¡Buenas tardes! Aquí vengo llegando con una bonita actualización C: Disfruten tanto la lectura como su fin de semana. Adiós~
Capítulo 23
Heartbeat
La cena había sido placentera y los había dejado totalmente satisfechos por lo que debían desistir totalmente de las últimas rebanadas de pizza que habían sido llevadas hasta donde se encontraban cenando. Por ahora les bastaba el vaso de fría limonada que se habían servido mientras permanecían sentados en el sillón más amplio de la sala.
Y es que, ¿quién podría resistirse a ver un buen partido de béisbol en aquel enorme televisor de plasma?
—¿De verdad vamos a ver un partido en este momento? —Sora había terminado en medio de Miyuki y su hermano y no podía tener un semblante más estoico que el que manifestaba en ese justo instante.
—Sora, eres mánager del equipo de Seidou, así que es tu deber ver y analizar los partidos de sus futuros rivales —hablaba Tetsuya con un tono que rozaba la seriedad a la vez que ajustaba el volumen de la tele.
—Debes practicar tus anotaciones porque son bastante ambiguas. Así que aprovecha este juego para mejorar —recomendaba el castaño con burla.
—Sólo pónganse a ver su juego y déjenme en paz —indicó con el ceño fruncido. Alguien ya estaba de mal humor; vaya modos de arruinarle tan deliciosa cena.
—Vamos Sora, no seas tímida únicamente porque Miyuki está aquí —claro que no lo era y mucho menos a causa de aquel pesado muchacho—. Recuerdo que te divertía mucho cuando ibas a ver los partidos de Reiji. Incluso algunas veces hasta los grababas—comentaba con una marcada sonrisa.
—Es muy distinto ver un partido por placer que uno por deber —se excusaba la pelinegra mirando a quien no debía andar chismeando esa clase de cosas a gente como Miyuki—. Y si lo grababa era para que después se diera cuenta de los fallos que tenía a lo largo del partido.
—¿Reiji? —al castaño ese mote le resultaba bastante familiar. Sin embargo, no sabía bien de dónde—. Siento que he escuchado ese nombre en alguna parte.
—Es probable que su nombre te suene debido a que era jugador de la Liga Senior Marugame —el mayor se encargó de disipar las dudas del moreno con una simple oración.
—Reiji Irabu... —recordó sin esfuerzo alguno el nombre completo del aludido—. Era el pitcher principal del equipo. Y gracias a su bola rápida y a la dirección de Chris-senpai siempre terminaba poniendo a los bateadores en apuros —señaló ávidamente. Parece que había recordado aquellos momentos de su pasado en que se enfrentó a dicho jugador—. Aunque escuché que en su primer año apestaba y su control era igual de patético que el de Sawamura.
—Oh, sí, definitivamente estamos hablando del mismo —expresaba Sora con un semblante de resignación—. Sus lanzamientos eran tan salvajes que eran muy erráticos y siempre acababan convirtiéndose en bolas en vez de strikes —el estrés de esos episodios de su pasado le llevaron a masajear su frente para relajarse un poco—. Y gracias a eso ninguno de los catcher del equipo querían atrapar para él.
—Excepto Chris-senpai —la conclusión del de gafas fue la correcta—. Tal pareciera como si tuviera una maldición encima que le hace toparse con pitchers problemáticos que de un modo u otro acaban siendo diamantes en bruto en sus manos —expresó entre serio y burlón. Es que le parecía irónico que Takigawa se topara con dos sujetos tan problemáticos y malos en lo que se supone sabían hacer—. Por lo menos Irabu no era un escandaloso y mejoró rápidamente, no como Sawamura —allí estaba su risilla perversa. A alguien le hacía mucha gracia mofarse del chico de primero.
—Déjalo en paz —ordenó pasivamente. Aunque le dio un codazo directo a las costillas para que parara de reírse.
—Lo haré...por el momento —era un cínico de la A a la Z—. ¿Y qué fue de él? —curioseaba aprovechando que el tema había emergido—. Lo último que escuché fue que su equipo ganó el Koshien de verano durante su primer año de preparatoria. Después fue como si hubiera desaparecido del mapa.
—Se mudó a América a causa del trabajo de su padre, así que tuvo que dejar su escuela —Tetsuya atendió la duda de Kazuya—. Pero sigue jugando béisbol, por lo que seguramente ha mejorado mucho desde la última vez que me enfrenté a sus lanzamientos —alguien ya había desplegado su aura de batalla—. La próxima vez batearé su cutter tan lejos como me sea posible —su pasión por el bateo estaba que ardía.
—Se ha emocionado.
—Así es él...—Sora suspiró ya más que resignada a la intensa personalidad de su hermano.
—Y ya que estamos hablando de cosas del pasado —esas palabras encendieron el botón de alarma de Sora en cuestión de segundos—. Estoy seguro de que a Miyuki le gustará conocer un poco más sobre ti, hermana —ahora era el pánico lo que empezaba a sentir desde su médula espinal hasta el resto del equipo—. Y no existe nada mejor para ello que los álbumes fotográficos —la pelinegra reaccionó con demasiado retraso por lo que ahora solamente le quedaba contemplar las consecuencias de su lentitud.
—¡¿Tetsu, por qué le has dado algo como eso a un sujeto como lo es Miyuki?! ¡¿Por qué razón mi propio hermano me ha traicionado de tal manera?! —se había paralizado por completo en cuanto ese libro de pasta dura estuvo en las manos del catcher de Seidou—. A-Allí están las fotografías de mis años de primaria...
—Los hermanos Yuuki —la primera foto con la que se encontró era justamente una donde salían tanto Tetsuya como Masashi y Sora con esas clásicas ropas que te hacían usar para esas pomposas sesiones fotográficas en familia—. Vaya, los tres se ven muy serios para ser tan jóvenes.
—Y el resto de las fotos son igual de aburridas, por lo que te ahorraré la perdida de tiempo —decía Sora intentando arrebatarle el álbum a Miyuki; deseo que no pudo ser materializado.
—¿Por qué hay un gato encima de la cabeza de tu hermano menor? —de verdad que no comprendía cómo había llegado el felino tricolor a semejante sitio.
—Era la mascota del vecino. De vez en cuando nos pagaba por cuidarlo, por lo que lo traíamos a casa —contaba Tetsuya con cierta diversión. Pareciera que había algo gracioso alrededor de ese acontecimiento.
—Pero por alguna razón le gustaba dormir sobre la cabeza de Masa. Por lo que él para no despertarlo se quedaba totalmente quieto, como si fuera una estatua —sí, ahora entendía por qué esos dos mostraban una discreta y divertida sonrisa—. Y como era algo muy gracioso de ver, nuestro padre tomó una foto sin que se diera cuenta.
—Oh mira, jamás imaginé que te gustara el ballet —Kazuya había hallado la foto perfecta para incordiar a la pelinegra. Y es que, ¿cómo podía ignorar a una pequeña Sora portando un tutu rosa—. Y se te ve tan emocionada~ —sarcasmo puro y duro.
—Nuestra madre quería que Sora realizara una actividad más acorde con su complexión y capacidades físicas. Así que consideró que el ballet sería perfecto para ella —de verdad que la aludida estaba empezando a odiar que a su hermano le hubiera nacido de repente ser tan parlanchín.
—Antes de que hables, diré que lo dejé al mes y para lo único que sé usar ese ridículo tutu es para lanzárselo al primer gracioso que quiera hacerme bromas con él —Miyuki no expresó ni un monosílabo pero miró en otra dirección para reírse en tono bajo y con palpable vileza.
—Pero, ¿qué es lo que tenemos aquí? —la chica palideció en cuanto se percató de lo que estaba viendo el catcher—. A alguien no le importa llenarse de un poco de barro.
—Eso ocurrió en un viaje familiar que realizamos a casi finales de verano. Justo cuando visitamos la granja de los abuelos —ella quería que callara por lo que le lanzaba indirectas. Una pena que el moreno las hubiera malinterpretado—. Había estado lloviendo mucho por lo que el patio trasero se volvió pastoso. Pero Sora no atendió a las advertencias de nuestros padres y salió a toda prisa porque quería ver a los animales del establo.
—Se resbaló y terminó toda batida en lodo —Miyuki no se había entretenido tanto en una sola noche hacía mucho tiempo.
—Mi padre no debió de haberme fotografiado en ese momento —se quejó, cruzada de brazos y esforzándose por no caer en el juego de provocación del castaño.
—Hay que admitir que tiene un don para fotografiar en los momentos menos esperados.
—¡Finge al menos que no estás regodeándote con todo esto! —replicó para quien continuaba viendo el álbum familiar y reía por lo bajo ante los vergonzosos momentos que habían sido inmortalizados para la posteridad.
—Vaya, no pensé que tuvieras fetiches. Sobre todo de "esta clase" —¿qué estaba tocándole más las narices? ¿Esa enorme y jovial sonrisa o esa mirada que le indicaba que estaba burlándose abiertamente de ella?
—No se trata de ningún fetiche, cabeza de pino —oh, ese insulto era nuevo para Kazuya—. Estaba interpretando a uno de los personajes más importantes de la obra de teatro de mi clase. Por lo que usé ese disfraz.
—Es una botarga —contraatacó.
—Es un jodido disfraz —dictaminó, arrastrando su gélida mirada hacia él—. Y déjame decirte que todos quedaron maravillados por mi vestuario y mi impecable actuación —se jactó de su época dorada en el teatro.
—¿Y qué obra se supone que interpretaron? —tenía una idea pero quería cerciorarse de ello.
—Caperucita Roja —respondió.
—Eso significa que tú eras el lobo feroz. Es decir, el malo del cuento —expresó con cierta guasa—. Indudablemente es el personaje que mejor te acomoda si consideramos cómo eres —no estaba alabándola, sino todo el contrario.
—Te recuerdo que el lobo fue quien se comió a la abuela de caperucita...y a todo aquel que se quiso pasar de graciosito con él —sí, le estaba amenazando pasivamente.
—Ahora pasemos a este —Tetsuya ya se encontraba sosteniendo otro cuadernillo entre sus manos muy sospechoso—. Estoy seguro de que estos también serán de tu agrado.
—¡No, ni se te ocurra! —esta vez no iba a permitir que la historia se repitiera; no mientras estuviera con vida.
El tiempo se fue volando entre relatos bochornosos contados por el hermano mayor de la familia Yuuki y los partidos de béisbol que estaban pendientes de ser apreciados por ambos jugadores, que no se percataron de la hora que era hasta que fueron interrumpidos por la madre de aquel par de hermanos.
—Creía que ya estarían dormidos, pero veo que continúan viendo esos partidos —la madre veía a esos tres que habían pasado de mirar el televisor a ella.
—Con que las 12, ¿eh? —Tetsuya no lucía nada asombrado de contemplar la hora en la pantalla de su celular—. Bien, iré a dormir o de lo contrario no podré levantarme para ir a la escuela —se levantó y emprendió la retirada tras despedirse de todos con un ademán.
—Sora, deja de comer esos bombones de café que estas no son horas para que te llenes de cafeína —le regañó. Su hija por su lado cerró la bolsa con cierto fastidio—. Y en vez de ponerme esa mala cara, ve a traer una almohada y unos cobertores para que arregles el sofá cama para que Miyuki-kun pueda dormir.
—¿Ah? —pronunciaron a la vez, ante el estupor que experimentaban tras haber recibido tales palabras.
—No me digas que estabas pensando mandar al pobre de Miyuki-kun de vuelta a la escuela a estas horas —ese era el plan inicial de la pelinegra. Aunque probablemente no esperaba a que se le hiciera tan tarde—. A esta hora debe estar cerrado el acceso a los dormitorios, por lo que no podemos dejar que se marche —tenía un punto fuerte en manos—. De modo que pasará la noche aquí y ya temprano pueden irse los tres a la escuela.
—En eso tienes razón —lo dicho por Sora tomó por sorpresa al castaño. Él esperaba otra reacción de su parte—. Iré por lo que me has pedido —miró a su progenitora y se encaminó hacia las escaleras.
—De verdad no hay problema con que me retire —decía para la mujer tras haberse levantado de su puesto.
—No seas penoso, Miyuki-kun —expresó con una reconfortante sonrisa—. No tenemos problema alguno con que te quedes aquí. Así que despreocúpate.
—B-Bueno...—espetó en tono bajo. En cierto modo se sentía extraño ante lo que estaba pasando. Juraba que era la primera vez que se quedaba a dormir en otro sitio que no fuera su casa o los dormitorios de Seidou.
—Ya tengo todo lo necesario —Sora ya estaba en la primera planta por lo que había colocado todo lo que traía en uno de los sillones circundantes. Ahora estaba inmersa en la tarea de extender el sofá cama para así poder colocar la almohada y el cobertor—. Listo —esa era su manera de decirle al de gafas que podía irse a descansar en el momento que él quisiera.
—Gracias —agradeció.
—Bien muchachita, es hora de que tú también te vayas a acostar de una buena vez por todas —sentenciaba para quien estaba intentando aprovechar el momento para recuperar su tentempié nocturno—. Y nada de desvelarse leyendo novelas policíacas, ¿entendido? —se la sentenció.
—No pensaba hacer algo como eso.
—Deja de esconder esas golosinas Yuuki Sora —porque había visto a su hija ocultar la bolsa de bombones detrás de su espalda—. Ahora ve a dormir —ya con la mercancía en sus manos sólo le restaba mandar a su cuarto a su glotona hija.
—Que descansen —fue su despedida.
—Que tú también tengas una bonita noche, Miyuki-kun —expresó para el castaño después de haber encendido la lámpara de piso que había a un costado del televisor para posteriormente apagar las luces de la sala.
—Buenas noches —pronunció en tono quedo—. ¿Cómo fue que las cosas terminaron de esta manera? —se acostó, se acomodó y se echó la cobija encima—. Parece que es cierto lo que dicen, que los sofá cama son en verdad cómodos —y estuvo a nada de entregarse al cansancio del día cuando se percató de que se estaba olvidando de algo realmente importante—. Por poco y podía haberse suscitado un accidente —se retiró las gafas y las colocó del lado derecho. Ahora sí estaba listo para reposar—. Cierto, que no la tengo conmigo —fue el instante en que se puso a echar de menos su máscara para dormir—. Estar aquí...es un poco raro. Sin mencionar que si alguien se percata de que no pasé la noche en los dormitorios, estaré en problemas —¿cómo se supone que descansaría con esos predicamentos a altas horas de la noche?—. Bueno, con un poco de suerte nadie lo habrá notado.
Dormir jamás representó un problema para él, ni mucho menos lo era el levantarse temprano. No obstante, esa mañana no había despertado gracias a la alarma de su celular sino a causa de algo más agradable y delicioso.
Restregó sus ojos, se puso sus gafas y se levantó con cierta pereza. Era claro que haberse acostado tan tarde le había traído sus consecuencias.
—Buenos días, Miyuki-kun —saludó la mujer en cuanto hizo acto de aparición en la sala; llevaba puesto un mandil, dejando más que claro que estaba cocinando—. Deberías irte a lavar la cara para que te vengas a desayunar.
—Siento declinar su invitación, pero creo que lo mejor es que me vaya inmediatamente para que no...—calló en cuanto vio esa resplandeciente sonrisa que le decía a gritos que no aceptaría un no por respuesta—. C-Creo que puedo desayunar rápidamente y después irme.
—Date prisa que todo está listo y no sabrá bueno si se enfría —ahora entendía de dónde había sacado Tetsuya su usual terquedad a la hora de jugar shogi.
—Claro —tras lavar y refrescarse el rostro con agua fría encaminó sus pasos hacia el comedor.
—Vamos Miyuki, toma asiento —invitaba cordialmente el ex capitán de Seidou.
—Necesitas comer o estarás débil durante todo el día —comentaba Sora con un tazón de sopa miso en su mano izquierda.
—Espero que te guste —la madre de ambos chicos había colocado en el puesto del castaño un enorme tazón de arroz, sopa miso, pescado a la parrilla y encurtidos de lo más variados—. También tenemos tofu o tortillas de huevo por si quieres algo más.
—Con esto está bien —y ya que tenía hambre empezó con el arroz.
—Madre, ponle otros dos tazones —habló Tetsuya—. Los miembros del equipo deben comer tres tazones a diario.
—Y más pescado. Que las proteínas son importantes —secundaba la pelinegra.
—Tienen toda la razón —su progenitora fue por dos tazones rebosantes de arroz, así como otro plato con varias piezas de pescado—. Aquí tienes.
—G-Gracias...—bien, ahora era como desayunar en Seidou.
Miyuki disfrutaba de sus alimentos en completo silencio, como lo hacía en el comedor. Y al igual que ahí, atendía a lo que se suscitaba a su alrededor sin intervenir directamente. Sólo que en esta ocasión se trataba de los hermanos Yuuki los que se encargaban de llenar de ruido el lugar.
Le resultaba curioso que ese par de hermanos que eran de lo más serios en la escuela se les viera tan expresivos en ese momento mientras hablaban de los temas más inverosímiles posibles. Tal vez la rareza era cosa de familia.
—Parece que sí son sujetos normales después de todo —bueno, no desaprovecharía para divertirse con ese par de pelinegros—. Aunque eso no quita que sea raro que se pongan a discutir sobre El Lobo Solitario y su cachorro justamente a la hora del desayuno —pasó su atención de esos dos a su casi vacío tazón de arroz; algo en la escena de esos dos hermanos le trajo a colación una vieja memoria que creía haberla dejado olvidado en lo más hondo de su inconsciente. La misma que le susurraba que hace varios años atrás él también disfrutaba de sus desayunos al lado de su pequeña familia.
—¿No te han gustado los encurtidos? —preguntaba Sora para quien se había perdido en sus memorias.
—Ah, no. Están deliciosos —¿había estado por demasiado tiempo absorto o ella le había estado observando? La segunda opción le causaba un malestar parecido a la vergüenza.
—Oh bien —Sora se levantó con una amplia sonrisa. ¿Qué le causaba tanta felicidad tan repentinamente?—. Y ya que has terminado, entonces es hora del postre.
—¿Postre? —Kazuya parpadeó ante lo dicho—. Es muy temprano para eso.
—Para ella nunca es demasiado temprano para el postre —Tetsuya ya tenía una cuchara postrera en su mano derecha. Su hermana por su parte fue hacia el refrigerador.
—Aquí tienes Tetsu —la hermana volvió y colocó un plato sobre su puesto. Ese bonito cubo de gelatina lucía bonito y apetecible gracias a la crema de leche que tenía encima—. Toma —también llevó uno de esos postres al lugar del castaño—. No lo mires como si fuera basura lo que te estoy dando a comer —objetó, con cabreo—. Es gelatina de café, idiota.
—¿Qué tanto te gusta el café?
—Lo suficiente como para que la dejara comer esa gelatina en vez de servirse una taza diaria antes de irse a la escuela —comentaba casual la madre desde el área de lavado de platos.
—Si no la quieres, dámela —dijo la chica para quien seguía meditando sobre si comérsela o no.
—Mmm —tomó un bocado y saboreó el postre con calma—. La crema y el café son buena combinación —en definitiva le había gustado por lo que prosiguió comiéndola.
—Claramente es una de las mejores combinaciones que hay —ya estaba sentada, comiéndose su preciada gelatina con el entusiasmo de un niño pequeño. ¿Cómo alguien podía ser tan dichosa con algo tan simple?
—Solamente a ella podría ocurrírsele comer postre después del desayuno —sonrió con burla en cuanto la vio queriéndole robar un trozo de gelatina a su hermano mayor—. Entre más la conozco más extravagante me resulta ser.
—¿De qué te estás burlando, eh?
—De nada —que se echara a reír al poco rato de decirlo, dejaba en claro que sí lo estaba haciendo.
—Te perdonaré si me das lo que queda de tu gelatina —Miyuki tomó su cuchara y se engulló lo último que quedaba y le sonrió con desfachatez al terminar—. ¡Pequeño...!
—¡Gracias por la comida!
Tras terminar el desayuno los tres muchachos se alistaron y se dirigieron a toda marcha hacia la preparatoria; aun cuando era bastante temprano, debían apresurarse para que cierto chico arribara a los dormitorios de Seidou y no se metiera en problemas.
Gracias a que la diosa de la fortuna estaba de su lado, todo había salido tal cual habían deseado, por lo que esos dos hermanos se dirigieron hacia sus respectivos salones a espera de que fuera la hora de inicio de clases.
—Apenas lleva dos semanas en el equipo y ya se anda desfalleciendo entre clases —fue el comentario que Kuramochi obsequió para quien yacía dormido sobre su pupitre, importándole un reverendo comino lo que la clase pensara al respecto—. El cara bonita es mucho más frágil de lo que pensé.
—Ha soportado las practicas infernales del entrenador sin quejarse, por lo que no creo que interese mucho si se duerme entre clases —habló Miyuki tras haber cerrado el libro de texto que recién había ocupado.
—Aunque también tiene que lidiar con todos esos exámenes de regularización que debe hacer a causa de haber ingresado tan tarde en nuestra escuela —una amplia sonrisa se le dibujó en el rostro ante tal hecho—. ¡Hyahahaha!
—Tal vez deberías preocuparte más por tus propias calificaciones que por las de él —expresó el catcher con la obvia intención de echarle en cara de que sus notas no eran precisamente las mejores de la clase.
—¡Ni que fuera el idiota de Sawamura para aprobar con la mínima! —no era un lumbreras pero tampoco estaba en el mismo hoyo que el pitcher.
—Kuramochi-kun, por favor, guarda silencio —¿de dónde había salido aquella chica? ¿Por qué le estaba mandando a callar de manera educada?
—Si sigues hablando de ese modo terminarás despertando a Tatsuhisa-kun —otra más se unió a la llamada de atención del corredor en corto.
—Él ha trabajado arduamente en los últimos días, por lo que merece un respiro.
—¡¿Ahhh?! ¡¿Qué?! —Youichi estaba a cuadros ante el abordaje de esas tres chicas que defendían de manera innecesaria al rubio. ¿Por qué demonios lo silenciaban? ¿Por qué debía preocuparse por el descanso de ese bateador?—. ¡En primer lugar, él no debería estar durmiendo dentro del salón de clases!
—Pero Kuramochi, tenemos una hora libre. Por lo que podemos hacer lo que queramos con ese tiempo —genial, el de gafas sólo le añadió más leña el fuego.
—¡Ese maldito lo ha dicho a posta para fastidiarme! —chasqueó la lengua y se movilizó hacia el puesto donde dormía tan plácidamente aquel infame rubio. Lo siguiente que hizo disparó la alarma de las adolescentes y captó la mirada del resto del salón. Pero era imposible no contemplar lo que estaba haciendo cuando se había encargado de levantar de su asiento al chico mientras lo sujetaba por el cuello de su camisa—. Ey idiota, despierta de una buena vez o te decoraré el rostro con plumón permanente —amenazó sin éxito alguno porque Tatsuhisa continuaba profundamente dormido—. Es como un tronco —pero no se daría por vencido. Lo zarandearía un poco si era necesario—. ¡Despierta, el entrenador está aquí!
—Mmm... Je t'ai dit que je ne veux pas voyager...—dijo en un idioma incomprensible para el moreno mientras abría lentamente sus ojos con somnolencia. Sí, había logrado alejarlo del mundo de Morfeo.
—¿Qué demonios me has dicho? —Kuramochi soltó al joven, mirándolo con disgusto. Sentía que lo habían insultado aun cuando no entendía nada de lo que le había dicho—. ¿Qué idioma se supone que es ese?
—Kuramochi, me sorprende que no estés hostigando al capitán...—Souh bostezó con notoria pereza. Si había vuelto en sí había sido por obra y gracia del moreno—. ¿Se volvieron a pelear y por eso te has distanciado de él?
—¿Por qué lo haces sonar como si mantuviera algo más que una relación de compañerismo con ese desagradable narcisista? —jamás creyó que conocería a otra persona que le sacara de sus cabales del mismo modo en que lo hacía Kazuya Miyuki.
—Tatsuhisa-kun, ¡no sabíamos que hablaras francés tan fluidamente! —Kuramochi iba a hacerle otro reclamo, sin embargo, todo se quedó en un deseo porque esas tres jovencitas aparecieron y literalmente, lo empujaron lejos del puesto del blondo.
—¡También tienes un gran acento! —elogiaba otra.
—¿Desde cuándo hablas francés? —curioseaba una.
—Desde pequeño ya que mi madre es francesa —contestó sin darle mucha importante.
—¡Así que eres extranjero! —exclamaron las tres jovencitas de lo más emocionadas. Pareciera que esa última información adquirida solamente provocó que el interés de esas jovencitas se incrementara.
—Para ser nuestro mejor corredor te viste muy lento con esa jugada auspiciada por nuestras compañeras de clases —Miyuki estaba divirtiéndose enormemente esa mañana a costa del maltrato del ex gamberro.
—Tsk —se levantó del piso tras la tacleada que recibió sin misericordia alguna—. Ni un mes, ¡ni un mes tiene aquí y trae locas a todas las chicas de la clase! ¡Por su culpa hay un montón de tipas que quieren ser mánagers sólo para verlo durante las prácticas de béisbol! —gritoneó efusivamente para desahogarse de la frustración que sentía ante lo popular que se había vuelto el recién llegado—. Me recuerda a ti en tu primer año cuando todas estaban sobre ti como si fueras la gran cosa.
—La envidia no te volverá tan popular como él o como yo —espetaba el castaño con una sonrisa llena de satisfacción y confianza en sí mismo. Y ese gesto crispó los nervios del corredor; es que, ¿cómo podía ser tan toca narices y ególatra?—. Tal vez si aprendieras un nuevo idioma podrías anotar algunas carreras.
—En este momento no me importa dejar a Seidou sin su capitán y su cuarto bateador.
—¿Otra vez tienes ganas de deshacerte de Miyuki? ¿Cuántas van ya desde que inició la semana? —Youichi casi pega un salto al escuchar a la pelinegra detrás suyo.
—¡No me metas esos sustos! —Sora pasó de su queja y tomó asiento—. Por cierto, ¿a dónde se metieron ustedes dos anoche? Los vieron abandonando el campus juntos pero nadie recuerda haber visto a Miyuki regresando —él no iba a quedarse con la duda. Y tampoco se iba a quedar con las ganas de molestarlos y mucho menos ahora que quería desquitarse con alguien después de lo que le pasó con el séquito de fans de Tatsuhisa—. Ummm... Así que fueron a realizar una práctica nocturna. Ustedes sí que son unos pillos —miró a cada uno de los involucrados, sonriendo con regocijo, disfrutando del incómodo momento que había creado con sus palabras. ¿Por qué tenía que ser justamente él quien se enterara de aquello?
—Solamente lo invité a cenar a mi casa porque la comida todavía no estaba lista a causa de la fuga de agua que había en la cocina —Yuuki se encargó de ser la primera en aclarar el malentendido—. Luego Miyuki fue abordado por mi hermano para jugar al shogi y no hubo poder humano que lo detuviera.
—Al final terminó perdiendo todas las partidas —para Kazuya ya era habitual ganarle a su ex capitán a causa de lo malo que era.
—Ustedes son en verdad aburridos —estaba decepcionado por lo que le contaron como por su nula reacción. ¿Es que iban por la vida con su cara de póquer? ¿Por qué eran tan raros?—. Mejor iré a comprar algo y alejarme de todos ustedes, bola de incordios —y dicho y hecho, el moreno se fue. Y en el instante en que desapareció, ambos suspiraron como señal de que estaban totalmente aliviados
—Empiezo a creer que tú y Kuramochi son algo más que compañeros de equipo porque mira que te tiene bien vigilado —expresaba con una sonrisilla para quien estaba viendo de soslayo. ¿Ahora iba a ser ella quien lo fastidiara?
—¡Claro que no! —objetó con notorio cabreo y con todo el derecho del mundo.
—Aunque no sé de qué me preocupo si al final no hicimos nada más que hablar, ver partidos y molestarnos mutuamente. Algo que hacemos prácticamente siempre...—le miraba de soslayo, totalmente centrado en ese cuadernillo de anotaciones, como si fuera lo único que quisiera hacer durante la hora libre que tenían—. ¿Es que no puede hacer otra cosa? Digo, está bien que se concentre en el béisbol y todo, pero de vez en cuando está bien despejarse haciendo otras actividades —suspiró ante lo obsesivo que era ese catcher—. Debería decirle a Kuramochi que venga a molestarlo para que no vaya a quemársele el cerebro de pensar tanto.
—No importa por dónde lo mire, nuestra ofensiva sigue siendo bastante endeble —exhaló y rascó su nuca con cierta ansiedad—. Parece que tendremos que esperar a que Zono mejore un poco más. Pero con él no será suficiente, así que tendremos que hacer que el resto mejoren. Aunque el nuevo lo está haciendo bastante bien y eso está provocando que el resto se motive —sonrió con complacencia ante la competencia que se avecinaría entre los bateadores con tal de obtener un sitio en el primer equipo—. Creo que ahora veré lo nuevo que tienen para ofrecernos nuestros próximos adversarios —pero antes de que pudiera sacar su libreta de datos sintió una miradilla sobre su persona, justo del lado derecho—. ¿Sucede algo? —cuestionó, sosteniéndole la mirada.
—Nada en realidad —la respuesta dejó de carecer de importancia para él desde el momento en que ambos se quedaron totalmente callados mientras continuaban viéndose, como si se tratara de una competencia para ver quién era el primero que parpadeaba.
—Tal vez quiera amenazarme para que no le cuente a nadie sobre esas vergonzosas fotografías que Tetsu-san me estuvo mostrando —era el cuestionamiento más lógico—. Sería una pena desperdiciar material tan bueno —sonrió con discreción .
—La próxima vez que este incordio vaya a mi casa me encargaré de que Tetsu no esté o lo distraeré con algo para que no le cuente nada sobre mí —era una de las desventajas de tener hermanos mayores—. Deberé pensar en algo para hacer que no abra el pico; especialmente con Kuramochi o será mi total acabe... Debí de haberle tomado una foto mientras dormía sin esos lentes puestos. Ese hubiera sido buen material de chantaje —se lamentaba por haber perdido una gran oportunidad como esa.
Pero antes de que pudiera determinarse un ganador, ambos parecían haber renunciado a tal posibilidad. Lo hicieron en el momento en que desviaron su atención hacia otro punto, hacia cualquier otra cosa que resultara menos estresante que verse el uno al otro.
Se habían incomodado y se habían sentido absurdos de haber reaccionado de tal manera por algo tan irrelevante. Pero lo peor era el ligero incremento de los latidos de su corazón y ese desagradable nerviosismo que los obligaba a no volverse a mirar.
