca atendió a ello o lo olvidó por completo.

—La cuestión es que este no es tu regalo y yo tengo que irme ya —sentenció—. Quisiera saber por qué sigues relacionándote con esta clase de personas, Miu...

—Oh, pero qué bonita caja. Me pregunto qué habrá dentro —¿en qué momento había cogido su bolsa sin su autorización para sacar el contenido como si fuera suyo? ¿Es que no poseía algo de decencia?

—Devuélvemelo —ordenó con cabreo. Si él no era de su total agrado, ahora se había ganado boleto a su lista de gente que detestaba.

—No seas tímida Sora. Sé que te gusto y que te haces la dura —la pelinegra se quedó callada mientras que su mirada quería comérselo vivo—. La mayoría de las chicas se hacen las difíciles para sentirse interesantes. Pero al final siempre es lo mismo.

—Que me lo regreses he dicho —dijo por segunda vez.

—Vaya... Sí que es un presente bastante aburrido —abrir esa caja no representó problema alguno para él, así como contemplar lo que resguardaba. Sencillamente había hecho lo inadmisible—. ¿A quién podría gustarle algo tan burdo como eso?

Sus manos soltaron lo que había hurtado por su mero capricho. Pero no había caído estruendosamente contra el suelo; no, estaba en las manos de su dueña. Y el hablador chico se quejaba del dolor que experimentó tras el pisotón que muy amablemente Sora le dio.

—¿Nadie te enseñó a no tomar lo que no es tuyo?¿Qué clase de modales te han inculcado? —su caja estaba arruinada. Había desgarrado su forro y moño.

—Eso fue muy descortés de tu parte —el castaño se había recompuesto y no miraba con buenos ojos la acción de la oji gris—. Deberías reconsiderar tus acciones —su error no había sido el soltarle esa sarta de estupideces, sino haberle tomado por los hombros, como si fueran tan cercanos, como si estuviera haciéndole un favor con su falsa comprensión.

Todos los invitados tenían la vista puesta en lo que acababa de pasar. Y si no decían nada era porque no querían terminar tendidos sobre el suelo, quejándose como una niña por haber recibido aquella reprimenda con destino final hacia el piso.

—...Lamento no haber envuelto tu regalo, pero espero te haya gustado —expresó con una pequeña y satisfactoria sonrisa mientras lo veía desde el suelo—. Y sin ofender, pero tu fiesta es demasiado aburrida y sosa para mí. Así que ahórrate la invitación el siguiente año.

Salió de allí sin despedirse de absolutamente nadie. Ya había perdido demasiado tiempo en una reunión absurda con gente que le iba y le venía. Y con el tiempo encima no le quedaba mayor remedio que tomar un taxi.

—¿Dónde demonios te metiste? —fue la pregunta que le recibió en cuando atendió su celular.

—No estuve perdiendo el tiempo por voluntad propia —si bien ya estaba calmada, ahora existía algo más que le estaba poniendo de nervios.

—Pues tienes que darte prisa. Esto terminará pronto y no querrás que se dé cuenta, ¿cierto?

—¿Por qué parece que me estás amenazando, Kuramochi? —es que así mismo lo sentía.

—Son imaginaciones tuyas. Mejor date prisa.

—Es lo que estoy haciendo —bufó.

—Por cierto, todavía no le hemos contado que has sido tú la de la idea de la fiesta sorpresa —siseó.

—¡Que no he sido yo! —al diablo que asustara al conductor.

—Si fuiste tú la que trajo ese delicioso pastel y toda la cosa.

—Yo sólo pedí el pastel... Tú fuiste el que le mandó ese mensaje a mi padre desde mi celular para decirle que trajera más cosas —sabía que un día el ser tan distraída con sus pertenencias iba a acabar mal. Ese día llegó.

—Pero yo sé que querías que se hiciera de este modo.

—¡Claro que no! —replicó—. Lo mío era menos llamativo.

—¿Y qué importa? —agregó con un tono que rozaba lo serio—. Aunque se lo niegue a todos, le agradó la sorpresa... Hubieras visto su cara cuando entró al comedor —Sora guardó silencio ante el relato que el peli verde le contaba con lujo de detalle. Estaba en cierto modo sorprendida de que él hubiera reaccionado así, pero a la vez le alegraba que estuviera disfrutando del día aún con su manera de ser y el problema de su lesión. Pero lo que más eco tenía en ella es que se había perdido contemplar su reacción de primera mano; ahora maldecía todavía más el haber sido llevada a ese estúpido sitio.

Había comido hasta reventar, pero había valido la pena por completo. Desde la entrada hasta llegar al pastel, todo había estado para chuparse los dedos. Un festín con todas las de la ley y que seguramente recordaría de ahora en adelante.

Ahora lo que competía era dirigirse hacia su habitación y aguardar un poco antes de meterse a la cama y dormir. Sin embargo, se detuvo en automático. La persona que había estado desaparecida durante todo el festejo se encontraba allí, en medio de su camino.

Él estaba totalmente desconcertado por verla. Había supuesto que nunca tuvo el interés de participar en su festejo. Ella no creía su mala suerte; un poco más de tiempo y podría haberlo logrado. Ahora tenía dos opciones ante sus ojos.

—Es raro verte por aquí —esa mujer únicamente se paseaba por el pasillo que llevaban al cuarto de Sawamura y nada más.

—Es que estaba buscándote, pero no te encontré por ninguna parte. Y pensé que quizás estarías por aquí —mentir no era problema, sino más bien que él le creyera.

—¿Y para qué me querías? —curioseó con esa cándida mirada puesta en su persona.

—¿Para qué más? Para felicitarte claro está —aclaró. Él por su lado dibujó una sonrisa pícara y ella temió por lo que pudiera decir ahora—. De modo que... Feliz Cumpleaños, Miyuki —no existía ni sarcasmo ni hostilidad en sus palabras, sino una completa sinceridad. Incluso le sonreía con naturalidad.

—¿Y mi regalo de cumpleaños? —bromeó.

—...Ahí lo tienes... —había pensado en huir y no dar explicaciones. Pero esa parte de su orgullo se lo impedía.

Ella dio un largo suspiro cargado de resignación. No podía seguir ocultándolo toda la noche. Así que sin mayor remedio se hizo a un lado y dejó que el moreno apreciara lo que estaba ocultándole.

Él lo había dicho jugando. No estaba esperándose que en verdad ella le hubiera llevado algo. De hecho ni siquiera estaba seguro de que supiera el día en que cumpliera años.

—¿No te golpeaste la cabeza este día? —mencionó tras contemplar que frente a su puerta permanecía una caja de madera con un moño azul rey.

—Si no lo quieres siempre puedo ir a devolverlo —no era la primer a vez que le daba un regalo a un amigo por su cumpleaños. No obstante, no se sentía como en aquellas ocasiones. Y el que hubiera planeado dejarlo allí a escondidas ya le debería decir mucho—. ¿No puede simplemente tomarlo sin dar el rollo?

—No pesa prácticamente nada —ya tenía el obsequio entre manos y lo agitaba suavemente.

—¿Intentas adivinar qué es por su peso y si suena? —le pareció un tanto divertido que hiciera algo como eso.

—¿Qué es?

—Se supone que es sorpresa —lo que estaba viendo era la impaciencia de un niño que prefería preguntar en vez de aventurarse a ver qué le habían dado.

—Podría ser algo peligroso —la pelinegra le atravesó con la mirada—. Está bien, está bien. Lo abriré.

Lo que esa caja guardaba en su interior no podía ser pasado por alto porque sus intereses personales se lo prohíban.

Sacó primero lo que estaba hasta arriba y lo que indudablemente le gustó. Después de todo tenía una manía por las gorras y el que tuviera una negra en sus manos con el logo de los Yanquis de Nueva York lo hacía sonreír ansiosamente.

¿Pero qué sería de esa gorra si no contaba con una camisa que fuera a juego con ella? Si bien la prenda contaba con las tonalidades invertidas no le restaba glamour en lo más mínimo. Aunque no todo terminaba allí; había algo más.

—Hay que variar los colores de las manoplas, ¿no? —comentó en cuanto el castaño sostuvo entre sus manos ese guante negro con rojo. Uno que indudablemente era una verdadera obra de arte.

Se quedó callado por unos breves segundos que a Sora le parecieron una verdadera eternidad. Posiblemente por el hecho de que no comprendía sus reacciones y entonces no sabía si había hecho una buena elección o había metido la pata por completo.

Se aproximó hasta donde él permanecía de pie y le observó con detenimiento. Por alguna razón le gustaba analizar los pequeños gestos que él realizaba; ya que muchas veces sus palabras no congeniaban con su lenguaje corporal.

—…Este no es mi equipo favorito, pero…no está nada mal —esa era la respuesta que estaba esperando. E incluso cuando sabía que no había un gracias como tal, no estaba en lo más mínimo molesta; para ella fue más que suficiente pago el contemplar esa mirada de sorpresa y satisfacción.

—Ya será para la próxima vez —indicó como sí nada. Él por su lado le miró del rabillo del ojo, intentando entender plenamente su comportamiento y simultáneamente, pensando en esa segunda ocasión—. De momento deberías probártela para ver si te queda, no estaba muy segura sobre la talla —argumentó. Admitía que había usado la misma que su hermano para comprarle esa camisa.

—…Te lo haré saber —sonrió sin disimulo alguno. No podía negar que esa discreta promesa le provocaba cierto cosquilleo; tal vez era la curiosidad por saber qué podría darle el siguiente año o quizás el motivo se hallaba en ella y su comportamiento.

—Bien —estaba al fin tranquila. Todo había salido mejor de lo que se imaginó y para variar, Kazuya había reaccionado ejemplarmente. Al fin los astros le sonreían.

—Y yo que creía que huirías en la primera oportunidad… Yahahaha —había personas como Kuramochi que todavía no iban a sus cuartos para dejar de molestar al resto del mundo.

—…¿Por qué nos está mirando de ese modo? No me digas que él va…—que el moreno estuviera hablándoles no le daba seguridad alguna. De hecho, el problema era lo que pudiera salir de su boca.

—A veces las personas menos esperadas te sorprenden y organizan fiestas sorpresas —no existía nadie en el mundo que no cachara esa indirecta y menos si se tiene la vileza de mirar a quien le estaban encaramando todo ese arguende—. Estábamos preocupados de que la anfitriona no llegara. Pero ahora que la veo, ya puedo dormir tranquilamente.

Sora posiblemente ya estaba pensando las cosas de más. Pero estaba más que segura que desde que el mes inició solamente se había estado metiendo con su persona usando a Miyuki de pretexto. Y lo peor de todo es que había soltado aquella bomba nuclear cuando la situación entre ella y el castaño estaba en buenos términos.

Contaba con su mano derecha las veces en que sintió la vergüenza invadiéndole por completo. Y sinceramente no esperaba que un acontecimiento como ese se repitiera con alguien como lo era Kazuya. No obstante, no podía evitar sentirse así, porque muy en el fondo estaba consciente de que se le cruzó la idea de hacer una pequeña celebración; pero jamás esperó a que alguien leyera entre líneas y se atreviera a hacerlo usando su nombre.

—¡Oh, esto tiene que ser una primicia! —Youichi estaba que no lo creía. La pelinegra estaba tan roja como la grana y no estaba dispuesta a ver a ninguno de los dos.

¿Qué ella…organizó todo? —¿no eran demasiadas emociones para un solo día? Sentía que esa confesión no era más que una broma por parte del peli verde, pero en cuanto contempló la reacción de ella le fue inevitable no creer que todo era cierto. Para alguien que siempre respondía cuando le levantaban falsas suposiciones, el quedarse callada la sentenciaba por completo—. Aunque…—sabía que ambos pese a cómo solían reaccionar el uno con el otro, se llevaban bien. Como todo en esta vida, poseían sus puntos en común y otros en los que divergían completamente. Y aún sin ser las personas más cercanas se había tomado las molestias de realizar semejante gesto a su persona. ¿Pero por qué?¿O es qué no se requería algo demasiado sustancial para ello? La respuesta que fuera él deseaba conocerla.

—Ni se atrevan a decir nada más. Ninguno de los dos —ya no quería pasar por más bochornos innecesarios. Solamente quería irse de allí—. Yo me voy de aquí, así que buenas noches —no quiso aguardar por su respuesta y sencillamente se retiró a toda marcha.