LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.

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PLENITUD

(Fragmento del capítulo anterior en cursiva)

El Uchiha se acercó al cuello de Hinata y comenzó a besarlo despacio, dejando escapar su aliento en él provocando que la piel femenina se erizara. El clítoris de la peli azul estaba tan tenso que moriría si él no la tocaba.

Sasuke deslizó el cierre de su pantalón y desabrochó el mismo.

Hinata…

¿Mmm?

Él estuvo a punto de decir un te amo antes de comenzar a hacérselo, pero lo calló. No era digno de decirlo… no aun; es más, ni siquiera debería disfrutar su cuerpo, pero no lo soportaba más.

Tragó pesadamente cuando liberó su miembro ardiente. Alzó el vestido de Hinata y observó su trasero. Ella se avergonzó cuando él comenzó a tocarlo, manteniendo sus rodillas dobladas, apoyándose sobre las piernas femeninas.

Su miembro estaba tan duro, su piel tan tensa y lo sentía tan caliente. Perverso, tocó el trasero de ella con él y Hinata se tensó al sentirlo. La luz blanca de la luna y la poquita de las lámparas de ese lugar, les golpeaban los cuerpos, haciendo tan erótica para él la visión.

Cuando él cubrió todo el frágil cuerpo de Hinata con el suyo, al haberse subido en ella, ella se tensó. Sentir ese miembro caliente que pronto estaría dentro la hizo tanto excitarse, como temer.

Yo voy a cuidarte, bebé— se le escapó con voz ronca al moreno cuando pasó su brazo derecho frente a ella, y con la otra mano se acomodó. Hinata se estremeció por ambas cosas y después, un fuerte gemido compartido llenó la pequeña sala, cuando Sasuke la penetró.

Los pezones femeninos se endurecieron más y él comenzó a moverse, primero despacio. Cada gemido de ella lo extasiaba y cada gruñido de él le erizaba más la piel a Hinata, al escucharlos justo en su oído.

Al aceptar ser tomada por él, Hinata supo que algo muy malo estaba pasando, pero, contrario a eso, no fue capaz de temer. Sus almas comenzaban a sumergirse, juntas, a un profundo abismo.

Sasuke mordió su cuello, haciéndola abrir sus labios… le dijo que la quería y por un momento, se sintieron en paz.

Hinata separó sus labios dejando escapar gemidos que les calentaban la piel. Sasuke apoyaba su mano izquierda en la cadera de Hinata para ayudarse a mantenerla firme mientras la penetraba. Su vista oscura bajó a verse penetrarla. Ver su miembro desaparecer dentro de ella, sentirla, experimentar esa sensación de estrechez y escuchar a Hinata reaccionar a él, era adictivo. Perverso. Enloquecedor. Su sangre ardió más.

Jadeó.

Ella cerraba los ojos ante la fuerza que él estaba empleando y, a pesar de mantener su cadera firmemente sujeta, la rudeza y profundidad de sus embistes, estaban moviendo su cuerpo. El cuerpo caliente de Sasuke la hacía arder más, incluso a través de la ropa que él no se había molestado en quitarse.

—Mmm— Hinata cerró los ojos cuando él pegó su pecho a su espalda casi desnuda y, un segundo después, le mordió un hombro.

—Cuánto había echado esto de menos— gruñó el pelinegro casi sin pensar, al empujar sus caderas contra ella, moviéndose y moviéndola en un sensual y poderoso baile que les quemaba tanto por dentro como por fuera.

Hinata también, también lo había echado de menos, pero sus gemidos y su pudor le impidieron soltarlo.

El pelinegro besó la piel del hombro de Hinata, justo donde la mordió. Mimó esa zona con sus labios y la sintió estremecerse. Él comenzó a sudar y, sin embargo, no se detuvo. Siguió penetrándola. Abriéndola para él.

Ella elevó las caderas cuando lo sintió disminuir un poco el ritmo, tal vez temiendo lastimarla.

—Sí, Hinata, así— gimió y ante su aparente permiso, volvió más fuertes sus embestidas. Continuó enterrándose en ella, una, otra, otra, y otra vez.

La peliazul se acomodó como pudo mejor en el sofá, sintiendo todo el peso y la fuerza de Sasuke sobre ella. Buscó amoldarse a él, elevándose para que pudiese seguir desgarrándola placenteramente por dentro. Lo había echado tanto de menos. El cuerpo y el calor de Sasuke, como todo eso que la hacía sentir, le daba la sensación de que todo estaba bien. Necesitaba que estuviese bien. La piel de su cuerpo se erizó, aunque lejos estaba de sentir frío, cuando él apretó su mano en su cadera.

La mano derecha de Sasuke que, hasta hace poco estuvo envuelta en una férula, tomó el rostro de Hinata. Ella arqueó su espalda y obedeció a esa mano. Ladeó su rostro y pronto encontró la boca del Uchiha reclamando la suya. Separó sus labios y recibió su lengua.

—Sasuke…

—Shh.

Él mordió ahora su labio y siguió moviéndose, haciéndole el amor.

Ella gimió.

La tensión dentro de Hinata era enorme y su clítoris frotándose contra la tela de su vestido la mantenían en el límite.

—Dios…— gimió ella.

Sasuke gruñó cuando la sintió apretarle su miembro en su interior, seguramente soportando la llegada de un orgasmo.

Incrementó la velocidad de sus embestidas. Su cuerpo ardía y una capa de sudor ya lo bañaba. Pensar en que esa noche pudo terminar de otra manera lo hacía sentirse imbécil… No había forma de poder imaginar estar otra noche sin ella.

Hinata, agotada y a punto del clímax, separó sus labios y lamió un par de dedos de la mano que Sasuke mantenía frente a ella. Los chupó apenas perceptiblemente incrementando la lujuria masculina. Las embestidas cobraron más fuerza, urgido por alcanzarla y terminar junto a ella.

—Sasuke…— Hinata volvió a hablar y su voz entrecortada rayaba en puro placer — yo… yo justo ahora no me estoy… cuidando.

Él sonrió apenas de medio lado y su morbo acrecentó al ahora ser consciente de ello, al seguir refregándose piel a piel dentro de ella.

—Y quieres que…— habló roncamente y agitado por el esfuerzo.

Ella asintió despacio —Sí… hazlo afuera— suplicó a punto de un colapso.

—Joder.

El pelinegro le separó más las piernas y resbaló más entre ellas al sentirla llegar a su orgasmo. Apoyó sus dos manos en el sofá, a ambos lados de la cabeza de la Hyuuga, y volvió más rudas y profundas sus embestidas. La sala, el departamento entero, se llenó con los gemidos de la chica. Sasuke apretó sus dientes hasta no poder más. Cuando una oleada de puro placer comenzó a subir por sus pies y amenazó con nublarle la razón, salió de ella y tomó su miembro… se masturbó un par de segundos y luego se derramó sobre el vestido, cadera y nalgas de Hinata. Con cada chorro de semen que brotaba, la fuerza lo abandonaba.

Sasuke, agitado, se desmoronó sobre Hinata, manteniendo la mayor parte de su peso en uno de sus costados, permitiéndole descansar y respirar tranquila. Los ojos negros se abrieron despacio y la observaron, al quedar sus rostros uno frente al otro. Ella apretó los ojos y soltó un pequeño gemido, al estar todavía disfrutando los estragos de su orgasmo.

Él le acomodó el pelo, alejándoselo del rostro y también se vio obligado a gemir cuando una última gotita de semen brotó. Hinata sonrió al notarlo aun con los ojos cerrados.

Cuando negro y lila se encontraron, luego de regularizadas las respiraciones, una sensación de paz quedó en el ambiente que los rodeaba. La tranquilidad parecía incluso emanar de esos ojos negros y ello le calentó el pecho a la Hyuuga.

Hinata se movió, librándose un poco del cuerpo del Uchiha. Elevó una de sus manos y, mientras con la otra se tapaba los senos desnudos, le acarició con suavidad el rostro. No perdió detalle de su rostro. La luz en el buró cercano golpeaba la cara del moreno y ahí, así de cerca, ella le notó ojeras y un semblante cansado.

—Debemos hablar— soltó suavecito.

Él se dejó acariciar y luego le sujetó la mano.

—Sí, pero no ahora.

—Sasuke…

Él se puso de pie.

—Durmamos— le dijo para llevarla con él a la habitación, luego de tomarla de la mano.

El vestido de Hinata se mantuvo en su cuerpo hasta que llegaron a la habitación. Cuando Sasuke cerró la puerta, la aprisionó contra ésta y volvió a comerle los labios con fuerza. Fue ahí que el vestido de la joven cayó hasta el suelo, quedándose desnuda.

—Creo que me daré una ducha rápida— mencionó ella ante la atenta mirada negra, una vez que el aliento se les acabó.

—Te acom-…

—No. No tardo—se apresuró a interrumpirlo.

Hinata sonrió y se alejó dos pasos ante la atenta mirada negra. Cuando lo vio con el ceño fruncido y luego sonreír, el corazón le saltó en el pecho; se ruborizó, para después casi correr al baño.

Sasuke comenzó a quitarse la camisa y pantalón mientras avanzaba a la cama. Se tumbó sobre ésta y su cuerpo le exigió descanso, el deseo de no salir de esa cama se hizo mayor cuando el aroma de Hinata le llenó los sentidos. Acostado boca abajo, ladeó su rostro y su mirar negro se perdió en algún punto de esa habitación. La sombra de la sensación de estar haciendo mal lo rondaba todavía, pero esta vez pretendió arriesgarse… después de todo, Hinata le había abierto, dejándolo entrar a su vida otra vez, y esta vez, ella lo deseó.

Se sentía un patán, uno todavía más grande por agarrarse de ese resquicio de debilidad que encontró en Hinata para mantenerse a su lado. ¿Estaba mal? Sólo el tiempo lo diría.

Pero ahora, quería intentarlo. Ser egoísta para ser feliz. Ya no bastaban las horas trabajando, sumergiéndose en algún bar; dormir poco o mucho… dañarse, nada funcionaba. La necesitaba y negarlo ya no era una opción. Sería lo que ella necesitara… o, al menos, iba a intentarlo. Quería enmendarse, hacerla feliz…

La luz del interior del baño iluminó la habitación al momento que Hinata apareció envuelta en una pequeña toalla rosa. Él giró su cuerpo y la observó. La Hyuuga se detuvo un momento y luego volvió a caminar a él.

La puerta se cerró y una oscuridad parcial los cobijó.

Sasuke se apartó haciéndole espacio a su lado y ella se arrodilló en la cama, apoyada en sus pantorrillas, viéndolo.

La mirada violácea estaba centrada en él, por primera vez, más que pudor por apenas estar cubierta, Hinata mostraba un deje de preocupación. El Uchiha llevó su mano derecha justo al dobladillo que mantenía sujeta la toalla al cuerpo femenino… tal vez deseaba verla desnuda, o tal vez, sólo quería que deshiciera ese semblante.

Hinata le sujetó la mano con las dos de ella y la observó. Acarició su palma y sus dedos. Notó la piel maltratada y confirmó por sí misma que no le doliera.

—¿Cómo te lastimaste? — su voz suave rompió el silencio de la habitación.

Él suspiró.

—Una pelea.

Ella abrió sus ojos con sorpresa.

—¿Con quién?

—Con la pared— confesó con voz ronca, seriamente.

Luego de dos segundos en silencio, ella tragó despacio. Creyó entender lo que había ocurrido y por qué.

—Siento mucho como se dieron las cosas…

—Te dije que eso no lo tienes que decir tú— le recordó secamente.

—Aun así. Siento que…

—No fue tu culpa. Yo te alejé.

—Tenías qué hacerlo.

—¿Tenía qué?

Esa pregunta soltada casi en tono impersonal los mantuvo unos segundos en silencio. Ahí estaban de nuevo, delimitando lo correcto de lo incorrecto.

Hinata bajó sus manos a sus muslos, manteniendo la de él entre las suyas.

—Sasuke… lo que acabamos de hacer no cambia muchas cosas— soltó sin gustarle el sabor que reconocer eso le dejó. Acarició con su pulgar los nudillos masculinos.

Él arrancó su mano de entre las de ella y le rodeó la cintura. La haló y luego de hacerla pegarse a su pecho desnudo, invirtió posiciones, quedando él otra vez sobre ella.

Los ojos Hyuuga se abrieron con sorpresa.

—Lo sé— soltó despacio viéndola a los ojos —. Todo lo complica— añadió en voz ronca besándole la comisura de los labios.

A Hinata se le apretó el pecho. Sasuke también era consciente que estaban muy involucrados en una relación extraña y, de la cuál, sólo podrían surgir problemas. Soltó su toalla a la que se había aferrado y posó sus manos en el fuerte pecho masculino.

—Han pasado muchas cosas— volvió a mencionar la chica, buscando verlo a los ojos.

—Lo sé.

La casi oscuridad en la que esa habitación estaba envuelta en esa madrugada, junto a lo suave que estaba siendo la voz de ambos, le bridaba a la chica una sensación de intimidad que había echado mucho de menos. Le acarició el rostro siguiendo un impulso.

—Hablé con mi padre— añadió enseguida.

Él gruñó y tensó la mandíbula, desvió su mirada y luego volvió a verla. Sabía a dónde iba.

—Tenías razón. Él espera que me case con Neji.

Sasuke apoyó sus antebrazos a cada lado del rostro de Hinata y no dejó de verla a los ojos. Ella se sintió pequeña ante aquél enorme cuerpo y la seriedad de su semblante.

—¿Vas a hacerlo?

Ella comenzó a respirar con mayor profundidad… él no preguntó si quería hacerlo; seguro sabía que desearlo, no lo deseaba. Sasuke ya la conocía.

Él achicó los ojos esperando su respuesta.

—Si no lo hago…— quiso explicar.

—No lo harás— cortó él antes de besarla.

Hinata cerró los ojos ante la fuerza del beso que incluso la empujó más contra la almohada. Sasuke se pegó más contra ella y eso bastó para calentarle la sangre. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué Sasuke llegaba luego de largas semanas y la hacía responder como si él fuese todo lo que ella deseaba?

El pelinegro metió su lengua dentro de Hinata y eso volvió a calentarlo. Su miembro se hinchó y expandió dentro de su bóxer y ella pudo sentirlo sobre la delgada toalla.

Él comió, mordió y chupó de sus labios. ¿Verla casada con Neji? Primero muerto.

Hinata era la mujer que amaba. Ella era su más egoísta pasión, su deseo más impuro. Lo que más quería.

Él liberó su boca y despacio bajó su mano hasta el pliegue de la toalla, lo deshizo y volvió a desnudarla para él.

—Sasuke…

—No— la silenció y mordió ligeramente su labio inferior —. Hinata…— la nombró con voz más ronca y ella llevó sus ojos a los tan profundos de él — sé mía.

Esa petición paralizó el corazón de la joven, el mismo que luego pasada la primera impresión, comenzó a latir fuertemente. Se ruborizó. Una sonrisa nerviosa quiso traicionarla al querer hablar.

—No sabes lo que estás pidiendo— soltó en un murmullo.

Él sonrió de medio lado, seguro de ello.

—Sasuke…

—No respondas ahora— la interrumpió al tiempo que, con uno de sus muslos, separaba los de ella —. Vine aquí sólo por eso. Te quiero, Hinata.

Los ojos violáceos picaron al amenazar con llenarse de lágrimas. Sasuke lo notó y bajó sus labios otra vez a los de ella, los besó despacio, acariciándolos antes de chuparlos. Hinata gimió y sintió ese calor bonito que inundaba su pecho, comenzar a subir de temperatura. Se ruborizó más cuando sintió a Sasuke sacar su miembro de entre su bóxer.

—Joder— maldijo él envuelto en pasión cuando Hinata, en un acto cada vez más común en ella, separó sus piernas para él, dejándolo resbalar mejor entre ellas. El contacto de sus sexos desnudos lanzó una corriente eléctrica por ambos cuerpos. Él buscó verla a los ojos en esa ligera oscuridad, pero Hinata no se lo permitió al tomarlo del rostro y atraerlo a ella.

Esta vez ella lo besó.

Ninguno se detuvo a pensar mucho en los serios problemas en los que se pudiesen meter si todo salía mal. Eran el pecado el uno del otro. Ese pecado que había dejado de preocuparles y ahora, parecía, que adoraban cometer.

Hinata se desconoció en ese momento, pero volvió a abrir sus labios dejando que Sasuke se hundiera en ellos, al mismo tiempo que sus fuertes manos recorrían sin prisa su cuerpo.

Cuando la carne dura de Sasuke la penetró otra vez, Hinata soltó un gemido que fue absorbido por él. Pasarían eternos minutos siendo sólo el uno del otro, repartiendo caricias y luchando por tener sus labios juntos mientras el sudor y el calor eran sus cercanos compañeros. Hinata alcanzaría otra vez el clímax y Sasuke volvería a retirarse de sus muslos, dejando su interior, para volver a eyacular esta vez sobre su vientre. La esencia masculina mancharía sus cuerpos cuando agitado, el Uchiha, lejos de apartarse, se pegó a ella y besó despacio sus labios.

Con un par de sonrisas cómplices en la oscuridad, un par más de caricias, ambos dormirían con los rastros de su entrega secándose en sus pieles, tan agotados, como para siquiera notarlos.

• • •

La luz del día llegó antes de que Hinata pudiese siquiera sentirlo. Durante la madrugada pudo sentir como Sasuke la abrazaba, pero ahora, con los rayos del sol colándose por su ventana, se sentía ligera. Abrió los ojos despacio y se dio cuenta que estaba sola en la cama.

Gimió todavía con sueño y cubrió su cuerpo desnudo con la sábana que estaba enredada en su cadera. Apoyó más su rostro contra la almohada, preguntándose por ese pelinegro que la mantuvo despierta hasta muy entrada la madrugada.

¿Qué iba a hacer?

—¿Sí? — Hinata apenas comenzaba a preocuparse por su nuevo panorama, cuando escuchó la voz de Sasuke dentro del cuarto de baño — Bien, entonces yo marco para confirmar la hora de llegada.

La adormilada peli azul se levantó envuelta en su sábana y se acercó a la puerta abierta del cuarto de baño. Se recargó en la entrada al verlo proporcionar los datos de su tarjeta bancaria, se extrañó por ello pero dejó de darle importancia cuando Sasuke volteó de medio lado a verla y continuó hablando, volviendo a ignorarla.

Mientras él escuchaba a su interlocutor, aprovechó para llevarse a la boca una pastilla que tomó del botiquín de la Hyuuga y dio un sorbo a un vaso con agua. Hinata supuso que la resaca estaba molestándolo y eso, no supo por qué, le causó gracia. La sonrisa que eso le causó se desvaneció al instante al verlo bajar su brazo y volver a hablar. Los músculos de la espalda masculina se marcaron todavía más y entonces ella puso atención al fuerte cuerpo del joven. Sasuke sólo portaba una toalla enredada en su cadera, pudo verle un par de pequeños hoyuelos en la parte baja de su espalda, la línea de su columna vertebral, cómo sus omóplatos sobresalían y por ellos resbalaban finas líneas de agua, al tener el cabello revuelto y mojado.

Cuando el móvil del chico terminó en la encimera, a un costado del lavabo, ella sintió que había pasado mucho tiempo ahí parada; y cuando Sasuke se giró para verla, ella se ruborizó.

—¿Te desperté?

—Ah, no. Yo vine porque… ne-necesito usar el baño.

Él sonrió de medio lado.

—¿Tenías planes para hoy? — preguntó él comenzar a salir.

¿Qué si tenía?

—Ah, pues…

—Ya tenemos planes— la interrumpió y la tomó con cuidado del cuello, pegándola más al marco de la puerta, se acercó a sus labios y vio cómo ella los apretó, avergonzada. Sonrió —. Haz lo que tengas qué hacer— añadió y pese a su resistencia, le dejó un beso en los labios antes de salir de ahí.

Hinata lo vio levantar del suelo su ropa y se encerró en el baño, antes de terminar otra vez viéndolo. ¿Tenían planes? ¿Qué clase de planes? Se preguntó al tiempo de tomar su cepillo de dientes. Decidió darse prisa, todavía debía darse una ducha rápida.

Minutos más tarde, cuando salió de ducharse la habitación estaba vacía. Hinata se apresuró a vestirse, el día era caluroso y Sasuke había dicho que tenían planes, así que eligió un bonito vestido blanco con mediano escote, pero de tirantes. Cuando terminaba de ponerse las sandalias de tacón alto, vio una nota sobre el buró, a un costado de su despertador.

"Fui a cambiarme a mi departamento. Te veo abajo en media hora. Toma un par de cambios de ropa, asegúrate de llevar un traje de baño y lleva contigo mi celular. TQ, Sasuke."

¿Un par de cambios de ropa? ¿Pues de qué se trataban los dichosos planes? ¡¿Un traje de baño?!

Hinata se atormentó… si le pedía un traje de baño es porque irían a alguna playa. Se levantó y fue directo a su closet otra vez. Tomó un short color beige y una camisa negra y otro vestido; sandalias de piso e incluso un sombrero y gafas, pero cuando tuvo que buscar un traje de baño, su semblante se descompuso.

—Bueno, tengo este— se dijo al tomar un bañador completo de tela gruesa y azul marino. Negó en silencio… ese era su viejo traje deportivo del instituto, seguro Sasuke lo reconocería.

«Santo cielo»

Los ojos de Hinata se vieron resignados cuando escarbó entre su ropa, buscando ese traje de baño que una vez, cuando decidió que debía lucir como una chica mayor, se había comprado. Un traje de dos piezas negro… vio la pequeña tela, en especial de la parte baja y volvió a decirse lo mismo que se dijo esa vez que no tuvo el valor de ponerse: había intentado dar un salto muy grande al intentar cambiar de estilo.

Se dio valor y lo metió en la pequeña maleta donde ya tenía su ropa. Ojalá no se viera en la necesidad de usarlo, aunque, por si las dudas, también buscó un pareo morado que, ese sí, alguna vez había usado.

Cuando volteó a ver la hora, se dio cuenta que ya era mediodía. Arrojó la última prenda a la maleta y se apresuró al baño, tomó el móvil del Uchiha y una crema, pasta y cepillo de dientes, también una pequeña cosmetiquera. Salió casi corriendo después.

Al momento de cerrar la puerta de su departamento, el teléfono del mismo sonó, pero Hinata no alcanzó a escucharlo.

• • •

Un par de minutos después Hinata se despidió del conserje de su edificio al bajar del elevador, el hombre se despidió de ella con un guiño cómplice que la avergonzó… seguro él había visto a Sasuke llegar durante la madrugada e irse apenas minutos antes. A pesar de la vergüenza, Hinata extendió una sonrisa. Estaba tontamente contenta… era extraño, pero estaba disfrutando sentirse así.

Cuando un viento fresco la recibió al salir del edificio, un nerviosismo y emoción le recorrieron el cuerpo. Sasuke estaba sentado en el capó de su deportivo y esperaba por ella, vestido con unos pantalones deportivos blancos y una camisa negra ceñida, manteniendo un aire atractivo y sensual, tan clásico de él. Con las manos en los bolsillos del pantalón dibujó media sonrisa cuando la vio aparecer.

Sin querer parecer tonta se aclaró la garganta y fue directo hacia él. Sasuke se incorporó y cuando ella estuvo enfrente, le sujetó la barbilla y se inclinó hacia ella.

El sonido que hizo el estómago de Hinata detuvo al Uchiha a menos de un centímetro de posar sus labios en los de ella.

«Cielos» Hinata apretó los ojos y todo su rostro se puso rojo. Sasuke sonrió sin querer evitarlo.

—Lo siento.

—Pasaremos por algo de comer. Sube— le dijo y le dejó un pequeño beso en los labios, olvidándose del beso profundo que quería darle. No quería tener una novia muerta por no alimentarla.

Cuando Hinata ingresó al coche siendo seguida por Sasuke quien al instante puso en marcha el auto, ella extrajo de su maleta el móvil del moreno.

—Toma— dijo y se lo extendió.

Él, que observaba por el espejo lateral del coche para ingresar al flujo vehicular, no lo pudo tomar.

—Ponlo por ahí— soltó al girar el volante y acelerar.

—Ah…— Hinata observó el tablero del coche, pero supuso que resbalaría, así que optó por abrir un pequeño compartimiento situado atrás de la palanca de velocidades. Sus ojos se abrieron con sorpresa cuando notó, además de una cajetilla de cigarros, también un paquete de condones y un ticket de compra. Su gesto se descompuso al darse cuenta de que no podía haberlos comprado recién, y en su pecho volvió a sentir esa opresión al volver a pensar si él habría tenido encuentros con otras mujeres en el tiempo que no estuvieron juntos. Imaginar que sí, casi le revuelve el estómago y le evapora el hambre.

Sasuke la notó seria y llevó su mirada a ver lo que ella veía.

—Los usaremos todos— habló rompiendo el silencio.

—¿Qué?

—Los condones. De hecho, creo que necesitaremos más— explicó haciendo a Hinata ruborizarse.

—Yo, yo no dije nada— soltó cerrando de una vez el pequeño compartimiento.

Él sonrió de medio lado y ella desvió el rostro.

La vergüenza y expectación por qué sería lo que él tenía planeado, dejaron de lado ese rastro de celos que sintió, pues, aunque no le gustara nada la idea de que él se hubiese acostado con otra, u otras, reconocía que no tenía derecho de reclamar nada. Ellos dos… no eran casi nada. O, al menos, no lo habían establecido.

—Y, ¿a dónde vamos?

Él volvió a sonreír.

—Ya lo verás.

O.O.O.O.O

Dos golpes discretos sonaron en la puerta.

Sakura apenas se giró en su cama y siguió escuchando música en su iPod. La puerta se abrió y la de pelo rosa giró su rostro. Ino se dio cuenta que, a pesar de tener los auriculares puestos, la había escuchado llamar. Comprendió que, como supuso, su humor no era el mejor.

—Hey, ¿cómo estás? — saludó, como siempre, jovial.

Sakura no se movió, acostada boca abajo, sólo ladeó su rostro, sin querer verla.

—Sí, supuse que mal— se contestó la rubia, entrando. Suspiró al llegar a su lado y dispuesta a sacarla de la soledad, se encaminó a la ventana y corrió las cortinas —. Nunca has sido de esas chicas que se pasan el día tiradas en cama. Es la una, ¿seguirás ahí?

Los ojos verdes de Ino se fijaron en el delgado cuerpo de Sakura, ya había pasado una hora desde el mediodía y seguía en pijama. No le gustó el aura triste que se seguía sintiendo a pesar de que la luz del sol ya bañaba la habitación.

—Oye— suavizó su voz al tocarle la cabeza y sentarse a su lado —, frentona, no deberías ponerte ya así…

—Ahora no, Ino— suplicó la otra con la voz cansada.

Los ojos verdes de la otra mostraron su sorpresa. Sakura tenía los ojos enrojecidos y la piel pálida… seguro se había dormido llorando muy entrada la madrugada.

Ino tragó pesadamente, no esperó encontrarla tan mal; la noche anterior se había marchado hecha una furia, no creyó que hubiese sido víctima de un bajón emocional tan fuerte. Tontamente había creído que lo que ocurrió con Sasuke sería suficiente como para herir su ego, y sujetarse de él para superarlo. Sakura era una chica fuerte y orgullosa, después de todo.

—No te pongas así, ya sabes cómo es él.

La pelirrosa tensó la mandíbula al soportar el llanto.

—No debiste darle la oportunidad de lastimarte así. Siempre fuiste una chica con más de dos pretendientes, Sasuke no te merece y lo sabes. ¿De verdad te habrías sentido satisfecha al estar con él, luego de los desprecios que te ha hecho en el pasado?

—No lo sé, Ino— confesó la de ojos jade con la voz ronca producto del llanto pasado —. Lo único que puedo creer firmemente en este momento, es que hubiese sido mejor si nunca lo hubiera conocido.

—En eso estamos de acuerdo— respondió la rubia luego de unos segundos —. Él no era para ti. Algún día aparecerá alguien, tal vez hasta ya apareció y no te has dado cuenta por estar cegada por él. Ya lo verás… tarde o temprano aparecerá la persona indicada, para ambos, y tan será así, que serás feliz por ti y por él.

Sakura se recargó en la pared a su lado y se abrazó a sus piernas, su mirada llorosa mostró rencor.

—No. Ojalá que Sasuke nunca sea feliz… no se lo merece.

Ino tragó pesadamente al escucharla con tanto resentimiento.

—Sé que nadie— continuó Sakura—, mucho menos él me pidió amarlo, pero, aun así, fueron muchos años en los que casi le mendigué su amor. Pudo haberlo al menos intentado y yo me hubiese sentido satisfecha, no es como si quisiera ser el amor de su vida… pero ni siquiera lo intentó. ¿Sabes cómo eso me hizo sentir?

—No puedo imaginarlo— confesó la rubia y una lágrima recorrió la mejilla de Sakura.

—Por eso, y aunque sé que estoy mal, te juro, que si sé que él no es feliz, yo me voy a alegrar.

Ahora la tristeza se posó en los ojos de Ino. Sakura estaba demasiado resentida y, hasta cierto punto, podía entenderla… que bueno que Hinata no la veía en ese estado pues seguro se sentiría culpable por algo que comenzó antes de que ella apareciera en la vida de esos dos. Ojalá pudiera culpar a Sasuke para al menos ayudar a Sakura a liberar todo el rencor que tenía por dentro, pero sería injusto.

La pelirrosa se recargó en el hombro de Ino, derrotada y ésta suspiró.

—¡Suficiente! ¡Levántate de esa maldita cama y vayamos a embriagarnos! ¡Cantaremos y bailaremos hasta anochecer!

—Estás loca— susurró Sakura que, cuando Ino se levantó, se tiró hecha un ovillo en su cama.

Ino la estiró de un tobillo.

—Anda, divirtámonos y me cuentas cómo llegaste a casa anoche.

Sakura apenas sonrió y cerró los ojos sin ganas de nada. Se sintió avergonzada por Kakashi, el hombre había aceptado llevarla a su casa, pero como ella mintió al decirle que vivía cerca -para no asustarlo con la distancia-, se quedaron sin gasolina a medio camino. Caminar más de cuatro kilómetros hasta una gasolinería no había sido lo más divertido que ambos hubiesen hecho, menos a media noche, pero al menos, por un rato, eso le había borrado el recuerdo de Sasuke por largos minutos.

—Ten, ponte esto— Ino le arrojó un short y una pequeña blusa roja que dejaría al descubierto su ombligo.

—No me meteré a ningún bar vistiendo esto.

—Ningún bar decente está abierto a esta hora. Iremos a la playa, ahí siempre hay locales abiertos y podremos hacer el ridículo sin que nadie nos conozca— dijo Ino y le guiñó un ojo.

—Ino, yo…

—Anda, justo hoy mis padres me dieron mi mesada así que podremos embriagarnos sin problema— informó animada —. ¡Corre!

O.O.O.O.O

Luego de comer algo rápido, tomaron la autopista que los sacaría de la metrópoli, Hinata había suspirado un poco más tranquila. Estar con Sasuke siempre suponía un pequeño riesgo, sobre todo, cuando estaban en público; por eso, salir de la ciudad era una buena idea.

Sasuke le había preguntado si llevaba lo que le pidió, tras decirle que sí, éste había asentido y luego de unos minutos entre la multitud de coches que salían de la ciudad, él encendió la radio. Como Hinata supuso, el Uchiha no le dijo exactamente a dónde irían. La playa más cercana estaba a casi una hora, así que, sabiendo esto, y aunado a la falta de descanso de esa noche y la agradable música que sonaba, Hinata comenzó a relajarse; se recargó completamente en el asiento y pronto hizo acto de su mala calidad de copiloto, al quedarse dormida.

Los ojos negros viajaron a ella un par de veces, cuidando que su cabeza no resbalara de más con los cambios de velocidad. El rostro de Hinata relajado era digno de admirar, lucía tan tranquila, tan pura… más angelical.

Sasuke suspiró y pisó el acelerador, quería ganarle minutos al recorrido, después de todo, ya era domingo y seguían en temporada de clases.

• • •

Los rayos de sol molestaron los delicados ojos Hyuuga a pesar de estar cerrados. Al abrirlos, lo primero que hizo fue buscar un ángulo que la cubriera, su mirar se encontró con Sasuke que continuaba conduciendo. El moreno portaba ya unas gafas de sol que le permitirían conducir sin tanta dificultad, haciéndolo ver todavía más atractivo. Hinata se recompuso al instante, se alisó el cabello y al pasar su mano por su rostro, se dio cuenta, totalmente avergonzada, que había babeado ligeramente.

—Al parecer dormiste bien— ante esa frase soltada sin que él voltease a verla, ella enrojeció.

—A-algo así— respondió y se acomodó correctamente —. Y, ¿a dónde vamos? — preguntó enseguida al ver que aún no llegaban a su destino.

Miró la hora en su móvil y se sorprendió cuando se dio cuenta que Sasuke llevaba conduciendo más de tres horas.

—Estamos llegando.

—¿Pero a dónde? — insistió al ver pequeñas montañas y notar como la urbanización se había hecho menor.

—A la península de Izu— informó por fin.

Ella no pudo no sorprenderse. Estaban en Shizuoka. Separó sus labios y en un instinto nato, cual niña, volteó todo su cuerpo a la ventanilla. La península de Izu estaba, para su gusto, en un lugar privilegiado del país en cuanto a vista; pues tenían, ni más ni menos, que al Monte Fuji al este, y el Océano Pacífico al oeste. Ahora no le extrañaba mucho que Sasuke hubiese decidido conducir por más de tres horas para llevarla ahí. Se sintió entusiasmada.

—¿Has estado aquí antes?

Ella negó con el rostro.

—Las veces que solíamos vacacionar era fuera del país, y esto, cuando mamá vivía.

Él sonrió y negó en silencio. No le sorprendía mucho lo que acababa de escuchar, pues hasta cierto punto, sus familias eran parecidas.

—¿Tú? — la voz de Hinata lo hizo voltear a verla— ¿Has estado aquí?

Sasuke asintió al tiempo que disminuía la velocidad. Acababan de entrar a una pequeña ciudad turística y pesquera.

—Este era el lugar favorito de mi madre, solía traernos aquí, a mi hermano y a mí cada que tenía oportunidad— informó al ingresar el auto en un pequeño estacionamiento, frente a una cabaña bastante moderna —. Espera aquí, enseguida vuelvo.

Cuando el alto pelinegro salió del coche, ella observó mejor el lugar. No era una cabaña, era un lujoso hostal.

«Así que el lugar favorito de su madre»

Hinata sonrió sintiendo una calidez en el pecho. Un par de coches estacionaron también mientras un pequeño grupo de turistas subían a una miniván, dispuestos a continuar con sus expediciones.

Sasuke regresó enseguida.

—¿No bajaremos? — preguntó ella extrañada cuando lo vio volver a cerrar la puerta del coche.

—No— contestó al poner en marcha el auto —. No nos quedaremos aquí.

—¿Quedarnos? — preguntó cuando Sasuke le arrojó un juego de llaves marcadas con el número quince. ¿Pasarían la noche ahí? Pero… era domingo.

—¿Tienes alguna clase importante mañana? — preguntó volteando a verla.

—Ah…— ella lo meditó —, pues, muy importante, no, ninguna.

—Entonces sí, nos quedaremos.

Ella guardó silencio y casi se ruboriza. Sasuke hablaba de quedarse, de pasar la noche juntos, y eso sólo significaba una cosa: sexo. Era increíble lo que habían avanzado… parecían un par de novios que se fugaban el fin de semana. Su cuerpo se estremeció al verse ahí con él y saber exactamente qué harían durante esos días solos. Mordió su labio y ladeó la vista… decir que no lo deseaba, era mentir. ¡Dios!

Les tomó menos de veinte minutos atravesar la pequeña ciudad. Conforme se acercaban a su destino, Hinata observó cómo dejaban atrás varios hoteles y una enorme explanada rodeada de negocios comerciales, más lejos, dejaron atrás la urbanización y entraron a un sector privado. Era una extensión de terreno que contenía pequeños búngalos separados unos de otros, frente a éstos, el mar azul cobraba un tono verde aguamarina conforme se acercaba a la costa. Siguieron adentrándose y giraron a la derecha; al fondo del camino los ojos violáceos notaron cómo a un costado del último búngalo, se alzaba la naturaleza en forma de pequeños cerros boscosos.

—Es aquí— informó el moreno al estacionar el coche. Tomó la pequeña maleta de Hinata y bajó, animándola a seguirlo.

La fachada constaba de un bonito y cuidado jardín. El búngalo era de una madera clara, tenía un par de grandes ventanas y cortinas semi transparentes. Una puerta de madera les dio el paso al que sería el lugar que habitarían por las horas siguientes.

Hinata sintió una especie de calor de hogar. El suelo de madera se extendía por donde viese, muebles rústicos de cojines blancos, una mesita de cristal con un elegante arreglo floral también blanco. La cocina era pequeña pero completamente equipada y al final de un pasillo, parecía estar la que sería la única habitación. Hacía allá se había dirigido Sasuke luego de decirle que el refrigerador estaba lleno, que tomara lo que gustara.

Ella no pensó en el refrigerador en absoluto. Avanzó atravesando la sala y deslizó la puerta corrediza. El aire con pequeñísimas gotas de agua hizo ondear su cabello y la cortina de gasa. El olor a agua de mar le trajo recuerdos de su infancia. Salió y ahora también su vestido ondeó. Llegó al límite del enorme balcón y observó las escaleras de madera que la llevarían a la playa. Sonrió.

—¿Te gusta? — Sasuke llegó tras ella y enredó sus brazos en la pequeña cintura, impidiéndole moverse luego de respingar, por el pequeño susto que le dio.

—Es hermoso. Más de lo que imaginé para ser honesta.

Él sonrió. Ese lugar era lo más cercano a un área tropical, arena blanca, aguas claras y, detrás de las enormes rocas que ponían fin a ese sector privado, se alzaban áreas boscosas donde los turistas solían aventurarse a explorar; mucho más lejos de eso, podía vislumbrase el nevado Monte Fuji, contrastando ligeramente con el fresco mar.

Ella se giró entre sus brazos, sintiéndose cada vez más cómoda con él, así, alejados de todo.

—¿Y qué haremos?

Sasuke sonrió con malicia.

—¿Quieres que lo diga en voz alta? — preguntó apretándola y dejándola sentirlo. Queriendo abochornarla más, le acarició el trasero.

Ella se ruborizó y avergonzó, luego se apartó de él.

—Quiero decir… venimos aquí por algo más que eso, ¿no?

Sasuke suspiró al recargarse en el borde de madera de ese lugar. Si se era sincero, sólo quería meterla a la cama y hacérselo otra vez, pero la llevó ahí para tener un par de días normales.

—Comamos algo. Más tarde, luego de refrescarnos pasearemos por la ciudad. En la noche…— hizo una pausa para ver a Hinata ruborizarse y luchar por sostenerle la mirada. Él sonrió de medio lado y se acercó los pasos que los separaban —, en la noche — repitió — podemos entrar al mar— añadió y le sujetó la barbilla, detalló su rostro —. No vamos a hacerlo, hasta que seas tú la que me lo pidas.

Ella abrió más los ojos, sorprendida. ¿Qué?

Él se alejó satisfecho al notarla no tan de acuerdo con eso.

—Anda, preparemos algo de comer.

• • •

Un par de horas más tarde Hinata avanzaba tomada de la mano de Sasuke por la ciudad, luego de haber dejado el coche estacionado. Envuelta en un pequeño vestido color beige de mediano escote y unas sandalias a combinación, se sentía realmente bien al ir a su lado. Antes de salir comieron en medio de una charla donde se enteró -luego de preguntarle- que Sasuke continuaba con sus estudios desde casa y que, a pesar de ello, tenía planes de volver a la universidad a culminar con el par de meses que les restaban. Se sintió casi perversa cuando, al terminar de ducharse, sintió una pequeña decepción cuando Sasuke no apareció en el baño… al parecer, eso que le dijo mientras observaban la playa pensaba cumplirlo.

Un par de miradas de chicas se posaron sobre el moreno que vestía una bermuda oscura y una camisa blanca sin mangas. Las jóvenes, turistas como ellos, no tuvieron reparo en mostrar su interés en el chico cuando pasaron cerca de ellas, que estaban tomando un trago en un bar del centro.

Cuando Sasuke se ajustó las gafas y evitó ver a las chicas, Hinata sonrió por dentro, divertida por eso. Pero cuando el Uchiha le soltó la mano y la abrazó por los hombros, se puso tiernamente nerviosa. Se sentía bien ir a su lado. De pronto recordó la envidia que le tuvo a Karin durante el baile, la noche anterior. Se sintió mejor.

—¡Mira! — alzó la voz al ver a lo lejos una tienda de artesanías, distrayéndose de esa sensación que podría ser peligrosa — ¡Vamos ahí! — pidió y se soltó de su agarre.

Sasuke sonrió y negó en silencio cuando la vio llegar y saludar a un joven artesano. Fue tras ella.

—Es increíble, hay de todo— dijo ella entrando al pequeño local.

—Sí, como en cualquier lugar de estos.

Hinata sonrió sin preocuparle demasiado estar emocionada.

—Con papá difícilmente podemos venir a un lugar así.

—No me sorprende.

Ella ya no dijo más, recorrió largos pasillos donde se exhibían distintas obras en diversos materiales. Había desde pareos finamente bordados, bolsos, sombreros, aretes y bisutería exhibidas en las paredes. Hinata se quedó unos minutos observando un enorme cuadro de tres piezas donde se dibujó y talló una fotografía casi exacta de una de las playas locales. Sus ojos pasaron a las mesas y su sonrisa se extendió al ver una pequeña lámpara hecha de cuatro tubos de bambú desiguales y sujetos entre sí, estaba tallada con distintos kanjis de buenos deseos, como también un pequeño relieve de esa península.

Sasuke frunció el ceño al verla detallar ese objeto. Conocía lo suficiente a Hinata para saber, que si bien no era una joven estrafalaria, esa lamparita no encajaba para nada con su estilo, uno más sobrio y elegante.

—Mi hermana la adoraría— comentó pues aun sin verlo, sintió su extrañez —. Ella ama este tipo de cosas.

—Y tú pareces adorarla a ella— comentó Sasuke secamente.

—Hanabi y Neji son lo mejor que tengo— soltó sin pensar molestando al Uchiha con el nombre de su primo.

—Pues comprémosla— cambió el tema sin pretender fastidiarse por eso.

La Hyuuga ya no soltó la lamparita y luego pidió una campana de viento que pendía de una estrella de mar, esto sería para ella. Sasuke se apartó unos minutos y ella siguió fascinada; se quedó un tiempo viendo como el joven artesano dibujaba con maestría un paisaje en una ostra, ver la dedicación y pasión en ello fascinó a Hinata que no se atrevía a siquiera a hablar.

Sasuke, que se fastidió por verla regalando su atención a un extraño, habló:

—¿Has elegido ya?

El chico alzó su rostro y sonrió.

Hinata salió de su ensoñación.

—Sí. Quiero esto— dijo y ofreció el par de objetos y un par más de pequeños paisajes dibujados en cerámica —. ¿Cuánto es?

—Yo lo pagaré— dijo él entregándole una tarjeta al artesano, sin dejar a Hinata protestar.

El chico la tomó y les entregó un par de bolsas donde guardarían sus compras. Salieron instantes después.

Cuando Hinata fue consciente, ya estaba anocheciendo y las luces comenzaban a aparecer por donde mirara. Volvió a caminar tomada de la mano de Sasuke. Había varios bares y sus mesas se extendían incluso en las banquetas por donde caminaban.

Una botella de agua pasó y despareció por las manos del Uchiha, así como un frappé de las de Hinata, mientras veían un espectáculo de luces y marionetas ubicado en un estrado de la esplanada.

—Vamos por un trago, esto es aburrido— el Uchiha la haló con él, saliendo de entre la pequeña multitud de gente que ahí se reunía.

Hinata lo siguió sin queja y atravesaron parte de la esplanada, pasando al lado de una fuente alargada. Había más niños de los que parecerían normales rondando por ahí, pero no les dieron importancia.

A las nueve de la noche sonó una campanada y todos los niños gritaron, Sasuke que no había dejado de caminar de pronto tuvo que hacerlo cuando un chorro de agua a presión le golpeó la cara desde el suelo, arrojando a varios pasos de él las gafas que traía colgadas en la camisa.

Hinata se sorprendió al darse cuenta de lo ocurrido.

Todos los niños se arremolinaron en esa fuente multicolores que lanzaba chorros de agua con ritmo desigual. Sasuke se tensó. Estaba molesto, avergonzado.

Hinata tembló queriendo reírse y él volteó a verla.

Ella se mordió el labio soportando la risa al verlo con el pelo chorreando agua.

—No…— él amenazó con voz seria.

A ella se le escapó una pequeña risa.

—… te rías, Hinata.

La peli azul volvió a reír, esta vez con mayor confianza.

—Lo siento— se disculpó, pero siguió riendo. Sasuke casi la asesina con la mirada.

Un nuevo chorro de agua volvió a salir despedido y como Sasuke no se había movido, volvió a golpearlo.

—Joder— maldijo él.

Esta vez Hinata soltó una carcajada y Sasuke se movió a verla, estaba molesto. Nadie les ponía atención y era ella la única que se burlaba de él.

La peli azul se dobló de la risa y luego de cerrar los ojos Sasuke buscó calmarse. Cuando los abrió y siguió viéndola, la tensión de su cuerpo desapareció. Hinata se limpiaba una lagrimita pero no dejaba de reír.

«¿Alguna vez la has hecho reír a carcajadas?»

La frase soltada por Fugaku lo golpeó de pronto al verla controlar su risa. Él sonrió entonces. Aquella vez se había sentido impotente y frustrado porque su padre le aseguraba que él sería la destrucción de Hinata como él lo fue de su madre.

Fugaku era un imbécil. Le demostraría que no eran iguales.

Los ojos negros mantuvieron su seriedad y alzó una ceja viendo a Hinata. Ésta supo que estaba en problemas.

—No quise burlarme, pero…

Sasuke dio un paso a ella y Hinata retrocedió. Él dio uno, dos, tres. Hinata retrocedió los mismos. Cuando el Uchiha se detuvo y curvó una sonrisa, la de ella disminuyó. Acto seguido, un chorro de agua le levantó el vestido a Hinata y casi moja su rostro. Ésta saltó casi asustada por ello y enseguida salió del área de las fuentes.

—Un pequeño error de cálculo— dijo él y ella adivinó que la quería mojada.

—No te atrevas, traigo vestido y…

Él arqueó una ceja —Casi estás seca.

—Sasuke…— lo nombró con medio tono de advertencia.

Él sonrió y ella corrió buscando escapar, pero él la sujetó de las piernas; la giró y se la echó a los hombros. Caminó adentrándose a la fuente, en medio de niños y un par de adolescentes más.

—¡Cielos, Sasuke, no! — Hinata alzó la voz cuando su pelo largo y suelto fue mojado por los chorros de agua.

—Disfrútalo, preciosa— mencionó él cuando se aseguró de pasearla por las zonas con más agua, girando con ella en su hombro. Ella pataleó y sólo logró que Sasuke la apretara más, provocándole cosquillas. Hinata se removió más y con los cuerpos mojados y algo de suerte, logró escaparse. Corrió pero él le dio alcance de nuevo. Volvió a cargarla. Cuando quiso gritar y volver a luchar, Sasuke le dio un azote en el trasero, haciéndola respingar.

—Anda preciosa, vuelve a intentar huir.

Hinata tapó su rostro y casi sintió que despedía vapor de la vergüenza cuando varias personas se burlaron de ella.

Ahora fue Sasuke el que se rio y segundos después, también lo hizo ella.

—Por favor, salgamos de aquí— suplicó apenada al saber que ahora sí eran el centro de atención.

—Bien— dijo y luego de avanzar unos pasos, saliendo ya del área de esa enorme fuente colocada a la mitad de la esplanada, finalmente la puso en el suelo. Los ojos negros se fijaron en ella, estaba empapada y con el vestido pegado al cuerpo —. Salgamos de aquí— dijo y la tomó de la mano para volver a caminar.

La ropa interior se le marcaba a Hinata, sobre todo el sostén.

—Espérame aquí— pidió el moreno al indicarle que se sentara en una pequeña banca. Le entregó el par de bolsas con las compras y se alejó.

Tres minutos después, Sasuke apareció con un pareo que le colocó sobre los hombros a la chica. Ella agradeció y se sintió más segura de deambular por el lugar.

—¿Quieres regresar o…?

—No— respondió segura —. Vayamos por ese trago.

Sasuke sonrió y luego ambos se dirigieron a uno de los tantos bares del centro. Varios minutos después, luego de recorrer las calles de la ciudad, ingresaron a un pasaje comercial donde se ubicaban dos de los mejores lugares de convivencia.

Las paredes del lugar estaban tapizadas en madera rugosa, sin perder el estilo playero de la zona. En la barra se encontraban distintas personas bebiendo y más al fondo, un grupo de chicas se peleaban por elegir la música en una pequeña Rockola, al mero estilo ochentero. Eso hizo sonreír a Hinata que se dejó guiar por Sasuke a una de las mesas laterales, frente a la barra.

—¿Qué quieres tomar?

Ella tomó asiento en una de las altas sillas colocadas en esa mesa que era únicamente para dos personas.

—Lo que sea, que no sea muy fuerte.

Él asintió y se dirigió a la barra. Luego de verlo ordenar, Hinata se dio cuenta cómo se dirigió a los baños.

Minutos después la música cambió un par de veces en cuestión de segundos, producto de la guerra que se tenían esas chicas al fondo del local. Al final, Rock & Roll all nite de Kiss sonó en todo lo alto, mientras un par de esas jóvenes cantaban con pésima pronunciación. Las bebidas llegaron y Hinata agradeció. Dio un sorbo al mojito que Sasuke le había pedido y dejó la cerveza de él sobre la mesa; hizo un gesto al darse cuenta que su bebida quedó más cargada de lo que le gustaba, pero lo dejó pasar.

El lugar poco a poco se llenaba conforme la noche caía todavía más. Sasuke regresó a su lado. El bullicio se hizo mayor y la oscuridad más cuando se cambió la iluminación luego de iniciada la música.

Sasuke se acercó a Hinata mientras hablaban, aprovechando la excusa del alto sonido, se dedicó a ponerla nerviosa y al parecer funcionaba pues la Hyuuga terminó su mojito de menos de cinco tragos. Al finalizada la bebida de la chica, Sasuke la besó. Él se puso de pie y la hizo girarse en la silla para poder meterse entre sus piernas, el vestido de Hinata seguía húmedo y era más consiente de las reacciones que le provocaba. Ella se dejó besar animada por la oscuridad, pero cuando Sasuke deslizó una de sus manos directo a su trasero, luego de pasearla por el interior de sus muslos, la temperatura corporal comenzó a subirle demasiado rápido; sobre todo, al sentir la erección entre las piernas masculinas. Hinata se apartó de sus labios y desvió su rostro, buscando calmarse.

—¿Qué tal otro mojito? — le preguntó al Uchiha para buscar una excusa para separarse. Estaban en un lugar donde nadie los conocía así que podían darse el lujo de ser un poco más atrevidos en público, pero su pudor natural le estaba dando guerra.

Él sonrió de medio lado y luego de negar en silencio, aceptó. Fue a la barra por otras bebidas.

Hinata se llevó una mano al pecho, sintiendo su corazón acelerado. Estaba apenada por cómo habían estado, pero sentía el empuje de su adrenalina pedirle más de eso.

Él estiró su mano por sobre la mesa extendiéndole otro mojito. Ella lo vio y luego su atención recayó en su muñeca.

—¿Y esto? — preguntó sujetándole la mano y viendo con atención la pequeña pulsera que el Uchiha portaba y que, anteriormente, no traía.

Él rodeó la mesa, metió una de sus manos a un bolsillo de su pantalón y luego le tomó la mano derecha a Hinata.

Los ojos perlados lo vieron con atención.

—Hay una para ti también— mencionó él al mostrarle la delgada pulsera tejida en hilo rojo. Hinata se ruborizó al comprender que él había comprado tales objetos en la tiendita de artesanías para ambos.

—Es muy bonita. ¿Qué significado tiene?

—Qué voy a saber— respondió él sin darle importancia.

Hinata acarició las seis cuentas de colores que tenía la pulsera… seguro tenía un significado, cada pulsera tenía el suyo. Sonrió al decirse que después lo investigaría. Se acercó más la mano para verla por sobre la oscuridad y se dio cuenta que cada una de las piedritas tenía dibujada la carita de un gatito. Abrió los ojos con sorpresa y diversión al ver tres bigotitos en las mejillas de los gatitos y recordó a alguien en particular.

—¿No te parece que estos bigotitos se parecen a los de…?

—No lo arruines— cortó él secamente desviando su atención a otro lado.

Hinata sonrió. La pulsera era muy bonita.

—La cuidaré mucho.

Él volvió a verla.

—Sí. Más te vale— dijo y volvió a girar su cuerpo a ella.

Con los ojos negros puestos sobre sí, a Hinata le volvió ese calorcito agradable que la mantenía a la expectativa. Más gente entró al local que en poco tiempo se llenó aun siendo domingo.

La peli azul dio tragos largos a su bebida.

—Hey, te embriagarás— él la detuvo.

Ella sonrió avergonzada —Creo que tienes razón— le dijo y le dejó que le quitara el vaso de la mano. Una canción se acabó y otra comenzó a sonar, el nombre de la melodía fue lo último que le importó a Hinata cuando Sasuke, estando tan cerca de ella, volvió a comerle los labios. Él se colocó enfrente, haciendo su espalda chocar con la pared tras la silla, evitando así que la gran parte de los presentes la vieran.

Él dejó sus labios para respirar y observó esos ojos violáceos temblar a la expectativa. Se dio cuenta una vez más cuánto le gustaba esa chica que lo estaba dejando hacer lo que quería. Su excitación creció. Hinata se acercó a sus labios y él los tomó. En medio del beso, Sasuke llevó su mano derecha desde la rodilla de la Hyuuga, hacia arriba, arrastrando ligeramente la tela del vestido. Cuando sus dedos rozaron las braguitas, ella respingó ligeramente.

—Relájate, o se darán cuenta— habló sobre sus labios y Hinata tembló.

Sasuke deslizó su dedo medio, sobre las bragas, siguiendo esa fina línea que formaban sus dos labios vaginales; la recorrió un par de veces mientras besaba con cuidado la boca de Hinata. Segundos después, sus dedos resbalaron bajo las bragas y no se detuvo hasta deslizar la punta de su dedo medio entre los pliegues femeninos.

Ahí Hinata tembló y jadeó. Él también jadeó.

—Sasuke…

—Tranquila, te dije que no te haré nada si no me lo pides— respondió con voz ronca, sin apartarse de sus labios.

—Pero…

—Sólo intento asegurarme de que lo pidas— confesó sin vergüenza y ella se ruborizó.

Luego de que él sonriera con autosuficiencia, deslizó la punta de su dedo medio hacia arriba, separando los labios vaginales de Hinata y ella ya no sólo tembló, sino que se removió. Él la abrazó de la cadera para impedirle alejarse.

—Nos van a ver— soltó ella temiendo que así fuese.

—Nunca lo permitiría— él aseguró antes de besarle sus labios.

—Aun así… a-aquí no— suplicó ella viéndolo a los ojos. Mantuvieron el contacto unos segundos hasta que él, a regañadientes, cedió; retiró su mano de entre sus muslos y se apartó unos centímetros —. Gracias.

Hinata terminó su bebida de un solo trago. Cerró sus piernas impidiéndole a Sasuke volver a entrar cuando él se apartó. Ser consciente de lo mojada que estaba la preocupó… ¿cómo podía excitarse con algo tan descarado como dejarse tocar en público?

Un movimiento en su pierna la alertó. Bajó su mirada y se dio cuenta como algo dentro de las bolsas de compras brillaba.

—Cielos— soltó al inclinarse y tomar su móvil.

Sasuke vio de reojo su acción.

—No contestes.

Ella abrió grandemente sus ojos.

—Debo hacerlo, es Neji— dijo bajando de un salto de la silla. Sasuke la vio con reproche —. Si no lo hago es capaz de ir a buscarme al departamento, eso, si no lo ha hecho ya— explicó.

Él rodó los ojos y Hinata no esperó más para alejarse esquivando gente, directo a la calle. Una vez afuera, tuvo que ser ella quien marcara, pues la llamada se había perdido.

—¿Hinata sama?

—Niisan.

—¿Dónde ha estado? — preguntó el chico preocupado — La llamé después del mediodía a su departamento y no respondió. Luego lo hice un par de veces más al móvil y no enlazaba la llamada. ¿Está bien?

Hinata se rascó el cuello. Seguro estaba en carretera cuando el móvil se quedó sin señal. No podía decirle.

—Sí, verás… ah, u-últimamente el móvil me ha estado fallando— mintió.

—Debió de decirlo antes, me aseguraré de reemplazarlo, siendo quien es, no es bueno que esté incomunicada.

—Lo siento.

El grito de varias personas dentro del bar resonó cuando la versión de AC/DC de I love rock'n roll, comenzó. Hinata apretó fuerte los ojos… que Neji no hubiese notado eso era imposible.

—¿Dónde se encuentra, Hinata sama?

«Diablos»

—En un bar, con unas amigas, niisan— habló lentamente.

Se formó un silencio de unos segundos.

—¿En domingo?

—Sí, verás… hoy es el cumpleaños de una de mis amigas y quiso festejar.

—Hinata sama…

—¡Lo sé, lo sé! — interrumpió con cierta prisa — Surgió de improvisto y la verdad no quise negarme. Prometo estar mañana a primera hora para cada una de mis clases. De verdad, Neji.

El chico suspiró cansadamente y ella se sintió mal por mentirle con tanto descaro. Pero la verdad es que no podía decirle que estaba a cuatro horas de su departamento, y que, además, pasaría la noche con un chico, un Uchiha, para complicar todo más. Y también que, a juzgar cómo se puso, lo más seguro es que harían el amor toda la noche. Tener esto en la cabeza la hizo sentir el rostro caliente.

—¿Tiene forma de llegar a casa sin problemas?

Ella asintió y se dispuso a volver a mentir.

—Hay conductor designado.

Él resopló del otro lado —Intente no tomar en exceso.

—Eso haré.

Luego de un par de palabras más, la conversación se acabó. Hinata regresó con un poco de dificultad a la mesa donde Sasuke la esperaba.

—¿Algo malo?

Ella negó —Una llamada de rutina— respondió todavía sintiendo el corazón apresurado por una mentira tras otra. Hinata vio un nuevo mojito y prefirió tomar de la cerveza de Sasuke… necesitaba más que un simple mojito para dejar de lado la llamada de Neji. Sasuke vio eso con un toque de diversión.

Cuando él le tomó el rostro para ver que de verdad estuviera tranquila, y se acercó a besarla, Hinata le pidió no más toqueteos en público, lo que lo divirtió.

—De acuerdo— aceptó él y se apartó —. Entonces iré por otra cerveza— dijo, luego de cederle la que estaba tomando a ella.

Hinata aceptó y lo vio partir. Cuando lo perdió entre la multitud, notó como las chicas de la Rockola ahora estaban con un grupo más nutrido de personas, en la mesa de al lado.

Con un nuevo ritmo de música que Hinata no reconoció, tres chicas saltaron de las sillas, estaban ebrias y eso fue claro para la Hyuuga que tuvo a una prácticamente frente a frente, luego de que chocó con su mesa, derramándole su cerveza en el acto.

Hinata se puso de pie para no mojarse y una de las jóvenes sujetó a su amiga y la guio en dirección correcta, lejos de la peli azul.

—Lo siento. ¿Te lastimó? — preguntó la joven de pequeño short de mezclilla y top negro.

—No, estoy bien, no te preocupes.

La chica arrastró su flequillo —Déjame invitarte un trago para reponer tu bebida.

—No es necesario— mencionó Hinata ahora apenada al ver a la chica que colisionó contra su mesa, ahora correr al baño, teniendo arcadas.

La joven junto a ella vio a su amiga.

—Es una tonta, pero es buena persona— aseguró y luego se volteó hacia uno de sus amigos — ¡Oye! Pásame el tequila.

—Te dije que no era necesario— dijo cuando vio a la chica llenar un vasito con el líquido.

—Oh, vamos, no tomarás solo cerveza, ¿o sí?

La expresión de pena de la joven al ver su cerveza la hizo avergonzarse… si supiera que sólo tomaba mojitos seguro su expresión sería peor.

—Vamos, sólo el que conduce toma cerveza.

—¡Eso, o los vírgenes! — gritó alguien atrás de la chica, haciéndola reír.

—Ya lo oíste.

—Bien, gracias— Hinata aceptó luego de que le tendió otra vez el vasito.

Los ojos negros de Sasuke vieron a Hinata charlar con esa desconocida y luego de verla sonreír, supo que estaba bien. Su atención volvió a caer a su móvil en la mano.

Era Itachi, ¿qué demonios querría?

Sasuke volvió a ver a Hinata que ya charlaba con las que ahora eran dos desconocidas y un tipo. La llamada en el móvil del moreno se perdió, pero enseguida volvió a enlazarse.

—Joder— soltó alejándose de la barra, para dirigirse a la calle —. ¿Qué quieres? — contestó cortante. A través de una de las ventanas del bar, mantuvo a Hinata vigilada.

—¿Dónde estás?

—Que te importa.

—Sasuke, necesito el trabajo que te encargué.

—¿Qué quieres, Itachi? Si lo necesitaras, lo tendrías. Está en la bandeja de entrada de tu correo desde ayer.

—¿Dónde estás? Fui a buscarte a tu departamento y el encargado dijo que anoche no dormiste ahí. Acabo de marcar y al no contestarme imagino que sigues sin llegar.

—Imaginas bien.

—No te metas en problemas— aconsejó rindiéndose a que no le diría dónde se encontraba —. Hablé con papá, espera que te incorpores en la empresa cuanto antes.

—¿Él quiere qué?

—Lo que escuchaste.

—Deja de mendigar por mí. Y no, no me interesa.

—Debes hacerte cargo, yo no puedo con todo.

Sasuke no dijo más al estar más pendiente de Hinata que ahora parecía haberse integrado a la mesa de al lado, y que volvía a tomar otro trago de lo que sea que estuviese tomando. La vio reír.

—¿Con quién estás?

—Con Hinata— contestó tanteando el terreno.

Itachi soltó un sonoro suspiro.

—¿Qué haces con ella? No compliques más las cosas. Creí que intentabas hacer lo correcto.

—Lo intenté.

—¿La has tocado? — el tono serio y bajo de Itachi denotaba su preocupación.

—Sí. Me he acostado con ella.

Itachi maldijo internamente y se apretó el puente de la nariz.

—Joder, Sasuke. Hinata está prometida a…

—Hinata será únicamente mía. No puedo consentir que sea de alguien más, me quedaré con ella.

El mayor frunció el ceño. ¿Por qué estaba tan seguro?

—No la habrás embarazado, ¿o sí?

Sasuke sonrió de medio lado. Todavía no.

—No hagas ninguna estupidez de la que luego te arrepientas— aconsejó ante el silencio de su hermano —. Que se haya acostado contigo podría ser dejado pasar por Neji, si es un caballero. No le compliques más la vida a Hinata, que ya casarse por compromiso debe ser difícil.

—Ya te dije que ella no se casará con nadie que no sea yo.

—¿Estás hablando en serio? — preguntó Itachi preocupado por la seriedad en la voz de su hermano menor.

—¿Por qué crees que te lo estoy diciendo?

—Sasuke…

—Llegado el momento, deberás decidir de qué lado estás.

—¿Qué?

—Adiós, Itachi —. soltó y colgó.

Y mientras Sasuke regresaba al interior del bar, Itachi se dejaba caer preocupado en uno de los sofás del departamento de su novia, en Tokyo. Si Sasuke hablaba en serio, significaba que estaba enamorado de verdad de Hinata. Sonrió divertido dejando de lado su preocupación… siempre creyó que Sasuke sería capaz de cometer cualquier locura, pero hacer cimbrar a dos grandes familias por una mujer, era demasiado. Si su tonto hermano estaba dispuesto a hacerlo, significaba que era consciente del número de enemigos que adquiriría.

—Cretino— soltó con media sonrisa. Así que eso 'decidir de qué lado estar' era porque lo decía en serio. La sonrisa de Itachi se mantuvo a pesar de estar preocupado… seguro su madre estaría satisfecha con él.

• • •

Cuando el Uchiha se aproximó hacia donde estaba Hinata, la vio tomarse de un solo trago el tequilero a rebosar que tenía en la mano, se sorprendió por eso. Hinata, su Hinata, estaba en medio de una competencia de shots con ese montón de vagos. La vio toser y luego reír, había terminado su trago, pero no había sido la más rápida.

—Hinata…— la llamó y la tomó del brazo para hacerla girar.

—Hey, Sasuke… mira, ellos son… Mei y su novio Nagato, Anko — señaló a la chica que vomitó —, Sasame y…

—Como sea, eso ahora no importa— dijo, jalándola.

—¿Eh?

—Espero no estés enojado— habló Mei que, al verlo de cerca, vio que era más atractivo de lo que creyó —. ¿Por qué no te nos unes? — sugirió volteándose a él.

—En realidad ya nos íbamos.

—Pero tu chica parece divertirse aquí.

—Y no lo dudo, pero nos vamos— dijo y la tomó ahora de la cintura para llevarla con él, luego de tomar sus cosas donde se habían quedado abandonadas.

La pelirroja los vio con media sonrisa y luego de encogerse de hombros, volvió a unirse al grupo que no les dio más importancia.

Hinata sintió como Sasuke la apretaba con más fuerza de la necesaria. Estaba callado y eso no era bueno.

—¿Estás molesto? — preguntó resintiendo en sus oídos el silencio de la calle. Su volumen fue más alto al estar acostumbrada al interior.

—No— respondió él, seco.

Hinata volvió a verlo. Su perfil serio decía otra cosa.

—No parece.

Él no contestó y caminaron en silencio varios metros, Sasuke la llevaba de la mano. Hinata se mareó de pronto, el aire de la noche no le cayó bien. Él la notó. Gruñó. Esos idiotas la habían embriagado.

Se detuvo de pronto, haciéndola chocar con su espalda, al no esperarse tal acción. Se inclinó y volteó a verla por encima de su hombro.

Hinata lo vio ahí, casi arrodillado y se ruborizó.

—Anda, sube.

—¿Qué?

Él no dijo nada, pero siguió viéndola.

La mareada Hyuuga volteó en todas direcciones. Seguro era casi media noche y en la calle todavía había gente caminando.

—¿Quieres que… qué?

—Súbete o terminarás cayendo.

—Sasuke, no creo que…

—Hinata, o te subes así, o te cargaré como un costal.

—Ah…— ella ya no supo qué decir —. Bi-bien— aceptó y cuidando que nadie los viera, se subió sobre él. Se abrazó a su cuello y dejó que la cargara por cinco calles, hasta llegar al auto.

Todo el camino sintió el calor del cuerpo del Uchiha y su aroma tan varonil. Sus manos la sujetaban con firmeza de los muslos y lo sintió relajarse. Ya no estaba molesto. Ella apoyó su barbilla en uno de los fuertes hombros y dejó, sin importarle mucho, que el viento ondeara su vestido y el largo de su pelo. Se sintió tan bien.

Una vez que llegaron al coche, Sasuke la bajó con cuidado, le abrió la puerta y pasó frente a ella para ser él quien le ajustara el cinturón de seguridad. Cuando Sasuke se apartaba, se detuvo un poco frente al rostro de Hinata. Los grandes ojos violáceos se quedaron fijos en los de él. La respiración de Hinata que, desde hacía minutos era acompasada, por el cuidado que él estaba teniendo con ella, en ese momento se hizo profunda, al ver a Sasuke verla a los ojos y querer acercarse a besar sus labios. Cuando lo hizo y estuvo a milímetros de rosarlos, ella sintió un cosquilleo placentero surgir en su entrepierna.

Ella vio con decepción cómo él negó ligeramente y luego de apartó, cerró la puerta y rodeó el coche para luego subir. Condujo sin decir nada, sin besarla.

El camino al búngalo fue a oscuras y en silencio. Con cada pequeño saltito que el coche daba, al pasar en terrenos irregulares, el mareo acrecentaba en Hinata, pero también un deseo extraño de ser tocada. Se recargó completamente en el respaldo del asiento, sin saber si quería disfrutar esa nueva sensación u olvidarse de ella.

El auto se detuvo al llegar a su destino.

—¿Cómo te sientes? — preguntó el moreno todavía dentro del auto en penumbras.

—Algo mareada— confesó ella —. Muy mareada, para ser sincera.

Él gruñó y salió del coche, le abrió la puerta y volvió a ofrecer su espalda para cargarla.

Hinata se abrazó a él, no por temer caer, sino por extrañar su contacto.

—¿Podemos ir a la playa? — pidió, susurrándole en el oído.

Él se tensó por eso —Estás loca si crees que te dejaré entrar.

—Sólo quiero ver— dijo y, cuando él volteó a verla, ella le sonrió.

—Mph— luego de media sonrisa, rodeó la casa y se dirigió a la escalera que daba a la playa.

Hinata se abrazó más fuerte a él, apretando sus senos en su espalda. Sasuke buscó dejar pasar eso, Hinata estaba ebria y así no quería hacerle nada.

La brisa los golpeó en el cuerpo y ella sonrió.

—Sasuke…

—¿Qué?

—Gracias por esto— dijo y se alzó para besarle una mejilla, todavía siendo cargada por él.

Él sonrió —Estás ebria.

—Sólo un poco— ella también sonrió —. Pero es verdad… creo que… creo que necesitábamos algo así— añadió y su voz se hizo más suave, erizándole la piel a Sasuke, al golpearle su aliento en el cuello.

Él asintió y prestó atención a la enorme luna que se reflejaba en la superficie del mar oscuro, iluminándolos incluso a ellos.

Ella suspiró y deslizó sus manos sobre el pecho masculino, haciéndose de nuevo con su atención.

—¿Estás cansada?

Ella negó.

—Será mejor entrar— dijo y se giró con ella para volver a las escaleras.

Hinata se ruborizó por lo que sentía. Sasuke se tensó ligeramente cuando ella comenzó a besarle el cuello, la sintió estremecerse, como cuando se excitaba.

—Diablos, sí estás ebria.

Ella no les dio importancia a sus palabras — Sasuke…— él no respondió, siguió subiendo —, cuando llegamos, dijiste algo sobre esta noche.

Él sonrió de medio lado —No cuenta si estás ebria.

Otra vez hizo caso omiso a lo que decía.

—Sasuke…

—¿Qué?

—Quiero hacerlo— susurró y se elevó ligeramente, apretando sus muslos en él, logrando frotar su sexo inconscientemente en su espalda. Eso la hizo gemir. Sasuke se endureció. Gimió. Maldijo.

No respondió.

—Sasuke…

Él la sintió pasar sus manos por su pecho, provocándolo sin que lo supiese —¿Qué?

—No me harás rogar, ¿o sí? — preguntó en su oído. La voz dulce de Hinata cobró un tono más profundo y ella deslizó una de sus manos bajo la camisa del chico, acariciando su piel dura y caliente. Tocó una de sus tetillas y eso lo tensó. Ella sonrió y se mordió el labio, sintió tantas ganas de ser tocada por él.

Sasuke tuvo suficiente, la dejó sentada en el borde del balcón de madera, estando en el exterior del búngalo. Le separó las piernas sólo para pegarse a ella y dejarla sentirlo duro. Ambos temblaron. Él apretó sus manos en la madera, ella las posó en el pecho de él.

—Hinata… te quiero consciente— advirtió y a pesar de saber que deseaba hacérselo, había buscado sólo desinhibirla y no embriagarla, para que se le entregara como él quería.

—Estoy consciente, juro que lo estoy— dijo y, rodeando su espalda con sus brazos, se atrevió, con algo de pudor, a también elevar uno de sus muslos y rodearlo con él. El calor de su entrepierna sintió la carne tan dura del Uchiha que palpitó al contacto.

Él la tomó del cuello con cuidado, haciéndola verlo. Sus ojos negros mostraron esa profundidad que Hinata adoraba. Se humedeció por eso.

—No me provoques, muñeca— advirtió con voz ronca al hablarle casi en los labios —. Estoy intentando ser un caballero y no aprovecharme de ti. Pero no me la estás poniendo fácil.

Hinata sonrió y saber que podía quebrar los límites que Sasuke se había auto impuesto, la hizo sentir poderosa. Sensual. Y eso le gustó. Su deseo creció y entonces se dio cuenta que no estaba tan ebria, el alcohol sólo la había desinhibido, permitiéndole decir en voz alta las cosas que desde tiempo atrás, no se había atrevido a pensar.

Ella, luego de sostenerle la mirada, la deslizó hasta sus labios. Se pegó más a él y los besó despacio, casi sólo chupándolos. Él no se movió.

El interior de Hinata se calentó más al extrañar el rose de la piel del Uchiha. Sabía que quería tocarla, lo sabía. Y ella lo necesitaba. Habían pasado semanas separados y sólo lo habían hecho dos veces la noche anterior. Su cuerpo pidió por más y se dio cuenta que esa necesidad por él venía del profundo lazo que venían entretejiendo.

Él se apartó ligeramente, librándose de sus labios sabor a licor, antes de tomarla de la nuca y devorarla con ansias. Iba a mandarla a dormir, cuando Hinata habló otra vez, arrastrando con sus palabras, toda su cordura y auto control.

—Sasuke, tócame— soltó con una necesitada sensualidad. Tomó una de las manos del moreno —… tócame, aquí— pidió y llevó la mano del chico directo a su sexo.

La sangre de él ardió. Casi gruñó cuando fue la misma Hinata la que separó más sus piernas y guiando sus dedos, hizo a un lado sus bragas y lo hizo tocarla piel a piel. Justo como él lo había hecho en el bar.

La ya mirada oscura ennegreció más. Ella gimió y mordió su labio obligándose a no temblar cuando Sasuke la penetró completamente con su dedo medio, enteramente perdido. Hinata había ganado y una perversa pasión se adueñó de sus ojos negros al verla disfrutarlo.

—Bien, preciosa. Hagámoslo— dijo abandonando su sexo. La tomó del trasero y la cargó con él, asegurándose de pegarla bien a su miembro duro como roca. Mientras abría a tientas la puerta, le besó los labios a Hinata y sintió sus pezones endurecerse al máximo.

La llevó a la cama en menos de un minuto, luego de asegurar la puerta.

—Desnúdate— le pidió al sentarla en la cama, mientras él se quitaba la camisa y la arrojaba a algún lugar en el suelo. Ella se quedó sin reacción, pero cuando vio como Sasuke bajaba ligeramente su bermuda y su bóxer, exhibiendo su miembro enrojecido, duro y largo, ella asintió. Quitó su vestido y Sasuke no esperó a que se quitase las dos prendas restantes, cuando se subió en ella.

Lo volvía loco. Su cuerpo ardía. Hinata separó sus piernas, recibiéndolo y él le ladeó el rostro para devorarle el cuello. Ella gimió e, inconscientemente, elevó sus caderas, buscándolo.

«Ah, maldición» pensó al dejarle una marca a la altura de su clavícula.

Ojalá que Hinata no se arrepintiera de lo que estaban haciendo al amanecer. Ahora, sería un bastardo otra vez y la tomaría. Tomaría eso que ella estaba ofreciéndole y los haría gozar.

Hinata pasó una de sus manos entre los dos cuerpos y bajó. Bajó y siguió bajando hasta tener entre su palma el duro pene de Sasuke. Lo acarició, frotó y reconfortó haciéndolo gruñir y apretar sus ojos.

Sasuke arrancó su sostén y le tomó las dos manos, privándose del placer que ella le daba, para evitar eyacular en su mano. Alzó de ambas y las inmovilizó sobre la cabellera azul. Su mirada negra pasó de la suplicante de ella, a sus labios abiertos y bajó hasta ver ese par de senos redondos que, justo por esa posición, se veían más carnosos y perfectos.

Ella era pecado.

Bajó sus labios arriba de sus senos y lamió y chupó, haciéndola removerse bajo él. La hizo desear sus labios justo en sus pechos. La temperatura en ella aumentó.

—Ah… Sasuke.

—Shh— él dejó escapar ese sonido sobre uno de sus pezones, endureciéndolo totalmente. Sonrió. La escuchó maldecir y eso no alcanzó a divertirlo; no, con las ganas que tenía de enterrarse en ella.

Lamió su pezón y ella gimió, elevó sus caderas y la piel de su vientre encontró su carne caliente. La mordió, torturándola por ese placer robado. Ella apretó dientes y ojos, pero lo soportó.

Sasuke mamó de ambos senos y le soltó las manos para poder apretárselos. Le permitió a Hinata enredar sus dedos en su cabello y luego bajó una de sus manos a deslizar sus dedos, separándole los labios de su sexo. Ella se arqueó y gimió. Él siguió brotando líquido preseminal.

Jadeó y luego de penetrarla otra vez con uno de sus dedos, comprobando su humedad caliente, casi le arrancó las bragas.

Los ojos violáceos y negros se encontraron un segundo en esa habitación oscura. La luz de la enorme luna los iluminaba, al estar ésta prácticamente asomada por la ventana.

—Ah… no te detengas— suplicó Hinata y alzó su mano a tocarle el rostro. Sasuke le besó la palma y, sintiéndose un patán, le separó más las piernas y luego de acomodarse, la penetró con fuerza, como lo necesitaba.

Hinata gimió fuerte y se tensó. Segundos después, se relajó bajo él. Sasuke apoyó su peso suavemente sobre ella, mientras disfrutaba su estrechez. Se sitió perverso al volver probar los labios con sabor a licor de Hinata, pero la penetró fuerte, moviéndola. La hizo gemir. Volvió a penetrarla. Una, dos, tres, cuatro y cinco veces más, enterrándose en su cuerpo y haciéndola temblar. El corazón les golpeaba en los oídos y el calor que los sofocaba ya los hacía sudar.

Ella no dejó de gemir.

—No— gruñó él luego de buscar calmarse.

«No, ¿qué?» pensó frustrada Hinata cuando lo sintió dejar de moverse. Él estaba dentro de ella, abriendo su cuerpo y amoldándola a él, pero estaba quieto.

—Esto es una locura— se dijo en voz baja. Hinata ni siquiera se estaba cuidando y sus condones seguían en el coche.

—Sasuke— ella le acarició el rostro.

Él le besó la frente —Será mejor que te duermas— dijo, aun así, no fue capaz de salir de ella todavía.

—No aún— suplicó la chica que se movió, penetrándose una vez más. Ambos gimieron.

—Maldición, Hinata. No hagas eso— suplicó y sus caderas volvieron a empujarse contra ella, volviéndola a penetrar. Despacio. Profundamente.

Ella, que ya le acariciaba el rostro, no dejó de hacerlo cuando lo acercó y lo hizo besarla. Sus labios se acariciaron, chuparon y mordieron despacio. Sasuke no fue capaz de detener sus suaves embistes.

Hinata gimió con cada uno de ellos, pero ansío más. Abrió sus ojos y observó a Sasuke sobre ella, con los ojos cerrados, como conteniéndose de tomarla con fuerza. Le gustaba.

Sasuke le gustaba demasiado.

Y lo que le hacía, también.

Hinata le rodeó el cuello con sus brazos y luego de hacerlo pegarse totalmente a ella, lo hizo girar. Él salió de su cuerpo por eso y así, tumbado de espaldas al suave colchón, la vio separar sus piernas y pasarlas cada una a cada lado de sus caderas.

¿Iba a hacerlo? ¿Hinata iba a montarlo?

Su erección se endureció más cuando ella la sujetó y la guio entre sus muslos. El cabello largo y azul pasó sobre sus hombros, rodeando sus bonitos senos.

—Hina… aahg— soltó y gruñó cuando, iluminado por la luz lunar, vio que, debajo de sus abdominales marcados, su miembro desapareció por completo dentro de la vagina de Hinata. Ella lo absorbió por completo.

Las manos fuertes del Uchiha apretaron los muslos de Hinata que se mantuvo quieta, acostumbrándose a la nueva profundidad adquirida por la nueva posición. Ambos se estremecieron.

—Ah, joder…— gruñó el varón que echó su cabeza hacia atrás, sintiéndose tocar el fondo del precioso cuerpo femenino. Ahora necesitaba que Hinata se moviera y acabara con él —. Sí, Hinata, así, bebé— jadeó cuando ella elevó su pelvis —. Muévete, mi amor.

Ella, con los pezones endurecidos por escucharle la voz tan ronca, cargada de placer, aunado al placer que su miembro duro provocaba al llenarla, comenzó a moverse. Movió su cadera adelante y atrás, sintiéndolo moverse adentro. Lo escuchó gemir. Se acostumbró a él a base a movimientos continuos y repetitivos. Bañó el miembro de Sasuke con su humedad e incluso el vello púbico del vientre bajo del moreno. Un sonido acuoso se dejaba oír bajo los gemidos de ambos con cada movimiento.

Hinata se mordió un dedo buscando silenciarse y él encontró eso tan tentador que le tomó las caderas y la hizo moverse, la enseñó a saltar sobre él. A Hinata pareció satisfacerla tanto el movimiento que lo continuó. Subió y bajó sobre Sasuke, extasiándolo con la vista al ver su curvilíneo cuerpo liberar y absorber su miembro. Él jadeó ante el placer y siguió guiándola en sus movimientos. Incrementó el ritmo e incrementaron los gemidos femeninos.

Mientras todo se nublaba de placer para ella, Sasuke no pudo más e incluso elevó sus caderas para encontrarse antes dentro de ella… el golpeteo fue tan intenso que los gemidos femeninos se volvieron pequeños chillidos. El subir y bajar de sus senos y todo el movimiento nublaron tanto a Hinata que se deshizo de las manos de Sasuke y volvió a sentarse sobre él y volvió a refregarse en un movimiento oscilatorio adelante y atrás. Él entendió que le gustaba y aunque ella no quisiera, apretó sus dedos en la cadera femenina y volvió más pasionales sus movimientos. Hinata tembló y echó su cabeza hacia atrás. Explotó segundos después en un orgasmo húmedo que la hizo vibrar.

—Maldición— Sasuke gruñó cuando la sintió contraerse contra su miembro. Succionándolo. Asfixiándolo. Su corazón iba a explotar y estaba a pasos de su propio fin —. Ah, lo siento por esto, preciosa— soltó cuando se levantó con ella e invirtió posiciones.

El cuerpo de Hinata volvió a sumergirse en el colchón y Sasuke volvió a ser el dominante; le separó las piernas y la penetró con fuerza buscando alivio. El sonido que hacía su pelvis golpeando contra la vagina de Hinata era tan morboso, como adictivo y enloquecedor. Ella se agarró de los costados de la almohada bajo su cabeza, se arqueó suavemente y los ojos oscuros viajaron al par de senos que se movían por él.

Todo por él.

Hinata gemía. Él disfrutaba. Tanto.

Su pene se calentó y hormigueó, estando a punto.

—Sasuke… ¡Dios!

La voz de Hinata parecía suplicarle. Acababa de tener un orgasmo y él parecía acercarla al siguiente.

—Así.

Él perdió el juicio —Joder, mi amor— soltó nublado de placer. Sasuke salió casi completamente de ella y volvió a entrar, enterrándose hasta el fondo de su cuerpo. La escuchó gritar. Se pegó completamente a ella y la penetró varias veces más, moviéndose y moviéndola con él —. Vente conmigo otra vez— rogó.

Ella asintió y llevó sus manos a apretar el trasero del chico.

Sasuke vio su rostro perdido de placer y cerró sus ojos. Golpeó una, dos, tres, cuatro veces más, tan hondo, tan fuerte, que no pudo más. Su cuerpo tembló cuando eyaculó. Se movió varias veces más en un tortuoso placer y tras cada expulsión de semen, moría un poco.

Al paso de los segundos, sólo se escuchaban un par de grillos, el mar rompiéndose en la costa y sus respiraciones vueltas pesados jadeos. Ambos corazones latían irregulares y mientras se calmaban, él le besó las mejillas y la comisura de sus labios, mientras seguía jadeando y terminaba de vaciarse en ella. Hinata por su parte, lo soltó despacio y con media sonrisa provocada por las cosquillas que los besos del moreno le daban, se relajó por completo. Eso había sido delicioso.

—¿Hinata? — Sasuke la llamó en un susurro, sin moverse un centímetro.

—¿Mmm? — mencionó ella, tan tranquila.

Él respiró profundamente y cerró los ojos. Hinata se estaba quedando dormida. Con su diestra separó el flequillo sudado de la Hyuuga de su frente y le besó ésta. ¿Qué demonios había hecho con Hinata? Era un inconsciente.

Sus ojos negros se fijaron en ella que nunca le pidió retirarse a tiempo. Ojalá que Hinata no se arrepintiera de lo que acababan de hacer y no lo odiara al amanecer.

Volvió a besar su frente y mientras salía de ella despacio, pasó sus labios por el lóbulo de una de sus orejas. Lo besó.

—Te amo, Hinata— susurró y ella sonrió ligeramente… tal vez por su aliento golpeándole.

Sasuke se apartó dejándola descansar. Cubrió ese cuerpo que acababa de hacer suyo y se levantó directo al cuarto de baño, ubicado a unos metros de la cama. Abrió la puerta y encendió la luz. Antes de adentrarse vio a Hinata girarse y abrazar una almohada… sonrió viendo como dormida acarició la pulsera barata que le regaló y su sonrisa aminoró.

Ojalá hubiese una forma de cambiar el pasado. Era lo único que deseaba. Cambiar el pasado y conocerla de otra forma. Conquistarla, enamorarla… volverla de él.

Estaba en un infierno, deseando y obteniendo lo que no debía tener. Pero era su única opción. De los infiernos, el mejor.

Esperaba no estarse equivocando. Si Hinata quedaba embarazada, ya no habría marcha atrás.

Continuará…


¡Hola!

¿Cómo han estado, chicas, chicos? Espero que mejor que yo.

Siento la tardanza, esas tres semanas que dije se volvieron meses, ¿verdad? ¡Lo siento! Espero que al menos el capítulo (medio fanservice) les haya gustado.

La verdad este capítulo lo tenía pensado para más adelante, pero como no sabía cómo continuar, me dije ¿y por qué no? Como sea, no aceleré la trama por esto ni mucho menos, sólo quise darnos un respiro, a mí, a ustedes y al fic.

Les dije que iniciaba lo 'hot' y en eso no mentí.

En fin, quiero agradecer muchísimo a quienes sigan por aquí leyendo esta historia, las amo por no dejarme solita.

Agradezco comentarios:

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Chicas, chicos, muchas, muchas gracias por todo el apoyo que le están dando a esta historia. Gracias por creer en ella y en mí.

Quiero agradecer especialmente a la gente que va llegando y me dejan los famosos 'reviews testamento' (esos gigantes que los escritores adoramos leer), pues luego de más de dos años trabajando en la historia, es bueno saber que hay quienes se animan a leer de corrido a pesar del 'desgaste' que eso implica, por las partes crudas de la historia. Así que, Reiko, como no tienes cuenta, te agradezco desde aquí.

Alicia: Gracias por todos tus mensajes y no te preocupes por tus reviews, cuando yo comencé a usar esta plataforma lo hice con un tutorial xD

También quiero agradecer todos sus comentarios. Agradezco en el alma las felicitaciones por mi bebé, me hicieron sentir bonito, de verdad.

Ahora lo malo, el motivo de mi tardanza es básicamente que caí en una depresión. Perdí al bebé que esperaba al no superar la amenaza de aborto y no sólo eso, también me separé de mi esposo y bueno, hui a casa de mi mamá como buena cobarde xD. Me quedé sin compu y no fue hasta ahora que pude comprar otra que vuelvo a escribir.

Bueno, eso. Me sentí mal y culpable mucho tiempo, pero vengo saliendo de eso. Intento no pensarlo mucho y continuar adelante. Así que, sin más dramas, espero que este pervertido capítulo les haya gustado.

Prometo que haré lo posible por subir pronto la continuación. Veremos a una Hinata avergonzada por lo que hizo y quién sabe, tal vez a un Sasuke queriendo repetir xD ¿Qué creen que vaya a pasar? ¡Digan, sus ideas siempre alborotan las mías!

Besos y gracias por leer.

Aidé.