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LOS PERSONJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.
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-35-
UN POCO MÁS
Capítulo dedicado con mucho cariño a toda esa gente que la está pasando mal por los recientes fenómenos de la naturaleza que han golpeado fuerte no sólo mi Mexico lindo, sino, también a Puerto Rico y el caribe.
Wolf Enzeru, siento que te esté yendo tan mal. TQ.
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Ese día, miércoles, Hinata estuvo peculiarmente distraída. Durante su primer bloque de clases, había puesto todo su esfuerzo en concentrarse, al igual que durante la hora del almuerzo, junto a Ino y Sakura. Pero, ahora, en esa segunda materia del segundo bloque, no lo logró más.
El profesor de Álgebra Lineal explicaba su tema y la mayoría de los alumnos tomaban sus notas en el computador. Un compañero de Hinata interrumpió al expresar una duda y enseguida el docente la resolvió.
Ella suspiró sin enterarse. Apoyó su codo en el largo escritorio y descansó su rostro en la palma de su mano, viendo al frente, sin prestar atención realmente. Su mirada caería, luego de unos segundos, a su libreta. Sonrió, aunque sus ojos mostraron una mancha de preocupación.
«Sasuke» pensó viendo que, distraída, había garabateado su nombre.
Volvió a sentir esa opresión extraña en el pecho. No era intensa, pero era molesta y bastaba para no dejarla tranquila.
Dos días atrás, el lunes, Sasuke había prometido verla y aunque lo hizo, no se había quedado tranquila. Llegó a su departamento muy entrada la noche, cuando, luego de que él no le respondiera un par de mensajes, ella se preparaba para dormir. Él parecía con prisa, no quiso cenar ni tomar nada. Apenas se había sentado en su sala y ella a su lado; lucía estresado y le había cuestionado si eso tenía que ver con la visita que le había hecho su padre. Él la había visto con extrañez y no se quedó conforme hasta que ella le aseguró que Fugaku no había intentado molestarla. Sasuke dijo estar bien, la besó con hambre, la derribó en el sofá, casi la desnuda al besarle húmedamente los senos y acariciarle la entrepierna. Luego, cuando ella ya respiraba con dificultad, él se detuvo. Hinata se había quedado extrañada por eso, lo estuvo más cuando él se marchó minutos después sin decir mucho realmente.
«¿Qué ocurriría con él?»
Todavía recordaba haberlo sentido ansioso por intimar con ella. Se disculpó de mal modo y diciendo que no podía y estaba agotado, se había ido.
Hinata se mordió el labio inferior, delineando los bordes de los trazos que formaban el nombre del Uchiha en su libreta, mientras seguía pensando. Bien pudo haber estado cansado, tenía derecho a estarlo, pero… ¿dos días?
No había vuelto a verlo.
Tiempo atrás, cuando estuvieron juntos antes de separarse, Sasuke había pasado cada noche a su lado, en su departamento u obligándola a estar en el de él. Ya no era así. Algo debió pasar.
Su lápiz se detuvo y sus ojos se abrieron ligeramente más. ¿Y si él se había molestado por su comportamiento la última noche que estuvieron juntos?
Todo ese tiempo creyó que algo tenía que ver Fugaku, pero, ¿y si el cambio de Sasuke no era por culpa de ese señor? Hinata soltó su lápiz y se llevó sus dos manos a ocultar su rostro… ¿cómo pudo ser tan tonta como para haber llorado? Si lo pensaba bien, Sasuke había lucido extraño desde ese suceso.
Todavía no sabía qué la había llevado a hacerlo; de pronto disfrutó tanto sus caricias y cuando el orgasmo la golpeó, la sacudió de tal forma que le apretó el pecho… había deseado más contacto y Sasuke se sentía tan lejos. Disfrutó mucho y esas sensaciones que le erizaron la piel también la golpearon fuertemente en su moral. ¿Por qué disfrutaba de ese modo tan tosco con el que Sasuke le hizo el amor? Él había seguido invadiendo su cuerpo, moviéndose dentro de ella y eso había llevado a sus ojos a humedecerse. De pronto el sentimiento de desear un abrazo y un beso creció tanto como su estado de vulnerabilidad, que eso había dejado correr una lágrima. Nerviosa y asustada, ya no había sabido qué hacer.
Apretó sus ojos sintiéndose tonta, pero también, analizando lo que le ocurría con él.
Sasuke le gustaba. Mucho. Le gustaba todo. Sintió su rostro arder y agradeció todavía tenerlo oculto bajo sus manos.
Sí, sí le gustaba él y lo que hacían. Su sangre se calentó al reconocer que, sexualmente, estaba completamente entregada a él. Desde hacía varios meses que había dejado de temer a lo que Sasuke pudiese pedirle o hacerle. Hinata volvió a tomar su lápiz y ahora comenzó a borrar el nombre del Uchiha.
Eso de disfrutar tanto con él, se debió al lazo que crearon juntos. Ese que comenzó desde el accidente de Kurenai y que tomó su punto más fuerte tras la muerte de Mikoto. Quería a Sasuke.
«Estás en un grave problema, Hinata»
Y aun sabiéndolo, se estremeció. ¿Sería que acaso ese día se verían finalmente?
El profesor le llamó la atención a un par de alumnas que charlaban y eso la hizo poner atención al frente. No se había enterado de qué iba la clase… de lo que sí se enteró, y fue más que consciente, era de que necesitaba hablar con él, verlo y saber bien qué sentía por él.
El ansia que sentía su pecho por estar otra vez bajo esa mirada negra, peleó con la desazón que le dejaba a la Hyuuga esa promesa que se hizo: alejarse de él antes de llegar a un punto de no retorno.
No podía enamorarse de él.
Ya venía cometiendo error tras error, estaba arriesgándose a sentir con él. Sasuke le había demostrado ser su punto débil y, como una vez él le aseguró, la había vuelto adicta a él. Pero ella debía de lidiar con ello. Había tomado esa decisión: estar con él, hasta donde pudieran estar.
Él también lo sabía y eso quiso tranquilizarla.
Tendría que avanzar con mucho cuidado.
Cuando la clase llegó a su fin, ella se limitó sólo a copiar lo anotado en el pizarrón y salió corriendo, ya con un par de minutos de retraso a su siguiente clase.
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O.O.O.O.O
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Sasuke se apretó el puente de la nariz, maldiciendo internamente otra vez que Itachi hubiese elegido una mesa cercana a un ventanal, donde, incluso la resolana del sol estaba molestándolo.
Itachi sonrió apenas visiblemente al verlo. Dio un sorbo a su cerveza, disimulando el gesto cuando Sasuke alzó sus ojos a él.
—Luces fatal.
—Sí, ya lo dijiste— respondió seco el menor y luego con un movimiento de cabeza lo urgió a hablar —. ¿Qué es en lo que querías que te ayudara?
Itachi picó y probó de ese platillo de tofú frío que había elegido para comer, mientras asentía. Obvió que Sasuke no era buen compañero de comida y, olvidándose él también de cualquier buen modal, hurgó en su portafolios y extrajo un folder.
—Trabajo pequeño pero importante— explicó y siguió comiendo mientras su hermano se dedicaba a ver la información —. Un puente que unirá dos localidades alejadas — continuó —. Necesito tu planeación, me gustaría ver cómo lo realizarías. Encárgate del diseño y organización y ya después, cuando la obra esté en marcha, supervisarás.
Sasuke frunció el ceño. Itachi estaba entregándole un proyecto desde cero y prácticamente lo estaba dejando en sus manos.
—¿Por qué?
Itachi sonrió —¿No puedes?
—¡Por supuesto que puedo, imbécil! — soltó casi en voz alta e Itachi sonrió más —Es decir, ¿por qué ahora? Te he pedido esto por años.
—Creo que estás listo.
El menor entornó los ojos — ¿Solo eso?
—Por supuesto— respondió sin pretender decirle que había hablado con su padre.
Sasuke asintió y guardó en su mochila el folder que Itachi le había entregado. Sólo entonces, se dignó a acompañarlo a comer.
—¿Qué tal todo con Hinata? — preguntó Itachi haciendo que Sasuke voltease a verlo.
—Bien— respondió seco y volvió a su comida.
Transcurrieron un par de minutos sin que ninguno dijera nada, en medio de los cuales, Itachi tuvo que responder una llamada rápida.
—Papá habló con ella— ese comentario soltado por el menor, como el tono serio que empleó, le dijo a Itachi que eso lo molestaba sobremanera.
—¿Fue grosero?
—¿Cómo podría saberlo? Hinata nunca lo diría.
Itachi dejó escapar el aliento —Entonces imaginemos que no fue así.
Sasuke gruñó como respuesta.
—El lunes estuvo en mi departamento.
—Imagino lo que quería. ¿Qué le dijiste?
—Lo mandé al diablo, naturalmente.
Itachi sonrió sin saber si estaba decepcionado u orgulloso de él. Cualquiera de las dos cosas estaba mal, Sasuke debió aceptar y no complicar nada.
—De cualquier forma— volvió a hablar Sasuke, fijando su filosa mirada en su hermano —, ese no fue el tema principal del cual hablamos.
Ambas miradas negras se unieron por unos segundos.
—Hinata— dedujo el mayor… ¿qué otra cosa preocuparía a Sasuke como para hacerlo hablar de su vida con él? —. ¿Qué dijo de ella?
—Habló de lo poco que le convengo…
—Permíteme estar de acuerdo— interrumpió y sonrió, notando ante la mirada cargada de desprecio que Sasuke le dedicó, que su intento de broma no fue bien recibido.
El menor resopló. Estaba a un comentario similar por parte de su hermano, para largarse de ahí.
—Bien, ¿qué más dijo?
—Hiashi.
Los ojos negros y más cálidos de Itachi fueron a él. Sasuke no había dicho más.
—¿Crees que se lo diga? — preguntó el menor.
—¿Qué crees que haría Hinata?
—No lo sé— Sasuke se recargó completamente en su silla y echó su cabeza ligeramente hacia atrás. Desde ese día no dejaba de pensarlo. Si Hiashi se enteraba, todo estaba acabado. Hinata no pelearía con su padre, menos por él. No aún.
Itachi comprendió, o más bien, volvió a tomar en cuenta el enorme riesgo que Hinata tomaba al estar al lado de su hermano. Ella ya estaba prometida y que se estuviera yendo a la cama con Sasuke no sólo era una ofensa casi imperdonable, y lo que quitaba el 'casi' a imperdonable, era que Sasuke era un Uchiha. Teniendo en cuenta la rigidez de la familia Hyuuga, Hinata iba a pasarlo muy mal… ¿por qué ella se arriesgaría a tanto?
—¿Te ama? — preguntó Itachi con seriedad. Llevaban juntos ya varios meses y aunque amar era una palabra fuerte para alguien tan joven como ella, no veía otra opción.
Sasuke se rio internamente. ¿Amarlo? No, Hinata sólo había aprendido a disfrutar de lo que le hacía. La había corrompido. Era un cabrón.
Se molestó con él mismo al recordar hasta qué punto la había arrastrado. Y también se molestó con ella… ¿por qué demonios no lo amaba?
Ante el mutismo del menor y la poca paciencia que ya se le dejaba ver, Itachi buscó tranquilizarlo.
—No creo que se lo diga.
—¿Por qué lo crees? — soltó de inmediato viéndolo a los ojos. Si Itachi pretendía mentirle, se daría cuenta.
—Porque padre no es ningún soplón.
El menor rio mordaz.
—Más bien creo— volvió a hablar Itachi —, que pensará presionarte hasta que no puedas más.
Sasuke bufó y alzó la mano llamando al mesero. Iba a largarse. No tenía hambre y ya no se le antojaba seguir hablando con su hermano.
—Esta vez invito yo— dijo como un modo de disculpa y entregó su tarjeta. El hombre se marchó y ambos hermanos quedaron solos nuevamente.
—Si quieres permanecer tranquilo, mejor no le digas nada a Hinata, no la mortifiques, dudo que papá quiera perjudicarla— aconsejó Itachi, volviendo a comer.
Sasuke lo vio con fastidio, obviamente no iba a decirle nada. No pensaba dejar que Hinata se preocupara, pero no porque no creyera a su padre capaz de perjudicarla, sino porque él haría frente a las consecuencias que surgieran, cargaría con todo. Él, no ella.
—Disculpe— el camarero volvió, interrumpiendo a ambos hermanos —, ¿tendrá otra tarjeta? Esta rebotó, dos veces.
Sasuke sonrió en una mueca de soberbia y fastidio, e Itachi sólo resopló.
—Así que así decidió empezar— soltó el menor —. Creo que te tocará invitar a ti.
Itachi extendió su tarjeta y mientras el mesero vestido de negro y blanco se iba, Sasuke cogió su mochila.
—Desde hace tiempo debiste de atender los consejos de mamá y retirar la parte de tu herencia— sermoneó el mayor.
—No creí que él cayera tan bajo— soltó Sasuke mientras se iba.
—Intentaré encargarme.
Sasuke salió con la mandíbula tensa a doler, y con una de sus manos empuñando la correa de su mochila.
«Así que Fugaku Uchiha cree que comenzó a acorralarme» pensó molesto.
No iba a mendigarle nada. La tarjeta que acababa de bloquear era nutrida por la parte destinada a su herencia, la misma que le había dejado su abuelo y que era manejada por su padre. En su momento no quiso mostrar mayor interés por reclamarla, para no darle a su padre un argumento más para llamarlo mantenido. Ahora supo que se equivocó.
Salió en busca de su coche y se dio cuenta, molestándose más, que ahora únicamente dispondría del dinero que Itachi le pagara por los trabajos encomendados.
«Itachi»
Si su padre lograba manipular a su hermano, sí que lo tendría entre la espada y la pared. Su mal humor creció al fastidiarle la idea de que su estilo de vida siempre estuvo sostenido por esfuerzos ajenos, aunque si bien, por derecho de sangre le correspondía gozar a todo ello.
—Maldita sea— gruñó al pisar el acelerador una vez que ingresó en el flujo vehicular.
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O.O.O.O.O
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Por la noche Hinata no pudo evitar sentir un pinchazo profundo de decepción cuando leyó en su móvil el texto de Sasuke.
"Estaré ocupado. Hoy no te veré."
La Hyuuga, con ojos preocupados, atravesó lentamente su sala y alzó su mirar al ventanal que correspondía al departamento de Sasuke, en el edificio de enfrente. La luz estaba encendida.
«¿Estará enojado?»
Una ansiedad pintada de angustia le revolvió el estómago. ¿Debería ir a verlo y preguntar qué ocurría?
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O.O.O.O.O
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—Y entonces, ¿todo listo para la fiesta de ese tal Gaara? — preguntó Ino sonriente mientras se recargaba sonoramente en la verde malla ciclónica que rodeaba las canchas de tenis de la universidad.
Hinata, que respiraba agitada luego de haber estado jugando, tomó agua y sonrió, dándose cuenta que últimamente de lo único que se hablaba era de la dichosa fiesta. Se encogió de hombros como respuesta.
Ino la miró alzando una ceja a modo de reproche.
—Yo tampoco sé. Con la fuga a la playa, mis padres no están muy contentos— respondió Sakura desanimada, pues apenas les comentó la idea, ellos no parecieron ni cerca de considerarlo.
La rubia soltó una carcajada.
—Bueno, ahí si no puedo decir nada, esa ida a la playa valió por mil salidas juntas.
—¿Tanto se divirtieron? — preguntó Hinata.
Sakura cerró los ojos avergonzada e Ino se tapó con una palma la parte del rostro que su flequillo no le cubría.
—Joder, sí. Tanto, que hasta me da pena— confesó.
—Pues, ¿qué tanto hicieron?
—No quieres saberlo, Hinata— intervino Sakura —, pero sólo te diré que terminamos trepadas en la barra del bar con otras dos tipas — dijo, recordándolo y bajando más notoriamente la voz para continuar —, bailando… country.
La cara de incredulidad y diversión de Hinata no fue nada con la nueva carcajada de Ino.
—¡No te rías, idiota! No fue gracioso— regañó la pelirrosa —. Menos mal que nadie que nos conociera pudo vernos.
—¡Pero tenemos fotos!
—¡¿Qué?!
—¿Quieres verlas, Hinata?
—¡Ni se te ocurra!
—Sí, por favor.
Y ante la incrédula mirada de Sakura que fue deliberadamente ignorada por la rubia, ésta le tendió su móvil desbloqueado y en galería a la Hyuuga.
—Aquí inician y hacía la izquierda— señaló.
—¡Ino!
—¿Qué? Ni que fuera para tanto. Además, Hinata no nos juzgará.
El silbato de Gai sensei sonó y luego la sonora voz del mismo llamó a la Yamanaka a una nueva partida.
Ino se alejó corriendo con raqueta en mano mientras Hinata sonreía viendo las fotos de las dos chicas en bikini.
Sakura se acercó a ella con rostro descompuesto, pero también con curiosidad. Ante ellas pasaron imágenes de las chicas en la playa. Había imágenes al mero estilo Instagram, algunas muy bonitas y de ángulos que Sakura no supo cómo fueron logradas. Ino tenía creatividad hasta para tomar fotografías.
Conforme avanzaron, la sonrisa de Hinata fue creciendo y el rostro compungido que Sakura había desaparecido, volvió a surgir. Aparecieron ya en el que supuso que fue el bar donde se embriagaron, era de noche, a juzgar por la luminosidad.
—¿De dónde sacaron botas? — preguntó Hinata con curiosidad.
—Yo también me lo pregunto— confesó Sakura y ambas rieron. Era obvio que otras personas tuvieron ese móvil en las manos, pues en las fotografías se veían las dos amigas bebiendo y bailando con chicas y unos chicos cariñosos.
Aparecieron las fotografías donde ambas estaban en la barra y Sakura dejó de ver. Si eso se hacía público, moriría de la vergüenza.
Hinata siguió deslizando imagen tras imagen, cada una más divertida que la otra.
—Vaya, veo que sí que la pasaron bien.
—Ni me digas, me quiero morir de la vergüenza… tanto, como con la resaca que tuve al otro día.
—Sí, las resacas son…— Hinata se congeló cuando las fotografías de ese día en la playa terminaron y ante sus ojos apareció otra foto que, a juzgar por el tono, era de la dichosa reconciliación de Ino y Shikamaru, luego de que el Nara estuviera molesto con su novia por haberse ido y embriagado sin siquiera decirle.
—¿Qué? — Sakura, atraída por la frase incompleta de Hinata, volteó a verla. La vio roja y llevó sus ojos al móvil. La Hyuuga quiso taparlo, pero la pelirrosa fue más rápida y se lo quitó. Enrojeció también.
Ino llegó al instante, jadeando.
—¿Terminaron?
Sakura la fulminó con la mirada mientras Hinata no se atrevía a verla.
—¿Qué si terminamos? — alzó la voz y se puso de pie, mostrándole el móvil — Deberías tener más cuidado con esto, si tienes cosas como estas aquí— agregó, acercando el aparato a centímetros de la cara de su amiga.
Ino abrió los ojos grandemente y se lo arrebató.
—¡Con un demonio! ¡Lo había olvidado!
—¿Lo habías olvidado? — regañó — Yo ni siquiera podría dormir sabiendo que tengo algo así entre mis fotos.
Ino, con una sonrisa avergonzada y un sonrojo, volvió a sentarse en el suelo, frente a la banca de madera donde sus dos amigas estaban.
—Ay, bueno… tampoco es como que ustedes lo vayan a decir— quiso restarle importancia mientras analizaba por qué esa imagen no estaba guardada en la carpeta secreta del móvil.
—¿Cómo puedes tomarte esa clase de fotos, Ino-cerda? — preguntó Sakura bajando la voz y volviendo a sentarse.
La Yamanaka sonrió y ocultó su rostro sonrojado entre sus rodillas, al estarlas abrazando.
—Son cosas que él y yo solemos hacer… y que nadie debería de ver.
—Yo lo siento tanto. Fue sin querer— Hinata se disculpó de inmediato, todavía sin poder sacar de su memoria que había visto una foto donde Ino se fotografiaba haciéndole sexo oral a Shikamaru.
—Ah, descuida, solo no digas nada.
—En vez de pedirle eso, mejor borra esas tonterías. ¿Sabes lo peligrosas que son esas cosas? — regañó Sakura.
—Claro que lo sé, tonta, por eso sólo lo he hecho con él. Es mi novio desde hace años, no le veo lo malo… es… parte de ser pareja.
—Por supuesto que no.
—Como sea — le restó importancia Ino mientras ahora sí enviaba la imagen a la carpeta donde siempre debió haber estado, lejos de cualquier otra mirada —. No las borraré hasta que no hayan cumplido su cometido.
—¿Cometido? — preguntó Hinata — No me digas que lo chantajearás o algo así.
Ino se rio divertida.
—¿Qué clase de cosas tienen ustedes dos en la cabeza? ¡Por supuesto que no! Estas fotos — explicó viendo su móvil ya apagado y fuertemente bloqueado — son sólo con una reconciliación fácil y segura.
Ambas chicas la vieron con extrañez y ella suspiró.
—Verán… no hay nada que el placer sexual no arregle— dijo muy segura, fastidiando a Sakura —. Cada que hago una estupidez y Shikamaru se enoja conmigo — dijo, alzando sus dos dedos índices, queriendo remarcar lo siguiente — y digo, ¡que de verdad se enoja conmigo!, al grado que a veces prefiere no verme, pues yo suelo enviarle este tipo de fotos — confesó.
—¿Estás loca? — preguntó Sakura y Hinata la miró en silencio, pero preguntándose lo mismo — ¿Y si esas fotos le llegan cuando está con alguien? ¿Lo has pensado?
La rubia arriesgada, sonrió.
—Ruego por ello— contestó.
—Perdiste la razón— aseguró Sakura.
Ino sonrió y negó —Por supuesto que no. Shikamaru hará todo porque nadie las vea y me hablará para regañarme. Cuando se le pase el coraje, se detendrá a ver esas fotos y me extrañará… así, cuando luego de unas horas, me aparezca frente a él, las cosas estarán casi arregladas— finalizó extendiendo su sonrisa, la misma sonrisa de alguien que asegura lo que le consta.
Sakura la miró asqueada. El apodo de Ino-cerda le quedaba pequeño.
—I-Ino… tú… ¿tú le estás…?
—Haciendo una mamada— respondió sin pena.
Sakura rodó los ojos. Había tenido suficiente, se dio media vuelta y se fue.
Hinata se puso roja y asintió.
—¿No te desagrada? — preguntó con pena.
Ino se burló, divertida.
—No. Además, no hay nada como sentirte poderosa ante él. Esa sensación de tenerlo temblando de placer es… indescriptible.
—Y… ¿si-sientes placer?
Ino lo meditó —Bueno, no es como si lo hiciéramos— aceptó —, pero…
El silbato sonó más fuerte que antes. La clase había finalizado. Ino se levantó y sacudió su falda y Hinata la vio irse.
—¿Pero…? ¿Pero, qué? — susurró Hinata cuando se quedó sola.
—Hyuuga— Gai sensei habló, haciéndola voltear a verla —, ayúdeme con el equipo.
Hinata suspiró viendo como otra chica comenzaba a recoger pelotas, tomó su mochila y la acercó a donde estaban las raquetas. Su móvil sonó anunciando un mensaje.
Sin ganas de recoger nada, lo extrajo.
"Pero a ellos los vuelve locos."
El mensaje que Ino le envió, sacó la duda de Hinata, pero le dejó un sonrojo más marcado. Dios, Ino sí que estaba loca.
Aunque… era muy divertido tenerla como amiga, se reconoció con pena.
El tiempo que le tomó recoger el equipo, el camino a casa y parte de la tarde, esa sensación que se quedó con ella luego de haber hablado con Ino no la dejó tranquila. Se sintió perversa y decidida a no pensar más en ello, se contactó vía internet con su hermana. Hablaron cerca de una hora y eso logró dibujarle una sonrisa sincera al finalizar la tarde.
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Carca de las ocho de la noche, con el sol ya completamente oculto en la ciudad, Hinata se encontraba sentada frente a la mesa ratona de su sala, con la televisión encendida mientras comenzaba con el ensayo final de una de sus materias.
El timbre sonó y ella se apresuró a abrir. Era Sasuke. La media sonrisa con la que ella abrió, se agrandó al verlo.
—Hola— lo saludó haciéndose a un lado para dejarlo pasar —. No te esperaba.
—¿Te molesta que viniera? — preguntó él volteando de medio lado a verla, mientras entraba.
Hinata negó en silencio y cerró.
—No, es sólo que…
Sasuke tomó asiento en uno de sus sofás y echó una mirada a lo que ella hacía. Como no le prestaba atención, decidió no decir más.
—¿Te ofrezco algo de comer o tomar?
Él negó en silencio y entonces ella regresó a lo que hacía.
—¿Sigues con ensayos? — preguntó él viéndola tomar una pluma. Con sólo ver que lo pedían manuscrito adivinó quién era el profesor que se lo pidió.
—El último del semestre— sonrió.
Sasuke guardó silencio y ella no pudo concentrarse en lo que sea que debía escribir.
—Y… ¿qué has estado haciendo?
—Trabajando— fue seco. Hinata tampoco dejó pasar el hecho que él tampoco la había tocado desde que llegó —. ¿Y tú? — preguntó luego de unos segundos en silencio, tomando entre sus dedos un mechón del largo cabello azulino.
—Estudiando— respondió ella sin verlo. Sasuke estaba sentado tras ella y ella sólo podía ver las hojas en las que escribía.
—Ya veo.
Ella se sintió incómoda.
—¿Seguro que no quieres que vayamos a cenar algo? — preguntó ahora sí viéndolo.
La mirada negra cayó pesadamente en ella.
—No. Tampoco tengo dinero por el momento para invitarte a ningún lado.
Ella abrió los ojos por la sorpresa y la sequedad de esa frase.
—Pero yo sí. Yo puedo pagar y…
—Que no, Hinata— interrumpió y ella lo notó molesto. Sasuke resopló fastidiado, al también darse cuenta lo duro que sonó —. No quiero que pagues nada. No tengo hambre.
Ella dejó de verlo y volvió su atención a sus hojas. Sasuke se apretó el puente de la nariz y dejó caer su cabeza hacia atrás, al recargarse completamente en el sofá. Justo por eso la había evitado, estuvo de mal humor y no quería desquitarse con ella.
—¿Y por qué no tienes dinero? — cuestionó Hinata. Era de mala educación, pero era obvio que eso lo molestaba.
Sasuke la vio de reojo y terminó negando en silencio.
—El imbécil de mi padre está fastidiándome— explicó y ella volteó a verlo de medio lado —. Canceló la cuenta que abastecía mi tarjeta principal— dijo, sin querer añadir que la otra tarjeta, la había dejado casi en ceros tras el fin de semana que pasaron en la playa.
Ella quiso decir que los padres solían ser así, pues ella misma había batallado con sus cuentas una vez que se independizó y su padre nunca le había dado un centavo de más, pero creyó que eso no lo haría sentir mejor.
—Si necesitas…
—No necesito nada — volvió a interrumpirla, esta vez calmado.
—Como digas.
—¿Sobre qué trabajas? — preguntó él a cambio, bajando a sentarse a su lado.
Hinata volteó a verlo y él ya prestaba atención a sus apuntes. No le respondió y seguro él ni lo notó… estaba analizando. Sasuke le quitó el bolígrafo y comenzó a hacer un par de anotaciones, algunos puntos que le servirían y un par de libros en los que debía apoyarse. ¿Habría algo en lo que él no fuera bueno?
—Esto te ayudará— dijo y cuando volteó a verla, ella estaba mirándolo. Hinata tenía un pequeño sonrojo e intentó desviar su mirada. Eso lo divirtió. Le tomó una mejilla y la hizo volver a verlo.
Ella se puso nerviosa y no supo qué hacer con sus manos, terminó apoyándolas en una de las piernas de él, cuando Sasuke se acercó a besarle despacio los labios.
Él la había echado de menos y volverla a tener así de cerca y receptiva, lo hizo desearla. La urgencia por reclamarla como mujer lo hizo profundizar el beso.
Cuando uno de los brazos del chico rodeó la cintura de Hinata y la pegó a él, ella gimió. Sasuke dejó sus labios y bajó a besar su cuello, siendo tentado por esa blusa de tirantes, a seguir bajando y buscar sus senos.
Ella sonrió cuando el aliento masculino le hizo cosquillas. Sus manos se apretaron en la camisa de Sasuke, pasando peligrosamente cerca de su erección.
—¿Sabes? — habló ella, tal vez demasiado nerviosa para quedarse callada — Los chicos no hacen más que hablar de la fiesta de Gaara. ¿Irás?
Él negó con el rostro, todavía más ocupado por chupar su cuello que en hablar.
—No. Creí que tú tampoco.
Hinata no respondió y eso lo hizo fruncir el ceño. Alzó sus ojos a ella.
—¿Irás?
Ella se encogió de hombros —No lo sé.
—No quiero a ese imbécil cerca de ti. No después de que te besó, lo sabes.
—Habrá más gente por ahí.
Sasuke gruñó y volvió a acercarse a su cuello.
—Preferiría que no fueras.
Hinata gimió cuando él la mordió y pasó, con ninguna discreción, su mano rosando uno de sus senos. Sasuke la hizo recostarse, le sujetó una mano y se subió sobre ella, le dejó sentir la fuerza de su erección. Ambos gimieron en distintos tonos.
Cuando Sasuke le separó las piernas semi desnudas a causa del short del pijama que usaba y se metió entre ellas, también le deslizó la blusita y extrajo uno de sus senos. Lo chupó y mordió.
Hinata apretó la única mano que tenía libre en la espalda de Sasuke. Su sangre se calentó y su intimidad, en contacto con la de él, comenzó a hacerla desear más. Él la envistió al tiempo de volver a subir a besar su cuello, provocándola. Apretó el seno húmedo con su saliva y ella separó sus labios y en su rostro se dibujó una pequeña mueca de dolor.
—Vas muy rápido, Sasuke — susurró en su oído a pesar de sentir que su interior necesitaba de él.
Sasuke llegó a sus labios, los probó ligeramente y luego mordió el inferior.
—Dolió.
Él sonrió.
—No vayas— pidió y bajó su profunda mirada al seno que seguía bajo la blusa. Jaló de ésta y lo dejó a la vista. Luego de dibujar media sonrisa perversa, bajó a morderlo.
—Matsuri me sigue insistiendo— explicó Hinata logrando no entrecortarse.
—Dile que no.
—No puedo.
Él bufó ante sus negativas. Hinata quería ir y él odiaba que no lo obedeciera. Intentó ignorarlo al saber que no tenía derecho de exigirle, pero no perdió la molestia. Siguió probando su seno, succionó con fuerza y la sintió arquearse, disfrutándolo. La mordió. Hinata gimió y su excitación creció. Sasuke tomó ambos senos con sus manos y subió a besarle los labios; ahora lo único que quería era hacerle el amor… fuerte, como necesitaba después de esos días sin tocarla.
Estrujó aquellos montes de carne tibia y besó hambriento sus labios. Su erección dolía y sólo quería liberarla y hundirse dentro de ella. Su pasión lo hizo apretarse contra su cuerpo.
—Sasuke… vas muy rápido— volvió a gemir, pero él fue consciente de cómo su femineidad había subido su temperatura.
Siguió empujándose contra ella, simulando embestidas mientras la besaba y liberaba sus labios para permitirse respirar.
—Sasuke… — ella volvió a quejarse, pues, aunque no estaba asustada, tampoco estaba cómoda. Quería abrazarlo, tocarlo, pero como él había jalado su blusa, los tirantes de ésta no le permitían alzar sus brazos, al mantenerlos pegados a su tronco —. E-espera, Sasuke…— quiso explicar.
—¡Con un demonio, Hinata! — soltó apartándose de ella y recargándose en el sofá tras ellos.
Ella lo vio extrañada, mientras se llevaba las fuertes manos a arrastrar su negro cabello. Sasuke estaba furioso. Hinata cubrió sus senos al también sentarse.
—Si quieres ir a la maldita fiesta, hazlo — rugió al ponerse de pie. Tenía la mandíbula tensa —. Y si tampoco quieres acostarte conmigo, no voy a rogarte. Ya encontraré a alguien más— soltó dejándola sin aliento.
—Pero… — ella lo vio alejarse, meter una de sus manos al bolsillo de su pantalón, abrir la puerta molesto y luego cerrarla sin delicadeza. A Hinata le ardió la garganta ante la explicación que no pudo dar y volvió a quedarse completamente sola.
¿Alguien más? ¿De verdad?
Hinata sintió que su sangre ardió al igual que sus ojos. ¿Qué estaba pasando con él? ¿Por qué iba y se desquitaba con ella?
Sasuke había sido injusto y ni siquiera le había dado oportunidad de hablar. Se debatió entre buscarlo y hacer que la escuchara, o dejarlo irse y no darle ninguna importancia… así, justo como ninguna importancia debía tener él en su vida.
Guardó molesta sus libros sabiendo que no podría continuar y recogió todo, dejando limpia su mesita. Ya se había duchado así que sólo preparó su cama. Cuando se metió en ésta luego de tomarse un té tibio que le bajara el mal humor y sinsabor que Sasuke le provocó, no pudo conciliar el sueño.
—Maldición— soltó Hinata al tiempo de volverse a levantar.
• • •
Minutos después, Hinata estaba cruzando la avenida envuelta, tontamente, en un ligero albornoz de seda y pantuflas, que fue lo único que alcanzó a ponerse sobre su pijama antes de perder el valor.
Había pasado más de media hora desde que Sasuke había salido de su departamento y confiaba encontrarlo aun despierto, pues había luz en el interior.
No timbró, tocó con su puño. Sasuke iba a escucharla… o eso esperaba.
Cuando la puerta se abrió, el pequeño monólogo que Hinata había pensado decirle, se evaporó, al igual que la molestia que sentía. Su rostro perdió la mueca de seguridad que lo había adornado y la sangre se le enfrío.
Karin abrió la puerta. La pelirroja, sudada y con un tirante de su blusa colgando de su brazo, le sonrió con soberbia. La mirada fría y astuta de la de gafas la recorrió.
«Ya encontraré a alguien más.»
¿Había hablado en serio?
La garganta le picó a Hinata al sentirse, además de humillada, también ser menospreciada por Karin, y seguramente su aspecto era por lo que menos lo hacía.
—¿E-está…? — aun así, se animó a hablar.
Karin ladeó su rostro y Hinata le vio marcas de besos y mordidas en su cuello.
—¿Sasuke? — completó la pelirroja cuando la Hyuuga ya no habló.
—¿Qué haces aquí? — Sasuke apareció tras Karin, únicamente vistiendo su pantalón. También estaba sudado y su cabello revuelto.
La peliazul apretó sus labios y logró sostenerle la mirada. No tenía que ser muy inteligente para deducir lo que ahí pasaba… o estaba por pasar. Quiso decir algo al sentirse atravesada por su filosa mirada despectiva, pero él volvió a hablar:
—Sea lo que sea que quieras, hazlo después. Ahora estamos ocupados.
Cuando la puerta se cerró frente a su cara, Hinata se quedó inmóvil.
—¿Qué estoy haciendo aquí? — se preguntó y se regañó por ser tan tonta. ¿Esperaba otra cosa de Sasuke después de que se lo advirtió?
Se alejó. Se recargó en la pared metálica del elevador y aunque se negó a llorar, su visión se empañó en sus ojos húmedos.
«Sasuke destruye todo lo que toca.» recordó las palabras de Fugaku… en ese momento, dolida, creyó darle la razón.
Se sintió estúpida… ella estaba poniendo mucho en juego para estar con él y él… él tenía la facilidad de mandarlo todo al diablo cuando quisiera.
«Haré que no puedas vivir sin mí.»
También recordó aquella promesa. Sasuke estaba equivocado si creía que lo había logrado. Ella no lo amaba y también podía dejarlo de lado… aún estaba a tiempo.
Hinata buscó asegurarse de eso al llegar a su departamento; sólo que no entendió que, si no sentía nada fuerte por él, ¿por qué estaba llorando?
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O.O.O.O.O
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Por la mañana Hinata llegó con treinta minutos de retraso a su primera hora. Apenas había podido dormir y dejar de llorar, por consiguiente, concentrarse en sus clases.
El día era increíble, hacía mucho calor y ese día decidieron almorzar sentadas entre las sombras de los muchos árboles en los jardines. Sakura se había ido minutos atrás pues debía sacar un libro de la biblioteca, por esa razón, Hinata se encontraba sola con Ino.
Los ojos violáceos de la Hyuuga siguieron en silencio a la inconfundible figura de Sasuke, que pasó a escasos metros de donde estaban sentadas. El alto pelinegro llevaba a cuestas su mochila y se dirigía al estacionamiento. La mirada negra y la violácea se encontraron por unos segundos cuando él volteó de reojo a verla. Hinata se mantuvo inexpresiva mientras lo veía marcharse, sin siquiera hacer ademán de haber pretendido detenerse.
—¿Siguen enojados? — cuestionó la rubia que bebía una gaseosa.
Hinata tomó aire antes de responder —Creo que terminamos.
Ino alzó ambas cejas —¿Otra vez? — preguntó. Hinata no le había dicho que habían vuelto y decidió no preguntar, pues la veía contenta y eso estaba bien; pero desde hacía días se veía extraña y justo ese día, tenía marcadas las ojeras. Sasuke lucía un poco peor.
—Se está acostando con otra— soltó en voz baja, comenzando a recoger sus cosas —. Y creo que está bien… de cualquier forma, necesitábamos terminar.
¿Necesitaban? Se preguntó la rubia. Entonces, ¿por qué lucía fatal?
—Hinata— la tomó de la mano, impidiéndole guardar su bento —, ¿cómo sabes que se acuesta con otra? — cuestionó con seriedad y viéndola a los ojos.
—Dijo que lo haría, y casi lo encontré en el acto.
—¿En serio? ¿Después de todo lo que han pasado, sólo ocurrió así? — volvió a hablar, incrédula.
La otra asintió.
—En mi opinión, alguien que quiere acostarse con otra persona que no es su pareja, no lo va a decir nunca. Ni siquiera Sasuke es la excepción.
Hinata resopló derrotada —Yo lo vi— dijo jalando su mano y terminando de guardar sus cosas.
—¿Lo viste haciéndolo?
—¡Por supuesto que no! Pero…
—¿Pelearon?
Ella negó —Él peleó conmigo— aclaró. Hinata nunca estuvo molesta, el molesto era él y buscó pelear.
Ino suspiró profundamente y sentada en el césped, echó sus manos atrás y se apoyó en ellas, en una actitud relajada.
—Entonces sólo tuvieron su primera pelea. ¿Qué quería? ¿Sexo y no se lo diste? — se burló.
—Ino— Hinata regañó en voz baja. Se avergonzó de que adivinara.
—No le des mucha importancia, Hinata. Seguro sólo está frustrado, algo debe estarlo molestando y aunque no tienes la culpa, tal vez sólo explotó. ¿Cómo van las cosas en la cama entre ustedes?
El rostro de Hinata tomó un tono rojizo. Ino intuyó que no muy bien… Hinata era pudorosa y Sasuke, joder, Sasuke sudaba testosterona. Terminó suspirando desanimada; si era una pelea de pareja, ya lo arreglarían. Sasuke no era estúpido como para dejar ir a Hinata y ella no parecía muy feliz de estar lejos de él.
Se divirtió, ¿Hinata estaría enamorada de Sasuke y no quería admitirlo?
—Ya veo. ¿Y por qué peleó contigo? — intentó no abordar el tema sexual.
—Entre otras cosas… por la fiesta de Gaara— le dijo, abrazando su mochila y volteando a ver el camino por el que Sasuke se había ido minutos atrás.
—¿No quiere que vayas?
La Hyuuga negó.
—¿Y no irás?
—Por supuesto que sí. Gaara no es muy amigo mío, pero me agrada y, también, Matsuri me lo ha pedido— explicó.
La rubia sonrió satisfecha. Hinata parecía demasiado condescendiente, pero le agradó descubrir que no estaba dispuesta a complacer a Sasuke en cada capricho, sobre todo, con absurdas prohibiciones.
—Entonces, fastidiemos a ese imbécil— animó Ino poniéndose de pie.
—¿Fastidiarlo? ¿cómo?
—Lucirás apetecible esta noche.
Hinata frunció el ceño —Eso no importa, realmente. Además, él y Gaara no se llevan bien— mencionó —. Y ahora que lo pienso, seguro dijo que no iría porque tal vez ni lo invitaron.
—¡Já! Irá, te lo aseguro— sonrió triunfal al tomar su mochila y echársela al hombro —. Y lo hará porque le interesas — le guiñó un ojo —. ¡Hombres! ¡Todos son iguales! — se rio ante la mirada dudosa de la Hyuuga.
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O.O.O.O.O
•
—¡Qué puto calor hace aquí, joder! — se quejó Suigetsu al ir, por tercera vez, por una lata de cerveza al refrigerador.
—Ya sabías que el aire acondicionado estaba averiado— soltó Sasuke que, desde el balcón, observaba la noche.
—Sí, ya sé. ¿Y por qué no lo reparan? — preguntó viendo que el edificio era demasiado elegante como para que no atendieran algo básico, como el aire acondicionado.
El Uchiha gruñó molesto por preguntas estúpidas.
—Si no te gusta puedes largarte — soltó de inmediato.
Él se había debatido entre darle dinero al encargado del edificio para que se apresurara a reparar el aire, o comprar comida para varios días… la elección había sido obvia tras su nueva situación.
—Vaya genio— susurró Suigetsu tomando otro trago de la cerveza. ¿Cuánto tiempo llevaría sin coger? —. ¿Y tu novia?
—No tengo ni puta idea— respondió entrando a la sala, para luego dejarse caer pesadamente en uno de los sofás.
El otro vio su mal humor.
—Todavía sigo preguntándome por qué le valgo una mierda— soltó roncamente el Uchiha para sorpresa de Suigetsu.
—No sé, pero tal vez tenga algo que ver, que ayer que te vino a buscar, creyó que te estabas tirando a Karin— se burló y luego de dar otro trago a su cerveza, se dejó caer de un salto en otro de los sofás, tirando un poco de su bebida. No le dio importancia.
—No es por eso— dijo y vio fastidiado a su compañero de parrandas, subir sus botas estilo militar a su mesa de centro. No le dijo nada.
—Joder, Sasuke, no sé qué decirte. Has logrado seguirte acostando con esa chica después de lo que le hiciste, ella te busca y… parece que te quiere. Creo que tienes más de lo que mereces.
Él también eso pensaba, pero no estaba satisfecho, no después del tiempo invertido y de lo que creía estarle demostrando. Se portaba como un imbécil por ella y ella…
Tragó pesadamente, sintiéndose inmensamente frustrado. Quería escuchar de Hinata que lo amaba. Tenerla completa, de verdad. Quería quedársela y por primera vez sentir que ella podría corresponderle y no que daba un paso y retrocedía dos. Hinata lo frustraba y que se negara a él, era rebasar un punto intolerable a su juicio.
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O.O.O.O.O
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—Sí, estaré bien. Lo prometo— Hinata sonrió al finalizar su llamada.
—¿Lista? — Ino se acercó a ella luego de que Hinata se apartara un poco para atender esa llamada. Estaban a varios metros del bar donde se llevaría a cabo la reunión para celebrar a cierto pelirrojo.
—Sí— respondió y jaló aire.
—Pero vamos, mujer, quita esa cara de preocupación— aconsejó Ino mientras ponía los seguros a distancia de su coche y obligaba a la Hyuuga a caminar.
Hinata sonrió —Lo siento— dijo. No había podido evitar que la llamada de Neji la hubiese tomado desprevenida. Su primo no había vuelto a hablarle desde principio de semana y ahora que lo había hecho, ella tuvo que confesarle que estaba por entrar a un bar; pues negarlo, con todo el alboroto de la calle, era absurdo.
Neji no había dejado pasar la oportunidad para mencionar que estaba saliendo demasiado a ese tipo de lugares, y ella había prometido que lo tendría en cuenta y que, además, se cuidaría.
Hinata apretó la cartera de mano negra, donde llevaba lo básico. Alisó con su otra mano la tela de gasa de ese vestido que usaba y siguió a la rubia enfundada en un vestido ceñido y morado, que dejaba al descubierto buena parte de sus muslos y espalda. La Hyuuga por su parte llevaba ese vestido que, de la parte superior, se ceñía de forma cruzada a sus senos y se ajustaba tras su nuca, en un elegante color beige. La parte de la cintura y el medio vuelo del vestido que caía, varios centímetros arriba de sus rodillas, era color negro, lo que estilizaba sus curvas, provocando que el escote en su espalda luciera exquisito, a pesar del pelo suelto.
Al entrar al bar que tenía un poco de pinta a esos bares de mala muerte, ambas chicas notaron que el ambiente no era tan pesado, como seguro sería en otro día. Había varias chicas de vestidos en colores vivos, Hinata vio también a Matsuri que lucía casi intimidada en un rincón del lugar, vistiendo falda y blusa discretas.
—Iré con Shikamaru— anunció Ino al ver a su novio con parte del equipo, en el área de mesas de Pool.
Hinata asintió y a pesar de que proliferaban chicas y varones de vaqueros y camisas descuidadas, no se sintió incómoda. Ella era una Hyuuga y estaba casi obligada a lucir bien; gracias a las tantas reuniones sociales a las que había asistido, se sentía cómoda en ese lugar donde había gente de su edad. Se dirigió con Matsuri al quedarse sola.
Por el camino notó a Sakura pelear con Naruto y Kiba y, cuando estaba a escasos metros de llegar con la chica de Suna, su mirada se dirigió a un extremo de la barra. Detuvo sus pasos al reconocer a Sasuke. Él tomaba de un vaso de alcohol y su mirada estaba clavada en la barra. Llevaba vaqueros y camisa negra que se ceñía a sus brazos al tenerlos apoyados en la barra. Sasuke pareció sentir su mirada porque volteó a verla. Ella casi respinga, pero optó por evadir su mirada y continuar directo a su amiga.
Él negó ligeramente y volvió a beber.
«De verdad vino.» pensó Hinata.
La frase de Ino, donde le decía que él iría porque ella le importaba, casi rondó por su cabeza, pero no alcanzó a asentarse bien cuando notó que Karin también estaba ahí. La pelirroja le saltó encima y se abrazó a su cuello, quedándose colgada unos segundos en su espalda. Suigetsu, el otro amigo de Sasuke también llegó y pronto ambos comenzaron medio alboroto alrededor de él.
Cuando Matsuri la saludó y tuvo que voltear a verla, ya no tuvo la oportunidad de ver bien a ese trío, pues varias personas caminaban interponiéndose entre ellos. La luminosidad opacada por el humo de cigarrillos tampoco ayudó.
Hinata se llevó una mano a la nuca, buscando no darle importancia a la presencia del Uchiha, de lo contrario, se mantendría siempre tensa. Charló con Matsuri y se enteró que tenía ya casi una hora ahí. Temari, que hasta hace poco estuvo con ella, ahora estaba con Ino, Shikamaru y un par más de los miembros de su equipo, en la esquina del largo local, donde se encontraban media docena de mesas de Pool.
Había fácilmente veinte mesas redondas de diversos tamaños clavadas al piso de madera, la mayoría se encontraban ocupadas y llenas de botellas vacías o a medio llenar, propiedad de las personas que las rodeaban.
—¿Y ya has hablado con Gaara? — le preguntó a su amiga, buscando profundizar en el tema.
La castaña no supo si negar —Llegamos juntos, pero, a decir verdad, él no parece muy interesado en mi— confesó alzando su mirada entre la gente que se atravesaba en su visión y terminar enfocándola en la mesa de Pool del fondo —… y en nada, realmente.
Hinata vio en su dirección y sonrió viendo al festejado que, contrario a lucir cómodo, tenía cara de pocos amigos. Jugaba una partida con otro chico que no reconoció, mientras un par más los veían.
—Ya veo.
—Bueno, al menos alcancé a darle mi regalo— dijo resignada. Interiormente agradeció que Gaara no lo hubiese abierto, pues tenía una cartita que, si bien no era romántica, tampoco era apropiada para una casi extraña para él.
Hinata vio el semblante desanimado de la chica y sintió pena por ella.
—¿Quieres que nos acerquemos un poco? — sugirió, sabiendo cómo debía sentirse. Tal vez ella no era tan arriesgada como Ino como para ir y dejarla a su lado sin decir más, pero, al menos, podría intentar un encuentro casual.
—¡Por supuesto!
La Hyuuga sonrió y la tomó de la mano mientras se abrían camino entre la gente que cada vez se apretaba más.
—Vamos, Hinata— apresuró Matsuri cuando Hinata se quedó atrás, al jalar su vestido que se atoró entre dos tipos, una vez que pasaron entre ellos.
La peliazul fingió no sentir cierta mirada negra que desde hacía momentos estaba puesta sobre ella.
—¡Hey, Matsuri! — Temari apareció ente ellas con una sonrisa — Hace rato que dejé de verte, creí que te habías ido— añadió tomando un taco que se encontraba en la pared, luego saludó a Hinata —. ¿Jugamos?
Matsuri aceptó, pues ser amiga de Temari desde hace tiempo, había tenido ese tipo ventaja: era buena en el Pool.
Como Hinata se tardó en aceptar, decidió ser la observadora, a ella se le unieron un par de personas más. No duró mucho ahí de pie, cuando Naruto y el resto de sus amigos se acercaron a ella. Ino, que ya había notado a Sasuke, se la llevó a la barra e hizo que el barman se incomodara al exigirle bebidas light.
—Te dije que vendría.
—¿De quién hablan, 'ttebayo?
—De Sasuke— respondió Ino viéndolo por encima del hombro, cuando el rubio alzó la mano llamando al barman, buscando hacerse de otra cerveza.
—Oh, el teme — contestó con gracia y luego pidió su bebida, se la dieron enseguida —. Lo invité y esta vez no se negó como de costumbre.
—Extraño, ¿no? — soltó Ino, irónica, viendo a Hinata.
—Algo así— aceptó Naruto —. Incluso vino en mi coche.
—Bien, eso sí que es extraño— concedió Ino.
—Creo que su auto se quedó sin gasolina, 'ttebayo.
—¿Y por qué fuiste tú por él? ¿Qué no se supone que traerías a Sakura y Kiba?
Y mientras el rubio explicó que a Sakura la habían llevado sus padres y él y Kiba pasaron por Sasuke, Hinata pensaba qué tan seria era la situación de Sasuke, como para que su coche no tuviese gasolina. Lo vio de reojo y él, en una ocasión, atrapó su mirada.
Ella perdió el aliento y dejó de verlo. Sasuke apoyaba sus codos en la barra, pero ahora se había volteado a ver una partida de billar, mucho más interesante que las de Pool, mientras un par de chicas cercanas parecían coquetearle.
En unos segundos parte de la barra se había llenado de universitarios. Lee llegó junto a Chouji, Shikamaru buscó a Ino, Sakura y Kiba también se acercaron y pronto hubo un pequeño escandalo avivado por Naruto. Todo fue risa, tragos, cervezas derramadas y un par de regaños por el barman tras la barra. Hinata perdió la noción del tiempo que estuvieron así.
Cerca de las once y media, Temari, sin pena alguna, apagó las luces e hizo que un enorme pastel llegara con una enorme bengala encendida. El rostro de Gaara no pudo parecer más una piedra. La Hyuuga se divirtió cuando la chica de chongos fue por su hermano y lo arrastró con ella. El pelirrojo se negó a apagar una serie de velas que también fueron colocadas, pero sí partió, de una forma casi amenazante, el colorido pastel. Los ojos violáceos fueron atraídos por una mirada celosa sobre ella. Sasuke charlaba con un tipo pelirrojo al que nunca había visto, y ya estaba sentado en una mesa en el rincón y a pesar de verse relajado, su mirada que constantemente caía en ella, le inquietaba. No podía estar tranquila.
Después de que el pastel fue prácticamente apuñalado por Gaara, Naruto puso su ración para molestar al chico de Suna e insistió en cantar la cancioncita típica de los cumpleaños. La relación entre ellos parecía mejorar porque ambos se lanzaban miradas de desprecio que no pasarían a más. Naruto disfrutó fastidiarlo un momento y Gaara juró que lo mataría.
Cuando las luces se encendieron, la música volvió a sonar y todos se dispersaron por el lugar. Con un mojito en la mano, Hinata volvió al lugar donde Matsuri había estado, pero la mesa estaba ocupada por otras chicas. Decidió esperar ahí por si estaba en el baño. Se sentó ligeramente y tras su primer trago, sintió una presencia tras ella. Se estremeció.
—Hola— una voz ronca la saludó y también la decepcionó un poco.
—Hola— regresó con media sonrisa.
—¿Vienes a un cumpleaños y no felicitas al festejado? Creí que las señoritas de sociedad tenían un poco más de cortesía— Gaara se burló al tomar un taco y ponerlo sobre la mesa. Las chicas que estaban jugando, se apartaron ante la mirada verde y fría.
Ella sonrió por sus palabras.
—Algo me dijo que no te la estarías pasando muy bien. ¿Debí hacerlo? — preguntó, sin moverse de su lugar, pero viéndolo. Él se sentó a su lado, demasiado cerca.
—Creo que te habría matado— dijo el chico con media sonrisa torcida.
—Eso imaginé— respondió ella, apartando su mirada. Gaara tenía la facilidad de ponerla nerviosa.
El chico lo notó.
—¿Y, has visto a Matsuri? — Hinata buscó un tema nuevo.
—¿Por qué habría de verla?
—Pues vino a tu fiesta.
—No hagas eso.
Ella alzó ambas cejas y lo vio con duda —¿El qué?
—El querer ponerme entre sus piernas— soltó como sin nada y ella se ruborizó.
—Yo no hago eso.
—Claro— él se movió, poniéndose frente a ella. Apoyó sus manos en la lateral de la mesa, a ambos lados de las caderas femeninas y Hinata palideció —. He visto lo que tú y mi hermana hacen— dejó claro —. Si tan interesada estás en buscarme pareja, ¿por qué no te ofreces tú?
Ella separó sus labios sin saber qué decir. Su cuerpo se tensó. No había necesidad de voltear para saber que los ojos negros de Sasuke estaban más que pendientes de ellos. De pronto todo el mundo se redujo a unos ojos verde aguamarina y que, demasiado cerca, la veían con diversión.
—Te dije que no hago eso— Hinata enfrentó su mirada, seria, pero nerviosa por dentro.
—Luces muy tensa— él le tomó la barbilla para alzarle el rostro. Disfrutó la sensación de peligro que esa acción emanaba. Estaba demasiado cerca —. ¿Es por el Uchiha?
Hinata recordó la advertencia que Sasuke le había hecho: Gaara era peligroso.
—Si ya lo sabes, ¿por qué lo provocas? — aceptó la Hyuuga sin despegarle los ojos de encima. ¿Por qué ellos dos no dejaban las cosas en paz?
—Sólo por curiosidad. Me intriga saber por qué una chica como tú se lía con alguien como él… y además lo oculta— confesó —. Dime, Hinata, ¿no eres tan santa como pareces?
Ella se puso seria y lo apartó. Enderezó su cuerpo.
—Eso no es asunto tuyo.
Él la tomó del brazo cuando ella quiso irse.
—Hey, no quise ofenderte. Lo siento, ¿está bien? — el chico que hasta hace unos segundos había logrado casi intimidarla, mostró una sonrisa sincera que suavizaba sus atractivas facciones.
Hinata cerró los ojos y suspiró.
—Sí, yo también lo siento. Es sólo que mi vida privada, es mía.
Los ojos de Gaara viajaron a los peligrosos de Sasuke que, desde el fondo, tras ellos, parecía asecharlos. Se divirtió y lo envidió.
Una partida de billar pareció tornarse entretenida y de pronto más de una docena de personas se reunieron en la mesa tras ellos. Hinata aprovechó el reciente escándalo para buscar salir de ahí.
—Será mejor que me vaya, de pronto, no me siento cómoda— confesó y, encogiéndose de hombros, retrocedió.
—Oye— él la detuvo —. Sigues enojada, ¿verdad?
Ella ladeó el rostro. Enojada no, pero sí un poco sentida por sus palabras. Creyó que se lo estaba tomando demasiado a pecho si él ya se había disculpado.
—No, pero sí debo irme— terminó por decir —. Por cierto, traía un regalo para ti, pero no creo que…
—¿Y por qué no me lo das?
—Tal vez en otra ocasión. Está en mi coche.
Él la tomó de la mano — Pues vayamos por él.
Hinata se vio arrastrada por el no tan alto muchacho y tuvo que seguirlo. Ambos salieron del lugar entre empujones, pasando casi inadvertidos por el resto ahí.
La noche era cálida pero un viento fresco los golpeó al comenzar a andar. Hinata lo hizo acompañarla media cuadra para llegar a su auto. Las piernas torneadas y blancas fueron ligeramente más visibles cuando la chica se estiró para sacar un objeto, delgado y cuadrado, envuelto pulcramente en papel regalo. Un moño dorado acompañaba el delicado objeto.
Gaara lo vio como sin saber qué hacer con él.
—Supuse que esa cara pondrías, por eso decidí no dártelo adentro— mencionó, divertida.
—Seguro me gustará— dijo él y comenzó a cruzar la calle. Se encaminó al viejo auto clásico que conducía y con algo de maña lo abrió. Dejó el obsequio en el interior y volvió a su lado.
—Son un par de acetatos de unas bandas que creo que te gustan… bueno, un par de veces te vi vistiendo camisas de ellas y… — explicó, ya no tan segura que le gustarían.
—Descuida y gracias. Ahora, ¿segura que tienes que irte?
—Sí, yo…— Hinata buscó su móvil y se dio cuenta que había dejado su bolso con Ino —. Cielos.
Él sonrió —Vamos, te acompaño de vuelta.
Caminaron despacio de regreso, un par de comentarios del chico y pronto Hinata se permitió olvidar el incidente del interior. Gaara era de esos chicos suspicaces y de poco filtro al hablar, pero, como creía, no era una persona desagradable. Seguía cayéndole bien.
Estando a unos metros de llegar al bar, Hinata detuvo sus pasos al ver a Karin salir con Suigetsu. La chica tomó el rostro del peliblanco y tras pegarlo en la pared, lo besó con hambre. Ella detuvo sus pasos y Gaara se extrañó.
—¿Vienes? — la voz ronca del pelirrojo la sacó de su asombro.
—S-sí— respondió y se dejó guiar por él, cuando le tomó la mano. La mirada violácea siguió pendiente de esos dos. El chico mordió el cuello de la joven y ella gimió. Antes de que la puerta del bar se cerrara, cuando ellos entraron, los vio buscar un auto al frente e irse con cierta urgencia.
¿Karin y ese chico…? Entonces, ¿Sasuke? ¿Qué pasaba entre esos tres?
• • •
Minutos después, Hinata había recuperado su bolso, el mismo que estuvo bajo resguardo del barman. Gaara fue con Temari que casi lo jaló para obligarlo a saludar a uno de sus amigos y la Hyuuga buscó con la mirada a Ino, buscando despedirse. La vio con entretenida con Shikamaru entre un par de las mesas laterales. Fue a su encuentro y antes de alcanzarla, fue jalada del brazo y arrastrada directo a los baños.
Cuando la puerta del sanitario de discapacitados se cerró con ellos adentro, Hinata estaba roja, pues había visto a un par de chicos orinando al entrar.
—¿Dónde demonios estabas? — Sasuke preguntó y la sacudió ligeramente para que le prestara atención. Él olía a tabaco, perfume y alcohol.
Ella entornó los ojos.
—Ya me iba— respondió soltándose y quiso salirse al ser consciente que ese lugar seguía ocupado por varios hombres más.
Él la tomó de uno de sus hombros desnudos y la hizo pegarse a la fría pared.
—Te pregunté dónde estabas— su voz fue seca y sus ojos negros la atravesaban —. ¿A dónde te llevó ese imbécil? — preguntó, teniendo en cuenta que la había perdido de vista casi quince minutos.
—Él no me llevó a ningún lado. Yo lo llevé a él— aclaró. La mandíbula masculina se tensó y la vio furioso —. Necesitaba darle un par de discos que le compré como regalo — se apresuró a añadir.
—Vámonos de aquí— dijo tomándola de la mano.
Ella tensó su cuerpo y se negó a salir. Sasuke volteó a verla molesto y con la paciencia a punto de acabársele.
—No saldré contigo.
—Eres mi novia. Lo harás— aclaró y abrió la puerta, pretendiendo llevársela.
—¿Tu novia? — ella siguió sin moverse y lo vio molesta — ¿Cómo puedes decirlo así como así después que…?
—¿Después de qué? — los ojos negros la vieron de arriba abajo.
A Hinata le ardió la garganta —Después de lo que hiciste esa noche.
—No sé de qué demonios hablas, Hinata. Y tampoco tengo tiempo de esperar a descubrirlo— aclaró y apretó el agarre en su mano.
Ella supo que él era capaz de salir con ella de la mano, atravesar el bar y llevársela en su propio coche de ser necesario. Eso no importó tanto como que él pretendiera que no había ocurrido nada y actuar como si tuviese algún derecho.
—¡Te acostaste con otra! — ella casi alzó la voz y el lugar quedó en silencio. Los habían notado.
Él sonrió y cerró la puerta de ese baño, el más grande y último de ese lugar.
—¿Me acosté? — preguntó sardónico.
Ella jaló su mano y le enfrentó la mirada. Si iba a terminar con Sasuke, ese era el momento adecuado… él había faltado a lo que sea que tuvieran, acostándose con otra.
Aun así, Hinata no pudo creer su cinismo, ¿pretendería que no se había dado cuenta? Ella podría callarse muchas cosas, pero no era estúpida.
Dejó escapar el aliento ante lo inverosímil de la situación.
—Lo hiciste con Karin, pude darme cuenta. Y ahora ella se fue con ese amigo tuyo… ustedes tres… son asquerosos— dijo y por reflejo volteó a ver la pequeña puerta frente a él. Necesitaba salir de ahí.
Él sonrió con una mueca que daba miedo y se acercó a pasos lentos, asechándola.
Hinata se mantuvo firme, pero su espalda estaba pegada a la pared y en clara desventaja.
—Tú, preciosa, viste lo que yo quise que vieras— dejó claro. Pegó un antebrazo a la pared y agachó su rostro para hablarle a la cara. Ella tembló por dentro y no dejó de verlo —. Me rechazaste, ¿qué querías que hiciera?
Ella no lo había rechazado, quiso decirlo, pero se calló.
—Así que ese día entendiste lo que tu celosa mente imaginó— continuó despacio sobre sus labios. El olor a licor era embriagador a esa distancia.
—No estoy celosa— aclaró ella y aunque lo dijo en voz baja, lo vio a los ojos.
Él sonrió de medio lado, quiso besarla y pegarse a ella; hacerla temblar y que desdijera sus palabras. Pero prefirió acercarse a su oído y susurrar:
—No me he acostado con nadie desde que lo hago contigo. Es Suigetsu quien se está cogiendo a Karin.
Hinata tembló, ante tal declaración o ante la vulgaridad. Tal vez por la primera.
—Y sí estuviste celosa— afirmó —. Tal vez tanto como yo ahora. ¿Eso querías? ¿Provocarme? — volvió a hablar recuperando molestia al verla a los ojos.
Hinata le había permitido a Gaara casi besarla, o eso vio desde lejos; si ella quiso vengarse, había ido un paso más lejos y eso lo tenía furioso.
—Yo no soy tú, yo no haría eso— aclaró ella sin amilanarse.
Él sonrió con malicia —En eso somos distintos. Yo sí quería provocarte, supe lo que pensaste y me alegré por ello.
A ella le picaron los ojos. Sasuke era cruel. Evadió su cuerpo y quiso irse.
—¿A dónde vas? Todavía no hemos terminado— la detuvo.
Sasuke había tomado y aunque no se veía realmente afectado, era obvio que no estaba pensando con claridad.
—No hablaremos más así. Estás tomado y molesto.
Él golpeó la puerta que ella quiso abrir. Ya nadie en el baño les prestó atención.
—Molesto, no, Hinata. Celoso — aclaró con firmeza.
Ella se sorprendió por eso y de que lo dijera tan abiertamente.
—¿No lo ves? Te amo. Y lo hago como un imbécil— soltó en voz ronca y ya importándole poco —. Y estoy que me lleva el demonio.
Hinata se sobresaltó cuando su espalda golpeó la pared, luego de que Sasuke la empujara. Él abrió con un gruñido la puerta y le dejó una de las miradas más heladas que le había visto antes de cerrar la puerta tras él y dejarla sola.
Cuando el calor que había perdido volvió a ella, repasó sus palabras. Sasuke dijo que…
Su cuerpo se estremeció por dentro y por fuera. Él se había molestado porque creyó que lo rechazó y por eso le hizo pensar que… El alma de Hinata parecía estar en sus pies, sin dejarla moverse. Entonces por celos Sasuke había ido a ese lugar a vigilarla a pesar de no pasarla bien ahí, y finalmente creyó que ella y Gaara…
—Y, y dijo que me…
Su cuerpo se movió, despegándose del suelo. Salió de ahí sin importarle ser vista por los varones presentes. Debía encontrar a Sasuke y que él le dijera que no era cierto… él no podía estar enamorada de ella. Casi entra en pánico, porque si Sasuke se enamoraba de ella y volvía a decírselo, ella iba a volver a temblar como lo hizo ahora y después… todo podía irse a un precipicio.
—Hinata— Ino la detuvo y la vio con extrañez —, ¿qué tienes? Te ves pálida. Gaara dijo que estabas buscándome, ¿qué ocurre?
La mirada violácea recorrió el bar mientras ella hablaba y luego, con la boca seca, volvió a verla.
—De-debo irme.
Ino asintió y la vio querer alejarse con prisa.
—Ino— Hinata se detuvo —, ¿has visto a Sasuke?
La rubia alzó ambas cejas y negó despacio, entendiendo qué tenía Hinata finalmente.
—Bien. Nos vemos después — se despidió la Hyuuga.
—¡Hey, Hinata!
—¿Sí?
Ino le guiñó un ojo —Pásalo bien.
—Ino…— mencionó desanimada. Si ella supiera.
Una vez que salió de ese lugar que, siendo después de medianoche, comenzaba a recibir más gente, Hinata terminó conduciendo directo al departamento del Uchiha. Le tomó más de veinte minutos llegar ahí y mientras lo hacía, su seguridad era menos. ¿Qué iba a decirle? ¿Que no podía amarla? ¿Que debían terminar porque acababan de sobrepasar los límites?
Al principio creyó que eso era lo indicado, pero cuando puso un pie en la acera y el viento apenas fresco de la noche le golpeó el cuerpo, ondeando su vestido, supo que no quería decirle eso.
Todavía sin entender muy bien por qué, entró al edificio.
Sus manos temblaban ligeramente al ascender por el elevador. ¿Y si Sasuke no había llegado?
—No, mejor vengo otro día— dijo y pulsó el botón que detuvo el mecanismo. Vio sus dedos sobre el tablero y se sintió cobarde. No quería terminar con Sasuke y estaba postergando hacerlo. ¿Por qué le dijo eso? Si él no lo hubiese dicho ella sólo tendría que subir e intentar aclarar el malentendido de Gaara, posiblemente hubiesen terminado envueltos entre sus sábanas y…
Pero lo dijo. Y eso, estúpida y jodidamente, le calentaba el corazón.
Resopló y supo que estaba a punto de hacer una gran estupidez, cuando volvió a presionar el botón y los seguros se liberaron, volviendo a subir.
Lo dejaría al destino: si Sasuke había llegado primero que ella a pesar de no tener coche, hablaría con él; sino, era mejor olvidar el asunto.
Tocó con los nudillos y la puerta no tardó en abrirse.
Unos ojos negros y profundos la vieron sin emoción. Ella tembló con ambas manos en el pecho. Sasuke sólo usaba sus vaqueros.
—¿Qué haces aquí? — preguntó, apartándose y entrando.
Ella dudó dos segundos y terminó por entrar tras él.
Cuando cerró la puerta y quiso seguir avanzando, Sasuke se detuvo de golpe y lo evitó. Ambos estaban de pie a la entrada a la sala.
—¿Qué quieres?
—Ha-hablar contigo— respondió, apoyándose en la pared ante la clara incomodidad que él tenía por tenerla ahí —. Aclarar las cosas.
Él se acercó a ella sobre sus pies descalzos. Recorrió las curvas de su cuerpo con sus ojos antes de inmovilizarla contra la pared, en una de sus posiciones favoritas, cual predador.
—Es por lo que dije, ¿cierto? — adivinó y lo hizo con malicia. Se odió por haberlo dicho, no tenía el derecho y no le importó. Una ligera sonrisa de desprecio a sí mismo se marcó en su rostro.
Ella asintió automáticamente y luego quiso corregirse, pero él se acercó a su cuello, olfateándola y con sus músculos duros temblando ligeramente, conteniéndose.
—Ni siquiera deberías darle importancia, Hinata — dijo con voz ronca y, sin querer evitarlo, le lamió el cuello con la punta de su lengua. Cuando ella vibró, él tensó su mandíbula —. No te amo como te mereces, ¿no lo ves? — preguntó ronco, viéndola a los trasparentes ojos violáceos que lo veían confundida.
—No, no sé a-a qué te refieres— dijo ella y seducida por la masculinidad, llevó sus manos a acariciar su cuello desnudo, resbalando por sus hombros duros y anchos. Quería tocarlo desde ese día en su departamento y sus manos picaron por hacerlo.
Sasuke ladeó su rostro y le besó una de las manos. Ella lo miró y él despacio llevó sus ojos negros a ella. El cabello negro que resbalaba por su rostro lo hacía ver peligroso y ella sólo deseó que se acercara más.
—A que no puedo amarte como te mereces— repitió con voz cargada de auto desprecio y llevó una de sus manos al blanco y delgado cuello femenino. Sintió su fragilidad y el pulso acelerado. Era un ángel. Merecía ser venerada. Y él era un hijo de puta —. No puedo decirte cosas bonitas, apenas puedo confiar en ti, no puedo tratarte con delicadeza sin esforzarme y tampoco puedo ser un caballero— aclaró, pegándose a ella.
Hinata sintió la dureza entre sus piernas y las de ella temblaron.
Sasuke le besó la comisura de la boca, separando y cerrando sus labios como si le besara la boca. Hinata quiso ladearse y besarlo, pero él lo impidió al todavía sujetarle el cuello con firmeza, pero sin lastimarla en absoluto. El pulso de ambos estaba acelerado y él jadeaba al respirar pesadamente. Su erección llegó al punto del dolor bajo sus pantalones.
—Quiero follarte con dureza, Hinata— volvió a hablar y ella se tensó, pero su interior comenzó a humedecerse —. Quiero abrirte para mí. Follarte hasta desvanecer y después volver a hacerlo. Siempre. Y quiero ser el único. El único que toque tu cuerpo. Que seas mía y sólo mía. Sólo quiero ser yo quien pueda acercarse, tocarte, comerte, hacerte gemir y gritar de placer mientras te retuerzas bajo mi cuerpo.
Con cada ronca palabra él perdía poco a poco el control y ella temblaba esperando un poco de esas promesas.
—Sasuke…— Hinata casi gimió su nombre. Sus pezones estaban erectos y a pesar de no usar sostén, la tela de ese vestido impedía que fuesen visibles.
—No puedo consentir la idea de que desees estar con otro— añadió, celoso y ahora sí acariciando sus labios con los de él.
—No he querido estar con otro. ¿De que estas hablando? — respondió, temblando. Si Sasuke seguía por ese camino iban a terminar peleando — Po-por Dios, Sasuke… a-antes de ti… ni-ni siquiera había besado a nadie.
Los ojos negros se abrieron ligeramente más y dejaron de ver sus labios que deseaba besar, a ver sus ojos buscando una mentira.
Hinata negó en silencio. Decía la verdad. Él se había quedado con todas sus primeras veces y Sasuke así lo entendió.
Así de miserable había sido.
—Esa noche…— mencionó con voz seca, apartándose un poco — Naruto y tú, ¿no se...?
—No— confesó ella en voz baja —. Cuando tú me besaste…
—A la fuerza— añadió él en el mismo tono.
—E-ese había sido mi primer beso— a pesar de no desviarle la mirada, un pequeño rubor apareció.
Por eso lo había abofeteado, comprendió el Uchiha.
—Vete— soltó roncamente.
Ella se congeló cuando además se apartó de ella.
—¿Cómo?
—Lárgate, Hinata— soltó molesto sin siquiera verla y apoyó su mano en el respaldo de uno de sus sofás. Él, además de ser un hijo de puta por lo que le hizo, tampoco la estaba dejando decidir… Hinata tomaba lo que él ofrecía sin haber tenido la posibilidad de conocer algo más. Y aunque lo podría la idea, eso no debía ser así.
—Sasuke… no, no puedo con tus cambios de humor— confesó y su mano dudó en tocarlo, pero finalmente lo hizo y sintió los músculos de su espalda tensos —. Yo no sé qué te pasa y no voy a irme.
Cuando él se volteó furioso, Hinata lo besó en la boca. Se impulsó con tal firmeza que lo hizo caer sentado en el descansabrazo del sofá.
Sasuke se puso rígido y cuando ella le lamió los labios él maldijo, gruñó y enredó sus brazos en la delgada cintura. Tembló al haber perdido y negarse a echarla. Sus dedos resbalaron por la pequeña espalda haciéndola verse blanca y después tornarse roja ante la fuerza de las caricias. Él separó sus labios y Hinata quiso besarlo con hambre, pero terminó haciéndolo él… la boca de ella era demasiado pequeña para abarcarlo.
Las manos masculinas bajaron a los muslos de la Hyuuga y subieron bajo el vestido. Llegó a sus nalgas y las separó. Hinata gimió y de pie, entre las piernas masculinas, siguió inclinando su rostro para besarlo.
—No pienso ir a ningún lado… quiero estar contigo— aseguró sin dudar —. Y… y no te amo— añadió queriendo protegerse, tontamente.
Sasuke sonrió y le mordió el labio inferior. Lo jodió decir lo que diría, pero excitado como estaba, no lo pensó —Por tu bien, nunca lo hagas— soltó con voz ronca por el deseo.
La que fue una simple frase divertida para Hinata que sonrió, para él fue la advertencia del peligro que él le representaría… ya mañana volvería a luchar con él mismo para obligarla amarlo. Ser egoísta estaba en su naturaleza.
Ella cerró los ojos, le acarició el rostro y mientras se pegaba a él dejándolo tocar su cuerpo, le besó los labios hasta perder el aliento.
Sasuke tocó su pecho con la palma abierta y bajó hasta acunar uno de sus redondos senos. Fue al broche del vestido y con más suerte que destreza, lo zafó. Los senos de Hinata cayeron ligeramente y la tela sobre ellos se aflojó. Sasuke metió su rostro entre ellos embriagándose con su perfume fresco y buscó el pezón izquierdo; se lo metió a la boca y comenzó a chuparlo, haciéndola gemir y estremecerse.
Cuando la mano de Sasuke que no rodeaba su cintura, se metió entre sus muslos y delineó los pliegues de su sexo, sobre sus bragas, ella tembló más notoriamente. Se humedeció.
Gimió y deslizó sus manos por el pecho duro y caliente del Uchiha. Bajó y encontró su erección. La acarició con medio sonrojo y escucharlo gemir la hizo tenerse confianza y cerró su mano sobre ella, que aún estaba prisionera bajo los vaqueros.
Sasuke, sintiéndola, bajó el cierre de su pantalón y se desabotonó sin dejar de mamar de su seno. Extrajo su miembro duro y caliente y se lo ofreció a Hinata. Quería que lo tocara.
La mano izquierda de la Hyuuga estaba enredada en la rebelde cabellera negra, pegándolo más a su seno y con la diestra comenzó a masturbarlo despacio. Pudo sentir como había lubricado lo que hacía que el caliente miembro se sintiera aún más sedoso en su textura. Hinata pasó el pulgar sobre el glande, extendiendo su lubricación y él dejó de pensar, incluso de mamar. Sus manos se afirmaron en la pequeña cintura y ella, al haber perdido el placer de sus labios, pudo pensar con mayor claridad. Sasuke estaba disfrutándolo, podía verlo a través de su entrecejo fruncido y su rostro contraído.
Le besó los labios inclinándose a él y siguió acariciando su duro pene. Él gruñó en su boca y ella se estremeció completa. Dejó de besarle los labios y fue a su cuello. Sasuke ya no pensaba y echó su cabeza ligeramente atrás, dejándola hacer lo que quisiera.
El cuerpo entero de Hinata se calentó y terminó arrodillada entre sus piernas. Cuando tomó con sus dos manos el pene, lo observó a todo su esplendor. Nunca lo había visto así, desde esa posición pudo notar que por todo lo largo se extendía lo que parecía ser una vena grande y gruesa que iba del nacimiento del pene, sobre los testículos, hasta el glande rojizo. Deslizó su mano con mayor delicadeza y sintió un par de venas que, bajo la sedosa piel, se abrazaban a lo largo del pene. Sasuke la veía sin dar crédito. Hinata estaba acariciándolo como si pudiese romperlo a pesar de fuerza de su erección. Lo único que quería, era que se lo metiera a la boca.
Lo veía atenta, con un sonrojo, y entonces vio a un ángel a punto del pecado. Su miembro se movió entre sus manos por la idea.
Ella perdió el aliento al verlo a los ojos, pero luego volvió su atención a su pene. Quiso probarlo.
—No, Hinata— la detuvo con voz ronca —, no lo hagas. Tú no.
Ella abrió los ojos con sorpresa y se quedó a centímetros de probarlo. ¿Qué decía ahora?
No sería justo para ella, no después de lo que él le hizo. Aunque, joder, vaya que lo quería.
—Levántate, te haré el amor.
Y aunque ella se estremeció, negó y volvió a acercarse.
—Mierda, Hinata— su aliento caliente golpeó su piel sensible y él tuvo que apretar sus manos en el sofá para no temblar.
—Quiero hacer esto— aceptó ella con un sonrojo y luego sacó su lengua, y manteniéndolo sujeto con ambas manos, lo lamió.
Sintió temblar a Sasuke y apretar los dientes. La dejó probarlo y saberlo sobre excitado, la calentó más. El sabor ligeramente salado de su piel se extendió por su lengua. No le disgustó y se acercó con más confianza. Volvió a lamerlo y esta vez su caricia se extendió hasta la punta del glande.
Él no contuvo un gemido ronco y siguió viéndola. Hinata, con su verga entre sus labios, era la cosa más hermosa. Pecado puro.
Comenzó a meterlo a su boca despacio y chupó al sacarlo. Él apretó los dientes para contenerse. Era inexperta, pero él se dedicaba a sentir la calidez de su boca cerrándose sobre su carne ardiente… sentir los labios, la succión. Estaba mamándolo.
Le calentó el cuerpo entero y lo hizo arder.
Cuando él le tomó la cabeza y la llevó a suavemente a comerlo más, Hinata lo complació hasta donde alcanzó. Él gruñó y soltó una maldición al echar su cabeza hacia atrás. Sus abdominales se contrajeron y se extasió de placer cuando ella lo liberó y volvió a abarcarlo.
Hinata poco a poco tomaba confianza, los roncos jadeos de Sasuke como sus manos temblando sobre su cabello o apretadas en el sofá, le dijeron que lo que le hacía le gustaba. Entonces entendió a lo que Ino se refería. El placer de él, era el de ella.
Se dedicó a meterlo y sacarlo de su boca, humedeciéndolo con su saliva para facilitar el proceso. Sentir el peso del miembro de Sasuke, como ese calor que emanaba, la hizo sentir perversa. Se atrevió a llevarlo tan dentro que la hizo tener arcadas, pero él no pareció notarlo al dedicarse a gruñir y a enredar los dedos de su diestra en su cabello azulino. Descubrió que, cuando pasaba la punta de su lengua por el inicio de la protuberancia del glande, Sasuke temblaba; así que lo hizo cada vez que lo sacaba de su boca… incluso llegó a detenerse a solo a hacer eso.
—No hagas eso, Hinata, o me correré pronto— soltó entrecortado.
Ella sonrió y volvió a chuparlo, esta vez, con mayor placer. Ella gimió con su miembro en su boca y esa sensación recorrió el pene del moreno que maldijo y lo hizo gemir.
Sasuke comenzó a levantar ligeramente su pelvis, follándole la boca, al estar a punto de su orgasmo.
Hinata apenas podía creer lo que hacía. Si al iniciar el año en la universidad alguien le hubiese dicho que antes de terminarlo iba a estar arrodillada, frente y entre las piernas de Sasuke Uchiha, mientras se comía su miembro, seguro hubiera muerto fulminada de vergüenza e incredulidad. Suspiró al sacar el miembro de su boca y lo escuchó jadear copiosamente, volvió a chuparlo haciéndolo gruñir. Todo Sasuke estaba ardiendo.
Y Hinata disfrutó darle placer, ese, como él siempre le daba.
Sasuke dejó de moverse y la sujetó por el cabello. La hizo llevárselo a la boca y su ritmo se volvió intenso, cuidándola, pero sin perder su placer. Cuando Hinata apretó sus delgadas manos en sus vaqueros, permitiéndole llevar el ritmo, un calor sofocante surgió de sus entrañas, al mismo tiempo que uno nuevo subía por sus pies y otro bajaba desde su cabeza. Luego, tras varias mamadas más, explotó con un gruñido casi bestial.
Hinata cerró los ojos cuando, a pesar de que Sasuke la retiró a tiempo para no eyacular en su boca, un hilo de semen golpeó su nariz y mejilla y escurrió despacio, mientras él cerraba su puño en su glande, impidiéndose volver a mancharla. El miembro, rojizo y húmedo, palpitaba al derramarse.
Sasuke todavía estaba temblando y con los ojos nublados de placer cuando Hinata besó su vientre, esos músculos duros de su abdomen, se encontraban tensos mientras él terminaba de eyacular.
El Uchiha alcanzó la camisa que se había quitado y limpió el semen de su mano; luego, con una parte limpia, le limpió el rostro.
Hinata cerró uno de sus ojos mientras lo dejaba borrar su esencia de su cara y con el otro lo observó. Sasuke estaba agitado y su rostro serio. Tan varonil, aunque la limpiaba con cuidado.
Sasuke la vio a los ojos y ella se estremeció por dentro. Hinata se ruborizó por lo que acababan de hacer. Le resultó adorable. El estómago se le contrajo al darse cuenta hasta dónde estaba entregada a él.
Siguió viéndola a los ojos y ella le sonrió.
Joder… amaba a esa mujer.
La atrajo para besarla y Hinata correspondió con la misma fuerza.
Después de lo que le acababa de hacer… esa Hyuuga tendría que amarlo. Sólo muerto la dejaría. Se lo juró.
Sasuke se puso de pie y con violencia la atrajo a él. Hinata gimió y retrocedió los pasos que él avanzaba. El Uchiha le arrancó el vestido, dispuesto a desfogarse como quería. Hinata… Hinata sonrió ante la peligrosidad de su mirada.
Continuará…
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¡Hola!
Ojalá les haya gustado el capítulo, fue con mucho cariño, como ya dije, lleva dedicación y no sólo a ellas, ellos. Sino, también a AiKawaiiChan¡Feliz cumpleaños!
También a Valentina Londono, Ahren Love y Freddy gonza que me estaban pidiendo ese 'detallito' que Hina tuvo con Sasuke 7u7
¡Los quiero chicos! A todos y cada uno que dejan su comentario pidiendo cosas y apoyando la historia. No me dejan sentirme sola por acá.
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¡Gracias por leer, en serio!
Himepeti, gracias por leer el capítulo primero y darme tu opinión. Me ayudaste mucho:3
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Ahora debo aclarar algo, solo para que no me malinterpreten: Lo que yo escribo, no lo aconsejo para poner en práctica. Son sólo recursos para que la historia viva, nada más.
Sobre el Sexting (envío de videos o fotografías subidas de tono), no es recomendable, sobre todo con gente que recién conocen. Cada quien sabe lo que hace, somos adultos y seres pensantes. YO NO ESTOY DANDO IDEAS. Lo dije y repito: es un recurso que la historia requería.
Lo siento, tenía que aclararlo xD
Dejando eso de lado, al leer sus comentarios quiero escribir aquí más cosas, pero luego se me olvida, tengo pésima memoria. Si alguna vez me he saltado alguna cosa, pido disculpas, no es con la intención de ofender a nadie.
En fin, aquí quedó este capítulo, el segundo del mes :'D ojalá les haya gustado.
Besos.
Aidé.
