LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.

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CON EL ALMA EN VILO

Las tonalidades rosadas y anaranjadas del atardecer se marcaban en la blanca pared de la habitación de Neji. Eran las seis de la tarde y ni el dolor de cabeza que desde temprano lo hastiaba, al punto de hacerlo salir temprano de la oficina, podía borrar su semblante serio y pensativo.

Había dejado trabajo pendiente ese casi fin de semana y ni ello estaba preocupándolo. Los ojos violáceos y astutos parecieron desenfocarse.

Así que los planes siguen— recordó lo primero que Naori mencionó durante la gala. Casi una semana atrás, cuando lo hizo salir y hablar a solas —. No puedo decir que me sorprende porque te conozco. Pero en el fondo, esperaba que hicieras lo correcto.

Lo que hago es lo correcto.

Ella había sonreído, inquietándole el estómago.

¿Para ti o para Hinata?— peguntó con astucia — Porque no me lo parece para ninguno de los dos.

Para ambos— respondió seco, distante, a pesar que la chica se acercó a él y, suavemente, rozó las yemas de sus dedos con las de él. La mirada del varón cayó a ella y la chica sonrió ante esa casi frialdad que le resultaba familiar viniendo de él.

¿Cuándo se te acabaron tus dudas?— preguntó sin borrar su sonrisa. Ella todavía esperaba que hiciera lo que lo hiciera sentir bien. Ser libre.

Él resopló y se alejó unos pasos de ella, viendo desde una terraza, la planicie de la ciudad. Guardó sus manos en los bolsillos de su pantalón.

Esas dudas no debieron existir— aclaró sin quitar su vista de la ciudad —. Fueron débiles, de una necia etapa de rebeldía.

Estabas muy convencido de tomar tu propio camino.

Él negó.

Mi camino es el que sigo, Naori.

Ella sonrió con nostalgia al acercarse al borde de la terraza y apoyarse en ella, dándole la espalda a la ciudad y viendo el rostro imperturbable de Neji. Su bonito y largo vestido se ondeó con el poco aire nocturno.

Me apena ver que te lo creas.

Él casi gruñe molesto al dejar de verla. Esa mujer era necia y él se sentía influenciable por ella al estar ahí.

Piensa lo que quieras— dijo dándose media vuelta, dispuesto a irse.

¡Quiero saber qué piensas tú, con un demonio!— alzó la voz pero no se movió de su lugar — Pero quiero saberlo de verdad. ¿Qué piensas tú? ¿Qué quieres? Porque te desconozco, Neji— moderó su volumen, pero no su tono firme.

Él negó y volvió tras sus pasos, para ponerse frente a ella.

Adiós, Naori— dijo luego de ver en silencio a sus negros y seguros ojos, por unos segundos.

Ella desencajó su rostro y se sintió perder. Neji era un cabezota.

¿Qué te cambió, Neji?— volvió a hablar, menos firme, pero con más ansias de respuesta — ¿Hinata? ¿No la amas, o sí?

Él tragó ligeramente.

¿Quieres cuidarla y acompañarla en el absurdo destino que tu familia les impone? ¡¿Qué?!

No lo entenderías.

No te entiendo ahora— confesó con voz apagada —. No querías, estabas alejado de tu familia y decidido a seguir tu camino. Tan era así que me prometiste que te quedarías conmigo, ¿recuerdas?

Él asintió sin ánimo, pero se negó a verla a los ojos. Su mandíbula estaba tensa.

¿Dónde quedó la convicción de ese Neji que creía que podía elegir por sí mismo? ¿Dónde está ese Neji que se quedó con mi virginidad la misma noche que mandó al diablo a tu tío?

Él cerró los ojos y tragó ligeramente.

Naori, yo… sobre eso…

Descuida. Entendí bien la indirecta— ella sonrió y bajó la mirada —. No pienso jugar el mismo juego de tu tío, ¿sabes? Yo no te presionaría apelando a tu honor para hacerte quedar conmigo.

Sigo debiéndote una explicación— dijo él, que se sintió un canalla cuando sólo recogió sus maletas y se fue de la universidad, luego de meses de ser pareja de esa chica frente a él. Haber adelantado cursos lo habían hecho graduarse antes y así se le hizo más fácil alejarse de los que habían sido sus amigos. De ella, que tampoco puso demasiado empeño en buscarlo, tal vez herida, ofendida o decepcionada.

¿Alguna vez quisiste darla? ¿Tendrías cara para ello?

Neji gruñó, cerró los ojos y finalmente se levantó de su cama, donde había permanecido recordando. Naori parecía conocerlo muy bien a pesar que hacía tiempo que sus prioridades habían cambiado. Que lo hiciera darse de cara contra su propio orgullo era algo que estaba molestándolo.

La verdad no. No había tenido cara para verla y explicarle todo. Él todavía se cuestionaba si hacía lo correcto, pero no debía dudar. Amaba a Hinata, ella y Hanabi eran lo único bueno que tenía su familia; ambos iban a pasar por eso juntos… no serían los primeros y seguro tampoco los últimos. Ya antes había pasado, sus tíos y sus padres lo vivieron en su momento y, al menos él, no tenía un mal recuerdo de sus padres. Ellos se habían amado. Hinata y él podrían lograrlo.

Debían lograrlo. Había miles de personas, familias, que debían su empleo y su seguridad a la empresa que ellos deberían liderar y mantener a flote para que siguiera así. Los Hyuuga no podían caer.

Salió de su habitación y se sirvió un trago de sake. Lo último que le había dicho Naori había sido que no se preocupara, que ella había seguido su camino. Neji ya no era el único que había conocido en la intimidad y eso, aunque si bien le quitaba un poco de la carga moral que tenía con ella, también lo molestaba. Ella aseguró que sólo lo había buscado esperando no ver que se equivocaba, y aquello lo había mantenido pensativo desde ese día.

—Maldición— soltó antes de beber otro trago.

O.O.O.O.O

Hinata suspiró por tercera vez. Se estaba aburriendo.

El gato de Sasuke se había cansado de pasear por sus muslos y finalmente se había echado a dormir en ellos, mientras ella seguía sentada frente a la mesita de centro en la sala del pelinegro. Sasuke había insistido en verla y aunque ya habían compartido besos y caricias casi íntimas, una llamada lo había distraído. Desde hacía días estaba más pendiente del teléfono y ahora, luego de pedirle unos minutos que ya eran casi una hora, él seguía frente a su portátil.

La Hyuuga se alegró de haber llevado su propio computador; cuando lo cargó consigo al salir de casa se convenció que podría estudiar un momento con él, para tal vez no sentirse tan atrevida al ir a su departamento, aunque en el fondo sabía que no lo ocuparía.

Ahora, contrario a lo que creyó, veía sin mucho entusiasmo sus redes sociales. Tenía poca tarea y la que le faltaba no era de urgencia, así que buscó distraerse. El Uchiha seguía ajeno a ella, o eso le parecía.

—¿Aburrida?— preguntó Sasuke sin verla.

Hinata de inmediato volteó a verlo y cuando los ojos negros se fijaron en ella, sólo pudo negar y se avergonzó. Él la había notado aburrida y no quería demostrarlo; sabía que él estaba teniendo mucho trabajo y que no siempre toda su atención sería suya. Tal vez sólo estaba siendo un poco celosa de su tiempo, pero… él la había hecho ir ahí desde un principio.

Se sintió egoísta.

—No, para nada. Es más, pensaba en avanzar mis propios pendientes— dijo y le sonrió, sin pretender ser una molestia.

Él exhaló con cansancio y se llevó dos de sus dedos a apretar el puente de su nariz.

—Siento esto— dijo viendo su portátil —. Es sólo que…

—Lo sé— interrumpió ella —. Me has contado del proyecto en el que trabajas y, además, que lo haces solo.

—Por el momento— aceptó y ella frunció el ceño —. Itachi acaba de asignarme un equipo de trabajo.

—Oh…— Hinata entendió que dentro de poco él tendría trabajo de campo y prácticamente todo su tiempo ocupado.

Él hizo tronar su cuello al mover su cabeza, desentumiéndose, y Hinata lo vio por un instante antes de que su portátil frente a ella, llamara su atención.

—Vayamos por algo de comer. Dejaré esto por hoy— dijo cerrando su computador.

—No es necesario que te detengas por mí, en serio— ella lo detuvo cuando quiso ponerse en pie.

Sasuke frunció el ceño.

—De hecho, puedes continuar si… si no te molesta que atienda una videollamada, claro.

Él la vio de arriba abajo.

—Es mi hermana— explicó al notarlo extrañado.

Luego de dejar escapar el aliento, él acepto.

—Pediré algo de comer mientras tanto— informó al ponerse en pie y verla dirigirse a su habitación, computador en manos, para responder con mayor comodidad. Notar que la confianza de Hinata ya alcanzaba como para adentrarse en su habitación sin tener que pedir, educadamente permiso, lo hizo sonreír. El gato se fue tras ella y él buscó en los registros de su móvil el número de algún restaurante. Volvería al trabajo después.

• • •

Hinata se recostó sobre la cama del Uchiha y se apresuró a atender la llamada que sonaba por segunda vez.

—¡Hey, Hinata! ¿Cómo estás, eh? ¿Qué tanto hacías?— el rostro de Hanabi apareció al enlazarse. La castaña parecía querer ver todo tras su hermana.

—Sólo estaba un poco ocupada— respondió la mayor con una enorme sonrisa —. ¿Cuál era la urgencia de tu llamado?— preguntó extrañada.

Hanabi suspiró. En el instituto donde estudiaba les confiscaban los celulares y sólo podían hacer uso de las computadoras del lugar para las tareas; en esa ocasión se las había arreglado para entrar al aula de cómputo y conectarse.

—Pues aunque no lo creas sí es urgente— aclaró la castaña de astutos ojos violáceos —. Por cierto, ¿dónde estás?— peguntó frunciendo el ceño sin reconocer el lugar. Su hermana estaba acostada y no era su cama, además, esos muebles negros ni ese poster deportivo iban de acuerdo a sus gustos, por lo que descartó una remodelación en su alcoba.

—Ah…— Hinata perdió el aliento y la mirada de Hanabi cayó a sus ojos. La notó ruborizarse.

—¿Hinata?

—E-estoy con alguien.

Los ojos Hyuuga del otro lado de la pantalla se abrieron enormemente.

—¿Estás… con alguien? ¿Ahí? ¿Es la habitación de un chico, verdad?

Hinata asintió despacio y se mordió el labio inferior, le sostuvo la mirada. Hanabi no dejó de verla, sobreentendiendo lo que pasaba.

—Hinata, ¿ese chico…?

—Cielos, Hanabi, sí— confesó y tapó su rostro con sus manos. No estaba apenada por estar en la cama de un chico, más bien, estaba derrotada. No podía callarlo más.

Hanabi guardó silencio unos segundos y su mirada sorprendida tomó un tinte triste.

—Hinata, es estúpido preguntarte esto, pero, ¿papá formalizó un compromiso entre tú y Neji?— preguntó lo que la había tenido preocupada desde inicio de semana, cuando hasta sus oídos llegó esa noticia.

—Algo así— confesó la mayor viendo el teclado de su computador.

—¿Y qué harás?— preguntó Hanabi — ¿Qué harás ahora si tienes novio?

A Hinata se le volvió a formar un nudo en la garganta y una sensación de desazón comenzó a quemarle el pecho.

—No lo sé. Supongo que sólo esperar.

—¿Esperar qué? ¿Un milagro o que te llegue el agua al cuello?

—¡Dios, no lo sé!— exclamó en voz baja, cuidando que Sasuke no la escuchara.

—¿Has hablado con Neji?

Ella negó.

—No con sinceridad.

—Neji lo hará— afirmó la menor.

—Creo que él se resignó a ello tiempo atrás— dijo sin querer mencionarle lo de esa chica que fue su novia, pues no se sentía con el derecho a hacerlo. Seguro aquél momento de separación había sido duro para él.

«Como lo sería el mío con Sasuke» su mente volvió a darle otro golpe bajo.

—Hina… ¿tú de verdad te casarías con él?— el tono bajo y preocupado de Hanabi le dijo que su hermana pensaba mucho en ella.

Hinata tragó pesadamente el nudo en su garganta y aun así, demoró unos segundos en hablar.

—No me gustaría hacerlo— susurró.

Se formó un silencio entre ambas hermanas. Hanabi meditó mucho lo siguiente que diría.

—Entonces no lo hagas.

—Sabes que no puedo simplemente decir no. Papá…

—Podría ser yo— interrumpió de inmediato.

—De ninguna manera— la voz de la mayor fue más firme —. Tú no pasarás por eso.

Hanabi sonrió —Por Dios, escúchate, parece que fuese a morir por ti— se burló.

—Hanabi…

—Hey, tranquila. A mí me gustaría hacerlo— aseguró, pero no convenció a su hermana con esa sonrisa.

—No.

—¿Quieres dejar de verme como una niña?

—Tienes catorce años. Eres una niña.

—Sólo cinco menos que tú — debatió de inmediato —. También soy parte de la familia y siempre me ha parecido injusto que sólo tú seas tomada en cuenta como una.

—¿Cómo?

—Hey, Neji no es tan malo.

—Nunca dije que lo fuese.

Hanabi asintió — Papá necesita que una de sus hijas esté al frente del corporativo. Tú no quieres. Yo sí. No tengo que casarme ahora. Neji es joven y puede hacerse cargo perfectamente de todo y papá, bueno, papá no es tan viejo como nos lo quiere hacer creer. Todavía le queda vida útil— se burló.

Hinata no pudo compartir su sonrisa y no dejó de verla preocupada.

—No podría.

Varios segundos en silencio volvieron a formarse entre ellas.

—Sólo tienes que decir que no. Siempre me has cuidado, yo quiero hacerlo ahora por ti— los ojos de Hinata picaron y negó fervientemente. Nunca le pediría eso —. Hina… contrario a ti, a mí no me molestaría casarme con Neji.

—¡No has vivido, no puedes hablar de tu futuro con esa soltura!— volvió a sonar firme, casi molesta, pero moderó su voz.

Hanabi sonrió —Es que hasta en eso somos diferentes, hermanita— explicó la menor —. Yo no soy tan sentimental como tú, soy más racional. Pienso con lógica y en base a eso me muevo.

Hinata negó. Poco antes que Hanabi pudiese siquiera hablar, la puerta de la habitación en la cual estaba Hinata, se abrió.

Para la castaña no pasó desapercibido el alto chico, atlético y pelinegro que pasó tras la figura de su hermana. Lo escuchó decir que iba por su cartera y que la comida no tardaría en llegar.

Hanabi sonrió cuando una Hinata ligeramente apenada volteó a verla.

—¿Y quién es el galán?— preguntó con una sonrisa pícara. Ella no había dejado de notar lo fuerte de aquella ancha espalda masculina. Vaya que su puritana hermana tenía buenos gustos.

—Sasuke… U-Uchiha— dijo tras largos segundos de silencio. Hinata esperaba mutismo por parte de su hermana, pero a cambio tuvo un estallido de risas. Cuando Hanabi la visitó, Hinata había negado tener algo con él, pero ahora no tenía reparo en aceptarlo.

—Vaya, Hina. Creo que en el fondo eres más inteligente que yo.

—¿Qué?

—Que tú no quieres decirle que no a padre, más bien, planeas matarlo de un coraje cuando sepa con quién estás relacionada— dijo y siguió riendo —. Inteligente, muy inteligente.

—Por favor, no te burles de esto.

—Es que la situación es tan irónica que da risa. Nada más falta que su familia también te odie para tener un romance a lo Romeo y Julieta.

Hinata sólo negó.

—Y a todo esto, su padre también es un hígado. ¿Te odia el tal Fukaku?

—Fugaku— corrigió —. Y no, pero tampoco es el más emocionado por esto.

—Vaya, pues entonces te entiendo, sólo puedes esperar— la otra se encogió de hombros —. Pero ya sabes, yo brinco de ansias por tomar tu lugar…. ¿crees que me tocaría más herencia por eso?— ante la mirada seria de Hinata, Hanabi dejó de reír. Al parecer a su hermana no le había hecho gracia su broma — Por cierto, Hina…— dijo y se detuvo.

—¿Qué ocurre?— preguntó al ahora verla agacharse, aparentemente ocultándose de alguien tras el monitor.

—Joder, creo que una de las profesoras entró al aula. Debo irme Hinata. Recuerda lo que te dije y te amo. Ah, y si lo van a hacer, usen condón, porque si no, ahora sí que matas a papá de un coraje. Beso.

Y esas palabras que le tiñeron el rostro de rosa fue lo último que escuchó de su hermana. La pantalla donde estuvo su rostro se volvió negra y apareció el aviso de la finalización del enlace.

Hinata cerró su portátil y recargó su frente sobre éste. Su sonrojo fue disminuyendo conforme lo dicho por su hermana se repetía en su cabeza. No. ¿Qué clase de hermana sería si la dejara hacer eso? Hanabi también entendía que ese matrimonio debía realizarse, por eso no le dijo que se negara o huyera, por eso quiso tomar su lugar y seguir conforme a lo que tenía que hacerse.

Apretó fuerte sus ojos. Más presión cayó sobre sus hombros y ahora sus ojos, ocultos bajo sus párpados, picaron.

Hinata estuvo en esa habitación hasta que el timbre del departamento sonó. Supuso que la comida había llegado y salió. Sasuke recibía la comida y al girarse a ella le sonrió. La peliazul cargaba a su gato en brazos.

—¿Todo bien?— le preguntó al notarle un semblante extraño.

Ella asintió —Hablar con mi hermana siempre me pone nostálgica — mintió — . Pero pasará— dijo, alzando ligeramente uno de sus hombros.

Él asintió luego de unos segundos y la invitó a pasar al comedor.

Ella dudó.

—¿Te molestaría si comemos en la sala?— preguntó jugando con sus dedos. Él la notó nerviosa.

—¿Por qué?

—Me gustaría ver algo de televisión. He-hemos estado demasiado ocupados, tú con tu trabajo y yo, bueno…

Él dejó escapar el aliento y cambió de dirección. Dejó las bolsas con alimento mientras recogía sus cosas y Hinata le ayudaba al alejar al gatito que se acercaba atraído por la comida.

Luego de lavar sus manos y servir su propia comida al felino, Hinata sintonizó una película que no moría por ver, pero que era mejor a tener una charla con Sasuke. Después de lo hablado con su hermana y por sensaciones que venía teniendo, como el sentirse celosa de su tiempo, lo que menos quería eran preguntas, pues ya estaba bastante ansiosa; su cuello se sentía tenso y sospechar que tendría que dejar a Sasuke la ponía peor.

—Toma— el moreno que se sentó a su lado, le ofreció una lata de refresco.

Hinata la tomó y, sin abrir, la colocó frente a su plato de comida china. Apenas comenzaban a comer, cuando el timbre del departamento sonó.

—Maldición— gruñó Sasuke al ponerse de pie —. No te muevas de aquí— ordenó a la chica que seguro se pondría nerviosa pensando en que fuese un amigo en común y que, por supuesto, no debía de verla ahí.

El pelinegro frunció el ceño al observar por la mirilla. Abrió la puerta un segundo después.

—¿Si?— preguntó cortante y Hinata observó desde su sitio, a una joven.

—¿Sasuke? ¿Sasuke Uchiha?— preguntó cautelosa la chica de suave voz.

Él solo asintió.

—¡Oh, por Dios!— dijo y se lanzó a sus brazos — Estoy feliz de conocerte.

Hinata vio a Sasuke extrañado y a la chica más que encantada, todavía sin soltarlo del todo.

—¡Oh, pero que falta de modales los míos!— dijo apartándose un poco, pero exhibiendo una sonrisa extensa — Seguro no sabes quién soy. Itachi me mandó.

—¿Itachi?

—Sí. Bueno, no me mandó. Yo vine porque moría por conocer al hermano de Itachi, he oído mucho de ti, pero no que eras tan guapo.

Él sólo frunció el ceño sin saber todavía qué hacía ahí, y Hinata, siendo ignorada por ambos, observó incómoda, como la chica volvía a tocarlo.

—¿Qué quieres?— habló nuevamente él.

La chica, alta, rubia y de ojos lavanda, tomó distancia y enderezó su postura. Estiró su mano ofreciendo un saludo — Mi nombre es Shion Fujimura y soy la arquitecta que Itachi asignó como tu mano derecha en el proyecto que te otorgó.

Sasuke vio de arriba abajo a la joven que muy segura de sí, esperaba que le devolviera el saludo.

Hinata esperó a que él llamara en ese momento a su hermano para verificar la veracidad de sus palabras, sin embargo, él le tendió la mano a la chica que encantada le sonrió.

—Y… ¿quieres pasar?— esa pregunta en la voz ronca de Sasuke extrañó más a la Hyuuga.

—Por mí, encantada— la coqueta chica se encogió de hombros y luego de que él se hiciera a un lado, cediéndole el paso, la joven de elegante y ajustado traje sastre, se dirigió a la sala — Ah, comían. Siento ser inoportuna— dijo viendo a Hinata sentada sobre la alfombra.

—Oh, por favor— la peliazul la invitó a sentarse.

La chica buscó visualmente un cojín de los sofás y lo tendió al suelo, para luego sentarse cuidadosamente en él.

Ante el mutismo de Sasuke que tomó asiento, ella fue mayormente observada por la elegante chica. Se sintió desencajar con su pequeño short blanco y blusa azul ligeramente holgada.

—¿Puedo?— pidió la rubia que tomó la soda que Sasuke le había dado a Hinata apenas minutos atrás.

Hinata asintió y Shion agradeció, pero volvió su vista al pelinegro.

—¿Y ella es?— le preguntó.

—Hinata. Su nombre es Hinata— dijo e hizo una pausa —. Hinata, ella es Shion y, al parecer, trabajaremos juntos.

La chica rubia le sonrió y le tendió la mano. La Hyuuga no dejó que la extrañez por sólo ser presentada como Hinata se le notara. Le tendió la mano y mencionó su nombre completo.

—¿Hyuuga? ¿De los Hyuuga de Hiashi y Neji Hyuuga?— preguntó y luego se sintió tonta al no asociar sus peculiares ojos violáceos a aquél apellido.

—De los mismos. Un placer— respondió Hinata al tiempo de tomar la lata de soda que Sasuke volvía a ofrecerle.

—¿Y qué hace una Hyuuga aquí, con un Uchiha?— preguntó entre divertida y sorprendida.

—Ah…— Hinata quiso explicar, pero Sasuke la interrumpió.

—Es una larga historia. Compañeros de universidad.

La chica rubia que compartía el mismo estilo de corte de cabello de Hinata, sonrió. Era muy bonita, reconoció la peliazul. ¿Sería por eso que Sasuke le ocultaba lo que tenían?

—Pero eres más joven, ¿no?— volvió a preguntar Shion que parecía no notar la incomodidad presente.

—Ah, s-sí.

Sasuke, que notó que la recién llegada traía su portafolios, habló, terminando con el hilo de esa conversación.

—¿Has venido ya a trabajar?

—Oh, sí, de ser posible. Me gustaría ver tus planos y bueno, también mostrarte algo en lo que yo he trabajado.

Hinata apenas pudo pasar bocado mientras los dos conversaban de temas que si bien, conocía términos, no comprendía del todo.

—Esta mañana recibí esto. Supongo que has sido tú quien lo mandó— dijo entregándole un par de hojas que había impreso —. Creo que no alcancé a comprenderlo del todo.

La chica ocultó su rostro con las hojas en una actitud juguetona y avergonzada —Lo siento, se me ha escapado. Esto es sólo un borrador que no debió llegarte; por eso no comprendiste nada. Sólo yo podría descifrarlo— dijo y se burló.

—Será mejor que me vaya y los deje trabajar— Hinata recogió su contenedor a medio terminar y se puso de pie.

—No tienes que irte, Hinata— Sasuke la detuvo al tomarla de la mano y los ojos lavanda de la joven rubia mostraron un poco de asombro y curiosidad.

La peliazul dibujó una sonrisa, pero no volteó a verlo.

—Me parece que sí. No quiero molestar y, además, ya no hay mucho que hacer aquí— respondió y se soltó con sutileza, para, con calma, rodear la sala y dirigirse a la cocina donde dejaría los desechables que utilizó.

Sasuke se puso de pie y la siguió, deteniendo sus pasos cuando la vio tomar sus cosas de la habitación y retomar sus pasos directo a la salida.

—Hinata…

La peliazul volteó a ver a Shion de reojo, y la chica se avergonzó de estarlos viendo y optó por llevar su atención al gato que merodeaba la sala.

—Supongo que… nos veremos después— dijo Hinata y sintió que se le apretó el estómago cuando Sasuke detuvo el paso que quiso dar directo a ella. No la tocó. La peliazul dejó de verlo y lo pasó de largo.

Sasuke ni siquiera respondió.

Minutos después Hinata descendió del elevador sin saber si estaba celosa, molesta, triste o decepcionada. Tal vez todo.

O.O.O.O.O

Los últimos días en la universidad estaban resultando más relajados. Las clases que todavía tenía estaban más separadas la una de la otra, por lo que esas horas libres las pasaba con Ino y compañía o, en la biblioteca, pues no tenía caso regresar a su departamento.

Después del mediodía de ese viernes Hinata terminó con una de sus clases, caminaba con Matsuri camino a la siguiente asignatura que también compartirían, cuando el móvil en el bolsillo de sus vaqueros vibró.

Leyó el texto luego de desbloquear la pantalla.

«¿Dónde estás?»

El estómago se le apretó con ese simple cuestionamiento mandado por el Uchiha. No dejó de ver la pantalla al ir avanzando entre la pequeña multitud de estudiantes. Finalmente, luego de un suspiro, devolvió el móvil a su pantalón sin contestarle… por tercera vez en el día. No sabía si estaba hormonal o estaba sentida con él. La noche anterior había esperado que él la buscara pero no lo hizo y aquello sólo la hizo sentir insegura; ahora no le apetecía encontrarse con él, tal vez al finalizar el día. Sentía que tenía derecho de sentirse así.

Durante su siguiente y última clase, recibió otro mensaje y dos llamadas, por lo que decidió responder con un simple 'estoy en clase' que, pareció mantener satisfecho al moreno que ya no volvió a insistir.

—Por fin, no puedo creer que terminamos con esta materia también— susurró Matsuri cuando el profesor dio por terminada la clase.

—Sí, vaya que fue difícil.

—¿Difícil? Esta materia casi me hace cambiar de profesión— soltó haciéndolas reír a ambas.

—No fue para tanto.

—¡Claro que lo fue! Y ahora, lo único que quiero es comer. ¿Tienes hambre? Vayamos por algo a la pizzería cercana, ¿qué dices?

Hinata casi dice que sí, pues tenía hambre, pero recordando los textos y llamadas de Sasuke, seguro la interceptaría al salir.

—En realidad, tengo algo que hacer.

La castaña dejó escapar el aliento desanimada —Vale, yo sí iré. Muero por una pizza extra queso para recuperar las energías gastadas.

—Está bien. Entonces nos veremos mañana— se despidió la Hyuuga mientras ambas salían del salón.

Matsuri se adelantó y Hinata se retrasó un poco al revisar su móvil.

—¡Hinata!— una entusiasta voz la llamó en un grito, haciéndola voltear.

—Naruto— saludó al rubio que llegó a su lado, mochila al hombro, al también terminar sus clases por ese día.

—¿Qué harás ahora, Hinata? Vayamos a comer.

La Hyuuga rio ante la invitación del Uzumaki, al parecer todos salían hambrientos de la universidad.

—Lo siento, Naruto, pero ya tengo planes.

—¿En serio? Últimamente es muy poco el tiempo que pasas con nosotros fuera del campus, ¿no?

Ella cayó en cuenta de eso.

—Sí, creo que sí— aceptó mientas ambos abandonaban el edificio y salían al exterior donde la luz del sol los bañó al instante —. No ha sido a propósito.

Ambos se dirigieron camino al estacionamiento que estaba concurrido como de costumbre.

Naruto divagó entre charla y charla y la mirada violácea de Hinata buscó entre los presentes una figura conocida. Camino a su coche, terminó por encontrarla.

Ambos se detuvieron extrañados.

—¿Ese es el Teme?— preguntó Naruto cuando lo vio parado a un lado del coche de Hinata — Mejor dicho, ¿quién es la chica?

Hinata sintió una punzada de malestar al reconocer a la joven. No podía responder a la pregunta de Naruto si no quería parecer demasiado informada.

—No, no lo sé— dijo y, ante un Naruto despreocupado que siguió caminando directo a ellos, lo siguió.

Los ojos de la Hyuuga estuvieron en Sasuke hasta que éste volteó a verla, luego ella desvió su mirada a la puerta de su coche, dispuesta a ignorarlos.

—Hey, Teme. ¿Qué haces, eh?— saludó el rubio que tropezó y llegó trastabillando a ellos, luciendo una enorme sonrisa por su descuido.

Los ojos negros de Sasuke no dejaron de ver a Hinata que con un saludo obligado, los pasó de largo. No quería, ni debía hablar con esos tres reunidos, pues sería demasiado inoportuno que Shion dijese algo sobre que la vio en el departamento del Uchiha.

—¿Teme?

—¿Qué?

—Que, ¿qué haces y…? Olvídalo— dijo y se detuvo viendo la cara de pocos amigos del pelinegro. Posterior a eso, despreocupado como siempre, se dirigió a la joven que ya lo veía—. Y tú, ¿eres amiga de este idiota?

Shion se burló por el gesto que ese calificativo provocó en Sasuke.

—Algo así— confesó la chica —. En realidad trabajamos juntos. Vine a buscarlo porque saldremos de la ciudad. Tenemos un proyecto y los trabajos de topografía comenzarán, así que…— informó mientras Hinata metía la mochila en su coche.

—Ya veo. ¿Y hace mucho que te graduaste?

—No, apenas el año pasado. De hecho, es mi primer proyecto importante, por eso la emoción.

Naruto rio sonoramente —Te entiendo, nos pasó lo mismo.

—¿Has estado en proyectos?

—Unos cuantos.

—Sólo uno— corrigió el Uchiha, amargado.

El rubio rio más fuerte, ahora avergonzado —O sólo uno— aceptó —. Demonios, Teme, eres insoportable, 'ttebayo. ¿Tenías que arruinarlo?— susurró a su amigo.

Sasuke volteó de medio lado a ver cómo Hinata salía en reversa de ese cajón del estacionamiento. Le vio el semblante tenso pero no volteó a verlo, pendiente del camino cuando partió.

Gruñó para sus adentros. La llegada de Shion lo tomó por sorpresa. Quería hablarle de ese viaje y ya no había podido hacerlo. Sacó su móvil y digitó el número de esa chica que recién partía. Se colocó el aparato al oído mientras Naruto seguía fanfarroneando con Shion, y molesto se dio cuenta que Hinata no pensaba en responderle. Maldijo en voz baja.

—Me voy— anunció Sasuke y tomó dirección a su coche, varios metros lejos de ahí.

—Me voy contigo— dijo la chica interrumpiendo su charla con Naruto. Sasuke se detuvo y volteó a verla de medio lado —. Todavía no tengo coche— dijo ella un poco avergonzada.

«Joder»

—Date prisa.

—¡Sí!— afirmó entusiasta — Fue un placer…— dijo ella y le tendió la mano al rubio.

—¡Oh! ¡Sí! Uzumaki Naruto— dijo y le tendió la mano al darse cuenta que hablaron y nunca se presentaron.

—Shion Fujimura— la chica le sonrió y Naruto frunció el ceño mientras ella se iba. Se quedó pensativo.

—¿No se parece a alguien?— se preguntó en voz baja y se giró para irse. Mientras caminaba se detuvo de golpe —¡Claro, pero si es igualita a Hinata, 'ttebayo!

—Naruto, ¿con quién hablas, idiota?— Sakura, que generalmente se iba con él, llegó a su lado.

El rubio se rio —¡Oh, Sakura-chan! Con nadie, es sólo que me di cuenta que la chica con la que Sasuke se fue se parece mucho a Hinata.

—¿Qué?— preguntó extrañada, casi molesta — ¿Y no era ella?

—¡Que va! Te estoy diciendo que sólo se parece mucho, 'ttebayo. Su nombre es Shion— informó mientras caminaban a su viejo coche, despertando una antaña curiosidad en la pelirrosa.

O.O.O.O.O

El día siguiente, sábado, Hinata presentó sólo tres materias, y a petición de Ino, habían asistido a las canchas de tenis y jugado por más de media hora.

La Hyuuga lucía cansada a pesar de haber dormido muy bien. La tarde anterior su móvil se había quedado sin batería y a decir verdad, no le había importado mucho volver a cargarlo; preparó un té que la ayudara a conciliar el sueño luego de darse una ducha de agua tibia y se tiró a dormir. Si Sasuke había intentado contactarla ya no pudo saberlo y, si se era sincera, no quería saberlo… tal vez no le había marcado al estar demasiado ocupado. Se dio cuenta, molesta, que estaba celosa. Era absurdo. Pero lo sentía, sentía esa molestia que no se iba.

Intentando no pensar en ello, ni tampoco en las palabras de Hanabi, había buscado dormir. Y también por eso, en ese momento se encontraba con el grupo de amigos encabezado por Naruto en un buffet del centro, luego de lo que parecía meses sin acompañarlos.

—Apenas puedo creer que estamos todos— soltó Kiba, viendo a Hinata y Shikamaru, que también pocas veces había podido acompañarlos.

—Casi todos— soltó Sakura por mero instinto, mientras colgaba su mochila en el respaldo de su silla al llegar a la mesa.

Kiba soltó un sonido de fastidio.

—Si hablas por Sasuke, ese tipo no es como que fuera necesario. Es más, yo no lo consideraría uno de los nuestro.

Naruto rio —Claro que lo es. Sólo que está fuera de la ciudad.

—¿Haciendo qué?— preguntó Ino extrañada mientras separaba sus palillos para comenzar a comer.

—Supervisando los primeros estudios para una obra— informó el rubio mientras veía su comida, preguntándose si se había servido muy poco.

—¿Una obra, él solo?— preguntó el Inuzuka y la Hyuuga no podía creer cómo fracasaba su plan para no pensar en él.

—No, no solo. Una arquitecta lo acompaña… una chica bastante bonita que por cierto, Hinata, se pare-

—Va, seguro se la folla— interrumpió Kiba que no pretendía ocultar su desagrado por él.

La mesa se quedó en silencio un segundo.

—Modera tu vocabulario— sugirió Shikamaru que ya había comenzado a comer.

—¿Qué? No me digan que no lo pensaron. Dejen de hacer creer que el tipo ha cambiado. Sasuke seguirá siendo él. No es un profesional… apuesto lo que sea que se la lleva a la cama. Pobre chica.

—Agh, me asquea tu forma de pensar— soltó Ino no dándole mayor importancia.

—Concuerdo con Ino, 'ttebayo.

—Va, ¡Como sea! No es como que estuviésemos aquí para hablar de él, de cualquier forma.

—Eso digo yo— intervino Chouji mientras se llevaba un trozo grande de carne a la boca. Todos lo voltearon a ver por su forma de comer, que si bien no era sucia, era sin descanso —. Creo que estoy por servirme más.

Sakura, que pareció perturbada por las palabras de Kiba, negó en silencio, dejando de lado cualquier pensamiento que no le gustara.

—¿Ir por más?— preguntó ahora incrédula viendo la mesa repleta de comida — ¿Estás loco? Esto saldrá en una fortuna, pediremos cuentas separadas— advirtió y dejó claro, al momento de pensar en el dinero en su cartera.

Naruto se rio —Eres una exagerada, Sakura-chan.

—¿Exagerada? ¡Sólo mira, idiota!— dijo señalándole los platillos, siendo los de las tres chicas los que no se desbordaban de alimentos.

—Ah, pero Hinata es rica, ella puede completarnos la cuenta a los que nos falte dinero— soltó Chouji atrayendo la atención de la Hyuuga que agradeció el comentario, pues por dentro se sentía descompuesta y eso la había hecho reír.

—¡Oye, gordo abusivo! Ves que es la primera vez en mucho tiempo que nos acompaña y la quieres estafar. ¡Paga lo tuyo! ¡Glotón!

—¡¿A quién le dijiste gordo?!

—¿A qué gordo ves aquí?— soltó Kiba también poniéndose de pie.

Chouji vibró en rabia e Ino suspiró agotada. Todos sabían lo que seguía.

O.O.O.O.O

Los ojos negros y analíticos de cierto Uchiha detallaron el terreno frente a él. Sus zapatos negros y pulcros se ensuciaron al apenas bajar del coche y recorrió el área indicada donde el puente sería levantado; por el momento todo era un enorme río y dos elevaciones de tierra dispares a cada lado del mismo.

Shion lo seguía mientras mencionaba algunas cosas que ella había pensado, aunque claro, no era del todo su ramo. El topógrafo replanteaba el levantamiento tridimensional que previamente Sasuke le había explicado y otras dos personas más comenzaban con las mediciones a distancia. Por el momento el equipo era pequeño, pero dentro de unos días, personal de obra, enormes máquinas y material comenzarían a llegar.

La rubia suspiró al ver a Sasuke bajar una ladera y acercarse al río. Él se inclinó y tocó la tierra húmeda.

—Que la zona sea sísmica complica un poco las cosas— comentó la joven esperando que ahora sí le respondiera.

—Lo tengo cubierto— soltó él al levantarse con un poco de tierra todavía en sus dedos. Siguió callado y pensativo.

Shion frunció los labios.

—Bueno, sobre lo que te decía de los permisos de obra…

—¿Lo tienes?

—Casi— confesó la chica —. Como sabrás, son dos prefecturas distintas y con una no tuvimos ningún problema.

—Debió de ser igual con las dos para estar aquí— soltó en tono impersonal y comenzó a subir para volver con el topógrafo.

La chica sonrió —Bueno, claro, Itachi se encargó de ello. Aun así, hay ciertos protocolos locales en la otra prefectura que…

—¿Qué?— preguntó él viéndola de medio lado. La tarde estaba cayendo y los reflejos del sol en el agua golpeaban sus rostros.

—Nos han invitado a una cena mañana por la noche— soltó la chica con media sonrisa —. Quieren conocerte y desearte suerte.

¿Suerte? La suerte no era necesaria para gente como ellos.

—Innecesario y absurdo.

—Ah, lo sé— aceptó ella al seguirlo cuando él retomó sus pasos —. Pero en estos casos es mejor tener contentos a las personas que nos harán la vida fácil.

Él no dijo nada. Llegaron con el topógrafo y revisaron un par de detalles, Shion se encargó de hacer algunas anotaciones como también guardar un par de sugerencias sobre el material a utilizar. Sasuke por su parte extrajo su móvil y vio molesto como no tenía un solo registro del número al que había estado llamando desde la tarde anterior.

Una hora más tarde ambos jóvenes ingresaban al hotel donde por varios días estarían alojados.

Ella se mordió los labios antes de hablar. Apenas lo conocía pero ya se había dado una idea del carácter apático y distante del que era su jefe. Totalmente distinto a Itachi.

—Programé la reunión para mañana por la noche. Ocho en punto aquí — dijo rápidamente entregándole una tarjeta con los datos exactos.

Sasuke frunció el ceño al tomar el papel en sus manos.

—Y antes de que digas nada, esto es realmente importante y lo sabes. Adiós y buenas noches— añadió la joven al momento de correr escaleras arriba del modesto hotel.

El pelinegro bufó al darle la razón, guardó la tarjeta y extrajo su móvil. Antes de abrir con llave la puerta de su habitación, había escuchado como su llamada era enviada al buzón de voz.

«Maldición» pensó molesto y preocupado.

Necesitaba mantener la cabeza fría, no quería errar en cálculos y un par de nuevas proyecciones que tenía pendientes y Hinata no se lo estaba poniendo fácil.

O.O.O.O.O

Para el domingo a mediodía el actuar de Hinata ya era casi automático.

La tarde anterior, al apenas regresar de comer con sus amigos el teléfono de su departamento sonó; ella, todavía manchada de comida tras la casi batalla campal que se armó en el restaurant, atendió. Era su padre. Eso había bastado para eliminar la sonrisa con la que llegó y llevarla de regreso a su lugar en la tierra.

La comida a la que su padre la había invitado a asistir en la mansión transcurría como muchas otras, que no distaba mucho de escuchar a su padre conversar con Neji sobre proyectos actuales y futuros importantes. O también, a ratos, verlo solo comer. Hinata, más que nerviosa, estaba aburrida. Toda la monotonía de su familia estaba enfermándola.

—Por cierto— habló Hiashi de pronto luego de unos instantes en silencio. Hinata también notó a Neji más callado de lo normal —, esta mañana revisando correos sin mucha importancia, tuve a mal recibir noticias de Hanabi.

Hinata frunció el ceño. ¿Tuvo a mal?

—¿Ocurrió algo?— preguntó pasando por alto que lo concerniente a la educación de su hermana, era considerado asuntos sin mucha importancia.

—Nada relevante— dijo el mayor al colocar los tenedores sobre el plato que casi al instante fue retirado —. Al parecer fue castigada al ser descubierta haciendo uso del equipo del instituto en horario no establecido— informó.

Hinata casi rio de la situación cómica en la que seguro su hermana se había visto envuelta. Que su padre lo llamara nada relevante, significaba que no había tenido ningún otro problema que no fuese una sanción que, tal vez, iría a la retención por más tiempo de sus aparatos digitales.

—Pobre Hanabi— mencionó al recordarla.

—Esa niña sigue necesitando disciplina— añadió el mayor observando aprobatoriamente a los dos jóvenes a cada uno de sus costados en esa enorme mesa.

—Creo que es un problema similar, en el que alguna vez nosotros también nos hayamos metido— mencionó Neji antes de que su plato fuese retirado por alguien del servicio.

—No la justifiques— pidió Hiashi sin darle mucha importancia.

—Usted lo dijo: es sólo una niña— le recordó el castaño y Hinata lo vio, totalmente de acuerdo con sus palabras.

—Una Hyuuga. Niña, o no— devolvió el mayor en tono más seco, luego hizo una pausa para finalmente poner sus ojos sobre Hinata —. Y ya que hablamos sobre actitudes. Esta semana ha sido un pequeño escándalo las especulaciones entre su posible matrimonio.

Los ojos de Hinata, menos astutos y fríos que los de los dos varones, viajaron de su padre a Neji que también la observó.

—Por el momento requiero total discreción— añadió Hiashi —. Espero que haya sido así por ambas partes.

Y ahí estaba esa afirmación soltada sin palabra alguna. La actitud dominante y sobria de Hiashi dejaba sobreentendido que todos ahí, sabían ya lo no dicho.

—Por mi parte no tiene por qué preocuparse— respondió Neji al instante.

Hinata asintió —Tampoco por mí. Todo ha seguido normal y… y no creo que haya sido correcto que lo haya dicho así.

El mayor cerró los ojos y asintió. Había sido una imprudencia, después de todo.

—Necesito que sean cautelosos. Lo concerniente a nuestra familia no es de dominio público como viles faranduleros.

Lo que quedaba de la comida pasó con un sabor amargo en la boca de la menor de los Hyuuga presentes. Después de las dos y luego de que Neji se retirara, Hinata dejó de charlar con una de las cocineras de la casa, la misma mujer que en ocasiones fungió como su nana y a la cual le tenía un gran cariño. Finalmente y al no ver a su padre presente, intuyó que se habría encerrado en el estudio y hacia ahí se dirigía.

—Veo que sigues por aquí— soltó Hiashi sobresaltándola al bajar de las enormes escaleras en total silencio.

El elegante vestido beige con bordes en negro que la chica usaba, se movió con sutileza al detener sus pasos.

—Creí que…

—No sé qué me ofendería más, que te hubieses ido sin despedir o que estuvieras aquí por más de una hora y no haberte visto.

—Bueno, creí que estaba ocupado y aproveché para saludar a todos en la cocina— dijo viéndolo bajar el último escalón y comenzar a andar por el pulcro piso de mármol, dirigiéndose a ella —. Pero en realidad estaba por irme, por eso lo buscaba.

Hiashi sonrió con una mueca cansada.

—Tres o cuatro años— dijo, descolocándola.

—¿Cómo?

—Sé que no te atreves a preguntarlo, pero serán tres o cuatro años más los que esperaremos para tu boda con Neji.

Ella perdió el aliento.

—No habré terminado la universidad— debatió.

—Podrás hacerlo ya casada. Su compromiso oficial será anunciado poco antes.

Cuando Hiashi la pasó de largo yendo directo a su estudio, Hinata sintió que su boca se secó.

—Padre yo… no estoy segura si quiero— soltó deteniéndolo.

Él sonrió —Descuida, no eres la primera que pasa por esto— respondió y la calma en su voz como esa actitud lejana al autoritarismo que siempre mostraban, la sacudió más.

—¿Cómo?

—Tu madre pasó por lo mismo— dijo haciéndola abrir los ojos sorprendida —. Y no sé tú, pero al menos yo nunca la vi arrepentida— añadió antes de perderse tras la enorme puerta de roble de su despacho, dejando a una Hinata sin poder pasar saliva y con el corazón latiendo tan lento que la sangre pareció enfriarse en su cuerpo.

• • •

Los ojos violáceos de Hinata que desde hacía largos minutos iban pendiente del flujo vehicular por donde avanzaba, lucían ligeramente apagados. De pronto volteó a ver su bolso que descansaba en el asiento de al lado. Estiró su mano y extrajo su móvil, encendió el mismo al haber estado apagado desde antes de entrar a la mansión. Revisó la hora. Faltaba un cuarto para las tres.

Suspiró al dejarlo sobre su bolso y volver su atención al frente. Tenía cerca de veinte minutos conduciendo sin llevar un rumbo definido.

No pasaron ni cinco minutos cuando el móvil vibró. Hinata leyó el nombre de quien la llamaba con solo voltear de medio lado. Tomó el móvil y atendió sintiendo gran necesidad de escuchar aquella voz.

—¿Si?

Un suspiro casi de alivio se escuchó del otro lado, antes que él dijera una palabra.

—¿Dónde has estado?— su voz ronca sonó seria.

—Estudiando y en casa de papá— respondió simplemente mientras cambiaba de carril para tomar un rumbo diferente. Ya sabía a dónde quería ir.

Sasuke hizo un silencio antes de volver a hablar —¿Pasó algo?

Ella asintió como si él pudiera verla —Tres a cuatro años— dijo y él cerró los ojos con pesadez —. Lo hará oficial antes de eso.

—Hinata…

—Ahora— lo interrumpió —, ahora estoy conduciendo.

—¿No puedes o no quieres hablar?— preguntó él y entonces sí fue notoria cierta molestia en su voz — Porque has pasado de mí por varios días seguidos.

A ella se le apretó el pecho.

—En este momento no puedo— soltó en voz baja y luego de retirar el móvil de su oreja, cortó la llamada, sin tener oportunidad ya de escuchar la maldición que el Uchiha soltó por eso.

La Hyuuga observó por el retrovisor la cantidad de coches que tenía atrás para cambiar de carril. Luego de hacerlo y varios minutos después, finalmente disminuía la velocidad.

Dejó atrás el arco de entrada con ambas puertas abiertas y avanzó por los anchos caminos de adoquín. Estacionó su coche bajo la sombra de un enorme árbol de ginkgo e ignorando su bolso y móvil, bajó despacio de él. Las zapatillas negras que usaba se encajaron en el césped pero eso no importó, no cuando a lo lejos tenía el enorme mausoleo familiar de los Hyuuga.

Se detuvo un momento recordando que habían pasado años, egoístamente, que no se paraba por ahí. El lugar había sido remodelado desde la muerte del padre de Neji y habían dejado de lado la cantera por elegantes paredes de mármol negro y una puerta de cristal donde se leía el apellido familiar. El corazón de Hinata apenas parecía latir cuando se acercó y esculcó entre un macetero cercano, obteniendo la llave de acceso.

Sus pasos se hicieron audibles al entrar al enorme espacio interior. El mármol blanco y granito gris se extendían por paredes y pisos. Pasó dejando una reverencia ante la tumba de su bisabuelo, el hombre que se encontraba al centro de ese primer piso y cuyo nombre se grababa en una lápida de marfil con incrustaciones de oro. Hinata dirigió sus pasos al segundo piso, donde descansaba el padre de Neji y también su madre, entre otros familiares. Subió la escalera de media luna y lamentó no llevar siquiera una flor.

Los alargados ventanales permitían el paso del sol, lo que hizo ver más pálida la blanca piel de Hinata al acariciar el nombre de su madre y observar la pequeña fotografía ahí enmarcada.

La extrañaba. La extrañaba mucho y ansiaba tanto platicar con ella. Quería contarle tanto y decirle lo que sentía.

Sus ojos picaron y su garganta ardió cuando se animó a saludarla y pedir disculpas por su larga ausencia. Un ave entró por un ventanal abierto y el viento fresco de media tarde también pasó por ahí. Hinata no los notó. Habló. Habló y explicó mucho. Habló de su compromiso y de lo mucho que quería a Neji. Mencionó el que creía su egoísmo al no creer poder vivir al lado de quien quería, pero no amaba como hombre. Habló de Hanabi y todas las expectativas de su padre.

Finalmente, habló de Sasuke.

Evitó ciertos detalles que, creyente, como era, deducía que su madre ya conocía. Pero mencionó el dolor. La confusión. El cariño y también los celos que sentía. Habló mucho y su garganta se cansó.

Sus lágrimas se secaron en sus mejillas cuando, resignada a no tener respuesta, le preguntó a la mujer en la fotografía qué sintió cuando estuvo en su sitio.

—¿Crees que puedo con esto?— sus ojos volvieron a picar cuando su dedo índice rascó el cristal de la fotografía despacio, como una caricia.

Pensar que su madre le diría que sí, la hizo emitir un sollozo.

Unos pasos sonaron abajo y ella se obligó a tranquilizarse. Era extraño que alguien llegara ahí. Era cierto que era una cripta de una familia muy grande, pero, era consciente que a los muertos pocos los visitaban.

Secó sus mejillas y se preparó para sonreír a cualquiera de sus parientes. Cuando la persona llegó al final de las escaleras, ella volteó. Su cuerpo se paralizó cuando en lugar de unos ojos similares a los suyos, se encontró con unos negros y profundos que ya la miraban.

—¿Qué… qué haces aquí?— su garganta dolió al hacer audible su voz cansada.

Sasuke avanzó varios pasos más hasta llegar a ella y dejó sobre el pequeño florero de cristal pegado a la tumba, una única rosa roja. Hinata sonrió al intuir que la había robado de los rosales que rodeaban el mausoleo.

El pelinegro observó la fotografía y el nombre de la madre de Hinata y se dio cuenta, por la sonrisa amable que la mujer tenía dibujada, que era de ella de quien Hinata había heredado esas características que la hacían diferente a todos los que conocía.

Los ojos negros fueron ahora a ella. Hinata se estremeció ligeramente y quiso sonreírle, pero su intento fracasó; sus mejillas surcadas por el rastro de sus lágrimas estaban tensas.

—Joder— soltó él y la jaló de un hombro para luego abrazarla.

Hinata tembló bajo su protección y aunque moría por llorar, no se lo permitió. Dejó que los restos de sus lágrimas detenidas en sus pestañas, se secaran en la camisa azul del chico.

—¿Qué haces aquí?— volvió a preguntarle, ahora en un murmullo.

—Me tenías preocupado— confesó él.

Hinata se soltó de su agarre al considerarlo una falta de respeto. Se giró a su madre y tras una reverencia, le pidió al moreno salir de ahí.

La peliazul cerró y colocó la llave justo donde la había encontrado, todo esto en completo silencio y ante la atenta mirada del Uchiha.

—¿Te pasa algo?— preguntó él, deteniéndola al notar que se dirigía a su coche.

Hinata no volteó a verlo pero apretó los puños.

—Creo que tomé mi decisión— soltó y sintió que una opresión en el pecho no la dejaba decir, lo que no quería decir.

Él la notó tensa.

—No tomes decisiones precipitadas— dijo viéndola de arriba abajo, y otra vez buscando su rostro.

Los ojos de Hinata volvieron a picar y ella tuvo que tensar su mandíbula para controlarse, cuando lo volteó a ver.

—Sasuke…

—No voy a dejarte sola. Pase lo que pase, voy a estar ahí— dijo interrumpiéndola.

Los labios femeninos temblaron y sus ojos se llenaron de lágrimas. Negó. Él no tenía que decir eso… sólo lo hacía más difícil para ella que no quería terminar con él.

—Yo…

—Acabo de ofender enormemente a uno de los clientes importantes de Itachi, por venir a verte. Lo dije en serio, Hinata.

No pensaba dejarla sola. Desde el sábado por la noche que no podía localizarla comenzó a preocuparse. Llamó a su departamento y a su móvil y no hubo respuesta. El maldito número de su edificio no aparecía en los directorios. Había llegado al punto de hablarle a Naruto con alguna tonta excusa y el imbécil rubio habló casi por una hora de asuntos sin relevancia, cuando se dio cuenta de que si algo le hubiese pasado a Hinata y Naruto lo supiese, ya se lo hubiese dicho, lo dejó. Pedirle a Suigetsu que la buscara en su departamento le había parecido excesivo esa noche, pero cuando para la mañana Hinata siguió sin responder, se lo pidió.

Había sido ese peliblanco el que lo mantuvo informado de cada uno de los pasos que Hinata había dado desde que salió de su departamento a las once con quince minutos. Por eso había llegado hasta ahí, buscándola, viajando por más de ocho horas.

Las largas piernas de la joven temblaron antes de dar el paso que necesitaba para abrazarse a él. Sasuke envolvió su cuerpo y la dejó llorar. Hinata apretó sus uñas pintadas de perla en la camisa del moreno y dejó correr largas lágrimas calientes. Todo parecía estar mal. No tenía otro camino que elegir a su familia… no podía dejar eso sobre su hermana, era su obligación, no de Hanabi; y aun así, no quería hacerlo.

Ella hipeó y su mirada se distorsionó cuando abrió sus ojos llenos de lágrimas, estando todavía entre los brazos masculinos. Sasuke metió sus dedos entre su azulino cabello y masajeó su cabeza sin decir nada, también pensando en qué hacer para ayudarla. Poquito a poquito, Hinata dejó de llorar. Cuando sus piernas temblaron de estar únicamente de pie, se apartó un poco y lo miró.

—Vamos a casa— habló él, adivinando lo que ella quería.

Hinata asintió y le dio la mano.

Sasuke la guio hasta su coche y luego de pedirle las llaves, la hizo sentarse en el asiento del copiloto. Luego de entrar y poner en marcha el coche, Hinata lo vio sacar sus propias llaves. No hubo necesidad de preguntarle para qué, cuando notó el coche de Suigetsu estacionado metros adelante. El chico peliblanco que iba acompañado de Karin salió del auto.

—¿Qué hay? ¿Todo bien?— preguntó con un toque de preocupación al ver a Hinata con señales de haber llorado.

El Uchiha asintió.

—¿Te llevarías mi auto?

—Ya sabes— respondió con simpleza el otro y estiró su mano para recibir las llaves.

Con un asentimiento entre ambos amigos, Suigetsu se dirigió a Karin que enseguida se pasó al otro asiento y encendió el coche, el peliblanco se dirigiría al del Uchiha.

Sasuke vio de reojo a Hinata mientras conducía, ¿solía ponerse así de sensible cada que visitaba a su madre o sería por esta situación en particular? La vio morderse uno de sus labios al ir viendo por la ventanilla, estando completamente recargada en el asiento.

Estiró su mano y tocó su boca.

—Te lastimarás de seguir así— dijo al verle el labio ligeramente rojo y recordó que eso poco le había importado cuando era él quien la mordía.

Ella asintió y quiso sonreír.

—Dijiste que… ofendiste a uno de los clientes de tu hermano. ¿Por qué?— preguntó ella viéndolo curiosa, sin soportar más silencio entre ambos.

—El tipo insistió en una reunión… social— comentó y añadió esa última palabra con el desagrado que le causaba —. Según Shion, aquello era innegable— agregó al volver su vista al frente, pero no le pasó desapercibido el ligero cambio en el semblante femenino.

—¿Y entonces?

—Ella deberá encargarse.

—Ya veo.

—Te resulta desagradable, ¿no es así?— se obligó a preguntar, ante lo seca de su última expresión.

—No— mintió.

Él sonrió. Hinata estaba celosa y creía saber por qué.

—No le dije que eras mi novia porque en teoría no lo eres— dijo y ella frunció el ceño, casi ofendida. Ella ya había dicho que él era su novio y no lo vio ofendido por eso —. Pero además, porque no la quiero metida en mis asuntos— agregó antes de que ella pudiera replicar nada —. Tuve que invitarla a pasar, porque como dijo, trabajaremos juntos. Necesito este trabajo, Hinata, por ahora será mi único ingreso. Shion no es como Sakura o Karin, o cualquier otra chica a la que pueda mandar al demonio— explicó —. Es una relación meramente profesional.

Hinata no pudo evitar recordar el comentario soltado por Kiba, pero se lo guardó para sí.

—Tampoco quise meterte en un problema al develarle nuestra relación y darte tu lugar como mi mujer, siendo ella una persona que se mueve en el mismo ambiente que tu familia y la mía— Hinata volteó a verlo sin creer todo lo que él había considerado en solo segundos, cuando esa chica apareció —. No quiero darte más problemas que, además, no necesitas.

Ella asintió.

—Ya me encargaré de marcar límites— dijo, si es que no lo había hecho ya —, y también le pediré a Itachi que le asigne un auto de la constructora para que se mueva. No tiene uno, por eso llegó a la facultad. Yo no la llevé ahí conmigo— le dejó claro, sin querer que hubiese ningún malentendido entre ambos.

—¿No lo hiciste?

—¿Lo creíste?

Ella se encogió de hombros.

—Tal vez.

Él sonrió. Entonces Hinata había estado enojada con él, celosa, por eso no le estaba respondiendo sus llamadas.

Minutos después, el auto de Hinata terminó estacionado en el edificio donde Sasuke vivía.

—¿Quieres comer algo?— preguntó él, al apenas llegar. Eran más de las cuatro.

—¿Helado?— pidió viéndolo con un poco de pena.

—¿Helado?

Ella se encogió de hombros.

—Bien, creo que hay algo por ahí— respondió no tan convencido y se dirigió a la nevera.

Una copa con helado de chocolate y pedacitos de cereza, pronto estuvo entre las manos de Hinata. El bote completo quedó sobre la mesa ratona. Algo le decía al moreno que ella querría más.

—¿Sabes?— Hinata habló luego de llevarse varias cucharadas de helado a la boca. Gato llegó pronto con ellos y la peliazul lo acarició, dejándolo sentado en el sofá, a un costado de ella — Hablé con Hanabi.

—¿Y qué te dijo?

Los ojos violáceos amenazaron otra vez con mojarse.

—Que te eligiera— fue completamente sincera al voltearlo a ver. Se mordió el labio inferior sin permitirse llorar.

—Hinata…— él se acercó, al también estar sentado sobre el sofá. Volvió a quitar su labio de entre sus dientes.

—No puedo hacerlo, Sasuke— las uñas de la joven, ligeramente crecidas y cuidadas, golpearon el cristal de la copa, inquieta —. Es mi hermana… yo no la…

—Hey…— él la interrumpió y pasó su dedo desde debajo de su lagrimal, hasta el otro extremo del ojo, impidiéndole derramar una lágrima — puedo encontrar otra solución— dijo pensando en lo único que podría ayudarlo. Aunque odiaba pensar en ello siquiera.

Hinata negó cuando la mano de Sasuke se hundió en su cabello y la atrajo a su rostro para besarla.

Ella tembló. La cercanía de Sasuke hacía cambiar el ambiente completo. Jadeó cuando sus labios rosaron los suyos.

—Ni siquiera sé si quiero— respondió a su último comentario y él abrió los ojos con sorpresa un segundo, luego sonrió.

—Sí quieres, Hinata. Sí quieres— aseguró y la besó.

Toda ella se estremeció ante la fuerza de ese beso. El deseo que emanó de Sasuke quemó por su boca y calentó todo su cuerpo. Su garganta antes seca por llorar, ahora vibraba por los gemidos que él le arrancaba sólo por tener su cuerpo pegado al de ella. Lo había extrañado. Él también a ella.

Hinata quiso dejar su copa sobre la mesa ratona, pero esta resbaló y cayó de costado sobre ésta.

—Déjalo— ordenó él cuando la vio querer levantarla.

—Pero…— dijo viendo como Gato subió a la mesita y comenzó a lamer.

Sasuke se puso y la puso de pie. Volvió a besarla y apretarla contra su cuerpo. Hinata gimió y su cuerpo entero reaccionó al de él. Cuando los besos se hicieron lentos por la falta de aire y aun así se negaron a alejarse mucho, ella suspiró. Sasuke comprendió que Hinata estaba deprimida.

La cargó en sus brazos al mero estilo nupcial y a ella se le escapó media risa. Era la primera vez que él la cargaba así y viniendo ese gesto de alguien como él, resultaba divertido como fascinante.

Cuando la puso de pie a un costado de la cama y la vio con seriedad a los ojos, algo tembló dentro de ella y sus ganas de llorar volvieron.

—¿Quieres dejar de verme así?— pidió y le acarició el rostro.

—No es justo que sólo tú la pases mal— reconoció en voz baja y ella sonrió. Sasuke se sentó en la cama y la vio hacia arriba al quedarse ella de pie.

—Bueno, mi familia es más complicada que la tuya— le recordó y no dejó de acariciar su rostro. Una forma de agradecer que haya ido a buscarla. Se mordió su labio inferior y eso atrajo la atención de la mirada negra. Hinata deseó ser tocada y besada por él. Separó sus labios buscando decir algo más, pero él la tomó de la nuca y reclamó sus besos.

Ella, de pie, tuvo que apoyar una de sus rodillas en el colchón, a un costado de las caderas masculinas, para no perder el equilibrio. Su cuerpo quedó pegado a él. Su respiración casi agitada subía y bajaba sus senos, apretados al pecho del Uchiha; la mano libre del chico enseguida buscó acariciar uno de ellos.

Sus labios se separaron y sus ojos volvieron a encontrarse, cuando Hinata levantó sus párpados despacio. Una nostalgia extraña volvió a invadirlos.

—Te eché de menos— confesó ella y le sonrió. Dejó un pequeño besos en sus labios y volvió a separarse de su boca. Siguió con sus manos tocando su cuello.

—Y yo— también fue sincero, y aunque su cuerpo ya había reaccionado a su calor y cercanía, estaba preocupado por ella. Hinata se estaba deprimiendo y mucho de ello era su culpa.

—Deja de verme así— pidió por segunda vez, esta vez, un sonrojo adornó sus mejillas.

—Hinata…

—Shh— la voz ronca del Uchiha fue interrumpida cuando ella puso un dedo sobre sus labios. Su sonrojo aumentó —. Te eché de menos… de todas las maneras— añadió y llevó despacio su mano derecha a la delicada pieza metálica del cierre de su vestido. Lo tomó y deslizó poco a poco, dejando ante la mirada incrédula y excitada de Sasuke, sus redondos senos. Su cierre siguió cediendo hasta que ella detuvo su mano a la altura de su vientre plano.

Los ojos negros fueron de los senos al ombligo y más abajo.

—Joder, Hinata— murmuró al meter sus manos entre ese vestido abierto y aferrarse a su cintura. Jaló de ella y la montó sobre sus piernas. Ambos sexos se rosaron y ella lo vio con rastros de pudor, el mismo que comenzaba a controlar. Vibró y su piel se erizó cuando él hizo a un lado su largo cabello y comenzó a besarle el cuello. Gimió en su oído y eso tuvo repercusiones en aquella parte entre las piernas masculinas.

Las manos de Sasuke subieron, rozando sus senos y deslizaron los hombros del vestido. Lo sacó de sus brazos y éste quedó arrugado en la cadera femenina. Él se deslizó hacia atrás, para tener mayor libertad de movimiento y la arrastró con él, dejándola montada. Se apartó para verla. Ella batalló para no taparse cuando él deslizó una copa de su sostén, dejando a la vista uno de sus pezones. Los ojos violáceos no dejaron de verlo, encima de ese sonrojo.

El miembro masculino dio otro tirón, alargándose más. Hinata era la representación del pecado mismo, aquello que no se debía tocar. Sus rasgos finos y la inocencia que emanaban contrastaban con su cuerpo que incitaba a la lujuria.

Ansió fundirse en ella, ponerla en cuatro y llenarla completa. Quería escucharla gemir. Gritar. Extasiarla completa y hacerla temblar al llegar.

Su mano derecha fue a la espalda de la chica y, mezclándose entre su pelo, soltó su sostén. Los dos redondos senos bajaron ligeramente y pronto la tela de encaje y algodón cedió. Él, conteniéndose y con calma, arrastró esa mano que desnudó sus senos, ahora a tocarlos. Ella contuvo el aliento en el proceso. Cuando él tocó su pezón izquierdo, ella gimió y su piel se erizó, luego, haciendo lo que quería, llevó su mano a la de él y lo hizo acariciarlo con mayor confianza, ofreciéndole su cuerpo.

—Eres hermosa— susurró al acercarse a sus labios. Hinata se mordió el inferior esperándolo y finalmente los separó para ir a su encuentro.

Cuando ambos pechos se juntaron, fue ella la que metió las manos en medio para comenzar a desnudarlo.

Las grandes manos masculinas bajaron por su espalda y llegaron a su trasero. Subieron y sacaron el vestido; volvieron a bajar, bajaron con tanta delicadeza que Hinata gimió, se sintió sexy por primera vez. Sus pezones se endurecieron y él dejó sus labios para comer su cuello. Sasuke ocupó mucho tiempo en tocarla, acariciar su cuerpo, lo delicado de su piel. Ambos estaban mojados.

A pesar de haber sonreído y comenzar a desnudarse para él, incluso a pesar de los gemidos y como su cuerpo se estremecía por él, en las mejillas de Hinata aún se sentía el sabor de sus lágrimas… por eso la tocaba. Por eso la ternura.

Y Hinata lo sintió, notó esa forma y casi lo sintió acariciarle el alma. Tragó ligeramente y cerró los ojos mientras dejaba a sus caderas mecerse sobre él, sintiendo la longitud y dureza de su miembro bajo su ropa.

Él llevó una de sus manos a bajar el cierre de su pantalón cuando no pudo mantenerse más así. Hinata le besó los labios y se elevó para permitirle liberarse, saber que lo sentiría pronto le erizó la piel.

Sasuke bajó sus manos y acarició sus nalgas, despacio, suavemente mientras la besaba, haciendo esperar a su miembro que palpitó por ella, para sentirla. Cuando el aliento se les acabó, no la dejó moverse y llevó su boca a mamar de sus senos, lamió y chupó cada uno despacio, casi con devoción. Ella apenas podía no temblar… Sasuke la tocaba con compasión.

Cuando él mordió uno de sus húmedos pezones y jadeó sobre él, fue Hinata la que, siguiendo el ejemplo que más de una vez él le había dado, hizo a un lado la fina tela de sus bragas y se rozó sobre su miembro duro. Él también gimió. Hinata estaba todavía más sonrojada, pero ahora no por pudor.

Él la tomó de ambos costados de su cadera una vez que se acomodó en su entrada, después de hacerla abrazarlo del cuello y la fue guiando despacio. La hizo penetrarse a sí misma. Ella enredó una de sus manos en el negro y rebelde cabello. Gimió en su oído.

—Sasuke…

Él no la dejó detenerse hasta no estar completamente en ella. Hinata perdió todo el aliento al tenerlo dentro, segundos después, él comenzó a moverla, despacio, suave, dulce, tiernamente y ella lo vio a los ojos. Él le sonrió y le besó los labios. La peliazul apretó fuerte sus ojos al corresponderle, su pecho, internamente, estaba caliente. El Uchiha mantuvo sus fuertes manos en sus caderas y glúteos y siguió moviéndola, dándole y dándose placer.

Cuando él comenzó a jadear y a acariciarle la espalda, Hinata disfrutó aún más.

«No voy a dejarte sola. Pase lo que pase, voy a estar ahí.»

Recordar aquello le trajo un cosquilleo en su estómago y la presión en su pecho creció. Sasuke tomó su rostro y la hizo voltear para besarla. Cuando la lengua masculina entró en ella, Hinata cayó en cuenta que era ella la que ya llevaba el ritmo de sus caderas y estaba haciéndole el amor a Sasuke. El amor.

Sasuke volvió a besarle el cuello, rebasado por sus sensaciones, seguro dejaría alguna marca. La penetraba despacio y le acariciaba la espalda. Le mordió suavemente el cuello y Hinata vibró. El corazón de la chica se apretó y luego se derritió en algo tan tibio que la inundó por dentro. Sasuke siguió moviéndola sobre él y Hinata, jadeando y ligeramente sudada, llevó sus ojos a los de él. Cuando los ojos negros que miraban su unión, subieron a ella, también subió su mano, enredando sus gruesos dedos entre el largo cabello azulino.

—Te amo— susurró casi sin voz sobre sus labios.

Ella perdió el aliento y se dejó besar por él. La mano entre su cabello la afirmaba para no dejarla apartarse y seguirla besando y, la otra, la apretaba firmemente de la cadera, ayudándola con sus movimientos mientras hacían el amor.

Hinata jadeó cuando sus labios se separaron, pero enseguida volvieron a besarse. Sasuke acarició su boca con su lengua y a esa sensación caliente que le inundaba el pecho a Hinata, se le sumó una electricidad que la recorrió completa y le hizo aguar sus ojos.

Sasuke… ese chico que había sido tan cruel con ella, que era tan frío, distante con todos y a veces violento, la tocaba, la besaba, la acariciaba y estaba haciéndole el amor de una forma tan tierna.

En su garganta nació un nudo.

Cuando sus ojos volvieron a abrirse para verlo, luego de que el aliento se les acabara y separaran sus labios, Hinata descubrió que lo amaba. Sasuke ya era como su droga y ella estaba completamente enamorada de él.

Mordió su labio y lo vio, desconociéndolo; sin entender cómo había llegado hasta ahí.

—¿Te pasa algo?— soltó él con voz ronca y baja, al percatarse del cambio en su interior.

Ella negó despacio y se abrazó a su cuello, pegando completamente sus pechos desnudos y sudados. No podía verlo.

Para cuando Sasuke la hizo acostarse en la cama y se colocó sobre ella para ahora ser él, el que la tomara, Hinata no podía creer lo que acababa de aceptar.

Él dejó caer el peso de cuerpo sobre ella y volvió a penetrarla, enterrándose hasta lo más profundo de su ser. Ella gimió sin poder evitarlo. Sasuke comenzó a bombear contra ella y el sonido acuoso de su unión se hizo mucho más audible. Hinata tuvo que aferrarse a las mantas bajo su cuerpo y arquear su espalda, soportando y disfrutando ser poseída por él.

«Esto va a terminar mal» casi se aseguró.

Estaba asustada por eso, aun así abrió sus brazos para él, le acarició el rostro y se fundió en sus besos; Sasuke no dejó de penetrarla y cuando la sintió apretarlo, indicándole el principio de un orgasmo, sus embistes se volvieron violentos. Los gemidos de Hinata también aumentaron de volumen y el dolor se volvió placer. Para ambos, porque ella estaba arañando su espalda al ser presa de su orgasmo. Sasuke la alcanzó enseguida, gruñendo su nombre.

La frente sudada del agitado pelinegro se pegó a la de ella, que también había sido perlada por el sudor. Aun jadeante, le besó la punta de la nariz. Hinata sonrió y cerró sus ojos. Él salió de ella despacio y completamente húmedo.

—¿Te sientes bien?— le preguntó al colocarse a su lado y hacerla voltear para abrazarla por la espalda — Por un momento te sentí extraña.

—Estoy bien, debió ser idea tuya— mintió y le acarició la mano con la que él le tocaba el ombligo. Le sonrió —. Iré a asearme un poco— dijo y se zafó de su agarre. En su pecho todavía se sentía una opresión y quería digerir sus nuevos sentimientos.

Sasuke la hizo voltearse, sin creerle del todo. Ella le sonrió al saber que no le creía y aquello le había traído un calor bonito al pecho. Ternura. Le acarició el rostro y le besó los labios en un sutil contacto.

—Ahora vuelvo— dijo al segundo después.

Hinata se encerró en el baño y Sasuke apretó el puente de su nariz. Estaba agotado mentalmente, aparte de eso, tenía un casi problema con su hermano, había dormido poco las últimas dos noches y todavía debía volver y seguir pendiente del buen arranque de la obra. Hinata se demoró más tiempo en el sanitario y eso le preocupó.

Luego de asearse un poco Hinata se paró frente al lavamanos, sujetó la superficie de granito y se observó al espejo. Tenía una pequeña marca de los besos de Sasuke en su cuello. La tocó. Volvió a revivir las sensaciones que la hicieron vibrar apenas minutos atrás. En su vientre se sentía el vacío que él dejó en su cuerpo y el pequeño dolor que siempre le provocaba. Sus pezones se endurecieron, incluso más que al pisar el suelo frío.

Amaba a Sasuke.

Lo amaba. De verdad.

Estaba en el peor problema de su vida y su mundo estaba a punto de ponerse de cabeza. Sasuke no debía enterarse, porque si lo hacía, todo iba a estar peor.

Sus ojos quisieron mojarse. ¿Por qué su padre tuvo que darle un plazo justo el día que descubriría tal sentimiento? ¿Por qué no la dejó ser egoísta un poco más y disfrutarlo aunque no se lo pudiese decir?

Tenía que salir de ahí, pronto.

Sasuke era peligroso, muy, muy peligroso y ya la tenía en sus manos. Si se lo permitía, robaría su alma y ella lo seguiría al infierno si él se lo pedía. No podía darse ese lujo. Su garganta quemó.

Dos golpes secos sonaron en la puerta de madera.

—¿Todo bien?

Ella se aclaró rápido la garganta.

—Sí, sólo me estoy vistiendo— dijo, recogiendo del suelo su ropa que había tenido a bien meter con ella.

La puerta se abrió y Sasuke la encontró colocándose su sostén.

—¿Y para qué te vistes si vamos a volver a la cama?

Ella sonrió.

—Ya tengo un compromiso— mintió al ahora colocarse su vestido.

—Cancélalo, yo cancelé también uno importante— dijo él y la apresó contra el lavamanos justo cuando se subía el cierre del vestido.

Hinata desvió su rostro cuando él quiso besarla, pero Sasuke la sujetó de la barbilla y consiguió hacerlo al final. Ella, con los ojos cerrados, cedió al separar sus labios y sintió como las mariposas en su estómago caían para dejar una sensación de ansiedad.

—De verdad debo irme— susurró sobre sus labios y acarició sus abdominales marcadas. Él sólo vestía su pantalón.

—Volveré a salir mañana temprano. No volveré hasta pasados tres días— comentó, queriendo hacerla cambiar de opinión.

Ella le sonrió al salirse de su agarre.

—Entonces nos veremos para los últimos días de clases.

Él dejó escapar el aliento, derrotado.

—Bien.

Ella agradeció internamente que desistiera. Se detuvo en el marco de la puerta y volteó a verlo. Él se apoyaba en el lavamanos y ya no la veía al apretar el puente de su nariz con un par de sus dedos; los músculos de su cuerpo se notaban definidos en su piel sudada. Su rostro estaba inclinado y su cabello caía a sus costados, medianamente largo. Tuvo verdaderas ganas de quedarse y amanecer abrazada de él, esa ansiedad que sentía en el estómago estaba gritándoselo.

—Sasuke…

Él alzó su mirada a ella y la sonrisa triste de Hinata no le gustó.

—Gracias por haber vuelto— dijo, alzó la mano a modo de despedida, se dio media vuelta y se fue.

—Hinata— él la llamó pero ella no quiso escucharlo, pasó ignorando al gato que luego de haberse terminado el helado derramado, había corrido a ella.

Cuando Sasuke apareció en el pasillo, el felino lo veía. Hinata se había ido.

Instantes después él se recostaría sobre su cama que todavía olía a ella, pensando en la mejor forma de ayudarla. No quería perderla. Y Hinata, mientras tanto, apoyaba su cabeza contra el frío metal de las paredes del elevador, y se preguntaba cuánto tiempo le tomaría salir del abismo en el que se había sumergido con Sasuke. Tenía que despedirse de él.

Continuará…


Hola, gente c:

Lamento no haber actualizado el 13, pero al menos les traigo un regalito de navidad adelantado (?

Antes que otra cosa, desearles felices fiestas. Que tengan una feliz Navidad y un excelente fin de año c:

Y bueno, nada, agradecer muchísimo los comentarios que dejan para la historia. Que bueno que les siga gustando y ruego que me tengan paciencia, soy un total caos, pero le echo ganas por no tardar xD

¡Gracias!

Erimibe34 •Hyuga meiko chan •Tieve •Sara Dragonil •Nymfhetamina •Yumaika Higurashi •wolf enzeru •Clau •Nubi M Funez •Kitty lori •Freddy gonza •csabillonp •Mikashimota Z •SaBaKu No MeNny •xinthiia •yanisaku •Marjo Em •BC •Zyan Rose •Himepeti •AhrenLove •hinatacris •Myto •Gab •KASSY HYGA •cHiBiLeBaSi •Karla XM •Bella swan11 •Sasuhinaforever •Alicia •Johan Taisho •lore579c •aty •Tlo20 •dagorfly •Aoi Dandelion •Nora •Ana Paty •Nana •NicaRaa •Ilovesasuhina •esther82 •BC •Kiraromance •ItaSasuHinaNaru •Soo Hyun Yuki •Tsuki •Sasukehinata •Guest •Ynanla.

El siguiente capítulo ya lo tengo adelantado, de hecho recorté este un poco para que el otro no me quedara tan soso xD así que, si nada malo pasa, no tardará tanto. Ya sé que cae mal esperar tanto, ¿verdad, Sasukehinata? xD, pero no es a propósito, lo juro. Hago lo mejor que puedo.

Notas extras:

•No se disculpen por escribir comentarios. No es molestia leerlos, ninguno, por corto o largo que sea. A nosotros no nos pagan por escribir, así que su opinión es lo único que nos queda «3 y se agradece mucho.

•Kitty Lori, hay un enlace a mi Facebook en mi perfil (ve hasta arriba en esta página y localiza mi Nick, dale click y te va a redirigir. Ahí lo encuentras)

•Y por último, decir que oficialmente este es mi fanfic más largo, ha superado ya el medio millón de palabras publicadas ¡Yei! ¡Y vamos por más! No creo que a alguien le importe, pero para mí ha sido toda una victoria haber llegado hasta aquí.

Gracias por leer.

Un beso hasta donde quiera que estén.

Nos leemos el año que viene c:

Besos, Aidé.