¡Hello gente! Espero que hayan tenido un bonito puentecito de Todos Santos y que hayan comido tamales hasta decir basta. Y si no fue de ese modo, pues por lo menos podrán pasarla chévere con esta actualización C:
Capítulo 26
Intentions
—De repente el ambiente se puso muy intenso. ¿No les parece? —opinaba Kuramochi mientras veía a esos dos que tras sostenerse la mirada se dirigieron hasta el área de cocina; cada uno parecía haberse apropiado de una sección de la misma.
—Supongo que es porque ambos son muy competitivos —habló Sora tras contemplar a ese par intercambiar unas últimas palabras antes de centrarse en lo que debían hacer.
—Estoy muy seguro que el motivo por el que esto se detonó va más allá de eso.
—Miyuki dijo que no quería arriesgarse con la comida que saldría de todos ustedes, por lo que siento que es normal que reaccionara de esa manera — Yūki sabía que ese hombre podía ser muy quisquilloso cuando se trataba de comer.
—Tampoco creo que ese sea el caso.
—Siento que estás dándole muchas vueltas al asunto, Kuramochi.
—Ese idiota no hubiera aceptado ponerse a cocinar para todos en otras circunstancias. Y sin embargo, lo está haciendo, contra todo pronóstico —Kominato estaba apoyando a Miyuki mientras Furuya hacía lo mismo con Tatsuhisa; Sawamura por su parte estaba vitoreando el nombre de ambos para motivarles a cocinar con mayor prontitud y eficacia—. Es obvio que no quiere perder contra Tatsuhisa en algo que es bueno. Por lo que esta es la oportunidad perfecta para ello, pero...aquí hay otras motivaciones —necesitaba más bases, más pruebas para apoyar su hipótesis. ¿Pero cómo las obtendría?
—¿Qué tanto estás pensando Kuramochi? — Yūki estaba extrañada por el calmo comportamiento del moreno; él solía ser más ruidoso.
—¿No le dijiste a Tatsuhisa que le ayudarías a lavar la col?
—¡Es cierto! Lo había olvidado —dejó de perder más el tiempo y se fue directo hacia el rubio.
—Creo que es un buen momento para irle a proporcionar mi grandiosa ayuda a nuestro fastidioso capitán —llegó hasta el puesto del castaño y con una sonrisa que llenaba de desconfianza a Miyuki, tomó un cuchillo y empezó a picar la cebolla—. Espero que te estés tomando en serio este duelo, capitán.
—¿Duelo? —su ceja izquierda se arqueó y su mirada pasó de la tenue confusión a manifestar la gracia que aquello le causaba—. No estamos compitiendo. Simplemente no quiero comer lo que él haga.
—¿Por qué no cumple tus estándares de calidad? —Yōichi ya se estaba volviendo un experto en confrontar a su capitán—. Porque a Sora parece encantarle su comida.
—A ella cualquier cosa que esté medianamente buena le gustará —expresó con frescura y hasta con un toque de pitorreo—. Por lo que su opinión no es válida.
—¿Significa entonces que le ofrecerás de tu comida para que sepa lo que es un platillo bien hecho? —alguien estaba metiéndose en territorio muy minado pero no temía.
—Hmm...—el moreno odiaba cuando se quedaba callado o salía con esos sonidos vocales que nada le decían—. No estoy interesado en que una troglodita como ella evalúe mi comida.
—¡Este grandísimo idiota! ¡¿Qué tan grande es su ego que le permite decir semejantes cosas?! —lo peor es que el castaño tenía una enorme sonrisa llena de autosuficiencia—. ¡De verdad que me desquicia y me dan ganas de golpearlo!
Gracias al trabajo en equipo y la buena diligencia de aquellos expertos cocineros, todo quedó listo para la hora de la cena. Ahora únicamente debían aguardar a que el resto de los miembros del equipo arribaron para ponerse a preparar.
—El verdadero trabajo empezará cuando los chicos lleguen —mencionaba el rubio tranquilamente.
—Justo va a iniciar la diversión —pronunció en cuanto comenzó a ver a los chicos que iban entrando uno tras otro.
—Parece que era en serio lo que decía Sawamura en su mensaje —Maezono se mostraba bastante sorprendido, especialmente al contemplar a Miyuki a un costado del blondo—. No me digan que el capitán también fue reprendido.
—Claro que no —Kawakami intervino para despejar las dudas del grandote—. Aunque tal parece que terminó siendo arrastrado a todo esto.
—Esto va a ser muy interesante —Kanemaru era de los pocos que veían el lado divertido de todo aquel asunto.
—¡Miyuki, ya ponte a cocinar que tenemos hambre! —gritaba Eijun, importándole un bledo que el mencionado fuera su superior.
—A ti no te voy a dar nada —sentenció el castaño. El resto de los presentes se echaron a reír.
Los chicos conforme iban entrando, tomaron asiento y aguardaron a que se les indicara que ya era hora para formarse y recibir su inusual pero apetitosa cena. Y para cuando salieron los primeros pedidos, la enorme fila no se hizo esperar.
No sólo se trataba de que era un platillo que no comían con regularidad, y mucho menos dentro de las instalaciones de Seidou, sino que sabía endemoniadamente bien, hasta el punto en que el repetir se estaba tornando muy frecuente entre aquellos chicos; por lo que para quienes fungían como cocineros, la situación se estaba tornando bastante trabajosa.
—No han parado ni un solo minuto y no se les ve en lo más mínimo cansados o fastidiados —comentaba Kuramochi con un trozo de pizza japonesa dentro de la boca.
—Tú deberías estar ahí y no aquí, comiendo tan despreocupadamente —Sora tenía sentada frente a ella al deslenguado corredor que lo único que había hecho para "pagar" por su travesura fue el haber picado la cebolla y fastidiar al de gafas.
—Sinceramente estoy ayudando más de este lado que estando allá —ese día estaba finísimo con las excusas—. Además, tú también dijiste que los ayudarías y estás comiendo muy quitada de la pena.
—Antes de que me difames, que te quede claro que ayudé a Souh en todo lo que me pidió —tomó un bocado de aquella gloria conocida entre los mortales como okonomiyaki y prosiguió a continuar hablando—. Y por ello, me permitió retirarme para que pudiera comer antes de marcharme a casa.
—Que caballeroso de su parte —ironizó—. Oye, ¿cuántas llevas ya?
—¿Para qué quieres saberlo?
—Tengo el presentimiento de que llevas más de dos…—la pelinegra prescindió totalmente de sus palabras y siguió comiendo con un aura de envidiable felicidad—. Ey, deja de ignorarme del mismo modo en que lo haces con Miyuki.
—¿Sabías que hay dos estilos muy usuales para preparar el okonomiyaki? Uno es al estilo Osaka o Kansai, y el otro es el estilo Hiroshima —relataba para quien poco o nada le importaba conocer esos detalles gastronómicos—. Aunque los dos son deliciosos y grandiosos a su manera, el estilo Osaka es el mejor por mucho.
—En serio que amas esa cosa.
—Kuramochi-kun —el corredor en corto experimentó el verdadero terror en cuanto escuchó su nombre en boca de Takashima Rei—, se supone que tú deberías estar cocinando al lado de Souh-kun. Y al que estoy viendo es a Miyuki-kun.
—B-Bueno, es que la verdad…—¿qué se le podría ocurrir para salvar su pellejo? Si no lograba convencerla, enfrentaría otro castigo.
—Él acarreó todos los ingredientes y siguió mis órdenes al pie de la letra. Por lo que cumplió con su parte —Tatsuhisa se había acercado en cuanto notó la presencia de la profesora—. Además, él se ofreció a lavar todo después de que la cena diera por terminada.
—¡¿Que yo qué?! —no estaba nada feliz de que ahora fuera el encargado de los platos sucios. Pero, ¿podía objetar? Si lo hacía, la castaña lo atraparía y le iría peor.
—Y ya aprovechando que ha venido hasta acá para ver que cumpliéramos al pie de la letra con nuestro castigo. ¿por qué no cena? —invitó a la profesora de inglés con bastante soltura—. Si no confía en lo que cocino, puede probar lo que hizo Miyuki.
—Aceptaré solamente porque no he comido en todo el día y porque conozco tu cocina —Takashima tomó asiento, justo a un costado de donde permanecía Yōichi. Y un evento como ese dejó a todos intrigados; porque si bien ella se llevaba excelente con los miembros del equipo, eran rarísimas las ocasiones en que pasaba al comedor a degustar algún alimento.
—Siendo ese el caso, ¿por qué no pruebas este? —Miyuki ya estaba allí, con un platillo de okonomiyaki en la mano y que no demoró en colocar sobre el puesto de Rei—. No te arrepentirás de su sabor.
—Oh, te agradezco Miyuki-kun —la mujer dio un primer bocado y todos parecían mantenerse a la expectativa—. Está realmente delicioso —elogiaba la mujer al confiado cátcher—. Tu cocina no hace más que mejorar.
—Te dije que no te arrepentirías.
—Sora, ¿ya quedaste satisfecha? —cuestionamiento que provino de cierto blondo.
—Bien podría comerme uno más —y su respuesta parecía haber provocado una ola de murmullos y semblantes estupefactos.
—¡Se ha comido cinco!
—Es increíble que pueda comer tanto siendo sólo una chica…
—No cabe duda de que es la hermana menor de Tetsu-san —expresaron algunos sin inmutarse en resultar indiscretos.
—Aunque quisiera probar uno hecho por Miyuki. Todo mundo parece muy complacido, así que deseo comprobarlo por mí misma —decía para Tatsuhisa a la vez que postraba su atención en el aludido; era obvio lo que quería.
—Ah, lo siento, ya se terminó todo lo que hice y ya he tenido suficiente por esta noche —la pelinegra suspiró con resignación. Tal vez la vida le estaba diciendo que lo mejor era que no probara ese platillo hecho por ese hombre.
—Tienes muy mala suerte —le echó en cara Kuramochi a la callada chica que lo estaba calando con la mirada hasta el punto en que sentía que debía retractarse de lo dicho—. Tampoco son la gran cosa, así que no te preocupes. Los de Tatsuhisa están al mismo nivel por lo que no hay pierde.
—Si ese es el caso, te creeré — Yūki ya se notaba menos aprensiva sobre el tema—. Comeré otro hecho por ti, Souh. Eso siempre y cuando quieras, porque ya debes esta agobiado a este punto —la estela de fracaso había desaparecido de su rostro; ahora estaba recuperada y lista para llenar el espacio libre que todavía le quedaba a su estómago.
—Uno más no matará a nadie —y eso era justamente lo que la muchacha estaba ansiando escuchar—. Sólo espera un poco y lo tendré lista —ella le agradeció con la mirada y él se retiró a hacer lo suyo.
— Yūki-kun, de verdad que amas el okonomiyaki —comentaba Rei para la entusiasmada chica—. Y me sorprende que tu apetito equipare al de tu hermano. Pero recuerda que debes ejercitarse o todo eso se convertirá en horrible grasa —¿por qué la vida era tan injusta? ¿Por qué no podía comer sin tener que preocuparse por los kilos extras?
—Es lo mismo que yo le dije —nada como la amena participación del gracioso capitán—. A este paso serás como una pelota de baloncesto~
—No digan nada, dejen que él mismo cave su propia tumba —recomendaba Yōichi a los chicos que deseaban decirle a Miyuki que cortara el rollo sobre el futuro peso de su "novia".
—Ya te dije que eso no ocurrirá —dictaminó, frunciendo el ceño. ¿Por qué le arruinaba su deliciosa cena de ese modo? ¿Por qué no iba y molestaba a alguien más?
—Si el entrenador continúa siendo el mismo dictador de hace años atrás, dudo que toda esta comida sea problema para ti —Souh ya había vuelto con el pedido de la pelinegra. Lo colocó en la mesa y aguardó por su respuesta.
—Gracias —ya tenía su amado platillo, por lo que tomó sus palillos e inició la degustación—. Ya pagué mi deuda con ese hombre, así que ya estoy liberada de sus entrenamientos espartanos —Yōichi y Kazuya sabían a quién se refería. Apenas ahorita se iban enterando que ella no continuaba practicando aquel deporte de combate.
—Entonces sí deberías empezar a preocuparte por tu peso.
—¿Tú también vas a molestarme con eso? —lo veía con incredulidad. Sus palabras le supieron a deslealtad—. Ya me pondré a hacer algo para que dejen de incordiarme —pronunció tras haberse engullido el último bocado que quedaba de okonomiyaki.
—Si quieres puedo recomendarte el gimnasio al que asisto por las noches —Rei intercedió en el momento justo—. Estoy segura de que te gustará y te ayudará a liberar el estrés acumulado por la escuela —su recomendación no era para nada despreciable.
—Suena bien —nunca antes lo había pensado o hecho, así que, ¿por qué no darse la oportunidad? —. Espero no esté lejos de aquí porque si no mis padres no me dejarán ir.
—Descuida, está cerca de la estación —había sacado una pequeña tarjeta de su bolsa para entregársela a la pelinegra—. Ahí están todos los datos sobre el lugar por si llegas a animarte.
—Le agradezco Takashima-sensei —tomó aquello y lo contempló durante unos segundos antes de guardarlo.
—No hay de qué.
La cena concluyó, los chicos se fueron y al final quedaron ellos dos, sin ganas de moverse de su asiento o de levantar su rostro de la mesa; estaban tan exhaustos que esperarían un poco más para irse a duchar y poder descansar apropiadamente.
—Fueron demasiados platos, demasiadas cacerolas —Kuramochi ya alucinaba de tanto que había fregado esa noche.
—Es lo que te ganas por escabullirte de tus responsabilidades —a Miyuki tampoco se le escuchaba mejor voz que al corredor.
—Oye —le llamó y el castaño levantó su mirada hacia este—, ¿por qué no le preparaste a Sora el okonomiyaki que tanto quería? Mira que hasta te lo pidió personalmente —en cierto modo creía que sí lo haría.
—Ya estaba demasiado cansado —dejó caer de nuevo su rostro contra la mesa—. Y de todos modos ella estuvo conforme con los que preparó Tatsuhisa.
—Pues yo te vi preparando un último platillo para la profesora —¿qué tan al pendiente estaba de su persona? Por lo visto más de lo que podía imaginarse—. ¿Qué tanto te hubiera costado hacer otro? —como siempre, parecía que estaba hablándole a la pared—. Bueno, es cosa tuya. No tengo por qué entrometerme ni preguntarte al respecto —y ya que la situación se estaba poniendo incómoda para él, se levantó—. Buenas noches —se despidió y salió del comedor sin más—. Primero compite contra Tatsuhisa, luego termina dándole todo igual y ahora se comporta como si lo hubieran ofendido o algo parecido —lo peor es que él estaba poniéndose de mal humor a causa de su idiota capitán.
La hora del receso recién había comenzado y a consecuencia de que el hambre lo asaltó, se movilizó hacia la cafetería y compró lo que creyó necesario para saciar su apetito. Y como tenía nulo deseo de retornar al salón de clases, se puso a merodear por los jardines de la escuela para estirar las piernas y digerir mejor lo que se había engullido.
Y su plan era continuar vagando hasta que diera la hora de volver a clases, sin embargo, en su pequeña caminata, se encontró justamente con quien había sido la primera persona en desaparecer cuando el descanso comenzó.
—¿De verdad le vas a hacer caso a los comentarios de Miyuki? —algo que no hubiera cuestionado si no estuviera viendo a la joven, sentada en una banca, con una caja de almuerzo repleta de vegetales sobre su regazo—. Sabes que sólo está intentando sacarte de quicio —sin pedir autorización tomó asiento al costado derecho de la pelinegra—. Además, no te vas a llenar con eso.
—La verdad iba a pasar olímpicamente de sus comentarios —mientras iba contando, sus gestos faciales se torcían, como si el pesar la invadiera—, pero cometí el error de contarle todo lo ocurrido a mi madre y entonces hizo que me pesara…
—Subiste de peso —ella suspiró, dándole la razón—. Te atrapó por completo.
—Sí…—encontraría consuelo mientras mordisqueaba una zanahoria—. Y mientras se le ocurre en qué meterme para que me ejercite, me matará de hambre con esta comida mundana.
—Por tu sobrevivencia, será mejor que ese idiota no se entere de esto.
—Descuida, tú eres el único que sabe. Por lo que si se llega a enterar, sé muy bien a quién dirigirme para arreglar este problema —giró su rostro hacia él, con lentitud y una impecable y engañosa sonrisa. Kuramochi experimentó otro nivel de pavor.
—Jamás esperé decir esto, pero, no sonrías. Tus sonrisas son el preámbulo al desastre y sufrimiento —sus palabras obtuvieron como pago un codazo por parte de la pelinegra—. ¡Ey!
—Dramatizas demasiado las cosas, Kuramochi.
—Entonces ves al gimnasio que Takashima-sensei te recomendó.
—Kuramochi, soy una simple estudiante de bachillerato. No puedo pagar una mensualidad tan costosa. Mi pobreza me impide ser fitness de manera convencional —la vida no era fácil para un estudiante que no ganaba su propio dinero.
—¿Y por qué no corres por las mañanas? —ella le miró y parpadeó con extrañeza—. Puedes levantarte a buena hora y correr alrededor de la manzana. Eso debería bastar por el momento.
—También lo pensé, pero…
—¿Y ahora qué? ¿No te gusta correr? —frunció el ceño ante lo chocosita que estaba resultando ser.
—Más bien es algo deprimente correr solo —¿hablaba en serio? ¿Ese era el motivo para esa cara larga? —. Cuando me ejercitaba en mi anterior escuela, siempre corría en compañía de los de mi club. Y del mismo modo en años anteriores… De esa manera es más entretenido.
—Sí que eres extraña —criticó. Ella por su lado se terminó lo que quedaba de su pedazo de zanahoria—. Podría acompañarte a correr —¿lo estaba diciendo en serio? Porque parecía sonar como algo que sólo escucharía en un sueño—, pero debes estar lista a la hora que yo te indique. Así que nos veremos fuera de tu casa a las cinco de la mañana —no le hacía gracia alguna tener que madrugar, pero, no tenía otra elección.
—No tengo objeción alguna con tus condiciones.
—Creo que no tengo que decírtelo, pero el resto no debe enterarse o empezarán a fastidiar —a ambos, por igual.
—Por supuesto que no —porque ella sabía perfectamente quién sería la persona que encabezaría tal cruzada. Y lo peor es que ambos se imaginaron al castaño, mofándose en sus caras mientras reía perversamente.
—Sora —la nombró y ella le miró de soslayo—, oye, ese Tatsuhisa es muy extraño.
—¿En qué sentido lo dices? —curioseaba porque de verdad sentía intriga.
—Empiezo a creer que es rarito. O sea, que no le gustan las mujeres —Sora no dijo absolutamente nada; pero no por qué no tuviera qué, sino más bien porque estaba tosiendo gracias a que casi se ahoga con el brócoli que estaba comiéndose mientras lo escuchaba—. Digo, es tan popular como Miyuki y sin embargo tenía a dos chicos en su equipo… Eso es muy extraño —bien, ahora sabía que esa mujer podía reír como cualquier otra persona normal—. ¿Qué te da tanta gracia ahora?
—Es que, de verdad es increíble que pienses eso de Souh —secaba las pequeñas lágrimas que se habían producido por sus segundos de risas—. Créeme Kuramochi, él no tiene esa clase de inclinaciones.
—Lo dices muy confiada. Como si te constara.
—Pues lo estoy diciendo porque me consta —recalcó por si no le quedaba del todo claro—. A él le gustan las mujeres, no los hombres.
—¡E-Espera! Eso significa que tú y él... —era una posibilidad que venía barajeando desde el día en que conoció al rubio, pero siempre había motivos que lo hacían desistir de la idea. Pero ella le había dado la única prueba que necesitaba—. ¿Cómo demonios lograste convertirte en su novia?
—Es una historia bastante irónica, plagada de situaciones inverosímiles y graciosas. Que no pienso abordar en este momento porque no es relevante —¿cómo esperaba que no quisiera saber el chisme completo si le hacía tremenda sinopsis de su anterior noviazgo? —. Y esa es otra cosa que también te debes callar —tanto material confidencial que no podía emplear en su beneficio.
—Le quitas lo divertido a todo —al menos ahora ya tenía sentido el comportamiento que tenían ambos—. ¿Será posible que ambos todavía sientan algo el uno por el otro? Aunque si ese fuera el caso, estoy seguro de que ella ya hubiera puesto punto final a su farsa con Miyuki para estar libre para él. Y las acciones de Tatsuhisa parecen estar más orientadas a fastidiar a ese idiota que en robar la atención de Sora.
—No encuentro gracia alguna en que te diviertas a costa de mi vida personal —y que él y Kazuya lo hicieran a diario, no significaba que se acostumbraría a ello—. Mejor regresemos al salón de clases antes de que me arrepienta de haberte dado tanta información personal.
Después de haber ventilado innecesariamente parte de su vida personal con alguien que en cualquier momento podría usar esa información en su contra, creyó ingenuamente que el resto del día pasaría tranquilo, sin ninguna exaltación innecesario. Pero había sido demasiado ingenua. Lo supo en cuanto llegó el descanso de la práctica de la tarde y en su camino hacia la máquina expendedora, se encontró con aquel que tantos dolores de cabeza le producía.
—Genial, se ha terminado —su bebida favorita estaba agotada. ¿Qué más le tenía preparada la vida para ese día?—. Soy la única persona que tiene fijación con las bebidas de café…Ah, espera, no lo soy.
—El exceso de café tampoco es bueno para la salud.
—Puedo vivir con ello —a falta de cafeína tendría que comprar un juego de manzana—. Presiento que estás aquí porque no quieres lidiar ni con Furuya ni con Sawamura —él bebió de su té frío y no contestó; ella interpretó eso como un sí—. Ahora mismo iré a decirles en dónde encontrarte —era hora de cobrarse sus ataques verbales de anoche.
—Si no dices nada, te daré esto —era el momento en que Sora se odiaba un poco a sí misma y a su escaso autocontrol cuando se topaba con algo que le gustaba en demasía—. Presioné el botón equivocado por estar respondiendo un correo y obtuve la bebida equivocada.
—Miyuki, a esto se le llama coacción —al cátcher esos términos lo tenían sin cuidado—. Pero lo aceptaré únicamente porque tengo bastante antojo de esta bebida —había pactado con un demonio, no obstante, no le importaba porque podía deleitarse con ese néctar sagrado.
—Sinceramente es muy fácil chantajearte.
—Algún día esa lengua suelta te meterá en graves problemas.
—Demasiado tarde —expresó Miyuki con comicidad.
—La verdad no me sorprende que digas eso —miró al despreocupado cátcher. Era justo del tipo de persona que adoraba joder un poco a otros y que no le importaba mucho que digamos las consecuencias de ello; pero también poseía una actitud extraña ante los eventos adversos que involucraban a su persona, porque no reaccionaba, simplemente se dejaba llevar por la corriente—. Alguien lo golpeará un buen día de estos por ser así de toca narices —y en cierto modo rogaba por no ser ella, que no quería endeudarse de ese modo con el equipo de Seidou—. Si todas sus locas admiradoras se percataran de la personalidad tan torcida que posee no estarían tan fascinadas con él y se pondrían a idolatrar a otro chico. Pero todas están cegadas por su exterior por lo que no son capaces de ver más allá —sorbía su café frío en silencio, con tranquilidad, quería disfrutarlo tanto como le fuera posible. Además, de ese modo no tenía que cruzar palabra con quien recién se había terminado su té—. ¿Por qué no vas a convivir con el resto de los chicos del equipo? —era su forma nada sutil de correrlo de ahí.
—Podrá decirte exactamente lo mismo contigo y el resto de las mánager —aplastó la lata de su bebida y la depositó en el bote de basura.
—A veces me gusta descansar de su entusiasmo…y la oleada de preguntas sobre nuestra falsa relación —tiró su lata, orillándole a quedar lado al lado del cátcher.
—Deberías disfrutar de tu juventud y crear buenos lazos de amistad con chicas de tu edad —propuso burlonamente.
—No tomaré en serio el consejo de alguien que se autoexcluye y prefiere estar parado al lado de una expendedora, sermoneando a alguien que sólo vino hasta aquí por una lata fría de café —claro, ¿cómo se le fue a olvidar la parte en que ella tiene una manera tan mordaz de responderle? —. Además, no soy yo la que tiene que formar lazos de amistad con la gente de aquí —le veía de soslayo, apreciando la extrañeza que impregnaba el semblante del moreno—. Bueno, tienes a Kuramochi. Ya es ganancia.
—¡¿Ah?! —replicó ante lo último porque lo sintió como un ataque hacia su persona—. Él y yo no tenemos esa clase de relación —estaba bien que se trataban, en cierto modo, humanamente bien, pero no era para tanto—. Somos simples compañeros de equipo y escuela. Nada sustancial —ella masajeó su frente con exasperación y le encaró. Estaban frente a frente y tal vez más cerca de lo que deberían—. ¿Q-Qué pasa ahora?
—Sabes, esa actitud tuya es bastante exasperante —increpó, con el ceño fruncido, y sin quitarle esas grisáceas pupilas de encima—. Sólo acepta lo que para todos es más que evidente —¿se estaba refiriendo a su supuesta amistad con Kuramochi o estaba hablando de alguna otra cosa que no lograba captar en su totalidad? Porque en ese instante, con esa seriedad, con esa proximidad, la confusión estaba instalándose dentro suyo.
—La verdad no entiendo por qué te importa tanto que haga o no amigos aquí —y era cierto. A ella no debería interesarle en lo más mínimo si él era el marginado del equipo o si pasaba el resto de su vida sin un amigo de verdad a su lado—. Y de cualquier modo, estamos aquí para jugar y sacar nuestro máximo potencial. No nos sobra el tiempo para estar haciendo amistad entre nosotros. Y es algo que dejé claro anteriormente.
—A mí favor diré que no estuve allí cuando dijiste algo como eso —expresó como una disculpa indirecta—. No objetaré más al respecto porque es tu decisión. Y debe ser respetada —¿estaba siendo comprensiva? ¿El mundo se estaba volviendo loco o qué estaba pasando con esa muchacha? —. Aunque eso no significa que esté de acuerdo con ella —Kazuya sabía que era inevitable que no existiera un pero de por medio cuando se trataba de ella—. Pero descuida, no tocaré de nuevo el tema.
—Estás siendo demasiado empática hasta el punto en que comienzas a asustarme —alguien pasó de la seriedad a la burla.
—Todos poseemos puntos de vista en los que coincidimos o discrepamos. Así funcionan las cosas. Y mientras las diferencias no sean demasiado indigestas, todo está bien—dio un paso hacia atrás, tomando su necesaria distancia.
—Esas son palabras muy sabias si consideramos que las ha pronunciado alguien que todo quiere resolver con el uso de la fuerza —y luego la culpaba por querer callarlo con esos métodos tan primitivos.
—Eso es porque hay gente que no entiende con métodos diplomáticos —aclaraba para quien se estaba meditando mejor el continuar molestándola—. En fin, ya deberíamos regresar.
—Andando entonces —los dos iniciaron la retirada, manteniendo el mismo ritmo. Y con cada paso que daban, el ambiente ruidoso que caracterizaba al equipo de Seidou se hacía mucho más pronunciado.
—Por cierto Miyuki —ambos hicieron un alto total; justo a escasos metros de la cancha de práctica—, hay algo que he querido preguntarte desde hace un tiempo.
—¿A mí? ¿Y eso sería?
—¿Por qué te diriges a Takashima-sensei por su nombre? — él se quedó reticente. Nadie hasta ahora le había cuestionado por ello; y el peor de los casos, tuvo que ser ella la que le interrogara al respecto—. ¿Sabes qué? Olvídalo —no tenía la paciencia ni tampoco el derecho para exigir una respuesta y mucho menos si no deseaba dársela por los motivos que fueran—. A sabiendas de que eres un irrespetuoso, no me sorprende que la llames directamente por su nombre, agregándole ese honorífico.
—Puedo agregarle ese honorífico a tu nombre si quieres —ella chasqueó la lengua ante su pequeña propuesta y él por su lado, estaba riéndose—. Es tan divertido hacerla enfadar. ¡Tanto como Sawamura y Furuya!
—Ni te atrevas a hacerlo —sí, lo estaba amenazando—. Llámame Sora a secas o en todo caso, dirígete a mí por mi apellido. Pero jamás me denomines de ese modo —Miyuki estaba un tanto confundido ante lo mucho que le desagradaba un simple honorífico—. Si lo haces me dirigiré a ti como "Kazuya-chan". Y estoy segura de que no te gustará ni una pizca —él tendría que abstenerse de quererse divertir empleando aquel método o tendría que pagar muy caro por su osadía.
—Suena horrible —jamás en su vida lo llamaron de ese modo y no iba a empezar ahora en la preparatoria.
—Pues de ese mismo modo me siento yo. Por lo que ya sabes.
—Miyuki, qué bueno que te encuentro —aquella tercera voz tomó por asalto tanto a Kazuya como a Sora; por lo que les fue inevitable no enfocar sus miradas en quien había llegado hasta ellos.
—Chris-senpai —el cátcher saludó con bastante educación al de tercero.
—Buenas tardes, Chris —la pelinegra también lo recibió con buenos modales.
—¿Qué es lo que necesitabas de mí?
—Quisiera hablarte sobre Sawamura. Y también sobre los marcadores de los últimos partidos que han tenido —el de gafas no se sorprendía que el tema principal de su charla fuera a ser aquel ruidoso pitcher; casi siempre lo era.
—Y ya que se van a poner hablar sobre tecnicismos y esas cosas, me retiro para que platiquen a sus anchas.
—Sora, antes de que te vayas, ¿crees que podría pedirte un favor? —la pelinegra asintió tras unos cuantos segundos. Aquella petición le resultó inesperada que en cierto modo, demoró un poco en asimilarla—. ¿Crees que podrías comunicarte con Reiji? Estoy preocupado por él porque tiene una semana que no responde mis mensajes y sabes mejor que nadie que es un imán para los problemas —Chris aún no había terminado de hablar y ella ya tenía su cien entre su mano derecha, masajeándola como si con eso fuera capaz de calmarse—. Tal vez a ti sí te conteste.
—Más le vale a ese idiota no haberse metido en problemas o tendrá que escucharme —Sora dio un largo suspiró y regresó a sus cabales—. Descuida, le escribiré a Rei-chan y averiguaré qué ha pasado con él. Porque seguramente te está ocultando algo, como siempre —era imposible esconder el mosqueo que sentía. Y es que hasta se le veía indignada y con muchas cosas que deseaba exteriorizar—. Ahora me queda claro por qué no me había escrito nada en los últimos días.
—Es la primera vez que la escucho dirigirse a alguien con ese honorífico. Hasta el punto que me suena de lo más extraño —y haciendo memoria, ambos debían estarse refiriendo a aquel pitcher, ese que estuvo formando una batería con el castaño y que a la vez, resultaba ser amigo de Sora. Y como resultado de aquella coincidencia, ambos debían conocerse desde hace unos años atrás; por lo que no sorprendía que se hablaran con tal familiaridad.
—Tal parece que algunas cosas no cambian sin importar el tiempo que pase —comentaba Takigawa con una marcada sonrisa en sus labios—. Aun estando tan lejos todavía estás al pendiente de lo que hace.
—Me consuela saber que tú también lo haces —expresó con mejor humor—. En fin, cuando sepa algo te lo comunicaré.
—Gracias —tras su palabra de gratitud, ella se retiró y los dejó solos al fin.
—Tal parece que tienes ese don de toparte con pitcher de lo más variopinto —comentaba Kazuya para quien le dio toda la razón con la mirada—. Primero Irabu y ahora Sawamura.
—Posiblemente así sea. Aunque ambos casos han sido de lo más interesantes. Cada uno me dio cosas importantes e irremplazables —Miyuki podía imaginarse fácilmente el porqué de sus palabras, porque al igual que él era cátcher y no había nada más excitante y lucrativo para ellos, que atrapar para pitchers que signifiquen un verdadero reto. No obstante, Kazuya podía sentir que existía otro motivo tras su declaración, algo igualmente entrañable y significativo que le llevaba a sonreír de esa forma tan cálida y sincera. Y ante su propia sorpresa, sentía curiosidad ante ello.
