LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA, ES MÍA.

-29-

JUNTO A TI

El Uchiha buscó acomodarse sobre su cuerpo y ella separó sus piernas. Él simuló penetrarla mientras besaba con más hambre sus labios. Hinata gimió en medio del beso y eso los hizo estremecer.

—Vas a ver cosas que te asustarán, si no te vas de una vez— y esa ronca frase le estaba dando una posibilidad de escape.

Hinata tragó pesadamente —Lo sé… y estoy aterrada— se sinceró y alzó su mano a acariciarle la maltratada piel de su rostro. Frenar la loca carrera que Sasuke llevaba hacia una destrucción, era lo que creía que debía hacer.

Necesitaba y quería hacer. Fue consciente de eso cuando lo tomó del rostro y le besó los labios, embriagándose una vez más de él.

La hombría del joven se endureció entre la tibieza del sexo de Hinata y se apretó contra ella. Algo les decía, que comenzaban a auto destruirse. Aunque irónicamente, a ninguno le preocupaba en exceso.

Con la lengua del Uchiha entrando profundamente dentro de su boca, y la presión que esas embestidas que él estaba dándole, provocando que su cuerpo temblara y se calentara al mismo tiempo, Hinata rogó por oxígeno. Los labios masculinos la liberaron parcialmente, pero continuaron repartiendo pequeños besos entrecortados a sus labios; el peso del Uchiha caía casi completamente sobre ella al tener sus antebrazos a los costados de su rostro y, curiosamente, estar tan junta a él, viéndose así de vulnerable bajo su cuerpo, la hizo sentir bien.

Cuando Sasuke, guiado por su pasión, llevó sus labios a besarle con ansias su cuello, Hinata cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás; el pelinegro aprovechó el espacio para morderle el hombro y seguir besándola. Hinata gimió y él deslizó una de sus manos a una pierna femenina, la deslizó apretándole la piel y subió alzándole el vestido, su hombría dio otro doloroso tirón.

Buscando calmarse, volvió a embestirla. Era demasiado intentar dejarla, ella vibraba y lo hacía vibrar a él; cada parte de esa piel blanca desbordaba dulzura, su tibieza lo quemaba, Hinata parecía emanar su alma pura y enloquecerlo, su parte más oscura amenazaba con surgir y arrastrarla, con él, a un abismo, pero otra parte de él estaba luchando por sólo quedarse a su lado, y ver en el misticismo de sus ojos violáceos, que podía redimirse.

Gruñó al luchar por desprenderla de lo que la vestía y Hinata se sintió intimidada por su fuerza y su pasión. El Uchiha volvió a morderla ansiando poder enterrarse en su cuerpo, toda su piel ardía al recordar esos días lejos de ella y cómo trató de ignorar que la necesitaba, aunque eso comenzaba a matarlo. Una vez que se deshizo del calzado femenino, enredó el negro vestido de la Hyuuga en su cadera y batalló con el cierre del mismo, tirando de él hasta que bajó; una vez hecho, casi con prisa le deslizó el ceñido sostén de encaje negro, ese que lucía todavía más los hermosos y carnosos senos.

—Ahh…— Hinata gimió y apretó sus ojos cuando sintió los labios masculinos adueñarse, con boca y mano, de su seno derecho.

Cuando el moreno le mordió el pezón, las delgadas manos femeninas se apretaron a los bíceps masculinos y luchó por soportarlo.

Sasuke gruñó ante la pequeña reacción y su sangre bulló al sentirla estremecerse.

—Joder— soltó con voz más roca de la que creyó. Hinata no tenía idea cuánto la había extrañado.

Su miembro endurecido bajo sus pantalones se removió ansioso por estar dentro de ella y él buscó con prisa liberarse; cuando lo hizo, finalmente su caliente piel rozó la tibieza femenina y Hinata tembló.

Sasuke jadeó y gruñó en su oído al deslizar dos de sus dedos entre las pequeñas bragas para hacerlas a un lado. La peliazul cerró los ojos y el Uchiha la tomó del rostro para volverla a besar con profundidad.

—Ah… Sa-Sasuke— apenas pudo nombrarlo al sentirlo acomodarse para penetrarla.

Hinata se estremeció cuando él comenzó a traspasarla y en ese momento el beso que todavía sostenían, cobró profundidad. El sabor metálico de la sangre en el labio del Uchiha no logró molestarla, tanto como la prisa que él parecía llevar.

—Sasuke…

El jadeó —No te muevas, Hinata— respondió él al sentirla tensarse, justo cuando estaba entrando —. Aghh— gruñó al estar enteramente en su interior —. Joder— volvió a gruñir y comenzó a moverse con fuerza, con necesidad.

—Sa-Sasuke— la voz delgada lo sonó más —… e-espera… por favor— suplicó.

Con la sangre ardiendo en todo su cuerpo, el frustrado chico se detuvo despacio.

—Ah… ¿qué?

Los ojos perlados y suplicantes se unieron a los profundos ojos negros de él.

—A-así no— logró decir y luego se mordió el labio fugazmente, se sintió enrojecer y perdió el aliento —… ¿po-podemos hacerlo… despacio?— pidió y tembló.

Él frunció el ceño al verla. La chica casi desnuda bajo su cuerpo estaba ruborizada y avergonzada, sus ojos violáceos brillaban de una extraña manera. Estuvo seguro que seguía asustada por lo que intentó hacerle aquella última vez que se vieron, justo sobre ese mismo sofá. Volvió a sentir asco por él mismo; Hinata pareció darse cuenta pues enseguida sus manos dejaron de aferrarse a los duros bíceps del moreno y viajaron a acariciar su maltratado rostro.

—Sólo esta vez… ¿está bien?— suplicó y se mordió un labio, el mismo que dos segundos después, sería rescatado por los labios del moreno que no resistió su petición.

Sasuke se quedó quieto dentro de ella al dedicarse a besarle despacio los labios y eso casi hace llorar a la Hyuuga que por un momento había querido revivir malos recuerdos. El beso, aun con pequeño sabor a sangre, pronto fue acompañado por caricias de la lengua y manos masculinas en boca y cuerpo de la joven.

Hinata vibró y él comenzó a moverse.

Los movimientos largos y profundos movían el curvilíneo cuerpo de la chica bajo él, escuchar los pequeños gemidos de Hinata cada vez que llegaba al fondo de su cuerpo, siguieron haciéndolo arder. Besó y dejó sus labios cada corto tiempo, jadeando sobre ellos y comiendo sus gemidos.

La piel de la chica estaba erizada y el calor ardiente de Sasuke la contagiaba en esa noche helada.

—Agh…— él gruñó cuando ella llevó una de sus piernas abrazar una de él

El pelinegro bajó sus ojos admirando la blanca piel de sus senos y acarició uno de ellos, viendo como su rosado pezón se erguía al pasarle los dedos encima. Los ojos perlados y brillosos de una pasión naciente, se unieron a los negros de él; el Uchiha no soportó mucho ver los pequeños labios entreabiertos suspirar, y luego de enredar sus dedos en su cabello, volvió a besarle los labios haciéndola echar su cabeza hacia atrás por la fuerza con la que lo hacía. Los redondos senos se aplastaron ante la dureza del pecho masculino y Sasuke pareció arder todavía más al sentirlos; se pegó más a ella y retomó su bombeo constante y profundo.

Hinata, entonces, con la piel erizada, deslizó sus manos a su espalda, aferrándose a él y acariciándolo. Sus cuerpos uniéndose generaban tanto calor como una electricidad que le recorría el cuerpo en satisfacción y comenzaba a nublarle los sentidos. Sasuke se separó sólo un poco de ella para bajar su mirada y poder verse penetrarla, obteniendo así todavía más placer. Gruñó y tuvo que bajar y morderle suavemente la oreja para poder contenerse y no tomarla con fuerza.

La peliazul llevó una de sus manos a acariciarle el pecho y subió hasta su cuello, lo atrajo despacio a su rostro, tanto que sus alientos calientes chocaban tras cada jadeo y el negro cabello masculino rosaba los costados del rostro de la joven Hyuuga. Hinata volvió a acariciarle el rostro mientras lo veía a los ojos y lo sentía penetrarla, ganándose sólo sensaciones más intensas que le quemaban la piel. ¿Qué tenía Sasuke que la tenía siempre pensando en él?

—Ahh— gimió con fuerza cuando él la embistió de ese modo.

—Deja de verme así— ordenó o suplicó y se alzó un poco más para besarle la frente, sobre su flequillo revuelto y húmedo por el sudor.

—Ah… lo siento— ella volvió a acariciarle el cuello y cerró los ojos al sentir el tibio aliento del moreno al decirle que dejara de disculparse.

Sasuke siguió penetrándola despacio, llegando al fondo de su cuerpo y Hinata resintió eso al gemir casi en su oído y esta vez fue ella la que buscó besarlo. Ambas manos femeninas buscaron el rostro y, ruborizada, se atrevió también a abrazarlo tímidamente con sus largas piernas.

—Joder— gruñó el chico que comenzaba a sudar —. No sabes lo que me excitas, Hinata— dijo al sujetarle una de sus piernas y enredarla en su cadera —. Comenzaré a hacértelo más fuerte, ¿puedes soportarlo?

Ella se abrazó a su cuello como si pudiese caerse, en un acto que él encontró tentador.

—S-sí— respondió y mordió su labio al esconderse entre su cuello y Sasuke no pudo más.

Las embestidas del Uchiha se volvieron fuertes y continuas, embriagándose ante la sofocante sensación de ser apretado y liberado por ella, al entrar y salir de su interior; las paredes internas estaban húmedas, calientes y tan apretadas que soportar suaves movimientos era un martirio. Gruñó sin contenerse en el oído de la joven que gimió copiosamente mientras se aferraba con más fuerza a su cuello; quiso darle tregua pero esa sensación quemante en su pecho que le impedía casi respirar se lo impidió, siguió penetrándola, escuchando el sonido acuoso de sus sexos al chocar, e irremediablemente le buscó la mirada. Le besó la mejilla al verla sonrojada, con el ceño ligeramente fruncido y sus ojos perlados y brillosos estaban entrecerrados; los dedos femeninos se apretaron en su cuello y volvió a escucharla gemir, soportando su fuerza.

Él gruñó —Te quiero, Hinata— soltó roncamente.

A ella se le calentó el pecho y sintió ganas de llorar, pero el pelinegro no dejó de penetrarla e imprimió más fuerza, así que Hinata no respondió.

«Joder» el moreno maldijo internamente y le besó los labios, siendo correspondido con dificultad por ella que luchaba por respirar.

Sasuke maldijo internamente la debilidad que tenía por ella, por esa frágil chica que temblaba bajo su cuerpo, disfrutando su unión. Mordió su barbilla al incrementar su fuerza, Hinata comenzaba a cerrarse alrededor de él, al casi alcanzar el orgasmo y él quería acompañarla.

—Sasuke— ella apenas encontró voz para gemir su nombre.

—Mírame. Quiero que me veas cuando te vengas, mi amor.

—Dios— esa ronca petición calentó todavía más el cuerpo femenino. Bastaron cuatro fuertes estocadas más, para que ella lo complaciera. Las manos masculinas se aferraron con fuerza a las caderas de la peliazul cuando se arrodilló en el sofá y le elevó las caderas para penetrarla de esa forma y alcanzar a terminar cuando ella estuviera en medio de su orgasmo.

Los senos de la joven se vieron incluso más grandes al tener elevadas las caderas y los fuertes golpes que su cuerpo soportaba, no hacían más que moverlos adelante y atrás, el Uchiha no pudo con la visión de ella sujetándose los mismos con pudor, y luego de segundos más, se derramó casi con fuerza dentro de ella. Gruñó y cerró sus ojos disfrutando de las contracciones de sus sexos, sus manos casi perdieron la fuerza con la que la sujetaban.

Y mientras terminaba de vaciarse, los ojos negros y agotados se abrieron despacio, encontrándose con una Hyuuga agitada, ruborizada y cubriéndose sus senos, al tener su vestido y sostén enredados en la cintura. Hinata tembló cuando él se apoyó en sus tobillos, tal vez tenía frío o tal vez sólo cansancio, o quizás, también eran los rastros de su orgasmo desapareciendo.

Una de sus manos grandes acarició su vientre plano y desnudo, mientras se veía abandonar despacio su cuerpo, quedando unido por dos segundos a ella por un delgado hilo de semen.

Los ojos negros fueron a los perlados de ella que, al sentirse así de expuesta, desvió su vista ruborizada y cansada.

Suspiró pensando que era demasiado tonto avergonzarse teniendo en cuenta cuántas veces había mostrado su desnudez a ese frío joven. El cansancio acumulado de días de estrés y malas noches, le pasó factura. Sasuke todavía le acariciaba con suavidad las piernas, más ocupado en ello que en devolver a su sitio su pene semi erecto.

—Tengo tanto sueño— ella se atrevió a romper el silencio en el que, después de finalizados los sonidos de esa entrega sexual, el departamento se sumergió.

Él asintió en silencio viendo cómo ella se abrazaba a sí misma, acomodó sus pantalones y enseguida se puso de pie. La peliazul se alzó el vestido y cubrió sus senos para enseguida parecer dormir.

El Uchiha se apretó el puente de su nariz y cerró los ojos. Volteó a ver la puerta y se preguntó si era buena idea devolverla a su departamento.

—Pura mierda— se dijo al dirigirse a la puerta y asegurarla. Ya había fracasado al pretender alejarla, entonces, no importaba mucho si pasaba lo que quedaba de la noche a su lado.

Hinata se hizo un ovillo y en esa sala apenas iluminada por la luz que entraba por el balcón, sus largas piernas y la piel de su cuerpo parecía resplandecer. Sasuke se recargó en la pared viéndola a la distancia, su pelo escurría por el sofá, su espalda apenas estaba cubierta por el vestido, y sus negras bragas que habían vuelto a su lugar, destellaban un pequeño brillo producto de un par de piedritas colocadas en ellas, eso lo hizo sonreír apenas visiblemente. Esa mujer era un ángel, uno, que lo había tocado y él había corrompido… ¿alcanzaría alguna vez perdón por ello?

Un nudo se quiso formar en su garganta y se lo tragó. Caminó a pasos lentos y pesados, pisando en su camino la alfombra teñida de rojo, y se inclinó para recogerla en brazos. Cargó el pequeño cuerpo que a pesar del frío, logró conservar el calor y la metió bajo sus cobijas. Hinata gimió al ser dejada en cama y él se sentó a su lado; le acarició y acomodó su azulino flequillo.

¿Qué le estaba haciendo? De ningún modo era justo para ella que parecía estar sacrificándose por él, sin tener obligación alguna de hacerlo.

«Mierda» pensó frustrado al seguir viéndola dormir cansada.

Pero, él era tan egoísta y no podía con ello; una hora atrás, cuando decidió volver a hacerla suya, se dio cuenta que se importaba más él.

Él que amaba a Hinata. Él que no podía, ni quería estar sin ella. Por eso volvió a tomarla movido por su miseria.

—Perdóname— susurró al ponerse de pie y terminar revolviéndole el flequillo que le había estado acomodando. Caminó a la pequeña ventana colocada cercana a la cama, y observó la fría madrugada.

No sabía si podría ser digno para ella, pero al menos, quería intentarlo.

Con el frío de la negra noche calándole en la espalda, decidió apartarse. Caminó al baño sólo para lavar los restos de sangre que pudiesen seguir en él, y después regresó a la cama mientras se desabotonaba el pantalón, para posteriormente dejarlo caer al suelo y meterse sólo vistiendo su bóxer a la cama, junto a ella.

Sus demonios y temores quisieron taladrarle la mente al momento de abrazar por la cintura a Hinata, al colocarse a su espalda, pero la chica que sintió su calor y buscó más de él, se giró y ocultó su rostro en su pecho desnudo. Escucharla suspirar y apoyar sus manos en su piel, lo hizo bajar sus ojos a ella que se pegó más a él; verla y sentirla tan cómoda con él, quieta y en paz, le dijo que tal vez, y sólo tal vez, sí podía tener una oportunidad. Cerró sus negros ojos y se sumergió bajo las mantas, para apoyar sus labios en la azulina cabellera de la joven heredera Hyuuga, y compartirle su calor.

• • •

Con un nuevo día sin rastros de sol, Hinata amaneció casi desnuda y en la cama de Sasuke. Sus ojos ardían de ganas en seguir durmiendo, pero el sonido de agua cayendo la incomodó y la hizo despertar. Cuando sus orbes lilas se abrieron despacio, ella se quedó quieta recordando dónde estaba; apretó las mantas sobre ella al saberse casi desnuda y se ruborizó, buscó al pelinegro en la cama y comprobó que, como sospechó, el sonido de agua era la ducha, justo donde él debería estar.

Se levantó con cierta prisa y comenzó a acomodar su sostén y su vestido, soportando el frío de esa mañana. Cuando escuchó que el agua de la ducha se detuvo, se puso nerviosa… y ahora, ¿qué se supone que haría? Su rostro comenzó a ruborizarse al darse cuenta que ella fue la que lo buscó y le pidió quedarse, no sólo eso, ella lo había besado y propiciado que lo que ocurrió entre ambos, anoche, iniciara.

«Santo cielo.»

La joven se mordió el labio y comenzó a caminar directo a la sala, buscaría el resto de su ropa y ya vestida completamente, le daría la cara para salir pronto de ahí.

«Sí, eso es lo mejor» pensó avergonzada pero no arrepentida.

—¿Huyes?— esa voz ronca la paralizó poco antes de alcanzar la puerta.

Hinata se dio la vuelta despacio, con sus pies desnudos pisando la fina alfombra. Sasuke arqueó una ceja y ella aumentó su sonrojo.

—N-no… só-sólo buscaba mi… ropa— respondió y evitó mirarlo. El Uchiha apoyaba su hombro en el marco de la puerta del baño, con una pequeña toalla blanca se secaba el cabello que todavía dejaba caer gotitas de agua, y era otra toalla blanca la que lo cubría únicamente, amarrada a su cadera.

Los ojos negros puestos en ella la hicieron volver a verlo. Hinata estuvo a punto de decir que se tenía que ir, pues sus clases iniciaban temprano y todavía debía ducharse, pero, al ver el rostro de Sasuke con la luz de un nuevo día, la hizo consciente de lo mal que él la pasó; tenía una marca morada en el costado izquierdo de sus labios, la herida sobre su ceja ya no sangraba pero se notaba ligeramente hinchada, y tras bajar sus ojos, vio cómo también tenía una marca morada y grande a un costado de su cuerpo, sobre sus costillas, eso debió haber sido una patada durante una pelea, era obvio.

—¿Te… te encuentras bien?— ella jugó con sus manos nerviosa, soportando el frío.

Él asintió en silencio al caminar hacia ella, la peliazul se tensó pero se mantuvo quieta.

El Uchiha le tomó un mechón de su largo cabello.

—Anoche dijiste que querías quedarte— habló haciendo que sus grandes ojos violáceos se clavaran a la expectativa en él —. ¿Sigues pensando lo mismo?— su voz sonó más ronca ante eso último.

—Ah…— ella perdió el aliento; de pronto, apretó sus labios sin dejar de verlo y su sonrojo aminoró al tomar seriedad. Asintió.

Él sonrió de medio lado, apenas visiblemente —¿Te das cuenta que pudiste escapar y volviste a meterte a la boca del lobo?— preguntó acariciándole con el pulgar su rosado labio inferior.

—Deja de decirlo así— suplicó y logró decirlo sin titubear. Se hicieron un par de segundos en silencio en los que él achicó sus ojos, viéndola, y ella bajó la mirada sólo para volverla a subir —. Ese día— retomó —, el día que discutimos, tú diste a entender que para mí es… a-asqueroso… e-estar contigo y...

—Ya— él la interrumpió al soltarle el cabello y apartarse —, ¿y no es así?

Ella frunció el entrecejo — ¿Cómo puedes pensarlo?

La sonrisa irónica volvió a enmarcar el rostro masculino —¿Por qué no?— devolvió a cambio, ahora siendo suspicaz. Quería saber qué tantas cosas estaban moviéndola — ¿Has olvidado que yo…?

—Por supuesto que no— ahora fue ella la que lo interrumpió con cierta prisa y lo vio con cierto reproche —, y, ¿quieres dejar de decirlo?— suplicó — I-intento pensar lo menos posible en ello.

—¿Está siendo un sacrificio?— su voz se volvió seca.

Ella tardó unos segundos en responder, Sasuke se molestó pero entendió que incluso siendo así, estaba teniendo más de ella de lo que se merecía.

—Ta-talvez al inicio, pero…

—¿Pero?— interrumpió él tomándola de la mano que ella mantenía frente a sus senos. Él la hizo acercarse y con la otra mano le alzó la barbilla. Los ojos violáceos se centraron en aquellos pozos negros que la veían sin maldad — ¿Te has preguntado qué pasaría, si te enamoras de mí?— soltó despacio.

Ella abrió grandemente los ojos y el corazón se le aceleró sin saber por qué. El Uchiha se acercó un poco y bajó su rostro a besarle los labios, pero justo cuando los rozó, el móvil de la peliazul sonó con insistencia desde la sala, haciéndola respingar y soltarse.

—N-no sé por qué dices eso… y… y además, de-debo irme— mencionó y se alejó un par de pasos como si su sola cercanía estuviese quemándola.

—Mph— él sonrió de medio lado al notarla sumamente nerviosa.

Hinata se apresuró a la puerta, pero se detuvo abruptamente, haciendo que su cabello largo y despeinado, pasara delante de sus hombros —Nos…— inició dubitativa, haciendo que los ojos negros del semidesnudo chico fueran a ella —, veremos en la universidad, ¿cierto?— preguntó y se mordió discretamente el labio inferior.

Él negó despacio y en silencio.

—¿Por qué?— añadió extrañada.

—Tengo algunas cosas qué hacer.

—Oh… entonces… supongo que…— mencionó insegura, entonces, ¿ella tendría que volver a buscarlo? Eso le iba a resultar algo incómodo. Ver a Sasuke apretarse el puente de su nariz, le hizo preguntarse si ambos estaban bien, después de todo.

—Yo te buscaré en tu departamento esta noche— volvió a hablar el chico, sacándola de sus dudas internas.

Ella se mordió suavemente el labio y asintió. Eso era un sí, sí estaban bien.

El teléfono que había dejado de sonar, volvió a hacerlo en ese momento y ella tuvo que girar para partir.

O.O.O.O.O

Al mediodía, con una cafetería casi completamente llena, la Hyuuga llegó a la mesa junto a una Sakura adormilada y un Naruto que ya peleaba con Kiba mientras Chouji se dedicaba a comer.

—Hola— saludó al dejar su mochila a los pies del asiento.

Sakura alzó su rostro a ella —Hola, Hinata, ¿qué tal la noche?— preguntó al notarle un semblante más relajado que el del resto de la semana.

—Ah… todo perfecto— dijo y sonrió ligeramente avergonzada. Sakura le devolvió la sonrisa y entonces tuvo ánimo de comenzar a comer.

—Me da gusto por ti, Hinata— habló el rubio haciéndose con su atención —, a mí los padres de Sakura-chan me regañaron por llevarla tarde, además, se descompuso la luz de afuera de mi casa y batallé mucho para encontrar mi llave de repuesto en el jardín, incluso agarré caca de gato y…

—¡Iugh, cierra la boca, Naruto, intentamos comer, asqueroso!— regañó, Kiba — Además, ¿a ella qué diablos le importa de qué te embarraste las manos?

Naruto rio sonoramente al rascarse la nuca —Pues todos aquí están muy callados, yo sólo intentaba hacer algo de plática, 'ttebayo.

—No te preocupes, Naruto, era muy interesante tu plática— comentó Hinata con media sonrisa apenada por la mala suerte del rubio.

—Ah, deja de ser condescendiente con él, Hinata, nunca se callará— dijo la pelirrosa.

—Oye, Sakura-chan, ¿por qué dices eso?— alegó el rubio y ambos comenzaron a intercambiar palabras. Hinata sonrió y se dio cuenta cómo esa pesadez que tenía en la nuca, había prácticamente desaparecido.

La Hyuuga se mordió el labio y bajó su mirada a su comida, dándose cuenta cómo estar distanciada y disgustada con Sasuke, sí había resultado difícil para ella. Suspiró y se dio cuenta que ese chico ya estaba comenzando a importarle.

«¿Te has preguntado qué pasaría, si te enamoras de mí?»

El recuerdo de aquella frase la preocupó por un momento, luego la ruborizó, para finalmente hacerla negar en silencio. Aquello era un absurdo, por más que Sasuke comenzara a agradarle y se preocupara por él, no lo amaba; no, ni lo haría, eso era imposible.

—¡Hey, chicos!— la llegada de Ino al comedor regresó la atención de Hinata a ese lugar.

El resto devolvió el saludo y Hinata frunció el ceño al verla sentarse con una enorme sonrisa.

Sakura la vio de medio lado al momento de morder de su emparedado — Y tú, ¿qué traes?

La rubia agrandó su sonrisa y eso extrañó al resto que se dedicó a verla. La mirada verde de la Yamanaka cayó entonces a la puerta de la cafetería, lugar por el cual entraba el Nara.

Sakura vio a uno y a otro —No me digas que encontraste otra forma de reconquistarlo— soltó irónicamente y alzó una ceja al seguir comiendo.

—No, nada por el estilo— respondió la otra viendo al chico llegar a la mesa.

Cuando el Nara estuvo a su lado, al haber un asiento desocupado, ella se puso de pie y sin borrar su sonrisa, le pasó los brazos sobre los hombros y se alzó en las puntas de sus pies para besarlo en los labios, sin pudor o problema alguno. Las manos del chico que sólo sonrió antes de dejarse besar, viajaron a la pequeña cintura envuelta por una gruesa chamarra morada, y correspondió el beso.

Hinata parpadeó un par de veces al notoriamente sorprenderse.

—Joder— Kiba se llevó la palma a la cara —, ¿perdonaste a esta loca tan pronto?— exclamó en voz alta.

Ino lo volteó a ver con una sonrisa orgullosa.

—¿Esperabas que no?

—No, hasta después de primavera— respondió molesto el Inuzuka.

—¿Qué?— la rubia que se mantuvo en pie, frunció el ceño.

—Paguen— Chouji extendió su mano al chico de marcas rojas y al rubio.

—Joder.

—Demonios, Shikamaru— gruñó también Naruto —, ¿no pudiste esperarte unos días más, 'ttebayo?

—¡¿Apostaron?!— preguntó indignada la rubia.

El chico robusto se rascó la nuca, al conocer bien el mal carácter de la novia de su mejor amigo.

—Son unos idiotas.

—¡¿Qué?!— alegó el castaño — Era una excelente oportunidad de hacer dinero fácil.

La chica achicó los ojos al verlo.

—Velo por el lado bueno— suplicó Naruto —, todos estábamos seguros que volverían.

—Sobre todo yo— Chouji alzó la mano —, que adiviné que sería antes de finalizar el invierno— dijo y se burló, pero la risa desapareció ante la mirada de la rubia.

—Hey— Kiba se puso de pie y señaló tanto a Chouji como al Nara —, no se habrán puesto de acuerdo para hacernos perder, ¿verdad?— acusó y entonces la indignación de la rubia rebasó sus límites y volteó a ver a su recientemente, otra vez, novio.

—Hey, a mí ni me mires, recuerda que fuiste tú la que…— quiso explicarse.

Ino bufó indignada y se acercó a Chouji que recién recogía los billetes obtenidos, de los que para ella, eran los otros dos tontos.

—Esto me lo quedo yo— dijo al arrebatárselos.

—¡Oye!— se quejó el chico y los otros dos estallaron en risas — Ino eso no es justo, Shikamaru dile algo— pidió viendo a su amigo que sólo se encogió de hombros y tomó asiento.

—De ninguna manera lo devolveré— aclaró la joven —. Si apostaron a costa nuestra, lo justo es que nosotros lo gastemos, ¿no?— dijo y alzó una ceja.

Hinata sonrió al ver cómo Chouji le manoteó en la cara a Kiba que se había vuelto a burlar de él.

—Como sea— intervino Sakura —, ¿qué pasó con ustedes?

—Sí, Shikamaru, cuenten— animó también el rubio.

El joven suspiró y se rascó la nuca, estaba agotado luego de la noche que su novia y él pasaron.

La rubia dejó la molestia atrás y se abrazó de uno de los brazos del chico.

—Anoche nos reconciliamos— anunció orgullosa.

—¿Anoche?— preguntó el Uzumaki —¿por eso te fuiste del antro?

—No, en ese entonces todavía no sabía que la iba a ver— confesó el chico.

—¿Entonces?

—Entonces fui yo a buscarlo— interrumpió la chica sin pena alguna —. Yo fui la mayor culpable de estos malos entendidos, así que era justo— completó llenando de orgullo a sus dos amigas.

—Me da mucho gusto por ambos— felicitó Hinata.

—Igual a mí— secundó Sakura.

—Y a nosotros también, supongo— añadió Kiba que terminó por recargarse en el respaldo de su asiento.

—Entonces por eso no quisiste salir con nosotros— trató de adivinar la pelirrosa.

Ino torció los labios —Algo así. A decir verdad, cuando ustedes se ponían de acuerdo para salir, ni siquiera tenía pensado buscarlo, fue un impulso— explicó sonriendo y viendo al chico que, cansadamente, también le dedicó una sonrisa —. Cuando yo llegué él no estaba, de hecho, estaba por marcharme.

Hinata sonrió enternecida, imaginándolo —Entonces tuviste suerte de encontrarlo después.

Ino suspiró hondamente —Mucha— aceptó —. No fue fácil convencerlo— dijo sin querer ahondar en detalles —, pero finalmente todo salió bien.

—¿Qué tan bien?— preguntó con ingenuidad el rubio.

—¡Naruto!— regañó la pelirrosa.

—¿Qué?

—Digamos que— retomó la palabra la Yamanaka —, mi madre estaba demasiado indignada cuando Shikamaru me llevó esta mañana a casa— añadió haciendo ruborizar a Hinata que no creía cómo soltaba algo que, ante un entendimiento promedio, dejaba a la vista sus momentos de intimidad.

Sakura los vio con picardía —Así que fue buena la reconciliación— dijo y apenas un sonrojo pintó las mejillas de la rubia. Shikamaru por su parte suspiró y ladeó la vista.

—Entonces por eso no estuviste en las primeras clases, galán— se burló Naruto.

—Sí, ambos nos perdimos las dos primeras clases— volvió a responder Ino —. Mi padre por suerte había salido a trabajar, pero mi madre nos soltó un sermón enorme sobre la virtud antes del matrimonio— dijo y rodó los ojos recordando lo tradicionalista que era su mamá —. Por Dios, tenemos más de dos años de novios, ¿en serio creía que era virgen?— dijo y entonces la incomodidad de Hinata, la compartió Naruto que soltó una risa nerviosa — Y eso no es todo— añadió —, mi padre pidió ver a Shikamaru al final del día.

Kiba se burló —No me digas que harán que se casen— dijo y volvió a reír.

El Nara negó en silencio y suspiró.

—Por supuesto que no, idiota— respondió la rubia —. Mis padres lo conocen de tiempo atrás— dijo refiriéndose a su novio, luego se ruborizó al voltearlo a ver —, pero seguro papá sí querrá saber qué tan en serio vamos.

Shikamaru apoyó su mano libre sobre la cabeza de su novia y le revolvió el cabello, luego le sonrió —Tranquila, yo me haré cargo— le dijo, pues anoche al no dejarla marcharse, aceptó el nuevo compromiso que eso significaba.

Hinata apartó su vista de ellos un tanto incómoda, la verdad, había envidiado un poco la confianza que esos dos parecían volver a tenerse, la incondicionalidad que en ese momento estaban mostrando.

«Debe ser hermoso» pensó con tristeza «Ino de verdad tiene suerte»

El recuerdo del Uchiha quiso pesar en ella, esos momentos que sólo él estuvo con ella, y la pequeña satisfacción que eso le causaba, fue opacada al recordar que él no confiaba en ella, aun cuando ella lo hizo con él, él no daba indicios de querer dejarla entrar de verdad a su vida.

—Oye— la voz de Ino volvió a sacarla de sus pensamientos, ignorando su comida que picaba, para alzar sus ojos a ella —, también quiero un té caliente, por favor.

Cuando el Nara se fue y los chicos se distrajeron en su charla, Sakura regresó al tema con la rubia, y alguna que otra intimidad soltada por la Yamanaka volvió a avergonzar a Hinata, ella no pudo más que sentirse hipócrita, pues se seguía avergonzando por cosas que ella también hacía en la intimidad con Sasuke. Dios, ¿cuánto tiempo soportaría seguir mintiendo de esa forma?

O.O.O.O.O

—Esta es la información recibida de la licitación de la obra del sur— explicó Neji entregando a dos varones que vestían formalmente, y que se encontraban de pie, a su lado, justo frente al amplio escritorio presidencial, en esa oficina —. Analícenla— ordenó —. En su correo también encontrarán datos más específicos que mandé a recabar, y algunos planos digitalizados para mayor comprensión. Es necesario tener presupuesto, la taza porcentual mínima con la que podemos competir haciéndolo viable para nosotros. No podemos perder ese proyecto— explicó con una fría seriedad brotando de sus palabras.

Los otros asintieron.

—No se preocupe, señor.

—Mañana temprano me reuniré con ustedes para dar el visto bueno, y por la tarde tendremos la reunión final para enviar nuestra propuesta.

Ante estas palabras soltadas por el joven y, denominado genio Hyuuga, a los otros dos sólo les quedó asentir, para terminar saliendo.

El varón castaño, muchos años mayor a él, sonrió y asintió en silencio al observar la tarde morir desde el enorme ventanal con el que contaba su oficina, ubicada en lo más alto de la torre perteneciente a su familia.

—Me alegra ver que tu don de mando sigue creciendo— comentó el mayor que, con las manos en los bolsillos de su pantalón, volteó a ver a su joven sobrino. Le sonrió estando más seguro que nunca que Neji sería un digno heredero de todo lo que el trabajo de su familia por generaciones había obtenido.

—Sólo hago lo que me ha enseñado— respondió el otro viéndolo acercarse.

Hiashi palmeó el hombro de su sobrino —No te desmerites, a pesar de tener el orgullo Hyuuga brotando por toda tu sangre, eres más capaz que cualquiera antes— dijo y lo pasó de largo con un semblante más cansado que el que a Neji le hubiese gustado observar.

El joven castaño de blanca piel y astutos ojos perlados, siguió con la mirada a su tío.

—No podemos perder este proyecto.

—Lo sé — aceptó Neji —. Los Uchiha también están peleando la licitación— informó para ver asentir a su tío —. Este proyecto tampoco nos lo quitarán.

Hiashi sonrió orgulloso —Haces un estupendo trabajo.

El otro negó despacio —Tampoco deseo quedarme créditos que no gané— debatió el chico —, lo cierto es que también la empresa encabezada por Fugaku Uchiha ha venido decreciendo, e ignoro el por qué.

—También lo noté— aceptó el mayor —. Si siguen perdiendo proyectos, pronto dejarán de estarnos a la par.

Neji sonrió y asintió — Itachi Uchiha es nuestro mayor problema últimamente. No tenía idea que hubiese regresado a trabajar con su padre.

—Ni yo— aceptó al tomar asiento y encender un puro. Inhaló y segundos después, dejó que el humo brotara de sus labios —. Pero eso ya no importa, nada de lo que hagan o dejen de hacer los Uchiha podrá afectarnos.

—Entiendo— mencionó el castaño que inclinó su rostro a modo de despedida —. Ahora, si me disculpa…

—Neji— Hiashi detuvo sus pasos. El menor volteó a verlo haciendo que su castaño y largo cabello se posara ligeramente sobre uno de sus hombros —. Necesito hablar contigo sobre Hinata.

—¿Sobre Hinata sama?— cuestionó extrañado al fruncir el ceño.

—¿Has hablado con ella?

—No recientemente.

Hiashi suspiró pesadamente al apoyar sus codos sobre el escritorio —Hace apenas unas horas pude revisar sus resultados académicos— explicó, lo que al menor le pareció extraño, pues él mismo había visto esos resultados y eran mejores de lo que esperaba.

—¿Y hay algo malo con ello?

El mayor negó en silencio —He estado pensando que llegó el momento de planear el destino de Hinata de verdad— dijo y sus ojos perlados cayeron con seriedad en su sobrino —. Regresarla a la mansión sería sólo el primer paso. Ella tiene que caer en cuenta cuál es su papel dentro de nuestra familia.

Neji tragó pesadamente —Bien, Hinata-sama tiene sólo diecinueve años, creo que…

—A su edad, su madre y yo ya nos habíamos casado.

—Pero…

—Neji— interrumpió las palabras del joven —, ¿lo estás reconsiderando?— preguntó con seriedad achicando sus ojos.

El joven Hyuuga guardó silencio dos segundos —Sigo pensando que forzarla no es lo ideal.

Hiashi negó en silencio al apoyar su espalda al asiento y dar otra calada al puro —A estas alturas Hinata ya debería de ser consciente. Ella será tu esposa cuando llegue el momento.

Aquellas palabras volvieron a dejar al denominado genio Hyuuga en silencio.

—El clan necesita una cabeza de familia, y ustedes son los elegidos para ello.

Neji pensó en su prima, en la sí, atracción que sentía por ella, pero también pensó en el ligero noviazgo que Hinata vivía, y justo en ese momento se preguntó si había hecho bien en darle esa libertad, a la que sí, tenía derecho, pero también podría complicar mucho las cosas en un futuro cercano. Apretó el puente de su nariz, aunque él aceptara sin problema alguno su destino, no podía imponerle sus deseos a Hinata como su tío pretendía.

—Entiendo, pero creo que aún es pronto— respondió el menor al verlo ahora a los ojos.

El otro negó sin estar del todo seguro.

—Hinata-sama comienza a adaptarse a la casi independencia que tiene, la he visto más segura y ha rendido muy bien. Creo que abordarla con esto al iniciar apenas sus estudios universitarios es demasiado.

Hiashi volvió a levantarse y regresó a pasos seguros y firmes al ventanal, tras el cual, terminaba de caer la helada noche en toda la ciudad.

—Este año Hinata cumplirá veinte años— soltó luego de varios segundos en silencio —. Organizaremos una recepción y haremos público su compromiso— informó secamente, tanto, que no dejó lugar a réplicas —. Tendrá que lidiar con ello.

«Maldición.» pensó el joven castaño al momento de salir de la oficina. Una vez afuera, sus pensamientos volvieron a Hinata, e intentó no pensar en lo desprevenida que eso la tomaría.

O.O.O.O.O

Un gemido doloroso escapó de los labios del Uchiha.

—Lo siento— se disculpó Hinata que buscó verlo a los ojos —, pero debo desinfectarlo— explicó.

El moreno resopló cansadamente y cerró los ojos, manteniendo quieta su cabeza sobre las piernas de Hinata, que sentada en su cama, buscaba limpiar y sellar esa herida, nuevamente abierta, en su ceja.

—En la mañana lucía mejor, ¿qué ocurrió?— preguntó pasando una bolita de algodón sobre el área dañada, antes de pegarle una pequeña cintita blanca, que mantendría unida la herida.

—Un incidente estúpido— respondió secamente, sin pretender explicar que el imbécil de Suigetsu había ido a buscarlo, y al negarse a salir, el idiota le había preguntado que si era porque seguía dolorido por sus heridas, al tiempo que le hundía el dedo en la cortada sobre su ceja, haciendo que su piel volviese a sangrar. El peliblanco había salido con una sonrisa estúpida del departamento y prometiendo no volver, tras la mirada asesina que se ganó.

Hinata movió un par de negros cabellos que él tenía sobre su ceja, y acarició la herida recién tratada.

—Esto necesitaba sutura— le dijo sin dejar de acariciarle la ceja, evitando presionar la herida.

Sasuke se mantuvo en silencio y se permitió volver a cerrar los ojos, sintiendo como ella estaba acariciándolo. Hinata por su parte, no sólo se permitió acariciarle la ceja y la herida, sino que, siendo cubierta por la oscuridad parcial de su habitación, se atrevió a acariciarle el rostro, al apoyar su brazo sobre el firme pecho masculino.

Apenas una línea de luz que entraba del pasillo por la entreabierta puerta, y la luminosidad que emanaba la pantalla del portátil de la peliazul, sobre la cama, iluminaban sus cuerpos. La quietud entre ambos estaba lejos de ser incómoda, Sasuke respiraba acompasadamente sintiendo un cansancio por todo su cuerpo, proveniente de las pocas horas de sueño de las semanas pasadas; y la Hyuuga sintió por fin calma a su lado. No hizo falta decir palabras para sentir que estaban bien, al menos, en esa burbuja de egoísmo que ambos se permitían mantener.

—¿Sasuke?— lo nombró al notarlo relajado y no saber si dormía.

El chico no respondió y una tibia sensación se posó en el pecho de la Hyuuga, que observó el apacible rostro apenas ser iluminado por la luz. Los rasgos de Sasuke eran muy atractivos, y estando en calma lo parecían más. ¿Qué tanto estaría pensando? ¿Qué tantas cosas pasarían por su cabeza?

Hinata se mordió el labio al no tener idea alguna de ello. Suspiró y le acarició con el pulgar su labio ligeramente morado, producto de otro de los golpes que maltrataron su rostro. De pronto, movida por la quietud y aquella bonita sensación en su pecho, la Hyuuga inclinó su cuerpo y, dejando que su largo y azulino cabello los cubriera, acercó sus labios a los del Uchiha, y despacio, lo besó. Lo besó suavemente, y apenas atreviéndose a separar sus labios para probar los de él. Se apartó despacio, apenas unos centímetros y lo vio a los ojos, él seguía con sus párpados cerrados, ella sonrió y volvió a acercar sus labios, esta vez con mayor confianza; y cuando la peliazul quiso apartarse otra vez, la fuerte mano del Uchiha, apresando su nuca, se lo impidió.

Ella ardió en vergüenza, pero los labios masculinos no le dieron tregua. El pelinegro elevó poco a poco su cuerpo, y, al final, el cuerpo recostado sobre la cama fue el de la Hyuuga.

—¿Sabes, Hinata?— la voz masculina se escapó ronca al apartarse de sus labios.

—¿Eh?

—De vez en cuando, es bueno verte tomar la iniciativa.

Las mejillas femeninas aumentaron su sonrojo.

—Nu-nunca te quedaste dormido, ¿verdad?

Él sonrió de medio lado y negó despacio.

—Santo cielo— ella apretó sus ojos y los tapó con sus manos, regañándose por no intuirlo; Sasuke por su parte, tiró su espalda en el colchón mientras reía por primera vez sin reparo alguno por varios segundos.

Cuando la Hyuuga se atrevió a destapar sus ojos, ladeó su rostro viéndolo reír; el sonido de la risa se detuvo, pero él mantuvo la mueca de su sonrisa varios segundos más y ella no supo en qué momento se maravilló con eso, que el corazón le golpeo fuerte en el pecho.

—Eres tan ingenua, debiste ver tu cara— soltó el chico llevándose uno de sus brazos a su frente, estando todavía recostado en la cama y viendo el blanco cielo de la habitación.

—Eres tan cruel— respondió ella dejando de verlo, haciendo así que su largo pelo azulino cayera por el colchón.

—Posiblemente— soltó el joven que volvió a tomar su lugar sobre el curvilíneo cuerpo femenino. De pronto perdió toda diversión al verla a los ojo. Esta vez fue el Uchiha el que le acarició una ceja a Hinata con el pulgar, y la vio por varios segundos en silencio, reconociéndola como su mayor debilidad.

Ella comenzó a ponerse nerviosa por el escrutinio de su mirada, así que, así de nerviosa como estaba, lo único que se le ocurrió fue alzar su mano y acariciarle el rostro, en un acto que comenzaba a hacérseles familiar. La mirada penetrantemente negra cayó en los rosados labios femeninos y poco tardaron en nuevamente besarse. Justo cuando el beso comenzaba a subir la temperatura de ambos cuerpos, el estómago del joven sonó.

Esta vez fue Hinata quien sonrió.

—Tienes hambre— dedujo lo obvio al dejar sus labios.

—No importa— mencionó él que comenzó a besarle el cuello.

Un sonido más discreto que el primero, volvió a escucharse.

—Te cocinaré algo— le dijo al quitárselo de encima, y antes de que él replicara algo, añadió—: también tengo hambre.

—Joder— soltó el frustrado Uchiha al verla colocarse unas delgadas pantuflas y dirigirse a la puerta. Con la luz del pasillo dándole de lleno al salir, el Uchiha maldijo su necesidad de comer, pues deseaba más estar sobre el hermoso cuerpo de Hinata que fue visible tras la delgadez de su pequeño blusón perla.

Observó la hora en el reloj sobre el buró. Eran más de las once de la noche. Se levantó de mala gana de la cama y fue tras ella, esa noche dormiría ahí, con ella, otra vez; y estaba dispuesto a volver a quebrar la inocencia de ese ángel que lo había dejado entrar a su vida, al apenas dejarla dormir.

¿Sería posible que se saliese con la suya y se quedara con Hinata, o el maldito destino estaba otra vez burlándose de él?

Se recargó en la columna que daba inicio a la pequeña cocina, y la vio ir del refrigerador a la estufa un par de veces. Estando ahí se sintió más cómodo que en cualquier lugar. Sus ojos negros no dejaron de verla, y decidió, que pasara lo que pasara, se la quedaría… nunca había deseado nada que le complicara su existencia, y Hinata era eso, era esa persona que le recordaba a cada segundo la podredumbre de su ser, pero tan contradictoriamente a ello, no quería perderla. No podía.

Había encontrado algo por qué luchar.

Deseaba su amor. Volvió a ser más que consciente de ello al enredar su brazo por la pequeña cintura de la peliazul que respingó por el inesperado contacto.

—¿Q-qué haces?

Sasuke besó su cuello al deshacerse del largo cabello, y comenzó a amasarle los senos. Se puso duro.

—Creo que no tengo tanta hambre— confesó haciéndola apoyarse contra la encimera frente a ella. Pegó su sexo al trasero de la Hyuuga que jadeó al sentirlo.

—L-la comida se quemará— ella apretó sus ojos al sentir como un dedo, de los tres intrusos bajo sus bragas, se colaba entre sus pliegues, haciendo que comenzara a mojarse.

Él sonrió con malicia y se estiró a apagar las dos llaves de gas que la estufa tenía encendidas.

—No, la comida nos esperará— dijo a cambio, y luego de sacar sus dedos del cálido interior del cuerpo de Hinata, llevó su mano a bajar el cierre de su pantalón, exponiéndose para ella.

—…Sasuke— Hinata jadeó su nombre al sentir cómo él hacía a un lado sus bragas, y resbalaba la punta de su hombría entre sus pliegues. Cerró los ojos y experimentó una oleada de pudoroso placer. Cuando el Uchiha se enterró de lleno en ella de una sola estocada, la hizo casi gritar, él se mantuvo quieto dentro de ella varios segundos en los que sólo pudo jadear al experimentar la presión en su endurecida virilidad. Ella se tensó y relajó en cuestión de segundos y su cuerpo se calentó más al sentir el pecho del chico apoyarse en ella, y jadear en su oído.

Sasuke estuvo seguro que tenía frente a él a su mayor pecado y tentación, y Hinata quiso pensar, que tal vez, sólo tal vez, eso no podía salir tan mal. El pelinegro apoyó sus manos en las caderas femeninas y, apoyándola más sobre la encimera, comenzó la quemante y extasiante sensación de penetrarla una y otra vez, embriagándose de ella y embriagándola de él.

O.O.O.O.O

Una mano fuerte acarició la pálida y casi fría piel de una frente femenina.

Los ojos negros y, a pesar de todo, cálidos, se abrieron despacio. La mujer sonrió y la persona de pie a un costado de la cama, sintió una opresión en el pecho, al dejar de tocarla.

—No quería despertarte, lo siento— dijo él y dio medio paso hacia atrás, para marcharse.

—Eres mi esposo, Fugaku, no tienes por qué disculparte— la voz femenina sonó más cansada de lo que nunca antes había sonado.

El varón empuñó sus manos y tragó con dificultad al negarse a verla.

—¿Quieres hablar?

—No— respondió él secamente.

Ella sonrió —¿Qué hacías aquí, entonces?— el tono comprensivo nunca se perdió.

—No lo sé, quería verte— dijo él y a ella se le rasaron los ojos. Ella también quería verlo. Él sonrió con ironía y negó en silencio —. Debo irme, seguro que a estas alturas lo último que deseas es que te incomode.

—Fugaku— Mikoto lo detuvo al nombrarlo. Los ojos negros de la mujer se inundaron más de llanto —. Lo siento tanto.

Él tembló, ahí, de pie y dándole la espalda.

—Lo arruiné todo, ¿cierto?— preguntó ella.

La garganta del altivo Uchiha, ardió. Se mantuvo en silencio.

—Siempre confíe en ti, y entendí a la perfección tu actuar— mencionar eso se le hizo sumamente difícil a la frágil mujer, por las ganas de llorar, pues Mikoto no deseaba morir ni dejar a su familia —. También me asusté— las manos femeninas se apretaron a las suaves mantas con las que la cubrían, mientras batallaba para respirar por la molesta manguera de oxígeno puesta en su nariz.

Él no volteó a verla ni tampoco se movió —No sé de qué hablas. No he venido a pedirte perdón, si eso es lo que crees — dijo y su voz sonó cruda y cortante.

Un par de lágrimas brotaron de los dulces ojos negros.

—Descansa, parece que lo necesitas— volvió a agregar él secamente y, a pasos pesados se alejó de ahí. La fuerte mano tembló ligeramente al tomar el pomo de la puerta y abrirla, al escuchar como la que había sido su mujer por casi treinta años, luchaba por ahogar su llanto —. Mikoto…— mencionó al voltearla a ver, pero ella no lo escuchó; se tragó el nudo en su garganta y tensó su mandíbula al endurecer su mirada. Salió de ahí sin decir más.

Abajo, los ojos negros de Sasuke se clavaron en la mansión Uchiha, al volver ahí otra vez. Un viento helado le revolvió el cabello y él dio el primer paso para dirigirse al interior. Una sensación de vacío se dejó sentir en su estómago tras cada paso dado; esta vez poco le importó que el coche de su padre estuviese estacionado a un costado del suyo, pues a pesar de que le podría la idea de verlo, no tenía más opción.

Entró sin siquiera llamar a la puerta y comenzó a subir las escaleras que eran iluminadas por las siempre elegantes luces blancas en lo más alto del techo.

Justo al llegar al amplio descanso de éstas, su cuerpo se detuvo por instinto, al ver a su padre comenzar a bajar. Negó apenas perceptiblemente y retomó sus pasos.

—Es extraño verte por aquí, Sasuke— soltó Fugaku cuando el joven estaba a escasos escalones de alcanzarlo. Ambos detuvieron sus pasos y cruzaron sus negras miradas.

—Sí, lo mismo digo.

—Haz el favor de no molestarla demasiado, tu madre hoy luce más agotada. Evita traer más problemas— esas palabras molestaron y preocuparon al menor de los Uchiha que retomó sus pasos —. Por cierto— añadió haciéndolo detenerse cuando estaba a su lado —, vi a esa Hyuuga por aquí hace unos días.

«Hinata» Pensó Sasuke frustrado y molesto, ya le había dicho que evitara ir a su casa, no quería que su padre le hiciera algún desprecio.

—Hablaré con ella— respondió secamente.

—Olvídalo— agregó el otro que se giró a verlo —. Ella parece ponerla siempre de buen humor.

Sasuke frunció el ceño y lo vio de medio lado.

—Necesito que dejes en paz a esa mujer— ordenó el mayor y vio con frialdad a su hijo.

El joven apretó los puños y sonrió con ironía —Claro— soltó con frialdad y volvió a intentar subir.

—No me obligues a actuar, Sasuke— amenazó el mayor.

El otro volvió a voltear a verlo.

—Me he hecho de la vista gorda por varios meses, pero no podemos por ningún motivo permitir que entre tú y esa mujer haya algo serio— agregó Fugaku.

—Ocurre que no te estoy pidiendo permiso.

—Mph— la sonrisa cínica del mayor molestó a su altivo hijo —. Deja en paz a esa mujer. Ya te lo dije, gente como ella, no es para alguien como tú, que pudre lo que toca.

El pelinegro de rebelde cabello tuvo que controlarse para no irse a golpes contra el hombre que le dio la vida. Retomó sus pasos viendo siempre al frente.

—Tampoco podemos darnos el lujo de tomar como enemigos a los Hyuuga— añadió Fugaku mientras bajaba —. Esa chica es de sus miembros principales, su estadía en la familia vale millones, además del aprecio que le deben tener— ante la, aparente, poca atención que el menor le ponía, agregó —: Tú pareces importarle, si a ti te importa aunque sea un poco, aléjate. No la destruyas— Sasuke se detuvo al estar ya en la segunda planta, y Fugaku en el descanso de las escaleras —. Sabes que lo harás, ¿cierto? ¿Cuánto tardarás en destruirle la vida?

El pelinegro de rebelde cabello volteó a verlo, y su padre se alejó con media sonrisa de satisfacción.

—Vete al infierno, Fugaku Uchiha— soltó con desprecio el menor que volvió a presionar en puños sus manos. Algo en el pecho de Sasuke ardió en molestia y frustración. Retomó sus pasos tratando de ignorar esas palabras de advertencia que seguían resonando en su cabeza.

Sí, ya había destruido a Hinata, pero egoístamente, no quería dejarla ir. Y no lo haría, no si ella quería quedarse.

«Joder.» Volvió a odiarse, lo haría una y otra vez más.

Los nudillos del moreno, golpeándose contra la puerta, alertaron a la persona en el interior.

—Adelante— la débil voz de Mikoto logró llegar a él, y abrió. Ella sonrió y volvió a pasar uno de sus dedos bajo sus ojos, asegurándose de no tener lágrima alguna que delatara su tristeza.

—¿Cómo estás?

—Mejor— ella mintió.

Sasuke negó en silencio al no creerle y se acercó hasta ella. Se recostó a su lado y se llevó ambas manos a la frente, luchando por ignorar el mal sabor que seguía en su boca tras las palabras soltadas por su padre.

—¿Por qué estás molesto?

Él sonrió con poco ánimo —¿Por qué todo lo sabes?

—Te cargué en mi vientre nueve meses, te vi crecer, no puedes engañarme— explicó con paciencia mientras pegaba su cabeza, envuelta en una bonita pañoleta, al cabello negro de su hijo.

—Odio a tu esposo— se sinceró el chico con cansancio. Haber llegado al lado de su madre y la quietud que ella emanaba, habían hecho que el coraje disminuyera, eso, a pesar de que la sensación de vacío se quedara dentro de él.

Mikoto sonrió ante la sinceridad.

—Son tan idénticos.

—Vamos, no me jodas.

Ella soltó una risita que molestó a su hijo.

—¿Hinata ha estado aquí?

Ella asintió —Ha sido muy amable, dijo que ustedes están muy bien y eso me alegra.

—Algo así— aceptó el varón, pues apenas hacía una semana que él y Hinata se habían reconciliado.

—Es una linda niña.

—Demasiado buena, ¿eh?

Ella sonrió ante la notoria ironía de su hijo —No, justo a tu altura.

—Dile eso a tu esposo— dijo con amargura y sin quitarse los brazos de la frente, ocultando todavía su mirada.

Ella suspiró —Él te apoyará cuando llegue el momento, créeme. Sólo está asustado.

—Mph. ¿Asustado de qué? ¿De los Hyuuga?— preguntó con ironía.

—No, de ti— dijo haciéndolo fruncir el ceño.

—¿Qué?

Mikoto se levantó ligeramente y apoyó su espalda en la almohada y cabecera, recostándose y atrayendo el rostro de Sasuke para dejarlo en su regazo. Él se acomodó sobre ella, igual a como lo hizo muchas veces cuando niño, pero esta vez no la vio a la cara.

—Lo entenderás a su tiempo, posiblemente cuando yo ya no esté— esa frase amable dolió en el pecho del Uchiha, que tuvo que cerrar los ojos para evitar que se mojaran.

—No quiero hablar de él— cortó el tema con un sabor amargo.

—¿Y qué tal todo con ella?— preguntó la mujer que metió los dedos delgados y fríos entre el negro cabello de su hijo.

«Muy mal, todo está mal.» Se sinceró para sus adentros el moreno, pues seguía empeñado en la idea de quedarse con Hinata, la necesitaba, amaba a esa mujer, y eso dolía…, pues sí, sentía que podía destruirla tal como su padre decía.

«Demonios»

¿Hasta qué punto se le permitiría a un demonio mantenerse junto a un ángel? ¿Tocarlo? ¿Corromperlo? ¿Disfrutar de su compañía, de su tacto o de su amor? ¿Y… cuál sería el castigo a ese pecado?

Pensar esto cada noche, le martillaría el cerebro desde ese momento.

—Todo va a estar bien— Mikoto volvió a hablar al seguirle acariciando el cabello suavemente.

Sasuke negó en silencio. Era patético, su madre, moribunda, estaba intentando consolarlo cuando debería ser al revés.

O.O.O.O.O

Luego de esa noche en la mansión de los Uchiha, los días pasaron rápido, volviéndose semanas. Sasuke había dejado pasar el pequeño sermón que quiso darle a Hinata por frecuentar a su madre, y exponerse a un mal trato por parte de su progenitor, todo por evitar un conflicto entre ambos, pero la verdad era que el deteriorado estado de salud de su madre, estaba haciendo mella en él y, para empeorar todo, lo dicho por su padre seguía frustrándolo, lo que ocasionaba que la buena relación que mantenía con la Hyuuga, se viera tensionada, pues estaba dándose de frente con las consecuencias de sus continuos errores.

Patéticamente se daba cuenta que no era tan hijo de puta, pues estaba debatiéndose entre seguir luchando por ella y ser feliz, o hacer lo correcto y dejarla ir, jodiéndose en el acto.

Esa mañana, a finales de invierno, Hinata se despertó al escuchar el sonido del cinturón del Uchiha sonar, mientras éste se colocaba el pantalón, luego de haber amanecido otra vez a su lado.

—¿Te vas?— preguntó y su voz delgada sonó ligeramente ronca al estar despertando.

El guardó silencio un segundo —Sí.

A Hinata se le revolvió el estómago ante lo seca de su respuesta. Sasuke solía estar con ella cada noche, pero la distancia entre ambos parecía crecer.

—A-anoche no quisiste hablar, pero, pero siento que algo te está pasando, ¿te encuentras bien?— a pesar del titubeo inicial, Hinata no le despegó los ojos de encima mientras él se vestía.

Sasuke resopló cansadamente —Todo está bien, sólo estoy agotado— dijo y le sonrió con poco ánimo.

Ella se mordió el labio… Sasuke no le tenía confianza, volvió a entenderlo.

—¿Irás a la universidad?— preguntó, pues él había vuelto a faltar.

—No lo creo. Debo irme, Hinata— soltó secamente y llevó su mano a revolverle el azulino cabello a la chica que se había sentado, ocultando con las mantas su desnudez.

El Uchiha abandonó la habitación a pasos firmes y ella se quedó con una sensación de vacío, terminando por suspirar, al querer comprenderlo, pero sin lograr deshacerse de unas ganas de llorar. Sasuke y toda su familia estaban pasando momentos difíciles, podía verlos. No podía olvidar que una de las veces que había ido a visitar a Mikoto, había visto salir a ese pelinegro con un aspecto derrotado marcado en su rostro, y no sólo era él, Itachi, e incluso Fugaku también lucían agotados, tristes.

La chica se abrazó sus rodillas al sentir que no podía hacer más por él, pues Sasuke no se lo estaba permitiendo. Volvió a revivir aquellos días de la muerte de su madre, y recordó que un paciente de cáncer no moría sólo, sino que, también se llevaba la mitad del alma de su familia en esa agonía. Quiso llorar pero lo soportó al pensar que pronto ella tenía que ser ese soporte que Sasuke ya estaba necesitando, y se negaba a pedir.

Se levantó con poco ánimo y se colocó un blusón para dirigirse al baño.

Los ojos violáceos de Hinata se detallaron, al estar frente al espejo colocado sobre la encimera de su baño.

Su piel lucía pálida y un par de ojeras querían hacerse visibles, luego de las pocas horas que Sasuke le permitía dormir. Su cabello seguía luciendo cuidado, en un lacio perfecto, siendo lo único que parecía verse bien en ella. Hinata se acercó a verse mejor en el espejo, buscando reconocerse, haciendo por esto lucir más largas y más desnudas sus piernas, que sólo eran cubiertas por el rosado blusón.

—¿Qué nos está pasando, Sasuke?— se preguntó en voz baja y con cierta tristeza adornando su voz, mientras se veía a la cara.

Al principio, luego de que Sasuke y ella se reconciliaran, las cosas parecieron mejorar, él le había dicho un par de veces que la quería, lo que le provocaba tanto miedo como satisfacción, una extraña mezcla; habían vuelto a hacer el amor constantemente, pues se les había hecho costumbre eso de dormir juntos. Amanecer abrazada a él o siendo abrazada por él, ya no le generaba tanto asombro, de hecho, se sentía bien, natural.

Estaba aprendiendo a conocerlo. Tanto, que justo ahora sabía que él estaba mal. Estaba segura que algo había pasado en la mansión Uchiha mientras Sasuke la visitaba, pues una noche definitivamente no llegó a dormir a su lado, y cuando lo hizo, se veía notoriamente más serio, mantenía una distancia que sólo rompían sus cuerpos cuando se volvían uno, y luego volvía a ser frío.

Cuando retomaron esa especie de relación que tenían, hacían el amor, y Hinata había aprendido que mientras mejor funcionara lo de ellos, menor era la necesidad del Uchiha de llevársela a la cama; ahora, por el contrario, desde las últimas dos semanas, luego de esa noche que él no llegó a dormir, algo había cambiado con él. Generalmente sólo dormían, era tan placentero estar sólo así con él, y en ocasiones, Sasuke parecía frustrarse y la besaba, buscaba su cuerpo y cuando lo tenía, estaba volviendo a hacérselo con fuerza, con necesidad, como si dudara de ella o de estar con ella… y eso estaba preocupándola.

La Hyuuga volvió a apoyarse firmemente en el suelo al dejar de verse sus ojeras de cerca, y revisó su cuello como precaución. Sonrió apenas visiblemente a causa del cansancio -queriendo dejar atrás sus preocupaciones-, al darse cuenta que su cuello estaba limpio, no tenía ninguna marca a pesar de los besos que el Uchiha le había dado la noche anterior; era extraño, Sasuke solía marcarla como muestra de su dominio sobre ella, pero últimamente había dejado de hacerlo.

«¿Será que de verdad puedo ayudarte?» Se preguntó luego de unos segundos, volviendo a preocuparse.

Dejó escapar el aliento y volvió a estirarse para alcanzar el botiquín detrás de una división oculta a la mitad del enorme espejo. Sacó una pequeña cajita y extrajo el blíster pack.

«Cinco» Pensó al ver que esa sería la quinta pastilla que consumiría; seis días atrás su ciclo menstrual había acabado. Esa era la sexta caja de anticonceptivos que tomaba y había corrido con mucha suerte de no haber quedado embarazada de Sasuke, pues sí, alguna vez, a pesar de ser tan precavida, no había seguido fielmente las indicaciones de uso.

Tomó su píldora y sujetó su cuello para frotarlo. Tenía un largo día de estudio y un par de exámenes y, por la tarde, quería visitar a Mikoto en su hogar; Sasuke solía ir seguido, pero nunca le había permitido acompañarlo y lo entendía, la vida de Mikoto se estaba extinguiendo con rapidez y posiblemente él no quería que nadie lo viese mal.

Se apartó del espejo tragándose el nudo en su garganta y se desnudó, se ducharía rápidamente y comenzaría su día.

O.O.O.O.O

Hinata revisó su móvil una vez más. Otra vez no había respuesta a sus mensajes, el de hacía media hora, era el tercero que le mandaba al Uchiha, preguntándole dónde estaba y si estaba bien. Él siempre respondía al instante, pero ahora parecía estarla evitando y eso incrementó la preocupación con la que se quedó esa mañana cuando él dejó su departamento.

La Hyuuga se estremeció al recordar la negra y tan profunda mirada que Sasuke tenía la noche anterior mientras lo hacían, la fuerza con la que la había tomado y los besos profundos con los que la había asfixiado. Había demasiada necesidad en ello, ¿qué estaba pasando ahora que parecía no quererla cerca?

Sakura resopló frustrada, arrancándola de sus pensamientos—¿Alguien sabe qué pasa con Sasuke?

El comedor en esa cafetería a la hora del almuerzo casi se quedó en silencio. Ino vio de reojo a Hinata y ésta desvió su mirada, incómoda y más preocupada por la mención del moreno.

Naruto se rascó la cabeza, compartiendo la sensación de la pelirrosa —No tengo ni puta idea— respondió.

Kiba se encogió de hombros —El tipo siempre se ha apartado, ¿qué demonios les sorprende?

La de ojos jade le dio un empujón —Esto obviamente es distinto, viene a la universidad y se sale antes de terminar las clases, a veces ni viene y cada vez está más distante— explicó la otra molesta.

—Yo fui a buscarlo hace dos días, lo vi bebiendo, incluso estuvimos juntos un rato pero, no dijo nada. Sasuke está más callado de lo normal, 'ttebayo.

Hinata se mordió un labio sin saber si todavía era buena idea callar. Además, Sasuke sí estaba más distante, también con ella, pues a pesar de dormir casi todas las noches juntos, hablaban cada vez menos. Seguro todo el problema con su mamá le estaba afectando más de lo que creyó, pues él ni siquiera le había dicho que había visto a Naruto.

Sakura negó en silencio y se revolvió el flequillo antes de ponerse de pie y dirigirse al baño, evitó decirles que también más de una vez lo había buscado en su departamento, y la única vez que lo encontró, Sasuke volvió a echarla sin siquiera dejarla hablar. Se mordió con fuerza el labio inferior al callarse las ganas de decir que lo había visto en actitud bastante extraña, como si estuviera bajo efectos extraños. ¿Cómo podrían ayudarlo?

• • •

—¿Qué sabes de todo esto de Sasuke?— preguntó Ino cuando la hora del almuerzo terminó, al detener a la Hyuuga en el jardín frente a la cafetería.

Hinata suspiró cansadamente y negó en silencio —La madre de Sasuke… e-ella está muriendo— dijo sin soportar más ese peso. Se mordió el labio inferior y luego de desviar su mirada, volvió a enfrentar la verde de la Yamanaka.

—¿Qué?— Ino casi perdió el aliento.

A Hinata se le rasaron los ojos —No sé cómo ayudarlo— terminó por decir luego de caer en cuenta que sí, Sasuke también la estaba alejando.

—Dios, Hinata, ¿por qué te quedaste callada?— reprochó incrédula.

Ella negó en silencio y se encogió de hombros —Prácticamente nadie fuera de su familia lo sabe. No soy yo la indicada para… romper ese secreto— explicó sintiéndose cada vez más preocupada.

Ino dejó escapar el aliento —Ahora todo tiene sentido. Santo cielo, deben estarla pasando muy mal.

Hinata se mordió el labio y asintió, recordando que en una de las veces que se reunió con Neji, el castaño mencionó que habían ganado un proyecto muy importante, el mismo que los Uchiha perdieron casi de manera ridícula, al estar demasiado ausentes de sus responsabilidades.

—Nadie la está pasando bien.

—¿Y ustedes siguen bien?— preguntó Ino cambiando el punto de interés, y sujetándola de un brazo, llevándola con ella a un sector menos concurrido.

Hinata asintió —E-eso creo.

—¿Crees?

La Hyuuga se mordió y soltó su labio —Sa-Sasuke y yo seguimos juntos, í-íntimamente ta-también— explicó —, pero… pero está tan distante que… no sé.

Las manos de la rubia viajaron a su nuca, presionándola —¿Qué vas a hacer?

—No lo sé. No quiero molestarlo o darle más problemas— dijo guardándose para ella el hecho de que Sasuke mantenía sus problemas a distancia.

—¿Le dirás a los chicos lo que ocurre?

—¡Oh, no, por Dios, no!— la peliazul se preocupó — Si sabe que se los dije se molestará en extremo. Si él no se los ha dicho es porque…

Ino asintió preocupada y dejó escapar el aliento segundos después —Creo que tienes razón, supongo que yo en tu lugar haría lo mismo. Intenta hablar con él.

La peliazul asintió y le sonrió ocultando su tristeza… todo ese tiempo lo había intentado, pero Sasuke era cortante, a pesar de no ser grosero… y eso dolía, y no lo entendía.

—Debo irme.

Ino asintió y también sonrió, haciendo un intento enorme por asimilar lo que había escuchado.

—Mucha suerte, Hinata, y ánimo— le dijo al verla salir del jardín y mezclarse entre los pocos estudiantes que todavía vagaban por ahí.

O.O.O.O.O

Por la tarde, la Hyuuga se mordió su labio con fuerza al escuchar como su móvil dejaba oír el tono de llamada, y esperó a que del otro lado le respondieran.

—¿Qué ocurre?— la varonil y seria voz del otro lado de la línea le hizo latir con fuerza el corazón, luego de que le respondiera la llamada.

—Ah… te-te… te dejé varios mensajes, no sé si…

—Lo siento, olvidé responder— el tono, más que seco, se escuchaba cansado.

Se hicieron tres segundos de silencio en los que ella se animaba a hablar —¿Estás bien? ¿Dónde estás?

Ahora el que guardó silencio, fue él.

—Estoy en mi departamento— dijo luego de varios segundos.

—Ah, ¿quieres que…?

—No. Tengo cosas qué hacer— interrumpió de inmediato enmudeciendo a la chica.

Ella sintió el rechazo y a pesar de morder su labio, éstos temblaron.

—Entiendo. No quiero molestar. Entonces… ha-hablamos después— se despidió sin deseos de hacerlo.

—Sí— escuchó y luego la llamada se acabó.

El móvil de la peliazul se vio apretado por las manos de la chica, la misma que se lo llevaría a los labios en un acto inconsciente, al estar pensando en ese chico y en qué podría estar pensando para estar así.

La joven dejó escapar el aliento y se acercó a la ventana de su habitación y observó desde ahí el departamento en penumbras de ese Uchiha, que le acababa de cortar la llamada. Suspiró y a pesar de las nubes de lluvia que ya estaban sobre la ciudad, decidió salir. Iría a ver a Mikoto.

Y mientras Hinata salía de su edificio, los ojos negros de Sasuke se perdían en el blanco cielo de su departamento. Varios vasos y botellas de cristal cubrían su mesita ratona, al haber comenzado a beber desde temprano; su negro gato saltó a un costado de su mano que pendía del sofá donde estaba recostado, y siguió jugando con esa pequeña bolsita plástica y vacía, donde había estado la dosis de cierta sustancia que lo mantenía sobrio después de tanto alcohol ingerido, torturándose mentalmente.

• • •

—Mi esposa no puede atenderte— la voz áspera de Fugaku extrañó menos, que la información, a Hinata.

—E-entiendo, está delicada. Lo siento, no quise interrumpir, la próxima vez llamaré antes— se disculpó la chica que se mantenía en la estancia de la mansión, luego de que el mayordomo le diera la entrada.

—Será mejor que no lo hagas.

—¿Pe-perdón?

El hombre suspiró al tiempo de tomarla del brazo con cuidado, y guiarla a la puerta, lugar donde se detuvo con ella y la soltó.

—Mi esposa está muriendo. Justo hoy en la mañana tuvo una crisis mientras Sasuke estaba aquí— dijo sorprendiendo a la Hyuuga —. Hazte un favor, Hinata, mantente lejos de mi familia— dijo y tragó pesadamente viéndola abrir los ojos aturdida.

—No… no sé por qué me dice esto, pero… yo no quiero molestarlos, me gustaría que me permitiera…

Él sonrió y negó en silencio, haciéndola callar y fruncir el ceño. El pecho de la peliazul todavía se sentía apretado luego de escuchar que Mikoto estaba muriendo, en esa frase tan cruda, y ahora le pedía que se alejara.

—Lo mejor será que no— repitió el hombre —. No dudo de tus buenas intenciones, de hecho, las agradezco; pero, no será bueno que te mantengas cerca de Sasuke cuando todo esto acabe. Él puede arrastrarte a su miseria, he visto casos como el suyo ocurrir una y otra vez en mi familia; no es justo para ti. Vuelve a tu familia, al lugar que perteneces.

Ella negó en silencio, apenas pudiendo prestarle atención suficiente a esa especie de advertencia que ese hombre estaba haciéndole, por pensar en aquél otro pelinegro que seguro estaría solo.

—Siento haberlos molestado— se disculpó la Hyuuga y tras una inclinación de rostro, se despidió.

«Sasuke»

—¿Hinata?— Itachi llegó en el momento que ella se dirigía a su auto.

La joven estaba temblando bajo ese sencillo vestido azul marino de manga corta y largas mallas negras, pero más que de frío, lo hacía de incredulidad.

—¿Te encuentras bien?— preguntó el chico de marcadas ojeras y pelo lacio, al llegar a su lado y sujetarla del brazo.

Ella separó sus labios y no logró decir nada —T-tu… tu padre dijo que… que tu mamá… que ella está.

Itachi sonrió sin ánimo, comprensivamente —Siento no haberte avisado, la verdad es que no tuve cabeza. Mamá volvió al hospital, tuvo una crisis, el médico dice que es probable que no sobreviva más de una semana.

Hinata sonrió nerviosa —Yo la vi hace dos días, e-estaba bien.

Él negó —No, no lo estaba.

Ella se mordió el labio cuando los ojos se le llenaron de lágrimas.

—Sasuke…— quiso hablar pero la garganta se le cerró.

Itachi se apoyó en el capó del auto de la Hyuuga y mantuvo su sonrisa forzada —Él estaba aquí cuando su crisis inició, la acompañó a la clínica y ya no lo volví a ver. Supongo que tampoco está muy bien.

—Cre-creí que ella estaba aquí.

El chico negó despacio —No. Yo sólo viene por un par de cosas que ella me pidió, y papá, bueno… él es un caso complicado.

Hinata jugó con sus dedos angustiada.

—L-lo siento tanto— terminó de decir ya viéndolo distorsionado por el llanto.

Él siguió forzando su sonrisa —Yo también. ¿Quieres…?— la pregunta se quedó incompleta, al indicarle con su pulgar si quería acompañarlo adentro.

Ella negó —Yo… yo iré con Sasuke— explicó y su sonrisa se desvaneció de inmediato.

Él asintió y agradeció en silencio.

Hinata se subió en su coche e hizo vibrar el motor cuando él se levantó del capó. En segundos, el auto retrocedió y terminó por perderse de la vista de ese agotado pelinegro.

O.O.O.O.O

Mientras conducía, Hinata secó su llanto, quiso asimilar esa terrible noticia que la hacía casi querer vomitar, de nervios o de incredulidad; tenía que ser fuerte, ¿cómo pretendería apoyarlo si no lo era?

Un relámpago iluminó gran parte de la ciudad anunciando una fuerte tormenta, mientras ella conducía por la concurrida avenida que la llevaría al centro, a su destino.

Largos minutos después, el cielo estaba negro y las hojas de los árboles se mecían fuertemente, como también lo hizo su largo cabello y su sencillo vestido, al momento de bajar del auto, luego de haberse estacionado frente al edificio donde el Uchiha vivía. Los ojos violáceos se fijaron en lo alto al momento de subir las escaleras para ingresar, y el cabello pasándole frente a la cara, la hizo concentrarse mejor al frente. Su estómago se apretó ansioso.

No fueron ni tres minutos los que le tomaron a Hinata estar tocando la puerta de ese Uchiha que había llegado a su vida, a ponerla de cabeza. Tocó dos veces y no hubo respuesta, sólo un silencio total se escuchaba del otro lado.

—Por favor, ábreme— suplicó para ella misma al ahora tocar el timbre.

No hubo respuesta.

—¡Sa-Sasuke!— lo llamó en voz alta y tocó de nueva cuenta la puerta. Cuando pasaron más de cinco segundos y no escuchó sonido alguno, los ojos Hyuuga se aguaron. Algo le decía que sí estaba, ¿no quería verla?

El sonido de su corazón golpeando con fuerza, competía con el estruendo de los truenos que resonaban en lo alto de la ciudad.

Tocó una vez más y antes de dar el tercer golpe, la puerta se abrió. Los ojos violáceos se abrieron grandemente en sorpresa. El Uchiha, que portaba un pantalón de vestir y una camisa parcialmente abotonada, recargó su antebrazo en el marco de la puerta.

—¿Qué haces aquí?— preguntó con voz seca y baja, cansada, al verla para abajo por la diferencia de estaturas.

Ella perdió el aliento, esos ojos negros se veían todavía más, al estar casi ocultos por el negro y revuelto cabello del chico.

—Fu-fui a tu casa— explicó ella soportando el ardor en su garganta.

—Vete, Hinata, hoy no quiero ver a nadie— le pidió y se apartó para cerrar la puerta.

Ella puso la mano, impidiéndolo. Los ojos violáceos se mojaron.

—Te… te pedí permiso para estar a tu lado en estos momentos— dijo y su pecho dolió —. Dijiste que sí, ¿recuerdas?

Él cerró los ojos al sonreír con cansancio. La tomó de la mano y la metió con él, para luego cerrar la puerta; el departamento se quedó en penumbras y así estaba bien, él no quería que ella viera las botellas de alcohol vacías, ni el rastro de polvo blanco sobre la pequeña mesita. Caminó con ella y encendió una pequeña lámpara del pasillo, para terminar adentrándose al pequeño cuarto que tenía visión al edificio donde ella vivía. La hizo sentarse en el borde de la pequeña cama individual, y se sentó a su lado en silencio.

Apenas una pequeña línea de luz se colaba por la puerta entre cerrada de esa habitación, haciendo más íntimo ese momento. El viento de afuera golpeó los cristales y éstos vibraron, ninguno le dio importancia.

—Sabes que está muriendo, ¿eh?— cuestionó él en voz ronca.

Ella asintió y se sintió patética al no ser fuerte, cuando sus ojos volvieron a arder.

—¿Te lo dijo Itachi?

—No… tu, tu padre lo hizo.

Él sonrió molesto —¿Qué más te dijo?

—Nada importante— respondió y giró su cuerpo para verlo a la cara —. Sasuke…

—Tal vez deberías hacerle caso— la interrumpió adivinando que esa advertencia que Fugaku le hizo, también debió de hacérsela a ella.

Hinata negó —Yo dije que…

—Que te quedarías conmigo hasta que todo acabara— completó él y eso le supo amargura a ella, al asentir en silencio —. No tardará mucho.

Un ojo de ella dejó rodar una lágrima.

—Deja de hablar así… como si no te doliera— reprochó ella y Sasuke se burló y se puso de pie sólo para sentarse en la cama y recargar su espalda en la cabecera, con sus piernas estiradas sobre el colchón. Él desvió el rostro y su fino perfil fue visible para ella —. A veces es bueno sacar el dolor— ella también se puso de pie, para terminar arrodillada en la cama a un costado de él.

—Es más que dolor, Hinata— soltó él amargamente y el tono resentido llamó la atención de la chica —. Es odio, es frustración y desespero. Hoy sólo pretendo olvidarme de todo.

Ella lo tomó del rostro y quiso atraer su mirada, pero Sasuke se resistió. Hinata pasó una de sus piernas sobre las de él, montándose suavemente y sin dejar de buscar su mirada.

—Siento que sea así— dijo y entonces los ojos negros fueron a los tan claros de ella —. Y me duele tanto que ella esté muriendo.

—No entiendes— respondió él y el tono resentido se hizo audible a pesar de que estaba tomándola por la cadera —. Ni siquiera me puede doler de verdad — explicó —… esta mañana fui a verla, charlábamos normalmente, de pronto tuvo problemas para respirar y comenzó a arrojar sangre, estaba ahogándose. Yo llamé a gritos a la enfermera que la atendía, ella lo hizo a la ambulancia, y mientras yo intentaba ayudarla, ella sólo lo llamaba a él, a mi estúpido padre— los ojos del varón picaron en llanto y desprecio —. Justamente a él— dijo y evitó verla.

Las manos femeninas se cerraron sobre las mejillas del Uchiha, y lo hicieron verla —Tu madre lo ama— mencionó bajito.

Él tragó pesadamente y sonrió con amargura —Y no entiendo por qué— aceptó y apretó sus manos en la amplia cadera femenina.

—Algo bueno debe tener, un amor incondicional no se siente por cualquier persona— mencionó ella viéndolo a los ojos, dándose cuenta que por primera vez, Sasuke estaba confiando en ella.

—Es estúpido— devolvió y tragó amargamente —. Él la engañó una y mil veces, eso mientras ella moría. Ella lo perdonó cada vez— dijo sintiendo coraje y vergüenza, decepción. Los ojos perlados siguieron pendiente de él, que le evadía la mirada —. En aquél entonces, antes de que yo supiera cualquier cosa — prosiguió —, yo admiraba a ese hombre, era mi héroe, lo único que quería era ser reconocido por él, que me viera con el orgullo con el que siempre veía a Itachi— soltó con desprecio y Hinata sintió que se parecían más de lo que creía, sus ojos volvieron a aguarse —. Él siempre parecía menospreciarme, pero nunca me rendí, siempre tuve los mejores promedios, intentaba destacar en cualquier actividad, y nunca parecía ser suficiente.

La ojiperla lloró en silencio, y su pequeño hipeo fue cubierto por la enorme lluvia que en ese momento se dejó caer.

—Cuando descubrí que él la engañaba, dejé de admirarlo para comenzar a odiarlo— añadió —. Mi madre lo perdonó, y entiendo que para ese entonces, ella ya estaba enferma. Itachi fue otra basura— dijo y su rostro mostró la molestia que eso le provocó —, él también pareció conforme con el perdón de mamá. Aquella noche peleamos, fue la primera vez que golpee a mi padre, y le alcé la voz a mi madre. No volví a casa, hasta aquella cena contigo— dijo y Hinata se tapó la boca y ya no pudo silenciar su llanto.

La joven se abrazó al cuello masculino y se rogó por calmarse. Sasuke envolvió su cintura y le acarició el cabello.

—Luego de eso dejé la casa— continuó el Uchiha que parecía necesitar contar aquello —. Dejé mis viejos amigos, Naruto, Sakura, e hice nuevos, cada vez peores. El imbécil de Itachi me dio este departamento, y ayudó a liberar la herencia del abuelo, supongo que por sentirse menos traidor. Terminé la preparatoria con las mejores calificaciones, excelente en deportes, todo para demostrarle a mi padre que no era el fracasado que él pensaba que era; conocí a Suigetsu, Karin, Juugo, Pain y todo empeoró — dijo recordando que solía vivir de noche en aquélla época, gastando dinero que no se había ganado, teniendo sexo, drogándose para estudiar, para beber, y hasta por mero placer, pero eso evitó contárselo.

—¿Cómo empeoró?— los ojos violáceos buscaron los de él.

—No lo quieres saber— dijo y le acarició una mejilla.

—¿Naruto… ellos?

—Ellos no saben esto— dijo viéndola a los ojos —. Después de Itachi, la primera en saberlo eres tú. Una vez en la universidad, el imbécil de Naruto se empeñó en seguirme, como antes, Sakura lo secundó y no me di cuenta cuándo volvimos a ser algo parecido a amigos.

Hinata se apartó un poco para verlo a los ojos, sin poder creer la confianza y el grado de intimidad que habían alcanzado.

Él sonrió sin ganas y tragó pesadamente después —Cuatro años después, apareciste tú— mencionó y llevó una de sus manos a acariciarle los entreabiertos labios —… y te destrocé la vida.

Hinata hizo un puchero y sus ojos volvieron a derramar el llanto.

—Lo siento.

Él sonrió sintiéndose miserable —Serás estúpida, Hinata. Yo te lastimé y tú pides disculpas.

La lluvia cayó fuertemente y Hinata hipeó siendo abrazada por él. Y mientras ella lloraba abrazada de él, Sasuke tragó pesadamente sintiendo el dolor punzando tan sólo al imaginar a su madre muriendo, y también a su padre, a ese hombre que le advertía que dejara libre al ángel sobre él. Quiso odiarlos por no poder entenderlos, odiarlos y odiarlos más para que no doliese como lo hacía.

«Y el imbécil de mi padre tiene razón» pensó frustrado y una opresión dolorosa se posó en el centro de su pecho.

Pronto su madre moriría y él dejaría ir a Hinata; a esa tonta niña que era tan ilusa, tan noble, tan estúpida que seguía a su lado, le permitía tocarla, amarla, poseerla, todo, mientras ambos se destruían.

¿Iba a poder hacerlo?, se preguntó al tomarla del cuello y obligarla a alzarse, sólo para terminar besándole los labios. Los ojos llorosos y violáceos se cerraron, derramando el exceso de llanto, y el Uchiha profundizó el beso.

Esa noche que el más grande dolor le quemaba el pecho, buscó consolarse en ella. Olvidar que le dolía.

Hinata separó sus labios y correspondió a cada una de sus caricias. La lluvia golpeándose en los cristales llenaba esa habitación, pero ambos ignoraron eso.

Hinata era ese pecado que lo arrastraría hasta lo más profundo del infierno, estaba seguro, porque él era el demonio que había osado tocar a un ángel; ese ángel, que comenzó a vibrar por él.

Las manos de Sasuke deshicieron el pequeño moñito que mantenía unido el vestido en el pecho de la Hyuuga. Sus dedos apartaron la delgada tela, y se colaron bajo el sostén.

—Sasuke…

—Olvidémoslo todo, ¿quieres? Sólo esta noche— suplicó cuando bajó la tela del sostén, exponiendo la blancura y tibieza de uno de sus senos.

Hinata vibró.

Cuando el Uchiha pasó su tibia lengua sobre su pezón, ella gimió entrecortadamente, producto del llanto pasado.

Los labios masculinos subieron a comerle el cuello, mientras las manos le amasaban los redondos senos. Sasuke se puso duro y le mordió el cuello con un poco más de fuerza de la necesaria, cuando el dolor de la muerte rondando, quiso volver a él.

La Hyuuga soportó el dolor al contraer su rostro y le permitió sanarse de esa extraña forma. Las manos del joven bajaron el cierre de su pantalón y expusieron su miembro, para luego apartar las pequeñas bragas de la chica. Los ojos negros buscaron los perlados al colocar su miembro en el tibio y húmedo inicio de su cuerpo, Hinata gimió cuando las manos masculinas, apoyadas en sus caderas, la hicieron comenzar a sentarse sobre la endurecida carne.

Ella apretó los ojos y ahogó un gemido cuando comenzó a resbalar sobre él. El Uchiha la abrazó por la cintura.

—Siénteme, Hinata— la voz del chico sonó ronca y profunda en esa pequeña habitación —. Siénteme tan dentro de ti— dijo cuando a pesar de presionarla sobre su miembro, ella ya no pudo resbalar más —, poseyéndote, disfrutándote y haciéndote temblar.

Su lado más oscuro habló por él. Esa noche le haría el amor y no quería que lo olvidara, porque tal vez, sería la última vez.

Continuará…


Hola chicas y chicos n.n

Sí, ya sé, Mikoto muriendo y ellos co***** xD Bueno, Sasuke se está despidiendo (? Okno, bueno, sí xD

¿Notaron que hubo demasiado limón en este capítulo? Pues como aquí hay una sasusaku que está leyendo mi fic para tirarle basura, pues quise ponerla a leer zukulencia sasuhina xDD Espero que lo haya disfrutado tanto como seguro lo hicieron ustedes xD okya.

Ok, dejando cosas amargas de lado, quiero pedir una disculpa enorme, noté que un par de niñas se están quejando porque me tardo demasiado en actualizar, si no recuerdo mal, la última actu fue el 13 de enero, hace apenas más de quince días (._. si tomamos en cuenta que tengo otro fic al que apenas volví, que tengo un esposo gruñón que se pone celoso de la computadora, un hogar y familia que atender, pues quince días no son tanto, además, los capítulos que les escribo son de más de 15000 palabras, más de 35 hojas de Word en una letra 10.

No sean malas, ténganme un poquito de paciencia, al fic ya no le queda mucho y lo voy a terminar sí o sí. No se enojen, no siempre puedo sentarme a escribir, yo sé que es difícil tomarle el hilo después, pero la verdad, es lo mejor que puedo hacer en cuanto a actualizaciones seguidas.

Ya, ahora sólo agradecer el inmenso apoyo que le regalan a la historia:

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Muchas, muchas gracias a todos, por el apoyo, por los ánimos que me mandan, las buenas vibras y hasta las bendiciones que me dedican, también por defenderme a capa y espada. Este fandom es genial y no me equivoqué al elegirlo como mi consentido xD

Geralt: En mi perfil, en las historias favoritas, encontrarás historias geniales SasuHina.

Las chicas que me han dicho que se han desvelado leyendo esta historia, gracias, no saben el ánimo que me dan y cómo me enternecen, ya que yo amo dormir y sé que privarse de horas de sueño cuesta mucho.

Ya me voy, y para que no digan que me olvido del fic, haré trampa y volveré a actualizar esta historia, antes que la de Inuyasha xD Un beso, sean felices.

Ah, y para las que piensan que esta historia es algo que no se debería de escribir, lean Captive in the Dark (gracias Lizeth), vean el manga Haou Airen, y el manghwa Killing Stalking. Ninguno es idéntico a esta historia, pero son temas fuertes y sobre todo NINGUNO ES CENSURABLE, y para muestra, lo antes citado, ha sido publicado y vendido al público. Chicas, no se amarguen por una historia, sean felices, escríbanle a su otp, seguro su fandom se los agradece; den orgullo y no den pena. Un beso también para ustedes, paz y amor.