Antes que nada, unas enormes disculpas por haber prácticamente abandonado este fanfic. Sé que no hay excusa que valga, pero por lo menos he regresado con un nuevo capítulo; espero que la tercera temporada de DnA me proporcione la inspiración suficiente para continuar con este proyecto. Disfruten de la lectura. Nos leemos después C:
Capítulo 19
Intersect
Contemplar la solemne y vasta naturaleza a través de la ventana, le llenaba de tranquilidad y le hacía olvidarse de todas las preocupaciones que asediaban su vida. Si tan sólo pudiera tener aquella panorámica por el resto de su día, sería perfecto. Sin embargo, este deseo se veía desechado en el instante en que su vista se dirigió hacia a su alrededor; en aquel autobús no se encontraba solamente ella.
—Pensaba que al fin tendría un fin de semana libre de testosterona, pero estaba muy errada —suspiró larga y pesadamente. Es que era ahora cuando empezaba a cuestionarse del porqué se había metido a ser mánager de Seidou.
—Vamos, será divertido —le animaba Natsukawa. Ella siempre tan positiva y alegre.
—Al menos me ha tocado sentarme hasta atrás con las chicas y no al lado del toca narices de Kuramochi —es que ya hasta parecía que escuchaba su estruendosa y característica risa perforándole los tímpanos.
—Jamás he conocido a alguien a quien no le guste ir a relajarse a las aguas termales. Así que estoy segura de que lo disfrutarás mucho—comentaba Umemoto mientras sacaba de su mochila una caja de almuerzo.
—Será una buena manera para recuperar energía y pasar tiempo juntas —Yoshikawa estaba más sonriente y animada que nunca. Tal vez a ella le encantaban esa clase de sitios que no podía contener su entusiasmo.
—No discuto los beneficios que guardan las aguas termales ni de lo bien que se la pasa uno ahí. Sino más bien que yo tenía en mente otra clase de planes —estipuló, cruzándose de brazos.
—¿Como tener una salida romántica con Miyuki-kun? —Sachiko sonrió con diversión y malicia tras su cuestionamiento. Es que molestar a la pelinegra con ese tema le resultaba de lo más entretenido por tantas razones.
—Por supuesto que no —sí, ese era otro motivo por el que no quería pasar más tiempo del necesario con esas chicas. Siempre terminaban divirtiéndose con sus desgracias.
—No hay nada de malo en que quieras un tiempo a solas con Miyuki-kun. Digo, casi no están juntos y solamente lo ves en las prácticas —Yui miró a la joven y le sonrió con complicidad.
—Debe ser duro —Haruno la compadecía. Yuki por su lado no entendía por qué se preocupaban tanto por "su relación"; se le hacía de lo más raro.
—Con lo que lo veo, es más que suficiente. No necesito más —porque ya con esas horas al día tenía para querer zarandearlo del mismo modo que hacía Sawamura cuando lo sacaba de sus casillas.
—Vamos, vamos, no seas tímida —la de coletas, que estaba sentada a su derecha, le dio unos suaves codazos en su costado, como si deseara que con eso se sincerara con todas ellas—. Estás en confianza.
—Puedes ocupar este viaje para volverte más cercana a él —lo que faltaba, que Yui también se uniera a la fiesta.
—Sin importar lo que diga, no me escuchan, así que no tiene caso que siga alegando... Tal vez si les doy por su lado me dejen en paz en algún momento —por ahora pensaría de ese modo para estar lo más tranquila posible.
El autobús se detuvo, indicándoles a todos que la travesía había concluido. Por lo que era hora de descender y empezar a bajar las cosas para movilizarse hacia el hostal en el que habrían de permanecer hospedados el fin de semana.
El sol brillaba con intensidad sobre sus cabezas, el aire fresco llenaba sus pulmones y la tranquilidad que sólo las altas montañas eran capaces de acobijar, fue lo que les recibió con los brazos abiertos.
Y si la madre naturaleza no era suficiente, todavía les quedaba disfrutar del enorme y lujoso ryokan al que habían llegado.
—¡Oh, este sitio es enorme! ¡Jamás había estado en un lugar tan lujoso! —a nadie le sorprendía que Eijun estuviera de escandaloso. El problema radicaba que no sólo estaba rodeado de sus compañeros de equipo, sino de turistas que al igual que ellos habían venido a disfrutar de un fin de semana de relajación.
—Eijun-kun, por favor, no grites tanto. La gente está empezando a mirarnos —le pedía Haruichi al castaño.
—Ya quiero subirme al montículo y lanzar —Furuya ardía internamente en deseos de practicar sus lanzamientos.
—Idiota, vinimos a descansar no a entrenar —Kuramochi le refrescó la memoria al pitcher y de paso le dio una buena patada a Sawamura para que cerrara el pico—. Después de todo, fueron las indicaciones del entrenador.
—Lo cual me resulta de lo más extraño —Kazuya no era al único que se le hacía raro todo el asunto. Su entrenador no era de la clase de personas que les daba tantos días de descanso.
—La verdad es que me extrañó mucho cuando nos comunicó que el equipo entero vendría a unas termas —Sora había optado en estar con esos jugadores que con las mánager—. Pero no deberían quejarse. Digo, descansar adecuadamente también forma parte de entrenar.
—¿De nuevo huyendo de las chicas? —porque el día de Youichi no podía estar completo si no la molestaba un poco—. ¿O es que extrañas a tu hombrecito? —señal´con vileza al de gafas.
—Cállate o te arrojo a los lobos —el corredor rio ante su amenaza, ella por su lado se contenía para no darle un pisotón.
—Si continúan parloteando se perderán la cena —Rei había aparecido justo a sus espaldas con una sonrisa burlona en sus labios.
Entraron y se dieron cuenta del garrafal error de haber sido los últimos en registrarse en el hostal. ¿Es que como no vieron venir que terminarían compartiendo habitación porque ya no había otra disponible? ¿Es que estaban preparados para pasar tanto tiempo de calidad juntos? ¿No se supone que era un viaje de relajación?
—¡Todo esto es tu culpa Bakamura! —vociferaba Kuramochi al mismo tiempo que sujetaba al moreno del cuello y lo agitaba como si fuera un refresco carbonatado—. Ahora no sólo debo compartir habitación contigo y esos dos, sino también con el inadaptado de nuestro capitán.
—¡Yo no he hecho nada! —gritó el otro, intentando defenderse.
—Cálmense los dos —Kominato siempre fungiendo de mediador.
—Miyuki, quiero lanzar en este momento. Así que vayamos afuera —Satoru, siempre deseoso por mejorar.
—Denme un maldito respiro —él, era inevitablemente, al que peor le sentaba el tener que compartir habitación con semejantes personalidades conflictivas.
—Ey, Miyuki, no creas que se me ha olvidado lo que me hiciste esta mañana —genial., había cambiado de objetivo en el peor momento—. Pagarás muy caro tu bromita —y el que estuviera tronando sus dedos no le estaba dando buena espina al catcher.
—Quiero que atrapes mis lanzamientos —exigía el pelinegro.
—¿C-Chicos? ¿Por qué no nos calmamos un poco? —lo peor era que se encontraba acorralado por Eijun, Satoru y Youichi; eran como la triada del mal.
—Sawamura, sujétalo con fuerza para que no vaya a escapar. Furuya, métele un par de calcetines en la boca para que no lo escuchen gritar —ordenó, sonriendo con malicia.
—Espero que ya hayan terminado de acomodar sus cosas porque es hora de comer. Así que muevan su humanidad —la hermana menor de Tetsuya había aparecido abajo del marco de la puerta en el momento menos oportuno para esos tres que querían cobrarse todas las tretas del capitán del Seidou—. ¿Les has vuelto a hacer algo? —interrogó al único de ahí que gustaba con meterse con la gente.
—Justo a tiempo —el castaño, valiéndose de su agilidad y velocidad, ya se encontraba detrás de Sora. En ese momento no existía lugar más seguro que ese—. No me sorprende que se hayan vuelto tan salvajes de repente; después de todo, hemos venido a su hábitat natural por lo que se sienten como en casa.
—¡Maldito, ven y dime eso aquí en mi cara no mientras te escondes detrás de las faldas de tu frígida mujer! —le exclamó vehemente.
—Oye, yo que tú no dejaría que te hablara de esa manera tan grosera —le susurraba el de gafas. Era obvio lo que estaba buscando conseguir con sus "sabios consejos".
—Kuramochi —le llamó y él tragó saliva pesadamente. Lo siguiente que el moreno experimentó fue un punzante dolor en la nariz mientras no dejaba da rodar de un lado a otro del cuarto; sí, ella había golpeado su órgano olfativo con su dedo índice con enorme fuerza—. Espero podamos contar con tu presencia en el comedor —expresó antes de marcharse para quien cubría su nariz con ambas manos tras haber detenido su rotación.
—Creo que este viaje será mucho más entretenido de lo que podría imaginarme —Kazuya había disfrutado enormemente del trágico final del corredor que le importaba un bledo reírse por lo recién acaecido—. Ustedes jamás decepciona. Siempre encuentran un modo de no decepcionarme y divertirme.
—¡Me la van a pagar! —ese era el grito de alguien que no se detendría hasta obtener su venganza.
Cenar dentro de aquel ryokan no difería mucho de cuando lo hacían en el comedor de los dormitorios de Seidou. Porque incluso ahí debían cumplir con sus tres tazones de arroz complementarios; la única diferencia era que no se encontraban empapados en sudor y muertos de cansancio.
Y tras llenar sus estómagos todos se dispersaron en pequeños grupos para disfrutar de las actividades que el hostal tenía para ellos. Y es que más allá de las aguas termales, también había un karaoke, una zona de masajes y demás cosas que alguien podría querer si está en busca de unas inolvidables vacaciones.
Pero también estaban las personas que optarían por disfrutar de la belleza natural de los jardines que el hostal poseía.
—Este sitio se ve muy costoso, ¿no? ¿Cómo es que la escuela ha logrado costearlo? —se preguntaba Sora así misma tras haberse detenido frente a la fuente en forma de pez Koi que conformaba la pieza central de aquel jardín de kerrias.
—No pensé que estuvieras lo suficientemente mal de la cabeza como para hablar sola —la pelinegra casi salta del susto en cuanto escuchó aquella voz tan familiar proviniendo de quien sabe dónde.
—¡¿Miyuki?! —buscó y rebuscó entre los arbustos sin éxito alguno—. ¿Pero qué estás haciendo aquí? —soltó tras haberle dado vuelta a la fuente y contemplar al chico sentado muy cómodamente en el piso con una libreta de marcadores entre manos—. ¿No puedes relajarte ni un día?
—Esto me relaja —sí, estaba esperando a que le saliera con una respuesta como esa.
—Empiezo a creer que no disfrutas plenamente de la vida y que huyes de tus queridos kouhais.
—Esos dos están muy intensos, por lo que prefiero estar lejos de su vista o terminaré todo el fin de semana siendo obligado a atrapar sus lanzamientos —se quejó, torciendo el entrecejo—. Y Kuramochi seguramente ande buscándome para cobrarse lo de esta mañana, así que es preferible estar aquí.
—Tiene sentido. Hasta yo lo haría —apoyó su idea.
—Y sobre lo que preguntabas —aquello llamó la atención de la joven—. El viaje fue auspiciado por un viejo amigo del entrenador Kataoka.
—No esperaba que el entrenador tuviera amigos tan adinerados.
—En realidad este sitio le pertenece a ese amigo suyo —Yuki estaba un tanto sorprendida por ello—. Al menos eso fue lo que me dijo Rei-chan.
—Bueno, misterio resuelto entonces —se sentó sobre el suelo, a mano derecha del castaño, disfrutando de la suave brisa que corría por los alrededores.
—¿No piensas irte?
—El que debería marcharse deberías ser tú —inquirió, viéndole de soslayo—. Yo soy una simple y mortal mánager. Sin embargo, tú eres el capitán y seguramente requieren de tu presencia y consejos.
—Yo llegué mucho antes que tú.
—Pero eres un caballero y me cederás tu lugar —tal parecía que ninguno iba a dar su brazo a torcer.
La futura discusión cesó en cuanto se escuchó ese seco y fuerte sonido naciendo de la palma derecha del catcher. Si sus reflejos no le hubieran hecho reaccionar en el momento idóneo aquel esférico se habría impactado de lleno contra el rostro de la pelinegra, causándole una severa lesión.
—E-Estuvo...cerca...—ni tiempo tuvo para reaccionar. Para cuando se dio cuenta tenía el brazo extendido del joven justo en sus narices.
—¿No hay algo más que quieras agregar? —expresaba con burla.
—Gracias —respondió con cierto malhumor—. Además, ¿quién anda por ahí lanzando pelotas a diestra y siniestra?
—Ser un poco más humilde no va a matarte —espetó. Ella lo atravesó con la mirada—. Ni como negar que es la hermana de Tetsu-san.
—Se ve bastante maltratada esta pelota —tomó el objeto, examinándole con curiosidad—. Se ve que la han empleado por mucho tiempo.
—Eso o que quien batea tiene una fuerza monstruosa —fue la opción que Miyuki daba—. Dudo que esto haya sido lanzado por alguno de los chicos, por lo que...
—Significa que hay alguien por ahí practicando —ambos se miraron entre sí y después regresaron su atención al punto del que emergió la pelota de béisbol. Era obvio lo que harían—. Si se dan cuenta de que nos fuimos nos meteremos en problemas.
—Si nadie se entera no pasará nada —se movieron entre los arbustos, saliendo en la brevedad posible a una zona boscosa.
—Claramente no voy a abrir la boca —obviamente no era una soplona—. Pensé que sería más escabroso este sitio pero el terreno es bastante aceptable —entre más avanzaban les resultaba mucho más nítido aquel sonido que conocían mejor que nadie.
—Vaya, de verdad hay alguien practicando aquí en medio de la nada —pronunció Yuki en un susurro para quien estaba escondido detrás de un árbol, justo como ella—. Hasta tiene su propia lanzadora. Aunque hay algo raro...
—Mira las pelotas que están a su alrededor, algunas están numeradas —ella optó por guardar silencio y no interrumpir su explicación—. Lo cual puede significar que tienen una especie de código. Por ejemplo, alguna puede significa pegarle fuerte mientras que otra significa hacer un mero toque.
—Pero unas no tienen nada.
—Si pones un poco de atención y agudizas la vista te darás cuenta lo que sucede con esas —Sora hizo caso a su sugerencia, pareciendo entender a lo que el catcher se refería—. A veces golpea la parte superior de la pelota y en otras, la inferior. Es un buen ejercicio para mejorar la concentración y el tiempo de reacción.
—Está tan centrado que ni siquiera ha notado que tiene espectadores —y aunque quisiera indagar sobre la apariencia del joven, este parecía de lo más cómodo usando su sudadera con gorro en conjunto con su short de béisbol.
—Posee una buena postura. Además se le ve bastante relajado —el desconocido se había acercado para cargar de nuevo la lanzadora así como para presionar algunos botones del pequeño panel de control que esta poseía—. Una recta, una curva, un slider —enumeró cada lanzamiento conforme este era recreado artificialmente por la máquina—. Y bateó todas sin problema alguno, mandándolas bastante lejos —ahora le quedaba claro por qué razón había ido a dar aquella pelota hasta donde se encontraban—. ¿Qué es lo que hará un bateador como él aquí, en medio de la nada? Supongo que debe pertenecer a alguno de los equipos de por esta zona.
—¿Qué es lo que estás maquinando ahora? Porque tus silencios siempre son peligrosos.
—Me haces parecer como alguien que sólo vive para molestar a otro —dijo, con fingido dramatismo, como si de verdad se hubiera visto afectado por lo dicho.
—Eso es justamente lo que eres: un incordio —allí estaba ella para decirle sus verdades—. Será mejor que nos vayamos y dejemos a este chico seguir en lo suyo —dio media vuelta lista para marcharse. Sin embargo, él no hizo lo mismo—. ¿Y ahora qué sucede con él? Pensaba que solamente sentía gran interés por los lanzadores.
—Furuya y Sawamura se divertirían mucho intentando ponchar a ese chico —por un breve momento creyó que el castaño estaba pensando en sus dos pitchers pero se arrepintió de tal pensamiento en cuanto lo vio, tapándose la boca de la risotada que se quería echar—. Si es que logran colocarle un strike.
—Eres realmente malvado —él le sonrió con un cinismo desbordante—.Vámonos ya —y como no veía cooperación por parte de Kazuya tendría que jalarle del brazo para alejarse de aquella zona.
—Le quitas lo divertido a esta vida~
Regresaron al hostal sin ser descubiertos por ninguno de los adultos que tenían como cuidadores. No obstante, no contaron con el pequeño detalle de que la zona recreativa no estuviera tan solitaria como imaginaban; es que ellos apostaban a que a esa hora la mayoría ya habría cedido a la tentación de ponerse a entrenar.
—¿Es posible que nuestro capitán al fin haya anotado un home run? —Kuramochi sonreía de oreja a oreja en cuanto los vio entrar, luciendo ante sus ojos, demasiado sospechosos. Era un momento que debía utilizar a su favor sí o sí—. Bueno, conociéndole tal vez llegó apuradamente hasta segunda base.
—¿Segunda base? —Sawamura estaba confundido—. Miyuki no trae el uniforme puesto.
—Deja de darle doble sentido a las cosas, cabeza de puerco espín —nada como un bonito pisotón justo ahora que traía sandalias y no su calzado usual.
—¡Ey, date prisa y domestica a tu novia! —alguien era valiente e idiota a la vez.
—¿Ahora se dedicarán a ser las estrellas del tenis de mesa? —soltó con guasa el de gafas en cuanto vio a esos de primero portando unas raquetas—. Tal vez hasta les vaya mejor que en béisbol.
—¡Furuya y yo somos imparables en el tenis de mesa por pareja! —allí estaban esos dos, luciendo tan seguros de sí mismos—. Estamos listos para barrer el piso contigo en cualquier momento.
—Empiezo a ver que les está afectando el no practicar —Kazuya veía a esos dos disputando un feroz encuentro. Es que si no supiera que se dedicaban al béisbol, juraría que esos dos estaban listos para representar a Japón en alguna olimpiada.
—Hay que admitir que son muy buenos —Sora por su lado se hallaba jalando la oreja del veloz corredor como medida correctiva por su sucia analogía.
—¡Auch! ¡Duele! —quejarse es lo único que hacía cada vez que la hermanita de Tetsuya se cruzaba en su camino. Aunque la culpa recaía totalmente en él; pero eso jamás lo admitiría.
—Chicos, chicos, vengan. Tienen que ver esto —desde la puerta se asomaba la cabeza de Saki.
Desde la segunda planta y en completo silencio se encontraban los jugadores de Seidou mientras mantenían fija su atención en lo que sucedía en la planta baja, justo donde se divisaba una cómoda sala de espera.
Contemplaban a su siempre confiable y bella reclutadora, mirando de manera desaprobatoria a quien se encontraba sentado en el sillón que tenía en frente, guardando un silencio sepulcral mientras ella hablaba.
—Sabes perfectamente lo que pasará si fuerzas de ese modo tu cuerpo —era necesario hablar con severidad para que el chico comprendiera la magnitud de su imprudencia.
—He sido cuidadoso —aseguró.
—Esa excusa podría valerte conmigo, pero no funcionará con él —suspiró, manteniendo la firmeza en su mirar—. Si quieres que te reconozca, entonces tendrás que atenerte al itinerario que te he dado.
—¿Y ese quién es? —Kuramochi formuló la pregunta que todos allí tenían en ese momento.
—Pero si es el bateador que vimos hace rato —Kazuya empezaba a creer que no era tanta coincidencia el haberse topado con un jugador como él en un lugar tan recóndito como ese—. No creo que sea mero azar del destino el que ese chico esté al lado de Rei-chan.
—Ahora ve a ducharte para que te cambies y cenes —ordenó pasivamente para quien se ponía de pie al mismo tiempo que retiraba el gorro que cubría su cabeza y parte de su rostro.
—Pero si es...—sus grisáceas pupilas vibraron, reflejando con detalle el rostro que para todos aquellos jóvenes resultaba desconocido; sin embargo, para ella parecía representar una pieza de su pasado.
