¡Buenas madrugadas gente! Sé que no son horas para actualizar, pero pues apenas terminé de escribirlo y medio editarlo, por lo que es lo que hay. Así que disfruten leyendo este pequeño capítulo que volvió a salirme largo... :,v

**Capítulo con dedicatoria especial a Nayla Kei que ha tenido una semana difícil pero que siempre está dispuesta a leer mis divagaciones con Kazuya. Ya we, ya vete a dormir y deja esto para horas más decentes XD**

Capítulo 32

Black & White

Esas grandes y vistosas letras fueron lo primero que atraparon su atención en cuanto cruzaron la gran avenida para llegar hasta el establecimiento que volvería realidad el segundo punto en la lista previamente elaborada por el As de Inashiro.

Era un lugar que conocía a la perfección a causa de sus hermanos y su mejor amigo. Pero jamás concibió la idea de asistir allí como parte de una cita romántica.

—Vamos, vamos. No te quedes mirando y entra —ese era Mei hablándole desde su franco derecho con un fervor que muchos envidiarían.

—No vengo vestida precisamente para acceder a un lugar como este.

—Dile a Kazuya que te dé sus zapatos. Así no habrá problema alguno —canturreaba el blondo con soberana chacota—. Es su culpa por no prestarme atención.

—No negaré que la idea de ver a Kazuya con tacones me seduce enormemente. No obstante, no creo que sea buena elección.

—Oh, así que te preocupas por la integridad de tu querido novio. ¡Eres tan tierna Sora-chan!

—No calzamos del mismo número. Por lo que es imposible que podamos intercambiar zapatos —Narumiya se puso a reír.

—Kazuya, tu novia es muy divertida —y ahí estaba dándole palmada tras palmada sobre la espalda del castaño—. Uno nunca deja de divertirse estando a su lado.

—Más bien están regodeándose a mis costillas.

—Bien, entremos de una vez que el tiempo es oro —allá iba el rubio en compañía de Anna; ambos estaban tan entusiasmados.

—Siempre puedes quitarte los zapatos para que puedas batear~

—No me hagas quitarte esas zapatillas deportivas que traes puestas —sentenció para el gracioso.

—Desentonarán con el resto de tu ropa —¿ahora le importaba el buen estilo? Claro que no. Él sólo buscaba molestarla.

—Entremos antes de que cambie de opinión.

Entraron y se dirigieron a la recepción. Tenían que pedir la jaula de bateo atendiendo al tiempo que la utilizarían, al número de personas que eran y al tipo de lanzamientos que deseaban enfrentar. Y también debían encargarse de rentar el equipamento necesario para que pudieran divertirse sin correr el riesgo de lastimarse o lesionarse.

Había cerca de diez jaulas de bateo, alineadas una al lado de la otra. Cada una de ellas contaba con un número, con su respectiva lanzadora y con una puerta que permitía el acceso inmediato; también había bancas de concreto y madera frente a cada caja de bateo para que los clientes pudieran colocar sus cosas o descansar, o simplemente esperar a que fuera su turno al bate.

—Ya tenemos todo el equipo necesario, así que es hora de que el duelo comience —claro, cómo no sospecharon que Narumiya haría de una salida casual a la caja de bateo, una competencia con todas las de la ley—. Y como los equipos ya están hechos. Demos comienzo.

—No hemos hecho ningún equipo —opinaba el castaño a la vez se ponía las coderas y el casco.

—¿Cómo de que no? —espetaba el rubio con una ceja curvándosele—. Kazuya es obvio que yo haré equipo con Anna y tú con Sora.

—Pero ella no sabe batear. De hecho estoy seguro que en su vida nunca ha jugado béisbol —comentaba el cátcher con plena seguridad—. De modo que hagamos equipo.

—¡¿Ehhh?! —miró al cínico muchacho sin creerse que no fuera capaz de leer el ambiente. Y es que lo peor es que le había dejado claras sus intenciones—. Sé un buen novio y haz equipo con Sora.

—No será divertido.

—Lleva el apellido Yūki. Es claro que sabe batear. Lo trae en las venas —Miyuki estaba que no se creía las excusas que el rubio se inventaba para rechazarle—. Motívala y haz que batee un Home Run.

—Le diré a Harada que haga equipo conmigo.

—¡De ninguna manera! Anna y yo somos el mejor equipo posible —defendió su opinión a capa y espada.

—Con permiso. Tomaré este bat —Annaisha pasó entre ambos chicos y tomó el objeto metálico sin dilación—. Empezaré yo —sus palabras fueron como una ligera advertencia para quienes seguían enfrascados en una discusión que intentaban resolver con un juego de piedra, papel o tijera.

—Entonces batea conmigo.

—¡Que no! —exclamó el pitcher para quien seguía de necio—. ¡Anna y yo somos pareja de bateo!

—Eso no existe.

—Mientras ustedes siguen solventado sus diferencias, iré por algo de beber —sí, Sora pasaba monumentalmente de sus riñas y de lo que cierto castaño decía sobre su persona—. Les traeré lo que se me dé la gana —y se fue sin expresarles nada más.

—Mei, intenta ser discreto.

—¿De qué hablas?

—No vas a creer quién acaba de entrar —el rubio sintió una enorme curiosidad que estaba tentado a girarse hacia atrás pero Kazuya le advirtió que no—. Si no lo estuviera viendo no creería que Yutaka-san estuviera aquí... ¿Será que intenta relajarse como nosotros?

—¡¿Yutaka-san?! —volteó inmediatamente, con ilusión, con una emoción que le devoraba el corazón—. ¡Ahh! ¡Kazuya mentiroso! —cuando regresó su mirada hacia el cátcher este ya no estaba—. ¡Regresa aquí rufián! ¡¿Cómo te atreviste a engañarme de esa manera?! ¡Kazuya! —gritó fortísimo, importándole un comino que toda la gente que estaba ahí le escuchara. Se habían burlado de él y estaba totalmente sulfurado.

Sora sabía que no había demorado ni quince minutos desde que fue por bebidas y sin embargo el ambiente que se respiraba en la caja de bateo distaba mucho del que había antes de que se fuera. Por lo que tomó asiento en la banca, junto a Narumiya; y en total silencio abrió su café frío y sorbió un poco.

—Y al final todo salió como Kazuya quiso —el silencio era un regalo muy preciada para ella y lo disfrutaría al máximo—. Bueno, de este modo no tengo que batear ni nada parecido. Únicamente tengo que esperar a que terminen.

—¡Sora-chan! —cierto, no podía existir silencio si tenía a ese rubio que además de egocéntrico estaba celoso porque alguien más que no era él estaba pasando tiempo con Harada—. ¡Sora-chan, deja de ignorarme! —él parecía haberle cogido manía a agregarle tal honorífico bajo determinadas circunstancias.

—Toma. Es de frutos rojos. Me supongo que te gustará —expresó antes de pasarle la lata al joven que no lo consolaba nadie.

—Sora-chan, dile a Kazuya que quieres batear con él. Así dejará a Anna para mí —él sólo veía a ese par más que centrados golpeando las rápidas que esa máquina les lanzaba.

—¡Home Run! —se oyó decir a Annaisha con una sonrisa de plena complacencia.

—Fue un buen contacto.

—¡Sora-chan, dile que quieres batear a su lado! —era ahora cuando entendía cómo se sentía Miyuki cuando Sawamura lo zarandeaba como si fuera coctel.

—Pero no quiero hacerlo —su respuesta lo dejó helado de la cabeza a los pies—. Si quieres batear puedes hacerlo. Te echaré porras desde aquí.

—¡Nada de echarme porras! Tú vas a venir conmigo y batearás todo lo que esa lanzadora te arroje.

—Eso no va a ser buena idea, Narumiya-kun.

—Algo debiste de haber aprendido de tu hermano. Así que llegó el momento de aplicarlo —lo gracioso es que seguía agitando a la pobre joven.

—Narumiya-kun.

—¿Al fin has entrado en razón y has decidido ayudarme con mi plan maestro para derrotar a Kazuya?

—No. Sólo quiero que me sueltes, estás arrugándome la gabardina.

—Tal vez debería advertirle a Mei sobre los modos poco ortodoxos que Sora emplea para poner en su lugar a la gente que la incordia de más... Tal vez...—a veces podía ser un poco capullo.

—¿No sería mejor que te agruparas con ella? —el turno de Harada había terminado por lo que podía dirigirle una que otra palabra a su actual compañero.

—¿Por qué? —¿en serio se lo estaba preguntando?—. Ella no sabe batear. Y seguramente sólo terminaría aburriéndose.

—Creo que Narumiya-kun tiene una idea bastante diferente —dijo para quien no entendió a lo que se refería hasta que miró hacia donde yacía su amigo y su pareja.

El joven pitcher empezó a hablar con una seriedad que solamente manifestaba durante sus partidos. Por lo que era obvio que buscaba que sus conocimientos sobre bateo llegarán hasta la pelinegra a como diera lugar.

—Ahora ponte tu equipo y agarra este bat —le entregó el objeto metálico tras enseñarle la manera adecuada para sostenerlo—. Golpea la pelota con todo.

—Te lo advertí, por lo que no te quejes después —se alistó y entró en la caja de bateo.

La joven no exageró con su advertencia. Porque aunque abanicaba tal y como él le explicó, no lo hacía en el tiempo adecuado, por lo que la pelota pasaba totalmente sin ser tocada; y eso sólo significaba que alguien no iba a estar ni remotamente cerca de hacerse de la victoria.

—¡Abanica como te enseñé! ¡Hazlo antes de que la bola se acerque! —gritaba Mei desde el otro lado con la misma intensidad que un fanático lo haría con su equipo favorito—. ¡Esa estuvo cerca! ¡Un poco más y lograrás darle!

Pero ni todas las porras del mundo lograrían que esa joven consiguiera hacer contacto con la pelota. Y eso llevó a Narumiya entrara en un estado muy cercano a la frustración.

—Mei, ya ríndete. Esta ronda es toda nuestra —Miyuki sonreía ante su evidente victoria.

—Kazuya, esto no se acaba hasta que se acaba —ya tenía el bat en su mano izquierda con una mirada ardiendo en competitividad—. No des por sentado nada.

—Tú solo no vas a poder equiparar el tablero —no dudaba de sus capacidades pero ya tenía una gran desventaja encima—. Acepta que te hemos derrotado.

—Medita sobre tus errores y en un momento regreso —sermoneó a quien ya estaba dejando la zona de bateo a la vez que él accedía.

Sus palabras no fueron meros alardes. Él logró golpear cada esférico que llegó hasta su posición, dejando en claro que era tanto un grandioso pitcher como un buen bateador.

—¿Viste? ¡Soy impresionante, lo sé! —Narumiya pasó de su mejor amigo e interés romántico a quien había asentido con la cabeza ante sus declaraciones—. Ahora necesitamos hacer esto más práctico para que no sólo tu cabeza lo entienda, sino también tu cuerpo.

—¿Qué quieres decir con eso? —curiosidad y miedo es lo que sentía ahora mismo.

—Ya te indiqué y te mostré cómo debías pararte correctamente, ¿cierto? —Sora afirmó con un movimiento de su cabeza. Él ensanchó una sonrisa—. Muy bien, colocate en posición —ella iba a objetar pero antes de hacerlo se sobresaltó ante lo que ese rubio había hecho.

—¿N-Narumiya—kun? —el chico cruzó su espacio personal, llevando sus manos hasta sus caderas para que fuera más fácil mantener su cuerpo en línea recta.

—Hay que situar tu centro de gravedad sobre tus pies, manteniendo tus dedos, tus rodillas, las caderas y los hombros alineados —explicó mientras la miraba fijamente. Aún cuando estaba sujetándola por delante, no hacía ver la escena más normal o menos escandalosa.

—¿No crees que esto es demasiado?

—Mmm... Quítate la gabardina para que pueda ver si lo estás haciendo bien —Yūki de nuevo dudó, pero en cuanto sintió que esos dedos empezaban a hacerle cosquillas, se desprendió de la prenda—. Siempre funciona~

—Pequeño bribón —Mei repitió su acción anterior. Y ahí estaban de nuevo en la misma escena semi comprometedora que hace unos segundos atrás.

—No te soltaré hasta que mantengas la postura correcta por más de diez minutos.

—¿Eh?

Era obvio que lo que esos estaban haciendo no pasaría desapercibido por nadie; ni siquiera por los ganadores de la primera ronda de bateo. Y aunque Anna se encontraba entretenimiento en la pantalla de su celular, cierto castaño no hallaba interés alguno en su electrónico.

—Narumiya-kun siempre se toma muy en serio la enseñanza —pronunció Annaisha para quien estaba muy callado tras haber mandado todos los lanzamientos directo hasta el fondo—. Seguirá así hasta que Yūki-kun logre hacerlo bien.

—Incluso así no lograrán ganarnos —expresó, sujetando y dejando reposar su bat sobre su hombro derecho—. Mei en ocasiones es innecesariamente positivo.

—Los hombres tendrían menos problemas si fueran más honestos —comentaba Harada más para sí que para quien claramente le escuchó a la perfección.

Narumiya tomó distancia. Parecía estar convencido de la postura de la joven.

—Ya que tu cuerpo ha memorizado la postura para batear. Debemos corregir el cómo agarras el bat; eso es muy importante.

—Deduzco que quieres ganarle a Kazuya porque a él le importó un bledo que tú desearas estar con Harada-kun —Narumiya era tan transparente que le dio la respuesta con sólo mirarlo—. Y todo esto no hubiera pasado si yo supiera batear bien—él asintió más de una vez.

—No solamente ignoró mi petición sino que también te hizo a un lado por no saber batear. Y eso es muy grosero de su parte —no sabía si pensar que se lo decía por buena persona o porque quería ponerla en contra del castaño—. Eres su novia. Debe ser considerado contigo y enseñarte. No irse y aparte burlarse.

Sora no creía que Kazuya pudiera comportarse como alguien considerado por lo que no le sorprendían las acusaciones del blondo o cómo concluyó todo. De hecho, estaba totalmente segura de que terminaría haciendo equipo con Narumiya o Harada.

—Hagamos un trato

—¿Un trato? ¿De qué tipo? ¿Y por qué?

—Batea todo lo que venga hacia ti y en cambio yo te daré información muy valiosa y clasificada sobre Kazuya Miyuki —ese pitcher era vengativo y sabía muy bien cómo usar las cartas que tenía a la mano; era un enemigo digno de temer dentro y fuera de la cancha—. Ninguna otra novia sabe sobre lo que yo compartiré contigo —tentador. Tanto que Yūki se lo estaba considerando seriamente—. ¿Qué me dices?

Kazuya, de verdad no fue muy listo de tu parte el haber provocado los celos de este chico. —el rubio esperaba por su contestación con notoria impaciencia—. No debería ser partícipe de esta competencia. No obstante...

—¿Y entonces?

—Espero que la recompensa sea digna del Príncipe de Tokio.

—Ya verás que no te decepcionarás —estrecharon su mano, como señal de que el trato había sido pactado.

Narumiya se ubicó frente a la malla y observó a quien había accedido a la caja de bateo por segunda vez. Pensó por un breve momento que tal vez estaba exagerando y llevándose de paso a aquella pelinegra; luego se deshizo de esa pequeña culpa moral para enfocarse en lo que debía.

—Tengo un mal presentimiento...—el instinto de supervivencia de Miyuki se activó—. Mei está tramando algo.

—Narumiya-kun no es alguien con intenciones tan rastreras.

—Parece que no te has dado cuenta con la clase de novio con la que estás saliendo —porque ahí ambos se echaban tierra parejo.

—Él no es mi novio —aclaró para quien estaba pensando otras cosas que no eran—. Además, Narumiya-kun es alguien increíble, así que por favor, no oses difamarlo de ese modo —el cátcher flipó ante la percepción que esa mujer tenía sobre su rubio amigo.

—¡No olvides relajar tus músculos! —le gritó el blondo a quien se había colocado en posición—. Espera, ¿por qué estás de ese lado?

—Soy zurda —respondió.

—¡¿Ah?! ¡¿Por qué no mencionaste eso?!

—No lo consideré necesario —no podía ver el rostro del joven pero sabía que tenía una mezcla entre enfado y puchero; algo divertido de ver.

—¡Claro que es necesario pequeña embaucadora! ¡Hace rato bateaste del lado derecho! ¡Por eso lo hiciste tan mal! —era el momento en que se daba cuenta de por qué ella y Miyuki habían logrado congeniar—. ¡Ahora con mayor razón debes mandar esa pelota lejos!

No sabía decir si su enseñanza práctica había resultado mucho mejor de lo que él creyó que saldría o esa muchacha aprendía más rápido que el promedio. O tal vez ya poseía nociones que terminaron consolidándose con lo que él le dijo y le mostró.

Pero cualquiera que fuera la opción, se notaba la mejora.

Bien. Ya hace contacto con la pelota. Sin embargo, todavía necesita potencia. Así que habrá que motivarla a la vieja usanza —los dedos del rubio se sujetaron a la malla, con firmeza mientras observaba a quien se esforzaba en cumplir con su palabra—. Sora, piensa en todas aquellas veces en que Kazuya colmó tu paciencia con sus comentarios de mal gusto...o cuando se puso de bromista. O cuando tuvo el descaro de meterse con tu persona y no tuvo la gentileza de disculparse —Harada y Miyuki veían al pitcher con expectativa ante lo que pronunciaba con tanta seriedad—. ¡Imagina que la bola es Kazuya! ¡Así que saca toda la frustración y enfado que tu cínico novio ha generado en ti! ¡Pégale tan duro que la pelota vuele hasta el fondo!

—Mei, ¿qué demonios estás...? —Kazuya no terminó de hablar porque el seco sonido de una pelota de béisbol estampándose contra la pared, lo interrumpió.

—¡Home Run! —exclamaba Mei con el orgullo de un padre que ha visto a su hijo hacer algo increíble—. Sigue así Sora. Sigue visualizando el rostro de Kazuya en cada pelota que va directo a ti y golpéala tan fuerte como puedas. ¡No olvides que es el mal hombre que no quiso tenerte en su equipo porque eras un lastre!

—¡A eso es a lo que me refiero! ¡Mei está hablando mal de mí! —objetó para la única persona que tenía cerca y que estaba endiosada con aquel embustero rubio.

—Yo no escuché nada que no fuera cierto.

—¡Claro que lo has escuchado!

El turno de Mei y Sora terminó mucho mejor de lo que ambos imaginaron. Y es que los novedosos y poco convencionales métodos de motivación del As de Inashiro llevaron a la joven inexperta a mejorar considerablemente y simultáneamente provocaron la preocupación y mesura en el castaño que vio entre una mezcla de asombro y terror los bateos de su pareja.

—Nice job —felicitaba Narumiya a la joven con un choque de puños.

—Ya me siento mucho más relajada. Gracias Narumiya-kun.

—Es nuestro turno. No dejaremos que reduzcan la brecha que hay entre nosotros —Annaisha estaba mucho más motivada tras ver la mejora en la pelinegra y lo apasionado que estaba siendo el blondo aún cuando sólo estaban divirtiéndose. Sentía que tenía que corresponderles y darlo todo.

Ninguno de los dos equipos dio su brazo a torcer. Ambos se aferraron al deseo de llevarse a casa la satisfacción de obtener la victoria, orillándolos a dar todo, a esforzarse mucho más con cada ronda que pasaba. Y aunque la competencia estuvo reñida, la balanza se inclinó hacia el equipo del cuarto bateador de Seidou.

—Te habrás coronado como el vencedor en esta ocasión, pero la próxima vez no te será tan sencillo —Mei jamás podría dejar de ser competitivo y mucho menos frente a Kazuya.

—Eso es algo que podemos solucionar aquí mismo con otra ronda —por él podría pasarse el resto de su domingo bateando. Y con ese pitcher de adversario, la emoción se hallaba por duplicado.

—Lo siento. Pero tendremos que dejarlo para otra ocasión —esa respuesta no es la que estaba esperando de él—. Es una hora de bateo y nada más.

—Estás muy tacaño.

—Que a los de Seidou les guste empaparse en sudor y oler a perro mojado es su problema, no el mío —expresaba al mismo tiempo que secaba el sudor remanente con una toalla pequeña—. Ya de por sí Sora te aborrece, ahora lo hará aún más porque apestas.

—Harada no huele precisamente a rosas. ¿Quieres decírselo tú? —no iba a quedarse quieto, dejándose atacar sin misericordia por el blondo.

—¿Cómo te atreves a decir que Anna apesta? —objetó, frunciendo el ceño. El castaño se estaba metiendo en territorio minado—. ¡Ella siempre huele bien!

—Lo que tú digas.

—Mientras siguen riñendo por la trivialidad que se les haya ocurrido en esta ocasión, nosotras iremos al tocador —porque a diferencia de ese par que se pusieron a charlar tras el término del bateo, ellas se limitaron a tomar asiento, descansar e hidratarse un poco; en total silencio y conservando una distancia prudente de ese par.

—Regresamos —fue la última palabra de Annaisha antes de irse en compañía de Yūki.

Podrían considerar como fortuna que el baño de chicas se hallara totalmente vacío y pudieran tomarse todo el tiempo del mundo para estar paradas frente al espejo mientras colocaban sus bolsos sobre el área de lavamanos y empezaban a sacar todo aquello que ellas consideraran como necesario.

Abrieron la llave y usaron la fría agua para enjuagar sus rostros. No resultaba cómodo para ninguna de las dos el estar pegajosas de la cara tras el extenuante ejercicio que habían hecho. Por lo que tras lavarse, se secaron, sintiéndose un poco más frescas.

Si ese tonto hubiera puesto atención al itinerario de Narumiya-kun, me hubiera puesto algo más cómodo y deportivo —tomó unas toallas húmedas, empleándolas para limpiar su cuello y nuca—. Aunque también, ¿a quién se le ocurre una caja de bateo como parte de una cita a sabiendas de que terminaríamos todos sudados? Bueno, estamos hablando de Narumiya-kun...Aunque él se ve que es vanidoso, por lo que de seguro ya se perfumó hasta su rubia cabellera. Pero no sé si puedo decir lo mismo de Kazuya...

Sudé más de lo que me hubiera gustado. Sin embargo, era imposible contenerse cuando todo se convirtió en una verdadera competencia —Harada agradecía infinitamente haber metido en su bolsa una toalla facial para secarse el rostro—. Oh, se acabaron...

—Si quieres puedes tomar de las mías —le pasó el empaque a la pelinegra con cordialidad, después de todo, las dos eran víctimas del mismo mal.

—Gracias. Tomaré unas.

Mi pelo es un total desastre —era el momento ideal para cepillar su cabellera y pensar en lo poco considerado que era ese cátcher al que se le declaró tan ingenuamente—. Por lo menos no soy la única que está pensando en su apariencia en este momento —porque Annaisha ya había terminado de arreglar su pelo y ahora se veía muy entretenida eligiendo qué brillo labial era el mejor para aplicarse—. Es en estos momentos cuando una piensa que los hombres tienen la vida más fácil.

Todavía quedan sitios que visitar por lo que un maquillaje ligero será más que suficiente —un suave rubor, unos labios humectados con un brillo sabor a cereza y la fragancia a peonía nacida de su botella de perfume, era todo lo que necesitaba para sentirse pulcra y femenina nuevamente.

Creo que va siendo hora para que regresemos o esos dos estarán fastidiados por la espera —guardó todo dentro de su bolso, alistándose así para dejar el baño. Sin embargo, había algo que quería hacer antes de reunirse con esos chicos—. Harada-kun, hay algo que me gustaría preguntarte.

—Yūki-kun, quisiera hacerte una pregunta —había sido una extraña coincidencia que se llamaran simultáneamente mientras volteaban a verse, con la misma intención—. Adelante, tú primero.

—¿Nos hemos visto en alguna otra parte antes? —Annaisha había estado en lo correcto desde que la conoció y sospechó que su rostro le era muy simular.

—Tengo esa misma sensación. Sin embargo no logró ubicarte totalmente...—actualmente poseía dos hipótesis al respecto. Y una de ellas era menos comprometedora que la otra por lo que apostaría todo en esa—. ¿De casualidad no asistías al Instituto Tsurouka-kita?

Maldición, sí se trata de ella...—el repentino mutismo de Sora le ofertó la respuesta a la pelinegra. Aunque con ello se vinieron muchas más interrogantes—. Harada-kun, ya que sabes algo como eso, ¿puedo pedirte un enorme favor?

Los chicos cesaron con su riña verbal debido a que cierto rubio deseaba con enorme prisa dirigirse al baño. Tal vez había bebido demasiados líquidos; eso fue lo que Kazuya pensó hasta que terminó siendo arrastrado por el pitcher al interior del mismo.

—A tu edad ya deberías saber ir solo al baño —Miyuki quería escapar, pero Narumiya se lo impidió.

—Idiota, te traje hasta aquí para que hagas algo con tu mal olor —si no fuera por los finos reflejos del castaño, ese desodorante se hubiera estampado contra su cara—. Si piensas que pasearé por la ciudad en compañía de un cátcher maloliente estás muy equivocado.

—"Herban Cowboy Mountain" —leyó el etiquetado con una expresión que denotaba que nunca en su vida había comprado un desodorante como ese—. No lo quiero.

—Querer y necesitar son dos cosas totalmente diferentes —¿de dónde demonios sacó el peine con el que estaba desenredando sus cabellos? ¿Esa botellita que tenía en su mano izquierda era un perfume?—. Date prisa Kazuya y deja de apestar a animal en estado de descomposición —el pobre iba a objetar algo pero fue rociado con una composición floral y marina, dulce y fresca, que recordaba a los olores del mediterráneo—. Con esto Sora será incapaz de resistirse a ti.

—Creo que acabo de perder el sentido del olfato —tosió unas cuantas veces antes de sentir que sus pulmones habían expulsado toda esa fragancia de su interior—. Que gustos tan horrendos tienes.

—Esto es lo que me gano por compartir contigo un perfume costoso —tantas decepciones en un mismo día y todas a mano de su mejor amigo—. Este perfume es el más vendido en todo el mundo. No sólo es maravilloso, sino que fue un regalo de mi abuela por ser su nieto consentido.

—Toma —le devolvió el desodorante de nombre impronunciable.

—¿Lo usaste, cierto? No me hagas ponértelo a la fuerza.

—¡Claro que lo hice!

Salieron del baño, renovados y oliendo a un perfume elegante y clásico. Sin embargo, no veían a las chicas por ninguna parte, por lo que tocaría tomar asiento y aguardar por su regreso.

No obstante, los hombres jamás podrían tener la virtud de saber esperar más allá de cierto tiempo reglamentario. Por lo que era inevitable que cierto castaño ya quisiera irse inclusive cuando estaba más que cómodo sentado en compañía de quien no le molestaba en lo más mínimo seguir aguardando.

—Están demorando demasiado —Kazuya estaba empezando a aburrirse. Y nada bueno llegaba con eso—. Adelantémonos.

—Kazuya, eres un idiota y un insensible —los insultos estaban en oferta ese día—. Ellas se están arreglando para estar impecables para nosotros. De modo que si continúas con esa actitud, le presentaré a Sora a Shirakawa o a Carlos.

—...Mmm...

—Interpretaré eso como "aún puedo esperar un poco más" —expresó. Y el silencio se instaló entre ambos, por lo que era necesario que alguien tuviera el valor de continuar dialogando abiertamente—. ¿No te sientes más feliz cuando la ves más arreglada para ti?

—No, es extraño verla arreglada —solamente llevaba dos ocasiones en las que la veía vestida tan femeninamente que le resultaba imposible acostumbrarse a ello y considerarlo como algo normal en ella. Era algo nuevo para él que le resultaba tanto abrumador como desconcertante.

—..¿Por qué tienes novia y yo no? —¿por qué la vida recompensaba a los capullos como Miyuki y no a él que era un entendido en el tema de las mujeres?

—¿Y todavía preguntas?

—¡Le diré a Sora que le dijiste fea! —si quería continuar burlándose de él le saldría muy caro.

—Y yo le diré a Harada que piensas que se ve mal sin maquillaje —porque los dos podían jugar el mismo juego de cizaña.

—Ella sabrá que mientes —aseguró, con enorme confianza en la impresión que había dejado en la pelinegra—. Yo siempre le he dicho que al natural se ve mucho mejor.

—Sí, claro... ¿Entonces por qué te hace tan feliz que se maquille para ti? —aunque sonaba serio, se estaba divirtiendo de orillar a Mei a cavar su propia tumba.

—¿Eres idiota o se te pegó de ese pitcher escandaloso? —espetó, con una sonrisa de goce—. Es obvio. Porque es lindo que se esmere tanto para verse bien y llamar mi atención, incluso cuando sabe que no necesita hacerlo. Tal vez tú estés dañado o algo, pero es bonito que tengan esos detalles contigo.

—¿De modo que ella debe maquillarse para satisfacer tu ego? Qué interesante, Mei. Tu ego no tiene límites —sus labios estaban dibujando una risueña y burlesca sonrisa. Jamás creyó tener la oportunidad de incordiar a ese nivel a Narumiya; así que iba a disfrutarlo hasta sus últimas consecuencias.

—¡Ja! Mejor alguien con "un ego sin límite" que valora y se emociona por el esfuerzo de alguien como Anna, a ser "humilde" y considerar un gesto como lo es el arreglarse como algo aversivo —él estaba tomando muy a la ligera el tema, pero el blondo no. ¿Cómo se podía seguir divirtiendo con su persona si se ponía en tal postura?

—Parece que das demasiadas excusas, Mei —el mencionado no pronunció palabra; dejaría que continuara—. Sora no necesita hacer nada de eso para que yo reconozca sus esfuerzos. Ella es más que un rostro con maquillaje.

—¿Ves? No era tan difícil aceptarlo —ahora que el castaño ponía atención, el blondo había tenido su móvil bien sujeto en su mano izquierda desde que empezaron a cruzar palabra. Pero. ¿por qué?—. Ahora ya tengo uno de los dos pagos que le prometí a Sora a cambio de que se pusiera seria a la hora de batear —Miyuki sintió algo muy parecido al terror verdadero y lo único que deseaba en ese momento era hacerse del electrónico del rubio a toda costa.

—...Mei...

—¿Qué? —ya sabía lo que ese cátcher deseaba por lo que aguardó a que él mismo se lo dijera.

—Préstame tu teléfono —siendo tan bueno ofertándole excusas a medio mundo, ese día le estaba fallando la creatividad.

—¡Ah, no! ¡No borrarás nada pequeño ingrato! ¡Se lo enviaré a Sora y a la prensa si así lo quiero! ¿Cómo la ves? —exclamó mientras metía el electrónico en la bolsa izquierda de su pantalón. Allí estaría seguro—. Te dije que yo quería batear con Anna. Así que ahora te toca recibir mi venganza.

Y antes de que su pequeño conflicto de intereses escalara a otro nivel, ellas llegaron, mirando con cierta extrañeza y curiosidad a quienes parecían estar iniciando una lucha de cosquillas.

—Nosotras pensando que estarían aburridos y mira.

—Divirtiéndose a lo grande —finalizaba Yūki.

—¡Anna, lo hiciste muy bien! No cabe duda de que has mejorado en tu bateo —Narumiya ya estaba frente a su cita, luciendo totalmente impecable y dedicándole una candorosa sonrisa—. Y también te ves muy bien —no le importaba ser de lo más coqueto y directo.

—Tú también lo has hecho increíblemente bien, Narumiya-kun —felicitaba, sin despegar su atención de esos bonitos ojos azules que se habían convertido, sin desearlo, en una de sus grandes perdiciones—.Y ha sido gracias a ti que mi promedio de bateo ha mejorado.

—Sora, no creas que he olvidado mi promesa —se acercó a la joven, sacó su móvil y tecleó tan rápido como le fue posible—. Te he mandado fotografías inéditas de Kazuya. Y un bono extra por el esfuerzo de hoy.

—Oh, esto sí que es algo que no estaba esperando ver —comentaba Sora viendo cada uno de esos archivos que le habían sido enviados—. ¿Cómo es que conseguiste algo como esto?

—Jamás revelo ni mis fuentes ni mis métodos —expuso con orgullo el blondo. Por su parte Kazuya no sabía qué le provocaba más terror, si el que ya hubieran intercambiado números telefónicos o que su novia tuviera fotografías de las que él ni enterado estaba que existían.

—En esta se ve...extrañamente tierno.

—Sí, Kazuya de niño tenía encanto. Luego creció y se amargó, quedándole únicamente el exterior. Lo cual suena bastante trágico, ¿no? —era justo el momento en que el cátcher se arrepentía sinceramente de no haber cedido ante el capricho del rubio.

—Ey Sora, préstame tu celular —tenía que borrar la evidencia o alguna tragedia podría materializarse en el futuro.

—Ella te ignoró completamente —a Harada le resultaba gracioso ver a Mei metiéndose de lo lindo con Kazuya mientras este no sabía cómo salir del apuro y salvar su pellejo.

—Lo último que te mandé es un audio. Te recomiendo que lo escuches ahora mismo —nadie hacía enfadar a Narumiya Mei y se iba sin pagar por ello.

—No lo hagas. Es una broma de mal gusto de Mei —Miyuki ya estaba entre esos dos, poniendo orden—. Sus compañeros de secundaria siempre se quejaban porque lo hacía.

—¡Claro que no lo es! Es sólo que Kazuya no quiere que lo escuches porque es sumamente vergonzoso para él.

—Está bien. No lo escucharé —el castaño sentía que le habían quitado una enorme carga de encima. Se sentía tan en paz—. Lo haré cuando llegue a casa, para ponerle más atención —Narumiya pegó una sonora carcajada que se escucharía hasta media cuadra a la redonda—. Vamos, quita esa cara. No creo que sea para tanto —decía para quien lo envolvía un aura de pesimismo y desolación; es que hasta le daban ganas de consolarle—. Ya, ya, te compraré un delicioso helado para que te sientas mejor.

—¡No soy un niño pequeño! —¿cuál era su manía de quejarse por todo? ¿No podía aceptar su amabilidad sin objetar ni sentirse ofendido?

—¡Cómpramelo a mí si él no quiere! —alguien amaba el helado y mucho más si era gratuito—. Que sea de ron con pasas, por favor.

—Ya que tú no quieres, se lo compraré a Narumiya-kun.

—Deja que se lo compre él mismo —señaló para quien ya estaba sacudiendo a la pelinegra tras haberla pescado del antebrazo como si fuera un chiquillo de primaria—. Y no dije que no quisiera uno.

—En el modo en el que contestaste, a mí me pareció que eso fue lo que quisiste dar a entender. ¿Verdad Anna?

—Ciertamente despreció el buen gesto de Yūki-kun —sentenciaba Annaisha para quien se condenó a sí mismo de manera tan trágica.

—Vi una heladería que tenía muy buena pinta de camino acá. Por lo que podríamos pasar y comprar —Mei era observador para las cosas que eran de su interés—. Anna, ¿tú también quieres un helado, no?

—Caería muy bien después de todo el ejercicio que hicimos —nadie resistía el delicioso poder de los helados—. Uno de piñón con cubierta de chocolate sería ideal.

—Andando entonces —porque para Sora nunca era demasiado temprano para comer el postre y menos si este era de café—. ¿Y a dónde iremos a comer, Narumiya-kun?

—Oh, visitaremos un restaurante de ramen. El mejor que hay por estos rumbos.

—Excelente —Annaisha lucía complacida y deseosa por llegar a ese establecimiento. Incluso podía sentir cómo se le abría el apetito al imaginarse el tipo de ramen que pediría.

—Así que démonos prisa —ordenaba Mei para las jovencitas que estaban muy satisfechas por su elección para la hora de la comida.

—¿Y de qué sabor vas a querer tu helado? —interrogaba al callado castaño que avanzaba a su paso y cuyo único interés estaba hacia el frente, justo donde Mei y Annaisha se postraban mientras hablaban sobre las variedades que había en el mundo del ramen.

—Dijiste que se lo ibas a comprar a Mei. Así que hazlo o te estará molestando con ello toda la semana —sabía que el blondo era caprichoso y adoraba que la gente a su alrededor lo mimara. Y era algo que no le molestaba en lo más mínimo; y hasta le causaba gracia porque sacaba de sus casillas a quienes fueran víctimas de sus banales deseos. Sin embargo, en esta ocasión no le provocó la misma diversión que años atrás.

—Eso no responde mi pregunta —la actitud de Kazuya rozaba lo infantil y la necedad. Eran dos aspectos que ya le había mostrado pero bajo circunstancias completamente diferentes—...Kazuya...—el moreno se limitó a contemplarle desde el rabillo del ojo, sin decirle absolutamente nada—. Si no aceptas mi propuesta te tomaré de la mano y la gente que pase se nos quedará viendo.

—Esa es una amenaza que podría quedarte bastante grande, Sora —¿qué sería de su relación si no existiera la sana competencia entre ambos? Porque ninguno de los dos se cortaba a la hora de desafiar al otro.

—Nunca subestimes a una mujer cuando se ha empeñado en conseguir algo, Kazuya.

Resultaba casi ridículo que el roce de su piel con el de ella en cuanto su mano estrechó la suya con firmeza y gentileza le paralizaran momentáneamente. ¿Y es que cómo alguien podía sentirse invadido por el nerviosismo con una acción tan mundana, y casi cotidiana? ¿Se debía a que eran pareja o a que él no estaba acostumbrado a tanto contacto físico? Y es que ni siquiera le había correspondido.

Él guardó silencio, limitándose a sentir la suavidad y la calidez de la mano de quien lo sujetaba con un entrañable cariño.