LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDADA DE MASASHI KISHIKOTO. LA HISTORIA ES MÍA.

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EN UN DULCE CORAZÓN

Sakura estiró sus piernas y arqueó su espalda, estando sentada en la grama que rodeaba las canchas de tenis del campus. Sus ojos verdes se posaron en sus compañeras que se mantenían dentro del enrejado jugando.

—Apenas puedo creer que tengamos el semestre prácticamente acabado— dijo la pelirrosa a Ino. Ésta alzó su vista viéndola y sonrió burlona, dejando de lado el texto que le enviaba a su madre.

—¿Tengamos? Eso te incluiría, frentona. Tú todavía debes un par de materias.

Sakura rodó los ojos —Por eso dije prácticamente.

Ino rio —¿Cuántas materias debes?

Sakura suspiró y echó su cabeza hacia atrás —Cuatro.

—Joder.

—Lo sé. No estuve muy concentrada. Mis padres van a matarme.

Ino la vio con cierta pena y luego recordó la materia que ella también debía. Suspiró.

—Por cierto, ¿sabes qué le pasa a Hinata?— Sakura cambió de tema viendo a la Hyuuga jugar sin que se hubiese detenido en más de cuarenta minutos.

Ino llevó su mirada a ella. Negó.

—Debe ser que intenta deshacerse del estrés que le provocó esa noticia sobre su futuro compromiso— dedujo viéndola.

—Sí, debe ser difícil. Aunque su primo es realmente atractivo, en eso se puede considerar afortunada.

La rubia guardó silencio pensando en Hinata y que el embrollo mental que debía tener era mayor al que Sakura suponía.

Sakura miró la hora en su reloj de pulso y suspiró.

—¿Qué?— preguntó Ino al verla ponerse de pie.

—Iré a ver a Shizune sensei, con algo de suerte la convenzo para que me dé un trabajo extra y no perder la materia.

—¿Estás loca? Las calificaciones están por entregarse.

—Tú lo has dicho, están por entregarse y yo no me rindo— dijo guiñándole un ojo antes de salir corriendo.

Ino dejó escapar el aliento y luego volvió su atención al móvil. Negó en silencio y comenzó a pulsar la pantalla, devolviendo el mensaje.

—¿Todo bien?— preguntó Hinata cuando a pasos lentos se acercó a ella, tiempo después.

La rubia negó —No, mi mamá quiere que vaya a ayudarle en la florería y desde anoche le dije que saldría con Shikamaru— dijo sin verla.

Hinata dejó su pequeña mochila en el suelo y se sentó a su lado mientras bebía de su botella de agua.

Ino lloriqueó —Mi mamá me odia, ¡lo juro!

—No puede ser tan malo.

—¡Claro que lo es! Llevo toda la semana metida ahí, desde que sabe que mis clases terminan temprano no ha dejado de explotarme.

Hinata rio.

Con un bufido frustrado Ino arrojó su móvil.

—¿Y Sakura?

—Se ha ido. Está persiguiendo a una maestra para que se apiade de ella— explicó la rubia —. Debe cuatro materias.

—¿Tantas?

Ino asintió.

—¿Y tú?

Hinata negó —Ninguna.

—Joder. Sí que eres lista.

—No es que sea tan lista— explicó. Si Ino supiese de las noches en vela y de las veces que tuvo que corroborar información para estar segura de cada fórmula, definición y demás —. También debo confesar que en este año he tenido cierta ayuda.

—¿Ayuda?

Hinata asintió.

—¿Te refieres a Sasuke?— preguntó la Yamanaka, teniendo en cuenta que ambos cursaban la misma carrera —¿Tienen tiempo entre noche y noche?— se burló.

Hinata se ruborizó y por un momento se le detuvo el pulso, juró sentirlo. Cuando ella dijo ayuda se refería más a Neji, aunque siendo sincera también Sasuke la había sacado de más de un problema. Su semblante volvió a ser serio.

—Sólo bromeo— la tranquilizó la rubia —. Tienes suerte, hay mucha gente que puede sacarte de dudas— dijo recordando a Naruto e incluso Shikamaru.

—Sí, eso sí— aceptó la peliazul y volvió a beber agua.

—Por cierto, ¿a qué se debe ese despliegue de energía en las canchas?

—Necesitaba algo de movimiento— mintió sin verla, fijando su vista en las jugadoras tras el enrejado.

Ino no dijo nada pero la notó seria, pensativa. Más retraída, casi distante.

La mirada de Hinata fue atraída hacia una pelota de tenis que habían arrojado desde la cancha en un pésimo saque. Las chicas que jugaban estallaron en risas e Ino rodó los ojos.

—¡Oye, amiga!— gritó una pelirroja desde el interior — Me la pasas por favor.

—Claro, como no tengo otra cosa que hacer— soltó entre dientes Ino al ponerse de pie y fingir una sonrisa.

Hinata se abrazó a sus rodillas y de pronto su vista se desenfocó cuando la rubia caminó varios metros y luego lanzó la bola por encima de la malla. Su corazón golpeaba fuerte en el pecho queriendo regularizar su ritmo y ella suspiró sin más ánimo de tomar agua. Debía hablar con Neji. También con Sasuke. Tragó pesadamente y no se dio cuenta cuando Ino llegó a su lado.

La rubia comenzó a quejarse otra vez de su madre cuando ésta ya no le respondió los mensajes, dejando por zanjado el tema. Ella estaría en la florería quisiera o no.

Y mientras Ino se dejaba caer derrotada sobre la grama, Hinata jugó inconscientemente con sus uñas. Había estado intentando encontrar una diminuta brecha donde pudiese ver que lo que sentía por Sasuke no era amor. Se excusaba en el sexo, también en la pena que sintió por él y en el cariño que le había ganado. Pensó que por estar manteniendo relaciones y la forma en que la tocó ese día en particular pudo confundir las cosas. Pero no.

Lo cierto había sido que ese sentimiento ya estaba ahí y ella había preferido voltear hacia otro lado.

Por eso necesitaba hablar con Neji. Si dejaba claro ante él que sabía ya que se casarían y hablaban de ello, las cosas tomarían otro peso. Sería casi real y entonces no tendría el valor de huir de ello. Porque sabía que debía atarse a esa realidad, de lo contrario, Sasuke la arrastraría con él.

Y aunque le gustaría que lo hiciera, no podía darse ese lujo.

Sintió un pánico crecer y cerrarle el estómago. Entonces parpadeó y volvió a ser consciente de todo alrededor.

—¿Hinata?

—¿Ah?

—¿Qué tienes, eh?— preguntó extrañada Ino, viéndola con el ceño fruncido — Estás muy rara, no estarás enferma, ¿verdad?

Hinata se quedó sin habla y luego de unos segundos tragó pesadamente viendo preocupación en los ojos verdes que le devolvían la mirada.

—Ino…— soltó con voz seca — yo… me enamoré de Sasuke— confesó y sonrió. Necesitaba decirlo en voz alta, decir sus planes y convencerse. Sus ojos se aguaron —. ¿Tienes idea de la locura que es eso?

La rubia se quedó sorprendida por lo repentina de esa confesión, luego sonrió incrédula.

—Joder, Hinata — soltó apenas con aliento y luego negó rápidamente pretendiendo pensar con claridad, teniendo en cuenta todo lo que sabía —. Ese era un riesgo latente. No puedes decir que no lo sabías.

Los ojos violáceos vieron a la rubia. Hinata se mordió un labio y desvió su vista. Ese riesgo nunca lo creyó real, conociendo la forma en que su vida y la del Uchiha se unieron. Pero eso nadie podría saberlo. Se estremeció por dentro.

—¿Y qué vas a hacer con ese compromiso?

—Hace unos días mi hermana se ofreció a tomar mi lugar— dijo y sonrió sin ganas. Sus ojos brillaron —¿Puedes creerlo?

Ino se quedó sin palabras. Ella no tenía hermanos, pero entendía en qué posición estaba colocada su amiga.

—¡Tu padre es un cabrón!— soltó molesta —¿Por qué demonios hace esto? ¿Qué no se da cuenta que ya no vivimos en su época y que cada quien es libre de tomar sus propias decisiones? ¡Joder, eso hasta un delito es! ¡No puede forzarlas!

—No hay forma de probar que lo haga— dijo Hinata, pues alguna vez consideró aquello —. Su presión es moral. Desde niños se nos ha arraigado esa idea, y aunque quisiéramos evidenciarlo, no habrá nadie que levante un dedo contra él. Mi padre conoce a la gente adecuada. Nadie lo hará.

—¿Y que él no las quiere?

La peliazul sonrió con resignación —Imagino que sí, muy a su peculiar forma. Aunque nunca lo haya dicho.

—Pues es un total bastardo. Si no quieres, no lo hagas.

Hinata negó. No era tan sencillo. Guardó silencio unos segundos y finalmente, derrotada, habló:

—Aunque no lo hiciera, Hanabi sería…

—Pues denúncialo. Alguien tiene que escucharlos. Busca ayuda. ¡Es más! ¡El padre de Sasuke! He oído de las diferencias que tienen, seguro estaría encantado de…

Hinata rio con un toque de ironía. Fugaku nunca les ayudaría, lo que más quería era verla lejos de su hijo. Negó en silencio.

—Esperar algo de él, sería demasiado ingenuo. Ese hombre no lo enfrentaría, no por esto— dijo en voz baja, volviendo su atención al juego de tenis.

—¿Y Neji?

La Hyuuga arrugó la nariz. No quería darle más vueltas al asunto. Si ella se libraba, automáticamente condenaba a otros.

—Él podría hacerlo— confesó en un susurro. Demasiado metida en sus pensamientos.

—¿Y?

—Es pedirle que deje su futuro. Esa empresa Neji la merece. Fue injusto que mi padre fuese nombrado heredero sobre su gemelo, el padre de Neji, sólo por ser el primero en nacer, aun por escasos segundos de diferencia— explicó sin despegar su vista de las jugadoras metros lejos de ellas.

—¿Y lo que tu sientes?

A Hinata se le apretó el pecho —Eso nunca debió ser.

—¿Por qué?— Ino frunció el ceño.

La Hyuuga solo sonrió. Porque Sasuke era su mayor dolor… y todavía, a la distancia, se preguntaba si estaba permitido sentirse así por él. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Será mejor dejarlo pasar. El no deberá saberlo— soltó más para ella misma.

—Es tan injusto. Y tan cobarde de tu parte.

—Cobarde sería irme y dejar a mi hermana con mis problemas— casi alzó la voz y ahora sí la vio directo a los ojos.

Ino jadeó frustrada y por la fuerza que vio en los ojos de Hinata, comprendió que para tener esa determinación debía estarlo pasando muy mal. De pronto se la imaginó llorando por las noches. Se imaginó a sí misma en su situación.

—Al menos deberías decírselo.

Hinata negó. Él y ella habían hecho un acuerdo: llegar hasta donde pudiesen llegar. Bien, hasta ahí se podía.

—¿Ganaría algo?— preguntó la Hyuuga mientras despegaba sus ojos de ella. Hablar con Ino no había sido buena idea. Ella decía lo que una parte, pequeñísima en su interior, le gritaba.

"Sí, que te convenciera y te sacara de tu horrible familia" pensó la rubia.

—Tiene derecho a saberlo.

—No. No cambiaría nada, de cualquier forma no voy a defraudar a los míos. Que lo supiera haría las cosas más difíciles de lo que ya lo son. Si lo pensamos fríamente, Sasuke y yo no debimos siquiera de habernos mirado.

—Pero hicieron más que eso— susurró Ino y desvió su vista.

Hinata asintió y la garganta le quemó. No iba a llorar.

—Es tiempo de remediarlo— dijo tomando sus cosas —. E Ino— agregó al ponerse de pie —, quisieras hacerme el favor de mantener esto entre nosotras.

Ino bajó la mirada al suelo —¿Para qué me lo dijiste? Estás atándome las manos ante algo que me parece totalmente injusto.

Hinata sonrió volteando a verla. Cuando la rubia se fijó en ella, se dio cuenta de su tristeza en sus ojos claros.

—Porque tal vez más adelante te necesite— ante la cara de desconcierto, se obligó a continuar —. Me gustaría que estuvieras ahí cuando todo pase. Que me recuerdes este momento.

—En el que dudas— agregó ella, imposibilitada de quedarse callada.

Hinata asintió —Y entonces recordaré por qué lo hago.

—Y te echarás a correr— bromeó Ino, sin verla.

La Hyuuga sonrió, Ino no se callaba ninguno de sus pensamientos.

—Y eso sería lo mejor— añadió Ino, viéndola —. Y ahí estaré, sujetando el vestido de novia para que no te tire en tu huida— dijo y le guiñó un ojo.

Hinata sonrió y desvió su vista.

—Nos vemos después… y gracias por escucharme.

—Descuida— susurró mientras se iba. Ino se quedó con una opresión en el pecho. Hinata era inteligente y confiaba en que no terminaría equivocándose, pero no evitaba pensar en cómo se sentiría cuando eso pasara.

O.O.O.O.O

Ese jueves al mediodía Sasuke estaba en el almuerzo junto con su equipo. Un restaurante del centro fue el que eligieron para escapar del mal sazón que tenían las comidas del hotel donde se hospedaban.

Shion se entretenía comiendo galletitas mientras esperaban los platillos, al tiempo que charlaba con el contador y el topógrafo. Sasuke pretendía prestar atención a la charla que por momentos se alejaba de lo laboral mientras jugaba girando su móvil sobre el mantel a cuadros. Shion celebraba que la comida se acercaba y entonces el móvil de Sasuke vibró. Su estómago dio un vuelco al sujetarlo y ver la pantalla iluminada.

Con molestia vio que era un correo de la constructora y no señales de vida de cierta chica que no salía de sus pensamientos. Su mal humor se acrecentó.

Hinata estaba respondiendo una de cada cinco llamadas que le hacía y los mensajes tenían peor porcentaje de respuesta. La sensación que algo malo pasaba era incluso más fuerte que el fin de semana pasado, cuando salió de ahí buscándola.

Una gota de sudor resbaló de su cuello perdiéndose en su pecho visible tras los dos botones desabrochados. Estaban por entrar en verano y la ciudad donde se encontraban no era tan pequeña, pero sí carecía de algunas cosas. El restaurante, en particular, no tenía aire acondicionado. Ni esa sensación de calor lo irritó tanto cuando confirmó que habían pasado más de dos horas desde que le envío el último texto a Hinata y no tenía respuesta suya.

No quería admitírselo, pero estaba contando las horas que faltaban para el sábado. Ese día regresaría a Tokyo y luego de pasar por la constructora, sería libre al menos una semana con trabajo tras el computador y no de campo. Dejó el móvil en su bolsillo sin leer siquiera el correo y se esforzó por entablar conversación.

O.O.O.O.O

El domingo por la noche Hinata llegó casi en la madrugada a su departamento. Cerró la puerta con pestillo y se apoyó en ella.

Su contestador destellaba un punto de luz roja que iluminaba intermitentemente la pared tras el largo mueble donde descansaba, al estar las luces apagadas. Suspiró con resignación y pesadez al pasar de largo directo a su habitación. No encendió luces.

Se sentía una cobarde. Sasuke había llegado a la ciudad el día anterior y estaba segura que el o los mensajes en su contestador eran de él, por eso no quiso escucharlos; entre semana había evitado hablarle y no le contestaba sus mensajes. Cada señal de vida de ese chico le estrujaba el corazón y le cerraba la garganta. Había estado pasando de él y seguro Sasuke ya lo había notado.

Se desvistió bajo la luz encendida del baño. Era más de media noche y ella había estado visitando a Kurenai. Mirai ya comenzaba a caminar y se sintió mal por solo ir a verla para no estar en su departamento y al alcance del Uchiha; para su suerte y también tristeza aunque no se lo aceptara, Sasuke había estado bien con el texto que le envío diciéndole que estaría todo el día en la mansión, como solía ocurrir cada cierto tiempo.

El agua fría escurrió en su cuerpo tibio y soportó el estremecimiento en silencio. El agua fresca le aclaraba las ideas y en ese momento era lo único que necesitaba. Había sobrevivido ese día y el anterior sin verlo, pero estaba segura que en unas horas, en la universidad, eso terminaría.

Tendría que ver a Sasuke y acabar con eso que tenían. Ella tragó pesadamente al rendirse y hacer correr un poco de agua tibia. ¿Debía decirlo sin más o buscar una excusa estúpida?

Su estómago amenazaba con dar arcadas sólo de pensarlo. No quería. Por eso estaba evitando verlo.

«Santo cielo»

A veces sentía que ella era su peor enemiga.

Hinata no entendía de dónde sacaba fuerza y convicción para mantenerse la promesa que se hacía de dejar a Sasuke. O tal vez sí… su hermana. Decir que, saber que hacía lo correcto la hacía sentir mejor, era mentir. Debía estar loca o algo así, pero aquel chico se le había metido en la sangre, lo pensaba al amanecer y era lo último en su mente antes de dormir. Sasuke era un despliegue de contrastes en su vida, era uno de sus dolores más grandes y también esa persona que se había metido en su corazón, recordarlo le dibujaba sonrisas en clases aburridas, estar con él la hacía sentir en su lugar, la tranquilizaba, le provocaba un cosquilleo en el estómago que la inquietaba al pensarlo o saberlo cerca. También la hacía sentir torpe, enrojecer y tartamudear hasta decir basta, cada vez que se acercaba a ella y veía en sus ojos que quería tumbarla en la cama, el sofá… o hasta en la alfombra.

Sasuke también la hacía fuerte, aunque ahora, al menos deseaba poder serlo. Aunque sea un poco.

Salió desnuda de la regadera, cerrando tras ella el cancel. Se quedó un rato quieta mientras gotas de agua escurrían por su pelo pegado a su espalda. Que pasara lo que tenía que pasar.

Se envolvió en una toalla y salió a su habitación. Secó su pelo y le ganó a esa tentación de asomarse a la ventana y buscar un rastro de Sasuke.

O.O.O.O.O

Unas risas quedas y torpes se escucharon salir a través de la puerta cerrada de la habitación.

Sasuke se encontraba sentado en el sofá de dos plazas mientras que en una pantalla plasma de un decente tamaño, colocada a un par de metros frente a él, se transmitían los últimos minutos del Sunday Night Football. Suigetsu podría tener dificultades para tener comida decente, pero a su proveedor de cable le pagaba una millonada por infinidad de canales.

Una botella de bourbon que estuvo balanceándose entre caer y no de la mesita ratona, terminó por hacerlo. El Uchiha no le prestó atención. Con sus rodillas dobladas y una bota estilo militar sobre la alfombra y la otra sobre la mesita, Sasuke agitó en su mano el vaso de plástico que Suigetsu le dio para beber su whisky. El líquido oscuro no era visible en el plástico rojo y ni el olor embriagante o la quemazón en su garganta le importaban demasiado. Casi recostado en el sofá jugó con un par de dardos que tenía en la otra mano. Lanzó uno atinándolo en el círculo acorchado colocado casi sobre el televisor. Estuvo a milímetros de atinar al blanco.

Suigetsu salió haciendo tronar su cuello y cerró la puerta de su habitación, donde había permanecido más de veinte minutos con Karin que ahora dormía.

—Joder, creí que te habías ido. Lo siento, es que ella se pone…— dijo y se detuvo cuando los ojos negros e inexpresivos se deslizaron a él —. Como sea, ¿quieres algo más que beber?— peguntó viendo que la botella en el suelo estaba vacía.

Sasuke negó en silencio.

Suigetsu, vistiendo solo un pijama ligero fue a la nevera y dio un largo trago a una botella jugo. Cuando Sasuke llegó solo y con aspecto realmente jodido no creyó que se quedara mucho tiempo con él y Karin. La pelirroja se había ido por algo de comida y él aprovechó para sacarle eso que seguro quería decirle pero no terminaba por mencionar. Cuando la chica llegó los encontró con una botella de licor abierta, Sasuke sentado en un sofá y Suigetsu en el respaldo de otro, la charla se centraba en la actitud de cierta peliazul y para su sorpresa, ésta no había cambiado con la llegada de Karin.

«Creo que le estás dando demasiada importancia. Ni que fuera la única. A ti te sobra donde meterla» había soltado Karin antes de beber un largo trago de cerveza.

Sasuke sólo había negado en silencio antes de servirse otro trago.

Ni la mirada de Suigetsu que le pedía prudencia a la joven, lograron sacarla de su postura. En el fondo, todavía tenía un poco de celos, los mismos que su espíritu competitivo no le dejaba morir.

Karin había comido poco y tomado de más, por eso antes de acabar el football que todos veían, la chica se embriagó. Suigetsu la sacó de la sala y la llevó a la alcoba donde ella aprovechó para meterle mano, él, no se había hecho mucho del rogar y ahora ahí estaba, con un pensativo Sasuke.

—Y dices que te dijo que estaría con su familia— recordó Suigetsu mientras le lanzaba una lata de cerveza que Sasuke tardó en abrir. Vio la hora en el reloj digital en la esquina de la pantalla del televisor. Ya era más de media noche —. ¿Y no la has buscado por…?— preguntó, ella ya tendría que haber vuelto y él debía de saberlo.

Cuando Suigetsu se paró delante de él, presionando para que le respondiera, un dardo pasó a milímetros de su piel, pasando de largo entre su cabello. Esta vez Sasuke dio en el blanco.

—No quiere verme— respondió poniéndose de pie.

Suigetsu tragó pesadamente recuperándose del mini infarto que tuvo producto del dardo casi en su cara. Lo vio hacia arriba, Sasuke le sacaba varios centímetros.

—¿Y cómo lo sabes?

—La conozco— soltó ronco, molesto.

—¿Y qué harás?

—Por el momento, dejarla tranquila— dijo al avanzar para la puerta.

—Espera, hombre— lo detuvo Suigetsu —, quédate. Estás ebrio.

Sasuke gruñó frustrado. No iba a verse más patético de lo que seguro ya lo hacía al quedarse ahí.

—¡Oye!— Suigetsu salió con él cuando el Uchiha atravesó la puerta— Tu chica… ¿qué crees que le pase?

Sasuke se recargó en la pared amarillenta del largo pasillo apenas iluminado, siendo visto en todo momento por su mejor amigo. Tragó pesadamente y cerró los ojos. La estaban jodiendo. Todos. Él incluido.

Se preguntó hasta qué punto era injusto con Hinata y eso quiso mitigar la furia que sentía, pero al instante volvía a fluir a borbotones.

Se le retorcía el estómago y se asfixiaba en un calor ardiente al saber la respuesta. Era muy injusto con ella. Pero que lo arrastraran al infierno y le corroyeran milímetro a milímetro la piel si lo hacía intencionalmente. Hinata no quería casarse, joder. Tal vez tampoco lo amaba a él, tal vez la había presionado y se había metido a su vida con una fuerza violenta, pero… pero ahora ella quería estar con él.

Tragó pesadamente.

—Es tan estúpida— soltó con su voz ronca y no pudo evitar dejar ir un tono malhumorado.

—¿Qué?—Suigetsu no entendió. Quiso ir tras él pero no traía ni calzoncillos bajo su pijama — ¡Oye! ¿Estúpida por no querer verte o por qué? ¡Sasuke! ¡Joder!

El chico lo maldijo mientras regresaba a su departamento. Sasuke lo había dejado con la duda, la última vez que vio a esa chica la vio bien. Ella y Sasuke se veían bien, tranquilos… algo así como una pareja. Ella ya era más que algo donde meterla, como Karin había insinuado y en ello ya llevaba un gran mérito. Y Sasuke… nunca lo había visto tan jodido. Estaba furioso, lo sabía. Que lo soportara sólo provocaría que el estallido fuese peor.

—Mierda.

La pequeña avenida donde estaba situado el edificio departamental donde Suigetsu vivía, era de las zonas conflictivas de la ciudad, y ni eso hizo que Sasuke arrancara de inmediato. Se recostó sobre el asiento de piel de su coche y su vista se fijó al frente. Alguna persona caminaba de prisa por la acera contraria y parecía cuidarse la espalda, a lo lejos la policía patrullaba la zona y un par de coches más pasaron, cegándolo momentáneamente con sus luces. Giró las llaves en su dedo medio en un acto automático.

¿Iba a dejarlo?

Negó en silencio. ¿Qué más podría ser? Hinata no solía ser tan cortante. Que se fuera aquella tarde en lugar de quedarse con él y volver a hacer el amor, lo dejó con esa sensación. Y esa misma sensación iba creciendo con sus largos silencios y sus respuestas escasas durante la semana que había acabado.

No sabía qué lo jodía más, si saberlo o que ella no lo dijera. Definitivamente, las dos.

Y es que no entendía. Lo ponía furioso la actitud de Hinata. Ella era tan estúpidamente noble que siempre estaba dispuesta a sacrificarse para tener contentos a otros. Era, era como si ella buscara compensarlos por algo que no entendía y, que en definitiva, no tenía culpa. Como si todo lo que estuviera mal lo tomara como propio y debiese solucionarlo. Lo jodía. Y era hipócrita porque gracias a actos como esos, él la tuvo cerca… si Hinata no fuese así, jamás habría podido permanecer a su lado.

Bien, pues si ella estaba tan segura, jugaría su juego; ya vería si tenía el coraje de decírselo en la cara, para entonces demostrarle cuán equivocada estaba.

Arrancó el coche derrapando y otra vez en su fuero interno fue consciente de la magnitud de su egoísmo.

O.O.O.O.O

El lunes por la mañana Hinata había dejado su coche en el estacionamiento del campus, en su recorrido rumbo a su facultad, había reconocido el auto de Sasuke entre los muchos que ahí se encontraban. El estómago se le contrajo y se obligó a tranquilizarse.

Saberlo cerca era su debilidad. Casi su muerte.

Sabía lo que tenía qué hacer pero eso no significaba que doliera menos. Y claro, tampoco lograba mantener la fuerza cuando la parte traidora de su ser le pedía un poco más, quedarse con él, sólo un poco más.

Tres años. Faltaban tres años para que ella se casara.

Saber que lo amaba y estar un día con él, siendo consciente que debía dejarlo, le infundía una agonía que no la dejaba disfrutar absolutamente nada. Era tortura. Era insano.

«Pero tentador» le dijo esa vocecita que creía que sufrir valía la pena. Un poco más. Con él. Con sus manos en su piel. Sintiendo esa sensación de que estaba viva, completa, esas motitas de felicidad que le pintaban otro panorama.

La garganta casi se le cierra al entrar al edificio de su facultad. Si fuese más estúpida seguro la galardonaban, pensó.

Inhaló profundamente porque sólo así creía que podía respirar.

¿Por qué iba a armarse de valor y defender a capa y espada algo que no quería y que, en definitiva, no la haría feliz? Aunque sonase egoísta.

«Dios» pensó con pavor. Esos pensamientos no eran propios de ella… eran más de Sasuke. Es hombre se había metido en su piel.

• • •

Eran las dos.

Hinata había salido de su última clase y seguía con esa sensación de desazón. Durante el almuerzo estuvo con Ino y Sakura, los chicos, salvo Shikamaru, no habían aparecido. Eso le permitió respirar tranquila aunque no le pasó desapercibido el hecho que Sasuke no había llamado ni tampoco se había cruzado con él durante el cambio de clases.

Su móvil vibró y no supo si sintió alivio cuando vio que era Matsuri. La última clase juntas la habían tenido antes del almuerzo y habían quedado de comer con un trío de chicas más, y en ese momento se lo estaba recordando. La Hyuuga cerró los ojos y exhaló sintiéndose mal.

"Lo siento, Matsuri. Lo olvidé. Naruto nos ha invitado al juego de despedida. Ellos ya no regresarán el semestre que viene."

Esperó la respuesta de pie a varios metros de abandonar la facultad. Hinata sintió alivio cuando la chica de Suna respondió restándole importancia, comprendiendo que sus amigos eran importantes al ser prácticamente egresados.

La peliazul terminó de enviar otro mensaje donde agradecía la comprensión y prometía ir con ellas en otra ocasión, mientras salía al exterior.

—Hey, Hina— Ino la vio y detuvo sus pasos. Alzó su mano para saludarla y la agitó al aire —. ¿Irás al gimnasio?

Hinata sonrió al tiempo de apresurarse a bajar las escaleras. No recordaba cuándo había sido la última vez desde que estuvo ahí.

—Claro, esta vez no pienso faltar.

—Vaya, me alegra, por momentos parecía que nos evitabas como si estuviésemos apestados— habló Sakura que llegaba con dirección del estacionamiento.

—Sí… siento eso— Hinata hizo un gesto con los labios. No había sido intencional, pero era cierto, ya no pasaba tanto tiempo con ellos.

—Ah, descuida, mientras más avancen los semestres, menos nos veremos.

—Eso júralo— aceptó la pelirrosa mientras tomaba a ambas de los brazos y comenzaba a caminar directo al gimnasio de baloncesto.

El trio de chicas completamente contrastantes avanzó siendo seguida por cantidad de estudiantes que se dividirían entre los distintos campos deportivos. Sakura lucía un pantalón deportivo negro a la cadera y una blusita roja que dejaba a la vista su vientre plano. Ino por su parte llevaba unos jeans ajustados color beige, una blusita de tirantes y escote estampada, collares y unos lentes sobre su rubia cabellera. Hinata, en cambio, lucía una falda color gris, ligeramente debajo de medio muslo, una blusa tres cuartos de manga color negra y medias altas a combinación también con sus zapatillas; una única pulsera de oro blanco decoraba su muñeca.

—Demonios, me siento enana a su lado— soltó Sakura y culpó a su calzado deportivo.

—Joder, hay más gente de la que pensaba— mencionó Ino al llegar a las canchas, dejando pasar el comentario de la pelirrosa.

Hinata paseó sus ojos por el lugar. No estaba repleto, pero gran parte de las gradas tenía más gente de la normal. Al parecer se había corrido el rumor que la escuadra jugaría su último encuentro interno. Antes de volver su mirada a donde Sakura la jalaba para llevarla a las gradas del sector izquierdo, Hinata se quedó helada al reconocer la figura de cierto pelinegro.

Sasuke hacía calentamiento previo junto a buena parte del equipo. Naruto reía y le aseguraba al equipo contrario que les darían una paliza siendo escuchados por todos ahí.

—¿Ya vieron a Sasuke?— susurró Sakura, como si él pudiese oírla, al tiempo de tomar asiento.

Ino se estiró y recordó que Shikamaru le había dicho que Naruto juró que lo convencería. El último juego por los viejos tiempos. Sonrió, al parecer el poder de convencimiento del Uzumaki era mucho.

—Me alegra que no se hiciera del rogar.

—¿Lo sabías?

—No estaba segura de nada, aunque no me sorprende tanto.

Sakura sonrió emocionada —Naruto y Sasuke harán equipo contra Gaara y Shikamaru, ¿vieron?— dijo observando que los dos primeros tenían casacas rojas, mientras los otros amarillas.

—¿Qué hay, chicas?— Kiba, que portaba una casaca amarilla sobre su hombro, llegó con ellas.

—¿Y tú qué, no juegas?— preguntó Ino.

—Bah, con la cantidad de gente que hay por aquí, tendré suerte si lo hago— dijo dejándose caer en las gradas, un poco más abajo que ellas.

—¿Y eso?— preguntó Hinata. Kiba solía ser titular, no veía por qué no jugar si el partido sería solo entre ellos.

—A Kakashi sensei se le ocurrió la idea de mezclar a los que el semestre siguiente serán parte de la escuadra— dijo señalando con el rostro a varios jóvenes del otro lado de la cancha.

—¿Eso no es raro?

—No, es una vieja tradición. Recibirán una paliza— se burló.

—Con razón hay tantos rostros nuevos por aquí— susurró Hinata y los demás asintieron.

Antes de que el partido comenzara, una cabellera totalmente rubia se asomó por el pasillo. La chica se paró de puntitas y comenzó a observar a todos en el lugar.

—¡Oh, Sasuke!— el grito de la chica llamó la atención de varios por ahí.

Hinata se quedó viendo como Shion corría y casi resbalaba por sus altos tacones en el suelo de madera pulida. Llegó al Uchiha y cruzaron un par de palabras. Que la chica no fuese ignorada o salido corriendo luego de un mal comentario del pelinegro llamó la atención de Sakura.

—¿Y esa quién es?— preguntó impregnando de desagrado sus palabras.

—Esa debe de ser la nueva conquista de Sasuke— soltó Kiba y los vio despectivamente —. Vaya, es más bonita de lo que pensé— dijo viéndola con más atención.

Sakura la vio subestimándola.

—No es para tanto.

—¡Hey, chicas!— Naruto, que había salido corriendo al continuar con su calentamiento, se acercó a ellas. La gente comenzaba a bullir. Pronto el lugar estaría casi lleno —¿Qué ven, eh?— preguntó curioso y se niveló a la altura de Kiba, siguió su mirada, curioso innato.

—¿La conoces, Naruto?— preguntó la pelirrosa.

—Joder, sí. Ella es Shion, 'ttebayo— dijo dibujando una enorme sonrisa —. ¿Qué hará aquí?

—¿Cómo que qué?— ironizó Kiba — Está con Sasuke y ese el modus operandi de todas las ingenuas que quieren meterse en su cama: seguirlo hasta lograrlo.

—¡Eh, no te pases!— regañó el rubio y le dejó un golpe en la cabeza.

—¡Oye, idiota! ¡Tú preguntaste!

—Agh, pareces todo un machista. ¿Qué una chica no puede buscar a un chico sino es porque quiere meterse en su cama?— regañó Ino.

—No con ese imbécil. Lo peor es que terminará cayendo. Pobre.

—Jódete, Kiba.

—Hey, yo no tengo la culpa. Son estadísticas. ¿Cuándo Sasuke le ha dicho que no a un par de muslos?— dijo viendo a la chica.

Sakura frunció los labios. Pudo levantar la mano para demostrar que se equivocaba, pues a ella sí le había dicho que no, pero no necesitaba más humillaciones.

—No te consta— alegó Naruto que olvidando su calentamiento, se sentó con ellos.

—Pero a ti sí— debatió Kiba. Hinata puso sus ojos en Naruto, esperando que dijera que no. Pero no lo hizo.

—Bueno, antes era así.

—¿Antes? ¡Que te den! No pretendas redimirlo.

—Cielos, Kiba, si no conociera tu gusto por las mujeres, juraría que lo estás celando 'ttebayo— Naruto estalló en una carcajada, la misma que aumentó de volumen cuando el Inuzuka le soltó tremendo golpe seguido de un par de maldiciones.

—Hey, Sakura, ¿a dónde vas?— preguntó Ino cuando la vio ponerse de pie.

—Iré a saludar— dijo y sonrió, como si no le molestara ver a Sasuke con esa chica. La verdad era que la punzada de celos que sintió la hizo ponerse de pie y hacer lo que juró que no haría nunca.

—Demonios— dijo Ino y la siguió a distancia —. Ya vengo.

—Eso me trae recuerdos— soltó Kiba poniéndose de pie y alejándose a donde los chicos de su equipo se reunían.

—¿Recuerdos?— preguntó Hinata.

Naruto se encogió de hombros y subió un par de escalones, rozando sus brazos fuertes con los de ella, al sentarse a su lado.

—Supongo que lo dice porque alguna vez esas dos estuvieron a nada de agarrarse a golpes por Sasuke. Lo seguían a todos lados.

Hinata escuchó eso con el estómago apretado. Vio a Sakura querer llegar a Sasuke pero Ino se lo impidió. Ambas chicas terminaron sentadas a un par de metros de él.

—Vaya situación— susurró ella viéndolos.

Naruto suspiró viendo a los nuevos integrantes del equipo.

—Sí, llegó a ser tenso por momentos— se rio.

—¿Por eso a Kiba le desagrada?— preguntó. Ella había llegado el año pasado, cuando el grupo ya tenía tiempo junto y había cosas que ignoraba.

Naruto negó —El desagrado que le tiene es porque alguna vez Sasuke se llevó a la cama a una chica que Kiba estuvo cortejando.

La punzada de celos en la boca del estómago fue inevitable para Hinata.

—Eso sí que debió ser tenso— se obligó a hablar para disimular que aquello le afectó.

—No, en realidad Sasuke no pasó de esa noche con ella. Te aseguro que no recuerda ni cómo se llama— dijo el rubio ahora viendo al chico que fue su amigo desde niño. Hinata había guardado silencio y él continuó —: No puedo culparlo, Sasuke siempre ha tenido suerte con las chicas. Igual que yo— dijo y se burló sonoramente.

Hinata no pudo evitar sonreír.

—Y por ello abunda por ahí gente a la que le desagrada.

—¿Y crees que se lo merece?— Hinata sintió curiosidad.

—Siendo justos, no— dijo —. Aunque hay algo que reconozco como cierto en lo que dice Kiba.

—¿El qué?— preguntó Hinata, cada vez más interesada.

—El que no suele tomar a ninguna en serio. Tiende a lastimar a las personas— dijo y desvió la mirada. Hinata mantuvo su vista en Sasuke y luego de un momento, él volteó a verla. Ella tragó pesadamente y apartó su vista. Él continuó calentando.

—¿Lastimarlas? ¿Deliberadamente?

—Dímelo tú— soltó él seco. Hinata se heló y palideció, por un momento creyó que Naruto sabía todo —. Quiero decir, tú has sido testigo de algunas cosas. Sakura, por ejemplo— dijo, devolviéndole un poco el aliento a la Hyuuga.

—Bueno, sí— susurró ella —. Pero él nunca…

—Y no se lo reclamo, de verás. Pero pudo haberlo intentado.

—Tampoco sería justo para él. Ni para ti, tú…— comenzó ella y lo vio ponerse serio.

—Yo babeaba por ella— dijo y volteó a ver a la pelirrosa —, pero ella nunca lo consideró siquiera. Estaba aferrada— la voz de Naruto seguía apagada y Hinata comprobó para su sorpresa, que salvo la pena que sentía por él, no había ningún otro sentimiento surgiendo por sus palabras. El amor que una vez creyó tenerle se había ido de a poco.

—Siento eso.

—Y yo.

—¿Eh?

—Pero no por mí— dijo él recuperando un poco el ánimo. Sonrió viendo a Hinata —. Con el tiempo la dejé ir. Pero ella siguió insistiendo. Yo comprendo que Sasuke es hombre, era adolescente y con las hormonas hirviendo, pero cada dos días se tiraba a una tipa diferente y no se medía un poco para no lastimar a Sakura.

—Ella debería dejarlo ir— soltó en voz baja lo que pensaba.

Naruto asintió.

—Sasuke no cambiará— reconoció el rubio y a Hinata se le apretó el pecho —. Siempre ha tenido a las chicas que quiere y hasta a las que no. Dudo que esté conforme.

—¿Por qué piensas eso?

Naruto lo meditó unos segundos —Espero equivocarme, pero dudo que Sasuke quiera algo más que un par de noches con alguien. No le gustan las complicaciones. Las veces que más interesado lo vi con alguien, fue con una chica mayor que nosotros. Estaba encaprichado. La tuvo y luego de un tiempo la dejó.

Hinata se quedó con un sabor amargo en la boca. ¿Encaprichado? ¿Con quién? ¿Quién pudo haber sido esa chica?

Con sus defensas bajas, Hinata tuvo una idea… ¿y si ella también era un capricho? Recordó que Sasuke se aferró a la idea de darle un orgasmo, a quedarse en su vida, a hacerla quererlo… ¿y si todo eso que tenían no era más que el ego del Uchiha? Volteó a verlo, él la vio, le sostuvo una mirada molesta y luego arrojó la botella de la que bebía agua e ingresó a la duela. Shion le dio ánimos.

¿Por qué estaba Shion con él? ¿Y por qué él no había hecho el intento siquiera de acercarse a su lado y hablarle? Sentirse celosa y vulnerable era lo menos que esperaba. Comenzó a sentirse fatal. Sasuke la ignoraba deliberadamente.

Recordar las noches que pasaron juntos y el grado de intimidad que habían alcanzado hizo contrapeso a la idea que le dejó esa charla con Naruto. Hinata resopló y se molestó con ella misma al apoyar sus codos en las rodillas y tapar su rostro con las manos: a ella ya no debería importarle saber si lo que decía Naruto o lo que ella sentía era real.

Kakashi lanzó el balón en medio de la duela, Shikamaru y Naruto lanzaron un salto y con apenas las yemas de los dedos fue el rubio quien desvió el balón pasándoselo a Sasuke. El pelinegro tuvo apenas inconvenientes para seguirles el ritmo luego de meses sin ese tipo de actividad.

Los ojos violáceos de Hinata se posaron en él, estando prácticamente sola no tuvo problema en seguirlo a cada paso. Lo vio jugar, correr, driblar, lanzar pases y tirar. Una capa de sudor perló su piel y su cabello se humedeció, él secó su frente con una de las muñequeras negras que portaba. Hinata sintió un calor en el centro de su estómago y le costó tragar saliva al verlo y reconocerlo como la persona que amaba. Gaara y él se encontraban en distintos puntos de la cancha cerrándose el paso; en alguna ocasión ambos lograron pasarse con cierta dificultad, pero por lo general, tenía que pasar el balón para deshacerse del otro.

Con cada minuto que pasaba Hinata sentía que no podría seguir adelante. Flaqueaba. Sasuke no la notaba, estaba completamente serio y concentrado en el juego; sus miradas negras y analíticas eran únicamente dirigidas a sus compañeros y siguiendo el balón.

Estando a cinco minutos que se terminara el primer medio Hinata no pudo más. Pensar demasiado no le hacía bien. Se puso de pie y pidiendo permiso para pasar, salió de su lugar. Al minuto siguiente y con la garganta cerrada salió de ahí.

—¡Sasuke!— gritó Naruto cuando lo notó distraerse.

El Uchiha maldijo cuando Temari llegó tras él y le quitó el balón. Ni siquiera la había sentido llegar. Resopló y jadeó al permanecer de pie ahí donde perdió el balón. La rubia dio un pase certero a su hermano provocando que el sonido que hizo el balón al impactarse con las manos del pelirrojo llenara el lugar que estaba casi en silencio; un pase más de Gaara y Shikamaru encestaría los siguientes tres puntos que casi emparejaron el marcador.

—¿Qué demonios fue eso, Teme?— dijo Naruto que regresaba tras sus pasos para comenzar la defensa.

Sasuke jadeaba entre respiraciones y no prestó atención al rubio. Su mirada de reojo cayó y permaneció en ese pasillo por donde cierta peliazul había salido.

«Joder, Hinata» pensó molesto y recorrió unos pasos para cerrar la defensa.

En los minutos que quedaron Sasuke erró tres pases más y falló un tiro. La ventaja que llevaban fue superada y perdían por ocho.

Con los primeros veinte minutos gastados, el primer medio quedó concluido. Ino corrió al extremo opuesto y fue a animar a su novio, Sakura se mantuvo ahí donde llegó el equipo rojo. Naruto se dejó caer al suelo casi agotado sin dar crédito cómo perdieron la ventaja que en un momento superó los doce puntos.

—Vaya, y yo creí que el baloncesto no era tan entretenido— dijo Shion y le ofreció una botella de agua al rubio.

—Hey, ¿y por qué no?

La chica se encogió de hombros y se sentó en la primera grada, a su lado. Comenzaron a charlar.

—Te ha costado un poco seguirles el ritmo, ¿no?— Sakura se acercó con cautela al Uchiha. Sasuke la vio de medio lado y luego de secarse el sudor con la muñequera, bebió algo de agua — Aun así, ha sido un gran juego. Seguro remontan— dijo y sonrió.

Él no respondió y se sentó. Ella llegó a su lado y se sentó, habló mientras él mantenía la mirada fija en la duela que era limpiada por un par de chicos. Él volteaba a verla de vez en vez, pero la voz de la chica fue perdiendo fuerza mientras él hurgaba en sus pensamientos. Cuando Hinata se fue, por un momento tuvo el impulso de ir tras ella y terminar de una vez con ese jueguito que parecían traerse, pero se contuvo. Aun así, su concentración se había ido al caño.

Sasuke dejó la botella de agua entre sus piernas dobladas y comenzó a jugar con su muñequera, esperando que los minutos se consumieran y comenzar con el segundo y último medio.

Sakura tragó ligeramente y el desánimo se dibujó en su rostro; él no le estaba haciendo el más mínimo caso. Lo vio, notó el perfil perfecto y sudado y como su respiración pesada había comenzado a regularizarse. Sintió un calor en su pecho. Su mirada descendió por los brazos marcados y se deslizó por su pecho, el jersey y la casaca arruinaban un poco la figura atlética bajo las prendas. Luego, sus ojos verdes bajaron a sus manos grandes, lo vio jugar con su muñequera y perdió el aliento.

Bajo la tela negra podía distinguir una pequeña pulsera, demasiado peculiar y familiar como para no notarla.

—¿Qué es esto?

Él frunció el ceño y volteó a verla cuando ella le jaló el brazo. El ceño fruncido de la chica y el tono confuso y apurado no le pasó desapercibido. Bajó su negra mirada a la pulsera barata que mantenía atada a su muñeca. Era la compañera de la que Hinata tenía.

—Es una baratija, ¿qué más?— dijo él sin inmutarse y jaló su mano. Volvió su atención al frente. El partido estaría por continuar.

Los labios de ella temblaron al verlo ponerse en pie.

—¿Pero es tuya?— preguntó. Sería una casualidad realmente grande que él y Hinata tuviesen el mismo objeto — ¿Lo es, o…?

Él frunció el ceño al verla de reojo, Sakura detallaba la pulsera.

—La encontré por ahí, supongo que sí, es mía ahora— dijo él. Acomodó la muñequera y ocultó la peculiar pulsera de la insistente mirada verde.

Sasuke regresó y tomó posición en la cancha. Sakura, reticente, volvió a tomar asiento, se llevó una mano al pecho y jugó con un colguije que traía. Bien… eso podía ser cierto; hacía tiempo que no le había visto esa pulsera a Hinata, de hecho, ese día no la llevaba y estaba segura porque la pulsera que ese día llevaba le gustó mucho, aunque se había ahorrado el comentario.

Sakura se rogó por ser objetiva, no quería dejarse llevar por un impulso con poco peso. Pero le costaba. Pensar en Sasuke y Hinata… juntos, le revolvía el estómago. No podían.

O.O.O.O.O

Esa tarde Hinata se había ofrecido a cuidar a Mirai mientras acompañaba a Kurenai a elegir un regalo para Asuma, pues estaba por llegar su aniversario.

Hacía apenas segundos que el mensaje de la que fue su maestra había llegado al móvil. Ya la esperaba abajo. Hinata cerró con llave y corrió directo al elevador luego de ajustarse un bolso que atravesaba con una fina correa su pecho, si iba a cargar a Mirai, necesitaba sus manos libres. Pensó en la niña que reía por todo y eso le dibujó una sonrisa.

Al apenas bajar su sonrisa se desdibujó al ver a Sasuke entrando al edificio. Las puertas del elevador se cerraron a su espalda y su única vía de escape se iba con eso. Él tenía el semblante cansado, tal vez por el partido. Su cabello lucía revuelto, como si hubiese pasado sus manos por la cabeza y no se hubiese molestado en acomodarlo, la mirada negra y penetrante se elevó del suelo y cayó en ella.

Hinata tragó pesadamente cuando él se detuvo por un segundo y luego siguió andando. Se veía tenso, casi como ella.

Él la vio sin disimulo de arriba abajo. La Hyuuga apretó su mano en la correa de su bolso.

—Al fin te encuentro— soltó él. Su voz era tan grave que ella tuvo que tensar su mandíbula para obligar a su cuerpo a no flaquear.

—Sí, aunque no es como que si hubieras puesto mucho empeño en localizarme— dijo y odio que eso se escuchara como reproche. Se mantuvo en su lugar mientras él hacía desaparecer la distancia entre ambos. El olor a su perfume siempre le penetraba los sentidos, esta vez también olía a licor y menta.

Se hicieron unos segundos de silencio y él notó un toque de agresividad en su tono. Que Hinata no sonriera y le sostuviera la mirada le confirmó lo que ya sabía.

—¿Has estado pasando de mí?— preguntó molesto pasando por alto el infundado reclamo de ella. ¿Qué no había puesto empeño en buscarla? La había llamado cada maldito día, mandado mensajes hasta el hartazgo y si no la buscó enseguida fue porque estúpidamente creyó que ella lo haría. Pero no. Hinata nunca lo hacía. Su sangre ardió en sus venas.

Ella desvió su vista. La mirada violácea vio tras la espalda de Sasuke y notó a Kurenai descender del vehículo con la niña en brazos.

—No, ¿por qué lo crees?— dijo y lo vio a los ojos. Se convenció que no era el lugar ni el momento de hablar.

Él sonrió con soberbia —Que subestimes mi inteligencia me ofende— dijo él y ella se dio cuenta que un destello de rabia brillaba en sus ojos cuando la sujetó de la barbilla y la obligó a mantener su atención solo en él.

Kurenai alzó la mano saludándola y Hinata fingió una sonrisa al devolverle el saludo y soltarse de su agarre. El tacto tibio de Sasuke y el calor que emanaba su cuerpo la estremecían por dentro.

—Justo ahora voy saliendo— remarcó lo obvio y lo vio a los ojos —. ¿Podemos hablar después?

Él tensó la mandíbula antes de contestar.

—No. Dile que no puedes hacer lo que sea que vayan a hacer y subamos a hablar— dijo interponiéndose en su paso cuando ella quiso pasarlo de largo.

—No…— aclaró ella alzando su vista a él.

—Hinata, tenemos que hablar— la interrumpió con poca paciencia.

—Y lo creo. Pero tienes aquí tres días y hasta ahora te presentas— respondió molestándose por su actitud aunque la de ella no fuese mejor —. Y justo ahora no tengo tiempo.

—Has estado evitándome, ¿crees que no me di cuenta?— dijo él molesto, sin pretender permitirle que cambiara las cosas a su favor.

—Crees lo que quieres creer— ella volteó a verlo. La fría pasividad con la que Sasuke escondía su molestia le ponía los pelos de punta, pero sin saber exactamente por qué, estaba molesta con él. O tal vez sí sabía: lo quería y lo iba a perder y él no se la ponía fácil —. He estado ocupada, lo sigo estando. Hablaremos después, ¿de acuerdo?— añadió y comenzó a caminar.

Sasuke maldijo internamente, tardó un par de segundos en girarse, encontrándose con la imagen de Hinata cargando a un pequeño bebé. La estudió un momento mientras ella seguía de pie en la acera. Quiso darle crédito y pensar que tal vez sí había estado exagerando, que tal vez sí estaba molesta por el poco empeño que había puesto en buscarla desde el sábado que había llegado, estando errado en que ella no quería verlo. Su cuerpo permaneció en tensión mientras regresaba a su departamento, una vez ahí golpeó la pared haciendo que un dolor quemante recorriera rápidamente en todo su brazo. Maldijo y gruñó mientras se volvía a pasar los dedos en el cabello, empujándolo hacia atrás.

Se dejó caer en uno de sus sofás con su mano herida pendiendo. Su pequeño gato se acercó y olfateó su piel maltratada. Con Hinata no sabía, justo en ese momento no sabía. Sus impulsos primarios le gritaban que se encerrara con ella y aclararan las cosas, pero no quería arruinarlo, se conocía demasiado bien para saber que su poca paciencia iba a agotarse y terminaría diciendo crudas verdades que terminarían lastimándola. Estaba molesto con ella y no podía evitarlo. Hinata no podía ser tan voluble. Así que, por otro lado, optó por darle espacio si era lo que quería pues la recordaba triste, pero que Hinata pasara de él tan deliberadamente lo molestó más de lo que creía.

Y ahora ahí estaba, volviéndose loco.

Que pensara dejarlo para aceptar ser de otro despertaba unos celos asesinos que no sabía que tenía. Pero también, lo desarmaba completo.

O.O.O.O.O

La noche anterior Hinata había dormido casi con la seguridad de que Sasuke irrumpiría en su alcoba en cualquier momento. Eso no había pasado y no sabía si estaba decepcionada o satisfecha con ello.

Él estaba enojado, había visto rabia en sus ojos y que la dejara tranquila la confundía.

Ese día se presentó a la universidad sólo a verificar un par de calificaciones. La afluencia de estudiantes había quedado atrás y ahora solo quedaban algunos grupos dispersos por el campus.

—¡Hey, chica lista!— una voz ronca y un toque de diversión la hizo detenerse mientras regresaba en busca de su coche, ya dispuesta a irse. Pasaban de las dos y comenzaba a darle hambre luego de saltarse el almuerzo.

Hinata sonrió al reconocer a Gaara que, recostado sobre el capó de su coche se fumaba un cigarro bajo la sombra de los árboles.

—Hola, no te había visto— dijo con una sonrisa avanzando varios pasos para rodear el coche y ponerse a su lado.

—¿Terminaste tus asuntos?

Ella asintió. Oficialmente estaba libre de la universidad.

—¿Y tú?

Él también asintió al tiempo de dar la última calada y luego arrojar la colilla de cigarro al suelo, después de apagarla con sus dedos.

—Desde ayer— dijo y luego dejó escapar el humo de sus pulmones sin dejar de verla.

—¿Ayer?

—¿Qué? ¿Creías que recursaría materias? ¡Oye, me ofendes!— soltó y sonrió mostrando su dentadura perfecta. Seguía recostado y con un brazo bajo su cabeza. Su siempre vestimenta negra y su rojo cabello daban un toque de rebeldía que combinaba bien con su atractivo y astuto rostro.

—Yo no he dicho eso— aclaró ella apoyándose en la lámina del auto.

Gaara la recorrió con los ojos.

—Más te vale.

Ella sonrió.

—Por cierto, no he agradecido como se debe tu regalo en mi cumpleaños— agregó él sentándose ligeramente encorvado sin ánimo de bajarse.

—¿Te gustaron?— preguntó refiriéndose a los discos, con verdadera curiosidad — Temí que no lo hicieran luego de pagarlos.

Él asintió despacio e hizo tronar su cuello.

—Bastante, de hecho. Es bueno tener en físico un par de ellos, aunque…

—¿Aunque?

—Aunque uno ya lo tenía.

Ella abrió sus ojos sorprendida —¿En serio?

Él asintió —Podría jurarlo— respondió fingiendo solemnidad. Eso la hizo sonreír.

—Bueno…— ella se encogió de hombros — creo que tengo por ahí el ticket, podríamos cambiarlo.

El 'podríamos' no le pasó desapercibido.

—¿Harías eso?

—¿Por qué no?

Él sonrió con un toque de malicia —¿Cuenta como cita?— preguntó y le guiñó un ojo.

Ella también sonrió, pero negó en silencio, los encantos de atrevido conquistador –que en definitiva tenía- no funcionaban con ella; no después de haber sobrevivido a Sasuke quien la hacía temblar. Su sonrisa casi se borra.

—No si cada uno va en su coche— respondió finalmente.

Él extendió su sonrisa —Vale, pero solo si pasamos por algo de comer antes. No he desayunado.

Ella lo meditó unos segundos. ¿Dijo desayunar? Eran más de las dos. Asintió despacio, ella también moría de hambre.

—Los compré en el Sun Mall, ¿lo conoces? Al oriente de la ciudad. Podríamos comer ahí también.

Él asintió sin dejar de verla.

—Entonces te sigo— soltó con su voz ronca. Hinata sonrió y asintió antes de dirigirse a su coche.

Antes de arrancar ella buscó en la guantera del auto, sonrió agradeciendo que el ticket de compra quedó ahí aquella misma tarde. Gaara por su parte le marcó a Kankuro, al que se suponía que debía esperar para decirle que se fuera caminando o como quisiera, porque a él le había surgido un asunto. Luego de colgar la llamada rebuscó entre bolsas de plástico y un par de latas de cerveza y gaseosas que el día anterior se habían bebido y, debajo del asiento del copiloto encontró el disco que, teniéndolo repetido, ni siquiera había bajado. Lo sujetó en su mano y le sonrió al acetato pasado de moda. Le debía una.

O.O.O.O.O

Ino observó la hora en su móvil. Ya pasaban de las tres y Shikamaru no llegaba.

—¿Quieres dejarlo tranquilo y que nos busque cuando llegue?— suplicó Sakura de pie frente a la enorme fuente colocada en la parte central de la tienda departamental, donde todos se detuvieron minutos atrás.

Ino frunció los labios, sin convencerse de la sugerencia de su amiga.

—¡Vamos, Ino, no podemos esperarlo todo el día!— se quejó Kiba — No venimos a perder el tiempo aquí sentados, sino a pasarlo jugando videojuegos.

—Demonios— soltó fastidiada. Rodó sus ojos por sus amigos. Al menos no era la única con poco ánimo de meterse al dichoso establecimiento de videojuegos que recién se había inaugurado. Sasuke estaba cruzado de brazos y recargado en una columna con su atención en todos menos en ellos —. Podemos esperar un poco más, además, Hinata tampoco ha llegado.

Sakura resopló con poca paciencia.

—Le dejé un mensaje y no ha respondido— aclaró.

—Ah, sobre eso, yo le marqué al apenas llegar y entra directo a buzón.

—¿Lo ves? Ella ni siquiera sabe que estamos aquí. ¡Vámonos!— alegó la chica de ojos jade, temiendo que Sasuke se fuese en cualquier momento cansado de esperarlos. Había tenido suerte que Naruto lo convenciera en ir.

—Bien, como sea— dijo la rubia y comenzó a caminar.

—¡Al cuarto piso, entonces!— Sakura se giró y comenzó a guiarlos mientras Ino mandaba un texto a su novio impuntual, diciéndole dónde estarían. Vio a Sasuke avanzar tras Sakura y a ésta verlo de reojo… no le gustaba nada ese interés que volvía a mostrar por él.

Una vez en Arkeid, el recién inaugurado sitio -al cual llegaron curiosamente sin detenerse en otros locales-, los chicos, salvo Sasuke, entraron emocionados.

El lugar abarcaba casi medio sector en esa planta. Había de todo y era casi idéntico a los otros salones de juegos que habían visitado, pero era tres veces más grande. En el área pegada a los ventanales habían mesas donde tras una enorme pantalla los asistentes podían jugar y comer al mismo tiempo. No faltaban los juegos de realidad virtual hasta donde corrió Naruto siguiendo a Kiba.

Ino rodó los ojos. No sabía ni a qué había ido con ellos, decidió que luego de un tiempo prudente mejor vagaría por las distintas tiendas y con suerte compraría algo bonito y barato.

Sakura siguió a Sasuke y la rubia los siguió a ambos, cada vez más interesada. Había visto máquinas tragamonedas y hasta una mesa de pinball.

—Sasuke, ¿te parece sí…?

—Me quedaré aquí— él la interrumpió al subirse a un simulador de vuelo. La pelirrosa no tuvo tiempo de decir más cuando lo vio colocarse una diadema, ajustarse los audífonos y luego su total atención fue a la pantalla táctil donde eligió el juego. Se mantuvo unos segundos programando los ajustes necesarios y luego bajó el visor. El asiento se elevó unos centímetros y en la pantalla ambas chicas vieron que la elección del Uchiha había sido en medio de una guerra.

—¿Comemos algo?— preguntó Ino dando un golpe con el codo a su amiga desanimada — Y que no te afecte, ya es un milagro que esté por aquí— añadió cruzándose de brazos.

—Bien— arrastró desanimada la joven. Ino sonrió y la abrazó para dirigirse a la zona de comida, no sin antes detenerse a probar suerte en alguna consola.

O.O.O.O.O

Una bolsa de plástico, donde un acetato nuevo se encontraba, estaba colgada del respaldo de una silla metálica y alta.

Gaara comenzaba a comer un raspado de limón al cual le había espolvoreado chile de un pequeño sobre.

—¿Seguro que eso sabe bien?— preguntó Hinata al ver el color verde de su helado apenas visible bajo el rojizo color del chile.

El pelirrojo se llevó una cucharada a la boca y gruñó ante el sabor. Ella esperaba ver algún gesto de desagrado en su cara pero no. A él le gustaba.

—¿Quieres?— ofreció él alzando una ceja.

Hinata negó en silencio —Creo que estoy bien con esto— dijo y balanceó en su mano una copa con el sundae de cajeta que se le antojó desde que llegó a ese lugar.

—¿Segura? No has dejado de ver lo que como— insistió y paseó la cuchara cargada de helado y chile, tentándola.

—Segura— dijo Hinata y luego de verlo degustar y un nuevo sonidito ronco de placer del joven, su curiosidad creció.

Él se encogió de hombros pero la notó cambiar de opinión, así que las cucharadas que se llevaba a la boca iban cada vez más repletas. Se lo acabaría pronto.

—Está bien. Sólo un poco— mencionó ella viendo que quedaba poquito.

Él sonrió victorioso.

—Sólo veré qué tal— dijo y sacó la cucharita de su sundae para probar.

—Hey, con esa porquería dulce no sabrá bien— él la detuvo antes de que la encajara entre su delicioso helado. Hinata pensó en debatir, pero él añadió —: A ver, abre la boca.

Ella se ruborizó.

—¿Qué?

—Que abras la boca. Yo te daré.

Eso era incómodo y ella negó. Estaban en una de las mesitas colocadas afuera del local de helados de la segunda planta en ese centro comercial, a la vista de todos.

—Entonces no te daré— Gaara se encogió de hombros y volvió a comer.

—Ahora pido otra cuchara— dijo ella y alzó la mano. Cuando ella habló viendo a la dependienta, él le metió la cucharilla a la boca. Por un momento Hinata no supo qué hacer. El polvito ácido le recorrió la lengua y resbaló por su garganta. Tragó el contenido cerrando los ojos.

—¿Rico?— peguntó él recuperando la cucharita.

Ella tuvo que mantenerse en silencio unos segundos, cuando lo vio seguir comiendo como sin nada, olvidó el sabor picante y ácido.

—Eso es antihigiénico— soltó casi horrorizada cuando él no tuvo inconveniente en lamer la cucharilla al acabarse el contenido de la copa.

—¡Oye, yo me lavo la boca más de tres veces al día! Espero por mi bien que tú también.

Hinata se rio, no pudo evitarlo por el tono ofendido del chico.

—Lo siento, no quise decir eso… es sólo que…

Él arqueó una ceja.

—Nada, olvídalo y… y sí, sabe bien— confesó ella.

—Te lo dije— él alzó un hombro como si eso fuese una verdad universal y pidió otro.

Hinata, que vestía una falda holgada negra, una blusa morada de manga tres cuartos y que se anudaba a su espalda justo en la cintura, cruzando de manera perfecta sus senos, se giró. Buscó su móvil para confirmar la hora. Dejó escapar el aliento al darse cuenta que lo tenía apagado desde la noche anterior.

Sus ojos se abrieron con sorpresa. Ya eran más de las cinco. Había pasado más de tres horas con Gaara, ¡tres! El tiempo se había ido volando. Al apenas llegar pasaron a una tienda de comida, la misma que pasó entre charlas conociéndolo mejor; la siguiente y, supuestamente última parada, era la tienda de discos, pero se habían detenido a jugar con una máquina de dulces. Un poco menos de veinte minutos después entraron a la tienda, vagaron entre los pasillos y escucharon música pasándose los audífonos cuando querían que el otro escuchara lo que consideraban buena música. Ahí estuvieron más de una hora. Y ahora ahí estaban, terminando con sus helados.

—Debo irme, la he pasado muy bien— dijo ella ignorando el mensaje que le llegaba y un par de mensajes en el buzón.

—Una vez te dije que era buena compañía— él se encogió de hombros al recargarse completamente en el respaldo de la silla.

La camarera llegó recogiendo las copas y entregando el siguiente helado en un vaso de plástico para el pelirrojo.

Ella asintió. Lo era. Sonrió.

—Y tenías razón, pero debo irme— dijo tomando su bolso. Cuando quiso sacar su cartera para pagar, tiró al suelo una paletita que él le había regalado cuando ganó muchos dulces en las máquinas de monedas.

Gaara se adelantó y dejó un par de billetes sobre la mesa.

—Te acompaño a tu coche— dijo señalándole con la mano el camino.

—Gracias por… todo— dijo y le sonrió. Gaara le guiñó un ojo y ella extendió su sonrisa, jugó con la paletita y terminó llevándosela a la boca. Él vio eso con demasiada atención y su garganta se secó; tuvo que ladear la vista y carraspear para no pensar cosas que sí quería, pero no debía pensar.

• • •

—Ah, este lugar comienza a apestar— soltó Ino mientras salía. Sakura y Naruto habían comenzado un versus y su espíritu competitivo había dejado de ser divertido. Salió al exterior buscando un poco de calma y notó a Sasuke apoyado en la baranda de cristal, viendo hacia abajo.

Llegó a su lado y se recargó pero viendo hacia el interior del local del cual había salido. Revisó su móvil y leyó un mensaje de su novio. Recién estaba por llegar.

Rodó los ojos.

—¿Aburrido?— le preguntó al pelinegro y recargó su hombro en el brazo de él, empujándolo y luego recuperó unos centímetros de distancia.

Él la vio de medio lado.

—Algo así.

—Me sorprendió que vinieras— confesó ella —. ¿Qué sabes de Hinata? Creí que estabas aquí por ella.

Él apoyó sus manos en la baranda, irguiéndose.

—No sé nada— contestó seco. En realidad parte de estar ahí sí había sido por ella, pensó que estaría con ellos y la tendría cerca, sin presionarla. Pero ella no había ido y no entendía la razón.

Ino asintió despacio. Hinata todavía no hablaba con Sasuke y esa era buena señal, tal vez comenzaba a arrepentirse. Suspiró y recargó en la baranda, como había estado él, vagó su vista por los pisos inferiores y luego palideció. Abajo, dos pisos abajo, el movimiento de una pareja llamó su atención, al fijarse mejor se dio cuenta que esa chica de largo cabello la conocía. Era Hinata. Casi sin aliento volteó a ver a Sasuke. Lo encontró con la mandíbula apretada y los hombros tensos. Los había visto.

—Sasuke…

Se quedó con alguna frase atorada en la garganta cuando él se giró y comenzó a caminar con cierta urgencia.

—Joder— buscó su móvil pretendiendo avisar a Hinata. Por los nervios y la prisa dejó caer al suelo el aparato mientras maldecía y recordaba que Hinata había tenido apagado su móvil.

La mirada negra y cargada de desprecio de Sasuke no dejó de ver a Hinata mientras descendía por las escaleras eléctricas. Ella avanzaba despreocupada y cómoda con ese pelirrojo. Sacó su móvil y digitó el número de esa chica, ni siquiera se molestó en colocárselo a la oreja, desde ahí la pudo ver sacar du dispositivo móvil, verlo al mantenerlo en sus manos y luego de unos segundos, regresarlo a su bolsa, sin contestar.

Su sangre ardió y la tensión en su mandíbula le hizo zumbar los oídos.

• • •

Segundos después ambos descendían por las escaleras.

—¡Hinata!— esa voz grave y molesta paralizó a la chica, casi palideció.

Gaara volteó a ver atrás, totalmente despreocupado y unos ojos negros lo fulminaron al acercarse.

—¿Estás bien?— preguntó el pelirrojo en un susurro a la chica a su lado, que apenas pudo girarse. No dejó de ver al Uchiha que erguido en toda su altura lucía más alto y fuerte. Gaara sonrió al verlo llegar con cierta prisa.

—S-sí. Por favor no hagas nada— pidió en voz baja y aquello incrementó la molestia de Sasuke que no pudo entender de lo que hablaban.

—¿Estás segura?

—Sí, por favor— dijo ella y quiso mantenerse firme. Sus ojos totalmente abiertos solo se fijaron en el moreno que llegó frente a ellos.

—¿Qué significa esto?— su voz moderaba llevaba una amenaza implícita. Sus ojos negros clavados en Gaara.

—Ah, pues verás, papá…

—Gaara— regañó Hinata ante la clara burla. Sasuke tuvo que apretar los puños para no matarlo a golpes.

Los ojos negros se deslizaron a ella. Hinata estaba viéndolo y casi juró que escuchó su corazón, sus ojos enormes abiertos y podía distinguir temor en ellos. Se veía frágil y vulnerable, casi inocente con esa paletita en la boca. Se tragó ese pensamiento al recordar que había ignorado su llamada por seguir con Gaara camino a quién sabe dónde.

—Estoy esperando una respuesta. ¿O tampoco piensas responder al tenerme en frente?

Gaara se burló, no lo pudo evitar… así que fue a él al que Hinata ignoró segundos antes.

—¿Qué te causa gracia?— apenas volteó a verlo de medio lado, pero su tono iba impregnado de veneno.

—Tú— respondió Gaara y su mirada también se volvió fría. Hinata volteó a verlo como desconociéndolo, esa actitud sobrada y altanera se había mantenido a raya mientras estuvo con ella —. ¿Qué se siente, eh?

Sasuke achicó los ojos y la Hyuuga dio un paso colocándose entre ambos. A su mente vino los rumores sueltos de lo mucho que ese chico gustaba de provocar a los demás y meterse en líos. Era como si lo disfrutara.

—Gaara…

El pelirrojo la ignoró y no dejó de ver al Uchiha a los ojos, sin intimidarse por los centímetros que le sacaba.

—¿Qué se siente que tu mujercita me haya preferido a mí?— completó su frase y sus labios se curvaron en una sonrisa burlona.

Hinata solo sintió el empujón que Sasuke le dio cuando se lanzó sobre el pelirrojo. Un golpe seco se escuchó con fuerza cuando el puño del Uchiha se estrelló en la mandíbula del ojiverde. Gaara perdió el equilibrio y Sasuke casi lo hace también.

—Por favor, no— ella se abrazó al brazo de Sasuke cuando éste quiso seguir a Gaara que se ponía de pie.

El pelirrojo dio un par de pasos eliminando la distancia y Sasuke no pudo evitar que su rostro fuese golpeado, al tener a Hinata pendiendo de su brazo.

Ella gimió cuando casi cae al igual que Sasuke.

Shikamaru que recién llegaba apagando su cigarrillo, dejó caer la colilla en el suelo cuando se percató de la escena frente a él. Ino también iba llegando, bajaba corriendo las escaleras eléctricas.

—¡Qué demonios!— alzó la voz y sujetó a Gaara pasando sus brazos bajo los de él y sujetándolo de los hombros. El pelirrojo se tironeó y escupió saliva teñida de rojo.

—Por favor, Sasuke— Hinata se metió en medio mientras Shikamaru trataba de poner distancia alejando al pelirrojo.

—¡Hey!— Ino abofeteó sin mucha fuerza al Uchiha — Sé inteligente. Estás haciendo un escándalo y eso ni a ti ni a ella les conviene, ¿entiendes?— dijo y tuvo que sujetarlo de la barbilla para que la viera. Tenía el rostro mallugado y respiraba con agitación. Los ojos negros todavía molestos cayeron en ella.

Hinata lo vio forzarse a tranquilizarse y volteó a ver a Gaara. El chico negó en silencio y aflojó su cuerpo, olvidando la pelea. Ella negó con el rostro.

—Lo siento, ¿está bien? Era una broma, pero…— comenzó Gaara.

Pero se habían ido a los golpes y tenía que responder, quiso añadir pero ella dejó de verlo.

—Llévatela de aquí, Sasuke— urgió la rubia.

—¿Qué?— soltó Hinata — No.

El Uchiha tomó a Hinata con más fuerza de la necesaria y la jaló con él. Hinata cerró los ojos mientras avanzaban por el oscuro estacionamiento, sus pasos con tacón y los fuertes pasos de él se escuchaban por encima de los ligeros sonidos de los coches en marcha.

—¿Qué fue eso, Sasuke? ¿Te das cuenta? ¡Shikamaru estaba ahí!— dijo ella mientras él abría la puerta de su coche. Si Ino y Shikamaru estaban ahí, había una enorme probabilidad que el resto también lo estuviesen. Si los hubieran visto no se lo habría perdonado… ellos no tenían por qué enterarse así.

—¿Y qué te preocupa? ¿Qué nos vieran? Porque Naruto también anda por aquí— aclaró y su tono fue molesto, la misma molestia que sus ojos negros fijos en ella mostraban. Su rostro lucía endurecido. La vio palidecer. Le arrancó de los labios la paleta y la arrojó lejos. Hinata había olvidado que todavía la tenía y la rabia bulló en él al imaginar lo que ese imbécil pelirrojo pudo imaginar al verla llevársela a la boca.

—¿Qué?

—Súbete.

—¡No!

—¡Que te subas, con un demonio!— alzó la voz y la arrojó dentro. Cerró de un portazo que la hizo respingar. Ella estuvo a punto de reclamarle pero él volvió a dar un portazo al entrar al coche. Sasuke no estaba molesto. Estaba furioso. Y ella se obligó a mantener la calma y compostura, casi lloraba… pudieron haber sido descubiertos cuando estaban por terminar. Apretó los ojos… eso no era lo que le importaba, no, lo que le importaba era lo que él estaba pensando de ella en ese momento, debía ser lo peor para no querer ni verla. Tal vez eso era lo ideal, pero no lo soportaba. La claridad del día y el sinnúmero de autos que transitaban por las avenidas se distorsionaron cuando sus ojos se mojaron, su mano ardía donde él la jaló; no tocó esa zona por orgullo y mantuvo el silencio.

En menos de quince minutos estuvieron entrando al cajón de estacionamiento de Sasuke con un derrapón.

Él bajó sin decir nada y ella lo imitó de inmediato.

—Tú vienes conmigo— él volvió a tomarla de la mano y la hizo seguirlo cuando adivinó que pretendía huir.

Hinata se tironeó pero un par de ancianos que subían a su coche se les quedaron viendo. Ella se obligó a fingir calma y seguirlo, de prisa, como él la hacía avanzar.

Una vez encerrados en el elevador ella comenzó a respirar por los labios. Sí necesitaban tener esa conversación, pero el departamento de Sasuke era el peor lugar para llevarla a cabo.

Cuando la puerta se cerró con un sonido seco tras ella, Hinata sintió ser golpeada por todos los recuerdos que ese lugar guardaba de ambos. Su piel se erizó y casi sintió frío; Sasuke estaba a su espalda y avanzó tan despacio a ella que sintió la necesidad de gritarle todo lo que le tenía que decir y acabar con eso. Pero no lo hizo, por el contrario, avanzó unos pasos más y despacio volteó a verlo. Sasuke la vio de arriba abajo y de regreso. Hinata se abrazó sus codos.

—¿Qué demonios hacías con él?— preguntó lento y claro al detener sus ojos en su rostro. Su mandíbula volvió a tensarse y se obligó a guardar sus manos en los bolsillos del pantalón para no obligarla a verlo cuando ella ladeó su rostro.

—Nada. Sólo estábamos cambiando un acetato que le regalé por otro— explicó como si sólo eso bastara.

Él sonrió irónico —¿Y no pudo hacerlo solo?— Sasuke quiso acorralarla, fingió creerle. La vio con suspicacia.

—Estás enojado y no logro entender por qué— dijo ella desviando el rostro, pretendía evadir ese tema y abordar el otro… el que tanto le costaba.

Sasuke sonrió y su mandíbula se tensó, molesto.

—Apenas nos hemos visto en los últimos diez días. Nunca tienes tiempo, ¿pero sí para él?— reclamó avanzando un par de pasos más, cuidando en todo momento de mantener la puerta a su espalda para que ella no se le ocurriera huir.

Ella no volteó a verlo —Eso fue algo que surgió de pronto— dijo sintiendo de pronto sus manos frías —. Ya te dije lo que ocurrió.

—¡No soy estúpido, Hinata!— Sasuke alzó la voz y golpeó la pared con la palma abierta, para evitar llegar a ella.

—¡No lo estoy insinuando!— se defendió sosteniéndole la vista, a pesar del sobresalto que le provocó el sonido fuerte de la pared. Los ojos negros se achicaron y ella se apretó el puente de la nariz — Estás molesto y así no hablaremos— añadió pretendiendo ser prudente.

—No pienso esperar más— aclaró él y sin moverse la detuvo del brazo cuando ella pretendía irse.

—Sasuke…

Él no dejó de sujetarla, incluso imprimió más fuerza al arrastrarla a su habitación. Que la puerta fuese también cerrada de golpe le dijo que la molestia no había desaparecido siquiera un poco.

—Ahora sí vas a decirme qué demonios pasa contigo— soltó él cuando la arrojó haciéndola avanzar dos pasos más.

Hinata se estremeció. Iba a hacerlo. Tenía qué. Enderezó su cuerpo y lo vio a los ojos al girarse. Tragó pesadamente antes de hablar:

—¿Qué demonios pasa conmigo?— preguntó molesta — Sólo estaba respirando un poco. ¿Qué pasa contigo que te sientes con el derecho de tratarme así?

El apretó el puente de su nariz.

—No cambies el tema.

—¿Cuál tema? ¿Se supone que debería disculparme por estar con un amigo?

—¡No es un amigo. Es el imbécil de Gaara!

—¡Es un amigo!— aclaró ella — Y no tendría nada de malo que saliese con él.

—¡¿Y por qué ocultarlo?!

—No te lo tomas muy bien, ¿qué querías que hiciera? Además…

—Hinata, yo no salgo con nadie y tú no sales con nadie. Tú y yo estamos juntos. Exclusivos— aclaró él acercándose. Ella se sintió intimidada ante su cuerpo fuerte y altura. Algo se estremeció en ella y estaba lejos de ser temor.

—Creo que ese es el problema— se obligó a hablar aun así. Su voz sonó más grave al forzarse.

—¿Qué?

—Esto se está saliendo de control— dijo ella apartándose unos pasos de él.

Él la vio, como desconociéndola. Apretó los ojos y maldijo a todo aquél que respirara. Resopló frustrado —Bien, siento haber actuado así— se obligó a decir.

A Hinata se le apretó el pecho. Que no se disculpara, por favor.

—Siempre eres así. La verdad… esto no funciona— su voz sonó ronca, lo vio sorprenderse de momento.

Él volvió a apretar el puente de su nariz. Exhaló y negó despacio luego de haber entendido a dónde iba.

—Dije que lo siento. Entiende. Han pasado casi diez días y apenas nos vemos, me pones excusas, no apareces por tu departamento ni contestas mis llamadas. Siempre estás ocupada y no dejo de buscarte, y hoy cuando soy arrastrado a ese estúpido lugar, te encuentro tomando un helado con un imbécil que si pudiera se metería bajo tus bragas. ¡¿Qué demonios pasa?! ¿Es por él?

—¿Qué? ¡No!

—¿Entonces?

Ella se puso nerviosa. Entendía su molestia y por eso su garganta quiso cerrarse.

—Ya te lo dije. Esto no está funcionando para mí.

—¿Y cuándo si lo hizo?— preguntó él, suspicaz — Esto es un caos, siempre lo fue, pero lo intentamos. Te amo y lo sabes.

—¡No lo digas más!

—Tienes que entenderlo.

—¡No! El que tiene que entenderlo eres tú... Esto ya no puede ser— dijo y sus ojos temblaron entre miedo y expectación.

Él sonrió con ironía.

—¿Estás terminando?— preguntó y sus ojos negros recorrieron su cuerpo. Hinata seguía abrazándose a sí misma y apenas le daba la cara.

Ella asintió despacio. Él tragó pesadamente y fue consciente de la opresión en el pecho.

—¿Por qué?— su voz fue más ronca.

—Ya te lo dije— susurró ella y dio un paso buscando algún espacio para irse.

—¡Déjate de estupideces, Hinata! No quieres hacerlo y lo sabes— le aclaró viéndola severamente.

—¿Tú qué sabes lo que yo quiero?! — también alzó la voz, frustrada y derrotada, se acercó a él.

Sasuke jaló su brazo hacia abajo y la hizo acercarse a él. La vio a los ojos. La severidad en su rostro denotaba lo molesto que estaba y la rabia en su sangre.

—¡Te conozco, maldita sea! No puedes engañarme. ¿Esto no funciona? ¿Desde cuándo te ha importado? ¡Joder, Hinata! No me vengas con excusas. No somos la pareja perfecta.

—Ni siquiera somos una— debatió ella en voz baja, pero viéndolo molesta a los ojos.

—¿Y por qué no te lo dijiste a ti misma cuando abrías tus piernas para mí? Te sentí disfrutar, te hice gemir y vibrar por mí. Dijiste que me querías y…— sus palabras se ahogaron cuando Hinata le volteó el rostro con una bofetada. Ella temblaba de molestia y sus ojos se aguaron.

Sasuke tensó su mandíbula sintiendo escocer su mejilla.

—¡Sí! Estábamos en esto juntos en ese entonces— aceptó ella ofendida y alzando la voz —. ¡Pero también dijiste que yo decidiría si debíamos terminar y no lo estás aceptando!

—Quiero una razón. Una de verdad, porque no te creo— habló él con voz profunda y viéndola a los ojos. Rabia y frustración se aglomeraban en su pecho y era contenida en su garganta.

—No me importa si no me crees— declaró ella, su voz sonaba ronca, dolía.

—Hinata…— su voz sonó a advertencia. Ella pretendió pasarlo de largo. Él la detuvo y ella se tensó. Él estaba igual, rígido y más alto que nunca.

Ella no pudo evitar temblar suavemente. Sus ojos picaron.

—Ya no puedo con esto.

—¿Con qué?— preguntó inmediatamente.

—Con toda esta presión.

—Te dije que…

—¡No basta! ¿Lo entiendes?

Él tensó la mandíbula, pero se mantuvo en silencio. Hinata iba a estallar y eso era lo que quería.

—¡Ya no puedo! No puedo seguir contigo. Estoy asfixiándome. No voy a dejar a mi hermana, no voy a dejar a Neji. Y si tengo que escoger entre mi familia y tú, los voy a elegir a ellos— soltó por fin lo que tanto quiso callar. Los ojos se calentaron con lágrimas que no derramó.

—¿A la familia que te jode la vida?— preguntó molesto y con el ceño fruncido. Inconscientemente apretó su agarre en el brazo de Hinata.

—Ellos no hacen nada diferente a lo que pudiste haber hecho tú— reprochó molesta por su duro juicio y se arrepintió de inmediato —. Sasuke…

La sangre le ardió en las venas y contrario a eso, aflojó su agarre sin soltarla.

—Con un demonio, Hinata— soltó ronco—. He pedido perdón por ello. Si pudiera cambiarlo lo haría y lo sabes. ¡No me salgas con eso ahora! ¿Qué demonios te pasa?

—¡Nada!— ella se soltó con brusquedad y se alejó unos pasos no queriendo decir lo que no sentía — Quiero irme.

—No lo quieres y lo sabes— la vio a los ojos.

—Deja ya de actuar como si me conocieras— suplicó sin despegar su vista. Fue más consciente de sus ojos aguados cuando su visión comenzó a distorsionarse. Sasuke la veía con dureza, casi estuvo segura que la odiaba en ese momento —. Que me haya ido contigo a la cama no quiere decir que me quedaría contigo. Nunca lo dije.

Esas palabras le atravesaron el pecho.

—No lo digas como si no te hubiese importado. También lo sentiste.

—¡Sentí muchas cosas y siento esto! Pero no puedo seguir cegándome más. Tarde o temprano teníamos que terminar.

—La última noche que hicimos el amor, te dije que…

—¡Estoy harta de cerrar los ojos!— lo interrumpió, ya una lágrima había corrido por su mejilla y eso hizo arder la garganta de Sasuke —. Por más que acepte quedarme contigo el final será el mismo. Tú tu camino, y yo el mío. No hay por qué prolongar lo inevitable.

—¿Lo inevitable? Entonces no lo deseas— su voz sonó dura.

Ella tembló ante esa mirada negra.

—Lo que desee o no, no tiene importancia.

—¡La tiene para mí, maldita sea!— él explotó y golpeó su palma abierta contra su escritorio, provocando un ruido enorme y que una lapicera cayera esparciendo su contenido en la alfombra. La palma le picó pero no le dio importancia —. Deja de pensar en lo que los demás quieren. ¡¿Qué quieres tú?, con un demonio!

Ella respingó por el ruido y lo grave de su voz. Ya no pudo contener el llanto.

Sasuke la tomó de la cabeza con la mano aun picándole y se acercó a ella despacio. La abrazó siguiendo un enorme impulso «Joder»

Hinata se sentía fatal y por un momento ella se quedó quieta escuchando el corazón que golpeaba con fuerza dentro del pecho de Sasuke.

—Déjame ir— suplicó apartándose. Su tacto le quemaba, siempre lo haría.

—No hasta que terminemos de hablar— dijo él, cediéndole su distancia. Su voz volvió a ser fría, pero menos molesta.

—Todo está mal, ¿no lo entiendes? No voy a fallarle a mi familia. No puedo quedarme contigo, ni aunque lo intentara. Además…

—Además, ¿qué?— la voz masculina volvió a denotar molestia.

—Tampoco quiero estar ahí cuando todo termine.

Él frunció el ceño.

—Siempre me pregunté qué pasaba entre nosotros. Tú no eres el chico que se enamora como si nada, cuando se te pase el capricho que sientes por mí girarás tu vista a otro lado y te irás. Si yo decidiera quedarme…— Hinata se quebró y sus lágrimas cayeron sin permiso. Se dio cuenta solo entonces que las palabras de Naruto la penetraron profundo. En ese momento dudaba de Sasuke y hasta de ella misma porque no podía haber dicho eso.

Sasuke se dio cuenta que ella estaba a punto de un colapso nervioso.

—¿Si decidieras quedarte? Lo estás considerando— soltó ronco. A pesar de ser consciente que Hinata temblaba, no pensó en retroceder —. No quieres dejarme— dedujo viéndola desde su altura.

Ella resopló derrotada y se giró.

—¿A dónde vas?— dijo él siguiéndola y Hinata vio como la puerta volvió a ser cerrada luego de conseguir abrirla. La acorraló entre ella y él — Con un demonio— soltó frustrado. Sus ojos negros bajaron a ella y se encontró con una Hinata empequeñecida que se abrazaba los codos. Su llanto fue audible. Él cerró los ojos, apartando su molestia. Hinata llorando era lo poco que no resistía —. No quieres dejarme— su voz ronca fue como una caricia en el alma vulnerable de la peliazul que apretó los ojos maldiciéndose.

Ella sollozó con más fuerza y cuando Sasuke le tomó la barbilla para hacerla verlo, apretó sus ojos con más fuerza.

—¿Por qué no te vas y me lo pones fácil?

—Porque este es mi departamento— respondió con voz suave y acarició sus labios con el pulgar.

Ella sonrió derrotada y abrió sus ojos. Las lágrimas calientes volvieron a amontonarse y rebalsaron sus orbes.

—Déjame ir… por favor— suplicó viéndolo. Estaba resultando muy difícil y Sasuke no quería entenderla.

Él negó despacio y le acarició una mejilla.

—Estás aterrada, Hinata. Debes tranquilizarte— su voz profunda cada vez sonaba más baja.

—Sólo quiero que me dejes ir.

—En eso no puedo complacerte. Te amo y perderte no me lo puedo permitir— le dijo con voz ronca mientras se acercaba a probar sus labios —. ¿Me amas?— soltó él a punto de besarla.

Hinata negó despacio.

Cabezota, pensó él.

—Sabes que no— respondió bajito.

—Pues más bien creo que sí. Creo que estás asustada… y también celosa— devolvió en el mismo tono.

Ella apretó sus puños. No podía flaquear.

—Sólo se cela lo que se ama— respondió ronca. La garganta le quemaba —. Y yo no te amo, ¿cómo podría después de que…?

Sasuke apretó sus ojos y volvió a ser consciente que su alma estaba destinada al infierno, aun así, no la soltó.

Hinata no pudo terminar su frase… aquello hacía tiempo que se lo había perdonado y era cruel usarlo en su contra. En la base de su garganta se hizo un nudo que le abarcó el cuello en toda su circunferencia. Dos pesadas lágrimas más cayeron.

—¿Después de que, qué?— preguntó despacio — Dilo— presionó viéndola cerrar sus ojos con fuerza. Hinata se retorcía buscando soltarse y él apretó su agarre sobre ella.

—Dilo, Hinata.

—Sasuke…— su voz fue débil y sus ojos apenas se abrieron para verlo. «Perdóname»

Los ojos violáceos parecieron color plata al estar mojados por lágrimas. La fuerza de Sasuke sobre ella le impedía escapar y él la sintió más vulnerable que nunca. Le limpió una lágrima que escurrió por su ojo izquierdo y los rastros de rabia se le fueron. Extendió la humedad de esa lágrima hasta su sien y arrastró su flequillo para sobar su cabeza, intentando calmarla. Le besó la frente con tal cuidado como si pudiese romperla al tiempo que aflojaba su agarre.

Hinata era una mala mentirosa aunque en esta ocasión se hubiera esforzado por ser convincente, logrando sacarlo de sus casillas.

—¿Me amas, Hinata?— su voz ronca golpeó la oreja de la Hyuuga. Él estaba seguro de eso y presionaría hasta escucharlo.

Ella se tragó el nudo en su garganta y eso la quemó por dentro. Negó en silencio y sus lágrimas protestaron al salir de sus ojos otra vez. El corazón de la Hyuuga se apretó tanto que casi le costaba latir. Sasuke tenía esa capacidad de nublarle la mente con solo hablarle al oído.

—Mientes.

—Tú qué sabes— debatió, trayendo un poco del orgullo de su familia. Escapó de él y avanzó a la mitad de la habitación.

—Mírame.

«No lo mires» se suplicó apretando sus ojos.

Sasuke la sujetó y la hizo retroceder hasta pegarla a una pared. Se apartó un poco buscando sus ojos.

—Hinata…— habló sobre sus labios. Se inclinó y presionó sus labios contra los de ella.

Hinata quiso quitarse pero sus labios pegados contra los de ella no la dejaron.

—Basta ya, por favor— soltó ella cuando él se alejó repartiendo pequeños besos por la piel salada de sus mejillas. La hizo avanzar unos pasos hasta hacerla chocar con el escritorio. Arrojó material de trabajo al suelo y la sentó sobre él. Hinata protestó revolviéndose pero él la afirmó al sujetarla de la cadera.

—Sasuke— ella lo nombró al apretar sus manos en sus hombros, impidiéndole que la derribara sobre el escritorio, al ya haber conseguido meterse entre sus piernas —… de verdad quiero irme.

—Sólo contéstame, eso. ¿Me amas?— preguntó deslizando sus manos por su cuerpo, tocando la pequeña cintura y subiendo. Ella sentada ahí, estaba perfectamente a su altura. La tomó de la nuca y apoyó sus labios otra vez contra los de ella.

Hinata cerró los ojos.

Sasuke entreabrió sus labios y rozó su lengua con la de ella. Hinata vibró cuando su cuerpo reaccionó a él, siendo sincero y reconociendo al hombre al que se había entregado por completo desde tiempo atrás, al que la había moldeado por dentro para recibirlo a placer.

—No vuelvas a besarme— dijo ella y ladeó su rostro. Ya había perdido su voluntad al estar así, pero no podía flaquear en su decisión —. Lo que dije fue cierto… mi familia me importa.

—Entonces déjame arreglarlo.

—¿Cómo podrías?

—Confía en mí

Las manos masculinas volvieron a la cadera de Hinata, jalándola y afirmándola, dejándola sentir la dureza bajo sus pantalones. Hinata lo provocaba. La falda se había subido hasta el final de su cadera desde que él se metió entre sus piernas.

—No voy a quedarme— dijo ella, recuperando un poco de la fuerza que la abandonaban minuto a minuto.

Sasuke subió una de sus manos a su cabello y tiró de él, haciendo que Hinata echara su cabeza hacia atrás. Miró su cuello blanco y delgado, jadeó sobre él antes de besarlo. Chupó de él y Hinata apretó sus manos en su camisa, Sasuke mordió su garganta y separó sus labios para besarla camino a su oreja.

—Sabes que no quieres irte. Dime que me amas— urgió, casi rogando. Su miembro estaba más duro que una roca y ya dolía tenerlo preso.

Ella apretó sus labios. Era necia.

Mordió su oreja y aunque ella no gimió, sus muslos apretaron sus caderas. El cuerpo la traicionaba y seguro se odiaba por eso. Sonrió y volvió a besarle el cuello sin soltar su cabello.

—Si me dices que no me amas y me lo dices viéndome a los ojos, te juro que no volverás a verme— aseguró él, tensándola, una vez que dejó de besarle el cuello.

Se irguió en toda su altura y la severidad de sus ojos negros la penetró. Soltó su cabello y el alivio que sintió pasó desapercibido al ver firmeza en su mirar. Hablaba en serio y a Sasuke le dolió reconocerlo. Hinata debía decidir y si obligarla a estar con él estaba dañándola, entonces lo mejor era que se fuera.

—Pero tendrás que ser muy convincente, Hinata— advirtió —, porque me has entregado más de lo que te gustaría y te has quedado conmigo cuando debiste haberte largado. Si quieres que te deje, dilo.

Soltó ronco, serio. Estaba advirtiéndole. Los ojos de Hinata no contuvieron más las lágrimas y sus manos se le pusieron heladas en esa tarde calurosa. Todavía podía sentir la dureza entre sus piernas, pero había un rastro de dolor en medio de ese seguro mirar oscuro.

—Dilo.

Ella negó, contradiciéndose.

Él sonrió de medio lado, orgulloso de ella. Hinata no iba a irse, la conocía.

—Entonces di que me amas.

Otro par de lágrimas calientes cayeron despacio y ella apretó sus puños.

«No lo digas, por favor» se rogó, se lo debía a su hermana, a Neji.

—Hinata…

«Por favor, no lo digas» su cuerpo tembló. No debía.

—Hina— Sasuke se había acercado a susurrarle al oído al tiempo que la apretaba más contra sí.

—¡Sí te amo, ¿de acuerdo?!— soltó fuerte y claro. «Maldición» Lloró, lo empujó y se bajó de un salto del escritorio. Volteó a verlo derrotada — ¡Había intentado no sentir nada. Pero fue imposible! Este… este sentimiento, este que me quema el pecho, está ahí, no se va, no desaparece— sollozó y se llevó las manos al rostro.

Él dio un pasó a ella.

—Y no te acerques— advirtió, temiendo por lo que él le hacía sentir. Volvió a llorar.

—Oblígame— dijo y sonrió de medio lado, acercándose. Lo enternecía verla así… era un miserable.

Hinata negó en silencio. Sasuke jamás le haría caso y ella ya no tenía fuerza para intentar imponerse a él.

—Hinata— cuando ella retrocedió hasta regresar al escritorio, él la tomó del cuello, acariciándole el mentón; la vio, Hinata estaba ruborizada por el llanto y por su confesión amorosa. Sasuke creyó ver a su ángel más fuerte que nunca. Hinata finalmente lo había aceptado. Él había ganado aunque no lo merecía… Una sonrisa adornó su rostro.

—¿Y sabes qué es lo peor?— volvió a hablar ella imposibilitada de guardar un secreto más. Estaba temblando cuando él puso ambas manos en el escritorio y se inclinó a verla a los ojos. Él alzó el rostro, preguntándole qué — Que de verdad quería quedarme contigo— la garganta se le desgarró y, al estar tan cerca, Hinata siguió los impulsos que casi siempre gobernaban su cuerpo: se abrazó a su cuello y ocultó su rostro en su hombro.

Algo caliente inundó el pecho del pelinegro borrando su sonrisa. Llevó sus dos manos despacio a apretar el pequeño cuerpo que se aferraba a él completamente.

—Lo quería tanto. Me aterré cuando lo supe y me sentí la peor de las egoístas al aceptarlo— el aliento caliente de Hinata le golpeaba el pecho.

Sasuke se dio cuenta que por eso Hinata había estado actuando extraño.

—No puedo vender a mi hermana— dijo todavía abrazada a él, completamente derrotada.

—No lo hagas— respondió él, ronco.

—Sasuke— alzó sus ojos a él creyendo que le tomaba el pelo.

—Déjame arreglarlo— suplicó.

—No podrás.

—Voy a hacerlo— le dijo viéndola a los ojos mientras deslizaba sus dedos por su largo cabello —. Confía en mí.

Ella negó. Sasuke no sabía de lo que hablaba. Cambiar los planes de Hiashi Hyuuga sería algo muy difícil; que nadie saliera perjudicado por eso, era casi imposible.

—No.

—Confía en mí— repitió sobre sus labios —Voy a arreglar esto— susurró él, acariciándole la mejilla despacio.

Ella sonrió sobre sus labios y sus ojos siguieron ardiendo. Quería creerle.

—Mientras tanto, quédate conmigo— suplicó.

—Sasuke…

—Joder, quédate. Por favor— urgió por un 'sí' con voz ronca, necesitada, hablándole sobre los labios. El aroma masculino la mareó.

Las manos de ella se apretaron en el pecho de Sasuke. ¿Podía? ¿Podía quedarse con él solo un poco más? Supo que iba a sufrir horrores… pero también que tenía frente a ella a la persona por la que valía la pena sufrir.

Sasuke besó sus labios con una calma deliberada, provocándola. Hinata separó sus labios y lo sintió tomarla con la misma calma, profundo, llevando sus manos a su nuca y cuello; metió su lengua dentro de ella y Hinata se rindió a él. La Hyuuga cerró los ojos y echó su cabeza ligeramente hacía atrás dejándose besar, correspondiendo y disfrutando.

—¿Lo harás?

—S-sí— soltó mientras sus dedos delgados se escurrían de su cuello a su negro y rebelde cabello. Pegó su boca al cuello de él y dejó escapar el aliento mientras lo dejaba cargarla y subirla de nuevo al escritorio.

«Sólo un poco más» pensó. Sólo eso quería con él. Gimió cuando Sasuke comenzó a besarle el cuello y ella arañó su espalda despacio, provocándolo sin darse cuenta.

La luz del exterior comenzó a hacerse menos al caer la tarde. Y en esa solitaria habitación sólo se encontraban dos personas que se apretaban la una con la otra. Los ojos claros de Hinata era más visibles luego de haber sido bañados por lágrimas y la piel clara de ambos comenzó a verse más cuando él le deslizó la blusa por los hombros a Hinata y luego, incapaz de tolerar más tela entre ambos, llevó sus manos tras su nuca y jaló su camisa, sacándosela finalmente por los brazos.

Las manos de Hinata fueron a él. La uve en su vientre y sus abdominales marcados. Toda su piel estaba ardiendo. Alzó despacio sus ojos por los pectorales y también notó sus bíceps en tensión al estar apoyado en el escritorio, mientras buscaba besarla. Subió sus ojos a su rostro. Tras el pelo negro que enmarcaba su rostro, aquellos ojos ónix profundos la veían, leyéndola. Traspasándola. La sensación de peligro la desbordó. Todo su cuerpo tembló.

Él sonrió de medio lado y ella supo que pertenecía a él. Sus pechos se pusieron duros. Sasuke desbordaba sensualidad, era testosterona pura y se ruborizó al darse cuenta que podía verlo de esa forma. Desearlo.

—Daría mi vida por saber lo que estás pensando— dijo él al notarla agitada y deslizándole el cabello que caía por cara y osaba tocar sus labios.

—Moriría si lo supieras— respondió ella en tono bajo y se mordió el labio inferior. Todavía había en su garganta indicios del nudo que tuvo ahí por largos minutos, pero ahora no podía pasar saliva por otro tipo de reacción.

Él sonrió y se acercó con los labios entreabiertos a tomar los suyos.

—Te amo, Hinata.

—Yo también.

Continuará…


Hola a todos c:

Espero que les haya gustado el capítulo, creo que está entre los más largos de la historia xD En lo personal me gustó, espero a ustedes también. Y bueno, llegamos al inicio del cierre del fic (?

No tengo mucho qué decir salvo agradecer infinitamente a la gente que no me deja sola y apoya esta idea en los comentarios. ¡Me alegran los días!

Hanakohime96, sinedd662, Guest1, csabillonp, yuzuki-sendoh, Nymfhetamina, Nubia M Funez, esther82, Melizz, Wolf-wnzeru, aliciacruzmair, Nana, Erimibe34, AhrenLove, Yumaika Higurashi, Xuxuqui, Marhytsugaya, BC, AiKawaiChan, Guest2, Aty, SaBaKy No MeNnY, Zyan Rose, hinatacris, Gaby del Rey, Guest3, KarlaXM, Artemis fm, Freddy gonza, Aoi Dandelion, Guest4, Suishioka 69, himepeti, alicereptar, anjoas, Yakymoon, Ann688 y Mikashimota Z.

Gracias en especial a la gente que viene llegando a la historia y a aquellos que es la primera vez que comentaron. A los que ya lo hacían, tienen mi amor, lo saben.

Besos y sean felices.

¡Gracias por leer! Y seguiremos pronto c: