LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.

-31-

COMO ES QUERER

Capítulo dedicado a Kurumi reii por su cumpleaños.

La mañana siguiente le daba todo el apoyo a la Hyuuga, pues finos rayos de sol se colaban desde el balcón y la ventana de su habitación, calentando, agradablemente, todo su departamento. Hinata se levantó después de las nueve de la mañana y, al darse cuenta que había perdido ya dos de sus clases, el dolor en su cabeza se acentuó.

Se levantó con poco ánimo y se llevó unos dedos a frotar su cien izquierda, pues con la claridad del día, los ojos, ligeramente rojizos, le comenzaron a arder. Hinata se dirigió al baño y antes de entrar, escuchó cómo su móvil vibró, al estar descansando sobre el buró al costado de la cama. Se mantuvo de pie en el marco de la puerta unos segundos y finalmente decidió atender el llamado.

—¿Sí?

—¿Hinata? ¿Qué pasa contigo? ¿Dónde estás?— preguntó la Yamanaka del otro lado de la línea.

La peliazul se dirigió entonces a su guardarropa —En mi departamento, me quedé dormida— confesó suavemente mientras sin ganas esculcaba en su ropa.

Ino hizo un silencio —¿Qué pasó anoche?— cuestionó mostrando un rastro de preocupación —. De pronto te fuiste y Sasuke desapareció. Naruto mencionó que le pareció verte discutiendo con el hombre ese, el tal Fugaku, padre de Sasuke.

Hinata se mordió el labio inferior al sacar uno de sus vestidos —Pasaron muchas cosas, Ino.

—¿Cómo cuáles?

Hinata sonrió débilmente, insegura —Anoche todo acabó.

Ino, en uno de los pasillos de su facultad, y a menos de dos minutos que iniciara su siguiente clase, se paralizó.

—¿Terminaron?— cuestionó incrédula.

Hinata asintió como si pudiese verla y ante el silencio que se formó, la rubia comprendió que sí, ellos habían terminado.

—¿Pero cómo pasó?— preguntó en voz baja al ver a Sakura salir de los baños, y dirigirse a ella.

La peliazul se encogió de hombros al recargarse sobre la ya puerta cerrada de su clóset.

—No lo sé. Ya… ya veníamos mal— dijo sin saber qué más decir, después de todo, incluso con Ino, tenía que cuidar muy bien sus palabras para no delatar el pasado oscuro que ambos compartían.

La Yamanaka se quedó en silencio y ni tiempo tuvo para meditar las palabras de la Hyuuga, cuando Sakura la jaló de la mano y le dijo en voz alta que se les haría tarde para su clase. Hinata tragó pesadamente al escuchar a la pelirrosa y se sintió peor de lo que ya se sentía, al darse cuenta, luego de ver su cama deshecha -donde había llorado parte de la noche-, cuánto le había dolido terminar esa extraña relación que durante meses mantuvo con Sasuke, el chico que la pelirrosa amaba.

—¿Te parece si hablamos después?— pidió la rubia con cierto pesar — Mi clase está por comenzar y…

—Descuida, entiendo.

Hinata escuchó como la rubia se disculpó con Sakura, y volvió a hablarle al móvil:

—Hina… hoy saldremos temprano e iremos al panteón, ¿irás?— preguntó dudosa de hacerlo.

A la peliazul se le formó un nudo en la garganta —No lo sé.

La rubia suspiró —Bien. Imagino que no te sientes muy bien, así que supongo que no vendrás a clases y quisiera verte, pero la verdad es que ya llevo mucha tarea— se lamentó preocupada —. No sé si sirva de algo, pero si quieres podríamos hablar por Skype.

Hinata sonrió por el ofrecimiento —Intentaré conectarme— respondió sin ánimo real de querer hacerlo, y tras ahora sí, una despedida con prisa de la rubia, la llamada terminó. Hinata dejó escapar el aliento al cerrar sus ojos… ¿Debería ir al panteón? La verdad era que sí quería, no sólo para ver cómo se encontraba Sasuke, sino que también, respetando sus creencias, le gustaría acompañar a aquella mujer a su última morada. Se le formó un nudo en la garganta mientras más lo pensaba.

Negó en silencio segundos después y se dirigió al baño, necesitaba quitarse los rastros del llanto que le mantenían tensa la piel; ya después vería si se atrevería o no a asistir.

O.O.O.O.O

Un cansado par de ojos negros se abrieron apenas ligeramente, cuando la claridad de un nuevo día le golpeó la cara. Sintió su cuerpo pesar al estar recostado, atravesado y boca abajo, en su cama.

—Joder— soltó con voz más ronca de la normal, al intentar llevarse una mano a sus ojos, y sentir que dolió como el infierno moverla. Gruñó al girarse y alzar su mano derecha sobre su rostro —. Mierda— vociferó al verla y tragó pesadamente, al sentir su boca seca.

Sus dedos anular y medio estaban sumamente hinchados y con rastros de sangre seca. Toda su mano dolía y casi podía sentirla palpitar, pero dejó de darle importancia al cerrar sus ojos y llevar su antebrazo a su frente, ocultando sus ojos de la claridad de ese casi mediodía.

Al apenas cerrar sus ojos, el recuerdo de Hinata llegó a su mente. Recordó a esa peliazul que entre lágrimas y sonrisas nerviosas le pedía que no se marchara, que se quedara a su lado. Su pecho se apretó y se le formó un nudo en la garganta. Sonrió amargamente.

Lo había conseguido, ¿eh?

Consiguió que ella deseara quedarse a su lado. Era un desgraciado. Y Hinata tan tonta.

Saber que podía permanecer a su lado le removía en quemante ansiedad las entrañas, podía hacerlo. Si él iba a buscarla, seguramente ella lo recibiría y, con suerte, usando cualquier sucia artimaña, podría sumergirse en la tibieza de sus muslos, enterrarse en su interior; besar sus labios y cansarse de hacerlo.

Tensó su mandíbula al darse cuenta por dónde estaban yendo sus pensamientos. Volvió a abrir sus ojos tan negros y fijó su atención al cielo blanco de su alcoba; no podía flaquear, no lo haría. Suspiró pesadamente. El lugar olía a licor, a ese fiel amigo que por fin logró reconciliarlo con el sueño horas atrás. Su estómago se revolvió y se sentó con algo de dificultad. Apenas apoyaba sus codos en las rodillas, tolerando el dolor de cabeza que tenía, cuando el estridente sonido del timbre del departamento casi le rompe los tímpanos.

—¡Sasuke!

Él gruñó internamente al reconocer la voz de Suigetsu.

—¿Estás ahí, Sasuke?

—Te dije que no estaría aquí, idiota. Debimos ir a la casa de su familia— esa voz femenina también llenó el interior del departamento del Uchiha, y seguro varios más.

—Ah, cierra la boca, ¿por qué no fuiste tú? Te digo que tiene que estar aquí, lo conozco. ¡Sasuke!

La pelirroja rodó los ojos —Suficiente, iré a donde su familia.

—¡Ah, como quieras! Después de todo, siempre haces lo que te viene en gana.

—Pues si ya lo…

Cuando la puerta se abrió, las palabras de la pelirroja quedaron en el aire.

—Sasuke— mencionó el peliblanco que se sorprendió al ver a su alto amigo luciendo un aspecto cansado, ausente… deshecho.

—¿Qué quieren?— ante la sequedad en su voz, y su mirada puesta en ellos, los otros se voltearon a ver.

Karin pasó saliva y respingó en un segundo —Oh, Sasuke, venimos a verte porque supimos lo que ocurrió con tu madre. ¿Cómo te sientes?— habló de prisa y se acercó hasta sujetarse del dolorido brazo del pelinegro.

Sasuke la vio hacia abajo por la diferencia de estaturas.

—¿Y cómo estás?— preguntó seriamente Suigetsu al verlo aletargado.

El Uchiha negó en silencio —No quiero hablar de eso— dijo y se soltó de Karin, jalando su brazo, y haciendo visible para ambos el daño en su mano.

Cuando el pelinegro se giró para entrar, dejando la puerta abierta, los dos que recién llegaron lo siguieron al interior.

Karin se puso nerviosa al no saber qué decirle, jugó con la correa del bolso que atravesaba su pecho, sobre la camisa sin mangas oscura que portaba.

—¿Y qué te pasó en la mano?— preguntó la chica.

Sasuke rodeó la barra y se adentró a la cocina. Sacó una jarra de agua fría y sirvió un vaso del cuál bebió. Karin no dejó de verlo, detallando, acostumbrada a ello, lo bien que le ajustaba su camiseta en torso y abdomen, mientras Suigetsu dio un vistazo rápido al lugar, apestaba a cigarro y alcohol, pero lo que le preocupó –ligeramente-, fue la mancha de sangre en la blanca pared de la sala.

—Y entonces…— habló el chico con medio tono de burla —, ¿la pared fue buena contrincante?

Karin frunció el ceño y volteó molesta a verlo —¿Qué demonios dices, idio-?— alzó la voz y se detuvo al notar lo mismo que el chico a su lado —. Joder— soltó y se apresuró a llegar al pelinegro —¿De verdad hiciste algo tan estúpido?— agregó y le tomó la mano. La notó hinchada y cortada, muy maltratada.

—Con un demonio, ¿a qué han venido?— soltó el molesto chico al, por segunda vez, zafarse del contacto de la pelirroja.

La de gafas se ofendió —¿Pues a qué demonios más? A verte, supimos lo que te pasó y queríamos saber cómo te encontrabas. ¡¿Qué demonios tienes?!— exigió saber molesta al verlo salir de la cocina, dejándola hablando sola.

—Lo que tenga o no, es algo que no les importa. Y si vinieron sólo a eso, ya pueden largarse— dijo y se paró frente a la puerta, tomando el pomo y abriéndola.

Karin estaba molesta, Suigetsu, acostumbrado a su mal genio, no le dio importancia pues seguro estaba pasándola realmente mal, para llegar al punto de aporrear la pared. Los ojos violáceos del chico notaron el temblor en la mano del Uchiha al abrir la puerta.

—¿Y ya viste a un médico?— preguntó el de afilados dientes al señalarle con el rostro su puño.

Sasuke resopló fastidiado —No— respondió secamente y se recargó en la pared, sin moverse, esperando que lo dejaran solo.

La chica de gafas tuvo que tragarse su molestia, viéndolo tan mal. Sasuke estaba desalineado con ese pantalón arrugado, al seguro haber dormido con él, su cabello revuelto y su mano teñida de sangre al igual que partes de su camiseta. Seguro la muerte de su madre lo tenía así, pues hasta donde lo conocía, sabía que su lazo más fuerte con su familia, era sostenido por su madre aunque casi no la viese.

—Vayamos a un médico.

—Olvídalo.

La pelirroja se acercó a él y le tomó la mano que pendía a un costado de su cuerpo.

—Tienes al menos un par de huesos rotos, ¿qué demonios piensas? O vamos a un médico o lo traigo aquí— sentenció la chica dejándole caer la mano, haciéndole doler.

Suigetsu sonrió —Pero no tienes un maldito quinto en el bolsillo, ¿cómo lo traerás?

—Cierra la boca— regañó la chica que le lanzó una mirada asesina.

Sasuke resopló frustrado escuchando a esos dos comenzar a pelear. Bajó su mirada a su mano que volvía a latir de forma casi insoportable luego de ser tocada por Karin.

—Bah, puedes no ir al médico, ¿eh? Como sea, una mano derecha no es algo que todos ocupen— soltó el peliblanco encogiéndose de hombros al llevarse sus manos tras la nuca.

Karin puso los ojos en blanco y Suigetsu sonrió exhibiendo todos sus dientes, cuando Sasuke salió del departamento.

—¿Sasuke? ¿Y ahora a dónde vas? Joder— preguntó la joven al seguirlo.

—Al médico, ¿a dónde más?— respondió secamente el chico.

La pelirroja sonrió fascinada antes de ordenarle a Suigetsu que se encargara de cerrar bien. El otro sólo suspiró e hizo lo que se le pidió, antes de casi correr a alcanzarlos cuando subían al elevador, pues aunque Sasuke se negara, él conduciría, todavía era joven y bastante hermoso como para dejar que una mano rota acabara con su vida, al no poder manipular una palanca de velocidades.

• • •

La sala de espera en ese sector de traumatología, estaba prácticamente vacía. El piso lucía pulcro y éste era el que acaparaba la atención de los ojos negros del Uchiha, que se encontraba de pie y recargado en la pared beige de ese lugar.

A su lado, sentado en uno de los sofás ahí dispuestos, Suigetsu veía a Karin golpear su pie una y otra vez en el suelo, impaciente, al no ser atendida por alguna enfermera que les diera información.

—¿Y entonces?— habló el de pelo blanco, volteando a ver a su amigo de medio lado — Debo imaginar que no es la muerte de tu madre lo que te tiene así, ¿cierto?— dijo y vio a Sasuke asentir en silencio.

El Uchiha movió sus dedos índice y medio, ansioso de tener un cigarrillo en ellos, y resintió el dolor en su mano.

—Debí imaginarlo— volvió a hablar el chico que siguió sentado. Su voz conservó la seriedad al entender que Sasuke, aunque quisiese mucho a su madre, también debía comprender que al menos muerta, había dejado de padecer —. Es Hinata, ¿verdad?

Sasuke tragó pesadamente ante la mención de ese nombre.

—¿Ahora qué pasó?

Las miradas de ambos chicos se dirigieron a Karin, que alzó la voz agradeciendo que al fin una enfermera llegaba a atenderla.

—Terminamos— soltó secamente el Uchiha, haciendo abrir con sorpresa los ojos al peliblanco a su lado.

—… ¿Terminaron?— cuestionó casi en un susurro.

Sasuke volvió a asentir y se puso de pie para terminar sentado a su lado, y recargarse completamente en el respaldo del cómodo sofá.

—Joder— soltó el chico al ver que su amigo había tensado la mandíbula y cerrado los ojos—. Creí que estabas demasiado enculado de esa chica como para hacer tal cosa— añadió tolerando la mirada cargada de molestia que el Uchiha le dedicó—. ¿Cómo fue que ocurrió?

Esta vez el moreno sólo negó muy lentamente, sin pretender hablar más.

Suigetsu resopló cansadamente y luego llevó sus ojos a Karin, que llegaba seguida de una enfermera.

—Es él— dijo la pelirroja señalando al Uchiha que seguía sentado y les desviaba la mirada.

—¿Uchiha Sasuke?— preguntó la enfermera que, del otro lado de la pequeña mesita de centro en esa sala, revisaba tener los datos correctos en la tablilla-porta notas.

—Sí— terminó por decir el chico que se puso de pie.

—¿Puedo acompañarlos?— pidió Karin al verlos alejarse.

—No será necesario— las palabras de la enfermera detuvieron a la chica —. Lo llevaré a rayos X y salvo el paciente y personal, ahí no puede entrar nadie más. Una vez afuera, lo demás no será tardado— finalizó con una sonrisa que la chica, molesta, no pudo corresponder —. Sígame— ordenó ahora al apático pelinegro.

—Maldición— soltó la de gafas al dejarse caer en el sofá.

—No me digas que querías sostenerle la mano mientras le enyesaban la otra— soltó el burlón peliblanco al llevarse las manos a la nuca, y recargarse completamente en el sofá.

—¡Cierra la boca, imbécil!— regañó la pelirroja y le golpeó desinteresadamente las costillas.

Suigetsu vio de reojo a Karin que sacó su móvil, y mientras lo revisaba, le preguntaba, qué creía que tenía a Sasuke tan mal. La chica comenzó a divagar –sin soltar su móvil- sobre las teorías que tenía para que él mismo se hubiese lastimado de esa forma. Suigetsu dejó de verla y cerró los ojos, mientras se preguntaba qué tanta importancia había adquirido esa chica Hyuuga en la vida de su amigo, para tenerlo como lo tenía.

Eso había ido mucho más lejos que un simple gusto, capricho o la obsesión que un día creyó que tenía. Al principio, había pensado que a Sasuke de verdad le gustaba cogérsela, que no había llenado de ella, pero luego había visto mejor… el idiota de Sasuke la buscaba demasiado, la pensaba, e incluso le confesó a él mismo que la quería, y esa era la más pendeja idea que había nacido de él, ¿entonces? ¿Por qué terminar? ¿Qué demonios habría pasado?

—¡Oye! ¿Me estás ignorando?— se quejó Karin al darle con el codo.

—No, ¿qué quieres?— respondió el chico al sobarse las costillas.

La de gafas resopló molesta. Sí, Suigetsu la estuvo ignorando todo ese tiempo. Imbécil —Entonces, saliendo de aquí acompañaremos a Sasuke al panteón, ¿no?

El peliblanco la volteó a ver —Sí, con suerte alcancemos a pasar a comer algo porque ya muero de hambre— dijo y recibió un nuevo golpe de la chica que le advirtió no decir semejante estupidez enfrente del Uchiha.

O.O.O.O.O

Después de las dos de la tarde, Hinata estacionó su coche en una de las tantas veredas, con las que contaba el enorme cementerio privado. Bajó vistiendo un sencillo vestido negro, dejando en el auto tanto cartera como celular.

Suspiró dándose ánimo y fijó su atención hacia el lugar, el cual notó al llegar, sería donde la ceremonia de sepultura era llevada a cabo.

Atravesó el camposanto entre las diversas placas de tumbas en el verde y cuidado césped, siendo cubierta por la sombra de altos árboles de roble. A lo lejos se observaba un ordenado y numeroso grupo de personas, todas vistiendo de negro y atentas a las palabras del que debería ser un sacerdote. Mientras avanzaba, Hinata tragó pesadamente, sintiéndose una extraña e indeseable asistente.

Cuando la sombra de los árboles dejaron de cubrirla, ella detuvo sus pasos a varios metros de la última fila de las personas que se encontraban, de pie, atentas al féretro. Desde ahí, Hinata apreció a Itachi y Fugaku, también a Izumi, sentada y usando gafas negras; bajó la mirada cuando Itachi volteó a verla y le sonrió. Luego, casi inconscientemente, su mirada buscó al otro pelinegro, localizándolo lejos de su familia, en el extremo opuesto a ella, fue fácil de reconocer puesto que Naruto se encontraba a su lado y esa alborotada cabellera rubia había sido fácil de ubicar.

La Hyuuga se abrazó a sí misma cuando sintió que el estómago se le apretó, al también ver una cabellera rosa pegada de aquél ojinegro.

—Hinata-sama— la voz sobria y varonil de Neji la hizo girar despacio su rostro a verlo, logrando ocultar la sorpresa que le provocó—. No sabía que vendría.

Ella regresó su atención al frente, lugar donde una rubia y con nariz enrojecida por el llanto, seguramente alguna amiga de Mikoto, brindaba un discurso.

—Lo decidí recién, lo creí apropiado— respondió en voz baja para no ser notados.

El chico asintió.

—¿Vino papá?

—Se vio en la necesidad— respondió secamente el chico que también fijó su atención al lugar donde, la mujer que daba el discurso, dejaba de hacerlo al haber finalizado.

El castaño notó a Hinata empequeñecida, como inquieta, y abrazándose a sí misma. Suspiró y le rodeó los hombros con un abrazo.

—Si esto le genera malestar, no tendría por qué estar aquí.

Ella alzó su vista a él y tras la siempre frialdad de sus ojos, le notó preocupación. Le sonrió y negó despacio.

—Estoy bien, quería venir— aseguró.

Lejos de ellos, un chico de chongo resopló cansino.

—¿Qué tienes?— preguntó Ino al verlo y escucharlo, estando tomada de su mano.

—Mira eso— dijo y señaló con su rostro a Hinata, la misma que estaba siendo abrazada por un tipo que, a juzgar por sus ojos, era su familiar.

La rubia prestó atención, sonrió enternecida y con un poco de pena. «Así que, sí decidiste venir»

—Y para variar, aquél otro— añadió cuidando su volumen de voz, haciendo ahora voltear a la chica a su izquierda, lugar donde Sasuke se encontraba con Sakura pegada a su brazo —. Me molesta tanta hipocresía.

La chica le dio un tirón de la mano, llamando su atención y viéndolo molesta.

—Cierra la boca, Shikamaru. Ellos ya ni siquiera están juntos— informó indignada por su tono, pero cuidando de sólo ser escuchada por él.

El Nara se le quedó viendo —Es mejor así, porque de lo contrario seguirían jugando con terceras personas— dijo y dirigió su atención a Sakura, que si bien no era su mejor amiga, tenía años de conocerla y, sobre todo, estaba también Naruto. Negó en silencio, sabiendo que lo mejor era no involucrarse, pero tampoco le parecía justo para Hinata, pues las mentiras caían tarde o temprano por su propio peso, y aquella definitivamente iba a fracturar al grupo de amigos y ella, iba a salir muy lastimada con todo eso. Sasuke era un desgraciado, ¿cómo demonios puso sus ojos en ella?, pensó al llevar su mirada al Uchiha, el mismo que a su vez, se encontraba observando a Hinata.

Los ojos negros y, anteriormente desinteresados del pelinegro, vagaron por los presentes, sintiendo que en su gran mayoría estaban ahí para aparentar un dolor que no sentían, hecho que lo tenía hastiado; su mirada, buscando escapar, terminó cayendo en cierta peliazul que se encontraba lejos del cortejo.

Su mirada se endureció al verla pegada al imbécil de Neji, siendo abrazada por éste. Tensó su mandíbula y dejó de verlos. Debía acostumbrarse a ese tipo de cosas, Hinata irremediablemente iba a terminar con alguien más, dentro de un tiempo, mucho o poco, ella encontraría a alguien a quién querer, se iba a enamorar y él tendría que verla, superarlo. La sangre le ardió de sólo imaginarlo, sus manos hicieron el intento de apretarse en puños, pero sólo una lo logró; la otra ya tenía una férula.

Hinata siguió con Neji, sin notar cómo la mirada de Sasuke la dejaba de ver, y él, por su parte, se habría marchado de ahí, de no ser porque sería llamar demasiado la atención y hacerle caso a sus impulsos, los mismos que intentaría dominar.

En menos de veinte minutos, la ceremonia había concluido y, poco a poco, los asistentes se retiraban. Hinata fue guiada por Neji a reunirse con su padre y varios miembros –lejanos- de su familia.

—¡Hinata!— la voz de Ino hizo al par de primos detenerse.

—No se demore— recomendó el castaño al asentirle y darle su espacio. Hinata agradeció con una sonrisa.

—Creí que no vendrías, ¿Te sientes mejor?— preguntó la rubia al ver a la familia de su amiga, esa gente con siempre semblante serio y distante, lo suficiente, como para enfermar a cualquiera.

Hinata asintió —Sí, estoy mejor— dijo y, sin querer, su vista fue jalada al menor de los Uchiha, el mismo que después de cruzar un par de palabras con Itachi, ahora se alejaba. La Hyuuga vio con cierta alegría cómo Naruto y Sakura lo seguían… al menos no estaría solo, pensó, pero su sonrisa no alcanzó a ser del todo sincera—. Ino, ahora debo irme— agregó volviendo su atención a ella, pues con su padre cerca, tendría que saludarlo y tal vez hasta comer con él.

—Pero…

—Hablamos después, ¿quieres?— dijo y volteó a ver a Neji que la esperaba a varios metros de distancia —. Ahora me están esperando.

Ino afirmó —Está bien. Hablamos luego— dijo y alzó su mano a modo de despedida y tras una sonrisa que le dedicó la Hyuuga, la vio dar un paso atrás para después dirigirse con su apuesto primo.

Ino suspiró y tras sentir falsedad en las palabras de Hinata, cuando le aseguró que estaba mejor, terminó por negar en silencio.

—¿Estás bien?— preguntó el Nara al llegar a su lado luego de notarla sola, y le pasó su brazo tras su nuca, en un confortable abrazo.

La Yamanaka se mordió el labio —No sé por qué siento pena por ella.

El chico resopló y desvió su vista, para luego volver a ver a su novia —Hazte un favor, Ino, mantente alejada de todo ese asunto. Prométemelo.

La mirada verde de la chica cayó en él —No puedo hacer tal cosa.

—Ino.

Ella resopló cansadamente —Está bien… lo intentaré— prometió sujetando la mano de su novio, y dando un par de tirones de forma juguetona. Luego de que ellos también tomaran dirección a la salida, la mirada de la rubia viajó a Hinata que se alejaba charlando con su primo. Sí, había prometido tal cosa, pero la verdad era que Hinata le daba mucha pena, tal vez porque verla pasar por ese fracaso amoroso, le recordó a sí misma cuando terminó con el Nara meses atrás… ni modo, si la situación lo ameritaba, ella rompería su promesa. Hablaría con ambos, pero antes se informaría bien de lo que realmente estaba ocurriendo. Hinata estaba triste, el idiota de Sasuke, más ausente de lo normal.

Que la perdonaran todos.

• • •

Luego de que la peliazul se reuniera con su familia, Hiashi invitó a comer a ambos, ordenando que alguien llevase el coche de su hija al departamento, ya que posteriormente Neji la llevaría. Hinata no tuvo ni tiempo ni ánimo de recoger al menos su bolso, y terminó siguiéndolos.

La comida fue tan amena cómo fue posible con su padre y Neji discutiendo un proyecto que tenían en puerta. Esta vez Hinata agradeció que no se tocara el tema de sus calificaciones, en cambio, Hiashi optó por informarles a ambos primos que pronto volvería a salir de la ciudad y Neji volvería a quedar al frente de cualquiera de sus asuntos, lo que relajaba un poco a la joven.

Poco antes de las cuatro, uno de los hombres de confianza del patriarca Hyuuga, se acercó, entregándole el móvil al tener una llamada. Hiashi se disculpó, se alejó un par de pasos en el elegante restaurant y en menos de dos minutos se estaba despidiendo, dejando a ambos jóvenes solos.

—Tómate la tarde libre, Neji. Hoy estaré hasta tarde en la oficina.

—Como diga— Hinata sonrió ante el asentimiento de su primo.

Luego de que el mayor abandonara el lugar, el ambiente se relajó para la peliazul.

—Te has vuelto indispensable, niisan— reconoció con orgullo la chica.

El castaño negó en silencio con media sonrisa, de esas, que sólo a ella solía mostrarle.

—Sólo hago lo que me corresponde.

—Seguro mi tío estaría orgulloso de ti, como yo lo estoy ahora— aseguró y lo vio con una sonrisa sincera.

Neji le sostuvo la mirada y luego de bajarla, negó en silencio. Incómodo.

—¿Desea postre?

Ella suspiró —No. ¿Por qué mejor no vamos a tu departamento, vemos películas y comemos mucho?

Él frunció el ceño. Hinata estaba deprimida.

—¿Ocurre algo?

Ella se sorprendió ligeramente y luego sonrió al llevar sus ojos al florero de cristal sobre la mesa. Neji, ¿por qué no supuso que se daría cuenta? Sí, sí ocurría algo, se le había destrozado el corazón desde la noche anterior, no entendía por qué, y tampoco podía decirlo. Se le formó un nudo en la garganta y casi se le humedecen los ojos.

—Nada, ¿qué habría de ocurrir?— mintió.

O.O.O.O.O

Ya por la noche, y luego de que Sasuke se deshiciera de la presencia del Uzumaki y Sakura, se reunió con Suigetsu en un viejo bar que solían frecuentar.

—Creí que no vendrías— soltó Suigetsu cuando lo vio llegar y sentarse pesadamente en la silla, frente a esa pequeña mesa cuadrada y de madera, sobre la cual ya se encontraban un par de embaces de cerveza vacíos.

—Igual yo— confesó cansadamente el pelinegro, al momento de recargarse completamente en la silla. Alzó la mano y pidió una cerveza.

El lugar era concurrido sin llegar a ser lleno, cosa extraña, pues ya era fin de semana. La mirada del peliblanco no dejó de ver al Uchiha, se veía cansado, dudaba que hubiese dormido bien.

—¿Y me dirás lo que te pasa? ¿Te ves así por esa chica?— preguntó para dar un sorbo a su cerveza, sin dejar de ver a ese amigo que horas atrás los había despedido, sin permitirles siquiera acompañarlo al sepulcro de su madre, a pesar de que ellos lo llevaron al médico.

—Eso no te incumbe— soltó al tiempo de tener enfrente un par de bebidas totalmente heladas. Sasuke las vio sudar y golpeó una con su dedo índice, sin prestarle demasiada atención a nadie ahí. No habían pasado ni veinticuatro horas desde que dejó a Hinata llorando en aquél pasillo, y él ya sentía una opresión caliente en pecho y garganta, que le dificultaba incluso tragar, por la ansiedad que dejarla le provocó.

Suigetsu resopló con cansancio y echó su cabeza hacia atrás. Al parecer, le tocaría embriagarse con él y esperar a que después le contase algo.

—¿Tienes algo?— habló de pronto el moreno que volteó de medio lado a verlo.

—Sólo una dosis— dijo comprendiendo lo que le pedía —. ¿No se supone que te estás medicando?— le preguntó.

—Como si eso importara— dijo y extendió su mano.

Suigetsu extrajo del bolsillo interior de su chaqueta, una pequeña dosis sellada en un envoltorio plástico y se la arrojó a la mano a su amigo que no tardó en dirigirse a los sanitarios.

—Vaya que esa chica te está jodiendo, Sasuke— soltó a nadie cuando lo vio perderse tras la puerta de madera de los sanitarios masculinos.

Se preguntó, hasta dónde pensaba caer, pues le había extrañado mucho que el Uchiha le pidiera aquello, pues si bien era consumidor con cierta frecuencia, también era verdad que últimamente se había mantenido alejado de esas mierdas, al seguramente, encontrar el mismo placer entre los muslos de esa Hyuuga, sustituyendo así parte de su dependencia a las drogas.

O.O.O.O.O

El fin de semana pasó con una calma que a Hinata no le gustó. Sin darse cuenta, se había acostumbrado tanto a la presencia del Uchiha en su vida, a que llegara y le exigiera tiempo, que ahora sin él, se sentía extraña con tiempo libre. Había finalizado con sus tareas, incluso se puso al corriente con los apuntes que perdió tras haber faltado un día a clases, había aseado su departamento y salido la tarde del domingo ella sola a recorrer algún centro comercial.

Estaba evitando pensar, necesitando convencerse que separarse de Sasuke ya había pasado una vez, así era, dolía, le provocaba una ligera ansiedad, pero eso era llevadero; él también estaba consciente después de todo, Sasuke sabía que nada bueno podía salir de todo eso, él había sido amable al alejarse y librarla de problemas futuros. Tal vez, tal vez ni siquiera sentía eso que creía sentir por él, tal vez sólo era empatía, una muy grande, aprecio, nada más.

Estaba bien. Había aprendido a conocerlo y a ver más allá de él. Todavía le dolía el pasado, pero a él también, y eso la tranquilizaba mucho, porque Sasuke no era un demonio y por eso le había tomado cariño… y ese cariño no fue errado. Se sinceró consigo misma.

Los días en la universidad corrieron con un poco más de prisa. Hinata se sumergía tanto como podía en sus clases, evitaba el comedor y a sus amigos por no tener que fingir más, se perdía en la biblioteca o simplemente no salía del aula. Evitar a Ino había sido lo más difícil, pues la rubia era insistente, pero necesitaba terminar de entenderse ella misma antes de poder ser coherente con Ino, para su fortuna, la Yamanaka estaba siendo demasiado exigida en sus clases, y también era bastante popular, lo que ayudaba un poco a que no la pudiese buscar y, poco a poco, su interés se fuese calmando.

Con el paso de los días, Hinata parecía inquietarse cada vez más. Pues, sin quererlo, divagaba pensando en el Uchiha. Sasuke había dicho que la quería, si eso era cierto, que la dejara pensando en no lastimarla había sido un acto noble y eso dolía más. Y creer que a él también podía dolerle, era algo que le cerraba la garganta en algo parecido a angustia, al llegar a este punto, ella buscaba alejarse de sus pensamientos y distraerse de cualquier otra forma.

Ese chico era problemas, grandes y serios problemas, reconoció con una sonrisa, y aunque le dolía mantenerse alejada luego de haber sentido intimidad y complicidad a su lado, él había dado el paso que ella no se hubiese atrevido a dar. Estaba bien. Ambos debían superarlo y dejarlo atrás; eso era lo indicado, lo correcto… aunque doliera.

Porque no dolería para siempre.

Sasuke era contraste. Su dolor más grande, pero también, una persona que le había provocado más sensaciones y sentimientos, de los que nunca creyó poder imaginar.

Hinata se había acostumbrado a sentir un nudo en la garganta cada que se mencionaba su nombre, cada que pensaba en él, o siquiera, cada que volteaba al edificio de enfrente. Estaba siendo muy difícil.

O.O.O.O.O

Sasuke por su parte, apenas salía de su departamento. Tenía una tesis incompleta, trabajos pendientes que le encargó Itachi, nulas ganas de continuar nada y dos dedos rotos que complicaban las cosas.

Varios golpes en la puerta lo hicieron fruncir el ceño y gruñir, al apenas estar despertando al caer la tarde. Se llevó el brazo derecho a la frente y se negó a abrir los ojos, a pesar de resentir lo incómodo que era dormir en su sofá. Las pulsaciones en su muñeca lo estaban matando y sentía el cuerpo pesado, tanto, como para ni siquiera atender a la puerta o buscar sus pastillas.

—¡Sasuke!— la voz de Itachi lo fastidió más de lo que ya lo estaba.

Pensó que si se mantenía en silencio se iría. Escuchó a su hermano hablar con alguien y no le dio importancia, al agradecer que dejara de tocar. Cuando Itachi abrió la puerta ayudado por el encargado del edificio, el menor de los Uchiha maldijo su suerte.

—Así que sí estabas— saludó el mayor al apoyarse en la puerta, luego de cerrarla y agradecer al encargado.

—¿Qué demonios quieres?— la voz se le escapó ronca y vio con fastidio cómo Itachi encendió la luz, y luego caminó al balcón para correr la cortina y abrir completamente la puerta corrediza. Se preparó para un sermón.

—¿Qué demonios quiero? ¿Qué te imaginas? He estado contando contigo— reprochó al verlo tirado en su sofá, desalineado y seguro sin ducharse. Ya ni siquiera le preguntó por qué no entraban sus llamadas, pues vio arrancado el cable del teléfono y el móvil sin batería sobre la mesa ratona en medio de esa sala —. ¿Y qué demonios es ese olor? ¿Has estado fumando aquí?

El menor resopló con cansancio al tiempo que se sentaba y apoyaba sus codos en las rodillas, viendo al suelo.

—Si vienes por el trabajo que me encargaste, no lo tengo— dijo como si nada —. Además— añadió mostrándole su mano inmovilizada —, me temo que no podré hacer nada más en un buen tiempo.

Itachi sonrió con cansancio —Eres ambidiestro, esa pequeñez no te detendría. ¿Qué has estado haciendo?— preguntó viendo cómo Sasuke se ponía de pie con poco ánimo y se dirigía a la cocina.

—No mucho por lo que puedes ver— respondió el menor.

El de marcadas ojeras negó despacio. Había pasado una semana desde la muerte de su mamá, y aunque había sido difícil pasar por eso, era consciente que su madre no estaba más en agonía, y, aunque costara, la vida seguía y al parecer ni su padre ni su hermano lo estaban llevando bien. Comenzó a recoger unas botellas de cerveza, despejando un poco la mesa de centro, y lo siguió a la cocina para arrojarlas a la basura.

—No puedes estar así— dijo viéndolo sacar un par de pastillas y llevárselas a la boca, para luego tomar de un vaso de agua —. ¿Qué es eso?

—Analgésicos— respondió al volver a mostrarle su mano.

—Entonces no deberías beber. ¿Vas despertando? ¿A qué hora dormiste?

El menor se recargó en la barra y resopló cansadamente —Bebo lo que me venga en gana. Sí, voy despertando, y no sé, tal vez a las once de la mañana— respondió uno a uno sus cuestionamientos.

—Eres un inconsciente— regañó viendo al gato llegar a la cocina, y al menos se alegró que el felino tuviese comida servida —. Necesito ese trabajo— dijo saliendo para tomar dirección a la sala —. ¿Dónde lo tienes?

—Que no está terminado, Itachi, ¿no oíste?— alegó siguiéndolo.

—Por supuesto que escuché, el que no parece hacerlo eres tú. Lo necesito— aclaró levantando de la mesita, de entre restos de colillas de cigarros y envases de cerveza, la portátil de su hermano.

Sasuke se la arrebató de las manos.

—Te enviaré a tu correo el avance.

—Vaya, al menos avanzaste— fue irónico al meter las manos a los bolsillos de su pantalón y caminar en alrededor de la sala. Sus ojos negros notaron un pequeño y conocido envoltorio, apenas abajo del sofá. Se inclinó y lo tomó mientras Sasuke estaba enfocado y fastidiado, enviándole el archivo que estaba necesitando. Lo sujetó entre sus dedos y sonrió con cierta ironía mientras negaba en silencio.

Era increíble.

Entonces frunció el ceño al seguir viendo el pequeño desastre… Sasuke era sumamente ordenado, ¿qué demonios le pasaba? Se giró para preguntarle y al hacerlo se encontró con una mancha amarronada en la pared. Sangre. Así que Sasuke así se había lastimado la mano, no había sido en ninguna pelea como había dicho. Se molestó por su ingenuidad, una pelea que te rompe unos dedos, no te deja sin moretones en el rostro y con los dientes completos.

—¿Y qué tal las cosas con Hinata?— soltó de pronto, paralizando a su hermano. Soltando lo único que se le vino a la cabeza como respuesta a su patético estado.

El menor tragó pesadamente.

—¿Por qué preguntas por ella?— devolvió a cambio al voltear a verlo de medio lado.

Itachi se encogió de hombros —Simple curiosidad. La vi en el panteón con su familia. ¿Cómo está?

Sasuke regresó su atención al computador, dio Enter y cerró el portátil.

—Ya tienes tu archivo— informó con voz seca apenas volteándolo a ver.

El mayor sonrió y se apretó el puente de la nariz.

—Supongo que las cosas no están bien entre ustedes— soltó al acercarse a él —. Te creí más inteligente, tonto hermano menor— añadió y dio una firme palmada en su pecho. Sasuke frunció el ceño y llevó una mano y su mirar, al objeto que cayó de la palma de su hermano cuando lo soltó —. No me sorprende que lo estés arruinando— finalizó al momento de dirigirse a la puerta.

Cuando Itachi salió, Sasuke tensó su mandíbula al apretar entre su puño uno de los envoltorios de la dosis de cocaína que la noche anterior había consumido.

¿Qué lo estaba arruinando?, pensó molesto, ¿cómo demonios se atrevía ese imbécil a decirle tal pendejada? Su sangre ardió en rabia y se obligó a contenerse… Eso era justo lo que intentaba no hacer, arruinarlo, arruinarla. Que se pudriera Itachi. Si por intentar no arruinarlo se lo estaba llevando el diablo.

—Maldita sea— escupió molesto al girarse y arrojar el pequeño plástico al suelo.

Avanzó a pasos pesados a su habitación. Se daría una ducha, se cambiaría y embriagaría en algún bar.

«Joder» pensó fastidiado, volviendo a su vieja rutina de vivir de noche y dormir de día.

Y mientras Sasuke se duchaba, Itachi se encerraba en su coche. Metió la llave al switch de encendido pero no lo hizo girar; cerró los ojos y tras golpear el volante, se recargó en el asiento completamente. Era demasiada presión. Tragó pesadamente al darse cuenta que no podía con todo, su padre asistía poco o nada a la constructora y él se estaba haciendo cargo, de esa, y también de la pequeña que él había iniciado años atrás; ahora no sólo no le alcanzaba el tiempo, sino que tenía que lidiar con Sasuke y todos sus problemas.

Se sintió frustrado. Comprobar lo que ya sospechaba había sido decepcionante por más que ya se lo esperase… hacía tiempo se esforzaba por controlarlo o encarrilarlo de regreso a un sano rumbo, por la presión que le representaba que su madre lo viese mal, pero ahora, sinceramente ya no sabía si tenía que seguir haciéndolo. Adoraba a Sasuke, siempre lo cuidó y veló por él, pero su hermano parecía no querer dejarse ayudar; aunque él a veces lo viese así, Sasuke ya no era un niño y seguro estaba que había pensado bien al involucrarse en drogas.

—Lo siento tanto, Sasuke— soltó en voz baja al momento de encender el coche.

Hablaría con él después, cuando estuviese en sus cinco sentidos. Si él lo escuchaba estaría perfecto, pero si Sasuke, desgraciadamente, era un adicto, no escucharía palabra alguna y eso lo tenía claro; en este caso, sólo le quedaba tocar fondo y lo sentía por él.

O.O.O.O.O

Con otro día transcurriendo Hinata puso su empeño en sólo sentir la brisa fresca que esa primavera traía con ella, mientras avanzaba seguida por Ino directo a la biblioteca del campus.

La Yamanaka enviaba un texto explicándole a Sakura por qué razón había faltado a su primera clase del segundo bloque.

—De verdad no tendrías por qué faltar— mencionó Hinata al dejar atrás el sombreado camino de adoquín, y comenzar a subir los largos escalones para ingresar a la biblioteca.

—Ni me digas, justo ahora que te encontré no pienso irme, desde hace días tenemos una charla pendiente— alegó la otra al por fin enviar el texto y devolver el móvil al bolsillo trasero de su falda de mezclilla.

Hinata suspiró y siguió apretando los libros que cargaba, sobre su delgado y bonito vestido morado.

—Ya no hay mucho qué decir.

—Mentirosa— acusó la rubia.

—De verdad.

Ino entrecerró los ojos —Comienza a ofenderme que me creas estúpida.

—Ino, no…

—¿Crees que no me di cuenta la cara que pusiste hace rato, cuando Sakura mencionó que la tal Karin se la pasa metida en el departamento con Sasuke?— le recordó lo ocurrido minutos atrás en la cafetería, cuando la pelirrosa confesó que había buscado al Uchiha, pues éste no se había vuelto a aparecer por la universidad —. Fue bastante obvio que eso te tomó desprevenida y te decepcionó. Me sorprende que nadie lo notara.

Hinata se mordió el interior de su mejilla al momento de llegar al mostrador, donde una anciana, encargada de la biblioteca, le recibió los libros que llevaba cargando.

—Bueno… tal vez sí resentí un poco eso. Pero estaré bien— mencionó en voz baja mientras registraban en el computador que fuesen todos los libros.

Ino bufó mientras Hinata agradecía a la encargada, al no haber problema con su entrega; luego ambas se adentraron al lugar.

Se hicieron varios segundos en silencio mientras recorrían las enormes mesas de estudio, parcialmente ocupadas. Una incomodidad parecía querer surgir entre ambas, al seguir avanzando directo a los pasillos de libros de contabilidad.

La Hyuuga repasó con su dedo índice los títulos de algunos libros de pasta dura y siguió avanzando al no localizar el que necesitaba.

—¿Qué fue lo que ocurrió?— habló Ino deteniéndose. Su tono fue firme, lo suficiente como para estar por encima de lo permitido en ese lugar.

Hinata también se detuvo pero evitó verla, al seguir pendiente de los libros en ese enorme estante de fino roble.

—Las cosas simplemente no se dieron bien— respondió, su voz también fue segura y quizás audible a varios metros, pero careció de emoción.

A Ino le quedó un sabor amargo en la garganta.

—¿Eso qué significa? ¿Terminaron por mutuo acuerdo? ¿Después de que relacionarse podría lastimar a más de uno de nuestros amigos?— siguió preguntando al acercarse a ella y tomarla del brazo, para hacerla girar. La vio escéptica —. No creo eso.

Hinata tragó pesadamente.

—Ya te había dicho que no había mucho qué decir— se cerró.

Ino suspiró cansadamente —Creí que me tenías confianza— dijo dolida —. Yo misma he tenido problemas por solaparlos, al menos esperaba sinceridad de tu parte— añadió recordando la discusión que tuvo con su novio por encubrirlos.

La Hyuuga, luego de bajar su mirada, terminó por volverla a ver. Sonrió sintiéndose culpable, al creer haber sido grosera.

—Lo siento, Ino. Esto no es fácil.

La otra bajó la mirada y siguió los pequeños pasos que volvió a dar la peliazul, retomando su búsqueda.

—¿Lo amas?

Hinata sonrió desanimada —No creo que haya llegado a tanto.

—¿Te dolió dejarlo?

Esa pregunta le apretó el pecho a la Hyuuga que en ese momento encontraba el libro del autor que buscaba. Sonrió para evitar que sus labios delataran su tristeza.

—Sasuke siempre duele— soltó sin querer.

—¿Qué?

Hinata dejó escapar el aliento —No me hagas caso— dijo y sonrió, para pretender pasarla de largo, y pedir prestado ese nuevo libro.

—¿Es cruel contigo? ¿Por eso terminaron?— preguntó volviéndola hacer detener sus pasos —. Es cierto que tiene un carácter muy difícil, tal vez por eso…

—No— interrumpió la peliazul —. No es eso. Sasuke no es cruel— dijo ahora bajando la voz y la mirada.

Ino sonrió tranquila, tal vez sólo había sido un pleito sin importancia que se les salió de las manos.

—Él es… amable. A… a veces tierno— añadió para sorpresa de ambas, y su mente viajó a las veces en las que la socorrió e, incluso, a un par de encuentros sexuales, luego de que se les hizo costumbre compartir cama. Sus mejillas mostraron un sonrojo automático y exhibió una sonrisa nostálgica.

Ino se vio reflejada en ella.

—Creo que no debiste dejarlo.

Hinata alzó sus ojos a ella y volvió a la realidad.

—Era lo indicado, él tuvo razón y yo estoy de acuerdo— respondió y luego de suspirar despacio, se giró para intentar volver a irse.

La otra frunció el ceño —¿Él… te dejó?— preguntó, ¿qué demonios era ese actuar de Sasuke? La última vez que habló con él, se veía muy seguro de no querer dejarla —¿Por qué?

La peliazul pensó qué decir y terminó suspirando.

—Esto nunca estuvo bien, ¿entiendes?— dijo volviendo sus pasos a su amiga —. Independientemente de que lastimemos a terceros, nosotros no podemos enamorarnos— dijo y sus ojos se fijaron, preocupados, en los verdes de ella —. ¿Comprendes?

—No. ¿Por qué? ¿Por su familia?

Hinata desvió el rostro derrotada, no podía entrar en detalles.

—También.

—¿También? ¿Hinata qué estás ocultando? ¿Te estás enamorando de él y te da miedo?

La otra se paralizó cuando quiso apartarse. No respondió.

Ino siguió inquieta, sin entender. Pero si la razón era que Hinata temía enamorarse, ¿por qué Sasuke fue el que terminó? No, ella ocultaba algo más.

—Él no quiere algo serio contigo— agregó creyendo adivinar —. Es un maldito, te mete en líos y luego…

—Ino, que no es así— volvió a interrumpir la creciente furia de su amiga.

—¿Entonces?

Los ojos violáceos se cerraron derrotados —Yo no quiero quererlo, ¿entiendes?— creyó mentir, pero parecía estarse también sincerando. Ino negó y la vio con pena y decepción —. Es un todo, Ino— explicó —. Sasuke duele, es problemas, problemas con todo mundo. No quiero eso. Él seguramente tampoco.

Luego de unos segundos en los que Ino sólo vio a una chica temerosa de arriesgarse, volvió a hablar—: ¿Lo quieres?

—¿Por qué insistes tanto en eso?

—Porque es lo único importante.

—No— respondió con la misma calma que la otra —. No lo quiero y tampoco quiero quererlo.

—¿Porqué duele?— repitió como pregunta lo que ella aseguraba.

—Sí, y porque es lo correcto— reafirmó.

La rubia negó en silencio —Ni siquiera estás convencida.

—Pero lo estaré— aceptó y aseguró —. Ahora por favor — suplicó —, vayámonos.

Ino resopló casi con un dolor de cabeza —Vaya que eres necia, Hinata— dijo y al pasar a su lado, le indicó que caminaran —. Como sea, no creo que esta sea la última vez que hablamos de esto.

Hinata sonrió y le dolió la forma como Ino se esforzaba por hacerla recapacitar, porque tal vez, y sólo tal vez, una parte de ella quería hacerle caso. Pero no podía, aquello que los había separado iba más allá de falta de cariño.

Una vez que se autorizó el préstamo del libro que necesitaba la Hyuuga, ambas chicas salieron de la enorme biblioteca. Apenas habían recorrido unos metros del sombreado camino de adoquín, cuando el móvil de la chica sonó.

—¿Mmm?— Hinata volteó atrás, a uno de los bolsillos de su mochila, extrañada. Se detuvo y extrajo su móvil.

—¿Quién es?

—Es mi padre— respondió más extrañada —. ¿Hola?

Ino frunció el ceño mientras la esperaba. Vio cómo Hinata asentía y se mordía el labio, era notorio el respeto que su amiga le tenía a su padre; comprendió que la familia Hyuuga era mucho más convencional que la de cualquiera en esa universidad.

—Sí, lo recuerdo— respondió la peliazul. Volvió a asentir —. ¿Hoy?— preguntó con duda —. Ah, sí, claro. No-no tengo nada qué hacer.

Luego de algunas indicaciones del patriarca, Hinata se despidió y terminó esa llamada.

—¿Ocurre algo malo?— preguntó Ino al verle semblante extraño.

—No, más bien raro— confesó—. Mi padre quiere verme en unas horas en la empresa.

La rubia alzó ambas cejas —¿Para qué será?

—No tengo idea— respondió la de ojos violáceos mientras retomaban su camino por ese sector de áreas verdes. Ino cambió el tema en cuestión de segundos y Hinata sonrió ante una nueva ocurrencia de su amiga, esto, sin dejar de preocuparse por el motivo de ese encuentro con su padre.

• • •

Horas más tarde y con un cielo increíblemente despejado, Hinata se encontraba conduciendo sobre una avenida, en una de las zonas comerciales más concurridas de la ciudad. Alzó sus ojos al enorme edificio propiedad de su familia, la estructura alta, elegante y sobria resultaba intimidante por sí sola. Suspiró dándose valor y girando en la esquina para adentrarse al estacionamiento subterráneo de ese lugar.

Bajó el cristal de la ventanilla y saludó al guardia en la entrada, éste, enseguida levantó la pluma que detenía al coche y la dejó pasar sin preguntar más; en ese lugar, cualquier persona con ojos Hyuuga, ni siquiera necesitaba hablar para poder entrar.

Hinata subió hasta el último piso y saludó a la secretaria de su padre, ésta le informó que estaba en una reunión pero que no tardaría en desocuparse, por lo que la invitó a sentarse.

La Hyuuga se dirigió a la elegante sala de piel negra, que era enmarcada por una bonita y elegante jardinera, que relajaba el ambiente en ese lugar, pasó de ésta y se acercó al enorme ventanal que casi abarcaba la pared lateral de ese piso. Observó la ciudad y mientras más esperaba su inseguridad crecía, sonrió sintiéndose patética, ese lugar era, desde hacía generaciones, de su familia y ella se sentía tan ajena a él. Se giró y se preguntó cómo Neji se había acostumbrado a todo, pues su primo también era joven, siendo apenas siete años mayor a ella, y él ya contaba con la segunda de las dos oficinas en ese piso. Se llenó de orgullo al ver el nombre de su primo bajo el título de Director General, en la oficina contigua a la de su padre, el Gerente General.

Las puertas del elevador se abrieron y ante ella apareció la figura sobria e imponente de su padre. La secretaria le avisó que lo esperaba y los ojos, violáceos y fríos cayeron en ella.

—Padre— saludó la chica al acercarse.

—Lamento la espera— dijo y se detuvo justo a la mitad de ese lugar.

—Oh, vo-voy llegando.

El otro asintió y luego de unos segundos en silencio, Hinata incrementó sus nervios.

—Acompáñame, Hinata— pidió y tras girarse, le indicó avanzar al elevador, la joven lo hizo extrañada pero de inmediato.

Cuando ambos quedaron solos, los ojos de la chica iban del display que mostraba los números en descenso, a su padre que iba en silencio.

—Te preguntarás a qué te mandé llamar— habló casi haciéndola respingar.

—Bueno, sí, de hecho— dijo la joven que le sostuvo la vista cuando éste la volteó a ver de medio lado.

Hiashi, con las manos tras su espalda, asintió —Ha decir verdad, necesitaba tener esta plática contigo antes de salir de la ciudad— comenzó y cuando el display marcó el número tres, las puertas se abrieron.

Hinata reconoció de inmediato ese piso.

—¿Sabes qué es esto?— preguntó el varón.

Hinata asintió —Es— dijo y sonrió por lo que iba a decir —, es algo así como el pequeño museo personal de la familia.

Hiashi negó en silencio —Es nuestro legado— corrigió y avanzó entre las mesas de metal, que servían de soportes a distintas maquetas, algunas pequeñas, otras enormes. Las paredes eran blancas al igual que el suelo, la luz que entraba por el ventanal hacía innecesario encender las largas lámparas en el techo.

Hinata lo siguió por los pasillos que esas maquetas formaban. Cuando llegaron a una maqueta pequeña, amarillenta, pero protegida por una caja de cristal, Hiashi se detuvo. La peliazul leyó la etiqueta de metal colocada al borde de la mesa y entendió que era un proyecto de hace muchos años. Alzó su vista a su padre.

Hiashi sonrió con algo parecido a nostalgia pero mantuvo su porte erguido.

—Este es el primer proyecto importante que tuvo nuestra familia— dijo y la mirada violácea de Hinata cayó en la maqueta —. Fue el proyecto que nos abrió las puertas para ser lo que somos hoy— añadió viendo la que hace ya muchos años había sido la Casa de Gobierno de esa ciudad —. Ahora esta obra ha sido remodelada luego de más de ciento cincuenta años, pero las bases, Hinata, como varias paredes más, ya se consideran patrimonio de la nación. Hemos crecido mucho luego de tanto tiempo— añadió recordando como esa maqueta, fue movida del viejo edificio que la constructora tenía, a ese, completamente mejorado —. Este es nuestro legado.

—Entiendo.

—Pronto será el turno de tu generación de tomar el mando— habló infundiéndole presión, y haciendo así que ella llevara sus ojos a él —. Está en sus manos crecer todavía más.

—Ah… y-yo creo que…

—No estás lista, lo sé, apenas inicias tus estudios— interrumpió y mencionó lo que ella misma pensaba. Hiashi dejó de ver la maqueta para girar su cuerpo y verla a ella —. A lo que voy, es que, todo este tiempo ya he estado preparando a mi sucesor— soltó paralizándola y confundiéndola. Hiashi suspiró cansadamente y negó en silencio al cerrar sus ojos. Volvió a verla con menos frialdad en su mirada —. Neji será el elegido para quedarse al frente.

Ella frunció el ceño —Sí, bueno… e-eso supuse.

La mirada del patriarca no dejó de verla —Hinata— la llamó con tono serio —, tú eres mi hija, mi primera heredera, es tu derecho también quedar al frente.

—¿Qué?

—Espero que lo entiendas— volvió a hablar.

Ella abrió los ojos con sorpresa —¿Te refieres a…?

Él asintió ante la incrédula mirada de su hija —Ha pasado por generaciones— le recordó —. Es tu derecho de sangre ser la dueña de este lugar, pero Neji está más capacitado para hacerlo, además— dijo haciendo que la mirada consternada de Hinata volviese a alzarse a él —, además siento que Neji, como hijo único de mi difunto hermano gemelo, es tan digno como tú de ese honor.

Hinata sonrió nerviosa —¿Qui-quieres que nos casemos?

Él la vio con seriedad y hacia abajo por la diferencia de estaturas —Pretendía que no fuese un acto obligado— confesó con voz neutra —. Los he visto y…

—Es mi hermano…

—No lo es.

—Papá…

—No lo es, Hinata— recalcó.

—¿Él lo sabe?

—Nunca fue un secreto.

—Papá yo no puedo y…— habló con cierta prisa pero fue interrumpida.

—Decir que no— la voz del castaño fue severa —, significa dejar a Neji de lado— aclaró —. La empresa y honor de la familia recaen justamente en ti, por derecho de sangre. Si te niegas, Neji será relegado— remarcó helándole la sangre —. Ten eso presente.

Hinata negó en silencio, todavía digiriendo toda la información.

—¿Él sabe esto?— preguntó viéndolo.

El otro negó en silencio —Neji es un caballero, nunca aceptará si tú te niegas. De hecho, estaba en total desacuerdo con que se te informara antes de terminar tus estudios, pero necesito que pongas de tu parte, y sin saberlo, tal vez nunca lo harías.

Esas palabras dejaron caer otro peso sobre ella… ¿Casarse con Neji? ¿De verdad?

Hiashi comenzó a caminar y ella lo siguió por instinto —Intuí que conociendo la historia de la familia, esto no te tomaría desprevenida, pero veo que no es así— dijo y la vio de reojo.

Hinata sólo negó sin saber qué pensar, menos, qué decir; era consciente de todo, sus padres también habían sido primos, pero por alguna razón no creyó que eso llegara a pasarle. Quería a Neji, lo quería de verdad, lo adoraba… pero nunca había pensado en él como un hombre.

—Hinata— Hiashi se detuvo antes de salir y volteó a verla —, piensa en mis palabras— agregó y luego de asentir, despidiéndose, se alejó.

Ella quiso juntar sus manos y jugar con sus dedos como siempre que estaba nerviosa, pero sus manos temblaron. ¿Siempre estuvo comprometida con Neji? Sintió náuseas al caer en cuenta y no supo si eso que le oprimía el pecho eran ganas de llorar.

De camino a casa, ni el día agradablemente caluroso pudo calentarle la piel, desde que habló con su padre se le formó un nudo en la garganta que le hacía muy difícil siquiera respirar.

Esperó en el semáforo en la esquina de la avenida donde vivía, mientras éste cambiaba a verde. Sin ganas y con el corazón más oprimido, los ojos violáceos vieron de reojo el edificio frente al suyo. Sus labios temblaron al intentar dibujar una sonrisa… ya ni siquiera tenía caso pensarlo tanto, después de todo, sí había sido un error pensar en no alejarse de él. Sasuke seguramente estaba siguiendo con su vida y ella tendría que hacer lo mismo, ambos con destinos muy diferentes.

Giró el volante cuando la luz se puso en verde y negó con ironía. Al final, Sasuke había tenido razón cuando le dijo que seguro su familia arreglaría su matrimonio. Pensar en las cosas que hizo con el Uchiha la hizo apretar con más fuerza el volante del auto mientras bajaba al estacionamiento de su edificio… tenía que dejarlo atrás. Eso la hizo sentir peor y no fue capaz de distinguir si era por todas las emociones que traía encima, o porque de verdad, si se sinceraba, no quería.

Luego de ese día, los días pasarían más lentos para la Hyuuga, y más presión estaría recayendo sobre sus hombros. Ver a los ojos a Neji sería sumamente incómodo y tendría que verlo con más frecuencia, pues su padre finalmente había salido de la ciudad.

Estar intranquila, parecía estársele haciendo costumbre a la chica de gentil mirada violácea.

O.O.O.O.O

Cerca de las dos de la mañana de un día cualquiera, la música y algarabía de los presentes en ese antro seguía resonando fuerte tras ellos.

—Una ronda más— la voz gruesa de Sasuke llamó la atención del barman que enseguida los atendió.

—¿Piensas embriagarte otra vez?— preguntó con burla el chico de afilados dientes que se encontraba con él.

—No tienes que quedarte— aclaró cortante. El otro rodó los ojos ante eso.

Sasuke soltó por sus labios el humo de su cigarrillo, ignorando a todos alrededor, salvo a su compañero incómodo que había llegado una hora atrás, acompañándolo sin que se lo pidiese. Dio otra calada al cigarrillo al tiempo que las botellas de cerveza llegaban frente a ellos.

El de mirada morada tomó su botella y dio un largo trago para luego depositar un poco de sal dentro. Sasuke estaba demasiado ausente, y eso, que si bien no era raro, resultaba peculiarmente distinto a otras ocasiones. Parecía frustrado, molesto, de una forma más peligrosa.

Karin llegó y se colgó de los hombros del pelinegro y le susurró algo al oído. Éste no tardó en quitarle las manos, molestándola.

—¿Otra vez, no?— preguntó la molesta chica.

El moreno ni siquiera la volteó a ver y negó en silencio mientras dejaba libre el humo de su cigarrillo; sacudió el mismo para librarse de la ceniza.

—Joder, Sasuke— alegó la chica frustrada al sentarse en el banquillo disponible, del otro lado del moreno —, ¿cómo puedes no tener ganas?

Suigetsu negó en silencio ante la poca sutileza de la pelirroja.

El pelinegro la vio de reojo y enseguida retiró su vista.

—Pues entonces, vete al diablo otra vez— dijo y se levantó ofendida, empujando las botellas y tirando la que el Uchiha todavía ni tocaba.

—Vaya que se molestó— dijo el de pelo blanco volteando a ver a la chica que se iba molesta, puso mayor atención al trasero de la misma que se movía con gracia mientras se avanzaba.

—Me importa una mierda.

Suigetsu terminó encogiéndose de hombros y vio a su amigo que sacaba su móvil.

—¿Quién era?— preguntó curioso cuando lo vio cerrar la aplicación de correo electrónico y devolver el aparato fastidiado y al instante.

—El imbécil de mi asesor— respondió y volvió a pedir otra cerveza, luego de que la otra terminara derramada.

El otro negó en silencio, agradeciendo que a él todavía le faltara un año para andar metido en los enredos esos de tesis y esas mierdas.

Con la mano izquierda ocupada con su cigarrillo, Sasuke, instintivamente, buscó tomar su cerveza con la mano derecha. Suigetsu se burló por el acto ingenuo. El Uchiha vio la férula en su mano y golpeó la misma en la barra, molesto.

—Joder, ya llevas un mes con esa mierda puesta, ¿cómo se te puede olvidar?— se burló.

—Jódete— dijo y se levantó dejando la cerveza servida.

—Oe, ¿A dónde vas?— Suigetsu también se puso de pie de golpe y lo siguió. Se detuvo un momento —. Enseguida vuelvo— le dijo al barman que sólo le asintió, sin tener inconveniente, pues eran clientes frecuentes de ahí.

Cuando el peliblanco detuvo su casi loca carrera, Sasuke ya estaba encendiendo un nuevo cigarrillo recargado en el capó de su coche. Suigetsu caminó ya más despacio a él, fingiendo naturalidad, olvidando que lo estuvo buscando por algunos minutos entre la gente afuera de ese antro, y finalmente se había decidido a buscar el coche que debía tener estacionado por ahí cerca.

—¿Qué demonios tienes?— preguntó el chico al recargarse en la pared, frente a él.

Sasuke negó y tragó pesadamente. La noche ya era helada y eso lo resintió el chico de pelo blanco que sólo portaba una camiseta morada, Sasuke en cambio, junto a sus vaqueros, portaba una chaqueta de piel negra, cosa que le envidió el varón en pie.

—Sigue siendo por esa chica, ¿verdad?— Suigetsu olvidó el frío y preguntó con seriedad.

Sasuke asintió en silencio y luego de aspirar con fuerza, llevando más humo a sus pulmones, soltó el mismo despacio.

—Estoy que me lleva el diablo— confesó frustrado.

Suigetsu se burló —Imagino, le dijiste que no a Karin, ¿ya cuanto llevas sin coger?— ante la mirada gélida del otro, volvió a sonreír —. Está bien, está bien — se disculpó —. Deja de darle tantas vueltas al asunto, déjala ir, es lo mejor, tú lo sabes.

—Que sí, maldita sea— aceptó y se puso de pie, para luego, con la mano temblando, llevar nuevamente el cigarrillo a sus labios—. Pero no es fácil— dijo y luego de voltear a verlo, tragó pesadamente y volvió para sentarse donde estaba.

El otro se quedó callado unos segundos, sabiendo que al decirle eso, Sasuke estaba demostrando sentirse otra vez acorralado. Sintió pena por él.

—Abusaste de ella— le recordó y su voz fue baja, serio.

Al otro le picaron los ojos y lo soportó al tragar pesadamente. Se había arrepentido cada puto día luego de que ocurrió. Asintió.

—Lo sé.

—¿Por eso la dejaste?

El Uchiha negó al arrojar su cigarrillo, a medio terminar, al suelo, éste se apagó en un pequeño charco.

Se formaron segundos amargos entre ambos —Te enamoraste de ella.

Sasuke sonrió con ironía —Como un pendejo— confesó.

El peliblanco tragó pesadamente —Y…— comenzó y se detuvo a meditarlo, negó en silencio y finalmente terminó diciendo lo que quería, y creía que él quería escuchar —, y si ya una vez la convenciste de quedarse, ¿por qué no te la quedas ya de una vez?

Sasuke negó y se puso de pie, dio dos pasos viendo al suelo, derrotado o frustrado.

—Terminaré arruinándola— soltó con amargura.

—¿Cómo lo harías más? Ya la has jodido de la peor forma— soltó creyendo que ya no podía lastimarla más—. ¿Ella quería que la dejaras?— preguntó, siendo así, tendría que aguantarse y superarlo.

Él negó.

—¿Entonces cuál es el puto problema?

—No tengo derecho.

—Nunca lo tuviste y siempre te valió madre— concordó el otro —. ¿Por qué ahora habría de ser diferente?

—Porque antes Hinata me valía una mierda.

—¿Y cómo sabes que la lastimarás más?

Sasuke tragó pesadamente y decir lo siguiente incluso le raspó la garganta—: Ella no era feliz.

Un silencio volvió a inundarlos mientras Sasuke le evadía la mirada a su amigo.

—Siempre fue una relación complicada. Lo sabías.

—Estuve siendo un hijo de puta, ¿verdad?

Suigetsu dibujó media sonrisa —Siempre lo fuiste— pero soltó con seriedad a cambio.

Al volver a recargarse, frustrado y derrotado sobre el capó de su coche, Sasuke golpeó con su dedo índice izquierdo el metal.

—Me está llevando el diablo— volvió a decir y sintió la necesidad de consumir algo que al menos lo distrajera. Sí, era cierto, sentía que se lo llevaba el diablo, pero no podía volver; ya había pasado más de un mes y aunque varias veces estuvo a punto de buscarla, cuando llegaba aun de noche a su departamento, pero lo soportó. Hinata se merecía sonreír, con alguien como el imbécil de Naruto, o cualquiera que no fuera un pendejo como él —. Me largo— avisó y sacó las llaves de su auto para abrir la puerta, encerrarse en él y, después, poner en marcha el motor.

Luego de asentir y verlo avanzar, Suigetsu se preguntó, con su tono ácido, si de verdad esa chica se lo cogería tan bien como para haberlo convertido en esa sombra barata del que solía ser, luego de perderla. Siempre era divertido ver que a Sasuke no le salieran las cosas bien, pero esta vez, hasta él se quedaba con esa sensación amarga que le dejaba la pena.

—¿Qué irás a hacer, Sasuke?— meditó pensativo al dirigirse de vuelta al antro. Ya tomando consciencia de la seriedad de todo ese asunto, se preguntó qué habrían tenido que pasar esos dos para que Hinata se quedara tanto tiempo a su lado, y para que él se enamorara de ella.

O.O.O.O.O

El día como los anteriores, exhibía un sol radiante. Eran pasadas las doce y la gran mayoría de los estudiantes se encontraban dispersos por todo el campus, pululando, la mayoría, entre los jardines aprovechando los recientes días soleados después de lo que fuera un crudo invierno; otros, por su parte y como de costumbre, se encontraban en la enorme cafetería.

—¡Ah, estoy satisfecho!— exclamó Naruto que, luego de llegar diez minutos tarde a la cafetería, por fin había terminado con su comida —. Juro que moría de hambre, 'ttebayo.

Ino, con su rostro apoyado en la palma de su mano, alzó una ceja —No nos digas— comentó con gracia, pues eso era obvio después de cómo había comido.

Naruto volvió a asentir y después rio avergonzado.

—Es que hemos tenido demasiado trabajo— comentó y Kiba negó en silencio, también de acuerdo —. Entre los entrenamientos, la tesis y los últimos exámenes, nos está llevando el diablo.

Hinata volteó a verlo con un poco de pena.

La rubia suspiró, pues Shikamaru, que por cierto no había alcanzado a comer con ellos, también estaba teniendo mucho trabajo.

Sakura, que estaba picando su comida al casi no haber comido, se cansó de hacerlo y dejó caer su mano sobre la mesa.

—Seguro a Sasuke se le complicarán más las cosas— comentó preocupada viendo al resto.

Hinata guardó silencio y bebió de su soda esperando que alguien hablara.

—Sí— aceptó el Uzumaki al momento de estirarse y hacer sonar su cuello al moverlo de un lado a otro —, el Teme tendrá muchos problemas y trabajos pendientes cuando vuelva. Ha faltado demasiado.

Los ojos violáceos fueron a él que hablaba.

—¡Qué va!— soltó Kiba al colocar su botella de agua sobre la mesa, con voz tan alta como para hacerse notar —. Ese idiota seguro no vuelve.

—Ah, cierra la boca, amargado. ¡Claro que volverá!— aseguró la pelirrosa.

—Por supuesto que no, de quererlo, ya lo hubiese hecho.

—Tiene la mano rota, ¿cómo quieres que lo haga?— replicó la chica y la mirada preocupada de Hinata cayó a ella, al apenas recordar ese detalle.

—No es la mano, son sólo dos estúpidos dedos, lo dijo Naruto— alegó el chico y se encogió de hombros —. Acéptalo. No viene porque no quiere.

—Serás idiota— respondió la chica que comenzaba a enfadarse y al castaño poco le importaba.

—Idiota él, que deja la universidad en el último semestre— soltó despreocupado al cruzarse de brazos.

Sakura se quedó con las ganas de responderle atoradas en la garganta, y terminó resoplando molesta. Él tenía razón.

—Como sea.

—¿Qué?— preguntó Ino al verla intentar dejar eso atrás.

—Lo invitaré al baile— dijo para sorpresa de la Hyuuga, asombro de la rubia y gracia del Inuzuka.

—Debes estar bromeando— intervino Kiba —. No ha venido a clases y pretendes que venga al baile. Vaya, creí que eras inteligente.

La chica resopló rogando por paciencia —Aun así.

La mirada de Ino fue a Hinata que no dejaba de ver a Sakura —¿Hablas en serio?— preguntó incrédula, era obvio que Sakura no se rendiría fácilmente.

La ojiverde afirmó dándose ella misma ánimos internamente —Creo que puedo convencerlo. Todavía faltan diez días así que…— dijo y se encogió de hombros.

—Creo que sería buena idea, Sakura-chan. Al Teme le hace falta convivir con nosotros un poco más.

Ante los ánimos de Naruto, creció en Hinata la incomodidad.

—Y estando en el tema— continuó el rubio de rebelde cabello —. Iremos todos, ¿verdad?

Ino se encogió de hombros.

—No… no lo sé— respondió Hinata cuando la mirada azulina cayó en ella.

—Ah, vamos— animó Ino —. No permitiré que te aburras, últimamente te ves más seria de lo normal— recalcó lo que no sólo ella notaba.

—Es cierto, Hinata— concordó Sakura —. ¿Te pasa algo?

—¿Algo?— preguntó el distraído rubio que no lo había notado —. ¿Qué tienes, 'ttebayo?

La Hyuuga sonrió nerviosa cuando, incluso, los ojos aburridos de Kiba cayeron en ella.

—No, no es nada. No sé a qué se refieran.

—¿Segura?— preguntó la de pelo rosa.

—¡Ah, ya déjenla! Así es Hinata— Kiba se fastidió al sentir que la molestaban.

Ino sonrió grandemente —Creo que es tiempo de hacer que eso cambie— dijo en voz suave y le guiñó un ojo.

El Inuzuka rodó los ojos —¡Ah, como sea!— dijo y se levantó —. Yo me voy, tengo clase.

—Diablos, igual yo— también el rubio se puso en pie.

La pelirrosa vio el reloj. Faltaban quince para la una, en cinco minutos comenzaría su primera clase del segundo bloque.

—¿Vienes, Ino?— invitó a la chica con la que compartía facultad.

—Claro— afirmó y se puso de pie, siendo imitada por la Hyuuga que era la última en la mesa —. Y Hinata— añadió haciendo voltear a la peliazul —, ¿nos vemos a la salida?

—¿Eh? Ah… s-sí, claro— respondió un tanto extrañada.

—Bien, te veo fuera de tu facultad en un rato— mencionó y alzó su mano imitando a la pelirrosa que así se despedía de la Hyuuga.

Hinata suspiró al quedarse sola. Levantó su mochila y se la echó al hombro para luego comprar una botella de agua y finalmente salir de ahí. ¿Qué querría Ino? Suspiró pesadamente y no le dio importancia; lo que sea que fuese, lo agradecía, se estaba cansando de encerrarse en su departamento y fingir que todo iba bien.

• • •

Varias horas más tarde, el balón resonaba fuertemente en la duela.

—¡Vamos, mi amor!— Ino gritó emocionada al ver a Shikamaru botar la pelota y distribuir el juego, dando órdenes a sus compañeros de equipo.

El Nara negó en silencio con media sonrisa mientras era cubierto fieramente por la única chica del equipo. El juego continuó e Ino suspiró.

—Hace tanto que no veníamos por aquí, que olvidé lo entretenido que era— mencionó Hinata sentada a su lado en las gradas, mientras continuaba viendo el entrenamiento.

La rubia sonrió —Es tan emocionante— dijo e hizo más grande su sonrisa —. Alguna vez pensé ser yo la primera chica del equipo, pero se romperían mis uñas y no crecen rápido— mencionó con gracia haciendo reír a Hinata, la sonrisa de la chica pronto se perdió.

Ino también dejó de hacerlo y bajó la mirada siguiendo el juego.

—¿Sigue siendo por Sasuke?— cuestionó con seriedad.

—¿El qué?— Hinata lo hizo de igual modo, pero con su mirada carente de la siempre luz que la adornaba.

—El que estés así, por supuesto.

Hinata negó sintiendo que su garganta se cerraba.

—Mientes. Vi que te dolió que Sakura pensara invitarlo al baile— dijo la rubia volteando a verla.

La peliazul sonrió con tristeza —No es eso, Ino.

—¿No estabas celosa?

Hinata lo meditó varios segundos en silencio mientras veía sin mucha atención el partido ahí abajo, y escuchaba los gritos de los jugadores en la banca.

—Tal vez— confesó avergonzada finalmente, luego, tragó pesadamente.

Ino frunció el ceño —Joder, no es eso— estuvo segura. Para que Hinata lo aceptara tan fácilmente, era porque lo que la preocupaba era una cosa más seria —. No estarás embarazada, ¿verdad?

—¿Eh?— Hinata enderezó su espalda y se puso roja —. N-no, ¿có-cómo podría ser posible?

Ino sonrió más tranquila al descartar esa idea —¿Cómo que, cómo?— devolvió con simpleza —. Ustedes dos, una cama, un coche o lo que sea, sus cuerpos desnudos, él eyaculando dentro de ti— dijo con tal naturalidad que Hinata volvió a ponerse roja y negó en silencio, desviando su vista.

—¡Por Dios, no!

Ino estalló en risas llamando la atención de los chicos que no jugaban.

—Ok. No es eso. ¿Entonces?— preguntó luego de silenciar su risa.

La vergüenza que inundó a la Hyuuga poco a poco fue desapareciendo de su rostro y terminó por mostrar seriedad. A Ino difícilmente podría engañarla. Tuvo que tragarse el nudo que comenzaba a formarse en su garganta.

—Ah…— dijo y dejó escapar el aliento animándose a continuar —, hace varias semanas me enteré que mi padre… que él planea casarme con Neji— soltó desdibujando la sonrisa de la rubia.

—¿Neji? ¿El sensual Neji? ¿Tu primo?

Hinata sonrió apenas por la forma como ella lo llamaba y luego dejó de hacerlo y asintió.

—Pero es tu primo. Además tú no quieres, ¿verdad?— agregó tomándola del brazo desnudo bajo ese coqueto vestido beige.

La Hyuuga negó y tragó pesadamente —Nunca lo pensé siquiera, es como mi hermano— se sinceró.

—No es como, es tu primo— remarcó.

La peliazul negó —Los lazos sanguíneos en la familia son lo de menos— explicó, pues desde generaciones eso había venido ocurriendo, tan era así, que ya la sociedad se había acostumbrado a verlo natural —. El problema es otro.

—¿Es Sasuke?— preguntó curiosa.

—No, ya ni siquiera puede ser él— dijo sabiendo que Sasuke había dejado de ser una opción.

—¿No lo quieres?

Hinata se quedó callada, haciendo entender a Ino, que un 'no', no era la respuesta.

—Independientemente de lo que sienta o no— evadió la pregunta, dejándole más clara su suposición —. Negarme a ello es muy difícil— añadió golpeando, nerviosamente y sin notarlo, su zapato de piso en la grada.

—¿Por qué razón?— preguntó la rubia viéndola.

Hinata volteó a verla —Si digo que no, echaré al suelo todo el esfuerzo de mi niisan— soltó lo que más la preocupaba.

—¿Qué?

Hinata asintió —Los estatutos de la empresa, que siempre ha sido de la familia, dice que siempre los altos cargos deberán ser de la familia principal. Neji no lo es.

—¿O sea… que…?

—Prácticamente condeno a Neji a dejar la empresa si desea sobresalir, o de lo contrario, no pasará de ser un empleado sin un cargo importante.

—¿Tu familia está loca?— preguntó con seriedad la rubia.

—Eso me gustaría creer.

—¿Y Sasuke? ¿Ya no sientes nada por él? Porque para que ustedes dos hayan durado tanto tiempo juntos — dijo considerando lo tímida que era Hinata y lo especial que era el Uchiha, recordando que nunca le había conocido una novia oficial —, significa que algo sintieron. Por Dios, que estuvieron juntos sin importarles nada ni nadie.

Hinata se abrazó a sí misma ante ese comentario, pues sí, había una conexión muy fuerte con Sasuke, tal era, que aun con lo que vivieron aquella vez meses atrás, habían alcanzado una compenetración especial, tanto que había dolido decir adiós. La ansiedad que siempre la invadía al pensar tal cosa, se hizo presente.

—Esto ahora ya no tiene importancia— quiso también convencerse. Al final, hablar con Ino no había ayudado mucho, al contrario, se inquietó más.

—¿Entonces… eres capaz de hacerlo?

—Siento que no tengo opción— soltó la Hyuuga mientras se ponía de pie —. Ino— la nombró con seriedad antes de intentar irse —, ¿podrías guardar esto en secreto?— suplicó de verdad preocupada.

La rubia se mordió el labio inferior y ante la mirada inquieta de su amiga, dejó escapar el aliento y asintió.

La Hyuuga en un acto casi ajeno a ella, le dio un abrazo fuerte que tardó un segundo en ser correspondido por Ino.

—Gracias y… gracias por escucharme.

—Hinata…— la nombró y vio una sonrisa triste del otro lado.

—Debo irme. Olvidé que debo hacer algo— mintió al sentir que de nervios o angustia, no alcanzaba siquiera a respirar bien —. Nos vemos después, ¿quieres?

Ino asintió y la vio bajar con prisa las gradas, luego casi chocar con un jugador y disculparse de inmediato, para terminar perdiéndose en el pasillo que llevaba al exterior —Demonios— soltó derrotada e incrédula al volver a sentarse. Hinata estaba en un gran lío. ¿Qué era esa familia llena de normas absurdas? Justo en ese momento agradeció tener una familia puritana, pero que le daba sus libertades a regañadientes; eso, aunque no tuviesen ni la millonésima parte de la fortuna que tenían los Hyuuga.

Vaya lío.

O.O.O.O.O

La tarde ya se pintaba en tonos anaranjados y rosas a través de la pequeña ventana, en la habitación de cierta pelirrosa.

Sakura dejó de navegar sin rumbo en el ordenador de escritorio que se encontraba en su habitación, suspiró pesadamente, aburrida, y soltó el mouse.

—Ah, ¿qué demonios hago?— se preguntó al dejarse caer boca abajo sobre su cama individual. Alzó y bajó sus pantorrillas mientras meditaba con el rostro oculto sobre el colchón.

¿Debería hablarle a Sasuke? Dios, se moría de ganas de ya verlo y hablar con él para terminar invitándolo a ese baile. Habían pasado cinco días desde que en la cafetería aseguró que lo invitaría y, a pesar de haber ido a su departamento varias veces saliendo de la universidad, no lo había encontrado. Se estaba frustrando y de verdad creía que no lograría hablar con él.

Levantó su rostro y apoyó el mismo en la palma de su mano.

—Al diablo— dijo decidida y luego se estiró para tomar su mochila, que descansaba sobre un pequeño sofá de una plaza color gris, que estaba a los pies de su cama.

Extrajo un par de libros antes de localizar el móvil. Desbloqueó el mismo y marcó el mismo número que había marcado cuando esa tarde, se dirigía a buscarlo, esperando confirmar su presencia en el departamento.

El móvil dio tono de llamada, una, dos y tres veces. Sakura resopló creyendo que otra vez enlazaría a buzón de voz.

—¿Qué?— una voz ronca, tal vez de sueño o molesta, le respondió.

Ella se paralizó al escucharlo y se quedó muda varios segundos.

—Sakura, haz estado marcando desde hace días, ¿qué demonios quieres? ¿Te vas a quedar callada?— respondió seca y cruelmente el fastidiado pelinegro.

Ella se ruborizó a pesar de no verlo —Ah, Sasuke… yo quería…— dijo y el otro apretó el puente de su nariz del otro lado de la línea, harto de su titubeo.

—¿Qué?

—I-invitarte al baile de primavera.

¿Baile de primavera?, pensó fastidiado el otro, con ya la negativa lista, pero ella se adelantó.

—Ah, sé que no te gustan esas cosas pero… pero hace mucho que no estas con nosotros, ¿recuerdas? Todos estaremos ahí, Naruto, Ino, Hinata, Lee, Kiba… todos. ¿Qué dices?

El Uchiha guardó silencio varios segundos y eso ilusionó a la pelirrosa, pues, anteriormente, ya habría escuchado un 'no'.

—No lo creo.

Ella dejó escapar el aliento pero no desistió —Vamos, será dentro de cinco días. El sábado por la noche. Piénsalo mejor, ¿quieres?— animó, sonrió divertida y le colgó. Sakura se sonrojó y se dejó caer a la cama luego de haberse sentado, abrazó su almohada y casi estuvo segura que lo convencería.

Del otro lado de la ciudad, Sasuke se encontraba tumbado en uno de sus sofás.

«Así que el baile de primavera» pensó con cierto interés y su mirada oscura se fijó en cómo los rayos solares comenzaban a desaparecer, cayendo la noche —Todos estarán ahí.

Tragó pesadamente al poner su antebrazo sobre su frente, oscureciendo más su mirada.

—Todos— repitió con voz más grave de lo normal.

¿Qué tanto estaría pasando en la vida de los demás en su ausencia? ¿Hinata lo estaría superando? Sonrió con ironía y molestia… conociendo a sus amigos, seguro el imbécil de Naruto ya había invitado al estúpido baile a Hinata. Contuvo una rabia que le quemó las entrañas, al apretar su mandíbula y forzarse a ignorarlo. Ya no debería importar.

O.O.O.O.O

—¡Esto es todo por hoy!— con una voz firme seguida del sonido del silbato, Gai sensei dio por finalizada la práctica de ese día.

Las chicas se detuvieron y las pelotas vagaron por el lugar al ya no ser golpeadas.

—Al fin.

—Creí que nunca terminaría— soltaron varias de las ahí presentes.

—A ver…— añadió el profesor viendo ahora a quién elegiría para recoger el equipo — Yamanaka.

—Diablos.

—Y Haruno— añadió —, por favor, encárguense de que el equipo quede resguardado. Nos vemos pronto y que la llama de la juventud siempre fluya en ustedes— dijo mientras se iba corriendo de ahí.

—Que la llama siempre fluya— repitió Sakura molesta —, ese tipo es un flojo. Joder, que la última vez que me tocó recoger el material me dejaron sola.

—Ah, Sakura, yo lo puedo hacer por ti. La última vez fui yo la que te dejé con todo.

Los ojos verdes de Ino vieron a la pelirrosa.

—¿En serio?— preguntó Sakura más que satisfecha con eso.

—Por supuesto— Hinata le sonrió y comenzó a recoger un par de raquetas.

—Serás aprovechada— regañó Ino mientras la otra se iba, siguiendo al resto.

—Lo que digas— dijo y le mostró la lengua —. Nos vemos mañana.

—Tonta— respondió Ino para dirigirse al fondo del enrejado y buscar las pelotas de las últimas canchas.

• • •

Era patético, lo reconoció.

Salió de su facultad luego de dos meses sin parase frente a su asesor, y luego de ser sermoneado y no llevar avance alguno, continuó caminando y, al llegar a esa zona del camino donde el mismo se dividía, optó por dirigir sus pasos al lado contrario a donde debería. El estacionamiento se quedaba atrás mientras él se adentraba en el área verde del campus; y aún, con cigarrillo en mano y sintiéndose patético e incoherente con él mismo, avanzó por el costado de las canchas de tenis.

Había visto a Sakura salir corriendo y no notarlo. Entonces, mientras avanzaba cubierto por la sombra de los altos árboles, creyó que el lugar estaba solo. Era mejor así, estuvo seguro.

Cuando avanzaba pasando de largo las canchas, escuchó ruido provenir de ellas.

—Pesan— esa voz, aunque lejana, le resultó inconfundible.

Volteó de medio lado y observó a Hinata batallar cargando un montón de raquetas. Ni las piernas largas de la chica, expuestas bajo la pequeña falda, le llamaron tanto la atención, como su rostro. Tragó pesadamente cuando sus pies se movieron solos, y terminó, segundos después, con su mano sana encajada en la verde malla. Viéndola aunque Hinata ignorara su presencia, al estar demasiado ocupada.

Sonrió apenas visiblemente al escucharla maldecir, seguro inconscientemente, cuando un par de raquetas se le cayeron al suelo.

—Te atrae, como una oveja atrae a un lobo— la voz segura y suspicaz de Ino lo hizo dejar de verla. Lo había tomado desprevenido.

—Mph— sonrió irónico, y sin querer que Hinata también lo notase, se giró, se deshizo del cigarrillo que luego pisaría, y con sus manos en los bolsillos de su pantalón, se apartó de ahí.

—No vas a desmentirme, ¿verdad? Eso es innegable— casi alzó la voz la chica viéndolo irse.

—Deja de decir estupideces— soltó el otro con voz ronca y sin voltearla a ver. Alejándose.

Ino gruñó molesta. Sasuke era un imbécil, ¿a quién engañaba? ¿Qué demonios les pasaba a esos dos?

Hinata pestañeó confundida al ver a Ino salir apresurada, pasando por su lado.

—¿Ino?

—Ahora vuelvo, lo prometo— dijo y se fue empuñando una única pelota.

—¿Qué?— mencionó Hinata incrédula al verla irse y girar en la esquina del enrejado. Sonrió incrédula y desanimada creyendo que era como una costumbre que al final, una de las dos del equipo, dejara a la otra con todo el trabajo. Suspiró y optó por dejar la mitad de las raquetas para no batallar más, porque era seguro que de todos modos tendría que hacer todo el trabajo en dos vueltas.

• • •

—Ahí estás— murmuró Ino cuando luego de correr varios metros, terminó vislumbrando al Uchiha a punto de salir del área de jardines, y dirigirse al camino del estacionamiento. Apretó la pequeña pelota verde en su mano derecha —. ¡Sasuke!

El chico la ignoró olímpicamente y siguió su camino.

Ino casi explota de la furia. Bien, le había prometido a Shikamaru no meterse y seguro lo que pensaba hacer le generaría varios sermones por parte de su apuesto novio, o peor, una pelea, pero no podía simplemente quedarse de brazos cruzados.

—¡Sasuke!— volvió a gritar y él siguió sin detenerse. «Idiota» pensó y en un acto que se consideraría infantil, arrojó su pelota estrellándola, precisa y crudamente, en la cabeza del moreno.

El Uchiha cerró sus ojos y contuvo la molestia, al solo detenerse y voltearla a ver de medio lado.

—¿Qué demonios quieres?— soltó molesto.

Ella frunció el ceño y se acercó varios pasos, hasta prácticamente estar frente a él.

—¿Qué demonios quiero? ¡Saber qué demonios haces!— exigió saber.

Sasuke dejó escapar el aliento —Métete en tus asuntos.

Ella apretó los puños, odiando no haber llevado una pelota extra para estrellársela en la cara.

—¿Por qué la dejaste?— pasó por alto sus palabras y preguntó.

—No te importa— dijo y retomó sus pasos.

La Yamanaka lo siguió y se paró frente a él, cerrándole el paso.

—Nunca creí que fueras un cobarde— dijo. Él frunció el ceño molesto —. ¿Sabías que a Hinata le dolió que terminaran?

Él sonrió de medio lado… así que para Hinata lo que tenían no era tan secreto.

—Eso ya no tiene importancia— dijo y la pasó de largo.

—Por supuesto que no— concordó la chica haciéndolo voltear de reojo a verla, pero sin detenerse. Ino odió romper con su promesa, pero prefería ser una traidora, a ver a ese par de idiotas equivocarse —. Hinata va a casarse— soltó ahora sí paralizándolo.

Ino no volteó a verlo y él tampoco. Permanecieron en silencio unos segundos bajo la sombra de los árboles, siendo vistos y luego ignorados por quienes pasaban cercanos.

—¿No dirás nada?— volvió a hablar ella y despacio se giró a verlo.

Sasuke apretó en puños sus manos.

—Su padre se lo dijo. Hinata será la esposa de Neji— habló con voz seca la dolida rubia.

Él tragó pesadamente cuando sintió que el pecho se le oprimió.

—¿Seguirás sin decir nada?

—Mph. No entiendo qué quieres qué diga— soltó roncamente y retomó sus pasos.

Cuando Sasuke salió de debajo de las sombras que los cubrieron, y continuó su camino, Ino resopló frustrada —Bien, pues entonces vete al diablo. ¡Idiota!— maldijo al chico en voz baja y frustrada, y regresó a ayudar a aquella peliazul.

Odió que sus palabras no tuvieran la repercusión que esperaba, pero al menos se sentía mejor. Había hecho lo que creía correcto, aunque nadie más lo viese así.

O.O.O.O.O

Horas más tarde, el ruido era ensordecedor dentro del departamento de cierto pelinegro. La puerta fue golpeada incontables veces, pero el sonido parecía mezclarse con los golpes de música que emanaban las bocinas de su minicomponente.

El pelinegro mantuvo sus ojos cerrados concentrándose únicamente en la música de System of a Down, que desde hacía más de una hora, no dejaba de sonar, aturdiéndolo, pero sin lograr su cometido: evitarle pensar.

Sasuke escuchó una voz familiar, y ante la baja de la música, entendió que la puerta había sido abierta. Se fastidió.

La música se detuvo de golpe mientras B.Y.O.B sonaba.

—¿Qué clase de impertinencia es esta?— preguntó Itachi luego de apagar el equipo de sonido.

Sasuke giró sus ojos lentamente a él, y para sorpresa del mayor, no estaba ebrio como pensó.

—¿Qué quieres?— preguntó roncamente el menor, devolviendo su cansada vista al cielo de la sala.

Itachi resopló cansadamente llevándose un par de dedos al puente de su nariz. No pensaba hacerse de enredos diciéndole que el encargado del edificio lo llamó preocupado por el escándalo que tenía, ya que además, los vecinos se habían quejado.

—Vine a ver cómo estabas y te encuentro así— dijo viéndolo tirado en el sofá —. ¿Estuviste bebiendo?

—Tal vez un poco— confesó el otro.

—¿Qué pasa contigo?— preguntó seriamente sentándose en el descanso de otro de los sofás. No dejó de verlo.

—¿Por qué todo el mundo lo pregunta? Nada. Quiero estar solo— respondió comenzando a fastidiarse.

—Ya, pues pareces llamar demasiado la atención, para sólo querer estar solo.

—Lárgate y deja de molestar.

—Sabes que no haré eso. Le prometí a mamá cuidarte.

—No soy un maldito niño, Itachi.

—Pues deja de comportarte como tal— dijo y se puso de pie para dirigirse al balcón.

Sasuke rodó los ojos. Se formó un silencio incómodo entre los dos hermanos.

—¿Qué hay de Hinata?— preguntó al correr la puerta y sentir la apenas brisa de esa tarde.

—Se fue— contestó secamente, viéndolo —. La promesa que te hizo se acabó.

Itachi negó despacio.

—¿Qué no estaban juntos desde antes?— preguntó sin querer darle importancia a aquella promesa.

Sasuke guardó silencio, manteniéndolo a distancia de ese asunto.

El mayor lo notó enseguida.

—¿Por ella estás así?

El menor dejó de verlo al ladear su rostro.

—Lo de ustedes ya era complicado de cualquier forma, Sasuke— dijo, fastidiándolo. El menor no habló pero lo notó molesto. Dejó escapar el aliento —. Que te comportes así, de esta forma tan irresponsable, no ayuda en nada— le recordó, siendo perfectamente bien consciente que su hermano tenía más de mes y medio sin presentarse en la universidad. Ante el mutismo del otro, terminó por rendirse —. No me sorprende que te haya dejado— finalizó y llevó sus pasos a la puerta, dispuesto a irse.

Itachi estaba a punto de cruzar la puerta que había dejado parcialmente abierta al entrar.

—Evita molestar a los vecinos— aconsejó tomando el pomo de la puerta.

—Ella va a casarse— soltó de pronto y roncamente. A pesar de no decirlo tan fuerte, su voz fue lo suficientemente audible para detener a su hermano.

—¿De qué hablas?

—El imbécil de Neji y ella…

Itachi asintió y cerró la puerta —Eso no tiene por qué sorprenderte— le recordó —. Te lo dije, ella ya debía estar destinada para alguien de su familia. Todos sabemos cómo se rigen los Hyuuga, ya era bastante extraño que ella saliese contigo— mencionó seca y tranquilamente.

Sasuke resopló.

—¿Neji?— soltó asqueado.

—Es un prodigio, están en un rango de edad aceptable— defendió el mayor molestando más a Sasuke —. ¿Ella lo desea?— cuestionó, creyendo que por eso habían terminado.

Sasuke sonrió soberbio. Aunque lo deseara, dudaba que el imbécil de Neji la hiciera feliz como él lo hizo muchas veces en la cama.

Itachi pareció adivinarle el pensamiento.

—¿Tú y ella mantuvieron relaciones sexuales?— preguntó extrañado y preocupado.

Miles de veces, reconoció internamente el pelinegro, pero no respondió.

—Demonios, espero que no lo hayan hecho, Sasuke. Eso podría representar un serio problema para Hinata, conociendo a su familia.

Con esa frase, él recordó que una vez a esa peliazul le preocupó lo mismo.

—Déjala en paz— aconsejó el mayor al otra vez girarse para dejarlo solo —. No creo que Hinata necesite más problemas.

Cuando Itachi cerró la puerta al irse, Sasuke tensó la mandíbula. ¿Dejarla en paz?… joder, lo estaba intentando, pero quemaba como el maldito infierno.

Cerró los ojos y se llevó sus dos manos a la frente.

—Hinata.

Continuará…


Hola, chicas y chicos n.n

Dios, pues por fin terminé este capítulo. Lamento si tardé.

La verdad era que pesaba agregar un par de escenas más, pero me di cuenta que el siguiente capítulo quedaría muy pobre, así que decidí cortarlo, pues con la información que les di, creo que no está tan mal (?

Desde el siguiente capítulo entramos de lleno al nudo-desenlace de la historia. Ahí comenzará otro 'mini arco', un poco más erótico-emocional, de los que hemos tenido. Ojalá les guste lo que viene y lo que leyeron hoy n.n

Kurumi Reii: ¡Feliz cumpleaños!

Ya, sin más que decir, ¡Gracias por leer!

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Muchas gracias por el inmenso apoyo, intento responder los comentarios donde me hacen preguntas y el lector tiene cuenta. A veces quiero hacer notas para las preguntas de usuarios sin cuenta, pero tengo mala memoria y se me olvida qué quería decirles respecto a sus comentarios. Todos los leo y las sugerencias que me hacen sobre lo que les gustaría ver, las voy considerando y a veces agregando tan rápido como puedo. Si no contesto todos los rws, es porque de plano no uso la pc todos los días y el celular me desaparece el teclado cuando entro en fanfiction.

Aun así, los aprecio mucho. Ya hay gente que tiene un lugarcito en mi corazón por estarme apoyando capítulo tras capítulo. De, y para ustedes es esta historia.

Un beso.

Aidé.