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LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.
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-36-
SOMBRAS FUTURAS
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Con el sol de un nuevo día ya alzándose en la ciudad, Hinata se despertó. Medio cuerpo de Sasuke estaba todavía sobre el suyo y la desnudez de ambos, apenas cubierta por una sábana, bastó para dibujarle media sonrisa. Tenía un brazo adormecido al estar atrapado bajo el cuerpo masculino; la urgencia por recuperarlo se hizo un poco mayor al sentir cierta parte de la anatomía del joven ligeramente endurecida.
Hinata omitió la pasional forma con la que Sasuke le hizo el amor luego de llevarla a su cama, y que ahora la tenía con una ligera molestia entre las piernas, por revivir ese acto que ella le practicó.
El sonrojo que casi siempre adornaba su rostro y que esta vez había tardado en aparecer, se hizo presente de manera inmediata. Ella le había… a Sasuke, y él…
«Santo cielo.»
Casi pudo volver a sentir el peso y calor del pene de ese joven otra vez entre su boca.
«No quiero estar aquí cuando despierte.»
Hinata se escabulló y agradeció que el pelinegro luciera tan cansado. Dejó la protección de la sábana y se vio desnuda en medio de esa habitación, recogiendo una a una sus prendas.
— ¿A dónde crees que vas?— la voz ronca y adormilada de Sasuke la paralizó.
Ella, que se había colocado ya sus bragas, apenas pudo abrochar su sostén.
—I-iba a…
—No estarás pensando huir, como cada que hacemos algo nuevo, ¿no?
Los ojos violáceos se abrieron con sorpresa. Sasuke no se había movido, pero sus orbes negras la veían bajo un par de rebeldes mechones de cabello.
Se observaron un par de segundos en silencio. La mirada negra era acusatoria y ella no pudo con la tensión. Exhaló derrotada.
—Bien. A-algo así— dijo y, acomodándose el pelo, continuó vistiéndose.
—Creo que deberíamos superar ese tipo de cosas— respondió él y se dio la vuelta sobre la cama, quedando de espaldas sobre el colchón. Sus ojos negros la vieron de arriba abajo —, porque de cualquier forma van a seguir pasando.
Hinata volteó a verlo y, al notar su erección más marcada bajo la sábana, se dio cuenta que eso no ayudaba para nada a tomarlo con naturalidad.
—Vuelve a la cama, Hinata— pidió con voz cansada.
—En realidad tengo un poco de hambre— confesó apenada. A juzgar por el sol, debería ser más de las diez.
Él enarcó una ceja. No le creía.
—Lo juro— agregó Hinata, entendiéndolo, al ya conocer muchos de sus gestos.
Sasuke resopló y se llevó un par de sus dedos a apretar el puente de su nariz, mientras Hinata terminaba de vestirse.
—Te traeré algo para desayunar— anunció la joven al disponerse a salir, descalza.
—Hinata.
— ¿Si?— preguntó ella con la misma naturalidad con la que él la llamó. Volteó a verlo.
—Lo que hiciste anoche, fue delicioso— soltó y, en un acto reflejo, pasó su mano apretando ligeramente su miembro, el mismo que volvió a erguirse.
Ella se avergonzó y antes de ruborizarse, prefirió sólo asentir y buscó salir de ahí. Sasuke sonrió de una forma tan natural que ella se lamentó no poder ver más de esa sonrisa, pero la verdad, su vergüenza pudo más; pues aun no sabía cómo había terminado haciendo aquello.
Mientras preparaba sólo un par de emparedados, una sonrisa pícara y pudorosa adornó sus labios al revivir aquél momento. Sasuke la hacía hacer locuras. Locuras que la avergonzaban en extremo, pero que, si se era sincera, no se arrepentía de ellas.
Sólo necesitaba un respiro.
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—Maldita sea— rugió Sasuke al recargarse en el marco de la puerta de su habitación. Seguía agotado y el estómago estaba matándolo.
Había visto un emparedado que seguro Hinata había acercado hasta su buró. No escucharla andando por ahí o jugando con el gato, lo hicieron levantarse apenas al abrir los ojos. Ella ya no estaba en su departamento, había comprobado.
Se maldijo por quedarse dormido. Dio un mordisco nada delicado al sándwich y se metió en el baño. Iba a darse una ducha y luego buscaría a Hinata; la semana pasada por sus estupideces y absurdas peleas casi no se habían visto y ahora iba a recuperar ese tiempo.
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Hinata batalló para encajar la llave en la cerradura y abrir la puerta. Entró con sutileza creyendo que tal vez Sasuke todavía dormía; volvió a salir y a entrar un par de veces para terminar de ingresar las bolsas de las compras que recién había hecho.
—¿Sasuke?— lo llamó despacio al dirigirse a su habitación.
Lo escuchó en la ducha y prefirió dejarlo. Con un suspiro cansado volvió a la cocina, donde se dispondría a ordenar la comida y demás productos que había comprado para él.
Apenas comenzaba cuando golpearon a la puerta.
—¡Sasuke!— una voz masculina comenzó también a hacer ruido —¡Sasuke!
Hinata volteó a ver en dirección de la alcoba. ¿Sería prudente que abriera? Cierta ansiedad le brotó.
—¡Sasuke! ¿Estás despierto ya?
El chico en el pasillo no se callaba y el Uchiha, o bien, no lo había escuchado o estaba deliberadamente ignorándolo.
La puerta volvió a ser golpeada y ella decidió abrir. Era antes del mediodía de un domingo y ese chico era demasiado escandaloso aun para esas horas.
—¡Oye, idiota, creí que me tendrías el maldito día ahí tocando!— una manchón morado pasó frente a los ojos de Hinata, y el chico ni siquiera la notó.
—Ah…
Los ojos violetas de Suigetsu voltearon a la puerta y luego cayeron a la delgada figura de Hinata. El chico se tensó y ella mostró la misma incomodidad que él.
—¿No está Sasuke?
Hinata asintió —Está en la ducha.
—Ah, ya veo…— dijo y se rascó la nuca, ahí, de pie, en medio del pasillo frente a la barra de la cocina — ¿Te molesta si lo espero?
—No es mi casa, no tendría por qué molestarme— respondió cerrando la puerta.
Suigetsu tragó pesadamente al verla pasarlo de largo y volver a la cocina. El chico sin saber qué hacer se sentó en la sala y jugueteó con el gato que de inmediato llegó con él. Hinata lo observó con cierta desconfianza pero al verlo jugar con Gato le dibujó media sonrisa. Era bueno saber que el pequeño felino no vivía siendo ignorado cuando ella no estaba ahí.
Tomó un par de frascos de conservas y se estiró para abrir la alacena; logró meter varios frascos pero uno grande estaba dándole problemas por el peso.
Una mano fuerte tomó la conserva y la colocó en el interior. Hinata casi suspiró cuando sus dedos temblaron de alivio al estar forzándolos.
—Gracias— dijo luego de voltear a ver al chico.
Suigetsu negó y se dio media vuelta. Los ojos violáceos de la Hyuuga lo siguieron en su camino. Él se detuvo de pronto y volteó a verla, para terminar recargándose en la barra, sin salir de la cocina.
Hinata volvió a incomodarse.
—Creo que… yo te debo una disculpa— habló el chico en voz baja, muy serio.
Ella quiso simular una sonrisa y volvió por el resto de la comida.
—Es por lo que pasó, ¿cierto? — quiso sonar casual pero la voz tensa mostraba su incomodidad — Intento dejarlo atrás.
Suigetsu asintió despacio —Aun así. Tenía que decir que… yo de verdad no creí que… que eso pasaría y… L-lo siento mucho, yo…yo debí…
—Debiste hacerlo— afirmó ella, seriamente. La mirada de la joven, a pesar de no ser fría, le heló la sangre —. Yo debí haber sido más precavida, Sasuke no debió hacerlo y… creo que ahora sólo nos queda lidiar con ello.
Él asintió —Siempre me he preguntado por qué callaste. Ambos debimos pagar, en distintas medidas, claro.
Hinata intentó quitarle seriedad a esa conversación al ingresar al refrigerador varios paquetes de carnes.
—Había cosas más grandes de por medio que sólo lo que me pasó.
La chica Hyuuga evitó mencionar el enorme escándalo en que ambas familias se hubiesen visto involucradas, en lo que Neji hubiese sido capaz de hacer y las consecuencias que ello hubiese desencadenado, en su hermana y en la vida bajo vigilancia a la que la hubiese condenado por no ser tan precavida y en el juicio, justo o no, de su padre. Todas las expectativas que en ella pesaban serían tiradas a la basura y, seguramente, recaerían en su hermana. Algo que no pensaba permitir.
Suigetsu la dejó meditando un poco y cuando el lugar volvió a llenarse de cierta tensión, se vio obligado a hablar.
—No he entendido muy bien lo que pasa entre Sasuke y tú. Él dice que no te está obligando a nada y…
—No lo hace… no ahora— aclaró Hinata y enfrentó su mirada.
—Fue un hijo de puta, no voy a negarlo— el rostro del chico quiso iluminarse con media sonrisa, pero la eliminó para retomar seriedad —. Pero si sirve de algo, sé que lo lamenta. Se odia por ello.
A Hinata se le apretó el pecho. Lo sabía.
—Te ama, ¿lo sabes?— los ojos violetas del chico no dejaron de verla.
Ella desvió el rostro. Asintió.
—¿Y tú?
La Hyuuga ya no pudo responder. En el estómago le revoloteaban mariposas, pero en el pecho sentía una opresión. Esa charla no la estaba ayudando en nada. Traía recuerdos que intentaba suprimir.
—¿Sabes? Sasuke siente que algo te debe— esa nueva frase atrajo la atención y la mirada de la chica. Suigetsu mostró media sonrisa —. Pídele su vida y te la dará.
Bastaba ver la agonía de Sasuke al mantenerse alejado de ella, la frustración cuando no lo lograba y esa rabia y desespero al no lograr que ella lo amara. Suigetsu lo sabía, lo veía en él e, incluso, la frustración del Uchiha lo rebalsaba como para hacerlo sincerarse en medio del alcohol. Sasuke moriría por ella, literalmente. Estaba seguro.
La última frase soltada por ese chico la golpeó fuerte, pero no tuvo tiempo de intentar asimilarla cuando comenzó a escuchar ruido proveniente de la alcoba del moreno. Suigetsu volteó en esa dirección al también darse cuenta.
Cuando Sasuke apareció vistiendo únicamente un bóxer, analizó la situación. Vio a Hinata un tanto incómoda con un montón de comida esparcida por la barra, y a Suigetsu que si bien estaba a casi dos metros de ella, seguía pareciéndole demasiado cerca.
—¿Qué haces aquí?— la voz seria denotó el poco agrado por su presencia.
El peliblanco sonrió enormemente —Pues tenía hambre y pensé, ¡Oye, por qué no desayunar con aquél idiota!
Hinata apenas dibujó una sonrisa y dejó de verlos.
—¿Desde cuándo desayunamos juntos?
—Desde hoy podría ser una buena opción.
Sasuke gruñó al encaminarse directo a Hinata. Colocó sus dos brazos en la barra, dejándola prisionera contra su cuerpo.
—¿Te molestó?— preguntó bajando su rostro para hablarle casi al oído.
—¡Joder, no! Tampoco soy tan imbécil como para…
La mirada negra silenció la intervención del peliblanco.
—Claro que no— confirmó Hinata —. Sólo estaba ayudándome un poco.
Sasuke vio de uno a otro y Suigetsu alzo una ceja, divertido y altanero.
—Te lo dije— agregó de inmediato —. Y ahora, por qué no te vistes y comemos algo. También venía a decirte que Juugo estará por aquí en próximos días, y no sé, podríamos hacer algo.
—Lo pensaré— respondió el moreno que tardó uno segundo más en soltar a Hinata, para finalmente dirigirse a su habitación.
Los dos restantes lo vieron perderse tras la puerta.
—¿Podrías no decirle sobre lo que hablamos?— pidió el chico casi en voz baja.
Hinata pestañeó sorprendida.
—Digo, no es que le tenga miedo — aclaró rascándose el cuello —, pero, seguro pretenderá matarme por inmiscuirme en sus asuntos.
Ella sonrió —Descuida, no diré nada.
En un par de minutos más, Suigetsu estaba escarbando en el refrigerador buscando qué quería comer.
Sasuke tomó en su mano una manzana verde.
—¿Por qué has traído todo esto?
—Bueno, cuando vine a preparar algo de desayunar vi que te faltaban ciertas cosas— dijo ella en voz baja, preocupándose por que el chico a su espalda no entendiera que habían pasado la noche juntos.
—No tienes que gastar en mí, Hinata. Creí que había quedado claro— Sasuke observó la manzana y el resto de las cosas —. Aún con lo que pasa, puedo solventarme.
—Casi— puntualizó Suigetsu que, de haber volteado, se habría dado cuenta de la mirada cargada de molestia que el Uchiha estaba dedicándole.
—A mí no me molesta— aclaró Hinata.
—Pero a mí, sí.
La peliazul suspiró —No le des importancia, de cualquier forma, tenía que hacer mi despensa también.
—¿Y la has traído aquí?
—No, está abajo, en el coche.
Y mientras ellos seguían en el tema, Suigetsu vio más de cerca la relación de esos dos. Sasuke estaba sermoneándola y ella le restaba importancia al asunto. Finalmente su amigo, que sólo vestía un pantalón deportivo se acercó a ella y le había besado los labios; Hinata no había tardado en corresponderle y en apoyar su mano sobre la piel desnuda de la dura cintura masculina. Sasuke se había negado a apartarse cuando Hinata intentó hacerlo y tomó con más hambre sus labios… entonces Suigetsu supo que, si no quería ver de más, era tiempo de intervenir.
—¡Oye! ¡Se te olvidaron las cervezas! ¿Qué clase de limosna es la que le haces a este idiota, si no le traes cerveza?
Hinata casi escupe a Sasuke al no contener su risa. Llamar limosna a la comida que le había llevado había molestado todavía más al moreno. ¿Ese chico era el que le pidió guardar en secreto su conversación para no molestar a Sasuke? Vaya ironía.
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O.O.O.O.O
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Los ojos violáceos de Hinata vieron con atención el texto recibido apenas segundos antes. Su rostro, en un acto inconsciente, perdió la sonrisa que había estado adornándolo durante los minutos que llevaba en esa cafetería.
—¿Qué es eso, eh?— preguntó Ino antes de darle una mordida a su emparedado y asomarse, sobre los hombros de Hinata, a ver la pantalla del móvil.
—Un mensaje de Neji. El fin de semana habrá una gala— comentó seria.
Ino arqueó ambas cejas —Cielos, Hinata, qué envidia. Ojalá fuera como tú y poder asistir a esos impresionantes eventos.
—No hay nada que envidiar. A decir verdad, asistimos más por obligación.
—¿Y a beneficio de qué es la gala?
—No lo sé, siempre están buscando caridades— explicó al devolver su móvil al bolsillo trasero de su pantalón —. Es una buena forma de hacer creer que les preocupa algo más que no sean ellos mismos.
—Pareces decepcionada de tu clase— se burló la rubia.
Hinata se avergonzó —Tal vez sólo estoy generalizando— agregó. O tal vez, sólo hablaba por su padre, aunque no lo aceptaría en voz alta.
—¿Y va gente muy importante?
—Políticos, empresarios y demás.
—Oye y… ¿la familia de Sasuke estará ahí?— susurró viendo como Naruto entraba en la cafetería, pero se quedaba charlando con un grupo de chicos varias mesas lejos de ella.
La peliazul dejó escapar el aliento y sus ojos mostraron preocupación.
—Lo más seguro es que sí.
Se crearon unos segundos de incomodidad para la Hyuuga.
—¿No has pensando en decirle a tu padre que sales con Sasuke?— cuestionó Ino llevando su mirada a su comida.
Hinata negó enseguida.
—¿Por qué?
—Jamás lo aceptaría. Además, ni siquiera sé qué tan lejos pueda llegar con Sasuke.
—¿Qué ha dicho él al respecto? Es decir, sabe que te casarás con Neji, si todo sigue como hasta ahora— preguntó eso que tanto le llamaba la atención, Sasuke parecía demasiado territorial como para dejar que Hinata se fuese con otro así como así.
—Hemos hablado poco de eso. Pero, creo que él también tiene clara nuestra situación.
—¿Y esa es?
—Estar juntos hasta que se pueda.
Ino sonrió con cierta burla —¿No pelearás por él?
—Eso es absurdo— respondió Hinata viéndola con extrañez —. Además… yo, yo no estoy enamorada de él como para… para…
—Joder, estás saliendo con él desde hace casi un año a escondidas de todos. El tipo te afecta, lo he visto. ¡Mierda! ¡Te estás acostando con él! No puedes decir que no estás enamorada o que no sientes nada.
—Oh, por favor, no digas eso en voz alta— la Hyuuga volteó a los lados viendo si alguien la había escuchado.
La Yamanaka se burló.
—¿Qué, vas a decir que miento?
—No, no es que mientas— aclaró nerviosa Hinata —. Sasuke me gusta, yo… yo lo quiero y…
—¿Y no estás enamorada de él luego de meterte en su cama?— interrumpió la rubia con picardía.
Hinata se ruborizó —No todo es sexo.
—Joder, no— aceptó la rubia —. Pero simplemente no puedes irte a la cama con un chico, dejarlo meterse entre tus piernas, sentirlo tocarte, besarte y poseerte y no sentir nada. Somos de carne y hueso.
—Entiendo eso, pero…
—¿O es que no te lo hace bien?
—Ino— Hinata se avergonzó.
—Oh, claro que lo hace. Es el imbécil de Sasuke, después de todo.
—Dios— Ino alzó la voz un poco más emocionada y el bochorno de la Hyuuga aumentó.
—Oye y, sólo por curiosidad femenina— volvió a hablar Ino —, ya una vez te pregunté y te negaste a decirme pero debo volver a preguntar: ¿Sasuke es… grande?
Hinata sonrió y desvió su rostro. No podía creer lo curiosa y poco pudorosa que era Ino en ese sentido.
—Sí, lo es— la peliazul se avergonzó más por confesárselo.
—¡Diablos! ¡Lo sabía!— Ino se emocionó como si hubiese ganado una apuesta, pero no pasó por alto que por primera vez lograba arrancarle a Hinata algún comentario de esa índole — Y seguro el amargado ese te ha pervertido bien.
—¿Podríamos cambiar de tema?
—Claro, y mira, ahí viene— avisó Ino y Hinata volteó justo para verlo entrar. Él se había detenido con Naruto, cruzaron un par de palabras con los chicos con los que estaba el rubio y luego ambos se dirigieron al área de venta de comida. Sakura y Kiba entraron un minutos después, cada uno con su mochila al hombro.
La pelirrosa y el castaño se sentaron en la misma mesa.
—Demonios, las clases se pusieron más insoportables todavía— se quejó la pelirrosa al sacar de su mochila su almuerzo.
—Y eso que todavía no tienen que lidiar con la tesis— comentó Kiba que vio con molestia como Sasuke se sentaba con ellos, luego de semanas sin hacerlo.
—¿Tesis?— preguntó Naruto — No hablemos de eso, 'ttebayo.
La mirada de Hinata y la de Sasuke se fijaron durante unos segundos, los suficientes para que él se diera cuenta de cierta tensión en ella, pero no los necesarios para que alguien que no fuese Ino, se percatara de tal contacto.
La Hyuuga tuvo que desviar su mirada cuando, por debajo de la mesa, Sasuke tocó con su pie el de ella. Fingir que apenas se hablaban la hacía sentir tensa, pero también le revolvía el estómago en algo parecido a emoción y nerviosismo. Ahí estaba, con él a escasos centímetros y evitando verlo cuando noches atrás estaba viéndolo a los ojos, sudado, ronco, jadeante, mientras enredaba sus dedos en su cabello azulino, al tenerla de rodillas y entre sus piernas… comiendo de él.
—Mejor hablemos de la gala a la que Hinata asistirá— soltó Ino, secundando a Naruto —. ¡O mejor aún! Hablemos de la borrachera con la que salió Kiba luego de la fiesta de Gaara.
Kiba gruñó —Creí que luego de días lo olvidarían— soltó malhumorado luego de la burla de los demás —. Dejemos ese tema y por qué mejor no te ocupas en ver con quién anda tu noviecito.
Ino se miró las uñas —Él está ocupado con asuntos importantes.
—¿Eso te dijo?
La rubia y el Inuzuka comenzaron un intercambio de comentarios con afán de molestarse, siendo apoyados por Naruto y con Sakura tratando de hacerlos callar.
"¿Qué gala?"
Hinata leyó ese texto que había hecho vibrar su celular. Alzó sus ojos y vio a Sasuke con el móvil en la mano, esperando su respuesta.
"Lo hablamos en la casa, ¿quieres?"
La peliazul lo vio guardar su móvil de mal humor; ella hizo lo mismo y casi se le cae de las manos cuando Kiba se pegó a ella, tratando de esquivar un pedazo de pan que Ino le había lanzado en medio de su batalla.
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O.O.O.O.O
•
Horas más tarde Hinata presionaba la tecla que comenzaría con la impresión de uno de sus trabajos finales. La impresora, sentada sobre el escritorio de la peliazul comenzó con su trabajo mientras ésta, sentada en la alfombra de su sala, veía con cierta satisfacción su trabajo finalizado.
Un pendiente menos del que preocuparse.
Sus ojos viajaron a la parte inferior derecha del computador. Ya era más de las once de la noche. Estaba agotada, tenía los cuatro días que iban de la semana levantándose temprano y con una carga de trabajo que apenas comenzaba a aminorar con la finalización de ese trabajo.
Su mirada viajó, por inercia al ventanal a su izquierda.
«Sasuke»
Ese mediodía le había dicho que hablarían sobre el evento al que debería asistir, y del que él se veía realmente interesado, pero él no había ido a verla y tampoco había llamado. Habían hablado sobre el proyecto que Itachi le había encomendado y sabía que eso estaba absorbiéndolo junto con su tesis y por eso estaba intentando no molestarlo.
Pensó en Ino e, incluso, en Suigetsu.
¿Sería esa casi necesidad de verlo, de estar cerca de él, un indicio de algo más que quererlo? ¿Por qué de pronto dos personas distintas le preguntaban si lo amaba?
No le gustó que eso le preocupara. Menos lo hizo tomar su móvil y ver que no tenía una llamada o texto de él.
Dejó la ansiedad de lado para cerrar sus ojos, apoyar su cabeza en el suave sofá a su espalda y buscar entenderse. Un viento fresco de noche de primavera se metió desde el balcón y le acarició el cabello.
Recordó a Sasuke gritarle, casi frustrado, que la amaba. Eso volvió a hacer volar las maripositas en su estómago. Ahora no se asustó. Esta vez Hinata sonrió y se permitió disfrutar la sensación en su estómago… después podría preocuparse.
Luego de unos minutos su sonrisa aminoró. ¿Cómo había sido posible?¿Sasuke… enamorado de ella?
Y ella…
Su sonrisa se perdió por completo. ¿Cómo hubiese sido si aquello no hubiese pasado? ¿Podría haber surgido algo entre ellos dos? ¿Pudo haberse enamorado de Sasuke?¿Sentir algo más fuerte de lo que ya sentía por él y luchar por ello?
Una tristeza se asentó en su pecho… Sí hubiese querido que pasara así. Pero había cosas que no se podían borrar.
«Sasuke siente que algo te debe» «Pídele su vida, y te la dará»
El pecho se le apretó al punto que tuvo que enderezar su cuerpo y abrazar sus rodillas. Ahí, sentada frente a su mesita ratona, Hinata vio al suelo.
—Sasuke también daría todo por cambiarlo, porque eso no hubiese pasado— meditó en voz baja y con sus ojos nublándose.
Daría su vida… Esa frase dicha por Suigetsu volvió a rondar su mente. Seguro Neji y su padre se la exigirían si se enteraban.
No iba a permitirlo. Una vez él le ofreció matarlo si eso la hacía sentir mejor, no lo había hecho… no permitiría que eso pasara ahora que ella…
«No puedo seguir así» pensó, levantándose.
Guardó los libros con los que estuvo trabajando y tomó su portátil para dirigirse a su habitación. Se daría una ducha mientras su proyecto terminaba de imprimirse e intentaría dormir, esperando no despertar durante la madrugada.
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O.O.O.O.O
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El día escolar había finalizado. Era viernes y aunque las clases no habían sido tan desgastantes, eso no le quitaba lo aburrido de las mismas; terminar ese semestre se estaba convirtiendo en una pesada carrera a una meta cercana, pero a la cual no parecía llegar pronto.
—¡Hinata!— la voz de Naruto la detuvo justo cuando avanzaba directo al camino que la llevaría al estacionamiento.
La Hyuuga volteó y se sorprendió ligeramente cuando vio al rubio salir de su facultad, siendo seguido por Sasuke. Les sonrió. Naruto llegó antes a ella.
—¿Te vas ya?
Los ojos de Hinata fueron a Sasuke que avanzaba a ellos.
—Eh, sí. Tengo algunas cosas qué hacer— explicó y ahora le sonrió a Sasuke que no dejó de verla.
—Creí que irías a ver el entrenamiento del equipo. Ino y Sakura ya están en el gimnasio, son los últimos entrenamientos, 'ttebayo.
Hinata llevó un dedo a rascar su mejilla. Varios estudiantes pasaban a su alrededor, cada uno con diferente dirección.
—Lo siento, Naruto, otra vez será— se disculpó.
—¿Segura? Si quieres…
—Ya te dijo que no, Dobe — la voz fastidiada de Sasuke hizo voltear a Naruto que no creyó que lo siguiera.
—¿Y tú, tampoco irás?
—¿Por qué lo haría? Hace meses que no estoy en el equipo— dijo con fastidio, recordándolo.
—Lo imaginé, tampoco eres del tipo porrista— se burló el rubio. Sasuke rodó los ojos y continuó su camino, dejando a esos dos solos.
—Entonces, ¿qué es eso que tienes qué hacer?— el Uzumaki no le dio importancia y buscó ver si podía convencerla. Después del entrenamiento el grupo iría a comer, teniendo en cuenta la fecha, seguro sería de las últimas veces que lo harían.
—Mañana tengo un compromiso y debo comprar un par de cosas todavía— explicó con cierta pena.
Naruto se rascó la cabeza —Oh, es esa fiesta que mencionó Ino hace días, ¿verdad?
Hinata asintió.
—Entonces, supongo que está bien— respondió el rubio. Kiba, que iba saliendo de su facultad le gritó y el Uzumaki dio medio salto cuando vio al Inuzuka tomarle ventaja al gimnasio —. Joder, nos vemos luego, Hinata— gritó luego de correr, recordando la advertencia de Shikamaru: el último en llegar al entrenamiento pagaría la comida.
Hinata dibujó una sonrisa al ver a Naruto tropezar y caer, para luego levantarse como sin nada y seguir corriendo. Finalmente había alcanzado a Kiba, lo había hecho trastabillar y casi caer para tomarle la ventaja. La Hyuuga deseó mejor ir con ellos que preparar detalles para el evento del día siguiente, pero esa no era una opción con su padre en la ciudad.
Giró su cuerpo y se decepcionó de tampoco ver rastro de Sasuke. Suspiró y apretó los libros que cargaba para avanzar, como muchos otros estudiantes, directo al estacionamiento.
Cuando estaba llegando a su auto, trató de disimular la sonrisa que se formó en sus labios. Sasuke estaba recargado en el capó de su coche.
—Creí que no vendrías.
—Me entretuve un poco con Naruto— explicó ella. Varios alumnos los veían, al parecer que los vieran juntos dejaba de ser tan extraño. Hinata se preguntó cuándo volverían a surgir los rumores sobre ambos por el campus.
—Le das demasiadas explicaciones al tarado ese— remarcó celoso al verla pasarlo de largo y dirigirse a abrir el auto.
—Es un buen amigo.
Él gruñó discretamente.
Cuando los seguros se levantaron, el Uchiha abrió la puerta del copiloto.
—¿Qué haces?— preguntó al verlo subir y cerrar la puertezuela.
—Iré contigo.
—¿Tu coche?
—Se quedará aquí.
Ella guardó silencio unos segundos y luego sonrió. Subió y puso en marcha el vehículo. Llamaron más la atención al irse juntos.
—Entonces…
Ella lo vio de reojo al ir conduciendo.
—¿Entonces?
Sasuke se apoyó completamente en el asiento, echando su cabeza hacia atrás.
—Entonces, ¿cuándo es esa gala a la que asistirás?— completó con voz seria, casi fastidiado.
—Mañana en la noche, en The Ritz— mencionó ella y el Uchiha de inmediato ubicó el exclusivo hotel al oriente de la ciudad —. ¿Irás?— preguntó luego de segundos en silencio.
—Sabes que no— respondió seco. Quiso decirle que tampoco fuera, pero prefirió no pasar por lo mismo que con la dichosa fiesta de Gaara.
Hinata suspiró. Hasta cierto punto, era mejor que no estuviese ahí. Ojalá ella pudiese tampoco ir, algo de eso no le gustaba e iba un poco más lejos del siempre desinterés que esos eventos le provocaban.
• • •
Minutos más tarde Hinata caminaba acompañada por Sasuke por un enorme centro comercial. Aún era temprano como para comer, así que por cortesía invitó al moreno a acompañarla a recoger el vestido que el día siguiente usaría, creyó sinceramente que se negaría, pero no fue así.
—La boutique de Lady Margot se encuentra en el tercer piso, ¿vamos?— anunció la Hyuuga viendo a lo alto y, posteriormente, al Uchiha.
Él asintió y le tomó la mano para comenzar a caminar. Quería terminar con eso rápido y volver a llevar a Hinata a su departamento.
Una vez frente al enorme local, la Hyuuga suspiró esperando no tardar más de lo necesario. Una dependienta la recibió y tras informar que sólo recogería un vestido, le fue entregado en una caja perfectamente cerrada con un moño beige, como la misma caja.
Sasuke notó la prisa de la chica en salir de ahí y la mueca que puso cuando escuchó una voz severa, pero rasposa por los años.
—Señorita Hinata, ¿ya no saluda?
La nombrada dibujó una sonrisa al voltear a ver a la modista y dueña del lugar. Era una anciana que parecía haber encogido varios centímetros por los años.
—Lady Margot— saludó la joven peliazul y tuvo que hacerse a un lado cuando la anciana le pegó con su bastón, para luego seguir de largo y examinar al pelinegro que la veía para abajo y con poco interés.
—¿Y usted es?— preguntó ajustándose las gafas que requerían una alta graduación por años de esfuerzo visual.
La Hyuuga le salió al paso antes de que llegara a él.
—Ah, él es mi novio. Y, de hecho, tenemos un poco de prisa, así que…
—¿Novio?— preguntó la anciana volviéndole a golpear las piernas, haciéndola a un lado. Forzó sus ojos viendo el rostro de Sasuke que de pronto no parecía tan molesto — Neji, no te reconocí.
Sasuke gruñó desviando la mirada a otro lado donde no viese a esa vieja inoportuna. El casi buen ánimo que Hinata le provocó al llamarlo su novio desapareció.
—Oh, no, él no es Neji niisan— intervino Hinata volviéndose a poner en medio, luego de notar el mal humor del Uchiha.
—Pero…— la anciana, que por generaciones había vestido a su familia, la vio con extrañez.
Hinata sólo se encogió de hombros.
—Oh, pero qué escándalo vas a provocar, muchacha— se burló la mujer —. A ver, quítate otra vez— le dijo y sin importar la urgencia de Hinata por irse y la antipatía del Uchiha, lo jaló.
—O-oiga— Hinata quiso intervenir para que no lo jalara, lo último que deseaba es que el pelinegro hiciera gala de alguna falta de respeto a esa mujer.
Lady Margot sacó de entre sus ropas una cinta para medir.
—¿Tendrá las mismas medidas que Neji? A ver.
La Hyuuga vio casi incrédula el esfuerzo que hacía Sasuke para no quitarse de encima a la señora y le rogó con la mirada que la disculpara.
—Vaya, tu espalda es un poco más ancha. ¿Has pensado en ponerte a dieta?
—¿Qué?
—Creo que así está muy bien— intervino Hinata de prisa. Lady Margot siguió hablando.
—Hinata— la mujer retomó seriedad y hasta pareció enderezar su cuerpo —, como es casi una tradición, si ustedes se casan, yo bordaré con mis manos hasta el último detalle de sus vestimentas.
La Hyuuga se ruborizó y no supo qué decir.
—Descuide, lo hará— soltó Sasuke y se llevó a Hinata con él.
—Cuídela mucho, joven Uchiha.
Hinata casi se paraliza al percatarse que la mujer reconoció a Sasuke; tontamente había creído que por su edad y poca visión no lo reconocería. Volteó a verla y la anciana le dedicó una sonrisa de complicidad.
—Gracias por todo— Hinata se detuvo e hizo media reverencia de agradecimiento. Segundos después, caminaba con Sasuke que cargaba su vestido.
—Vaya anciana— se quejó el moreno que tuvo que soltarla cuando su móvil sonó.
—¿La conocías?— preguntó ella que todavía no salía del asombro de que lo hubiese reconocido.
—No, por suerte.
Ella sonrió y desvió su mirada mientras lo veía leer un texto. Varias miradas femeninas se posaban en él y Sasuke no pareció darle importancia. El moreno guardó el móvil y esta vez le pasó un brazo por sus hombros.
—Era Itachi. ¿Quieres comer con él?
Ella volteó a verlo y los ojos negros la veían de reojo.
—Ah… s-sí, por qué no— respondió extrañada, Sasuke generalmente evitaba a su hermano y si lo veía, lo hacía con poco ánimo. Entonces, eso era nuevo y bueno, para variar.
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O.O.O.O.O
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Itachi corroboró la hora en su reloj, luego de haberse anunciado en el restaurante.
—Su mesa aún no está lista. ¿Gusta esperar en la barra?— informó un hombre pulcramente vestido.
El pelinegro asintió y se dispuso a entrar. El lugar no era de un lujo extremo, pero por ser de los restaurantes del centro, por esas horas solía ser casi imposible obtener una mesa si no era bajo reservación.
Los pasos seguros del chico que mantenía sus manos en los bolsillos del pantalón, disminuyeron su velocidad al reconocer a una joven sentada en una de las mesas del fondo, junto a un grupo de mujeres. Tomó asiento y pidió una cerveza mientras esperaba. La joven de lacio y azulino pelo corto volteó a verlo; lo reconoció de inmediato y meditó largos segundos antes de dedicarle media sonrisa e ir a su lado.
Itachi sonrió y dejó de verla. Ella llegó a su lado.
—Tiempo sin vernos, Konan— la saludó con media sonrisa.
—Varios años ya. ¿Debería decir que fue una sorpresa que me reconocieras?— preguntó, ahí de pie.
Él la invitó a sentarse. Negó en silencio.
—No me olvidaría nunca de ti— confesó el chico.
Konan sonrió con un tinte de tristeza.
—Supe que te casarás.
—Esos son los planes.
Ella guardó silencio un segundo.
—Me alegro mucho por ti, de verdad. Te he pensado varias veces— se sinceró la chica.
Él sonrió viendo su cerveza.
—Sí, yo también lo hice. ¿Qué tal todo con Yahiko? ¿Sigue siendo un imbécil?
Ella se quedó con una frase atorada en la garganta.
—Terminamos.
—¿Estás bien con eso?— preguntó él, después de todo, ella nunca había podido superar a ese chico.
Konan y ese pelirrojo solían discutir mucho y él la hacía llorar por estarse volviendo un patán en su afán de ser algo más que lo que era. Y ahí había estado él, fue un desliz de Konan, uno difícil de superar. Habían llegado al punto de que fue Konan quien dejó a Yahiko por él y desde entonces se había ganado el odio del pelirrojo, terminando así una amistad de varios años. La relación no llegó a más de seis pasionales meses; Konan siempre tuvo debilidad por Yahiko, pues crecieron juntos en los suburbios y había sido difícil luchar contra eso.
Itachi había dejado ese grupo de amigos cuando la situación en su casa se complicó y había tenido poco tiempo para pensar en ello. La había visto un par de veces, sólo para comprobar que Yahiko solía arrastrarla a su estilo de vida; un estilo de drogas y excesos.
Le sonrió cuando ella lo hizo. Al menos ahora se veía mejor.
—Me ha costado superarlo, pero sí— confesó ella —. ¿Esperas a tu novia?
Él negó —Ella está de viaje, es azafata.
—Ya veo.
El grupo de chicas con el que Konan estaba se levantó y la apresuraron a despedirse.
—¿Nuevas amigas?
—Compañeras de trabajo… estoy… rehabilitándome— dijo e hizo una pausa. Vio con tristeza al chico. Quería preguntarle si podrían verse otra vez, pero sabía que no era bueno; lo mejor era apartarse. Cuando Itachi se diera cuenta de lo que Yahiko le hacía a Sasuke y quiso hacerle, seguro también a ella la odiaría —. Será mejor que me vaya.
—Sí— dijo él en voz baja y bajó de su asiento, acompañándola en el movimiento.
Itachi le ofreció la mano como despedida, ella lo meditó unos segundos y terminó pegándose a él en un efusivo abrazo.
—Lo siento, por todo— le susurró al oído y él frunció el ceño.
Konan recuperó un semblante sereno y le sonrió para ahora sí irse.
—Y… felicidades por la futura boda.
Itachi sólo asintió y vio partir a la curvilínea joven, la primera mujer que amó. Konan había sido esa parte oscura de su vida, ese amor turbio de juventud que, por más que quiso, nunca pudo salir bien.
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—Es una mujer entrometida, y se toma demasiadas confianzas— soltó Sasuke mientras caminaba con Hinata tomada de la mano, al momento de entrar al restaurante que Itachi le había indicado.
—Un poco, sí— aceptó ella todavía sonriendo al recordar como Lady Margot había jalado al Uchiha y tomado medidas aquí y allá —. Pero es una buena persona.
—Como digas— soltó él ya sin querer darle más vueltas al asunto. Se anunció y al hacerlo vio a Itachi charlar con una conocida mujer.
—Su mesa está lista, por favor sígame. Su acompañante nos alcanzará en un momento— anunció un hombre y comenzó a caminar.
Hinata quiso seguirlo pero vio a Sasuke inmóvil. Cuando su mirada siguió la de él, lo encontró mirando a una atractiva chica de pelo lacio, corto y azulino. Hermosa. Cuando la joven pasó a su lado, su mirada y la de Sasuke no se despegaron.
El Uchiha apretó inconscientemente la mano de Hinata cuando Konan lo pasó de largo. Volteó de medio lado, siguiéndola con la mirada.
—¿Sasuke?
—Entra. Enseguida te alcanzo— dijo y siguió a la chica.
—Ah…— Hinata se quedó ahí de pie viéndolo salir con prisa. A través de las puertas de cristal vio cómo él la detenía y charlaban. La chica le sonrió, se acomodó el pelo tras su oreja y éste volvió a caerle a un costado del rostro… era muy bonita y se veía bien con él. ¿Quién sería y por qué Sasuke saldría tras ella?
—¿Me acompaña?— volvió a hablar el maitre.
—Ah, sí— dijo y lo siguió. Una vez en la mesa, Itachi apareció de inmediato. Casi no le prestó atención al sentir cierta desazón en el pecho. Esa chica, sea quien fuese, era distinta… no era como esas que se morían por Sasuke y que él ignoraba olímpicamente. No, ella era una que se veía tan a la altura de él. Una chica por la que hasta Sasuke iría tras ella… justo como lo había hecho.
Vio volver al menor de los Uchiha con un semblante serio y malhumorado. Hinata reconoció como celos esa molestia que tenía en el pecho, y como tristeza el nudito en su garganta.
Con los tres en la mesa una charla casi amena surgió luego de unos minutos, en los que el ambiente perdió tensión. Para Sasuke no pasó desapercibido como Hinata estaba casi ignorándolo, apenas le respondía, cuando con Itachi no demoraba en hacerlo. La vio con extrañez, lo dejó pasar, pero no pudo evitar que eso lo molestara. Le urgió más que nunca encerrarse con ella en su departamento.
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La comida se extendió por casi cuarenta y cinco minutos. Itachi los acompañó hasta su auto y ahí le hizo prometer a Hinata que volvería a comer con ellos cuando Izumi regresara, puesto que desde que Mikoto murió, no se había vuelto a ver.
Luego de eso, el camino a casa les llevó menos de veinte minutos en un casi incómodo silencio. Sasuke no había dicho nada y Hinata fingía concentrarse sólo en manejar. Que el autoestéreo sonara hizo un poco más llevadero el recorrido.
—Subamos a mi departamento— habló Sasuke cuando Hinata se detuvo frente a su edificio —. ¿Tienes tareas que hacer?
Ella asintió a su primera frase y él abrió la portezuela.
—Sí, un poco— respondió respecto a sus deberes y apagó el auto.
Cuando Sasuke estuvo de pie en la banqueta, esperándola, ella descendió del coche. Se detuvo antes de hacer otro movimiento. Seguía ligeramente molesta y no creía tener el derecho de reclamarle nada, después de todo, en teoría, él no había hecho nada malo; y aun sabiéndolo, eso no le quitaba el mal sabor de boca.
—De hecho, creo que esta vez no subiré— dijo, sorprendiéndolo —. Todavía debo hacer un par de cosas más.
—¿Qué cosas y por qué no lo dijiste antes?— preguntó secamente, molesto.
Hinata se encogió suavemente de hombros —Acabo de recordarlo.
—Bien, entonces te…
—No, prefiero ir sola, si no te molesta— lo interrumpió.
La negra y fría mirada del Uchiha se clavó en ella un par de segundos y, luego de un 'como quieras', se dio media vuelta y se alejó de ahí.
La mandíbula de la joven se tensó y subió al auto. Partió de ahí y vio, a través del retrovisor, como Sasuke comenzaba a subir las escaleras que lo adentrarían al edificio. Se sintió tonta y patética, pero no supo bien cómo lidiar con lo que estaba sintiendo. Celos, ¡Dios!
Luego de dar la vuelta a la enorme manzana, Hinata llegó por fin a su hogar. Trabajaría en un par de deberes e intentaría dormir temprano. El día siguiente, sábado, tendría sólo tres clases, lo que no la obligaría a levantarse tan temprano; volvería poco después del mediodía y tendría tiempo para prepararse antes de que Neji fuese a recogerla.
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O.O.O.O.O
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Poco después de las once de la noche Sasuke resopló fastidiado. Tenía horas frente al computador, con su tesis pausada, había decidido trabajar en el proyecto de Itachi, pero no lograba concentrarse del todo.
Un par de veces se había asomado a ver el departamento de Hinata. Hacía más de veinte minutos que las luces se habían apagado, seguramente se había acostado ya a dormir y ella no había marcado. Eso siguió molestándolo.
«Con un demonio» pensó molesto mientras, sentado frente a su computador, marcaba el número de Itachi, intentando dejar de lado lo que sea que hubiese pasado con Hinata.
—¿Si?— respondió un despreocupado Uchiha del otro lado de la línea.
—Itachi, me quieres decir dónde demonios dejaste la lista de tus proveedores, la necesito para cotizaciones— preguntó en voz baja, pero a su hermano no le pasó desapercibido su mal humor.
—La anexé en el folder que te entregué.
—No, no lo hiciste.
—Sí, sí lo hice. En el penúltimo grupo de hojas— aclaró, con calma. Escuchó a Sasuke revolver papeles y luego maldecir al no encontrarlos —. De cualquier forma, dudo que ahora alguien te responda— agregó.
Sasuke suspiró sonoramente. Había encontrado lo que buscaba justo donde Itachi dijo. El mayor sonrió al adivinar.
—Y dime, ¿qué te tiene tan tenso?
—No estoy tenso, sólo tengo muchas cosas qué hacer.
—Duerme, no te hace más funcional no hacerlo— aconsejó Itachi.
Sasuke bufó, pretendía ignorarlo.
—Entonces, si estás trabajando, he de intuir que no solucionaste nada con Hinata— Itachi sonrió mientras en su hogar, se tomaba de un vaso de leche.
—¿Solucionar?— Sasuke frunció el ceño. ¿Entonces, Hinata sí estaba enojada? — ¿Qué te dijo?
—No mucho, sólo que te habías ido tras una chica, ¿quién era, eh?
—No te importa— respondió en automático.
—Sasuke…
—Debo colgar. Adiós, Itachi.
Media sonrisa de satisfacción nació en el rostro del menor de los Uchiha al momento de salir de su departamento. Luego de cruzar la avenida y subir hasta el piso de la cierta Hyuuga, Sasuke abrió su puerta. La luz seguía apagada, así que avanzó hasta la habitación que tan bien conocía.
Abrió la puerta encontrándose con que Hinata se había quedado dormida con una lámpara de buró encendida. Vio el curvilíneo cuerpo cubierto con una sábana a la que también se abrazaba, al estar colocada en posición fetal. Se mantuvo varios segundos en el marco de la puerta, apreciando la tranquilidad con la que dormía. Quiso dejarla tranquila y sólo verla ausente y ajena a todo, pero su perversión pudo más y avanzó finalmente a ella.
El largo cabello azulino descansaba en la almohada y se perdía bajo la sábana. Deslizó un pequeño mechón de cabello para retirarlo de su rostro y ella abrió los ojos, pestañeó un par de veces y cuando fue consciente del intruso en su alcoba se sobresaltó y se sentó en un par de movimientos.
—Hey, tranquila— habló él en voz suave.
Ella exhaló —Ah, Dios, Sasuke— soltó tranquilizándose, se llevó una mano al pecho y luego unió sus ojos a los de él —. ¿Qué… qué haces aquí?
—Sólo vine a verte, en la tarde estabas rara, ¿qué pasó contigo?— preguntó y la vio desviar el rostro y ahí, sentada en la cama, abrazarse sus piernas.
—Nada. Sólo estaba con algunas cosas qué hacer— dijo, volviéndose a incomodar por recordarlo.
Él sonrió viéndola desde su altura.
—Vaya forma de disimular tus celos.
—¡Ah!— Hinata volteó a verlo, avergonzada — ¿Celos? No sé de qué estás hablando— aseguró y se quitó de encima la sábana para ponerse de pie. Fingiría que necesitaba agua para escabullirse de esa mirada negra que la estaba penetrando.
Sasuke la vio avanzar unos pasos y disfrutó tener razón. No era la primera vez que Hinata se sentía celosa, pero sí la primera que lo hacía al punto de no querer verlo y molestarse con él.
—¿A dónde vas?— la detuvo sujetándola del brazo. Para los ojos negros no pasó desapercibida la ligereza con la que la Hyuuga dormía en temporada de calor.
Hinata iba a responderle, pero Sasuke atrapó con su mano libre la nuca de la chica y se lanzó a besarle los labios. Hinata gimió ante el contacto brusco y luego dejó que él lo remediara al besarla casi con dulzura. Las manos femeninas se apretaron a la blanca camisa del chico cuando él se pegó más a ella.
La temperatura comenzó a subir, pero Hinata seguía molesta, le incomodaba más la sonrisa soberbia de Sasuke, al no haberle creído que no se sintió celosa. Eso lo satisfacía y a ella molestaba más… él no debería disfrutarlo.
—Sasuke… debo dormir. Mañana tengo clase muy temprano— mintió.
Él, que le besaba el cuello desnudo, gruñó como respuesta.
—Sigues enojada— dedujo al llegar al borde del blusón y subir su mano por el muslo de la Hyuuga.
—No lo estoy— aclaró ella buscando apartarse.
—Bien. Porque no hay razón para estarlo—dijo él viéndola a los labios entreabiertos —. Esa chica, Konan, es sólo una conocida. Hace tiempo fue pareja de Itachi.
—¿Cómo?
Sasuke no pensaba decirle que la siguió para saber de qué estuvo hablando con su hermano. No quería que su nombre escapara de los labios de la chica y que Itachi volviese a inmiscuirse en sus asuntos… menos quería que producto de ello, Hinata se viese enterada. Eso nunca.
—Pero, como no estás celosa, supongo que tampoco importa— se burló y la tomó de la barbilla para besar fugazmente sus labios.
—Sasuke…
—Sí, ya sé— interrumpió —, tienes clase temprano, pero tampoco vine hasta aquí por nada.
La sonrisa perversa del chico le provocó un escalofrío a Hinata.
—Estás equivocado si crees que puedes venir y…
Él achicó los ojos —¿No quieres hacerlo?
Ella tragó pesadamente. Bien, ya no era capaz de tenerlo así de cerca y no desear que la tocara. Sus pezones se endurecieron.
Negó, por dignidad… si accedía, a Sasuke no le quedaría ninguna duda que no quería dejarse tocar por él, porque sí, efectivamente, estuvo celosa.
La sonrisa torcida del chico le resultó sumamente sensual. Él estaba fascinado por esas nuevas reacciones que estaba provocando en ella.
Sasuke tomó a Hinata de la mano y la acercó a la cama.
—Bien, entonces no lo haremos— soltó roncamente, manteniéndola a la expectativa —, pero como te dije, no vine aquí por nada— sonrió viéndola ruborizarse.
—Pero yo…
—Shh— la silenció antes de besarla y hacerla sentarse sobre el colchón.
Hinata, por mero instinto, buscó recostarse ansiando sentir pronto el peso del cuerpo de Sasuke sobre el suyo, sometiéndola; pero el Uchiha enredó uno de sus brazos en la pequeña cintura y se lo impidió. El beso se rompió pero ambos labios siguieron muy juntos. Ambos tenían los corazones acelerados, y su respiración escapaba por la boca. Hinata gimió y cerró los ojos cuando Sasuke ladeó su rostro y le besó la comisura de los labios; volvió a gemir cuando lo sintió tomar dirección a su cuello y ladeó su rostro dándole espacio.
Todo su cuerpo era sensibilidad pura. Se arqueó ligeramente pegando sus senos al pecho duro del moreno y Sasuke tuvo que morderle el cuello, haciéndose con un nuevo gemido, para soportar las ansias de desnudarla y hacer eso que desde medio día quería hacerle.
La piel de la chica se erizó cuando él deslizó el tirante de su blusón y con él, también el de su sostén. Hinata tuvo que morder su labio cuando sintió la calidez de la boca de Sasuke cerrarse sobre su pezón izquierdo; su mano derecha fue instintivamente a su nuca y subió a enredarse en el negro pelo. Vibró.
Cuando Sasuke dejó libre su seno húmedo, ella contuvo el aliento. Ambas manos masculinas sujetaron el borde de su blusón y lo levantaron. Piernas y muslos de Hinata quedaron expuestas a manos y ojos del Uchiha.
—¿Sasuke?— lo llamó cuando él comenzó a hacer circulitos alrededor de su ombligo. El chico besó el mismo al tiempo de llevar un par de dedos de su diestra a acariciar los pliegues del sexo de la chica, aun sobre sus bragas.
Hinata apretó sus manos en el edredón de su cama, para no temblar.
Parecía que habían pasado años desde la última vez que Sasuke recordaba haberle hecho eso.
—Ah… Sa-Sasuke…— Hinata se estremeció cuando él se separó las piernas con firmeza y se metió entre sus muslos.
—Joder, Hinata, eres hermosa— soltó ronca y entrecortadamente al mismo tiempo que metía sus dedos bajo el puente de la braguita y lo hacía a un lado, viéndola.
El rostro de la Hyuuga ya tenía un sonrojo más que notorio, sus senos estaban duros y sus pezones eran visibles aún bajo el sostén y blusón que usaba. A pesar del bochorno que estaba recorriendo su cuerpo entero, Hinata sólo apretó sus dedos sobre el colchón, pero no se apartó un solo centímetro de él. Cuando Sasuke pasó su dedo por su clítoris, ella jadeó y vibró.
Él deseó imitar el movimiento, pero esta vez con su lengua.
Estiró su cuerpo y apoyó la mano libre en la cadera femenina, para besar los labios de Hinata mientras su mano exploraba cada parte de esa piel húmeda y sumamente tibia. Un par de dedos del Uchiha se perdieron en el interior de la Hyuuga luego de arrancarle varios suspiros y ésta únicamente pudo pegarse a su cuerpo y besar con más ansias sus labios.
Sasuke estaba matándola de calor y un deseo enorme de ser más que tocada.
El moreno se percató de la tensión en ese botoncito entre las piernas de Hinata y su miembro, duro, comenzó a humedecerse todavía más. Quería entrar en ella, hacerla correrse y que lo apretara tan bien como solía hacerlo.
—Di-Dios…, Sasuke— Hinata gimió cuando su sexo se calentó de tal manera que lo único que quería era tener más contacto con él.
—Aún no, preciosa— la detuvo al casi sentir que se correría y retiró, despacio, sus dedos de ella.
Hinata gimió en protesta.
Cuando él se apartó, ella tuvo que dejar de abrazarlo y su cuerpo cayó ligeramente en la cama. Ver a Sasuke perderse entre sus muslos fue lo más erótico que esa noche pudo haber visto. Su corazón siguió golpeando con fuerza y bombeando sangre a su cabeza, nublándola y haciéndola pensar y desear cosas que, en otro momento, no se atrevería.
Los labios del Uchiha se pegaron a los de su sexo y agregó su lengua caliente y húmeda. Hinata tembló y sus brazos no la soportaron más, su cuerpo cayó laxo al colchón. Sasuke besó su sexo como lo hacía con su boca, abarcando todo de ella; repasó con su lengua sus pliegues y lo sintió beber de su lubricación. El par de dedos que antes le dieron placer, amenazaban con volver a entrar en ella y arrastrarla más a una locura de llamas y ardor.
Sasuke estaba jugando con ella, lo supo cuando deslizó su cuerpo para hacer que ese par de dedos ingresaran en su cuerpo, y él los alejó. Lo odió por eso, pero dejó de pensarlo cuando él apretó su lengua en su clítoris. Una descarga de energía le nubló el cerebro y ya no supo en qué volumen estaba gimiendo, tampoco controló el movimiento de sus caderas sobre la boca de Sasuke.
Ella ya no estaba escuchando nada que no fuera su corazón acelerado y los lejanos gemidos de Sasuke. Su cuerpo comenzó a hormiguear y cuando su cabeza se fue hacia atrás, arqueando su espalda, supo lo que vendría. Comenzó a tensarse de a poco y la temperatura en su cuerpo adquirió niveles sofocantes.
Sasuke gruñó y ella jadeó esperando que se volviese a acercar.
—Diablos, Hinata— soltó él, frustrado —. No sabes las ganas que tengo de follarte duro— confesó sin pensarlo y acarició la carne dura y caliente que tenía bajo sus pantalones. Se alzó a verla, apoyando una de sus manos a un costado del rostro femenino.
Ella jadeó. Esas palabras impidieron que se molestara luego de dejarla a las puertas de un orgasmo. Hinata todavía jadeaba, su pecho subía y bajaba esforzándose por retener las sensaciones. Sus ojos, húmedos por toda la pasión que él le hizo sentir, lo veían fijamente a esas orbes negras y profundas que eran enmarcadas por su azabache cabellera… quería que la entendiera, que se diera cuenta que, sí él deseaba, podía hacérselo… ella también quería.
Sasuke jadeó una vez más.
—Pero no sería justo porque tú no lo deseas— añadió, sorprendiéndola —. Así que, antes de obligarte a nada, será mejor que me vaya— dijo y se puso de pie. Hinata casi creyó ver un indicio de sonrisa en sus labios.
—¿Qué?— ella se sentó sobre la cama, todavía sin recuperarse del todo —¿Sasuke?
—Nos vemos mañana, ¿está bien?— dijo y alzó su mano como despedida mientras abría la puerta de la habitación.
Hinata jadeó, incrédula. Su cuerpo vibró por última vez despidiéndose del rastro de placer que él le otorgó. ¿En serio Sasuke iba a dejarla así, a punto de un colapso y con su ropa interior húmeda?
Ella se dejó caer derrotada en la cama. Sonrió, estaba odiándolo, de verdad. Aun con ello, en el rostro femenino volvió a surgir un sonrojo que acompañó a su sonrisa. Era un cretino, seguro lo hizo solo para molestarla por lo de la tarde.
Sasuke se recargó en la puerta una vez que salió del departamento. Cerró sus ojos y fue más que consciente de la enorme erección que tenía en sus pantalones… sonrió. Imaginar a Hinata frustrada sexualmente por su culpa, bien valía quedarse de igual modo. Celosa… ¿quién iba a decirlo? Esperaba que su tonta niña aprendiera no mentirle; si estaba celosa, debía decirle. Si quería que se lo hiciera, también.
—Joder— soltó frustrado al comenzar a caminar en busca del elevador.
Necesitaba llegar a su departamento y darse un baño. O, aprovechar que todavía tenía en su piel el sabor y aroma de esa peliazul y desfogarse él solo.
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O.O.O.O.O
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El sábado, cerca de las nueve de la noche Hinata se observaba frente al enorme espejo colocado en la puerta del clóset, preparándose mentalmente para lo que seguro sería una larga noche llena de falsas sonrisas y, bajo el escrutinio de la mirada helada de su padre.
El vestido que Lady Margot había diseñado era exquisito como siempre, un estilo griego y de un solo hombro. La tela de seda beige se escurría por su cuerpo de forma ligera, luego de despegarse de su marcado busto; el largo del mismo alcanzaba a cubrir sus altas zapatillas. El brillo discreto del cinturoncillo y de sus pendientes de diamantes fue suficiente como para no necesitar mayor accesorio. Hinata dejó su cabello suelto pero se tomó el tiempo de ondularlo, dejando sobre su hombro desnudo uno de los mechones.
Neji no tardaría en llegar, así que sujetó el pequeño bolso de mano y se aseguró de llevar en él lo indispensable. Cuando el castaño le avisó que iba llegando, ella decidió bajar y no esperar a que subiese.
El recorrido al gran hotel fue ameno a pesar de las largas filas de coches que fueron haciéndose más densas conforme se acercaban a su destino.
Una vez fuera del coche y a las puertas del enorme salón anexo al hotel, Hinata volvió a sentir incomodidad.
—¿Es idea mía, o esto cada vez se parece más a una alfombra roja?— susurró a Neji mientras dibujaba una pequeña sonrisa a alguien que pasó a su lado.
El castaño suspiró —No, cada vez es más obvio por este tipo de cosas, que el mayor interés de los organizadores es la apariencia que dejarán— soltó sin mayor interés y sin voltear a verla.
Antes de entrar estaba un nutrido grupo de periodistas y fotoperiodistas al asecho de los asistentes, puesto que, en su gran mayoría, no tendrían acceso al evento. Cuando los dos primos Hyuuga llegaron al pórtico que, al estilo antiguo, estaba acompañado de varias columnas, las miradas cayeron sobre ambos.
Hinata, en un acto que era casi común en ella cuando se sentía demasiado observada, sujetó la mano de Neji, aunque evitó pegarse demasiado a él. El ligero apretón que él le dio, le transmitió la serenidad necesaria para pasar de largo a los periodistas sin prestar atención a un par de preguntas que lejos estaban de entonar con el evento al que estaban asistiendo.
Adentro, el revuelo del exterior desapareció. Ahí se encontraba un sinnúmero de personas elegantemente vestidas, pequeñas y altas mesas sin sillas estaban distribuidas a lo ancho del enorme salón, y diferentes personas estaban alrededor de éstas, charlando, comiendo aperitivos o bebiendo de las costosas bebidas.
A su paso, ambos Hyuuga se separaron, primero lo hizo Hinata que fue saludada por un par de mujeres, miembros de familias amigas a la suya. Neji se dirigió con su tío y un par de amistades sin perder de vista a la joven peliazul.
Varios representantes de asociaciones que esa noche serían beneficiadas estaban entre los asistentes. Con el número de invitados creciendo minuto a minuto, el lugar comenzó a llenarse; el sonido arrullador de los charlas fue opacado por el del lugar. Largos minutos después el escenario fue mayormente iluminado al disminuir también, las luces del salón; iba a dar inicio a varios números que los grupos beneficiados habían preparado.
Entonces Hinata se dirigió a su padre, en su camino notó a Itachi, el chico le sonrió y ella correspondió de igual forma. Soportó una mirada casi cargada de desinterés de Fugaku Uchiha, sólo que, para haber sido de desinterés, se posó en ella durante más segundos de los necesarios.
—Debí imaginar que estarías aquí— saludó Itachi al evadir a una persona y llegar a ella.
—Mi padre no habría permitido nada diferente— dijo y sonrió.
Itachi le dio un pequeño beso en la mejilla y a pesar de tener a su padre y Neji cerca, Hinata se sintió cómoda con otra persona conocida.
—Imagino, algo similar pasa con el mío— con esa frase la Hyuuga se mantuvo alerta —. Descuida, él no está aquí. Desde hace tiempo que lo que mi padre quiera a él no le preocupa.
—Por un momento creí que había cambiado de opinión— confesó, sintiéndose tonta. Se dio cuenta cuán complicada era su situación con Sasuke.
—Vaya, tú por aquí— Fugaku, que se había excusado con quienes conversaba, apareció a un costado de Itachi.
Hinata saludó sólo con un asentimiento de cabeza.
—¿Qué estés hablando con mi hijo en público debo considerarlo como un avance?— cuestionó irónico y alzó su copa, simulando un brindis.
Los ojos negros de Itachi y los violáceos de la Hyuuga pesaron en él.
—Porque he de suponer que tu trato con mi familia sigue siendo tu secreto, ¿cierto?
Hinata, que había tensado la mandíbula, habló—: No sé a dónde quiere llegar con esto.
—A donde sea que quiera llegar, no lo hará más. Papá, por favor…
Fugaku sonrió, molesto.
—Creo que es buen momento para que dejes de jugar, Hinata— aconsejó el mayor —. Deja de meterte en el camino de mi familia. No ayudas en nada a Sasuke facilitándole la vida.
Itachi carraspeó, la presencia de la joven Hyuuga con dos Uchiha llamó la atención de más de uno por ahí.
—Él no me ha pedido nada. Y tampoco creo que sea nada grave. Sasuke ya tomó sus decisiones y sabe a dónde va. Si me permite, creo que es usted el único que está interfiriendo— soltó ella sin dejar de verlo a los ojos. Una de sus manos empuñaba firmemente su pequeño bolso.
Fugaku volvió a sonreír.
—Vaya, con cuanta pasión lo defiendes.
—Y seguiré haciéndolo mientras pueda— aseguró ella, provocando media sonrisa de Itachi.
—Dudo que sea por mucho tiempo— devolvió el mayor.
—¿Todo bien, Hinata sama?— Neji apareció y, tocándola de la espalda baja, se colocó entre ella y ambos pelinegros. La mirada fría, altiva y violácea se fijó únicamente en ellos.
Hinata se quedó helada.
—Todo bien, niisan— logró decir.
—Eso espero yo también— agregó de inmediato Fugaku y alzó su copa a Neji antes de dar media vuelta y volver con el grupo con el que había permanecido.
La mirada del joven Hyuuga cayó entonces en Itachi.
—¿Qué quiso decir con eso?
Itachi se encogió de hombros —Todo y nada, ya lo conoces— respondió con una sonrisa que no delataba incomodidad alguna.
Entonces Neji volvió su atención a Hinata.
—Debemos irnos. Luego de esto, su padre nos espera en la mesa en el salón de al lado.
Hinata asintió.
—Nos vemos— ella se despidió del Uchiha.
—Esperemos que no— agregó Neji haciendo sonreír a Itachi y avergonzarse a la chica que reprochó el comentario —. No lo tomes personal— el castaño agregó sin escuchar a Hinata.
—Claro, tradiciones familiares— concordó el Uchiha.
Neji asintió —Vamos, Hinata sama— dijo y, contrario a sus palabras, le permitió despedirse.
—Siento esto— Hinata se disculpó por las palabras de su primo—. ¿Podrías disculparlo? Él no suele ser así.
Itachi hizo crecer su sonrisa y tomó la mano que Hinata le ofrecía — Sólo si disculpas a mi padre. Creo que con esto estamos a mano, ¿no? — la chica sonrió — A mí también me gustaría decir que él no es así, pero ya ambos lo conocemos.
—Descuida. ¿Crees que…?
El pelinegro sonrió al deducir que Hinata tenía el mismo temor que Sasuke, de que Fugaku acabara con todo al hablar con el líder Hyuuga.
—No lo creo— la interrumpió y viendo la impaciencia de Neji, la animó a irse —. Nos veremos pronto.
Hinata asintió y se alejó de él, para acercarse a Neji.
—No debiste decir eso— soltó la joven al pasarlo de largo.
—No debió pasar por alto algo que se le ha mencionado un sinnúmero de veces— devolvió él con calma, siguiéndola.
Ella exhaló sonoramente.
—Por suerte su padre no la ha visto. Evítese problemas— aconsejó —. ¿Me quiere decir qué clase de relación es la que tiene con esa familia?
Ella detuvo sus pasos en una alta mesa que acababa de desocuparse.
—Ya te lo dije una vez, niisan, Sasuke es un compañero de carrera y amigo de mis amigos.
—¿Y eso la hace amiga de toda la familia?
—No, a ellos los conocí durante la etapa final de la enfermedad de la señora Mikoto— Hinata aceptó una copa que un camarero le ofreció y trató de decir toda la verdad que se pudiese.
—Entiendo, aun así, no es prudente y lo sabe.
Ella resopló discretamente.
—¿Sabes por qué? Es decir, ¿sabes si hay algo más detrás de todo esto?
—¿Algo turbio, quiere decir?
Hinata lo vio con curiosidad.
—Me temo que no. Son sólo rivalidades laborales de mucho tiempo atrás. De hecho, incluso en los contratos de los trabajadores de la empresa está estipulado que no pueden tener contacto con ningún miembro de compañías rivales. No puede haber fuga de información alguna.
—Me parece ridículo.
—Medidas ridículas como esa tienen a la empresa como líder del ramo en el país, y como una de las más reconocidas de este lado del mundo— quiso hacerla ver lo importante de ello, pero también restarle tensión al sonreírle.
—Papá no toleraría ninguna relación con ellos, ¿verdad?
«¿Relación?»
¿De qué clase de relación hablaba, si acababa de dejarle claro todo lo que a laboralmente hablando se refería?
—Es decir— se apresuró a hablar —, ser amigos… o algo así.
—Debe entender que, para su padre, incluso algo tan básico como lo es la amistad, debe de representarle un beneficio. Formar amistad con un Uchiha no representa ninguno. Pensar en algo más, es… simplemente ridículo. Jamás lo permitiría.
Hinata se puso seria y bajó su mirada a su bebida.
—Tú ya lo habías pensado, ¿verdad? Con esa chica.
Ambas miradas violáceas se encontraron, los ojos de Neji no dejaron ver nada tras él.
—Hemos hablado de esto Hinata sama. Todos tenemos un camino que seguir… siempre habrán distracciones u otra cosa que creamos querer; pero no debemos perder de vista la meta.
Hinata vio con tristeza que Neji cada vez se parecía más a su padre. ¿De verdad eso era lo que Neji deseaba o sólo lo que creía que debía hacer?
La joven peliazul paseó sus ojos por el lugar. ¿Toda esa gente sería igual? ¿Habría alguien ahí que hiciera lo que realmente quería hacer? Su mirada volvió a caer en Itachi… los Uchiha no estaban muy lejos de ser como los Hyuuga, sólo que los descendientes de esa familia eran rebeldes. Ella casi sonríe por ese pensamiento.
Viendo a Itachi vio a alguien que le resultó familiar y que se acercaba a él.
—Mira— Hinata señaló con su dedo y Neji volteó a ver lo que ella decía.
Ambos Hyuuga vieron a una chica de cabello oscuro y lacio saludar a Itachi y, luego de sorprenderlo ligeramente, fundirse a él en un largo y efusivo abrazo. La chica, Kaori, se veía feliz y parecía buscar a otra persona tras él.
Neji negó en silencio viendo que esa chica nunca cambiaba, y Hinata sonrió, viéndolos.
Se mantuvieron largos minutos más ahí hasta que Neji animó a Hinata a ir a la mesa por la que su padre había pagado.
Cuando ella comenzó a caminar seguida por él, se percató como fue jalado.
—Hey, gruñón, ¿te ibas sin saludar?— Kaori lo detuvo y lo hizo girarse a verla. Una sonrisa de satisfacción se dibujaba en el rostro femenino y se extendió al voltear a ver a Hinata — Hola.
La Hyuuga alzó la mano y le sonrió, estaba más interesada en ver cómo Neji se veía incómodo.
—No nos íbamos, sólo nos dirigíamos al salón de al lado, para la cena— aclaró él, ajustándose el elegante traje negro.
—¿Había cena?— preguntó Kaori y Hinata sonrió.
—¿A qué has venido si no?— preguntó él.
—¿Y tú a qué crees?— dijo y le guiñó un ojo.
Neji negó en silencio y desvió la mirada —Nosotros nos vamos— aclaró y tomó a Hinata del codo para llevarla con él.
—Oye, Neji— la chica se apresuró a hablar —, ¿en serio, no tienes ganas de hablar?
Él se detuvo y lo meditó un poco.
—Que la pases bien, Kaori.
Hinata casi perdió el aliento al sentir que Neji le apretó el brazo al decir eso. Volteó a ver a la joven que lo vio con tristeza y aun así sonrió; la chica no tardó mucho en encontrar alguien con quien hablar, pero siguió viéndolos marcharse.
Menos de un minuto después, ambos estaban ya en el salón anexo. El lugar era un poco más pequeño, grandes mesas elegantemente vestidas y con capacidad para veinte personas cada una, llamaban la atención al apenas al entrar. Sólo lo más caritativos benefactores tendrían un lugar.
Pocas personas estaban ya colocadas en su sitio. Hinata vio a su padre charlar con varias personas y Neji la guio hasta él.
La peliazul se aclaró la garganta para quitarse el mal sabor de boca con el que llegó al salón, y también para hacer cara a la situación.
—Uh, pero si es la señorita Hyuuga— un hombre alto, muy moreno y de pelo rubio, puntualizó —. Un placer volver a coincidir, señorita— saludó y ofreció su mano. Hinata le dio la suya y ésta fue besada galantemente por el varón.
—Seguro no te recuerda, A— intervino Hiashi.
—Lo siento— respondió ella, dándole la razón a su padre.
—Pero aquí la culpa no es tuya, sino de tu padre por no presentarnos como corresponde.
—Nunca vi la necesidad— aclaró el mayor de los Hyuuga —. Por cierto, tardaron mucho en estar aquí— remarcó y guardó sus manos en los bolsillos de su siempre elegante traje blanco.
—¡Pero si sólo estaban socializando, hombre!— intervino A, y sonrió a ambos jóvenes que le devolvieron el gesto.
Varias personas llegaron a ocupar un lugar en esa mesa y en otras cercanas.
—Por cierto, señorita Hyuuga— el robusto varón volvió a hacerse con la palabra —, hace ya tiempo le hice la sugerencia a su padre de que sería un honor si usted formara parte de mi familia— soltó sorprendiendo a los dos jóvenes.
Hinashi negó en silencio y a pesar de incomodarle el comentario, por la gente que se dio por enterada, hizo alarde de paciencia y templanza.
—Pero obviamente él se negó.
Hinata no supo qué decir y agradeció que el hombre siguiese hablando.
—Porque en un principio pensó que era yo el pretendiente— añadió y soltó una carcajada que llamó la atención de todos ahí, luego palmeó el hombro de Hiashi, haciéndolo moverse ligeramente por la rudeza del contacto —. Tuve que aclararle que la persona que yo tenía en mente para usted era…
—No importa a quién desearas— Hiashi se alejó un poco, colocándose a un costado de Neji y Hinata. Recuperó la compostura que el hombre a su lado casi le quita —. La única persona que ocupará un lugar al lado de mi hija, será Neji— soltó sobrio, y en voz alta por primera vez.
La sonrisa en el rostro de A desapareció.
—¿Tu sobrino?
Hinata perdió el aliento y Neji sólo desvió el rostro, incómodo porque tal revelación fuese soltada en una situación así.
Hiashi asintió, orgulloso.
—Pero son familia. ¿Me dirás que esa vieja tradición de los tuyos sigue presente en la actualidad?— añadió incrédulo A.
Hiashi volvió a asentir con naturalidad y al otro no le quedó más que asentir luego de unos segundos.
—Pues, salud por ello— terminó por decir.
Cuando no sólo Hiashi y A levantaron las copas, sino, también, varios de los ocupantes de esa mesa, Hinata se dio cuenta que eso significaba algo así, como hacer oficial el compromiso que tenía con Neji.
El señor A pasó frente a Hinata y dedicó un efusivo abrazo a Neji que le resultó incómodo al joven castaño, lo felicitó y se lo llevó con él, dándole un par de consejos hombre a hombre que el Hyuuga tuvo que escuchar.
—Por favor, Hinata— Hiashi llamó la atención de su hija cuando recorrió la silla y la animó a sentarse a su lado.
—Creí que lo mantendrías en privado hasta que hubiese terminado la carrera— soltó ella en voz baja, viendo de medio lado a su padre.
Hiashi inhaló profundamente y soltó el aire despacio, ajustando su traje.
—De esto no se dirá más. Aunque de cualquier forma, siempre es bueno que se sepa que el buen manejo de la empresa está ya garantizado— dijo, y sonrió saludando con un movimiento de cabeza a un conocido que tomó asiento en esa misma mesa.
Hinata ya no pudo decir más, tenía las palabras atoradas en la punta de la lengua. ¿A su padre le habría importado alguna vez lo que ellos dos desearan? Bastaba ver a Neji para saber que si bien no estaba siendo obligado, de tener la libertad de elegir su propio camino, hubiese elegido otro. Y ella…
Sus ojos quisieron picarle pero se esforzó por dibujar una sonrisa cuando una chica llegó a su lado y la saludó.
La cena se llevó a cabo conforme las reglas, con un par de charlas por aquí y por allá, con estruendosas risotadas de los más despreocupados. Hinata apenas pudo pasar bocado y para su suerte su padre pareció no notarlo. Un par de mesas al frente se encontraba Fugaku Uchiha y Hiashi notó cómo conversaba con socios que no pensaba compartir, lo que lo hizo levantarse de la mesa al apenas finalizar la comida; Neji la había llevado, así que él la regresaría al departamento. Ni siquiera se despidió de ella y Hinata lo agradeció.
La peliazul estaba por levantarse cuando vio a lo lejos a Kaori dirigirse a la salida del salón. La vio hablar con un camarero y luego salir; el chico comenzó a buscar con la mirada y enseguida se dirigió a su mesa. Justo cuando Hinata se levantó, el camarero llegó a Neji, interrumpiendo su conversación, le dijo algo al oído y el castaño se puso de pie.
—Ah, Neji…
—Enseguida regreso, Hinata sama— se disculpó el joven y con media sonrisa se alejó de ahí.
Hinata se mordió el labio inferior. Él iba a encontrarse con ella. Eso casi la hace sentir feliz.
La Hyuuga fue atraída por viejos conocidos de su padre y tuvo que esforzarse por involucrarse en las conversaciones que siguieron. Por suerte ya nadie había mencionado nada sobre su compromiso con Neji, pero eso no significaba que el rumor no se hubiese esparcido ya.
Cerca de la una, Hinata ya no pudo fingir naturalidad. No había visto a Neji y no había dejado de pensar en qué pasaría después entre ellos.
Decidió salir de ahí sin esperar a su primo. Se dirigía a la entrada por donde había ingresado, pero había demasiada gente presente; tomó dirección a una de las puertas de servicio y el aire cálido de esa noche quiso brindarle confort luego de salir del lugar climatizado.
No tardaría mucho en tener un taxi frente a ella.
Su atuendo llamaría mucho la atención del chofer pero se limitaría a llevarla a su destino.
Hinata recargó su cabeza contra el cristal de la ventanilla. Sintió ganas de llorar pero no se lo permitió. Neji haría lo que desde hace años creía que debía hacer… ¿y ella? Ella no quería. Amaba a Neji, pero era su hermano, siempre lo vería así. Daría su vida por él, claro, pero no podía compartirla con él como su padre esperaba.
¿Y si se negaba?
Si se negaba significaba su destierro de la familia. Podría soportarlo, lo haría, pero… pero eso sólo significaba que Hanabi tomaría su lugar. No podía hacerle eso a su hermana. No podría ser así de egoísta.
La opresión con la que salió del gran salón, se transformó en un caliente nudo en la garganta.
¿Y si hablaba con Neji y le decía que ella no deseaba casarse con él porque no lo amaba? Neji no iba a obligarla, pero, ponerlo contra de su padre sería muy difícil y también injusto. ¿Qué haría Hiashi Hyuuga en ese caso? Primero, truncar el futuro económico de su primo, después, se encargaría de mandarla a ella lejos… la alejaría de Neji y de Hanabi y a ellos dos entre sí.
Hinata pensó en Sasuke… ella no tenía su suerte, ella no tenía una herencia de la que dispusiera o pudiese pelear, todo lo de ella lo proveía su padre; por suerte Neji no estaba en su situación, pero no podía hacerlo enfrentar consecuencias por algo que no era su culpa. Neji ya lo había aceptado.
—Llegamos, señorita— la voz del chofer la devolvió a la realidad.
—¿Eh?, Ah, sí— dijo y rebuscó entre su bolso un par de billetes —. Gracias— dijo al momento de bajar del taxi.
Los altos tacones sonaron sobre la acera al dirigirse a la puerta de cristal de su edificio.
• • •
Minutos después Hinata estaba saliendo del elevador, llegó a la puerta y tocó. El nudo en su garganta se hizo mayor. Tocó otra vez y tras no haber respuesta, timbró.
Luego de unos segundos escuchó pasos y una maldición.
Cuando la puerta se abrió y vio a Sasuke en calzoncillos y camiseta, supo que estuvo bien disculparse con el intendente de su edificio luego de que saliera a abrirle, porque de verdad no quería llegar a un departamento vacío. No, en realidad lo que quería era verlo a él.
Los ojos negros la vieron con curiosidad y Hinata siguió ahí de pie, casi asustada por estar buscándolo.
Sasuke sonrió de medio lado.
—¿Tan mal te fue?— ese intento de broma en voz ronca y baja quisieron hacer sonreír a Hinata.
Ella dio un par de pasos y se abrazó a su espalda, hundiendo su rostro en su pecho. El aroma varonil le llenó los sentidos y entonces sintió que sus ojos picaron todavía más.
Sasuke no dijo nada, se quedó ahí de pie y le acarició el pelo. ¿Qué le habría pasado a Hinata?
Apenas sonrió dándose cuenta que había buscado refugio en él. La tomó de las piernas arrancándole medio gritito y la hizo rodearlo de la cintura; el largo y elegante vestido le permitió hacerlo sin problema. Aseguró la puerta y se dirigió a su habitación, donde la recostó con cuidado. Se acostó a su lado.
—¿Qué ocurrió, Hinata?— preguntó echándole el pelo tras la oreja, luego de hacerla abrazarlo con una de sus piernas.
Ella apretó fuerte los ojos y se abrazó más fuerte a él.
—Mi padre— susurró sin emoción.
—¿Te dijo o hizo algo?— a él le hirvió la sangre. Sabía bien lo que la opinión de ese hombre significaba para ella. Hinata lo quería, aunque tuviese la facilidad de destruirla con dos o tres palabras.
Ella negó.
—¿Podemos hablarlo después?— pidió, sintiendo como las pequeñas caricias que él le daba en el cabello la calmaban. Otra vez estaba ahí. Metida entre cuatro paredes y en los brazos de Sasuke, parecía que todo era menos malo de lo que se veía.
Sasuke hundió sus dedos entre el largo y ondulado cabello. Le besó la frente a la elegante chica entre sus brazos y la dejó descansar. Observó su rostro preocupado y fruncido relajarse poco a poco. Siguió acariciándola. Hinata acarició su pecho y suspiró en su piel, agotada.
Se dio cuenta cuánto peso podría soportar ella sola, en silencio.
Era casi las tres de la mañana y seguro estaba agotada también físicamente. No dejó un segundo sin acariciar su pelo y esperó a que Hinata se durmiera para salir despacio de la cama. Llamó a Itachi que ya estaba por dormirse y le preguntó si él sabía algo al respecto; Hinata posiblemente no le diría nada y no quería quedarse así, para su mala fortuna, su hermano no supo decirle nada que sonara relevante.
—Maldita sea— susurró frustrado, estando recargado en el marco de su puerta, viendo a Hinata dormir tranquila.
Luego de un suspiro cansado fue a su lado, le retiró las zapatillas y la cubrió con su sábana, metiéndose a su lado después, pensando en una solución para un problema que no conocía.
•
O.O.O.O.O
•
La mañana siguiente fue caótica para Hinata, antes de las diez Sasuke le estaba haciendo el amor. Había evitado sus preguntas sobre lo ocurrido en la gala y se había entregado al placer que su cuerpo de hombre podía darle. Antes de siquiera poder terminar su encuentro, el móvil de la Hyuuga sonó. Neji.
Hinata había salido casi corriendo del departamento del Uchiha para llegar al suyo y cambiarse siquiera de ropa, para no hacer sospechar a su primo. Era domingo y el castaño no había tenido intención de molestar a su prima, por lo que la invitó a almorzar fuera.
Neji esperó a que Hinata llevara al tema de su compromiso, pero ella estuvo más interesada en hacerlo hablar sobre Kaori, chica que lo entretuvo lo suficiente para evitar que regresara a Hinata a su departamento.
Cada vez era más notorio para ambos que el camino que tenían escrito, iba a ser más difícil de llevar, pero hasta el momento, ninguno se atrevió a pedirse nada para no tomarlo. Todos perderían mucho. Él podría verla como mujer, tal vez con el tiempo, y ella… Hinata era la que más perdería si aquello no ocurría.
• • •
Durante la noche del domingo tuvo que fingirse ocupada para no ver a Sasuke. El lunes en la mañana, todo pareció recordarle quién era ella.
—¿Y qué tal todo durante tu gala, eh?— Ino, todavía emocionada por el fin de semana con su novio, preguntó animosa.
Hinata suspiró y se recargó en el árbol a su espalda. Era la hora del almuerzo y sin los chicos que estaban en entrenamiento, decidieron comer en el jardín, como muchas otras personas.
—Pues, sobreviví.
—¿Y viste personas famosas?— preguntó Sakura de la nada.
—Pues, algunas… sí.
La pelirrosa suspiró derrotada —Me gustaría preguntarte si conseguiste autógrafos, pero me temo que no eres de ese tipo de personas.
Ino soltó una carcajada —Con la cara de palo que tiene su padre, ¿crees que toleraría tal cosa?
Sakura también se rio y la atención de Hinata la tuvo Matsuri, que la llamaba mientras corría a ella.
—Hola, Matsuri— saludó la Hyuuga a la agitada chica.
—Hinata, venía a enseñarte esto. ¿Lo has visto?— dijo y ofreció una revista.
La peliazul no la tomó porque Ino y Sakura se pelearon por el ejemplar.
—¿El qué?— preguntó Ino hojeando la revista. Era una revista semanal de sociales — ¡Oh, por Dios!
La Hyuuga vio desanimada la página donde se encontraba ella con Neji. A la fotografía donde ella le tomaba la mano al recién llegar, le habían anexado el título de 'Los nuevos sucesores de un imperio'.
—¿Pero qué?— susurró Ino.
—Cielos, Hinata, tu primo es guapísimo— reconoció Sakura viendo al altivo castaño en varias imágenes —. Hasta tú te ves increíblemente bien con él.
—¿Es cierto esto, Hinata?— preguntó Ino.
—¿El qué?— preguntó Matsuri. Ella sólo había llevado la revista para que Hinata se viese en ella, pero no entendía la cara de asombro de la rubia y menos la de funeral de Hinata.
Sakura abrió los ojos cuando notó el encabezado.
—No me digas que hicieron oficial lo suyo.
—Ah, de-debo irme— dijo y se levantó, recogiendo con prisa sus cosas del césped.
—Pero…
—¡Hinata!— la llamó Sakura.
—Déjenla, seguro tiene cosas qué pensar— dedujo Ino, al caer en cuenta que aquello había tomado por sorpresa a la peliazul.
—¿Se molestó?— preguntó Matsuri — Juro que yo no quería que…
—No es tu culpa— dijo Ino —. Mejor ven a ver al guapísimo de Neji— animó a la chica de Suna para quitarle preocupación.
• • •
Hinata, con el estómago revuelto, observó otra vez esa imagen y el título en grande. Ella ya había visto esa nota, justo al despertar, el encargado de su edificio estaba esperándola fuera de su departamento para regalarle la revista, como si eso fuese algo muy importante para ella.
Sentada en el suelo y recargada en una de las bancas que esa azotea tenía, Hinata apretó la revista que le dio el anciano. No pensó en la clase que se perdía, tampoco en lo que pensaron sus amigas al simplemente irse de ahí, dejándolas sin respuestas; únicamente pudo pensar lo que esa simple afirmación y el significado de la misma le harían a su vida… a todo su futuro.
Sintió que estaba entre lo que debía hacer, lo correcto, lo que siempre se esperó de ella; eso que en el fondo, desde niña, supo que iba a pasar y que nunca la había asustado. Pero también, había un hilito invisible, fuerte, que estaba jalándola en otra dirección, haciéndola negarse a eso.
«Neji… Hanabi» pensó con un nudo en la garganta «Papá»
Pasó más de media hora y ni el sol que le golpeaba el cuerpo la hizo levantarse de ahí, ni tampoco soltar esa revista.
Pensó en Sasuke y el pecho se le apretó más fuerte que antes, tragar el nudo en su garganta fue muy difícil. Luego de haber estado con él y no hablar con Neji del asunto, creyó que no todo era tan negro como lo vio durante la gala, pero ahora, con ese rumor corriendo entre las personas, todo volvió a parecer difícil.
La puerta se abrió de golpe y ella alzó su mirada en esa dirección. Sasuke apareció en el lugar y sus ojos negros no tardaron en localizarla. Hinata le sostuvo la mirada mientras lo veía acercarse. Él se sentó a su lado en silencio y, recargándose en la maya ciclónica, vio de reojo lo que ella sostenía en sus manos.
No le sorprendió, esa noticia ya era un rumor que corría con cierta fuerza.
—¿Por qué no entraste a tu clase y por qué no me contestas el celular?
Hinata desvió el rostro. Le sorprendió que no hubiese dicho nada de lo que recién había leído. Le tendió la revista. Sasuke volvió a verla, pero la dejó de lado.
—También tengo mi móvil en silencio.
—¿Por qué te preocupa tanto?— la voz ronca de él tomó profundidad. Ella supo de inmediato de qué hablaba.
—Porque…
—Eso es algo que ya sabías, ¿no?
Se hicieron unos segundos de silencio y él le pasó un brazo sobre sus hombros.
—Que papá lo haya dicho, sólo significa que no piensa esperar mucho para…
—¿Y qué piensas hacer?
Ella volteó a verlo a la cara. Casarse o no, dependía de una o dos palabras, pero las consecuencias de ello serían de por vida, para más de dos personas.
No dijo nada, tenía un nudo en la garganta, ¿cómo explicarle algo que ella misma no quería entender?
—¿Quieres terminar?— soltó él. Ronco. Viendo al cielo.
Ella perdió el aliento.
No quería, pero no se sintió con el derecho de decirlo. Dejó de verlo.
Sasuke tragó ligeramente —¿Quieres casarte?
—No— dijo, traicionando lo que sentía, debía elegir. Sus ojos picaron, pero sonrió… no quería llorar.
—Escúchame algo, Hinata— habló Sasuke, soltándola —. Sólo tú decidirás si rompes este lazo. Decidirás qué pesa más en ti, lo que otros quieran o vayan a pensar; lo que te digan o si te juzgan. Somos tú y yo, pero decidirás tú— finalizó y se puso de pie, alejándose de ella.
Hinata se quedó helada. Sasuke también estaba presionando.
Él guardó sus manos en los bolsillos del pantalón y tensó la mandíbula. Debía presionarla. Hacerla consciente. Si las cosas seguían como iban, estarían a nada de ser separados. Hinata debía decidirse.
El cuerpo de ella se tensó al verlo partir. No quería que se fuera, no importaba si estar cerca de él significara confundirse más y hacer lo que no debía hacer. Se sintió mal por desear que se quedara… seguro si le decía a Hanabi cómo se sentía, su pequeña hermana le diría que fuera por ese chico, sin importarle sacrificarse por ella. Considerarlo la hizo sentir peor, egoísta.
—¡Sasuke!— lo llamó aun así.
Él se detuvo al ya haber abierto esa puerta.
—¿Tienes que irte ya?— preguntó levantándose y yendo a él.
Sasuke se dio cuenta por su mirada que Hinata estaba aterrada… aun así, lo detuvo. Sonrió. Tal vez no estaba tan jodido como creía. No, la jodida era Hinata, que estaba haciendo lo que deseaba, y dejando para después pensar en las consecuencias.
Ella llegó a él y Sasuke sonrió, morboso, haciéndola apenar.
—¿Quieres que hagamos algo?— cambió de tema y rumbo de la conversación a conciencia.
—¿Eh?
Él la tomó de la muñeca y la jaló, le acarició el rostro mientras la veía a los ojos, notando disiparse la angustia con la que la encontró al hacerla sonrojar. La besó. Colocó su mano tras su nuca y la atrajo a él. Pegó su cuerpo a ella y la movió para dejarla apresada contra la pared, a un costado de la puerta.
Hinata gimió y eso lo calentó.
—Sasuke…
—Shh— la silenció al apenas separarse de sus labios —, ayer en la mañana no nos dejaron terminar lo que hacíamos y luego de eso has estado evitándome. Tengo derecho— alegó y le metió la mano bajo la falda del vestido beige que usaba. Ella volvió a gemir antes de ser besada otra vez.
—Aquí no— suplicó cuando Sasuke dejó sus labios y le besó el cuello.
Que él frotara sus dedos contra su sexo, sobre su ropa interior, sólo le arrancó más gemidos que ella quiso ahogar al pegar su rostro al cuello masculino.
—Sólo un poco— dijo él, siendo consciente como su miembro se hinchaba. Hinata también lo notó y a pesar de morder sus labios, los sonidos que escapaban de ella, eran notorios.
La Hyuuga se abrazó a Sasuke sintiendo enormes ganas de quedarse con él. No lo entendió. Pero se dio cuenta luego de ser consolada en silencio, por él, la madrugada del domingo cuando lo buscó, que había dejado entrar a Sasuke a un lugar en su vida donde ya era difícil de sacar. Él la hacía sentir bien, más allá de un deseo sexual. La hacía sentir protegida y su coraje la hacía sentir fuerte… ¿podría arreglarlo todo? Tal vez.
Eso quería creer.
—Salgamos de aquí— sugirió él.
—¡Por favor, sí!— una voz tras el pequeño cuarto que cubría las escaleras, los alertó —, Porque si sigues gimiendo, harás que se me ponga dura— los ojos aguamarina de cierto pelirrojo, vieron con diversión a la Hyuuga.
Hinata enrojeció.
—¿Qué diablos haces aquí?— Sasuke se puso en medio de los dos, ocultando a Hinata de la mirada del pelirrojo.
—¿Qué hacían ustedes? Yo sólo dormía hasta que las cosas se pusieron interesantes.
—Sal de aquí, Hinata— pidió el Uchiha. Ella asintió y casi corrió de ahí.
El de ojos verdes enarcó una ceja, divertido, y se dispuso a marcharse.
—Si le dices algo, o insinúas siquiera algo que la incomode, date por muerto— advirtió el pelinegro.
—Oye, no te pongas agresivo. No es mi culpa que no sepas hacer con tu novia esas cosas en los lugares correctos— respondió Gaara y se detuvo al pasar a su lado —. Aunque… pensándolo bien, creo que no puedo culparte— sonrió—, yo haría lo mismo si fuera mi novia.
Sasuke lo detuvo del brazo e imprimió fuerza en su agarre.
Gaara sonrió ante su reacción.
—Es en serio. No te quiero cerca de ella. Aun no se me olvida que la besaste.
El pelirrojo rio. Sí, él tampoco olvidaba que se habían roto la cara después en la enfermería.
—Ah, eso— dijo soltándose, y reacomodando su negra chaqueta de piel —. Yo no lo llamaría besarla, si no se hubiese desmayado pude haberlo hecho mejor.
—Gaara…
—Tranquilo hombre, ella ya te eligió a ti— dijo y se encogió de hombros al abrir la puerta —. Y aunque no lo creas, sé respetar eso.
Sasuke gruñó ante el cambio de actitud del insolente pelirrojo que acababa de marcharse.
¿Ella ya lo había elegido a él? Pensó en lo dicho por Gaara. Tenía sentido… ella no lo había dejado ir cuando eso era lo más fácil por hacer. Si Hinata renunciaba a lo que tenían, podía elegir el camino que su padre quería y quitarse de problemas.
Pero no lo había hecho. Y no era por egoísta. Hinata era del tipo que se sacrificaban por los demás… si no lo había hecho, si estaba negándose a eso… ¿podría ser por él? ¿Podría ser? ¿Podría serlo sin que ella se diera cuenta?
—Joder, Hinata— soltó recargándose en la puerta cerrada de esa azotea.
«¿Qué vas a hacer?» se preguntó respecto a ella.
Si se era sincero, quería que lo eligiera a él, pero no podía pedirlo. No tenía derecho.
Continuará…
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Hola, chicas, chicos n.n
Tarde, otra vez :c Lo siento, he andado vuelta loca.
Como les dije a los que leyeron el spoiler, quiero adelantar ciertas cosas porque voy a cambiar un poco el rumbo que llevaba la historia originalmente. No he escrito los demás capítulos, pero, si mis cuentas no fallan, a esto le quedan menos de diez capítulos. Ojalá les haya gustado el capítulo y lo que vendrá.
De antemano, agradezco por estar aquí c:
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Muchas gracias por las cosas bonitas que dicen, por el interés en la historia e incluso la preocupación por mi n.n
Respondí algunos comentarios. Hay chicas a las que me gustaría responder pero no tienen cuenta, lamentablemente. ¡Créense una, es gratis y fácil! xD
Nos estamos leyendo. Diciembre siempre me resulta complicado, el 13 es mi cumpleaños y espero poder regalarles una actu para ese día. Haré lo mejor que pueda por ello c;
Ah, y sobre quien me sugirió un NejiSaku, no se me habría ocurrido, iba más por un sutil KakaSaku muy a futuro de la historia (?
Ya, que estén muy bien y aquí seguimos.
Besos. Aidé.
