Los personajes de Harry Potter no me pertenecen son de J.K Rowling.

Summary: Harry es un niño con una inteligencia, astucia y actitud que muchas personas no esperaban en él, además de que poco a poco se va dando cuenta que los hechos y las personas no son como se dan a conocer, dejando detrás de ellos rastros de mentiras, que Harry va descubriendo.

Parsel- "Hola"

Hechizos- Accio

Recuerdos- [Hola]


Capítulo 23 Primera prueba y baile de navidad

Pov Harry

Despues de salir del salón, fui directo a la sala común, no deseo que estúpidos alumnos empiecen a interrogarme. Luego les contare a los chicos que paso, estoy cansado y solo quiero dormir.

Al llegar, no me topé con nadie, obviamente todos siguen en el gran comedor. Entre en mi dormitorio, me cambié y al instante caí en un sueño reparador.

—¡Harry, despierta! —gruñí cuando sentí que me empujaban de nuevo, al abrir un ojo, note que estoy rodeado por mis amigos.

—¿Qué pasa? —pregunte con soñoliento.

—¿Qué pasa? ¿Cómo puedes dormir? —dijo Daphne sorprendida.

—Aun no me repongo del todo, estoy cansado—murmuré cerrando de nuevo los ojos, pero otra vez me volvieron a zarandear, gruñí en verdad molesto.

—Cuéntanos—pidió Blaise.

—Como se dieron cuenta, mi nombre salió en el cáliz, me negué a participar. Debido al vínculo que se mencionó, tuve que usar un hechizo para romperlo, ahora solo hay tres campeones, ¿felices? —pregunte con frialdad, para luego acostarme de nuevo.

Al despertar el domingo por la mañana. Me incorpore en la cama y descorrí las cortinas del dosel, Draco aún sigue dormido, por lo que aproveche para bañarme y no tener que preocuparme por el tiempo. Al salir, Draco ya estaba esperando su turno. Me dio los buenos días adormilado y entro.

Me vestí y bajé a la sala común. En cuanto apareci, Blaise y Theo se acercaron, lanzándole miradas envenenadas a todo los que se acercaban, con la clara intención de preguntar.

—Lamentamos haberte despertado ayer—dijo Blaise mientras nos sentábamos en los sillones.

—Está bien, siempre me pongo de malhumor cuando estoy cansado—les sonreí relajado, justo en ese momento bajaron las chicas, al igual que Vin y Greg. Draco como siempre, tarda más que todos juntos.

—Hola Harry—dijeron las chicas, dándome besos en la mejilla.

—Ya todos saben que paso, Cedric se lo conto a los Hufflepuff y bueno, ellos a todos—dijo Theo retomando la plática.

—Te tienen en alta estima, así que no te sorprendas si muchos te sonríen o se acercan—dijo Pansy con una sonrisa burlona. Eso me puede servir, he visto a varios Hufflepuff que serían buenos seguidores para Nicholai.

—Mientras no se me acerquen con otras intensiones—lo que menos necesito es un montón de tejones idiotas, ya tengo en mente los que me parecen útiles, entre ellos Cedric.

—¿Pero que esperan? Vámonos—nos apuró Draco, rodé los ojos ante su desfachatez. Lo seguimos de igual forma.

Apenas entramos al gran comedor, todos voltearon a vernos, el disimulo no es algo que las otras casas conozcan. Nos sentamos en nuestros respectivos lugares, muy tarde me di cuenta, que otra vez mi lado izquierdo está vacío, claro que no duro tanto, Krum se sentó a mi lado y empezó a decir que estaba feliz que no participara, que hubiera estado muy preocupado por mi seguridad.

Cuando voltee a ver a los chicos, todos miraban cualquier lado, menos en mi direccion, malditos traidores.

—Bueno chicos, solo tengo un anuncio que hacer. Como se dieron cuenta, el día de ayer el nombre del señor Potter apareció en el cáliz, a pesar de que estaba vinculado y obligado a participar, con ayuda de un hechizo, logro romper dicho vinculo. Por lo que los campeones, solo serán los tres anteriormente mencionado, disfruten del día, que está muy hermoso—no me paso desapercibido, lo tenso que esta, apuesto que las tripas se le deben de estar retorciendo del enojo, por haber frustrado sus planes de nuevo.

Pasamos el día junto al lago, alejados de todos los alumnos, principalmente Hufflepuff, quienes han estado insoportablemente solícitos.

Una vez reanudadas las clases, tuve que hechizar a tres estúpidos Gryffindor, que tuvieron la osadía de llamarme cobarde. Weasley fue uno de ellos.

—Lamentamos que Ronny te esté fastidiando siempre, es terco y no hace caso—dijo Fred cuando hechice por quinta vez a su hermano.

—Un día de estos, lo dejare postrado en una cama para siempre—sisee harto. Me despedí de los gemelos y fui a clases de pociones.

La clase dio comienzo, los Gryffindor están inusualmente callados, los mire con frialdad, cuando muchos de ellos me miraban sin disimulo alguno. Seamus y Neville palidecieron y miraron al frente.

—¡Antídotos! —dijo Snape, mirándonos a todos con sus fríos ojos.

— Ahora deben preparar sus recetas. Quiero que las elaboren con mucho cuidado, y luego elegiremos a alguien en quien probarlas... —sus ojos se posaron en los Gryffindor.

Porque tuvieron que realizar ese estúpido torneo. Ayer me llego la respuesta de Nicholai, dijo que vendrá a las pruebas como representante del ministro, quien al comienzo se negó y como había dos miembros del ministerio, pensó que no habría problemas, al ser el segundo al mando despues del ministro, Nicholai se puede presentar por él.

Todos están entusiasmados, ya dijeron que día será la primera prueba y según Callidus, son dragones, los vio cuando fue a cazar, iré con los chicos a verlos. Draco es el más emocionado, siempre le han gustado los dragones y ahora tiene la oportunidad de ver varios en persona.

A las once y media de esa noche. Sólo unas pocas personas quedaban en ella, salimos lo más sigiloso posible, por si acaso llevo mi capa. Los terrenos del colegio están envueltos en una oscuridad total. Bajamos por la explanada hacia la luz que brilla en la cabaña de Hagrid. También el interior del enorme carruaje de Beauxbatons se halla iluminado.

Hagrid salió de su cabaña, arreglado, para luego dirigirse al carruaje donde Madame Maxime se mostró. Utilice un hechizo para hacerme invisible y se lo lance a Draco. Theo y Blaise están bajo la capa de invisibilidad.

Madame Maxime cerró la puerta tras ella. Hagrid le ofreció el brazo, y se fueron bordeando el potrero donde descansaban los gigantescos caballos alados de Madame Maxime.

—¿Lo seguimos? —pregunto Blaise con terror, tampoco deseo saber lo que se traen esos dos, pero es la manera más fácil de encontrar a los dragones.

—Tampoco deseo seguirlos, pero estoy seguro que todos llegamos a la conclusión, de que sera más fácil dar con los dragones si lo hacemos—dije tomando el camino, por donde ese par fue. Los chicos vienen detrás.

—¿Adónde me llevas, Hagrid?

—Esto te gustará. Merece la pena, confía en mí. Pero no le digas a nadie que te lo he mostrado, ¿eh? Se supone que no puedes verlo —aseguró Hagrid.

—Descuida —le dijo Madame Maxime, luciendo sus largas y negras pestañas al parpadear. Por merlín, tienen que coquetear justo ahora, escuche a Draco hacer arcadas. Si pudiera verlo, lo golpearía, para que no haga tantos ruidos.

Y seguimos caminando. Pero entonces, cuando habíamos avanzado tanto por el perímetro del bosque, que ya no se ve ni el castillo ni el lago, escuche algo. Delante hay hombres que gritan. Luego oí un bramido ensordecedor...

Hagrid llevó a Madame Maxime junto a un grupo de árboles y se detuvo. Durante una fracción de segundo, sonreí feliz y me aparté de Hagrid, al parecer los chicos me siguen, aunque no me vean.

Rugiendo y resoplando, tres dragones adultos enormes, de aspecto fiero, se alzaban sobre las patas posteriores dentro de un cercado de gruesas tablas de madera. A quince metros del suelo, las bocas llenas de colmillos lanzaban torrentes de fuego al negro cielo de la noche. Uno de ellos, de color azul plateado con cuernos largos y afilados, gruñía e intentaba morder a los magos que tenía a sus pies; otro verde se retorcía y daba patadas contra el suelo con toda su fuerza; uno rojo, con un extraño borde de pinchos dorados alrededor de la cara, lanzaba al aire nubes de fuego en forma de hongo.

Al menos treinta magos, ocho o diez para cada dragón, trataban de controlarlos tirando de unas cadenas enganchadas a los fuertes collares de cuero que les rodeaban el cuello y las patas. Fascinado, levante la vista, escuche a los chicos jadear. Instintivamente toque la pequeña mochila que tengo junto al guardapelo, donde un hermoso dragón, se está alimentando de mi magia.

Según me dijo Lady Hogwarts, este dragón no necesitara ser empollado o recibir calor, como cuando Hagrid hizo que naciera Norberto, sino que mi magia hará que madure y nazca en el momento adecuado. Tengo que pedir un permiso especial, para mis tres familiares. Lady Hogwarts dijo que le daría la habilidad de Callidus, para que se encojan y puedan estar todo el tiempo conmigo.

—¡No te acerques, Hagrid! —advirtió un mago desde la valla, tirando de la cadena.

—¡Pueden lanzar fuego a una distancia de seis metros, ya lo sabes!

—¿No es hermoso? —dijo Hagrid con voz embelesada.

—¡Es peligroso! ¡Encantamientos aturdidores, cuando cuente tres! —gritó otro mago, todos los cuidadores de los dragones sacaban la varita.

¡Desmaius! gritaron al unísono. Los encantamientos aturdidores salieron disparados en la oscuridad, como bengalas y se deshicieron en una lluvia de estrellas al chocar contra la escamosa piel de los dragones.

Observe que el más próximo se balanceaba peligrosamente sobre sus patas traseras y abría completamente las fauces en un aullido mudo. Las narinas parecían haberse quedado de repente desprovistas de fuego, aunque seguían echando humo. Luego, muy despacio, se desplomó. Varias toneladas de dragón dieron en el suelo con un golpe que pareció hacer temblar los árboles que había tras ellos.

Los cuidadores de los dragones bajaron las varitas y se acercaron a las derribadas criaturas que estaban a su cargo, cada una de las cuales era del tamaño de un cerro. Se dieron prisa en tensar las cadenas y asegurarlas con estacas de hierro, que clavaron en la tierra utilizando las varitas.

—¿Quieres echar un vistazo más de cerca? —me pregunto Draco, quien se sostuvo de mi túnica, embriagado de emoción. Nos acercamos hasta la valla, seguidos por Blaise y Theo. En aquel momento se volvió el mago que le había aconsejado a Hagrid que no se acercara, y descubrí quién es: Charlie Weasley. Fue fácil saber quién es, porque los gemelos me comentaron que trabaja con dragones. Y bueno, un Weasley es muy reconocible, todos son pelirrojos y este no es la excepción.

—¿Eres Harry Potter? —preguntó, jadeante, acercándose para hablar, parpadee desconcertado, hasta que me di cuenta que estoy visible, solo pude maldecir, al voltear note que no soy el único, Draco tambien es visible, solo Blaise y Theo no están a la vista, gracias a mi capa.

—Es Black, lamentamos interrumpir tu trabajo, pero estábamos buscando unos ingredientes para el profesor Snape y escuchamos los rugidos—dije con seriedad y lo más convincente posible.

—Draco Malfoy ¿Y tú eres? —pregunto curioso.

—Charlie Weasley ¿Dónde están los ingredientes que recolectaban? —pregunto tranquilo y con una mirada sospechosa.

—La dejamos aquí cerca, no puedes culparnos, cualquiera se olvidaría de unos ingredientes, cuando unos rugidos irrumpen de pronto en la oscuridad del bosque—comente casualmente.

—¿Te molesta si miramos? No molestaremos ¿Están bien? —pregunto Draco con la mirada fija en los dragones.

—Ahora no deberían darnos problemas. Les dimos una dosis adormecedora para traerlos, porque pensamos que sería preferible que despertaran en la oscuridad y tranquilidad de la noche, pero ya has visto que no les hizo mucha gracia, ninguna gracia...

—¿De qué razas son, Weasley? —inquirí curioso, mirando al dragón más cercano.

El animal tenía los ojos entreabiertos, y debajo del arrugado párpado negro se veía una franja de amarillo brillante.

—Dime Charlie, este un galés verde común, que es el más pequeño, un hocicorto sueco, que es el azul plateado y un bola de fuego chino, el rojo—explicó Charlie. Miró a Madame Maxime, que se alejaba siguiendo el borde de la empalizada para ir a observar los dragones adormecidos. Justo en ese momento Hagrid se nos acercó.

—No sabía que la ibas a traer, Hagrid. Se supone que los campeones no tienen que saber nada de lo que les va a tocar, y ahora ella se lo dirá a su alumna, ¿no? —dijo Charlie, ceñudo.

—Sólo pensé que le gustaría verlos. —Hagrid se encogió de hombros, sin dejar de mirar embelesado a los dragones.

—¡Vaya cita romántica, Hagrid! —exclamó Charlie con sorna.

—Tres... uno para cada campeón, ¿no? ¿Qué tendrán que hacer?, ¿luchar contra ellos?

—No, sólo burlarlos, según creo. Estaremos cerca, por si la cosa se pusiera fea, y tendremos preparados encantamientos extinguidores. Nos pidieron que fueran hembras en período de incubación, no sé por qué... —repuso Charlie.

—Eso es irresponsable y peligroso, están poniendo en riesgo los huevos, aunque ustedes estén presentes, si alguno de los campeones usa un hechizo que ponga nervioso al dragón, este accidentalmente puede quebrar un huevo, de igual forma algún campeón, con tal de completar la prueba, no se preocupara por el bienestar de ninguno—solo a los encargados del torneo, se les ocurre semejante estupidez.

—Fue exactamente lo que le dijimos, pero no quisieron escucharnos. Solo nos queda proteger a los dragones y huevos, lo mejor que podamos—dijo Charlie de acuerdo con lo que dije.

Cinco de los compañeros de Charlie se acercaron en aquel momento al hocicorto, llevando sobre una manta una nidada de enormes huevos que parecían de granito gris, y los colocaron con cuidado al lado del animal. A Hagrid se le escapó un gemido de anhelo.

—Los tengo contados, Hagrid —le advirtió Charlie con severidad.

—Bien —respondió Hagrid, sin apartar los ojos de los huevos.

—Te comprendo Hagrid, sabias que mi padre envió a Norberto a un criadero de dragones, dijo que estaría mejor con los de su especie—se quejó Draco molesto.

—¿En serio? Esperemos que lo estén tratando bien—dijo Hagrid y se pusieron hablar de los dragones frente a nosotros.

—Mi hermano habla mucho de ti—comento casualmente Charlie.

—¿Cuál de todos? Si es Ronald, solo pestes. Me llevo bien con los gemelos, son agradables y cuando Percy estudiaba en Hogwarts, nos juntábamos de vez en cuando en la biblioteca, tu hermana es una pesada, por lo que no le hablo—solo rio, como si le hubiera dicho algo gracioso.

—Tienes razón, Ron solo habla peste de ti, aunque no creo nada de lo que dice. Y veo que no todos son lo que aparentan. Nunca pensé ver a un Malfoy, hablando tan animadamente de dragones con Hagrid. Es lindo—al menos este Weasley es agradable.

—Draco será mejor que nos vayamos, si se enteran que seguimos en el bosque, nos castigaran. Gusto en conocerte Charlie, espero no le digas a nadie que dejamos de hacer lo que nos mandaron, por venir a ver dragones—me pregunto si Nicholai aceptaría algunos Weasley de su lado.

—Lo mismo digo Harry. Adiós Draco—ambos asentimos y seguimos a Hagrid, quien amablemente se ofreció a sacarnos del bosque.

—¡Eso fue alucinante! —exclamo Blaise una vez estuvimos en la sala común.

—Fue muy astuto, lo de los ingredientes ¿Crees que mencione algo? —pregunto Theo, esta emocionado, pero no tanto como Blaise.

—No lo creo, si fue un Gryffindor, ni siquiera se le acercara—todos rieron y asintieron. Porque de algo todos estamos seguro. Snape no es el profesor preferido de ningún alumno que no sea Slytherin.

Los días pasaron, mientras estaba desayunando, Cedric Diggory salía con su grupo de amigos. Es el único que no sabe, a lo que se enfrentara. Sonreí ante la forma que conseguiré, tenerlo en mis manos.

—Adelántense, tengo algo que hacer—les dije a los chicos, recogiendo mis cosas.

—No tardes, están a punto de tocar la campana—dijo Daphne tranquila, todos se dirigieron a los invernaderos.

Cuando llegue a la escalinata de mármol, Cedric ya estaba al final de ella, acompañado por unos cuantos amigos de sexto curso. Todos se detuvieron al verme, algunos tienen sonrisas coquetas y aduladoras.

—Hola Harry, es bueno verte—Cedric sonrió amable.

—Me pareció que no sería justo, que no supieras cual será la primera prueba, cuando los otros campeones tienen dicho conocimiento —le dije sin más preámbulos.

—¿Qué? —exclamó Cedric.

—¿Tu sabes cuál es? —pregunto uno de sus amigos. Lo mire con frialdad, lo que hizo que palideciera.

—La primera prueba son dragones, ayudamos al profesor Snape a buscar ingredientes en el bosque prohibido y los escuchamos. Han traído tres, uno para cada uno, y tienen que burlarlos. —sé que ninguno se lo dirá al profesor, por lo que no tengo que preocuparme.

Cedric me vio fijamente, hay pánico en su mirada, no lo culpo. Es muy estresante y preocupante, más cuando hay que pensar rápido, al momento.

—¿Estás seguro? —inquirió Cedric en voz baja.

—Completamente. Pero no soy el único que lo sabe. A estas horas Fleur y Krum ya se habrán enterado, porque Maxime y Karkarov también los vieron. Digamos que no estoy de acuerdo con la idea, de que Hogwarts este en desventaja—antes de que alguno hablara, me fui directo a los invernaderos, ya casi empieza la clase, escuche los gritos de Cedric llamándome, pero lo ignore.


Pov Nicholai

Hoy es el día de la prueba, mire a mis acompañantes, Barty Crouch y Bagman. Al llegar a Hogwarts, nos fuimos a las tribunas donde los jueces deben de estar. Por desgracia, insistieron en que me sentara con ellos, por mucho que me negué.

El primer campeón salió, Cedric Diggory. La multitud gritaba, ahogaba gemidos como si fueran uno solo, cuando Cedric hacía lo que fuera para burlar al hocicorto sueco, intento varios hechizos, pero hasta ahora, ninguno le sirvió. Hasta que transformo una roca en un perro labrador que uso para que distrajera al dragón con sus ladridos, logrando así tomar el huevo, aunque no logro escapar intacto.

—¡Muy pero que muy bien! ¡Y ahora la puntuación de los jueces! —gritaba Bagman. Siento la mirada de Dumbledore, supongo que ya sabe que trabajo en el ministerio, a pesar de su escrutinio, lo ignore.

—¡Uno que ya está, y quedan tres! ¡Señorita Delacour, si tiene usted la bondad! —gritó Bagman cuando volvió a sonar el silbato. La chica fue más astuta, uso un hechizo que puso a dormir al dragón, aunque de manera superficial.

—¡Excelente, ahora le toca a Viktor Krum! —el chico uso el hechizo de conjuntivitis. El problema fue que el dragón empezó a tambalearse y aplastó la mitad de los huevos de verdad. Le han quitado puntos por eso, porque se suponía que no tenía que causar ningún daño. No puedo creer que hayan usado los huevos reales, pudieron poner unos falsos, solo para engañar al dragón. Krum quedo en primer lugar, Diggory en segundo y la chica en tercero.

Despues de que todo terminara, fui a buscar a Harry, quien seguro estaba con los Slytherin. Sonreí al ver que me está esperando, cuando llegue a su lado, acaricie su cabello y caminamos hacia el bosque prohibido, para tener más privacidad.

—Cuéntame mejor todo ¿Qué ocurrió exactamente? ¿Por qué no quisiste escribírmelo con detalle en carta? —pregunte con seriedad.

—Por Dumbledore, ya empezó a moverse. Todo comenzó desde que regrese, he estado sufriendo atentados. Primero fue en la biblioteca, un estante casi me aplasta, luego el calamar se volvió loco, si no es porque nos movimos, hubiéramos muerto. Callidus se dio cuenta que el responsable fue Moody, obviamente quiere matarme. El problema es que no comprendo el motivo y estoy seguro que junto a Dumbledore metieron mi nombre en el cáliz. Que mejor manera de matarme y hacerlo pasar por un accidente, que un torneo donde ya ha habido muertos—no es necesario que me diga como logro evitar todos los atentados. Es muy inteligente y poderoso, debió de encontrar la forma de salir bien librado.

—Me encargare de Moody—no puedo permitir que nada ni nadie, lo lastime. Ya veré como puedo hacer pasar por accidente su muerte.

—Ten cuidado, no manches tu nueva identidad—asentí y sonreí. Seguimos platicando, sobre todo lo que ha pasado. Dijo que tenía algo muy importante que decirme, pero que lo hará cuando salga de Hogwarts.

—Nos vemos despues, tengo trabajo que hacer—el solo rio divertido. Nos separamos, se dirigió a su sala común, por mi parte, fui directamente donde se encuentra la habitación del profesor de defensa. Conforme me acercaba, sentí algo que solo pasa cuando hay un mortifago cerca, ya que mi magia reacciona a la marca tenebrosa, solo hay dos personas con mi marca en este castillo. Al llegar a la puerta, toque y espere expectante, será Snape o Karkarov. Pero quien abrió fue Moody o alguien utilizando su apariencia.

—¿Quién es usted? —gruño molesto. Con un movimiento de varita, lo mande a volar, trato de levantarse, pero no se lo permití.

Desmaius—Moody cayó al suelo de espaldas. Entre en el despacho, puse un pie debajo del cuerpo caído de Moody, y le di la vuelta para verle la cara. Cerré y use un hechizo para que nadie pueda entrar y otro para que cuando se acercaran a esta puerta, se desorientara y se fuera a otro lado. Antes de despertarlo, sentí magia muy potente en el baúl. Revise al falso Moody y tome las llaves que tiene en el bolsillo.

Fui hasta el baúl de las siete cerraduras, metí la primera llave en la cerradura correspondiente, y lo abrí. Contenía una gran cantidad de libros de encantamientos. Cerré el baúl, introduje la segunda llave en la segunda cerradura, y volví a abrirlo: los libros habían desaparecido, y lo que contenía el baúl era un gran surtido de chivatoscopios rotos, algunos pergaminos y plumas, y lo que parecía una capa invisible que en aquel momento era de color plateado. Metí la tercera, la cuarta, la quinta y la sexta llaves en sus respectivas cerraduras, y volví a abrir el baúl para revelar en cada ocasión diferentes contenidos. Luego introduje la séptima llave, levante la tapa y como sospeche, este es el indicado.

Hay una especie de pozo, una cámara subterránea en cuyo suelo, a unos tres metros de profundidad, se halla el verdadero Ojoloco Moody, según parece profundamente dormido, flaco y desnutrido. Le falta la pata de palo, la cuenca que alberga su ojo mágico esta vacía bajo el párpado, y en su pelo entrecano hay muchas zonas ralas. Bajé y caí suavemente junto al Moody dormido.

Está desmayado, controlado por la maldición imperius y se encuentra muy débil. Naturalmente, necesitaba conservarlo vivo. Solo así podía seguir elaborando la poción multijugos. Espere una hora más o menos, para saber su verdadera identidad.

La cara del hombre del suelo comenzó a cambiar: se borraron las cicatrices, la piel se le alisó, la nariz quedó completa y se achicó; la larga mata de pelo entrecano pareció hundirse en el cuero cabelludo y volverse de color paja; de pronto, con un golpe sordo, se desprendió la pata de palo por el crecimiento de una pierna de carne; al segundo siguiente, el ojo mágico saltó de la cara reemplazado por un ojo natural, y rodó por el suelo, girando en todas direcciones.

Ante mi esta Barty Crouch Jr. Pensé que había muerto, pero al parecer, no fue así.

¡Enervate!El hijo de Crouch abrió los ojos. Tiene la cara laxa y la mirada perdida. Me arrodille ante él, quedando a la misma altura.

—¿Me oye? —pregunte en voz baja.

—Sí —respondió.

—Me gustaría que me explicara ¿cómo has llegado aquí? ¿Cómo te escapaste de Azkaban? —pregunte con suavidad. Estoy usando la marca para hacerlo hablar, introduciendo atreves de ella, un hechizo de compulsión. Crouch tomó aliento y comenzó a hablar con una voz apagada y carente de expresión.

—Mi madre me salvó. Sabía que se estaba muriendo, y persuadió a mi padre para que me liberara como último favor hacia ella. Él la quería como nunca me quiso a mí, así que accedió. Fueron a visitarme. Me dieron un bebedizo de poción multijugos que contenía un cabello de mi madre, y ella tomó la misma poción con un cabello mío. Cada uno adquirió la apariencia del otro.

Los dementores son ciegos: sólo percibieron que habían entrado en Azkaban una persona sana y otra moribunda, y luego que una moribunda y otra sana salían. Mi padre me sacó con la apariencia de mi madre por si había prisioneros mirando por las rejas.

Mi madre murió en Azkaban poco después. Hasta el final tuvo cuidado de seguir bebiendo poción multijugos. Fue enterrada con mi nombre y mi apariencia. Todos creyeron que era yo.

—¿Y qué hizo tu padre contigo cuando estabas en casa? —pregunte serio, dependiendo de cómo este su cabeza, veré si lo mato.

—Representó la muerte de mi madre. Fue un funeral sencillo, privado. La tumba está vacía. Nuestra elfina doméstica me cuidó hasta que sané. Luego mi padre tuvo que ocultarme y controlarme. Usó una buena cantidad de encantamientos para mantenerme sometido. Cuando recobré las fuerzas, sólo pensé en encontrar otra vez a mi señor... y volver a su servicio—no lo matare de inmediato, considero que Harry es el indicado de decidir su destino.

—¿Qué hizo tu padre para someterte? —pregunte serio.

—Utilizó la maldición imperius. Estuve bajo su control. Me obligó a llevar día y noche una capa invisible. Nuestra elfina doméstica siempre estaba conmigo. Era mi guardiana y protectora. Me compadecía. Persuadió a mi padre para que me hiciera de vez en cuando algún regalo: premios por mi buen comportamiento.

—¿No descubrió nadie que usted seguía vivo? ¿No lo supo nadie aparte de su padre y la elfina? —quien diría que Barty Crouch, sería tan astuto.

—Sí. Una bruja del departamento de mi padre, Bertha Jorkins, llegó a casa con unos papeles para que mi padre los firmara. Mi padre no estaba en aquel momento, así que Winky la hizo pasar y volvió a la cocina, donde me encontraba yo. Pero Bertha Jorkins nos oyó hablar, y escuchó a escondidas. Entendió lo suficiente para comprender quién se escondía bajo la capa invisible. Cuando mi padre volvió a casa, ella se le enfrentó. Para que olvidara lo que había averiguado, le tuvo que echar un encantamiento desmemorizante muy fuerte. Demasiado fuerte: según mi padre, le dañó la memoria para siempre.

—Háblame de los Mundiales de quidditch —sabía que no es algo que Snape haría.

—Winky convenció a mi padre de que me llevara. Necesitó meses para persuadirlo. Hacía años que yo no salía de casa. Había sido un forofo del quidditch. «Déjelo ir!», le rogaba ella. «Puede ir con su capa invisible. Podrá ver el partido y le dará el aire por una vez.» Le dijo que era lo que hubiera querido mi madre. Le dijo que ella había muerto para darme la libertad, que no me había salvado para darme una vida de preso. Al final accedió.

Fue cuidadosamente planeado: mi padre nos condujo a Winky y a mí a la tribuna principal bastante temprano. Winky diría que le estaba guardando un asiento a mi padre. Yo me sentaría en él, invisible. Tendríamos que salir cuando todo el mundo hubiera abandonado la tribuna principal. Todo el mundo creería que Winky se encontraba sola.

Pero Winky no sabía que yo recuperaba fuerzas. Empezaba a luchar contra la maldición imperius de mi padre. Había momentos en que me liberaba de ella casi por completo. Aquél fue uno de esos momentos. Era como si despertara de un profundo sueño. Me encontré rodeado de gente, en medio del partido, y vi delante de mí una varita mágica que sobresalía del bolsillo de un muchacho. No me habían dejado tocar una varita desde antes de Azkaban. La robé. Winky no se enteró: tiene terror a las alturas, y se había tapado la cara.

—¿Qué hizo con ella? —quiero saber todo, aunque se perfectamente que hizo.

—Volvimos a la tienda. Luego los oímos, oímos a los mortífagos, los que no habían estado nunca en Azkaban, los que nunca habían sufrido por mi señor, los que le dieron la espalda, los que no fueron esclavizados como yo, los que estaban libres para buscarlo, pero no lo hacían, los que se conformaban con divertirse a costa de los muggles. Me despertaron sus voces.

Hacía años que no tenía la mente tan despejada como en aquel momento, y me sentía furioso. Con la varita en mi poder, quise castigarlos por su deslealtad. Mi padre había salido de la tienda para ir a defender a los muggles, y a Winky le daba miedo verme tan furioso, así que ella usó sus propias dotes mágicas para atarme a ella. Me sacó de la tienda y me llevó al bosque, lejos de los mortífagos. Traté de hacerla volver, porque quería regresar al campamento. Quería enseñarles a los mortífagos lo que significaba la lealtad al Señor Tenebroso, y castigarlos por no haberla observado. Con la varita que había robado proyecté en el aire la Marca Tenebrosa.

Llegaron los magos del Ministerio, lanzando por todas partes sus encantamientos aturdidores. Uno de esos encantamientos se coló por entre los árboles hasta donde nos encontrábamos Winky y yo. Quedamos los dos desmayados y con las ataduras rotas por el rayo del encantamiento. Cuando descubrieron a Winky, mi padre comprendió que tenía que estar cerca. Me buscó entre los arbustos donde la habían encontrado a ella y me halló echado en el suelo.

Esperó a que se fueran los demás funcionarios, me volvió a lanzar la maldición imperius, y me llevó de vuelta a casa. A Winky la despidió porque no había impedido que robara la varita y casi me deja también escapar

Quedamos solos en la casa mi padre y yo, pero como tenía que trabajar, aproveche para escaparme de nuevo y en esta ocasión, con la mente más despejada idee un plan para matar aquel que nos costó la victoria—quite el hechizo compulsión, en verdad mi intención es matarlo, pero no puedo simplemente olvidarme que lo hizo por su lealtad hacia mi persona. Su mente es igual que la de Sirius, debe ser porque su padre lo saco, antes de que perdiera la cabeza.

Lo llevare a la mansión Malfoy y tal como tenía pensado, Harry decidirá su destino, aunque me es leal, me importa más lo que Harry piense y quiera. Al darse cuenta que fue descubierto, intento escapar, pero lo detuve.

—Admiro tu lealtad, pero estas perjudicándome, en este momento nos iremos a la mansión Malfoy—le sisee molesto.

—No pienso ir a ningún lado contigo—gruño furioso.

—¡Te atreves hablarle así, a tu señor! —con mi varita, toque su marca, la cual ardió furiosa, sé que, con esto, alerto a Snape y Karkarov, pero no son importantes.

—Perdóneme mi lord, no sabía que era usted—dijo agobiado. Lo ignore y levite al verdadero Moody, sacándolo del baúl.

—Quiero que me des todos los recuerdos, de lo que has hecho desde que entraste a Hogwarts, excepto cuando intentaste matar a Harry, solo las clases—asintió y con la varita de Moody, saco dichos recuerdos y los coloco en un frasco, los tome y empecé a murmura el hechizo que modificara la mente del verdadero. Cuando acabe, le puse un hechizo de glamour para que se vea sano y uno de compulsión para que tome pociones nutricionales y coma. Espero que para cuando el de glamour se rompa, no cambie tanto la apariencia.

Para Moody, todo lo que vivió el falso, lo hizo el. Nunca recordara que fue lo paso. Barty le coloco la pata y el ojo falso. Lo puso en la cama y salimos de la habitación. Le coloque un hechizo de invisibilidad, debido a que tuvo que dejar la varita de Moody y usamos la chimenea para ir a la mansión Malfoy. Al menos, Harry ya no sufrirá ningún atentado por Moody.


Pov Harry

El comienzo del mes de diciembre llevó a Hogwarts vientos y tormentas de aguanieve. Aunque el castillo siempre resultaba frío en invierno por las abundantes corrientes de aire, me alegro encontrar las chimeneas encendidas y los gruesos muros cada vez que volvíamos del lago, donde el viento hacía cabecear el barco de Durmstrang e inflaba las velas negras contra la oscuridad del cielo. Imagino que el carruaje de Beauxbatons también debía de resultar bastante frío.

Note que Hagrid mantenía los caballos de Madame Maxime bien provistos de su bebida preferida: whisky de malta sin rebajar. Los efluvios que emanaban del bebedero, situado en un rincón del potrero, bastaban para que la clase entera de Cuidado de Criaturas Mágicas se mareara. Esto resultaba inconveniente, dado que seguíamos cuidando de los horribles escregutos y necesitaban tener la cabeza despejada.

Nicholai dijo que ya se ha hecho cargo de mi pequeño inconveniente, que no me preocupara por Moody, que, aunque aún este en Hogwarts, no me causara problema, que cuando regrese me lo explicara mejor. Confió en él, por lo que no volví a prestarle atención y no me paso desapercibido que Moody ya no me ve como antes, parece otra persona. Callidus me lo confirmo, diciendo que su magia no es la misma.

—No estoy seguro de si hibernan o no. Lo que vamos a hacer es probar si les apetece echarse un sueñecito... Los pondremos en estas cajas —dijo Hagrid, todos los Gryffindor tiemblan de frio, acaso no conocen el hechizo para mantenerse calientes.

Sólo quedan diez escregutos. Aparentemente, sus deseos de matarse se habían limitado a los de su especie. Para entonces tenían casi dos metros de largo. El grueso caparazón gris, las patas poderosas y rápidas, las colas explosivas, los aguijones y los aparatos succionadores se combinaban para hacer de los escregutos las criaturas más repulsivas que hubiera visto nunca.

—Los meteremos dentro, les pondremos las tapas, y a ver qué sucede— pero no tardó en resultar evidente que los escregutos no hibernaban y que no se mostraban agradecidos de que los obligáramos a meterse en cajas con almohadas y mantas, dejándolos allí encerrados. Por lo que se escaparon y empezaron a correr hacia las calabazas, lanzando fuego. La mayoría de los valientes Gryffindor se ocultaron en la cabaña de Hagrid, por lo que tuvimos que ayudarlo, el pobre da lástima.

—Bien, bien, bien... esto parece divertido—mire molesto a la estúpida que se divierte a nuestra costa, Draco susurro su nombre. Rita Skeeter está apoyada en la valía del jardín de Hagrid, contemplando el alboroto. Lleva una gruesa capa de color fucsia con cuello de piel púrpura y, colgado del brazo, el bolso de piel de cocodrilo.

Hagrid se lanzó sobre el escreguto que está acorralando y lo aplastó contra el suelo. El animal disparó por la cola un chorro de fuego que estropeó las plantas de calabaza cercanas.

—¿Quién es usted? —le preguntó Hagrid a Rita Skeeter, mientras le pasa al escreguto un lazo por el aguijón y lo apretaba.

—Rita Skeeter, reportera de El Profeta —contestó Rita con una sonrisa. Le brillaron los dientes de oro.

—Creía que Dumbledore le había dicho que ya no se le permitía entrar en Hogwarts —contestó ceñudo Hagrid, que se incorporó y empezó a arrastrar el escreguto hacia sus compañeros. Rita actuó como si no lo hubiera oído.

—¿Cómo se llaman esas fascinantes criaturas? —preguntó, acentuando aún más su sonrisa.

—Escregutos de cola explosiva —gruñó Hagrid.

—¿De verdad? Nunca había oído hablar de ellos... ¿De dónde vienen? —dijo Rita, llena de interés. Note que, por encima de la enmarañada barba negra de Hagrid, la piel adquiría rápidamente un color rojo mate ¿Dónde había conseguido Hagrid los escregutos?

—Según tengo entendido, su única tarea es entrevistar a los campeones y a menos que se hayan citado en este lugar, no tiene nada que hacer aquí —sisee, atrayendo su atención.

—Harry Potter, tengo algunas preguntas que hacerte. Según escuche por ahí, fuiste escogido como campeón, pero que, de alguna manera, lograste librarte de participar —sus ojos brillaron con sumo interés.

—Porque no continuas con la clase, mientras acompaño a la señora, es hora de que se vaya ¿vamos? —la mire con mucha frialdad, ella palideció y me siguió sin decir nada.

—¿Estaría usted dispuesto a concederme una entrevista? —pregunto nerviosa.

—No lo creo y más vale que no escribas nada sobre Hagrid, por si no lo sabe, los Black somos dueño de la mitad del profeta, no querrá quedarse sin trabajo ¿cierto? —la mire con una sonrisa angelical, ignorando la palidez y shock en su rostro.

—P.…por supuesto, no es necesario que me acompañe, conozco la salida—se fue prácticamente corriendo, con sus tacones sonando fuertemente. Al regresar a la clase, solo están mis amigos y Hagrid.

—Nunca le des una entrevista a esa mujer—le dije a Hagrid, una vez estuve frente de ellos.

—Ella le dará vuelta a todo lo que le digas, es su especialidad—le dijo Pansy seria.

—Mientras no haya importado los escregutos ilegalmente o algo así... —agregó Daphne preocupada.

Pocos días despues, se nos dio el anuncio del baile de navidad, por lo que muchos ya están nerviosos por conseguir pareja, solo irán alumnos de cuarto o más. Varios chicos y chicas me han pedido que sea su pareja. Pero solo con verlos, me doy cuenta que son del tipo pegajoso y lo que menos deseo es soportarlo.

—¿Ustedes ya tienen pareja? —les pregunte a los chicos.

—Iré con Draco, es más fácil y nos evitamos el dolor de cabeza de soportar a chicos idiotas, si queremos bailar con alguien en la fiesta, lo haremos sin problema alguno—dijo Pansy con una sonrisa. Como no se me ocurrió. Draco solo me vio con burla, como si supiera lo que pienso.

—Iré con Theo, por el mismo motivo que ellos—dijo Daphne tranquila.

—Invite a una chica de Ravenclaw, por lo que ya tengo pareja—dijo Blaise tranquilo.

—Son malos—me fui, ignorando sus risas, justo en ese momento, me topé con Fleur. He estado hablando mucho con ella, al día siguiente luego de ser escogida como campeona, se disculpó conmigo, le agrado porque no me comporto como un idiota a su alrededor, digamos que es una excelente compañera para hablar sobre lugares mágicos en Francia y practicar mi francés.

—Bonjour (Hola) —sonreí al verla.

—Hagui, je te cherchais (te estaba buscando) —ella es una buena amiga.

—¿Qu'est-ce que je peux faire pour vous ? (En que te puedo ayudar) —pregunte curioso.

— Alors, on va au bal des finissants ensemble (Entonces, vamos al baile juntos) —sonreí ante su atrevimiento, ni siquiera me pregunto, pero de igual forma, no tengo ganas de estar buscando pareja y no pasare la vergüenza de ir solo.

—Ce sera amusant (Sera divertido) —nos despedimos y quedamos en que iré a recogerla al carruaje. Cuando iba de regreso a la sala común, de mejor humor, Ginny Weasley se me atravesó.

—¿Qué quieres? —sisee con frialdad.

—Iremos al baile juntos, pasa a recogerme a la sala común, me pondré bonita—a diferencia con Fleur, ella no me causo ninguna gracia.

—Escucha bien niñita, solo lo diré una vez, así que presta atención y utiliza la única neurona que tienes. No pienso ir a ningún lado contigo, no me agradas, eres un cero a la izquierda. Tu sola presencia me repugna, así que déjame en paz—sin siquiera mirarla, continué mi camino.

—Hey Harry—saludo Blaise con una sonrisa, trata de calmar el enojo y frustración.

—¿Ya conseguiste pareja? —pregunto con burla Draco.

—Si, iré con Fleur Delacourt—me reí de sus caras y fui directo a mi habitación.

La mañana de navidad, desperté de lo más tranquilo. Tengo varios regalos, por lo que empecé a abrirlos. Una pulsera de dragón, por parte de Nicholai, un juego de túnicas de parte de Narcissa y Lucius, Lupin un libro de artes oscuras. Mi padre me regalo un hermoso ejemplar de la familia Black. Es un libro donde muestran hechizos que nunca había visto, además de una navaja con accesorios para abrir cualquier cerradura y deshacer cualquier tipo de nudo.

Además de los habituales de los chicos, mis chucherías preferidas, accesorios de quidditch nuevos, libros de tácticas para buscador.

—¿Y las chicas? —pregunte bajando con Draco.

—Se levantaron temprano para desayunar e ir a Hogsmeade, para comprar ciertas cosas o eso fue lo que dijo Daphne, se llevaron a Greg y Vin. Los pobres van a sufrir—termino dramáticamente Blaise.

Nos pasamos casi toda la mañana en la sala común y luego fuimos al Gran Comedor para tomar un magnífico almuerzo que incluyó al menos cien pavos y budines de Navidad, junto con montones de petardos sorpresa.

Por la tarde salimos del castillo: la nieve se halla tal cual ha caído, salvo por los caminos abiertos por los estudiantes de Durmstrang y Beauxbatons desde sus moradas al castillo. Mire con disgusto como los Gryffindor se revolcaban en la nieve, los ignore e hice mi próximo movimiento, los chicos están molesto, porque no me han logrado ganar y están decididos a conseguirlo, aunque sea un juego injusto de tres contra uno.

No hay cena de Navidad porque el baile incluía un banquete, así que, a las siete, cuando se aburrieron de tratar todas las jugadas posibles, dimos por terminado el juego y volvimos a la sala común. Nos cambiamos, poniéndonos nuestras túnicas de gala. Me despedí de los chicos y fui a buscar a Fleur.

La sala común tiene un aspecto muy extraño, llena de gente vestida de diferentes colores en lugar del usual monocromatismo negro. Al llegar, ella salió con un hermoso vestido gris, con accesorios no muy llamativos, pero de igual forma su belleza deslumbra.

—¡Fleur, tu es belle! (Estas hermosa) —le dije con una sonrisa.

También el vestíbulo esta abarrotado de estudiantes, que se arremolinaban en espera de que dieran las ocho en punto, hora a la que se abrirían las puertas del Gran comedor. Llegaron los chicos. Malfoy lleva una túnica negra de terciopelo con cuello alzado, de su brazo va Pansy, con una túnica de color rosa pálido con muchos volantes. Tanto Vin como Greg van de verde, ninguno va con pareja.

Blaise va con una túnica de terciopelo azul, de su brazo va una chica que no logro reconocer. Theo lleva una túnica de terciopelo gris, de su brazo, va Daphne con un hermoso vestido verde pálido.

Se abrieron las puertas principales de roble, y todo el mundo se volvió para ver entrar a los alumnos de Durmstrang con el profesor Karkarov. Krum iba al frente del grupo, acompañado de Granger, quien va vestida con túnica azul. Por encima de las cabezas puedo ver que una parte de la explanada que había delante del castillo, la habían transformado en una especie de gruta llena de luces de colores. En realidad, eran cientos de pequeñas hadas: algunas posadas en los rosales que habían sido conjurados allí, y otras revoloteando sobre unas estatuas que parecían representar a Papá Noel con sus renos.

—¡Los campeones por aquí, por favor! —le ofrecí mi brazo a Fleur, quien lo tomo con una sonrisa, nos pusimos al lado de las puertas. Cedric y Cho, están a un lado nuestro, junto con Krum y Granger.

Cuando todos estuvieron acomodados en el Gran Comedor, la profesora McGonagall nos dijo que entráramos detrás de ella, una pareja tras otra. Así lo hicimos, primero entre con Fleur, detrás Cedric con su pareja y por último Krum con Granger. Todos cuantos están en el Gran Comedor nos aplaudieron, mientras cruzábamos la entrada y nos dirigíamos a una amplia mesa redonda situada en un extremo del salón, donde se hallan sentados los miembros del tribunal. Sonreí a Nicholai, quien asintió.

Han recubierto los muros del Gran Comedor de escarcha con destellos de plata, y cientos de guirnaldas de muérdago y hiedra cruzaban el techo negro lleno de estrellas. En lugar de las habituales mesas de las casas hay un centenar de mesas más pequeñas, alumbradas con farolillos, cada una con capacidad para unas doce personas.

Dumbledore sonrió cuando nos acercamos a la mesa principal. La expresión de Karkarov, en cambio, es de asco y repugnancia, al ver acercarse a Krum y Granger. Ludo Bagman, que aquella noche lleva una túnica de color púrpura brillante con grandes estrellas amarillas, aplaudía con tanto entusiasmo como cualquiera de los alumnos. Y Madame Maxime, que había cambiado su habitual uniforme de satén negro, por un vestido de seda suelto de color azul lavanda, aplaudía cortésmente. Pero faltaba el señor Crouch, como no tarde en notar. El sexto asiento de la mesa está ocupado por Percy Weasley. En definitiva, Nicholai debe de pensar en tener a Weasley de su lado.

Percy retiró un poco la silla vacía que había a su lado, mirandome, le señale a Fleur. Éste entendió la indirecta, ni loco me siento a su lado. Junto a Nicholai hay dos sitios libres, le moví la silla a Fleur y me senté junto a Nicholai.

Aún no hay comida en los brillantes platos de oro; sólo unas pequeñas minutas delante de cada uno de nosotros. Cogí la mia, viendo que hay para pedir. Observe que Dumbledore leía su menú con detenimiento y luego le decía muy claramente a su plato.

—¡Chuletas de cerdo! —las chuletas de cerdo aparecieron sobre él. Captando la idea, los restantes comensales también pidieron a sus respectivos platos lo que deseaban. Nicholai, Fleur y yo, pedimos Bouillaisse, un plato que probé cuando estuve en Francia y en verdad me encanto, hasta entonces no había oído hablar a Krum, pero en aquel momento lo está haciendo, y con mucho entusiasmo. Mirandome fijamente y tratando de atraer mi atención. Obviamente a su director no le gusta, ya que lo interrumpió.

—Con todo ese secretismo, Igor, se podría pensar que no quieren visitas —dijo el vejete, desde hace rato, note la mirada de frialdad pura que Nicholai le da a Karkarov, había olvidado que vendió a sus antiguos compañeros, con tal de no ir a Azkaban, merece que lo mate de la forma más lenta y dolorosa. Tal como estoy seguro que hizo mi padre con Peter.

—Bueno, Dumbledore, todos protegemos nuestros dominios privados, ¿verdad? ¿No guardamos todos con celo los centros de saber en que se aprende lo que nos ha sido confiado? ¿No tenemos motivos para estar orgullosos de ser los únicos conocedores de los secretos de nuestro colegio? ¿No tenemos motivos para protegerlos? —dijo Karkarov, mostrando plenamente sus dientes amarillos.

—¡Ah, yo nunca pensaría que conozco todos los secretos de Hogwarts, Igor! Esta misma mañana, por ejemplo, me equivoqué al ir a los lavabos y me encontré en una sala de bellas proporciones que no había visto nunca y que contenía una magnífica colección de orinales. Cuando volví para contemplarla más detenidamente, la sala había desaparecido. Pero tengo que estar atento a ver si la vuelvo a ver: tal vez sólo sea accesible a las cinco y media de la mañana, o aparezca cuando la luna está en cuarto creciente o menguante, o cuando el que pasa por allí tiene la vejiga excepcionalmente llena. —contestó Dumbledore en tono amistoso, obviamente no conoce todos los secretos, al menos Lady Hogwarts. Debe de estar haciéndose el idiota, obviamente habla de la sala de los menesteres.

Mientras tanto, Fleur criticaba la decoración de Hogwarts, obviamente está acostumbrada a las decoraciones mágicas, la nuestra es una mezcla con la muggle.

—Esto no es nada. En Navidad, en el palacio de Beauxbatons tenemos escultugas de hielo en todo el salón comedog. Pog supuesto, no se deguiten: son como enogmes estatuas de diamante, bgillando pog todos lados. Y la comida es sencillamente sobegbia. Y tenemos cogos de ninfas de madega que nos cantan seguenatas mientgas comemos. En los salones no hay ni una de estas feas agmadugas, y si entgaga en Beauxbatons un poltergeist lo expulsaguíamos de inmediato —decía, echando una despectiva mirada a los centelleantes muros del Gran Comedor, dando un golpe en la mesa con la mano.

—Estoy seguro querida, pero no te sulfures, te pueden salir arrugas—dije con burla, su risa se escuchó por toda la mesa. Cuando se puso a platicar con su directora, aproveche para platicar con Nicholai, en voz baja y con un escudo para que nadie escuche.

—Relájate, se te nota a leguas que lo quieres torturar, ya tendrás la oportunidad. Prometo ayudarte, si me lo permites, en el libro que mi padre me dio, hay hechizos alucinantes—me miro y sonrió.

—Me gustaría verte realizarlos, estoy seguro que te verás impresionante—susurro seductoramente, solo le sonreí y trate de no ruborizarme.

Eche una mirada al Gran Comedor. Hagrid se halla sentado a una de las otras mesas de profesores. Se puso un horrible traje peludo de color marrón y mira a nuestra mesa, saludo a Madame Maxime, con sus cuentas de ópalo que brillan a la luz de las velas, le devolvió el saludo.

Cuando se acabó la cena, Dumbledore se levantó y pidió a los alumnos que hicieran lo mismo. Entonces, a un movimiento suyo de varita, las mesas se retiraron y alinearon junto a los muros, dejando el suelo despejado, y luego hizo aparecer por encantamiento a lo largo del muro derecho un tablado. Sobre él aparecieron una batería, varias guitarras, un laúd, un violonchelo y algunas gaitas.

Las Brujas de Macbeth subieron al escenario entre aplausos entusiastas. Son todas melenudas, e iban vestidas muy modernas, con túnicas negras llenas de desgarrones y aberturas. Cogieron sus instrumentos, de repente que los farolillos de todas las otras mesas se habían apagado y que los campeones y sus parejas estaban de pie.

—¡Vamos! —me susurro Fleur. Las Brujas de Macbeth empezaron a tocar una melodía lenta, triste. Fui hasta la parte más iluminada del salón, coloqué mis manos en la cintura de Fleur. y empezamos a dar vueltas, con elegancia, atraemos mucho la atención, pero los ignore. Muy pronto empezaron a unirse al baile, de forma que dejamos de ser el centro de atención. Longbottom y la chica Weasley bailaban junto a nuestro lado, vi Weasley hacia muecas de dolor con bastante frecuencia, cada vez que Neville la pisaba y me mira con odio. Dumbledore baila con Madame Maxime.

Es tan pequeño para ella, que apenas llega con la punta de su alargado sombrero a hacerle cosquillas en la barbilla, pero ella se movía con bastante gracia para el tamaño que tenía. Ojoloco Moody bailaba muy torpemente con la profesora Sinistra, que parecía temer a la pata de palo.

Despues de bailar unas piezas más con Fleur, las deje en mano del capitán de Ravenclaw. Fui donde Nicholai se encontraba, al llegar nos pusimos a platicar de los hechizos que le mencioné. Justo cuando la conversación se estaba tornando interesante, Nicholai recibió un mensaje de Lucius, al parecer uno de sus seguidores lo estaba esperando.

—Hablaremos cuando nos veamos de nuevo—asentí y me despedí, por el rabillo del ojo, note como Percy Weasley se acercaba, por lo que me levante y fui a dar una vuelta, los chicos están bailando, al igual que Fleur, por lo que la vendré a buscar luego.

Una vez abajo, me encontré rodeados de arbustos, caminos serpenteantes y grandes estatuas de piedra. Se oía el rumor del agua, probablemente de una fuente. Aquí y allá había gente sentada en bancos labrados. Tome uno de los caminos que zigzagueaba entre los rosales, y apenas había recorrido un corto trecho cuando oyeron una voz tan conocida.

—... no veo a qué viene tanto revuelo, Igor.

—¡No puedes negar lo que está pasando, Severus! Ha empezado a ser cada vez más evidente durante los últimos meses, y estoy preocupado de verdad, no lo puedo negar... —La voz de Karkarov sonaba nerviosa y muy baja, como si estuviera tomando precauciones para que nadie pudiera oírlo, me pregunto si Nicholai hizo algo para que estos dos estén alertas.

—Entonces, huye, te disculparé. Pero me quedo en Hogwarts—dijo la voz de Snape—

Snape y Karkarov doblaron la esquina. Snape llevaba la varita en la mano e iba golpeando los rosales con una expresión de lo más malvada. Muchos de los rosales proferían chillidos, y de ellos surgían unas formas oscuras.

—¡Diez puntos menos para Hufflepuff, Fawcett! —gruñó Snape, cuando una chica pasó corriendo por su lado.

— ¡Y diez puntos menos para Ravenclaw, Stebbins! —añadió cuando pasó tras ella un chico.

—¿Qué hace aquí señor Black? —preguntó al toparnos. Karkarov, según note, pareció asustado de verme allí. Se llevó nerviosamente la mano a la perilla y empezó a ensortijarse el pelo con un dedo.

—Estoy paseando—conteste lacónicamente.

—¡Sigue paseando, entonces! —gruñó Snape, y me rozo con su capa al pasar. Karkarov lo siguió apresuradamente. Tendré que avisarle a Nicholai, debe de atraparlo antes de que escape.

Acababa de llegar hasta una estatua grande de piedra, que representa a un reno del que salían los surtidores de una alta fuente. Sobre un banco de piedra se ve la oscura silueta de dos personas, muy grandes que contemplan el agua a la luz de la luna.

—Lo supe en cuanto te vi —decía él, con la voz extrañamente ronca.

—¿Qué es lo que supiste, Hagguid? —le preguntó Madame Maxime, con un evidente ronroneo en su suave voz.

Decididamente, no quiero escuchar aquello. Si hubiera podido, me tapaba los oídos con los dedos y cantaría bien fuerte, pero no es posible. En vez de eso, intente interesarme en un escarabajo que caminaba por la espalda del reno.

—"Maestro, ese escarabajo tiene mucha magia, la de la mujer que quiso entrevistarlo" —mire con renovado interés al escarabajo, saque mi varita y le lance un hechizo aturdido no verbal, transforme una roca en frasco y lo metí dentro.

—Supe... supe que eras como yo... ¿Fue tu madre o tu padre?

—Eh... no entiendo lo que quiegues decig, Hagguid.

—En mi caso fue mi madre. Fue una de las últimas de Gran Bretaña. Naturalmente, no la recuerdo muy bien... Me abandonó, ya ves. Cuando yo tenía unos tres años. No era lo que se dice del tipo maternal. Bueno, lo llevan en su naturaleza, ¿no? No sé qué fue de ella... Tal vez haya muerto—explicó Hagrid en voz baja.

Madame Maxime no decía nada. Es obvio que no quiere hablar del tema, pero Hagrid no parece notarlo.

—A mi padre se le partió el corazón cuando ella se fue. Mi padre era muy pequeño. Con seis años yo ya podía levantarlo y ponerlo encima del aparador si me enfadaba. Solía hacerlo reír... Mi padre me crio... pero murió, claro, justo después de que yo vine al colegio. Entonces, me las tuve que apañar por mí mismo. Aunque Dumbledore fue una gran ayuda: fue muy bueno conmigo... Bueno... en fin... basta de hablar de mí. ¿Y tú? ¿De qué parte te viene? —Hagrid sacó un pañuelo grande de seda de lunares y se sonó la nariz muy fuerte. La voz de Hagrid es profunda, pero de repente cambió porque lo embargó la emoción. Madame Maxime escuchaba sin moverse, según parecía con la vista fija en la fuente plateada. De repente se puso de pie.

Ahora comprendo mejor la lealtad a Dumbledore, seguro lo apoyo incondicionalmente, tal como Lupin, al parecer el viejo es muy astuto y sabe cómo manipularlos, jugar con ellos.

—Hace demasiado fguío. Me «paguece» que voy a entgag —dijo, pero el tiempo no era tan frío como su voz.

—¿Eh? ¡No, no te vayas! ¡Yo no.… nunca había conocido a otro! —exclamó Hagrid, sin entender. Oh merlín, este es uno de los motivos por lo que me es imposible odiarlo, es tan denso.

—¿Otgo qué, exactamente? —preguntó Madame Maxime, con un tono gélido. Le hubiera aconsejado que no respondiera.

—¡Otro semigigante, por supuesto! —repuso Hagrid.

—¡Cómo te atgueves! —gritó Madame Maxime. Su voz resonó en el silencioso aire de la noche como la sirena de un barco.

—¡Jamás en mi vida me han insultado así! ¿Semigigante? Moi? Yo... ¡yo soy de esqueleto grande! —Se marchó furiosa. A medida que pasaba, apartando enojada los arbustos, se levantaban en el aire enjambres de hadas multicolores. Hagrid permaneció sentado en el banco, mirándola. Estaba demasiado oscuro para ver su expresión. Luego, aproximadamente un minuto después, se levantó y se fue a grandes zancadas, no de regreso al castillo sino atravesando los oscuros terrenos de camino a su cabaña.

Es comprensible que Madame Maxime no quiera que se enteren, los gigantes son conocidos por ser muy fieros, se supone que se están extinguiendo, los Aurores mataron a muchos y los que quedan están en otros países, la mayor parte, oculto en la montaña.

Regrese para buscar a Fleur, quien al parecer paso un agradable momento con el Ravenclaw, nos despedimos y deje que el chico la acompañara a su carruaje, al llegar a la sala común, note que los chicos aun no regresan, tome un baño, me puse mi pijama y saque el frasco con el escarabajo dentro. Primera la desperté y luego antes de que se orientara completamente la regrese a su forma humana.

—Hola Rita—la mujer pego un grito ensordecedor al verme.

—¿Cómo llegue aquí? —pregunto levantándose y alisándose lo mejor posible la ropa.

—Da la casualidad, que mientras paseaba por los jardines, un asqueroso insecto llamo mi atención, debido a la cantidad inusual de magia que despedía, considere usarlo en una poción—chillo y retrocedió viéndome con terror.

—Déjame ir, no te me acerques—saco su varita, apuntándome con ella.

—¿El ministerio sabe que eres una animaga? —por como tiembla y la palidez que aún no se va de su rostro, es obvio que no. Apretó los labios molesta, sonreí con inocencia, la tengo en mis manos.

—¡No! —gruño y caminando hacia la salida.

—Si veo que escribes algo de Hagrid o de algún amigo cercano, me encargare de hacerte la vida imposible y no solo quitándote tu empleo. Puedes ser el alimento de mi amiga—sisee con frialdad. Ella se detuvo y volteo con lentitud.

—¿Qué ami…—Callidus se enrollo a su alrededor, provocando que gritara y llorara.

—Por favor, no… no diré nada, te lo suplico. No me mates—saque mi varita y le lance un hechizo que Nicholai me enseño, consiste en evitar que la persona hable y si se meten a su mete, solo verán espacios en blancos.

—Lárgate y no trates de engañarme, créeme, me enterare—cuando Callidus la libero, salió corriendo como alma que se lleva el diablo. Bueno, ahora si a dormir.


Bueno chicas y chicos, espero que les haya gustado, como pueden ver, aun no me decido por el trio, otra opción sería Charlie, pero sinceramente aún no se con quién pondré a Draco. Veremos cómo se da el desarrollo del fic.

Nos seguimos leyendo

Bella