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LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.
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FRAGMENTOS DISPERSOS
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«Prométeme que no te irás.» Recordar esa frase en la voz abatida de Sasuke le hacía sentir un nudo en la garganta. A pesar de asegurarle que se quedaría, podía sentir la mirada negra observarla con insistencia, a través del retrovisor, al conducir detrás de él de vuelta al hotel.
Los ojos violáceos de Hinata seguían pendientes de Sasuke delante de ella. Sonrió y suspiró. Aún no se deshacía del ligero estremecimiento que la expectativa del qué tendrían en frente le provocaba, pero sabía que pasara lo que pasara, se quedaría con él.
Las nubes en el cielo ocultaban el brillo de la luna y esto hacía la carretera más oscura de lo normal. Al llegar al hotel, se estacionó justo al lado del coche de Sasuke; éste bajó de inmediato y ella lo hizo tras él.
Sasuke se revolvió el cabello al recargarse en el capó de su auto —Debiste hacerme caso cuando insistí en dormir en otro lado— su voz sonó ronca.
Hinata se acercó con media sonrisa a él y le tomó la mano, arrancándola de su bolsillo.
—Te dije que, si vamos a afrontar esto, lo haremos de verdad. No fingiremos que no pasa nada —apretó suavemente su mano—. Estar aquí, servirá para recordarnos dónde y en qué situación estamos.
Ella quiso jalarlo para hacerlo seguirla al interior, dejando así vacío el pequeño estacionamiento, pero Sasuke la detuvo.
Hinata volvió a sentir que sus ojos escocían cuando él la apretó contra su pecho. Sasuke no dijo nada, pero la forma como estaba apretándola y el latir fuerte de su corazón audible bajo su pecho duro, generaron en Hinata el deseo de quedarse ahí por mucho tiempo.
Sasuke pegó su nariz en el azulino cabello mientras Hinata le acariciaba la espalda. Llevó una de sus manos a alzarle el rostro. Cuando encontró esa mirada triste y noble puesta en él, tragó pesadamente. Analizó el pequeño rostro y la forma en que ella respiraba despacio, sin dejar de verlo un segundo. Las palabras se le atoraron en la garganta, negándose a salir.
Ella merecía mucho más que él, lo sabía, pero no quería dejarla; se lo reconoció al acercar sus labios a los entreabiertos de ella. Quería intentarlo, hacer que todo funcionara. Lo necesitaba. Quería decírselo y que le quedara claro, pero no encontró la forma.
Ambos alientos tibios se mezclaron.
—Vamos adentro— Hinata terminó susurrándole casi sobre los labios sin saber cómo soportó la tentación, cuando Sasuke separó sus labios buscando besarla. Su cuerpo estaba tibio y ansioso por más contacto, pero debían hablar, mucho.
Él resopló derrotado y volvió a revolver su cabello.
—Hay un desastre allá arriba.
Hinata apenas pudo sonreír al entrar con él de la mano. Pensar que Sasuke tuvo una sensación tan dolorosa e insoportable al saber que ella se iría, la misma que lo orilló a hacer a un lado su orgullo por buscarla, le apretaba el pecho y la hacía sentir feliz al mismo tiempo. Ella había sentido lo mismo que él. Esa sensación de pérdida y dolor había amenazado con desgarrar su alma y la había hecho volver a buscarlo, arriesgándose a volver a sufrir. Había sabido que, de cualquier forma, ese dolor que pudiese venir no sería peor que lo que sintió al dejarlo de lado.
Cuando cruzaron el umbral de la puerta, cientos de pequeños vidrios destellaban en el suelo, reflejando la luz proveniente de la ventana, mostrando lo poco que quedó de la bonita mesa de centro. A un costado de la cama había una lámpara ladeada y diversos objetos sin romper sobre la alfombra, acompañando a éstos, también había ropa tirada, seguro había caído cuando Sasuke se cambió, pues reconoció el pijama que había portado.
—Te dije que no era buena idea dormir aquí —dijo él al verla mirar en silencio su pequeño desastre. Hinata era tan ordenada que seguro eso podría darle jaqueca—. Aún podemos…
—No —lo interrumpió de inmediato, y sin soltarlo, se dirigió a la cama. Cuando la puerta se cerró, él supo que no debía pensar en algo más que hablar, pero no pudo no imaginar otra cosa.
Cuando Hinata se sentó, él buscó de inmediato y con hambre sus labios. No le dio oportunidad de tocarlo hasta que no se vio sobre ella.
—Sasuke… debemos hablar —le dijo y apretó los ojos con fuerza cuando él chupó su cuello. Tembló. Pudo sentir la ansiedad de Sasuke cuando sin dificultad la elevó dejándola en medio de la cama, sin dejar de besarla.
Hinata apretó sus piernas cuando él buscó separárselas y sonrió cuando lo escuchó quejarse. Mordió su labio disfrutando de los besos de Sasuke en su cuello. Llevó sus manos al cuello de él y lo detuvo antes de que desnudara sus senos, como ya pretendía hacer.
Los ojos negros se alzaron a ella y vio una triste seriedad en la tierna mirada Hyuuga. Maldijo internamente y apretó los ojos al dejarse caer de espalda a un costado de ella. Hinata se volteó y se metió entre su brazo y su pecho, acariciándolo mientras se alzaba a verle la cara.
—¿Desde cuándo? —la voz de Hinata sonó ligeramente ronca, dada la situación en la que habían estado.
Sasuke abrió los ojos despacio y Hinata esperó a que la viera, pero él fijó su vista en el techo. La mirada negra no mostró nada más que profundidad, seriedad.
—Casi siete años.
Ella tragó ligeramente y entonces él la vio a los ojos.
—No creas que desde entonces me he metido todo lo que me cae en las manos— explicó e incorporándose ligeramente, se deslizó para apoyarse en la cabecera de la cama. Hinata lo siguió, colocándose a su lado y frente a él.
—¿No?
Él negó despacio y bajó su mirada al lugar en su pecho donde ella estaba tocándolo.
—¿Quién? ¿Cómo…? —no supo cómo preguntar, se sentía incómoda y no sabía hasta qué punto invadía su privacidad, pero si querían afrontarlo, debía saber.
—¿Quién me metió en esto? —adivinó— Fue alguien de quien no te voy a hablar. No tiene mucha importancia.
—¿Aún lo ves?
Sasuke negó —Lo conocí porque era amigo de Itachi, o lo fue, en algún tiempo —él la observó —. Y no, Itachi no tiene nada que ver con esto. Aunque lo sabe, no tuvo nada qué ver, también dudo que sepa que fueron precisamente sus viejos amigos los que me la dieron a probar.
—¿Itachi lo sabe? —él asintió— ¿Y cómo no…?
—Ya no soy un niño, Hinata, él lo entiende — dijo y sonrió con pesadez. La vez que Itachi le encontró coca en el departamento, su madre acababa de fallecer, imaginó que tenía sus propios problemas como para no pretender adquirir uno más con él y sus vicios.
—No sé cómo puede dejarte solo —en su voz se escuchó un toque de reproche.
Sasuke entrecerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás.
—No es como que si yo estuviera condenado a muerte —soltó y lo lamentó de inmediato cuando vio los ojos de Hinata brillar, tal vez humedeciéndose. Había sido imbécil. Un error decir eso; él solía justificarse, permitirse consumir y nadie tenía derecho a meterse, pero ella… a ella la había arruinado por justamente eso.
—No vuelvas a actuar como si no tuviera importancia— la voz femenina sonó dolida.
—Lo siento.
Se formaron segundos tensos en la habitación, pero Sasuke siguió acariciando los dedos de Hinata sobre su pecho.
—Antes de ti, de lo que te hice— soltó ronco y tragó saliva para continuar—, incluso después, si soy tan despreciable para decirlo, no creía estar haciendo mal. Nunca nadie había salido lastimado por ello.
Hinata se estremeció, pero no lo soltó. Sasuke se mantuvo tenso.
—Aquella noche… no sé qué fue lo que pasó. Nunca había pasado.
Los ojos de ella picaron y tuvo que jalar aire y contenerlo para aguantar las lágrimas.
—La primera vez comencé como muchos, un churro de marihuana —soltó, evitando verla —, me mantuve un tiempo solo con eso. Después, ellos mismos, comenzaron a regalarme distintas cosas.
—¿Y todo lo consumías? — preguntó preocupada.
Él sonrió y negó —Tampoco soy un imbécil. Usaba lo que me convenía, aprendí a hacerlo.
—¿Convenir? Creo que…
—No —la interrumpió—, inicialmente solo lo hacía como acto de rebeldía, protesta o alguna estupidez similar. Sabía que papá estaba al tanto y eso sólo complicó más las cosas.
—¿Aún vivías con ellos?
—No, aunque él solía joderme con bastante frecuencia —sonrió y ella lo vio con curiosidad, haciéndose una idea en qué punto de su vida había iniciado a consumir.
—¿Y luego?
—Luego me di cuenta que perdía el tiempo, que fracasar era justamente lo que él esperaba de mí. Una vez en la universidad decidí que iba a demostrarle lo contrario. Tenía que rendir, ser sobresaliente, demostrarles que no los necesitaba. Fracasé casi de inmediato —dijo y se burló.
—¿Tu madre… ella lo sabía?
—Imagino que no. Me lo habría dicho y hubiese estado todo el tiempo sobre mí.
Hinata pensó en Itachi y en cómo había ocultado algo tan importante, pero consideró entonces el estado crítico de Mikoto y eso quiso apaciguar su desazón.
Sasuke volteó a ver a Hinata y ella lo miraba, él intuyó que lo que pensaba. Suspiró sonoramente antes de continuar:
—Antes de entrar a la universidad —su voz sonó baja y más amarga— hice muchas estupideces. Era más imbécil, soltero, independiente, rico. En ese entonces fue cuando conocí a Suigetsu y su grupo, salíamos cada noche. Ese ritmo lo llevamos también el primer año de la universidad. Había fiestas, drogas, excesos y sexo.
Hinata tragó pesadamente y aunque quiso hablar y deshacerse de la incomodidad en su estómago, se mantuvo en silencio.
—Ya he estado en algo parecido a rehabilitación —confesó sorprendiéndola—, aunque, como puedes ver, no funcionó del todo.
—¿Del todo? ¿Quieres decir que estuviste peor?
Él asintió —Como te dije, tenía que demostrarle a mi familia que podía solo, pero tampoco pretendía dejar de lado la vida como la conocía.
Para entonces Hinata no pudo seguir viéndolo. A Sasuke parecía costarle decir cada palabra y ella lo notó. Se giró y se recostó sobre su pecho; él le acarició el pelo. Hinata acarició su abdomen todavía sintiendo un nudo en su garganta, pero escuchar el latido calmado del corazón de Sasuke quiso reconfortarla.
—Llegué al extremo de usar metanfetaminas para mantenerme despierto, ya fuese en una noche de fiesta, o una de estudio, incluso cuando me volví parte de la escuadra de baloncesto. Cuando comencé a usar supresores para conciliar el sueño o para poder relajarme, supe que tenía un problema.
—¿Supresores?
—Heroína.
—¡Dios! —los ojos violáceos se mojaron — ¿Fue cuando buscaste ayuda?
Él sonrió agriamente —Algo así.
—¿Por qué no funcionó?
Él negó —Soy un dependiente, Hinata —ella quiso llorar—. Tal vez un adicto. No es tan fácil— dijo y volvió a darse cuenta de lo que le hacía al pedirle que se quedara con él —. Sigo lidiando con ello. Lo intento.
—Y seguiremos intentándolo —Hinata se volteó y encerró su rostro con sus manos, lo vio a los ojos sin ninguna duda —. Tenemos que salir de esto.
—¿Tenemos?
Ella asintió varias veces con firmeza, pese a sus ojos acuosos.
Él sonrió sin ganas y le acomodó tras la oreja un mechón de cabello.
—Yo… yo no sé mucho qué hay que hacer, pero podemos investigarlo. Imagino que deberás internarte por un tiempo y…
—¡Hey! No olvides que tengo un trabajo y…
—Seguro Itachi lo entenderá.
—No.
—Sasuke…
—Vayamos con calma, ¿quieres?
Ella separó los labios y contuvo el aliento unos segundos antes de volver a hablar —: ¿No estarás comenzando a darme largas y al final…?
—No, pero necesito tiempo de arreglar ciertas cosas.
Hinata lo vio sin saber si creerle, conocía a Sasuke y siempre solía regirse por sus propias reglas, no quería que después de pasado el impacto inicial por saberlo un adicto, pretendiera demeritar el hecho y, una vez ella siendo consciente, pretendiese que se lo solapara. Eso no pasaría nunca.
Ella pasó ambas piernas a cada costado de su cuerpo, subiéndose en él, para evitar que desviara su vista. Le tomó el rostro otra vez en sus manos. Las manos de él fueron a sus caderas.
—Júrame que haremos algo al respecto— le pidió viéndole a los ojos —. No quiero saber que te destruyes y que solo puedo quedarme mirando — sus ojos ya humedecidos, picaron.
Él tragó despacio, sin moverse ni hablar.
Los ojos de ella mostraron decepción al no tener respuesta.
«Destruir.» Pensó él al llevar una de sus manos a acariciarle su rostro. Él no se la merecía, ¿cómo era posible que Hinata se preocupara de ese modo, sin pretender dejar que él mismo se destruyera, cuando ya le había destruido la vida una vez a ella?
Un gusto enormemente amargo le caló en la garganta, tuvo que tragar saliva para intentar hablar.
—Tú también.
—¿Yo… qué?
La mirada negra fue de los ojos confundidos de Hinata, a sus labios entreabiertos. Siguió acariciándole el rostro con una de sus manos. La noche era totalmente silenciosa en esa pequeña ciudad, que casi se podían escuchar sus respiraciones, y el latir apenas perceptible de ambos corazones.
—Tú también te estás destruyendo al estar conmigo —dijo y la vio sorprenderse, pero no se apartó, casi podía respirar su aliento al estar ambos pechos unidos—, ¿crees que no lo sé?
Sasuke reconoció entonces toda su mezquindad. Si Hinata creía que podía tolerarlo, para él estaba bien. Había estado bien, siempre y cuando se quedara a su lado. Pero había tenido suficiente de ello.
Ella sonrió nerviosa —No sé de qué hablas— quiso apartarse, pero las fuertes manos masculinas se lo impidieron.
—Si vamos a hacer esto, hagámoslo bien. Eso dijiste, ¿no?
—No entiendo qué tiene que ver conmigo.
Hinata desvió el rostro y él se lo permitió, pero no dejó de acariciarla.
—Necesitas sanarte— dijo y notó la sorpresa en el rostro pálido de Hinata.
—Creo que entiendo lo que quieres y la respuesta es no— Hinata no se atrevió a verlo —. Estoy bien contigo, me siento bien. No hace falta.
—Lo hace.
Ella quiso apartarse y él tuvo que imprimir más fuerza para no dejarla.
—Hinata.
—Sasuke, no. De ninguna forma, no hablaré de esto con nadie.
Cuando ella se atrevió a verlo a los ojos, vio más pesar del que le hubiese gustado.
—Haz esto por mí.
—No— comenzó a tener miedo. Él le sonrió sin ánimo, estaba más que agotado y Hinata parecía querer comenzar a temblar entre sus brazos.
La atrajo a él, haciéndola pegar su rostro sobre su hombro, cerrando un abrazo perfecto. Cerró los ojos y suspiró.
—Nunca lo superaremos de no hacerlo.
Ella comenzó a llorar —¿Cómo terminamos hablando de esto?
Él sonrió y le acarició el cabello, no dijo nada.
—No lo sé, Sasuke…
—Sólo… piénsalo, ¿quieres? Por lo demás, haremos lo que haya qué hacer— aseguró y tragó pesadamente. Todavía no sabía si podría luego de haberlo intentado ya una vez, la recaída había sido fatal y el proceso de desintoxicación era algo que no lo emocionaba volver a experimentar… pero lo intentaría, otra vez.
Cuando Hinata se sintió menos presionada, comenzó a relajarse. Eran casi las dos y el silencio del lugar nunca supo mejor. Sasuke le besó una mejilla y ella le hizo espacio cuando buscó después su cuello. Cuando él buscó meter su mano bajo sus bragas, sonrió y le detuvo la misma.
—Luces agotado— le dijo, apartándose.
—No tanto para esto— respondió antes de pasar su lengua entre sus dientes, viéndole justo entre sus piernas cuando ella se incorporó, todavía montada sobre él.
Hinata apenas se ruborizó. Negó despacio.
—Duerme, creo que en este momento es lo que más necesitas— acarició su pelo —. En unas horas veremos qué hacer.
A Sasuke se le atoró un «gracias» en la garganta y tuvo que fingir que estaba bien cuando Hinata bajó de él y se acurrucó a su lado, completamente vestida. También estaba agotada, solo por eso la dejó tranquila. No se perdonaría enfermarla por su culpa, ya de por sí la había visto más pálida y con algunas ojeras, seguro por sus desajustes de sueño. También estaba comiendo menos. Negó en silencio al verla comenzar a dormir. Se incorporó y se quitó la ropa, quedando únicamente en ropa interior; instantes después le quitó los pantalones, dejándola con la blusa no tan apretada que traía. Cubrió su cuerpo con una manta antes de volver a su lado.
El antiguo dolor de cabeza que le provocaba pensar en la reacción de Hinata había desaparecido, pero eso no evitaba que cierto malestar estuviera aún presente. Aun así, quiso dejarlo pasar y ver qué ocurría después. Bastaba saber que tenía a su mayor debilidad durmiendo tranquila a su lado, confiando en él.
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Luego de unas horas en las que apenas se movió de su posición, Hinata se desperezó en la cama. Sasuke estaba completamente dormido y era extraño encontrarlo en la cama al abrir los ojos. Él le daba la espalda sin darse cuenta y ella, con media sonrisa perezosa, pegó su pecho a su espalda y lo abrazó.
Sentirlo dormir tranquilo, respirando tan despacio y luciendo vulnerable aun siendo dueño de un cuerpo enorme, hizo sentir bien a Hinata. Ambos habían entrado tremendamente en la vida del otro, ahora sí, casi de una forma completa.
La sonrisa que mantenía se desdibujó cuando sintió su estómago extraño. No le dio importancia y viendo que estaba por amanecer, se levantó, buscó en el pantalón de Sasuke su móvil y utilizando cuidadosamente su huella dactilar, lo desbloqueó. Apagó la alarma y lo dejó sobre la cama antes de comenzar a levantar algo del desastre que ahí había, dejando a Sasuke dormido todavía.
—¿Shion? — susurró al meterse al baño momentos después.
—¡Hinata! ¡Que sorpresa oírte! ¿Está todo bien? Lamento lo de ayer y realmente me quedé muy preocupada por ustedes.
La Hyuuga sonrió sujetando su móvil —No, yo lamento la escena. También quería disculparme por eso.
—¡Ah, descuida! No fue tu culpa.
—Sí, bueno, y aunado a todo esto —cambió ligeramente el tema, viendo a Sasuke revolverse en la cama, pero sin terminar de despertar—, quería pedirte un favor — la chica del otro lado aseguró que no había ningún problema y Hinata prosiguió—: Verás, Sasuke no se encuentra del todo bien ahora mismo… ¿crees que podrías…?
—Descuida, yo me encargo. Imagino que no pasó muy buena noche —dijo con seriedad y luego guardó silencio—, o tal vez sí, por eso está indispuesto— se burló, apenando a Hinata.
—No, no es eso, sino que…
—No tienes por qué dar explicaciones. Cuídalo, o diviértelo, lo que prefieras. Tengo que irme. Nos vemos después.
Hinata ya no pudo responder y se quedó escuchando la línea interrumpida. Luego de pestañear un par de veces, sonrió.
Abrió la llave de la regadera dejando correr el agua fría y esperando que se templara. Buscó en un cajón de la encimera del baño y localizó sus pastillas anticonceptivas. Cuando notó que estaba por tomar la última y no tenía signo alguno de entrar en sus días, se extrañó. ¿Cuántos días olvidó tomar la pastilla ese mes? Más de tres veces fueron seguras… entonces, ¿Qué no debía ya haber tenido su periodo?
Un dolor de cabeza la molestó justo cuando sintió el vapor del agua llenar el pequeño cuarto. Comenzó a desnudarse intentando sacar sus cuentas. ¿Debería preocuparse? Tal vez el estrés que tenía por estar ocultando ese viaje con Sasuke a su familia fuese el causante; pues más de una vez su periodo se había retrasado por sus nervios.
«Debo de asegurarme.» Se dijo mientras el agua caliente corría por su cuerpo y se frotaba la nuca, buscando relajarse, después de todo, tenía el problema de la adicción de Sasuke martillándola cada segundo desde la noche anterior.
• • •
Casi a las nueve de la mañana Sasuke por fin abrió los ojos. La habitación estaba en silencio y se enderezó de inmediato al ver el sol, y el lugar vacío a su lado. Un dolor de cabeza lo molestó y lo hizo apretarse la misma con una mano y maldecir.
Hinata lo escuchó y volteó a verlo.
—Despertaste— saludó con media sonrisa.
—¿Qué haces? — preguntó adivinando que usaba su portátil. Dio un vistazo rápido por el lugar y se encontró todo ordenado, hasta los cristales de la que fue la mesa de centro habían desaparecido de la alfombra.
Hinata se levantó del sofá donde había permanecido y se acercó, portátil en mano, a la cama con él.
—Estuve buscando información. Varias de las páginas que visité aseguran que lo mejor es buscar un psicólogo, éste, a su vez, te remitirá con un psiquiatra.
Sasuke arqueó una caja y ella mostró un gesto compungido, pero no permitió que él pensara que era broma.
—¿Psiquiatra?
Ella asintió —Son los especialistas adecuados… a no ser que quieras un método espiritual —dijo con seriedad y repasó en las páginas donde mostraban esas opciones—, creo que…
—No, el psiquiatra está bien— interrumpió frotándose la cabeza, su voz aún sonaba ronca por el sueño.
Cuando él volteó a ver la hora, ella respingó.
—Ah, y, por cierto —dijo atrayendo su atención—, me tomé la libertad de pedirle a Shion que te cubriera, al menos por un rato. Te veías agotado cuando desperté.
Sasuke maldijo internamente.
—Debo retomar el trabajo, el domingo volvemos.
Ella asintió despacio.
—Sasuke, en Tokyo, creo que sé a dónde dirigirnos para…
—Ya —la interrumpió al entenderla y le quitó de las manos la portátil. La atrajo a él y se pegó a su cuello— ¿Hablamos de eso después? —la estremeció con su aliento y después la hizo ruborizar cuando le tomó la mano y la puso sobre su seria erección matutina.
Hinata sonrió y se apartó, aunque se reconocía que Sasuke no hacía más que atraerla y hacerla desearlo, también era consciente que él comenzaría a esforzarse naturalmente; así que, si iba a poner sus energías en algo, sería algo que le quitara problemas… y eso sería el trabajo.
—Por qué mejor no te das una ducha y bajamos a desayunar, después de todo, tienes trabajo qué hacer.
Él se dejó caer de vuelta a la cama cuando Hinata se apartó. Ella fue consciente de la seriedad de su erección y se apartó sintiendo su rostro querer calentarse.
—Vamos, tengo hambre —mintió para apresurarlo. Tenía el estómago revuelto, pero si no le decía eso, él no se levantaría y posiblemente se saltaría el desayuno, y eso era algo que comenzaría a cuidar en él.
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O.O.O.O.O
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—Ino, creo que exageraste —se quejó Shikamaru al ir subiendo las escaleras directo a su departamento, cargando una cantidad ridícula de bolsas de supermercado.
La rubia, con un par de bolsas más, sólo negó fastidiada y puso los ojos en blanco.
—Sigo preguntándome qué demonios comes cuando no estoy por aquí —dijo sin detenerse.
Él resopló desanimado y luego sonrió al alzar su vista y ver el par de muslos de su novia bajo su pequeña falda texana.
—La mitad de la comida en el refrigerador estaba caducada, la mitad del resto ni siquiera te gusta, ¿por qué la compras? —continuó ella.
—Porque a ti te gusta —la respuesta de su novio la hizo sonreír, pero no aminoró mucho su molestia.
Cuando al fin llegaron al departamento, él dejó las bolsas para abrir. Ino apoyó sus codos en el pequeño balcón y suspiró viendo el horizonte comenzar a enrojecer, al caer la tarde.
—¿Y ahora qué ocurre?
—Sigo sin acostumbrarme a la idea de no verte por la universidad. Creo que todo será más aburrido de lo que ya era— dijo volteando a verlo —. Comenzarás a trabajar cada vez más y, si los planes con Naruto se consolidan, estarás más preocupado por su asociación y proyectos que en ver a tu tonta novia universitaria.
Con la puerta abierta y las llaves encajadas en la cerradura, él dejó las bolsas en el suelo y se acercó a ella.
—Hey, ¿crees que dejaría de verte y perderme el placer de llevarme a la cama a una universitaria?
Ino se ruborizó cuando él enredó las manos en su cintura para hablarle al oído.
—¡Ah, serás idiota! — le pegó en las costillas con la palma abierta — Lo digo en serio.
Él suspiró cuando ella se apartó y terminó recargándose en el balcón, mientras ella lo hacía en la pared de enfrente, ver a Ino desanimada era algo que pocas veces solía suceder.
—Sólo serán un par de años y créeme, estarás más ocupada tú que yo.
Ella fingió una sonrisa desganada, pero la quitó de inmediato cuando él volvió a hablar:
—Me gustaría pedirte que vivieras conmigo, pero no te metería jamás a este departamento. Tampoco quiero depender de mis padres, ni ser un asalariado si pretendo pedírtelo— mencionó sin ver el sonrojo que generó en su novia, al estar más pendiente de encender un cigarrillo.
—¿Qué dijiste? —cuestionó ella, atónita.
—¿Mmm? — él alzó sus ojos sin darse cuenta que acababa de mencionar por primera vez, en voz alta, que esperaba vivir con ella.
—¿L-lo dijiste en serio?
Él cayó en cuenta y se llevó una mano a rascarse la cabeza —Bueno… pues no deberías enterarte así, pero…
Ino lo hizo golpearse en el filo del balcón al pegarse en un abrazo a su pecho.
—Juro que creí que te aburrirías con el tiempo —soltó de prisa.
—¿Aburrirme?
Ella dejó escapar el aliento y lo hizo a un lado para sentarse en el balcón, él cuidó de inmediato que no se fuese a caer al tomarla de la cintura. Ino evitó verlo al mirar el horizonte.
—Sí, cuando comiences a trabajar conocerás a mucha gente. Mujeres tal vez atractivas, independientes, que se muevan en tu nuevo círculo y… bueno, yo seguiré siendo la universitaria no tan sobresaliente con la que te peleas cada que no estamos en la cama.
Él se burló y ella volvió a golpearlo.
—Es que deberías escucharte —ella rodó los ojos —. Son justamente esos contrastes los que no me dejan aburrirme. Eres el mini caos que me hace falta.
Ella se burló y alzó su menique a la altura del pecho del chico.
—Júralo.
—¿El qué?
—Estaremos juntos hasta el final.
Shikamaru frunció el ceño —¿Promesa del dedo meñique?
—¡¿Qué?! ¡En las caricaturas funciona!
Una vez hecho, Ino le ayudó a Shikamaru con varias de las bolsas. Momentos más tarde pondría al Nara a descongelar algo de carne mientras ella ponía a hervir agua para el spaghetti que pensaba hacerle de cenar.
Antes de acercarse a su novio a ayudarle un poco, Ino notó que su móvil emitía un destello de luz, avisándole de un texto. Dudó un poco si atender o no y finalmente lo hizo.
Sonrió al ver que era Hinata. Llegaba el día siguiente y le deseaba que estuviese bien, también le agradecía lo que hacía por ella. Moría de ganas de saber los detalles de su estadía con el Uchiha y no se detuvo para regresar el mensaje.
A los segundos su móvil vibró.
—¡Hey, Hina! — saludó emocionada intentado colocar el móvil en la posición perfecta para tener buena luz, y facilitar esa videollamada — ¿Cómo va todo?
Ino hizo una seña con la mano a Shikamaru para indicarle que saldría a hablar al balcón. Los ojos verdes de la rubia apreciaron el semblante cansado de Hinata del otro lado.
—Luces agotada, ¿tan bueno es?
Hinata sonrió sin ganas —Qué cosas dices.
—Entonces, ¿no es por eso?
A Ino le dio la sensación que algo estaba ocurriendo con ella, Hinata no le hubiese marcado si pensaba quedarse callada. Algo debía pasar para que luciera casi atormentada.
—Ino… Sasuke consume drogas — la escuchó perfectamente a pesar de que Hinata inclinó su rostro sobre la cama, como lamentando decirle eso.
—Bueno… Hi-Hinata, no sé qué decirte —soltó luego de unos segundos, conocía lo recta o casi puritana que era su amiga, intuyó que por eso se notaba así —. Claro que no lo apoyo, pero, bueno, en estos tiempos muchas personas suelen…
—Yo no lo hago y estoy segura que tú tampoco.
—Por supuesto que no, pero, bueno, Sasuke es hombre y con la vida que ha llevado —quiso explicar. La noticia no la tomaba tan de sorpresa como a Hinata, pues cuando Sasuke dejó la escuadra por negarse al antidoping, lo había intuido.
—Cielos, no sé si podré ayudarle —dijo la otra y se le veía preocupada.
—¿Él quiere ayuda?
—Aceptó una rehabilitación.
—Wow.
—Pero, para serte franca, no sé si sea sincero —se escuchó un tono amargo de Hinata —, no duerme mucho y aunque nos deshicimos de lo que consumía, a veces me da la impresión de que no lo deja del todo.
—Bueno, es un proceso. Y uno largo y complicado, claro que habrá recaídas.
—¿Recaídas? A veces creo que ni siquiera ha comenzado.
—¿Y eso te hace querer dejarlo?
—¡Cielos, no! —soltó de prisa y volteó atrás, por lo que Ino supuso que Sasuke o estaba cerca, o estaba por llegar — Pero me resulta agobiante no ser capaz de hacer algo— explicó y posterior a eso le dijo lo ocurrido y todo lo que habían hablado.
—Bueno, entonces supongo que no te queda más que esperar a regresar. La verdad nunca he estado en un proceso como ese, pero se debe de tener mucha fuerza para pasarlo. A veces es más duro para el familiar que para el propio adicto.
—Lo sé —Hinata volvió a dejar caer su rostro al colchón y cuando lo levantó, no veía de frente a la cámara.
—¿Hay algo más que esté preocupándote? — preguntó la rubia que seguía notándola extraña.
Hinata jugó con uno de los hilos transparentes que daban forma al edredón sobre el cual estaba.
—La verdad sí —respondió por fin.
—¿Y qué es eso?
Hinata demoró unos segundos antes de volver a hablar —Ino, hoy me tomé la tercera píldora anticonceptiva de un nuevo set, y no tuve mi periodo— se mordió el labio al finalizar.
La otra abrió los ojos sin mesura.
—¿Quieres decir que…?
—Cielos, no lo sé.
Ino perdió el aliento y tuvo que jalar aire para reponerse —¿Él lo sabe?
—¡No! Ni siquiera yo estoy segura.
—¡Hinata, ¿qué demonios piensas?! ¿Cómo puedes seguir tomando las píldoras si sospechas que…?
La otra sintió el golpe del reproche en medio del pecho.
—Tengo miedo, ¿entiendes? —dijo, tal vez si seguía tomándolas pretendiendo que solo era un retraso por estrés, fingiendo que no pasaba nada, tal vez no pasaría nada, y todo estaría bien.
—¿Si estás embarazada hay algún riesgo por tomarlas?
Hinata negó no muy convencida —Las indicaciones dicen que pueden fallar, pero de usarse correctamente el rango de error es mínimo, y que, si llego a quedar embarazada, las píldoras no son abortivas.
Ino respiró un poco más tranquila por eso, pero de pronto otro golpe pareció sorprenderla, al haber pensado primero en sus principios que en la situación de la chica del otro lado del móvil.
—Hinata… y, ¿qué harías si sí?
—Es que no lo sé.
—Tu padre querrá tu cabeza en bandeja —reconoció preocupada—. ¿Abortarías un hijo de Sasuke?
Un escalofrío recorrió a la Hyuuga y cerró los ojos apesadumbrada.
—Ino, debo dejarte, siento ser abrupta, pero Sasuke acaba de salir de ducharse y…
—No te preocupes, entiendo —dijo la rubia y siguió viendo un semblante de preocupación en Hinata.
—¿Puedo pedirte discreción?
—Dalo por hecho. Nos vemos aquí en cuanto llegues, ¿está bien? — Hinata asintió y sonrió, para de inmediato cortar comunicación.
—¡Hey! —Shikamaru apareció y habló viendo a su novia ver el móvil apagado — La cena ya casi está lista —añadió e Ino volteó a verlo despacio —. ¿Está todo bien?
Ino pasó saliva y le sonrió al segundo siguiente.
—Todo bien, vamos.
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O.O.O.O.O
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Hinata deslizó su móvil bajo la almohada en cuanto la puerta del baño se abrió.
Sasuke pasó su vista por la habitación.
—¿Con quién hablabas?
—Ah, con Ino —respondió Hinata con media sonrisa incómoda—, sólo quería agradecerle por haberme cubierto hasta el final —se obligó a añadir.
Él dejó la toalla con que secaba su cabello sobre el respaldo del sofá y se acercó a ella, con solo otra toalla rodeando su cintura.
—Iré a ducharme —quiso pasarlo de largo, pero él la tomó de un brazo.
—Dijiste que lo harías por la mañana —le recordó con el ceño ligeramente fruncido y la vio a los ojos.
—Cierto —aceptó y pegó su rostro al pecho húmedo de él, sin poder sostenerle la vista.
—¿Ocurre algo? —aunque Hinata negó, era más que evidente su cambio de ánimo— No te estarás arrepintiendo, ¿o sí?
—¡Ah, claro que no! Sólo estoy agotada.
—Últimamente lo estás, ¿estás comiendo bien?
Ella asintió y quiso ponerse nerviosa; Sasuke sospechando lo que podría estarle ocurriendo era lo último que necesitaba.
Él la hizo retroceder hasta la cama y Hinata sonrió cuando los dedos de Sasuke se deslizaron por la parte externa de su muslo.
—No creo que sea buena idea —le dijo buscando apartarse.
—No creas que no me doy cuenta lo que haces —le susurró ronco en la oreja.
Ella jadeó en silencio antes de hablar —: ¿Y qué hago?
Él sonrió, pegado a ella, Hinata pudo sentir en su mejilla el gesto de su rostro y eso la hizo sentir bien.
—Si crees que quitándome el sexo me ayudas, temo decirte que es un gran error.
Ella jadeó fuerte cuando él la tomó de ambos muslos y la hizo rodearle la cadera. A través de su blusón pudo sentir la frescura de la piel húmeda del pecho del Uchiha. También enredó sus brazos por su cuello y le sonrió por primera vez con sinceridad.
—Creo que necesitas ahorrar energías —le habló sobre los labios mientras él de rodillas avanzaba sobre el colchón, hasta recargarla en la cabecera sin dejarla bajarse de él.
—Y yo más bien creo que necesito liberarlas —la sonrisa torcida de Sasuke liberó un sonrojo de Hinata.
—Cielos —gimió cuando él metió una de sus manos entre sus cuerpos y tocó su sexo, frotándolo con toda su mano. Hinata apretó sus ojos y abrió su boca cuando Sasuke la besó hambriento, pegando su sexo a ella después de hacerle a un lado sus bragas.
Hinata lamió la lengua que Sasuke mantenía dentro de su boca, todavía preguntándose si hacerlo agotarse de esa forma estaba bien. Su cuerpo comenzó a arder al sentir que el miembro masculino, caliente y duro, escapaba de la toalla y se apretaba contra ella, al mismo tiempo que Sasuke le apretaba fuerte con ambas manos sus senos. Su cuerpo era apretado posesivamente contra la cabecera, las manos masculinas pasaron de torturar los pezones de Hinata, deslizando el blusón hasta dejarlos libres, al par de nalgas de la chica.
Hinata dejó de besarlo cuando sintió que Sasuke tomaba su miembro buscando penetrarla. Se apartó suavemente y luego de ver por unos segundos a un casi confundido Sasuke, le acarició el rostro.
—¿Qué…?
Ella volvió a besarlo, esta vez despacio. Él cesó en su intento por penetrarla y enredó sus brazos en la pequeña cintura, despegándola de la cabecera y aplastando los redondos senos a su pecho perlado. Algo estaba ocurriéndole a Hinata y no saber lo estaba molestando.
Sasuke llevó sus labios hambrientos a chuparle el cuello. Escuchó a Hinata gemir en su oído y eso lo endureció a doler. Ella apretó sus muslos y brazos, aferrándose a él, mientras Sasuke la tomaba de las nalgas y la movía, frotando y mojando su dureza, haciéndose gemir.
Le gustaba, en extremo, como se sentía al lado de Hinata, por eso se negaría hasta la muerte a perderla. Amaba su sabor a inocencia, toda su luz, pero también en la persona que ella se volvía cuando estaba con él. Mordió su cuello y ella vibró.
Haberla hecho suya, suya de verdad, era un logro que nadie iba a poder arrancarle. Hinata, con sus vulnerabilidades y esas preocupaciones que ahora la embargaban, era de él. Lamió su cuello y subió su lengua pasando por su mandíbula directo a su oreja, cuando lamió y chupó ésta, Hinata no pudo más.
—Por favor —gimió—… ha-hazlo ya —pidió apenada.
Él sonrió con malicia y la elevó del trasero. La vio sonrojada al extremo cuando así encontró camino a su interior. Ella mezcló su cabello azulino en la cabellera negra, al pegar su frente a la de él. Jadeó en sus labios. Sasuke sintió como Hinata aminoró la fuerza de su abrazo, deslizando su cuerpo, y permitiéndole hundirse en su interior.
Él la apretó fuerte y la jaló hacia abajo, enterrándose tanto como podía dentro de ella. Hinata solo pudo gemir y apretarse a él. Cuando Sasuke volvió a chupar su cuello, el corazón de Hinata ya latía desbocado; ladeó su rostro y buscó sus labios. Correspondió con pasión al ardor con el que él la besaba. Enredó sus dedos en el negro cabello y se apartó milímetros de sus labios para poder y permitirle respirar. Mientras jadeaba y lo sentía llenar y vaciar su interior, golpeándose contra ella, se preguntaba si sería posible que dentro de su cuerpo se estuviera gestando vida. Suya y de él.
Sasuke jadeó —Realmente iba a extrañarte — le dijo sin apenas superar que pudo perderla.
Ella se estremeció y echó su cabeza hacia atrás, mientras él la sujetaba de las caderas y se empujaba cada vez más fuerte en dentro de su cuerpo. De lo único que era consciente era de su cuerpo moviéndose y cómo Sasuke encajaba sus dedos en su piel, sosteniéndola. Su cerebro comenzaba a adormecerse distinguiendo apenas, como un eco, sus gemidos y los de él, el sonido acuoso que provocaban sus cuerpos cuando él encajaba la totalidad de su miembro en su interior, haciendo chocar su pelvis con su sexo. La longitud y el grosor de su miembro fácilmente podían hacerla sentir que se partiría en dos, pero ella no podía más que disfrutarlo, encajar sus dedos en el negro cabello y gemir, mucho, con cada empalme. Alejarse de él, ya era impensable. Dolería y no estaba dispuesta a hacerlo.
—Te amo —apenas pudo mencionar sin jadear, calentando el pecho del chico entre sus muslos, haciéndolo solo imprimir más fuerza en sus embistes, comenzando a derretirla por dentro.
•
O.O.O.O.O
•
El domingo por la noche Hinata estaba ya finalmente en su departamento. Ordenó enseguida su ropa al tiempo que revisaba sus llamadas, tenía un par de mensajes de Kurenai y un par más de Naruto y Kiba, de justo antes de que se enterasen que había salido de viaje.
Sasuke se había dirigido al departamento de Itachi para entregar los últimos avances y, esperaba, aunque no lo habían hablado, que le comentara sobre el tiempo que necesitaría para iniciar un proceso de alejamiento de las drogas.
Con la ventana abierta de su habitación, dejando entrar aire fresco y el sonido que no extrañó mucho, del pitar de los coches y el repicar de los mismos, encendió su computador y mandó un texto al móvil de su hermana, avisándole que ya había regresado. Haría lo mismo con Neji minutos después.
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O.O.O.O.O
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—Vaya, pues no esperaba menos de ti, cumpliste bien con los tiempos y el avance esperado a pesar de ir iniciando— comentó Itachi viendo en los planos digitales y comparando varios datos impresos —. Pero, ¿por qué viniste ahora? Sabes bien que pudiste reportar mañana en la oficina, como el resto.
La mirada negra del mayor se levantó al dejar los papeles en la mesa y observar a su hermano tirado sobre uno de sus sofás. Sasuke se frotaba el puente de la nariz al apoyar su cabeza en el descanso del sofá, una de sus piernas pendía al suelo.
—No me dirás que el trabajo te resultó de lo más exigente, ¿o sí?
Sasuke negó.
—Si no es el trabajo, entonces…
—Hinata me vio metiéndome mierdas —soltó de pronto sorprendiendo al mayor.
Itachi cerró los ojos y suspiró, manos en los bolsillos, al levantarse de la silla y caminar frente a Sasuke.
—Sigues en ello.
—¿Habría de dejarlo por acto de magia? —soltó sarcástico al tiempo de enderezarse y apoyar los codos en sus rodillas, dejando sus manos unidas pendiendo entre ambas piernas.
El mayor se abstuvo de rodar los ojos ante su mal carácter.
—Imagino que no te ha mandado al demonio, de lo contrario no estarías tan calmado, ¿cómo conseguiste que no lo hiciera?
Sasuke negó, Hinata estuvo a nada de mandarlo al infierno y dejarlo ahí.
—Prometí rehabilitarme.
Itachi arqueó una ceja —¿Y piensas cumplirlo?
Sasuke se puso de pie y lo pasó de largo, encaminándose al balcón abierto en ese departamento. Se recargó en el muro y observó la ciudad iluminada, mientras su hermano lo veía con atención.
Tragó pesadamente antes de hablar—: ¿Crees que, si intento eliminar una a una las decepciones que se ha llevado, reconfortándola, pueda limpiar un pecado?
Itachi frunció el ceño, sin creer comprender el peso de sus palabras.
—No, eso sería demasiado fácil.
El menor sonrió con amargura —Lo supuse.
—Pero si lo que buscas es sentirte menos peor por algo, creo que la expiación es la mejor manera.
Sasuke volteó a verlo de reojo, e Itachi continuó en tono resignado:
—No eres muy claro en el punto que quieres tocar. Pero me temo, que un pecado, uno verdadero, no puede ser borrado sin importar lo que hagas.
Sasuke sintió como si tragara un puño de púas al pasar saliva despacio. Volvió su vista a la ciudad. Sí, eso lo sabía, y se temía que lo tenía muy claro cada vez que veía unos ojos violáceos tristes.
—Y, ¿por qué lo preguntabas, de cualquier forma? —añadió Itachi ante el extraño mutismo de su hermano menor.
Sasuke negó en silencio al volver a entrar y tomar sus cosas.
—No querrás oírlo. Cuando lo sepas, tendrás claro la clase de mierda que soy— dijo comenzar a salir.
Itachi tuvo una sensación en el pecho que no le gustó.
—¡Sasuke! —el menor apenas se detuvo antes de salir, pero no volteó a verlo— No importa lo que creas que hayas hecho, siempre serás mi hermano y puedes contar conmigo.
El menor esbozó un intento de sonrisa negó en silencio al cruzar el umbral de la puerta—Nos vemos mañana.
• • •
Esa noche Sasuke no pudo más que darle vueltas a la respuesta de Itachi. «Un pecado, uno verdadero, no puede ser borrado sin importar lo que hagas.»
Él lo sabía y aunque no había pretendido hacerse creer que podría borrarlo, sí creía que podía lidiar con él si Hinata lo hacía. Ahora más que nunca le interesaba intentar sanarla, curar un poco el corazón trizado y, tal vez, poder hacer que las cosas funcionaran.
Resopló sonoramente y acarició a Gato que había llegado minutos atrás a la cama, a su lado. Esa noche Hinata había dicho que vería su primo y que no podría pasar a su departamento, lo que no lo molestó, contrario a lo que pudo creer.
•
O.O.O.O.O
•
Ino resopló sonoramente y negó despacio. Agitó su té frio y luego volvió a poner su mirada verde en el semblante distraído de Hinata frente a ella.
El restaurant estaba casi lleno, la gente pasaba a su lado, a un costado de la mesa vestida de cuadros rojos y blancos, como también lo hacía por la acera, del otro lado del cristal. El sonido de la gran avenida era opacado por la suave música que resonaba en el local.
—Es que no lo entiendes— dijo Hinata al volver a verla.
Ya no lucía tan decaída como se había visto a través de la videollamada, pero no estaba tampoco alegre, como cuando se fue con Sasuke, se reconoció Ino.
—¡Pues claro que no! —alegó la rubia— ¿No que te morías por saber si… estabas embarazada o no? — bajó la voz ante lo último.
Hinata asintió despacio.
—Han pasado ya tres días desde que regresaron y no te has comprado siquiera una prueba casera.
—No quiero hacerlo así, ya te lo dije —dijo y bajó su mirada al pastelito frente a ella, comenzó a picarlo. Aun no tenía su periodo, pero sentía pequeños cólicos, lo que quiso tranquilizarla —. Además, mañana veré a Neji para cenar, no quiero verlo tan pronto si el resultado es positivo. No imagino cómo podría callar si es que sí estoy embarazada.
Ino alzó ambas cejas, entendiendo su preocupación.
—Aunque tendrías que verlo de cualquier forma.
Hinata asintió.
—Mañana en la mañana conseguí cita para ir con Sasuke al psicólogo en una clínica cercana, aún no sé cómo vaya a resultar la consulta. Ahí mismo me haré una prueba sanguínea.
—¿Se lo dirás?
La Hyuuga negó y dejó escapar el aliento, claramente ansiosa.
—No, aun no sé qué haré, pero me las arreglaré para hacerme la prueba sin que se dé cuenta. Volveré por ella el día siguiente, así podré ver a Neji sin saber nada, disimular será más fácil.
—Vaya, pues lo tienes todo planeado.
Ojalá fuese tan fácil, pensó Hinata. De resultar positivo estaría ante el inconveniente más grande que hubiese tenido en su vida: sería la decepción de su familia, ahora sí de verdad. Seguro su hermana se alegraría, casi sonríe por eso, pero eso no quitaba que pondría a Hanabi en una situación complicada. Neji, ¡Dios, Neji! No imaginaba siquiera cómo podría reaccionar.
Ino cambió de tema intentando relajarla. Aunque la rubia no lo mencionara, un posible embarazo complicaría más la maraña secreta con sus amigos. Confesar que tenía una relación con Sasuke desde hacía casi un año, sería peor si ahora agregaba que sería la madre de su hijo.
Comer con esa ansiedad recorriéndole el cuerpo, fue todo un reto, la comida no le sabía a nada.
Un par de hojas verdes desprendidas de los árboles por el viento volaron del otro lado del cristal del ventanal. Había entrado el verano y con él la temporada de lluvias en el país. Ino maldijo no haber aprovechado para pasearse por las playas antes, al sospechar que llovería pronto, luego, dejó de ver el exterior y volvió su atención y sonrisa a Hinata.
—El fin de semana celebraremos el cumpleaños de Sasuke, ¿has pensado qué ponerte?
Hinata sonrió —Con todo lo que ha pasado, no tengo la más mínima idea. ¿Qué se supone que deba usar?
—Un vestido hermoso que deje sin aliento al amargado de tu novio, ¿qué más? —se burló— Aunque, teniendo en cuenta lo celoso que es, no sé si sea tan buena idea; lo que menos queremos es que otra vez se agarre a golpes con Gaara o alguien así.
—¿Gaara?
Ino asintió —Es parte de la escuadra de baloncesto y creí que sería buena idea… todavía me cuesta decirle adiós al viejo grupo— confesó apenada.
—Entiendo.
—No te molesta, ¿verdad?
Hinata negó, no había razón para molestarse, Sasuke debería entenderlo igual.
—Creo que sería buena idea mostrarte un poco más cerca de Sasuke ese día, digo, así cuando todos lo sepan, no los tomará tan de sorpresa, ¿no crees?
—¿Te lo parece?
Ino asintió —Creo que sería bueno. Tal vez podrías hablarlo con Sakura, que seguro será la más afectada, luego, poco a poco, con el resto. Aunque, pensándolo mejor —se llevó un dedo a la barbilla—, creo que eso le tocaría a Sasuke, que él se encargue.
Hinata meditó sus palabras, Sasuke había cambiado mucho a como era cuando lo conoció, pero dudaba que tuviera el tacto suficiente para informar a Sakura de lo que ocurría entre ellos. Casi podía imaginarlo diciéndoselo y dándose la vuelta para dejarla sola, sin esperar a que reaccionara. No estaba segura.
•
O.O.O.O.O
•
El jueves, cerca de las diez, Hinata salió corriendo del elevador, directo al coche de Sasuke que la esperaba en la puerta. Saludó rápido del encargado del edificio y entró al auto.
Dio un beso apresurado a Sasuke y tuvo que permanecer unos segundos más sobre sus labios cuando éste la detuvo al tomarla de la nuca. Sonrió al romper el contacto… pese a que se dirigían a ver a un especialista para comenzar a tratarlo, él lucía de un humor casi agradable.
—¿Tienes hambre? — preguntó él al arrancar el coche y meterse al flujo vehicular.
Sí, tenía hambre, ya era tarde, pero los análisis que iba a realizarse exigían ayuno.
—No, comí algo momentos antes. ¿Y tú?
Sasuke negó —Tampoco.
—Podemos comer algo al salir, ¿te parece? —sugirió, últimamente se sentía más tranquila al verlo comer.
Él aceptó y tomó dirección a la clínica que Hinata había indicado el día anterior.
Más de veinte minutos después, debido al tráfico, ambos bajaron por fin del vehículo. Hinata buscó la mano de Sasuke que no se veía nervioso o siquiera incómodo, lo que la hizo sentir mejor.
—¿Cómo se te ocurrió venir aquí? ¿Conoces al médico que veremos? —preguntó él con tono casi impersonal.
Ella negó. Ambos recordaban ese lugar, fue ahí donde Kurenai estuvo internada tras del accidente que sufrió luego de ir a visitar a Hinata, meses atrás.
—No, pero una de las veces que vine aquí leí un cartel orientativo sobre el tema y, luego de investigar, me di cuenta que aquí tienen especialistas confiables.
—¿Una de las veces? —preguntó, las veces que Hinata estuvo ahí, él mismo había estado con ella, pese a que en aquél entonces su relación no era necesariamente buena.
Ella asintió —Luego del accidente de mi maestra, necesitó varias transfusiones de sangre y, naturalmente, había que reponerlas. He venido aquí varias veces como donadora altruista después de eso.
—Ya veo —respondió él ingresando.
Hinata caminó con él directo a los consultorios del primer piso.
—Y, ¿la persona que te trató antes era buena en su campo?
Él se burló —Sí, pese a que no fui tan buen paciente.
—Oh — ella no supo si su pregunta lo había incomodado.
—Como sea, Orochimaru es amigo de mi padre, y aunque confío en su discreción, prefiero no recurrir a él.
Hinata asintió. Una vez frente al módulo de enfermeras mencionó que tenía cita, la hora acordada y su nombre. La enfermera asintió y corroboró su información.
Una vez que les pidieron esperar, tomaron asiento en la sala destinada para ello.
Hinata comenzaba a ponerse nerviosa, apretaba la mano de Sasuke sin darse cuenta, mientras veía a la gente llegar y retirarse de los distintos consultorios. El Uchiha soltó su mano y ella pareció no darse cuenta. Cuando él revolvió su cabello, ella volteó otra vez a verlo.
—¿Si? — preguntó, estaba segura que quería decirle algo.
—Una vez que haga esto, promete que la siguiente serás tú.
Ella se tensó.
—Esta misma semana.
Hinata perdió el aliento —No sé si esté lista.
—Si esperas para estarlo, nunca lo estarás— la mirada negra, compungida, la vio con seriedad.
—No lo sé.
La enfermera se acercó diciéndoles que podían entrar.
—Apartaré una cita al salir.
—¿Qué? ¡No! — él se levantó para ir al consultorio y Hinata ya no supo qué decir— ¿Quieres que entre contigo?
—No, estaré bien.
Ella se quedó de pie viéndolo partir y ahora su estómago estaba el doble más revuelto. Dejó escapar el aliento despacio y se rogó por respirar tranquila. Debía pensar, pensar claro.
«Ah, santo cielo.»
Sasuke era tan necio e inconsciente, ¿cómo le pedía eso? Ella no estaba lista y, como dijo, tal vez no lo estaría nunca. Pero, ahora no podía preocuparse por eso, ahora había algo que debía hacer.
Apretó su bolso y se apresuró a los laboratorios. La enfermera dijo que una cita demoraba casi media hora, salvo que requiriese más tiempo, y a ella le bastaban esos treinta minutos para una muestra sanguínea.
Los pasos de Sasuke se detuvieron antes de llegar a la puerta del consultorio indicado. Decir que lo que estaba por comenzar no lo ponía nervioso, era mentir. Ya estaba molestándolo no ser capaz de lograrlo y recaer, decepcionando a Hinata. Pero iba a hacerlo, debía intentarlo… al menos así tendría cara para exigirle a Hinata hacer lo que debía hacer. Sanarse.
Ella debía sanarse. Debía hacerlo, aunque al final la vida terminara por colocarlos en lugares diferentes, separados, porque la verdad era que no se la merecía.
«Maldición.» pensó justo antes de abrir la puerta.
• • •
Cerca de veinte minutos después, Hinata estaba rascándose nerviosa la cintilla color beige que usaron para sellar la herida que dejó la aguja en su brazo. Sasuke aún no salía y agradecía haberle dicho que era donadora de sangre para justificar la marca en su brazo.
Los resultados estarían listos en una hora, pero ella prefirió pasar por ellos después, pues, como le había dicho a Ino, no creía poder con la tensión si resultaban positivos, menos, viendo a Neji esa misma tarde.
Los ojos violáceos mostraron una leve sorpresa al ver a Sasuke salir del consultorio. El pelinegro parecía aún más alto y recio frente al menudo médico que había salido a despedirlo y con el que se entretenía hablando. Él volteó a verla y mantuvo sus ojos en ella unos segundos antes de volver su atención al especialista. Hinata sintió que su estómago se revolvió. Sólo hasta ese momento pareció caerle bien el peso de un hijo, ¿podría imaginar a Sasuke cargando un hijo propio? ¿Qué le diría? ¿Cómo reaccionaría? Nunca habían hablado de eso, era ella la de la responsabilidad de cuidar que eso no pasara, ella le había asegurado que se cuidaba. ¿Y su familia?
Todo era un caos y sabía que de seguir pensándolo podría fácilmente marearse. No quería eso. Tuvo que darse la vuelta pretendiendo perder el tiempo para que él no la notara.
Menos de tres minutos después, Sasuke estaba tomándola de la mano para salir de ahí.
—¿Cómo te fue? Demoraste mucho.
Él no volteó a verla mientras la sacaba de ahí.
—Le hablé de ti.
—¡¿Qué?!
• • •
Sasuke, con su nariz apoyada sobre sus dedos entrecruzados, al mantener los codos sobre la mesa, veía con atención a Hinata jugar con la comida.
—Sigues sin estar segura.
Ella no supo qué responder a pesar que eso había sido una afirmación.
—No quiero que nadie nos juzgue.
Él sonrió picando también su comida —A ti nadie va juzgarte. Respecto a mí, ¿qué podría pasar? ¿Qué me enviaran a la cárcel?
—Esto no es gracioso— aclaró viéndolo molesta por primera vez. Él guardó silencio —. No permitiría que eso pasara.
Sasuke sólo negó sin detenerse a pensarlo. Para su suerte o desgracia, era la palabra de Hinata contra la de cualquiera, y si ella antes no quiso acusarlo, ahora jamás lo haría. Pasando de esto, seguía necesitando ver por ella y sus heridas casi cicatrizadas.
—Mañana en la mañana— dijo él y no necesitó más para que ella comprendiera que era cuando el psicólogo estaría esperándola.
• • •
Luego de despedirse de Sasuke, cuando la dejó nerviosa y más confusa que antes, Hinata por fin volvió a su departamento. El Uchiha sabía que se vería con Neji por la tarde y él, para su fastidio, tenía trabajo que hacer en la constructora de su hermano, reunirse con Shion y continuar con la planeación.
Hinata habló con Ino a media tarde, le contó sobre el estudio que se había realizado y como al día siguiente pasaría personalmente por los resultados. Se moría de ganas de contarle todo, necesitaba hablar con alguien de todos sus miedos y escuchar el consejo de alguien que se preocupara por ella. Pero había cosas que sólo eran de Sasuke y ella… y necesitaba que así siguieran. El día siguiente, cuando fuese a recoger sus estudios, también estaría ante la disyuntiva más grande… hacerle caso a Sasuke, o sólo seguir adelante como hasta el momento había hecho.
Neji le había dicho que pasaría por ella cerca de las ocho, tenían reservación en un restaurant al que sus padres solían llevarlos cuando niños, eran gratos recuerdos los que ahí se conservaban y quiso honrar eso al arreglarse lo suficiente.
La noche cayó en menos de lo esperado, una pequeña llovizna se extendía por la ciudad, pero eso no fue impedimento para que Hinata se pusiera un bonito vestido de gasa, la falda del mismo iniciaba en su cintura de un color gris oscuro y el escote en forma de 'v' era de un gris más claro. Unas zapatillas de listón negro casi completaron el atuendo. Se colocó unos pendientes largos y luego de meditarlo, decidió colocarse aquél dije en forma de luna que Sasuke le había regalado en su cumpleaños. El brillo le recordó aquél momento cuando Sasuke se lo entregó, cuando le pidió que lo quisiera.
Quería recordar eso, recordarlo en todo momento.
Hinata pasó su mano sobre la delicada cadena y se mordió su labio al rememorar al Uchiha.
—Luces emocionada —esa voz proveniente del marco de la puerta de la habitación la hizo respingar—, tal vez más de lo que deberías —acusó haciéndola sonreír.
—¿Qué haces aquí? Sabes que Neji no demorará en llegar.
El gruñó para sus adentros y se acercó a ella. Algo en sus pasos lentos le recordó a Hinata a un depredador al asecho.
—Vine a verte, ¿qué, no puedo?
Un pie grande tras el otro se detuvo frente a los delicados pies femeninos, haciéndolos retroceder un paso.
Hinata estuvo a punto de decir algo, pero Sasuke le acarició el rostro, enmudeciéndola. Todo él desprendía seducción y tentación, y él era consciente de ello, aprovechándolo. Ella se obligó a parecer inmune, al sonreírle.
—Debo bajar en cualquier momento —le dijo y separó sus labios para recibir los de él.
Sasuke sonrió antes de besarla al reconocer en su pecho abultado el dije que le regaló, el mismo que la señalaba como suya. La besó con pereza intencional, provocándola y haciéndola pegar contra el espejo a su espalda. El beso fue tan lento que Hinata tuvo que enredar sus brazos a su nuca sosteniéndose al disfrutarlo, hasta que por fin pudo respirar al apartarse.
Sasuke cerró su mano sobre su cuello con extremo cuidado, preguntándose cómo era posible terminar de condenar su alma por los deseos impuros que en ese momento estaba teniendo. La hizo elevar su rostro y rozó sus labios en su piel, al dirigirse a su oreja, ignorando lo rígido que estaba su propio cuerpo.
—Llega esta noche a mi departamento.
Hinata que se encontraba de pronto con las piernas más débiles al verse presa de todo su cuerpo, sólo pudo asentir. Ella apretó los ojos para no temblar y contuvo el aliento cuando Sasuke bajó despacio su otra mano por la espalda, apenas tocándola, mientras chupaba el lóbulo de su oreja. Hinata era consciente que él sabía perfectamente que ella amaba su fuerza, pero esa lentitud asfixiante que prometía pasión era su mayor debilidad. Sasuke era tan malo haciéndole eso cuando Neji no demoraba en llegar.
El móvil de la peliazul vibró sobre la cama y el sonido la hizo dirigir la mirada a él.
—Es Neji, debo responder o subirá —dijo apenas logrando no besarlo otra vez al ver sus ojos.
Sasuke apretó con más posesión su cuello y no la dejó moverse. Hinata perdió el aliento por eso y aunque sabía que debía irse, estar con él un poco más era una tentación.
Él separó sus labios y lamió los de ella, dejándole su sabor. Hinata se quedó quieta cuando él volvió a lamerla y luego fue ella la que no soportó más y lo tomó del cuello, pegando completos sus labios a él, y lo besó, encajando su lengua dentro de él. Sasuke hizo sonar el espejo al pegarse a ella y correrle el labial al besarla con avidez. Ambas manos masculinas fueron a las caderas de Hinata, atrayéndola para pegarla a él, permitiéndole sentirlo.
Cuando se apartó, ella lucía aturdida.
—Evita demorarte de más con él — ordenó extendiéndole el móvil que le había alcanzado.
Hinata asintió antes de responder con voz ahogada.
• • •
Todavía tocándose los labios Hinata salió del elevador en busca de su primo. Entró al coche con una sonrisa sin percatarse que unos ojos negros y celosos la veían desde su balcón, y los siguieron hasta que el coche se perdió en la avenida.
El recorrido al restaurante fue en una agradable charla, a pesar de todo, Hinata extrañaba a Neji y la sensación de confort que siempre le brindaba. Al bajar del auto, el orgulloso castaño le tendió la mano para ayudarla a salir. Hinata entró al lugar tomándolo del brazo con familiaridad.
—En realidad debo disculparme por no haber podido verla antes —comentó mientras el maitre llamaba a un camarero para que los dirigiera a su mesa.
Hinata se distrajo viendo el lugar visiblemente iluminado, el suelo de reluciente de cerámica clara reflejaba las luces del techo y vigas de madera, dándole la antaña sensación acogedora con las muchas mesas de madera modestamente vestidas.
—No te preocupes, niisan, estuve con Ino, también la extrañé mucho.
Neji frunció el ceño, pero evitó comentar algo al dirigirse a la mesa.
Hinata evitó hablar mucho sobre su viaje, aunque sí mencionó que estuvo más de lo previsto en Fukuoka; también le comentó a su primo que había estado en contacto con Hanabi y lo mucho que la extrañaba.
Neji la había puesto al tanto de los nuevos proyectos de los que se estaban encargando y, como Hiashi había vuelto de su viaje en días pasados y había preguntado por ella. Hinata aceptó con menos problemas el desayuno con su padre del domingo por la mañana. Por momentos se permitió solo disfrutar la cena y la compañía, Neji, a pesar de ser tan propio, sabía hacerla sentir bien. Y quería sentirse bien, al menos por las siguientes horas.
Poco antes de que llegara el postre un par de niños pasaron corriendo cerca de la mesa, la niña que corría detrás del pequeño varón un par de años mayor, tropezó y cayó cerca de ellos. Hinata se levantó preocupada a ayudarle, Neji hizo lo mismo por cortesía. Cuando el niño agradeció por la llorosa pequeña, Hinata tuvo la sensación que eso le resultaba familia.
Neji tomó asiento cuando ella demoró más en hacerlo.
—¿No te recuerda un poco a nosotros? — preguntó ella de pie todavía viendo a los niños que fueron reprendidos por sus padres. Debían ser hermanos.
Él sonrió y negó.
—Estoy seguro que no éramos tan desordenados.
Ella se burló y en vez de sentarse donde estuvo, tomó asiento al lado de Neji. Abrazó su brazo viendo a los niños.
—Claro que sí, eras tú el que siempre salía regañado por mis descuidos… después por los de Hanabi— le recordó.
Él sonrió, pero no dijo nada. La dejó permanecer así mientras tomaba un sorbo de café.
—Ha pasado el tiempo— reconoció ella.
Neji asintió —Lo ha hecho.
Ella alzó su vista a él y Neji le sonrió. Cuando el camarero llegó con los postres, Hinata todavía abrazaba el brazo de Neji y apoyaba su rostro sobre su bíceps, un acto netamente fraternal que se había hecho común cuando ella acudía a él buscando compañía.
• • •
El camino a casa fue más agradable todavía, luego de haber recordado momentos de la infancia que Neji moría por olvidar. Hinata no recordaba haber reído tanto con su primo en años.
—Gracias por esta noche, niisan —dijo Hinata al tiempo que Neji estacionaba el auto.
Él negó —Siempre es un placer, Hinata sama.
Hinata abrió la puerta, pero se detuvo antes de girarse para salir. Los ojos perlados de Neji vieron con curiosidad a su prima, luego de que ésta se negara a que le abriera la puerta.
—¿Ocu-? — las palabras se quedaron atoradas en su garganta cuando Hinata se estiró y se abrazó a su cuello, ocultando su rostro a un costado de él.
—Creo que nunca lo he dicho como es debido, pero te quiero mucho, niisan. Gracias — los ojos quisieron picarle por lo bien que se sentía.
Neji que por un momento fue tomado desprevenido, sonrió y le acarició el cabello.
—Sí, yo igual — dijo sin poder sonar casual.
—Ya, debo subir — se despidió sin percatarse del fino objeto que resbaló por su escote, cayendo en sus muslos; éste caería al suelo del auto cuando ella salió.
—Que pase buenas noches — Neji no se movió de ahí hasta no verla ingresar al elevador. El castaño suspiró y cerró los ojos al recargarse completamente en el respaldo.
«Ella dijo Ino.» recordó «¿Qué no fue con esa Ino con quien viajó? ¿Por qué la extrañaría?»
Negó despacio al arrancar.
«¿Qué está haciendo, Hinata sama?»
•
O.O.O.O.O
•
Poco después de las once, Hinata cruzó la avenida y llegó al departamento de un Sasuke que tenía rato esperándola.
Ella, todavía sintiéndose bien por la velada con su primo, sonrió al verlo.
Sasuke repasó su cuerpo con su analítica mirada y verla radiante revolvió los celos de su interior.
Hinata quiso saludar, pero Sasuke la tomó de la nuca y la hizo estrellar sus labios con los de él. La puerta se cerró oscureciendo más el departamento casi en penumbras. Ambas manos de él fueron al pequeño rostro y la sostuvo mientras separaba sus labios, obligándola a hacer lo mismo y continuaba besándola. Caminó con ella hasta pegarla al sofá, donde la mascota del chico dormía ignorándolos.
Ella, conociendo ya el deseo de Sasuke, alzó sus manos por la firme espalda, sintiendo sus músculos tensos, al alzarle la camiseta. La piel de ambos comenzó a arder y Sasuke la tomó del nacimiento de sus glúteos para sentarla en el borde del respaldo del sofá.
—Más te vale que no te la hayas pasado bien —le dijo, ronco de pasión, al jalarle el pelo y besarle el cuello.
Hinata gimió al separar sus piernas para él.
Sasuke fue consciente de su deseo y sonrió con malicia. Llevó sus dos manos a bajarse el cierre del pantalón y desabrocharse el mismo. Con un par de movimientos bruscos extrajo su miembro y la penetró con cierta violencia que Hinata disfrutó y le erizó la piel.
Ambos jadearon y él le sostuvo fuerte las nalgas mientras se empujaba embistiéndola con ardor. Los labios de ambos quisieron buscarse, pero era imposible mantenerse unidos al tener que jadear, forzándose a hacerlo en silencio.
Las manos de Sasuke enrojecieron la blanca piel de Hinata al bajarle con fuerza el vestido, desnudando sus senos. La sensación de pertenencia que bullía en ella por la forma como él la estaba tomando, la hacía excitarse tanto, al punto de no alcanzarle sus fuerzas para pegarse más a él. Todo fue jadeo sobre jadeo, calor, sudor, fuerza, él dentro de ella, entrando y saliendo, más fuerte, más dentro. Y ella, deshaciéndose por él.
Hinata mordió el hombro de Sasuke cuando se corrió con fuerza, evitando gemir en voz alta al considerar a los vecinos. La camiseta de Sasuke había desaparecido y sus senos se aplastaban, sudados, al pecho en iguales condiciones de él. Los espasmos que succionaban a Sasuke hacia adentro todavía eran fuertes, sacudiendo a Hinata y arrastrando a Sasuke un paso más a la locura.
Él encajó sus dedos en el azulino cabello y le besó con fuerza los labios al estar al límite. Cuando un orgasmo desmedido lo golpeó, dejó de besarla y comenzó a jadear sobre sus labios. Hinata, apenas calmándose, pasó sus dedos trémulos por su cuello y los encajó en su pelo sudado. Besó su mandíbula y encontró en ese momento algo parecido a la paz y placer totales.
—¿Qué tal tu cita? —preguntó él, aun jadeante.
Ella sonrió —Mejor de lo que imaginas —respondió divertida. Lo escuchó gruñir y sonrió por eso.
Sasuke le apretó las nalgas y la pegó más a él —Muy graciosa, Hinata — le dijo, forzándola a abrazarlo también con sus muslos, al caminar con ella directo a la habitación.
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La mañana siguiente Hinata se despertó temprano y se dio tiempo de prepararle el desayuno a Sasuke, antes de que saliera a la constructora. Una vez sola se dirigió a su departamento, se duchó y se cambió. Antes de las nueve estaba aparcando en el estacionamiento de la clínica.
Todavía antes de partir Sasuke le recordó que a las diez el psicólogo estaría esperándola y aunque le prometió que iría, la verdad era que no terminaba por convencerse.
Salió del auto y con más nervios que con ganas, atravesó la puerta principal, dirigiéndose de inmediato a los laboratorios.
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Neji maldijo en silencio haber olvidado los documentos importantes en los que había estado trabajando la noche anterior, luego de no haber podido dormir mucho, tras la serie de ideas que su encuentro con su prima le dejó.
Estacionó el auto frente al enorme edificio de la constructora y pronto vio como alguien de seguridad se acercaba para tomar las llaves y ser él quien estacionara.
Antes de bajar un rayo de sol hizo destellar un objeto en su coche, atrayendo su atención.
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Hinata perdió el aliento al tener el sobre membretado de la clínica en sus manos. Su nombre estaba escrito sobre el papel arrugado. Tomó asiento antes de siquiera abrirlo. Su corazón golpeó con insistencia, toda su atención era para el sobre en sus manos que ignoró la llamada que Sasuke estaba haciéndole.
«No seas más una cobarde.» Se obligó a abrir el sobre de forma rápida, antes que las náuseas nerviosas la hiciesen vomitar.
Hinata se saltó leer las frases protocolarias y fijó su atención a las letras centradas y negritas que se encontraban a media hoja. Casi sintió como su ritmo cardiaco disminuyó de a poco, tomándose el tiempo para respirar de vez en vez.
Ahí decía que ella…
Sonrió apenas visiblemente.
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Neji sostuvo entre sus dedos el fino dije, con la cadena brillante pendiendo de éste.
«Esto es…» pensó. De inmediato asoció la cadena a Hinata. La recordaba bien, durante la noche anterior el brillo había lucido perfecto sobre la final piel de su prima.
Sonrió al verla, era de un gusto excelente, digno de ella. La apretó en su mano al momento de salir del coche y dirigirse al interior.
Antes de cruzar las puertas de cristal, custodiadas por un par de guardias, volvió a prestar atención al dije. Presionó el botón que llamaría al elevador y al bajar su mirada a su mano fue cuando lo vio. Tras el dije de luna se encontraba grabado un emblema incómodamente familiar. Su mirada, seria y seca, se endureció aun más.
Continuará…
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¡Hey, chicas, chicos, volví!
Capítulo corto, ¿verdad? Lo siento, creo que alargarlo de más era innecesario y de verdad necesitaba cortarlo aquí, ya saben, porque #suspenso y #maldad.
En fin, recién terminé y está por ser la una, debo levantarme en menos de cuatro horas :c así que iré a lo importante: su apoyo.
¡Mil gracias! Gracias por esperarme siempre, lamento no poder responder comentarios como me gustaría, pero tengo una rutina agotadora (sí, aunque siempre me vean por face) Termino muerta y a veces me gana el cansancio y con ello el desánimo. Como sea, son capítulos finales y estos me resultan un pelín más complicados de escribir. Aun así, espero este año terminar por fin con esta historia. Gracias inmensas por haberla apoyado hasta este punto, me hicieron feliz, en serio.
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Mil gracias, a todas, en especial a esa gente que viene y viene y me hace ser más responsable arrancándome de la cama y escribir aunque sea los treinta minutos que tenía libres xD
Srta. Morow, da gusto leer criticas así, la historia es lo que es y me alegra que le dieras la oportunidad pese a todo.
Como dije, lamento no poder responder todos los comentarios, apenas puedo escribir el capítulo. Me importan mucho, sin su apoyo no estaríamos aquí. Beso enorme a todas, disfruten la vida y sean felices c:
*Melizcp: gracias por el hermoso fanart que hiciste de la historia, si no te molesta, estará como portada del fic hasta el nuevo capítulo, para que todos aquí lo vean. Me honraste. ¡Gracias!
*Edité medio acarrerada, espero no se me haya ido nada tan grave :c
Ya, bye.
