¡Buenas noches! ¿Qué tal su semana? La mía ha estado movida, que no había podido terminar este capítulo. Pero aquí estamos, con más de esto que podría llamar "El Arco de la Bichi Acosadora" XD Y pues nada, arriba el drama y el salseo C:
Capítulo 39
Enmity
Durante el resto del día no había hecho comentario alguno sobre aquellos carteles que pusieron en jaque la dignidad y el pudor del actual capitán de Seidō. Lo hizo por empatía, porque a nadie le gusta que le recuerden esa clase de desagradables episodios. Tampoco mencionó su encuentro con el que indudablemente era el perpetrador principal de tan asqueroso acoso porque no había necesidad de ello ya que ella misma se estaba haciendo cargo de tan repugnante ser humano.
Tampoco se había quedado más tiempo dentro de las instalaciones del club de béisbol. Esa tarde le había surgido un compromiso inesperado que no podía cancelar aunque fuera lo que más deseara en ese momento.
Había sido un día caótico que encontraría su final en el interior de una cafetería de tonos pastel cuya especialidad radicaba en la preparación de diversos y exquisitos postres. Sí, era el lugar por excelencia para las chicas de su edad y para ese lanzador amante de las cosas dulces.
—En verdad estoy sorprendido. Jamás creí que aceptarías mi invitación —Sus celestes pupilas veían con estupefacción puro a quien había tomado asiento frente suyo.
—Todavía estoy a tiempo de retirarme e irme a casa —habló, con una mirada que le indicaba que lo haría si continuaba tentándola.
—No lo decía de ese modo —¿Por qué era tan voluble esa mujer?—. Es sólo que pensaba que eras igual de asocial que Kazuya. Es todo.
—Estoy segura de que salgo más que él, Narumiya-kun —Tomó el menú entre sus manos y empezó a navegar entre todos esos nombres cursis que hacían referencia ya sea a una malteada, un smoothie, un frappé o a algún postre—. Aunque se me hace extraño que me hayas citado a mí y no a él.
—Oh, es que con quien quería hablar es contigo —Sora colocó la carta sobre la mesa y puso completa atención al As de Inashiro.
—¿Sobre qué? —Que tuviera esa boba sonrisa no la ayudaba a relajarse—. Y más importante, ¿Harada-kun sabe que estás aquí, conmigo?
—Por supuesto que lo sabe. Yo no le guardo secretos —Allí estaba esa aura rosa, rodeándole, combinando de maravilla con el decorado de la cafetería—. Mi Anna sabe que únicamente tengo ojos para ella y que nunca buscaría a otra mujer. Y mucho menos si ésta es la novia de Kazuya.
—Bien. Entonces continúa.
—¿Y tú? —¿Ahora qué deseaba saber?—. ¿Le dijiste a Kazuya que te verías conmigo después de las actividades del club de béisbol?
—No.
—¿Por qué no le dijiste? —¿Ese gesto en su cara era un puchero o una mueca de molestia? ¿A qué venía tal estado de conmoción?—. Eso habla muy mal de ti, Sora-chan. ¿Qué clase de novia eres que le ocultas parte de tu vida a Kazuya? ¡¿No me digas que lo estás engañando?! ¡Estás saliendo con otro y por eso no le cuentas sobre lo que haces! —Yūki contó hasta cien para no privar a Inashiro de su As.
—No estoy engañando a Kazuya ni contigo ni con nadie más —El cuerpo de Mei se estremeció ante el modo en que lo estaba observando. Era como si sintiera una enorme presión, como si esas pupilas grisáceas le ordenaran silenciosamente que se calmara con ese tema—. Además, él no quiere que me junte mucho contigo porque no quiere que me contagies tus raras manías.
—¡¿Ah?! ¡¿Qué?! ¡¿Por qué dijo algo tan cruel?! —Estampó sus manos contra la mesa, como lo haría un crío que está a punto de hacerle la rabieta del siglo a su mamá—. Kazuya es un malagradecido. Después de todo lo que he hecho por él, ¿y es así como me paga? —Drama, del puro y de excelente calidad.
—Narumiya-kun, enfócate en lo que importa —Ese chico se iba muchas veces por las ramas y había que estarlo dirigiendo hacia el camino correcto—. ¿Para qué querías que nos viéramos?
—Ah, sobre eso. Quiero que Kazuya y tú vengan a mi casa en noche vieja para recibir el Año Nuevo. También invité a algunos chicos del equipo de Inashiro —No estaba esperándose una invitación como ésa y por ende, no sabía cómo reaccionar o responder.
—Considera que Kazuya estará de vacaciones y probablemente tenga muchas cosas por hacer. Querrá pasar esos días en familia —Es lo que ella suponía.
—Sora, él nunca hace algo en esas fechas —Soltó, con notorio aburrimiento—. Se la vive viendo otra vez los partidos de las grandes ligas, cocinando e ignorando su teléfono. Técnicamente se dedica a existir y no disfruta de su juventud.
—Después de entrenar tan duro en el año es muy válido que haga absolutamente nada.
—¡Pero Sora! ¡Estamos hablando de un chico de diecisiete años, sano, con novia, en período vacacional y que no está aprovechando todo eso para pasar unas vacaciones memorables!
—Narumiya-kun, estás exagerando.
—¡Claro que no!
—Ya sabes cómo es él. No sé por qué estás esperando que actúe diferente —Sí, no se había hecho pareja del tío más social y extrovertido del mundo.
—Pues estoy esperando que tú hagas bien tu trabajo y le enseñes a vivir un poco.
—Me estás pidiendo imposibles —Reconocería que Mei sí se desempeñaba como un mejor amigo ejemplar. Y aunque muchos se asustarían por lo intenso que era en materia de amistad, ella lo veía con cierta normalidad; sus amigos más cercanos poseían un comportamiento similar.
—Sora, debes convencerlo de ir a la fiesta. Es tu deber cívico como novia —Estaba muy segura de que eso no formaba parte del contrato de noviazgo—. Además, ya te presenté con los chicos y ellos están ansiosos por conocerte.
—No creo que eso sea mi... ¡Espera! ¿Cómo es que me presentaste?
—La noche que regresé de la cita doble, le conté a Masa-san y al resto la manera tan maravillosa en que Anna y yo nos hicimos novios —Relataba con un orgullo que se equiparaba con sus habilidades de lanzamiento—. Y también aproveché para hablarles sobre ti.
—Si será rufián —Con cada oportunidad que tenía para conocerlo, más estaba de acuerdo con la actitud recelosa de Kazuya hacia él.
—Y al final de mi relato todos quisieron conocer a la chica que protegió y salvó el trasero del mejor cácher de todo Japón —Tal vez Narumiya contó su aventura sin dolo, pero esos jugadores se habían hecho de un grandioso material para molestar a Miyuki—. Y cuando mencioné que eras la hermanita del ex capitán de Seidō, la intriga fue mucho mayor.
—Solamente quieres que vayamos a tu fiesta para tu entretenimiento personal.
—Tú encárgate de convencer a Kazuya para que podamos divertirnos en grande —Él escuchaba lo que quería oír y nada más—. ¿Qué te parece si pedimos? Estoy muriéndome de hambre.
—Narumiya-kun, debes comer apropiadamente y no llenarte de golosinas. Estos productos azucarados no forman parte de tu régimen alimenticio.
—Primero, llámame por mi nombre. Ya somos amigos, así que es lo normal —A ella nadie le notificó sobre ello. ¿Cómo es que ahora eran amigos? Sólo se habían visto dos veces en toda su vida; no podían forjar un lazo como ése en tan poco tiempo—. Y segundo, si nadie se entera, no pasará nada —Hacía clara referencia a los postres que iba a zamparse.
—Na...—Calló. Se retractó de dirigirse a él por su apellido en cuanto vio esas cejas fruncidas—. Mei, hay algo que quisiera preguntarte.
—Te escucho —Dijo al tiempo que le señalaba a la mesara todo lo que quería y ella replicaba su gesto.
—¿Sabes cuál fue el motivo por el cual terminaron Oshiro Ena y Kazuya?
—Oh, así que ya la conociste.
—Sí.
—Mi consejo es que te mantengas lejos de esa loca. Será lo mejor para ti y tu relación con Kazuya —Advirtió.
—Esa era la idea desde que me abordó para presentarse ante mí y "aconsejarme" sobre Kazuya. Sin embargo, alguien allegado a ella decidió tomar cartas en el asunto.
—Ellos empezaron a salir como pareja a inicios de mayo del año pasado —Tal como le había dicho Kuramochi—. Como ambos eran miembros de clubs deportivos no había mucho tiempo para verse fuera del horario escolar, por lo que asistir en el mismo salón de clases era un modo de pasar tiempo juntos.
—Pues todo parecía marchar bien.
—Él problema fue que ella se enamoró pero él no —¿Amor no correspondido? ¿Podía contemplarse de esa manera? ¿No eran las relaciones sentimentales los lugares donde las emociones humanas evolucionaban, crecían, se estancaban o morían?—. Y si a eso le agregamos que Kazuya se enfoca tanto en el béisbol que no se acuerda ni siquiera de sí mismo...
—Y lo escasamente comunicativo que es.
—Tienes todo lo necesario para que una relación se vaya al garete —Había sido como una pequeña bola de nieve que había rodado cuesta abajo hasta convertirse en un monstruo que nadie pudo frenar hasta que se estrelló—. Él terminó con el noviazgo y ella acabó con un corazón roto.
—No se puede obligar a nadie a sentir algo que no quiere o no puede —Versó como un credo personal.
—Sora, ¿alguna vez alguien te ha roto el corazón? —¿La cuestionaba por su comentario o por mera curiosidad? ¿Por qué tenía que salirle él con esa clase de preguntas?
—Sí. No obstante, las circunstancias fueron completamente diferentes a las de ellos —Había experimentado el dolor de la ruptura, la amargura de no poder seguir al lado de aquella persona aún cuando eso era lo único que deseaba, de seguir sintiendo tanto y no poder hacer nada para erradicar esos sentimientos.
—¿Y qué fue lo que hiciste después de que eso ocurrió? —No quería revivir el pasado y allí estaba él, invitándole a que lo hiciera.
—Lo que cualquier otra persona haría. Seguir con su vida y esperar a que ese mal trago pasara —Era un proceso lento e insufrible, pero no imposible de llevar a cabo—. ¿Estás preguntándome todo esto para ver cómo actuaré si las cosas no terminan bien entre Kazuya y yo? ¿O recopilas información sobre la novia de tu mejor amigo?
—Ambas —El Rey de Tokio era un maldito cínico y un cotilla consumado—. No quiero que Kazuya tengo otra loca obsesionada y tóxica queriendo arruinarle la existencia.
—Descuida, no soy de ese tipo.
—Y ya que estamos en materia, ¿cuántas relaciones has tenido antes de Kazuya? —Directo como siempre.
—Te responderé si tú contentas una pregunta mía.
—Adelante —A él nada le asustaba.
—¿Les han roto el corazón a ti y a Kazuya? —La curiosidad no era mala y menos si estaba justificada.
—A Kazuya no —Lo cual sorprendía un poco a Sora. ¿Pero qué había de él?—. Tú y yo estamos en el barco de los corazones rotos.
—¿No estás siendo dramático? Puedo jurar que algo como eso no le ocurriría a un chico como tú.
—¡Claro que no estoy siendo dramático! —exclamó, inflando sus mofletes y cruzándose de brazos, indignado—. Ocurrió a comienzos de mi último año de secundaria —Su rostro adquirió seriedad e incluso eso conocido como melancolía y desconsuelo se hizo presente—. Justo cuando iba a declararme a la chica de la que me había enamorado, ella vino a mí y me confesó que el chico del que había estado flechada desde primer año le pidió ser su novia —Él forzó una sonrisa y rascó su nuca, con un oculto nerviosismo. Era claro que todavía existían viejas heridas que no habían terminado de cerrar.
—Golpeé al idiota que empezó a pegar carteles vergonzosos de Kazuya por toda la escuela y amenacé de manera pasiva a su ex novia —Lo más sano para ambos era dejar ese tema en el olvido y enfocarse en el presente que poseían—. A tu amigo no le gusta proteger su propio pellejo, pero ese no es mi caso. Por lo que no pienso permitir que esa loca lo arrastre a él o a mí en su venganza sin sentido.
—¡Ah! —Pocas cosas lograban impresionar a Narumiya Mei pero las acciones y palabras de esa chica lo habían logrado sin esfuerzo alguno—. ¿Que tú hiciste qué?
—Lo que escuchaste, Mei —No iba a repetir su fechoría en un sitio público—. Le dije a Oshiro-kun que resolviera sus rencillas en una plática directa con Kazuya, pero no me hizo caso. Así que no me puede culpar por buscar otra forma de pararle el carro.
—Sora, ¡eres tan buena protegiendo a Kazuya! Estoy tan conmovido —¿Y esas lágrimas falsas que limpiaba con un pañuelo de dónde habían salido?—. Yo sentiría mucha vergüenza de que fuera mi novia la que cuidara de mí todo el tiempo. Pero el ego masculino no existe en Kazuya. Por eso ni debe afectarle.
—Ahora me queda claro por qué son amigos. Los dos son iguales. Ambos se echan tierra mutuamente —Ya quería irse y ni siquiera les habían traído su orden.
—¡Ey! ¡Todavía no respondes a lo que te pregunté hace rato!
El entrenamiento de esa tarde había sido más intenso de lo normal. Probablemente el motivo radicaba en que el campamento de invierno estaba en puerta y debían ser mentalizados para el infierno que se avecinaba y que debían superar de manera exitosa.
Y aunque estaba extenuado y bañado en sudor se dispuso a dar una última vuelta alrededor del diamante antes de irse a duchar y cenar. Ya sólo debía aguantar un poco más para ir a descansar y olvidarse del día tan vertiginoso que había vivido.
Ese era su plan hasta que terminó y se encontró con un rostro que no le era en lo más mínimo familiar.
—¡Ey, oye! —El desconocido levantó su mano derecha, moviéndola de manera efusiva de un lado a otro, buscando llamar su atención—. ¿Podrías orientarme?
Kazuya no era la clase de personas que entablaban pláticas con extraños, pero era alguien a quien le inculcaron modales básicos. Así que se aproximó hasta quien parecía alegrarse de haber recibido una respuesta positiva.
—Menos mal aún quedaba alguien por aquí —pronunció en cuanto el capitán de Seidō estuvo frente a él, del otro lado del mallado.
El bermellón de su desobediente cabellera era el primer atributo físico que resaltaba en el instante que alguien colocaba su atención en él. Lo segundo era la coloración ambarina de sus pupilas que se conjugaba a la perfección con una piel que no era amante de los rayos del astro rey. Y el tercer aspecto era su estatura; con notoria facilidad sobrepasaba el metro ochenta.
Portaba una camisa sin mangas verde olivo y encima una sudadera gris. Y sus oscuras bermudas se acoplaban con las zapatillas deportivas que usaba; las mismas que lo catalogaban como un practicante de atletismo.
—¿Estás buscando a alguien? —Era la conclusión más plausible.
—En realidad sí —respondió velozmente—. Quisiera saber dónde puedo encontrar a Yūki Sora.
—¿A Sora? —soltó su nombre por inercia. Y es que su cara reflejaba lo confundido que estaba. Parecía resultarle de lo más inusual que alguien preguntara por ella y mas si era un chico el que lo hacía.
—Ella me dijo que era mánager del equipo de béisbol de Seidō y que en ocasiones suele irse más tarde de lo normal. Por eso me aventuré a venir a buscarla directamente aquí. Pero no la he visto por ninguna parte —explicó el pelirrojo con una pizca de desilusión en su voz.
—Ella se fue temprano hoy.
—Debí haberle hablado por teléfono para decirle que vendría a verla —Suspiró con cierta decepción—. Pasaría a verla a su casa pero ya estoy corto de tiempo...
—¡Ey Miyuki! ¡Sawamura y Furuya se niegan a dejar el bullpen hasta que vayas y atrapes para ellos! —No le gustaba andar de niñera pero alguien debía evitar que esos dos pitcher cometieran una tontería y se lesionaran. Por eso había estado buscando al cácher hasta que por fin dio con él—. ¿Al fin han venido a golpearte por alguna gilipollez que hiciste?
—Sólo vine a buscar a una amiga mía. No vine a pelearme con nadie.
—¿Una amiga? Las únicas chicas que hay aquí son las mánager...—Yōichi examinó con mayor detalle al extraño. Poseía una arracada de plata en su lóbulo izquierdo y una pequeña coleta en la parte posterior de su cabeza; esa no era la apariencia de un chico de hogar—. Solamente una de nuestras mánager podría tratar con un sujeto como éste. Eres amigo de Sora, ¿o me equivoco?
—Has dado justo en el blanco —Sonrió con diversión—. ¿Te lo dijo mi apariencia?
—Ella parece del tipo de chica que se codea con pandilleros —El pelirrojo rio un poco ante la idea que tenía sobre su amiga. Y a la vez no se le veía molesto por lo despectivo que había sido.
—Tú debes ser Kuramochi Yōichi, ¿verdad? —El corredor parpadeó con extrañeza. No estaba esperándose formar parte de las conversaciones que Sora tenía con sus viejos amigos—. Ella dice que siempre la estás molestando de un modo u otro y frunces el ceño de la forma en que lo estás haciendo justo ahora.
—Te atrapó.
—¡No quiero escuchar eso de su idiota y toca narices novio! —Porque también quería escuchar lo que ese pelirrojo tenía que decir sobre su capitán.
—Jajajaja —Por lo menos alguien se entretenía con las riñas verbales de ese par—. Claro que me ha hablado sobre ti, Miyuki —Ambos direccionaron su atención en quien continuaba sin presentarse—. De hecho no pensé que serías tú a quien me toparía mientras la buscaba.
—No me digas que ya estabas pensando otra clase de cosas, Miyuki —Kuramochi era un hombre de oportunidades y siempre las aprovechaba—. Como que te había llegado la competencia.
—Claro que no —refutó.
—Por cierto, me llamo Rokujō Kishō. Gusto en conocerlos —Se presentó con una sonrisa amistosa. Tal vez sólo su exterior era rudo y un poco intimidante—. La próxima vez que visiten Shinagawa no duden en avisar para que les dé un tour completo por toda la ciudad y no tengan que verse con idiotas como los del combini.
—Espera, ¿tú fuiste quien le regaló esa cosa a Sora? —Nunca olvidaría ese pequeño aparato con el que su novia electrocutó a esos busca problemas.
—Si te estás refiriendo a la pistola de electrochoques, sí. Fue un obsequio de cumpleaños. Creí que le sería útil ya que hay muchos idiotas por allí —Lo peor del caso es que no había exagerado con esa medida.
—Ella ya es peligrosa por sí misma. No necesita de aditamentos extras —Yōichi hablaba desde la voz de la experiencia. Ahora tenía otra cosa por la cual angustiarse.
—Chicos, me he divertido bastante charlando con ambos. Pero tengo que irme —Postró su mirada con especial atención en Miyuki—. Cuida de Sora —dijo adiós con un ademán y dejó a esos chicos en un momentáneo silencio.
—Los amigos de Sora son muy extraños —expresaba Kuramochi, contemplando a ese pelirrojo que corría a toda marcha.
—Eso explica por qué se volvieron tan amigos.
—Ey, ¡¿qué estás insinuando Miyuki?! ¡Trae tu maldito trasero aquí mismo! —gritó, mosqueado. Pero sus quejas y malas palabras fueron en vano; el cácher ya se había ido muy campante, con una sonrisa llena de frescura y cachondeo.
Se despertó unos quince minutos antes de que su alarma sonara y con una somnolencia como pocas experimentadas anteriormente, salió de la cama para vestirse y dar inicio a la rutina de preparación; desde allí sus oídos serían bombardeados con la ensordecedora voz del pitcher de primero mientras le proporcionaba a Furuya razones por las cuales no podía ponerse a recibir sus lanzamientos desde tan temprano.
El entrenamiento matinal concluyó con naturalidad en conjunto con el desayuno y la ducha matutina. Sí, era otro día vestido de absoluta normalidad O eso es lo que él quería creer; pero al recordar todo lo que vivió el día anterior en la escuela le hacía cuestionarse seriamente si tenía que zanjar directamente aquel asunto.
Vistió su uniforme y abandonó su habitación. Tal vez caminar por los alrededores antes de dirigirse a la escuela le ayudaría a despejar su mente. No obstante, alguien parecía haber tenido la misma idea.
—¿Y esa cara de sorpresa? —cuestionó en cuanto notó el desconcierto que desprendían aquellas castañas pupilas.
—Es la primera vez que te veo por aquí tan temprano —La cercanía de su hogar con respecto a la escuela hacía de ella una de las primeras alumnas en arribar al plantel.
—No veo ningún letrero que diga que no puedo transitar por aquí a estas horas —Fue la defensa que desplegó—. Y ya que traes el uniforme, deduzco que ya desayunaste. Así que vayamos a la escuela de una buena vez por todas.
—Mandona.
—Tienes que ir a clases, lo diga o no. De modo, que no cuenta como una orden. Es únicamente un comentario casual para iniciar bien el día —Miyuki esbozó una media sonrisa; le entretenía que fuera tan orgullosa para cosas tan triviales.
—Pero no tan temprano.
—Un día que lo hagas no va a matarte —Y aunque él se mostró un poco renuente al principio de llegar tan temprano, terminó caminando al lado de ella—. Sé que esto podría no interesarte, pero ya sé quién fue el pelmazo que imprimió y pegó todos esos carteles —¿Habría estado indagando para llegar hasta el culpable? ¿Lo había sorprendido infraganti? ¿Y si ese fue el motivo por el que desapareció durante la clase libre que tuvieron ayer?—. ¿Quieres saber quién fue?
—Sinceramente no podría importarme menos —Sí. Sabía que él le saldría con una respuesta como ésa pero de todos modos se arriesgó a preguntar.
—Ciertamente es un sujeto al que no vale la pena que ni conozcas —Ella hubiera deseado esa suerte pero las circunstancias fueron otras—. Ya le dije amablemente que no volviera a hacer algo como eso.
—Eso significa que lo amenazaste y posiblemente, lo golpeaste —Sora podía ir y engañar a otros con que era una mujer de diplomacia, pero no a él—. No vale la pena que te metas en problemas por alguien así —Si esas palabras eran una manera de expresarle que le preocupaba lo que pudiera ocurrirle a causa de ese indeseable, no lo sabía; pero le resultaba agradable creer que era de ese modo.
—La mayoría de los hombres poseen un ego tan frágil que prefieren callar a acusar a la chica que les dio una bonita paliza. Y él es completamente de ese tipo —Estaba tan acostumbrada a lidiar con esa clase de patanes que los reconocía casi de inmediato.
—No te metas en problemas innecesarios —repitió. ¿Era advertencia o un consejo? ¿Cuál de las dos?
—Ese tonto está intentando desacreditarte. Incluso podría hacer algo mucho peor que afectara tu estadía en el equipo de Seidō —¿Una persona podía llegar a esos extremos? Miyuki creía fehacientemente que con los días se aburrirían y le dejarían de acosar; así era como ocurría siempre—. Está enamorado de Oshiro-kun, así que no va a estar satisfecho con lo de ayer.
—Sora —Sabía que la chica a la que había hecho su novia era temperamental, era directa exponiendo sus puntos de vista, y tampoco se quedaba callada cuando había algo en lo que no estaba de acuerdo. Y en ese aspecto era totalmente opuesta a sus anteriores parejas—, no pasará nada. No seré expulsado del equipo ni nada parecido. Así que no seas tan alarmista —Pero a la vez también resultó ser inesperadamente protectora hacia él, hacia lo que la gente quisiera hacerle. Y sinceramente no sabía muy bien cómo sentirse al respecto. Porque le resultaba sumamente desconcertante y por ende, estaba bien si no se comportaba de esa forma; pero también, le despertaba una sensación que iba más allá de la complacencia. ¿Cómo podía definir a esa contrariedad que le estaba haciendo experimentar?
—Sí que eres optimista, Kazuya.
—Y tú demasiado necia —No se lo estaba reprochando. Pero quería que entendiera que no necesitaba seguir obsesionada con el tema—. La novia del capitán del equipo de béisbol de Seidō no debería estar envuelta en actos vandálicos de ningún tipo. Piensa en mi impecable fama —Claro, era el momento perfecto para ponerse a bromear y echarse flores al mismo tiempo.
—Jamás tuviste una excelsa reputación, Kazuya. Que yo vaya a poner en su sitio a un capullo no empeorará la famita que ya tienes por toda la escuela.
—A Tetsu-san no le gustará que su hermana se vuelva una delincuente. Ponte en sus zapatos —Estuvo a punto de comprarle el discurso pero en cuanto vio esa sonrisa de zorro embustero, desistió.
—Está bien. No haré nada contra ese idiota que debe estar pensando en otro modo de meterse contigo porque me lo estás pidiendo tú. Porque por mí ya estaría contra el suelo rogando piedad—Aceptaría su petición pero eso no la privaba de quejarse.
—Salvaje.
—Es lo que hay.
—Por lo menos intenta negarlo un poco.
Incluso cuando llegaron juntos, su andar en conjunto se vio pospuesto en cuanto el cácher se encontró con su hermano mayor y algunos miembros de tercer año. Y pese a que podía quedarse y escucharles hablar sobre el campamento invernal y su decisión de ayudar al equipo durante esos días de incesante entrenamiento, decidió dirigirse al salón de clases y dejarle allí, relajándose con el tópico que más amaba.
—Esta fecha quedará marcada en el calendario como el día en que Kuramochi Yōichi llegó antes que nadie a clases —Si no había ingresado era porque él estaba parado bajo el umbral de la puerta, obstruyendo el paso—. ¿Vas a dejarme pasar?
—Dame tu maletín. Yo mismo lo iré a dejar en tu puesto —Esa repentina amabilidad escondía algo.
—¿Qué es lo que está pasando? —pidió. Y él se mantuvo silente—. Si no vas a decirme nada, entonces déjame pasar.
—¡No, no entres! —ya era demasiado tarde para peticiones o advertencias. Ella había logrado colarse hacia el interior del aula con notoria facilidad.
Por mero instinto miró hacia la verde pizarra y encontró el motivo por el cual Kuramochi no deseaba que entrara.
No eran las fotografías que habían sido pegadas ahí, con intención de hacerla ver como alguien que no sabía respetar a su pareja y gustaba de atesorar el calor de alguien más, lo que estaba mosqueándola. Tampoco fueron esas palabras que dejaban en claro el desagrado que le guardaban por ser la pareja sentimental de aquel cácher lo que estaba detonando su malhumor. Lo que en verdad la llevó a ese estado de cabreo era la cobardía que percibía en esa bajeza llena de desesperación y deseos ciegos de amedrentarla.
—¡Mierda! —blasfemó inútilmente. Ella no lo escuchó—. Se ha quedado totalmente callada, absorta en ese estúpido pizarrón. Le dije a Sawamura que se apurara con el agua y el jabón.
—Esto va a acabar muy mal —Fue la premonición que escapó de los labios de Tatsuhisa en cuanto llegó y contempló lo que había ocurrido en el salón de clases.
