Mis apellidos son Dupain-Cheng. Desafortunadamente, tan normales y corrientes como la chica a la que pertenecen que no tengo a qué compararlos. La única cosa que los hace especiales es que solían presentarme de manera orgullosa como hija de un papá francés y una madre china, los mejores padres y pasteleros en toda París, fui tan afortunada de tenerlos mientras vivía en la Tierra. Eso era todo lo que había interesante sobre mí, al menos para conocimiento de mis amigos y parientes. Mi nombre es Marinette, significa "La que ama el mar". Creo que también se llama así una ciudad del estado de Wisconsin, en Estados Unidos, eso me dijo el profesor de historia cuando pronunció mi nombre al pasar la lista. Cómo me gustaría poder empezar esta historia de una forma que sea más agradable para ustedes, pero sólo sería retrasar lo inevitable, y esta historia, mi historia, no tiene un comienzo bonito, todavía trato de descubrir si tiene un final feliz. Me repetiré.
Mis apellidos son Dupain-Cheng, de origen francés y chino. Nombre, Marinette. Tenía catorce años cuando me asesinaron el 6 de Diciembre del 2019. Fue cuando los parisinos aún estaban acostumbrados a oír de los horrores que pasaban en el resto del mundo, pero nunca aquí. El peor peligro del que todos eran conscientes era Hawk Moth y sus mariposas, y el daño que hacía no era duradero porque Chat Noir y yo estábamos siempre a tiempo para frenarlo y ponerlo en su lugar. A él y a cualquier otro criminal que se atreviera a corromper la paz. Las calles de París eran seguras, hasta ese día.
Yo era la simple y absurdamente torpe Marinette, que se convertía en la heroína más querida de París cuando llegaba la hora. Así es, yo era la milagrosa LadyBug, la chica en traje de látex rojo moteado que con ayuda de su yoyo volaba de edificio en edificio y devolvía todo a la normalidad. Mi identidad secreta muchas veces me impedía hacer mi vida como debería alguien de mi edad, desaparecía, dejaba plantados a mis amigos, tenía que mentir para zafarme de decir la verdad, hasta a mis padres. Sentía una culpa inmensa, pero eran sacrificios que debían ser hechos si quería proteger la ciudad, el maestro Fu me había elegido a mí y a nadie más por una razón, tenía que demostrarle que no se había equivocado. Aunque era estresante, salvaba a las personas con gusto, y me las arreglaba para balancear mi papel como LadyBug y la aburrida Marinette en partes más o menos iguales. Era futura esposa de Adrien Agreste y diseñadora de modas famosa, fui votada como la presidenta de mi clase, era miembro del club de artes, ganadora del concurso de diseño de Gabriel Agreste, sabía hornear dulces pero era torpe en la cocina, y siempre me quedaba dormida aunque el despertador sonara sin falta en la mañana.
Antes de que Lila Rossi se inscribiera en mi escuela y pusiera a mis compañeros en mi contra, mi mejor amiga era Alya, a menudo mi aliada contra el crimen, la mayor admiradora de LadyBug, claro, después de Chat Noir, y era creadora del LadyBlog donde publicaba información y vídeos de mis actividades como heroína. Mientras que Chloe, la hija del alcalde y niña rica, también portadora ocasional de uno de los miraculous, era mi enemiga. No pasaba un día en que no fuera blanco de sus burlas, se divertía tratando de dejarme en ridículo o meterme en problemas. Ella me detestaba, y el sentimiento era mutuo.
Chloe no fue quien me mató, si es que se lo están preguntando. Sé que en esta vida no puedes terminar de conocer a una persona, sobre todo a una chica que hace lo que sea por quitar a alguien de su camino, pero nunca se me pasó por la cabeza que ella estuviera detrás de lo que me pasó. Pudo ser causante de la mayoría de las akumatizaciones, pero ella tenía preferencia por herir emocionalmente, jamás de forma física. No era capaz de matar ni a una mosca. A mi funeral asistió casi toda la escuela, Chloe incluida. Puede que haya sido obligada por su padre para guardar las apariencias ante el público, pero pude ver el leve temblor de su labio inferior, y aunque tenía sus gafas de sol puestas, unas gruesas lágrimas manchadas de rímel cayeron silenciosas por sus mejillas. Trataría de mentiroso y amenazaría con acusar con su papi a cualquiera que lo mencionara más tarde, pero yo estuve ahí cuando se agarró del brazo del alcalde para echarse a llorar dramáticamente contra su pañuelo.
Mi asesino fue alguien en quien yo confiaba, vivía a unos pasos de mi escuela y veía su cara todos los días. Era un hombre que como cada artista estaba obsesionado con lo que era bello, y según nos contó en la primera de las clases que tuvimos con él como profesor, ese fue su motivo para mudarse desde Estados Unidos. Mis padres lo invitaron a nuestra casa a cenar una vez, mamá preparó un platillo típico de la tierra natal de mi asesino para que no resintiera más lo lejos que estaba de su hogar, mientras que mi papá horneó sus deliciosos macarrones como cada que venía visita y yo tuve la idea de decorarlos con un lindo diseño rojo con motas oscuras. Le encantaron. Así de considerados eramos, incluso con quien no lo merecía. ¿Cómo saber lo que estaba planeando en ese entonces?
La primera vez que lo conocí no fue en el salón de arte. Hace un tiempo había creado una escultura de Chat Noir y LadyBug en nuestro honor y yo no alcancé a ir a la ceremonia por estar viendo la forma de borrar el vergonzoso mensaje de voz que dejé por accidente en el teléfono de Adrien. El escultor era mi admirador y mi ausencia lo decepcionó, al grado en que aceptó los poderes de villano que Hawk Moth le ofrecía. Yo creí que había sido por completo mi culpa, hasta que Chat Noir me dijo después, con una sonrisa tímida, que ya que el hombre obviamente suspiraba por mí, le había dicho que él y yo teníamos algo, lo que provocó sus celos. Esa debería haber sido la primera señal de que debía mantenerme alejada de Theo, pero no hice caso. Cavé mi propia tumba el día que firmé su foto del periódico como disculpa por no haberme presentado a la ceremonia.
Hasta este día no sé cómo descubrió quien era yo bajo la máscara. ¿No fui lo bastante precavida por lo cansada que estaba y me vio cuando se acababa mi transformación? ¿O al revés? ¿Cómo lo hizo? ¿Por qué a mí? Eren me dijo que hacerme esas preguntas no tenía sentido, que las respuestas ahora eran insondables, que era hora de continuar. Le dije que para él era fácil decirlo, no había pasado por lo que yo. Eren se limitó a sonreír con tristeza y me dejó tranquila.
Aquel 6 de Diciembre dio comienzo oficialmente la época de Navidad en París, que pasaba de ser llamada la ciudad del amor a la ciudad de la luz, pues la negrura de la noche era ahogada por la iluminación festiva que la recorría de esquina a esquina, y la rara nevada con la que habíamos sido bendecidos ese año la hacía una visión cautivante. Los encargados de la decoración de las calles se habían esmerado en hacerla ver hermosa, guirnaldas de luces doradas se ceñían a las ramas blancas de los árboles como suéteres navideños y de ellas pendían estrellas luminosas en cada punta. Me sacó una risita ver una foto en el LadyBlog de las estatuas de LadyBug y Chat Noir, colgaron esferas de colores en nuestras manos estiradas, luces cambiantes alrededor de nuestras figuras y pusieron gorritos de Santa Claus en nuestras cabezas. Daba la sensación de que eramos un árbol de navidad humano, o mejor dicho de gato y mariquita. Chat quiso que fuéramos a darles un vistazo para reírnos un poco y tomarnos fotos con los ciudadanos a los que protegíamos cada día. Los niños pequeños estaban contentos de ver a sus súper héroes favoritos, eramos tan populares como Santa, las mejillas me dolieron del frío y por tanto sonreír. Hace rato que no lo hacía.
Y es que estaba pasando un mal momento en la escuela. Lila Rossi, la chica nueva, era elocuente en el arte de mentir, una mitomana, podía decir que era amiga de Edith Piaf y las personas le creían, aunque la pobre mujer hubiera fallecido un siglo antes de que ella naciera. Y por supuesto, cómo yo era la única que no se tragaba sus mentiras, con unas palabras bien pensadas y lágrimas de cocodrilo, hizo que los chicos con los que había crecido pensaran que la odiaba (lo que era cierto), y por lo tanto quería hacerle daño (no era cierto). Me suspendieron por una semana por supuestamente haberla empujado escaleras abajo y por haber copiado en un examen, ¡Fue ella quien puso las respuestas en mi mochila! Quise defenderme pero obvio, nadie escuchó. Me dolía haberme convertido en una clase de paria para mis compañeros, hasta Alya y Nino, mis mejores amigos, me habían dado la espalda por creerle a una chica a la que recién conocían. Y Adrien, el chico del que estaba enamorada en secreto, sabía que Lila estaba llena de mentiras y aún así no quiso que la dejara al descubierto, por miedo a que fuera a ser akumatizada nuevamente.
Adrien. Ah, suspiro como boba de sólo pensar en su nombre. Su significado era "El hombre cercano al mar", me hacía soltar un chillido de emoción el que este y el mío tuvieran relación. Para mí era una señal de que él y yo estábamos destinados a estar juntos. Como siempre, no podía estar más equivocada. Adrien era el hijo de mi diseñador favorito, Gabriel Agreste, y el modelo más famoso (Y guapo) de toda París. Ah, era el amor de mi vida, me gustaba pensar que mi futuro esposo, que tendríamos tres hijos y muchos hámsteres. Solía perderme en sus ojos verdes cálidos aunque no me estuvieran viendo, y cuando pasaba la rareza de que él se fijaba en mí, me convertía en la versión opuesta de la Milagrosa Ladybug, un desastre de sonrojos y tartamudeos nerviosos, mi lengua se enredaba con mi usual torpeza y soltaba las frases más bochornosas delante de mi querido Adrien. Sin embargo, estaba orgullosa de que mi timidez no se pusiera en el camino tanto como antes y de que en los últimos días nos hubiéramos vuelto buenos amigos. Chat Noir y Adrien eran los únicos que tenía. Me puse a hiperventilar cuando me enteré de que eran la misma persona, y que él había averiguado la identidad de civil de Ladybug, lo que lamentablemente, hice después de que me fuera de este mundo.
Aquí en mi cielo tenía la eternidad delante de mí, entonces para no morir de aburrimiento (Mis chistes son mejores que los de Chat) debía hallar actividades que mantuvieran mi mente enfocada, y cómo ya no era mi obligación salvar a París a diario, tenía infinito tiempo que gastar entre mis manos. Puedes desear lo que sea mientras sea posible, y yo cerré los ojos y de mi imaginación se materializó una réplica exacta de mi antiguo hogar, con mi humilde taller de costura en mi alcoba y la pastelería familiar en el primer piso, donde diseñaba vestuarios vistosos para Eren y nuestros animales, cosía, amasaba, mezclaba y horneaba para ellos los manjares que había aprendido a hacer viendo a papá. La parte más entretenida de ser pastelera, era cuando extendíamos un mantel de cuadros encima del vibrante césped fresco para no mancharnos la ropa y degustabamos los croissants rellenos de crema pastelera y bañados de chocolate en las redondas puntas de hojaldre. Eso y ver la cola de los perros agitarse en muestra de su felicidad nos hacía sonreír. Eren dijo en broma que no sabía por qué pero los dulces tenían un sabor medio celestial, yo solté un ruido de descontento por su deliberado juego de palabras, ¡No otro Chat Noir, por favor! Sólo que fue por la pura costumbre de quejarme, ya que mientras lo hacía una sonrisa que traté de reprimir sin éxito curvó delicadamente ambas esquinas de mis labios. Puede sonar difícil de creer, pero echaba de menos a mi gatito negro, y una aguja invisible perforaba mi corazón las veces en que lo tenía presente en mis pensamientos. ¿Cómo le estaría yendo con el peso de proteger a París por sí solo en sus sólidos hombros?
Uno de mis variados pasatiempos era observar la Tierra, y repasaba las huellas que había dejado en ella en mi temporal paso. De esa forma uní las piezas y deduje cómo Chat averiguó quién era yo.
Le echo la total culpa a mi tonta boca floja. El día que me suspendieron por una semana por presuntamente copiar en el examen y agredir a Lila, llamaron a mis padres para informarles de la situación y que vinieran por mí. Los dos me conocían como la palma de su mano, me habían educado con buenos principios y no había duda en sus mentes de que yo sería incapaz de hacer una cosa como esa. Alguien me creía para variar. Sólo ellos estuvieron de mi parte, nadie más quiso escuchar mi lado de la historia, nadie más dio un paso adelante en mi defensa. Ni siquiera Adrien. Creo que eso fue lo más decepcionante de todo, que el chico por el que estaba loca por ser tan amable y hacer siempre lo correcto, ahora elegía quedarse callado para proteger a Lila de las akumas y no a mí, cuando yo era la más afectada por sus mentiras y ambos lo sabíamos. A esas alturas ya me había dado por vencida, había cumplido su amenaza de quitarme a mis amigos, y no había lugar para remordimiento en alguien como Lila Rossi.
En los kilómetros que me separaban de mi casa, caminé adelantada a unos pasos de mis padres con la mirada ida, sosteniendo mi mochila rosada contra mi pecho. Tikki, mi kwami, asomó su cabecita moteada de su interior y me miró con atención.
—Oh, Marinette. —Se lamentó, luego se elevó hasta mi rostro para restregar su pequeña mejilla contra la mía y depositar un diminuto beso reconfortante en la piel. Apretujé mis ojos para combatir las lágrimas que amenazaban con caer, hasta que estuvimos en la privacidad de nuestra sala de estar y papá cerró la puerta detrás de nosotros. Sus manos enormes se posaron sobre mis hombros temblorosos y la pequeña mano de mi mamá en comparación a las suyas tocó mi antebrazo, su tibio peso protector me envolvió como una cobija contra el mundo y se escabulló un quejido lastimero por entre mis labios.
—Cariño... —Dijo mi papá, y al oír la preocupación paternal en su voz sin rastro de reproche por lo ocurrido, sucumbí al desconsuelo y colapsé en llanto con mi cabeza enterrada en su espacioso pecho. Tanto él como mamá me rodearon con sus brazos instantáneamente.
Mi "castigo" fue echar una mano en la tienda, es entre comillas porque mis padres querían darme algo en lo que mantener mi mente enfocada para que mis pensamientos no se desviaran al tema de Lila.
— ¡Es una buena idea, Marinette! —Los apoyó Tikki, con una de sus sonrisas que duplicaban su adorable aspecto natural de kwami. —Sólo recuerda pensar positivo, no queremos que Hawk Moth mande a una de sus akumas tras de ti.
Estuve de acuerdo con ella. Sería una real catástrofe si Ladybug se volviera una villana, sólo yo podía purificar las akumas de Hawk Moth, y ya que el poseer ambos miraculous te concedía cualquier deseo, quien sabe cuál era el propósito malvado de ese vil hombre. Entonces, para no ser engullida por la oscuridad de mis emociones, activé mi piloto automático, adherí una sonrisa insincera en mi rostro y me dediqué a trabajar duro en la tienda para no darme tiempo de pensar en nada negativo. Lo que se puede considerar normal en una pastelería, atender al público, descargar pedidos, probar recetas nuevas y batir la crema de mantequilla para los macarrones después de meter las bandejas al horno, entre otras tareas.
—Marinette. —Me detuvo mi mamá luego de dos horas sin parar. —Cariño, creo que deberías reducir la velocidad. El ritmo que llevas no es adecuado para una joven de catorce años.
Quise protestar, pero me convenció con un par de dulces palabras que saliera a dar un paseo para tomar aire fresco. Suspiré cansinamente, me quité el delantal, besé la mejilla de cada uno y me llevé una bolsa de galletas con chispas de chocolate para merendar con mi kwami. Estabamos en plena merienda a la sombra de un árbol, yo sentada cómodamente en una de las bancas de la Plaza de Vosgos y Tikki en mi regazo, cuando hicieron sonar la alarma de akumas. Mi pequeña amiga se devoró de un bocado la última galleta y yo corrí muy deprisa hasta pillar un callejón donde no pudieran verme. Exclamé las palabras claves y ya enfundada en mi ajustado disfraz de mariquita, con ayuda de mi objeto mágico me movilicé por los aires hasta donde estaba el problema, en el Colegio Francoise Dupont. Una parte de mí estaba asustada por el bienestar de mis viejos amigos, que aún tenían un lugar especial en mi corazón, Adrien más que nadie. Lo sé, lo sé, era una tonta.
Por fortuna, la lucha contra el akuma no pasó a grandes dimensiones. La nueva villana de Hawk Moth se hacía llamar Vengadora, mas su nombre real era Celine. El poder de Vengadora su mismo nombre lo explicaba, pagar con la misma moneda a los que la hicieron sufrir una terrible humillación. Era una estudiante que era el hazmerreir del grupo de copias de Chloe de su propia clase, y sus compañeros no hacían más que unirse a las burlas o quedarse con la boca cerrada. El chico de sus sueños era de los segundos, no se reía de ella y apreciaba eso, él era tan amable para variar y fue imposible no enamorarse. Ah, me era familiar ese sentimiento. Gracias a su fervorosa investigación supo que la fecha de su cumpleaños era próxima, y como su progenitor era joyero, por primera vez en su vida le tomó interés a aquella faena, tanto como para crear una preciosa pulsera que en su imaginación lo haría poner sus ojos en ella. La iba a deslizar en su bolso en el descanso, pero para su mala suerte, esas chicas crueles estaban atentas a sus movimientos y la atraparon con las manos en la masa, le arrebataron la pieza de joyería y leyeron en voz alta la nota de amor que había firmado como su admiradora secreta. Una de sus bullies hizo la hoja una pelota y otra pisoteó la joya. Celine estaba aguantando desesperadamente las lágrimas al mirar a los compañeros que reían en su cara, pero lo que rompió su corazón, fue que su enamorado no movió ni un dedo a su favor, sólo se dignó a mirarla avergonzado. Supo que no era por lo que había escrito en esa nota, sino por lo patética que era. Y ahí fue cuando el mundo se volvió negro. Chat activó su cataclismo para conseguir el akuma en la pulsera y yo lo purifiqué.
Me compadecí de la pobre chica y mis ojos se pusieron borrosos, era tan similar a mi situación con Adrien.
—Sé cómo te sientes, Celine. —Ella estaba arrodillada en la acera. Me puse a su nivel con una rodilla en el suelo y le regresé la pulsera con una sonrisa suave. Por suerte estábamos solas, Chat se había marchado en cuanto su anillo hizo beep y le dije a Alya que bajara su celular. —Lamento que hayas pasado por eso, y quizás no te agrade lo que te voy a decir, pero si ese chico se quedó ahí sin hacer nada, entonces no es el correcto para ti. —Puse una mano en su hombro y pensé con dolor en Adrien. ¿Era el indicado para mí? —Yo te sugiero que le digas a un profesor lo que está sucediendo con esas chicas, estoy segura de que podrán solucionarlo.
— ¿Y si ellas no se detienen, Ladybug? ¿Qué harías tú? —Se pasó un puño por sus castaños ojos húmedos y la mirada que me dio me dejó saber que esperaba mucho de mi respuesta. No podía decepcionarla.
Tras inhalar de forma profunda, decidí ser franca.
—Hablaría con el director para que me cambie de clase o... Con mis padres para que me matriculen en otra escuela.
