LOS PERSONAJES DE NARUTO SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.

-30-

EL DECIR ADIÓS

Todavía no era ni media noche y los cristales, tras las delgadas cortinas oscuras, ya se encontraban completamente empañados. El vestido de Hinata, que había estado enredado en su cintura, ahora se encontraba en el alfombrado suelo, junto a sus mallas y la camisa de ese pelinegro. La piel blanca de todo su cuerpo parecía brillar por el sudor que desde minutos atrás había comenzado a humedecerla.

Las fuertes manos masculinas pasaron bajo los delgados brazos de la Hyuuga y se aferraron a sus hombros, para hundirse todavía más hondo en ella. Hinata apretó sus ojos y volvió a gemir por millonésima vez, al seguir sintiéndolo en su interior, sus manos se sujetaron al cuello del Uchiha mientras aprendía a disfrutar del pequeño dolor que le causaba tenerlo tan dentro.

Sasuke buscó sus labios y Hinata le acarició el rostro al dejar escapar su aliento mientras lo veía a los ojos. Un relámpago iluminó la ventana justo cuando ambos se besaban; cuando el beso cobró profundidad, fue Hinata quien movió sus caderas disfrutando de la sensación de liberarlo y volver a ser llenada por él.

El Uchiha contuvo un gemido cuando ella se abrazó a su cuello, pegando todo su cuerpo a él, y continuó moviéndose. Las manos fuertes del pelinegro acariciaron cadera, cintura y espalda, resbalando también entre el largo, azulino y mojado cabello de la Hyuuga sobre él; cuando sus labios se dejaron necesitados por respirar, los labios de Sasuke cayeron al cuello y hombros de la joven que sólo pudo temblar y seguir moviéndose.

—Hinata— la nombró en un jadeo al sentir necesitar todavía más de ella.

A pesar del deseo que le quemaba cada centímetro de piel, Sasuke la apartó ligeramente para poder besarle el cuello y el mentón, mordió el mismo cuando la sintió bajar con tortuosa calma sobre su miembro. Sus manos siguieron moviéndose, pasando por su cuello, para deslizarse después a hacer contacto con la gruesa piel de sus manos, en la delicada piel de los redondos y tersos senos de la peliazul. Ella se mordió el labio y esa forma lenta de hacerlo la hacía vibrar más de ansias. El Uchiha aprendió a tocarla con delicadeza, a rozar sus dedos por su piel, erizándola; a besarle el cuello y nombrarla mientras hacían el amor… a contenerse hasta doler, no quería asustarla por la forma como estaba deseando hacérselo y hacerla gritar. Hinata no lo merecía, ella era especial y él la había ensuciado.

Entrelazó sus dedos con los de ella al tiempo de resbalar en la cama. Sus ojos negros prestaron atención al bonito y sonrojado rostro de la joven, Hinata parecía cohibida por seguir montada sobre él.

—Muévete, mi amor— suplicó con voz ronca y ella aceptó al sólo asentir.

Apoyada en sus rodillas en el mullido colchón, Hinata se dedicó a complacerlo y complacerse al mismo tiempo. Sasuke gruñó al sentirla y su sangre se calentó todavía más, haciéndolo sudar, al ver el curvilíneo cuerpo de esa joven peliazul lucir todavía más perfecto bajo los destellos de esa noche de tormenta.

Los senos de la de ojos violáceos se endurecieron cuando luego de tanta fricción, sintió ese cúmulo de tensión en su vientre querer deshacerse. El moreno tuvo que ayudarla a seguir moviéndose al sujetarla de su cadera, para largos segundos después, sentirla temblar, contraerse en su interior y mojarlo todavía más.

—Joder, Hinata— gruñó cuando los espasmos en su interior se volvieron asfixiantes. La tomó de cadera y cuello, y así, aturdida como ella estaba, la colocó de espaldas sobre el colchón y ahora ser él el que la penetrara. Hinata todavía estaba temblando por su reciente orgasmo y aun así, llevó sus manos a sujetarse a la espalda masculina, cuando él comenzó a volverse a enterrar en su interior —. Mierda— volvió a gruñir el moreno al tiempo que una fina línea de sudor resbalaba por su mejilla.

Ella imprimió más fuerza en su pequeño abrazo y volvió a gemir producto de los embistes. Ambos corazones bombeaban incesantes y el calor comenzaba a sofocarlos. De pronto, la humedad caliente y estrechez dentro de ella, y los continuos embistes, hicieron gemir roncamente al moreno, cada vez más y más fuerte.

—Maldición… Joder, Hinata— gruñó cuando sus brazos temblaron al soportar su propio peso, mientras comenzaba a vaciarse en su interior.

Ella lo atrajo despacio a su cuerpo, tal vez por pena de que la viese tan jadeante, o tal vez compadeciéndose de él al notarlo tan cansado, no sabía, lo que sí supo, es que se sintió tan bien sentirlo calmar su respiración mientras la abrazaba, y ella disfrutaba el hacer lo mismo.

Los labios de esos dos no tardaron en buscarse, disfrutando del cosquilleo bonito en ellos luego de tener cada parte de su cuerpo sensible. Hinata había cerrado los ojos y hundido su cabeza en la almohada al dejarse besar, Sasuke continuaría sobre ella mientras los espasmos en su pene se volvían menos al terminar de eyacular, luego, despacio, bajaría de su cuerpo.

—Sasuke— ella lo nombró cuando él volvió a la cama con un par de mantas, quería saber, a pesar del cansancio, cómo se sentía.

—Cierra la boca, Hinata— a pesar de ser cortante, se acercó hasta ella, la hizo girarse y se abrazó a su cintura, apoyando sus labios en la cabeza de la chica.

Ni esas palabras, el frío que comenzaba de pronto a sentirse o el aroma a sexo inundando toda la habitación, le molestó tanto, como la triste sensación de que Sasuke comenzaba a cerrarse con ella de nuevo. Apoyó sus manos en el duro pecho masculino y se hizo pequeña entre sus brazos; todo lo que él debería estar sintiendo, al vivir una situación como esa, seguro era fuerte, entonces, por eso, cerró los ojos y se acercó a su pecho escuchando como el corazón del chico golpeaba fuerte pero recuperando la calma.

«Ojalá por la mañana se sienta mejor» deseó al tiempo de rozar sus labios en el pecho masculino, a la altura del corazón.

Él la sintió relajarse y luego de diez minutos en los que el fuerte aguacero no dejó de caer, y de que sus negros ojos no quisieron cerrarse, él llevó los mismos a ella, asegurándose que dormía. Suspiró pesada y cansadamente. La cama era individual y lejos de representarle una incomodidad, él sintió que había encontrado su lugar en el mundo, ahí, acostado a su lado y cuidando de ella.

Esa sensación le quemó el pecho en amargura. Tragó pesadamente y cerró despacio sus negros ojos. Él sabía qué tenía que hacer.

• • •

El frío del amanecer y un silencio casi sepulcral, hicieron despertar a Hinata. Los ojos violáceos se abrieron despacio al tiempo que se aferraba a las suaves mantas sobre ella. Giró su rostro hacia atrás, comprobando que el calor de cierto pelinegro no la acompañaba y entonces se sentó, ocultando su cuerpo desnudo.

«¿Habrá salido?» se preguntó al fruncir el ceño al tiempo que se ponía de pie y buscaba su ropa tirada en el suelo.

Aun no terminaba de amanecer, pero debía prepararse para ir a la universidad. Hinata se vistió tan bien como pudo en menos de tres minutos y, el frío le hizo erizar la piel, acompañando a la mala sensación que se posó en su pecho, cuando despertó sola en la cama y sin rastros de Sasuke por el lugar.

Dobló las mantas y las acomodó a los pies de la cama. Salió de la habitación abrazándose a sí misma y entonces se extrañó al escuchar ruido en la cocina.

—Ah…— Hinata detuvo sus pasos al ver al Uchiha arrojar al cesto de la basura, un par de botellas de vidrio. Cuando él la vio, ella frunció el ceño —, cre-creí que no estabas— mencionó con voz suave.

Él metió sus manos en los bolsillos de su pantalón de vestir, y justo ahí ella cayó en cuenta que él se había bañado y cambiado.

—No, ocurre que no tenía sueño y me puse a asear un poco— explicó con voz seca.

—Oh…— ella se mordió el labio y no pudo no sentir su lejanía, pues tenía muy en cuenta que cuando Sasuke no tenía sueño, tampoco la dejaba dormir —, y… ¿y necesitas ayuda?

Él negó en silencio —No, de hecho debo salir, sólo estaba esperando que despertaras— soltó secamente al acercarse un par de pasos a ella y detenerse en la pequeña barra del comedor.

—Ah…— ella perdió el aliento y terminó por asentir — E-entiendo, no… no quise ser una molestia, debiste despertarme y yo me habría ido…— mencionó ella con cierta prisa mientras desviaba su mirada, dejando de ver esos ojos negros, para ver la sala que lucía pulcra.

A él se le apretó el pecho —Tampoco digas estupideces— interrumpió el moreno y luego tragó pesadamente —. No eres ninguna molestia— su voz se escapó ronca.

Ella le mostró una sonrisa, pero ésta no duró mucho — Entiendo— respondió y guardó silencio tres segundos —. Ahora debo irme, tengo clases y…

—Bien.

Hinata asintió y se le quedó viendo unos segundos, luego, con esos ojos negros también puestos en ella, no le quedó más que volver a asentir y repetir que se marchaba.

Cuando la puerta de ese departamento se cerró, dejando a ambos de lados opuestos, Hinata se llevó una mano al pecho sin entender cómo esa especie de mal presentimiento cobraba fuerza, y Sasuke, por su parte, sólo pudo recargarse en la barra y apretar fuerte sus puños en ésta, al inclinar su rostro y ocultar sus ojos bajo su flequillo. Nada se sentía bien.

O.O.O.O.O

Después de ese frío amanecer, los días volvieron a correr, esta vez, con una lenta agonía para la Hyuuga, al sentirse a la deriva; pues no sólo veía realmente poco a Sasuke, sino que también estaba teniendo problemas en sus estudios donde le resultaba difícil poder concentrarse.

Rayos de sol se colaban entre los grandes ventanales de la cafetería de la universidad, golpeando suavemente al grupo que había elegido un comedor beneficiado por el sol, que apenas comenzaría a ser una constante, al estar por finalizar el invierno.

—¿Entonces, qué dicen?— preguntó el rubio al terminar de masticar de su comida — Es nuestro último año, no podemos desperdiciarlo, 'ttebayo, ¿vamos?

Sakura torció los labios desanimada —La verdad es que no tengo ganas— dijo al apoyar su barbilla en su mano.

—¿No tienes ganas o con quién ir?— se burló Ino al golpearla en las costillas con un codo — No seas amargada, ¿desde cuándo se tiene que ir con pareja?

—¿Desde que es un baile?— respondió la otra irónica al apartarle el codo.

Ino rodó los ojos —Por Dios, podemos ir todos juntos, ¿cuál es el problema?

—Claro, como tú tienes alguien con quién bailar.

—¡Oh, vamos, Sakura chan! No digas eso, yo puedo bailar contigo, 'ttebayo.

—Temía que dijeras eso— respondió desanimada haciendo reír a los presentes y pestañear confundido al rubio.

—¿Eh? Si lo dices porque crees que no soy buen bailarín, estás muy equivocada— se jactó el alegre muchacho —, porque sí lo soy, ¿verdad, Hinata?— preguntó ahora viendo a la peliazul que todo el tiempo se había mantenido callada.

Las miradas de todos en la mesa cayeron sobre la distraída Hyuuga que había dejado de picar su comida, por dedicarse a únicamente jugar con un dije en forma de luna que pendía de su cuello.

—¿Hinata?— preguntó Sakura, viendo a la de ojos violáceos parpadear mientras parecía sumergida en sus pensamientos.

—¡Hey, Hinata!— Ino, que estaba sentada a su lado, le dio un pequeño golpe con su bota.

—¿Eh, s-sí?

—¿Qué demonios te pasa, Hinata, estás más distraída que de costumbre?— preguntó Kiba que pronto dejó de verla para seguir comiendo.

El rubio y las dos chicas fruncieron el ceño, mientras Shikamaru sólo la veía de reojo. Ella se avergonzó.

—Lo siento, sólo estaba distraída. ¿Qué decían?— preguntó sin soltar la pequeña luna, a la que seguía recorriendo por la fina cadena.

—Naruto nos invita al baile de primavera que año con año da la universidad. Será su último baile así que quiere que vayamos, ¿qué dices?— explicó la rubia.

—Ah…— la de cabello azulino guardó silencio por varios segundos en los que se hizo de la atención de los tres chicos y ambas chicas. Ella apretó sus labios y bajó la mirada —. La verdad es que no creo tener cabeza para eso— confesó conservando su aire nostálgico.

—Será dentro de mes y medio, podrías pensarlo, 'ttebayo.

Hinata volteó a verlo y no quiso responder, así que sólo le sonrió con poco ánimo.

—¿Qué pasa contigo? Te ves triste— preguntó Sakura al verla fijamente —. ¿Y qué es este bonito dije con el que tanto juegas?— agregó y se puso de pie para tomar con sus dedos la pequeña luna y acercarse a observarla, pues con los tenues rayos de sol, brillaba de forma preciosa.

—Ah…— Hinata vio la curiosidad con la que la Haruno movía el dije, y el recuerdo de aquél pelinegro que se lo había regalado meses atrás, volvió más fuerte a ella. Acercó su mano a la de la pelirrosa y le apartó la pequeña luna de entre los dedos; la guardó bajó su ropa — Es un regalo de mi niisan— mintió y se sintió mal ante la mirada desconcertada y sorprendida de la de ojos jade.

—Es hermoso— dijo Sakura al volver a sentarse —. Ojalá alguien me regalara algo así.

Hinata sonrió y se llevó una mano a su delgado suéter, bajo el cual descansaba su dije, y en ese momento la Hyuuga se dio cuenta que más que preocuparse porque Sakura notara el emblema Uchiha en la parte posterior, se sintió celosa porque otros dedos tocaran esa figura que Sasuke le había dado. Darse cuenta de ello, la angustió más.

A Hinata no le quedó más que seguir mintiendo, al justificar su distracción con problemas familiares, y puso mucho de su empeño por mantenerse pendiente de la plática durante el resto del almuerzo.

O.O.O.O.O

Horas más tarde, en ese día apenas soleado, los pequeños tacones de las botas de la Hyuuga, sonaron discretamente al avanzar por un concurrido estacionamiento. Los ojos violáceos se alzaron a ver el imponente edificio médico donde Mikoto estaba internada. Avanzó a pesar de jugar nerviosa con sus dedos, antes de finalizar sus clases, había mandado un texto a Sasuke preguntándole si necesitaba que lo acompañara, pues sabía que él estaría ahí, y éste había negado a su ofrecimiento; y aún con la negativa, ella había decidido ir.

El viento le ondeó el cabello al momento que imprimió más velocidad a sus pasos. Apenas ingresó al siempre concurrido lugar, se dirigió a los elevadores y subió hasta el cuarto piso. Al bajar tomó dirección al área de hospitalización y mientras más avanzaba, más insegura se sentía… ¿de verdad estaba bien estar ahí? Aquellos momentos eran tan de familia que sentía que sobraba, pero también era cierto que no había visto a esa gentil mujer desde que fue internada y sentía demasiada pena por ella.

Cuando llegó a la habitación marcada con el número veintidós, los pasos de la insegura Hyuuga se detuvieron. Un médico salió de pronto haciéndola respingar.

—Buenas tardes— saludó el galeno al pasarla de largo.

Ella respondió el saludo y luego se giró a verlo —. ¿La… la paciente está sola?— preguntó haciéndolo voltear.

El hombre mayor y canoso bajó sus gafas para verla ligeramente mejor, al ignorar su tabla donde anotaba el nuevo estado de la mujer —Por el momento— afirmó.

La joven asintió y jugó con el pequeño cordón que colgaba de su suéter — ¿Será que puedo verla?

—¿Es familiar?

—A-algo así— dijo y mordió su labio.

El médico la examinó unos segundos en silencio, sus ojos claros contrastaban completamente con cualquier miembro de la familia de la mujer en cama. Suspiró — Intente no cansarla al hacerla hablar— pidió y se giró para dirigirse a ver a un nuevo paciente.

Ella dejó escapar el aliento agradecida y asintió sin que el hombre estuviese viéndola.

Entró sin tocar la puerta y avanzó tan suavemente como le fue posible. Se detuvo a los pies de la cama y observó el semblante cansado de Mikoto, antes de acercarse más a ella y acomodarle la manta que la cubría, se dirigió a la ventana y corrió la cortina, creyendo que tal vez la claridad la molestase cuando ella despertara.

—Eres muy amable— la delgada y cansada voz la hizo respingar y soltar una pequeña exclamación de asombro.

—Siento despertarla— se disculpó la peliazul al caminar a ella y verla con un poco de pena.

Mikoto sonrió apenas —No estaba dormida— respondió extrañando a la joven a su lado —. Es sólo que no quise responder cosas que el médico sabe de sobra.

—Ah…— Hinata no pudo evitar sorprenderse al comprender que Mikoto quiso hacer que eso sonara a broma — Entiendo.

Se hizo un silencio en el que Hinata no se atrevió a acomodarle la manta con la que la cubrían, pero sí lo hizo con el hermoso ramo de lirios blancos que se encontraba cercano a la cama.

—Y… ¿se ha sentido mejor?— terminó por preguntar la joven al voltearla a ver.

—Hace tiempo que no siento mucho— dijo y tosió.

—No debería esforzarse en hablar, lo siento— mencionó la peliazul al dejar las flores y tomarla de su mano casi fría —. El médico me dejó entrar con la condición que no la hiciera agitarse.

—¿Puedo hacerte una pregunta?— preguntó Mikoto ignorando sus palabras, y dejando de verla, al cambiar su voz amable, por una preocupada.

Hinata frunció el ceño —Cla-claro— respondió insegura.

—¿Qué pasa con Sasuke?— esa sencilla pregunta le trajo una sensación amarga a la Hyuuga.

—No, no pasa nada— aseguró y ahora sí se atrevió a acomodar suavemente las tibias mantas sobre la mujer, pretendiendo evadir su mirada.

—Ambos mienten.

Hinata sonrió nerviosa —No lo creo.

—Tal vez no te conozca mucho a ti, pero conozco a mi hijo— aclaró la mayor —. Sasuke se ve distante, evasivo. ¿Todo está bien?— los ojos negros y cálidos se fijaron en la joven Hyuuga, y Hinata la notó muy cansada.

—Él no lo está pasando bien— respondió a cambio.

La mirada negra se humedeció —Imagino.

Hinata tragó pesadamente y evitó verla.

—Aunque Sasuke sea todo un hombre, no puedo evitar preocuparme por él… porque sé que posiblemente es el que peor la va a pasar— volvió a hablar Mikoto—. ¿Estarás con él?

Los ojos violáceos se humedecieron y le sonrió al verla —Por supuesto que sí— respondió al momento de tomar asiento en el descanso del elegante sillón cercano a la cama.

Mikoto sonrió y lamentó no haber tenido tiempo suficiente para conocer a esa chica de la que su hijo estaba tan enamorado. Hubiera deseado tanto estar ahí cuando esa relación de ellos se complicara y poder ayudarlos, quería tanto ser de ayuda a su menor hijo pues sentía que le debía mucho. Quería estar ahí cuando Sasuke terminara de madurar y aprendiera a amar sin egoísmo, cuando él se convirtiera en padre y tener la dicha de cargar una pequeña parte de su hijo que viviera en otro ser.

—¿Lo amas?— esa pregunta salió con dificultad de sus labios, y fue recibida con sorpresa.

—¿Có-cómo?

Mikoto sonrió con tristeza —Estoy segura que mi hijo te ama más que a su propia vida— le dijo y eso le hizo doler el pecho a la Hyuuga.

—No… no creo que sea así— ella se negó.

Mikoto negó despacio, Hinata no sabía lo que era Sasuke antes de ella, ni lo que cambió al tenerla cerca. Esa niña le dio luz.

—¿Sabes, cariño? Hay gente que va a querer separarlos— dijo recordando quién era ella, y que incluso entre los Uchiha, había uno que tampoco la quería en su familia —… incluso Sasuke si te teme.

«¿Qué?»

—Hay gente que no está lista para ser feliz— dijo y estiró su mano para acariciarle una mejilla —. No dejes que mi hijo sea uno de ellos.

A Hinata se le apretó el pecho dolorosamente cuando a Mikoto se le corrió una lágrima, y sus ojos violáceos también se empañaron.

La peliazul fingió una sonrisa y asintió a su petición —Por favor no llore— pidió —, me regañarán— y queriendo mantener su sonrisa, una lágrima la traicionó.

—Siento ser tan deprimente— se disculpó la madura mujer de pálida piel y resecos labios.

—Ah, no lo diga.

Y luego de que ambas mujeres quitaran el rastro de su llanto, Mikoto se esforzó por quitar el semblante triste que había dejado en Hinata, así que le pidió que le acercara un par de álbumes familiares que le había pedido a Itachi que le llevara. Entre un par de anécdotas cortas, Mikoto iluminó sus ojos, y Hinata se enteró la razón por la que ella, teniendo las posibilidades, se había negado a recibir esa atención en casa, pues la mujer no deseaba que su familia regresara a su hogar, o entrasen a su alcoba, y la recordasen muriendo; no, ella deseaba que cuando Itachi o Sasuke viviesen ahí con su esposa e hijos, únicamente tuvieran recuerdos felices, tantos como fuesen posibles… por eso había elegido esa cama de hospital para morir.

Los ojos de Hinata volvieron a derramar llanto y justo en ese momento en que ella lloraba y Mikoto sonreía, Sasuke entró por la puerta, sorprendiendo a su joven amante en el interior.

Hinata se puso de pie sintiéndose tontamente descubierta.

Los ojos negros y fríos de Sasuke viajaron de una a otra mujer.

—Hola, cariño.

—Hola, mamá— saludó secamente —. ¿Qué haces aquí?— preguntó ahora a Hinata que únicamente se encogió de hombros y negó en silencio, ¿qué le decía?

—¿Tiene algo de malo que visite a tu moribunda madre?— preguntó Mikoto, haciéndolo soltar el aliento frustrado.

Sasuke le hizo una seña con el rostro a la chica, indicándole que saliera.

—Yo… ya debo irme, ¿se queda bien?— la amabilidad de Hinata que se limpió la mejilla, incomodó a Sasuke.

—Por supuesto, gracias por venir.

Luego de que el chico prometiera volver, dejó la habitación siguiendo a la Hyuuga.

—¿Qué hacías aquí?

—¿Tiene algo de malo?— preguntó ella deteniendo sus pasos y volteando a verlo. ¿Por qué él la estaba alejando de esa forma? — Tu mamá no pareció molestarse.

Él dejó escapar el aliento al notarle los ojos rojos, al saber que estuvo llorando.

—Te dije que no vinieras, no te hace bien— respondió cortante.

—Aun así, quise hacerlo.

—Joder, Hinata— se molestó y llevó su pulgar a limpiarle la humedad que conservaba en las pestañas inferiores de uno de sus ojos —. Vámonos.

—¿A dónde?— preguntó ella cuando él la tomó del brazo y la hizo caminar.

—Al estacionamiento, tú te irás y yo me quedaré un rato más— dijo y luego la soltó para seguir caminando a su lado.

—Ella…— volvió a hablar la chica luego de unos segundos en silencio —, ella está realmente mal, ¿verdad?

Sasuke asintió —Sus órganos se están debilitando, su hígado esta por dejar de responder y un colapso total puede suceder en cualquier momento. Por eso no te quiero aquí— soltó eso último sin pensar, y dándole una respuesta a sus constantes preocupaciones.

Cuando llegaban a los elevadores, uno de ellos se abrió, dejando ver a Fugaku que recién llegaba. Las miradas negras de padre e hijo se observaron con fijeza, yendo entre la subestimación y el desprecio respectivamente. Cuando la mirada gélida del mayor de los Uchiha cayó en Hinata, y la observó con decepción y hastío, ella desvió su mirada y se hizo a un lado para permitirle pasar. Sasuke no se movió por lo que recibió un pequeño empujón apenas perceptible, del hombro de su padre, al que nunca le quitó la mirada de encima.

Hinata notó la tensión entre ambos varones y terminó por entrar al elevador. Cuando las puertas se cerraron, la mandíbula de Sasuke estaba tensa.

—¿Qué demonios fue eso?— preguntó molesto.

—Sólo lo dejé pasar— respondió molestándolo más.

Sasuke se acercó a ella y la sujetó de la barbilla, haciéndola retroceder hasta pegarse a una de las frías paredes del elevador.

—No sólo lo dejaste pasar— aclaró y su mirada tan negra mostró hastío —. Eso, Hinata, fue un despliegue patético de debilidad.

Ella se mordió el labio y desvió la vista —Es tu padre— dijo y logró mantener firme su voz, a pesar de saber que él tenía razón, pues se había sentido incómoda ante esa imponente figura que una vez le había dicho que no la quería cerca de su familia —. Tampoco puedo ser irrespetuosa, hay algo que se llama modales y educación— agregó teniendo esto también muy presente.

—Mph— él sonrió con ironía atrayendo la violácea mirada a él —. No digas estupideces— regañó —. Deja de querer darle gusto a todo el maldito mundo— dijo con voz seca y apretó más su agarre en la barbilla femenina —. Deja de desviar la mirada, deja de callar, de ser condescendiente, deja ya de llorar— habló tan cerca de sus labios pero su mirada mostraba rencor —. La gente como tú, está destinada a ser pisoteada y a fracasar— el desprecio en sus palabras casi fue tangible, haciéndola fruncir el ceño y casi volver a llorar.

Ella apretó sus labios —Prefiero ser así… a cargar con un odio que corroa mi alma— dijo y sus ojos violáceos enfrentaron la molestia de aquellos tan profundamente negros. ¿Qué tenía de malo llorar si algo le dolía? ¿Tener miedo cuando lo tenía? Ella era un simple ser humano, no era tan fuerte como él, pero estaba segura que no se merecía ser tratada así.

Cuando una lágrima se asomó por los ojos femeninos, él sonrió molesto.

—Justo a esto es a lo que me refiero, Hinata. Si te ven débil, te destruirán, ya deberías saberlo, eres una Hyuuga, joder—finalizó molesto y la soltó.

Ella frunció el ceño recordando que palabras como esas también Neji se las había dicho, aunque no con tanta crueldad. Cuando las puertas del elevador se abrieron, ella se giró y salió, Sasuke se quedó ahí y la vio partir.

«Maldita seas, Hinata» pensó el frustrado pelinegro cuando las puertas se cerraron y la vio salir de la clínica. ¿Por qué demonios no le hacía caso? ¿Por qué no cambiaba? ¿Por qué seguía pareciéndose tanto a esa mujer que estaba arriba muriendo? No, Hinata no podía ser así, no, aunque esa esencia pura y amable hubiese sido lo que a él lo había atraído tanto de ella.

• • •

Una hora más tarde, el Uchiha regresaba a su departamento. Cerró de un fuerte golpe la puerta y se dirigió a su alacena, sacando la última botella de licor que ahí tenía.

—Joder— soltó frustrado luego del primer caliente trago.

Estaba harto, todo parecía estarse yendo a la mierda y él era un miserable espectador. Odió la sensación de impotencia cuando, luego de que discutiera con Hinata y regresara a la habitación de su madre, se encontrara con ésta sonriéndole a su padre y acariciándole la mejilla, al haberse éste sentado sobre la cama.

Sentir que estaba de más lo había hecho marcharse. No la comprendía.

Dio otro largo trago terminándose el contenido del grueso vaso de vidrio y giró su vista al final de su apartamento y recordó a Hinata, tenía que hablar con ella, buscar calmarse a su lado, pero no ahora, porque justo en ese momento se lo estaba llevando el demonio.

O.O.O.O.O

Esa mañana de miércoles, el día se mostró con un tenue sol que acariciaba la piel con suavidad dejando una agradable sensación, sin embargo, Hinata no lograba quitarse la sensación de que algo malo sucedería.

Apenas la noche anterior había recibido un texto de Sasuke con un sencillo 'siento lo de esta tarde', y aquello casi le había humedecido los ojos; la Hyuuga apenas pudo creer que había dormido tarde pensando que llegaría a su departamento como solía hacerlo, pero él no se había presentado.

Hinata hizo bailar su lápiz entre sus dedos, al sentirse ansiosa. Su clase de lengua extranjera estaba a la mitad y ella no le prestaba atención a la profesora que se esforzaba en marcar la pronunciación correcta en alguna palabra, ni tampoco a Matsuri, que estaba pidiéndole prestado su diccionario.

Luego de lo que a Hinata le parecieran eternos minutos, por fin la clase acabó. La chica de Suna le devolvió el diccionario que había usado todo ese tiempo, y Hinata se despidió de prisa, y más que apurada por llegar a su clase de deportes, necesitaba respirar aire fresco.

—¡Hey, Hinata! ¿Lista para una buena partida de tenis?— preguntó animosa Ino al golpear su raqueta en una de sus manos, al ver entrar a los vestidores a la peliazul.

—Eso creo— respondió y sonrió con poco ánimo.

—¿Qué te pasa?— preguntó curiosa la otra al notarla.

Hinata negó en silencio al comenzar a quitarse el delgado suéter azul marino que usaba sobre su vestido.

—Na-nada, creo.

Ino frunció el ceño —Es por Sasuke, ¿verdad?— preguntó con seriedad y ambas voltearon al otro lado de los vestidores, donde varias chicas se cambiaban, y por donde también iba entrando Sakura.

—Sí— confesó la de nostálgica mirada violácea —. Su familia no la está pasando bien.

—Cielos… ¿crees que ella muera pronto?— esa pregunta casi se atora en los labios de la rubia.

El desánimo fue más notorio en el rostro de la Hyuuga —Él dijo que sí.

—¿Qué hay, chicas?— la animada pelirrosa llegó a su lado, obligando a las otras dos a dedicarle una sonrisa —¿Listas para jugar?

Ino asintió y Hinata se disculpó para entrar a uno de los vestidores a cambiarse. Una vez con la pequeña falda y camisa tipo sport, ella guardó su móvil en la cintura de la falda, a pesar de estar prohibido, y suspiró para salir y mostrar el buen ánimo que no sentía.

O.O.O.O.O

Del otro lado de la ciudad, Sasuke apretó el puente de su nariz al apoyar su frente en el frío cristal de la ventana, en esa habitación. El sonido del monitor cardiaco sonaba tan lento que estaba frustrándolo.

—Todo estará bien, hiciste un gran trabajo— la voz sobria y suave de Itachi dejó una estela de desolación cerca de su hermano, al estar éste despidiéndose de su madre.

Mikoto dejó rodar una lágrima y su hijo mayor la limpió, acariciando con sumo cuidado la suave piel bajo los ojos carentes incluso de pestañas.

—Tantas veces te he pedido perdón por dejarte cargar con todo— el tono cansado en esa frase de su madre llamó la atención del menor, que recargó su espalda en la blanca pared, y observó la escena.

Itachi sonrió y por primera vez desde que supo que su madre moriría, sus ojos se humedecieron.

—Lo haría una y otra vez— dijo y alzó la cansada mano de su madre y le dejó un suave beso.

Ella sintió que no se merecía un hijo tan bueno, pero agradeció inmensamente el tenerlo.

Los ojos negros de ella pasaron por el costado del cuerpo del chico de marcadas ojeras, y observaron al menor.

—¿Te acercarías, Sasu?

Cuando su mamá no dejó de verlo e Itachi se hizo a un lado, él tensó su mandíbula y se acercó, nunca dar un primer paso había costado tanto.

Sasuke se sentó a un lado de ella y otra vez al verlo ahí, Mikoto volvió a sentir el dolor intenso de no querer morir.

—Llegó la hora, ¿eh?

Él negó en silencio y desvió su mirar.

—¿Estarás bien?— preguntó y apretó con apenas fuerza la mano con la que su hijo la sujetaba.

—No deberías cansarte— evitó responder al mencionar aquello.

Ella negó y aclaró su garganta —Necesitas comprender a tu padre— Mikoto acarició la mano de su hijo y éste negó —. Él no es quien crees que es.

—No hablemos de ello, ¿quieres?— la voz masculina fue áspera y baja.

Ella batalló para respirar e Itachi se acercó del otro lado de la cama.

—Mamá…— «joder» soltó y pensó el chico de rebelde cabello cuando bajó a pegar su frente a la de ella —, ¿por qué?

—Siempre fue el amor de mi vida— dijo al acariciarle la mejilla a su hijo que parecía seguir odiando a su padre —. Algún día lo entenderás.

Él negó y se puso de pie al apretarse el puente de la nariz, sin creer lo que escuchaba.

—Ahora— volvió a hablar Mikoto y los ojos negros de sus dos hijos cayeron sobre ella —, ¿me dejarían sola con él?

Cuando ella llevó sus ojos a la puerta, sus dos hijos hicieron lo mismo. Itachi asintió en silencio y antes de salir se despidió, Sasuke por su parte sólo cruzó la puerta evitando todo contacto con su padre.

Itachi cerró la puerta tras él, dejando solos a sus padres en aquella habitación. Sasuke se mantuvo en pie frente a esa puerta, recargado en la fría y pulcra pared, mientras su hermano hacía un par de llamadas. Minutos atrás, el medico les había informado que el desempeño de los órganos vitales de la paciente estaban ya rozando los puntos críticos, era cuestión de horas para que el desenlace llegara.

La sensación de vacío que se instaló en el menor de los Uchiha, lo hizo alejarse de ahí por un tiempo. Necesitaba un cigarro.

O.O.O.O.O

—¿Seguras que no necesitan ayuda?— preguntó Ino antes de salir del enmallado que formaban las canchas de tenis de la facultad.

—No, descuida, nos haremos cargo— mencionó Hinata y le sonrió.

Sakura bufó —Sólo porque estás reestrenando novio puedes irte, cerda, pero la próxima vez nos ayudarás a recoger el material— dijo mientras recogía su corto pelo en un pequeño chongo, y se dirigía al final de las canchas a recoger las pelotas.

Ino esbozó una enorme sonrisa —Muchas gracias, chicas, Shikamaru y yo pasaremos la tarde en su departamento, aprovechando que no tiene práctica extra con el equipo. Ya saben, queremos recuperar el tiempo perdido.

—Dios, ahórrate explicaciones— gritó a lo lejos la pelirrosa.

—Me da gusto por ti, Ino, en serio.

—¡Ino!— la varonil voz del Nara hizo voltear a la rubia. Bastó un movimiento de cabeza del chico, pidiéndole que se acercara para marcharse juntos, para hacerla ruborizar y agrandar su sonrisa.

La Yamanaka volvió a despedirse y salió corriendo a encontrarse con su joven novio, con el mismo que no tuvo reparo al momento de saltarle encima y rodearlo con sus piernas desnudas bajo la pequeña falda deportiva. Hinata vio con ternura como Shikamaru la sujetó con cuidado para que no se cayera y le correspondió con media sonrisa el beso que ella le dio.

—Bonita pareja, ¿cierto?— preguntó la pelirrosa al volver con el pequeño costal lleno de pelotas.

Hinata asintió.

—Siempre he envidiado su relación — confesó la de ojos jade —, pero no se lo digas, ya bastante presumida es— dijo después dibujándole una sonrisa a Hinata —. ¿Lista?

—Sí, ya terminé, vámonos.

—Por cierto, ¿pensaste lo del baile de primavera?— preguntó la pelirrosa al ir avanzando por la enorme y sombreada área de jardines.

Cuando Hinata volteó a verla dispuesta a responder, el vibrar de su móvil en su cintura la hizo detener sus pasos.

—Oh, lo siento, debo contestar— informó la peliazul al bajar las raquetas que cargaba, y sacar de entre sus ropas su móvil.

—¿Por qué trajiste el móvil? Si Gai sensei te lo hubiese visto, seguro te lo decomisa— se burló la Haruno al verla desbloquear la pantalla del aparato, en cuestión de dos segundos, la sonrisa que Hinata había mantenido en su rostro, se perdió y la vio descomponer su semblante al casi palidecer —. ¿Ocurre algo?

Los ojos violáceos de la Hyuuga se alzaron a ella —L-lo siento, Sakura… yo… yo debo irme— dijo y casi temblando empuñó su móvil y salió corriendo de ahí.

—¿Qué? ¡Oye, Hinata, no puedes irte y dejarme con todo esto!— alzó la voz la chica — Al menos dime qué ocurre— añadió preocupada al verla perderse entre la cantidad de personas dispersas por esa área.

Sakura regresó tras sus pasos y recogió de una sola vez todo el material del equipo. ¿Qué había sido esa forma de salir corriendo de Hinata?

La pelirrosa bufó indignada, fingiendo que no le preocupaba lo que pasara con la peliazul, al ir avanzando con todas las cosas, teniendo poco espacio para ver al frente.

—Esas dos traidoras, ¿qué se creen?

—¿Hablando sola?— una voz masculina y desinteresada sonó cercana a ella, haciéndola respingar, no notar el par de escalones que daban inicio a la bodega donde se guardaba el material deportivo y, posteriormente, caer al suelo.

La chica cerró los ojos cuando todas las cosas quedaron regadas en el piso. Una venita que anunciaba su furia brincó en su frente y volteó a ver al causante de su accidente, de pronto se paralizó al reconocer al varón de plateada cabellera.

—¿Kakashi sensei?— preguntó ahora avergonzada al ponerse de pie y ofrecer una reverencia a modo de respeto.

—¿Te encuentras bien?... No era mi intención…

—¡Ah, no, no, descuide! Fue mi error— interrumpió la chica que quiso girarse para comenzar a recoger el pequeño desastre que había ocasionado, pero resbaló con una pelota, y a pesar de mantener el equilibrio, se lastimó el tobillo al casi caer.

«Que estúpida» se regañó internamente la pelirrosa.

—¿Te encuentras bien?— volvió a repetir el mayor.

—Sí, es sólo…

—Déjame ver— interrumpió el hombre que se acuclilló a verle el tobillo que ella no estaba apoyando con firmeza en el suelo —. ¿Duele?— preguntó al presionar uno de sus dedos.

Que ella frunciera el ceño y evitara responder, le dijo que sí.

Kakashi suspiró cansadamente —Veo que Gai conserva esa mala costumbre de dejarlas batallar con el equipo deportivo— dijo viendo las pelotas y raquetas tiradas —. Bien, dejémoslo que se las arregle solo— dijo y cargó a la joven en brazos.

Sakura se ruborizó al preguntarle qué hacía.

—Te lastimaste, te llevaré a la enfermería para después irme, ¿hay algo mal con ello?— la mirada cansina del mayor cayó en ella que, sintiéndose tonta, negó.

—No tendría que hacerlo.

—No veo por qué no— dijo el otro que no vio lo malo con ayudar a uno de los estudiantes del plantel.

O.O.O.O.O

Del otro lado de la ciudad, tres varones experimentaban una cruel desolación. Itachi estaba de pie, recargado en la pared y con las manos en los bolsillos de su pantalón de vestir, viendo algún punto en el blanco suelo. Sasuke por su parte, se encontraba sentado en una de las bancas en ese pasillo, alejado de su hermano, con sus codos apoyados en las rodillas mientras se apretaba el puente de su nariz, tratando de no pensar en todo lo que no tuvo oportunidad de decir.

El último de los tres, se encontraba de pie a orillas de la cama, en lo que le parecía una fría habitación.

Los dedos del varón se atrevieron a rozar los delgados de su esposa, sin atreverse a verla a los ojos, viendo únicamente su mano, y esa alianza en su dedo que ella se había negado a quitarse.

—Me da gusto saber que volviste— la voz femenina estaba agotándose, aun así, tuvo fuerza de sonreírle y alzar sus dedos y entrelazarlos con los de él —. Necesitaba despedirme.

Fugaku, conservando su porte erguido, negó despacio.

Los ojos negros de Mikoto ya no soportaron el llanto y dejaron rodar dos largas y calientes lágrimas.

—No quiero dejarte, nunca lo quise— esa frase que se entrecortó, hizo sentir miserable al hombre a su lado.

Fugaku le acarició el rostro, como lo hacía cada noche cuando entraba a su habitación a verla, cuando ella se encontraba dormida.

Él quiso hablar, pero no encontró la voz.

—A pesar de todo, fuiste lo mejor que me pasó en la vida— dijo la mujer que volvía a humedecer la mejilla que él acababa de limpiarle.

—Si tuviera el valor, eso debería decirlo yo— corrigió él y tragó pesadamente cuando sus ojos, siempre fríos, altivos y soberbios, se mojaron —. Nunca te merecí.

Ella sonrió y su rostro, lejos de ser el más hermoso, le pareció precioso al hombre que estaba perdiendo más de la mitad de su vida con la muerte de esa mujer. Mikoto casi se ahoga con su llanto, pero logró calmarse.

—Sólo… no supimos hacerlo muy bien. Nadie nos enseñó a ser padres— justificó ella que ya no tuvo fuerza para acariciarle el rostro— dijo y le destrozó el corazón ver una lágrima rodar por el serio rostro de su esposo —. Estoy segura que lo harás bien sin mi… aún hay un hijo que necesita de ti.

Fugaku negó sin querer tocar el tema.

—Mikoto— la voz le supo amarga al agacharse y apoyar su frente en la de ella —. No hubo un solo día en que dejara de amarte.

Ella se mordió el labio y sollozó. No quería morirse.

—Lo sé— la voz le quemó su garganta por el llanto —, nunca hizo falta que lo dijeras— la mujer le sonrió y acercó sus labios para rozar los de él. Ella sabía, lo supo siempre, que él sólo estaba asustado. Fugaku nunca fue bueno expresando sus sentimientos, pero siempre sintió amor de su parte y, cuando más felices eran, ella enfermó. Él estuvo con ella, y tras los constantes altibajos de su enfermedad, él pareció rendirse cuando la desahuciaron. Tuvo miedo… ¿cómo se le decía adiós a la persona que amas? ¿Cómo hacer para no sufrir?

—Nunca me sentí más cobarde que aquella primera vez— soltó él y su aliento tibio y con rastros de alcohol en él, rozó los resecos labios de su mujer, al recordar la primera noche que la dejó sola y buscó ignorar su dolor en brazos ajenos, renunciando a ella cuando todavía la tenía, creyendo tal vez bajo el consejo del alcohol, que así dolería menos decirle adiós.

Se había equivocado. Únicamente siguió haciéndose indigno de su amor, ese amor que siempre lo esperó.

—Perdóname— pidió él al acariciarle las mejillas y sin apartarse un centímetro, dejando que una de sus lágrimas cayera sobre las de ella.

—… Siempre lo haré— su voz fue apenas un murmullo —. Cuida a los chicos por mí, ¿quieres?— logró añadir, haciendo que él se alzara a verla. Una sonrisa tranquila se dibujaba en los delgados labios femeninos, y ésta se desvaneció al igual que el tenue brillo de vida lo hacía en sus cálidos ojos negros.

El cuerpo masculino tembló al contener el llanto al sentirla dejar de respirar, para luego escuchar como el pequeño e intermitente pitido de la máquina al costado de la cama, se hacía largo.

• • •

Con el corazón latiendo casi en su garganta, Hinata llegó apresurada al pasillo donde se encontraba la habitación de Mikoto en esa reconocida clínica. El mensaje de Itachi era claro... 'Mamá está muriendo'… esas tres palabras la hicieron conducir con prisa hasta ese lugar, y buscar con la mirada la presencia de Sasuke.

—Itachi— saludó al ser al primero que vio.

El chico sonrió con desgano —No sabía si debía avisarte, pero…— dijo y vio de reojo a Sasuke, el mismo que luego de dar varias vueltas por el pasillo, había terminado sentado en el suelo, justo frente a la puerta donde su madre se encontraba.

Ella asintió y agradeció en silencio. Ver los ojos ligeramente enrojecidos de Itachi, producto de las ganas de llorar, la impresionó, pero la impresionó más ver a Sasuke derrumbado en el suelo y viendo fijamente esa puerta.

Los pasos de la chica fueron suaves sobre sus tenis deportivos.

—Sasuke.

Él alzó su vista a ella y cuando Hinata pretendía seguir acercándose, la puerta de la habitación se abrió.

La atención de la Hyuuga cayó a la persona que salía, Itachi se acercó de prisa y Sasuke se puso de pie. Fugaku vio a los tres presentes y negó en silencio. Ese hombre parecía haber envejecido veinte años en quince minutos.

—No puede ser— Hinata perdió el aliento y tuvo que apoyarse en la pared al sentir que sus piernas flaquearon.

Sasuke abrió la puerta que su padre había cerrado y vio con sus ojos cómo su madre parecía dormir, pero su piel lucía mucho más pálida. El menor de los Uchiha volvió a cerrar la puerta y se alejó de ahí, pasando de largo al médico y una enfermera que ya se acercaban.

Los ojos llorosos de Hinata observaron el suelo cuando Itachi abrazó a su padre consolándolo, y sintió que sus lágrimas le quemaron cuando escuchó al que siempre le había parecido un hombre fuerte y orgulloso, llorar. Se mordió sus labios que quisieron temblar y respiró buscando calmarse. Escuchó como Itachi le aseguró a su padre que él se haría cargo de los trámites y ella no pudo decir más, sus pies se movieron solos en la misma dirección que minutos atrás había tomado el menor de los Uchiha.

En menos de dos minutos después, ella estaba saliendo al estacionamiento de ese lugar, tuvo que limpiar sus lágrimas para poder buscar con facilidad el auto de aquél moreno.

—¡Hinata!— la voz de una mujer que bajaba de un taxi llamó la atención de la Hyuuga.

La peliazul sonrió y su sonrisa se venció.

—¿Ella?— preguntó la castaña que vestía de azafata y que recién llegaba.

La otra solo negó y sus ojos volvieron a aguarse.

Izumi llevó sus dedos a la frente y frotó la misma al cerrar los ojos —¿Itachi?

—Arriba.

—Subiré— informó —. ¿Estás bien?

Hinata asintió —Buscaré a Sasuke… creo que… que ya se fue— mencionó entrecortadamente y a su vista la distorsionó el llanto.

Izumi terminó con la distancia que las separaba y abrazó a Hinata que parecía querer temblar. Fue notorio para la mayor como la peliazul estaba intentando ser fuerte, pero se miraba notoriamente afectada, tal vez por ser tan joven, o porque su vínculo con la familia era más fuerte, no lo supo, pero quiso consolarla.

—¿Vas a estar bien?

Hinata asintió al limpiarse con un puño sus lágrimas —Ya debo irme— dijo ansiosa por reunirse con aquél pelinegro.

• • •

En la media hora que le tomó a la Hyuuga llegar al edificio en el que el Uchiha vivía, ella le había marcado un par de veces, pero él nunca respondió. Su llanto había desaparecido dejando sólo sus ojos rojos, al estar más preocupada por Sasuke que parecía sufrir, que por Mikoto que había dejado de hacerlo.

Su garganta casi se le cierra cuando golpeó la puerta del departamento y quiso llamarlo. No hubo respuesta, pero sabía que estaba ahí, pues segundos antes había finalizado una llamada a su móvil, y éste sonó dentro del departamento.

Tomó la perilla de la puerta y la giró, agradeciendo a cualquier divinidad en el cielo, por encontrarla abierta.

Una vez adentro, no hizo falta llamarlo. Pasó de largo la sala y evitó ver los cristales rotos de una botella de licor que seguro él terminó estrellando en alguna pared, pues el aroma embriagante aun inundaba el espacio.

Tocó dos veces, muy suavemente, la puerta cerrada de la habitación del chico de negro pelo.

—Sasuke— lo nombró y sus ojos picaron. Él no respondió y tras morderse un labio, se atrevió a abrir despacio la puerta.

A pesar de las cortinas oscuras, el día parcialmente soleado le dio una visión perfecta del chico que se encontraba sentado en la orilla de la cama, con sus codos en las rodillas y en una mano un cigarrillo a medio fumar. A un costado de él, en el buró, se encontraba un vaso con hielos derritiéndose y, bajo éste, algo parecido a fotografías. Ver a Sasuke no querer notarla, al darle otra calada al cigarrillo, le formó un enorme nudo en la garganta.

En esa habitación, más pequeña que la de ella, se sentía un halo inmenso de nostalgia y de dolor. Se acercó a pasos lentos y sintió frío al todavía portar el uniforme deportivo con el que abandonó la universidad. Él alzó el rostro a verla y nunca había visto esos ojos tan negros, así de vacíos.

—¿Qué quieres?— su voz fue ronca y seca. Ella detuvo sus pasos.

¿Que qué quería? Pensó y sus ojos temblaron y tuvo que morder sus labios para que no hicieran lo mismo.

Quería estar ahí para él, aunque él no la necesitara. Quería estar ahí en ese momento en el que seguramente se estaría derrumbando por dentro. Quería que contara con ella, aunque no se lo pidiera nunca. Necesitaba estar para él, diciéndole algo, o sólo callada.

Las lágrimas de la chica cayeron pesadamente por sus mejillas sin su permiso, y ella dio tres largos pasos para terminar abrazándose a su cuello y cabeza, apoyando el rostro del chico sobre sus senos. Sasuke, que en un principio pareció tensarse, terminó por tragar pesadamente y cerrar los ojos cuando la sintió llorar y aun así, acariciarle el cabello.

Hinata lloró sin poder evitarlo y su cuerpo convulsionó suavemente por ello, mientras Sasuke se obligaba a ignorar el escozor en sus ojos.

Los delgados dedos femeninos se enredaron suavemente en el negro cabello del varón, y así, de esa forma, ella le pidió sin palabras permiso para quedarse. La mano derecha del joven tembló cuando apagó con sus dedos su cigarrillo, luego lo tiró y finalmente rodeó la cintura femenina.

—Lo siento tanto— soltó ella y volvió a temblar producto del llanto.

La garganta masculina quemó y apretó más el pequeño cuerpo contra él. Sasuke evitó llorar, y entonces ella siguió haciéndolo por los dos. Lloró por ella y por él, por aquella mujer y por todas las desventuras que se formaban alrededor de ambos. Y mientras ella repetía cuánto lo sentía, él se negó a soltarla, reconociendo esa extraña fuerza que ella tenía.

—¿Sabes?— ella, temblando, se atrevió a llevar sus manos a las mejillas del chico para hacerlo verla. Mordió sus labios antes de continuar al ver la mirada esquiva del varón— Ha-hace tiempo me di cuenta que yo quería apoyarte— las lágrimas no le dieron tregua y ella cerró los ojos sintiéndose tonta—, pero no puedo dejar de llorar.

—Mph— él forzó una sonrisa y la soltó para recargarse en la cabecera de la cama. Hinata lo siguió sin pena y en un segundo ella estaba sentada en medio de sus piernas y con su rostro recargado en su pecho—. Siempre has sido patética.

Ella asintió y siguió llorando mientras él le acariciaba el cabello. La Hyuuga tragó pesadamente ante el latir fuerte del corazón masculino… Sasuke se sentía tan frío, tan distante, ¿por qué no lloraba si ella sabía cuánto estaba doliéndole? ¿por qué no lo hacía si amaba a la mujer que había muerto?

Acarició su pecho con sus delgados dedos.

—Cuando mamá murió… papá no nos dejó llorar— dijo y su visión se distorsionó ante el exceso de lágrimas —. Dijo que la muerte era algo natural, que tuvimos suerte de poder despedirnos y que sólo lloraban aquellos cuya conciencia permanecía intranquila— añadió y su garganta quemó —. Yo creo que llora aquél que ama, aquél que pierde y aquél que sufre— mientras hablaba, notó que él la apretó más fuerte en ese abrazo —… Ta-también creo que… que la gente buena no debería morirse nunca.

Hinata quiso alzar su rostro a él y decirle que llorar estaba bien, pero él no se lo permitió al no soltarla. Cuando el cuerpo masculino tembló, ella se dio cuenta que él también lloraba y eso la destrozó, al darse cuenta que a pesar de todo, Sasuke era también tan desgarradoramente humano.

Justo ahí se dio cuenta cuán unida estaba a él.

Los minutos pasaron en esa habitación con aroma a cigarrillo. Hinata se dedicó a calmarse, mientras, entre caricias a su cabello, servía de consuelo a aquel orgulloso joven que había logrado mantener en silencio su llanto, al sólo haber dejado libres varias líneas de amargo y quemante llanto. El gatito negro del Uchiha llegó de un salto a la cama, completando el, para él, patético cuadro; Hinata le sonrió al felino y lo llamó con uno de sus dedos y éste llegó a ella.

El tono del móvil del Uchiha sonaba en la sala, pero éste lo ignoró.

—¿Qué vas a hacer?— preguntó la chica todavía sin verlo, siguiendo recostada en su pecho, mientras acariciaba al gatito.

Él negó en silencio —Supongo que por la noche iré a casa, donde velarán su cuerpo— el tono ronco de su voz, sonó más, al ella escucharlo en su pecho.

—¿Quieres que…?

—No.

—¿Por qué?

—Porque no es un ambiente donde quiera que estés— dijo y apoyó su cabeza en la cabecera para perder su mirada en algún punto entre la pared de enfrente y el techo. Él sabía perfectamente quién era su padre y con la última advertencia había bastado, no quería exponerla a una grosería de su parte habiendo tanta gente presente.

Recordar a Fugaku hizo que su mirada se volviera peligrosa, porque aunque si bien, el dolor lo estuviera corroyendo por dentro, también había una estancada furia en su interior.

Tragó pesadamente y aun así, siguió abrazando y cuidando a esa niña que se refugiaba en él. ¿Cómo era posible que alguien tan buena como su madre hubiera muerto amando al bastardo de su padre? Fugaku Uchiha, era un verdadero hijo de puta, mira que fingir dolor cuando la agonía de su madre la hizo todavía más dolorosa con todas sus faltas.

Sasuke siguió frotando el hombro de Hinata, ignorando la pequeña molestia que le generaba su mascota, al estarle arañando el brazo. La noche pronto caería y con ella, tanto la prensa, como los que se decían sus amigos, se enterarían de la muerte de su madre y todo sería un desfile de gente con caras acongojadas, falsos pésames y preguntas incesantes sobre su sentir, por eso buscó quedarse tanto como le fuese posible con esa Hyuuga. Su momento de paz, en medio de una tormenta.

O.O.O.O.O

—¡Al diablo con la tarea!— soltó fastidiada Ino, al tiempo de arrojar hacia atrás su cuaderno, cayendo éste, tras el único sofá que formaba esa pequeña sala en la cual estaban.

La mirada serena del Nara se deslizó a ella, pues segundos antes, él le había estado explicando el tema con el que ella había estado batallando.

La rubia dejó caer su rostro en la pequeña mesita de centro, donde habían estado estudiando.

—Justo hoy que no tienes entrenamiento y podemos estar juntos, me dejan mucha tarea— ella casi lloró frustrada.

El Nara sonrió al tiempo de bajar su mirada al cuerpo semi desnudo de su novia que sólo portaba su ropa interior.

—Vamos, no puedes ser tan irresponsable— dijo y se puso de pie para ir a recoger la libreta.

Ella lo jaló del jersey que portaba y lo hizo caer de rodillas a su lado.

—No te parecí tan irresponsable cuando me llevaste a la cama, antes de hacer mi tarea, ¿verdad?— sonrió orgullosa al seguirlo jalando hasta acercarlo a sus labios.

Él también sonrió al besarla y hacerla echarse hacia atrás, volviendo a recostarse sobre ella, que tuvo que quitar la calculadora que estaba molestándole en la espalda, para luego rodearle el cuello y dejarse besar.

—Olvidemos la tarea y veamos qué se nos ocurre hacer— mencionó sugerentemente la chica y encorvó su espalda, sabiendo bien el grado de tentación que le representaba al inteligente chico.

Shikamaru deslizó una de sus manos de los senos, a la cadera femenina, pasando sus dedos bajo el pequeño tirante de las bonitas bragas, y comenzar a tirarlo hacia abajo.

Ino se mordió el labio al contener las ansias que tenía de volver a ser una con él, para que no fuese tan obvio que amaba entregársele.

—Es la última vez que me convences de hacerlo antes que tu tarea— soltó el chico en su oído.

Ella sonrió —Cariño, pero sí fuiste tú el que iniciaste.

—Cierra la boca— ordenó y aquello la hizo reír.

Cuando el Nara llevaba una de sus manos entre las piernas femeninas, su móvil vibró.

—¡Mierda!— gruñó la chica — No lo atiendas.

«Joder» pensó el frustrado chico que quiso seguir, pero reconoció por el tono, que quien lo llamaba era el Uzumaki y, conociéndolo, lo llamaría las veces que fuesen necesarias hasta ser atendido.

—Sólo será un segundo— aseguró el varón al quitarse y estirar su cuerpo hasta el otro lado de la pequeña mesita, y tomar su móvil.

Ino se llevó ambas manos a la frente, frustrada y resignada a esperar.

—¿Qué ocurre, Naruto?

El tono cansino acompañó a la expresión también frustrada del chico al momento de contestar, pero ésta cambió con la noticia que el rubio le dio.

—¿En serio? No lo sabía— el ahora tono serio del chico llamó la atención de su novia —. No lo sé, supongo que sí, sería lo correcto— dijo e hizo un silencio escuchando al chico que volvía a hablar, completamente incrédulo.

Ino se sentó y con el ceño fruncido, le preguntó qué pasaba.

Él tapó el micrófono del móvil —Es Naruto, dice que la madre de Sasuke murió— informó con seriedad haciéndola palidecer.

Ino se levantó de prisa y rodeó la mesita para ahora ser ella la que tomara su móvil. Escuchó a Shikamaru seguir hablando y se apartó tanto como pudo en ese pequeño apartamento; localizó el número de la Hyuuga y marcó.

—¿Hinata? Acabo de enterarme, ¿cómo están?

Ino— la voz de la Hyuuga dejaba escuchar preocupación —… no lo sé. La… la verdad es que a pesar de saber que esto sucedería, no deja de ser tan sorpresivo que ya haya ocurrido.

—¿Estás con él?

Se hicieron unos segundos de silencio —No. Él… él se ha ido ya. Estoy en mi departamento y no sé qué hacer… él no quiere que lo acompañe y…

—Hinata— interrumpió la rubia —, Naruto acaba de hablarle a Shikamaru, él nos informó. Estoy segura que querrá que vayamos y lo haremos, pero… — dijo y volteó a ver a su novio que se había sentado en el sofá —, pero estoy segura que Sakura también lo hará y si vas a estar con él, creo que sería demasiado obvio que algo pasa entre ustedes. ¿Soportarías que de ese modo se dieran cuenta?

Hinata se frotó el rostro frustrada… de cualquier forma, ella parecía estar sobrando. Naruto y Sakura podrían brindarle apoyo sin esconderse. Aquello la frustró tanto, porque además era consciente que lo que tenía con Sasuke ya ni siquiera era estable, aquello podría caerse a pedazos y ni siquiera valía la pena arruinar la amistad y el aprecio que sus amigos le tenían, al evidenciar que algo había o hubo entre los dos.

Los ojos perlados volvieron a aguarse.

No… y no por mí, él no necesita un nuevo problema encima— reconoció la chica.

Ino dejó escapar el aliento frustrada, ¿qué decirle? Ella tenía razón.

El teléfono del departamento de la Hyuuga sonó, y eso fue audible para la rubia.

Ino, debo colgar, alguien llama.

—Descuida, te hablo después, ¿vale?— ante el asentimiento de la chica, la rubia suspiró — Hinata — habló antes de que le colgara —, creo que yo elegiría la misma opción que tú. No te preocupes, no lo estás haciendo mal— dijo y eso casi hizo llorar a la Hyuuga que agradeció sus palabras y luego colgó.

—¿Qué fue esa llamada?— la voz del Nara a su espalda la hizo respingar.

—¿Qué?

—¿Qué ocurre entre esos dos?

Los ojos verdes se mostraron sorprendidos. Sonrió nerviosa —No sé de qué hablas— lo pasó de largo llevándose su móvil entre los dedos.

Él la vio de reojo —Te conozco de años, no me engañas, sé perfectamente cuando algo ocultas— habló haciéndola detenerse —. Y tampoco soy imbécil —añadió—, yo sí he notado las miradas que ese par intercambian, el interés de Sasuke en ella y cómo Hinata está pendiente de él. ¿Qué ocurre entre esos dos?— repitió su pregunta.

Ella se giró a verlo y luego de segundos en silencio, suspiró derrotada.

Luego de que ella contara, a grandes rasgos la relación clandestina que ese par tenían, guardó silencio viendo como él negaba en silencio.

—Es un maldito bastardo— soltó molesto el chico —. Naruto está preocupado por él, llamándonos para ir juntos y darle apoyo, y el imbécil acostándose con Hinata.

—Hey, yo no dije eso— interrumpió la chica.

—Hay que ser imbécil para no suponerlo. Además, tanto Sasuke como Hinata eran perfectamente conscientes de las intenciones de Naruto para con ella.

Ella bufó indignada —Sí, puede ser— aceptó ella —. Pero eso tampoco obligaba a Hinata a sentir algo por él.

—¿Y no lo sentía?— respondió él irónico al pasarla de largo, sabiendo bien que sí — Esto, lo vea por donde lo vea, denota la asquerosa intención de joder a Naruto. No puedo creer que lo solaparas.

—Hinata es mi amiga.

—Y Naruto el mío… creí que también el tuyo— dijo al quitarse el jersey y colocarse una camisa.

Ino exhaló derrotada —Hinata se enamoró de Sasuke— dijo lo que sospechaba y eso mantuvo quieto al chico —. Tal vez sí, eso comenzó como una muy mala jugada de Sasuke, una en la que Hinata participó, pero ¡hey!, a ti y a mí nos consta que ella no ha hecho nada para darle alas a Naruto, nunca.

—Y tampoco ha sido sincera— añadió silenciándola por segundos.

—Hinata pudo haber sentido algo por Naruto, pero se involucró con Sasuke, y en algún punto se enamoró. ¿Cómo hace ahora para decirlo?— la voz de la chica más que frustración, mostraba su preocupación.

Él volteó a verla y en la mirada angustiada de la Yamanaka, vio que ella también se sentía mal.

—Joder, Ino— dijo al acercarse y abrazarla por el cuello —. Cuando eso se sepa, también tú vas a estar en problemas.

—Lo sé.

—Y Hinata… ella va a ser vista como la peor en medio de todo eso— reconoció el chico, pues de Sasuke, hasta cierto punto, todos podían esperar cualquier cosa, pero no de ella.

O.O.O.O.O

A la Hyuuga se le apretó el pecho y talló sus ojos al apenas haber finalizado la llamada con Ino. Dejó su móvil sobre la barra de la cocina y avanzó a la sala, a tomar el teléfono fijo.

Suspiró al levantar la bocina intentando, inútilmente, de liberarse de esa opresión en el pecho.

—¿Hola?

Hinata— esa voz dura y seca, casi le paralizó el cuerpo.

—Pa-papá. ¿Qué… qué se te ofrece?— preguntó realmente extrañada, pues su padre nunca le había marcado desde que se había mudado a ese departamento, siempre era Neji el que solía transmitirle sus órdenes.

—Prepárate, Hinata. En una hora un chofer llegará por ti— dijo con voz sobria, mientras firmaba algunas hojas que tenía sobre su escritorio, siempre más preocupado en su trabajo —, tiene órdenes de permanecer a tu lado hasta que nos reunamos todos en la mansión Uchiha.

Los ojos violáceos de la chica se abrieron con sorpresa —¿En la mansión Uchiha?

—Así es— afirmó al ponerse de pie y entregar el folder con las hojas que había firmado, a alguno de sus subordinados —. Mikoto Uchiha, la esposa de Fugaku, murió hace unas horas, por lo que es propio que nuestra familia, como parte importante de un círculo cercano a su familia, hagamos acto de presencia.

Un mero asunto protocolario, entendió la chica con triste mirada. Hinata jugó con el cable del teléfono.

—Porta algo acorde al momento y espera por Neji y por mí antes de entrar. Estaremos unos momentos y como familia nos retiraremos, tampoco pienso estar más tiempo del necesario en ese lugar. ¿Entendido?

A ella se le apretó el pecho —S-sí.

Y así terminó la llamada, Hinata todavía mantuvo el auricular pegado a su oreja unos segundos… su padre era cruel, ¿cómo no podía aunque sea un poco tratar de empatizar con el dolor ajeno, pues en su momento ellos pasaron lo mismo? Supuso que era pedir demasiado viniendo de él. Tragó pesadamente después… vería a Sasuke ahí, y con su familia y amigos presentes, ¿cómo haría para fingir que no estaba doliéndole de más, y para detener las ganas que ya tenía de estar otra vez a su lado?

«Que por favor, nada salga mal» le rogó al cielo y colgó despacio el teléfono.

O.O.O.O.O

Casi una hora y media después, Hinata recibió un texto en su móvil donde Neji le informaba que estaban llegando. Ella guardó el aparato en los bolsillos del vestido negro que había optado por usar, al tiempo que por el retrovisor veía al auto del chofer de su padre acercarse.

La peliazul salió del auto sin esperar a que le abriesen la puerta y su joven chofer salió tras ella, dispuesto a esperar las siguientes indicaciones. El largo cabello azulino se ondeó al igual que el vuelo de su vestido, al estar refrescando la noche. Hiashi Hyuuga bajó del coche acomodándose su elegante traje, el cuál ni siquiera tuvo a bien ser oscuro; Neji bajó tras él, siendo éste otro que también vestía de negro.

—Señor— el chofer de la Hyuuga se acercó al patriarca del clan.

—Vuelve a la empresa y ya puedes retirarte, Hinata volverá con nosotros— ordenó el mayor que apenas correspondió con una sencilla inclinación de rostro a su hija que lo había reverenciado en una muestra de respeto.

Hiashi tomó dirección a la entrada enormemente concurrida, deteniéndose un par de veces a saludar a alguno de sus conocidos.

Hinata lo seguía a cierta distancia acompañando a Neji, y no pudo no jugar con sus dedos al sentir gran nerviosismo en su estómago. Las luces del jardín estaban encendidas y la fuente de la entrada emanaba un agradable sonido que era pasado por alto por todos los ahí presentes.

Cuando cruzaron el umbral de la puerta, la sensación de pesadez fue notoria, ese que alguna vez le pareció un cálido hogar, se sentía frio. Había una pequeña multitud de gente por toda esa planta baja.

—Hinata sama— Neji tomó del hombro a la chica que parecía adentrarse sin esperarlos —. No se separe, recuerde que esto será rápido.

Ella se mordió el labio y asintió en silencio. Neji le ofreció su brazo y a ella no le quedó otra opción que tomarlo. Se adentraron entre las personas y el recibidor, que siempre le pareció amplio, ahora le pareció más. Las paredes blancas y los grandes cuadros en ella siguieron luciendo preciosos, pero ahora se veían más, por los enormes arreglos florales; al final de la elegante sala, ahora alejada del centro de esa habitación, se encontraba un ataúd de fina madera, y una fotografía de quien en vida fuera la dueña de esa casa. A Hinata se le apretó el pecho al ver la cálida sonrisa en esa fotografía.

Hiashi carraspeo —Hagamos esto rápido— soltó en tono neutro y avanzó guiando a lo que ya era una pequeña comitiva Hyuuga, pues cuatro miembros de su familia habían llegado y Hinata apenas los notaba.

A un costado del ataúd, se encontraba Fugaku Uchiha charlando con un hombre que Hinata no reconoció, un par de pasos lejos de él, Itachi era acompañado por su novia y los miembros de una familia que se habían acercado a dar sus condolencias.

Cuando Hiashi estuvo frente al doliente principal, la tensión se hizo notoria, tanto que más de un par de ojos presentes, cayeron en ellos. Incluso, la nostálgica melodía que tocaban, una chica y un chico, sobre elegantes arpas, pasó desapercibida ante el par de miradas de tonos opuestos.

El líder del denominado clan Hyuuga fue el que bajó la mirada al ofrecer sus condolencias, y a Fugaku no le quedó más remedio que hacer lo mismo para después corresponder al pequeño abrazo de su mayor competidor comercial.

—Siento mucho su pérdida. La familia Hyuuga siempre estará para servir de apoyo si así lo necesita— dijo el castaño al momento de romper el abrazo y palmear una sola y fuerte vez su hombro.

—Agradezco la intención— respondió el de secos ojos negros —. Pero no será necesario— añadió enseguida deslizando su mirar a la joven peliazul tras el imponente varón.

Hinata bajó la mirada.

—Pronta recuperación a la familia— añadió Hiashi conforme la cortesía ordenaba.

El otro agradeció y les indicó con la mano que tomaran asiento. Hiashi asintió y con las manos en la espalda, pasó de largo el ataúd y no tardó demasiado en acercarse a uno de sus socios que también había asistido.

La peliazul quiso seguirlo, pero se detuvo frente a Itachi. El de cansadas ojeras le sonrió. Ella se apretó los dedos de sus manos y no dejó de verlo a los ojos.

—Yo lo… lo siento tanto— dijo y, como horas atrás, sus ojos se llenaron de lágrimas.

El primogénito de esa familia le sonrió y Hinata, olvidándose de Neji que estaba a su lado, hizo caso a su necesidad y abrazó al chico.

El castaño frunció el ceño y el Uchiha sonrió tranquilizándolo.

—Todo está bien— mencionó Itachi y Hinata cerró los ojos al recordar a Neji. Izumi se acercó a su novio y ahora fue ella la que abrazó a la Hyuuga, como si abrazarse con naturalidad fuera algo que se acostumbrara hacer, extrañando a Neji, pero quitándole un poco de importancia al impulso inicial de Hinata.

—Gracias por estar aquí, Neji— ahora fue Itachi quien agradeció la presencia.

—Es una pena que una mujer tan joven…— el castaño ofreció su mano al Uchiha. Itachi asintió y sonrió con nostalgia — Esperemos que su dolor sea llevadero— añadió el denominado genio Hyuuga y colocó su mano tras la espalda de su prima, cuando ésta volvió a recuperar la distancia con los miembros de esa familia.

—Esperemos— concordó el pelinegro.

Y con un asentimiento de cabeza, el castaño alejó a su prima de ahí.

—¿Qué fue eso, Hinata sama?— preguntó Neji al avanzar con ella.

Ella se mordió los labios todavía sintiendo sus ojos querer llorar —Fue sólo un impulso, lo siento— la voz débil extrañó al chico —. Este tipo de cosas siempre me deprimen… a-además, yo conocí a esta mujer.

—¿Cómo?

—Alguna vez coincidimos en algún evento— explicó al quedarse de pie en medio de ese enorme salón. Hinata quiso continuar, pero en ese entonces sintió el peso de una mirada sobre ella, giró sus ojos apenas ligeramente y se encontró con unos ojos negros viéndola celosos y fijamente. Tembló por dentro al reconocer a Sasuke en el extremo opuesto de ese lugar, completamente solo —. Además— añadió —, somos compañeros de facultad…— dijo, obligando a Neji a voltear.

La mirada desinteresada y fría del Hyuuga cayó en aquella profunda negra.

—De cualquier modo— dijo habiéndola comprendido —, impulsos como ese deberán ser evitados. Intente mantenerse al margen en este tipo de asuntos, no nos incumben.

Los ojos de Hinata se mojaron cuando el Uchiha dejó de verlos.

—¿Neji?— una voz femenina y el tacto suave sobre el hombro del chico, lo hicieron voltear — Que sorpresa encontrarlos aquí, ¿tu tío?— preguntó una elegante chica de pelo corto, que parecía conocerlo muy bien.

Cuando él se entretuvo con Kurotsuchi, nieta de uno de los mejores amigos de su padre, Hinata aprovechó ese momento para escabullirse. La música de arpa siguió sonando y un par de empleados de la mansión se paseaban ofreciendo tentempiés y diversas bebidas entre los presentes, y los pasos de la joven Hyuuga no se detuvieron hasta no estar frente a él… era irresponsable y estúpido, pero no pudo solo verlo de lejos.

—¿Qué haces aquí?— él, recargado en una pared y con las manos en los bolsillos, la vio de reojo.

—Mi padre…— explicó únicamente y dio un par de pasos a él.

—El imbécil de Neji no te quita los ojos de encima— soltó secamente al dejar de verla. Ella no quiso voltear y confirmarlo.

—Sasuke…

—¡Sasuke!— una voz femenina muy conocida por ambos llamó la atención de muchos de los presentes. Hinata tuvo que dar un paso hacia un lado cuando Sakura, sin intención, la había golpeado en el hombro al llegar corriendo, sólo para abrazarse al cuello del frío chico— ¡Por Dios! Lo siento tanto— la chica no lo soltó y se pegó mucho a él, al tener de verdad ganas de llorar.

Otra con ganas de llorar fue Hinata, al ver a Sakura hacer lo que ella quería hacer.

—Teme— la voz seria de Naruto a su espalda, obligó a la peliazul a tragarse el nudo en su garganta —. Lo siento tanto… no puedo creerlo, ¿cómo pasó?

Hinata empequeñeció cuando el grupo de amigos llegó ahí.

El Uchiha negó cuando Sakura lo soltó, esperando también su respuesta. Apretó el puente de su nariz, agotado.

—Cáncer. Estuvo enferma por años.

—¿Qué?— esa pregunta fue exclamada por los que se decían sus dos mejores amigos.

El otro dejó escapar el aliento —También acababa de enterarme.

—Santo cielo, Sasuke— la pelirrosa se abrazó a uno de sus brazos y decidió que no lo dejaría.

—Teme, yo… yo no soy muy bueno con las palabras, pero…— Naruto se rascó su rubia cabellera al no saber bien qué decir.

—No sé por qué supones que quiero escuchar algo— soltó el Uchiha que dejó de verlos. Naruto tragó dificultosamente y asintió, para luego decidir que iría con Itachi. El grupo lo siguió y Hinata tuvo que apartarse cuando se dio cuenta que la pelirrosa no se movería.

Luego de volver tras sus pasos, Hinata suspiró inquieta.

—Hinata sama— la voz de Neji la hizo respingar —. Siéntese, y evite alejarse, nos iremos enseguida— dijo indicándole con la mano una silla cercana.

Pasaron más de diez minutos en los que las ganas de llorar de Hinata no hacían más que acumularse. Neji se puso de pie tras ser llamado por su tío y Naruto ocupó su lugar al sentarse silenciosamente al lado de la Hyuuga. Los ojos violáceos y negros se buscaban constantemente entre ese pequeño tumulto de gente, y Hinata veía, dolida y casi celosa, como Sakura no hacía más que ganar cercanía con el Uchiha, que ahora, no estaba poniendo demasiado empeño en alejarla, al no haberse movido de su sitio.

Minutos después, Fugaku Uchiha, habiendo tenido suficiente de la multitud, abandonó el salón, dejando a Itachi como el encargado de atender a quienes se acercasen a saludar. Sasuke vio a su padre partir y su desagrado por él fue notado incluso por la pelirrosa.

—Hey— ella lo detuvo cuando lo sintió levantarse, seguramente pretendiendo seguirlo —. Sé que siguen sin llevarse bien, y también me he enterado que sus viejos problemas han vuelto a avivar, pero…— dijo al también pararse y detenerlo del brazo —, el cuerpo de tu madre sigue presente, ¿quisieras comportarte al menos ahora?— pidió la chica que, para desgracia del Uchiha, parecía conocerlo bien.

—Sólo iré al baño— mintió y jaló su brazo.

Ella se ruborizó —Oh…

Sasuke salió y fue notado por la Hyuuga.

—Hinata sama— Neji apareció frente a ella —, es hora de irnos— dijo también atrayendo la atención del rubio.

—¿Se van?

—Así es— asintió el castaño —, la familia se retira.

El Uzumaki pestañeó confuso —Pero…

Neji le tendió la mano a Hinata, y ante la presencia de Hiashi que los pasó de largo, no le quedó más opción que aceptar y ponerse en pie.

Cuando los Hyuuga salieron del salón donde era velado el cuerpo, del fondo del pasillo comenzó a escucharse una melodía, solo que esta vez no era de arpas, pues éstas habían callado. Hinata volteó atraída por la nostalgia de aquella melodía y el pecho se le oprimió. Todo el lugar pareció quedarse en silencio haciendo que aquellas notas de piano llenaran cada rincón en la mansión.

Neji dejó pasar a Hinata primero por la puerta, al tiempo que ella recordaba el nombre de la triste melodía, Rainy Song, interpretada casi con maestría en algún piano en esa casa; cuando ella creyó tener idea quién la interpretaba, detuvo sus pasos apenas bajando las escaleras en la entrada.

—¿Puedo quedarme?— alzó la voz atrayendo la atención de su padre y los hombres que lo acompañaban.

Hiashi detuvo sus pasos.

—Por… favor— añadió la joven que apretó sus manos y le sostuvo la mirada.

El mayor volteó a ver a Neji.

—No creo que sea prudente— comentó el joven.

Hinata se mordió un labio controlando sus ansias —La… la señora Mikoto era madre de uno de mis compañeros de facultad— dijo y a pesar de que su voz quiso quebrarse, no dejó de verlo, debatiendo la opinión de Neji.

Hiashi lo meditó tres segundos —Como tú lo juzgues pertinente— respondió —, pero evita estar mucho tiempo aquí.

Hinata sonrió y la mirada extrañada de Neji cayó en su tío.

—Vamos— ordenó el mayor.

Cuando la peliazul vio a su padre partir, regresó apresurada al interior, siendo vista fijamente por unos fríos ojos negros desde lo alto de la escalera. Fugaku había estado en la habitación que por años había sido de su mujer, recordando en silencio su presencia y torturándose más al volver a beber de un vaso de whisky seco, odiándose por ahora sentir el peso del tiempo perdido… justo cuando sentía que la garganta se le cerraba por la opresión en su pecho, escuchó aquella melodía en el piano en una de las estancias de la parte posterior de la casa, y reconocer que la misma era la favorita de su esposa, la cual solía tocar cada que podía, le humedeció los ojos y después los hizo arder de molestia, al sentirse patético.

Justo cuando pensaba bajar, se dio cuenta que esa chica Hyuuga volvía a entrar, y sus pasos eran guiados como imantados al lugar desde el cual provenía la música.

Evitó contacto visual con las personas cercanas y tomó dirección tras la joven.

Los pequeños tacones que Hinata usaba, sonaron apenas quedamente por la estancia, la misma que contrario a la estancia principal, estaba casi vacía. Se mantuvo de pie pegada al pilar que soportaba las escaleras, a un costado de un bonito helecho, cuyas hojas le acariciaban la piel. Los ojos violáceos de Hinata se llenaron de lágrimas al ver a Sasuke sentado en el pequeño banquito, tocando sin ver aquella melodía.

Apretó sus dedos en la fría columna y se mordió sus labios, cuando vio a Sakura llegar tras él. Contuvo un gemido de llanto que quiso escapar de su garganta cuando aquella melodía se le metió al alma, luego de ver cómo la pelirrosa rodeó con sus brazos desnudos el cuello del Uchiha que siguió tocando… Sakura hizo lo que ella moría por hacer, estar ahí y calmar el dolor que lo había hecho tocar tan triste melodía.

Una lágrima había terminado de resbalar por su rostro cuando ella se tensó, al sentir que alguien se paró a su espalda. Apenas limpió su mejilla y volteó a ver, encontrándose con el dueño de unos pesados ojos negros.

—Tu familia se ha ido ya, ¿qué haces aquí?

—Yo…

—Sal de mi casa, Hinata— soltó secamente y dio medio paso hacia un lado, pidiéndole así también que se fuera.

La mirada violácea de la chica mostró su asombro en esos ojos aguados.

—Yo sólo quería…

—Por el aprecio que mi esposa te tenía, voy a decirlo una vez más. Abandona mi casa.

Ella se irguió y endureció la mirada, soportando las ganas de seguir llorando. Ese sujeto era tan cruel, ella no molestaba a nadie y sólo quería estar con su hijo.

—Siento ser una molestia.

Él negó y con la mano le indicó que lo siguiera. No era una molestia, sólo estaba intentando evitar que se convirtiera en el siguiente pecado de su sangre.

Hinata soportó la vergüenza al ser echada, y aun así, agradeció con un asentimiento de cabeza al hombre que la acompañó a la puerta.

—¿Hinata?— Naruto, que recién salía de la estancia donde se velaba el cuerpo, la llamó al parecerle extraña la forma como ella se marchaba —¿Qué diablos pasa?— se preguntó el rubio, ¿por qué Hinata recién se iba si su familia hacía minutos que se había marchado?

Los ojos azules siguieron a Fugaku que subió por las escaleras.

Cuando la melodía del piano se detuvo, Naruto dirigió su atención al lugar donde la melodía había sonado.

—Eso fue realmente doloroso de escuchar— la pelirrosa que seguía abrazada a su cuello, deslizó los dedos de una de sus manos por el negro cabello —. ¿Dónde aprendiste a tocarla?

El chico se deshizo de su contacto, justo antes que el Uzumaki llegara con ellos.

—A mamá le encantaba tocarla— respondió secamente y se puso de pie, dejando a la chica de lado.

—Oh, pues era hermosa— dijo la chica que se abrazó a sí misma, pues comenzaba a darle frio al ser su vestido de tirantes y no haber llevado un suéter.

—Muy hermosa— concordó el distraído rubio —. Por cierto, ¿siguen las tensiones entre tu familia y la de Hinata?— preguntó el joven que no quiso quedarse con la duda —, porque yo creí que ver a los Hyuuga por aquí, significaba que todo andaba bien, 'ttebayo.

La pelirrosa rodó los ojos —¿Qué clase de pregunta estúpida y fuera de lugar es esa?

Sasuke, que ya regresaba, detuvo sus pasos —¿Por qué lo preguntas?— preguntó con seriedad.

Naruto se rascó la nuca, confundido —Pues… no sé, me dio la impresión de que tu padre discutía con Hinata, pero… pudo haber sido mi imaginación, creo.

Sasuke endureció su mirada y apretó los puños, y Sakura frunció el ceño.

—Qué estupidez… Hinata hace rato que se marchó, yo vi a su familia salir antes de venir aquí.

—Pues eso mismo vi yo, pero ya ves…

—Dile que alucina, Sasuke…— pidió la pelirrosa volteando a verlo — ¿Sasuke?

• • •

La puerta de fina madera resonó con brusquedad al ser azotada.

—Dime que no hiciste lo que creo que hiciste— la mirada furiosa de Sasuke enfocó a su padre, que estaba de pie en el balcón de esa habitación.

—Continúas perdiendo tus modales, me pregunto si podrás caer más bajo— respondió con fría calma el otro, sin voltearlo a ver siquiera.

—Deja de decir estupideces— ordenó el menor que empuñó su mano en el elegante saco de su padre, haciéndolo girar con brusquedad, para enfrentarse a su mirada —. ¿Qué demonios le dijiste?

Fugaku sonrió con soberbia —Ni siquiera tuve que decirle mucho. Gracias al cielo, esa chica sí es un ser pensante.

El ceño y rostro del menor de los Uchiha mostraron su desprecio, al contraerse sus facciones.

—Y te repito lo que le dije. No quiero una Hyuuga en mi casa. No la quiero aquí.

Al estallido caliente de furia en el pecho de Sasuke, le siguió su puño estrellándose en el rostro de su padre, haciéndolo tambalear.

—Eres un hijo de puta, ¡la corriste!— soltó con desprecio al entenderlo, y se giró para salir y buscarla.

Fugaku sonrió mientras se limpiaba la sangre de su labio roto.

—¿La buscarás?— preguntó con sorna — ¿Para qué? ¿Qué te tiene tan unido a ella?

—No te importa— respondió furioso el otro al voltear a verlo de medio lado, justo al tomar el pomo de la puerta.

—Mph… así que… lo has notado ya, ¿cierto?— preguntó el mayor, ahora con sobriedad, haciéndose con todo el control — Seguro es eso lo que te tiene tan frustrado.

—Cierra la boca.

—Olvídala.

El menor de los ojinegros, apretó más su mano sobre el pomo.

—Alguien como ella, no es para alguien como tú.

—¿Y me lo dices tú?— la furia fue audible en su voz, al volver varios pasos y enfrentarse a la altiva mirada de su padre — ¿Tú, que también eres un infeliz?

—Y nunca lo he negado— devolvió el otro al guardar sus manos en los bolsillos de su pantalón.

—Vete al infierno, Fugaku Uchiha— escupió el menor al volverse a girar, más preocupado por buscar a Hinata.

—Te recuerda tanto a ella, ¿cierto?— otra vez las filosas palabras de su padre lo detuvieron. Sasuke no dijo nada y eso le dio la razón — Personas como ellas, nos atraen a sujetos como tú y como yo, peor que abejas a la miel.

La furia volvió a bullir —No te atrevas a compararnos— amenazó al señalarlo con el dedo.

Fugaku sonrió y se mantuvo erguido, viéndolo con superioridad, luego, su sonrisa, se tornó asqueada.

—También lo arruinarás— sentenció el mayor.

—Yo nunca lastimaría a Hinata— aseguró el menor conteniéndose de un nuevo golpe, estando completamente seguro de cada una de sus palabras. El pasado no lo podía cambiar, pero se cortaría una mano con una navaja de afeitar antes que volverla a dañar.

—Tu sola presencia la envenenará.

Ahora fue Sasuke quien sonrió con ironía —Nunca entendí qué te hice para que me odiaras tanto, ¿pero sabes qué?, ahora ya no me importa— dejó claro y le dio la espalda para salir. Lo que menos necesitaba, era a su padre diciéndole que tan mierda podía ser.

—Estás muy equivocado— habló antes de que cruzara la puerta que había vuelto a abrir —, no te odio, siempre me has preocupado.

Sasuke negó en silencio, sin ánimo siquiera de sonreír ante la ironía que creía escuchaba.

—Eres idéntico a mí y estás siguiendo cada uno de mis malditos pasos— soltó roncamente el otro, al mencionar por primera vez en voz alta lo que siempre le preocupó —. Verte a ti, es verme a mí en el pasado.

—No me compares.

—Vas a destruirle la vida, como yo se la destruí a mi ángel— soltó con amargura el mayor al momento de volver al balcón. Sasuke volvió a cerrar la puerta al escuchar a su padre comparar a su madre con un ángel, como él solía hacerlo con Hinata… decidió escuchar un poco más, aunque creía que terminaría tal vez arrepentido por ello.

—¿Tu ángel?— repitió, pues era la primera vez que escuchaba que la llamaba así.

—Eso son, ¿verdad? La luz que seres como ellas desprenden, atraen inconscientemente a gente como nosotros. ¿Has sentido el deseo de que esos ojos únicamente te vean a ti?

El menor tragó pesadamente y no dejó de verlo. A pesar de no ver su rostro, por su tono adivinó que era uno completamente serio.

—¿Sabes qué es lo peor?— prosiguió Fugaku con seriedad mientras veía a la luna en lo alto. Sasuke no respondió pero él supo que lo escuchaba — Que te empeñarás tanto en ello, que lo conseguirás y ni siquiera sabrás cómo lo has hecho.

—Tus errores no tienen que ser los míos— debatió amargamente el chico, pues sintió que su padre no le decía nada nuevo. Él ya sabía que él tenía el aprecio de Hinata. No escucharía más.

—Entonces dime, ¿cuándo fue la última vez que esa chica rio hasta llorar? ¿Cuándo fue la última vez que sus ojos brillaron de felicidad al verte?

Sasuke lo vio de reojo al detener sus pasos cuando ya se iba.

—¿Nunca? Comienzo a pensar que eres peor que yo.

El de rebelde cabello maldijo internamente pero evitó hablar para que él siguiese haciéndolo.

—¿Has escuchado alguna vez la frase, la inocencia es un veneno y el amor mata?

—Sí, en un cuento de hadas— se burló el menor y estuvo dispuesto a irse.

—No es referente a nosotros— añadió y sonrió tristemente—. Yo tuve la fortuna que un ángel se enamorara de mí. Mikoto me dio su vida y su amor, me dio dos hijos— dijo y lo vio de reojo —. Y nunca la hice feliz— reconoció con amargura —. Auras puras, nobles, inocentes, nos atraen —explicó—, las conseguimos… y las acabamos— hizo un silencio, recordando—. Pasó conmigo, pasó con mi padre, su hermano, y veo que pasará contigo.

—¿De qué estás hablando?

—De una verdad que yo también me negué a escuchar— respondió con voz seca —. No está en nuestra naturaleza hacer feliz a nadie. Siempre terminaremos arruinándolo.

—Mph. Estupideces— soltó el menor que comenzaba a hartarse. Se dio media vuelta.

—¿No me crees?— preguntó ya sin fuerza para molestarse —¿Cuántas veces le has dicho un te amo?— soltó tensando a su hijo.

Nunca, reconoció Sasuke, y no porque no la amara, sino porque sentía que no tenía el derecho a decírselo después de lo que le hizo.

—Yo tampoco se lo dije nunca— prosiguió pareciendo adivinar su respuesta, recordando, frustrado y odiándose, que la única vez que lo hizo, fue horas atrás, minutos antes de que ella muriera —. Tampoco creo haberla hecho enteramente feliz— añadió para sorpresa de su hijo—… la primera vez que la vi llorar de alegría, fue cuando Itachi nació; la segunda, cuando lo hiciste tú— soltó y aquello le dolió en el pecho al menor, aunque en menor medida que a aquél que hablaba.

Al menor le temblaron las manos echas puños al recordar las sonrisas tristes de su madre.

—Vas a destruirle la vida, Sasuke— se lamentó Fugaku —. Todavía estás a tiempo, aléjate— aconsejó estando enteramente seguro de sus palabras. Sasuke no cambiaría, lo sabía porque él mismo había intentado hacerlo cambiar, que admirara y deseara ser noble y menos orgulloso, como Itachi, pero lo único que conseguía era que se Sasuke se esforzara en ser cada vez más igual a él. Eso lo hastiaba.

Los ojos del menor de los Uchiha picaron al tensar su mandíbula… sabía que eso debía hacer, alejarse, ya lo había decidido, pero escuchar eso era darse cuenta que podrir lo que amaba, lo traía en las venas.

—Vi llorar a esa chica por ti— confesó el mayor —. Si no te ama, seguro está cercana a hacerlo— se sinceró al voltear a verlo y caminar un par de pasos a él, deteniéndose frente a la cama vacía de Mikoto —. Si te aferras a ella, puedes ver su futuro en la vida de tu madre.

—Basta ya de estupideces— soltó el menor con voz ronca, al ya no querer seguir escuchándolo.

—Sólo pregúntate, ¿qué importa más?— las palabras de Fugaku, golpearon fuerte la cabeza del varón, justo antes de volver a cerrar de un golpe la puerta.

O.O.O.O.O

Los dedos índice y medio del Uchiha, golpearon alternadamente el volante de su auto, despacio.

—Joder— soltó frustrado al golpear ahora con toda la mano el volante, al decidirse a mandar ese texto que minutos atrás había escrito.

'¿Dónde estás?'

Se recargó en el asiento y apoyó su codo en la puerta del coche, para terminar acariciando nerviosamente sus labios. Tenía cerca de veinte minutos estacionado a un costado del edificio donde Hinata vivía, y no conseguía reunir el valor para bajar.

La noche por primera vez era despejada y las estrellas brillaban fuertemente, siendo realmente curioso estando en la mitad de esa enorme ciudad.

'Estoy en mi departamento.'

La respuesta llegó casi de inmediato. El Uchiha cerró los ojos y tras suspirar, bajó del coche. Debía verla.

• • •

Hinata mantuvo su móvil entre sus manos, esperando a que volviese a brillar, anunciando una llamada o algún nuevo mensaje. Tenía más de media hora que un taxi la había dejado ahí, y ya se había colocado incluso un pequeño blusón para dormir, creyendo que no sabría nada de Sasuke hasta la mañana siguiente, cuando ella lo buscara, pero no había sido así, pues él le había mandado ese mensaje.

La Hyuuga suspiró cuando pasaron más de cinco minutos y el móvil no sonó.

«¿Qué pasa contigo, Sasuke?» se preguntó preocupada.

Se escucharon tres golpes en la puerta, y ella casi saltó de su cama para ir a abrir. Estaba segura que era él y casi corrió sin importarle trastabillar… seguro Sasuke había olvidado su juego de llaves.

Cuando abrió la puerta, sus ojos violáceos mostraron asombro al verse de frente con aquellos ojos negros, tan profundos y calmados.

—Viniste— mencionó la chica que apenas sintió calmarse su corazón.

Sasuke estiró su mano casi por inercia al ver que un par de cabellos atravesaron el rostro de la joven, luego de la carrera que pegó para abrirle, pero se detuvo antes de tocarla; Hinata se ruborizó y al notarlo, él finalmente apartó ese par de hilos azules de su rostro.

—Me enteré que mi padre…

—Oh, descuida, no fue nada— ella interrumpió y le sonrió —. ¿Cómo te sientes?

Se lo estaba llevando el demonio.

—Bien— mintió.

—¿Quieres…?— ella dejó inconclusa su pregunta, pero se apartó para ofrecerle pasar.

Él asintió luego de un par de segundos. Dejó escapar el aliento pesadamente al ver a Hinata sentarse en uno de sus sofás.

—Hay algo de lo que debemos hablar— soltó él amargamente al apoyar sus codos en sus rodillas, luego de sentarse a su lado.

A ella se le apretó el pecho ante el tono seco y sin saber por qué, se recargó en su hombro y se abrazó a uno de sus dos brazos. Sasuke tragó más pesadamente.

—Estoy agotado— soltó él al apretarse el puente de la nariz.

Ella se puso de pie de golpe —Oh, ¿quieres…?

—No— él la interrumpió al tomarla de la muñeca y jalarla, haciéndola perder el equilibrio y arrodillarse frente a él. Los ojos Hyuuga se abrieron con sorpresa más que de dolor.

—¿Qué ocurre?— preguntó suavecito.

Los ojos negros no dejaron de verla a los ojos —Ya hablamos de esto— la voz de él sonó tan baja y ronca.

—Ah…— ella sonrió nerviosa y sus ojos se mojaron. Sasuke había ido a terminar con ella — No… no quiero— confesó y le sonrió pero su sonrisa se debilitó al instante, cuando vio en su rostro seriedad.

—Escúchame, Hinata…— comenzó él, pero sus palabras fueron silenciadas cuando ella se libró de su agarre, le tomó las mejillas y estrelló sus labios con los de él.

Las delgadas manos femeninas resbalaron por sus mejillas y se sujetaron de su cuello, mezclando sus dedos en el negro cabello, al tiempo de pegarse más a él —No quiero… no hoy— habló entre el beso la chica a la cual le estaba doliendo tanto saber que se había acabado. Sus ojos se cerraron y un par de lágrimas cayeron en medio de esa sala apenas iluminada por una lámpara en el buró.

A él le dolió el pecho —Hinata…— la nombró al acariciarle una mejilla mojada.

Ella no abrió los ojos y tampoco se despegó de él… siguió besando sus labios, saboreándolos, mimándolos, ansiando que él le devolviese el beso… pero él poco a poco se apartó. Los labios femeninos temblaron al perder el calor de los de él.

Sasuke se apartó al recargar su cuerpo en el respaldo del sofá, y llevarse ambas manos al rostro.

—Estoy harto de esto, Hinata— soltó roncamente.

—¿Qué?

Él estiró su dedo, y lo colocó en la punta de la nariz femenina que comenzaba a enrojecerse —No voy a arruinarlo más. Esto se acabó— dijo y le sonrió sin mucho ánimo, la vio abrir los ojos sorprendida y antes de que pretendiera decir algo, se puso de pie, haciéndola caer sentada sobre sus talones, al haber permanecido de rodillas frente a él —. Cuídate, Hinata.

El estómago de la chica se contrajo y sintió ganas de vomitar al verlo caminar de regreso a la puerta.

—Sasuke…— lo llamó y se puso de pie. Él no se detuvo y abrió la puerta — No te vayas— suplicó y tras dar tres largos pasos, lo sujetó de la camisa, antes de que cruzara la puerta.

Los ojos negros no fueron visibles al estar bajo la sombra de su flequillo, y apretó en puños sus manos.

—Por favor… no te vayas— repitió y volvió más fuerte su agarre en la fina camisa del joven.

Sasuke volteó de medio lado a verla y ahora era Hinata la que no se atrevía a enfrentarle la mirada.

—Joder— murmuró el joven y se volteó haciendo que ella lo soltara. Los ojos violáceos y húmedos en lágrimas se alzaron a verlo al tiempo que ella se mordía los labios, soportando el dolor quemante en el pecho.

La mano fuerte del chico se alzó para sostenerle la barbilla, la vio formar una especie de puchero al intentar ahogar su llanto.

«Te amo, Hinata» reconoció para sus adentros el pelinegro —No quiero que me odies— la voz se le escapó ronca con esas palabras —. Esto ha sido todo— repitió haciendo que el corazón femenino se apretara en su pecho.

Cuando él la soltó deshaciendo todo contacto, Hinata tembló. Sasuke se giró y comenzó a caminar y antes de dar el tercer paso, su espalda fue rodeada por la calidez de un abrazo de la joven Hyuuga.

—No te vayas— suplicó la chica que tembló al abrazarlo. Sasuke se tensó al sentir la calidez de su aliento en su espalda, y sus lágrimas mojarlo —. Quédate.

Él tragó pesadamente. Hinata casi sintió que podía respirar tranquila cuando él se mantuvo quieto, pero cuando el Uchiha le tomó las manos y la hizo soltarlo, para definitivamente irse, ella lloró sin pena, ahí, en medio de ese pasillo. Sasuke ni siquiera esperó un elevador, sino que dobló en la esquina y bajó por las escaleras.

Ella jaló aire al tiempo que dos calientes lágrimas rodaban por sus ojos, aclarando su visión. Cuando cayó en cuenta que vestía únicamente su blusón, regresó al interior de su departamento. La puerta se cerró y Hinata apoyó su espalda en ésta, para terminar resbalando por ella, elevando su blusón y despeinando su cabello.

«Él se fue» se repitió internamente la chica al abrazarse las rodillas. Estaba bien, se repetía internamente. Estar con Sasuke estaba mal, ella lo sabía, era realista y tal vez por eso no quiso seguirlo, sabía bien que mientras más estuviera con él, iba a salir más lastimada; por eso se quedó ahí de pie, con sus piernas temblando de ganas por seguirlo.

Lo que Hyuuga Hinata no entendió, era que si ella había aceptado que eso sería todo, ¿por qué ahora no lo quería así? El departamento seguía siendo únicamente iluminado por la luz amarilla de una lámpara en la sala, y ahora, el silencio que anteriormente reinaba en el lugar, era quebrado por los sollozos de la joven Hyuuga. Le estaba doliendo.

• • •

—No quieres lastimarla— mencionó roncamente el Uchiha al llegar a su departamento y cerrar la puerta —¡Puta madre!— soltó frustrado al momento de estrellar su puño contra el concreto de la pared. Apretó su mandíbula soportando el dolor.

Justo ahora le salía un complejo de mártir, con un demonio… ¿por qué tenía que importarle tanto?

«Por favor, no te vayas. No te vayas, quédate» Las palabras de la Hyuuga le martillaron la cabeza.

—Maldita sea— soltó frustrado al volver a estrellar su puño contra la pared —. Maldita sea. Maldita sea. Maldita sea— estrelló una, otra, otra y otra vez su puño contra la pared, sintiendo cómo los huesos de sus articulaciones se expandían ante el firme contacto, sintió claramente cuando dos de sus huesos de los dedos se quebraron y siguió golpeando porque todavía dolía más el dolor en el pecho y sus ojos seguían derramando agua salina al todavía tener en su mente el rostro lloroso de aquella chica.

Cuando la fuerza en su brazo se acabó, luego de manchar de sangre la pared, su brazo cayó pesadamente a su costado, y él se dejó caer en el suelo, terminando por recargarse en la orilla de uno de sus sofás.

Maldito fuese. Él y su maldito capricho lo arruinaron todo, él vivía bien sin ella, y ella era, definitivamente, feliz sin él en su vida. Odió haberla deseado, haberla tocado y haberla manchado. Y, odió, no poder simplemente amarla como ella lo merecía.

Continuará…


Hola chicas y chicos (:

Gracias por seguir aquí, ojalá que el capítulo les haya gustado, estuvo medio corta venas, ¿verdad?

Recién termino el capítulo, sé que dije que intentaría no tardar demasiado, pero me enfermé feísimo y casi me muero xDD jajajja, aun así, no fui a ver al médico y me curé yo solita auto medicándome (nunca lo hagan, jajajaja) Como sea.

Agradezco rápidamente sus comentarios, a todos aquellos que se toman un ratito de su tiempo, correspondiendo con cariño, el cariño con el que les escribo. Lo aprecio mucho:

•Suishoka69 •AiKawaiiChan •la bella nunez •Kamicasper •Zyan Rose •evelin. 15 •alguien •Kurumi reii •MikashimotaZ •Dark Amy-chan •Kislev •cherrymarce •Nymfhetamina •Erimibe34 •AhrenLove •esther82 •himepeti •Pamaig •KiaraUchihaLove •SaBaKu No MeNnY •mechitas123 •evilangelux •Clau •Guest1 •Liluz de Geminis •bellamita-uchiha •Miracle of the Moon •guest2 •KaoriUchiha-chan •Sasuhinaforever •Ynanla-Chan •MikaSyo •valentina londono3597 •BC •kierinahana •wolf enzeru •simazame •Yaninle •Artemis FM •cHiBeLeBaSi •Isadoradreamer •Julia •Sasuken-hinata •Fai •nazha-chan181 •Valery Hyuuga Senju •Nana •Lizeth de Uchiha •uchiha-mei-chan •Seymar •Mimi-chan •Yaky almoon •Soo Hyun Yuki •nekoprincesz •XukiUchiha •Hf any •Sara Dragonil •michelmarbelle •Bella-swan 11 •Naomi-Black1 •sabi Jefte •KASSY HYUGA •UmeFuyu •jlo •Rina Aymara Machaca Machicado •xinthiia •lukempires •AnggieLuna13 •hinatacris •Nana-chan 53 •gracehyuga •AhrenLove •Nora •MiauPurr •Da chan •cintus •Aika Yami •Yumaika Higurashi •UchihaKaori-chan •Narusaku22 •Guest3 •Marinyella Hyuga y Geralt (por cierto, Geralt, me impresionó mucho leer tu experiencia, bien dicen que a veces la realidad supera la ficción, y siempre he creído que también los hombres sufren y son marcados por sus errores, no a todos les vale como a veces parece. Espero te encuentres bien.)

Nota: la idea de Sasuke tocando el piano, fue una idea que Kurumi reii me dio por Facebook, me encantó. Si alguien gusta escuchar la melodía, busquen en youtube, 'Tomoya Naka - Rainy Song '.

Por mi parte es todo, nos leemos en el siguiente capítulo. Un beso y sean felices.

Aidé.