¡Muy bunas noches! Ustedes disculparán la inactividad en la historia, pero aquí les dejo algo para pasar el rato y que se olviden que no había actualizado en meses. Linda noche C:
Capítulo 25
Coincidences
Existían materias que no le gustaban por lo aburridas o tediosas que le resultaban. Pero había otras que definitivamente no las digería sin importar cuanto se esforzara para hacerlo; especialmente porque era algo en lo que realmente apestaba. Entonces, ¿qué se supone que haría para sortear la situación? ¿Con quién se apoyaría para salir de aquel apuro?
—El día de hoy podrán elegir entre cuatro opciones. Por lo que en cuanto se decidan por un platillo, diríjanse al centro del salón para que tomen los ingredientes que utilizarán —se expresó hacia el alumnado con autoridad la maestra de Economía Doméstica—. Ya que los equipos están listos, procedan por favor. Este platillo formará parte de su calificación final.
—No quisiera hacer esto, pero no tengo otra elección. Tendré que pedirle a Kuramochi y a Miyuki que me dejen estar dentro de su equipo —miró a ese par con soberana discreción. Estaba aliviada de que sólo fueran ellos dos porque así tendría oportunidad de formar parte de su grupo de trabajo—. Los convenceré diciéndoles que me encargaré de lavar los utensilios y trastos tras terminar de cocinar —tomó una gran bocanada de aire y se encaminó hacia esos dos jugadores. Sin embargo, antes de que pudiera llegar hasta ellos, un obstáculo se le atravesó a medio camino—. ¿Eh? Esperen, ¿qué es lo que quieren estas dos? No me digan que ellas quieren… —su fatídico presentimiento se convirtió en una realidad irrevocable—. ¡¿Qué?! ¡Ellas les han pedido a ambos formar parte de su equipo! Es obvio que lo hacen por Miyuki, pero…gracias a esto mi única oportunidad de aprobar Economía del Hogar con buena nota, se esfumó —iba siendo buen momento para entrar en ese estado caótico conocido como pánico; después de todo, parecía que ella era la única que no tenía equipo y el reloj de la maestra estaba empezando a correr—. Esto es mucho peor de lo que me imaginé… ¿Ahora qué haré? Si no hago ese tonto platillo estaré en problemas.
—¿Otra vez te has vuelto a quedar sin equipo?
—Sí, bueno… —e iba a seguir explayándose pero se detuvo en seco. ¿A quién demonios se supone que le estaba respondiendo? Así que ante sus dudas, se volteó hacia el dueño de aquella voz—. ¿Souh? —no se molestó en esconder su semblante de sorpresa.
—En mi equipo hay un lugar disponible por si te interesa —levantó su pulgar derecho y lo inclinó por arriba de su hombro derecho; justo a unos metros de donde se encontraba parado se hallaban dos chicos que estaban ordenando sus ingredientes de manera casi metódica.
—Claro que acepto —no existía motivo en todo el universo por el cual debiera rechazar su ofrecimiento.
—Excelente —ambos empezaron a caminar para llegar a su mesa designada—. Prepararemos ramen.
—Por mí está más que perfecto —a este punto le daba igual si querían elaborar un platillo a base de vainas de soja hervidas. Lo único importante es que tenía un equipo y por ende, una calificación aprobatoria—. Pero ya sabes que dentro del ámbito de la cocina, no te seré en lo más mínimo de utilidad —lo dicho sonó como una disculpa anticipada.
—Eso lo sé de antemano —expresó con una sonrisa divertida—. Pero siempre hay cosas de las que puedes encargarte.
—Ohhh… Pero, ¿qué es lo que tenemos aquí? —la amplia sonrisa que se dibujó abruptamente en los labios del corredor en corto de Seidou no era augurio de nada bueno. Especialmente si se consideraba que esta había aparecido en el instante en que llevó su atención hacia la mesa donde se encontraba Tatsuhisa y Sora.
—Te sugiero que te pongas a hacer tu parte o no terminaremos en el tiempo acordado —Kazuya estaba concentrado en cortar el repollo en julianas mientras que una de las chicas se encargaba de trocear la cebolla en rebanadas muy finas.
—Kuramochi-kun, el pulpo y los calamares deben cocerse de 20-30 minutos. Por lo que será mejor que los pongas en la olla o no estarán listos —decía la otra joven que formaba parte del equipo; la misma que cortaba el tocino en triángulos casi perfectos.
—Ya, ya, ya estoy en ello —de mala gana se puso a hacer lo suyo. Aunque eso no significaba que iba a dejar de joder a cierto castaño—. Sabes, hace unos minutos atrás vi a Sora dirigirse hacia nosotros. Por lo que deduzco que ella quería estar en nuestro equipo. Pero se le adelantaron —comentó en un tono en que únicamente el moreno pudiera escucharle.
—Creo que tendré que ponerte a hacer otra tarea porque estás demasiado ocioso —Miyuki estaba encendiendo el fuego mientras colocaba un wok y aguardaba a que se calentara antes de agregar todos los ingredientes previamente picados y la soja.
—¡Miyuki-kun, eres todo un experto! —exclamaba una de las chicas al ver la maestría con la que el castaño salteaba los ingredientes.
—No teníamos ni idea de que sabías cocinar —la jovencita en cuestión estaba fascinada.
—Las tiene completamente idiotizadas con lo que está haciendo —para Yōichi aquello no era novedad en lo absoluto. Lo que sí le resultaba de lo más curioso era que el blondo no tuviera más chicas en su grupo más que la pelinegra—. Él es tan popular como Miyuki, por lo que debería estar rodeado de chicas y no de esos dos… ¿Y no ha sido muy conveniente que justo haya tenido un espacio libre para incluir a Sora en su grupo?
—Empiezo a creer que las chicas ya son tu centro de atención y que ahora tienes otra clase de intereses —aquellas mordaces y mal intencionadas palabras emergieron de su querido y toca narices capitán—. Descuida, tu secreto está sano y salvo conmigo.
— ¡Idiota! ¡¿Qué demonios me estás insinuando?! —al diablo que pudieran llamarle la atención, él se encargaría de zarandear a tan graciosito muchacho por levantarle falsos—. ¡A mí solamente me interesan las mujeres!
—Mmmm… Es difícil de creer si consideramos la manera tan intensa en la que estabas mirando a Tatsuhisa hace unos momentos atrás. Deberías ser más discreto, ¿no te parece? Por lo menos deberías guardar las apariencias —su atrevimiento cabreó más al muchacho hasta el punto en que se encontraba agitándolo como si él se hubiera desmayado e intentara traerlo al mundo consciente.
—No te golpeo porque de los cuatro eres el único con aptitudes culinarias —se calmó y lo liberó de su agarre—. Así que espero que este okonomiyaki que estás preparando sea digno de la calificación más alta —es lo mínimo que le debía por tener que soportarle sus "graciosos comentarios".
—Despreocúpate. Cualquier cosa que yo prepare sabrá irremediablemente deliciosa —claro, ¿por qué no se sorprendía del egocentrismo que a veces se cargaba ese hombre? ¿Por qué sus palabras le causaban náuseas y a esas dos jóvenes unas ganas locas de echársele encima al cátcher?
—Ahora espero que se te sale —al diablo su calificación. Podía sacrificarla en nombre de callar a ese hombre que tanto lo desquiciaba.
Para fortuna o desgracia de Kuramochi, el platillo que les tocó preparar no sólo lucía excelente, sino que sabía jodidamente delicioso por lo que recibieron una nota sobresaliente y las alabanzas de la profesora.
—Te lo dije —Kazuya estaba más que complacido en restregarle sus dotes culinarios a quien se había engullido lo que cocinó sin objetar.
—Solamente tuviste suerte —se quejaba pero ya se había encargado de servirse otro pedazo—. Cocina muy bien para tener una personalidad tan torcida.
—Tal parece que a Tatsuhisa-kun también le fue muy bien —expresaba una de las dos chicas al ver a todo el equipo del rubio comer tan animadamente sus tazones de ramen en conjunto con la maestra—. Me pregunto si me obsequiaría un poco si voy y le pido.
—Sí, ¡deberíamos ir a pedirle!
—Y se fueron...—soltó Kuramochi tras ver a sus dos compañeras de equipo marchándose en dirección de la mesa de Tatsuhisa—. Y la glotona viene hacia acá...
—Así que ustedes prepararon okonomiyaki —fue lo primero que salió de los labios de Yuki—. Me supongo que todo el trabajo lo hizo Miyuki —porque recordaba a la perfección que el castaño le había dicho que sabía cocinar.
—Un cocinero siempre debe tener a sus asistentes a la mano —nada como sonreír burlonamente mientras te jactas de lo bien que se te da cocinar.
—¡¿A quién le dices asistente eh?! ¡Pedazo de idiota! —y un par de venitas se le marcaron a cada lado de su cabeza, como si de repente su presión arterial se hubiera elevado a causa del de gafas—. De todos modos tu comida no es la gran cosa. Estoy seguro de que la de Tatsuhisa es mucho mejor.
—Eso no era lo que dijiste después de que te comiste lo que preparé —siempre estaba disponible para echarle las cosas en cara.
—Maldito engreído —estuvo a punto de zarandear de nuevo al castaño pero se abstuvo en el momento en que una divertida idea cruzó por su cabeza—. ¿Por qué no averiguamos quién de los dos cocina mejor? —¿de qué estaba hablando el corredor ahora? —. Sora ya probó lo que Tatsuhisa cocinó. Así que, ¿por qué no le das a probar lo que tú hiciste? De ese modo podremos saber quién tiene mejor sazón.
—Mmm —Kazuya acarició su mentón, pensativo. Parecía analizar los pro y los contra de aquel jueguito del que Kuramochi quería hacerlo partícipe—. ¿Qué tal estuvo ese ramen? —no había nada de malo en tentar el terreno, ¿no?
—¡Delicioso! —exclamó sin reparo y con una sinceridad notoria—. La verdad es que todo lo que él cocina sabe muy bien. Así que ese platillo no ha sido la excepción —sí, estaba elogiando el sazón del rubio sin cortarse en lo más mínimo—. Quería comer otro plato de ramen pero se acabó todo —expresó con decepción.
—Qué extraño... Se ha quedado callado y casi siempre tiene algo que alegar —Yōichi miraba en silencio al castaño, percatándose de que su elocuente sonrisa ya no estaba del todo; hasta podría decirse que estaba un poco serio.
—De cualquier forma. Quiero probar su okonomiyaki —la petición de Yuki tomó por asalto a ambos—. Así que, ¿puedo tener un poco? —ninguno esperaba que ella se pudiera comportar tan afable cuando de comida se trataba.
—Ah, sí —respondió escuetamente el de lentes antes de girarse y tomar un poco de aquel manjar para darle a probar—. Todavía nos...
—¡¿Eh?! ¡¿Pero qué?! Si hasta hace unos minutos todavía nos quedaba... —Yōichi veía patidifuso el plato vacío. Ya no había ni boronas.
—¡Esto ha estado exquisito!
—¡Lo mejor de lo mejor! —habían encontrado a las culpables de que el okonomiyaki desapareciera en su totalidad.
—Tal parece que llegué demasiado tarde —la pelinegra suspiró con frustración—. Ahora tendré que comprar uno cuando salga de clases... Uno o tal vez dos —no era secreto que la hermana menor del ex capitán de Seidou poseía un apetito de temer.
—Deberías dejar de comer tanto o engordarás —y un comentario tan poco caballeresco no podía venir de nadie más que no fuera Kazuya.
—¡Imbécil! ¡¿Por qué demonios has dicho algo como eso?! ¿Quieres que ella te golpee o qué? —Kuramochi ya no sabía si Miyuki era imbécil a un nivel impensable o su pasión por joder iba más allá de procurar su bienestar físico.
—Eso no pasará —aseveró
—Al ritmo que vas, sí —lo peor es que tenía una sonrisa cargada de guasa; una que provocaba la irritación de la pelinegra sin problema alguno—. Recuerda que todo se va a las caderas~
—¡Pequeño...! —y estuvo a nada de volver realidad el presagio de Kuramochi pero la voz de la profesora le interrumpió.
—Por favor, limpien y dejen todo en su lugar. En cuanto hayan terminado, podrán marcharse.
—Hmp. Te has salvado —Yuki se dio media vuelta y se fue de allí.
—Ey Miyuki.
—¿Qué pasa?
—Eres un idiota.
—¡¿Ah?! ¿A qué viene eso? —ahora el ofendido era él.
—¡Ya ponte a limpiar o no nos dejarán irnos de aquí! —y antes de que el castaño reclamara, le arrojó un trapo húmedo directo a la cara.
Las clases así como las prácticas de la tarde concluyeron en un parpadeo. Sin embargo, siempre había cosas por hacer, por lo que ningún miembro del Club de Béisbol yacía quieto y mucho menos cierto escandaloso pitcher que no paraba de correr por toda la cancha junto con su fiel neumático.
Y que el castaño estuviera tan ocupado era lo más conveniente para cierto capitán de Seidou, que por ese día estaba más que cansado de lidiar con la injundia del menor. Razón por la que se dirigió en dirección opuesta, esperando no toparse con Furuya.
Aunque cuando pasaba por la bodega donde guardaban todo lo referente al equipo de béisbol, se detuvo ante la curiosidad que le provocó el ver a las mánager espiando desde una pequeña rendija de la puerta que estaba entre abierta, el interior de dicho lugar.
—¿Sucede algo? —la voz de Kazuya provocó que las tres chicas pegaran tremendo salto.
—¡Miyuki-kun, nos has dado un buen susto! —Yui se veía bastante alterada por la pequeña maldad no intencionada del capitán.
—No puedes llegar y hacer eso —le regañaba Sachiko. La única que poco le importaba discutir con él.
—Les dije que era mala idea espiarla —Haruno casi siempre era la voz de la razón del grupo.
—¿Espiarla? ¿De quién hablan? —las tres mánager se apartaron y le permitieron al castaño que viera por sí mismo a quién se estaban refiriendo—. ¿Mmm? ¿Pero qué es lo que está haciendo?
—Ha estado allí, acomodando todo de manera muy meticulosa —contaba la de las coletas—. Lleva al menos un par de horas.
—Hay que aceptar que todo se ve perfectamente ordenado —elogiaba Natsukawa.
—La verdad no esperaba que fuera tan fijada con el orden —comentaba Umemoto con cierto tono de sorpresa—. Bueno, será mejor que nosotras nos supremos o se nos hará tarde —se despidió en compañía de sus otras dos amigas.
—De verdad que está centrada en lo que hace...
La pelinegra había organizado los bates de acuerdo al material del que estaban hechos. Las pelotas relucían de limpias mientras permanecían en sus respectivas rejas y estas a su vez, estaban lado a lado, en fila. Y aunque las manoplas estaban en su sitio de siempre, había otras a un costado de donde ella permanecía sentada.
—¿Qué se supone que está haciendo?
—Esta ya quedó. Sin embargo, la de aquí no tiene reparación por lo que tendré que tirarla a la basura —pasó el primer guantelete al frente y el segundo a su derecha—. Estos están demasiado desgastados, así que me temo que tampoco puedo hacer nada por ellos —suspiró al mismo tiempo que revisaba el resto de manoplas en busca de alguno que pudiera ser salvado.
—¿Está reparando las costuras de los guantes de béisbol?
—Necesitaré más cordones. Así que dejaré esto pendiente para mañana... Ahora veré si no falta nada más por hacer y entonces —enumeraba sus actividades pendientes a la vez que se ponía de pie y se giraba hacia la puerta. Justo donde su mirada se terminó encontrando con la de él—. ¿Miyuki? ¿Necesitas algo? —tal vez requería algo de la bodega.
—No en realidad —dijo, con sinceridad antes de abrir por completo la puerta—. Así que eres una maniática del orden —soltaba con una pizca de burla.
—Y la limpieza —agregó para sorpresa de Kazuya—. ¿Qué? No gano nada ocultándolo. Además, de este modo deja de ser divertido para ti —sí, ahora recordaba por qué aprovechaba cada que tenía la oportunidad para molestarla.
—Aburrida.
—Y tú eres alguien demasiado ocioso —tiró los guantes inservibles y acomodó los buenos. Sacudió sus manos y las llevó hasta sus caderas—. Ahora sí se ve bien este lugar —la panorámica que tenía frente a ella la llenaba de tanta paz y tranquilidad que se veía de lo más relajada—. Veré si las chicas necesitan ayuda. Y si no, podré irme a comprar un delicioso okonomiyaki para cenar —caminó hasta la salida y se detuvo justo donde permanecía el castaño, recargado sobre el marco de la puerta.
—Me sorprende que aun quieras comer eso —era la primera vez que la veía con tal fijación en un platillo en particular.
—Me quedé con el antojo esta mañana cuando lo preparaste en clase. Así que quiero comer uno sí o sí —sonaba como una niña caprichosa que no iba a parar hasta tener lo que quería; y era algo que le causaba gracia al castaño que le fue imposible retener sus ganas de reírse en su cara—. Hmp —esas grisáceas pupilas estaban viéndole con un palpable deseo de callarlo de maneras poco ortodoxas.
—Agresiva.
—No te he tocado ni un sólo cabello, por lo que no puedes llamarme de ese modo.
—Eso es porque te estás conteniendo de golpearme —contraatacó.
—Es tu culpa por ser tan irritante y desesperante —opinión compartida con unos cuantos miembros del equipo de Seidou—. No soy yo. Eres tú.
—Yo diría que es culpa tuya por no saber controlarte —que estuviera sonriéndole de oreja a oreja, echándole en cara que estaba disfrutando meterse con ella, la mosqueaba más—. Parece que también el hambre te pone de malhumor —señaló no por mera adivinación, sino porque había logrado escuchar las quejas del estómago de la pelinegra. Y algo tan vergonzoso como eso provocó que se le tiñeran las mejillas de un rojo muy llamativo.
—¡C-Cállate, idiota! —era cuando se maldecía a sí misma, internamente, por haber sido incapaz de controlar las reacciones de su cuerpo—. Me largo —era momento de partir y evitarse más bromas de mal gusto por parte de ese fastidioso cátcher—. ¿Uh? —sacó su teléfono móvil, viendo el mensaje recién recibido de manera inmediata—. Sawamura me ha mandado un mensaje donde específica que es en extremo necesario que tú y yo nos reunamos con él.
—¿Y ahora qué se le ocurrió a ese idiota? —temía por él, por todos.
Kazuya ya estaba imaginándose lo peor mientras seguía en completo silencio a la pelinegra. Y es que no es que quisiera inmiscuirse en lo que sea que se le haya ocurrido al de primero, sino más bien que tenía que asegurarse de que no fuera una estupidez demasiado grande.
Llegaron al comedor y entraron de inmediato, quedándose bastante anonadados por lo que estaban contemplando. Y es que a ninguno de los dos se les hubiera ocurrido ver a Eijun con mandil y toda la facha que sólo portan aquellos que se apasionan por el maravilloso mundo de la cocina; y tal vez lo más desconcertante era encontrar a más rostros conocidos reunidos allí.
—Sawamura, ¿qué es lo que pretendes con eso? ¿Por qué nos has mandado a llamar? —nada como una rápida crítica por parte de Miyuki.
—¡Jajajajaja! ¡Los sorprenderé a todos con mis grandes dotes culinarios! —Kazuya estaba seguro de que apestaba en semejante tópico.
—Tengo el presentimiento de que esto va a terminar mal… Además, no has respondido a mi pregunta.
—¿Es que van a cocinar algo? —Sora por su lado se le veía entusiasmada ante aquella posibilidad—. Veo muchas cosas por aquí —en una de las mesas había repollo, patatas, huevos, tocino, calamar y muchos ingredientes más que podrían emplearse para elaborar tantas cosas deliciosas.
—Así es —Yōichi se acercó hasta ellos, dejando a Kominato y Furuya mientras no se decidían en qué mayonesa era la mejor de las tres opciones que tenían.
—Pero si tú no sabes cocinar nada. Solamente vas a estorbar —increpó.
—¡Tú tampoco! —el corredor en corto ya no se cortaba con ella. Por lo que poco o nada le importaba estar pellizcando las mejillas de la pelinegra por haberle ofendido de ese modo.
—Kuramochi —el moreno se detuvo en cuanto escuchó la voz del blondo llamándole desde el lado de la cocina del comedor—. Necesito que me eches una mano.
—Tsk… Si no me queda más remedio —liberó a su víctima y se dirigió hacia donde se encontraba Tatsuhisa—. Te advierto desde ya que no pienso hacer el trabajo pesado.
—Espera, ¿qué fue lo que pasó? —interrogaba Sora a los de primer año que estaban muy quitados de la pena.
—Tatsuhisa-senpai y Kuramochi-senpai provocaron el enfado de Takashima-sensei, por lo que además de reprenderlos, los castigó —Satoru inició el relato para quienes no entendían qué estaba pasando.
—Y como la mayoría de los castigos que se le ocurrieron involucraban posibles lesiones, entonces optó por algo menos agresivo pero que a la vez les hiciera recapacitar sobre su mal comportamiento —concluía Haruichi con una pequeña pero jovial sonrisa.
—Y me supongo que ese "castigo" consiste en preparar la cena para todos —los chicos asintieron, dándole la razón al capitán—. La van a tener duro considerando todos los que somos.
—Por ese motivo nos decantamos por preparar pizza japonesa —Souh se asomó nuevamente desde el otro lado del comedor a la vez que amarraba un paliacate alrededor de su cabeza—. Es relativamente fácil de cocinar y si le agregamos los suficientes ingredientes se torna bastante consistente.
—¿Pizza japonesa? —Miyuki se desconcertó ante ese término—. ¿Te estás refiriendo al okonomiyaki?
—Sí, justamente eso.
—¿Y ustedes decidieron ayudarlos? —Yuki veía a esos tres de primero portando sus mandiles y demás indumentaria—. Eso es muy dulce de su parte.
—En realidad ellos también tuvieron la culpa de todo lo que pasó. Por eso les pedí amablemente que nos echaran una mano —Kuramochi les observaba con sadismo puro, como si estuviera ansiando explotarlos hasta que sus jóvenes cuerpos no pudieran más—. Así que dejen de perder y muevan sus traseros hasta acá para que empiecen a hacer algo.
—Pronto será la hora de la cena, así que no demoren demasiado o los chicos se pondrán de malhumor —Kazuya, el más cínico de todo el equipo de béisbol de Seidou, ya había tomado asiento, luciendo una sonrisa que dejaría tonto al gato de Cheshire.
—¡Bakamura idiota, por eso te dije que no lo hicieras venir a él! —una "suave" patada en las sentaderas del menor no remediarían la situación pero le permitirían liberar estrés—. Sólo tenías que hacer venir a Sora para ponerla a lavar todos los trastes sucios.
—¡Ey! ¡Pero tú dijiste que el ore-sama ese sabía cocinar, así que pensé en que serviría de algo el traerlo! —y su contestación altanera únicamente provocó que lo apaleara de nuevo el amante de los videojuegos—. ¡Auch!
—Guarda silencio, Bakamura —era la hora del castigo—. Además, ese idiota no va a ponerse a ayudarnos sin primero orillarnos a mancillar nuestra dignidad.
—Yo lavaré gustosa los platos si me dejan comer de lo que prepararán —Yuki ya estaba haciéndose una coleta alta mientras aceptaba el delantal que Haruichi le estaba entregando—. Estoy a bordo.
—¡Sora-senpai, esa es la actitud! —nada como chocar sus manos contra las de la pelinegra.
—Estaba seguro de que me golpearía por lo que le dije, pero no lo hizo —Kuramochi se sentía extraño. No estaba acostumbrado a la no violencia de esa joven hacia su persona—. ¿Qué demonios está ocurriendo aquí?
—Es algo de lo más sencillo —Tatsuhisa ya se había desplazado al lado de su compañero de castigo—. El okonomiyaki es su comida favorita. Así que cada que tiene la oportunidad de comerlo, la aprovecha. Por eso ha reaccionado de esa manera —ambos beisbolistas se miraron, guardaron silencio y estallaron en risas; ese día era memorable gracias a aquella pequeña revelación que podrían emplear a su favor en el futuro.
—Souh, si quieres puedo ayudarte a lavar toda la col que se tiene que picar —Yuki ya estaba junto al rubio con una actitud voluntariosa.
—Sí, te lo agradecería —estipuló, con una suave sonrisa—. Furuya, Kominato, vayan a lavarse las manos para que se pongan a pelar y rallar las patatas —indicó para esos dos que acataron la orden rápidamente—. Sawamura, tú picarás el tocino, así que ve con los otros.
—¡Sí señor!
—Ni al capitán del equipo le hacen tanto caso como a él —expresaba el corredor en corto de manera muy casual—. Incluso Sora está muy cooperativa en todo lo que le pida hacer —ante su nada despreciable sentido de la observación, la pelinegra se comportaba muy relajada y cordial con el nuevo del equipo; reforzando aún más la hipótesis que se había formulado hace poco—. Podría preguntárselos directamente pero no sería divertido de esa manera —Yōichi iba a seguir en su mundillo hasta que escuchó a Kazuya levantándose de su asiento—. ¿Ya te vas?
—No me importaría que hicieran esto para ellos mismos, pero también tendré que cenar lo que sea que salga de toda esta locura y eso no me tranquiliza mucho que digamos. Así que no puedo quedarme sentado de brazos cruzados —expresó para quien estaba en un estado agudo de desconcierto—. Ey Tatsuhisa, ¿tienes otro puesto libre para cocinero? —la pregunta no era lo digno de mención, sino esa enorme sonrisa que destilaba a mares egolatría y gran confianza en sí mismo y en sus habilidades.
—Eso se oyó como que nuestro capitán no pareciera estar complacido con el sazón que puedo ofrecerle —Souh había escuchado fuerte y claro la petición del castaño, por lo que no dudó en darle respuesta en cuanto salió del área de cocina—. Si bien no tengo nada en contra de que quieras prepararte tu propia cena como consecuencia de que no confías en el resultado que obtendremos —le estaba dando la razón, sin embargo, no se sentía satisfecho con ello—, sería algo egoísta de tu parte que impidieras que el resto de los chicos se privaran de comprobar las grandiosas habilidades culinarias que posees. ¿No te parece? —él también sonreía, pero de manera más serena, como si las palabras de su capitán no hubieran repercutido en nada en la actitud que tenía.
—Pequeño zorro embustero —Kazuya ensanchó aún más su sonrisa ante sus palabras. Aquel bateador le había adulado, ofendido y provocado, todo simultáneamente y usando palabras rimbombantes que lo hacían ver como alguien que no ha dicho nada malo en cuestión—. Lo haces sonar como una competencia.
—Eres tú el que lo ha denominado de ese modo, no yo —expresó, sin despegar su atención de quien le estaba sosteniendo la mirada, como si con ello estuvieran pactando su pequeño e informal duelo culinario.
