LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.
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BAJO EL DOLOR.
Capítulo dedicado por cumpleaños (adelantado) a Andrea Marissa, A. M3. ¡Felicidades!
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Shion le sonrió a Naruto cuando éste entró a su auto. Mientras salían habían acordado ir a buscar algo para cenar, antes de que él la llevase a su departamento.
El rubio estaba por encender la radio cuando su teléfono sonó.
—Oh, qué demonios— se quejó y se avergonzó cuando tuvo que salir del coche para escarbar entre sus bolsillos y sacar su móvil —. Sí, ¿qué quieres, Ino?
Naruto frunció el ceño cuando escuchó a la Yamanaka pedirle que llevara a Sakura a su casa, pues a ella no le alcanzaría el tiempo para hacerlo.
—¿Sakura-chan?
El chico, aun fuera de su auto, giró su cabeza buscando a su amiga y vecina. Había mucha gente saliendo de los locales cercanos. Casi le colgó a Ino para decirle que regresaría a buscarla, pero entonces se percató que la pelirrosa detenía a un taxi y subía en él.
—¿Estás segura que dijo que iría conmigo?
—¡Que sí, hombre! Me lo aseguró.
Naruto volteó a ver a Shion y dudó unos segundos en si dejar ir a su amiga o asegurarse que llegaría bien.
—Bien — dijo y se despidió rápido para volver a subir a su coche —. Shion, verás… ¿te molestaría pasar a un lugar antes? —pidió con pena.
Ella no supo qué decir de inmediato. Por la mañana trabajaría temprano, pero tampoco quería despedirse ya. Aceptó instantes después.
Él sonrió abiertamente y le avisó que perseguirían a un taxi. Salió y casi golpeó a un coche que pasaba, para luego buscar el taxi que llevaba a su amiga antes de que entrara a cualquier avenida.
Le marcó a Sakura al no localizarla visualmente. Naruto emitió un gruñido ahogado cuando ella no contestó, pero le envió un mensaje: llevaría a Sasuke un par de regalos que había dejado. Él no tardó en encontrar el fondo de esa acción.
Ella no iba a pasarla bien, estaba seguro.
Le tomó casi quince minutos salir del rumbo que llevaba, para ahora dirigirse al mismo sitio que Sakura.
—Iremos al centro —avisó Naruto más avergonzado —, tal vez no sea tan buena idea que te haga acompañarme.
Ella lo vio con curiosidad y notó preocupación.
—Vayamos por tu amiga y después de eso puedes acercarme a mi casa— dijo, entendiéndolo.
—Demonios. Lo siento, de verás.
Ella asintió y notó la aceleración del coche.
Apenas estacionaron frente al edificio, Naruto dudó sobre subir o esperar a que Sakura bajase.
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o.o.o.o.o
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—¿Qué haces aquí? — la voz de Sasuke era seca y fría.
Hinata se había quedado de pie a medio metro detrás de él.
La pelirrosa todavía tenía en su cabeza los ecos de sus voces tras lo sucedido momentos antes. Apretó fuerte los puños al tener a la vista a esos dos traidores. Sus ojos picaron y sonrió ofendida y dolida, al ver la mirada impersonal de Sasuke dirigida a ella. Como si fuese una intrusa, y no la estúpida que acababa de descubrirlos.
—¿Que qué hago aquí? —repitió con su garganta quemándose por las ganas de llorar.
—Sakura… — Hinata se asomó detrás de Sasuke y salió ante ella siendo cuidada por la seria y negra mirada.
—¡Tú cállate! — interrumpió dolida — ¡Maldita hipócrita! —terminó en un grito, viendo severamente a la que hasta hace poco consideró una de sus mejores amigas. Se sentía estúpida ahí, con un bonito vestido arrugado, su cuerpo frío, el corazón roto y su billetera vacía.
—Estás haciendo un escándalo, Sakura —le advirtió Sasuke y luego vio los regalos aun en sus manos —. Y no hacía falta que trajeras eso — dijo, señalándolos con la mirada.
Ella vio los presentes en sus manos y éstas temblaron antes de arrojarlos a un lado, sin tampoco importarle ya. Sakura había querido gritarle tantas cosas a Hinata, pero Sasuke y su mirada, habían dirigido su ofensa ahora hacia él.
—¿Y ahora te preocupa un escándalo? —reprochó — Hasta hace unos instantes habías estado follándote a esta zorra sin importar que alguien los escuchara.
Hinata respingó ante lo cruda de sus palabras y apenas pudo tragarse el nudo de su garganta cuando sus ojos picaron.
—Te lo advierto, Sakura. No voy a permitir que la ofendas de esa manera.
Ella sonrió ofendida y se tapó boca y nariz con la palma de su mano, para sorber los estragos de su ya claro llanto.
—No es ofensa la verdad. ¿O sí, Hinata?
Los ojos de Hinata, aguados, le dieron una visión nublada de la pelirrosa, pero no se atrevió a responder a eso.
—Sakura… yo, nosotros no…
—¡¿No, qué?! —interrumpió— ¿No pretendías revolcarte con él sabiendo que yo lo amo? —reprochó señalando al Uchiha, volviendo a alzar la voz.
Hinata negó con un nuevo nudo en la garganta. Hizo acopio de toda la dignidad que encontró y le sostuvo firmemente la vista.
—No quise decirte nada hasta que…
—No tienes que explicarle nada, Hinata— la voz gélida de Sasuke molestó más a Sakura. Lo vio sin reconocerlo, ¿cómo podía amarlo tanto? Ella se negó a reconocer la veracidad de sus palabras. Era cierto que no fueron nada, pero Hinata supo todo el tiempo lo que ella sentía. ¡Maldita sea! Varias veces ella la había visto llorar por él.
—Siempre supiste— reclamó intentando aguantar las lágrimas, y con la voz más ronca por ello.
Hinata asintió y eso fue como una bofetada para la Haruno.
—No quería lasti…
—No querías— repitió incrédula y asqueada.
—Lo siento tanto— se disculpó Hinata —. Fui yo la que no encontró el valor — Sasuke desvió la mirada al notar su voz quebrada —. Incluso hoy… en ese bar, tú… ¿Cómo iba a hacerlo si…?
Las palabras de Hinata se vieron interrumpidas cuando Sakura se acercó y la abofeteó.
Los ojos de Hinata ya no soportaron el llanto. Y Sasuke detuvo con fuerza innecesaria la mano de Sakura y posteriormente todo su cuerpo, cuando ésta buscó irse contra la Hyuuga de nueva cuenta.
—¿Cómo ibas a hacerlo si qué? ¡¿qué?! —gritó frustrada Sakura al no poder llegar a ella. Impotente por la fuerza de Sasuke y por ello más furiosa — ¿Si qué, Hinata? ¡¿Qué?! ¡Maldita sea! ¿Cómo ibas a decírmelo? Eso te importaba, pero no tuviste problemas en venir y cogértelo después.
El Uchiha la jaló —Te lo advierto, Sakura — su voz arrastró desprecio y poca tolerancia. Fue consciente de la fuerza de la pelirrosa en el intento por hacerle daño a Hinata.
Hinata se tomó la mejilla que pronto se volvió roja, Sasuke vio esto y como ella ya no podía evitar que sus lágrimas brotaran. Un golpe de profunda culpa se cerró en su pecho y una rabia ardiente le quemó desde las extremidades y lo recorrió completo, al ver el rostro enrojecido de Hinata y su vano intento por recomponerse. Inconscientemente apretó más a Sakura antes de arrojarla y colocarse firmemente frente a Hinata. Si Sakura se atrevía a volverla a tocar iba a importarle poco que fuese mujer.
La culpa real era de él. De él que osó poner sus ojos en ella y la profanó. De él que no le permitió arrancarlo de su vida por más que ella lo quiso. De él. No de ella que lloraba y soportaba una culpa que jamás mereció.
—¿Cómo iba a hacerlo si…? — Hinata buscó volver a hablar con voz apenas clara.
—Hinata… —pidió Sasuke por que se callara.
—Hoy vi lo que todavía sientes —dijo ella sin importarle. Y aunque el dolor y la furia en los ojos jade le dolían, no bajó la mirada. Sí, hacía mal al estar con Sasuke sabiendo lo que ella sentía por él, pero, también era cierto que esos sentimientos no fueron alimentados por él. ¿Cómo iba a poder decirle si las cosas entre ambos no fueron nunca normales?
—¡Eres asquerosa! — escupió Sakura —¡Y aun así lo hiciste!
—Entra al departamento, Hinata— ordenó Sasuke cuando notó que uno de sus vecinos asomó su cabeza al pasillo.
—Pero…
—¡Hazlo!
—Já, no pensarás dejar las cosas así— Sakura quiso ir tras ella, pero Sasuke volvió a sujetarla y le apretó fuerte el antebrazo.
—¡Te lo advierto! — su voz bullía desprecio. Los ojos de ella volvieron a arder.
—¿Sasuke? ¿Sakura-chan?
Hinata, con el vestido maltratado y descalza, se detuvo en el marco de la puerta. Apretó los ojos y sus lágrimas se asomaron otra vez al ver a Naruto, cuando las puertas del elevador se cerraron a su espalda.
Sakura limpió violentamente sus ojos, pretendiendo no llorar más y no dejó de ver con desprecio a ese par que tanto la había humillado. En especial a Sasuke que estaba tratándola como si no valiese nada.
—¿Qué está pasando aquí? —la voz consternada de Naruto adquirió pronto un tono serio al creer entender lo que pasaba al ver a ambas chicas llorar, Hinata tras Sasuke y Sakura frente a él que apenas la soltaba, con la piel de su brazo enrojecida.
—No es asunto tuyo— Sasuke respondió sin dejar de ver a la pelirrosa.
—¿Qué demonios pasa? —preguntó ya molesto el rubio, acercándose.
Sasuke volteó a ver a Hinata de medio lado. Ella seguía con ojos llorosos y su semblante descompuesto, derrotado. La vio limpiar su nariz y tintar sus ojos de una pizca de valor. Eso le dolió más. Hinata mordió su labio buscando esconder su vergüenza y hacerles frente, pero Sasuke dudaba que pudiese con ese par. Volteó a verlos y se colocó delante de ella, protegiéndola.
—Ocurre, Naruto— respondió Sakura—, que llego aquí y lo primero que escucho es a esta hipócrita…— añadió teniendo la atención de todos.
—Déjalo así, Sakura— advirtió Sasuke.
—¿De qué hablas? —exigió saber el Uzumaki.
Sakura lo ignoró y se burló —¿De verdad pretendes ocultarlo? —le preguntó a Sasuke encajando su mirada en él. Sus lágrimas ya no brotaban y sus ojos, mojados aún, destellaban deprecio.
Sasuke también estaba a punto de perder la paciencia.
—Hice a Hinata mi novia desde hace un tiempo— soltó clara y fríamente.
Hinata desvió su vista ante la clara sorpresa de Naruto, y el rostro iracundo de Sakura volvió a surgir con más fuerza que antes.
—¡Pero si lo dices así, parece como si no nos hubiesen estado viendo la cara de imbéciles a todos! — reprochó alzando la voz.
—Sakura debes entender que…— se atrevió a decir Hinata.
Sasuke achicó los ojos al verla —Y todo este número es porque nunca quise meterte a mi cama —interrumpió sin importarle ir al grano. A Naruto le hirvieron las entrañas por la forma como le dijo eso a Sakura.
La pelirrosa volvió a derramar el llanto y apretó los puños.
—¡Sabes perfectamente que no! ¡Tú y ella siempre supieron que…!
—Creo que a todos nos quedó claro, Sakura— volvió a intervenir Sasuke—. A la que nunca pareció importarle fue a ti. Hinata no hizo más que intentar que tú o alguien, saliese dolido; porque a mí, me importa una mierda— dijo y dio un fugaz vistazo a Naruto—. Ya te lo he dicho. No sé qué demonios ves en mí. Y, honestamente, no hay nada tuyo que me atraiga. Eso es todo.
Todo fue silencio por unos segundos. Sakura apretó fuerte los labios antes de abofetear a Sasuke. Él cerró los ojos, pero apenas se ladeó su rostro.
—¡Eres un desgraciado y tú, una maldita zorra! — gritó y quiso ir de nuevo por Hinata.
Sasuke tuvo suficiente. La tomó de la muñeca y la arrastró a su departamento. Hinata y Naruto entraron tras ellos. Sakura gimió de dolor y sorpresa cuando Sasuke la hizo chocar contra la pared y le sujetó con fuerza contenida el cuello, inmovilizándola.
—¡Te advertí que no la volvieras a insultar! — soltó con rabia dando un enorme golpe a la pared, justo al costado de la cabeza de la pelirrosa que cerró los ojos asustada.
—¡Basta ya, Sasuke! —Naruto lo tomó con fuerza del brazo y buscó apartarlo ante la mirada asustada de Hinata que apenas pudo intentar acercarse, pero desistió —Te estás pasando. Sakura es una mujer— añadió y luego de empujar un par de veces, lo hizo retroceder.
Sasuke arrastró su pelo y frustrado dio media vuelta. Vio a Hinata con el rostro mojado y volvió a ver temor en sus ojos. Ella estaba asustada y maltratada. Era claramente la más pequeña de todos, y su fragilidad le caló en el pecho.
Sakura volvió a llorar y a él le importaba una mierda. También le importaba poco parecer un patán, pues seguramente lo era; no era el héroe de ninguna película y ella debía dejar de verlo como románticamente lo imaginaba.
—No voy a permitir que la insulte— le aclaró al rubio, viéndolo con la misma furia, advirtiéndole también a él.
El recordatorio de que Sakura era una mujer casi le dibuja una sonrisa amarga y sintió el sabor de su bilis en la garganta. Sakura podía dolerse todo lo que quisiera. A él no le importaba. Vio el desaliento en los ojos de la pelirrosa y aunque podía considerarse un miserable, no podía compadecerla. Y menos, si ella acababa de lastimar a Hinata. Al ángel que él mismo había destruido, que sufrió por y con él; y que luego de forzarla a estar a su lado, ella le había regalado su perdón. A ella que lo amó pese a que debía odiarlo, con todo y sus demonios. A ella que se echaba el peso del mundo a los hombros por estar a su lado. Por él. Por su capricho. Y la destrozaba. Seguía haciéndolo. Sakura podía llorar todo lo que quisiera, sus lágrimas no igualarían nunca el dolor monstruoso que él le había provocado a Hinata.
Nunca nada que pudiera hacerle se compararía con ese acto vil que Hinata perdonó. Y así como él pudo ser así de ruin con ella, se juró, que nunca nadie más iba a provocarle dolor. Llevaba mucho tiempo cuidando de ella como para que ahora llegara nadie a lastimarla. Hinata no iba a pagar por sus pecados. Ni siquiera por los de ella si él podía impedirlo.
Volver a darse cuenta de la basura que fue, lo llenó de impotencia y frustración.
—Sasuke— la mano de Hinata se posó casi con temor en su espalda desnuda. Pretendió calmarlo y él sintió su tacto temblar, asustada —, por favor.
La suave piel de su mano se mantuvo bajo aquella cicatriz que un año atrás ella misma le hizo. Esas marcas imborrables serían siempre un recordatorio del demonio en el que se convirtió aquella noche cuando la atacó.
—Lárguense. Ambos —ordenó.
Sakura se burló y Naruto no entendió el deseo que tenía de seguir provocándolo.
—La tratas como una dama, cuando hasta hace poco te escuché tratarla como cual zorra.
Hinata se tensó y sintió una ola caliente de pudor y culpabilidad que le recorrió el cuerpo entero.
—¡Basta ya! —advirtió Sasuke, señalándola, pretendiendo ir por ella, pero Naruto se lo impidió.
Naruto no dejó de ver a Hinata que apenas le sostenía la mirada. Entonces entendió que ese par era más que novios. Una punzada de decepción le atravesó.
—¿Ahora entiendes, Naruto? —Sakura volvió a hablar— Mientras yo e incluso tú andábamos detrás de éstos, ellos… — se burló al interrumpirse —. ¡Nuestra siempre dulce amiga, resultó todo este tiempo ser una maldita mosca muerta!
—Hinata— la mirada de Naruto emanó un halo de tristeza al verla. Hinata bajó la vista.
—¡Y hoy! — retomó Sakura pasando delante de Naruto, encarando a Hinata, pese al Uchiha que seguía cada uno de sus movimientos —, se fingió mi amiga, me sonrió, charló conmigo como si nada. ¡Solo para después venir y cogerse a Sasuke! Sabiendo lo que yo sentía.
Ante lo burdo de sus palabras, Hinata sintió un pinchazo de auto desprecio. Sí, se merecía su rabia. Sus ojos siguieron picando al enfrentarle la mirada.
—¡Cierra la boca, Sakura! —advirtió Sasuke ante el firme agarre de Naruto que le impidió tocarla.
—¿Y cómo demonios se supone que he de hablarle? Resultó ser una zorra.
La sangre de Sasuke bullía con cada insulto proferido a Hinata, cuyo único pecado fue dejarse envolver por él. Y después, estúpidamente, pretender no herirlos.
—¿Hinata? — Naruto, con el estómago vacío por las frases que escuchaba de Sakura, apenas pudo llamarla.
—Lo siento, Sakura, Naruto. Lo ocultamos, sí… pero ambos somos solteros después de todo. Lo que ocurre entre nosotros, es solo de nosotros.
Aquellas palabras fueron como cachetadas para la pelirrosa que intentó írsele a los golpes, pero Sasuke se lo impidió, atravesando su mano pese al Uzumaki.
—¡Me estás lastimando!
—¿Crees que me importa? — escupió molesto al arrojarla a los pies de Naruto que contuvo la furia al sujetarla. Sasuke volvió a tomar su lugar frente a Hinata.
—¡Por favor! — Hinata se abrazó a su espalda cuando él quiso ir por Sakura y echarla. La sintió temblar al volver a llorar.
Sasuke vio a Sakura llorar y abrazarse a sí misma, dolorida.
—Ustedes dos— Naruto por fin se atrevió a hablar —… ¿cuánto tiempo?
—¿Y qué importa? — devolvió Sasuke que hizo que Hinata lo soltara, y la tomó de la mano, para que ahí, tras él, intentara calmarse.
—¡¿Cuánto tiempo?! — alzó la voz el rubio.
Hinata apareció a un costado de Sasuke.
—Sasuke…— amenazó Naruto al verlo a los ojos, ante su aparente imperturbabilidad.
—C-casi un año.
—Unos meses— dijeron al mismo tiempo y Naruto se burló por la contradicción.
Hinata miró con pena a Sasuke por no decir lo mismo que él, pero honestamente, no tenía caso mentir. Sasuke no la miró, siguió firme viendo a los otros dos, lucía tan alto y fuerte frente a ella.
Naruto se rio, incrédulo, y negó en silencio. Casi un año. Casi… un año. No le tomó mucho ordenas los sucesos ocurridos de un año a la fecha.
—Sabías lo que sentía por ella— mencionó Naruto viendo a Sasuke a los ojos.
Él solo le sostuvo la mirada.
—¡Lo sabías! —el golpe de la voz del Uzumaki sonó fuerte, pero sin furia — Y tú… —volteó a ver a Hinata y ésta se llevó una mano al rostro y se apoyó en el sofá a su lado. Naruto recordó que incluso Hinata había alimentado lo que sentía por ella.
—Lo siento— repitió la peliazul.
—¡Me tienen asqueada! — dijo de pronto Sakura con nauseas reales. Aventó a Naruto y lo pasó de largo — Ojalá que tengan todo lo que se merecen —soltó con desprecio antes de salir de ahí, haciendo lo posible por contener sus lágrimas hasta haber dejado el departamento.
El ceño de Hinata se frunció, compungido, y más lágrimas rodaron cuando la pelirrosa cerró de golpe la puerta.
—¿Sabes, Sasuke? — dijo Naruto, pero sin dejar de ver a Hinata que luchaba por sostenerle la mirada —De ti no me sorprende saber que pudieras hacer algo como esto. Pero de ti, Hinata. Sinceramente, esperaba más— soltó con tono amargo.
—Ella no tiene la culpa — dijo Sasuke con voz vacía, apartándose, consciente que por más molesto que Naruto estuviese, no tocaría a Hinata. Les dio la espalda, permitiéndole al rubio colocarse a un par de pasos de ella.
—Naruto… — Hinata notó sus ojos azules aguarse. No había ni rastro de la luz vivaz que siempre había en ellos.
—Caíste demasiado bajo. Si conocieras a Sasuke la mitad de lo que lo conozco yo, sabrías que solo querrá meterse entre tus piernas y cuando se sacie, buscará a la siguiente.
—Basta ya, Naruto— Sasuke volteó a verlo de medio lado. Enormemente tenso.
—Creo que eso, ya solo me concierne a mí — se atrevió a decir Hinata, desilusionando más al Uzumaki.
Él la vio de arriba abajo, lentamente mientras asentía —Resultaste igual de baja que cualquiera que pasa por aquí. Debes ser bueno, ¿no, Sasuke?
Él cerró los ojos experimentando una nueva oleada de rabia y frustración que amenazaba con paralizarlo o, por el contrario, hacerlo explotar. Era tan brutal la sensación que no sabía cómo estaba por actuar al segundo siguiente. La tensión en su nuca llegó a un punto doloroso.
—Ella no tiene la culpa— arrastró tan roncamente por la frustración que apenas reconoció su voz. No iba a permitir que Hinata siguiera lastimándose por protegerlo.
Naruto se burló sin recordar desde cuándo Sasuke tenía alma tan noble.
Los ojos azules se fijaron en Hinata y ella volvió a sentir una lágrima caliente deslizarse despacio por su mejilla, ante la decepción que vio en su mirada.
Naruto negó sin comprender.
—Lo peor es que creí de verdad que te interesaba— dijo y ella se tensó. Naruto no se merecía eso… si él supiera cuánto le importó.
Sasuke cerró los ojos al escuchar sollozar a Hinata.
—Casi creí darme cuenta, no soy estúpido, ¿sabes? No entiendo cómo te volviste…
—Yo me enamoré de Sasuke— dijo en voz baja sin querer que él siguiera torturándolos a todos ahí.
—Ni siquiera se hablaban— recordó el rubio con voz baja, tensa, sin dejar de verla y buscando respuestas en sus ojos. Con la partida de Sakura la tensión cambió a una menos iracunda, pero no menos peligrosa.
—Nos entendíamos en secreto.
«Hinata» pensó Sasuke con culpa, sin atreverse a voltear a verlos.
—Eres…— Naruto se calló antes de decir algo que no quería — ¿qué ganabas con eso?
Ella se tragó el nudo en su garganta —Satisfacción… tal vez.
—Joder, Hinata, no— Naruto arrastró su cabello rubio y dio media vuelta —. Eso es peor de lo que parece. Tú…
—¡No es cierto! — la voz seca y profunda de Sasuke resonó desde el fondo de esa sala.
—¿Sasuke? — los ojos violáceos y mojados mostraron una pizca de asombro.
—¿Qué? — preguntó Naruto, endureciendo su mirada al verlo a él.
—Ella sí te quiso.
Hinata casi entra en pánico, ¿qué estaba diciendo?
—No es cierto —dijo ella y buscó acercarse —. ¿Qué haces? —cuestionó al tocarlo.
—Fui yo el que se encaprichó con ella —dijo con voz tensa, volteando a ver al Uzumaki.
—No. Ambos— aclaró Hinata en un intento desesperado. Su corazón le latía en la garganta. Un halo de derrota y pesadumbres pareció emanar de Sasuke.
—Deja de verla así. La verdad es que sí. Hinata te quiso.
—¿Qué?
—Y yo la deseaba a ella, al darme cuenta que nunca la tendría.
Naruto sintió que se le calentó el estómago.
—La desee tanto.
—¡Basta ya! — interrumpió Hinata. El rumbo que llevaba esa conversación no le estaba gustando nada. Sintió su estómago pesado —Yo quise estar con él.
—No. Yo la forcé.
Hinata perdió la capacidad de respirar y las fuerzas abandonaron sus piernas.
—¿Qué mierda dices? — Naruto imaginó lo peor, pero no estuvo seguro.
Los ojos negros y vacíos de Sasuke, fueron a una Hinata con su nariz y ojos enrojecidos.
—Y mientras lo hacía, ella no dejaba de llamarte —añadió y entonces sus ojos se mojaron al verla temblar—. Lo he lamentado cada segundo— dijo casi en un susurro y ella lloró —. Cada vez que respiro.
Hinata se abrazó a él mojando su pecho desnudo con sus lágrimas, ocultando su rostro, su vergüenza y su miedo.
—¡¿Qué putas hiciste?! — Naruto encajó sus dedos en el brazo de
Sasuke y lo jaló, arrancándolo del abrazo de Hinata.
Él no dijo nada más, pero enfrentó su mirada. Los ojos de Naruto se abrieron grandemente y estrelló con violencia su puño contra su rostro.
—¡Oh, por Dios, no! —Hinata quiso acercarse, pero se vio en el suelo cuando fue golpeada por el codo de Naruto, en su intento por volver a golpear a Sasuke. Pronto la nariz del Uchiha escurrió con un hilo de sangre.
—No la dejé en paz desde esa vez —añadió el Uchiha que por fin sintió que se quitó un minúsculo peso de encima. El rostro de Naruto se desfiguró por la rabia y él no metió ni las manos, soportando cada golpe. Se los merecía desde hacía mucho y, ruinmente, a cambio, se había permitido disfrutar las suaves caricias de Hinata.
—¡Por favor, Naruto! —ambos volvieron a escuchar la voz de Hinata luego de lo que les pareció mucho tiempo. Ella sollozó entrecortadamente por el llanto que no dejó de brotar — Aquello ocurrió hace tanto tiempo.
Con Sasuke de espaldas en el suelo, sangrando y rendido -pero no por ello derrotado- Naruto pareció agotado. Jadeante y con ojos aguados, volteó a ver a Hinata que seguía en el suelo, con sus piernas dobladas. Ella lloraba y le suplicaba en silencio que no volviese a tocar a Sasuke.
—Por favor.
A él le temblaron los labios al inhalar. No la entendía. No entendía nada su situación.
—¿Por qué lo defiendes? ¿Por qué lo proteges después de lo que te hizo? —preguntó levantándose y haciéndola levantarse.
Sasuke no encontró fuerza para hacer lo mismo —Te dije que he —quiso hablar, pero tosió sangre. Naruto lo vio con desprecio desde su altura.
—Vámonos— le dijo a Hinata y quiso sacarla de ahí.
—¿Qué? ¡No! No pienso ir a ningún lugar —dijo y se tensó para que no lograse moverla.
Naruto no pretendió halarla y volteó a verla.
—¿Se lo permitiste? ¿Le permitiste dañarte y seguir haciéndolo? —preguntó con los ojos escociendo.
Ella negó y volvió a derramar llanto. Su rostro se contrajo en dolor.
—No tienes idea por lo que hemos pasado.
—Me niego a quererlo entender. Vámonos, por favor.
Ella volvió a negar con el rostro y se inclinó buscando a Sasuke.
Naruto la apretó sin querer permitírselo, pero Hinata gimió de dolor y se obligó a soltarla. La vio caer de rodillas al suelo y tocar el rostro maltratado de Sasuke que no los miraba. Se formó un nudo en su estómago.
—Hinata.
—No voy a alejarme de él— respondió con más fuerza de la que imaginó. Ver a Sasuke así de dañado le provocó tanto dolor que le dolió el pecho y solo quiso quedarse a solas con él y curarlo —. ¡No entiendo por qué tuvo que decirles! ¡Yo estaba bien así! Lidiábamos con eso.
Naruto no dijo nada ante la notoria descompostura de Hinata.
—Tampoco sé por qué tuvieron que venir —dijo y alzó sus ojos llorosos a él—. ¡Vete! ¡Vete y no vuelvas más!
El rubio notó el coraje en sus ojos y luego la vio bajar su rostro y colocar toda su atención en Sasuke que levantó su mano. Ella lo sujetó y buscó ayudarlo a sentarse. Eso… lo que sea que fuese, estaba mal.
«Hinata»
—Por favor, no, no te muevas… ¿estás bien? — ella logró contener su llanto por la clara preocupación.
Naruto salió de ahí a pasos lentos. Dio un último vistazo a ese par. No le pasó desapercibida la adoración con la que Hinata miraba a Sasuke. Era como amor, pero se negó a creerlo. Tuvo cuidado de dejar entrar al pequeño gato que esperaba tras la puerta, antes de cerrar.
Una vez solos, ella le acarició el rostro ensangrentado. Se levantó casi molesta por lo que hizo y se dirigió al baño por algodón y agua. Cuando volvió, se encontró a Sasuke incorporándose con dificultad. Lo ayudó a sentarse en el sofá más cercano.
Ella no dijo nada, pero mientras lo limpiaba con cuidado, sus ojos volvieron a arder.
—Perdóname— dijo él, deteniéndole la mano, haciendo que lo viera pues había estado evitando el contacto visual.
Hinata apretó sus labios y una lágrima se asomó por uno de sus ojos.
—No podía permitir que te juzgaran. Fue mi culpa, ¿lo entiendes? — él le acarició el rostro.
Ella negó y jaló aire entrecortadamente. No lo entendía. No tenía derecho a decirlo, ¿para qué? Sólo complicó más las cosas.
—Cielo santo— dijo viendo su rostro hermoso maltratado y, con la garganta doliendo, lo limpió con todo el cuidado que pudo. Había una laceración en su labio inferior, una más en su ceja sobre el ojo izquierdo y su piel comenzaba a hincharse. Colocó las bolitas de algodón ensangrentadas y húmedas sobre su vestido para no desatenderle las heridas.
Él le acarició el rostro al verla callada —No llores —esa frase volvió a hacerle derramar más lágrimas.
Hinata no se atrevió a reclamarle nada al verlo tan mal. La mano de Sasuke que le acariciaba el rostro cayó a sus muslos sin fuerza.
Él ladeó el rostro y ella siguió limpiándolo.
—Me está matando — soltó tan roncamente que a Hinata se le formó un nudo en la garganta —. No consigo perdonarme.
Ella lo abrazó y sus ojos ardieron al todavía ser bañados en lágrimas. Ella también estaba destrozada, pero se esforzaba mucho por salir adelante.
—Debes hacerlo. Yo te amo y te he perdonado— susurró, abrazándose con más fuerza a su cuello, dejando una de sus maltratadas mejillas sobre su pecho.
Él quiso sonreír, pero no lo logró. Sus ojos escocieron.
—No lo entiendes —su voz siguió ronca, seca —. Fui yo el que destrozó a la mujer que amo con mi propio cuerpo.
Hinata contuvo un sollozo para no hacerlo sentir mal, pero su garganta le quemó. Ello no logró nada. Sasuke era consciente que cada vez que la veía se odiaba más. Vivía torturándose al estar con ella, intentando protegerla cuando no dejaba de culparse. Verla frágil dormida a su lado, confiando en él, siempre le recordaba lo poco que valía. Sasuke podía ver su propia podredumbre asomándose tras Hinata cuando le sonreía, en un recordatorio que jamás se iba. Y, aun así, se negaba a irse y dejarla seguir.
¿Cuánto más iba a soportarlo? Su cuerpo le exigió con furia algo para calmarse. Necesitaba despejar su mente y perderse un rato, pero Hinata abrazándolo lo obligó a permanecer inmóvil.
Enredó sus brazos en la pequeña cintura y hundió su rostro entre su cuello y su hombro.
Hinata se sintió morir cuando una humedad tibia mojó su hombro y sintió a Sasuke tensarse. Nunca la vida le había parecido más injusta. Y ahora, ¿Cómo iba a decirle que esperaba un hijo suyo si Sasuke ya se sentía mal por haber provocado tantos problemas?
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O.O.O.O.O
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Esa noche de verano en especial, resultó húmeda. Sakura, humillada y dolida, permanecía sentada en el borde de las escaleras a la salida del edificio del cuál Naruto aún no salía.
Movía uno de sus pies con ansiedad, considerando, tontamente, caminar en lugar de esperar más por él. Sus ojos distorsionaron una vez más el ambiente que la rodeaba. Respiró, apretó los ojos y se forzó a calmarse. Escuchó fuertes pasos saliendo y se limpió las mejillas. Eran casi las dos, así que no muchas personas saldrían de ahí. Se puso de pie antes de que Naruto llegara a ella.
—¿Qué ocurrió? — preguntó al verlo realmente molesto.
—Nada. Vayamos al coche — respondió, tenso y serio.
Sakura se sorprendió cuando él no la esperó. No esperaba consuelo de su parte, pero al menos algo de empatía.
Dieron la vuelta a la banqueta y Sakura vio el coche de Naruto. Él le abrió la puerta trasera. Ella se detuvo antes de entrar. Vio a Shion verlos con curiosidad. Entró al coche con reticencia y apenas controlando una respiración rítmica.
—Shion, pasaremos a dejarte —dijo igual de tenso y apenas le sonrió. La rubia asintió.
Sakura la vio molesta —Oye —dijo colocándose en medio de los dos asientos. Shion volteó a verla —, ¿tú lo sabías?
La otra frunció el ceño, intuyendo de lo que hablaba —¿Saber qué?
—¡Oh, por favor! Tú convives con Sasuke, ¿crees que no noté la complicidad con la que hablas con Hinata? ¿lo sabías?
—Basta ya, Sakura — regañó Naruto viéndola por el retrovisor, con el auto en marcha.
La pelirrosa se cruzó de brazos y se recargó hasta el fondo del auto.
—Me pregunto cuántos más lo sabían —dijo y al menos se alegró de que Naruto no fuese uno de los enterados —. ¿Desde cuándo lo sabes? — volvió a preguntarle a Shion y ella se vio realmente incómoda — Me pregunto cómo demonios hizo la mojigata de Hinata para…
Shion volteó a ver a Sakura, dedujo entonces que todos lo sabían.
—Curioso, siempre me pareció que era él el más interesado— dijo la joven molestando a Sakura y tensando a Naruto que prefirió no decir nada.
—¡Mentira!
La otra solo se encogió de hombros y volvió su vista al frente.
Naruto volteó a verla de reojo y se preguntó qué tanto sabía Shion de lo que ocurría. ¿Qué visión tendrían los otros enterados de la relación de esos dos? No le cabía en la cabeza el actuar de Hinata, ¡joder! Ni siquiera el de Sasuke, por muy cabrón que fuese. Él podía ser egoísta, pero nunca semejante bastardo. Y Hinata…
Con las manos tensas en el volante y su mandíbula apretada, apenas se sintió capaz de permanecer calmado. No sabía qué hacer con lo que sabía. Lo único que tenía claro, era que tenía que hacer algo. ¿Cómo Sasuke pudo dañar de esa forma a Hinata, y por qué ella hacía todo por protegerlo?
Casi sintió náuseas al intentar imaginar aquél momento. ¿Cuándo pasó?
Naruto dejó a Shion fuera del edificio donde vivía. Sintió una especie de decepción al saber que ella había estado enterada de la verdad sobre sus dos… amigos. Pero no pudo culparla por guardarle fidelidad a Sasuke. Entendió que ella sólo los veía como una pareja de enamorados; justo como ellos pretendían mostrarse ante todos.
Se despidió más cortante de lo que le hubiese gustado. Sakura se había cambiado ya al asiento de enfrente cuando regresó a su coche. Ella se abrazaba las piernas y veía por la ventanilla. Subió sin decir nada y puso marcha al sector donde ambos residían.
Esa noche le sería imposible cerrar los ojos sin imaginar y frustrarse por lo que Sasuke había desvelado.
Naruto, en su alcoba oscura, presionó sus manos en sus ojos, queriendo quitarse la sensación de ardor, al casi desear llorar de rabia y frustración. Sasuke dijo que ella lo había llamado cuando aquello ocurrió… ¿dónde mierda estaba él?
—Hinata…
Los ojos azules brillaron tristes y Naruto se llevó uno de sus brazos a su frente. ¿Qué debía hacer?
•
O.O.O.O.O
•
Durante la madrugada Sasuke despertó. Su rostro y sus costillas dolían y eso había interrumpido su sueño. Su cuello lo molestó al girar y buscar a Hinata a su lado. Volvió a sentir un nudo en el estómago al encontrarla de pie frente a la ventana abierta a unos pasos de su cama.
Ella llevaba como pijama una de sus camisas y el viento le ondeaba ésta como su pelo suelto. La luz que se colaba del exterior dibujó su perfil tras la cortina delgada. Había estado llorando.
Sasuke se levantó vistiendo únicamente un pantalón y fue por ella. Hinata debió estar demasiado ensimismada pues no lo sintió.
Él corrió la cortina, sobresaltándola, y apoyó sus dos manos en el marco de la ventana. Hinata sonrió y volteó de medio lado a verlo.
—Despertaste— inhaló profundo el aire fresco de la madrugada.
Él no respondió. Su halo de tristeza le recordó todo lo que Hinata había puesto en juego por elegirlo.
—Intentaré arreglarlo. Lo prometo —le dijo, tomándola con su mano abierta por el rostro, haciéndola voltear.
Ella sonrió sin ganas y terminó apoyando su frente sobre su pecho desnudo. Quería creerle, pero, ¿cómo sería posible?
—Haré callar a Naruto. Y si quieres seguir a mi lado, me aseguraré de que así sea.
Hinata terminó abrazada a su cuerpo —Estar contigo es lo único que quiero — dijo, pero mentía. Sí quería estar con él… pero deseaba tanto poder estar juntos y bien. Que ambos lograsen perdonarse completamente. La opresión en su pecho volvió.
Sasuke sobó con sus dedos su cabeza y ella casi sonrió.
•
O.O.O.O.O
•
Pese a la noche fresca, el día llegó con un sol radiante. Los rayos de luz y calor atravesaban hasta descansar sobre la blanca cerámica del suelo de ese departamento.
Itachi salió de la habitación ajustándose el nudo de la corbata. Sonrió al encontrarse a su novia en pijama. El vientre plano se asomaba entre el pantalón y la pequeña blusa. Izumi tarareaba una canción al ritmo de la música tras los auriculares.
—Pareces demasiado contenta esta mañana —le dijo él al pasar tras ella, sacándole sin ningún problema un auricular —. ¿Algún motivo en especial?
Ella se encogió de hombros —Ninguno —dijo sonriendo y volviendo su atención al pan que tostaba en la estufa.
Itachi notó su sonrisa. Era lunes, él estaba por salir a trabajar casi todo el día y el día de mañana ella tendría un vuelo que la alejaría casi una semana. Sí había un motivo.
—O me dices que te tiene tan contenta o intuiré que estás feliz por irte— bromeó él al tomar un sorbo del café que ella ya había dispuesto en la mesa.
Ella volteó a verlo con un falso reclamo en sus ojos.
—Eso es bajo.
—No me dejas otra opción —él tomó asiento y ella se volteó nuevamente a la estufa con una sonrisa. Sirvió el pan en un plato y colocó un huevo que previamente había frito.
Mientras acomodaba esto en una bandeja, junto a un vaso de jugo de naranja, ella no dejó de sonreír. Itachi amaba a su familia, todavía tenía muy fresco el dolor de la pérdida de Mikoto y rara vez se divertía. No pudo evitar estar feliz por la llegada del hijo de Sasuke, al pensar en la alegría que traería ese ser que sería como un eslabón que uniría de nuevo a su familia.
—Es solo que… me enteré de algo —dijo y se debatió si decirlo o no. ¿No lo haría más feliz escucharlo por la boca de Sasuke?
Él acarició la parte trasera de su muslo cuando se acercó sirviendo la comida.
—¿Y eso es qué?
Izumi mordió su labio.
—Creo que no soy yo quien debe decirlo —confesó tomando uno de los platillos y sentándose frente a él.
—Si lo mencionaste, es porque quieres decirlo.
Ella sonrió —Es sólo porque crees que me hace feliz irme —alzó una ceja y mordió su pan tostado.
—Es bueno saber que no— dijo él, imitándola.
Izumi alzó su vista a él y la decepcionó ver a Itachi tomar el periódico y comenzar a leerlo. ¿En serio no le iba a preguntar?
—¡Hinata está embarazada! —soltó fuerte y claro. Apretó los ojos y los abrió despacio sin ocultar su sonrisa. El rostro de sorpresa y casi consternación de Itachi no tuvo igual — Por favor, dime que eso te alegra tanto como a mí.
Él demoró unos segundos en procesar.
Hinata. Embarazada. Sasuke iba a ser papá. Hiashi y Fugaku se morirían de un infarto. Y no serían los únicos muertos si Neji se enteraba antes de que una posible boda calmara la tempestad.
—Dime algo —insistió ella.
—Voy a ser tío — dijo después de unos segundos en silencio.
—¡Vamos a ser tíos! —corrigió ella y se puso de pie de un salto. Corrió a él y no tardó en sentarse en sus muslos — Juro por Dios que compraré algo para esa criatura en cada ciudad en la que aterrice.
Y mientras ella hablaba de lo bonito que sería tener un niño en la familia, Itachi no pudo no preocuparse. La relación de Sasuke y Hinata no era la mejor. Era notorio que amor no faltaba y era increíble la forma como su hermano se esforzaba por estar a la altura de las circunstancias. Pero eso no quitaba que Sasuke era una persona inestable por su adicción, y no sabía si Hinata podría con eso, su juventud y con un bebé.
Tendría que estar muy cerca por si lo llegasen a necesitar.
Izumi le acarició el rostro y lo trajo de nuevo a ese pequeño comedor.
—¿Qué piensas?
Él sonrió y prestó atención al bonito lunar en su rostro —Me pregunto cuán más emocionada podrás estar cuando la embarazada seas tú —mintió y la vio sonrojarse. Ambos habían hablado ya al respecto y por el momento un hijo no estaba en los planes inmediatos, aun así, había sido agradable verla avergonzarse, casi ilusionada.
Cuando ella lo abrazó, ocultando su rostro, diciéndole lo cruel que era al mencionarlo, él extendió su sonrisa. Su madre no tardó en llegar a su mente. Había pasado casi medio año de su fallecimiento, imaginar lo feliz que estaría por ser abuela, revolvió su alegría con nostalgia.
•
O.O.O.O.O
•
El reloj digital en la habitación del menor de los Uchiha marcaba las diez más veinte de la mañana. Hinata seguía dormida bajo un tibio edredón. Ambos habían dormido muy entrada la madrugada, pero Sasuke se encontraba ya de pie, duchado y cambiado para salir. No estuvo seguro si dejarla dormir sola sería una buena idea, pero optó por partir antes de ver nuevamente su semblante preocupado.
Quería que, al volverla a ver, pudiera tenerle ya algo parecido a la solución a sus problemas.
Escribió una pequeña nota y la dejó en el buró antes de abandonar la habitación y dejarla dormida, con Gato a su lado.
•
O.O.O.O.O
•
Faltaba poco para mediodía y Naruto apenas se había levantado para forzarse a comer. Un día antes había aseado su casa y, que la misma se encontrara limpia era muestra del pasivo estado en el que se encontraba.
Con un tazón a medio llenar de cereal, el Uzumaki se llevó la tercera cucharada a la boca y no fue capaz de comer otra más. El televisor estaba encendido en un intento de matar el silencio de la casa. Todavía tenía el estómago revuelto por lo que sabía y, sinceramente, no quería comer.
Se levantó y dejó sobre la barrita de la cocina el que había sido su desayuno. Necesitaba hablarlo con alguien. No sabía si podría con la responsabilidad de lo que debía hacer. Pensó que lo mejor era ver a Sakura, si no le contaba, al menos quería ver cómo seguía. Naruto abrió la puerta de su casa justo cuando el auto de Sasuke estacionaba enfrente. Apretó el picaporte que todavía no soltaba, y tensó la mandíbula al verlo bajar. Su mirada se endureció al reconocer al bastardo que fue su mejor amigo… al que en algún tiempo consideró su casi hermano.
—Necesito hablar contigo —Sasuke fue el primero en hablar al acercarse.
—¿Qué demonios quieres? —Naruto fue cortante y no se movió, en señal clara de que bien recibido en su casa no era.
Bajo la combinación rojiza-morada de los hematomas en su rostro, la mirada de Sasuke no mostraba vergüenza, temor, ni mucho más. Se detuvo antes de llegar a los escalones que subían a la puerta; por lo mismo, Naruto se encontraba en una altura superior, lo que obligó a Sasuke a alzar su rostro.
A Naruto se le formó un nudo amargo en la garganta. Aunque quería que le dijera que fue mentira lo ocurrido esa madrugada, sabía que no sería así. Tampoco bajó la guardia: Sasuke era un desgraciado. ¿Dónde se encontraría Hinata en ese momento?
—¿Qué piensas hacer con lo que sabes?
—¿Por qué supones que no he hecho nada ya?
Se formaron varios segundos de silencio. Usualmente Sasuke ya le hubiese respondido que lo conocía y que seguramente estaría dándole vueltas para tomar una decisión, pero ahora no tenía ánimo para parecer astuto.
Él bajó la mirada y exhaló cansadamente. Lo que tenía que decirle, no podía decírselo viéndolo a la cara.
—Aquella noche…
—¡No quiero escucharlo! Es asqueroso, y de alguna manera me sentiría tu cómplice si lo supiera— interrumpió Naruto.
Sasuke alzó su vista —De cualquier forma, lo sabes ya.
Naruto negó, sin embargo, se mantuvo ahí de pie.
—No lo planee, pese a lo que antes di a entender —explicó —. Sólo ocurrió.
—¿Cuándo?
—Poco después de iniciar clases el año pasado.
«Tanto tiempo»
—Estaba drogado.
Naruto sintió como si una descarga de electricidad hubiera salido disparada a ambas direcciones por su espina dorsal, impulsándolo contra él. Apretó fuertemente la pulcra camisa de Sasuke y éste le apretó de igual modo la muñeca y, a diferencia de horas atrás, tuvo la entereza de sostenerle la mirada.
El rostro de Naruto se tornó rojizo —Fuiste todo un hijo de puta— soltó en voz baja para no hacer un escándalo, pero la furia en sus ojos volvió a destellar —. ¿Cómo pudiste aprovecharte de ella? —dijo pensando en lo pequeña que era Hinata, en edad y tamaño, en comparación con él — Hinata nunca…
—¿Y crees que no lo sé? — Sasuke lo obligó a soltarlo y enfrentó con el mismo coraje la mirada de Naruto —¡¿Crees que yo no lo sé?! —repitió.
—Me das asco. Deberías podrirte en prisión.
—Creo que es algo tarde para eso.
Naruto volteó a verlo conteniendo las ganas que tenía de romperle la cara.
—¿Por qué no la dejaste en paz? ¿Qué te hizo ella para que la trataras así?
Sasuke asintió y se apoyó sobre el capó de su auto y aunque su actitud todavía era entera, se vio dispuesto a enfrentar su culpabilidad.
—Intenté alejarme —dijo y Naruto negó sin querer imaginar lo ocurrido en ese tiempo —, pero primero quise asegurarme de que estuviera bien.
El Uzumaki se guardó un reclamo, estaba tenso por escucharlo.
—Hinata es… pensé que intentaría… —no se atrevió a mencionar la palabra suicidio —. Le ofrecí mi vida —terminó por decir y negó, recordándolo —, pero no le interesó.
Naruto apenas pudo tragar un nudo en su garganta e imaginar a Hinata, seguramente dañada y llorando, lo hizo llevarse un par de dedos para apretar el puente de su nariz, para contenerse y no volverlo a golpear.
—Después fui un bastardo y mientras más pensaba en ella, más me confundía. Quise justificarme y creer que lo merecía —hizo una mueca por lo imbécil que eso sonó. Naruto bufó y arrastró su pelo para terminar recargándose en el coche, lejos de él —. No entendía su silencio y quise creer que a algo jugaba. Nunca conocí a nadie como ella. La presioné a tal modo que pude volver… sin apenas forzarla.
—Ya no quiero escuchar— el coraje en la voz de Naruto delataba lo mucho que le costaba contenerse.
—Después —continuó y Naruto resopló, dio media vuelta y volvió a arrastrar su pelo, sin saber si irse o no —, por distintos sucesos, Hinata se vio obligada a jugar mi juego — no quiso dar tantas explicaciones —. No vas a entenderlo.
—No pretendería nunca hacerlo — aclaró con más fuerza en su voz de la que pretendía.
—Me enamoré de ella, Naruto —confesó Sasuke luego de un par de segundos en silencio.
—Estupideces.
El Uchiha negó en silencio —Me he esmerado por dar lo mejor. He luchado muchas veces con los demonios que llevo dentro. Todo por ella.
—¿Y ella? ¿Te has preguntado alguna vez dentro de todo tu egoísmo y egocentrismo, qué demonios sentía Hinata?
Él asintió —Más de lo que te imaginas. Aunque no con la intensidad necesaria —terminó por decir, consciente que le permitió sufrir y sufrir él mismo, con tal de que siguiese a su lado —. Ten por seguro que me he odiado y despreciado cada día desde que eso pasó. Pero también, desde que Hinata me permitió quedarme, he intentado ser mejor y merecerla.
—No sé qué mierda le has metido a Hinata en la cabeza, pero le sigues haciendo daño.
—También lo sé— Sasuke se metió las manos a los bolsillos y se incorporó, para después girarse.
Naruto lo vio sin entenderlo.
—Lo único que Hinata ha hecho mal, es callar; de lo demás, me encargué yo. Y ahora, ten por seguro, que está conmigo porque lo desea —dijo al rodear el coche. Antes de entrar se detuvo y añadió —: Y puedes jurar que, salvo de mí, me he pasado todo este tiempo protegiéndola de todos.
Naruto lo miró sin deshacerse de la tensión en su cuerpo.
—La verdad es que, bien pude no decir nada, echarte de mi departamento y pretender que no la destruí. Pero, honestamente, ya no puedo con esto — Sasuke abrió la puerta del auto —. Haz lo que tengas que hacer, que yo haré cuanto pueda para quedarme con ella.
Naruto no supo qué sintió cuando él terminó de hablar. Lo vio poner en marcha el coche y partir; entonces él estuvo más confundido que antes.
•
O.O.O.O.O
•
Tres pequeños golpes se escucharon en la puerta. Ino frunció el ceño extrañada al no obtener respuesta. Minutos atrás, cuando Mebuki le marcó para preguntarle si ella sabía qué le había ocurrido a Sakura durante su última salida, sinceramente, esperaba que hubiese estado exagerando. Pero ya era más de mediodía y si de algo carecía Sakura era de pereza, que no se hubiese levantado no era buena señal.
—¡Hey, frente de marquesina! ¿Todo bien?
No hubo respuesta.
Ino inhaló profundamente antes de animarse a abrir. Asomó su cabeza con cuidado, no quería encontrar a una Sakura desnuda, o algo así. Sonrió ante su pensamiento. Cuando la vio echa un ovillo bajo un par de cobijas, se preocupó.
—Hola, ¿qué tienes, eh? — preguntó levantando una cobija.
El aire acondicionado estaba encendido y el lugar se sentía frío, con las cortinas cerradas, no le extrañaba que no se hubiese levantado aún. El cuarto parecía sombrío.
Ino corrió las cortinas y buscó el control para apagar el aire.
—Anoche fui de pobre ingenua tras Sasuke — soltó la pelirrosa tensándola —. Entre tanta gente, perdió un par de obsequios. Él mío, entre ellos —explicó y su voz era ronca, Ino supuso que había llorado mucho—. Lo encontré con Hinata. Haciéndolo.
La rubia volteó a verla, ya no le importó el frío. Se recargó en el tocador que la misma deprimida chica había dejado desordenado, luego de la emoción con la que se había arreglado la noche anterior. No le dijo nada y vio a Sakura sentarse sobre su colchón y abrazarse las rodillas.
—Sasuke me trató horrible —dijo y volteó a ver la piel enrojecida y dolorida de su brazo, pese a que no causó un hematoma exagerado.
—Ese cabrón —susurró Ino.
Sakura alzó su vista a ella —Tienen —quiso llorar— casi un año de relación —sus ojos se aguaron —. ¿Te das cuenta cuán hipócrita ha sido Hinata?
Ino no dijo nada. Sakura bajó su rostro a sus rodillas y apretó los párpados.
—¡Dios! Es que debiste escucharlo, él… ella…
—Lo siento, Sakura — susurró al sentarse en la cama, a su lado. Le acarició el hombro desnudo, a un costado del tirante de su blusa.
La pelirrosa demoró unos segundos en alzar su rostro y frunció el ceño. Sus ojos jades le mostraron el rostro compungido y distorsionado de su amiga, a causa de sus lágrimas.
Sakura se apartó de su tacto.
—No pareces sorprendida— susurró casi sin creerlo.
Ino abrió la boca y no supo qué decir.
La otra frunció el ceño —¿Lo sabías?
—Yo…
—¡Lo sabías! —acusó y se puso de pie— ¡No puedo creerlo!
Ino no se atrevió a ponerse de pie, había visto a su amiga enojada y enfrentarla de frente no era una buena idea.
—No sé qué decirte —se sinceró.
—¡¿No sabes?! ¡Con un demonio! ¿Por qué te callaste? ¡Eres mi amiga! ¡Mía! —aclaró— Nos conocemos de toda la vida. ¿Por qué demonios le guardas el secreto a esa hipócrita si apenas la conoces?
—Por favor, no grites. Tu mamá ya está preocupada.
—¡Y un carajo!
—Joder —susurró Ino y rodó los ojos al ponerse de pie. Vio a Sakura en el otro extremo de la pequeña habitación —. Sé que estuvo mal. Eres mi amiga, sí. Pero Hinata también.
—Lárgate— dijo secamente, viéndola con sumo coraje.
—Por favor.
—No. La preferiste a ella. ¡Demonios, es que no puedo creerlo! Tú también me viste la cara de imbécil —Sakura se dio media vuelta y se preguntó si ella se reía con Hinata por ser la misma estúpida que andaba tras Sasuke todo el tiempo —. ¿Cómo pudiste?
—También me molesté con Hinata— confesó.
—Debiste decírmelo cuando lo supiste —reclamó dolida—. ¿Cuándo fue?
Ino dejó pasar unos segundos antes de responder —Unos meses.
—¡Maldición! —ahora sí lloró.
—Entiéndelo. Ustedes no eran nada, Sasuke fue quien me aclaró todo en ese entonces.
—¿Él?
Ino asintió sin dejar de sentirse mal —Sakura, Hinata intentó dejarlo varias veces y…
—¡Pues ayer no lo parecía mientras dejaba que se la follara! —alzó la voz cuando la puerta se abrió.
La presencia de Naruto llevó más tensión al pequeño lugar.
—Tu madre me dejó pasar— explicó el recién llegado a la pelirrosa que poco caso le hizo al seguir viendo a Ino.
—Su relación no fue corrida. Han estado separados y…— continuó la Yamanaka.
Naruto prestó atención a lo que Ino decía. Se sentó sobre el buró cercano a la puerta, para permitirles seguir hablando. Si Mebuki no se hubiese ido cuando él llegó, hubiese decidido volver después, pues esa charla subiría varios decibeles.
—No me correspondía a mí decírtelo— terminó por decir.
—No sé quién es peor, ella por traidora o tú por cómplice mentirosa.
Ino solo negó, no quiso decirle más. Estaba dolida, demasiado, y si tenía que desquitarlo, podía hacerlo con ella; después, más calmada, sería capaz de ver las cosas como realmente eran.
—¿Quién más lo sabía? —exigió saber.
—Sólo Shikamaru.
Sakura bufó y para no maldecir, se giró y se tapó el rostro, odiándolos.
—Te juro que los detesto— dijo al voltear a verla.
—No lo haces, sólo estás dolida —se atrevió a decir Ino, contradiciéndola y generando más coraje en la pelirrosa.
—No te atrevas a decirme cómo demonios me siento, ¿Qué sabes tú?
Los otros dos guardaron silencio, Naruto pensativo e Ino desanimada. Sakura los observó y se frustró más por no tener con quién discutir.
—Son unos hipócritas —volvió a decir la joven en pijama —. Sasuke es un maldito bastardo —dijo y bufó por seguir llorando, molesta consigo misma—, todavía no entiendo por qué me duele tanto y cómo pude estar tanto tiempo enamorada de él. Pero Hinata —hizo una pausa—, ella no es mejor que él. Es una víbora ruin y despreciable. Se fingió mi amiga cuando…
—Hinata no es así —se atrevió a decir Naruto que, sin subir su rostro, alzó su vista a Sakura.
Un gesto dolorido y decepcionado se posó en ella —No la defiendas —pidió con coraje —. Siempre tuvo claro lo que yo sentía por él. No le importó.
—Creo que al primero en no importarle fue a Sasuke —añadió Ino con apenas voz alta.
Sakura lo sabía, pero no le importaba en ese momento.
—Era su deber decirme, ¿qué tan difícil pudo ser?
Nadie dijo nada.
—Sí, sé que lo hubiese tomado mal, pero… —hizo una pausa sin poder pensar cómo lo hubiese tomado — ¡Pero no lo hizo! Ella, esa mosca muerta pensó que era buena idea abrirle las piernas a Sasuke y cogérselo mientras pensaba que no importaba si me enteraba en ese entonces o después.
—Sakura— Naruto la llamó, molesto por cómo estaba llamándola nuevamente.
—Justo en el momento que comenzó a sentir algo por él, debió decirme.
—No hubo ese momento —Naruto, con brazos cruzados sobre su pecho y sin todavía alzar su rostro, se hizo escuchar.
—¡¿Cómo demonios no?!
—Sasuke la violó —alzó su rostro viéndola. La habitación cayó en un silencio total por varios segundos. Las pupilas de Sakura empequeñecieron ante lo fuerte de esa frase.
Helada, ella todavía se atrevió a negar —¿Qué demonios dices?
Ino, todavía en silencio, también permaneció viéndolo. ¿Qué clase de broma era esa? ¿Por qué le diría semejante estupidez? Eso no podía haber pasado… ella los había visto juntos muchas veces y Hinata no parecía una víctima. Al contrario, había visto brillar el amor en sus ojos y también el dolor cuando su noviazgo llegó a terminar.
Naruto solo asintió sin decir nada. El nudo en su garganta volvía su voz más ronca.
—Sasuke puso sus ojos en ella —explicó viéndolas a ambas. Naruto sabía que pese a las diferencias que todos tenían, eso que estaba confesándoles, sería un secreto celosamente guardado por todos. Aunque ello, para ese momento, no sabía si era bueno o malo —. Hinata nunca… —calló. Hinata sí estuvo enamorada de él. Eso le partió el corazón y se tomó unos segundos en continuar —. Sasuke es un adicto. ¡Un hijo de puta que la tomó por la fuerza! —alzó la voz y dio un puñetazo a la puerta cerrada, sobresaltando a Ino que ya no dudaba en sus palabras.
Sakura sonrió, nerviosa —A-anoche no parecía que…
—Ella tiene razón, Naruto —dijo Ino en un forzado intento por que aquello resultara falso —. Esos dos… yo los he visto. Hinata ama a Sasuke y él… nunca le haría daño.
—Quizá no ahora —dijo él, llevándose una mano a arrastrar su cabello. Se recargó en la puerta —. Pero lo hizo.
—No tiene lógica. Si lo dices para que yo… —Sakura guardó silencio ante la frialdad de la mirada de Naruto — ¡Por Dios, no!
—Ni siquiera quiero pensar bajo qué clase de presión mental ha estado Hinata para aceptarlo después de eso. Así que deja de llamarla como lo estás haciendo —le dijo a Sakura. Sasuke debería estar más jodido de lo que había imaginado para lograr que Hinata se quedara a su lado —. Debo irme.
—¡Espera! ¿Qué, Naruto? ¿Cómo demonios te vas dejándonos así?
La puerta se cerró antes de que Sakura pudiera detenerlo.
—¡Dios! —soltó consternada y dolida.
Ino salió tras Naruto y a Sakura no le importó. Sus ojos, secos por la sorpresa, volvieron a humedecerse. ¿Que había pasado qué? Considerar tal cosa le provocó un vacío en el estómago y más ganas de llorar. ¿Sasuke, Hinata?
—No…
• • •
—¡Naruto! —Ino casi corrió a alcanzarlo cuando el rubio dejó la casa.
Él se detuvo y volteó a verla. Ella nunca lo había visto tan decaído en los años que llevaba de conocerlo. Esto sólo volvió su ansiedad e incertidumbre más agudas.
—¿De verdad… es así como sucedieron las cosas? —se animó a preguntar casi sin aliento.
Él asintió y metió las manos a los bolsillos de su pantalón deportivo.
—No parece como si… —dijo. Y era verdad, ella había sido testigo de los celos de Sasuke, pero también se dio cuenta lo que le dolió aquella separación que tuvieron. Entonces, con rapidez, su mente la bombardeó con flashazos sin orden de las veces que los había visto juntos.
Casi sintió que su corazón latió más lento.
«Esas primeras veces» pensó recordando. En aquellos momentos Hinata le aseguró que no tenía caso hacer pública su relación porque la misma no duraría… ¿era por eso?
—¿Por qué se mantuvo con él?
Naruto negó en silencio, sin apenas entenderlo —Sasuke dijo que la presionó, pero también habló de ciertas circunstancias —dijo, con la moral baja tras sus ojos azules.
¿Sería posible?
Ino no terminaba de entender. El peso de la acción de Sasuke era descomunal, tan atroz que no entendía cómo Hinata había sobrevivido en silencio tanto tiempo. ¿Cómo pudo pasar de ese dolor a amarlo?
Porque lo amaba.
—¿Qué va a pasar ahora? ¿Cómo está Hinata después de todo lo ocurrido anoche?
—Se quedó con él. Sasuke y yo… —dijo y se miró los nudillos de sus manos maltratados —. Hinata parecía muy triste, pero también a la defensiva.
—¿Qué vas a hacer? — le preguntó. Lo conocía y bajo esa tensa pasividad, parecía alguien a punto de colapsar. Y no sabía qué reacción provocaría.
—Debo irme.
—¡Naruto! —volvió a hablar cuando lo vio avanzar — Déjame hablar con ella. Por favor, sólo no hagas nada.
Él frunció el ceño —¿No hacer nada? ¿Es que no ves que Hinata no puede encontrarse bien? Sasuke… él debe estar presionándola de alguna manera. Ellos no encajan y el carácter y personalidad de Hinata vuelven a Sasuke dominante. No quiero pensar que esté en peligro.
—¡Por Dios, no!
—¿Qué sabes tú?
—He convivido con ellos como pareja. Debe haber algo más. Dudo que…
—Me voy — él no quiso seguir escuchándola. No sabía hasta qué punto el romanticismo que Ino creía ver nublaba su raciocinio.
Ella lo vio partir y temió que alguna decisión que terminara tomando, dañara a Hinata. Porque fuese como hubiesen pasado las cosas, ella no dejaba de ser víctima de las circunstancias.
—Hinata está embarazada —soltó en voz alta, derrotada. Había dudado que él la hubiese escuchado, pero cuando Naruto dejó de avanzar, supo que lo hizo —. ¿No vas a decir nada? —alzó la voz cuando lo vio seguir su camino —¡Naruto!
Ino se quedó con un sabor amargo en la garganta y no supo si eso que dijo, sólo llegó a complicar más la ya desalentadora situación de su amiga.
•
O.O.O.O.O
•
La humillación que sabía que sería estar ahí, comenzó desde que puso el primer pie en el edificio. Naturalmente, Sasuke no necesitó identificarse, pero las miradas ya curiosas por su mera presencia, se vieron multiplicadas por los claros signos de la pelea de la noche anterior.
Cruzó el elevador y tras confirmar que su padre se encontraba solo en su oficina, entró, deteniéndose a tocar.
Escuchó que Fugaku le dio acceso, al ya haber sido enterado que lo buscaba.
Sasuke tuvo que soportar la incomodidad de ver a su padre, en actitud del hombre predominante tras el escritorio. Caminó a él ante la desaprobatoria mirada por su aspecto y no se detuvo hasta estar a pocos pasos del escritorio sobre el cuál trabajaba.
Fugaku sonrió con un toque de arrogancia al volver su atención a unas hojas que analizaba.
—¿Malos días? —mencionó el mayor al verlo moreteado.
—Trabajaré para ti— soltó fuerte y claro, obligando a su padre a alzar sus ojos a él —, pero necesito que me ayudes en algo.
El otro extendió su sonrisa y volvió a mirar su trabajo.
—¿Qué te hace pensar que todavía quiero que lo hagas?
La molestia caló en Sasuke como calor ardiente en el estómago.
—Necesito tu ayuda —repitió él, tragándose la ofensa y su orgullo.
—¿En qué lío te metiste? —preguntó sin alzar su vista.
Sasuke apretó los puños antes de hablar.
—Quiero casarme con Hinata —dijo y nunca imaginó decir lo siguiente —: Sin tu apoyo, nunca me la entregarán.
Fugaku se recargó en su asiento y lo vio fijamente.
—No.
El menor controló su temperamento lo mejor que pudo.
—Si quieres que me humille aún más…
—Imagino que, para venir aquí, es porque te sientes acorralado— interrumpió sin dudar en absoluto que su aspecto tenía que ver con esa chica Hyuuga —. Te advertí que ustedes no deberían estar juntos. Francamente, me sorprende que sigas intentándolo. Fracasarás.
Sasuke cerró los ojos en un intento de controlar las ganas que tenía de mandarlo a la mierda.
—Lo haré si no me ayudas.
Con sinceridad, a Fugaku le sorprendió escuchar esas palabras de su hijo menor. ¿Qué tan desesperado debería de estar? Se dio la vuelta para volver tras su escritorio.
—Hiashi nunca te la entregará. Ni siquiera yo creo lograrlo.
—¿Lo das por hecho solo así?
El mayor asintió convencido.
—No cuentes conmigo.
Sasuke ya no pudo decir más. Si necesitaba tomar a Hinata y llevársela, iba a hacerlo, pese al escándalo que irremediablemente provocaría.
Fugaku pareció leerlo porque, cuando Sasuke se dio media vuelta, añadió—: No hagas ninguna estupidez.
El menor volteó a verlo, con menos control de su furia— Estoy intentando hacer las putas cosas tan bien como me sean posibles— aclaró, señalándolo —. Pero pareces disfrutar verme fracasar.
—¿Estás culpándome? —soltó con media sonrisa cuando él buscó la puerta. Nuevamente lo hizo detenerse, tenso —¿Cuándo madurarás y te darás cuenta que son tus actos y tus responsabilidades? No voy a ayudarte a destruir a esa niña.
Las palabras se le atoraron en el nudo en la garganta a Sasuke.
—Se los advertí, a ambos, en el funeral de tu madre. No va a funcionar. Eres tan igual a mí, e irremediablemente vas a destruir a esa niña. Y vamos, no es cualquier chica, hablamos de la hija de Hiashi Hyuuga.
—No tienes idea —la voz de Sasuke sonó tan ronca. Siguió dándole la espalda.
—El que no parece tenerla eres…
—La he destruido ya —lo interrumpió, provocando su extrañez por esa afirmación —. Mucho antes de tus advertencias. Creo, padre, que soy aún más pútrido que tú —sonrió con la mirada en el suelo—. Me pregunto si saber que no te equivocaste conmigo, está regocijándote.
Sasuke salió dejándolo en silencio y con un peculiar interés cuando, antes de irse, le aseguró que no necesitaba su ayuda y no volvería a pedirla jamás.
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O.O.O.O.O
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Pasaban de las tres de la tarde y era el quinto intento que hacía Hinata por comunicarse con Sasuke en menos de dos horas. Se había despertado antes del mediodía con dolor de cabeza. Encontrar la nota de Sasuke donde le pedía que lo esperara, logró quitarle un poco de la preocupación que sintió al no encontrarlo en el departamento.
Luego de desayunar algo ligero, se puso a ordenar un poco el pequeño desastre existente para dejar pasar el tiempo. Recogió de la sala los algodones secos teñidos de sangre, y acomodó los sofás en su respectivo sitio.
Sobre la mesa ratona todavía estaba ese álbum que le había regalado al ausente joven. Lo tomó y se sentó sobre la alfombra para observarlo, luego de haber encendido el televisor que emitió un canal de noticias a las que no les prestó atención.
Hinata se permitió no controlar la nostalgia que la invadió al ver las fotos. Había hecho ese álbum creyendo que podían olvidar todo y sobrescribir una bonita historia sobre la maltrecha que tuvieron en un inicio. Pero era evidente que ella sólo pensó en sí misma. Creyó firmemente que podía continuar y ser feliz con Sasuke, después de todo, traerían un hijo al mundo; pero no pensó en él. ¿De verdad a Sasuke le dolía tanto lo sucedido?
Él no se perdonaba aun cuando ella ya lo había hecho. Hinata había lidiado con el dolor, el miedo y toda esa ansiedad que provocó aquél acto. Habían sido semanas difíciles en las que muchas veces durmió llorando, en las que sintió un coraje infinito contra el destino que le tocó. Pero se acostumbró. Todo la empujó a seguir adelante y luego, poco a poco, se acostumbró a él. Y hasta hace poco, lo amó, profundamente.
En cambio, Sasuke… él había perdido la batalla contra su conciencia. La última vez que lo vio, lo vio quebrado… en un nivel desgarrador. Y, aun así, antes de dejarla dormir entre sus brazos, volvió a cargar con el peso que les caería encima, asegurándole que todo estaría bien.
Hinata sintió ganas de llorar.
Siempre creyó que Sasuke lo había afrontado y luego de forzarla a aceptar que lo amaba, él también estaba dispuesto a seguir adelante. Dejando atrás el pasado. Pero no había sido así, ¿cómo no pudo verlo? Sasuke estaba caminando a pies descalzos sobre un sendero de espinas, pretendiendo que no ocurría nada, cuando, por dentro, se castigaba. Imaginar cómo se sentía le hizo doler el nudo en la garganta.
Gato había llegado caminando casi sin ser notado, como si sintiera pena por el gran caos que había provocado. Se echó a un costado de las piernas de Hinata y ésta lo acarició distraída mientras seguía viendo las fotografías. No supo cuánto tiempo estuvo así hasta que le prestó atención y le sonrió.
La joven heredera Hyuuga se levantó con el felino en brazos. Ya era tarde y ella seguía con ese vestido de fiesta arrugado, el mismo que había perdido casi toda la elegancia. Se acercó a la barra y tocó dos veces la pantalla de su móvil. Ya eran las cuatro.
—Oye, debo ir a ducharme y cambiarme de ropa, ¿entiendes? — le habló al gato cuando lo colocó en el suelo. Siguió en cuclillas acariciándole la cabeza — Volveré pronto, ¿le dirías eso a Sasuke por mí?
El felino maulló y volteó a ver su tazón de comida vacío.
Hinata sonrió y se levantó. Siguió al gato que corría a la cocina. Le dejó comida y sabiendo que el gato no le podría decir nada al Uchiha, escribió una nota que terminaría dejando sobre la barra, segura que él la vería en cuanto llegase.
Antes de salir, volteó atrás y respiró una última vez el aroma varonil de Sasuke que permanecía ahí, aunque él no estuviera. Era increíble las ganas que tenía de ser abrazada por él. Sonrió y cerró la puerta cuando vio que Gato se acercaba. Lo último que deseaba es que se volviese a escapar.
—Volveré luego— le dijo del otro lado de la puerta, cargando únicamente su móvil y sus llaves.
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O.O.O.O.O
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Naruto había salido de su casa molesto, subió a su coche buscando dejar vagar sus pensamientos mientras hacía lo mismo por la ciudad.
Transitó por avenidas concurridas ese lunes en horas pico. Iba a cualquier lugar, conduciendo automáticamente mientras la ansiedad en su estómago lo incitaba a estacionar el auto y bajar a correr para liberar tensión. Sin embargo, siguió conduciendo, apretando fuertemente el volante mientras en su mente, le daba una y mil vueltas al mismo asunto. La falta de sueño le había regalado un par de ojeras y sus ojos comenzaban a arder.
En su mente pasaba de todo, desde Sakura, su dolor y decepción, Hinata y el dolor terrible que debió sentir y volvía a reclamarse por haberla dejado sola cuando lo necesitó. Sasuke y su desgraciado ser. No tenía idea cuán nocivo podía ser para obligar a Hinata a callar y aceptarlo, porque en su mente no había posibilidad alguna de que lo que ella sintiese pudiera ser puro y espontáneo.
Su pecho se estrujó.
Y ahora esa revelación que Ino acababa de hacerle. Hinata estaba embarazada.
Frente a sus ojos volvió a tener la visión de una Hinata furiosa con él, esa que le gritó que se fuera mientras ayudaba a Sasuke, arrodillada a su lado. Ella parecía realmente dolida con lo ocurrido, pero siempre pendiente del bastardo desagradecido de su amigo. Hinata había dicho que ellos no tenían por qué haber ido, ni por qué enterarse de todo. El dolor y la frustración se habían mezclado perfectamente bajo esos ojos violáceos mojados de lágrimas.
Ella quería callar y ocultar lo que le había pasado. La mandíbula de Naruto se tensó cuando la fuerza de lo que Hinata sentía le resultó obvia.
«Estaba desesperada» se reconoció.
No se la pudo imaginar guardando un hijo de Sasuke, intentando celosamente protegerlos a ambos.
No. Era ella quien debía ser protegida.
Entonces supo lo que debía hacer.
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Después de las cuatro, un Naruto desmoralizado ingresó en la oficina más elegante en la que jamás había estado. Paradójicamente, no reparó en nada que no fuera la persona castaña que rebuscaba alguna carpeta en el exhibidor tras el enorme escritorio.
—Me han dicho que solicitaste hablar con mi tío — dijo Neji que, carpeta en mano, apenas volteó de medio lado a ver al chico rubio. Lo reconoció como uno de los amigos de Hinata, que desencajaba completamente con ellos.
—¿No está? —preguntó con su voz tan tensa como todo él.
Neji negó en silencio, girando su cuerpo a verlo.
—No. Y no estará en al menos dos semanas —explicó, aunque no tenía por qué.
Sus ojos violáceos eran idénticos a los de Hinata, pero su mirada era completamente diferente. Él parecía dueño de la situación, subestimando a cualquiera que se pusiera enfrente. Altivo, casi soberbio. Naruto omitió todo esto, pues tal vez era ese tipo de fuerza lo que Hinata necesitaba a su lado.
—Me resultó curiosa tu presencia aquí, por eso, pese a estar ocupado, decidí recibirte. ¿Qué buscas?
—Es sobre Hinata.
—La señorita Hinata —corrigió—. ¿Qué ocurre con ella?
—Está enamorada de Sasuke, seguro lo conoces— dijo Naruto que no pareció amedrentado y no dejó de tratándolo de igual. Siguió viéndolo a los ojos. Notó a Neji sonreír disgustado y negar.
El joven castaño soltó en el escritorio el folder con algunas comparativas, y se recargó en éste. Cruzó los brazos al hablar:
—Me temo que eso ya lo sé. ¿Qué clase de amigo eres si pretendes delatarla? —preguntó el joven Hyuuga que ahora veía en Naruto un tipo que pretendía lastimar a su prima, separándola de aquél que pensaba que amaba.
Naruto soltó el aliento al sonreír e inclinar su rostro al suelo.
—Estoy seguro que no conoces toda la historia.
A Neji no le gustó ni el tono, ni lo que eso representaba. Frunció el ceño como único rastro de la curiosidad que le provocaba.
Naruto alzó el rostro y sus ojos azules se inundaron de la certeza que hacía lo correcto. Cuando comenzó a hablar, Neji perdió la gloria de autosuficiencia y enderezó su cuerpo, tenso. Su mandíbula se endureció y su mirada se tornó amenazadora con cada palabra que entendía del rubio frente a él.
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O.O.O.O.O
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Sasuke arrojó su móvil apagado sobre la barra del bar, después de confirmar que no tenía una gota de batería. Resopló tenso y pidió una cerveza cuando el cantinero se acercó.
Con la botella sudada frente a él, apretó el puente de su nariz e inclinó la cabeza con ojos cerrados. Nada había salido como debería. La incomodidad en su cuello duro no era comparada con su frustración.
Volteó de medio lado y observó ese viejo teléfono de monedas que ese bar en particular tenía. Avanzó pesada y firmemente al aparato obsoleto pero funcional. Después de escarbar en sus bolsillos por unos centavos, digitó el número del móvil de Hinata que sabía de memoria. Sonó tres veces antes de escuchar su voz dubitativa.
—Hola. ¿Dónde estás? —Sasuke recargó su frente en el soporte del teléfono. Su voz se escapó ronca.
La escuchó respirar y seguro sonrió. Era tarde y no le sorprendió que estuviera ya en su departamento.
—¿Volviste ya? ¿De dónde me marcas? —preguntó Hinata que, como él, recargaba su cuerpo sobre una superficie, en su caso, sobre la pared de su habitación, mientras observaba el día ennegrecer con la promesa de lluvia.
—No. Aún no. Estoy en… bueno, no importa. Volveré pronto —explicó e hizo un silencio —. ¿Cómo estás?
Hinata perdió el aliento y se obligó a recomponerse. Había notado el tono abatido de Sasuke a través del teléfono —Bien. Pensaba en ir a tu departamento y esperarte —su intento por aligerar su voz apenas fructificó.
Él negó —No. Yo te buscaré en seguida.
Hinata asintió pese a que él no podía verla —Sasuke… —mencionó luego de callar durante un par de segundos. Hinata no supo por qué se le formó un nudo en la garganta— ¿estás bien? — sus ojos se mojaron. Se mordió una uña y sonrió, queriendo evitar el llanto y alejar la desazón que atenazaba su pecho.
Sasuke se tragó el nudo de su garganta al cerrar los ojos. Sintió como si un puñetazo le hubiese vaciado pulmones y estómago.
—Sí —mintió y ella lo supo.
—Te amo.
Él asintió —Y yo a ti— dijo luego de unos segundos —. Te veo en un rato.
Colgó el teléfono y volvió a la barra con el único propósito de tomarse su trago y largarse. Momentos después, una palmada seca en su espalda lo hizo voltear de medio lado a ver a quien lo había tocado.
—¡Hey, hombre! —saludó Suigetsu al sentarse junto a él. Llamó al cantinero y le señaló la bebida de su amigo, para pedir una igual — Andaba por el barrio y me pareció ver tu coche pasar. No batallé en adivinar que venías aquí.
Explicó volteando al lugar que comenzaba a tener clientes, pues estaba entrando la tarde.
—¿Y qué haces? —preguntó cuando lo notó callado. Lo vio beber de su cerveza.
Sasuke solo negó y entonces el otro se percató de sus golpes.
—¡Pero qué putas…! ¿Qué demonios te pasó?
—Nada.
El peliblanco abrió los ojos sorprendido —Pues nada tiene unos puños bastante duros, eh.
Sasuke negó fastidiado y volvió a beber. Quería irse, llegar al departamento de Hinata y verla, pero no le entusiasmaba no poder reconfortarla. Sujetó la boca de la botella y la meneó encima de la barra, pensativo.
Luego de unos segundos en silencio, Suigetsu volvió a hablar:
—Luces más jodido de lo que te ves.
—No es para menos.
—¿Qué quieres decir?
—Naruto lo sabe.
El otro frunció el ceño. Naruto, el amigo medio estúpido e impertinente de Sasuke. ¿Sabía qué? Cuando creyó entender de qué hablaba, él mismo perdió color.
—No me jodas. ¿Qué crees que haga?
Sasuke negó, no tenía idea.
—¿Cómo demonios…? ¿Ella se lo dijo? —preguntó lo único que creyó posible.
El Uchiha volvió a negar y terminó de un trago lo que restaba de su cerveza. El sabor ligeramente amargo y frío le reconfortó la garganta. No, Hinata hubiera callado hasta morir.
—Lo hice yo— dijo y pidió otra cerveza.
—Pero qué mierda… ¿estás orate?
Sasuke sonrió sin ganas y con sus codos sobre la barra, volvió a fijar su vista en la madera gastada.
—Acabas de joder por segunda vez a esa chica, ¿es que no lo ves?
Él lo vio de reojo, considerando tal hecho por primera vez. Si pudiese sentirse peor, lo hubiese hecho en ese momento. Las palabras de su padre volvieron a tomar nuevas dimensiones y se sintió peor que escoria.
—Mierda, necesito algo— susurró para sí mismo.
Suigetsu lo miró preocupado. Sabía que lo estaba dejando.
—Venga, hombre, debes recomponer lo que arruinaste… de alguna forma —añadió sin creer que lo lograría —. Solo necesitas convencer a ese imbécil de que cierre el hocico. Ya sabes, con dinero… o varios huesos rotos, tú di.
Sasuke negó desechando ya esa posibilidad. Suigetsu inhaló y buscó alguna otra idea volteando a ver las ventanas que temblaron, cuando el aire de la tarde que se hacía fría las golpeó.
El peliblanco no se imaginó cuánta presión tuvo que tener encima su amigo para confesarlo. ¿Se sentiría tan culpable todavía?
—¿Ella cómo está?
—Mal, supongo. No lo sé —dijo y sintió de pronto una necesidad que rayó en la angustia por verla.
—Después de eso, ¿sigue deseando estar contigo?
Sasuke giró su cuerpo olvidando su trago, y buscando distraerse de cualquier otra necesidad nociva que tuviera a mano. Recargó uno de sus codos en la barra y su mirada se perdió entre el montón de desconocidos ahí reunidos.
—Sí —respondió y el otro asintió con la cabeza.
—Si las cosas se ponen feas, sabes que puedo ayudarte a mantenerla lejos y…
Una rabia que Sasuke no pudo explicar, le quemó el estómago. Se puso de pie y sacó su cartera. Pagó sus tragos y recuperó su móvil.
—No. Ya basta de eso — dijo antes de comenzar a caminar. En ese momento irracional, despreció hasta a ese amigo fiel. Que lo fue tanto, como hasta para permitirle dañar a Hinata y no mover un dedo por ella.
—¡Oye, Sasuke! —Suigetsu puso su mano en su hombro, deteniéndolo — ¿Qué ocurre, cabrón?
El semblante desgastado del pelinegro se tornó peligroso cuando volteó a verlo de medio lado, obligándolo a soltarlo. Suigetsu no necesitó palabras para entender que Sasuke acababa de mandarlo a la mierda. Se quedó más que extrañado y lo siguió con la mirada hasta que se perdió tras la puerta.
—Ah, qué diablos— soltó apretando su nuca y volvió a sentarse.
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Un frustrado Uchiha condujo directo al departamento de Hinata con particular tensión. Las primeras gotas de agua golpearon su parabrisas antes de los cinco minutos conduciendo. Momentos después, la fuerza de la lluvia arreció. Él no le dio importancia. Necesitaba llegar.
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O.O.O.O.O
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Cuando el timbre de su departamento sonó, Hinata corrió a abrir con una sonrisa en los labios. Ésta se borró cuando en lugar de encontrar a Sasuke, se topó con el rostro desencajado de Neji.
La furia contenida que encontró en sus ojos, la hizo retroceder y casi perder el aliento.
—Niisan, ¿qué haces aquí? —sonrió, pareciendo casual. Pero no se apartó lo suficiente como para permitirle pasar, sabía que Sasuke podría llegar en cualquier momento.
Supo que algo andaba mal, pues ese semblante era totalmente distinto al del Neji que estuvo allí mismo el día anterior; ese Neji que prácticamente le había permitido estar con Sasuke.
—Dígame que no es cierto— habló por fin él y la tomó del brazo, apretándola, y haciéndola retroceder, ingresando por fin al apartamento.
Hinata gimió dolorida y sorprendida —Niisan, me lastimas.
—¡Y un demonio! —él alzó la voz— ¡Dígame que no es cierto!
Los ojos femeninos amenazaron con inundarse.
—¿No es cierto qué? No sé de lo que…
Neji la soltó con más fuerza de la necesaria —Ese bastardo. ¡¿Él se atrevió a violarla?!
Hinata palideció y casi pierde la capacidad de respirar.
—¿De qué estás hablando? —logró endurecer su voz y lo vio con reproche.
—No finja que no lo sabe—advirtió.
—Neji…
—¡¿Cómo es posible que se lo haya permitido?!
Hinata quiso llorar, ¿permitírselo? ¿de qué hablaba?
—Está con él a pesar de que él… —Neji se interrumpió con los ojos bullendo de cólera y lágrimas que no soltaría. Bufó, colérico con ella — Es abominable — dijo y se dio media vuelta. Abrió la puerta que había cerrado.
—Neji… ¿qué? — Hinata, confundida, solo pudo ver a varios de los empleados de su padre entrar a su departamento y perderse en el pasillo que llevaba a la alcoba.
—Vendrá conmigo— sentenció y volvió a tomarla del brazo. El delgado vestido blanco que Hinata portaba se metió entre sus piernas cuando fue obligada a seguirlo.
—Neji, ¿qué estás haciendo? ¡Suéltame, me estás lastimando! ¿A dónde me llevas? — ella controló las lágrimas y moderó su voz para no hacer un escándalo, al ser casi arrastrada por el pasillo de su piso.
Cuando las puertas del elevador se abrieron, Neji la hizo entrar sin ningún tipo de tacto. A Hinata le dolió igual que él descubriera la verdad, como que la creyera una traidora, y que la tratara sin una pisca de delicadeza. Su brazo estaba rojo de donde él la había empuñado. Con las puertas cerradas y solo ellos dos en el elevador, Hinata se apoyó en una esquina, se sintió pequeña e intimidada ante la cruel mirada que recibía del hombre que siempre había sido su más celoso protector.
Neji sacó su móvil sin dejar de ver a Hinata.
—¿Todo listo?
Por más que quiso afinar su oído, ella no escuchó nada.
—Era verdad. Te veo en un rato — ante la frase final de Neji, la misma que Sasuke le dijo momentos atrás, ella ya no contuvo las lágrimas. ¿Dónde estaba Sasuke?
—No tienes derecho a tratarme así— reclamó sonando distante y buscando un poco del orgullo de su familia —. Mi padre es…
Él golpeó su palma abierta contra la cubierta metálica de ese lugar. Hinata controló su sobresalto y lo miró a los ojos cuando Neji bajó su rostro, furioso, y la vio a la cara.
—Tu padre —dijo con sumo coraje, hablándole por primera vez sin el respeto que sentía se merecía — estaría tratándote mucho peor. Tienes suerte de haberte topado conmigo en su lugar. Ahora, cerrarás la boca y harás lo que te diga, ¿entendiste?
—Neji… — las lágrimas de Hinata brotaron fluidas y él sintió que se le apretó el pecho, por eso la tomó fuerte de la mano y la obligó a seguirlo inmediatamente que las puertas se abrieron —, por favor.
—Jovencito —una voz varonil que Hinata reconoció como del encargado de su edificio, obligó a Neji a detenerse —. Esas no son formas de tratar a una dama — dijo y no se alarmó de más, al reconocerlo como alguien de su familia, por la similitud de sus ojos.
—Cierre la boca.
Hinata se apresuró al casi anciano —Por favor, cuando vea a Sasuke dígale que mi niisan me…
Neji jaló a Hinata y la hizo callar y gemir de dolor al obligarla a volver a su lado.
—Usted no le dirá nada a nadie si no quiere perder su empleo. Y le aseguro, que tomaré como pasatiempo prioritario, el asegurarme que no encuentre otro en lo que le reste de vida— amenazó el soberbio Hyuuga y Hinata lo desconoció —. El día de hoy el departamento que la señorita habitaba quedará disponible. Alquílelo y, a quien pregunte, usted no conoció nunca a nadie que viviera ahí.
Las puertas del segundo elevador se abrieron y aparecieron dos de los hombres que llegaron con Neji. Él les indicó continuar.
—Vamos— le dijo a ella y volvió a jalarla. Hinata lo siguió con menos resistencia. ¿Qué iba a hacer con ella y con qué derecho parecía sacarla de la que había sido su vida?
Exactamente frente a las puertas de cristal del edificio, estaba estacionado el auto de Neji. Un par de maletas ya habían sido ingresadas a la cajuela y la puerta trasera estaba abierta, esperándola. Un pánico profundo invadió su cuerpo y se tironeó con fuerza para no salir.
—No haga esto más difícil— pese a que recuperó su solemnidad al hablarle, Neji no bajó un grado su fuerza ni la firmeza de su decisión.
La piel de Hinata pagó con pérdida de calor cuando el agua golpeó su piel.
• • •
Con su cabeza recargada en el asiento, Sasuke llegó a vuelta de rueda tras el auto que había hecho alto tras el rojo del semáforo. Estaba todavía sumergido en sus pensamientos cuando un movimiento brusco llamó su atención, haciéndolo voltear al lugar al que se dirigía.
Enderezó su postura al reconocer a Hinata. Su cuerpo tenso bulló en furia al ver a Neji tironeándola.
La flecha verde que le daba el paso al carril de al lado encendió y los coches retomaron su flujo. Dio un volantazo y aceleró casi chocando al auto que tenía el paso. Los neumáticos chillaron ante el freno brusco. Sasuke salió del auto sin molestarse en estacionar bien ni apagar el vehículo.
—¡Neji! —lo llamó al verlo discutir con Hinata.
La lluvia caía sobre todos ahí. El vestido blanco de la peliazul comenzaba a trasparentarse, pero ella estaba más ocupada en defenderse que en notarlo. Cuando la mirada perlada y suave se clavó en él, Hinata quiso correr a su lado, llorosa.
A Sasuke se le apretó el pecho y un nuevo estallido de rabia lo atacó cuando Neji casi la hace arrodillarse al jalarla de regreso a su lado.
—Imbécil —susurró amenazante al acercarse a él.
Hinata pasó de la mano de Neji, a la de otro tipo que llegó a ellos.
Pronto dos hombres más aparecieron.
—¡Sasuke! — Hinata gritó sin importarle ya cualquier escándalo que pudiesen hacer. Sus ojos mojados de lágrimas y agua de lluvia distorsionaron su visión cuando el par de empleados de seguridad de su padre tomaron a Sasuke. Él casi derriba a uno de un puñetazo y pronto fue tomado por los brazos por el otro, inmovilizándolo desde su espalda.
—¡Neji, no! — Hinata gritó al ver a su primo golpear a Sasuke, vaciándole el estómago, seguramente, pues lo vio doblarse. Quiso correr ahí, pero se lo impidieron.
Se tironeó y rogó porque cualquiera los auxiliara, pero la gente no se detenía con la lluvia y si lo hacía, solo observaban resguardados detrás de cualquier cristal.
Lloró con más fuerza.
Neji tomó a Sasuke del cabello, obligándolo a verlo, y éste, furioso, buscaba enfrentarlo, pero era sometido por dos. Algo le dijo el Hyuuga al Uchiha, sin soltarle el pelo. Neji estaba furioso, apenas controlado, no como Sasuke que lucía amenazante. El castaño soltó con brusquedad el pelo del Uchiha y estrelló su puño en la mandíbula, haciéndolo bajar el rostro.
Hinata fue lanzada al auto en ese momento, aturdida. El guarura que la sujetaba entró con ella.
Un tipo se mantuvo inmovilizando a Sasuke mientras el otro se perdía en el auto del mismo. Neji tomó las llaves del coche del pelinegro que recién le entregaban y volvió a hablar. Hinata, presa de un helado miedo vio esto por la luneta. Sus lágrimas calientes rodaron con más fuerza cuando escuchó a Sasuke llamarla, al tiempo que Neji subía al coche y los ponía en marcha.
—Sasuke —con un nudo inmenso que apenas dejó escapar su voz, ella lo vio caer de rodillas al ser soltado. Cuando él corrió tras el auto, su corazón se rompió en mil pedazos y sus piernas no la soportaron más, dejándose caer sentada, viendo como él se hacía pequeño entre la lluvia y los coches que lo pasaron de largo —. ¿Por qué?
• • •
Sasuke había saboreado el sabor metálico de su sangre y esta cayó al pavimento mojado cuando jadeó, necesitando respirar al apenas ser soltado. Jaló aire soportando el dolor en sus costillas y cuando el auto que llevaba a Hinata dentro arrancó, él corrió tras él al ya no contar con su auto.
Vio la figura borrosa de Hinata asomándose por la luneta mientras el auto se alejaba. La llamó y la vio desesperarse. Las gotas de agua se mesclaron con sus lágrimas de frustración cuando sus piernas calientes y doloridas se detuvieron; arrastró su pelo mojado y se jaló el mismo. Cerró los ojos y sintió la brisa fría que dejaron los coches que lo pasaron de largo en medio de los cuatro carriles, por donde a ella la habían hecho desaparecer.
«¿Qué se siente, idiota?» las palabras de Neji que destilaron odio resonaron en su cabeza «¿Disfrutas de la impotencia que se siente ser sometido por la fuerza? Imagínate lo que Hinata sintió al también ser usada como pedazo de carne con el que te saciaste una y otra vez.»
Sasuke, llorando como pocas veces había hecho, se llevó una mano a tapar sus ojos y sus rodillas lo dejaron caer al suelo mojado.
Lo sentía, joder que sí. Se odiaba por ello y haría cualquier cosa para remediarlo.
Pero no podía, no podía, maldita sea.
Continuará…
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¡Hola, gente!
Espero que se hayan vivido este capítulo como yo. Y sí, ya sé, ¿para qué abrió la boca? ¿verdad? Pero, vamos, así va la historia y, ¿qué sería del fic sin el drama?
Me voy rapidito para no hacer esto muy largo.
Antes de los agradecimientos por comentarios, quisiera escribir algo que sí, me dolió leer, motivo por el cual, decidí dejar mi vida privada como algo únicamente mío. Ya no habrá explicaciones personales, si es que llegan a haber retrasos en las actualizaciones. Lo siento.
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Guest, permíteme darte un consejo: no mezcles la realidad con la ficción.
Tuviste el atrevimiento y la osadía de comparar una tragedia de mi vida, llamándolo 'karma', por hacer sufrir a personajes inanimados en mis historias.
No, ellos no sufren. Sufrimos nosotros como lectores, por empatía. Eso es lo divertido de la literatura, y sí, también de esta historia, aunque sea un simple fanfic. No intentes coercer mi derecho a llevar la historia por el camino que decida, menos, de la forma tan baja como lo intentaste.
Y creo que, por las reiteradas disculpas que diste, tú misma te percataste que lo que escribiste no estuvo bien. Yo nunca te faltaría el respeto al hablar como si tuviera derecho a hacerlo, de una desgracia que hubieses vivido, porque no te conozco como tú tampoco lo haces conmigo. Menos, a mencionarlo como forma de escarmiento. Nunca lo haría, ni contigo, ni con nadie. Y a eso, se le llama respeto.
Ojalá tampoco te tomes a mal mis palabras, sólo necesité escribirlo porque, sí, te lo juro, me ofendió.
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Ya. Ahora sí, gracias por sus comentarios:
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Gracias por leer y por aquí me verán después.
Besos.
