Los personajes de Harry Potter no me pertenecen son de J.K Rowling.

Summary: Harry es un niño con una inteligencia, astucia y actitud que muchas personas no esperaban en él, además de que poco a poco se va dando cuenta que los hechos y las personas no son como se dan a conocer, dejando detrás de ellos rastros de mentiras que Harry va descubriendo. Luchando también contra las personas que quieren controlarlo y matarlo solo por ser quien es.

Parsel- "Hola"

Hechizos- Accio

Recuerdos- [Hola]


Capítulo 22 Beauxbatons y Durmstrang

Pov Harry

Tuve que quedarme dos días en la enfermería, según Madame Pomfrey debo de reponerme al cien por ciento, las pociones y comidas, ayudo a mejorar mi desgastamiento. No recibí visita, debido a que nadie sabe que estoy aquí, los chicos piensan que estoy con padre, no quise mentir con respecto a no recordar, pero debo mantener en secreto a Lady Hogwarts.

—Te dejare desayunar con tus amigos, hoy vienen los estudiantes de Beauxbatons y Durmstrang, todos están emocionados y no quiero que te pierdas el banquete de bienvenida—dijo con una sonrisa.

—Gracias Madame Pomfrey—fui directo a mi sala común, sé que los chicos aún no se han levantado, apenas son las seis, y comemos a las ocho, además de que hoy vienen las escuelas que participaran en el torneo. Para evitar tantas preguntas, les diré que le pedí a mi padre que me trajera para el banquete de bienvenida.

Al entrar a mi habitación, Draco aún sigue durmiendo como supuse, bostecé cansado y me dirigí a mi cama, creo que dormiré un rato, aún es muy temprano. Al bajar todos los chicos me están esperando.

—¿Dónde estabas? Te ausentaste dos meses y nos preocupaste, tu padre nos dijo que tuviste una recaída, por Callidus—dijo Draco preocupado. Se que cuando estuve haciendo las pruebas, me retrasa solo unos días, pero según me comento mi abuelo, el tiempo fue diferente aquí.

—Si, al parecer no había madurado mágicamente, por lo que cuando lo hizo, el choque de nuestras magias, fue más de lo esperado, lamento no haber escrito antes—mi padre dijo, que fue Nicholai quien dio la idea que usaran a Callidus, en el colegio nadie sabe que me "perdí" solo el profesor Snape y el director, los cuadros no dicen nada, si él no los autoriza. Por lo que, para todos, apenas estoy regresando al colegio.

—No importa, estamos feliz que este bien—dijo Pansy abrazándome, al igual que Daphne.

—¿Qué ha pasado mientras estuvo ausente? —pregunte curioso. Tengo que hablar con los maestros, para que me den tiempo de entregar los deberes, no pienso bajar mis notas.

—Pues no mucho, bueno lo único es que el nuevo profesor de defensa contra las artes oscuras, nos enseñó las maldiciones imperdonables, incluso tuvo el descaro de usar el imperius en nosotros—dijo Blaise tranquilamente.

—Además, que los gemelos han estado rondando nuestro territorio, se la pasan molestando Draco. Presiento que nuestro amigo tiene dos pretendientes—dijo con burla Pansy, no pude evitar sonreír al ver el rostro ruborizado de Draco.

—Cállate Pansy, solo me han estado preguntando por Harry, les explique que son amigos—merlín, pobre Draco, esos dos le darán dolores de cabeza, si se interesaron en su persona.

Aquel día, había en el ambiente una agradable impaciencia. Nadie estuvo muy atento a las clases, porque están mucho más interesados en la llegada de la gente de Beauxbatons y Durmstrang.

Al llegar afuera, esperamos la llegada de las dos escuelas, ignore las estúpidas teorías de algunos Gryffindor.

—¡Es un dragón! —gritó uno de los de primero de Gryffindor, perdiendo los estribos por completo.

—No seas idiota... ¡es una casa volante! —le dijo uno de los hermanos Creevey.

Obviamente se equivocó. Cuando la gigantesca forma negra pasó por encima de las copas de los árboles del bosque prohibido, casi rozándolas, y la luz que provenía del castillo la iluminó, vimos que se trataba de un carruaje colosal, de color azul pálido y del tamaño de una casa grande, que vuela hacia nosotros tirado por una docena de caballos alados de color tostado, pero con la crin y la cola blancas, cada uno del tamaño de un elefante.

Las tres filas delanteras de alumnos se echaron para atrás, cuando el carruaje descendió precipitadamente y aterrizó a tremenda velocidad. Entonces golpearon el suelo los cascos de los caballos, que eran más grandes que platos, metiendo tal ruido que Longbottom dio un salto y pisó a un alumno de Slytherin de quinto curso. Un segundo más tarde el carruaje se posó en tierra, rebotando sobre las enormes ruedas, mientras los caballos sacudían su enorme cabeza y movían unos grandes ojos rojos.

Antes de que la puerta del carruaje se abriera, me fije en el escudo: dos varitas mágicas doradas cruzadas, con tres estrellas que surgían de cada una. Es interesante conocer otros colegios mágicos.

Un muchacho vestido con túnica de color azul pálido saltó del carruaje al suelo, hizo una inclinación, buscó con las manos durante un momento algo en el suelo del carruaje y desplegó una escalerilla dorada. Respetuosamente, retrocedió un paso. Entonces mire un zapato negro brillante, con tacón alto, que salía del interior del carruaje. Es un zapato del mismo tamaño que un trineo infantil. Al zapato le siguió, casi inmediatamente, la mujer más grande que había visto nunca. Las dimensiones del carruaje y de los caballos quedaron inmediatamente explicadas. Algunos ahogaron un grito.

Al dar unos pasos entró de lleno en la zona iluminada por la luz del vestíbulo, y ésta reveló un hermoso rostro de piel morena, unos ojos cristalinos grandes y negros, y una nariz afilada. Lleva el pelo recogido por detrás, en la base del cuello, en un moño reluciente. Sus ropas son de satén negro, y una multitud de cuentas de ópalo brillaban alrededor de la garganta y en sus gruesos dedos. Dumbledore comenzó a aplaudir. Muchos lo imitaron, por mi parte, preferí evaluarla.

Sonriendo graciosamente, ella avanzó hacia Dumbledore y extendió una mano reluciente. Aunque Dumbledore era alto, apenas tuvo que inclinarse para besársela.

—Mi querida Madame Maxime, bienvenida a Hogwarts. —dijo tranquilamente, me abstuve de hacer una mueca, como odio a este viejo.

—Dumbledog, espego que esté bien—repuso Madame Maxime, con una voz profunda.

—En excelente forma, gracias —respondió Dumbledore.

—Mis alumnos —dijo Madame Maxime, señalando tras ella con gesto lánguido.

Hay unos doce alumnos, chicos y chicas, todos los cuales parecían hallarse cerca de los veinte años, habían salido del carruaje y se encuentran detrás de ella. Están tiritando, lo que no es nada extraño, dado que las túnicas que llevan parecen de seda fina, y ninguno de ellos tiene capa. Algunos se habían puesto bufandas o chales por la cabeza. Todos miran el castillo de Hogwarts con aprensión.

—¿Ha llegado ya Kagkagov? —preguntó Madame Maxime.

—Se presentará de un momento a otro ¿Prefieren esperar aquí para saludarlo o pasar a calentarse un poco? —aseguró Dumbledore.

—Lo segundo, me paguece. Pego los caballos... —respondió Madame Maxime.

—Nuestro profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas se encargará de ellos encantado —declaró Dumbledore.

—En cuanto vuelva de solucionar una pequeña dificultad que le ha surgido con alguna de sus otras... obligaciones.

—Mis cogceles guequieguen... eh... una mano podegosa. Son muy fuegtes... —dijo Madame Maxime, como si dudara que un simple profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas fuera capaz de hacer el trabajo.

—Le aseguro que Hagrid podrá hacerlo —dijo Dumbledore, sonriendo.

—Muy bien. Y, pog favog, dígale a ese pgofesog Haggid, que estos caballos solamente beben whisky de malta pugo—asintió Madame Maxime, haciendo una leve inclinación.

—Descuide —dijo Dumbledore, inclinándose a su vez.

Allons-y—les dijo imperiosamente Madame Maxime a sus estudiantes. Estoy hartando de esperar, estoy congelándome.

—¿No oyes algo? —preguntó Blaise repentinamente. Un ruido misterioso, fuerte y extraño llegaba desde las tinieblas. Es un rumor amortiguado y un sonido de succión, como si una inmensa aspiradora pasara por el lecho de un río...

—¡El lago! ¡Miren el lago! —gritó George, señalando.

Desde mi posición en lo alto de la ladera, se divisaban los terrenos del colegio, tengo una buena perspectiva de la lisa superficie negra del agua. Y en aquellos momentos esta superficie no era lisa en absoluto. Algo se agitaba bajo el centro del lago. Aparecieron grandes burbujas, y luego se formaron unas olas que iban a morir a las embarradas orillas. Por último, surgió en medio del lago un remolino, como si al fondo le hubieran quitado un tapón gigante...

Del centro del remolino, comenzó a salir muy despacio lo que parecía una asta negra.

—¡Es un mástil! —exclamó Theo.

Lenta, majestuosamente, el barco fue surgiendo del agua, brillando a la luz de la luna. Producía una extraña impresión de cadáver, como si fuera un barco hundido y resucitado, y las pálidas luces que relucían en las portillas daban la impresión de ojos fantasmales. Finalmente, con un sonoro chapoteo, el barco emergió en su totalidad, balanceándose en las aguas turbulentas, y comenzó a surcar el lago hacia tierra. Un momento después oímos la caída de un ancla arrojada al bajío y el sordo ruido de una tabla tendida hasta la orilla.

A la luz de las portillas del barco, vimos las siluetas de la gente que desembarcaba. Todos ellos, tienen la constitución de Vincent y Gregory... pero cuando se aproximaron más, subiendo por la explanada hacia la luz que provenía del vestíbulo, vi que su corpulencia se debía en realidad, a que todos llevan puestas unas capas de algún tipo de piel muy tupida. El que iba delante llevaba una piel de distinto tipo: lisa y plateada como su cabello.

—¡Dumbledore! ¿Cómo estás, mi viejo compañero, cómo estás? —gritó efusivamente mientras subía la ladera.

—¡Estupendamente, gracias, profesor Karkarov! —respondió Dumbledore.

Karkarov tiene una voz pastosa y afectada. Cuando llegó a una zona bien iluminada, vi que es alto y delgado como Dumbledore, pero lleva corto el blanco cabello, y la perilla que termina en un pequeño rizo, no oculta del todo el mentón poco pronunciado. Al llegar ante Dumbledore, le estrechó la mano.

—El viejo Hogwarts —dijo, levantando la vista hacia el castillo y sonriendo. Tenía los dientes bastante amarillos y la sonrisa no incluía los ojos, mantiene su expresión de astucia y frialdad.

—Es estupendo estar aquí, es estupendo... Viktor, ve para allá, al calor... ¿No te importa, Dumbledore? Es que Viktor tiene un leve resfriado... —Karkarov indicó por señas a uno de sus estudiantes que se adelantara. Cuando el muchacho pasó, mire su nariz, prominente y curva, y las espesas cejas negras.

—¡Seamus...! ¡Es Krum! —exclamo Weasley con voz estrangulada, me sorprendió no escuchar a Draco, sonreí al ver la indiferencia en su rostro, Draco es tan caprichoso, un día le gusta algo, al siguiente ya no. En este caso, presiento que su mente está en un par, que lo están volviendo loco, si todo lo que me conto Blaise es cierto.

Nos sentamos en nuestros lugares en el gran comedor, al instante me di cuenta que los chicos de Durmstrang se sentaron en nuestra mesa, Krum se sentó a mi lado, sonriéndome. Mire molesto a los chicos, por dejar mi lado descubierto. Beauxbatons se sentó en Ravenclaws.

—Hola soy Viktorr, tú debes de ser Harrry Potterr, mucho gusto—habla remarcando mucho la r.

—Harry Black Potter, un gusto—lo mire con indiferencia, odio la forma en que está invadiendo mi espacio personal. Mire con desagrado, como Weasley babea por la veela de la escuela de Beauxbatons.

—Bueno, nosotrros tenemos también un castillo, no tan grrande como éste, ni tan conforrtable, me parrece—me decía entusiasmado.

—Sólo tiene cuatrro pisos, y las chimeneas se prrenden únicamente por motivos mágicos. Pero los terrenos del colegio son aún más amplios que los de aquí, aunque en invierrno apenas tenemos luz, así que no los disfrrutamos mucho. Perro en verrano volamos a diarrio, sobrre los lagos y las montañas—suspire hastiado, escuche las risas de Blaise y Draco. Merlín me ayude con este chico, porque Draco no se pone hablar de quidditch con él, para que me deje en paz.


Pov Dumbledore

La desaparición del chico me tiene nervioso. Mire a Moody, será mi nueva pieza de ajedrez, lo usare para probar al chico, en verdad Voldemort es idiota, si piensa que no me di cuenta del mortifago que mando. Desde que vino le he estado facilitando las cosas. Hogwarts me dijo de su identidad, ningún intruso puede entrar al castillo sin que me dé cuenta. Peter es prueba de ello. Desde que entró como rata, supe quién era. Con Moody, no sé que mortifago es, solo que es un intruso.

—Ha llegado el momento —anuncie sonriendo a la multitud.

—El Torneo de los tres magos va a dar comienzo. Me gustaría pronunciar unas palabras para explicar algunas cosas antes de que traigan el cofre, sólo para aclarar en qué consiste el procedimiento que vamos a seguir. Pero antes, para aquellos que no los conocéis, permitidme que os presente al señor Bartemius Crouch, director del Departamento de Cooperación Mágica Internacional —hubo un asomo de aplauso cortés.

—Y al señor Ludo Bagman, director del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos—sonreí y mantuve mi rostro afable.

—Los señores Bagman y Crouch han trabajado sin descanso durante los últimos meses en los preparativos del Torneo de los tres magos, y estarán conmigo, con el profesor Karkarov y con Madame Maxime en el tribunal que juzgará los esfuerzos de los campeones—continúe, a la mención de la palabra campeones, la atención de los alumnos aumentó aún más, por desgracia, el chico tiene cara de aburrimiento y ve con molestia, al que posiblemente será el campeón de Durmstrang.

—Señor Filch, si tiene usted la bondad de traer el cofre... — Filch, que había pasado inadvertido, pero permanecía atento en un apartado rincón del Gran Comedor, se acercó con una gran caja de madera con joyas incrustadas. Parecía extraordinariamente vieja. De entre los alumnos se alzaron murmullos de interés y emoción. Dennis Creevey se puso de pie sobre la silla para ver bien, pero era tan pequeño que su cabeza apenas sobresalía de las demás.

—Los señores Crouch y Bagman han examinado ya las instrucciones para las pruebas que los campeones tendrán que afrontar, y han dispuesto todos los preparativos necesarios para ellas. Habrá tres pruebas, espaciadas en el curso escolar, que medirán a los campeones en muchos aspectos diferentes: sus habilidades mágicas, su osadía, sus dotes de deducción y, por supuesto, su capacidad para sortear el peligro —dije mientras Filch colocaba con cuidado el cofre en la mesa, ante él.

Ante esta última palabra, en el Gran Comedor se hizo un silencio tan absoluto que nadie parecía respirar.

—Como todos saben, en el Torneo compiten tres campeones, uno por cada colegio participante. Se puntuará la perfección con que lleven a cabo cada una de las pruebas y el campeón que después de la tercera tarea haya obtenido la puntuación más alta se alzará con la Copa de los tres magos. Los campeones serán elegidos por un juez imparcial: el cáliz de fuego. —continúe con tranquilidad.

Saque mi varita mágica y golpee con ella tres veces en la parte superior del cofre. La tapa se levantó lentamente con un crujido. Introduje una mano para sacar un gran cáliz de madera toscamente tallada. No habría llamado la atención de no ser porque estaba lleno hasta el borde de unas temblorosas llamas de color blanco azulado. Cerré el cofre y con cuidado coloqué el cáliz sobre la tapa, para que todos pudieran verla bien.

—Todo el que quiera proponerse para campeón tiene que escribir su nombre y el de su colegio en un trozo de pergamino con letra bien clara, y echarlo al cáliz. Los aspirantes a campeones disponen de veinticuatro horas para hacerlo. Mañana, festividad de Halloween, por la noche, el cáliz nos devolverá los nombres de los tres campeones a los que haya considerado más dignos de representar a sus colegios. Esta misma noche el cáliz quedará expuesto en el vestíbulo, accesible a todos aquellos que quieran competir —explique deteniendo mi mirada en Harry, quien en este momento habla con Malfoy.

—Para asegurarme de que ningún estudiante menor de edad sucumbe a la tentación, trazaré una raya de edad alrededor del cáliz de fuego una vez que lo hayamos colocado en el vestíbulo. No podrá cruzar la línea nadie que no haya cumplido los diecisiete años —proseguí, no me paso desapercibido, como Moody miraba detenidamente la copa.

—Por último, quiero recalcar a todos los que estén pensando en competir que hay que meditar muy bien antes de entrar en el Torneo. Cuando el cáliz de fuego haya seleccionado a un campeón, él o ella estarán obligados a continuar en el Torneo hasta el final. Al echar su nombre en el cáliz de fuego, están firmando un contrato mágico de tipo vinculante. Una vez convertido en campeón, nadie puede arrepentirse. Así que deben estar muy seguros antes de ofrecer su candidatura. Y ahora me parece que ya es hora de ir a la cama. Buenas noches a todos—dije con una sonrisa.

Mire salir a todos los Slytherin, admito que mi pieza principal, se hizo amigo de personas muy influyentes. Nunca pensé que pudiera ser aceptado con tanta facilidad. Los Slytherin lo escuchan y respetan. Es conocido como el príncipe de Slytherin, puesto que pensé tendría el chico Malfoy, pero al parecer fue el, quien se lo dio a Harry.

Coloque un hechizo en la puerta de la habitación de Moody, para saber cuándo sale, cosa que paso muy de madrugada, me levante y use la magia de Hogwarts para localizarlo. Cuando lo hice, lo seguí a una buena distancia. Observe como sacaba su varita y empezaba a lanzar hechizos a la copa. Saque mi propia varita y desactive momentáneamente los hechizos que coloque, así como tambien aporte para facilitar su trabajo, sonreí al verlo colocar un nombre. No hay que ser un genio para saber que nombre coloco.

Deje todo como estaba y me fui antes de que el falso Moody se dé cuenta de mi presencia. El maldito mocoso ha logrado librarse de todas las pruebas que le he puesto, pero será imposible que lo consiga esta vez.


Pov Harry

Como al día siguiente es sábado, lo normal habría sido que la mayoría de los alumnos bajaran tarde a desayunar. Por insistencia de Draco y Blaise, nos levantamos antes de lo habitual en días libres. Al bajar al vestíbulo vimos a unas veinte personas agrupadas allí, algunas comiendo tostadas, y todas contemplando el cáliz de fuego. Lo habían colocado en el centro del vestíbulo, encima del taburete sobre el que se ponía el Sombrero Seleccionador. En el suelo, a su alrededor, una fina línea de color dorado formaba un círculo de tres metros de radio.

—¿Ya ha dejado alguien su nombre? —le preguntó Blaise a Fred, quien se nos acercó con George y su amigo Lee Jordan, los gemelos miraron intensamente a Draco y una sonrisa traviesa surca sus labios. Sonreí al ver la incomodidad y la mirada fría que Draco les dio.

—Todos los de Durmstrang. Pero de momento no he visto a ninguno de Hogwarts —contestó jovial.

—Seguro que lo hicieron ayer después de que los demás nos acostamos —comente al recordar, que Krum me comento el hecho, aunque no preste atención, todo quedo gravado en mi memoria.

—Ya está. Acabamos de tomárnosla—nos dijo Fred en tono triunfal.

—¿El qué? —preguntó Draco con cautela.

—La poción envejecedora, dragón—respondió Fred. Draco lo miro con obvio disgusto, odia que lo llamen así.

—Una gota cada uno. Sólo necesitamos ser unos meses más viejos —explicó George, frotándose las manos con júbilo.

—Si uno de nosotros gana, repartiremos el premio entre los tres —añadió Lee, con una amplia sonrisa.

—No estoy muy convencido de que funcione, ¿saben? Aunque el vejete loco no lo demuestre, es inteligente y estoy seguro que pensó en eso—los mire con aburrimiento. Callidus al menos, aun duerme. No pude seguir haciéndolo, gracias a cierto compañero de cuarto, que no dejo de saltar en mi cama, hasta que me levante. Fred, George y Lee no me hicieron caso. En el verano me cartee continuamente con ellos. Además de los encuentros que teníamos aquí. Quería probarlos, ver si son confiables, con la familia que tienen, no estaba seguro. Supongo que mi acercamiento les dio el consentimiento de acercarse a mis amigos.

—¿Listos? Entonces, vamos. Yo voy primero... —nos dijo Fred a los otros dos, temblando de emoción.

Los observe intrigado y curioso, estoy seguro que no funcionara, sería demasiado fácil. Aunque hay algo que hubiera sido más fácil. Si la línea es solo para evitar que menores de edad logremos cruzarla, presiento que con solo pedírselo a alguien que pueda, tendría más probabilidad de conseguirlo.

Fred saco del bolsillo un pedazo de pergamino con las palabras: «Fred Weasley, Hogwarts.» avanzó hasta el borde de la línea y se quedó allí, balanceándose sobre las puntas de los pies como un saltador de trampolín, que se dispusiera a tirarse desde veinte metros de altura. Luego, observado por todos los que estamos en el vestíbulo, tomó aire y dio un paso para cruzar la línea.

Durante una fracción de segundo, parecía que el truco había funcionado. George, desde luego, también lo creyó, porque profirió un grito de triunfo y avanzó tras Fred. Pero al momento siguiente se oyó un chisporroteo, y ambos hermanos se vieron expulsados del círculo dorado como si los hubiera echado un invisible lanzador de peso. Cayeron al suelo de fría piedra a tres metros de distancia, haciéndose bastante daño, y para colmo sonó un «¡plin!» y a los dos les salió de repente la misma barba larga y blanca.

En el vestíbulo, todos nos reímos a carcajadas, olvidándonos por unos segundos, de las apariencias. Incluso Fred y George se rieron al ponerse en pie y verse cada uno la barba del otro.

—Se los advertí —dijo la voz profunda de alguien que parecía estar divirtiéndose, y todo el mundo se volvió para ver salir del Gran Comedor al profesor Dumbledore. Examinó a Fred y George con los ojos brillantes. Hice una mueca y no fui el único, Draco y Blaise lo miran con desprecio.

—Le sugiero que vayan a ver a la señora Pomfrey. Está atendiendo ya a la señorita Fawcett, de Ravenclaw, y al señor Summers, de Hufflepuff, que también decidieron envejecerse un poquito. Aunque tengo que decir que me gusta más su barba que la que les ha salido a ellos—Fred y George salieron para la enfermería acompañados por Lee, que se partía de risa, nosotros entramos a desayunar.

Habían cambiado la decoración del Gran Comedor. Como es Halloween, una nube de murciélagos vivos revoloteaba por el techo encantado mientras cientos de calabazas lanzaban macabras sonrisas desde cada rincón, esto es algo a lo que nunca me acostumbrare, que le cuesta por una vez, celebrar Samhain. Nos encaminamos hacia nuestros lugares de siempre.

—Corre por ahí el rumor de que Warrington, se ha levantado temprano para echar el pergamino con su nombre —me dijo Blaise con una sonrisa burlona. Ese oso perezoso, solo pondrá en ridículo nuestra casa.

—Y los de Hufflepuff hablan todos de Diggory. Pero no creo que quiera arriesgarse a perder su belleza—comentó Draco con desdén.

—¡Escuchen! —dijo Blaise repentinamente. Angelina Johnson. Es una chica negra, alta, que juega como cazadora en el equipo de quidditch de Gryffindor. Al parecer echo su nombre.

Los estudiantes de Beauxbatons están entrando por la puerta principal, provenientes de los terrenos del colegio, y entre ellos viene la chica veela. Los que están alrededor del cáliz de fuego se echaron atrás para dejarlos pasar, y se los comían con los ojos.

Madame Maxime entró en el vestíbulo, detrás de sus alumnos y los hizo colocarse en fila. Uno a uno, los alumnos de Beauxbatons fueron cruzando la raya de edad y depositando en las llamas de un blanco azulado sus pedazos de pergamino. Cada vez que caía un nombre al fuego, éste se volvía momentáneamente rojo y arrojaba chispas.

—¿Qué crees que harán los que no sean elegidos? ¿Crees que volverán a su colegio, o se quedarán para presenciar el Torneo? —me susurró Blaise, mientras la chica veela dejaba caer al fuego su trozo de pergamino.

—No lo sé. Supongo que se quedarán, porque Madame Maxime tiene que estar en el tribunal, ¿no? —dije con aburrimiento. Diez minutos despues entraron Theo, Greg, Vin y las chicas. Les pregunté sobre los deberes que dejaron y de los cuales no pude contactar, por culpa de los chicos, quienes hablaron con obvio disgusto sobre la cancelación de quidditch.

—¿Ya se dieron cuenta? Granger está haciendo una propaganda sobre los derechos de los elfos—dijo burlona Pansy.

—Eso sería jugarles una mala pasada—dijo Theo con disgusto.

—Lo de cuidar a los humanos forma parte de su naturaleza. Es lo que les gusta, ¿No se da cuenta? Serían muy desgraciados si los apartaran de su trabajo, peor si intentan pagarles, se lo tomarían como un insulto—es algo estúpido, como no puede ver que hay criaturas mágicas que están hechas para algunas cosas, y no son precisamente desgraciadas, su defensa sería más lógica, si luchara por un mejor trato, hay magos que son innecesariamente crueles.

Salimos y fuimos a sentarnos bajo el árbol que esta junto al lago, nos pasamos platicando y disfrutando del hermoso día.

El banquete de Halloween pareció mucho más largo de lo habitual. Quizá porque era nuestro segundo banquete en dos días, no disfrute la insólita comida tanto como la habría disfrutado cualquier otro día. Como todos cuantos se encontraban en el Gran Comedor, a juzgar por los cuellos que se giraban continuamente, las expresiones de impaciencia, las piernas que se movían nerviosas y la gente que se levantaba para ver si Dumbledore ya había terminado de comer, sólo deseo que la cena termine y anuncien quiénes han quedado seleccionados como campeones. Para poder irme a dormir, no comprendo porque tanto alboroto.

He estado comunicándome con Nicholai, dijo que vendría a Hogwarts, para verme y usaría las pruebas como pretexto. Quiere hablarme de los avances que ha hecho y ponerme nuevos hechizos, no le gusto no poder encontrarme. Aun no sé, si decirle sobre Lady Hogwarts, cuando nos encontremos lo decidiré.

No solo el torneo me tiene los nervios de punta, Moody ha estado acechándome desde que regrese, Callidus ha estado arisca debido a ese motivo. He sufrido dos atentados, uno cuando estaba en la biblioteca, uno de los estantes casi me aplasta, de no ser por mi magia, estaría en la enfermería. El otro fue cuando estábamos sentados junto al lago, el gran calamar se volvió loco. Use un Petrificus, para detenerlo unos segundos y nos alejamos.

Lo raro es que cuando los profesores se acercaron, el calamar ya se había sumergido. Los chicos no se dieron cuenta, pero alguien lo hechizo, no les dije nada para no preocuparlos. Ahora Callidus se mantiene alerta, ya que identifico al responsable: Moody. No sé porque me ataca, pero lo averiguare, se lo comente a Nicholai y dijo que tambien investigaría.

Por fin, los platos de oro volvieron a su original estado inmaculado. Se produjo cierto alboroto en el salón, que se cortó casi instantáneamente cuando Dumbledore se puso en pie. Junto a él, el profesor Karkarov y Madame Maxime parecían tan tensos y expectantes como los demás. Ludo Bagman sonreía y guiñaba el ojo a varios estudiantes. El señor Crouch, en cambio, no parecía nada interesado, sino más bien aburrido. Comparto el sentimiento.

—Bien, el cáliz está casi preparado para tomar una decisión. Según me parece, falta tan sólo un minuto. Cuando pronuncie el nombre de un campeón, le ruego que venga a esta parte del Gran Comedor, pase por la mesa de los profesores y entre en la sala de al lado —anunció Dumbledore, donde recibirá las primeras instrucciones, indicó la puerta que había detrás de su mesa.

Sacó la varita y ejecutó con ella un amplio movimiento en el aire. De inmediato se apagaron todas las velas salvo las que estaban dentro de las calabazas con forma de cara, y la estancia quedó casi a oscuras. No había nada en el Gran Comedor que brillara tanto como el cáliz de fuego, y el fulgor de las chispas y la blancura azulada de las llamas casi hacia daño a los ojos. Todo el mundo miraba, expectante. Algunos consultaban los relojes.

De pronto, las llamas del cáliz se volvieron rojas, y empezaron a salir chispas. A continuación, brotó en el aire una lengua de fuego y arrojó un trozo carbonizado de pergamino. La sala entera ahogó un grito.

Dumbledore cogió el trozo de pergamino y lo alejó tanto como le daba el brazo para poder leerlo a la luz de las llamas, que habían vuelto a adquirir un color blanco azulado.

—El campeón de Durmstrang, será Viktor Krum. —leyó con voz alta y clara, mire molesto a los chicos, cuando Krum me sonrió con alegria.

—Esta que se muere por ti—se burló Pansy.

—¡Bravo, Viktor! ¡Sabía que serías tú! —bramó Karkarov, tan fuerte que todo el mundo lo oyó incluso por encima de los aplausos.

Se apagaron los aplausos y los comentarios. La atención de todo el mundo volvía a recaer sobre el cáliz, cuyo fuego tardó unos pocos segundos en volverse nuevamente rojo. Las llamas arrojaron un segundo trozo de pergamino.

—La campeona de Beauxbatons, es ¡Fleur Delacour! —dijo Dumbledore.

—¡Es ella, Ron! —se escuchó el grito de uno de los Gryffindor, cuando la chica se puso en pie elegantemente, sacudió la cabeza para retirarse hacia atrás la amplia cortina de pelo plateado, y caminó por entre las mesas de Hufflepuff y Ravenclaw.

—¡Miren qué decepcionados están todos! —dijo Daphne elevando la voz por encima del alboroto, y señalando con la cabeza al resto de los alumnos de Beauxbatons.

Decepcionados, es decir muy poco. Dos de las chicas que no habían resultado elegidas habían roto a llorar, y sollozaban con la cabeza escondida entre los brazos.

Cuando Fleur Delacour desapareció también por la puerta, volvió a hacerse el silencio, pero esta vez era un silencio tan tenso y lleno de emoción, que casi se palpaba. El siguiente sería el campeón de Hogwarts...

Y el cáliz de fuego volvió a tornarse rojo; saltaron chispas, la lengua de fuego se alzó, y de su punta Dumbledore retiró un nuevo pedazo de pergamino.

—El campeón de Hogwarts es ¡Cedric Diggory! —anunció tranquilo.

Todos y cada uno de los alumnos de Hufflepuff se habían puesto de repente de pie, gritando y pataleando, mientras Cedric se abría camino entre ellos, con una amplia sonrisa, y marchaba hacia la sala que había tras la mesa de los profesores. Naturalmente, los aplausos dedicados a Cedric se prolongaron tanto, que Dumbledore tuvo que esperar un buen rato para poder volver a dirigirse a la concurrencia.

—¡Estupendo! Bueno, ya tenemos a nuestros tres campeones. Estoy seguro de que puedo confiar en que todos ustedes, incluyendo a los alumnos de Durmstrang y Beauxbatons, den a sus respectivos campeones todo el apoyo que puedan. Al animarlos, todos ustedes contribuyen de forma muy significativa a... —dijo Dumbledore en voz alta y muy contento cuando se apagaron los últimos aplausos.

Pero Dumbledore se calló de repente, y fue evidente para todo el mundo por qué se había interrumpido.

El fuego del cáliz había vuelto a ponerse de color rojo. Otra vez lanzaba chispas. Una larga lengua de fuego se elevó de repente en el aire y arrojó otro trozo de pergamino.

Dumbledore alargó la mano y lo cogió. Lo extendió y miró el nombre que había escrito en él. Hubo una larga pausa, durante la cual Dumbledore contempló el trozo de pergamino que tenía en las manos, por una fracción de segundo noté la satisfacción y triunfo en su mirada, cosa que no comprendí hasta que se aclaró la garganta y leyó en voz alta:

—Harry Potter—apenas dijo mi nombre, sentí el hechizo que me vincula a la copa y me obliga a participar, mire con furia y frialdad, tanto a Moody quien tiene una mirada de triunfo, como Dumbledore, quien cambio su fachada a una de abuelo preocupado, mi magia respondió a mi temperamento y empezó a romper todo, todos se apartaron al ver que soy el responsable, pero no me importa, tuve suficiente con las pruebas que Lady Hogwarts me puso, al menos la suya fue por algo importante, no pienso participar en esta estupidez.

—Me niego—sisee con frialdad, sin moverme de mi lugar. Los chicos me vieron preocupado, pero no dijeron nada.

Nadie aplaudía. Un zumbido como de abejas enfurecidas comenzaba a llenar el salón. Algunos alumnos se levantaban para verme mejor, temerosos por mi despliegue de magia.

En la mesa de los profesores, la profesora McGonagall se levantó y se acercó a Dumbledore, con el que cuchicheó impetuosamente. El profesor Dumbledore inclinaba hacia ella la cabeza, frunciendo un poco el entrecejo.

—¡Harry Potter! ¡Harry! ¡Levántate y ven aquí, por favor! Vamos hablar en privado —llamó.

—No hay nada de que hablar, no pienso participar en esta estupidez—el profesor Snape se acercó, su mirada es calculadora.

—Bueno... cruza la puerta, Harry —dijo Dumbledore, sin sonreír.

—Señor Black, acompáñenos —miré molesto al profesor Snape, pero solo por no dejarlo mal, le hice caso. Salí del Gran Comedor y me encontré en una sala más pequeña, decorada con retratos de brujos y brujas. Delante en la chimenea, crepitaba un fuego acogedor.

Cuando entre, las caras de los retratados me miraron. Vi que una bruja con el rostro lleno de arrugas salía precipitadamente de los límites de su marco y se iba al cuadro vecino, que era el retrato de un mago con bigotes de foca. La bruja del rostro arrugado empezó a susurrarle algo al oído.

Viktor Krum, Cedric Diggory y Fleur Delacour están junto a la chimenea. Con sus siluetas recortadas contra las llamas, tienen un aspecto curiosamente imponente. Krum, cabizbajo y siniestro, pero apenas me vio, su rostro se ilumino, cosa que en verdad me molesta. Se apoya en la repisa de la chimenea, ligeramente separado de los otros dos. Cedric, de pie con las manos a la espalda, observaba el fuego. Fleur Delacour me miró cuando entró y volvió a echarse para atrás su largo pelo plateado.

—¿Qué pasa? ¿Quieguen que volvamos al comedog? —preguntó, creyendo que había entrado para transmitirles algún mensaje.

—Ya quisiera ser mensajero, no sé quién fue el idiota que metió mi nombre, pero juro que me la pagara—sisee furioso, ignorando las miradas sorprendidas y asustadas que me dieron.

Escuche detrás un ruido de pasos apresurados. Es Ludo, que entro en la sala. Me cogió del brazo y llevo hacia delante, me zafé con brusquedad y lo miré molesto.

—¡Extraordinario! ¡Absolutamente extraordinario! Caballeros... señorita ¿Puedo presentarles, por increíble que parezca, al cuarto campeón del Torneo de los tres magos? —susurró, sin importarle la mirada que le lance y dirigiéndose a los otros tres.

Viktor se enderezó. Su hosca cara se ensombreció y mostro preocupación, al examinarme. Cedric parecía desconcertado: pasó la vista de Bagman y mi persona, y viceversa, como si estuviera convencido de que había oído mal.

—¡Oh, un chiste muy divegtido, señog Bagman! —dijo Fleur sacudiendo su cabello.

—¿Un chiste? ¡No, no, en absoluto! ¡El nombre de Harry acaba de salir del cáliz de fuego! —repitió Bagman, desconcertado.

Krum contrajo levemente sus espesas cejas negras. Cedric seguía teniendo el mismo aspecto de cortés desconcierto. Fleur frunció el entrecejo.

—Pego es evidente que ha habido un egog. Él no puede competig Es demasiado joven. —le dijo a Bagman con desdén.

—En eso estamos de acuerdo querida, no pienso participar y no me van a obligar—mire siniestramente a Bagman, quien solo se movió en su lugar nervioso.

—Pero, como saben, la restricción es una novedad de este año, impuesta sólo como medida extra de seguridad. Y como su nombre ha salido del cáliz de fuego... Quiero decir que no creo que ahora haya ninguna posibilidad de hacer algo para impedirlo. Son las reglas, Harry, y no tienes más remedio que concursar. Tendrás que hacerlo lo mejor que puedas... —iba a empezar a insultarlo cuando la puerta volvió abrirse.

Para dar paso a un grupo numeroso de gente: el profesor Dumbledore, seguido de cerca por el señor Crouch, el profesor Karkarov, Madame Maxime, la profesora McGonagall y el profesor Snape. Antes de que la profesora McGonagall cerrara la puerta, escuche el rumor de los cientos de estudiantes que estaban al otro lado del muro.

—¡Madame Maxime! ¡Dicen que este niño también va a competig! —dijo Fleur de inmediato, caminando con decisión hacia la directora de su academia.

—Para tener diecisiete años, pareces de doce, acusando de esa forma ¿Acaso no escuchas? —sentí una punzada de ira, estoy que me llevan los demonios, para soportar las impertinencias de esta chica, ni más faltaba. Ella se ruborizo y me miro impactada y confundida.

Madame Maxime se había erguido completamente hasta alcanzar toda su considerable altura. La parte superior de la cabeza rozó en la araña llena de velas, y el pecho gigantesco, cubierto de satén negro, pareció inflarse.

—¿Qué significa todo esto, Dumbledog? —preguntó imperiosamente.

—Es lo mismo que quisiera saber yo, Dumbledore ¿Dos campeones de Hogwarts? No recuerdo que nadie me explicara que el colegio anfitrión tuviera derecho a dos campeones. ¿O es que no he leído las normas con el suficiente cuidado? —dijo el profesor Karkarov. Mostrando una tensa sonrisa, y sus azules ojos parecían pedazos de hielo. Soltó una risa breve y desagradable.

C'est impossible! Hogwag no puede teneg dos campeones. Es absolutamente injusto—exclamó Madame Maxime, apoyando su enorme mano llena de soberbias cuentas de ópalo sobre el hombro de Fleur.

—Creíamos que tu raya de edad rechazaría a los aspirantes más jóvenes, Dumbledore. De no ser así, habríamos traído una más amplia selección de candidatos de nuestros colegios —añadió Karkarov, sin perder su sonrisa, aunque tenía los ojos más fríos que nunca.

—No es culpa de nadie, Karkarov. Si no viste su despliegue de magia y furia al enterarse que lo metieron, es obvio que el chico no sabía—intervino Snape con voz melosa.

—Gracias, Severus —dijo con firmeza Dumbledore. El director me miro, le devolví la mirada con frialdad, guarde la ira y odio que siento, no pienso darle el gusto, de verme perder aún más el control.

—¿Echaste tu nombre en el cáliz de fuego, Harry? —le preguntó Dumbledore con tono calmado.

—No, sin ofender a los demás campeones, pero este torneo me parece estúpido—conteste muy consciente de que todos me observaban con gran atención.

—¿Le pediste a algún alumno mayor que echara tu nombre en el cáliz de fuego? —inquirió el director.

—No —respondi hastiado.

—¡Ah, pog supuesto está mintiendo! —gritó Madame Maxime. Antes de que pudiera hablar, la profesora McGonagall se adelantó.

—Él no pudo cruzar la raya de edad. Supongo que todos estamos de acuerdo en ese punto... —dijo severamente la profesora McGonagall.

—Dumbledog pudo habeg cometido algún egog—replicó Madame Maxime, encogiéndose de hombros. Entrecerré los ojos y mire a Dumbledore, estoy seguro que lo hizo a propósito.

—Por supuesto, eso es posible —admitió Dumbledore por cortesía.

—¡Sabes perfectamente que no has cometido error alguno, Dumbledore! ¡Por Dios, qué absurdo! ¡Harry no pudo traspasar por sí mismo la raya! Y, puesto que el profesor Dumbledore está seguro de que Harry no convenció a ningún alumno mayor para que lo hiciera por él, mi parecer es que eso debería bastarnos a los demás—repuso airada la profesora McGonagall.

—Señor Crouch... señor Bagman, ustedes son nuestros jueces imparciales. Supongo que estarán de acuerdo en que esto es completamente irregular —dijo Karkarov, de nuevo con voz afectada.

Bagman se pasó un pañuelo por la cara, redonda e infantil, y miró al señor Crouch, que estaba fuera del círculo iluminado por el fuego de la chimenea y tiene el rostro medio oculto en la sombra. Su aspecto era vagamente misterioso, y la semioscuridad lo hacía parecer mucho más viejo, dándole una apariencia casi de calavera.

—Hay que seguir las reglas, y las reglas establecen claramente que aquellas personas cuyos nombres salgan del cáliz de fuego estarán obligadas a competir en el Torneo —su voz fue cortante.

—Bien, Barty conoce el reglamento de cabo a rabo —dijo Bagman, sonriendo y volviéndose hacia Karkarov y Madame Maxime, como si el asunto estuviera cerrado.

—Insisto en que se vuelva a proponer a consideración el nombre del resto de mis alumnos. Vuelve a sacar el cáliz de fuego, y continuaremos añadiendo nombres hasta que cada colegio cuente con dos campeones. No pido más que lo justo, Dumbledore —dijo Karkarov. La sonrisa y el tono afectado habían desaparecido. De hecho, la expresión de su rostro no era nada agradable.

—Pero, Karkarov, no es así como funciona el cáliz de fuego. El cáliz acaba de apagarse y no volverá a arder hasta el comienzo del próximo Torneo—objetó Bagman.

—¡En el que, desde luego, Durmstrang no participará! ¡Después de todos nuestros encuentros, negociaciones y compromisos, no esperaba que ocurriera algo de esta naturaleza! ¡Estoy tentado de irme ahora mismo! —estalló Karkarov.

—Ésa es una falsa amenaza, Karkarov. Ahora no puedes retirar a tu campeón. Está obligado a competir. Como dijo Dumbledore, ha firmado un contrato mágico vinculante. Te conviene, ¿eh? —gruñó una voz, junto a la puerta. Moody acababa de entrar en la sala. Se acercó al fuego cojeando, y, a cada paso que daba, retumbaba la pata de palo. Oh que sorpresa, mi verdugo acaba de entrar.

—¿Que si me conviene? Me temo que no te comprendo, Moody—repitió Karkarov.

—¿No me entiendes? Pues es muy sencillo, Karkarov. Tan sencillo como que alguien eche el nombre de Potter en ese cáliz sabiendo que si sale se verá forzado a participar—dijo Moody en voz baja. "Harry, te ayudare, solo repite lo que te diré" casi salto de la impresión, al escuchar a Lady Hogwarts.

—¡Evidentemente, alguien tenía mucho empeño en que Hogwag tuviega el doble de opogiunidades! —declaró Madame Maxime.

—Estoy completamente de acuerdo, Madame Máxime. Voy a presentar mi queja ante el Ministerio de Magia y la Confederación Internacional de Magos... —asintió Karkarov, haciendo ante ella una leve reverencia.

—Si alguien tiene motivos para quejarse es Potter, y, sin embargo, es curioso... No le oigo decir ni medio... —gruñó Moody.

—Mi apellido es Black. Al parecer no solo es cojo, sino tambien sordo—dije cruelmente.

—¡Señor Black! —exclamo molesta e indignada la profesora McGonagall.

—Tal vez alguien espera que Black muera por ella —replicó Moody, con un levísimo matiz oscuro. A estas palabras les siguió un silencio extremadamente tenso. Lo mire con suspicacia, no me sorprende, me ha intentado matar desde que regrese al colegio.

Ludo Bagman, que parecía muy nervioso, se alzaba sobre las puntas de los pies y volvía apoyarse sobre las plantas.

—Pero hombre, Moody... ¡vaya cosas dices! —protestó.

—Como todo el mundo sabe, el profesor Moody da la mañana por perdida si no ha descubierto antes de la comida media docena de intentos de asesinato. Por lo que parece, ahora les está enseñando a sus alumnos a hacer lo mismo. Una rara cualidad en un profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, Dumbledore, pero no dudo que tenías tus motivos para contratarlo. —dijo en voz alta Karkarov.

—Conque imagino cosas, ¿eh? Conque veo cosas, ¿eh? Fue una bruja o un mago competente el que echó el nombre del muchacho en el cáliz—gruñó Moody.

—¡Ah!, ¿qué prueba hay de eso? —preguntó Madame Maxime, alzando sus enormes manos.

—¡Que consiguió engañar a un objeto mágico extraordinario! Para hacerle olvidar al cáliz de fuego que sólo compiten tres colegios tuvo que usarse un encantamiento confundidor excepcionalmente fuerte... Porque creo estar en lo cierto al suponer que propuso el nombre de Potter como representante de un cuarto colegio, para asegurarse de que era el único en su grupo... —replicó Moody.

—Parece que has pensado mucho en ello, Moody, y la verdad es que te ha quedado una teoría muy ingeniosa... aunque he oído que recientemente se te metió en la cabeza que uno de tus regalos de cumpleaños contenía un huevo de basilisco astutamente disimulado, y lo hiciste trizas antes de darte cuenta de que era un reloj de mesa. Así que nos disculparás si no te tomamos demasiado en serio... —apuntó Karkarov con frialdad.

—¡Alastor! —dijo Dumbledore en tono de advertencia. La mirada que le dio, fue de cólera, no por Karkarov, sino porque claramente está hablando más de la cuenta.

—Profesora ¿Podría traer la copa? —le pregunte tranquilamente, ella me vio sorprendida, al ver que Dumbledore asintió, fue por ella. Seguro el maldito vejete piensa que no sé que hacer.

—¿Qué piensas hacer Black? —pregunto con cautela Moody.

—Cuando el nombre de un alumno aparece en el cáliz, este crea un vínculo, supongo que los otros saben de que hablo. Lei un hechizo, el cual me pude servir para romper dicho vinculo—todos me vieron sorprendidos. Cuando trajeron el cáliz, saque mi varita.

Yo Harry James Orión Black Potter,

convoco a Hogwarts mi guardián,

convoco su poder.

Intermissum—una luz de color morado, salió de mi varita y dio en la copa, al instante sentí como el vínculo que me unía a ella, se rompía. Tuve que pedir la ayuda de Lady Hogwarts, ya que aún no soy lo suficientemente poderoso para hacerlo solo.

—¿Qué hiciste muchacho? —gruño molesto Moody.

—Simple, rompí el vínculo, si lanza un hechizo a la copa, mostrará los nombres de los campeones, si funciono, el mío no aparecerá—la profesora McGonagall se acercó y levanto su varita.

Aparecium—frente a nuestros ojos, aparecieron los nombres de los campeones originales: Fleur Delacourt, Viktor Krum y Cedric Diggory.

—¿Puedo irme? —pregunté relajado, todos están en shock, pero los peores son Dumbledore y Moody, ellos están furiosos, al ver que no contestaban, me encogí de hombro y salí. Suspire aliviado al saber que mi decisión de solicitar la ayuda de Lady Hogwarts, no fue un error. Me pregunto que harán ahora, debo de estar alerta, sé que Moody quiere matarme. El problema, es Dumbledore, no sé que esperar de él.


Bueno chicas y chicos, como pueden ver, en esta historia Harry no participará, pero di tendrá algunos problemas con Dumbledore y Moody. Espero les haya gustado.

Por votos y mi difícil decisión, será Tomarry, lo lamento para las que querían drarry. Hare un trio de Draco con los gemelos. Tendré una pareja cannon, Ron y Hermione. El resto aun no lo decido.

Recuerden que Harry empieza usar el apellido Black, después del incidente con Molly, cuando hablo mal de su familia, obviamente Moody no sabe sobre esto, por eso puso Harry Potter en el papel, es igual de válido.

Intermissum-romper

Nos seguimos leyendo

Bella.