Disclaimer: Harry Potter, su mundo y sus personajes le pertenecen a la sabia y fabulosa J. K. Rowling, yo solo los tomé prestados por un ratito para dejar volar mi imaginación. El contenido de esta historia si es completamente de mi autoría.
Esta historia está basada en los acontecimientos de Harry Potter y El Misterio del Príncipe, trataré de apegarme lo mejor posible al contexto original pero añadiré varios cambios para adaptarlo a un Dramione.
UN CONSUELO INESPERADO
Capítulo II
Enfrentamiento
El pasto se hundía bajo sus pies con cada paso que daba, ese día en específico parecía hacer un viento poderoso, así que su único objetivo era llegar al castillo para refugiarse en el recibidor después de haber terminado su clase en el invernadero, su rebelde cabello se agitaba sin control dándole más que nunca el aspecto de una leona, la punta de su nariz y mejillas se encontraban rosadas brindándole una imagen infantil, lo que causaba un extraño contraste con su melena, pegados a su pecho fuertemente rodeados por ambos brazos se encontraban dos pesados libros, lo que provocó que su carrera se viera un tanto entorpecido debido al peso extra.
Cuando finalmente llegó a su destino se alejó de la gran entrada por la que todavía se colaba el fuerte viento y se recargó en una de las paredes de piedra junto a una estatua que le sirvió de refugio, soltó un largo y exhausto suspiro y después de algunos minutos, una vez recuperada su respiración habitual, emprendió el camino hacia su próximo destino: la biblioteca.
Al llegar se encontró con la silenciosa paz que tanto amaba de ese lugar, tomó asiento en una mesa en el fondo que se encontraba cerca de dos largas estanterías, lo que hacía que se le dificultará a otras personas el poder verla, sin embargo ella tenía una vista privilegiada desde esa posición, sin dificultad podía ver cuando alguien entraba o salía del lugar y cuando se encontraba cerca o se dirigía hacia ella.
Era precisamente esa razón por la que era su mesa favorita pues sin distracciones podía concentrarse de lleno en sus estudios y cuando captaba que alguien se dirigía a ella, si en ese momento le apetecía concentrarse en lo que sea que estuviera haciendo, simplemente se levantaba de su asiento y disimuladamente se dirigía a otro lugar, ciertamente se trataba de una actitud un tanto huraña pero Hermione pensaba que para ponerse al corriente con sus tareas a veces era necesario ser un poco egoísta e incluso solitaria, al menos solo en ese aspecto, por que cuando se trataba de un asunto importante siempre estaba dispuesta a brindar apoyo a sus amigos.
Abriendo de par en par ambos libros que anteriormente había marcado con separadores en páginas específicas, sacó de su mochila varios pergaminos, un tintero y su pluma, lista para comenzar a tomar notas.
Tenía una hora libre antes de su siguiente período de clases por lo que la biblioteca se encontraba más sola de lo habitual, no fue muy difícil separarse de Harry y Ron, después de todo el último se había escabullido en cuanto había terminado la clase siendo arrastrado por una melosa Lavender, ambos habían iniciado una relación después del último partido de Quidditch, Hermione no quería pensar mucho en eso así que desde que supo sobre su nueva relación había decidido tomar distancia, se despidió de Harry diciendo que prefería utilizar ese tiempo para adelantar tareas, él por su puesto no vio nada extraño en ese comportamiento y prefirió hacer cualquier otra cosa que pasar su tiempo libre en la biblioteca, ambos estuvieron de acuerdo en verse en su próxima clase.
Lo cierto es que refugiarse en la biblioteca le parecía ciertamente útil para otro propósito además de estudiar, Hermione optó por apartarse de sus amigos más de lo habitual, ya habían pasado dos semanas desde aquella noche pero todavía no soportaba ver a Lavender y a Ron tan juntos, sobretodo por la manía que habían adquirido ambos de besuquearse en cada rincón del castillo, las primeras veces habían sido sumamente dolorosas para ella, al punto de tener que inventar cualquier excusa para largarse a llorar, pero ahora parecía que sus ojos se habían secado y últimamente lo único que sentía cada vez que les veía juntos era fastidio y aunque le costaba admitir, resentimiento.
Debido a eso, prefería evitar cualquier enfrentamiento con Ron en pos de su bienestar emocional, pues en muchas ocasiones ambos se habían enfrascado en acaloradas discusiones que partían prácticamente de cualquier motivo, no podía evitar sentirse molesta por aquellos detalles que nunca le habían agradado de Ron pero que procuraba pasar por alto, ahora simplemente sobrepasaban su límite de paciencia, cosas como el que intentara hablar cada vez que tenía la boca retacada de comida o su inexistente sutileza y sentido común para abordar temas delicados, era como si de pronto le fuera más difícil ignorar esos aspectos y no pudiera evitar hacérselo ver y regañarle por ellos, bueno, más de lo normal.
Durante esas discusiones Harry solía mantenerse al margen y tomaba una distancia prudente en caso de ser necesaria su intervención o en caso de tener que echarse pecho tierra y refugiarse de un contundente ataque, uno nunca sabe.
En el fondo Hermione sabía que eso solamente era un escudo para reprimir todos esos sentimientos que tenía por Ron desde hace tiempo y que por indecisión o miedo no había querido exponer, hasta el día en que le vio rodeando con sus brazos a alguien más.
La oportunidad se había ido y ahora era deber de ella enfrentar las consecuencias, después de todo era una leona y no se iba a pasar toda la vida llorando, así que lo estaba haciendo de la mejor manera en que sabía y podía: ocultándose debajo de una pila de libros, transformando sus sentimientos en fastidio y regaños para sus amigos.
Y era precisamente por eso que ahora más que nunca se enfrascaba en profundas investigaciones acerca de trabajos dados en clase y temas de su interés, entre los cuales había uno que últimamente le daba dolores de cabeza debido a la poca información existente.
Efectivamente, habían pasado dos semanas desde aquella extraña noche, desde que percibió esa silenciosa llamada de auxilio y se propuso como objetivo descubrir lo que pasaba, pero desde entonces no había obtenido nada, ya no había vuelto a hablar con Malfoy desde aquella ocasión y cuando se lo encontraba en los pasillos o compartían alguna clase, él se dedicaba a ignorarle a ella y a prácticamente a todos a su alrededor, siempre acompañado de su característico aire déspota y si por alguna razón encontraba la muy poco cotidiana oportunidad de hablarle, él le dirigía una mirada despectiva y con una ceja alzada respondía mordaz.
Del chico con ojos atormentados y apariencia de llevar un gran peso encima ya no había rastro.
Hermione ya hasta comenzaba a creer que esa ocasión tal vez había sido producto de su imaginación, después de todo en ese momento se encontraba tan dispersa que tal vez su mente le jugó una mala pasada, una en la que el protagonista era el chico que la había tratado mal toda su vida, a fin de cuentas cuando se ponía a pensar en ello toda la situación sonaba como algo muy poco probable, por no decir imposible, además ya no había vuelto a ver esa mirada suplicante, en su lugar cada vez que intentaba mirar se encontraba con unos ojos de acero que parecían insultarla por el simple hecho de haberse atrevido a compartir el mismo espacio vital.
Y a pesar de sus crecientes sospechas de delirio Hermione en más de una ocasión se sorprendió a sí misma pensando que si eso había sido un producto de su imaginación era uno muy bueno, pues durante el tiempo que duró fue capaz de distraerse de asuntos poco agradables y concentrarse en aquellas cosas que realmente importaban. Aún cuando admitirlo ante sí misma le había parecido bastante irreal.
Tan sumida estaba en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando una imponente figura entraba por las grandes puertas de madera y tomaba asiento en un acojinado sillón individual, cerca de la mesa en donde ella estaba, esa figura había tomado un grueso libro cubierto de piel de dragón y justo ahora se encontraba sosteniéndolo con ambas manos frente a su cara, leyendo hábilmente su contenido.
Hermione levantó su cabeza cuando percibió un ligero movimiento por el rabillo del ojo, encontrándose con una platinada cabellera a unas cuantas mesas por delante de ella, él se encontraba de espaldas a su posición por lo que solo podía distinguir sus hombros anchos encorvados en pos de sostener un pesado libro.
De pronto una ligera sensación de vértigo la invadió, era como si frente a ella se hubiera materializado una extraña criatura mágica, un tanto imponente e incluso terrorífica pero al mismo tiempo interesante.
Recordó el rumbo de sus pensamientos minutos atrás y un brillo se vio reflejado en sus ojos, quizás ya era hora de enfrentar a esa criatura, quizás era el momento de resolver de una vez todas sus dudas, ya estaba cansada de debatir consigo misma si se había tratado de un producto de su imaginación o era algo real y ahora que veía a Malfoy solo, en un lugar poco transitado y alejado de ojos curiosos, estaba comenzando a pensar que tal vez no era tan mala idea, a fin de cuentas si obtenía malos resultados tan solo daría un paso atrás y por fin se rendiría, pero si no, entonces podría intentar indagar un poco más y tal vez poseer esa tan valiosa información que escapaba a su comprensión.
Y con eso podría contribuir a algo más, aunque no sabía exactamente el qué y ciertamente cuando intentaba saber la razón por la que se había empecinado en saciar esa curiosidad nacía en ella una confusión tal que prefería dejar de pensar en eso por un rato.
Por lo pronto se encontraba ahí frente a una oportunidad única y decidió que era hora de tomarla, ya descubriría después cuál era precisamente la razón para hacer todo eso.
Lentamente se levantó de su asiento y con cierto nerviosismo comenzó a dar pequeños pasos hacia la otra persona, se regañó mentalmente cuando por un breve momento pensó que tal vez no había sido tan buena idea y se le antojó regresar a la seguridad de su silla, pero pronto se compuso y se obligó a sí misma a seguir su camino, ¡ella era una leona por Dios!, ¿Desde cuándo enfrentarse a Malfoy se había convertido en un motivo suficiente para ponerse nerviosa o querer salir corriendo a refugiarse?, nunca, ni siquiera esa primera vez en que la había llamado sangre sucia, ciertamente la ofendió pero recompuso y desde ese entonces decidió que nunca más se dejaría intimidar por él o por los suyos.
Así que con eso en mente y con un ligero hormigueo en las palmas de sus manos, se dirigió con mayor decisión hacia la pequeña sala que se encontraba más adelante y tomó asiento en un sillón de doble plaza justo enfrente de Malfoy, éste pareció no haberse dado cuenta de su presencia pues continuaba en la misma posición, y ahora podía ver claramente como su ceño se fruncía, al parecer debido a la concentración con la que devoraba las páginas de aquel libro, de vez en cuando movía una de sus manos para cambiar de hoja mientras con la otra hacía fuerza para que el pesado tomo no se cayera y después proseguía a mover sus ojos hábilmente de una lado a otro en el contenido.
Después de pasados unos minutos Hermione se atrevió a hacer un sonoro carraspeo y fue ahí cuando finalmente aquella pesada mirada se posó en ella, abrió un poco más sus ojos en un gesto que ella consideró como sorpresa, pero no pudo estar segura debido a que rápidamente le miró de manera suspicaz.
-¿Se te ofrece algo Granger?- dijo arrastrando las palabras y antes de que pudiera contestar prosiguió -Creí que al menos tendrías algo de sentido común como para darte cuenta de que estoy ocupado- terminó mirándola con fastidio.
Hermione decidió ignorarlo, ya que sabía que una discusión no era precisamente lo que necesitaba para cumplir su objetivo así que tomando un profundo suspiro, habló -¿Qué lees?- no sabía cómo iniciar una conversación así que creyó que lo más fácil era comenzar por algo sencillo.
Malfoy enarcó una ceja -nada de tu incumbencia- haciendo ademán de levantarse prosiguió -Si no tienes más preguntas tontas por hacer, será mejor que me vaya a proseguir mi lectura a otra parte-
-No, espera- eso último había sonado más desesperado de lo que hubiera querido -Hay algo que he querido preguntarte desde hace unos días- mordió su labio inferior un tanto ansiosa.
Malfoy no contestó y se limitó a mirarle, aunque todavía se encontraba un tanto inclinado hacia enfrente con la intención de levantarse en cualquier momento.
-El otro día, en aquella torre, ¿A qué te referías cuando dijiste que no habías vuelto a ser el mismo desde que pensaste en cosas más importantes?, ¿De qué cosas importantes hablabas?- disimuladamente una de sus manos se cerraba con fuerza sobre la otra.
Malfoy solo la miró con semblante mortalmente serio y no dijo nada durante lo que a Hermione le parecieron horas. Cuando finalmente se dignó a hablar la tomó desprevenida.
-No sé de qué me hablas- su ceño se había vuelto a fruncir y ahora apretaba su mano en torno al libro, de tal forma que sus nudillos se habían comenzado a poner más blancos de lo normal -¿Que acaso de tanto confabular con Potter y la comadreja finalmente te volviste loca?- se levantó de su asiento rápidamente -Ya me he cansado de tu presencia, deja de molestar y vuelve al basurero del que hayas venido- y tras mirarla con algo parecido al rencor comenzó a caminar hacia la salida con paso apresurado.
-Malfoy espera- Hermione intentó alcanzarlo y antes de tomar su brazo para detenerlo, él se dio vuelta con la furia reflejada en sus ojos.
Eso le había intimidado un poco pero armándose de valor habló -¿En verdad no sabes de qué estoy hablando? ¿No lo recuerdas ni un poco?- intentó por última vez.
-No tengo idea y será mejor que me dejes en paz, por que como me vuelvas a molestar con tus absurdas ideas o ridículas preguntas desearás no haber abierto la boca nunca, maldita sangre sucia-
Eso fue suficiente para Hermione, así que sin más levantó su barbilla y le dirigió una mirada desafiante -Atrévete a hacer algo Malfoy y entonces serás tú el que desearás no haberte topado en mi camino- tan pronto como lo dijo se dio la vuelta y comenzó a caminar con pasos seguros hacia su mesa, en la que todavía se encontraban sus cosas.
No vio en qué momento Malfoy se fué y no le interesaba, eso era lo que necesitaba para resolver su acertijo y entendió que todo había sido un producto de su imaginación, todavía no entendía cómo había imaginado un momento de paz con ese idiota narcisista, ya era hora de concentrarse de nuevo en sus estudios y dejar de distraerse con ideas ridículas, ya bastante tenía con Ron y sus tonterías.
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Malfoy por su parte caminaba por los pasillos hecho un basilisco, si los otros alumnos eran lo suficiente inteligentes se alejaban de su camino y evitaban mirarle, pero como suele pasar en ese tipo de situaciones, aparecen personas que aprecian muy poco su vida como para atreverse a interrumpir al príncipe de las serpientes.
Siempre hay alguien así, alguien con la suficiente audacia o tal vez estupidez como para interrumpir huracanes y apareció cuando el rubio dobló en una esquina.
-¡Epa! Malfoy tranquilo, ¿Alguien te hizo enojar?- dijo un Moreno de penetrantes ojos castaños, su cabello era rizado y bastante corto, en sus gruesos labios se dibujaba una coqueta sonrisa ladeada y había levantado ambas manos en señal de rendición, a su lado un chico delgado y pálido, de cabello castaño oscuro y ojos azul eléctrico se mantenía serio observando la escena.
-Quítate Zabini, ahora no estoy para tus estupideces- respondió con tono amenazador.
-Pero si yo no te estoy deteniendo, eres libre de pasar por donde quieras- dijo haciéndose a un lado levantando los hombros -Es solo que como buen compañero que soy me preocupé por los intereses de mi líder, ¡Salve oh gran líder!- dijo aquello levantando y bajando ambas manos en forma de ovación mientras inclinaba la cabeza con exageración, el chico a su lado sonrió disimuladamente.
Malfoy soltó un suspiro fastidiado -idiota- y se alejó con la misma rapidez con la que llegó, no sin antes procurar chocar con fuerza uno de sus hombros con Zabini cuando pasó a su lado.
-Esta vez te has pasado, le faltaba poco para sacar su varita y lanzarte hacia el otro lado del pasillo- dijo el chico de cabello castaño.
-No pasa nada Theo, sabía que no lo haría, tiene la cabeza en otro lado como para molestarse en perder el tiempo conmigo- dijo mientras señalaba con el dedo su sien derecha en señal de haber pensado bien ese hecho antes de decir cualquier cosa.
-Uno de estos días realmente te atacará y no seré yo quien te defienda- dijo negando con la cabeza -Tú siempre estás metiéndote en problemas- en tono cansado le miro severamente. Y de esa manera ambos se alejaron de ahí rumbo al gran comedor.
Malfoy había llegado finalmente al baño de prefectos del segundo piso y después de asegurarse de que no había nadie, cerró la puerta con un hechizo y recargó su espalda en el frío mármol, poco a poco se resbaló hasta quedar sentado en el suelo y posó a su lado el pesado libro que hasta hace poco estaba leyendo, cerrando fuertemente sus ojos dejó escapar un sonoro suspiro.
Eso había estado cerca, de no ser por su fuerza de voluntad habría mirado a Granger de nuevo con esa mirada de súplica o peor aún, no aguantaría mucho tiempo en decirle lo que estaba pensando, antes de que ella llegara se encontraba leyendo una muy interesante manera de llevar a cabo su plan y de no ser por su intromisión seguiría en ello por horas.
Desde su bochornoso momento de debilidad hace dos semanas se esforzó en actuar como si nada hubiera pasado y cuando ella finalmente lo confrontó lo había sorprendido tanto que casi cae de nuevo, esperaba que la hubiera ofendido lo suficiente como para que ella se rindiera, todos esos días notó cómo le miraba más de lo normal, casi siempre lo hacía cuando pensaba que él no se daba cuenta, era tan evidente que casi podía oír sus maquinaciones mentales. Él se había concentrado en aparentar ser tan indiferente como siempre, teniendo especial cuidado de volver a su vieja costumbre de insultarla apenas le viera, incluso había incrementado sus insultos hacia Potter y Weasley para no levantar sospechas, aunque con ellos no es que fuera muy difícil esa tarea.
La verdad es que por dentro se encontraba bastante estresado, cada día que pasaba era un día perdido para cumplir su cometido y un día en que ponía más en peligro a su familia y a sí mismo. Todavía no podía entender cómo es que se había mostrado tan débil ante una impura y no cualquier impura, sino ante la sangre sucia amiga de Potter.
Después de aquella ocasión se había sorprendido a sí mismo mirándola disimuladamente después de haberse asegurado de que ella no estuviera observándolo, tras pensar en ello había llegado a la conclusión de que Granger comenzaba a entrometerse porque de alguna manera tenía la intención de convertirlo en su nuevo y extraño caso de caridad, lo cual le parecía bastante estúpido y ofensivo, es decir, ¿Quién ayuda a su peor enemigo?, ¿Que acaso pretendía ignorar de la noche a la mañana años de humillación?, había que ser demasiado estúpido como para hacerlo y aunque sabía de la escasa racionalidad de los leones creía que Granger sería un poco más lista que los demás inútiles de su casa, al parecer se había equivocado.
Además, él era un Malfoy no necesitaba de la caridad de nadie y mucho menos ayuda de una impura, el Señor Tenebroso lo había escogido de entre todos para cumplir con su misión, la vida de su madre dependía de él y no confiaba en nadie como para buscar ayuda, él y solamente él era más que suficiente para cumplir su encargo.
Por lo tanto encontraba todo el asunto con Granger como una pérdida de tiempo, cualquier cosa que no estuviera destinada a cumplir su objetivo era una pérdida de tiempo, así que ahora que había zanjado todo, era momento de volver a concentrarse en lo suyo.
O al menos eso era lo que quería pensar.
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Harry caminaba por los amplios pasillos de Hogwarts rumbo al despacho del director, a su paso algunos alumnos de otras casas detenían su conversación y le miraban, había otros menos educados que simplemente le señalaban mientras decían algo a su acompañante, ya estaba cansado, últimamente eso ocurría en cualquier lugar a donde fuera, le habían llamado "El elegido" en más de una ocasión y comenzaba a creer que eso duraría por un tiempo, al menos hasta que surgiera otro rumor lo bastante interesante como para hacerlos olvidar. No le gustaba ser el centro de atención, se sentía más bien incómodo cada vez que alguien le veía con algo parecido a la admiración por lo tanto la primera vez que un niño de primero le había pedido estrechar su mano su rostro había adquirido un tono tan rojizo que el niño creyó que lo había molestado y rápidamente se alejó pidiendo disculpas, toda esa situación definitivamente estaba resultando ser demasiado agotadora.
Cuando ya se encontraba cerca de la gran estatua que custodiaba la entrada a la oficina de Dumbledore se encontró con una figura vestida completamente de negro, su cabello oscuro y nariz afilada le daban un aspecto un tanto intimidante, desde el otro lado del pasillo se dirigió a él y después de dedicarle una mirada llena de desdén habló -Qué magnífico sentido de heroísmo tiene usted señor Potter, justo cuando requería su presencia aparece inmediatamente- dijo arrastrando las palabras con un notable sarcasmo, cuando Harry iba a responder Snape continuó hablando -Dado la dirección en la que iba debo suponer que se dirigía a la oficina del director, por lo que me temo que tendrá que esperar pues él no se encuentra ahora en el colegio-
-¿Y dónde está?- preguntó Harry entrecerrando los ojos.
-Al parecer no le han enseñado los modales adecuados, pues eso no es de su incumbencia, diez puntos menos por entrometerse en los asuntos de otros- dijo con una mueca que bien podría asemejarse a la satisfacción- sólo estoy cumpliendo un encargo al avisarle pues fue el mismo Dumbledore quien me pidió que lo mantuviera al tanto, pero no es mi responsabilidad responder a sus preguntas- le miró seriamente -Ahora si no tiene otro de sus interesantes comentarios será mejor que se retire o llegará tarde a su clase- sin esperar respuesta dio la vuelta haciendo que su capa se hondeara de manera teatral y siguió su camino en dirección contraria a donde Harry estaba.
Harry molesto por su encuentro se dirigió a su siguiente clase con los puños cerrados y la mente trabajando rápidamente, definitivamente algo estaba ocurriendo si Dumbledore había decidido salir del castillo y le encargó precisamente a Snape que le avisara.
Sí, definitivamente algo ocurría y él que se encargaría de averiguar de qué se trataba.
Los días pasaron uno tras otro, Hermione ya había olvidado casi por completo el incidente con Malfoy, excepto cuando en el Gran comedor le veía rodeado de sus compañeros con una expresión de seriedad en el rostro, sin bromear o hablar más de lo necesario, como si estuviera pensando en algo. Y aún si así fuera ella ya no se molestaría en intentar saber qué era.
Cómo justo ahora, que se encontraba sentada en la mesa de Gryffindor con un plato de comida frente a ella, esperando a ser despachado por su dueña hasta que se dignara a dejar de mirar a cierto rubio, estaba en ello cuando Ron llegó extrañamente solo, pues últimamente siempre estaba junto a Lavender que lo seguía como sombra, y se sentó frente a ella obstruyendo la vista de su objetivo, era mejor así.
Minutos después Harry llegó caminando rápido y como últimamente acostumbraba en su mano sostenía un viejo libro de pociones, antes de sentarse dirigió su vista a la mesa de Slytherin -Algo está ocurriendo- dijo inmediatamente.
-¿A qué te refieres?- Hermione encontraba extraña la actitud de su amigo.
-Desde hace días que Dumbledore no está en el castillo, ya he intentado comunicarme varias veces con él y no responde a mis lechuzas, ni siquiera las recibe, Hedwig regresa con la misma carta que envío, además, he estado observando a Malfoy en el mapa y varias veces al día le he encontrado cerca de la sala de los menesteres y desaparece por un par de horas, últimamente ni siquiera está tan rodeado de su pandilla de siempre - dirigió su vista de nuevo a la mesa de la otra casa.
-Tienefs ragfzón, ni fiquiera nog ha molesftado lo sufigsiente viniendo de él- respondió Ron con la boca llena de comida, pasándose el último bocado de un gran pedazo de carne que había arrancado a una pierna de pollo.
Hermione lo miró con asco y después se dirigió a Harry -¿Me estás diciendo que has estado espiando a Malfoy varias horas al día?- sabía que el chico era sospechoso pero eso le había parecido excesivo.
-Estoy seguro que algo se trae entre manos- eso le sonaba bastante conocido, hasta hace poco ella había tenido el mismo objetivo -Además, sé que tuvo algo que ver con lo que le ocurrió a Katie Bell y ahora que está más raro nunca- dijo decidido.
-¿Todavía sigues con eso Harry?, no podemos estar seguros si realmente él tuvo algo que ver y además, espiarle me parece algo excesivo, se supone que el mapa es para ayudarnos a salir de apuros- dijo Hermione.
-¿Y quién lo dice?, además, si Malfoy está metido en algo y descubrimos de qué se trata entonces definitivamente saldremos de un gran apuro- respondió Ron seguro, a su lado Harry asentía.
-Sea lo que sea en lo que esté metido, si es que lo está, no fue correcto espiarlo- Dios, ni siquiera se reconocía a sí misma, ¿¡Qué rayos estaba diciendo!?.
-¿Y eso desde cuándo importa?, Malfoy siempre ha sido un bastardo con nosotros y si tenemos que espiarle o hacerle algo peor para detenerlo entonces lo haremos- Ron se encontraba bastante orgulloso de sus palabras y al mirar a Harry sabía que él estaba de acuerdo.
-Pues yo no pienso hacerlo- Hermione se levantó de su asiento como un resorte y soltando un bufido fastidiado se dirigió a la puertas del comedor sin mirar atrás.
Ya había salido del lugar y avanzado varios pasos decidida cuando de pronto se detuvo en su andar, ¿Que acababa de pasar?, ¿Por qué es que le había molestado tanto el que espiaran a Malfoy y sobretodo que insinuaran hacerle algo para detenerle?, últimamente se estaba desconociendo a sí misma y no sabía cuál era la razón para comportarse así, eso no le estaba gustando, incluso ya comenzaba a asustarle.
Definitivamente no era quien para velar por la privacidad o intereses de alguien que le había tratado mal tantas veces, es decir ella se consideraba a sí misma amable, se podría decir incluso que le agradaba defender causas perdidas pero esto estaba fuera de su límite, ni si quiera ella era tan tonta como para proteger a su peor enemigo.
-Ya es hora de dejar ese complejo de querer salvar a todos Hermione- se dijo a sí misma y con renovada actitud se dirigió a la biblioteca, de pronto ya no tenía hambre.
¡Hola!
He vuelto y he decidido que continuaré con esta historia, haré lo mejor que pueda o al menos lo que dure mi inspiración.
Quiero agradecer a quienes dedicaron una parte de su tiempo y me escribieron haciéndome saber su opinión, leerles alegra mi día, también, a quienes añadieron esta historia a favoritos, eso me motiva a continuar escribiendo.
Espero que les haya gustado este capítulo, si es así por favor háganme saberlo en sus Reviews, me encantaría leer su opinión sobre lo que escribo y de nuevo disculpen las faltas de ortografía que se me pudieron haber pasado.
Nos leemos pronto.
