•
LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.
•
•
-27-
ESPEJISMOS
-capítulo inmenso, sorry-
Capítulo dedicado a Wolf Enzeru, gracias por la ayuda.
•
•
Sasuke continuó besando los labios de Hinata al tenerla recostada sobre su blando colchón, al haberla cargado hasta su cama. La piel de la agotada Hyuuga se erizó ante el contacto de la piel desnuda del Uchiha sobre la suya, al estar bajo las mantas; habían terminado sudando luego de esa entrega en la sala y él la había cargado hasta ahí, sólo para volver a hacérselo sobre la cama.
La tormenta todavía caía sobre la ciudad que había ennegrecido considerablemente y Hinata, agitada en esa habitación apenas iluminada, se esforzaba por corresponder los besos del pelinegro sobre ella.
—Debo irme ya— habló en voz baja, íntima, sobre los labios de Sasuke.
—Es pronto todavía— la voz tan ronca de él la hizo estremecer, cuando con sus brazos a ambos lados de su rostro, deslizó sus labios a su oído, mordiéndole el lóbulo.
Ella ladeó su cabeza, todavía estaba agitada y agotada porque hacía menos de cinco minutos ella había alcanzado su tercer orgasmo de esa tarde-noche.
—He… he estado aquí por más de dos horas— le recordó al llevar su mano al cuello del moreno —. Le dije a mi hermana que regresaría pronto.
—Hinata— él intentó quejarse.
—Es su última noche aquí— lo interrumpió al llevar sus ojos que parecían brillar en esa oscuridad parcial, a los tan negros de él —. No la veré en al menos medio año más— dijo sin dejar de verlo.
Él guardó silencio para terminar resoplando con fastidio.
—Joder.
La peliazul se mordió el labio y finalmente sonrió; después, se ruborizó cuando él dejó caer su espalda sobre el colchón.
—Po-podríamos vernos ma-mañana— sugirió al apenas sentarse mientras se tapaba los senos con las mantas, en un acto de pudor que él consideró innecesario.
Los ojos negros se deslizaron a ella y por dos segundos no dijo nada.
—Bien. Te veré en la universidad.
Ella intentó decir algo pero se detuvo, sólo para después terminar asintiendo en silencio.
—Entonces me voy.
—Yo te llevo— mencionó el pelinegro mientras se sentaba.
—No— se apresuró a responder ahí de pie y desnuda en medio de esa habitación. El frío le caló al sólo poder cubrirse sus senos con ambos brazos —. Só-sólo podrías prestarme un paraguas… será más rápido si sólo cruzo la avenida— explicó nerviosa ante la negra mirada puesta en ella.
Sasuke se molestó —Tsk. Cómo quieras— respondió al volverse a tumbar en la cama. Ella le sonrió y agradeció con una leve inclinación del rostro, para de inmediato dirigirse a la sala en busca de su ropa.
El Uchiha dejó de verle el bonito trasero que su largo pelo no le alcanzaba a cubrir, y suspiró luego de escucharla revolver las cosas en su sala. ¿Cómo demonios había caído en esa situación? Un calor que le molestó el pecho comenzó a surgir.
—Joder— se levantó y buscó algo de ropa.
Enamorarse de esa tonta chica nunca fue parte de sus planes, sonrió de medio lado en una mezcla de ironía y molestia mientras se vestía. Bien, ahora sí que estaba jodido.
Un par de minutos más tarde mientras Hinata terminaba de vestirse y alisar su cabello, la presencia fría y altiva del pelinegro en la sala, la sorprendió.
—Vámonos— ordenó el joven al voltearla a ver.
—Pero…
—De cualquier manera tengo que salir— la interrumpió el joven. Hinata se iba a ir y él no pretendía sólo quedarse acostado pensando en su patética realidad, no, necesitaba un par de tragos.
• • •
Casi a las diez y luego que Sasuke la dejara a las puertas del edificio donde residía, Hinata entró por fin a su departamento.
—Hey, al fin apareces, comenzaba a preocuparme— saludó Hanabi que sentada frente a la pantalla de la sala, veía una serie y comía palomitas —. Olvidaste tu móvil.
Hinata se rascó una mejilla avergonzada, al final, había pasado más tiempo del que debería con Sasuke.
—Lo siento, ¿quieres que te ayude con tu equipaje?
La castaña negó —Me he encargado ya— dijo y la vio de arriba abajo —. ¿Quieres ver un par de capítulos?— ofreció — Hice palomitas.
Hinata sonrió —Sólo me daré una ducha rápida— asintió y mencionó para luego comenzar a caminar a su habitación, necesitaba quitarse de la piel el aroma del perfume del Uchiha y del sudor que compartieron.
—Bien. Y por cierto, ¿tuviste surte con eso que necesitabas hacer?
La peliazul se detuvo antes de perderse del alcance visual de su hermana y casi enrojece al recordar lo que terminó haciendo.
—A-algo así— respondió y se apresuró a su habitación sin esperar otro comentario.
Más de tres horas después, Hinata estaba casi recostada sobre su largo sofá, al haber convertido ese par de capítulos que supuestamente verían, en una mini maratón de la serie favorita de su hermana.
Hanabi, con las piernas recogidas sobre el sofá, se cubrió con la manta que la peliazul había llevado horas atrás. El opening de un nuevo capítulo estaba corriendo cuando los ojos perlados y ligeramente fríos de la castaña se dirigieron a su hermana. La mayor de las Hyuuga abrazaba uno de sus cojines mientras, de lado, se recargaba en el respaldo del sofá; Hanabi se le acercó a subir hasta los hombros la manta que se le había resbalado y negó en silencio… Hinata había cambiado, seguía siendo despistada y demasiado noble, pero parecía estarse adaptando bien a su nueva vida fuera de la mansión, se veía más madura, más fuerte. Volvió a admirar a su hermana como cuando niñas, mucho más.
Ojalá que Hinata no terminara enamorada de ese Uchiha, porque temía a los problemas que pudieran surgirle, aunque para su desgracia, algo le decía que su querida hermana se había encarrilado justo por ese camino.
•
O.O.O.O.O
•
El lunes siguiente un tenue sol pareció asomarse, sin lograr disipar el frío que esa temporada invernal venía dejando. Luego del día anterior haberlo pasado casi completo con Neji después de dejar a Hanabi en el aeropuerto, Hinata ya se encontraba preparada para retomar su rutina escolar.
—Entonces, tu hermana se ha ido ya— habló Matsuri que como ella ya estaba sentada en su lugar esperando que Iruka sensei llegara y comenzar ese taller que solían tener cada décimo día.
Hinata volteó a verla al asentirle desanimada.
—Debes sentirte triste— dedujo la castaña.
—La verdad sí, no creí que el departamento se sintiese tan vacío sin ella— confesó y sonrió sin muchas ganas.
La castaña se mordió un labio, pensando qué decir para animarla, pero entonces se percataron como los alumnos superiores llegaban al aula y ambas voltearon a ver.
La mirada perlada de la peliazul que vestía jeans oscuros, blusa negra de cuello alto y un delgado abrigo beige, buscó y se unió a los ojos negros del Uchiha. Lo vio por unos segundos y sentirse observada por él mientras caminaba en su dirección, le provocó un cosquilleo en el estómago que la hizo bajar la mirada cuando él pasó a su lado, directo a los asientos de atrás.
—Hey, Hinata— la voz de Naruto la hizo volver a alzar su vista.
—Ho-hola, Naruto— saludó cuando el chico seguía los pasos de su siempre amigo.
El rubio le sonrió y luego dejó de verla para volver su mirada seria, al ver a Sasuke que se sentaba con aparente despreocupación. Ese día Sasuke por fin volvía a asistir a clases luego de que la semana pasada apenas asistiera dos días, y aunque le daba gusto verlo, no podía evitar esa molestia al sentir que algo estaba pasando frente a su nariz y no podía verlo.
Se sentó al lado del Uchiha y esta vez no le habló como de costumbre. Iruka llegó y comenzó el taller y él pretendió poner atención a lo que tanto su profesor, como compañeros de generación exponían, pero la verdad era que no lograba quitarse de la cabeza lo ocurrido aquella tarde en el parque de diversiones, y menos, al creer haber visto cierta complicidad en la mirada de Hinata y Sasuke hace un momento; era estúpido, creyó, pero en esta ocasión Hinata se le había quedado viendo al moreno y a él ni siquiera lo había notado, cuando siempre solía ser al revés.
—Joder— susurró al rascarse su rubia y revuelta cabellera. ¿Estaría paranoico o de verdad esos dos se traían algo?
Al Uchiha a su lado le extrañó ligeramente lo molesto que se veía el Uzumaki y lo callado que se encontraba, pero optó por ignorarlo, tampoco era como si se fuese a preocupar por eso, no cuando tenía sus propios problemas… problemas con nombre y apellido.
Cerca de finalizar la clase, el pelinegro sacó su móvil y comenzó a escribir un texto, esto, ante la mirada de reojo del rubio que parecía aburrirse en clase. El Uchiha presionó el botón de enviar y un móvil en esa misma aula vibró. Naruto frunció el ceño y Sasuke maldijo internamente; Hinata extrajo su móvil para extrañez del ojiazul, por suerte ella a pesar de verse tensa, no volteó atrás, cosa que hubiese sido realmente sospechosa para el Uzumaki. Sasuke por su parte no dejó su móvil, confundiendo un poco más al rubio que justo en ese momento no podía asegurar si el mensaje que envió, había sido el que Hinata recibió, o sólo era una extraña coincidencia.
Pese a no poderse asegurar nada, una molesta sensación se posó en el interior del rubio.
Menos de veinte minutos después, el taller terminaría y Hinata junto a Matsuri y los alumnos de las primeras filas, serían los primeros en abandonar el aula.
El Uchiha tomaría su tiempo para cerrar un libro y una libreta en los que había estado trabajando y devolverlos a su mochila.
—¿Vienes?— su voz gruesa sonó al voltear a ver al rubio de reojo.
Naruto se puso de pie y asintió apenas perceptiblemente, después de todo, su siguiente clase también la tenían juntos.
Cuando el pelinegro se echó la mochila al hombro y comenzó a bajar los alargados peldaños que formaban el desnivel de esas aulas, Naruto finalmente no pudo más.
—¿Qué ocurre entre tú y Hinata?— el tono serio del rubio detuvo los pasos del Uchiha, y también hizo voltear a un par más de sus compañeros que seguían por ahí.
—¿Qué ocurre de qué?— preguntó el moreno con sus manos en los bolsillos del pantalón.
Naruto achicó los ojos y se le acercó —Ese día en el parque me pareció verlos demasiado cerca— le dijo lo que a ella no se atrevió —. Llegué a pensar que era mi imaginación por cómo la habías sacado del apuro, en el que yo sin darme cuenta la metía.
La mirada negra y seria siguió puesta en la igual azulina.
—Y hace un momento…
—¿Hace un momento, qué?— interrumpió fría y toscamente —¿Qué, Naruto?— preguntó encarándolo — Me parece que le das demasiadas vueltas al asunto. ¿Por qué demonios sigues metiéndote en lo que no te importa?
—¡Por supuesto que me importa! ¡Hinata me importa y tú lo sabes!
—Mph— el pelinegro sonrió de medio lado —¿Y tú, le importas?— su tono gélido y obstinado molestó al rubio — Creo que eres el único que no entiende qué demonios pasa— aclaró —. Y no, entre ella y yo no ocurre nada que debas saber— optó por decir, pues ahora que era consciente de lo que sentía por la Hyuuga, lo que menos quería era a gente metiendo su nariz entre ellos, no hasta no sentirla plenamente segura con él —; así que mejor pregúntate tú qué demonios celas, porque para todos está más que claro que a ella no le importas. Deja de hacer el ridículo, si le importaras, no te hubiese mandado al diablo— dijo y avanzó haciendo al rubio gruñir frustrado y apretar los puños al solo verlo.
—Maldito, teme.
Los ojos azules se cargaron de molestia y por un momento pareció ubicarse en una realidad que no le gustó. Las palabras del pelinegro, aunque crueles, parecían ser verdad. Tragó pesadamente antes de resoplar molesto y salir de ahí. Joder, odiaba que Sasuke lo dejase siempre con medias ideas.
¿Tenía o no tenía nada con Hinata?
Se rascó la cabeza frustrado mientras salía… de tenerlo, lo hubiese dicho, ¿cierto? Entonces bufó queriendo quitarse aquella mala sensación que esos dos juntos le provocaban, confiaría en conocer a su amigo, Sasuke no tendría por qué ocultarle nada.
•
O.O.O.O.O
•
Un par de horas más tarde y con los rayos del sol notablemente más ocultos que en la mañana, Hinata esperaba recargada en la malla que rodeaba la alta terraza de su facultad, al haber terminado su clase minutos antes de la hora del almuerzo. El viento le ondeó el largo cabello mientras ella, en un acto que demostraba inseguridad, se llevaba la pequeña luna de su colguije a los labios.
—Hey, ¿tú por aquí?— una voz ronca la hizo respingar y voltear atrás.
Los ojos perlados mostraron sorpresa al ver al chico pelirrojo. Le sonrió con un poco de nerviosismo.
—Ah, pues, sí… No, no te había visto, ¿tienes mucho aquí?— terminó por decir al darse cuenta que no iba llegando.
El chico asintió al apoyar su mano sobre la maya verde y asomarse sin interés hacia abajo.
—Me salté una clase.
—¿En serio?
El pelirrojo de verdes ojos volvió a asentir.
—E-eso no es muy inteligente— dijo ella haciéndolo sonreír —, ya no estamos en el instituto y las clases son muy…
El de pelo rojo le dio un golpe en la frente y eso la silenció.
—Descuida, no tengo ningún problema con mis calificaciones como supongo que crees.
—¿Ah, no?— preguntó ingenuamente y cuando él negó, ella se ruborizó — Si-siento haberlo creído.
—Deja de disculparte y mejor dime, ¿qué haces aquí?
—Ah…— ella abrió los ojos sorprendida y luego desvió la mirada, incómoda.
—Déjame adivinar— habló el joven al recargarse casi completamente sobre la malla, dejando que el aire helado también le revolviera su rebelde cabellera —, esperas a ese tipo.
Hinata, sabiendo que él sabía o intuía lo que ocurría con Sasuke, terminó por asentir despacio.
—Siempre me pregunté qué tiene a una chica como tú, con alguien como él. ¿No estabas tú enamorada del imbécil rubio?
Ella negó con firmeza —Ah, no… no era así.
—¿Ah, no?— insistió, pues no debía ser muy inteligente para notarlo. Ella volvió a negar. La mirada verde, fría y analítica la vio de arriba abajo y Hinata se sintió incómoda.
Ella bajó su mirada y comenzó a jugar con sus dedos.
—Yo…, bueno, él no debe tardar en llegar y…— terminó por decir con voz suave.
Los labios del pelirrojo se curvaron en una sonrisa de burla y luego sus ojos verdes, como los casi lilas de Hinata viajaron a la puerta de acceso a esa terraza, al percatarse que alguien entraba.
La mirada de la Hyuuga se percató del preciso instante, en que la mirada desinteresada de Sasuke se volvió molesta al verla con Gaara. Una sensación de cosquilleo surgió en su estómago al ver a ese alto y atractivo pelinegro dirigir sus pasos a ella. Mordió el interior de su labio conteniendo sus ansias.
—Claro— respondió luego de unos segundos el chico de Suna, y luego sonrió con malicia —, veo que te gustan los sinvergüenzas. Si alguna vez te aburres de él, ya te he dicho que puedes contar conmigo— añadió asegurándose que el Uchiha lo escuchara a pesar de estar a un par de metros de distancia.
Ella perdió el aliento y no dijo nada al saber que más que en serio, él lo decía por molestar a Sasuke; Gaara comenzó a caminar y su sonrisa de autosuficiencia se ensanchó más, ahora molesto, cuando el soberbio y alto pelinegro pasó a su lado, ignorándolo, en una clara muestra de superioridad al ser él el que se proclamaba dueño de esa chica, aunque el pelirrojo pareciese olvidarlo.
—Lle-llegaste— mencionó ella que seguía jugando con sus dedos.
Ambos escucharon cómo la puerta se abrió y cerró, dejándolos solos. La mirada negra volteó de reojo, confirmándolo.
—¿Qué hacías con él?— preguntó secamente.
Ella negó —Aquí estaba cuando llegué.
El Uchiha gruñó para sus adentros al acercarse más a ella y apoyar sus manos en la verde malla. Hinata aun sintiéndose acorralada, no dejó de ver esas negras orbes que se posaban en sus ojos.
—¿Para qué querías verme?— preguntó en voz baja al no soportar su silencio.
Él la observó un poco más, no tan convencido –por lo que acababa de ver-, de lo que diría. Hinata tragó ligeramente y él bajó una de sus manos a acariciarle una de sus mejillas.
—Haremos lo que querías— ella frunció el ceño ante su voz seca —. Mantendremos el secreto.
—¿Eh?… ¿Po-por qué?
Él achicó los ojos —¿No era lo que querías?— preguntó al soltarla.
—Ah, bueno, sí. Sí, pero…
—Naruto sospecha algo— la interrumpió al girar su cuerpo, dejándola libre. Metió las manos otra vez a sus bolsillos.
Los ojos perlados se abrieron con sorpresa y él estuvo seguro que era la mejor opción. A Hinata estúpidamente seguían preocupándole los demás, y aunque a él no lo hacían, también era cierto que entre más gente lo supiese, era más fácil que esa noticia llegara también a la familia Hyuuga; y esto, era definitivamente algo contra lo que ella no podría luchar, y a decir verdad, él tampoco podría hacerlo solo. Por eso la necesitaba enamorada de él… y para ello requería tiempo.
—¿Qué… qué te ha dicho?
Él volvió a girarse a verla, manteniendo su distancia.
—Que le pareció raro vernos aquél día en la feria.
Ella dejó escapar el aliento y luego se mordió el labio al bajar la mirada.
Los ojos negros no dejaron de verla —¿Sigues enamorada de él?— su voz se escapó seca y con insistencia buscaba encontrar algo que la delatase.
Los asustados y perlados ojos se abrieron grandemente al verlo. Negó despacio.
—No… no, no es eso— dijo y volvió a bajar la mirada al suelo al dejar escapar el aliento.
Él achicó sus ojos —¿Ah, no?— preguntó y la hizo verlo al sujetarla de la barbilla con un poco más de firmeza de la necesaria.
Ella negó con el rostro tanto como pudo.
La mirada negra y celosa detalló su expresión sincera pero preocupada.
—Más te vale, Hinata— susurró roncamente antes de jalarla a él y besarle los labios. Ella apretó los ojos cuando sintió que las manos masculinas la sujetaron posesivas, una en su cuello y nuca, y la otra en su espalda.
Las manos de la joven temblaron antes de sujetarse inseguras a los costados de la chaqueta de piel del ojinegro. Sasuke permitió que el aire en sus pulmones escaseara antes de sólo repetir pequeños besos sobre los labios rosados de la Hyuuga.
Cuando el agarre masculino se debilitó suavemente, ella se alejó un poco y ruborizada.
—E-entonces debemos de dejar de vernos aquí— dedujo al soltarlo y morder suavemente su labio inferior que aún conservaba ese cosquilleo que los besos del chico le provocaban.
Él asintió sin gustarle mucho la idea.
Hinata estuvo a punto de decir algo más, pero en eso su móvil vibró en el bolsillo trasero de su pantalón, haciéndola respingar. Lo extrajo y observó que quien mandaba ese texto era Ino.
Sasuke le arrebató el aparato de las manos y observó quién los interrumpía.
—Mantén esta cosa en silencio— le dijo al lanzárselo a sus manos.
Hinata lo sujetó de dos torpes movimientos y asintió al recordar el momento incómodo que pasó en aquél taller.
—Bi-bien… ahm, entonces, debo irme— dijo finalmente y retrocedió un paso para dirigirse a la puerta.
Sasuke sólo la vio de medio lado y ella asintió a modo de despedida, salió de ahí dejando al joven sólo, el mismo que no tardaría mucho en buscar una banca cercana y acostarse en ella.
Con dos de sus dedos el Uchiha apretó el puente de su nariz y resopló con cansancio. En el cielo varias nubes grises se empalmaban ocultando por completo el sol que ese día había salido y él cerró los ojos. ¿Cuánto sería capaz de estar así?
•
O.O.O.O.O
•
Luego de ese día, el tiempo pareció pasar volando. Sin darse cuenta Hinata comenzó a acostumbrarse a la presencia cada vez más cercana del Uchiha en su vida, a cuidar su intimidad de terceros, evitando incluso hablar con Ino que era la única de sus amigos que sabía lo que ambos tenían.
Habían pasado varias semanas y las cosas marchaban con aparente calma, ya estaban en febrero y los exámenes eran casi nulos, y así lo serían hasta el mes siguiente, cuando estuviesen a mitad del semestre, eso le estaba dando un poco de calma.
La situación con sus amigos se podría considerar normal, con los días Naruto había dejado de lado sus sospechas y poco a poco volvió a ser el hiperactivo chico ocupado entre materias y en la escuadra de baloncesto. Sakura también parecía relajada a su lado y esto la hacía sentir mal, aunque por otro lado la tranquilizaba pues no tenía que estar evadiendo preguntas con dobles intenciones de la pelirrosa. Ino y Shikamaru hablaban más aunque no era como si hubiesen arreglado del todo sus problemas, la única diferencia era que la rubia ya no estaba tan a la defensiva con el chico que cada vez tenía más responsabilidades. Y en su familia, su padre seguía estando ausente, por lo que era con Neji con quien más seguía conviviendo.
Todo parecía ir bien, de hecho, incluso con la familia Uchiha había un momento de tenue paz al estar Mikoto estable de salud, delicada, pero estable, y eso era muy bueno teniendo en cuenta su condición. El grado de apego de la peliazul con la familia de Sasuke había incrementado al punto de que Mikoto un par de veces la había invitado a compartir comida, siendo sólo Itachi y su prometida los únicos presentes además de ella.
Hinata suspiró estando en su habitación.
Eran las cinco más veinte en el reloj sobre su buró, y un viento fresco hacía ondear la cortina de la ventana que en esta ocasión se encontraba abierta, dejando entrar el sonido de los autos andando por la avenida.
Hinata permanecía recostada boca abajo sobre su cama, con su computador y una libreta frente a ella; sus ojos perlados dejaron de ver la pantalla y se dispuso a escribir algo que consideró importante. Estaba agotada y tenía unas extrañas ganas de sólo descansar luego de la doble sesión deportiva que ese día habían tenido; suspiró y siguió escribiendo.
Razonamiento cuantitativo, bien, no era la materia que más le emocionaba pero sí una básica para su carrera. Cerró los ojos casi con pesadez mientras se aseguraba que estudiar en la cama no era muy buena idea; estaba a punto de dejar caer su frente sobre su portátil cuando escuchó que la puerta de la entrada se abrió. Un cosquilleo en el estómago la invadió al saber quién era la única persona que tenía llave del apartamento aparte de ella; menos de un minuto después, la alta figura de un elegante Uchiha apareció en el umbral de la puerta de su habitación.
Hinata se ruborizó al verlo recargarse en el marco de la puerta y verla con atención. Ella se sintió de pronto poca cosa ante su presencia, pues se había duchado al apenas llegar para deshacerse del sudor de su cuerpo luego de la clase de deportes, y ahora sólo vestía una pijama semi holgada color lila y unos calcetines calientitos.
—Ho-hola.
Sasuke alzó su rostro en respuesta.
—¿Qué haces?— preguntó al entrar a pasos lentos y sentarse en la cama.
—Adelanto una tarea— respondió al volver a ver su computador.
Los ojos negros viajaron a la pantalla y a lo escrito en el cuaderno, comprobando en silencio que la información que ella recababa era la adecuada. El moreno dejó escapar el aliento discretamente y entonces se recostó también sobre la cama, apoyando su cabeza en la espalda baja de la joven, mezclando su negro cabello con el largo y azulino de ella. Hinata se ruborizó a pesar que no era la primera vez que algo así ocurría, e intentó seguir escribiendo.
—¿Vas a salir?— preguntó al darse cuenta que no vestía lo mismo que esa mañana y parecía demasiado arreglado como para sólo ir a verla.
—Veré a Itachi en un rato más— respondió secamente, con su mirada fija en el blanco techo de esa habitación.
—Ya veo— respondió y devolvió su atención a lo que escribía. Corrieron un par de minutos y Sasuke no dijo nada, por lo que ella, con un cosquilleo en el estómago, entendió que sólo había ido a verla. Eso se sintió como si fueran una verdadera pareja.
Cuando la peliazul estaba a punto de preguntarle qué tal había estado su día, una llamada entrante hizo vibrar su celular. Ella volteó de medio lado viendo su móvil a un par de centímetros de su libreta, estaba a punto de tomarlo cuando sintió a Sasuke levantarse y hacerlo primero; su mirada fue entonces al chico de ojos negros.
—¿Quién es?
—El tal Neji— respondió entregándole el aparato y volviendo a tumbarse en la cama de mala manera, esta vez, paralelamente a ella.
Hinata respondió al deslizar su dedo sobre la pantalla del móvil y los ojos negros del Uchiha, que se apoyaba en sus brazos tras su cabeza, la vieron saludar con amabilidad al castaño del otro lado de la línea.
—En realidad, justo ahora estoy un poco ocupada— explicó la joven que se mordió un labio, insegura —, pero… pero ¿qué te parece ir a cenar más tarde?— agregó haciendo gruñir internamente al pelinegro que había preferido dejar de verla.
Hinata sonrió y asintió un par de veces, confirmó la hora a las ocho más treinta y finalizó la llamada.
—Así que saldrás— soltó el Uchiha viéndola de reojo.
Ella asintió despacio.
—Mi… mi niisan estaba por venir para acá, pero preferí verlo más tarde— explicó.
Sasuke volteó a verla, él acostado boca arriba, y ella boca abajo, a varios centímetros de distancia.
—¿Y por qué mejor no te negaste?— preguntó secamente.
Ella negó en silencio —No tenía por qué hacerlo— dijo volviendo su atención a su computador, que para ese momento ya desplegaba el protector de pantalla. El silencio que se hizo le habló de la molestia de Sasuke, pues sabía bien del desagrado que ambos chicos se tenían —. Mi niisan es…
—Deja de llamarlo así— ordenó el pelinegro viéndola de medio lado —. Él es tu primo, no tu hermano— aclaró —; estoy seguro que no te ve sólo como una hermana, así que deja de ser tan confiada.
Ella frunció el ceño al verlo —Neji no es una persona de la que tenga que cuidarme.
Él sonrió con ironía —En este mundo todos lo son.
Ella lo vio unos segundos y luego tragó ligeramente para terminar negando en silencio al dejar de verlo.
—Neji niisan es la persona en la que más confío. Él nunca haría nada que me lastimara, ni a mí, ni a mi hermana— aseguró con voz suave y un tinte de añoranza que molestó al pelinegro que terminó por resoplar fastidiado y volver su vista al techo.
—Pareces demasiado agradecida con él— agregó ocultando su molestia y tinte de celos bajo lo seca de su voz.
Ella sonrió —Cuando mi padre decidió echarme de la casa, a él no le importó meterse en problemas para hacerme la vida menos dura— confesó olvidando la vergüenza de recordar aquellos días.
—¿Te echó?— él frunció el ceño y regresó su vista de medio lado a ella.
Hinata asintió y no quiso verlo, al jugar a presionar la barra espaciadora de su portátil, sintiendo entonces pena por eso.
—¿Por qué? ¿Por qué haría tal cosa, si tu familia es tan enfermamente tradicionalista?— preguntó lo que siempre le dio curiosidad, una Hyuuga, una heredera de esa familia, nunca se había visto viviendo fuera de sus territorios.
Ella llevó su mirada a él y tragó ligeramente antes de responder —Papá dijo que era débil, patética, indigna de mi apellido— respondió y le sonrió sin ánimo, sin darse cuenta que su respuesta lo molestó —. Ese día debió de haber estado muy molesto porque no sólo me echó de la casa, sino que también envió a mi hermana a un internado y a Neji lo absorbió mucho más en las empresas.
—Tu padre es un imbécil, igual que el mío.
Ella sonrió y negó —Él sólo quería hacerme fuerte, independiente. Forjarme un carácter— explicó y regresó su atención a su computador.
—Es un maldito cretino— susurró molesto el pelinegro. ¿A qué se refería Hinata con eso de querer forjarle un carácter? ¿Qué aquél imbécil no se daba cuenta que ella ya tenía uno?... uno estúpidamente noble, pero tan fuerte que ni él mismo que se empeñó en cambiarlo, lo había logrado. Maldición, la sensación de asco que escuchar eso le provocaba, se acrecentaba al recordar lo cabrón que él había sido con ella cuando esa chica ya la estaba pasando mal.
—Aunque aun así— agregó Hinata ganándose otra vez una mirada de reojo del Uchiha—, él me dio este departamento y me da una mensualidad que si sé organizar, alcanza a cubrir los gastos del mismo y mis necesidades.
—Eso no le quita lo cretino, el dinero que él tiene, por derecho de sangre, también te corresponde— soltó con molestia, pues Hinata parecía estarse sólo conformando con lo que le daban, y no exigiendo lo que le correspondía, como en su momento él mismo había hecho.—. ¿Y de verdad te alcanza?— preguntó eso otro que le preocupó.
Ella asintió —Casi siempre, y cuando no, mi niisan suele ayudarme— dijo con un poco de vergüenza al recordar los primeros meses en ese lugar.
Sasuke frunció el ceño —Entonces estar aquí sólo te ha hecho más cercana a él, ¿cierto?
—Algo así— aceptó ella.
El Uchiha negó en silencio, al creer entender lo que podía estar pasando.
—¿Y aun así dudas de las intenciones detrás de ese cariño que se te ha infundido por él?
Ella volteó a verlo con el ceño fruncido —¿De qué hablas? ¿Infundir?— preguntó extrañada. A ella nadie le había infundido cariño por Neji, todo fue innato.
—Dime, Hinata, ¿tú qué tanto sabes de los matrimonios arreglados que se dan en tu familia?— soltó viéndola de medio lado.
Ella abrió los ojos con un poco de sorpresa —Ah, bu-bueno… e-eso sí solía pasar… pero…
—¿Pero?— presionó.
—Pero… pero cuando mamá murió, papá le prometió que eso no ocurriría con nosotros— dijo y tragó ligeramente al sentir cierta desazón comenzar a quemarle el pecho, luego de recordar que sus padres, antes de ser esposos, eran primos.
Sasuke negó con ironía —Por todos es sabido que en tu familia se casan entre ustedes, ¿crees que eso cambie por una simple promesa?
Ella frunció el ceño al no dejar de ver sus ojos fríamente negros. Perdió el aliento.
—¿Y si no pretenden obligarte, Hinata?— preguntó con suspicacia — Tal vez ese cariño que le tienes a tu primo, sea el principio de algo que a tu familia le conviene.
—Mi niisan no se prestaría a algo tan bajo— aclaró de inmediato la sorprendida joven.
—¿Y tu padre?— preguntó a cambio. Neji sentía algo por ella y eso era innegable, y tal vez a él podría concederle el beneficio de la duda, posiblemente el imbécil castaño sí se pudo enamorar de ella netamente; pero eso no quitaba el hecho de que a Hiashi Hyuuga le convenía tener siempre su poderío económico encapsulado estrictamente en su familia, no por nada, habían pasado generaciones enteras casándose entre ellos.
La peliazul bajó su mirada.
—¿Me vas a decir que nunca lo habías pensado?
Ella negó.
—Joder. Sólo tú puedes ser tan ingenua— soltó frustrado y luego resopló con cansancio. Ahora todo parecía tener sentido ante sus ojos.
Hinata dejó escapar el aliento y de pronto lo dicho por él, la enfermó. Se acostó apoyando su espalda en el mullido colchón y guardó silencio.
Los ojos negros la vieron de reojo y le notaron el semblante descompuesto.
—¿Qué te ocurre?— preguntó con curiosidad.
Ella comenzó a jugar con los dedos de sus manos a la altura de su vientre.
—Que… que como tú dijiste… mi familia es muy tradicionalista y…— comenzó haciéndolo fruncir el ceño —, y bueno… si, si al final lo que estás suponiendo es cierto y… y me hacen casarme, con Neji o quién sea… bueno, bueno pues, esa persona notará que yo… que yo ya no soy… virgen— finalizó con una mezcla de sentimientos, sus manos estaban frías por el miedo que eso logró infundirle, pero sus mejillas estaban sonrojadas por haber dicho eso, y también por ser consciente de las veces que ella y él se habían comportado como un par de esposos, al reclamar y entregar sus cuerpos al otro.
Hinata dejó escapar el aliento y tapó su rostro con sus manos, estaría en un muy grave problema. El Uchiha se subió en su cuerpo, celoso, y molesto con ella al haberse atrevido a imaginar entregándose a otro. Tomó sus dos manos y las apretó en el colchón a cada lado de su rostro; los ojos perlados y todavía angustiados vieron el tenso y perfecto rostro masculino de ese ser sobre ella.
Sasuke acortó distancias entre sus rostros.
—Saca eso de tu mente, Hinata— ordenó celoso.
Ella negó despacio, sin poder alejar la preocupación por el problema que la ausencia de su virginidad podría atraerle en un futuro no tan lejano.
—Sólo…— volvió a hablar él con tono ronco luego de unos segundos viéndola respirar agitada —, sólo mantén a ese tipo a distancia— agregó para luego deslizar su negra mirada de los ojos perlados, a los que consideraba sus preciosos senos bajo esa ropa de dormir.
Hinata asintió sin saber por qué, Sasuke volvió a verla a los ojos para otra vez volver su atención a sus senos; llevó una de sus manos a desabrochar el primer botón y ella perdió el aliento. El pelinegro apoyó más su cuerpo sobre ella y cuando un segundo botón fue desabrochado, los dos pezones de la Hyuuga se endurecieron ante la calma con la que él estaba actuando. Entonces, el miedo y nerviosismo que ella había estado experimentando, fueron sucumbiendo ante la pasiva perversión que Sasuke estaba emanando.
El dedo índice y medio de la mano derecha del chico se coló bajo el delgado encaje del sostén de Hinata, y ésta tembló al sentir la calidez de su mano. Lo vio a los ojos y cuando el pelinegro correspondió su mirada, ella sólo pudo desear ser besada por él. Sasuke pareció notarlo porque dejó de tocar el sensible pezón y llevó sus dos brazos a los costados del rostro de la joven, y apoyando su peso sobre ella, buscó besarle los labios repartiendo primero pequeños besos en su mandíbula.
Todo el cuerpo de la Hyuuga se estremeció.
—Sasuke…— las delgadas manos femeninas tocaron los costados de su cuerpo, al cerrar los ojos y ladear su rostro, experimentando esa sensación de cosquillantes ansias al desear sentirlo todavía más.
Cuando él mordió su mandíbula al no contener su pasión, Hinata gimió en su oído y él maldijo internamente. Quería quitarle su tonta pijama, besarle el cuello, los labios, sus preciosos senos; quería sacarse su miembro que ya tenía endurecido, frotarlo por la exquisitez de sus húmedos pliegues, buscar despacio su entrada y hundirse en ella casi en agonía, enterrándose tan profundo para volver a hacerla gemir, salir de ella y volver a entrar, una y otra vez, con más y más fuerza… pero no podía.
—Mierda— soltó frustrado cuando Hinata en un acto inconsciente elevó su cadera, frotando su pelvis contra su dura carne prisionera bajo su pantalón —. Debo irme ahora— soltó y su voz sonó ronca.
Los ojos perlados que comenzaban a humedecerse en pasión, se unieron a los de él.
—¿Qué?
Él asintió despacio —Debo ver a Itachi justo ahora— le dijo y en ese momento estaba odiando a su hermano y la carga de trabajo que últimamente le estaba dejando.
Ella se mantuvo inmóvil un par de segundos y tras perder el aliento, asintió despacio, soltándolo.
—E-entonces nos veremos después— mencionó la peliazul luego de tragar pesadamente. Él asintió despacio y ella no podía creer lo frustrada que se sentía, pues no quería que él se fuera, todavía deseaba seguir a su lado y hacer mucho más que solo besarse. Se ruborizó ante ese descubrimiento y dejó de verlo.
El Uchiha se percató de la tensión en la que el cuerpo femenino se encontraba, producto de la excitación sexual que todavía la embargaba y eso lo hizo sonreír orgulloso, se levantó y acomodó su ropa, esperando que su erección desapareciera pronto. La peliazul se giró en la cama y volvió a su posición original, al recostarse boca abajo, viendo su portátil.
—Y hazte un favor, Hinata— soltó de pronto el pelinegro mientras se marchaba, haciéndose con la atención de la Hyuuga —. No olvides lo que hablamos, mantente alerta con ese sujeto.
Hinata perdió el aliento al volver a recordar el tema de las costumbres de su familia. Y mientras ella apoyaba, aturdida, su rostro sobre su mullido colchón, él se iba de ahí, asegurándose que fuesen cuales fuesen los planes que involucraran a Hinata en algún estúpido matrimonio, él no pensaba permitirlo. Metió las manos en los bolsillos de su pantalón al abandonar ese departamento y su mirada se oscureció más… Hyuuga Hinata, sólo iba a ser su mujer.
•
O.O.O.O.O
•
—¡Demonios, pero qué maldito frío está haciendo!— se quejó la Yamanaka al salir arropada en una abrigadora chamarra de piel, de la cafetería del campus universitario. Buscó darse calor al arrojar su aliento a sus manos bajo sus guantes, y ni así consiguió desentumir sus dedos.
Sakura ajustó su gorro rojo y alzó su vista al cielo gris que horas atrás había dejado caer nieve, la misma que tapizaba los jardines y árboles de la universidad.
—Cierto. Lo peor es que para que el invierno termine faltan eternas semanas— se quejó la pelirrosa.
Hinata, que las seguía de cerca, tomó un extremo de su bufanda morada y cubrió sus labios al ser golpeada también por una corriente de aire gélido.
—Date prisa, Hinata— apuró la rubia.
—Sí, ya voy— soltó la Hyuuga que tuvo que detener sus pasos cuando tres chicas pasaron a su lado, empujándose y con sonrisas dibujadas en sus rostros.
—¡Estás loca, no haré tal cosa! ¡No somos adolescentes ya!— alegó una de ellas.
—Esas no son cosas de adolescentes únicamente. El amor es el amor— aseguró otra mientras entraban a la cafetería.
Hinata se les quedó viendo mientras la pelirrosa e Ino se acercaban a ella.
—Vaya escándalo el que traen. Seguro el día de San Valentín no es cosa de adolescentes solamente, pero ellas todavía se comportan como tal— comentó aburrida la rubia al adivinar de lo que ellas hablaban, pues durante la última semana, esa fecha se había vuelto el motivo de charla de más del cincuenta por ciento de la población femenil reunida en el campus.
La pelirrosa asintió —Son jóvenes y enamoradas— justificó —. Además, no es como si nunca hubiésemos actuado igual— añadió con un toque de gracia y resignación.
—La edad no es justificación— replicó la rubia —, mira a Hinata, es de la misma edad de esas chicas y no la ves como tonta únicamente hablando eso. Que tú y yo seamos dos años mayores tampoco significa que estemos amargadas o algo.
—Pues no, pero ni Hinata, tú o yo, estamos como ellas de emocionadas, porque no tenemos novio— replicó su otro punto.
La rubia rodó los ojos —¡Ah, como sea!
—No seas amargada y déjalas disfrutar— la de ojos verdes le dio un pequeño empujón con el codo.
Ino se encogió de hombros —Por mí que hagan lo que sea. Y por cierto— hizo una pausa viendo a la pelirrosa —, yo también daré chocolates.
Hinata frunció el ceño —¿A quién?— preguntó lo que a la pelirrosa también le generó intriga.
La rubia sonrió con picardía y guardó silencio volviendo a caminar.
—¡Hey, Ino! ¡Hinata te hizo una pregunta, responde!
La peliazul siguió al par de chicas que se adelantaron.
—A Shikamaru— respondió con media sonrisa al voltear y esperarlas al llegar al punto donde el camino a las facultades se separaban —… y Sai— agregó luego extrañando a las otras.
—¿Por qué hacer eso?— preguntó la Hyuuga que sabía que algo así no la libraría de malos entendidos.
Los ojos verdes también la vieron con insistencia.
Ino suspiró profundamente y luego habló—: Porque un chocolate no necesariamente significa amor— explicó —, no amor de pareja, al menos; también se lo puedo entregar a Shikamaru como muestra de buena fe, no lo odio, al contrario— dijo ahora poniéndose seria —. Y bueno, a Sai, el tipo es lindo, es buen amigo y ha sabido escucharme, creo que no hay mejor forma de dar las gracias, que ese día, ¿no les parece?
Las dos jóvenes se vieron una a la otra, no tan seguras.
—Tienes una peculiar forma de hacer las cosas— mencionó la ojiperla.
—Una bastante estúpida— añadió la de pelo rosa.
La rubia echó su cabeza hacia atrás y cerró los ojos intentando respirar tranquila, meditando otra vez lo que había estado pensando.
—No molesten con eso— suplicó al volver a verlas —. Conservaré a Sai como amigo, es un buen tipo.
—Uno que te arruinó una posible reconciliación con Shikamaru el día del cumpleaños de Hinata.
—Sí, lo recuerdo, ese fue un infortunado incidente en el que también contribuí— les recordó —. Justo por eso quiero aclarar las cosas con él. Seremos amigos, tan buenos como sea posible.
—¿Y qué harás con Shikamaru?— preguntó la pelirrosa bajando su mirada a su reloj de mano, viendo que en cinco minutos su siguiente clase estaría por comenzar.
Ino se encogió de hombros —Él es un poco más complicado— dijo y se mordió el labio —. Verlo con la tal Temari me sigue pudriendo— añadió haciendo un gesto de desagrado —, pero no quiero dejar pasar ese día sin darle al menos un detalle que demuestre que sigo pensando en él. Quiero que sea él quien decida.
—¿Y si se decide por ella?— preguntó la pelirrosa — La chica es bonita, es su compañera de equipo y aficiones… y bueno, no es una histérica celosa.
La rubia tuvo que hacer uso de todo su autocontrol, para no molestarse con el comentario con clara muestra de provocarla de la tonta de su amiga.
—Entonces…— respondió e hizo una pausa.
—¿Entonces qué?— preguntó Hinata al sentir que demoró mucho en añadir.
Ino bufó —¡Entonces no sé! Tal vez me haga a un lado, tal vez vaya con todo por él— dijo revolviéndose el cabello, inquieta —. Soy todo un caos, haré lo primero que sienta, ya me conocen— confesó —. Por ahora sólo intento ser tan madura como pueda.
Sus dos amigas la vieron, Hinata asintió, apoyándola, Sakura por su parte, negó en silencio, sólo deseando que todo le saliese bien.
—Como sea— terminó por decir la pelirrosa —. Debo irme, ¿vienes?— le preguntó a la Yamanaka, pues ambas compartían facultad.
Ino negó —Tengo algo que hacer.
—Bien. Nos vemos luego, Hinata— volvió a hablar para en seguida perderse entre la variedad de estudiantes en los jardines.
La peliazul bajó su mano con la que despidió a la Haruno y regresó su atención a la rubia.
—Y… ¿qué tienes qué hacer?— preguntó al verla distraída.
Los ojos verdes de Ino cayeron a ella.
—Hablar contigo, ¿qué más?
—¿Co-conmigo?
—Mjum— afirmó la rubia —. Y tú, ¿qué harás para ese día?
Hinata abrió grandemente los ojos —¿Cómo dices?
—Oh, por Dios, no te hagas la santa— suplicó con ironía —. Aunque no hayas mencionado nada sobre Sasuke, me he dado cuenta que todo sigue, y sigue bien; he notado cómo cruzan miradas y para serte sincera, no sé cómo es que nadie más lo ha descubierto ya.
La peliazul se ruborizó.
—¿Le darás un chocolate?
Hinata comenzó a jugar con sus dedos —Ah…, n-no. E-es decir, n-no estamos en ese tipo de relación.
Ino frunció el ceño —¿A qué te refieres?— preguntó cuando poco a poco comenzaron a quedarse solas en el jardín, pues la siguiente clase estaba por comenzar.
La ojiluna se rascó el cuello, nerviosa —Pues, verás… Sasuke no es del tipo de chicos que le gusten esos detalles y yo… pues… pues no sé si tendría cara de dárselo— dijo ruborizada de sólo imaginarse dándole un chocolate y él con su cara de extrañez viéndola. No, definitivamente ese tipo de detalles no eran para ella y él.
—Debes de estar de broma— soltó la otra —. Son novios, esos detalles nunca deben faltar. No me hagas pensar que en verdad eres aburrida, Hinata.
—¿Eh?
—Además— añadió la rubia —, sé que eres buena en la cocina, quería pedirte ayuda, el año pasado quemé mis chocolates y no quiero que vuelva a pasar. ¿Qué dices? ¿Los hacemos juntas?
Hinata perdió el aliento y casi comenzó a sudar ante la mirada fija de la rubia.
—Bi-bien— terminó por decir ganándose una sonrisa radiante y satisfecha de la otra.
—Entonces te veré mañana por la tarde, prometo que llevaré todo lo necesario— avisó y le guiñó un ojo antes de sujetar con fuerza su mochila y salir casi corriendo de ahí.
La peliazul solo entonces dejó escapar el aliento.
«Bien… que haga esos chocolates no significa que tenga que entregárselos» pensó para no preocuparse.
Cuando la Hyuuga giró, se dio cuenta que estaba prácticamente sola en ese jardín, por lo que también tuvo que correr para llegar al aula que ocuparía por la siguiente hora y media. La peliazul soportaría su vergüenza al interrumpir la clase que ya habría comenzado y sentarse en su sitio, si no quería perder la totalidad de la misma.
•
O.O.O.O.O
•
"Ino vendrá a mi departamento, posiblemente estará aquí toda la tarde"
Hinata se mordió el labio al enviar ese mensaje de texto. Cinco minutos después y luego que Sasuke se tragara la molestia al saberlo y también ver el trabajo rezagado que debería entregarle a su hermano, respondió con un seco 'está bien. Te veo mañana', lo que tranquilizó ligeramente a la Hyuuga que ya esperaba la llegada de la rubia.
Más de media hora después, mientras Hinata mezclaba ingredientes, era Ino la que lucía como una chef profesional, con su ropa pulcramente blanca e incluso un coqueto toque blanche que capturaba gran parte de su rubia cabellera.
—Compré estos bonitos moldes flexibles— comentó la rubia extendiéndole un molde que parecía de un plástico moldeable con pequeños espacios para dar vida a chocolate en forma de corazón —. ¿Lindos, no?
—Mucho— aceptó Hinata al comenzar a verter un chocolate espeso a un tazón sobre la estufa.
Ino se mordió el labio al sólo verla.
—¿Y pensaste en qué tipo de chocolate le darás a Sasuke?— preguntó — ¿Será un tomo choko o un honmei choko?— agregó sabiendo que de uno a otro, había mucho de por medio; el primero era sólo de aprecio y con el otro intentaban mostrar un sentimiento de amor.
Hinata guardó silencio y la Yamanaka frunció los labios.
—Sólo he traído moldes para tomo choko, ¡demonios!
—Descuida… aquí debo de tener algún molde para el otro— mintió no queriendo hacerla sentir mal.
Con el aroma del chocolate derritiéndose, el ambiente se relajó un poco más. Ino extrajo colorantes y varias lunetas, chispas y diversos productos de decoración para los pequeños chocolates.
—Y dime, Hinata— volvió a hablar la rubia después de encender el televisor y colocar un programa que haría sonar música de su agrado —, con Sasuke viviendo tan cerca, ¿han caído ya en la tentación de dormir toda la noche juntos?— agregó paralizando a la Hyuuga.
Ino la vio de reojo.
—¿Q-qué dices?
—No me vengas con que no. Sasuke es todo, menos lento, así que dudo mucho que sólo sean novios de besitos y una que otra caricia. Ese hombre debe ser toda una bestia sexual.
—Por Dios— exclamó Hinata volviendo a revolver el chocolate, evitando verla y que su cara roja la delatase.
—Joder. De sólo imaginarlo me hace odiar mi soltería— se lamentó la chica y luego suspiró con añoranza—. Como te envidio, con este frío debe ser delicioso estar bajo el cuerpo fuerte, duro y caliente de Sasuke— añadió haciendo a la Hyuuga tomar un rojo mucho más fuerte, y aunque la rubia mencionaba el nombre del Uchiha, lo único que pasaba por su mente eran las tardes y algunas noches que llegó a pasar con el Nara, el único hombre que la conocía en la intimidad.
—Ah… ¿qui-quieres dejar de decir esas cosas?— suplicó la ojiluna — Mejor sigue separando lo que piensas agregar a los chocolates.
Ino asintió conforme —Pero después promete contarme con más detalle cómo surgió su relación y qué tan bien ha avanzado.
—… Claro.
•
O.O.O.O.O
•
El día siguiente, viernes por la mañana, Hinata veía con cierta insistencia cómo Ino esperaba fuera de la enorme escuela de Artes de la ciudad, lugar donde había decidido entregar los chocolates que al final sí terminaron preparando entre ambas, al chico de pálida piel y sonrisa fingida.
La rubia se asomó a ver la hora en su reloj de pulso y estiró su cuerpo viendo si entre la gran cantidad de estudiantes que asistían a esa exclusiva escuela, no se acercaba el pelinegro. Hinata suspiró dentro de su coche, a varios metros lejos de esa escuela y bajó su mirada a su mochila, la misma que por las prisas con las que ambas subieron, mantenía en sus muslos; dentro de ésta estaba la pequeña cajita cuadrada con los chocolates que se suponían eran para el Uchiha… ¿qué haría con ellos?
—De cualquier forma, aunque se los pensara dar, no lo haría nunca en la universidad— se dijo, tal vez considerando la idea.
Volvió a alzar su rostro y sonrió viendo a Ino ya con el chico de negro cabello. El joven se veía muy cómodo con ella y la rubia sonreía; varias personas pasaban a su alrededor también cargando pequeñas cajitas o bolsas de regalo al ser ese día uno muy popular en su nación.
Cuando el tráfico comenzó a hacerse pesado, al estar a punto de ser las ocho de la mañana, hora en la que los estudiantes comenzaban sus clases, la Yamanaka corrió de regreso al auto con Hinata.
—¿Todo bien?
—Algo así— respondió la rubia.
—¿A qué te refieres?— preguntó la ojiluna al poner en marcha el vehículo.
—A que Sai no es muy bueno con las indirectas— Hinata la vio de reojo y ella continuó —. Creo que venir y darle los chocolates no dejó nada claro— confesó y se rio entre desanimada y avergonzada.
—Eso me temía. ¿Y no se lo aclaraste?
—¿Estás loca? Es tardísimo, seguro ya no llegamos a la primera clase. Nunca creí que Sai fuese a llegar tan tarde.
Hinata negó en silencio —Entonces sólo espero que las cosas con Shikamaru te salgan un poco mejor.
•
O.O.O.O.O
•
—Disculpe— la voz de Hinata interrumpió la clase que desde hacía veinte minutos había comenzado.
Iruka volteó a ver a la chica que asomaba su rostro por la puerta apenas abierta del aula.
—¿Puedo pasar?— preguntó la peliazul que se sintió de pronto intimidada teniendo las miradas de todos los presentes puestas en ella.
El profesor de castaño cabello asintió con cansancio.
—Pase, Hyuuga. Que sea la última vez que llega tarde— dijo mientras le marcaba el retardo en la lista de asistencia.
—Ah, gra-gracias— mencionó y entró a pasos rápidos. La mirada perlada se alzó, encontrándose con una mirada negra que la veía con molestia; Hinata desvió pronto su vista al sentirse ruborizar, avergonzada, y prefirió observar a Matsuri que ya le hacía un espacio para que se sentara a su lado.
—¿Por qué la demora?— susurró la castaña mientras el profesor debatía con un joven de segundo semestre, al obligarlo a defender su tema.
La peliazul se rascó el cuello —Problemas en el tráfico— mintió para ahorrarse una larga explicación. Hinata sintió casi un escalofrío en el cuello cuando a pesar de encogerse en su lugar, no dejó de sentir el frío de la penetrante mirada negra puesta en ella.
Largos minutos después y cerca de terminar ese taller, los alumnos de semestres iniciales se ocupaban en copear lo escrito en el pizarrón, mientras los mayores charlaban o algunos otros repasaban materias pendientes o asuntos con sus respectivas tesis.
El murmullo en las bancas de atrás y risas femeninas provenientes del mismo sitio, hizo voltear a Hinata que recién terminaba de copiar lo del pizarrón.
—¡Profesor!— una bonita y delgada chica rubia se alzó en su escritorio mientras también meneaba su brazo, haciéndose notar.
Iruka alzó sus cansados ojos a ella.
La chica prosiguió al saberse con su atención —: ¿Será posible que nos regale los minutos que sobran de la clase para entregar un par de chocolates?— suplicó la chica de sobrada seguridad.
El catedrático frunció el ceño ante la petición.
—Por favor, Iruka-sensei, ya terminó la clase, sólo estamos esperando que los minutos corran para poder salir— suplicó otra de las chicas.
El moreno de chongo se quedó en silencio y nuevas vocecillas de súplica se unieron a esas dos iniciales, tan así, que al docente no le quedó más que aceptar luego de un suspiro cansado.
—Pues, si eso desean— terminó por decir.
Un gritillo conjunto de cuatro o cinco chicas resonó en la parte trasera del salón y enseguida varias chicas se pusieron de pie.
Hinata y Matsuri se miraron entre ellas y luego voltearon atrás. Siete chicas se pusieron de pie llevando en sus manos cajitas de chocolates, cinco de las siete se dirigieron a la banca final de la columna de al lado, las dos restantes, a pasos no tan seguros, buscaron a un par de chicos que se encontraban en extremos opuestos del aula, uno tomó sus chocolates con una sonrisa y otro, sinceramente no se esperaba recibirlos; de las cinco que se dirigieron al fondo, Hinata vio con decepción como tres de éstas le entregaron chocolates al Uchiha y las dos restantes a un sorprendido Naruto.
—No los quiero— respondió secamente el pelinegro.
La rubia que tuvo la idea de pedir permiso para entregar los chocolates, sonrió —Sí, cómo cada año— dijo con cierta gracia y se inclinó para dejar un beso en la mejilla del chico que no esperaba esa osadía.
La rubia sonrió y se dio media vuelta viendo de reojo al pelinegro que también se le quedó mirando, mientras cierta peliazul perdía el aliento ante la escena.
—Vaya valor de esa joven— mencionó Matsuri al verla —. Yo ni siquiera me atreví a comprar chocolates— añadió con cierta decepción.
Cuando las jóvenes restantes se retiraron haciendo una pequeña reverencia, dejando a un Uchiha molesto y a un rubio sonriendo avergonzado, Hinata devolvió su vista al frente sin entender esa sensación de incomodidad y molestia que sintió.
—Bien, esto ha sido todo de mi parte— el maduro profesor golpeó sus libros contra el escritorio antes de devolverlos a su maletín y posterior a eso, con una pequeña inclinación, se despidió del grupo.
Hinata suspiró y sin tener ganas de voltear atrás, tomó su mochila y salió con sus libros en brazos, siendo seguida de cerca por la castaña de Suna.
•
O.O.O.O.O
•
Con el paso de las horas, aquella sensación de malestar que le provocó a Hinata ver al Uchiha recibir aquellos bocadillos, dejó de tener peso, convenciéndose que seguro no era la primera vez que él recibía ese tipo de detalles; lo que evitaba pensar era que otra vez estaba experimentando una pequeña punzada de celos movida por ese pelinegro, convenciéndose que su decepción o pequeña molestia era porque ella también había hecho chocolates para él.
Suspiró y su aliento se hizo visible en el helado ambiente, al caminar directo a la cafetería, a la hora del almuerzo.
«Además, no es como si en verdad quisiera dárselos» pensó con un poco de decepción «Y él también dijo que no le gustaban.»
Sintiéndose patética negó en silencio.
—¡Hey, Hinata!— saludó Ino en un grito desde varios metros de distancia, al acercarse también a la cafetería desde su facultad.
Los ojos perlados se alzaron a la rubia, le sonrió al elevar su mano a modo de saludo.
—¿Frío, eh?
—Creo que más que en la mañana— secundó la Hyuuga.
Se hizo un pequeño silencio en lo que ambas se dirigían al interior de la cafetería.
—¿Y bien?
Hinata volteó a verla —Bien, ¿qué?— pareció no entender.
La rubia rodó los ojos —¡Los chocolates! ¿Se los diste ya?— apresuró a preguntarle antes de llegar a la mesa donde Shikamaru y el grupo, donde también se encontraba el Uchiha, ya estaba reunido.
Hinata se ruborizó al ver de reojo al pelinegro. Negó en silencio.
—¿Qué?¿Por qué?
—¿Sabes cuántos le han dado ya?— habló en voz baja.
—¿Y qué? ¡Tú eres la novia!— afirmó en voz baja.
Hinata sólo negó, ¿cómo decirle que se sentía estúpida haciendo tal cosa al ser su relación tan poco convencional?
—Joder, Hinata. Te esforzaste mucho haciéndolos.
—Bueno, sí… pero, pero era más que nada por ti y…
—Patrañas. ¡Se los entregarás!
—E-está bien— se apresuró a afirmar cuando Ino alzó un poco la voz —. Si no lo veo hoy por aquí en otro lugar, prometo que lo haré al volver a casa— aseguró.
—Júralo.
—Lo haré— volvió a asegurar ganándose una enorme sonrisa de la Yamanaka.
—Bien, entonces vamos que todavía tengo algo qué hacer— dijo y le guiñó un ojo a la peliazul que suspiró más tranquila y luego la siguió.
—¡Ino. ¿Quieres algo de comer?!— la pelirrosa alzó la voz al estar en la fila donde compraría comida.
La Yamanaka negó y agradeció, Sakura asintió del otro lado de la enorme cafetería y pronto tanto la rubia como Hinata tomaron asiento en la rectangular mesa donde sus amigos estaban.
—Tardaron— comentó Naruto al ya estar comiendo su plato de caliente ramen.
Ino suspiró y comentó cómo su clase se había extendido y cómo también estando a punto de salir de su facultad fue detenida por Gai sensei, el que le había pedido de favor que abriese la bodega del equipo deportivo que necesitarían e iniciaran la clase, pues ese día llegaría retrasado al entrenamiento.
Y mientras la rubia le explicaba al Uzumaki la razón por la que ella y la pelirrosa no llegaron juntas a almorzar, Hinata posaba, con disimulo, sus perlados ojos en el Uchiha que revolvía desinteresado su caliente café, al parecer sin pretender verla.
El rubio se burló —Gai sensei también solía pedirle a Shikamaru ese tipo de favores, creo que sólo porque nunca se negaba lo hizo capitán del equipo años atrás, 'ttebayo.
—Cierra la boca— soltó el fastidiado Nara antes de beber de su té.
La mirada verde de Ino cayó en él, sentado en la cabecera de la mesa, con Kiba en medio de ambos.
—Shika-…
—Y por cierto, Hina-chan— el rubio interrumpió las palabras que Ino pensaba soltar.
—¿Eh?
—¿Por qué llegaste tarde también a clases?— la pregunta de Naruto detuvo la molestia de la Yamanaka al haber sido interrumpida.
—Ah, pues…— Hinata comenzó y volteó a ver a Ino sentada casi enfrente de ella. La rubia alzó sus cejas y negó suavemente con el rostro, suplicando que no dijese lo ocurrido y Hinata, como todos, comprendió que algo pasaba —. Sí, verás, Naruto— agregó ahora viendo al rubio —, yo, yo tuve algunos problemas con el tráfico esta mañana— repitió su mentira haciendo suspirar en alivio a la rubia.
—Ya veo, sí, eso es normal, 'ttebayo.
Los ojos oscuros del Nara vieron a Hinata sonreír con un poco de pena y a Ino hacerlo complacida, su mirada se mantuvo en la rubia unos segundos más y luego negó en silencio.
Segundos después Sakura llegó con su comida y un café caliente, sentándose entre Ino y un casi dormido Lee.
—Y…— comenzó la pelirrosa —, ¿cómo les ha ido este día?— preguntó viendo a Naruto y los varones presentes, aunque haciéndolo con mayor insistencia en el Uchiha sentado en la cabecera sur del comedor.
—¿Cómo de qué?— preguntó el distraído rubio.
Sakura se fastidió.
—¿Cómo que, cómo de qué?— arremedó el Inuzuka — Es obvio que ella quiere saber sobre los regalos del día del cariño, estúpido— soltó al arrojarle más cátsup a sus papas fritas.
—¡Oh!— el Uzumaki se burló — Y seguro tú estás molesto porque nadie te ha regalado nada, 'ttebayo.
—¡¿Qué?! ¡Por supuesto que me han regalado!
Naruto volvió a reír.
—¡Cómo sea!— la pelirrosa perdió la paciencia ante la discusión sin sentido —… Les… ¿les han regalado algo?— bajó el tono de voz al ver sin disimulo al pelinegro.
Sasuke la vio de reojo y no respondió.
—A mí me han dado seis cajas de chocolates— mencionó el orgulloso rubio, señalando a su mochila en el suelo, donde mantenía los chocolates que se comería apenas llegando a su hogar —. A Sasuke-teme un poco más— finalizó haciendo que la ansiedad y depresión de la pelirrosa se notaran en su rostro.
A la mirada de Ino que no se sorprendía en lo absoluto por lo escuchado, se le unió la de Hinata que ahora sí se aseguraba que no tenía caso entregar sus sencillos chocolates, pues Naruto sacaba un par de cajas de la mochila del Uchiha y las exhibía con burla, eran chocolates preciosos, grandes y bien decorados, definitivamente la chica que le hubiese dado tal regalo, estaba ofreciéndole su amor.
Algo parecido a un nudo se formó en la garganta de Hinata.
—Bien— habló Ino distrayendo no sólo a la peliazul, sino a todos en la mesa —. La verdad no quiero saber si a ti te han regalado ya chocolates— dijo sacando de su mochila la bonita caja con su obsequio, mientras le hablaba al Nara—. Toma. Los hice para ti— aseguró y sonrió al estirarse frente a Kiba y entregárselos.
El chico de chongo alto parpadeó con ligera confusión.
—Oi, ¿esto qué significa?— preguntó el siempre impertinente rubio.
Shikamaru aceptó la delgada cajita y a Hinata se le dibujó una sonrisa al ver a Ino sonrojarse.
—No lo sé— respondió la rubia a la pregunta soltada por el Uzumaki, pero sin dejar de ver a Shikamaru —. Sólo quería regalártelos.
El joven asintió en silencio y éste pareció extenderse en toda la mesa, donde los jóvenes presentes se dedicaban a verlos, los segundos de aparente calma se rompieron cuando Lee, que dormitaba, se puso de pie de pronto.
—¿Qué ocurrió? ¿Ya se acabó la comida?— preguntó observando escandalosamente para todos lados.
Ino y el Nara desviaron el rostro un poco avergonzados por lo recién ocurrido, Hinata y Sakura observaron con algo de gracia y poca paciencia al chico de pobladas cejas respectivamente, en cambio Naruto y Kiba se burlaron del chico que siempre enérgico, había caído dormido luego de haber practicado toda la mañana, al no haber tenido un par de clases; Sasuke por su parte lo vio de arriba abajo y posteriormente optaría por ignorarlo.
Los minutos en los que los jóvenes en ese lugar almorzaron, pasaron entre el bullicio de charlas de todo tipo. Estando a un poco más de cinco minutos para finalizar el descanso, el Uchiha se puso de pie, mientras un intercambio de insultos de Naruto y Kiba volvía hacerse presente en la mesa, atrayendo la atención momentánea de los ocupantes de la mesa.
—¿Te vas?— preguntó la pelirrosa.
—Sí. Tengo cosas qué hacer— respondió secamente y luego de tomar su mochila, comenzó a caminar a la salida.
Hinata se mordió el interior de su labio inferior al verlo partir y no voltear atrás.
—Creo que también deberíamos irnos— volvió a hablar la pelirrosa que con poco ánimo comenzó a ordenar la bandeja en la que había comido —. Hace frío y seguro los pasillos estarán congestionados— añadió levantándose.
Ino miró con un poco de preocupación su almuerzo —Aún no termino de comer.
La pelirrosa rodó los ojos —Demonios, te sentaste a la mesa primero que yo. No te esperaré.
—No lo hagas, de cualquier forma debo pasar a la biblioteca a sacar un par de copias de un libro que me acaban de prestar.
—¡Bah! Cómo sea, yo me voy.
—Voy contigo, Sakura— Lee también se puso de pie y se fue tras la chica al tener que ir a rectoría, por lo tanto, llevarían la misma dirección.
—¡Hey, capitán!— un grito de un par de chicos en una mesa del otro extremo de la cafetería hizo voltear no sólo al Nara, sino también al resto en esa mesa.
El chico de chongo se puso de pie con cansancio —Bien, supongo que me voy.
—Iré contigo, seguro es algo relacionado con el juego del fin de semana, 'ttebayo.
Kiba se estiró en su asiento y luego tomó su bandeja de comida y la de la pelirrosa, para llevarlas al depósito de trastos usados.
—Yo también me voy— anunció un segundo después.
—Demonios— soltó la rubia luego de dedicarle una sonrisa fingida al Inuzuka.
—¿Ocurre algo malo?— preguntó la Hyuuga que estuvo dispuesta a quedarse con ella hasta que terminara de comer.
Ino arrojó su servilleta arrugada al plato donde se encontraba su comida —Nada, es sólo que esperaba hablar a solas con Shikamaru— explicó poniéndose de pie —, pero todo se fue al caño.
Hinata pestañeó —¿Entonces lo de comer era…?
—Por supuesto que era una excusa— adivinó lo que le preguntaría —. Es más, mi comida ni siquiera esta buena— dijo haciendo un gesto —. Vámonos, ¿sí?
—Ah, sí— terminó por decir la Hyuuga para luego imitarla al ponerse de pie.
Justo cuando Hinata la seguía directo a la salida, un mensaje de texto en su móvil la hizo detener sus pasos.
"Te veré a la salida."
Esas simples palabras le quitaron ese nudo de desazón que se posó en su estómago desde esa mañana, al reconocer el número del Uchiha, dejándole un tonto cosquilleo en su lugar.
Ambas jóvenes salieron de la cafetería mezclándose con los distintos alumnos que por ahí caminaban.
Ino todavía se quejaba de la mala suerte que había tenido cuando Shikamaru fue llamado por aquél idiota de su equipo, cuando Hinata alzó los ojos al cielo gris cargado de nubes que amenazaban más lluvia.
—Tal vez podrías buscarlo a la salida, justo antes de su entrenamiento de baloncesto— sugirió la peliazul viéndola.
Ino sonrió fascinada —Es buena idea. Le dejaré la llave de la bodega a Sakura y que ella saque el equipo, y aprovechando que Gai sensei no estará, iré a hablar con él— su sonrisa se extendió todavía más —. ¿Me acompañarías?
—Seguro.
—Entonces, creo que correré a mi clase. Te veo más tarde, Hinata.
—¡Ino!— y antes de que la chica corriera, una masculina voz la detuvo de golpe, congelándola.
Hinata volteó a ver al chico de cabellera negra, ajustado pantalón de piel oscura y chaqueta gruesa del mismo material, que alzaba la mano, saludándola y haciéndose notar, al tiempo que se acercaba a ellas.
Ino cerró los ojos —Dime que no es Sai— le suplicó a Hinata en voz baja.
La Hyuuga tragó discretamente —Lo es— susurró después.
—Joder.
—¿Estás bien?— preguntó preocupado el chico al llegar a ella— Te quedaste inmóvil de pronto— preguntó sin entender ese detalle.
La rubia se giró encontrándose con una sonrisa poco natural del chico de pálida piel.
—Sí lo estoy— aseguró —. Pero, ¿qué haces aquí, Sai?— preguntó ahora viendo discretamente hacia los lados.
El chico cerró sus ojos al ampliar su sonrisa y luego volvió a verla para terminar rascándose la mejilla — La verdad en la mañana me dejaste un poco confundido con tus chocolates. Tengo entendido que esos se dan cuando una chica desea un amorío con un hombre y…
Hinata se ruborizó e Ino suplicó paciencia —No un amorío— corrigió —. Es una muestra de amor, cariño. Pero te dije que…
—Claro, eso quise decir— interrumpió el varón sin notarle la incomodidad a la chica —. Dijiste que somos amigos y también lo creo— afirmó sin borrar su sonrisa —, por eso me pareció injusto que sólo tú me regalaras algo— dijo ahora mostrando un ramo de flores que llevaba ocultas tras su espalda.
Ino se ruborizó sin quererlo —Sólo… sólo las chicas dan regalos este día, ¿acaso no lo sabías?
El chico se encogió de hombros —A mí no me va esa regla, creo que es estúpida, el aprecio siempre debe ir de lado a lado, ¿no? O al menos, eso he leído— preguntó sin dejar de extenderle las bonitas rosas rojas.
—Ah, yo creo que mejor me voy— interrumpió Hinata al sentirse incómoda entre ambos —. Nos… nos vemos después— dijo y salió de ahí, pretendiendo dejar de verlos, y quien también apartó su vista, molesto, de ellos, fue Shikamaru que había salido a alcanzar a la rubia al haber olvidado agradecerle el detalle de los chocolates, pero eso cambió cuando la vio aceptar las rosas y un pequeño abrazo de ese tipo que le reventaba el hígado.
—Soy un imbécil— se dijo el molesto Nara al volver a la cafetería.
•
O.O.O.O.O
•
Las tres materias que la peliazul tuvo después del almuerzo pasaron rápido y sin ningún inconveniente. Con pasos suaves salió de su aula y recorrió los pasillos sólo para encontrarse con que constantes gotas de agua caían, bañando todo a su alrededor.
—Cielos— mencionó en voz baja, al ver que a pesar de eso, algunos compañeros se dirigían al área deportiva del campus.
—¡Hinata!— la voz de Ino la hizo girar el rostro —¿Vamos? Ya le entregué las llaves a Sakura.
La Hyuuga recordó en ese momento el favor que la rubia le había pedido de acompañarla al gimnasio de baloncesto.
—Claro, vamos— respondió bajando con cierta prisa los largos escalones de su facultad —. Y, ¿habrá entrenamiento hoy?
La Yamanaka frunció los labios —Salvo que caiga un diluvio que nos impida ver, sí— respondió aburrida.
—Entonces, démonos prisa.
Ambas chicas de jeans se mezclaron entre la pequeña multitud de estudiantes que avanzaban a los distintos campos deportivos, envueltas en una pequeña charla que intentaba, apenas fructuosamente, distraer del nerviosismo a la rubia.
Ino hizo tronar los huesos de sus manos al apretárselas, dándose valor, al apenas llegar al enorme gimnasio donde ya se escuchaban el rechinar de los tenis en la duela y el golpe constante del balón, siendo acompañados por las voces de los jóvenes deportistas.
—Deséame suerte— suplicó al comenzar a caminar.
—Seguro no la necesitarás— Hinata buscó animarla.
La rubia alzó su dedo pulgar en señal de estar bien, y la peliazul suspiró viéndola avanzar, deseando aunque sea un poco de esa determinación que Ino estaba mostrando, así como también del coraje de aceptar que se había equivocado y con el cual ahora pretendía reivindicarse.
Hinata se dio media vuelta para salir, dándole su espacio al verla girar y perderse de su vista, cuando su móvil vibró en el bolsillo trasero de su pantalón.
—¿Si?— respondió sin ver quién le marcaba al ya ir de camino a la salida del gimnasio.
—¿Dónde estás?— esa voz gruesa y seca fue inconfundible para la chica.
—Ah, saliendo del gimnasio de baloncesto— dijo en voz baja al pasar a un lado de un par de chicos que recién llegaban.
—¿Y qué haces ahí?— preguntó molesto el chico luego de dos segundos en silencio.
—Vine a acompañar a Ino.
Hinata escuchó resoplar al moreno del otro lado de la línea.
—¿Leíste mi mensaje? Te estoy esperando en mi auto.
Ella dejó escapar el aliento ante lo seco de su voz.
—Dijiste que a la salida y yo todavía tengo que ir a mi práctica de te-
—Al diablo con eso, está lloviendo.
—Bueno, sí, pero…
—Vienes o voy por ti, Hinata. Tienes tres minutos.
Los ojos perlados se abrieron con sorpresa cuando la llamada se cortó.
—¿Y ahora qué hago?— se preguntó en voz baja, volteando a ver atrás. ¿Debería esperar a Ino y arriesgarse a que Sasuke llegara por ella? Se mordió el labio indecisa. Cerró los ojos y suspiró cansadamente… mejor se iría, Ino estaba tardando y eso era bueno, ¿no?
• • •
Y mientras Hinata se iba, Ino se alzaba en sus puntas buscando ver al chico de alto chongo mezclado entre el grupo de jóvenes que calentaban, corriendo de un lado de la duela a otro, al no haberlo visto en la pequeña reta de dos a dos del otro lado de la cancha.
Un estallido de risas arriba en las gradas la hizo llevar su verde mirada a lo alto.
Kiba y otros dos chicos formaban un semi círculo donde Shikamaru estaba sentado a un lado de la única chica del equipo. El nerviosismo que invadió a la Yamanaka desde que se dirigía a ese lugar se fue de pronto, al posarse en su boca un sabor amargo.
—Hey, dame otro— pidió Kiba al estirarse y tomar un chocolate de los que el Nara tenía en la mano.
—No seas glotón, ya te has comido varios— se quejó uno de los chicos ahí presentes.
Cuando Ino reconoció los chocolates que se repartían sus ojos quisieron aguarse en llanto.
—¿Quieres otro?— a pesar de la distancia la voz del Nara fue inconfundible para la rubia que además de oírlo, también lo vio ofrecerle la cajita con chocolates a la ojiverde de coletas. Cuando Temari tomó otro chocolate y se lo llevó a la boca, la tristeza de la Yamanaka se tornó molestia, detestó haber ido y haberle dado los estúpidos chocolates, ¿cómo es que no se daba cuenta que mientras ella pretendía seguir escribiendo su relación, él le había dado el cerrón, no sólo a la página, sino al libro entero? Era una estúpida.
—Hey, mira— Kiba volteó abajo y se percató de la presencia de Ino, haciéndoselo notar a Shikamaru con un murmullo.
La Yamanaka se vio descubierta y le sostuvo la mirada al Nara desde lo lejos; se mordió el labio para no llorar y entonces se dio media vuelta.
Shikamaru se quedó viéndola partir por varios segundos.
—¿Dejarás que se vaya?— preguntó la chica sentada a su lado.
—Sí, esa chica está loca— respondió el Inuzuka en su lugar.
El Nara tragó saliva pesadamente al dejar de ver el lugar, por donde la chica que fue su novia por más de dos años se había marchado, y bajó la mirada a sus pies.
La chica de Suna se burló irónicamente —No me digas que eran sus chocolates.
Kiba sólo entonces pareció caer en cuenta —¡Vaya, ahora sí que se la hiciste buena, capitán!— se burló.
—¿Shikamaru?
El joven no respondió y a cambio se puso de pie de golpe, pasando entre sus compañeros que sólo pudieron verlo partir.
Los ojos verdes de Temari lo vieron y luego sonrió —Ese par sí que es raro.
—¡Ino!— la voz de Shikamaru sonó más fuerte que el golpeteo de los tacones que la rubia usaba y que se escuchaban llenando el pasillo —¡Ino, joder, espérate!
La Yamanaka apresuró sus pasos sin llegar a correr y apretó su mandíbula, haciendo todo lo posible por no llorar al escucharlo llamarla.
El Nara corrió y ella casi se cae cuando buscó zafarse cuando él la tomó por el brazo.
—¿Qué quieres?— preguntó la furiosa chica.
Él resopló con cansancio —¿Qué querías aquí?— preguntó a cambio.
Ella sonrió con ironía y los ojos aguados, odiándose por lo último —Definitivamente no verte repartiendo mis estúpidos chocolates— soltó molesta y viéndolo a los ojos.
Shikamaru tensó la mandíbula antes de hablar —Me los diste, podía hacer con ellos lo que quisiera, ¿no?— respondió secamente recordando haberla visto abrazándose con aquél chico al que no podía sacar de su vida— ¿Qué demonios te molesta?
La rubia tensó su mandíbula y su mano ardió cuando abofeteó al joven que sólo ladeó su rostro, soportando el dolor.
—¿Sabes qué, Shikamaru? Vete al diablo— terminó por decir ofendida, para luego darse media vuelta e irse.
—¿Y tú? ¿Te irás con el imbécil ese?— la voz gruesa del chico sonó amarga al lanzarle esa pregunta mientras se marchaba.
Ino se detuvo por un segundo, preguntándose si la vería luego del almuerzo con Sai, pero descartó la posibilidad de inmediato producto del dolor y decepción que en ese momento sentía.
—¿Y a ti qué demonios te importa?— soltó sin dignarse a verlo y retomando su paso.
Cuando Ino cruzó las puertas de ese gimnasio, dejando sólo al Nara, éste resopló dolido para luego estrellar su puño contra la blanca pared de ese largo pasillo, lastimándose los huesos de su mano.
—Maldita sea, Ino.
•
O.O.O.O.O
•
La mirada negra y fría del Uchiha se posó de reojo en Hinata, a su lado; la Hyuuga iba correctamente sentada en ese asiento de costosa piel mientras el coche del moreno avanzaba ya por una de las avenidas de la ciudad.
—Creo que dejar mi auto generará algunas dudas, si los demás lo ven— soltó ella con voz suave al apenas voltear a verlo. Los dedos de sus manos jugaban unos con otros, exhibiendo su nerviosismo.
Él regresó su vista al frente —Sólo dirás que tu primo pasó por ti. Mañana yo te llevaré a la universidad.
La ojiperla se mordió un labio al saber eso peligroso y no dejó de verlo.
—¿Y bien?— soltó él de pronto luego de varios minutos recorridos.
—¿Y… bien, qué?— preguntó ingenuamente al no entenderlo.
Él bufó al negar en silencio —¿Dónde demonios te metiste esta mañana?
Ella respingó al entenderlo.
—Ya… ya dije que…
—Yo no soy imbécil— la interrumpió —. Sé cuando mientes— aclaró sin dejar de ver el frente por donde conducía.
Ella vio su perfil perfecto y se ruborizó por lo dicho.
—Bueno— comenzó luego de morder su labio, resignándose a decirle, después de todo, Sasuke era todo, menos indiscreto —, la verdad es que, que acompañé a Ino a dejar un obsequio y se nos hizo tarde.
Él la vio de reojo, notando cómo bajaba la mirada lamentando echar de cabeza a su amiga y luego dejó de verla, al ver cómo apretaba su mochila contra ella, al no haberla querido dejar en el asiento trasero.
Hinata era extraña, negó en silencio al volverlo a comprobar, pero aun así, había algo que lo hacía volver a ella o atraerla a él… algo muy fuerte.
• • •
Largos minutos después, la espalda de Hinata estaba chocando con algo de fuerza contra la madera de la puerta del departamento del Uchiha, luego de que éste estrellara sus labios con los de ella, besándola con fuerza.
Las manos de la joven heredera Hyuuga se cerraron en puños, resintiendo lo sorpresivo de ese beso, luego de un momento ella terminó por separar sus labios dejándole al Uchiha besarla con más pasión al introducirle su lengua a la boca. Una mano femenina viajó al vientre plano y marcado del chico pidiéndole espacio, y la otra siguió soportando el peso de su mochila, la misma que estaba a punto de dejar caer.
Cuando Sasuke se pegó a ella, besándole el cuello, Hinata dejó escapar su aliento caliente.
—Cre-creo que no es muy buena idea estar aquí… a-así— terminó por decir al estar en extremo ruborizada, pues la prisa del chico fue tal, que ni siquiera había abierto la puerta de su departamento y en cualquier momento alguno de sus vecinos podía aparecer.
Él gruñó internamente —Tienes razón, entremos— dijo y luego de buscar sus llaves, las encajó en la cerradura.
Hinata se sintió de pronto ansiosa por saber lo que pasaría ahí adentro y descubrirse así casi la asustó. Se mordió el labio inferior y volteó a los lados mientras él abría la puerta.
—La… la verdad es que también tengo cosas que hacer y…— quiso decir para luego irse y poder respirar tranquila, sin esa sensación calentándole el cuerpo y la mente.
El pelinegro la tomó de la mano antes de que intentara siquiera retroceder.
—Tú te quedas— aclaró —. No te esperé como un imbécil por nada.
Hinata de pronto se vio arrastrada al interior de ese departamento, y se sintió falsa al ser consciente que tampoco puso mucha resistencia en no querer hacerlo.
El Uchiha contuvo las ganas de buscar otra vez sus labios al sentirla tensa, así que una vez que aseguró la puerta, avanzó directo a la cocina.
—¿Quieres algo?
Ella negó escuchando como la pequeña mascota del moreno maullaba acercándosele.
El atractivo del rostro del chico se hizo mayor cuando la luz del interior del refrigerador lo iluminó. Los negros ojos viajaron entre latas y botellas de cerveza, bebidas alcoholizadas en distintos grados y algunos jugos que tenía, tomó uno de arándano y regresó su atención a ella; se molestó al ver que Hinata no tenía intención de soltar su mochila y se acercó.
—¿Estás molesta?— preguntó secamente viéndola desde su altura.
—¿Eh?— ella se ruborizó al saber que lo que le ocurría distaba mucho de eso.
La sala, que se había quedado en silencio por unos segundos, se llenó del pequeño sonido de un móvil vibrando. El Uchiha resopló molesto y luego de localizar su mochila sobre el sofá a la espalda de la peliazul, abrió la misma y lo extrajo.
—¿Qué?— respondió molesto.
Los ojos perlados de ella dejaron de verlo hablar, para bajar a la mochila que se había quedado abierta.
«No están» pensó respecto a los chocolates que le habían regalado durante ese día.
—Sí, para mañana tendrás lo que necesitas— afirmó el pelinegro a su hermano del otro lado de la línea y dejó de prestar atención al sermón de Itachi, al recordarle que el trabajo era para ese día, no el día siguiente, al notar a Hinata viendo con disimulo su mochila —. Hablamos después— cortó de pronto sin terminar de escuchar las indicaciones del mayor.
Cuando la peliazul se sintió descubierta, abrió los ojos sorprendida y luego dejó de verlo al girar su rostro y fingir ver al gato que se acostaba en el suelo y comenzaba a lamerse.
Sasuke fingió no darle importancia y devolvió su móvil, ahora apagado, al interior de su mochila; aprovechó la intrusión de su mano en ésta, para extraer una única y pequeña caja, de la cual sacó un chocolate relleno de caramelo, lo partió y se lo arrojó al gato.
—¿Qué haces?— preguntó Hinata al ver al gato olfatear el dulce y luego comenzar a comerlo, para luego llevar sus ojos a él.
—Dándole de comer— respondió con simpleza al apoyar sus dos manos en el respaldo del sofá, dejándola entre sus brazos.
—Esos… esos eran…
Él frunció el ceño sin dejar de verla.
—Los chocolates que…
—Sólo eran basura. Me deshice de ellos apenas salí, no pensaba cargarlos, aunque me aseguré de traerle el más pequeño al gato.
—Eso es cruel— le dijo la peliazul —… en esos chocolates iban los sentí-
—Eso ni ellas lo creen— la interrumpió secamente —. Más de una busca sólo un acostón.
Los ojos perlados se abrieron con sorpresa y se ruborizó ante el descaro del chico.
—Aun así— respondió a cambio —… y tampoco debería de darle chocolate al gatito, lo enfermará.
Sasuke se le quedó viendo con insistencia hasta lograr que ella se pusiera nerviosa. Hinata no supo qué hacer y luchó por salir de entre sus brazos que la estaban aprisionando, lográndolo luego de un par de movimientos.
—¿Qué?— le preguntó al no soportar el escalofrío que él estaba causándole.
Él frunció el ceño —No me habrás hecho tú también un chocolate, ¿o sí?
Los ojos de la joven se abrieron grandemente y él sonrió. Hinata negó.
—¿No?— presionó.
—N-no… no, bueno…
—¿Qué?
Ella se dio la vuelta, incapaz de verlo a la cara y una sonrisa cínica y victoriosa adornó el rostro del chico que en ese momento se complacía viendo lo bien que le sentaba ese ajustado pantalón de mezclilla y la camisa de botones y manga larga morada que ella usaba.
—E-era una tontería en realidad— terminó por decir ruborizada, sintiendo cómo él se acercaba —, nada importante.
—Dámelos— exigió estirando su mano.
Ella abrió los ojos grandemente y negó —Es muy poca cosa y…— dijo y se detuvo — y tampoco significa nada.
—¿No significa nada que me los hayas preparado justo para este día?— soltó con medio tono de ironía.
Hinata se mordió el labio sosteniéndole la mirada.
—Dámelos.
Ella cerró los ojos y dejó escapar el aliento resignada, esculcó en su mochila y luego de volverse a debatir internamente, terminó por sacar la pequeña cajita que ya lucía un poco maltratada.
No eran tan grandes como los que le habían dado, vaya, que ni siquiera eran tan bonitos como el que el gato se comía, aun así, se los terminó ofreciendo.
La mirada fría y negra fue del rostro ruborizado de Hinata, a la cajita blanca, la tomó y abrió en un instante.
—Escuché que de todos modos… no te gusta lo dulce— mencionó ella cuando lo vio tomar un pequeño chocolate ovalado y plano, espolvoreado con pequeñas chispas.
El Uchiha lo partió y vio escurrir de él chocolate líquido que cayó sobre los otros en la caja.
—Se… se los puedes dar al gato, si quieres, pero no todos para no enfermar-
Las palabras de la chica se quedaron incompletas cuando él la tomó de la mano con un poco de fuerza, y volvió a regresarla cerca de él, atrás de su largo sofá.
—¿Sabes, Hinata?— comenzó roncamente al arrancarle la mochila de las manos y arrojarla lejos de ellos, luego su mano viajó en medio de los senos de la chica que no podía dejar de verlo a los ojos — Se me acaba de ocurrir una buena forma de comerlos— añadió y su sonrisa perversa se posó de lado en su rostro.
—¿Cómo dices?— ella susurró al sentirlo meter una de sus piernas entre las suyas, al tiempo que comenzaba a desabotonar su camisa —De-debes estar bromeando— añadió al comprenderlo.
Él negó con suavidad pegando su cuerpo a ella, dejándola sentir como su miembro bajo sus pantalones comenzaba a crecer.
Hinata tragó pesadamente al sentir como su cuerpo comenzaba a calentarse. Tembló cuando su camisa quedó completamente abierta, perdiendo el calor que la tibia tela le daba, dejándola solo con el encaje de su sostén cubriéndola. Llevó sus manos a tapar sus senos pero él se lo impidió, sin importarle tirar un par de chocolatitos al suelo.
—Ni se te ocurra— advirtió —. Te traje aquí para verte así… quería hacerte el amor este día— mencionó haciendo que el rubor que ya la adornaba se acentuara.
«No hay nada como hacer el amor en fechas especiales» Hinata recordó las palabras que una vez le dijera Ino y su piel se erizó.
Él sonrió al sentirla ansiosa — Y apuesto que deseabas algo igual, ¿verdad?— ese susurro en el oído hizo estremecer el cuerpo entero de la Hyuuga.
Ella perdió el aliento y asintió despacio cerrando los ojos, sin poder creer el grado de sinceridad que estaba alcanzando. Cuando Sasuke se pegó más a ella, la peliazul ladeó su rostro y sin saber por qué, le besó la mandíbula, provocándolo con ello.
Cuando el pelinegro gruñó, Hinata apretó sus piernas, pero la de él entre las de ella le impidió cerrarlas, al sentir que vergonzosamente se humedecía. Sasuke se calentó más al intuirlo y casi con maestría metió sus dedos entre los senos de Hinata y le desabrochó el sostén.
El par de senos cayeron suavemente y parecieron más grandes sin la presión. La negra mirada cayó a ellos y luego fue al chocolate en su mano.
—Odiaba esto— confesó apretando el dulce, viendo cómo brotaba chocolate líquido —, pero te juro que no desperdiciaré una sola gota, Hinata— añadió haciéndola temblar cuando un hilo de chocolate resbaló hasta su endurecido y rosado pezón.
El lacio y azulino pelo de Hinata pareció más largo cuando, luego de que el Uchiha la sentara sobre el respaldo del sofá, ella echara su cabeza ligeramente hacia atrás, al experimentar la electrizante sensación de los labios masculinos mamando de sus senos. La intimidad de la chica ardió.
—Sa-suke…
Los brazos fuertes y celosos del chico rodearon la cintura femenina, sosteniéndola mientras comía de sus senos. Un minuto después Sasuke estaba buscando desabotonarle también el delgado pantalón.
Ocho minutos más, tres chocolates menos en la cajita, un par de senos y abdomen húmedos de saliva, y el pantalón de Hinata ya acompañaba a sus botas en el suelo, todo, mientras Sasuke abría más su boca buscando abarcar más de la que le parecía una deliciosa intimidad femenina. Los pliegues del sexo de la Hyuuga, así como el interior de éste habían estado escurriendo un espeso chocolate que el Uchiha no había tenido reparo en chupar; la lengua masculina recorrió cada centímetro entre las piernas de Hinata, calentándose al escucharla gemir y sentirla temblar cuando su lengua osaba incluso penetrarla entre sus constantes movimientos.
Con una pierna de la chica sobre su hombro, él la obligaba a aferrarse con más fuerza a su sofá, pues la necesidad de su succión se hacía casi inclemente, como lo era el calor que le hacía doler ya toda su carne dura, presa entre sus pantalones. Su masculinidad palpitó cuando después de estar rozando sin cansancio ese botón pequeño entre las piernas de Hinata, y haber ingresado un par de dedos a su interior, la chica se convulsionara de placer, haciéndolo testigo preferencial al dejarlo ver y sentir como su humedad se desbordaba de su interior.
La peliazul tembló y Sasuke soportó otro latido de su hombría sólo para separar sus labios y beber de ella. Hinata era deliciosa. Cuando sus negros ojos se alzaron a ella, pudo verla con los ojos cristalizados de placer, con la respiración entrecortada saliendo por sus labios, los mismos que lo llamaron entre gemidos al momento de su orgasmo… era hermosa.
Se levantó y la besó casi con brusquedad, pegándola a su cuerpo mientras una de sus manos bajaba por fin el cierre de su pantalón.
Ella jadeó cuando él dejó sus labios.
Sasuke extrajo su pene y lo acarició antes de colocarlo en la tibieza de la humedad femenina.
—Aahh— ella lo abrazó con fuerza por el cuello y gimió en su oído cuando él la penetró —Sasuke.
—Voy a hacértelo toda la tarde, Hinata— mencionó con voz ronca al alzarle una pierna —. Quiero que lo disfrutes— jadeó en su oído y eso endureció más los pezones femeninos.
—S-sí— ella, que ya estaba demasiado nublada de placer como para ser consciente de la forma como estaba dejándose llevar, le buscó los labios para besarlo.
El Uchiha sonrió en medio de ese beso y salió de ella, sólo para volver a ingresar con más fuerza. Hinata entrecortó el beso para gemir, soportó varias estocadas más y volvió a buscar sus labios.
Esa tarde helada de lluvia, dos cuerpos buscaron decirse mientras se amaban, que algo ya había cambiado; Hinata casi pudo sentirlo… Sasuke, estaba demasiado nublado como para creerlo.
•
O.O.O.O.O
•
La mañana siguiente amaneció más helada todavía, o eso les pareció al par de amantes que se movían uno contra el otro bajo las sábanas.
—Debo irme— susurró Hinata apenas con aliento, buscando apartarse de Sasuke que otra vez se había pegado a su cuerpo.
—No todavía— soltó él buscando besarle el cuello.
Hinata jadeó, su garganta le quemaba y sentía su voz ronca, la tarde pasada, como Sasuke lo aseguró, estuvieron la mayor parte haciendo el amor, al final, ella había terminado durmiendo con él. Decir que el chico no la despertó un par de veces por la madrugada era mentir, sus cuerpos estaban agotados y doloridos luego de la noche que acababan de pasar, y a pesar de que físicamente el pelinegro no se consideraba capaz de volverla a hacer correrse, no quería tampoco dejarla ir.
—Tengo clase en dos horas— le recordó la joven con la garganta seca —. Debo ducharme y preparar mis libros— explicó sin querer pensar en la tarea que no había hecho.
Sasuke le besó el hombro y siguió aferrándose a su cintura, al estarla abrazando desde la espalda. Olfateó el aroma natural de Hinata mezclado con el sudor que ambos emanaron… dejó escapar su aliento y experimentó con más fuerza esa necesidad de retenerla todavía más. Le mordió el hombro haciéndola sonreír y un pequeño calor le inundó el pecho, desde la tarde anterior Hinata se había dejado arrastrar por sus deseos y correspondió con pasión la de él.
—¿Por qué sigues conmigo?— su voz se escapó ronca desde el fondo de su garganta. Pegó su frente a la nuca de la cansada chica.
Hinata buscó verlo y de pronto su mirada se entristeció, al saber que le preguntaba por un tema delicado, uno que apenas alcanzaba a comprender.
—¿Me quieres, Hinata?
Patético, sí, pero necesitaba saberlo.
Esa pregunta le atravesó el pecho a la peliazul con un calor doloroso y angustiante que también pudo disfrutar. Sasuke se elevó y ella giró para quedar bajo él.
—¿Lo haces?— volvió a preguntar roncamente viéndola a los ojos.
Hinata perdió el aliento y separó sus labios sin lograr decir nada. Los ojos negros cobraron más profundidad al momento de buscar besarla. Cuando una calma emanó de ambos al rozar sus labios, Hinata sintió un cosquilleo ansioso en su pecho, alzó una de sus manos y le acarició la mejilla hasta llegar a su negro pelo… algo debía sentir por él para terminar como lo hacían cada vez que él tocaba su piel.
—Yo…— susurró acariciándole el pelo y perdiéndose en su mirada.
Él sonrió de medio lado y entonces la besó, la besó despacio, volviéndole a nublar la conciencia.
• • •
Luego de una ducha, un desayuno rápido pero calientito y asegurarse de cambiar sus libros, Hinata ya bajaba por el elevador de su edificio después de recibir la llamada de Sasuke.
Sus ojos perlados enfocaron su figura en el reluciente metal y negó en silencio sin dejar de mirarse. Tenía unas ojeras terribles, todo su cuerpo dolía y sus ojos, casi secos, reclamaban la falta de sueño al estar enrojecidos.
El timbre del elevador sonó, anunciando las puertas abiertas y ella salió, apenas tuvo ánimo de saludar al encargado del edificio y se dirigió al auto del Uchiha donde éste ya la esperaba.
El chico de ojos negros se burló de medio lado al ver a la atractiva Hyuuga vestir unos vaqueros y un holgado suéter color beige, combinando con un par de botas sin tacón. La falta de sueño se le notaba a simple vista.
—¿Mala noche?
Ella hizo un puchero y luego frunció el ceño viendo cómo el chico, al que el viento le mecía el cabello, se veía tan fresco como el día, nada, absolutamente nada de él demostraba que estuvo haciendo con ella lo que hicieron.
Para él no pasó desapercibida su extrañez.
—Sube— le abrió la puerta del auto y se adelantó a también subir.
—¿Qué hiciste para verte así?
Él guardó silencio unos segundos —Estoy acostumbrado a dormir poco, es extraño que eso me afecte— aseguró mientras ponía en marcha el coche.
Hinata lo vio con cierto recelo y no le creyó del todo.
—¿Todo listo para hoy?— y esa pregunta soltada por el moreno la hizo olvidar sus dudas y preocuparse por su irresponsabilidad.
•
O.O.O.O.O
•
Largas horas después, Sasuke cerraba de mal modo su portátil, mientras llamaba por tercera vez a su hermano. Maldijo mentalmente cuando la llamada se enlazó al buzón de voz.
Negó en silencio y revisó las conversaciones vía chat con Itachi y no logró encontrar el número que antes le había pedido agendar, del teléfono del departamento de Izuna, lugar en el que solía estar cada que la chica estaba en la ciudad.
—Maldito, Itachi— gruñó y se puso de pie, extrayendo el pendrive donde tenía los archivos confidenciales en los que su hermano le había pedido trabajar. Tomó su chaqueta y cerró de un portazo el departamento.
Si no sabían de Itachi en las oficinas de su padre, tampoco en la pequeña empresa que él fundó, sólo podía estar en la mansión.
Resopló con cansancio al dirigirse a ese lugar. Odiaba hacerlo, aunque lo único bueno de ello, es que aprovecharía el horario de trabajo para visitar también a su madre.
Golpeó su pulgar en el volante al ir ya conduciendo por la ciudad y de pronto experimentó una sensación de inquietud que no le gustó, era, como si justo en ese momento, algo malo estuviese pasando.
•
O.O.O.O.O
•
Con la tarde gris en el exterior, Hinata se llevó sus dos manos a la boca y trató de darles calor; hacía ya más de dos horas que había lavado los trastos de la comida y sus manos todavía estaban entumidas, a pesar de ya haber estado trabajando en su portátil.
Se levantó del cómodo asiento de piel frente a su escritorio al haber terminado con sus tareas, y se dirigió a pasos lentos a cerrar la ventana de su habitación, la cual dejaba entrar el frío; suspiró y a pesar de la gran cantidad de coches por la avenida, el aire se sintió limpio. Estaba agotada y la relajante música sonando desde el reproductor de su computador sólo la animaba a descansar; eran las seis y media y comenzaba a oscurecer.
—Me daré una ducha— se dijo al girarse y avanzar directo a su clóset, esa tarde pensaba dormir temprano.
Justo cuando sacaba una pijama, su móvil, sobre el escritorio, vibró sonando más escandaloso al contacto con la madera.
«¿Quién podrá ser?» se preguntó, Neji por lo general le hablaba al teléfono del departamento, y Sasuke solía mandar mensajes.
Tomó el dispositivo deteniendo sus movimientos y frunció el ceño al ver el nombre en la pantalla. Contestó de inmediato.
—¿Hola?
—¿Hinata?— el tono de preocupación del otro lado de la línea le formó al instante un nudo en la garganta y le aceleró el corazón.
•
O.O.O.O.O
•
Cuando el auto deportivo negro del menor de los Uchiha llegó a la residencia que habitaban sus padres, le extrañó encontrar abierto el portón principal; justo cuando giró para entrar, escuchó el sonido de unas sirenas aproximarse, frunció el ceño extrañado y de inmediato tuvo frente a sus ojos una ambulancia saliendo a toda velocidad por el sentido contrario por el que él entraba.
—¿Qué demonios?— se preguntó al girar su rostro acompañando visualmente a la ambulancia que acababa de salir.
Una de las ayudantes domésticas salió corriendo, también viendo con preocupación a la ambulancia marcharse.
—Oye— alzó la voz haciéndose notar, luego de bajar la ventanilla —, ¿qué ocurrió?
La mujer madura y de complexión robusta que se llevaba las manos al pecho, casi lloraba.
—Joven Sasuke… su, su mamá se puso mal— apenas pudo decir.
Los ojos negros se abrieron con sorpresa y giró el volante; no pretendió preguntar siquiera a qué hospital se dirigirían, pues enseguida comenzó a seguir a la ambulancia que todavía se escuchaba a lo lejos.
—Joder.
• • •
Minutos después y gracias a que se metió en el hueco vehicular que iba dejando la ambulancia a su paso, llegó por fin a una clínica de especialidades, que era una de las más importantes del país.
Salió del auto y se apresuró al área de urgencias, donde tendrían que darle información. Casi quiso seguir el camino que tomaban las ambulancias para llegar directo a su madre pero había un protocolo que debía seguir.
El lugar estaba en calma, contrastando con su interior.
—Mikoto Uchiha, necesito saber de ella— preguntó apenas llegando al mostrador detrás del cual estaba un equipo de enfermeras.
—¿Sabe cuándo llegó?— preguntó una de ellas al apuntar su nombre para dirigirse después al computador.
—La acaban de ingresar.
La chica lo observó por unos segundos —Entonces me temo que deberá esperar unos minutos hasta que nos pasen el informe. Tome asiento.
—Una ambulancia acaba de traerla, debe ser de gravedad, no voy a sentarme— declaró el molesto pelinegro.
—Pues me temo que…
—La señora Mikoto Uchiha es atendida por el Doctor Tatsumiya— habló la que debería ser la jefa de enfermeras, una mujer adulta y de semblante serio, apenas volteando a verlos al estar ocupada con unos expedientes un par de metros atrás —. Su consultorio está en el quinto piso, él debería poder informarle, aunque si llegó de gravedad, deberá esperar a que la atienda.
Antes de que terminara de hablar el alto pelinegro asintió y giró su cuerpo para dirigirse al elevador.
—Quinto piso— susurró cuando el mecanismo ya lo hacía subir en compañía de un par de personas más.
Cuando las puertas se abrieron, en un letrero discreto tras la central de enfermeras de ese piso, pudo leer la especialidad de ese sector. Oncología. La sangre casi se congela en sus venas al punto de quedarse inmóvil mientras una de las personas que subió al elevador con él, bajaba.
Antes de que las puertas se cerraran, Sasuke bajó, sus largos pasos se dirigieron de inmediato con las enfermeras que parecían trabajar en calma. Antes de poder preguntar siquiera algo, por el rabillo del ojo se percató de la presencia de su hermano hasta el final del largo e iluminado pasillo.
«Itachi»
Cambió de dirección adelantándose a un médico y dejando atrás varias puertas, tal vez consultorios o tal vez habitaciones, no le interesó.
Cuando el médico alto y de blanca bata, acompañado por el pelinegro de marcadas ojeras se adentraron al consultorio al final del pasillo, los pasos del de rebelde cabello cobraron prisa.
—¿Qué puede decirme?— la voz gruesa y preocupada de Itachi perturbó a su hermano que los veía de pie desde el marco de la puerta.
El hombre mayor y de lentes, negó en silencio, ahí, de pie frente a su escritorio.
—Ya hablamos de esto, Itachi, son crisis que tienen que pasar. Desgraciadamente su cáncer es muy agresivo y en etapa terminal es imposible controlar, la estabilizaremos pero… tú sabes bien desde hace bastante tiempo que el final está cerca— la serenidad en la voz del galeno hizo que algo dentro de Sasuke que no se había hecho notar, pareciera caer en un vacío, uno profundo.
Se hizo un silencio por parte de los dos involucrados en la conversación y el menor de los Uchiha no se percató cómo su hermano apretaba sus manos.
—Tiene que hacer algo. Dele más morfina, algo, que no sufra— cuando la voz del siempre imperturbable Itachi sonó quebrada, los ojos del menor picaron.
—Eso haremos— el médico asintió y cuando notó al intruso, le asintió con la cabeza a su acompañante para de inmediato salir del consultorio.
Itachi lo vio pasar y se quedó un momento ahí, cuando se dio la vuelta con calma, por primera vez en mucho tiempo se quedó inmóvil.
—Sasuke…
El menor tenía sus manos en puños y su mandíbula estaba apretada, conteniendo la furia que sus ojos mostraban.
—¿Qué mierdas significa esto?
El otro sólo pudo cerrar sus ojos —Supongo que lo oíste bien— dijo pretendiendo conservar la calma que siempre lo caracterizó.
La sangre del menor hirvió —¿Mamá está muriendo?— su voz arrastró una amenaza.
Los ojos negros del mayor observaron el rencor en los otros tan similares.
—Se supone que no debías enterarte hasta…
Un puñetazo en la mandíbula le cerró la boca al mayor, arrojándolo hacia atrás, haciendo sonar escandalosamente el escritorio contra el cual chocó. Itachi ni siquiera pudo ponerse en pie cuando Sasuke llegó sobre él aferrándolo con fuerza del cuello de su camisa.
—¿Qué no debería enterarme?— preguntó elevándolo un poco sólo para darle otro golpe — No hablamos de un maldito perro, imbécil. ¡También es mi madre!
—¡Itachi!— Izumi, que se encontraba en la mansión ese día y que también había conducido tras la ambulancia, se aproximó al consultorio y corrió cuando intuyó, por el ruido y los golpes en el interior, lo que estaba ocurriendo.
—¿Hasta cuándo me lo dirías?¿Al tenerla metros bajo tierra?— volvió a levantarlo del cuello pero esta vez Itachi logró estabilizarse y ponerse en pie. Se soltó con brusquedad.
—Justo esto es lo que pretendía evitar— dijo luego de aventarlo y limpiarse la sangre que le brotó de boca y nariz.
—Infeliz— soltó el menor que volvió a arrojarse contra él.
—¡No, por favor!— suplicó una asustada Izumi — Fue idea de su propia madre— soltó deteniendo al menor y aprovechando eso para meterse entre los dos —. Ella no quería que se enterara.
Los ojos todavía furiosos del menor fueron de ella, a él.
Itachi ladeó su rostro sin pretender culpar a su madre de la pregunta no hecha por su hermano, y Sasuke sintió su furia seguir bullendo en su interior, mezclándose con el dolor y una holeada de nueva decepción dirigida a su hermano.
—Y otra vez te quedaste callado— su voz ronca denotó rencor.
—No mezcles las cosas— suplicó el mayor con calma al volver a verlo.
Sasuke sonrió con una mezcla de ironía y dolor —Eres basura, Itachi.
Esas palabras calaron hondo en ambos hermanos. Itachi asintió asumiendo su responsabilidad y Sasuke, frustrado por su pasividad, sintió que el pecho le ardió… quería seguir golpeándolo y quería que su imbécil hermano le devolviese los golpes, ansiaba cansarse y sacarse de encima la impotencia que le corroía el cuerpo. Su madre estaba muriéndose y su familia otra vez le daba la espalda.
—Púdrete— soltó y se dio media vuelta dejando a un Itachi agotado mentalmente, y a una Izumi respirando ligeramente más tranquila.
—¿Estás bien?— preguntó la castaña viendo cómo la herida en la comisura del labio de su novio, comenzaba a hincharse.
Itachi asintió y justo cuando le apartaba la mano para que no se manchara, pareció recordar algo y salió con prisa del consultorio.
—Joder.
Las grandes zancadas del menor de los Uchiha se detuvieron por un momento cuando al acercarse a los elevadores, se percató de la presencia de su padre. Fugaku Uchiha, con brazos cruzados y semblante estoico, charlaba con toda tranquilidad con el médico con el que había estado Itachi; verlo asentir con calma y luego llevarse las manos a los bolsillos, desató ese viejo y escondido odio que le tenía.
«Maldito bastardo» pensó al dirigirse a él.
—¡Sasuke!— la voz de Itachi resonó fuerte en el pasillo y recibidor de ese piso, pero fue demasiado tarde para el patriarca de la familia que apenas volteó, se encontró con los puños de su hijo. Sasuke lo sujetó del cuello y ante la mirada atónita de todos, le dio un golpe al hombre que se decía su padre.
—Demonios— soltó Itachi que corrió a sujetar a su furioso hermano.
El médico no tardó en ordenar a las enfermeras llamar a seguridad e Izumi trató con inutilidad, tratar de ayudar a calmar a Sasuke.
La mirada del menor se volvió casi rojiza y su rostro enmarcó molestia, viendo como su padre frotaba su mandíbula —¿Cómo demonios puedes estar aquí?
El mayor, conservando su porte y calma, lo vio con desprecio al ajustarse su corbata —Esa pregunta debería de hacértela yo a ti. ¿Qué haces aquí luego de largarte y librarte de tus problemas, cobarde?
Sasuke se revolvió haciendo casi imposible para Itachi sujetarlo.
—Yo no sabía nada, en cambio tú… y aun así…— echó en cara —. Eres tan poco hombre.
Fugaku sonrió de medio lado y eso sólo hizo enfurecer más a su hijo, él sabía que hablaba por sus continuas infidelidades mientras Mikoto moría.
—¿Y tú qué demonios sabes?— soltó con amargura viéndolo con fiereza al tiempo que dos oficiales llegaban al piso.
—Por favor, no es necesario— intervino Izumi, suplicándoles a los recién llegados que les dieran tiempo.
—Lárgate, Sasuke, nadie te necesita— la voz gruesa e imponente de Fugaku sonó con crueldad —. Tu madre ha estado muriendo por seis años, en los cuales estuviste haciendo de tu vida una mierda, ¿crees que no lo sabemos?— dijo sorprendiendo ligeramente al menor, pero contrario a eso, incrementando su coraje — No finjas que te importa, no la visitaste una sola vez en cinco años, no la verías si no es porque ella te buscaba. Deja de ser hipócrita— soltó con desprecio —. Échenlo de aquí— le ordenó a los oficiales del hospital.
Sasuke, todavía viéndolo con el odio que le tenía, tuvo que reunir suficiente coraje para aceptar como ciertas esas palabras, él también le había fallado a Mikoto.
Itachi, al ver a Sasuke erguido, furioso, pero ya sin la intención de agredir a su padre, estiró su brazo para que nadie lo tocara.
—Eres una mierda, Fugaku Uchiha— soltó con desprecio desde lo más profundo de su garganta.
—Mph— el mayor sonrió con amargura y lo vio partir.
Itachi vio con reproche a su padre y negó en silencio al seguir, con su novia, los pasos de Sasuke.
El interior del chico de rebelde cabello estaba bullendo en furia, todo el pecho le quemaba y no quería ni ver a nadie, por eso optó por dirigirse a las escaleras y quemar un poco su rabia forzando a su cuerpo, pero cuando estaba a punto de pasar de largo los elevadores, de éstos salió la última persona que esperaba ver.
Los ojos negros se abrieron ligeramente más cuando el rostro preocupado de Hinata giró y se encontró con ellos. Las orbes perlas mostraron su asombro al encontrarse con la mirada furiosa de Sasuke en ella.
—Hinata— saludó Izumi por inercia —… llegaste.
La peliazul separó sus labios y perdió el aliento al devolver sus ojos a Sasuke. Itachi cerró los ojos, lamentando el desafortunado encuentro y el menor de los pelinegros sonrió con ironía.
—Lo sabías— dedujo luego de escuchar a Izumi. Su sonrisa, dolida, con rabia y frustrada, se extendió en su rostro… era un imbécil.
A Hinata se le apretó con fuerza el pecho —Ah… yo… Sasuke…
Y cuando ella quiso acercarse y tocar su brazo, él apartó con brusquedad el mismo.
—¿Tú se lo dijiste?— le preguntó a su hermano volteando de medio lado a verlo. Claro, de eso hablaron esa vez que él los encontró juntos fuera de su departamento… con razón el cambio de actitud de ella.
—No, él…— ella se apresuró a hablar.
«Fui un imbécil» volvió a asegurarse el furioso moreno.
—Cierra la boca, Hinata— la interrumpió y retomó su paso.
El tono fríamente cruel del pelinegro le atravesó el pecho como una barra de hierro ardiente.
—¡Sasuke!— lo llamó y avanzó a él, al verlo perderse en las escaleras.
—Espera, Hinata— Itachi la detuvo al sujetarla del brazo. Le negó en silencio —. Está furioso y Sasuke no es racional en ese estado.
Ella se mordió el labio y sus ojos temblaron en ansiedad, ella también sabía eso pero no se sentía bien sólo dejar que se fuera sin que la escuchara.
—Lo siento— se disculpó Izumi al haberse dado cuenta de su imprudencia… ella nunca debió informarle a Hinata que Mikoto había tenido una recaída, a pesar de que la misma Hyuuga se lo había pedido semanas antes.
Hinata negó en silencio, diciéndole así que no tenía que disculparse. Se mordió con más fuerza su labio y luego dejó escapar el aliento.
—Debo verlo— dijo y aprovechando que el elevador volvía abrirse, se adentró en él.
—Hinata.
—Lo siento— se disculpó la Hyuuga al presionar con insistencia el botón que cerraría las puertas, y luego el que la llevaría abajo.
Segundos después, el largo cabello azulino de la chica de leggins y chaqueta oscura, se atravesó frente a sus ojos al ser la noche con viento.
«¿Dónde estás?» se preguntó estirándose al caminar por el enorme estacionamiento de esa clínica «Sasuke»
El corazón se le apretó cuando a lo lejos vio la alta figura del chico mezclarse entre los vehículos estacionados.
Corrió imprudentemente casi siendo atropellada y no le importó, al seguir su camino.
—¡Sasuke!— volvió a llamarlo al estar cerca.
La mirada onix y molesta se fijó en ella a pesar de que su negro cabello también se mecía por el viento.
—Tienes que escucharme— suplicó la agitada chica al detenerse junto a su auto, justo cuando él pretendía entrar en éste.
—Mph— su sonrisa molesta volvió a adornar sus labios —. ¿Qué piensas decirme?— preguntó con oscura ironía —¿Que llegaste por casualidad?
El aliento de la chica se hizo visible en el helado clima —No.
—Escúchame algo, Hinata— advirtió al acercarse dos pasos a ella y tomarla de la barbilla con fuerza innecesaria —. Vete al infierno— arrastró con desprecio y luego de verla del mismo modo, la soltó y se adentró en su coche dando un portazo.
El corazón de la chica pareció romperse y tragó pesadamente antes de que sus ojos se aguaran.
Sasuke pisó el acelerador y retrocedió con prisa, pasando a su lado, para luego salir de ahí. Las manos de la aturdida chica se sujetaron una con otra y no entendió por qué razón estaba llorando, ni tampoco por qué le estaba doliendo tanto.
Sasuke, en cambio, seguía bullendo en furia, pero sus ojos también estaban mojados. Era un imbécil… sonrió odiándose. Negó en silencio… pensar que esa mañana, cuando le preguntó a Hinata si lo quería, casi sintió que sí sin que le respondiera y eso lo hizo feliz.
—Patético… eso es lo que soy— soltó con desprecio al girar su coche, haciendo derrapar sus llantas. Lo único que quería, era no volver a saber nada de ella.
Continuará…
•
•
•
Hola chicas y chicos ñ.ñ
Bueno, aquí algo explotó. Espero que el capítulo –gigante- les haya gustado y que no se hayan aburrido con semejante parrafada.
Gracias por leer.
Comentarios:
•JudsSC •la bella nunez •simazame •himepeti •i lOve anime-jOya •uchihinata-20 •-aiKawaiiChan •Ingrid o. O •KiaraUchihalove •Zimba Mustaine •Marjo Em •AmelyBere •wolf-enzeru •Erimebe34 •Julia •imjustjv •MikaSyo •Dark Amy-chan •Mikashimota Z •alejamoya06 •marthytsugaya •Andy'hina •Pamaig •hyuga meiko-chan •C3siah •hinatacris •Suishoka 69 •cHiBiLeBaSi •Nana •Astrid Sakamaki •Itzel 33 •hime-23 •Anjoas •XukiUchiha •bellamita-uchiha •lizeth de Uchiha •Moonyandloony •himachan •hima chan •Kamicor •Mangelot Farid •Patohf •holis •Sasuhinaforever •UmeFuyu •HinataSakugan-15 •SaBaKu No MeNnY •KASSY HYUGA •Jaqueline Slytherin •Shirubia •Nymfhetamina •istharneko •Sara Dragonil •NicaRaa •Da chan •Miaugrrr •kathiastella •gristardream13 •Mangelot Farid •ARTEMIS FM •xinthiia •AhrenLove •Rosenrot •Miaugrrr •Alexandra Cooper96 •Soo Hyun Yuki •pepite Uchiha •Ynanla-chan y a las personas que no dejaron su nombre.
Mil gracias por el apoyo que le están dando a esta historia y el interés que muestran al tomarse unos minutitos y comentar, me halagan.
Este mes siempre se me complica y a pesar de hacer el intento de actualizar antes, apenas ayer terminé el capítulo, siento hacerlos esperar, aunque bueno, el capítulo casi vale por dos ._. xD
-O-
ANUNCIO
Chicas y chicos, pues nada, pasando a otras cosas, avisarles que los 'Premios Naruto Fanfics' en Facebook, ya comenzaron, y bueno, me toca agradecer a JudsSC por nominar esta historia.
El fic participa en tres categorías:
•Icha Icha Premium… aquí también está nominada Himepeti, con Demonios mentales, una genial historia también SasuHina y un fic llamado Bestia de Maid or eternity.
•Pareja Crack… aquí acompaño a JudsSC con Tonos de Frío y un GaaHina.
•y Villano del año (o algo así)… aquí también está JudsSC.
Si tienen un tiempo, voten… ya saben dónde buscar: Facebook - Premios Naruto Fanfics - Nominaciones 2016 (está como publicación marcada).
Se cierran votaciones creo que el último del año.
Vayan y busquen entre las categorías, hay muy pocas historias de nuestro fandom nominadas, desgraciadamente; así que si se pasan entre las categorías, tal vez se encuentren con fics que ya leyeron y también necesitan su apoyo :')
También está participando Aika Yami con Love Me, como 'fanfiction 2016' y pitukel como 'autor 2016'… no recuerdo a los demás :C
En fin, gracias a las que han votado y gracias también a quienes me felicitaron por mi cumple (13 Dic)… quise regalarles una actu ese día, pero no pude terminar el capítulo a tiempo :c
Bien, hasta aquí.
¡Gracias por leer y que pasen una feliz Navidad y un mejor año nuevo!
Besos, Aidé.
