LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.

-42-

DESVANECER

Las manos de Hinata todavía estaban frías. Su cuerpo entero se sintió pesado en el segundo que perdió el aliento al ver el resultado:

DETERMINACIÓN INMUNOLÓGICA DE GONADOTROPINA CORIÓNICA HUMANA EN SANGRE (FRACCIÓN BETA)

RESULTADO:

EMBARAZO POSITIVO.

Le tomó varios segundos procesar la información. Cuando volvió a respirar, el peso de sus preocupaciones tomó nuevas magnitudes. Problemas. Varios y grandes. Aun así, sonrió y sus ojos se aguaron. Estaba embarazada. Cargaba en su vientre un hijo de Sasuke. Ese hijo o hija, la anclarían sin opción de escape a su realidad, una que eligió tiempo atrás: una vida con Sasuke.

Inspiró de forma entrecortada por el miedo-nerviosismo que no le abandonaba. Cuando dejó escapar el aire fue más consciente de sus ojos llorosos que empañaban su visión. Volvió a sonreír y arrugó las orillas de la hoja de resultados al apretarla entre sus dedos. En la guerra de ideas, opciones y preocupaciones que mantenía internamente, una decisión se abrió camino en medio de ella. Iba a afrontarlo todo.

Temblaba ligeramente de miedo, pero gobernó su cuerpo.

Había un hijo dentro de su ser, que no fue planeado, pero que ya dependía de ella. No sabía cuán difícil podía ser salir avante de esa situación, pero sabía que debía lograrlo.

«Un hijo.»

Se recargó en el acolchonado respaldo de la silla mientras cubría su rostro y ocultaba el debatir expuesto de sus emociones. La sonrisa no se borraba ni lo haría pronto, pero sus ojos escocían en lágrimas. ¿Qué diría Sasuke? Pese a tener problemas mayores, eso era lo que más la preocupaba, siendo consciente que era ella la que estaba tomando precauciones. Emitió una pequeña risa que le supo agria… era ridícula la forma como dependía ahora de él. Si la dejaba sola, estaría casi perdida; si no, casi podía ser feliz.

—¿Se encuentra bien, señorita?

Hinata descubrió su rostro y alzó la vista a la enfermera que se inclinaba sobre ella preocupada.

Asintió y le sonrió —Estoy bien. Gracias.

El ceño fruncido de la joven enfermera no disminuyó. Volteó a ver la hoja de resultados: —¿Segura?

La sonrisa de Hinata suavemente acrecentó: —Segura —su voz sonó más firme—. Son buenas noticias —aseguró alzando un poco los resultados.

La chica frente a ella sonrió entonces, creyendo adivinar lo que le ocurría.

—Me alegra y, permítame felicitarla. Estaré por aquí si necesita algo.

Hinata solo asintió al verla partir.

«Necesitar algo.» Se repitió.

•••

Apretó fuerte los párpados y sacó valor desde sus entrañas. Había algo que necesitaba hacer. Ahora era el tiempo indicado.

Los ojos violáceos de Hinata mostraban una firme seguridad al ver que la enfermera anunciaba su llegada al médico vía teléfono, pero por dentro podía sentir su estómago revolverse, producto del nerviosismo.

Mientras la joven se entretenía dando al médico un informe de sus citas programadas para ese día, Hinata aprovechó ese tiempo para revisar su móvil. Tenía dos llamadas perdidas de Sasuke. Apretó entre sus manos el aparato antes de apagarlo.

—Señorita Hyuuga —la voz de la enfermera que salía al pasillo a su encuentro, la hizo voltear a verla —, el doctor la espera.

Luego de asentir Hinata guio sus suaves pasos tras ella. Llevaba su bolso de mano frente sus piernas y apretó el mismo con sus dos manos, manteniendo el valor. La enfermera golpeó la puerta y la anunció. Una voz masculina pidió que pasara y Hinata no pudo corresponder de manera espontánea a la sonrisa que la enfermera le dedicó, tras abrirle la puerta para permitirle ingresar.

El consultorio de color beige y de piso impecablemente blanco, olía a limpio. El inconfundible aroma a hospital y el aire acondicionado encendido bajaron su temperatura corporal, trayéndole la sensación familiar que la cobardía provocaba en ella.

—Así que… Hinata— la voz del varón que no parecía mayor a cincuenta años resonó.

Hinata fijó sus ojos en él, que hacía lo mismo en ella, luego de levantar la mirada del folder en sus manos.

—¡Antes que nada, quiero que sepa que todo lo que le diga aquí, lo negaré ante quien sea si usted se atreve a denunciar cualquier cosa que considere digna de delito!

El médico alzó ambas cejas y una ligera sonrisa apareció en su rostro. Hinata se avergonzó por su exabrupto, y lo hizo más cuando el médico negó y la tensión se aligeró.

—Mi nombre es Maki Orochimaru — dijo tendiéndole la mano que Hinata tomaría con cierto recelo —. Y descuida, no es conmigo con quien hablarás.

—¿Cómo?

—Sasuke me ha contado algo de su historia. Sé que eres su novia — dijo mostrando seriedad en sus ojos dorados exhibidos tras unas gafas transparentes. Hinata no dejó de sentirse tensa —. Así que por la relación amistosa y de médico-paciente que tenemos, no considero apto ser yo quien te trate. Para tu comodidad le he pedido a una especialista en casos similares que te trate. Eso, si a ti no te molesta.

Hinata negó ante lo último y respiró más tranquila al ya no sentirse tan presionada.

Orochimaru tendió una tarjeta de presentación.

«Shizune Kato.» Leyó Hinata.

—Creo que siendo ella mujer te resultará más fácil el proceso.

—Sí —afirmó también con la cabeza —. Sobre lo que usted sabe…

Orochimaru apoyó ambos brazos sobre el escritorio, tras el cual permanecía sentado.

—Quiero que sepas que sin ser tu médico y lo anterior expuesto, puedes elegir no responder. Pero me gustaría que lo hicieras, en el entendido que tú no tuviste culpa alguna de lo que ocurrió —explicó—. Cuando se lidia con adictos a ciertas drogas, se está propenso a sufrir algún tipo de agresión. Según dijo Sasuke, es tu caso.

A Hinata se le comenzó a revolver el estómago sin entender a dónde iba esa charla.

—¿Lo es? ¿Sasuke te ha golpeado?

Ella palideció —¡No! — casi pierde el aliento.

Orochimaru sonrió y cerró los ojos mientras asentía. Entendió que algo había oculto entre ambos todavía, y esperaba descubrirlo pronto.

—Considero un acto muy noble de tu parte querer apoyarlo en este nuevo proceso de rehabilitación, pero tienes que ser consciente que es tan difícil para el paciente como para el familiar pasar por ello. Mi consejo sigue siendo el mismo: reclusión. Pero la negativa de su parte es firme. Si piensas seguir adelante, tal vez quisieras seguir en contacto conmigo, como espero lo haga Itachi.

Hinata asintió varias veces, interesada en sus palabras y esperando que la charla girara únicamente en Sasuke. Comprendió entonces que el Uchiha no le había contado con exactitud lo ocurrido a Orochimaru, respetando lo que ella quería.

—Solo me gustaría pedirte que si… las cosas se ponen violentas, tu prioridad seas tú misma.

—Sasuke nunca me dañaría —respondió casi ofendida—. No de forma consciente — se obligó a añadir por la mirada seria del psicólogo.

Orochimaru asintió —Desafortunadamente en un estado de intoxicación la persona no piensa con claridad y, dependiendo de la sustancia que lo tenga así, es más o menos propenso a preocuparle cualquiera de sus actos.

—Entiendo.

El profesional habló con Hinata cerca de diez minutos más explicándole la importancia del apoyo que esta vez Sasuke estaba aceptando recibir, pero también haciéndola consciente de las horas difíciles que seguro habría. Poco después de que comenzara a contarle con reservas sobre la primera rehabilitación de Sasuke, el teléfono sonó, interrumpiéndolos.

Cuando Orochimaru colgó, Hinata se entretenía viendo los cuadros con la titulación profesional, diplomas y reconocimientos por distintas ponencias, así como también una fotografía de la que creía era su grupo generacional al momento de graduarse.

—Perdón por la interrupción, pero Shizune está aquí.

Hinata lo escuchó y sintió sus nervios manifestarse en su estómago. Desde el momento que le asintió al hombre frente a ella, dándose por enterada, hasta que escuchó los tacones de la mujer acercándose por el pasillo, Hinata sintió latir su corazón mucho más fuerte y sus manos sudaron. No sabía si podría hacer eso.

Cuando Orochimaru abrió la puerta y una mujer menuda, delgada y de pelo negro apareció, saludándolo de mano y sonriendo, Hinata se animó a respirar tranquila y seguir observándola.

Aun sentada en su asiento Hinata saludó a la psicóloga que Orochimaru le presentó. Momentos después el varón se retiró ofreciéndoles privacidad.

—Así que, Hinata. Aquí estamos — la delgada mujer se sentó frente a ella —. ¿En qué puedo servirte?

Para Shizune no pasó desapercibida la forma como Hinata se apretaba la punta de sus dedos. Le sonrió.

—¿Qué te parece si caminamos un poco? Los lugares encerrados no son mis favoritos.

—¿Eh?

—Anda, ven, la clínica tiene jardines bonitos aunque no lo creas —la animó y abrió la puerta.

Hinata asintió, tomó su bolsa y la siguió.

—Puedes decir lo que quieras en el momento que prefieras. Pero tampoco fingiré que no pasa nada, para que me llamaran a mí, algo debió suceder señorita— le sonrió al dejar de verla.

—Esto me resulta de lo más incómodo. Lo último que pretendo es ser juzgada, o peor aún, que juzgue a…

Ante el recelo que le notó al momento de no seguir hablando, Shizune se animó a hablar:

—¿Sabes, Hinata? Tal vez te gustaría acompañarme a un lugar que podría interesarte conocer.

Los ojos violáceos mostraron sorpresa y casi detiene sus pasos al entrar al elevador, pero se animó a continuar tras ella.

O.O.O.O.O

Cerca de las dos de la tarde Hinata estacionó su coche en uno de los dos cajones de los que Sasuke disponía, en el estacionamiento del edificio donde residía. Apagó el motor y permaneció dentro del auto al tiempo que sacaba de su bolso su móvil para después encenderlo.

Había pasado más tiempo de lo que pretendió con Shizune. Quiso casi sonreír. Hinata no había tenido el valor necesario para contarle con mucho detalle lo ocurrido con ella y Sasuke. Pero había tenido la disposición de confesarle que algo ocurría con ella. Shizune la hizo seguirla hasta un salón de usos múltiples ubicado en un parque cercano a la clínica. Ahí, intentando no interrumpir y siendo apenas notadas, Hinata escuchó un par de experiencias traumáticas de un par de personas que no reconoció.

Haber escuchado de voces extrañas experiencias crueles y fuertes dio otro peso a lo ocurrido con ella. Volvió a doler al revivir el suceso, volvió a sufrir al empatizar, y todavía con el corazón golpeando fuerte, quiso encontrar un poco de esperanza al ver a los exponentes sonreír.

«Sea lo que sea que haya ocurrido contigo, debes ser consciente que tú no tuviste, ni tienes o tendrás la culpa. Jamás.»

Esa sola frase le provocaba deseos de llorar. Casi había salido corriendo de ahí. Creía, de verdad creía eso, Sasuke mismo lo había dicho, no había sido su culpa. Hinata tenía tantas ganas de culpar a alguien por el dolor que había sentido, por las cicatrices que no terminaban de sanar; al inicio había sido fácil culpar a Sasuke, intentó odiarlo, pero no pudo. Sólo quiso olvidar. Después, fue peor.

Que Sasuke se metiera en su vida o la metiera en la de él hizo las cosas peores. Hinata aprendió a empatizar con él y luego de que Sasuke se volviera una especie de protector, terminó por desaparecer toda clase de rencor que aún le pudiese tener. Cuando lo vio tan desgarradoramente humano, se vio en él, las diferencias y contrastes eran aterradores. Luego, sin darse cuenta, se descubrió enamorada de él.

Ahora ya no estaba aterrada, pero seguía acorralada y presionada para hacerle frente a una realidad. Una que tal vez iba a destruir lo poco que había logrado sanar sola, para recomponerla de verdad. Porque lo necesitaba.

Una hora atrás había tomado las manos de Shizune y le dijo que había algo que quería contarle, pero también le habló del tiempo que necesitaría para hacerlo. No era fácil exponerse de esa forma, aunque estaba intentándolo.

Segundos después de leer un mensaje de Sasuke, en el cuál le preguntaba dónde se encontraba, se animó a bajar del coche y subir a verlo finalmente. Llamó al elevador y cuando las puertas se abrieron instantes después, casi tropieza con la persona que recién bajaba, al ir distraída con su móvil.

—Oh, yo, lo siento — se apresuró a disculparse.

Una mirada negra y cálida se posó en ella. Itachi le sonrió.

—Vaya, apareciste— mencionó el chico al terminar de salir.

—¿Cómo?

—Sí, Sasuke está hecho una pequeña furia. Imagino que es porque no termina de localizarte.

Hinata se ruborizó y su humor cambió radicalmente.

La sonrisa del pelinegro que parecía tener prisa volvió a mostrarse.

—Un placer como siempre, Hinata.

—¡Oh! ¡Espera, Itachi! — Hinata casi respingó cuando él avanzó — El domingo por la tarde, unos amigos y yo celebraremos el cumpleaños de tu hermano y, bueno, quizá querrían…

—¿Sasuke lo sabe? — preguntó curioso y divertido.

Hinata asintió —Aceptó después de que lo hablamos.

«Vaya cambio le supiste hacer.» Meditó con sorpresa el varón —. Entonces hablaba en serio —su voz le dio forma a sus pensamientos.

—¿De qué?

El tono confundido de Hinata lo hizo salir de sus pensamientos. Ver su semblante ingenuo y extrañado le generó simpatía.

—Él se esfuerza por tenerte contenta. Y por ello ahora le creo que hablaba en serio cuando dijo que serías la madre de sus hijos.

El habla abandonó a Hinata al tiempo que su sangre parecía detenerse en su cuerpo. Pasados unos segundos y razonando esa afirmación, su sonrojo extinto volvió a aparecer con más fuerza.

—¿Te molestaría si te marco más tarde para que me des datos exactos de esa fiesta? Ahora tengo algo de prisa, ¿está bien?

—Oh, sí. Por mí está bien.

Itachi se retiró y Hinata lo vio extraer su móvil e iniciar una llamada antes de entrar a su auto, y posteriormente encender este último.

Una sensación de hormigueo surgió en su estómago y tuvo que recargarse en la pared tras ella, con una sonrisa en los labios, llamando nuevamente al elevador sin darse cuenta.

Cuando las puertas sonaron al abrirse, ella demoró segundos más en ingresar. Si eso que dijo Itachi era cierto, una de sus preocupaciones se hacía más pequeña. Sasuke sí deseaba tener hijos con ella. Sus mejillas siguieron calientes. Estaba emocionada y no podía evitarlo, se sintió infantil.

Mientras el elevador subía, se rogó por calmarse. Bien, Sasuke sí querría a su hijo. El problema sería si lo querría ya. Hinata se recordó que ese inconveniente seguía existiendo, no podía cantar victoria. Además, todavía estaban los problemas que ella misma debía enfrentar por su estado.

Pese a esto, la Hyuuga apenas pudo ocultar su emoción tras la media sonrisa que le dedicó a Sasuke al cruzar la puerta de su departamento. Él parecía molesto mientras hablaba en voz más alta de lo usual por teléfono, aun así, Hinata notó como el ceño fruncido del joven se suavizó ligeramente al verla. Entró y cargó a Gato que llegó perezoso a ella, pidiendo comida.

Hinata pasó de largo a Sasuke, que estaba de pie frente a la barra de la cocina, para atender al felino. Él la siguió con la mirada. Y mientras ella se entretenía surtiendo de alimento y agua al gato, Sasuke se sentaba frente a su mesa ratona. Ella lo escuchó darle especificaciones al laboratorista, por lo que entendió; y entonces fue hacia él. Se sentó a su lado, muy cerca de él. Notó que la miraba mientras él jugaba con el touchpad de su portátil y continuaba hablando. Hinata ojeó los papeles que él tenía sobre la mesita y volvió a reconocer que verlo siendo tan competente en su trabajo, la hacía sentir orgullosa de él.

Sasuke dejó de jugar con su portátil y acarició el cabello azulino, al verla inclinarse sobre sus anotaciones. Hinata volteó a verlo.

—Te estuve buscando. ¿Dónde estuviste? —habló apartándose el móvil.

Ella no respondió de inmediato y Sasuke volvió a prestar atención a su interlocutor del otro lado de la línea.

Hinata extendió parte de un plano y admiró la capacidad de planeación y dibujo del Uchiha. Sasuke no dejó de jugar con la punta de un mechón de su cabello mientras continuaba hablando, permitiéndole a ella curiosear en su trabajo.

Antes de que Sasuke terminara su llamada, Gato pasó sobre sus piernas maullando en voz alta, sintiéndose mimado por la Hyuuga. Hinata sonrió al recibirlo en sus brazos y dejó que el felino frotara sus mejillas con las de él. Sasuke cortó la llamada y quitó al gato de los brazos de Hinata.

—Deja de consentir a ese gato o creerá que puede hacer lo que quiera — dijo dejándolo del otro lado.

Ella sonrió divertida viendo a Gato querer frotarse contra su dueño.

—Seguro nos extrañó. ¿Suigetsu es cariñoso con los animales?

Al Uchiha le sorprendía que su amigo hubiese mantenido vivo al felino mientras lo cuidó, pero Hinata no tenía por qué saberlo.

Antes de responder, el gato trepó a la mesa y en su intento por llegar a la peliazul, derramó un vaso de agua que Sasuke había dejado a medio beber.

—¡Maldito gato!

Hinata se apresuró a tomarlo antes de que Sasuke lo alcanzara.

—¡Ah, demonios! — gruñó el Uchiha tomando varias hojas mojadas y llevándolas con él a la barra, donde comenzó a secarlas.

Hinata también quiso limpiar el líquido esparcido con los kleenex ahí colocados, luego de apartar la portátil y un par de documentos más.

—¡Mataré a ese endemoniado gato!

—Es solo un gato.

—¡Pero tú tienes la culpa por mimarlo tanto! —acusó sin voltearla a ver, más pendiente de salvar su trabajo — ¡Te lo dije!

Ella frunció los labios, casi indignada.

—¿Para qué tendrías un gato si no es para quererlo?

—Créeme que no lo tengo por gusto. Es un regalo de mi madre, si no…

—Cielos, Sasuke— interrumpió—. Si no puedes tolerar a un simple gato, no quiero imaginar cuando tengas un hijo, que son todavía más complicados — su reproche se escapó sin meditarlo, al seguir secando la mesita.

—Mis hijos no serán unos desquiciados como ese infernal gato —alegó de inmediato—. Sobre todo, si sacan a ti.

Hinata jadeó de sorpresa al tiempo que su molestia desaparecía por completo y un leve sonrojo teñía sus mejillas.

Sasuke pareció caer en cuenta de lo que dijo y, también, de lo malhumorado que se estaba poniendo, así que dejó de lado su trabajo estropeado y volvió al lado de Hinata en la sala. La vio terminar de limpiar y querer devolver las cosas a su lugar inicial.

—Deja eso así — su voz siguió sonando seca.

Ella dejó su portátil sobre sus muslos, al no estar completamente seca la mesita. Se recargó resignada en el sofá tras ellos, nerviosa e incómoda por todo.

—Y bien, ¿dónde estuviste con el celular apagado? — Sasuke cambió de tema a uno que le interesaba más.

Ella dejó escapar el aliento.

—Fui a ver al psicólogo, imagino que lo intuyes ya— explicó sin ánimo.

—¿Y? — preguntó él luego de unos segundos en silencio.

Hinata negó —Me atenderé con una psicóloga en su lugar— mencionó como si no importara —¿Me quieres decir porque tuve la sensación de que Orochimaru cree que vivimos una relación de violencia en el noviazgo?

Sasuke se encogió de hombros —No lo dije con esas palabras exactas, imagino que eso supuso. Quise que fueses tú la que decidiera decirle. A tu tiempo.

Hinata recargó su cabeza en el hombro de Sasuke y sintió una triste calidez en su pecho.

—¿Y si no se lo digo nunca? — preguntó con media sonrisa, pero sabía que mentía. Ya había tomado su decisión.

Él volteó a verla a pesar de que Hinata evitaba el contacto visual al acariciar de forma distraída el portátil en sus piernas.

—Confío en que lo harás.

La seriedad en su voz y la forma como le acarició un brazo después de abrazarla, hicieron que el estómago de Hinata se apretara.

—No lo sé, tal vez sonaré estúpida — dijo queriéndose deshacer de esa sensación. Él no dejó pasar el insulto que se profirió —, pero siento que intentas recomponerme, prepararme, y, no sé por qué, pero esto me sabe a despedida.

Él sonrió sin ánimo y dejó un pequeño beso en su cabello, para luego dirigir su vista al sinvergüenza gato que se subía a dormir tranquilo a uno de sus sofás —Si lo es, no será una planeada— respondió sin atreverse a verla.

O.O.O.O.O

La noche había comenzado a caer en otro punto de la ciudad.

Neji jadeó estresado y quitó un par de cabellos que se habían atravesado en su rostro. El silencio en su habitación era casi total, salvo el sonido del televisor encendido en la sala y un tarareo delicado proveniente de la cocina.

El Hyuuga se incorporó en la cama, y permaneció sentado, pensativo. Volvió a dejar pender la fina cadena de oro blanco al sujetar entre sus dedos ese dije que desde la mañana había ocupado sus pensamientos.

«Uchihas.»

La molestia endureció sus facciones perfectas.

Horas atrás se había sentido ofendido, casi indignado por lo que ese dije representaba: Hinata había hecho lo único que él le había pedido expresamente no hacer. Relacionarse con un Uchiha.

Neji bufó al no saber qué hacer con esa información. Siguió observando el emblema mientras una brisa hacía ondear sus cortinas abiertas y su camisa desabrochada, al haber iniciado una tormenta.

Unos pasos acercándose lo hicieron dirigir su atención a la puerta de su habitación.

Naori, vistiendo solo una camisa del castaño que le quedaba enorme, apoyó uno de sus brazos en el marco de la puerta.

—¿Sigues inquieto por eso?

Él se puso de pie y luego de unos pasos se recargó en su tocador oscuro. Dejó pasar el tono despreocupado de la chica, pues no le había pasado desapercibida la forma como pareció complacerle enterarse de lo que ocurría con Hinata y uno de los suyos.

—Esto puede significar algo serio — dejó claro en tono impersonal.

Naori sonrió con autosuficiencia.

—¿Arruinaría un matrimonio forzado?

—Deja el sarcasmo para otro momento.

Ella frunció el ceño—Que te preocupes tanto está poniéndome a pensar. ¿Qué tanto te importa ella? ¿Y de qué índole es ese sentimiento?

—Hinata es…

Ella avanzó a la cama cuando Neji, ya frente a la ventana, no añadió su famoso «como mi hermana». Eso la hizo sentir celosa y lo odió.

—Creo que, que ella tome su propio camino te deslinda de obligaciones.

La cara de desagrado de Neji fue algo que ella no pudo dejar de notar.

—¿Con un Uchiha? Si Hinata quería, ¡qué sé yo! ¡cualquier cosa! ¿por qué demonios no buscar a alguien más? ¿por qué un…? —alzó la voz.

—¿No te sientes un poco hipócrita?

Él resopló y volteó a mirarla al verse interrumpido. Se giró a ella.

—Tú sabes que esto es diferente.

Ella sonrió de forma torcida al verlo con su ropa mal colocada.

—¿Por qué? ¿Porque ella es mujer? ¿O porque solo tú tienes derecho al fastidiar a tu familia al follar conmigo, siendo yo alguien de la otra maldita familia?

Neji se sentó sobre la cama, dándole la espalda. No era por nada de eso. Hinata tenía derecho a experimentar lo que cualquier chica de su edad, tenía derecho a enamorarse, pese a lo que su padre o él mismo quisieran. Tal vez solo lo molestaba que ella hubiese ido sobre sus advertencias y terminara ligada a algún Uchiha.

Las fuertes manos se apretaron sobre el pulcro edredón. Si ataba cabos, Hinata estaba más que ligada a ese sujeto… ella y él, seguro…

—¡Hey! — la sangre de Neji comenzaba a calentarse cuando Naori lo abrazó por la espalda — Sé que te molesta, pero esto pasó aún ante tus advertencias, ¿no crees que ella merece que respetes lo que está sintiendo?

«Sintiendo.»

Él volteó a ver de medio lado a la chica que se abrazaba a él.

—Lo vea por donde lo vea, esto no es nada bueno — dijo él sin querer darse por vencido. Sabía que Hinata se merecía que estuviera de su lado, pero no podía confiar del todo en su elección —. Al menos Itachi parece un tipo decente— añadió el nombre del sujeto que creyó era el elegido por su prima.

—¿Itachi? —ella abrió los ojos sorprendida.

—Es él con quien más la he visto— dijo recordando la vez del funeral de Mikoto en el que Hinata incluso lo había abrazado y permanecido hablando con él más tiempo del que le gustó —. ¿Quién más si no?

—Ah.

Él frunció el ceño —¿Qué?

Naori sonrió indecisa. Lo que le diría le crisparía los nervios.

—Bueno que, pues, Itachi, ya sabes… tiene novia y no es tu prima— soltó lo último de prisa.

Neji palideció y enrojeció de un segundo al otro. Bufó al llevar sus dedos a apretar el puente de su nariz.

No. No Sasuke.

Cuando ambas miradas contrastantes se cruzaron, ella, pareciendo adivinar su deducción, asintió con una mueca de fingida preocupación.

«Joder.»

Neji se dejó caer sobre la cama y no dijo nada. Por dentro, la rabia y preocupación bullían y se estrellaban una contra otra, impulsándolo a querer salir y ponerle fin a todo eso.

Sasuke era la peor de las dos elecciones que Hinata pudo escoger. Ese chico, a pesar de ser menor que él, siempre mostró un aire retador y altanero que nunca le gustó. Justo en ese momento recordó las veces que lo vio cerca de ella, en especial esa noche en el cumpleaños de su prima. Sasuke no se había acercado a ella, pero lo miraba a él como si estuviera cuidando que no la tocara de más.

Sabía poco de Sasuke, pero eso bastaba para sustentar la repugnancia que le tenía. Un tipo indisciplinado, con poco apego a su familia, mujeriego y tomador. ¿En qué demonios pensaba Hinata? Mientras más lo meditaba, menos sentido le encontraba.

Eran polos opuestos.

No. Era un error. Su prima no tenía nada que hacer al lado de un tipo como ese. Neji se puso de pie dispuesto a escuchar de los labios de Hinata si eran verdad sus especulaciones. Hasta momentos antes había conseguido mantenerse tranquilo, al suponerla, con el menos peor de los únicos Uchiha en su rango de edad. Ahora ya era imposible.

—Oye — Naori se atravesó a su paso —, piensa bien lo que vas a hacer. No intentes ponerle fin a algo que no ha acabado. Si lo haces, sólo harás su vínculo más fuerte. No es tu decisión.

—¡Él nunca va a tomarla en serio!

—Entonces de cualquier manera terminarán, y eso es lo que quieres, ¿no?

—¡Lo que quiero es que no salga lastimada!

—Pues nadie experimenta en cabeza ajena. Tiene que cometer sus propios errores. No puedes ni debes intentar salvarla. Sólo la harás aferrarse más a él.

—No voy dejarla cometer el peor error de su vida.

—¿Y si el del error eres tú?

—¡No sigas por ahí!

—¿Y por qué no? ¡Mírate! Ni siquiera estás pensando. ¡¿Qué quiere Hinata?!

Neji tensó la mandíbula al contenerse de gritarle que no interviniera en sus asuntos; y su mirada mostró la rabia que lo recorría por dentro. Ella avanzó dispuesta a irse y lo golpeó con su hombro, haciéndolo moverse.

—¡Eso es algo que ni tú o alguien de tu maldita familia se ha puesto a pensar! ¡En el fondo, no eres distinto a tu tío! — Naori recogió sus pantalones y salió azotando la puerta.

Neji tensó su mandíbula y apretó sus puños. No iba a detenerla si quería irse.

—¡Y sí, Neji! —gritó la chica desde la sala —¡Pobre Hinata!

O.O.O.O.O

Diminutas gotas de agua caían suavemente por toda la ciudad.

La peliazul se movía con cierta prisa por su habitación. Ya pasaban de las cinco y tenía menos de media hora para pasar a recoger a Ino, luego de haber quedado con ella. A pasos presurosos y en calcetines, Hinata se dirigió a su clóset tras haber terminado con su maquillaje discreto. Buscó entre sus zapatos y se decidió por unas botas pequeñas para acompañar sus vaqueros y su blusa negra de cuello redondo. Al levantarse y buscar colocarse unos aretes, fue que terminó recordando cierto objeto.

Revolvió joyas y bisutería que guardaba. Casi palideció y sintió su corazón acelerar.

«¿Dónde la dejé?»

Su extrañez casi se volvió ansiedad al estar segura que la última vez que portó la cadena que Sasuke le regaló, fue cuando se vio con Neji.

Su sangre se heló segundos después y se apoyó en el escritorio, tras también revolver los cajones en él. Si no estaba en su habitación, tampoco en el baño, no podría estar en ningún otro lugar de su casa, ella no era así de desordenada para dejarla en cualquier sitio.

Entonces, debió haberla perdido. Asintió.

Pero no pudo haberla perdido con Neji, porque de lo contrario él habría visto ya ese emblema y… entonces él…

Era imposible. Ya estaría en un buen lío, pues habían pasado ya un par de días desde que se vieron.

«Lo más seguro es que la perdiera en el restaurante.» Quiso tranquilizarse.

Cerró los ojos con pesar, le dolía haberla perdido. Ahora quedaba rogar que Sasuke no se molestara pues era consciente cuánto le gustaba vérsela puesta.

Con resignación y luego de los minutos perdidos, tomó un suéter que se holgaba a la cadera y se lo colocó sin molestarse en abotonarlo. Salió del departamento llaves y bolso en mano, mientras hacía malabares para enviarle un texto a Ino.

Una vez en su auto, justo después de arrancar, sonrió al detener el vehículo. Se colocó el cinturón de seguridad y acarició su vientre plano bajo sus vaqueros. Una sensación cálida le llenó el pecho y se sintió egoísta por disfrutar eso sola, pues aún no se lo contaba a Sasuke. Aunque la mayor parte del día solía olvidar que estaba embarazada al ocuparse de otras cosas, cuando volvía a recordarlo se volvía a enternecer, dejando de lado el miedo. No sabía si sería buena madre y eso la preocupaba en extremo. No importaba mucho en ese momento lo que diría su padre, pues así la mandara del otro lado del mundo, a su hijo no iba a arrancárselo y esa criatura dependería de ella. Y Sasuke.

Comenzó a preocuparse mientras manejaba y buscó distraerse al encender la radio.

Minutos más tarde mientras Hinata transitaba por las calles cerradas y concurridas de ese sector comercial a las afueras de la ciudad, su móvil sonó en altavoz de la radio al enlazarse. La Hyuuga desaceleró al estar cerca y atender a la llamada.

—¡Hey, Hina! ¡Dime que ya vienes!

La urgencia que escuchó a través de los altavoces la hizo sonreír.

—Estoy afuera, ¿estás lista? — habló en voz alta.

—¡Listísima, salgo ya!

Hinata tocó el claxon, pese a que odiaba ser así de informal. En segundos vio a su amiga rubia salir de la floristería, siendo seguida por su madre.

—¡Buenas tardes, señora Yamanaka!

Ino abrió y cerró la puerta del coche, encerrándose con Hinata que ni tiempo tuvo de agregarle algo más a la madre de su amiga.

—¡Vámonos ya!

Hinata obedeció con pena, también siendo presionada por el sonar de un claxon tras su auto detenido a media calle.

—Seguro creerá que soy una maleducada o algo así como una mala influencia— dijo la Hyuuga con una sonrisa y con pena en su voz.

Ino se estiró.

—Ella no creerá eso —aseguró—. De mis amigas eres la que mejor le cae. Sakura es menos afortunada— soltó una carcajada recordando las veces que había llegado en la madrugada y en penosas condiciones acompañada de la pelirrosa —. Como sea, Hina, gracias por sacarme de ahí. Siempre que estamos en vacaciones mi madre me hace su esclava. ¡Lo juro! A veces, solo a veces, siento que la odio… poquito.

Hinata se burló al dirigir su auto a otro sitio de la ciudad. Ojalá ella tuviera a su madre, pensó. Tal vez su situación sería otra.

La Hyuuga preguntó por Shikamaru y eso hizo hablar por eternos minutos a la rubia que no perdió tiempo en contarle que él le había pedido que en un futuro vivieran juntos. Eso las emocionó a ambas.

•••

Las dos chicas caminaron bajo las diminutas gotas de agua al dirigirse a un café en el centro.

Ino inhaló profundamente cuando al entrar, el cálido y delicioso aroma de donas recién horneadas le golpeó la cara.

—¿Quién dice que las calorías no dan la felicidad? ¡Quiero una caja de donas para mí sola! — dijo y pidió a la encargada mientras tomaban una mesa.

A Hinata también le apetecieron. Pidió una y un té.

Ino jugó con un florerito de cristal, haciendo mover la única margarita colocada en él, mientras veía con complicidad a Hinata.

—Juro que me he contenido de preguntar, pero, lo sabes ya, ¿verdad?

Hinata se mordió el labio y desvió su rostro, ruborizada y con una mueca temblorosa parecida a una sonrisa.

—¿Y bien?

—¡Lo estoy!

—¡Diablos, lo sabía! — Ino golpeó la mesa en un reflejo y se levantó para cruzar la mesa y abrazar a Hinata — ¡Te lo dije! ¿Crees que todo estará bien?

Hinata negó. Con su hijo, posiblemente. Tenía que visitar a un ginecólogo que la atendiera. Con su familia, no lo sabía y con Sasuke, bueno, lo de él era diferente.

—Decidí que voy a aferrarme a esto. Lo demás, espero que ocurra poco a poco.

—¿Qué quieres decir? ¿Nadie lo sabe aún?

Hinata negó.

—Santo cielo, ¿por qué no se lo has dicho a Sasuke?

La peliazul mordió su labio ante la curiosa mirada de la rubia que soltaba su abrazo.

—No sé cómo.

—¿Tienes miedo de cómo reaccione? Porque sí es así, déjame decirte que no tendrías por qué, el imbécil es el culpable de que ese niño esté ahí, porque no se metió solo— aclaró indignada —. Ahora, si se molesta, dime. Te juro que tomaré sus procreadoras bolas y las aplastaré hasta que…

—¡Ino! ¡Estás desvariando!

—Ah, ¿sí?

Hinata asintió con una sonrisa —Estoy segura que la noticia no va a molestarlo. Es solo que… quiero hacerlo, ya sabes… especial.

—¿Y si especialmente lo tomas desprevenido y terminas con tu corazón especialmente roto? — dijo la rubia y la sonrisa de Hinata aminoró.

—No lo creo— dijo, aun así.

—Te sugeriría que se lo dijeras en cuanto lo veas, así, sin rodeos ni tapujos.

Hinata tocó su vientre. Tal vez era estúpido teniendo en cuenta que era un embarazo no planeado, pero ella deseaba que fuese tan perfecto como pudiese serlo, y que, en unos años, cuando su hijo creciera, ella pudiera contarle con satisfacción cómo fue que su padre se enteró de su llegada. Después de todo… sería su primer hijo, de ambos. Hinata no tenía una experiencia tan bonita de su primer beso, mucho menos de su primera vez. Quería merecerse un buen embarazo, ¿por qué no podría?

—Confío en él. Sé que tal vez lo tomaré por sorpresa, pero estoy segura de que estará conmigo.

—Más le vale.

Hinata mordió su labio inferior antes de hablar—: Mañana es su cumpleaños. El lunes me realizaré una ecografía y… quiero decirle ese día.

Ino separó los labios queriendo añadir algo para animarla a hacerlo cuanto antes, pero vio los ojos de Hinata brillar en una cálida emoción, y prefirió no hacerlo. Le sonrió.

—Creo que eso suena perfecto.

—¡Verdad que sí!

—¡Claro que sí! — la rubia siguió festejando cuando sus donas llegaron servidas en una charola listas para comer —¿Qué podría ser mejor que esto? — dijo y gimió de gusto al dar la primera mordida.

O.O.O.O.O

Sasuke cerró la puerta de su baño con cierto fastidio y, pies descalzos y húmedos, se adentró a su alcoba. Eran casi las doce y Hinata no se dignaba a aparecer.

Toda la tarde él se mantuvo ocupado en la constructora con Shion e Itachi e, ingenuamente, creyó que encontraría a su escurridiza novia esperando por él. No había sido así y de eso ya habían pasado más de tres horas.

El cansancio le hacía pesar todo el cuerpo y ansiaba deshacerse de forma rápida de esa sensación, pero sabía que no podía. Luego de asomarse por la ventana y no ver luz en el departamento de Hinata, se dirigió a colocarse un bóxer y así, fue por un trago a la cocina.

Las gotas de agua habían incrementado tanto como para volver gris el horizonte, pero no lo suficiente para molestar a Sasuke que, aun siendo mojado suavemente, permanecía en el balcón fumándose un cigarro. Sus ojos negros iban de vez en vez al departamento de Hinata, como a la larga avenida por donde se supone debía aparecer. Quiso llamarla, pero no pretendía verse tan patético como ya antes había parecido. Tenía que llegar.

Diez minutos después de medianoche, él se rindió. Se deshizo de la colilla de su cigarro y el vaso vacío para dirigirse a su habitación en busca de su móvil, cuando escuchó la cerradura de la puerta. Detuvo sus pasos y volteó a ver. Cuando la puerta se abrió, una sonriente Hinata apareció. Él siguió molesto con sus rasgos duros, pero la preocupación lo había abandonado.

—¿Dónde has estado?

Ella sonrió —Estuve ocupada — Hinata adivinó que su respuesta no le complacía en absoluto. Caminó a él.

—¿En qué? — la vio hacia abajo cuando la tuvo enfrente.

Hinata, sin desaparecer su sonrisa, extrajo de su bolso una cajita forrada de regalo. Sasuke frunció el ceño.

—Feliz cumpleaños— dijo tendiéndosela.

—Hinata, ¿a estas horas seguías en la calle? — él no la tomó.

Ella mordió sus labios, decepcionada de todavía sostener su presente. Él lo notó, rodó los ojos y luego de tomar su regalo, se dirigió a la sala. Se sentó en la alfombra, frente a la mesa ratona.

Hinata lo siguió, sentándose en el sofá tras él.

Sasuke rompió sin cuidado el papel y Hinata sonrió. Ella terminó pasando una de sus piernas del otro lado del Uchiha, dejándolo entre ellas. Lo abrazó.

—Espero ser la primera en felicitarte— le dijo al oído luego de abrazarlo, rodeándole el cuello suavemente.

Él sonrió, pero ella no se percató, estaba más pendiente viendo como él extraía un álbum hecho por ella misma.

Sasuke observó a detalle ese diario de arillos dobles forrado de marrón que, junto a una frase de letras recortadas, donde se leía «Érase una vez…», había una luna creciente de lámina que parecía ser plata fina, y posada sobre ésta había una luciérnaga cuya luz era una esmeralda tan finamente tallada que relucía.

Sasuke abrió el álbum. «… un chico malhumorado.» leyó y Hinata sonrió. En esa hoja, en la parte superior, había una foto de él mientras caminaban. Sasuke usaba gafas y su gesto fastidiado y altivo había sido perfectamente fotografiado por Hinata una de las tardes que pasearon juntos. «Y una tonta chica enamorada de él.» los ojos de Hinata escocieron cuando él la vio de medio lado, luego de observar una foto de ella sonriendo pegada en la parte inferior.

Él siguió observando. «Que, aunque no creyeron encajar, hoy tienen una historia.»

Las letras plateadas de la caligrafía perfecta de Hinata se mezclaban entre las fotos. Un par de pegatinas aquí y allá, obligaban a no querer despegar la vista de ese álbum. Éste no estaba lleno puesto que no se habían tomado demasiadas fotos durante el tiempo que habían estado juntos, pero las pocas que habían mostraban el avance de su relación. Las últimas fotos eran de esos quince días en Fukuoka. Hinata lo había fotografiado mientras salía de ducharse y había una en especial que ella adoraba y con la que terminaba el álbum: en esa foto se veía a Hinata rozar los labios de Sasuke mientras él dormía. El ángulo permitía observar los finos perfiles rozándose. No había más, ambos con los ojos cerrados, él durmiendo, ella esperando probarlo y la luz del sol entrando a la habitación iluminaba el fondo.

Lo que la hacía su favorita, era que esa última mañana en Fukuoka representaba una nueva oportunidad. Tenían problemas encima, pero en ese preciso momento, todo era paz en esa cama.

—¿Te gusta?

—Por supuesto, pero… — él volteó a verla.

A Hinata le surgió un cosquilleo en el estómago —Creí que… si seguimos juntos, necesitamos una historia de amor que contar, ¿no crees?

Él frunció el ceño al acercarse a ella, poniéndola nerviosa.

—¿Entonces es solo un cuento que contar? — preguntó con malicia.

Ella negó, atrapada por sus ojos negros.

—Es solo que…

Él sonrió —Cierra la boca, Hinata. Sigo enojado contigo— le dijo jalándola de la cadera y haciéndola abrir más sus piernas para meterse más entre ellas. La besó tan fuerte que la nuca de Hinata dolió por la tensión. Cuando Sasuke se subió sobre ella en ese sofá y la besó despacio, Hinata supo que ya no estaba enojado. Notar después el cuidado con el que apartó el álbum, le dejó claro que él lo apreció. Entonces Hinata llevó sus dos manos al rostro masculino y separó sus labios para él, entregándose entera.

La peliazul se dedicó a sentir y disfrutar las manos de Sasuke recorriendo su cuerpo, ardiendo con él, que no intuyó siquiera que un par de ojos molestos y decepcionados la vieron salir de su edificio minutos atrás y adentrarse al edificio de enfrente. El dueño de esos astutos ojos se mantendría firme y a la espera de verla volver, aunque mientras pasaban los minutos, más seguro estaba de que ella no regresaría esa noche a su departamento.

•••

Hinata abrió perezosa sus ojos y se aferró más a Sasuke, tras haber dormido abrazada de él. Al notar la claridad del día, saltó de la cama.

Sasuke gruñó y se giró. Se tapó los ojos con su antebrazo.

—¿Qué haces? — su voz era ronca tras haber dormido.

Hinata buscó su ropa interior en el suelo y se la colocó.

—Debo llegar a mi departamento, hoy tengo desayuno con mi familia, ¿recuerdas? — dijo intentando recordar dónde había dejado el resto de su ropa.

—¿Y tiene que ser ahora?

Ella solo asintió y salió de la habitación directo a la sala, donde estaban sus vaqueros y su blusa.

—Tal vez no me dé tiempo de verte antes. ¿Nos vemos en el bar por la tarde? — preguntó asomándose a la habitación mientras se colocaba los pantalones.

Él dejó escapar el aliento.

—Espero que no estés pensando en no ir.

—No. Ahí estaré.

Hinata sonrió y luego de colocarse la blusa, fue a la cama con él.

—Entonces nos vemos. Me urge una ducha.

Él le metió la mano entre sus piernas mientras ella lo besaba.

—¿Quieres…?

—No. Debo irme— se quitó —. ¿Te las arreglarás con el desayuno?

—Claro.

Hinata dejó a un fastidiado Sasuke en la cama. Volteó a verlo, pero él se había cubierto el rostro con una almohada. Tuvo una sensación extraña al dejarlo, pero se obligó a seguir. El día sería muy largo.

•••

Cerca de las once Hinata entró al sector residencial donde su familia había vivido por décadas enteras.

—Tengo que dejarte, Hanabi — dijo en voz alta mientras doblaba y esperaba que el portón fuese abierto, al haber llegado al que fue su hogar —. Llegué ya.

Escuchó a su hermana bostezar y sonrió.

—Sí, sí, está bien —respondió la joven que había marcado como acostumbraba hacerlo cada domingo —. Salúdame a Neji y… a mi padre, evita recordarle que existo, si pregunta por mis calificaciones me querrá colgada de un árbol — ambas rieron.

—Descuida. Y sobre lo otro, lo haré.

—Ojalá hubiese marcado más temprano— se lamentó la chica, pues su llamada había entrado cuando Hinata ya iba de camino a ver a su padre.

—Prometo marcar yo más tarde. Hay —titubeó—, algo que quiero contarte.

Hanabi sonrió del otro lado de la línea —¿Algo turbio?

Hinata se ruborizó a pesar de estar preocupada por las posibles repercusiones, que esa noticia podría generar para su joven hermana.

—Más o menos.

Hinata estacionó su coche detrás del de Neji y apagó el mismo.

—Demonios, no sabes la intriga con la que me dejas— respondió la menor.

—Hanabi —la voz de Hinata sonó más seria—, pase lo que pase, no voy a dejar que nada te ocurra.

—Ok, eso me dio miedo. No irás a firmar tu sentencia de muerte, ¿verdad? O peor, hacer lo que padre te pide.

Hinata sintió un pinchazo de dolor en el pecho… al contrario, Hinata sentía que su embarazo le prometía una nueva vida. Pero también, el mismo había llegado sellando un destino que no deseaba para su hermana.

—No. Hablamos luego, ¿quieres?

—¡Hinata!

La mayor cortó la comunicación al ver aparecer al mayordomo y dirigirse a ella.

Momentos más tarde estaría frente a su padre y un serio Neji. Hinata se detuvo a un costado de su primo mientras ambos esperaban a que Hiashi dejase de hablar por teléfono.

—¿Lleva así mucho rato? — preguntó ella casi divertida.

Neji volteó a verla y demoró unos segundos antes de responder —: Algo así.

Una de las empleadas de la casa entró al despacho y anunció que el desayuno estaba listo para servir.

—¿Vamos? — ella animó al castaño.

—Vamos— respondió dándose vuelta.

Hinata se tomó de su brazo como solía hacérsele costumbre, lo sintió tensarse un momento, pero después él le dedicó algo parecido a una sonrisa y caminó con ella a su lado.

Una vez sentados en el enorme comedor, Hinata pidió un té y galletitas que solían hornear cada domingo por la mañana. Neji recibió y cortó una llamada en unos minutos, para entonces, Hinata ya saboreaba sus galletas.

—Y —él habló—, ¿qué tal sus días? —sonó formal, pero no serio.

Hinata sonrió —Todo perfecto. En menos de quince días comenzaré un nuevo semestre. Pensé que extrañaría más las clases y la rutina de estudio, pero no es así.

Él sonrió resignado, imaginando que había encontrado otras cosas que ocuparían su tiempo —Es normal, supongo —se obligó a hablar—, después de todo, es aún una adolescente.

—¡Oye! —se quejó, no supo por qué, pero eso le había sonado ofensivo; después de todo, Neji siempre la trataba como su igual.

Hinata fijó de más su atención en su primo informalmente vestido. Neji era atractivo. Su pelo estaba igual de perfecto pero su piel lucía seca y tenía ojeras bajo sus ojos.

—Tú, ¿has estado bien? —preguntó preocupada.

Él asintió con un nudo en la garganta. Sentir afecto de Hinata lo hacía sentirla suya, de su familia; pero ahora era consciente que ella había elegido, a voluntad, otro camino. Todavía no olvidaba que estuvo hasta las tres y media de la mañana esperando a verla volver del departamento de Sasuke. Pero no lo había hecho. Hinata, pese a ser una decisión a la que todos se opondrían, lo había elegido a él. Tuvo que hacer uso de todo su autocontrol para no seguirla y arrancarla de ese lugar, para hacerla volver al sitio donde pertenecía. Con él. Ellos. Su familia.

Con la mandíbula tensa, bebió de su té. Tragó despacio, elegante. Asintió a su pregunta.

—Bien. Solo con demasiado trabajo.

—Eso parece, niisan. No luces bien.

Él sonrió —Sí, ya somos dos.

Hinata también sonrió y no dijo nada. Ella también debía lucir con poco color, pues las náuseas no la dejaban comer a sus horas y la comida saludable no era su primera opción cuando el hambre volvía a ella.

Hiashi llegó al comedor volviendo el ambiente solemne. Todos estaban ya acostumbrados a ello.

•••

El desayuno en la mansión había sido igual a muchos, pero la visita de esa semana había sido relativamente corta. Para las dos de la tarde Hiashi ya se había encerrado en su despacho luego de recomendar a Hinata más seriedad en sus estudios y, recordarse él mismo visitar a Hanabi para tener respuestas de sus fatales resultados.

Luego de que ambos primos se entretuvieran en los jardines entre charlas de antaño, y que Hinata asaltara el frutero de la cocina, ambos salieron de ahí.

Neji había pedido que llevaran el auto de Hinata a su edificio y dejaran las llaves con el encargado, después de que ella aceptara comer fuera con él.

Cerca de las cinco Neji había estacionado frente al edificio de la peliazul. Bajó a abrirle la puerta y sorprendiéndola, no se despidió de inmediato. Hinata le sonrió pese a la extrañez que sintió cuando Neji le avisó que la acompañaría hasta su departamento.

Tenía el tiempo justo para prepararse y llegar a ese bar antes de que Sasuke lo hiciera, aun así, se dio tiempo de caminar con calma colgada del brazo de su primo. No sabía por qué, pero Neji volvía a parecer serio, tenso, incómodo tal vez.

Hinata abrió con prisa la puerta al escuchar el teléfono sonar. Corrió para atender en el teléfono en la sala y Neji entró tras ella. La joven sonrió al reconocer la voz de Kurenai invitándola a celebrar su cumpleaños el miércoles siguiente.

Neji la escuchó hablar y hacer planes. Se detuvo cerca de la barra de la cocina y la vio. Hinata lucía radiante, feliz. Su sonrisa iluminaba sus ojos y hablaba más y con más confianza incluso frente a su padre. Parecía bien. Bajó su mirada y meditó lo que estaba a punto de hacer.

Cuando Hinata colgó el teléfono y volteó a verlo con una sonrisa, le ofreció una bebida de inmediato y se dirigió a la cocina dispuesta a servirlo.

Él la detuvo al tomarla del hombro, cuando quiso pasarlo de largo.

—No es necesario, Hinata sama. Estoy bien así —dijo y detuvo sus palabras para sonreír sin parecer muy feliz —. De hecho, yo debo irme —su voz profunda extrañó a Hinata que notó la distancia que parecía formarse entre ambos.

—Pero, niisan…

Él alzó una mano, pidiéndole callar.

—Espero que sepa lo que hace, de verdad —dijo, sorprendiéndola—. Pero tanto si lo sabe, como si no, recuerde que siempre estaré, por y para usted.

Hinata frunció el ceño al ver a su primo dar media vuelta y salir con una mano en el bolsillo. Esa mueca parecida a una sonrisa que le dejó antes de cerrar, la desconcertó todavía más.

¿Qué había sido eso?

Neji nunca había sido tan raro. Cuando ella quiso dejar de pensar en eso e ir a su habitación para darse un buen baño, fue que vio ese objeto antes ausente.

Su corazón casi se detiene. El brillo había llamado su atención y cuando volteó completamente se encontró con esa cadena y dije conocidos.

No estaban ahí antes, ella había revisado bien. Esa cadena no llegó ahí sola, entonces… ¿Neji?

Neji lo sabía.

No supo qué pensar. Sentirse descubierta la paralizó, pero ahora las palabras de Neji cobraban significado. Dejó escapar el aliento y sonrió, pero su sonrisa se desdibujó. Sus ojos se mojaron y, egoístamente, estuvo feliz.

Neji sabía, sabía de ella y Sasuke. Lo aceptó. Lo que le partió el corazón era que su relación, de momento, estaba también perjudicando a su primo. Apretó los ojos y negó con fuerza. No iba a dejar que eso pasara. Ni Neji ni Hanabi pagarían por ella. Su padre debía entenderlo, aunque para ello necesitara ayuda.

O.O.O.O.O

Ino rodó los ojos cansada de ver a Sakura revolver cajones de su tocador.

—Por favor, ya vámonos— rogó recargando su espalda en el marco de la puerta.

Aunque la habitación de la Haruno era pequeña, había un mini caos con ropa que la rubia no sabía de dónde había salido.

—¡Ay, ya voy! —dijo mientras sacaba un joyero —Sólo necesito unos pendientes.

Ino vio a Sakura sonreír y comenzar a colocárselos al ya tenerlos en las manos.

—¿Esos son los que te regaló tu abuela? —preguntó viendo los bonitos pendientes de esmeraldas. La de ojos jade asintió — ¿No es como demasiado?

—Ah, es cosa de nada.

Ino frunció el ceño —Estás demasiado entusiasmada.

—¿Te parece?

—¿A ti no?

—Para nada.

—Espero que no albergues esperanzas de nada —su tono fue más bajo, como lamentando algo que no quería que estuviese ocurriendo con su más antigua amiga.

—Oye, es como una reunión cualquiera —respondió Sakura al encogerse de hombros.

Ino la vio de arriba abajo, el coqueto vestido de coctel verde menta que portaba, la hacía lucir más elegante que en eventos similares a los que ambas habían asistido.

—¿Segura?

La otra asintió.

—Sakura, esta vez no llegues tarde — Mebuki, madre de la nombrada apareció tras Ino, con un aspecto agotado —. Recuerda que hicimos una excepción en tu castigo solo porque insististe demasiado.

La Haruno inhaló profundamente y volteó a ver a su madre con una sonrisa cansada y fingida.

—Antes de medianoche. Lo juro.

Ino sonrió «Mentirosa.»

La madre rodó los ojos y negó en silencio. Sabía que le mentía, pero quería confiar en ella. Se dio media vuelta dejándolas nuevamente solas.

—Anda, vamos, que con la suerte que tengo seguro mi padre aparece y me da otro sermón— urgió a la rubia y se la llevó de la mano, saliendo casi a hurtadillas.

—¡Sakura!

—¡Volveré pronto! —alzó la voz y cerró la puerta tras de sí luego de responder a su padre.

Cuando el auto arrancó, por el espejo vio a su padre aparecer y hacerse pequeño a la distancia.

—Son agotadores, lo juro.

Ino rio —Sí, aunque no tanto como los míos.

O.O.O.O.O

«¿Dónde estás?» Hinata con una sonrisa leyó el mensaje que Sasuke le había enviado.

«Estoy llegando.»

«Antes de medianoche te quiero en mi cama.» El siguiente mensaje no tardó en llegar.

Ella extendió su sonrisa y mordió su labio al también ruborizarse.

«¿Estás ya ahí?»

El sonido de un claxon la hizo percatarse que tenía luz verde. Avanzó varios metros y dio un vistazo a su móvil que había terminado en el asiento del copiloto. El móvil siguió con la luz encendida y tardó un poco más al recibir un nuevo mensaje.

Hinata estacionó su coche lo más cerca que pudo del bar al que se dirigía. Negó en silencio al ver la respuesta de Sasuke. Ni siquiera le extrañaba que aún no llegara. Lo que era peor, ya eran más de las nueve y él quería irse antes de medianoche.

Bajó del auto con cuidado, tratando de no mostrar de más sus piernas por lo corto de su vestido. Pequeñas gotas de agua le mojaron los hombros desnudos y se apresuró a entrar. Esa noche había optado por comprar un vestido de encaje negro y rojo vino, ajustado al cuerpo –para agradarle a su joven novio, aunque tal vez no le gustase vérselo en ese lugar-, el cuello alto de la prenda daba el toque justo de una sensualidad inocente.

Hinata volteó a verse en un cristal del coche mientras avanzaba al bar. Era la primera vez que se colocaba algo que remarcara su forma, pero curiosamente estaba más nerviosa por cómo debería actuar con Sasuke ante todos.

•••

El lugar ya era concurrido cuando Hinata entró.

El olor a cigarro y cerveza la mareó menos que las luces moradas o la luz negra que hacía resaltar los colores blancos volviéndolos fluorescentes. Avanzó frente a la barra y sonrió al reconocer a Naruto tras ésta, alegando, riendo y sirviendo tragos. Se dirigía a él, pero vio a Ino y a Sakura en otro extremo del lugar, y prefirió ir con ellas que meterse entre el pequeño tumulto que rodeaba al Uzumaki.

Sakura y la Yamanaka veían el escándalo de Naruto cuando Hinata llegó saludándolas.

Ino le sonrió —¡Hey, ¿vienes sola?! —alzó la voz por el ruido del lugar, e hizo una mueca, obviando que preguntaba por alguien en específico.

Hinata asintió discretamente.

—¡Y mejor así! — intervino Sakura — ¡Qué pena que viniera tu primo y viera el ridículo que siempre hace Naruto! —dijo viéndola—. ¿Sabías que es la segunda vez que le piden que salga de ahí?

—¿En serio?

—Y aún no se ha embriagado— puntualizó Ino. Ella, a diferencia de la pelirrosa, parecía divertida con Naruto.

Sakura vio de arriba abajo a Hinata.

—¿Y ese atuendo? ¿Ocasión especial? —se burló sin malicia.

—Ah…

—Fue idea mía— intervino Ino.

—¿Cómo? ¿Fueron de compras sin mí?

—Ay, no hagas drama. Además, tú estabas más enclaustrada que un preso— Ino las tomó de los brazos y se las llevó directo a la barra por algunas bebidas —. Vayamos por un trago— rogó a ambas —. ¡Apúntalas a su cuenta! — le dijo al barman señalando a Hinata.

—¿Qué?

Sakura estalló en risa —¡Sin vergüenza!

—Cielos, Hina, dime que no te molestas —rogó Ino—. ¡Me gasté el resto de mi mesada en estos zapatos!

Luego de unos instantes, Hinata se entretuvo dando sus datos al barman para tener cuenta abierta y, mientras hacía eso, Sakura se quejaba del aroma a cigarrillo.

—¡Por favor, vayamos atrás! — rogó por ir al área destechada, que era, contradictoriamente, el área de no fumadores. Obtuvo el sí de Ino que, aunque no le apetecía, cedió recordando a Hinata y su actual estado.

Estaban por irse cuando la puerta se abrió. Sakura, que parecía esperar a alguien, volteó a ver.

—Miren, ¿aquél no es el hermano de Sasuke? —preguntó extrañada.

Hinata volteó a ver y reconoció a Itachi e Izumi —Lo es.

Sakura volvió a ver a Ino quien prácticamente se había hecho cargo de todo —¿Y quién lo invitó?

—Yo— Hinata se apresuró a responder al saber que no podía mentir, después de todo, no podía ser grosera y fingir que no conocía a Itachi. Ella notó la extrañez de Sakura —. Nos conocemos y coincidí con él, y bueno…

—Ah —dijo la pelirrosa y supuso que se conocían por sus familias.

—Vayámonos ya— sugirió Ino comenzando a caminar, a ella no le importaba mucho Itachi ni su acompañante. Ambas la siguieron, pero Hinata tuvo que detenerse cuando una emocionada Izumi la llamó.

Las chicas llegaron hasta una de las mesas con enormes sombrillas, frente a la barra trasera. El ruido era menor y ni las ligeras gotas de agua molestaban a las muchas personas ahí.

Ino, que no sabía que Shikamaru ya estaba ahí, lo vio en una mesa alejada. Unos celos curiosos la molestaron cuando vio que, además de estar con Chouji y un par de tipos que no conocía, también estaba con tres chicas que no le gustaron.

—¿Celosa? —preguntó divertida Sakura al notar la mirada de su amiga. Ino alegó algo y ella se rio. La pelirrosa dio un vistazo a donde todavía se encontraba Hinata charlando y, a pesar de no querer darle vueltas al asunto, no le pasó desapercibida la familiaridad con la que su amiga convivía con ese par.

Ino tomó de su bebida y la terminó de un trago.

—Ven, vamos a ver con quién se entretiene aquél holgazán —animó a la pelirrosa tomándola del brazo, luego de dejar su vaso.

Sakura rodó los ojos —Por favor, no vayas a hacer un numerito— le rogó y luego rio al seguirla. Ambas se vieron frenadas de golpe.

—¡Hey, ¿a dónde van?! —Naruto apareció frente a ellas y dio un largo trago a una cerveza.

—Oye, ¿tú sabes con quién está Shikamaru? —Ino preguntó secamente.

Naruto alzó ambas cejas —Ah, sí, las chicas son pasantes que trabajan con los mismos tipos con los que trabajaremos— dijo y se rascó la nuca —. Y creo que de los chicos no te interesa saber, 'ttebayo —adivinó y se ganó una mirada molesta de la rubia.

Ino lo pasó de largo y siguió su camino inicial, en busca de su novio. Los dos restantes vieron como sus intentos fallaron cuando un chico moreno se le acercó, deteniéndola.

—¿Que ese no es el tal Sai? — preguntó Naruto que estuvo ligeramente enterado de los problemas que la pareja tuvo por ese chico.

Sakura se recargó en la mesa a su lado —Me temo que sí.

Naruto rio fuertemente —Solo espero que no se arme ningún escándalo.

Ella rodó los ojos tomando de su bebida —¿Como el que estabas dando?

—Ah, vamos, Sakura. Si te refieres a mi incursión en la barra, ese no fue escándalo, sólo invitaba un par de tragos a unos amigos.

—Te meterán a la cárcel si sigues robando.

Él rio más fuerte —Pero si todo está pagado —juró—. Hemos recibido el anticipo de un proyecto y tengo dinero más que suficiente para invitar un par de tragos.

Ella negó cansadamente —Deberías cuidar más tu dinero, recuerda que…

—Oh, por favor, Hinata , dile a Sakura que no exagere —dijo hablándole a la Hyuuga que recién llegaba —. ¡Es solo por hoy, 'ttebayo! —prometió y luego regresó su atención a la peliazul que no supo de lo que hablaban. Él la vio de arriba abajo sin mucha discreción —Por cierto, Hinata, luces…

—¡Cállate, idiota! — Sakura lo golpeó antes de que dijera alguna barbaridad.

—¿Pero por qué? Además tú también…

A ella le dio un tic en el ojo —Ni te atrevas a decirlo.

—¿Sabes por qué parece enojada? — le susurró a Hinata y luego se rio divertido viendo a Sakura querer volver a enfurecer.

Para ese momento Shikamaru había llegado al lado de Ino, y llevaban una incómoda charla con Sai que no parecía percatarse del poco agrado que el Nara le tenía.

—¡Miren! Llegó Sasuke —avisó Sakura con una sonrisa al reconocer su altura entre la gente del otro lado del bar.

—¡Sasuke, idiota! —Naruto alzó la voz llamando la atención del Uchiha.

La sonrisa de Hinata se borró cuando reconoció atrás de Sasuke a Shion. Dedujo que él mismo la había invitado.

—Ahora vuelvo— dijo y salió de ahí extrañando a los otros dos. Sasuke negó en silencio cuando ella pasó por su lado sin decir nada.

—¡Hinata! —Shion la reconoció y le habló en voz alta — ¡Hola, ¿qué tal todo?! — la sostuvo y le dio un abrazo efusivo, como si tuviesen meses sin verse.

—Curioso, no sabía que se conocían —dijo Sakura viéndolas.

Sasuke volteó a verlas y no dijo nada.

—Y bien, Teme, ¿te gusta? —la expresión de Sasuke fue seria al voltearlo a ver — El lugar, a eso me refiero, no a Hinata o Shion, por supuesto.

—Naruto— Sakura arrastró con molestia ante, lo que ella consideró un impertinente comentario.

El rubio volvió a reír —Lo siento, Sakura, olvidé nombrarte a ti también.

Ella le dio un pellizco y Naruto apretó los ojos.

—He estado aquí antes y no está mal — respondió Sasuke sin hacerles mucho caso. Los otros dos sonrieron.

Hinata volteó a ver al lugar donde había estado. Sasuke estaba con Naruto y Sakura.

—Shion, verás —dijo con pena—, ¿recuerdas que una vez te pedí discreción sobre lo que Sasuke y yo tenemos?

La chica abrió los ojos sorprendida —Oh, claro… ¿todavía?

Hinata apretó su nuca, ligeramente estresada —Sí, ¿podrías?

La otra se encogió de hombros —¿Por qué no?

A Hinata pareció volverle el color —Entonces, vayamos, recuerdas a Naruto, ¿verdad?

Shion llegó a la mesa dando un efusivo abrazo también al rubio, intercambiaron algún comentario y luego Naruto se encargó de presentar a la rubia con Sakura, a quien no conocía.

Ya todos juntos, la pelirrosa invitó a todos a tomar asiento.

—¿A alguien le apetece algo? Iré por unos tragos.

—Yo solo un agua mineral y limón, por favor —pidió Hinata luego que el resto lo hiciera.

—¿No bebes? —preguntó Naruto extrañado— ¿por qué? ¿estás embarazada?

Hinata palideció y Sasuke volteó a verla.

—¡Auch! —Naruto se quejó cuando Sakura le dio un golpe en la cabeza —¡Era una broma, 'ttebayo!

—No, es solo que… manejaré— terminó por decir en voz baja.

—Ni siquiera tenías que responderle, Hinata —se disculpó Sakura—. Ahora vuelvo con todo.

Naruto, que todavía se sobaba la nuca, le preguntó a Shion qué hacía ahí y ésta le confirmó que fue Sasuke, su jefe, quien la invitó. El rubio volteó a ver al Uchiha que estaba frente a él, a un lado de Hinata; y aunque le pareció extraño lo dejó pasar. Tal vez Sasuke dejaba de ser tan antipático, después de todo.

Shion y Hinata que estaban una al lado de la otra, intercambiaron un par de frases ante la atenta mirada de Naruto que parecía divertido. Sasuke solo esperaba que las dos horas pasaran pronto para irse de ahí.

—Por cierto —volvió a hablar Naruto que no gustaba mucho de estar en silencio—, ¿alguien les ha dicho que ustedes se parecen un poco?

Ambas chicas voltearon a verse y Sasuke negó en silencio, aburrido ya del tema que Naruto alguna vez había tocado.

—¡¿Qué?! ¡No! —Shion rio.

—¡Demonios, en serio! —aseguró Naruto— Es decir —le dijo a Shion—, eres tan bonita como Hinata, solo que rubia y tus ojos, bueno…

Hinata se ruborizó y Sasuke vio eso con fastidio, pero siguió escuchando a Naruto sin decir nada.

El rubio se rio —¡Claro! Por eso siempre me pareciste muy bonita —dijo—. De hecho, yo estoy, ¡estaba! Quiero decir, Hinata me…

Shion le puso una mano en el brazo a Naruto —Oye, tranquilo. Eso fue muy lindo, aunque no sé si fue una declaración para mí o para Hinata.

La Hyuuga se tomó la nuca, incómoda al percibir la molestia de Sasuke. Ino y Shikamaru llegaron a ellos y se sentaron en los lugares vacíos. Pronto la charla cambiaría con los nuevos miembros. En la mesa no tardó en escucharse otro estallido de risas.

Sakura vio desde la barra, a varios metros de ellos, como Sasuke parecía hablar en voz baja con Hinata, mientras el resto no los notaba. Él parecía discreto, salvo que volteaba en su dirección; de no ser porque Hinata de vez en vez volteaba a verlo a los ojos y le asentía y sonreía, casi ni parecería que estuviesen charlando.

Sakura llegó con una bandeja y las cinco bebidas, luego Shikamaru se levantó por un par más para él e Ino. Para cuando volvió con éstas, Lee, Chouji y un par más de ex compañeros de la universidad se habían acercado. La mesa había quedado pequeña y unieron un par más a la misma para reunirlos a todos.

Cuando Shion notó a Itachi lo hizo acercarse. Hinata apretó la mano de Sasuke por debajo de la mesa al notarlo incómodo cuando su hermano contó un par de experiencias de los primeros cumpleaños del menor.

Momentos después Chouji pidió comida para la mesa, éstas se llenaron de diferentes botanas que no complacieron del todo al regordete. Cuando pasaron más de tres rondas de bebidas Naruto comenzó a preocuparse por la cuenta.

—Eso te pasa por fanfarrón— dijo Sakura que ya llevaba más de cinco tragos.

—Descuida, a partir de aquí yo me encargo— dijo Itachi sin querer ofenderlo.

Naruto rio avergonzado y aceptó el trato justo.

—Hinata, ¿vamos al baño? — pidió Izumi que nunca había estado ahí. La Hyuuga aceptó y se levantaron ante las miradas de todos ahí — El lugar es bonito, pero no dejo de sentirme fuera de lugar.

—¿Por qué? — preguntó extrañada la peliazul.

—Oh, vamos, soy algunos años mayor que el promedio de los aquí presentes— se burló y siguió a Hinata a los sanitarios.

Bromearon sobre eso. Ambas entraron a los cubículos decentemente limpios. Momentos después estaban frente al enorme espejo lavando sus manos, mientras Izumi disfrutaba del silencio presente solo ahí.

Hinata frotó su mano húmeda de agua en su nuca.

—Debe ser agotador mantener esta relación en secreto frente a todos, ¿eh?

Hinata sonrió cansada, pero manteniendo el brillo de sus ojos —Pronto solucionaremos eso.

Izumi asintió sin saber por qué les resultaba tan complejo.

—Por cierto, he notado que no bebes, ¿te estás medicando?

La mirada de Hinata, puesta en sus manos bajo el chorro del agua, subió a Izumi y negó despacio. Bajó la misma y luego negó, para volverla a ver.

—Es algo… un poco más complicado— se animó a decirle viéndola a los ojos.

Izumi asintió y luego de unos segundos en los que Hinata no dijo nada, ella pareció caer en cuenta.

—¡Oh, por Dios! ¿No estarás diciendo que…?

Hinata se mordió el labio y asintió.

—Y no quiero aterrarme —confesó alegre pero sus ojos comenzaron a aguarse.

Izumi la abrazó —Dios, eres tan joven— dijo lo primero que pensó —, y si te refieres a aterrarte por tu familia, ten por seguro que tendrás todo nuestro apoyo.

Hinata dejó escapar el aliento al asentir —Sasuke aún no lo sabe.

—¿Qué?

—Quiero, bueno… decirle yo misma.

La otra asintió una y otra vez —¡Seré tía!... postiza, pero tía —dijo sin creerlo. Era hija única y si iba a ser tía serían solo de los hijos de Sasuke y Hinata iba a darle al primero de sus sobrinos —. No me pidas que se lo oculte a Itachi, te juro que no podré. ¡Lo notará en mí!

Hinata rio —Descuida, de cualquier forma, iba a decírselo. Después de a Sasuke, claro— confesó. No quería sentir que se aprovechaba de otros, pero no podía hacer frente a su padre sin el respaldo de la familia de Sasuke.

Ambas chicas demoraron largos minutos charlando. Varias mujeres entraban y salían y ellas hablaban en voz baja. Izumi comprendió el problema en el que Hinata estaba inmersa, pues ya antes había escuchado hablar de la fama de su familia y sabía lo intransigente que era el padre de la chica frente a ella. Sintió pena, pero también algo parecido al orgullo al ver el brillo y decisión en esos bonitos y peculiares ojos.

Desde el momento que salieron de los baños, escucharon la risa de Naruto y el resto en la mesa.

—Vayamos, antes de que resulte extraña nuestra demora— dijo Izumi y la animó a caminar.

Hinata asintió y quiso seguirla, pero notó a Sasuke dirigirse a ella. Sonrió sintiendo un cosquilleo en el pecho.

—Ven— le dijo devolviéndola al pasillo del baño.

—¿Estás loco? Cualquiera podría venir y descubrirnos —habló en voz baja al detenerse. Estaban a medio pasillo, entre ambos baños. Un par de chicas salieron, pero no les prestaron atención. Hinata se ruborizó, aun así.

—Será rápido— aseguró él y le tomó el rostro con una mano para luego besarla. La otra mano la resbaló por un seno y luego de frotar su pequeña cintura, terminó en su espalda baja.

Hinata gimió cuando él volvió profundo el beso y se pegó más a él. Lo notó crecer y su conciencia volvió a ella.

—En el departamento, ¿está bien? —su voz apagada se entrecortó por los labios masculinos que quisieron volver a los de ella.

—Te perdiste el pastel— susurró con media sonrisa divertida.

—¡¿Qué?! — Hinata se notó decepcionada, pero no podía ofenderse, después de todo, no había razón para que la esperasen.

—Y morderlo fue lo más vergonzoso que he hecho— su voz volvió a ser profunda cuando le mordió una oreja, sin despegarse de ella.

Hinata se mordió el labio, sintiéndose estremecer por su caricia, pero también con una enorme sonrisa al imaginarlo.

—¿Cómo me pude perder eso? — se lamentó. Ojalá alguien hubiese tomado una foto.

Él le dio una nalgada que la hizo soltar un gritito —Eres cruel.

—No, Hinata, aún no comienzo a serlo. Vas a pagarme muy bien el tenerme aquí— él lamió sutilmente su oreja y sonrió cuando sintió los pezones de su novia endurecerse en su pecho —. Vámonos ya.

—Media hora— pidió —. Buscaré una excusa para irme. Haz lo mismo— pidió y lo apartó para volver al grupo antes de perder ante él y hacer lo que le estaba pidiendo.

Sasuke vio la forma como el maldito vestido mostraba sus muslos al caminar. ¿Buscar una excusa? Él se podría largar sin explicarle a nadie, pero no creía aguantar la soledad de su departamento mientras la esperaba.

«Mierda.» pensó y dejó escapar el aliento despacio al recargarse en la pared. Esperaría unos minutos a perder su erección para volver.

•••

Pese a lo dicho, había pasado la media hora acordada y un par más. El lugar seguía repleto de gente, pero la música había descendido de volumen.

—¡Joder! —arrastró Ino al ver la hora. Volteó a ver a Sakura — Mi madre va a matarme y todavía tengo que llevarte a ti.

La pelirrosa, cansada, echó la cabeza hacia atrás —Ni lo menciones. Además, puedo volver con Naruto.

—Creo que sí es hora de irnos. Yo también debo hacerlo —intervino Hinata y Sasuke escondió una sonrisa maliciosa al escucharla, al dar un trago a su bebida.

Itachi hacía minutos que los había dejado y luego de él otros más. El grupo en la mesa se había hecho notoriamente menor.

Ino buscó en su bolso y le tendió a Sasuke una cajita de regalo larga —Ten, espero que te guste, porque no hay devoluciones —se burló y tras importarle poco la opinión de su novio o el mismo Sasuke, se colgó de su cuello y le dejó un beso en la mejilla.

Cuando Shikamaru recuperó a su novia, Naruto entregó un par de regalos que había recolectado de varios de los invitados. Rio diciendo que el de él era siempre el más grande.

—Y… supongo que sigo yo— dijo Sakura al tomar un pequeño presente sobre la mesa. Vio a Sasuke a los ojos y se ruborizó al hacerlo. Avanzó despacio tendiéndole el regalo. Sasuke lo tomó y vio en los ojos jade añoranza. Se incomodó, pero no se soltó cuando Sakura imitó a Ino y también le dio un abrazo por demás efusivo. Cierta incomodidad se sembró en los pocos presentes.

Sakura no lo soltó. Ella no lo besó, pero demoró en pretender apartarse.

—¿Por qué nunca…? —le susurró pegada a su cuello.

Hinata desvió la mirada y nadie se atrevió a decir nada.

Sasuke la tomó de la cintura para ayudarla a bajar. Él solo negó a su pregunta y Sakura sonrió con los ojos aguados.

Cuando se separaron, Hinata se despidió y fue Naruto quien se ofreció a acompañarla a su coche, dejando al resto todavía en la mesa.

—¡Oh, no olvides tus regalos! — Ino, que comenzaba a lucir cansada, puso en las manos del Uchiha una pila de presentes — ¿Puedes con ellos? Porque si no…

—No, yo me encargo. Adiós — la interrumpió y pidió a uno de los meseros que se hiciera cargo de un par más.

Ino lo vio marcharse y cuando pretendía dirigir su atención a Sakura, su móvil vibró. Maldijo en voz alta al ver que era su padre

O.O.O.O.O

Casi veinte minutos después, Hinata sintió muy natural girar en otra dirección, en lugar de ir a su edificio, para ir al encuentro de Sasuke.

Estacionó en uno de los cajones del Uchiha y al saber que aún no llegaba, lo esperó ahí. Lo conocía y sabía que no demoraría. Se recargó completamente en el asiento antes de apagar el auto. Se soltó el cinturón y al regresar su mano, ésta se detuvo en su vientre. Se acarició y sonrió.

«Esperamos a tu padre.»

Volvió a sentirse extraña al imaginarse hablando con el hijito dentro de ella, aunque no era la primera vez que lo hacía. Por las noches, cuando el miedo la atacaba, se acariciaba e internamente le aseguraba al ser en su interior que todo estaría bien, y eso la calmaba a ella también.

El destello de las luces de un coche que entraba la hizo voltear. Un coche que no conoció pasó frente a ella y tras éste venía Sasuke. Cuando él estacionó a su lado, apagó su auto y salió. Hinata fue a su encuentro cuando abrió su puerta.

—¿Quieres que te ayude con tus regalos? — preguntó viéndolos todos en el asiento trasero.

—No —la tomó de la cintura y dio un paso adelante que ella no pudo retroceder, pegándose a ella—. En realidad, quiero que me ayudes con otra cosa.

Hinata se rio cuando él le besó el cuello. El matrimonio joven que llegó segundos antes que Sasuke, subió al elevador, apenas prestándoles atención para fortuna de Hinata que se dejó besar y tocar.

—Subamos —pidió con una sonrisa—, juro que estos tacones me están matando.

Sasuke la giró y la hizo caminar —Es una lástima, porque no pienso dejar que te los quites en un buen rato.

Ella extendió su sonrisa y llamó al elevador —Será lo primero que me quite cuando llegue a tu cama.

Sasuke comenzó a ponerse duro al escucharla decir eso. Quiso besarla, pero Hinata lo hizo entrar al elevador. Antes de que las puertas del mismo volvieran a abrirse, los labios de Hinata ya hormigueaban de lo que Sasuke la había besado.

Hinata olvidó las ganas que tenía de quitarse sus zapatillas cuando, luego de que Sasuke abrió la puerta, Gato saliera disparado, pasando entre los dos pares de piernas.

—¡Cielos! —ella lo siguió unos metros, pero el felino corrió.

Sasuke se recargó en la puerta y arrastró su cabello cansadamente.

—Ya déjalo. Sabes que la próxima vez que abramos la puerta, él estará rogando por entrar. Infeliz gato.

Hinata se quedó de pie en medio del pasillo y sin estar tan segura de dejarlo fuera, volvió. Sasuke tenía razón, eso había pasado más de una vez. Él le ofreció una mano y la dejó pasar primero. Sasuke cerró y ninguno se interesó en encender la luz, bastaba con la que desprendía la lámpara en uno de los burós.

La Hyuuga sintió el cuerpo de Sasuke pegarse a su espalda cuando se detuvo detrás del sofá doble de la sala. Sintió su aliento caliente golpear en su nuca y toda la piel se le erizó. Cuando él deslizó un par de sus dedos desde su hombro hasta la palma de su mano, Hinata sintió como su respiración se hacía profunda y lenta. Nunca se acostumbraría a todo eso que su cuerpo sentía cuando Sasuke la seducía. Cuando él le deslizó el pelo hacia adelante y besó su cuello, ese punto entre sus piernas se endureció y disfrutó todavía más.

Sasuke se pegó a ella, aprisionándola contra el sofá y, mientras un brazo la sujetaba de la cintura, con la otra mano masajeaba sus senos.

—Hermoso vestido —le susurró y ella sonrió satisfecha.

—¿Te lo parece?

—Sí. No te lo vuelvas a poner— dijo, haciéndola reír.

Él comenzó a deslizar el cierre después de soltar del botón de su nuca, y ella mordió su labio esperando sentir sus manos en su piel. Sasuke la estremecía completa. Él mordió su cuello y ella gimió. Cerró sus ojos y sintió los mismos humedecerse de placer. El cuerpo grande, fuerte y duro de Sasuke siempre la haría sentir vulnerable, pero adoraba esa sensación.

El Uchiha acarició su piel tersa con una calma que Hinata padeció. Cuando la giró, luego de soltar su sostén, le besó los labios. Unidos, le alzó las piernas y la sentó sobre el respaldo del sofá. Ella acarició sus caderas con los muslos, ansiosa de más y disfrutó de la forma como Sasuke le apretaba sutilmente su cuello, conteniéndose. Podía sentirlo tan duro entre sus piernas.

Él sonrió malicioso cuando ella le desabrochó los pantalones y bajó su cierre. Las manos de Hinata subieron por su pecho, mientras jadeaba en sus labios. Le acarició el cuello con cierta fuerza y, ansiosa, lo besó con más pasión. Sasuke sonrió en medio del beso.

—¿Quieres?

El tono de su rojizo en las mejillas aumentó —Sabes que sí. No seas cruel preguntándolo— se quejó. Cuando Sasuke le besó una mejilla, torturándola, ella bajó sus manos y le acarició su miembro bajo la ropa.

Él se quitó y apoyando sus dos manos en el sofá, la vio a los ojos.

—Vas muy rápido —esbozó media sonrisa cuando la vio sorprenderse —. Antes quiero hacer algo.

—¿Cómo?

Hinata no pudo ni intentar cerrar sus piernas cuando Sasuke se arrodillo entre éstas. La sintió estremecerse cuando su aliento golpeó su sexo. Él pasó uno de sus dedos entre sus pliegues, sobre la ropa. La mordió suavemente y la escuchó gemir. Momentos antes, cuando la vio radiante charlando con otros, se juró que metería su cabeza bajo su hermoso vestido y la temblar. Y ya estaba haciéndolo y todavía ni la probaba.

—¿Quieres…? —las palabras de Hinata se ahogaron en su garganta cuando Sasuke hizo a un lado sus bragas y pasó su lengua en medio de su sexo. Gimió y apretó sus ojos aguados, como también sus manos en el sofá. La posición era por demás bochornosa, pero Sasuke no le permitió cerrar un poco sus piernas. Instantes después eso había dejado de importarle cuando una oleada caliente de satisfacción se derramó de su cabeza a sus pies, anunciándole algo mejor. Él bebió de ella mientras acariciaba con sus dedos su interior.

Todo el cuerpo de Sasuke estaba tenso. Su miembro pidió por su lugar entre sus muslos y él continuaba comiendo de ella mientras sus sentidos se llenaban de los gemidos cada vez más altos de Hinata. Ella comenzó a tener espasmos en su cuerpo entero. Cuando ella lo tomó del pelo y tomó su propio ritmo, frotándose contra él, Hinata no tardó mucho en estallar por dentro. Sasuke la sujetó con fuerza de los muslos y la hizo vibrar al seguir lamiendo aun cuando ella se quedó quieta.

Hinata, agotada, se recargó en el pecho de Sasuke cuando éste se puso en pie.

Él jadeó sobre sus labios —Cada vez sabes mejor —le dijo y le besó los labios. Hinata se probó en él y no importó.

Sasuke se pegó más a ella, empapándose con sus fluidos al frotar su sexo sobre el de ella. Se dio cuenta que notó su necesidad y buscó quitarse sus tacones, para tal vez ser ella la que se pusiera en pie, pero se lo impidió.

—Sasuke— se quejó y gimió cuando él la jaló de la cintura y la puso de pie.

—Dijiste que sería lo primero que hicieras al llegar a mi cama. Y bueno, aún no llegas— le besó los labios y ella sonrió.

—Sabes a lo que me refería.

—Me temo que no— dijo haciéndola retroceder a la puerta. Sonrió con malicia al pegar su frente a la de ella. Le fascinó como esos tacones hacían lucir sus piernas y ahora solo quería follarla con ellos puestos. El espejo en la pared al costado de la puerta incrementaría su lujuria, haciéndolo todo más excitante.

—Okey, entonces vayamos a la cama, juro que no…

Sasuke la tomó del pelo y tras pegar su cuerpo a su espalda, la hizo chocar secamente con la puerta.

—Dije que no, Hinata— habló ronco en su oído y ella volvió a estremecer —. Será rápido, lo prometo.

Ella gimió sonoramente cuando le mordió el hombro y jaló sus caderas atrás.

—Soporté esa ridícula fiesta a la que me insististe en ir solo para poder llegar aquí y hacértelo— su voz fue ronca mientras se frotaba en ella. Él le acarició la espalda con la mano libre disfrutando sus exquisitas formas.

—Por favor —gimió ahogadamente.

Sasuke la penetró de golpe provocando que el cuerpo de la Hyuuga volviese a chocar con la puerta. Ambos gimieron.

—Joder, eres tan estrecha. Deliciosa — Sasuke no podía despegar sus ojos de la pequeña cintura, ni de la forma como su cabello resbalaba a ambos lados de su espalda.

Siguió penetrándola fuerte, haciéndola gemir con cada embiste, inmenso únicamente en la forma como su miembro desaparecía dentro de ella y como sus glúteos rebotaban por eso. Apretó fuerte sus manos en ellos.

—¡Oh, Sasuke!

Se escuchó un golpe del otro lado de la puerta y los gemidos de Hinata aminoraron.

—Debe ser el estúpido gato— Sasuke volvió a morderle el hombro luego de susurrarle. No pretendía que otra cosa ocupara sus pensamientos. Solo debía ser él. Su miembro y él.

—Pero…

Sasuke puso una mano sobre la de ella cuando ambos cuerpos quedaron casi verticales. Los centímetros de los tacones de Hinata le permitían a Sasuke cubrirla por completo. El cuerpo grande y fuerte se golpeó contra ella arrancándole gemidos y haciéndole agua la entrepierna.

—Sasuke…

—Ah… demonios, Hinata —se encajó en ella—. ¿Te gusta?

Ella gimió —Sí, por Dios —apretó su mano. Ambos estaban ardiendo —. Más, por favor — él le mordió el labio cuando ella volteó a verlo y le sonrió, luego la hizo elevar su trasero y su bombeo se hizo intenso, tanto como el palpitar de su corazón.

Esta vez el orgasmo alcanzó primero al Uchiha que gruñó pegando su frente a la sien de Hinata que segundos más tarde, mientras él terminaba de frotarse, la invadió el clímax. Mordiendo sus labios y tratando de controlar su voz, vibró y se apretó alrededor de él.

Instantes después de recuperar el aliento, Sasuke acarició los senos expuestos de su novia y Hinata se estremeció. Él sonrió casi enternecido por su reacción, pues sabía cuán sensible terminaba ella después de hacerlo. Salió de ella mojado y le dio una pequeña palmada en el trasero.

—Ve a asearte, meteré al gato.

Hinata le acarició el rostro y le besó los labios viéndolo a los ojos, sintiendo en su pecho ese calor que le provocaba querer estar siempre cerca de él.

Le sonrió. Por fin se sacó los tacones y casi corrió al baño.

Sasuke tomó y dejó escapar aire mientras acomodaba sus pantalones. Apretó el puente de su nariz mientras escuchaba a Hinata dentro del baño. Todo su cuerpo resintió un cansancio de golpe y se quedó un instante quieto.

Odió a su maldito gato que lo haría salir y buscarlo en vez de meterse a la cama con Hinata. Quitó el seguro de la puerta y abrió la misma. El cansancio quedó en segundo término cuando unos ojos jades y llorosos fueron lo primero que vio. Sakura, la dueña de los mismos temblaba queriendo llorar mientras en sus manos sostenía un par de regalos.

•••

Sakura había asegurado a Ino que iría con Naruto para que se fuese tranquila. Y esa había sido una idea sincera hasta que se percató de que, en el suelo, entre tanta gente, Sasuke había perdido un par de los regalos que Ino le había hecho cargar. Los recogió y buscó a Naruto, pero luego de verlo con Shion creyó que ese podía ser un buen pretexto para ver a Sasuke una vez más.

No había importado pagar más en un taxi, que lo que pagaría en semanas en el colectivo para llegar ahí. Había salido del elevador alisándose el vestido y luego sujetó con fuerza el par de regalos, uno de los cuales era el de ella, para su pesar.

Estando a instantes de tocar, un golpe seco la hizo sobresaltarse y detenerse. Luego escuchó algo parecido a quejidos. Se alarmó, casi creyó que pudo haber sido una pelea al interior, pero permaneció de pie, asustada por la siguiente idea que cruzó por su cabeza.

«Joder, eres tan estrecha. Deliciosa » ¿Ese era Sasuke? Era imposible que no fuese. Nunca había escuchado un tono tan ronco y agitado, pero era su voz. Sus ojos picaron.

Se sintió idiota ahí parada y con los ojos llorosos. Ella ansiosa por verlo y él ahí dentro… con alguien.

Jadeos y gemidos femeninos surgieron tan claros como los de él y ella se dio media vuelta pero no pudo irse a pesar que se rogó por hacerlo.

«¡Oh, Sasuke!»

Esa voz… la sangre casi se le congela. Sakura se recargó en la puerta, golpeándola. Los ruidos del interior disminuyeron, pero enseguida volvieron a cobrar fuerza.

«Sasuke.» Esa voz era…

«Ah… demonios, Hinata. ¿Te gusta?»

Los ojos de Sakura picaron y se llevó una mano temblorosa a la boca. Apretó los labios y ojos como si así pudiese no escuchar la respuesta, y queriendo olvidar el tono de la voz jadeante de Sasuke, sus sonidos y cómo hacía gemir a…

Se despegó de la puerta. Quiso irse, pero también quiso quedarse y hacer frente a ese par de mentirosos. Quiso ver de frente a Sasuke, pero más a ella.

Escuchó la puerta abrirse y solo atinó a girarse y ver con ojos aguados a Sasuke aparecer semi desnudo. Sintió que algo se quebró dentro suyo y cayó hasta sus pies cuando vio una mirada seria verla sin otra expresión.

—¿Lo encontraste, Sasuke? — Hinata, descalza y con el vestido apenas colocado apareció por el pasillo.

Entonces Sakura gimió conteniendo el llanto y viendo con rabia a ese par.

Continuará…

¡Hola!

¿Cómo han estado? Espero que bien, de verdad.

Siento la demora, pasaron muchas cosas (intenten olvidar que siempre digo lo mismo)

No se me ocurre mucho qué decir, más que pedir disculpas por haber tardado tanto :c Este capítulo es importante por distintas cosas, el siguiente lo será más. ¿Lo corté bien ahí? Casi siempre me cuesta decidir dónde cortar, pero bueno, equis.

Para no aburrir, solo agradezco comentarios:

•Nymfhetamina •Yaiza Mun •dagorfly •Yumaika Higurashi •Bloody xD •AiKawaiiChan •DAMIC00 •skycru •Danibhel Reyes •Ana Paty •katty lori •Yumeko-san •Gues1 •uchiha-mei-chan •kibahinasasu-kun •cHiBiLeBaSi •Linaakane •SaBaKu No MeNnY •Marggotrix •N0eliaa •Guest2 •AlexXita 3 •Guest3 •alejandra •barrosbossio1 •BarCY •himepeti •Nubi F •Alicia •gleyy •Myto •BC •Tsuki •Yoselin •Valerie Hyuga Senju •wolf-enzeru •aleeesasu •Kony •oscuridad inmortal •Sayuri Koitsumi •Guest4 •Soo Hyun Yuki •Astrid Sakamaki •Anith-san •haku •Guest5 •mariel ailee •A M3 (Andrea Marisa) •evilangelux •sandy •Guest6 •gleyyyy •AnnLullaby •SasuHinaforever •Kony •MONY •Guest7 y 8 •Camily Son •Isa •gonza •Guest9 •Srta Morow •gristardream13 •Kony •Melly21289 •Melizcp •Guest10 •chasethepenguins •alsole •Ynanla •csabillonp •Guest11, 12, 13, 14, 15 •UchihaYumiko-chan •dani •UnohanaHinata •KASSY HYUGA •nekoprincesz.

Mil gracias por tener presente la historia y por venir a dejarme saber que siguen aquí a pesar de mis demoras. Lo aprecio muchísimo. Hacen que me remuerda la conciencia y vuelva frente al pc a dar lo último para terminar este fic.

Marggotrix: No, no tengo ninguna página de face. Andaba de admi por un par de páginas ya muertas y en algunos grupos, pero con mi cuenta feik xD

No pude responder comentarios (en serio, casi no me senté frente al pc, ocurrieron muchas cosas por acá) No me lo tomen a mal.

Ah, una anotación que se me pasaba: En el capítulo anterior escribí que la drogadicción se trataba con un psiquiatra. Error mío, lo siento. Ya alguien que aprecio mucho y no sé si pueda dar su nombre me sacó del error y me asesoró en otros detalles. Sobre la sanación psicológica de ambos, intentaré ser lo más sensata y prudente posible, aunque tal vez no aparezca demasiado 'a cuadro' puesto que no quiero extender de más la historia.

Creo que ya. ¡Gracias por leer!