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LOS PERSONAJES DE NARUTO SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.
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-28-
ALMAS TAMBALEANTES
-Capítulo dedicado a 'Julia' sé que tu cumple ya pasó, pero no le hace xD-
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Los ojos violáceos de Hinata se cerraron con pesar al apenas apagar el motor de su coche frente a esa torre departamental; los mismos le ardían.
Horas atrás, en aquella clínica, había subido de nuevo a hablar con Itachi luego de calmarse y ocultar su llanto, saber a Mikoto realmente mal volvió a desmoralizarla. Todo había sido un fracaso. Tembló al recordar.
Ahora eran casi las doce y bajo la luz de los altos postes se veía caer una muy fina lluvia que volvía más gélida la negra noche.
«Ve a descansar, aquí no hay mucho que se pueda hacer» las palabras de Itachi volvieron a ella que no se atrevía a despegar su mirada del volante de su auto. Mikoto volvió a dormir tranquila al haber sido sedada y la tensión en la que se quedó la familia Uchiha era palpable, y aún sin estar tan convencida, había salido a pasos lentos de ese edificio médico.
Tragó pesadamente y le rogó a sus ojos no llorar cuando jaló la pequeña manija que abrió la puerta del coche. Salió de él y avanzó como si el aire frío no le helara las piernas; cruzó el pequeño lobby ignorando, por primera vez, al encargado a esas horas del edificio, más preocupada en la sensación que le apretaba el pecho al grado de hacer su respiración pesada, y que también la paralizaba más que el frío.
Subió por el elevador y tuvo que morderse el labio para salir de él. Apenas lo hizo, vio la puerta de ese departamento al que se dirigía.
«Escúchame algo, Hinata… vete al infierno.»
Aquellas crueles palabras casi le impidieron avanzar.
«¿Qué estoy haciendo aquí?» se preguntó insegura al finalmente detener sus pasos. Era estúpido buscarlo, ¿qué le diría? Él tenía todo el derecho de saber sobre su madre y ella también se lo había ocultado, pero, ¿qué podría haber hecho ella?, aquello ya era un secreto muy bien guardado; además…
Negó en silencio y retomó sus pasos, tocó.
Además, además se suponía que ella ni siquiera tenía que estar en esa situación, ese no era su problema, nunca lo fue y nunca debió haberlo sido; ella no tenía por qué estarse sintiendo mal.
«Quiéreme, Hinata» «Te quiero» «Haré que no puedas vivir sin mí»
Aquellas frases soltadas por Sasuke, tiempo atrás, le humedecieron los ojos y los hicieron arder. Con la visión empañada y distorsionada por las lágrimas, Hinata volvió a tocar el timbre.
Tuvo que tragar pesadamente para liberar su garganta de ese nudo que le molestaba. Respiró con pesadez todavía sintiendo que debía irse pero sus pies permanecieron como imantados al suelo frente a esa puerta que no se abrió.
Timbró por tercera vez y lo llamó con su voz frágil y quebrada.
No hubo respuesta.
—Tal vez es mejor así— se dijo viendo la perilla inmóvil en la puerta, tras la cual, ningún ruido se escuchaba —. Santo cielo, Hinata, vete ya— se suplicó cuando sus lágrimas se asomaron fuera de sus ojos. La verdad era que no sabía qué iba a decirle, ni tampoco quería pensar qué nombre tenía esa fuerza que la llevó a buscarlo.
Se giró y apresuró sus pasos para irse. Era el momento de dejar todo atrás, ese enorme error que cometió al prometer quedarse con él mientras el deceso de Mikoto llegaba, se estaba fracturando, dándole una posibilidad de escape; Sasuke ya había dado por finalizado lo de ellos, eso fue claro luego de cómo la miró, ahora ella sólo debía mantenerse a distancia y al paso del tiempo, ambos lo olvidarían. Había sido decepcionante para él y ahora seguro la odiaba, entonces no habría razón para que la buscara. Todo estaría bien.
Se detuvo frente al elevador y presionó el botón que pronto haría abrir esas metálicas puertas, alejándola de ahí.
—Sólo… sólo mantente firme. Esto es lo mejor— se dijo al escuchar cómo el elevador llegaba. Era lo mejor, es más, si se ponía a juzgarlo cruelmente cómo él lo hizo con ella, Sasuke se merecía sufrir, ¿verdad?
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O.O.O.O.O
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Con la música sonando alto en aquél antro donde todo empezó, Sasuke apretó con fuerza el borde del grueso vaso donde bebía su whisky; su mirada negra estaba perdida en algún punto de la ligeramente maltratada barra, frente a la cual estaba.
Desde hacía veinte minutos que la media noche había pasado y ni el frío hielo en su bebida le bajaban el calor que le quemaba por dentro. Una vez que dejó a Hinata en aquél hospital, había conducido con poco cuidado por la ciudad, buscando ignorar su frustración y el también desprecio que él mismo se tenía, con el vértigo de la velocidad. Con el combustible casi agotado y esa desazón todavía dentro de él, cargó gasolina para finalmente terminar en ese lugar, el mismo, que casi cinco meses atrás fue testigo de su más grande bajeza.
De un sorbo largo, el caliente y oscuro líquido desapareció entre sus labios.
Dejó el vaso sobre la barra y su mirada se fijó entonces en el par de cubos de hielo que quedaron en él, ignorando con gran facilidad el ensordecedor sonido a su espalda, y a la gente cercana a él que se acercaba a comprar bebidas.
Tragó pesadamente mientras el barman, que ya lo conocía, reemplazaba el vaso vacío por uno nuevamente lleno.
«Su cáncer es muy agresivo y en etapa terminal es imposible controlar, la estabilizaremos pero el final está cerca»
Aquél recuerdo le formó un vacío en el estómago. Sus ojos ardieron y tuvo que tensar su mandíbula para ignorar el escozor en sus ojos.
Su mente lo sacó de ese lugar y lo colocó frente a su madre, en aquella visión que solía tener de ella cada vez que él entraba corriendo a su habitación cuando era niño, una Mikoto sonriente lo recibía, pudo volver a imaginar su mirada limpia, lo veía sin reproche alguno, feliz de verlo, como siempre solía hacerlo; luego, junto a ella apareció Itachi, entonces la atención de su madre fue a su hermano y justo en ese momento él notó cómo la sonrisa de Mikoto aminoraba… Sasuke frunció el ceño sin darse cuenta y volvió a tragar con dificultad al ahora imaginar a su madre tendida en cama, con Itachi a su lado y junto a ellos a Fugaku.
Su sangre volvió a arder haciendo más dolorosa la opresión que se había instalado en su pecho, desde que escuchó que su madre moría.
«Nadie te necesita, Sasuke. Tu madre ha estado muriendo desde hace seis años, en los cuales hiciste de tu vida una mierda. No finjas que te importa. Deja de ser hipócrita.»
Tomó de un solo sorbo el whisky frente a él. Odiaba a ese hombre que tenía por padre, y se odió él por haberse marchado, tuvo que haberse quedado y ver a su madre, de verdad, por primera vez en mucho tiempo.
—Joder— susurró frustrado al desviar su rostro, todavía sintiendo su garganta quemarle al haberse tomado ahora el whisky seco.
¿Cómo demonios iba a ver a quién desde siempre fue su luz, muriendo? ¿Cómo fingía que él no tenía la culpa de llegar a ella cuando el final estaba a la vuelta de la esquina?
Ver a Mikoto en esa situación sería como cuando le dijo a Hinata que la quería… iba a ser desnudar una parte patética y débil de él para aceptar que era una escoria, que no merecía siquiera pisar el mismo suelo, pero peor, porque a su madre no podía pedirle otra oportunidad.
Sus ojos queriendo aguarse le recordaron que todavía sentía dolor.
—Otro seco— le pidió al joven detrás de la barra.
El chico asintió y enseguida se dispuso a volver a llenar su vaso.
Justo cuando tomó el primer sorbo que ahora curiosamente batalló en atravesar por su garganta, reconoció, entre el tumulto de gente y alto volumen de la música, un par de voces que discutían y se acercaban.
Segundos después, sintió un peso colgarse a su espalda cuando alguien lo abrazó por los hombros.
—¡Sasuke! ¡Te vi y no podía creer que estuvieras aquí! ¿Ves? Te dije que era él, idiota— la pelirroja, que no reparó en la seriedad del ojinegro, volteó a seguir peleando con el chico de dientes afilados que llegaba tras ella.
—¡Bah! ¿Y yo qué diablos iba a saber que era él?— Suigetsu se limpió un oído al restarle importancia.
—Siempre es lo mismo contigo, imbécil. Siempre niegas a todo lo que digo— volvió a alegar la joven todavía sin soltarse.
El peliblanco se encogió de hombros y luego de voltear a ver al Uchiha, que ni siquiera se había movido, frunció el ceño.
—¿Y tú qué tienes?— preguntó con la tosquedad que le provocaba ver a Karin pegada a él.
El Uchiha no tardó mucho en quitarse a la chica de encima y se levantó.
—Nada, ya me iba— dijo sacando su billetera y colocando un par de billetes sobre la barra. Quería estar solo.
El de ojos violetas frunció el ceño extrañado y la chica pegó un gritito de reproche.
—¿Cómo es que te vas? ¡Nosotros acabamos de llegar, no queremos irnos!
Karin quiso tomarlo del brazo pero él se jaló con brusquedad —Por eso dije que me voy yo— aclaró y continuó su camino.
—¡Diablos, Sasuke. A veces eres un imbécil!— se quejó la chica que se cruzó de brazos al verlo.
Y mientras que una Karin resignada y molesta se giraba a la barra, Suigetsu no dejó de ver al Uchiha marcharse… ¿qué pasaba con él? Sasuke solía ser cortante, pero nunca de esa forma.
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O.O.O.O.O
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Poco después de la una y media, ese Uchiha de resentidos ojos negros se paseó en su coche por el estacionamiento del Hospital del que hacía un par de horas había salido. Quiso entrar, de verdad, eso fue lo que lo llevó de regreso ahí, pero entre tantos coches reconoció el de su padre y el de Itachi también, entonces se tragó la necesidad de ingresar y volvió a acelerar para partir.
Antes de las dos, cerró de un portazo su coche y, cansado, molesto y frustrado, subió hasta el piso donde su departamento se ubicaba. Apenas salió del elevador, extrajo de uno de los bolsillos de su negra chaqueta de piel, las llaves de su departamento, cuando las tuvo entre sus dedos, se detuvo de golpe al reconocer el cuerpo de Hinata sentada a un costado de su puerta. La furia avivó en él. Ella parecía tener mucho frío pues estaba sentada en el suelo, abrazándose las piernas y con su rostro oculto sobre sus rodillas.
La peliazul que parecía estar siendo vencida por el sueño, luego de esperar casi dos horas ahí sentada, sintió su presencia y buscando cerciorarse, alzó su vista.
Cuando encontró la mirada gélida, envenenada y negra puesta en ella, se sintió patética, inútil y pequeña ante aquella alta figura que retomó su paso para llegar a su departamento.
Hinata tragó ligeramente y se puso de pie con la lentitud con la que el frío congelándole el cuerpo, la sometía.
—¿Qué quieres aquí?— la seca voz del pelinegro la detuvo antes de siquiera poder hablar.
—Ah…— los dedos fríos de sus manos, se apretaron unos con otros, denotando su inseguridad. La mirada suave y perlada volvió a unirse con esa tan cruel negra mientras él abría la puerta — yo… yo só-sólo vine a…
El pelinegro, conteniendo su rabia, dejó escapar el aliento y detuvo sus pasos antes de ingresar.
—Ya te dije que no quiero oírte, mucho menos verte. Lárgate, Hinata— soltó molesto cortándole el aliento y sus palabras.
Los característicos ojos Hyuuga se abrieron con asombro y lo vio aventar la puerta para cerrarla, al ingresar. Ella colocó su mano en un acto reflejo.
—Sasuke— lo llamó y sintió su cuerpo temblar por algo más que frío cuando dio un paso para seguirlo al oscuro interior.
El chico, que se quitaba su chaqueta, volteó de medio lado a verla cuando ella y la claridad del exterior entraron. La puerta se cerró cuando Hinata la soltó para llevarse las manos al pecho, mientras buscaba las palabras exactas para decirle, al tiempo que ambos se quedaban en la penumbra que era cortada por la luz del balcón. Sus ojos claros se aguaron al recordar que a pesar de haber intentado irse, no lo había hecho… el elevador se había abierto y permanecido así unos segundos, segundos en los que su parte consciente le advertía que debía irse; pero no lo hizo, cuando la puerta se cerró y ella se quedó en ese piso, supo que la sensación de vacío y de dolor que se posó en su pecho luego de discutir con él, y de ser mirada con tanta decepción, pesaron más que su sano juicio.
—L-las cosas no son como seguro de-debes estar pensando— Hinata mencionó alzando su vista angustiada a él, mientras seguía jugando con sus dedos.
Él dejó de verla al estar más preocupado por la salud de su madre en aquella torre médica, que en aclarar las cosas con ella.
—Vete— le dijo al dar un par de pasos y dirigirse a su alcoba.
—No— la firmeza en esa voz suave lo hizo detenerse.
—No estoy de humor, Hinata— advirtió sin voltear a verla.
Ella jaló un poco de aire y luego de dejar que unos segundos de silencio se formaran entre ambos, habló—: Eso justo ahora no importa— soltó sintiendo sus ojos ardiéndole por las ganas que tenía de llorar —. La verdad es que no es justo que…— continuó pero sus palabras se cortaron cuando su garganta ya no le dio voz, al soportar el llanto.
El Uchiha se volteó furioso —¿Qué no es justo?— aun así, preguntó con cruel calma.
Hinata no se permitió intimidarse con el tono que amenazaba más palabras hirientes.
—Na-nada de esto— aclaró y apretó sus dientes para no sollozar, al verlo con firmeza en sus aguados ojos.
Sasuke achicó los ojos, viéndola como un pequeño ser buscando defenderse y mostrar seguridad, pero casi fracasando en el acto.
Ella se sintió igual y eso le dio valor para no callarse.
—L-la verdad es que no pedí estar en medio de esto, y no es justo que me juzgues— confesó por fin, sus ojos picaban y seguro ya alguna lágrima había rodado por sus mejillas. El frío desapareció de su cuerpo al sentirse tan mal.
Él sonrió con ironía, ocultando vagamente toda su molestia.
—Entonces sí fue un favor— soltó burlándose de él mismo.
Ella tembló por dentro al sostenerle la mirada — Te diste cuenta de ello en el hospital— aceptó, él lo sabía, ella se dio cuenta y no había forma de negárselo, además, tampoco era como que ganara algo manteniendo una mentira que se había hecho añicos —. Pero eso no significa que…
—¿Qué?— preguntó con sorna y se acercó a pasos lentos a ella, que aún sin quererlo, retrocedió su cuerpo hasta chocar con la pared —¿Qué no significa, Hinata?— volvió a preguntar deteniéndose a centímetros de ella, viéndola hacia abajo por la diferencia de estaturas, luego de notarla asustada.
Ella perdió el aliento —N-no significa que no me importe— se atrevió a decir, haciendo que la sonrisa sarcástica del chico se extendiera.
Sasuke retrocedió un paso y avanzó al medio de la sala.
—Entonces, ¿te importa? ¿Qué? ¿Verme la cara de imbécil? ¿Eso también se lo prometiste a Itachi?— preguntó al voltear a verla, seguro que era él el responsable detrás de todo eso.
Ella negó y se acercó un par de pasos.
—¿Qué te dijo?— preguntó sorprendiéndola cuando se acercó a ella y la tomó del mentón, haciéndola verlo.
—Na-nada que no imagines ya— se sinceró y se preocupó al ver avivar la molestia en esos ojos negros que la veían tan cerca —… me… me pidió estar ahí cuando ella… — los ojos casi lilas dejaron caer lágrimas y Sasuke se sintió tan miserable y patético como nunca antes.
—¿Por qué accediste?— arrastró con molestia.
Ella se mordió el labio y negó sin saber qué decir. Todo el desprecio que sintió al darse cuenta que ella sabía todo, volvió a surgir en él con más fuerza que antes.
Lástima. Ella le tenía lástima, entendió.
Era una mierda. Toda esa maldita situación lo era. Sasuke apretó más el agarre que todavía pesaba sobre la fina barbilla femenina, haciéndola fruncir el ceño ante el desprecio de su mirada.
Un imbécil. Un patético perdedor, eso era él. Hinata, la frágil y patética Hinata le tenía lástima. La mujer que debería odiarlo le tenía lástima y piedad… él nunca ganó nada con ella, todo fue su farsa, su juego que le hizo pensar que de verdad él podía aspirar a su perdón y un poco de su amor. Era el más grande de los idiotas.
—Entonces, Hinata— su mirada pareció volverse más fría y oscura al hablarle sobre los labios —, ¿qué más te pidió, Itachi?— su voz lenta y cruel le provocó escalofríos a la chica. Él avanzó un paso y ella retrocedió para quedar a la par del costado de uno de los largos sofás; se sujetó al respaldo de éste para no sentir que perdía el equilibrio — ¿Te pidió que me mantuvieras entretenido?— su tono cruel fue cediendo ante la burla que se iba presentando — ¿También aceptaste eso?— volvió a cuestionar y Hinata tuvo que recargarse en el respaldo del mueble, al Sasuke estarse acercando más a sus labios.
—No es así como lo dices— le susurró ella viéndolo a los ojos. Su mirada perlada, más que miedo, mostraba expectación.
—¿Ah, no?
Ella negó despacio y él se le pegó más sin poder evitarlo. El cuerpo femenino era su tentación. Por unos segundos, la mirada negra y esa completamente contrastante, se unieron en una sola; la joven Hyuuga sintió esa rabia dentro de él disminuir y casi creyó que la besaría al verlo bajar su mirada a sus labios, pero Sasuke volvió a sonreír.
—Debes creerme un gran pendejo— soltó sorprendiéndola.
—¿Qué?
—¿Y de quién fue la idea?— volvió a cuestionar recuperando su ironía, y venciéndose al pasar sus labios por la suave y fría piel de las mejillas femeninas.
—¿Q-qué idea?— preguntó la peliazul posando sus manos en el vientre de él, apartándolo suavemente.
—La de que me abrieras tus dulces piernas— soltó con crueldad y sonrió al sentirla tensarse. Hinata tembló de molestia, quizás, pero prefería eso a su lástima. Si no iba a tener su amor, quería su odio, lo prefería antes que poseer el peor sentimiento que se le puede dar a una persona, la lástima. Eso era un golpe a su orgullo, lo hacía sentir peor que una cucaracha.
Los ojos de ella volvieron a picar en llanto al buscar apartarlo, y aunque por primera vez tenía muchas ganas de gritar muchas cosas, su garganta volvía a arder de dolor.
—¿Cómo te atreves?— apenas logró mencionar.
Sasuke mantuvo su sonrisa y no le permitió apartarlo.
—¿Por qué te ofendes, Hinata? Las cosas por su nombre, ¿no?
Los ojos perlados y llorosos de ella volvieron a unirse a esos crueles negros. Sasuke volvió a molestarse al verla contenerse y no gritarle que le odiaba.
Volvió a sonreír.
—¿Sabes? Creo que la verdad es que tampoco tendría por qué molestarme tanto. Me hiciste ver como un imbécil, pero lo compensabas abriéndome tus preciosas piernas, y claro, prestándome todo tu delicioso cuerpo.
El pelinegro acarició su cadera y ella aprovechó eso para empujarlo, acto seguido, el sonido de una bofetada llenó la pequeña sala.
A pesar de que era la mejilla del Uchiha la que comenzaba a ponerse roja y estaba ardiendo, era Hinata la que estaba llorando.
—¡¿Cómo te atreves?!— soltar esa pregunta con su voz quebrada, le rasgó la garganta. Sus lágrimas cayeron largas y calientes por sus mejillas — No tienes idea lo que fue para mí— soltó lo poco que su garganta le permitió.
Él sonrió molesto y tocó su mejilla mientras separaba los labios, al sobarse.
—Sí, debió de haber sido asqueroso— dijo recordando que la primera vez que se le entregó, luego de encontrarla hablando con Itachi, había sido peculiarmente sencillo tenerla —… aunque después, no parecías quejarte demasiado, Hinata.
A ella le costó respirar sin que se le escaparan sollozos y sus labios, al igual que su cuerpo, estaban temblando.
—E-estás ebrio…— dijo habiendo sentido su aliento alcoholico — n-no estás pensando con cla-
La sangre del chico no dejó de bullir, pues ahí estaba otra vez la piadosa Hinata, justificándolo.
Sonrió con ironía, detestándola.
—Te equivocas, preciosa— la interrumpió y la jaló de la mano para hacerla estrellarse en su pecho. Hinata gimió de sorpresa por ello —. Siéntete liberada, pues tu farsa se acabó. Y no, mi amor— agregó sorprendiéndola al escapársele tal ronca frase —, estoy pensando más claramente que nunca; es más— dijo y buscó sus labios —, ¿por qué no finalizas este circo, regalándome otra noche dentro de ti?
Hinata ladeó su rostro y entonces Sasuke fue a besarle el cuello. Ella cerró sus ojos con fuerza.
—Ah… ¿qué estás haciendo, Sasuke?— preguntó tensa y resistiéndose a su contacto.
Él metió una de sus manos bajo su abrigo y su blusa, tocando la piel de su abdomen y subiendo a la redondez de sus senos.
—Ya te lo dije, buscando el placer de tu cuerpo— dijo obligándola a retroceder, llevándola a la orilla de ese sofá —. Quiero llevarte al éxtasis por última vez; escucharte gemir, temblar y contraerte por dentro, todo provocado por mí… porque eso no era fingido, ¿verdad?
Hinata perdió el aliento y entonces buscó sus ojos.
La mirada negra no mostraba más que una fría profundidad.
Ella negó despacio y él sonrió un segundo antes de tomarla de la nuca y obligarla a dejarse besar. El cuerpo femenino tembló atrapado entre esas posesivas manos, una tras su nuca, la otra ya en su espalda tras liberar sus senos. Hinata peleó con Sasuke cuando él la obligó a recostarse sobre el sofá, le mordió el labio y volvió a llorar.
—¿Qué estás haciendo? ¡Por favor!— preguntó y suplicó cuando él dejó de besarla.
El pelinegro regresó su mano y expuso sus senos.
—¿Por qué te niegas?— preguntó odiando verla llorar. El resentimiento y, hasta la oscuridad dentro de él, volvieron a hacerlo sonreír — Ah, olvidé que jugabas al romanticismo conmigo— reprochó con ironía —, pero eso ya no es divertido ahora, preciosa— añadió paralizándola.
Cuando Sasuke regresó sus labios a su cuello, Hinata se revolvió bajo su cuerpo y su llanto se incrementó, que el Uchiha estuviera sujetándole con fuerza las manos y haciendo eso sin su consentimiento, revivió pasadas heridas.
—¡Por favor, Sasuke! ¡Yo no quiero esto!— suplicó. No, así no lo quería.
Él la ignoró y bajó sus labios a comer de sus senos, necesitado de ella. Hinata lloró y por instinto dobló sus piernas, pegándole justo entre las de él. Sasuke se dobló de dolor y tras dos segundos alzó su mirada a la llorosa chica.
Hinata se paralizó al volver a ver aquellos ojos rojizos verla con furia.
—¡Su-suéltame!— logró decir. Lloró — Po-por favor, suéltame.
Hinata tembló y que su llanto incrementara frustró al Uchiha.
—¡Cállate, maldita sea!
—¡No!— la peliazul llevó una de sus manos al cuello del chico, buscando apartarlo. Entonces la furia del joven pareció aminorar al notarle su cuerpo tembloroso, un temblor excesivo… estaba en pánico.
Esa chica que no hizo más que quedarse a su lado, perdonarlo e intentar sanarlo cuando ella era la herida, estaba bajo él, en pánico, llorosa y otra vez maltratada.
Algo dentro de su cuerpo cayó hasta sus pies. Él, y su fuerza, podían doblegarla y Hinata tontamente estaba ahí, con él, por noble o por estúpida.
Verla y escucharla llorar le generaba más que frustración, aquella necesidad de calmarla, lo volvió a sentir. ¿Qué demonios estaba haciéndole?
Se apartó de ella como si su contacto les quemase.
Hinata se puso de pie y se apartó cinco pasos de él, al acomodar su ropa. Se sintió sucia con él, otra vez, luego de lo que le pareció mucho tiempo. Sus ojos cristalinos por el llanto temblaron al verlo y Sasuke tembló al apretar en puños sus manos.
—Lárgate.
Hinata asintió temblando y un par de lágrimas volvieron a resbalar, casi corrió a la puerta.
—Sa-Sasuke…— ya con la puerta abierta y la claridad entrando, Hinata volteó a verlo.
Él guardó silencio y sus ojos fueron ocultos por su flequillo al darle la espalda. Ella hipeó y él sintió que le quiso decir algo más.
Fueron segundos en los que ella no pudo hablar y él estaba arrepintiéndose de ser él, de haberla tratado así y tenerla casi en pánico. Pero ese era él… un ser sin nada bueno que dar.
—Y-yo… Sa-Sasuke— las calientes lágrimas de Hinata volvieron a caer… ¿qué había pasado? ¿por qué ese Sasuke que una vez la lastimó volvió a aparecer, y por qué ahora la había dejado ir? — L-la… la razón por la que acepté…— mencionó y su voz se cortó — yo, yo no la sabía.
Él apretó en puños sus manos. Hinata tenía una sensación de opresión dolorosa en el pecho y quería decirle que pudo ver a alguien muy distinto a ese Sasuke que la hacía llorar, oculto dentro de él, que no lo odiaba y que en algún punto aprendió a preocuparse por él.
—Y… y… — quiso continuar. Sí, era patética.
—Cállate y lárgate— él la interrumpió secamente, todavía dándole la espalda y con fuego quemándole el pecho. Él también sabía, si dejaba su orgullo y su ego de lado, sabía que sí había logrado hacerla sentir cosas, sus pequeños celos eran muestra clara, pero no quería escucharla.
Un demonio no podía estar con un ángel. Aunque fuera un ángel mentiroso.
Ella jadeó perdiendo el aliento. Giró su cuerpo y él escuchó eso con claridad. Algo dentro del Uchiha se removió en angustia al saber que se iba. Apretó la mandíbula y vio claramente cómo la luz del exterior se hacía pequeña en el suelo de su sala, mientras Hinata cerraba la puerta al marcharse. Ella lo vio con pena y sintiendo el miedo por lo recién ocurrido, pero también dolor por comenzar a creer que se había equivocado al confiar en él.
Sasuke se mantuvo de pie, inmóvil y firme… al menos por fuera.
Cuando la puerta se cerró, el cuerpo del pelinegro lo traicionó temblando. Una gotita de agua salina brilló en la mediana oscuridad, al brotar de uno de sus ojos.
—Joder, Hinata— soltó dolido al apretar con dos de sus dedos el puente de su nariz, desapareciendo en el acto la pequeña lágrima que lo traicionaba. Avanzó varios y pesados pasos todavía sintiendo aquella sensación que le decía que se estaba equivocando —¡Maldita sea!— alzó la voz y estrelló su puño derecho en el cristal que formaba la puerta de su balcón. El dolor que sintió cuando su mano sangró luego de hacer añicos el cristal, logró liberar su mente del saber que Hinata se estaba yendo y él la dejaba partir.
Apretó los nudillos de sus manos por varios segundos, logrando que el flujo de sangre detuviera un poco su notoria salida. Chasqueó la lengua y luego de buscar en la cocina una toalla con la cuál envolverse la mano, se tiró en el sofá y dejó que su negra mirada se perdiera en la similar noche. Viendo sin ver como la ligera lluvia comenzaba a arreciar.
Él siempre estuvo mal… dejarla marchar era lo mejor.
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O.O.O.O.O
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Y mientras en un apartamento del otro lado de la avenida, un joven pelinegro renunciaba a su pasión, en el departamento de Hinata, ella se hacía un ovillo bajo sus mantas; sus ojos perlados brillaban en la casi completamente oscura habitación, al estar húmedos en llanto.
Había sido todo.
Su cuerpo se estremeció por dentro al cerrar los ojos, haciendo rodar el exceso de lágrimas. Si que se hubiese acabado era lo que siempre quiso, ¿por qué eso no se sentía bien?
En ese momento dos tipos de preocupaciones se mezclaban en ella robándole el sueño. Sasuke, y la madre moribunda de éste; y Hinata no supo decir qué le preocupaba más.
Se giró en su cama en un intento inútil de dejar esos pensamientos de lado, rogaba que con la luz de ese nuevo día todo se sintiera menos mal, tenía que pensar y aclarar su mente, reconocer realmente sus prioridades y lo que más le convenía ya con mayor calma. No quería que sentirse tan mal la nublara tanto, fue por eso que abrazó su almohada y se esforzó por tranquilizarse.
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O.O.O.O.O
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Al amanecer no hubo sol y tampoco hubo alarma, pues Hinata se levantó antes que esta sonara, desactivándola. Estaba agotada, apenas había logrado dormir y el cansancio anímico estaba pesándole más que el físico. Tomó una ducha de agua caliente y se dio prisa recogiendo sus útiles escolares, para luego de una sencilla malteada, salir con rumbo a la universidad.
Antes de bajar del coche estando en el estacionamiento del campus, y también antes de ingresar a su primera clase, revisó su móvil, no había llamadas, ni un solo mensaje. Suspiró cuando su primera clase comenzó, sí había algo bueno de ese día, era que era sábado y las clases sólo duraban medio día; decidió que esperaría hasta el final, si no veía a Sasuke sería normal, pero al menos quería informarse sobre cómo había pasado la noche la madre de éste.
No tener noticias, siempre eran buenas noticias, eso pensó.
—¿Trajiste la tarea?— susurró Matsuri que se acercó más, al estar sentada a su lado.
Hinata volteó a verla agradeciendo la distracción.
—Sí... ¿tú?
La chica suspiró desanimada —No. No sé qué me pasó, pero la olvidé en la casa. ¿Crees que si se lo digo me vaya menos mal?— le preguntó preocupada.
Las miradas, perlada y café, viajaron al profesor de aspecto robusto e intimidante.
Hinata negó —Creo que de igual forma se molestará.
Matsuri suspiró desanimada —Sí que estoy jodida— soltó sin darse cuenta y eso le formó apenas una pequeña sonrisa a la Hyuuga.
Luego de eso, las cuatro clases que tenía ese día, pasaron una tras otra, y con cada una de ellas, la capacidad de concentración de la peliazul iba menguando. Al finalizar, un poco después de las doce del mediodía, Hinata salió del edificio de su facultad, y los apenas perceptibles rayos solares molestaron a sus sensibles ojos.
Avanzó entre, fácilmente, más del centenar de personas de las distintas facultades que a esa hora también se disponían a abandonar el campus, directo al estacionamiento.
—¡Hina!— la voz alta de la pelirrosa la hizo girar.
La Hyuuga le sonrió al verla llegar corriendo —Hola, Sakura.
—¡Hey! ¿Qué haces? ¿A dónde vas?
—A-a mi casa, ¿y tú?— respondió con simpleza.
La chica frunció los labios —No sé, estuve practicando un poco en las canchas de tenis al no tener la última clase, pensé que podríamos ir a comer algo, ¿qué te parece?
Hinata lo meditó dos segundos y optó por negar con el rostro —La verdad es que no me siento muy bien.
La de ojos verdes frunció el ceño y se acercó a mirarla a los ojos.
—¿Estuviste llorando?— preguntó extrañada al notar sus ojos ligeramente enrojecidos de los bordes.
—No, eso es una alergia por un nuevo detergente, en realidad ya está pasando. Me provocó muchos… estornudos, también— mintió con mucha naturalidad.
Sakura se mordió el interior de su mejilla —Ya veo, ¿y eso te hace sentir mal?
—Un poco, sí— Hinata bajó la mirada al continuar mintiendo.
—¡Hey, Sakura-chan, Hinata!— Naruto gritó al apenas salir del mismo edificio del que minutos antes lo había hecho la Hyuuga —¿Qué hacen?
—Invitaba a Hinata a comer.
—Eso suena delicioso, ttebayo, ¿puedo ir?
Sakura bufó y Hinata le sonrió.
—Como sea— terminó por decir la pelirrosa que prefería la compañía del rubio antes que comer sola —, pero tú pagarás tu comida.
—Por supuesto.
—¿Y los chicos?
—El teme no vino— informó con naturalidad provocando que Hinata ladeara el rostro incómoda —, Kiba y Lee venían atrás de mí por el pasillo. ¿E Ino?
—Ya se fue.
—¿En serio?
—¿Y por qué no vino Sasuke? ¿Sabes?— la pregunta de la pelirrosa detuvo a Hinata de despedirse.
Naruto se rascó la cabeza —En realidad no, y es extraño porque hoy era fecha de entrega de un trabajo importante, 'ttebayo. ¿Le pasaría algo?— informó y preguntó curioso.
La de ojos verdes contuvo su molestia —¿Y nos lo preguntas a nosotros? ¡Tú eres su amigo, idiota!
Naruto soltó una pequeña carcajada —Entonces supongo que debió de haberse quedado dormido o algo.
Y mientras Sakura negaba en silencio sabiendo que eso no pudo haber ocurrido, Hinata se mordía el labio, preguntándose si debía decirles a sus amigos lo que estaba pasando con Sasuke. Apretó con fuerza la correa de la mochila sobre sus hombros y bajó su vista a sus altas botas negras.
—¿Y por qué no le hablas?
—Esa puede ser buena idea— Naruto sacó su móvil y Hinata, que se había quedado a esperar saber algo, metió su mano dentro de su abrigo gris —. No contesta. Intentaré llamarlo a su departamento.
—Ah, Na-Naruto…— mencionó la peliazul, tal vez sí debía decirles, al menos a Naruto, él era su amigo y Sasuke estaba sólo, seguro no quería ver a su familia y entonces le haría falta alguien con quien hablar. No se sentía bien sabiendo que estaba solo y se acababa de dar cuenta.
—¿Qué?— preguntó Sakura.
—Ah…
—¿Sí, Hinata?
—N-no… nada— terminó por decir —. Y-yo ya debo irme— les dijo y con media sonrisa se despidió.
—¿Qué le pasa?— preguntó Sakura al verla marcharse. Naruto se encogió de hombros mientras escuchaba como el tono de llamada, mandaba al buzón de voz.
Hinata apresuró sus pasos, dejando que el viento fresco le ondeara el cabello. No, no podía decirles, seguro Sasuke la odiaría más, pues ¿cómo era que le rebelaba ese secreto a dos personas extrañas a su familia y no lo hizo con él, que resultaba afectado? Cerró los ojos esperando no estar cometiendo un nuevo error que al final le trajera problemas con esos dos chicos que tanto apreciaban al Uchiha.
Suspiró y entonces se dirigió por fin a su auto, se dirigiría a la clínica donde Mikoto permanecía internada.
• • •
Más de cuarenta minutos después, luego de haber avanzado entre largas autopistas y el concurrido tránsito de la ciudad, Hinata por fin se vio en ese edificio médico.
Ignoró el ligero escozor en el pecho al caminar por el estacionamiento donde la noche anterior discutió con Sasuke, y siguió su camino hasta entrar al edificio.
Acomodó el pelo que el aire le pasó por el rostro al momento de dirigirse a los elevadores. Presionó el botón que llamaría uno y esperó.
—¿Hinata?— una voz que comenzaba a ser familiar la hizo voltear.
—Oh, hola, Izumi — saludó a la chica que bajaba de un elevador cercano, cargando una pequeña maleta y vistiendo su elegante traje de azafata —. ¿Todo bien?
La chica asintió despacio al sujetar con sus dos manos la pequeña maleta —Ella se mantiene estable, el médico recomendó mantenerla aquí por al menos dos días y ya después la trasladarán a su casa— explicó tranquilizando un poco a la de ojos violáceos —. ¿Y tú?— cuestionó lo que también le preocupaba — Anoche el hermano de Itachi se marchó muy molesto, siento haber sido tan inoportuna.
—Descuida, tarde o temprano iba a enterarse.
—¿Discutieron?— esa pequeña pregunta le formó un nudo en la garganta a la joven heredera Hyuuga.
Hinata le sonrió para no hacerla sentir mal —Sí, como otras veces. No te preocupes, todo estará bien— aseguró —. ¿Te marchas?
La chica respingó —¡Oh, cielos, sí! Tengo un vuelo a Londres en una hora. ¿Estarás aquí?
Hinata se encogió de hombros. No sabía. Ella sólo iba a informarse por la salud de esa agradable mujer, pero no se sentía con la confianza suficiente de pasar a verla, aquello era algo tan de familia que sentía que desencajaba.
—¿Hay alguien con ella?
La chica negó en silencio —Itachi tuvo que ir a la empresa, y su padre, pues…— la chica volvió a negar. Fugaku había partido a media madrugada y no lo había vuelto a ver —. Yo me quedaría pero…
—Entiendo. Subiré entonces.
La castaña suspiró agradecida y entonces se despidió.
El elevador que Hinata esperaba había subido ya, por lo que tuvo que esperar un minuto más a que otro se volviese a abrir.
Una vez en el quinto piso, se dirigió por los pasillos directo a la habitación que la noche anterior había visitado ya. Suspiró y negó en silencio, lamentando no haber comprado al menos un ramo de flores que le diera ánimo a la mujer en cama. Cuando giró en una intersección de pasillos, se detuvo abruptamente al reconocer, frente a la habitación a la que ella se dirigía, a Sasuke; el pelinegro estaba a pie frente al enorme cristal que le daba vista al interior de esa habitación marcada con el número veintidós.
Se mantuvo quieta y casi evitando respirar, esperando no ser notada por él; movió su cuerpo dos segundos después buscando regresar y entonces se percató como el Uchiha apoyaba una de sus manos en el cristal y no despegaba su vista del interior. Un nudo en la garganta se le formó a la nerviosa Hyuuga.
Cuando luego de casi diez segundos en los que ninguno se movió, Hinata vio a Sasuke apoyar cansadamente su frente en el frío cristal; en aquella escena había tanta melancolía y tristeza que de pronto se sintió una intrusa observándolo. Sólo entonces ella retrocedió y apoyó su espalda contra la pared, respiró mientras llevaba su mirada al suelo, sintiendo en él el mismo pesar que ella sintió cuando murió su madre. Se mordió el labio y esperó a calmarse, sabía que no podía comparar esas situaciones si no quería involucrarse más de lo que ya lo estaba. Luego de unos minutos, se asomó con precaución.
—¿Qué?— mencionó al ya no ver al moreno —¿Dónde está?
«¿Saldría por el otro sector?»
La curiosidad y cierto alivio que sintió al ya no verlo, y que la hizo llevar sus pasos a esa habitación, terminaron en el suelo cuando a través de la puerta abierta pudo ver al pelinegro sentado en la pequeña banca a un costado de la cama.
Mikoto estaba acostada, con una mascarilla trasparente en su boca y nariz, respiraba tranquila al mantener sus ojos cerrados, una gruesa pañoleta cubría su cabeza, ocultando la nula presencia de su bonito cabello negro. La peliazul tragó pesadamente al verla, pero lo que la desmoronó por dentro, fue ver a Sasuke tomarle con cuidado su mano en una de las de él, sostenérsela y finalmente dejar caer su rostro en las blancas mantas que cubrían la cama y el cuerpo de su madre.
No supo si él estaba llorando, pero ella sí.
Cuando su cuerpo tembló y su garganta le quemó anunciándole que comenzaría a sollozar, Hinata se apartó. ¿Por qué las víctimas de cáncer se parecían tanto al final de sus días? La piel pálida de Mikoto y las ojeras marcadas le recordaron tanto a esas visiones que tenía de su madre y tanto se había esforzado en olvidar.
Se retiró del lugar abrazándose ella misma y evitando todo contacto visual. Era mejor irse, ella no era buena compañía para Sasuke y la verdad dudaba que él la quisiera cerca.
• • •
El camino a casa fue lento por la larga línea de coches que buscaban entrar a la ciudad, y eso, como nunca antes, lo agradeció, pues prefirió tener su concentración en su avance y en cuidar de no rozar ningún auto de algún desesperado que buscara colarse en la fila.
Todo ese día estuvo peculiarmente concentrada en no pensar en la escena que había presenciado en esa clínica, no la hacía sentir bien. Había dado fin a sus tareas al anochecer y para el día siguiente tenía que pensar en qué distraerse; se sintió mal cuando decidió que visitaría Kurenai como escape a sus tormentos, pero de no hacerlo, seguro terminaría yendo a esa clínica o peor aún, llamando a Sasuke, y eso no podía hacerlo, pues el largo camino de dejarlo atrás apenas estaba comenzando.
La mañana siguiente salió temprano de su departamento, paseó por un centro comercial y compró un par de prenditas para la pequeña bebé de la que alguna vez fue su maestra, la pequeña Mirai ya tenía casi dos meses de nacida y ella apenas había podido visitarla, así que se convenció que hacerlo en ese momento era buena idea.
Por la tarde, cuando regresó luego de ser invitada por Kurenai a pasar el día con ellas, Hinata tomó una ducha y luego recibió la visita de Neji, al mismo que había invitado, extrañándolo con esa petición. La estadía del llamado genio duró casi hasta media noche, cuando Hinata se quedó dormida mientras veían películas, éste, otra vez, la había cargado y dejado en su habitación para luego dejar el departamento.
Esa noche Hinata pudo dormir profundamente luego de todo el cansancio acumulado, pero la ligera mejoría anímica que le quedó, luego de haber sido rodeada el día anterior por gente que quería mucho, se fracturó ligeramente al darse cuenta que ese día lunes, el Uchiha tampoco se había presentado a clases. La peliazul no supo qué hacer, ni tampoco qué pensar.
El ánimo de Hinata poco a poco decaía, pasaron cuatro días más y Sasuke no se apareció por la universidad. Al llegar las tardes era cuando más ansiosa se sentía, llamaba a Itachi o a la mansión Uchiha para informarse de la salud de Mikoto, también esperando saber algo de aquél orgulloso pelinegro, pero nadie lo mencionaba entre sus frases.
Se metía a la cama diciéndose que iba bien, esos días serían complicados, extraños, pues se había acostumbrado a su presencia y además, saberlo pasar por malos momentos le acrecentaba más la necesidad de saber algo de él, pero era normal, debía ser normal. Ella sólo debería acostumbrarse a no verlo más, seguro a Sasuke no le afectaba eso; sólo convenciéndose así, podía mantenerse bajo sus mantas tras cada anochecer.
Al día siguiente, viernes al mediodía, Hinata mantenía sus manos calentándose al mantener entre éstas, un pequeño vaso de té caliente.
—¿Y qué dices que te dijo?— la voz de Sakura obligó a la Hyuuga a alzar su mirada a ellos.
Naruto negó en silencio mientras comía de su ramen.
—Él nada, te digo que no me contesta y no lo he encontrado cuando he ido a su departamento— explicó el rubio mientras tomaba un semblante más serio.
Sakura dejó escapar el aliento —Esto no es bueno, seguro algo le pasa— su tono preocupado sólo hizo sentir peor a la peliazul.
—No estoy tan seguro, ttebayo.
—¿Por qué lo dices?— mientras Sakura no dejaba de ver al Uzumaki, Hinata bajaba la mirada, pero se mantenía pendiente de su respuesta.
—Utakata, un compañero nuestro, y que comparte asesor de tesis con el teme, dijo que escuchó una conversación telefónica entre ambos hace dos días. Eso significa que a él no le preocupan más las materias restantes, y se está concentrando únicamente en su tesis.
—¿Eso es válido?— preguntó la de ojos verdes.
Naruto se encogió de hombros —Somos de último semestre, tenemos algunos beneficios, además su promedio es de los mejores de la generación— explicó mientras alargaba unos de sus fideos, sin darle mucha importancia.
Sakura suspiró con menos preocupación.
—Aun así es extraño no verlo por aquí, ya tiene casi una semana ausente. Me preocupa.
—Debo irme— Hinata interrumpió al ponerse de pie.
—¿Qué? Pero si todavía no es la hora— Sakura se puso de pie, intentando detenerla.
—Lo siento, debo ir a la biblioteca— mintió la peliazul con una sonrisa.
Naruto se quedó viéndola y Sakura se sentó desanimada otra vez.
—¿Qué nos está pasando?— soltó preocupada y con desgano.
—¿Mm? ¿De qué hablas?
La chica ni siquiera se preocupó en enojarse por lo despistado del rubio, y volteó a verlo con seriedad.
—Míranos, ¿dónde está el grupo?— preguntó refiriéndose a sus amigos, pues con la partida de Hinata, sólo ellos dos se quedaron en la mesa.
Naruto tragó lo que tenía en la boca y entonces puso atención a la mesa casi vacía. Sasuke no estaba, Hinata tenía días viéndose triste y recién se acababa de ir, Ino ya no comía con ellos desde casi una semana atrás y Shikamaru se la pasaba en el gimnasio a la hora del almuerzo, y Kiba, Chouji y Lee, la verdad no sabía ni dónde estaban ellos.
Volteó a ver a la desanimada pelirrosa a su lado.
—¿Qué dices si salimos a comer al terminar las clases?
Ella negó —Seguro otra vez nos dejan solos.
Naruto la abrazó confianzudamente y la sacudió —Por eso no te preocupes, Sakura-chan, yo me encargo de arrastrarlos con nosotros, 'ttebayo.
La chica sonrió con mejor ánimo —Bien, pero hazte para allá, tonto.
Naruto soltó una carcajada que también hizo reír a la de ojos jade, la misma que segundos después lo mandó a callar. Tal vez sólo eran tiempos complicados los que sus amigos estaban pasando.
•
O.O.O.O.O
•
Poco después de las tres, Hinata salía de su facultad con su mochila al hombro. Hacía menos de media hora que había recibido un mensaje de Naruto en el que la invitaba a comer con el grupo, y la verdad era que tenía realmente poco ánimo de acompañarlos; por lo que salió de prisa antes de que sus amigos se reunieran fuera de su facultad, ya después se disculparía con otra de sus frecuentes mentiras.
• • •
—Hey, chicos, ¿y qué vamos a comer?— preguntó Choji que apenas llegaba a la fuente de la plancha principal del campus.
Naruto volteó a verlo —Pues eso lo decidimos en el camino. ¿Dónde está Lee?
—¡Aquí!— gritó el chico que, con muy buen oído, alcanzó a escuchar su nombre.
Naruto extendió su sonrisa al verlo llegar corriendo, jalando de la chamarra a un Shikamaru que se veía fastidiado.
—Bien, creo que estamos todos, 'ttebayo.
—¿Y Hinata?— preguntó la pelirrosa.
—Dijo que tenía cosas qué hacer— el Uzumaki se encogió de hombros y dejó pasar la extrañez que le provocó recibir ese simple mensaje minutos atrás.
—Yo también tengo cosas qué hacer, se lo dije a Lee— mencionó con cansancio el Nara una vez junto al grupo.
—No seas amargado, Shikamaru, verás que delicioso ramen nos comemos, dattebayo— dijo al abrazarlo por los hombros y apurarlo a caminar.
—¡¿Ramen?!— Kiba alzó la voz — Estás orate si crees que comeré ramen.
—Sí, a mí tampoco se me antoja— aceptó Sakura.
—Bien, entonces una barbacoa, o lo que ustedes quieran, porque de todos modos acabo de recordar que no traigo dinero— añadió y se burló sonoramente al haberse olvidado de decir ese pequeño detalle.
Sakura rodó los ojos y Kiba alegó que él no pondría nada para cubrir su parte de su glotona cuenta.
Ya cuando avanzaban, el Nara vio a los que los acompañaban.
—¿Sólo iremos nosotros?
—Sí, Hinata tenía cosas qué hacer e Ino ya se fue— explicó el rubio al llegar al estacionamiento.
Shikamaru negó en silencio, al imaginar que como era fin de semana, la Yamanaka aprovecharía para buscar al idiota de Sai. Se amargó pero no dijo más.
Media hora después, y luego de haber ido todos apretados en el auto del Nara, por fin llegaron al centro.
—Eres un bestia, Kiba— se quejó el rubio sobándose la pierna, pues el Inuzuka lo había pellizcado.
—¿Y me lo dices a mí que te cargué todo el camino, idiota? ¡Además me ibas encajando el codo en el estómago, estúpido!
—Por supuesto que sí, yo apenas cabía en el coche, 'ttebayo.
—¡Ni siquiera sé qué es peor, si cargarte u oler tus gases, asqueroso!— soltó el castaño avergonzando al rubio.
—¿Pero de qué demonios estás hablando, idiota? ¡Yo no me tiré ningún gas!
Sakura se avergonzó cuando varias de las personas que también transitaban en el centro, los voltearon a ver.
Chouji se rascó la mejilla avergonzado —Creo que ese fui yo— confesó —, supongo que la carne de la merienda estaba descompuesta.
—¡Ah, eres un asqueroso, gordo!
—¡¿A quién le llamaste gordo?!
—A la siguiente vez, yo iré con Sakura-chan y Shikamaru adelante— advirtió el rubio mientras Kiba y Chouji se daban de golpes.
—Estás loco, adelante no cabes.
—Vamos, Sakura, adelante hay mucho espacio.
—No si quiero ir cómoda, además, soy una dama y tengo privilegios, así que no fastidies.
Y mientras todos iban en sus distintas peleas, al dirigirse a la pizzería que habían acordado minutos atrás, Shikamaru vagó su mirada por la enorme plaza por la que avanzaban. Llegaron al local y tomaron asiento en una mesa grande de mantel a cuadros rojos y blancos y, los que el Nara consideraba sus conflictivos compañeros siguieron alegando, él suspiró y pensó en salir y fumar un cigarrillo, pero antes de siquiera poder hacerlo, por el enorme ventanal de esa pizzería, vio una alta y delgada figura.
Y mientras los otros se peleaban por la carta que ya les habían llevado, el Nara tensó la mandíbula al ya no tener duda que al que veía era Sai. Dejó de verlo y negó en silencio; el imbécil tenía novia, o eso parecía pues la chica de pelo rojo se le colgaba del brazo e incluso los había visto compartiendo un beso en los labios.
—¿Y tú de cuál quieres, Shikamaru?— peguntó Naruto que se disponía a ordenar.
—La que sea está bien— respondió secamente y volvió a ver al chico que ya se alejaba. La verdad, aunque quiso alegrarse por lo que veía, estaba molesto. Ino no se merecía eso.
•
O.O.O.O.O
•
El día siguiente, sábado, Hinata y Matsuri llevaban cargadas una pilas de engargolados de sus compañeros, a la oficina privada del catedrático que les había dado la clase anterior, esto, a modo de castigo al haberlas descubierto charlando.
—Pesan demasiado— se quejó la castaña.
—Lo sé, pero debemos darnos prisa— apresuró Hinata al avanzar por el casi desierto pasillo, al haber comenzado ya la tercera clase de ese medio día.
—Ah, diablos— se quejó la otra.
—¿Qué ocurre?
—Debo ir al baño.
—¿Y no puedes esperar un poco?
—No si quiero mantener secos mis pantalones— respondió la otra ruborizando a Hinata —¿Me esperas?
Hinata dejó escapar el aliento desanimada y asintió, Matsuri sonrió abiertamente y le dejó la pila de trabajos que ella cargaba, provocando que la Hyuuga tuviese problemas para mantenerlos equilibrados.
—Vuelvo enseguida— gritó la otra que corría al final del pasillo, lugar donde se encontraban los sanitarios más cercanos.
Hinata pensó en adelantarse, pero no era tan buena idea teniendo en cuenta que llevaba pequeños tacones con sus vaqueros, y que debía subir al tercer piso. Suspiró y se recargó en la pared que llevaba a las escaleras.
«Ha pasado una semana.» Pensó con cierta nostalgia al recordar al Uchiha. ¿Qué estaría haciendo él durante ese tiempo?, se preguntó, pues no lo había visto una sola vez.
La peliazul se tragó esa incomodidad en la garganta y tuvo que sonreírle a Matsuri cuando regresó. Subieron las escaleras y llegaron al pasillo donde los profesores de su facultad tenían sus oficinas.
Cuando Matsuri tocó con la punta del pie la puerta de su profesor, Hinata ya no soportaba los dedos por el peso que cargaba.
—Cielos, ¿pensará abrir ahora?— se quejó la castaña al sentir que se tardaba demasiado.
Hinata le sonrió soportando la impaciencia por deshacerse de ese peso, pero cuando la puerta se abrió, su sonrisa desapareció por completo.
—Adelante— se escuchó desde adentro.
—Gracias a Dios— susurró la chica de Suna y entró.
Hinata se quedó inmóvil y pudo apreciar en esos ojos negros, un pequeño rastro de asombro cuando la vio. Sasuke se mantuvo un par de segundos a un costado de la puerta, notó cómo Hinata separó sus labios, buscando hablarle y luego fingió que no la vio al pasarla de largo.
La peliazul se quedó de pie, sintiendo como el corazón le latió con fuerza y luego volteó a verlo; giró completamente su cuerpo sólo para ver cómo el Uchiha comenzaba a bajar las escaleras. La Hyuuga por instinto dio dos pasos hacia él, y éste lo notó por el rabillo del ojo; incrementó sus pasos.
—¿Va a pasar, Hyuuga?
—Ah… ah, s-sí— respondió la chica que con pasos torpes terminó por entrar a la pequeña oficina.
Una vez de regreso, viendo los pasillos completamente vacíos, Hinata estuvo segura que sí había sido todo con Sasuke. Él la ignoró por completo y eso estaba bien.
«Pero no me sentí bien.» Se sinceró consigo misma.
—Date prisa, Hinata, que la clase hace más de diez minutos que comenzó— apresuró ahora Matsuri.
La Hyuuga se mordió el labio y asintió. Lo que estaba ocurriendo estaba bien, y si no, ¿qué haría de cualquier forma? Era insano buscarlo después del pasado que ambos compartían. Pensar esto, casi le humedece los ojos a pesar de la sonrisa que le mostró a su amiga.
• • •
Dos horas más tarde, y luego de haberse tragado esa sensación de desazón que le dejó volver a ver a Sasuke, Hinata suspiró el aire fresco al avanzar por los jardines acompañada por Ino.
—Entonces, dices que las cosas van mal— mencionó la Yamanaka al seguir avanzando en el área deportiva, buscando llegar al estacionamiento por el camino largo, pues quería hablar con la Hyuuga, pero no podía ir a su casa, y obviamente, tampoco podía permitirse el lujo de tener a Sakura cerca.
—No— aclaró con poco ánimo la peliazul —, digo que ya no hay 'las cosas'.
—¿Quieres decir que terminaron?— preguntó con asombro.
Hinata asintió.
—¿Desde cuándo?
—Una semana.
—Cielos, ¿por qué no lo habías dicho?
Hinata se encogió de hombros.
Ino sonrió con ironía sabiendo que la Hyuuga no era de contar todas sus cosas, y, que además, ella se había mantenido alejada del grupo, complicando aún más poder enterarse —Vaya, ¿y cómo te sientes?
—Supongo que bien— mintió.
—¿Cómo?
Las siguientes palabras de la Hyuuga fueron interrumpidas por el sonar de su móvil —Lo siento, es mi niisan— se disculpó y atendió. Luego de unos segundos, finalizó la llamada —. Debo irme ahora.
—¿Problemas?
—No, una comida con mi padre, sus amigos y familias, ya sabes, debo estar ahí y cumplir con el protocolo.
Ino la miró con pena —Bien, hablamos por video llamada en la noche, ¿te parece?
Hinata asintió y luego salió casi corriendo, si quería estar presentable, debía llegar enseguida a su departamento.
La rubia suspiró y cerró los ojos desanimada —Creo que es hora de volver— susurró viendo como ese sector comenzaba a llenarse de sus compañeros atletas.
No había recorrido ni diez metros, cuando una bola de papel le cayó y rebotó en la cabeza.
—¿Qué demonios te pasa, imbécil?— el temperamental carácter de la rubia explotó cuando luego de que la bola cayera al suelo, escuchó las risas de varias personas tras ella. El rostro deformado en furia de la chica cambió al reconocer al culpable de tal acción — Ah, eres tú. Madura, Shikamaru.
Los compañeros de equipo del Nara avanzaron siguiendo el mismo camino que la rubia.
—Ino— él la llamó haciéndola detenerse, pero no logró que lo volteara a ver.
Las torneadas piernas de la rubia se mantuvieron firmes, esperando que él hablara. Ino sintió frío y no supo si el viento traspasaba sus vaqueros y chaqueta, o comenzaba a ponerse nerviosa; odió pensar que era lo último.
—Ayer lo vi.
—¿Viste a quién, Shikamaru?— preguntó molestándose y volteó a verlo.
El chico, que llevaba consigo un balón de basquetbol, sostuvo en su cintura éste, y se acercó.
—Al imbécil de Sai— su voz fue seca y molesta al acercársele.
Ella enarcó una ceja, ¿qué sería eso? ¿Un reclamo? Se molestó más de sólo imaginarlo, ¿con qué cara podría reclamarle algo después de lo que él hizo con sus chocolates?
—Tiene novia— volvió a hablar sorprendiendo ligeramente a la chica de ojos verdes frente a él.
—¿Y?— preguntó ella luego de tragar discretamente fingiendo que no le sorprendieron sus palabras.
—¿Cómo que, y?— alzó la voz molesto —¿Lo sabías?
Ella sonrió satisfecha de verlo enojado. Si le molestaba, era que ella todavía le importaba, y que le doliera estaba bien, se lo merecía.
—No, aunque tampoco es algo que me importe demasiado— se encogió de hombros y retomó su paso.
—¿Cómo puedes rebajarte de esa forma?— soltó el chico mientras ella se iba.
Ino le notó la decepción en sus palabras, pero el orgullo le ganó al amor.
—Relájate, tampoco es la gran cosa— respondió y se fue sin ver cómo el chico tensaba mandíbula y puños.
«¿Qué demonios pasó contigo, Ino?» se preguntó; esa chica siempre había sido extrovertida y disfrutaba llamar la atención, pero siempre se respetó, la Ino que él conocía nunca se prestaría a esos juegos de ser la segunda opción de nadie, joder, que por creer que la engañaba lo había dejado.
—Esto no vale la pena— se aseguró el chico que se rascó frustrado y dolido la cabellera; se giró y avanzó en dirección contraria a la que la chica llevaba.
•
O.O.O.O.O
•
Luego de aquella comida protocolaria y aburrida con su padre y amigos, Hinata regresó a su departamento vacío. El domingo volvió de regreso a visitar a su maestra y también habló por teléfono con Mikoto, las noches solitarias comenzaban a pasar más rápido, pero de vez en vez acudían a ella horas, en la que una necesidad de ver a ese pelinegro la llevaban a no despegarse de su ventana; odiaba eso, pero esperaba poder controlarlo.
•¿Qué dicen de lo que hablamos en el almuerzo, chicos? ¿Vamos esta noche?
Un mensaje de Sakura abrió la ventana del chat grupal en la red social, mientras Hinata se encontraba haciendo su tarea. Los ojos perlados de la Hyuuga notaron como en seguida, casi la totalidad de los miembros en ese chat, vieron el mensaje.
•A mí me encanta la idea, dattebayo.
Hinata sonrió al ver que el primero en aceptar fue Naruto.
•También voy, estoy aburrido.
Kiba respondió después.
•¿Y a dónde? ¿Habrá comida?
•Al bar de siempre, Chouji.
Respondió la pelirrosa.
•Está bien, iré.
•Yo paso por ustedes, chicos, mi carro ya funciona bien, dattebayo.
•¿Qué dices, Hinata? Ya te vi activa.
La Hyuuga se sintió descubierta por la de ojos verdes.
•No lo sé.
•No seas aburrida.
Unos segundos el chat se mantuvo en silencio.
•Está bien, pero sólo un rato.
Respondió y mensajes animados comenzaron a llenar la pequeña sala de chat.
•¿Y tú, Shikamaru?
•Sí, como sea.
Respondió el Nara a la pregunta del Uzumaki.
Hinata suspiró cuando sus compañeros comenzaron a ponerse de acuerdo a qué hora se verían y por quién pasarían primero. La verdad no tenía muchas ganas de ir, era media semana y su estado de ánimo era fatal, pero lo hizo buscando distraerse un poco, pues la tensión en la que se encontraba últimamente, ya le mantenía con dolor de cabeza casi todas las noches.
•
O.O.O.O.O
•
«Sabía que no debía haber venido.» Hinata se aseguró mentalmente cerca de las once. Tenía sueño y comenzaba a deprimirse, pues, de todos los lugares que pudieron elegir, fueron a aquel antro donde una vez su camino y el de Sasuke se marcaron con fuego.
—Cielos, creo que comienzo a embriagarme— Sakura se burló al ver la bebida entre sus dedos, la cual alzaba por sobre su cabeza, viendo su peculiar color morado.
—No tomes de más, Sakura chan, recuerda que la vez pasada tus padres hasta a mí me regañaron.
—Ay, olvídalo, Naruto, recién me levantaron el castigo, tengo que disfrutar.
Kiba se acercó disimuladamente a Hinata —Creo que esta noche tendrá castigo nuevo— soltó haciendo sonreír a la Hyuuga.
—Bailemos— la de pelo rosa y bonito pantalón negro y ajustado, se puso de pie al dejar su bebida sobre la mesa.
—Ah, algo me dice que otra vez saldré regañado, 'ttebayo— se lamentó el rubio al ver a su amiga bajar con poco cuidado de esa área VIP que habían podido pagar. Sakura empujó a un par de personas al tropezar, pero fue socorrida por Lee y Chouji, que se levantaron y fueron con ella a la pista saturada de personas bailando.
—¿Y ustedes no bailan?— preguntó a los tres restantes el rubio.
—No, yo iré por más cerveza— respondió Kiba que no se molestó en bajar por las escaleras, y lo hizo de un brinco cayendo entre varias personas que voltearon a verlo.
Shikamaru se estiró en su lugar, dio un último trago a su vaso de whisky y se puso de pie.
—¿Tú sí?— volvió a cuestionar el rubio.
—No, yo me voy— soltó el chico que se llevó las manos a los bolsillos de su pantalón de vestir.
—Pero…
—Nos vemos mañana. Llevas a Chouji a su casa, ¿sí, Naruto?— pidió el aburrido chico mientras bajaba las escaleras.
El Uzumaki se rascó la nuca y terminó por aceptar. Demonios, ese tipo era un aguafiestas, luego de unos segundos en los que vio al Nara perderse entre el mar de gente que era bañada por una fina capa de hielo seco, y las luces multicolores, finalmente se volteó hacia la Hyuuga.
—Hinata, bailemos.
—¿Eh?
• • •
—Ah, esto es aburrido. Ahora vengo— Karin, que se había cansado de insistirle a Sasuke que la invitara a bailar, se puso de pie y se dirigió a la barra, necesitaba varios tragos si quería soportar ser prácticamente ignorada.
Sasuke, con ambos codos apoyados en la circular mesa de madera negra, movió su mano agitando su whisky seco en el vaso que sujetaba.
Entre Suigetsu y el Uchiha se formaron varios minutos de silencio, que eran cortados por el sonido de la música del lugar, el mismo que ahí, en un sector frente a la pista, pero alejado de las bocinas, no era tan insoportable.
—Y entonces, ¿cómo está tu madre?— el peliblanco se atrevió a preguntar con precaución, lo mismo que el Uchiha, una vez, estando parcialmente ebrio, le había comentado.
—Deja de sacar el tema cada que te acuerdes— advirtió y alzó sus profundos ojos negros a él.
El otro se encogió de hombros y vio a lo lejos, como Karin comenzaba a charlar con el barman, lo que les daba varios minutos a solas.
—¿Y con Hinata?— preguntó ahora apoyando sus brazos también en la mesa.
La mirada asesina del Uchiha volvió a pesar en él, pero éste no le dio más importancia.
—¿Qué sabes de ella?
—Nada que deba importarte— dijo y luego de un sorbo con el que se terminó su bebida, llevó su desinteresada mirada a la pista de baile.
Suigetsu, que era de los tres, el que menos había bebido, se dedicó a observar como el hielo en el que era su vaso, se derretía.
—Creo que exageraste en mandarla al diablo sólo por eso— soltó volviendo a llevar sus ojos violáceos a su amigo. Sasuke era insoportable, tenía un carácter de los mil demonios, pero desde que dejó de ver a esa chica, estaba más insoportable que nunca; ya casi no se le podía hablar de nada.
—No es tu asunto.
—Joder, hombre, que uno es el que te soporta.
—Nadie te tiene aquí. Lárgate.
El chico rodó los ojos justo cuando el moreno alzó su mano pidiendo otra ronda de tragos.
—Esa chica, Hinata— volvió a hablar ignorando la mirada envenenada del Uchiha que vestía de negro —… creo que es estúpida, ¿no?— al ver la molestia en el otro, se agregó a continuar — Es decir, nosotros te soportamos porque te conocemos de años, pero ella no tenía obligación, menos… menos después de que tú la…
—Lo sé— esa ronca afirmación descolocó un poco al de afilados dientes, por un momento creyó que lo ignoraría al dejarlo hablando solo.
—¿Entonces? ¿Por qué la mandaste al demonio?— preguntó lo que el moreno también le había dicho, en esa extraña charla que tuvieron tumbados en el frío suelo del departamento del Uchiha, el fin de semana pasado— ¿Es porque no quieres otro problema encima para lidiar con lo de tu madre? ¿O de verdad sí eres tan hijo de puta para reclamarle algo, justamente a ella?
Sasuke negó en silencio al volver a bajar la mirada a su vaso, al tiempo que se recargaba en su asiento. No respondió, dejando con la duda al que días atrás, entre excesos de alcohol y algo más, le sirvió de confidente.
No, no había dejado a Hinata por callar ese secreto, tampoco porque le tenía lástima, aunque esto último todavía le calentaba las entrañas en molestia. En realidad, apenas podía creer la razón por la que la mantenía alejada, ese sábado, luego de verla en el campus de manera meramente accidental, había llegado a su departamento y comenzó a beber, había bebido mucho y contrarrestado eso con alguna otra sustancia sólo para seguir bebiendo, después el imbécil de Suigetsu había llegado y entre copas, le contó todo.
Pero lo que evitó contarle, por resultarle absurdo y tan ajeno a él, era que alejaba a Hinata porque no quería que lo viera. Tenía miedo y asco de él. Hinata era tan ingenua y tan estúpida como para quedarse cerca de él, y estaba seguro que podría conseguir que esa chica le diera su amor si se lo proponía; le aterraba amarla, que lo amara y que ella buscara algo bueno en él y no tenerlo. No quería que Hinata lo conociera de verdad, que conociera más la peor parte de él, a ese ser tóxico que era, la podredumbre que albergaba.
No quería que lo viera y conociera el fondo del demonio que la había tocado, y que también, patéticamente, la amaba.
¿Cómo podría tener él el derecho a amarla? ¿Cómo, después de lo que le hizo, y estuvo a punto de volver a hacer?
No. Era un absurdo.
Tragó pesadamente y dio un largo y pesado sorbo a su bebida, acabando con ella.
—¿Y estás seguro que ella no te importa?— peguntó Suigetsu molestándolo.
Sasuke volteó a verlo y lo encontró mirando atento hacia la pista. Los ojos negros no tardaron en dirigirse hacia allá.
«Joder.» Pensó furioso y frustrado al reconocer, saliendo del mar de gente, precisamente a Hinata. La estúpida chica era guiada por Naruto directo a la barra, el imbécil del dobe la llevaba tomada de la cintura ayudándola a mantener el equilibrio sobre el suelo mojado de agua o cerveza.
Vio a la chica sonreír y acercarse a su amigo y rival, para hacerse escuchar sobre la música, y él tensó la mandíbula.
—¿Qué esos dos estén juntos, está bien?
No, joder, no estaba bien; pero lo soportó al no seguir viéndolos.
Al cabo de diez minutos, Naruto y Hinata regresaron a la pista, los ojos negros del Uchiha los vieron de reojo, pues le fue imposible no notar el vestido negro y pegado a las piernas de la Hyuuga, el mismo que si bien parecía de tela gruesa, seguía mostrando parte de sus muslos y eso lo molestó.
Naruto la tomó de la mano antes de que ella subiera a la pista, y el brazo de la chica, envuelto por la manga larga del vestido, se alargó al ella haber pretendido seguir caminando. Sasuke estaba al borde de su paciencia cuando vio al Uzumaki tomar a Hinata de la cintura y susurrarle algo al oído, haciéndola ruborizar.
—Me largo— dijo dejando de manera brusca su vaso sobre la mesa y se puso de pie, avanzando abriéndose espacio entre la gente.
—¡Oe, pero, Sasuke!— Suigetsu se puso de pie, y a pesar de que el Uchiha no pagó la cuenta, sonrió de medio lado al haberlo descubierto celoso — Mierda— susurró luego de que vio a Karin correr directo a la salida, lugar donde algún brabucón se había molestado con el Uchiha por haber sido empujado y le reclamó; éste, al tener la sangre hirviendo, debió haber soltado un comentario despectivo, lo que provocó al otro a dar un primer golpe que el moreno no demoró en contestar, enfrascándose en una pelea dónde Sasuke sólo buscaba quién se la pagara.
—Hinata— la voz de Naruto sonó ronca —, antes de volver a bailar quiero…
Ella perdió el aliento y desvió la mirada incómoda, se ruborizó ignorando la partida de cierto moreno que no salía de su cabeza.
—Naruto— ella le detuvo la mano en su espalda. Alzó sus ojos a ver aquellos hermosos ojos azules —. Lo siento.
El chico separó los labios y luego sonrió dejando escapar el aliento.
—Bien— respondió y se llevó las manos a la nuca —. ¿Eh? ¿Qué ocurre allá?— mencionó extrañado viendo cómo en la entrada la gente comenzaba a arremolinarse.
—Se están peleando— respondió Kiba que llegó a acercarse a ellos, al salir de la pista —. Nunca faltan estos ebrios que hacen escándalo por cualquier cosa— se burló al pasarlos de largo, yéndose directo a la barra.
—Vamos, Hinata, alejémonos de aquí— pidió el rubio que volvió a tomarla de la cintura.
La Hyuuga aceptó y apresuró su paso, sintiéndose incómoda con él; tenía tanto tiempo cerca de Sasuke, que de pronto, el contacto con cualquier otro chico, lo sentía incómodo. Era, y sonrió por creerlo, como si estuviera siendo infiel.
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O.O.O.O.O
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—Soy una estúpida, ¿qué estoy haciendo aquí?— Ino se reprochó. Tenía los ojos húmedos y moría de frío al estar sentada sobre el capó de su coche, mientras esperaba afuera del modesto edificio donde Shikamaru tenía su departamento.
La noche era helada y ya comenzaban a caer finas gotas de lluvia y ella vestía el insignificante vestido que se colocó luego de salir de la ducha, nunca creyó que ese arranque de valentía –o estupidez- que tuvo al decidir buscarlo, la haría no pensar en siquiera cambiarse.
Ella metió sus manos a los bolsillos de su pequeña chaqueta beige, mientras se reprochaba no haberse asegurado que lo encontraría ahí. Tenía más de media hora que había llegado, reunido el valor de subir las escaleras hasta tocar el apartamento C, en ese tercer piso donde el Nara vivía.
Justo se bajaba de su coche, cuando vio las luces brillantes del auto del Nara, llegar.
Ella se apretó las manos una con otra mientras se mordía el labio y esperaba a que él bajara, ya la había visto, no podía huir.
Desde que llegó al pequeño estacionamiento a los pies de su torre departamental, la vio. Shikamaru bajó cansadamente y, con las manos en los bolsillos de su pantalón, se acercó a ella que ya lo esperaba.
—¿Qué haces aquí?— preguntó viéndola nerviosa y temblar de frío al sólo traer un ligero vestido morado, y una chaqueta que no le alcanzaba a cubrir ni las caderas.
Ino se mordió el labio y lo vio a los ojos.
—Venía a disculparme— la sencilla frase casi se le atora en la garganta, pero lo soportó.
El chico asintió —Bien, no sé por qué lo haces, pero ya lo has hecho— dijo y retomó sus pasos.
La rubia se mantuvo quieta y el corazón le golpeó fuerte en el interior. Quiso irse al sentir eso como una burla de su parte, pero ya estaba ahí y toda esa situación se había agrandado por su culpa. Ya no quería llorar cada dos noches y estar triste todos los días.
—¡Shikamaru!— ella lo llamó, haciéndolo detener cuando subía el tercer escalón.
El chico la vio de medio lado, pero no regresó un solo paso.
Ino caminó decidida pero con los ojos aguados a él.
—Sai sí tiene novia— dijo haciéndolo sonreír con molestia —, pero eso ocurrió recién— aclaró atrayendo la atención del joven —. Y…— Ino contuvo el aliento para controlarse y no derramar las lágrimas que ya se le asomaban por los ojos —, y yo mentí cuando insinúe que teníamos algo aun así.
—Ya veo— dijo él y continuó su camino.
—¿Ya ves? ¿No vas a decir nada más?
El chico suspiró con cansancio —No tengo nada que decir. Todo eso habla de tu inmadurez, y yo no tengo tiempo para cambiarte— dijo y la vio de medio lado. Ella perdió el aliento y lo siguió —. Lo siento, Ino, pero así las cosas no funcionan, intenté arreglarlo muchas veces y…
—¡Ya lo sé!— ella casi corrió al llegar al segundo piso y se puso frente a él — Lo sé, lo juro— dijo y sus ojos mostraron con lágrimas la frustración y desesperación que sentía al creer que haberlo buscado y confesar su error, no estaban valiendo la pena.
Y mientras Ino temblaba de frío y por el llanto frente a él, el chico tragó pesadamente cuando algo en su interior se contrajo al no gustarle verla así. No sabía si valía de algo volverlo a intentar, él muchas veces fue el que la buscó y pidió perdón incluso cuando la equivocada era ella; dejó pasar con algo de gracia las inseguridades que ella mostraba al estar celosa, pero esta vez, Ino había ido muy lejos.
—Sólo… sólo, estoy celosa, ¿no lo ves?
Ver a la chica confesar eso con los labios temblando al querer sollozar, lo hizo sonreír.
—Creí que tú nunca sentías celos— dijo y le sonrió.
Ino lloró con mayor libertad y dio un par de pasos para terminar estrellando su rostro en el duro pecho del chico. Shikamaru casi pierde el equilibrio, pero se mantuvo en pie, luego de unos segundos, correspondió al abrazo que Ino le daba.
—Sí los sentí, muchos… y a cada momento— confesó ella todavía escondida entre su pecho —. Es tan bonita y se veían tan bien juntos… además… además tú le diste mis chocolates y…
—Sí, siento eso— soltó el joven al acariciarle la larga y rubia cabellera.
—Shikamaru— Ino alzó sus ojos y él bajó los de él a verla —, eres un estúpido.
Él sonrió —Debes ser la única persona que piensa eso— respondió con algo de gracia el chico al que muchos consideraban un genio por su inteligencia.
—¿Por qué no me seguiste buscando?
—Porque de vez en cuando, es bueno saber lo que sientes.
—Soy una idiota, ¿verdad?
Él extendió su sonrisa —La más grande de todas— dijo y la tomó del trasero para cargarla. Ino enredó sus piernas en las caderas masculinas y le besó los labios. El Nara la apoyó contra la baranda metálica de la escalera y devoró sus labios… había extrañado tanto eso.
Cuando Ino se pegó más a él, el chico tuvo que retomar sus pasos, lo que tenía ganas de hacerle, nadie más tenía derecho a verlo.
A tropezones, la pareja cruzó la puerta del sencillo apartamento que el chico alquilaba en la ciudad. Apenas ésta se cerró, la ropa de la joven comenzó a estorbar; Shikamaru jaló de los tirantes del pequeño vestido y sostén y pronto los dos redondos senos quedaron cubiertos en sus manos y ella gimió cuando él le mordió el cuello.
—Ino— la voz ronca del joven le calentó más el cuerpo.
—¿Sí?
—No quiero esperar más— dijo, y como hacía más de dos años, le subió el vestido e hizo a un lado sus bragas, dejando así expuesta su femineidad. La rubia sonrió por eso y luchó por seguirse sujetando a sus caderas, mientras él exponía su miembro luego de haber revuelto, en la cajonera cercana a ellos, varios planos en los que el Nara se había mantenido trabajando, de donde finalmente había extraído un condón.
Shikamaru la pegó a la pared que, seguramente, era más resistente que su pobre puerta. La rubia de perfecto cuerpo le besó los labios, sintiendo el sabor salado de la que alguna vez fueron sus propias lágrimas en los labios de su nuevamente novio, y Shikamaru entonces la penetró.
Ino gimió y apretó sus manos en los anchos hombros masculinos. La sonrisa que se le quiso formar, luego de recordar la cara de susto de Shikamaru cuando le hizo eso por primera vez, en el mismo lugar y en la misma posición, robándole su virginidad en el acto, desapareció cuando el chico, sin mostrarle piedad, continuó penetrándola, más y más fuerte.
—Quiero quedarme esta noche contigo— entre gemidos, la oji verde apenas encontró voz al estarlo recibiendo.
Él le mordió el cuello, aplastando sus carnosos senos en el acto, y sin descuidar su bombeo —De cualquier forma, no pensaba dejarte ir.
Y no lo haría, pues amaba demasiado a su rubia presumida, insegura y loca.
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O.O.O.O.O
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—¿Estás segura, Hinata?— preguntó el rubio ligeramente decepcionado.
La peliazul asintió mientras abría la puerta de su coche —La verdad es que no tengo hambre y comienza darme sueño.
Kiba, que se encontraba sentado en el capó del coche de la Hyuuga, bajó de un salto —Entonces nos veremos en un rato en la universidad.
Ella asintió.
Sakura dejó escapar el aliento al tiempo que se llevaba una mano a arrastrar su flequillo —Yo también me quiero ir ya. Tengo sueño.
—Eso sí que no— el rubio la abrazó por la cintura para ayudarla a caminar hasta su auto, estacionado metros más atrás —. Cenarás algo para que los tragos de más se te noten menos, si no, tus padres me matarán, 'ttebayo.
—Ah, como fastidias. Nos vemos luego, Hinata.
—Adiós— dijo y vio como los cuatro chicos se marchaban entre burlas, llevándose con ellos a la pelirrosa.
Hinata suspiró cansadamente luego de entrar a su coche. Era más de la una cuando comenzó a conducir, con casi nulo tráfico esa noche de media semana, no tardó ni veinte minutos en llegar al centro de la ciudad. Justo cuando esperaba en el semáforo que tomaría para doblar a su edificio, Hinata experimentó una sensación de ansiedad y tristeza que comenzaba a cerrarle la garganta.
Toda esa noche había recordado lo que pasó entre Sasuke y ella, pues el lugar se lo recordaba a gritos; todavía había en ella rastros de aquél dolor, pero ya era imposible pensar en eso, sin también mezclar los momentos que ella y él compartieron después, las veces que le pidió perdón, las veces que la cuidó y cuando sintió su apoyo… esto le revolvía el estómago. Cuando la flecha verde apareció, dándole permiso de girar a la izquierda para buscar entrar al estacionamiento de su edificio, Hinata no aceleró; se mordió el labio con fuerza mientras sus ojos comenzaban a arder. Con el verde en el semáforo, ella llevó sus ojos perlados al retrovisor, y, cuando ningún carro se acercaba, giró completamente el volante para terminar girando, en una curva ilegal, a la dirección contraria que originalmente pensaba llevar.
Cuando la Hyuuga se atrevió a cuestionarse qué estaba haciendo, ya subía los escalones que la llevarían a la entrada del edificio donde vivía el Uchiha. Aprovechó que el encargado del lugar no estaba para detenerse y pensar si valía la pena tirar a la basura tantos días manteniéndose alejada, sólo por sentir eso que se le arremolinaba en el pecho y estaba angustiándola.
—Estoy segura que tarde o temprano me voy a arrepentir— se dijo en un susurro cuando el botón del elevador encendió en un color blanco, luego de que lo presionase.
Los segundos que le demoró al elevador llevarla al décimo quinto piso, pasaron lentamente, y ella seguía batallando con sus nervios.
Cuando salió y vio la puerta abierta del departamento del Uchiha, algo se revolvió en su estómago.
—¡Que se larguen!— aquella voz alta y cargada de molestia la hizo respingar y dudar en seguir avanzando. Lo hizo un segundo después.
—Ah, eres un imbécil, Sasuke— un chico peliblanco que ella reconoció a la perfección, salió despotricando del interior. Cuando el joven la vio, sonrió de medio lado.
—Ah, demonios— Karin arrojó una toalla blanca al interior del departamento al momento de salir, estaba molesta pero luego suspiró profundamente y fingió calmarse —. Te veré en la mañana, mi amor— agregó al momento de cerrar la puerta.
Los dos que recién se iban, notaron la presencia de la sorprendida Hyuuga.
—¿Qué demonios haces aquí?— preguntó una malhumorada Karin — Él no quiere verte, le hartas.
La chica pasó dejándole un empujón en el hombro que Hinata soportó. Karin peleó con el botón que llamaría al elevador y Suigetsu se mantuvo un segundo más cerca de Hinata.
—Ustedes sí que son un caos. ¿Qué demonios le hiciste?— preguntó sorprendiéndola, y no la dejó reaccionar al llevar sus pasos tras la pelirroja.
La peliazul los vio perderse en el elevador y se vio sola en ese pasillo.
«¿Qué demonios le hice?» repitió internamente ese cuestionamiento.
Más bien, ¿qué le hizo él a ella?
Hinata obedeció ese magnetismo que la llevó a acercarse a la puerta. Su boca estaba seca de nervios y aun así, giró la perilla, intuyendo que si tocaba, sería echada al instante.
No sabía, de verdad no sabía, pero cuando entró y vio a Sasuke sentado en el sofá, frente a la mesa ratona que mantenía sobre sí varios vasos de licor, sintió un latido extraño en su corazón.
Él mantenía sus codos en sus rodillas, y estaba sin camisa. Al acercarse más vio en la alfombra una mancha de sangre y eso la preocupó, después llevó su vista al suelo, a esa toalla con la que seguro Karin quiso limpiarlo, pues también tenía un rastro de sangre.
La puerta se cerró sola tras ella y en ese momento no le preocupaba que la echara, sólo se acercó despacio y le tocó uno de sus hombros.
Sasuke se tensó pero le permitió el contacto.
—¿Qué haces aquí?— preguntó sin verla, respirando agitado para calmarse y con su mirada clavada justo en la alfombra, donde gotitas de sangre todavía le escurrían de la mano con la que estúpidamente había roto la ventana del balcón, y que ahora, luego de esa pelea en el antro, se volvió abrir.
Ella perdió el aliento y se arrodilló a su lado, viéndolo a los ojos.
Sasuke dejó de verla y ella se dedicó a ver su maltratado estado, él estaba golpeado, no sólo sangraba de la mano, sino que también tenía el labio herido y una ceja.
—Déjame curarte— dijo y sin que él pudiera responderle, se puso de pie y recogió la toallita del suelo, le tomó la mano al volver a su lado y sin limpiarle siquiera, se la colocó encima —. Sujétala.
Él obedeció, pero siguió sin verla; sabía que debía echarla, pero no quería todavía.
Hinata, sin saber qué hacer al sentirse incómoda con el silencio, se puso de pie y se mantuvo a su lado. Sus ojos perlados viajaron a su ancha espalda desnuda, Sasuke aparentemente seguiría ignorándola.
—¿Cómo fue que quedaste así?— se atrevió a preguntar.
Él negó en silencio sin pretender decirle que se lio a golpes con tres sujetos momentos atrás. Se apretó el puente de la nariz y cerró los ojos. Debía echarla.
Todo el lugar estaba en silencio y aunque ni siquiera se miraban a los ojos, había un halo de dolor bañándolos a ambos. Sasuke bajó su mano a apretar su herida, lastimándose mientras tensaba la mandíbula, esperando que ella decidiera irse, para así evitar decirle cualquier otra estupidez. Y Hinata, a Hinata se le rasaron los ojos al volver a tocarle un hombro, era tan estúpido, pero era como si una parte de su alma se hubiera impregnado tanto a él, que le impedía estar lejos mucho tiempo.
Sasuke bajó la mirada al sentir el tibio tacto de las delicadas manos, y su pecho le dolió.
Había algo en ellos, que los quería juntos.
Eran como dos almas gemelas que estaban buscándose una vida tras otra, sólo que esta vez, habían cruzado sus destinos de la peor forma posible.
—Sasuke— la voz suave sonó cuando ella deslizó su mano por su espalda, viendo, por primera vez luego de tanto tiempo juntos, ese par de cicatrices que él tenía en su espalda, justo bajo sus hombros.
Él tragó pesadamente al sentirla acariciarlo justamente ahí. Esas heridas sangraron por días. Fueron hechas por ella. Hinata había encajado sus uñas en su espalda y desgarrado su piel profundamente. Esa noche ella marcó su espalda, al mismo tiempo que él le marcaba su vida, cuando la tomó a la fuerza aquella noche cinco meses atrás.
Era un miserable. Se puso de pie sin tolerar más su contacto.
—Vete, Hinata.
—N-no quiero… ¿po-podemos hablar?— pidió ella con sus ojos temblando al punto del llanto.
—¿De qué quieres hablar? Debo parecerte un monstruo— soltó al tiempo que se dejaba caer en otro de los sofás. Se llevó ambas manos a cubrir sus ojos. Su voz ronca, le supo a dolor a Hinata.
Ella negó al acercarse. Caminó hasta sentarse en el mismo sofá, a la altura de sus muslos, y a pesar de estar avergonzada, no se había sentido tan bien en mucho tiempo. Le costaba mucho alejarse de él… él que fue su más grande dolor. Conocerlo y dejarlo entrar en su vida estaba resultando su perdición.
—Y-yo… yo quería decirte que lo siento mucho— dijo con cierta prisa cuando sus ojos se mojaron —. Tú estabas tan enojado que no pude decirte que… que en verdad lo sentía. Lo que les está pasando no es justo y…
Él sonrió con ironía al saber que hablaba sobre su madre. Hinata sentía lo que le pasaba, era como, dar sus condolencias por adelantado.
—Seguro, por eso me tuviste lástima al punto de quedarte— la interrumpió con amargura, pero ya sin veneno.
Ella se tensó al negar.
Él abrió sus ojos y la vio llorosa y empequeñecida ahí sentada a su lado. Odio la sensación en su estómago que lo hizo sentarse y tomarla de la cintura.
No importaba cuánto intentara mantenerla alejada, Hinata volvía, esa estúpida niña con alma de ángel volvía, y él volvía a darse cuenta que era su debilidad. Lo que más deseaba.
El pelinegro bajó una de sus piernas, dejándola así a ella en el medio. Casi se le formó una sonrisa cuando Hinata, con los ojos rojizos, alzó su vista a él.
La sujetó de la barbilla al deshacerse de la estorbosa toalla en su mano, y le acarició despacio los labios, haciéndola bajar la mirada y experimentar un estremecimiento en todo su cuerpo.
Cuando Sasuke se acercó a rozar sus labios, ella contuvo la respiración. Un segundo después, ambos labios se juntaron y Hinata llevó una de sus manos al cuello masculino, acercándose más a él, y Sasuke la apretó a su cuerpo. La sangre dentro de ambos cuerpos comenzó a calentarse.
Despacio, deshicieron el beso.
—Será mejor que te vayas— su voz ronca y baja la hizo cerrar los ojos y derramar un par de lágrimas más.
Era cruel.
¿Cómo podía decirle eso otra vez? ¿Por qué la besaba y luego la echaba de su lado, manteniéndola oscilante entre intentar odiarlo, y sentir necesitarlo?
—Vete, Hinata. No vuelvas ya— repitió al soltarla y la sintió abrazarse más a él.
Era consciente que todos tenían un lado obscuro, un pasado que siempre los perseguiría; y todos deseaban redimirse. Él también, ser salvado y perdonado… perdonarse.
Fue consciente de ello cuando esa frágil chica lloró abrazada a él. Hinata no quería irse.
Un nudo amargo le quemó la garganta al volverla a abrazar.
No le daba miedo admitir su crueldad, la podredumbre de su ser. Lo que lo aterraba de verdad, era mancharla. Era indigno de ella y ya no quería seguir arruinándole su destino.
—Déjame estar contigo, al menos hasta que esto pase— ella se arrodilló entre sus piernas y lo tomó por el rostro, viéndolo a los ojos y dejándolo verla, asegurándole así, que no había nada más tras esa petición.
De verdad quería estar con él. Había aprendido a conocerlo, sabía lo que sufrió y lo que sufriría y ese sentimiento de empatía, la hizo quedarse con él. Con Sasuke, ese ser que le dolía, porque a veces todavía dormía llorando, pero que se había metido tan dentro de su vida, que creía, era parte de ella.
—Eres una estúpida— soltó viendo sus ojos llorosos y cómo su largo cabello resbalaba por su rostro.
Cuando Sasuke resbaló sus dedos entre su cabello, para atraer su rostro y nuevamente besarla, Hinata supo que acababa de firmar un pacto que sólo les acarrearía dolor… Pero, es que antes de ser fuerte y mantenerse a alejada, prefirió ser coherente, por primera vez, con sus sentimientos.
Y Sasuke se supo el más grande imbécil. Metió su lengua dentro de la pequeña boca femenina y tras pegarla a su cuerpo, la recostó sobre el sofá.
El Uchiha buscó acomodarse sobre su cuerpo y ella separó sus piernas. Él simuló penetrarla mientras besaba con más hambre sus labios. Hinata gimió en medio del beso y eso los hizo estremecer.
—Vas a ver cosas que te asustarán, si no te vas de una vez— y esa ronca frase le estaba dando una posibilidad de escape.
Hinata tragó pesadamente —Lo sé… y estoy aterrada— se sinceró y alzó su mano a acariciarle la maltratada piel de su rostro. Frenar la loca carrera que Sasuke llevaba hacia una destrucción, era lo que creía que debía hacer.
Necesitaba y quería hacer. Fue consciente de eso cuando lo tomó del rostro y le besó los labios, embriagándose una vez más de él.
La hombría del joven se endureció entre la tibieza del sexo de Hinata y se apretó contra ella. Algo les decía, que comenzaban a auto destruirse. Aunque irónicamente, a ninguno le preocupaba en exceso.
Continuará…
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Hola, chicas, chicos (:
Espero que el capítulo les haya gustado.
En esta ocasión voy a omitir mi pequeña tradición de nombrar una a una a las personas que me dejaron comentario el capítulo anterior, pero créanme que lo agradezco de corazón, más por las felicitaciones y por los comentarios de ánimo que me dieron luego de los insultos recibidos.
Me hace feliz saber que la historia les va gustando, de verdad. Pido un poco de paciencia si es que luego de este capítulo me tardo un poquito, pues ocurre que debo retomar un fic que tengo abandonado del fandom de Inuyasha.
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Bien, y ahora la razón por la que no escribo agradecimientos, es para no escribir mucho y lean esto:
Unas palabras a título personal, por favor, léanme.
Esto va con relación a los problemas acontecidos luego de los resultados de los premios Naruto Fanfics.
JudsSC: YO TE CREO.
Cuentas conmigo para lo que necesites, te lo dije y te lo repito: No dejes que unas cuantas Sasusakus COBARDES Y ENVIDIOSAS te quiten el amor por esta shipp.
Más que como fanficker, yo te conozco como amiga, sé la clase de niña que eres, no eres berrinchuda ni estás buscando popularidad.
Ahora, de una orgullosa SasuHina a otras, por favor, no les crean a estas tipas SS que están intentando desprestigiar a Judy, que han denunciado fics Sasuhina y los han borrado sólo porque 'ellas creen que eran ofensivos o denigrantes'. CONFÍEN EN, Y APOYEN A SUS ESCRITORAS, no le crean a gente que se escuda tras un comentario anónimo diciendo que gente de nuestro lado las ha atacado.
A Judy le borraron Tonos de frío, nadie, ninguna persona que se tome el tiempo de sentarse frente a una pc durante horas, va a borrar sus propios fics sólo para 'desatar una guerra de fandoms'; a un fanfic le ponemos amor (por mal escrito que nos quede), le ponemos paciencia, le invertimos tiempo y cabeza. NO LES CREAN, NO LE DEN LA ESPALDA A SUS ESCRITORAS. Judy se ha levantado de las críticas grotescas del foro ese de los malos fics, y aquí siguió, buscando entretenernos y si las sasusaku la juzgan, ustedes no lo hagan.
No voy a pedir nunca que se rebajen a denunciar fics sasusaku como ellas denunciaron los nuestros, nosotros NO somos como ellas, y hay escritoras sasusaku que no saben de esto y no se merecen la misma bajeza.
NO NOS VAN A QUITAR EL AMOR POR ESTA SHIPP POR MUCHO QUE SE NOS ATAQUE. ¡NI EL CANON NOS MATÓ EL AMOR AL SASUHINA, MENOS UN GRUPITO DE TARDS!
Cada quien disfrute lo que le guste, vivan y dejen vivir.
Si a alguien más apoya a Judy, vayan y denle ánimo, créanme que lo necesita.
De ese tema es todo por mi parte. Gracias a quienes leyeron hasta aquí.
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Más gracias, a quienes, producto de las críticas que este fanfic se ganó en la página esa de los premios de Naruto, llegaron y le dieron una oportunidad a la historia; no sé cómo agradecer que incluso han defendido esta idea de gente (Sí, te hablo a ti, Ashley, y nota que evito poner tu nombre de fanficker para que no te hagan las bajezas que se hicieron con las sasuhina's) que dice que aquí 'la violada, pasa de esa agresión sexual al amor absoluto por Sasuke', cuando ustedes que leen saben que no es así.
Así que, Ashley, cariño, yo no voy a molestarte ni a hablar mal de tus historias por Facebook, deja en paz mi idea, déjate de moralista que si vieras todo el material de abuso sexual que tu pareja tiene, les he visto hasta doujinshis. Y SI VAS A CRITICAR ESTO, LÉELO PRIMERO.
Yo sé que esta no es la historia más romántica que jamás leerán, pero yo le veo 'un algo más' que no sé cómo llamar ahora, y es lo que me anima a continuar, y seguro también es lo que los tiene a ustedes leyendo.
Es todo. Gracias a quienes están aquí por no dejarme morir sola, de corazón, lo aprecio.
