¡Buenas noches! Ya estoy de nuevo aquí. Hoy les traje un capítulo lleno de varias cositas XD Así que pueden fangirlear y a la vez, sacar todo el hate que lleven dentro. Pero ya no me extiendo más. Lean con confianza, que es sábado nocturno de actualizaciones locas 7u7.
Capítulo 38
Unfinished
—Me gustan los hombres decididos que no le tienen miedo a los retos —Expresó para quien aún mantenía una sonrisa llena de plena confianza—. No tienes de qué preocuparte. Son cosas sencillas las que debes hacer.
—Subestimarte podría salirme muy caro.
—No seas tan arisco, Kazuya —Se quitó de su camino y se posicionó a su izquierda, con unos cuantos centímetros de separación—. Lo primero será esto.
¿Por qué no se tomaba las molestias de avisarle lo que iba a hacer? ¿Por qué le gustaba tomarle en curva cada vez que tenía la oportunidad o es que era amante del misterio? ¿Y por qué no se imaginó que ella podía querer algo tan simple como eso?
Reaccionó. Lo hizo porque debían seguir avanzando o empezarían a convertirse en un estorbo para los transeúntes que subían y bajaban por la calle.
Su andar se volvió más lento. No por petición de ella, sino porque él mismo había hecho de sus pasos algo un poco más pausado. Era como si la calidez que rodeaba a su mano le hubiera congelado.
—¿Todo bien Kazuya? —¿Podía ser más cínica? ¿Por qué preguntaba cuando sabía la razón de que avanzaran más lento? ¿Es que fingía no darse cuenta del efecto que desató en él con una simple tomada de manos?
—Sí. No hay razones para que suceda la contrario —Habló, con firmeza.
—Oh, es bueno saberlo. Pensé que estaba resultando muy fría la noche y por eso te habías estremecido así de repente —Platicó frescamente. Para ella aquella caminata, tomada de la mano de su pareja, era como un tour por el parque.
—El clima está bien —En ese momento ni la fría brisa nocturna hacía mella en él.
—Y dime, ¿nunca te interesó otra posición en béisbol?
—No. Desde que empecé a jugar siempre me apasionó la posición de cácher. Es la más divertida de todas —Dijo, con más soltura. Parecía estarse olvidando poco a poco que ella tenía su mano entre la suya.
—Dirás que te gusta más tener el control de todo lo que ocurre en la cancha. Como si fueras quien mueve las piezas en un tablero de ajedrez —Era imposible no ver ese gesto guasón en los labios de su novio, dándole la razón—. Nuestra cácher no era tan perversa como tú.
—Eso sólo significa que se aburría mucho durante los partidos.
—Para nada. Su verdadera pasión radicaba en sacar de sus casillas a las bateadoras. Adoraba ver cómo se les atascaba la bola mientras intentaban batear.
—Oh, en eso sí nos parecemos —Hacerlo era tan divertido.
—¿Y tú empezaste a jugar béisbol desde niño? —Preguntó, sin mirarle. Ponerle atención a lo que tenía en frente era esencial para no experimentar ningún accidente.
—Sí. Gracias a mis vecinos. Ellos me invitaron a jugar béisbol en numerosas ocasiones —El día en que conoció aquel maravilloso deporte fue uno de los instantes más felices de toda su infancia, de toda su vida.
—¿Y ya eras así de fastidioso con tus compañeros de equipo como lo eres ahora?
—Jamás han sabido apreciar mis increíbles consejos —¿En serio le estaba diciendo una desfachatez como ésa? ¿Cuánto autoestima se tenía ese hombre?
—Tú únicamente sabes incordiar a la gente.
—Puedo decir exactamente lo mismo de ti.
La charla casual sobre béisbol que inició a la salida del restaurante y que se había extendido más de lo que ambos se hubieran imaginado, fue lo que hizo de su travesía algo mucho más corto y llevadero. Y es que hablar sobre ese deporte causaba en Miyuki que sus labios esculpieran una entusiasta sonrisa que no hacía más que perdurar y ensancharse entre más se adentraba en aquel tema que tanto lo apasionaba y del que era todo un experto.
Era como un niño pequeño. Estaba tan cargado de entusiasmo que éste se desbordaba a través de esas vibrantes y centelleantes pupilas cafés.
Y esa parte de él, que recién estaba conociendo, también empezaba a gustarle.
—Cierto es que si hubieras aceptado la invitación de Narumiya-kun para unirte a Inashiro, hubieran formado el "DreamTeam". Hubieran sido imparables.
—Pero hubiera sido muy aburrido —Objetó. Y ella entendía perfectamente su sentir porque sabía la afición que él poseía hacia los retos.
—De cualquier manera, ese uniforme no se te vería bien. No son tus colores —Expresó, bromista.
—Todo lo que me ponga se me ve bien —Sora rodó los ojos ante su egolatría.
—Eso no te da derecho a vestir de manera tan extravagante —Porque no se le había olvidado el atuendo que llevó a su primera cita.
—Tal parece que Mei ya te contagió con esas ideas raras —Y rogaría al cielo para que no le compartiera otros hábitos—. Espera, ¿qué hora es? —Perder la noción del tiempo no era propio de él. No obstante, cuando charlaba sobre béisbol la situación cambiaba totalmente; y si a eso le agregaba una persona que le prestaba toda su atención y además, aportaba y preguntaba sobre el tópico, era como un combo fatal para él.
—Casi las diez —Respondió tras sacar su móvil y verificarlo por sí misma—. Llegamos aquí hace más de una hora pero ni tú entraste ni yo me fui.
—Ah, lamento eso —Se disculpó. Ella levantó sus hombros, restándole importancia.
—Estabas tan concentrado en la plática que ni siquiera te diste cuenta de que continuábamos tomados de la mano —Kazuya arrastró con lentitud su mirar hacia su mano; seguía estrechada con la de ella y ninguno de los dos parecía mostrar intenciones de soltarse. Y lo más ridículo era que nuevamente el nerviosismo llegó para recordarle que aquel contacto físico era más que suficiente para aturdirle—. Es difícil de creer que pueda ser tan cohibido para esta clase de situaciones cuando es tan cínico y desvergonzado.
—Será mejor que entre a los dormitorios.
—Sí. Pero antes...—Esa conjunción siempre era tan problemática cada que aparecía en una oración— Tienes que cumplir mi última petición. En cuanto lo hagas, borraré esas "vergonzosas" fotografías tuyas. Y ambos podremos irnos —Miyuki guardó silencio y aguardó. Ya después de lo que había hecho, podría con cualquier petición—. Bésame.
Él retrocedió, se liberó de su agarre, y con ello la distancia entre ambos se hizo un poco más grande. Ella por su lado, parpadeó con desconcierto, como si la reacción del cácher hubiera sido una de las más raras que hubiera contemplado.
Ahora únicamente había un silencio lleno de expectativa y dos miradas que intentaban entender el actuar del otro.
—Kazuya, ¿te encuentras bien? —Ante ella había un joven que se había vuelto un mudo. Un mudo cuyas mejillas habían sido pinceladas por el pasional tono de la grana.
—Claro que sí —El que no tartamudeara no significaba que no estuviera nervioso ante el deseo que le había expresado su novia.
—¿Entonces?
—¿Entonces qué? —Él quería fingir demencia y ella estaba intentando contener las ganas que tenía de echarse a reír ante lo que estaba viendo. Sí, sabía que él le había mostrado una imagen totalmente diferente de su persona y ahora mismo ella estaba viendo que no todo era cinismo y autosuficiencia; él también podía mostrarse cohibido y tímido.
—¿Vas a besarme o no? —Ella lo observaba con expectación. Él tragaba saliva con pesadez y enfocaba su atención en el objetivo de esa noche: sus labios. Si podía realizar un Double Play en un partido, ¿cómo no iba hacer algo tan simple como robar un beso?
Si Sora tenía algo que agregar u objetar, tendría que hacerlo en cuanto sus labios volvieran a recuperar su libertad. Ya que ahora estaban siendo tomados por la persona que por derecho le pertenecían y la que se había tomado su tiempo para disfrutar de aquella experiencia tan grata; una que a ambos les gustaba con demasía.
—¿Ves? No fue tan complicado. De hecho, te la dejé bastante fácil si consideramos que aquí sólo estamos nosotros dos —La bendita soledad que les rodeaba era un tesoro que él había sabido valorar—. Y como soy una persona de palabra, aquí tienes —Extendió su teléfono celular hacia él para que lo tomara y éste dudo en hacerlo—. Ahí están las carpetas. Solamente tienes que borrarlas.
—Eh...—Sí, tenía el electrónico en su mano derecha pero no sabía cómo se manejaba esa cosa.
—¿No piensas borrarlas?
—Ah, sí. En eso estoy —¿Por qué la gente se obsesionaba con esos teléfonos táctiles? ¿Cuál era el sentido en hacerlos cada vez más sofisticados? Esos objetos únicamente debían servir para recibir y hacer llamadas telefónicas.
—Sólo debes hacer presión con tu dedo índice sobre cada icono de carpeta. Después seleccionar ese icono en forma de bote de basura. Y en cuanto te salga el mensaje de que si deseas borrar el contenido, dile que sí —Instruyó a quien en su vida había poseído un móvil como ésos.
—Bien —Siguió sus indicaciones y logró al fin, eliminar todo ese material comprometedor—. Listo.
—Ya con el ajuste de cuentas hecho, será mejor que entres o terminarán llamándote la atención —Expresó tras tener su celular de vuelta—. Nos vemos mañana.
—Sí. Hasta luego —Se despidió y se dirigió hacia los dormitorios de Seidou con notoria calma.
—Es tan divertido molestarlo con cosas tan simples. Lo hacen ver un poco...lindo —Ella también debía volver a casa o su progenitora empezaría a llamarla de manera compulsiva. De modo que dio media vuelta con la disposición de retirarse; sin embargo, no dio ni el segundo paso cuando se detuvo a mirar en todas direcciones—. ¿Uh? Juro que sentí una presencia... Tal vez fue mi imaginación —Sacudió la idea de su cabeza y se marchó directo a su hogar.
La temperatura por las mañanas empezaba a descender más y más conforme los días de diciembre avanzaban en el calendario. Así que no era de sorprenderse que la gran mayoría del cuerpo estudiantil usara un suéter extra, e incluso, una bufanda o guantes afelpados para mantener su calor corporal. Era un mes gélido, pero que estaba envuelto de grandes celebraciones que entusiasmaban a los jóvenes de preparatoria y los motivaba a terminar el ciclo escolar para disfrutar plenamente de sus vacaciones de invierno.
Él no era de las personas que sintiera una especial emoción por esas fiestas decembrinas, pero toleraba muy bien el entusiasmo de quienes le rodeaban y hablaban sin parar sobre lo que harían esos días libres en compañía de su familia, amigos y gente querida.
—Jamás he visitado Chiba, pero debe ser una ciudad bastante movida. Que por algo es uno de los puertos principales de Kanto —Hablaba Tatsuhisa, recargado en uno de los pupitres más próximos a los de Kuramochi y Miyuki—. Algún día debería visitarla.
—Perderás tu tiempo. Allí no hay nada interesante —Yōichi conocía muy bien su ciudad natal y aunque le era querida porque su madre había nacido allí, no existían demasiadas cosas que la hicieran memorable o llamativa para los turistas.
—Y ya que Kuramochi salió de allí, puedes jurar que las calles están llenas de rebeldes que se tiñen la cabeza de rubio. Por lo que no te recomendaría que prolongaras tu estadía en un sitio como ese.
—¡Idiota! ¡No toleraré ese comentario de alguien que no ha salido de Tokio! —Porque mientras él lo miraba con profunda aversión, el cácher sonreía con la intención de hacerlo sulfurar aún más—. Ojalá te enfermes empezando el año.
—Te sucederá algo peor por desearme algo como eso.
—Si se enferman a inicios de año tendrán tiempo para recuperarse completamente antes de volver a clases —Porque alguien debía encontrarle lo bueno a esa futura tragedia que se deseaban mutuamente.
—Tú también te vas a enfermar por ponerte de su lado —Amenazaba el corredor a cierto rubio.
Su pelea verbal cesó ante el murmullo de las cuatro chicas que entraron al salón y que no conocían el concepto de discreción. Todas habían colocado su atención en el capitán de Seidou antes de tomar asiento y empezar a mandar mensajes con su celular.
Aunque lo que terminó de confundir a los tres jugadores fue la llegada repentina de Sawamura.
—¿Y a ti qué demonios te ha picado? —Preguntó Kuramochi después de recibir al pitcher con una cálida patada en su trasero.
—¡Gracias al capitán seremos el hazmerreír de toda la escuela! —Exclamó al tiempo que sus manos ya tenían bien sujeto el cuello del mencionado—. Ya sabía que eras un maldito caradura pero has cruzado la línea.
—¿De qué demonios estás hablando? —Y Miyuki no era el único que quería saber a qué se refería.
—¡Ten un poco de pudor y deja de mostrar estas cosas tan inmorales! —Liberó a su capitán sólo para sacar de la bolsa de su pantalón un cartel de medio metro que había doblado. Y en cuanto el contenido quedó a la vista, entendían el porqué del comportamiento del chico de primero.
—¡Yahahahaha! ¡Mira qué bonitos bóxer usa nuestro capitán! —Jamás había agradecido tanto el ir a la escuela como esa mañana en la que alguien había decidido ridiculizar a uno de los más grandes prodigios de béisbol de todo Japón.
—Miyuki, debería darte vergüenza el dejarte tomar fotos de esta naturaleza. Y peor aún, imprimirlas en carteles para pegarlos por toda la escuela —Al diablo que estuviera faltándole al respeto al zarandearlo como si fuera un vil muñeco de trapo. Lo que lo había hecho detenerle y levantarse de su lugar fue lo último que abandonó su boca.
—¿Qué has dicho?
—¡Qué pegaste esta clase de cosas obscenas por todo el plantel!
—Mierda. Eso no suena nada bien —Tatsuhisa miró al afectado de semejante bromita subida de tono y luego codeó a quien no paraba de carcajearse.
—¡Ey! —Y también le iba a dar una de sus bonitas patadas pero el joven se movilizó hasta la salida del salón, mirando en ambas direcciones.
—Lo que Eijun dice es verdad. Están en todos lados —Souh confirmó la pesadilla—. Aunque algunos están siendo despegados y guardados por las chicas —Lo que tampoco era un consuelo para el afectado—. No vimos nada de esto pegado por la escuela cuando llegamos. Por lo que seguramente lo hicieron mientras estábamos en clase; de ese modo lo verían todos cuando tuvieran un momento libre.
—¿Y bien Miyuki? ¿Por qué has hecho algo como esto? Si no quieres seguir siendo miembro del equipo porque planeas largarte a Inashiro, existían otros métodos menos humillantes —Sawamura debería agradecer que Miyuki no fuera violento porque cualquier otro ya hubiera puesto un estate quieto a esa boquita suelta.
—Idiota. Es obvio que no he sido yo —Esa no era la foto que esas obsesionadas le tomaron cuando lo encerraron en el baño y lo privaron de sus pantalones. La imagen impresa era de otro momento de su vida, por lo que solamente podía pensar en que alguien lo acosaba más de cerca de lo que creía.
—¡No te creo!
—Esto huele a mujer despechada —¿Desde cuándo el oriundo de Chica se había vuelto un experto en mujeres?—. Miyuki, ¿qué es lo que hiciste esta vez?
—Que yo no he hecho nada.
—Tal vez ese sea el problema: que no haces nada —Eijun sí sabía de lo que hablaba que por algo era un amante de los manga románticos que hacían furor entre las jóvenes—. Con esa torcida personalidad que posees no dudo que las chicas terminen todas arrepentidas y deseando tu cabeza.
—Se lo tienen bien merecido por guiarse únicamente por su apariencia —Yōichi se unió al zurdo.
—Ya no tienes que molestarte por los de este piso —Mientras ellos habían estado enfrascados en una conversación que no llevaba a ninguna parte, alguien optó por pasar a la acción y arrancar todos esos carteles para llevárselos con él—. Pero tendremos que hacer algo con los que están en otras plantas.
—¿Por qué demonios lo estás ayudando? —Él sabía que ninguno de los dos eran amigos y que únicamente se hablaban lo necesario en clases y a la hora de entrenar, así que, ¿por qué estaba tomándose tantas molestias? —. De todas las personas que conozco, él debería ser el último en preocuparse por lo que le ocurra a Miyuki. Después de todo, es el novio de Sora.
—Que se insulten a diestra y siniestra, sin tregua, es muy diferente a este nivel de acoso —Dijo para quien continuaba viéndolo como un bicho raro—. Si esto se extiende, llegará a oídos del entrenador. Y eso sí será problemático.
—En eso tienes razón —El de primero aceptaba que estaba en todo lo cierto.
—Tenemos clase libre y somos tres personas, podemos peinar el edificio entero sin problemas —Propuso Souh para los de su mismo grado—. Eijun, tú puedes encargarte de los que haya en tu piso en tu camino de regreso a tu salón de clases.
—La idea de que Miyuki pruebe una cucharada de su propia medicina, me seduce enormemente. Sin embargo, tienes razón. Si el entrenador ve todo esto se enfadará y eso repercutirá en el equipo de un modo u otro —El sentido común invadió el cuerpo del lanzador. Y con actitud recompuesta y una sonrisa deslumbrante, salió de allí a toda marcha, como un tren desbocado.
—Sawamura te hace más caso a ti que a nuestro capitán —Ya no bromearía sobre el cácher en ropa interior pero todavía podía joderlo desde otros puntos.
—Entonces...—Entregó aquel comprometedor material a la víctima de tan escandaloso atosigamiento.
—Andando —Era su pellejo el que estaba de por medio. Claramente no iba a quedarse sentado sin hacer nada.
El piso de tercer año fue su primera escala. Y aunque sabían que no era un sitio en el que deberían estar tan a la ligera, tenían que encargarse de arrancar de las paredes esos carteles escandalosos que destruían la imagen no sólo de su capitán, sino también del equipo entero de béisbol.
Recorrieron cada salón, los jardines y hasta las canchas deportivas de otros clubes para asegurarse que no quedara ningún cartel del que debieran preocuparse. Incluso se adentraron a los baños de los chicos, encontrándose con la desagradable sorpresa de que ese mundo de papel también había invadido esos espacios tan privados.
—Ya son todos —Kuramochi había destruido la última pieza entre sus manos antes de arrojarla al horno en el que quemaban la basura de la escuela.
—Justo a tiempo —Kazuya veía la pequeña pantalla de su celular. Restaban menos de diez minutos antes de que la siguiente clase diera comienzo.
—Ey, esperen. Hay un sitio en el que no revisamos —Los dos muchachos intercambiaron miradas, dilucidando sobre las palabras emitidas por el francés.
—Los baños de chicas —Nada como coincidir en la respuesta y expresarla a la vez.
—Si entramos y somos descubiertos, estaremos acabados —Yōichi no estaba dispuesto a correr semejante peligro por ese zorro embustero—. Digámosle a Sora que lo haga.
—Ni siquiera la hemos visto.
—No podemos esperar a localizarla. Tendremos que hacerlo nosotros mismos —Ese día les estaba quedando claro que Tatsuhisa era un sujeto de agallas, dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias para lograr su cometido.
Se trasladaron hasta los baños de las chicas de primer año tan rápido como su condición física se los permitió. Y aunque estaban mentalizados a cruzar la línea de lo prohibido, cambiaron de idea en cuanto vieron a un gran número de chicas entrar y salir.
—Parece que ha llegado ese momento del día en que las chicas van juntas al baño —Kuramochi y su desconcertante información sobre el género opuesto.
—De esta forma no podremos llevar a cabo lo que planeamos —Souh permanecía recargado contra la pared, justo en medio de esos dos que poseían su misma postura.
—Ya tenemos la mayoría. Así que regresemos al salón.
—¡Ah no!, de ninguna manera vas a huir. No después de todo lo que corrimos —El cuarto jugador se despegó de la pared y vio a esos dos, con una sonrisa que les gritaba que se les había ocurrido un grandioso plan—. Miyuki ya tiene un collar alrededor del cuello, por lo que él está fuera del juego. No obstante...
—¿Por qué me estás viendo de ese modo? —Tatsuhisa tuvo la sensación de que era el momento apropiado para correr.
—¡Ey, escuchen! —Tomó aire y elevó su timbre de voz para ser escuchado por todos—. ¡Tatsuhisa Souh ha dicho que saldrá en una cita romántica con la chica que le traiga todos los vergonzosos carteles del capitán de Seidou que se encuentran en sus baños! ¡Repito, Tatsuhisa Souh saldrá con la chica que traiga esos horribles carteles aquí, en el menor tiempo posible!
Lo peor no era que ese cínico chico gritara a todo pulmón y ofreciera al francés como trofeo. Sino el revuelo que sus palabras habían causado en las féminas que le escucharon y que decidieron que era oportunidad dorada que no deseaban desperdiciar.
Sí, la mortal competencia había dado inicio.
—Asunto arreglado. Ahora solamente tenemos que esperar.
—Tienes mi completa autorización para darle su escarmiento —Miyuki siempre tan buen amigo y compañero de equipo.
—Ya escuchaste al capitán, Kuramochi.
—¡Te recuerdo que tú fuiste el que quiso ayudar en primer lugar! —La venganza era un platillo que se comía frío y siempre en soledad.
—¡Aquí están todos los carteles! —Si Kuramochi no había gritado ante el susto que esa chica le metió al hablar tan efusivamente a sus espaldas era porque tenía una fama que construyó y debía proteger a toda costa—. Son absolutamente todos los que había en los baños de las chicas de cada piso. Así que no deben preocuparse.
—Aquí tenemos a nuestra ganadora —Yōichi recibió esos rótulos perfectamente enrollados y se hizo a un lado para que ella pudiera estar frente a "su premio"—. Chigusa Haruka, encantada en conocerle, Tatsuhisa-senpai.
—El gusto es mío —Y aunque él no había estado de acuerdo en cómo hizo las cosas el corredor, ahora sólo le quedaba apechugar y cumplir con la parte del trato—. Este sábado, a las ocho de la noche nos vemos afuera de la escuela.
—Perfecto. Ahí estaré —Nada como una jovencita que se marchaba con la emoción tatuada en sus labios en forma de una sonrisa.
—Al final no fue todo tan malo, ¿no te parece Tatsuhisa? —al corredor en corto le encantaba tentar su suerte porque ahí estaba, codeando al nuevo—. Miyuki recuperó sus carteles y tú tienes una cita con una chica de primero.
—Dejen de perder el tiempo o los dejarán afuera —El cácher se apoderó de aquello que le causó tanto bochorno y se fue.
—Tsk. El maldito ya se largó y ni las gracias nos dio.
—¿De verdad estabas esperando a que lo hiciera?
—Tatsuhisa —No había un lazo profundo entre ambos, sin embargo, le tenía la suficiente confianza para echarle el brazo alrededor del cuello—, ¿por qué has hecho todo esto?
—Es el capitán y cuarto bateador. Es un jugador indispensable. Es obvio que no podemos permitir que su participación en el equipo se vea mermada a causa de esos carteles.
—Sé que hay algo más.
—Si lo resolvemos nosotros será menos problemático.
—¿Qué quieres decir con eso? —El celeste y el castaño se encontraron.
—A Sora —Ese nombre fue el último que cruzó por su cabeza—. En general, a ella le molesta mucho este tipo de situaciones. Ahora a eso súmale que a la persona a la que decidieron hostigar es alguien importante para ella. Es obvio que no permitiría que esto continuara, por lo que le pondría a un alto a quien fuera que estuviera detrás de esto. Y ambos sabemos que la diplomacia muchas veces se le va de las manos.
—Diría que estás exagerando, pero tienes toda la razón —Pero con esa duda resuelta, le abordaba otra más sustancial y más alejada del cácher—. ¿Sigues sintiendo algo por ella?
—Tú sí que no temes reparo en preguntar lo que sea —¿Estaba evadiéndole?—. Incluso si todavía quedara algo de esos sentimientos dentro de mí, no significa que incordiaré a alguno de los dos. Lo único que somos ella y yo, somos buenos amigos; y los amigos se cuidan las espaldas, ¿no?
—Bueno, eso es verdad.
—Además, mi único interés en este momento es el equipo de béisbol —Declaró con absoluta seguridad.
—Es mucho más maduro de lo que me imaginaba. Me pregunto cuál habrá sido el motivo por el cual él y Sora terminaron —Y con la violencia del rayo, un nuevo pensamiento lo atravesó desde la cabeza hasta los pies—. ¿Dónde estará Sora? No la hemos visto desde que dio por terminada la clase anterior.
—Pensé que tú sabías dónde estaba.
—Por supuesto que no. Ni que fuera su novio para saber esas cosas —Tal vez lo que uno de los dos había querido evitar se había hecho realidad.
—Demonios —Expresaron al unísono.
Se supone que aquella hora libre la empleara para continuar leyendo la novela policíaca que llevaba siempre en su maletín o en su defecto, limitarse a atender las ocurrencias de aquel par de jugadores que no le dejaban ni escuchar sus pensamientos en paz. Había tantas actividades que podía desempeñar en esos sesenta minutos y sin embargo, tuvo que recibir aquel mensaje que le hizo abandonar su salón de clases sin decirle a nadie.
Ella no tomaría aquel mensaje de texto como lo haría cualquier otra chica, que cegada ante la emoción de reunirse a escondidas con algún chico, ya se hacía con una declaración amorosa en puerta. En primer lugar porque no era de ese tipo de adolescente y segundo, porque ella en más de una ocasión empleó esa misma vía para darle su escarmiento a algún capullo que le colmó la paciencia sin que éste lo viera venir.
Además, nadie en su sano juicio emplearía el salón de Ciencias para un encuentro amoroso.
—No se trata de ella. Sin embargo...—Unos minutos después de que arribara al salón, él entró. Su rostro no le era ni remotamente familiar, pero él le observaba como si en verdad le conociera—. ¿Será acaso el hermano menor del que Miu me habló? —Mismo tono de pelo, misma tonalidad de pupilas. Todos los rasgos físicos encajaban—. ¿Fuiste quien me mandó ese mensaje?
—Eso no importa. Si estoy aquí es para dejarte un par de cosas claras —Escuchó el seguro de la puerta al ser puesto. Y lo vio a él esconder la llave en la bolsa trasera de su pantalón.
—¿Eres el hermano menor de Oshiro-kun? —Él negó—. Entonces debes de ser su mejor amigo o en su defecto, alguien que se ha enamorado estúpidamente de ella. Porque ningún novio se rebajaría a meter las manos en asuntos relacionados con el ex de su pareja actual.
—No pienso responder tus preguntas —Ella se mantuvo ecuánime No se iba a perturbar por una trivialidad como esa—. Únicamente quiero que seas consciente de lo que puede ocurrir si no tomas en cuenta mi petición.
—¿Ni siquiera me dices quién eres y tienes el descaro de amenazarme? Tú sí que tienes los pantalones bien puestos —Optaría por resolver la situación a través del diálogo. Por ahora.
—Tu novio no solamente es un engreído que se cree con el derecho de salir con la chica que quiera y jugar con sus sentimientos como se le venga en gana, sino que también parece ser un exhibicionista que no le importa mostrarse en ropa interior por los pasillos de la escuela —Ella misma había visto y arrancado esos carteles tan escandalosos que le habían dejado con malhumor y con muchas ganas de saber quién había sido el gracioso que lo hizo—. Aunque parece que pronto recibirá lo que se merece.
—Te oyes justo como la clase de resentido que orquestaría una venganza tan lastimera como la que acaban de hacer al tapizar la escuela con carteles como esos —Frente a frente. Era ese modo en el que le gustaba estar cuando confrontaba a idiotas como él.
—Y tú no eres más que una cualquiera —Si no estaba en el suelo, arrepintiéndose de su grosería con un semblante lleno de dolor era porque tenía toda la atención en esas fotografías que sacó de sus bolsillos y tiró en el suelo—. Sales con el capitán del equipo de béisbol de la escuela y al mismo tiempo con ese chico que ni siquiera va en nuestra escuela.
—Sabía que no estaba experimentando un delirio de persecución. Sabía que alguien estaba observándonos a la entrada de Seidou. Incluso fui acechada hasta llegar a mi casa —Conocía a la perfección al joven plasmado en cada fotografía y comprendía el motivo que lo hacía creer que entre ellos había algo más que simple amistad; era tan fácil malinterpretar y de usar en su contra.
—Y como yo sé tu pequeño secreto. ¿Qué te parece si haces algo por mí? —Sora guardaba silencio. Quería seguir haciéndole creer que él estaba en lo cierto.
—Déjame adivinar. ¿Quieres que termine con él y a cambio tú no le contarás nada?
—Eres lista. Ahora veo por qué has logrado embaucar a Miyuki —De ninguna manera podría timar a alguien como él—. Lo tienes completamente domesticado que no duda en llevarte de la mano y robarte un beso como si de verdad fuera un buen novio. Como si en realidad sintiera algo por alguien —Cuando amas a alguien de verdad te duele al mismo nivel su sufrimiento que lo único que deseas es aliviar su martirio por el método que sea; y eso incluía dirigir toda esa impotencia y rabia en el origen de aquel abatimiento emocional.
—No pienso hacer lo que me estás pidiendo —Habló ya con un notorio tono de enfado—. Asimismo, mantente alejado de Kazuya y abstente de volver a hacer una bromita como la de hoy —No estaba preguntándole si le parecía bien o no su propuesta. Se lo estaba exigiendo.
—Es lo menos que merece una escoria como él.
—Retractate.
—Ya que no quisiste cooperar, tendré que irle a mostrar estas fotografías —Obviamente tenía un respaldo de ellas y las que tiró no eran más que uno de los tantos juegos que debía poseer—. Y descuida, tengo más tomas vergonzosas como esas para llenar la escuela tantas veces como se me dé la gana.
Siempre se esforzaba por seguir la vía del diálogo y acuerdo mutuo. Pero la gran mayoría de las veces había fallado y no por falta de insistencia y buenos tratos, sino porque la otra parte siempre se dejaba cegar por la injundia del momento.
Las palabras eran un mero adorno.
—Te dije que te retractaras, pero no lo hiciste. Y en cambio, amenazaste con volverlo a hacer —Se agachó frente a quien estaba de cuclillas contra el suelo, abrazando su estómago, esperando que con ello el dolor se mitigaría—. La próxima vez no seré tan dulce contigo y te golpearé con mayor fuerza.
—Ugh...Maldita seas —Si con aquel gancho directo a la boca de su estómago le había bastado para doblarse de dolor, no quería ni imaginarse lo que un golpe en serio le provocaría en su anatomía—. ¡Le mostraré esas fotos y terminará contigo! —Lo siguiente que experimentó fue un puntapié en su nariz cortesía del dedo índice de Yūki.
—Eso no ocurrirá porque Kazuya ya sabe quién es ese chico y la relación que guarda conmigo —Porque había llegado el momento correcto para decírselo y romperle las ilusiones—. Y al final, creerá en mí antes que en un chico como tú, que intenta destruirlo tan suciamente.
—¿Quién demonios eres? ¿Cómo es que puedes ser tan...? —No era de ese modo como le habían descrito a la actual novia de Miyuki Kazuya.
—¿Salvaje? —Terminó la oración y dibujó una pequeña pero bien marcada sonrisa en sus labios—. Y puedo serlo aún más, así que te aconsejo que no tientes tu suerte —Él no era débil. Poseía la fuerza para encargarse de una chica de su complexión. No obstante, no era idiota y se dio cuenta de que el golpe que recibió fue ejecutado con maestría; ella sabía pelear y eso iba a ser su condena si intentaba aprovecharse de su "ventaja" por ser hombre—. Ya me hiciste perder mi valioso tiempo por lo que ahora tengo que regresar a mi salón de clases. Pero antes de hacerlo vas a escuchar claramente el mensaje que quiero que le hagas llegar a Oshiro-kun.
