¡Muy buenas noches! C: Hoy regresé antes que la última vez, pero no se acostumbren :v Sólo gocen el bug y disfruten de este capítulo que tiene de todo un poco : v

Capítulo 35

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—Hay que admitir que esta cita ha tenido de todo un poco —Yūki estaba satisfecha. Ni el relato del uniformado arruinó el buen sabor de boca que le dejó todo el banquete que se había dado—. Pero no la repitamos.

—Estoy de acuerdo contigo —el fuerte de Kazuya no residía en salir demasiado. Por algo Mei lo veía varias veces como un ermitaño.

—¡¿Ah?! ¡¿Pero de qué hablan ustedes dos?! —ninguno quería responderle—. Si este es sólo el inicio.

—¿El comienzo de qué? —Sora contemplaba que Mei estaba mucho más feliz y reluciente que cuando se encontraron con él en la estación.

—¡De nuestras salidas en pareja! —no era precisamente emoción lo que reflejaban las pupilas de esos dos. Era más bien algo muy parecido al tedio; como que no estaban muy complacidos con su proposición—. Ey, ¿por qué rayos tienen esa mirada de pescado muerto? ¿Cómo debo interpretarlo?

—Ponte a entrenar y deja de perder el tiempo.

—Lo que Kazuya quiso decir es que te enfoques en aprovechar ese tiempo libre en salir con Harada-kun. Para que se conozcan aún más y pasen buenos momentos juntos —porque ya no quería otra riña innecesaria entre ese par de infantiles jugadores—. Así podrán dar el siguiente paso con plena seguridad.

—Descuida, ya no debes preocuparte por nimiedades como esas —viniendo de él únicamente podía significar una cosa—. Anna —la llamó, levantándose de su asiento. Incluso aclaró su garganta para hablar apropiadamente—, te pido disculpas por mi comportamiento inapropiado. Fue grosero de mi parte juzgarte del modo en que lo hice y ser tan cortante contigo —Harada no era la única que estaba sin palabras ante la brutal honestidad del As de Inashiro—. Puedes darme un buen golpe por ser tan ruin contigo.

—Jamás pondría hacerlo, Narumiya-kun —nunca se perdonaría herir a alguien como él. Sería un error garrafal.

—Y ya con ese tema resuelto, proseguiré —hizo que la pelinegra se pusiera de pie. Quedaron frente a frente mientras tomaba la mano de la joven entre la suya, con la delicadeza que se le profesaba a lo más preciado que se tiene en la vida—. Annaisha, ¿aceptarías convertirte en mi novia? —no era la primera vez que recibía una confesión de amor, pero podía jurar que era la primera ocasión en que se sentía tanto ansiosa como dichosa, como si hubiera estado esperando por esa pregunta desde hace varios meses atrás. Lo cual resultaba tanto ridículo como enternecedor—. Te gusta mantenerme en suspenso, ¿verdad? —al diablo que estuviera sintiendo más de lo que debería, más de lo que su razón le decía. Lo único que importaba ahora era el vibrante celeste de sus pupilas y la radiante sonrisa que le dedicaba exclusivamente a ella.

—Sí. Nada me gustaría más que eso —él la escuchó a la perfección y eso lo envolvió en un incontrolable júbilo que buscaba una forma de salir para mostrarle a ella lo dichoso que lo había dicho.

Expresivo. Era el adjetivo perfecto que definía a quien había decidido celebrar aquel momento probando los labios de su actual y querida novia sin cohibición.

Mei no era envidioso y compartiría su felicidad con todo aquel curioso que gustara de colocar su atención en él y en Annaisha.

—Ey Kazuya, ¿quedó bien? —el cácher de Seidou no sabía de qué le estaba hablando, por lo que su semblante no hacía más que mostrar confusión.

—¿De qué estás hablando?

—Tenías que capturar este gran momento en una fotografía —le estaba reclamando pasivamente. Y es que hasta le fruncía el ceño—. Este es un gran momento y debía ser guardado para la posteridad.

—¿Ah?

—Anna, lo siento. Tendremos que hacerlo otra vez porque el desubicado de Kazuya no supo leer el ambiente —decía para quien continuaba con sus manos entre las suyas—. Y más te vale que quede bien, eh. Debes captar mi grandiosidad y la de Anna.

—¿Tu celular siquiera tiene cámara? —preguntaba Sora para quien debía estarse maldiciendo el haberse quedado a cenar gratuitamente.

—Así que sigues con esa carcacha —Mei a veces no sabía qué hacer con la vida tan austera del castaño—. Ni memoria ha de tener esa cosa —suspiró, resignado—. Sora, hazlo tú. Estoy seguro que tú sí tienes algo digno por móvil.

—Desde el principio —su teléfono no era la última novedad tecnológica pero por lo menos sería capaz de grabar un vídeo en alta calidad.

—Sabes que no tienes que hacerlo, ¿verdad? —comunicaba Miyuki tras ver a su pareja sacar su móvil.

—Lo sé. Pero estará insistiendo hasta el cansancio para que lo hagamos y entonces me pondré de mal humor. Y es ahí cuando Inashiro se quedaría sin As.

—Suena muy tentador eso último. No obstante, hay muchos testigos aquí. Así que procede —era una fortuna que esos dos estuvieran tan encandilados el uno con el otro; gracias a eso no escucharon absolutamente nada.

Todo estaba procediendo como hace unos minutos atrás. Sin embargo, en esta ocasión habría de ser la pelinegra quien se apropiara de los labios del rubio.

Fue un cambio de situación que había fascinado totalmente a Narumiya Mei hasta el punto en que la había pegado a él en el momento en que la rodeó de la cintura.

—¿Y bien Sora? ¿Cómo quedó todo? —el pitcher estaba deseoso por ver la grabación.

—Ha quedado bien.

—Ahora dame tu número telefónico para que puedas enviármelo más tarde —demandaba el rubio para quien claramente no tenía otra elección que dárselo.

—¿También podrías pasármelo a mí? —cuestionaba Harada quien aún continuaba tan próxima al rubio—. Quiero una copia.

—No cabe duda que son tal para cual —se fue directo al apartado de contactos y anotó los números de ambos—. Les mandaré el archivo en cuanto esté en casa.

—¿Ya nos vamos?

—Kazuya, no seas aburrido. Sora aún quiere disfrutar de a noche, ¿no es...? —los tres jóvenes se sorprendieron en cuanto notaron la ausencia de la pelinegra; y es que de había ocultado bajo la mesa, aprovechando que esta gozaba de largos manteles—. ¿Qué le sucede a tu novia?

—Ah... Creo que no quiere ser vista por alguien —Kazuya había mirado con discreción hacía el camino que conducía a la salida del restaurante. Su memoria no era tan mala como para no conmemorar a esa joven a la que Sora le dio la vuelta aquella vez—. Ya se fue.

—Estuvo cerca —emergió y volvió a tomar asiento una vez más.

—¿Por qué huyes?¿Acaso te hizo algo? Kazuya, reacciona y defiéndela a menos.

—No —posiblemente le sería más fácil lidiar con la situación si fuera ese el caso—. Es un asunto diferente del que quisiera ya no ser parte. Mejor cuéntame cómo fue que Kazuya y tú se conocieron —cambiar el tópico de la conversación era lo mejor que podía hacer. Y sabiendo lo cotilla que era Mei, sería muy fácil que se enfocara en otros temas.

—Oh, así que quieres escuchar esa historia~ —estaba preparado para contar aquellos buenos episodios de su pasado.

El relato que hablaba de la manera en que ese par se conocieron y sobre esos emocionantes duelos que vivieron dentro de la cancha ya no eran exclusivos de ellos; ahora esas jóvenes conocían ese versículo de su pasado con bastante lujo de detalle gracias a Mei.

—Y desde ese día Kazuya se hizo del privilegio de tenerme a mí como su amigo.

—Un lujo del que pocos pueden jactarse, Mei —añadía Harada.

—¿No es tu celular el que está sonando, Narumiya-kun?

—¡Masa-san! ¡Qué sorpresa recibir una llamada suya! —lo que el cácher de Inashiro decía no era audible ni para Sora ni para Kazuya pero podían deducir por los gestos faciales del blondo que le estaban llamando la atención o tal vez ya estaban ordenándole que regresara—. ¡Pero Masa-san! —demanda que acabó en resignación para Narumiya—. Está bien. Estaré ahí en menos de una hora.

—¿Nos vamos entonces? —Anna incluso se había puesto su abrigo—. Estoy lista.

—Sí —respondió—. Kazuya nos veremos. Y recuerda, más les vale a ti y a todos los de Seidou no dormirse en su lecho de rosas porque de hacerlo los aplastaremos sin piedad —nunca podían faltar los enunciados motivadores y llenos de desafío por parte del blondo—. Sora, gracias por la cena. Encárgate de cuidar bien de Kazuya.

—Tu amigo se preocupa tanto por ti y tú que no quieres salir con él —soltaba de lo más casual Sora.

—Ey, eso último estuvo de más. Yo sé valerme por mí mismo —tenía que defender su orgullo.

—Por lo que vi en el combini está claro que necesitas protección. Y Sora lo hace bien.

—Tú solamente dile que sí y lo tendrás contento.

—¡Ey! —exclamaron en pos de queja los dos chicos que se sintieron ofendidos ante las palabras de Yūki.

Annaisha y Mei se despidieron de ambos en cuanto salieron del restaurante. Y por su parte, Kazuya y Sora empezaron a caminar con bastante tranquilidad; el hogar de la pelinegra estaba varias cuadras hacia arriba de donde estaban.

—Este día fue una verdadera locura. Narumiya-kun es igual de intenso dentro y fuera de la cancha.

—Uno de sus tantos males.

—Al menos ya terminó la cita doble —suspiraron a la par. Estaban aliviados al mismo grado—. Pero igual fue entretenida.

—Suenas a que quieres repetirlo.

—Sí. Pero... Sólo una cita entre nosotros dos —bien, eso no lo estaba viendo venir pero ciertamente le daba satisfacción que ella tuviera un pensamiento como ese con él.

—Sabes que mucho tiempo libre no tengo —quiso ser claro con ella para evitar problemas posteriores.

—Lo sé perfectamente —tampoco quería irrumpir en su horario habitual—. Un domingo al mes suena bien para mí. Digo, de todos modos nos vemos a diario.

—Me parece una propuesta razonable —habían acordado sus interacciones fuera de lo habitual como la extraña pareja que eran.

—Hemos llegado —Sora se detuvo a un costado de la reja de su casa y él repitió su acción—. ¿No quieres que te acompañe hasta Seidou? Puede ser peligroso para un chico como tú.

—Muy graciosa —y que le dedicara una pequeña sonrisa no hacía más ligera su broma.

—Confiaré en ti. Así que nos vemos mañana —fue una de sus formas de despedirse. La segunda consistió en un beso en la mejilla—. Descansa.

—Sí... Igual —la vio entrar y al sonido de la puerta cerrándose inició su retirada hacía los dormitorios de Seidou.

Llevaban apenas una semana de noviazgo oficial, por lo que le era imposible acostumbrarse del todo a la manera en que ella se comportaba con él.

Continuaban molestándose el uno al otro. Incluso las amenazas pasivas imperaban de vez en cuando. En términos generales conservaban el comportamiento que extrañamente los había llevado a ese punto. No obstante, también tenía en mente todo lo que pasaron en ese día. Y en cuanto lo hacía, las mejillas le ardían y un cierto nerviosismo lo acechaba.

Era una mezcla extravagante a la que tenía que aclimatarse.

—Todo es culpa de Mei —lo cual no era verdad, pero a alguien había que deslindarle la responsabilidad.

El interior de su hogar era lo suficientemente cálido como para verse en la necesidad de quitarse la gabardina e ir a la cocina por un vaso de agua fría. Incluso tuvo suerte y halló polos de frutos rojos para deleitarse con su sabor y frescura.

Depositó su prenda superior sobre la silla y tomó asiento. Degustaría su paleta helada con calma y descansando.

Fue un día de locura gracias a Narumiya-kun. Aunque su novia fue la verdadera sorpresa. Jamás esperé encontrarme con alguien que conociera desde hace tiempo. Y peor aún, que me relacionara con aquella escuela...Pero gracias a lo discreta que es estoy segura de que no debo preocuparme por nada.

—Sora, al fin regresaste —la voz de su hermano menor capturó su atención.

—Que estés en casa significa que ya terminaste de entrenar —el chico asintió—. ¿Tetsu está en casa? —interrogó a quien se digirió al refrigerador para servirse un enorme vaso de leche.

—Llegó hace apenas una hora.

—¿Y venía solo?

—No. Shiko-chan venía con él —eso no debería sorprenderla del todo pero aún así lo hacía—. De hecho sus padres vinieron a cenar al restaurante.

Sabía que se trataba de ellos —mordió la mitad de su paleta helada antes de emitir comentario alguno—. Espero que tú no termines en un predicamento como el de Tetsu.

—¿De qué hablas Sora? —genial. Era peor que el mayor para esos temas.

—Hermana —y justo había llegado el otro despistado—. Hoy seguí tus consejos.

¿Consejos? ¿De cuáles me estará hablando? Tengo miedo de la respuesta —pero su curiosidad era más grande que sus temores—. ¿A qué te refieres?

—A los que me diste sobre Shiko-chan —la pelinegra recordó la plática que tuvieron y todo recuperó su sentido de ser.

—¿Hicieron algo especial hoy?

—Estuvimos estudiando casi todo el día en la biblioteca —Masashi y Sora parpadearon; estaban desconcertados—. Ella es muy confiable a la hora del estudio —sonreía. Pero sus hermanos no entendían por qué—. Incluso trajo un delicioso almuerzo para ambos.

—He oído de fuentes confiables que su comida es muy buena —hablaba el menor de los tres.

—Cuando te dije que hicieras cosas para convivir, no me refería a que se fueran a estudiar todo el domingo.

—Ella dijo que mi prioridad es prepararme para el examen de admisión a la universidad. Por lo que propuso que fuéramos a la biblioteca para que me centrara en estudiar —sus hermanos estaban entre sorprendidos y conmovidos—. Sé que no fue mucho por todo lo que hizo hoy por mí, pero la llevé a comer helado. Incluso le compartí del mío... Y creo que es más tímida de lo que pensaba porque su cara de puso toda roja.

—...Se puso así por el beso indirecto —se le escapó decir a Sora con emoción. Esos dos chicos la veían con cierta incomprensión—. Y bien, ¿fue agradable pasar todo el domingo a su lado?

—Sí. Bastante —los hermanos menores se miraron de soslayo y sonrieron, como si estuvieran confabulando—. Por cierto Sora, ¿has visto a Yoshiko? Me mandó un mensaje de que vendría a verme porque quería hablar conmigo.

Pensé que ya lo había hecho. Aunque claro, al saber que Shiko-chan se declaró antes que ella, debió de haberse amedrentado un poco. Y ahora que sabe que ambos se ven más seguido, los celos debieron de haber hecho el resto —¿realmente necesitaba inmiscuirse en ese asunto más de lo necesario? Su hermano aunque despistado y denso era alguien serio que tomaría su decisión y les haría saber a ambas su postura. Y aún con eso, no podía evitar preocuparse por él—. La vi hace un rato saliendo del restaurante de nuestros padres.

—Supongo que ya se fue a casa. Bueno, ya la iré a ver mañana —y era la mejor resolución que pudo tomar.

El inicio de semana siempre resultaba pesado. Especialmente si las primeras horas de clases eran tediosas hasta su último minuto. Sin embargo, siempre había algo que alegraba el corazón y eso era la hora el almuerzo.

—¿Y a dónde fueron ayer todo el día par de tortolitos? —era imposible que Kuramochi no fuera a meterse con ellos. Especialmente porque se dio cuenta cuando el capitán de Seidou estuvo ausente durante todo el domingo.

—Fuimos a pasear por la ciudad —respondió Sora—. Hasta estuvimos en una caja de bateo.

—¿A quién demonios se le ocurre ir a un sitio como ese en una cita? —Yōichi miró al único sujeto que podría tener semejante idea—. Eso explica por qué tus relaciones no duran. Aparte de tu horrenda personalidad.

—Ella no tuvo quejas.

—Me sirvió para quitarme el estrés que él mismo me provocó.

—¡Hyahahahaha! Ustedes en verdad no cambian. Ni siquiera cuando su farsa se volvió realidad —vio a cada uno que comían en silencio. Era tan hermoso molestarlos que jamás dejaría de hacerlo—. ¿Qué se siente haberse tenido que tragar sus propias palabras?

—¡Aquí está el traidor! ¡Sabía que estaba jugando sucio! ¡Sólo nos está tomando el pelo a la todos! —la aparente calma que existía en el salón de segundo año fue corrompida por el pitcher más escandaloso de todo Japón.

—¡Cállate idiota que nos vas a dejar a todos sordos! —un par de patadas al menor bastaría para aplacarlo.

—Kuramochi-senpai, no se deje engañar por ese sujeto. ¡Mírelo por usted mismo!

Ninguno puso atención al nombre de la página web que se mostraba en la pantalla del celular del castaño. El único interés de todos era la galería de imágenes que estaba desplegada.

—¿Quién podría tener tan horrible gusto para tener tantas fotografías de nuestro fastidioso capitán? —expresaba el corredor en corto.

—¿Y por qué dices que Kazuya es un traidor?

—¡Por esto! —Sawamura descendió por la página y llegó hasta las últimas adiciones; allí había fotos que ni Miyuki ni Yūki sabían cómo terminaron ahí o quién las tomó siquiera.

—¡Ey dijeron que habían ido de cita no que quedaron de verse con Narumiya!

—Narumiya-kun tomó fotos. Pero todas fueron de él y Harada-kun. Incluso si hubiera hecho todas esas tomas, él no las hubiera subido a Internet —expresó Sora con seguridad—. Así que nos queda una sola opción.

—¿Insinúas que fuimos seguidos y no sólo no nos dimos cuenta de ello, sino que también nos fotografiaron? —es que hasta a Miyuki le parecía una locura.

—Oye tienes un club de fans súper tóxico que me acosaron y que casi abusan de ti. Por lo que una loca que te sigue a todos lados no suena tan descabellado.

—Y sabe mucho sobre ti —Yōichi se había apropiado del celular de Eijun para enseñarles la pestaña anterior. Ahí había un perfil muy detallado del capitán de Seidou—. Tiene de todo. Tu tipo sanguíneo, tu peso, tu altura...

—Toda tu carrera con jugador —proseguía la pelinegra.

—Y que mantienes una relación con Yūki Sora —finalizó Sawamura.

—Pero no eres el único que aparece aquí. También está Narumiya-kun, Sawamura y muchos otros —porque Sora ya había entrado a la página desde su celular—. Es una web dedicada a los jugadores de béisbol más carismáticos y bien parecidos de todo Japón —lo cual leyó directo de aquel blog—. ¿Qué haces Kuramochi?

—Se debe estar buscando en la página —Miyuki siempre buscando los mejores momentos para cobrarse lo que el moreno le hacía.

—Kuramochi-senpai, ya lo busqué y no está por ninguna parte.

—¡Que te calles idiota!

—¡Oh, Chris-senpai también está aquí! —Eijun estaba feliz de que su maestro estuviera con la crema y nata—. Kuramochi-senpai, no se sienta mal, la mayor parte de Seidou no está incluido en la página. De modo que no es el único excluido.

Sora suspiró. Miyuki se abrazaba el estómago ante la risa que experimentaba. Y Sawamura corría por todo el salón mientras intentaba escapar de los intentos de asesinado de Kuramochi.

—¡Quédate quieto un momento para que pueda mostrarte las nuevas llaves de lucha que aprendí!

Madrugar se había convertido en un hábito lo quisiera o no. En primera porque continuaba trotando por las mañanas para mantener su peso correcto, y en segunda porque sus dos hermanos eran lo suficientemente ruidosos como para hacer de la tarea de dormir algo humanamente posible; y es que sus padres no eran menos escandalosos.

Pero pararse a tan buena hora tenía sus privilegios. Uno de ellos radicaba en ser de las primeras personas en arribar a la escuela y tener todo el tiempo y tranquilidad del mundo para depositar su calzado en las casillas escolares sin tener la presión del resto de los alumnos que buscaban conseguir el mismo objetivo.

Desde que le mandé el vídeo a Narumiya-kun ha decidido mandarme mensajes por Line...llenos de archivos multimedia donde sale él con Kazuya, con los chicos de Inashiro. Incluso de ese bateador que se quita la camisa en todo momento. Sin mencionar las de él siendo él mismo...—nadie le dijo que salir con Miyuki incluía a Narumiya Mei en el paquete—. Menos mal Harada-kun es muy diferente y sólo me agradeció de manera muy formal por el vídeo de la confesión.

—Eres Yūki Sora. ¿Verdad? —escuchar su nombre en la boca de una extraña era de lo más desconcertante. Sobre todo porque el llamado venía desde sus espaldas; por lo que instantáneamente se giró hacia su interlocutora.

—Sí. ¿Querías algo? —podía ser desconfianza pero nunca se fiaba de los desconocidos que la abordaban de esos modos.

Su cabello era oscuro y con apuro rebasaba la altura de sus hombros. El flequillo lateral que delineaba su fino rostro gozaba de un broche de piedras cuya forma de pequeña y menuda mariposa resultaba de lo más adorable y femenino. Y aunque el castaño de sus pupilas pudiera resultar de lo más ordinario, estas eran tan vibrantes que resultaba imposible ignorarlas.

Era alta. Más que el promedio, pero poseía las proporciones exactas que la hacían poseedora de una bonita figura; justo la que tendría una persona que se dedica a alguna actividad física extra.

—Escuché que eres la nueva novia de Miyuki —ya estaba sospechando que se tratara de otra loca fanática del castaño. Y ella que creía que se habían calmado al fin.

—¿Y qué si lo soy? —su grisáceo mirar se estancó en esas pupilas marrón—. Además, es de mala educación no dar tu nombre primero antes de abordar a alguien.

—Oshiro Ena es mi nombre —cumplió con aquella norma de etiqueta y prosiguió—. Y quería conocerte.

—No estás respondiendo mis preguntas. Sólo das evasivas y eso es molesto. De modo que, o me dices tus verdaderos motivos para hablarme o te haces a un lado porque tengo un salón de clases al cual llegar —el semblante de la castaña dejaba en claro que no estaba esperándose que tuviera ese temperamento si exteriormente se le veía tan sosegada.

—Como dije antes. Quería conocerte y a la vez, advertirte sobre Miyuki —eso último era un detalle que Sora no esperó; ella creía que vendría por un tema totalmente opuesto.

—¿Advertirme? ¿De qué estás hablando?

—De que Miyuki Kazuya no es el tipo carismático y encantador que todas creen. Ni mucho menos es un sujeto con buena personalidad por el que todas babean —era la primera vez que Yūki escuchaba a una chica, que no fuera ella misma, que se expresara de tal forma del capitán de Seidou.

—Te oyes como si lo conocieras más allá de la superficialidad —ya tenía una sospecha sobre ella pero quería asegurarse en vez de suponer—. ¿Eres su ex novia?

—Sí. Así es.

—¿Y qué es lo que ganas tú haciendo de buena samaritana conmigo? —quería respuestas y las obtendría.

—Evitarte todo aquello por lo que yo pasé. Y a la vez hacerte ver que Miyuki no es lo que aparenta ser.

—Yo ya tengo mi opinión sobre Kazuya. Y créeme, es muy próxima a la que tú posees. Por lo que no debes preocuparte al respecto —expresó, con una normalidad que incomodaba a la pelinegra—. Y sobre lo otro, ya veré cómo enfrento la situación —no había más de que hablar, por lo que empezó a desplazarse. No obstante, Ena seguía sus pasos—. Oshiro-kun —se paró, mirándole desde el rabillo del ojo—, si tienes alguna rencilla con Kazuya, ve y resuélvela directamente con él. Eso no arreglará lo que pasó entre ustedes pero al menos a ti te quitará un peso de encima.

—Claro que lo hice. Pero a él le importó un bledo —resentimiento; a eso era a lo que sonaba cada una de sus palabras—. Él es egoísta, frío, incluso cruel e indiferente. Puedes quererlo todo lo que quieras pero él no te entregará ni la mitad de eso... Él es un cobarde.

—Olvídate de él y sigue con tu vida. Es lo mejor que puede hacer por ti misma —aconsejó para quien estaba demasiado molesta y dolida.

—Me lo dices porque estás cegada por él. Y también porque soy su anterior pareja y no quieres que me le acerque.

—Si él te quiere dentro de su vida otra vez, será asunto suyo y será algo que ya no me concernirá —¿por qué tenía que ser arrastrada a esos dramas que ni siquiera eran suyos? Y todavía tenía el descaro de malinterpretar sus palabras—. No me conoces. No sabes si estoy cegada o no por él para no ver sus defectos. Ni mucho menos puedes asegurar si soy incluso peor que él en términos de personalidad. De modo que no supongas nada conmigo y ahórrate los consejos que yo no pedí.

Se fue. No tenía sentido seguir escuchando sobre peticiones sin fundamento.

Por razones como estas es una molestia absoluta tratar con otras chicas. Como si no tuviera suficiente con mis propios dramas como para tener que lidiar con los de otras —tomó asiento y sacó el libro de texto de la primera hora junto con su lapicera.

—¿Tú no duermes o qué? —la voz de Yōichi era imposible de ignorar.

—Vivo cerca. Por lo que es inevitable —el moreno depositó su maletín en su pupitre y se sentó frente a ella—. ¿Pasa algo?

—No sabía que te llevabas con la capitana del equipo de voleibol.

—¿Oshiro-kun? —él asintió—. La acabo de conocer hoy mismo —notó que el moreno dudaba sobre algo y ella se hacía una idea de qué—. Sé que es la ex novia de Kazuya.

—¿Te dijo algo?

—Podría decirse que me ofreció algunos consejos de vida —él sonrió con burla ante lo que en verdad le quiso dar a entender—. ¿Ella y Kazuya anduvieron por mucho tiempo?

—Oh, Sora. ¿Ya vas a estar de celosa? Qué tierna —él no era de goma pero a esa pelinegra le valía porque ya estaba jalándole la mejilla—. Ese sujeto no habla nunca de esos temas, así que no sé qué fue lo que pasó y los llevó a la ruptura. Pero empezaron a andar más o menos por mayo del año pasado y debieron haber terminado como por octubre. Ya que por ese mes dejamos de verla.

—Agradezco la información —liberó los mofletes del corredor y se cruzó de brazos.

—A las locas fans de Miyuki no les agrada. Tanto por haber sido su novia como por hablar mal de él. Y por la cara que tienes a ti tampoco te cayó bien.

—No siento simpatía por la gente que desea imponer sus ideas sobre las mías. Y mucho menos que quieran o esperen que haga lo que se les viene en gana —Kuramochi sabía que ese carácter que Sora poseía no estaba para permitir que otros quisieran hacerla como desearan—. Y lo que está haciendo me resulta infantil y de mal gusto. En esta ocasión fui educada y la dejé hablar, pero la próxima vez no seré tan condescendiente.

Esa chica no se imagina con quién se fue a meter.