Capítulo 2: Cherry Tart
El viernes llegó y Eren había conseguido superar su primera semana entera sin el dinero de sus padres. Claro que tenía algo de dinero ahorrado, en caso de una emergencia. Y hasta ahora no había ninguna emergencia inmediata. Pero con el final de la semana acercándose, venía el tiempo de reabastecer. Y como el destino lo quería, era el turno de Eren para ir de compras. Lo que significaba un viaje a la tienda; y eso significaba gasolina.
Eren por lo menos tenía el dinero para eso. No se estaba ahogando en deudas aún. De eso estaba seguro.
No quería contar cuánto dinero tenía a su nombre. No mientras se estaba dedicando a su última pintura. Decidió que se preocuparía por su dinero más tarde. Su tarea estaba terminada y estaba fuera del trabajo. Tenía el tiempo suficiente para sentarse con la pintura que tanto amaba y no quería que sus problemas económicos lo molestaran.
Salpicó un poco más de verde en los árboles pintados antes de trabajar en los rayos del atardecer, sumergiendo su pincel en el naranja de su paleta. Se sentó afuera en la pequeña terraza del departamento, viendo por encima la piscina. No se molestó en devolverles el saludo a las chicas que trataban de llamar su atención, gritando su nombre. Por lo que él sabía, ellas no estaban ahí.
Solo eran él y su pintura.
—¡Eren!
Escuchó a Mikasa llamar desde dentro y metió su cabeza por la puerta corrediza.
—¡Afuera!
Hubo algunos ruidos y un momento después Mikasa caminó hacia la puerta. Se apoyó contra esta, una sonrisa preocupada en su rostro.
—Te he estado llamando por diez minutos.
Eren frotó su nariz con el dorso de su mano y se echó hacia atrás para ver mejor a su hermana. Sonrió y se encogió de hombros.
—Lo siento… Supongo… ¿que estaba muy concentrado?
Mikasa rio y sacudió la cabeza.
—¿Cómo estás?
—Estoy sobreviviendo —rio Eren. Hizo un gesto a su pintura con la punta de su pincel—. ¿Qué opinas?
Mikasa observó cuidadosamente la imagen; una de un hombre de pie en el borde de una pared, mirando desde arriba un gran bosque. Su capa era de un color verde oscuro, contrastando con la manera en que los anaranjados y rojos del sol pintado cubrían el fondo.
—Hm.
—¿Hm? —repitió Eren.
—Siento que el chibi en la imagen necesita algo más —dijo—. ¿Tal vez algo en su capa? ¿O algo en sus manos?
—También estaba pensando eso —dijo el castaño, estirándose. Su espalda crujió; luego de haber estado en la misma posición por las últimas horas eso era de esperarse—. No estoy seguro de qué. Aunque le preguntaré a Armin cuando regrese. Aparte de eso, ¿te gusta?
—Me encanta. ¡Es hermoso! Deberíamos colgarlo.
—Ew, no —rio Eren—. Después de una semana me parecerá horrible.
—¿Entonces por qué vas a entrar en ese concurso de exhibición de arte?
—Validación de que no soy un pintor de mierda —respondió el chico amargamente. Mikasa revolvió su cabello—. Y ni siquiera estoy seguro de si voy a llegar a hacerlo. Mi profesor no me ha contactado todavía.
—Eres muy duro contigo mismo —dijo ella, caminando hacia el interior. Eren suspiró, cogiendo su pincel para añadir más color en los rayos del sol.
Era más que una confirmación de que no era un pintor de mierda. Eren no quería perder una oportunidad para probar que no era una decepción. A su padre. A sí mismo…
—Hey, por cierto —Mikasa lo llamó—, Reiner quería saber si estarías interesado en salir a tomar algo más tarde. Va a ir con Bert, Jean, Marco y Connie. Son solo los chicos.
—Eso no suena tan mal —dijo Eren—. Ahh… tú sabes… mejor no. Tengo que hacer las compras esta semana.
—Anda —dijo Mikasa cuando estuvo cerca de nuevo—. Me pagaron hoy, así que yo lo puedo hacer esta semana. Y sé que te pagan a ti la próxima, por lo que saldrá bien. Además, te lo mereces. Has estado muy estresado esta semana. Me doy cuenta porque has estado comiendo queso cottage directo del envase, de nuevo. Ve y pasa un buen rato.
—Mierda, Mikasa, nunca eres así —dijo Eren con incredulidad—. Normalmente me dices que me quede en casa y estudie.
Ella sonrió débilmente otra vez.
—Sí, pero… Sé que esta semana ha sido especialmente difícil. Necesitas un poco de tiempo afuera. Pero tienes que volver a casa. Le diré a Bert que esté pendiente de ti.
Eren le sacó la lengua.
—Sí, lo que sea.
—¡Hablo en serio, Eren! Sé un poco cauteloso mientras estás fuera. Y no te emborraches tanto tampoco.
—Claro que sí, mamá.
Mikasa le golpeó la cabeza y se dirigió al interior, deslizando la puerta de cristal para cerrarla.
Armin tuvo que quedarse en el hospital más tiempo de lo que había planeado. Le dijo a Eren que se adelantara y se reuniera con los demás chicos en el bar. No había necesidad de que ambos faltaran y beber nunca fue el pasatiempo favorito de Armin.
El Garrison era un bar no muy lejos del campus de la universidad. Estaba alineado con otros bares destinados a atraer a estudiantes universitarios los fines de semana. Había algunos pocos restaurantes aquí y allá, un hookah bar, una sex shop, y varias tiendas amontonadas en la misma línea. Todas a poca distancia.
Estacionar era un infierno, pero Eren logró encontrar un lugar decente unos bares más allá. Siguió el diseño de la rosa roja del letrero del bar Garrison y jaló las puertas.
El bar se había convertido en el favorito elegido entre Eren y sus amigos. Las bebidas estaban a un precio justo y la música siempre era agradable.
Eren se sentó con su grupo y Reiner le dio una palmada en el hombro.
—Joder, Reiner, creo que me rompiste el brazo —rio el castaño mientras Reiner lo sacudía alrededor.
—Estoy emocionado que finalmente estés aquí —habló fuerte el rubio—. ¡Ahora podemos oficialmente tomar un trago!
—Pudieron haber empezado sin mí —dijo Eren. Se frotó el hombro, aún sintiendo la marca de la mano masiva de Reiner.
—¡Hey! Ya sabes que es la regla del grupo. No beber hasta que todos estén aquí —dijo Reiner, apuntando un dedo firme en la cara de Eren.
—¿Qué pasa con Armin? —preguntó Bertholdt. El castaño negó con la cabeza.
—No puede venir —explicó—. Tiene que quedarse hasta tarde en el hospital esta noche.
—Aww, maldición —se quejó Connie—. ¡Ahora tenemos que depender de Marco para la supervisión!
Eren miró a Marco que se puso rojo ante la declaración de Connie. Sonrió nerviosamente, frotando la parte posterior de su cuello, mientras Jean deslizaba una mano alrededor de su cintura. Eren tragó con dificultad, riéndose junto con los demás, ignorando la repentina presión en su pecho. Evitó la mirada de Jean lo mejor que pudo, pero cuando capturó sus ojos, la culpa llenó el estómago de Eren. Y se preguntaba si Jean sentía la misma culpa implacable.
Juzgando por la confianza audaz en su rostro, Jean no sentía ni una pizca de algo que no sea orgullo.
—Por favor, no dependan de mí —dijo Marco suavemente—. Soy tan malo como todos ustedes. Deberíamos depender de Bert.
—Por supuesto que no vamos a depender de Bert —dijo Reiner guiñando un ojo. Bertholdt se puso al rojo vivo y enterró su cabeza en el hombro de Eren, tratando de escapar de las manos traviesas de Reiner.
—Vamos a resolver esto mientras avanzamos —dijo Eren, agitando una mano al grupo—. Solo hay que empezar. Esta semana ha sido un puto infierno.
La sugerencia fue aceptada por todos y después de unos pocos minutos, todos ellos estaban terminando su primera ronda de shots. Eso aflojó los nervios de Eren, solo lo suficiente. En realidad no quería emborracharse. Principalmente porque no sabía lo que podría decir o hacer.
Dado cualquier otro día, de buena gana hubiera bebido hasta quedar inconsciente para olvidar la semana. Pero con Marco y Jean tan cerca, no quería arriesgarse. Podía murmurar algo que lamentaría al día siguiente.
—Eren, no estás bebiendo mucho esta noche —se burló Connie, dando sorbos a su tercera cerveza—. ¿Mikasa te dio una advertencia?
—Solo estoy siendo precavido —dijo el chico, dando toques a su botella vacía—. No quiero estar tan borracho que me sienta enfermo en la mañana.
—Pues sería la primera vez —Jean se echó a reír. Eren rodó los ojos. Esas eran las primeras palabras directas que Jean se atrevía a decirle en toda la noche.
—Anda a tomar otro trago, Eren —dijo Reiner, empujando el hombro del castaño—. Es raro que no tomes con nosotros. Es el final de la semana.
Eren estuvo indeciso brevemente. Era solo un trago más. Y en verdad estaba cansado de ver la cara de suficiencia de Jean. El castaño sonrió amargamente, haciendo pasar su mueca como juguetona, y se apresuró a la barra para ordenar otra bebida.
Inhaló profundo mientras apoyaba las manos en la fría barra. Miró las botellas alineadas en la pared, su pecho apretado por los celos y culpa y preocupación. ¿Cómo podía sentir tantas emociones terribles a la vez? Estaba celoso de lo feliz que era Marco. Se sentía culpable por lo que hacía con Jean cada pocos fines de semana. Estaba preocupado porque todavía era un fracaso para su padre. No importaba lo mucho que bebiera o lo rápido que pudiera olvidar, esas eran cosas que aún le molestaban.
Eren puso una mano sobre su boca, angustiado por lo asqueado que estaba consigo mismo, y finalmente exhaló.
—Oi, te ves jodidamente enfermo, mocoso. Si vas a vomitar, no lo hagas en mi puto traje.
Eren salió de sus pensamientos y miró al hombre que hablaba con él. Estaba bien vestido para alguien en un bar; un buen par de pantalones con una elegante camisa asomándose debajo del saco de su traje. Eren miró el cabello negro del hombre y el extraño corte que lucía. Bajo el lío de negros mechones, Eren vio unos penetrantes ojos grises, sombras oscuras debajo de ellos con una buena cantidad de pliegues profundos en las esquinas.
Era definitivamente mayor, Eren estaba seguro de ello.
—Lo siento —dijo el chico—. Pero no estoy enfermo. Solo estresado. No voy a vomitar en tu traje.
—Me alegra escuchar, mierda —dijo el hombre, mirando un menú.
Los ojos de Eren se abrieron a la vista de aquello y se inclinó más cerca para mirar por encima del hombro del sujeto. Incluso sentado, Eren podía ver fácilmente sobre la cabeza del hombre y se preguntó qué tan alto era el extraño.
El hombre deslizó el menú para que Eren pudiera tener un mejor vistazo.
—Gracias.
—Mn. ¿Vienes aquí a menudo? ¿Qué es bueno?
—Por lo general me quedo con cervezas o shots.
—Ustedes malditos niños con sus estómagos de hierro.
—¿Celoso, viejo? —bromeó Eren. El hombre levantó una ceja y una sonrisa de superioridad reemplazó la tensión en sus labios por un breve segundo. Eren sonrió y volvió a mirar el menú—. Quiero algo dulce. Creo que voy a tener el vodka mix de fresa y granada.
El hombre levantó una mano, mostrando un reloj brillante en su muñeca. Hizo un gesto al barman en el primer vistazo.
—¿Sí, señor?
—Dos fresa-granada con vodka, cerezas extras —dijo, entregándole el menú de vuelta. El barman asintió y comenzó con sus bebidas. Eren observó con curiosidad mientras el hombre se recostaba en su silla—. Nunca respondiste mi pregunta, mocoso.
—¿Hm?
—¿Vienes aquí a menudo?
—Eres persistente, viejo —dijo Eren—. Pero sí, vengo aquí a menudo. Bueno, con mis amigos.
El hombre miró por encima de su hombro mientras Eren hacía un gesto a su grupo. Permaneció en silencio y se volvió a la barra cuando el barman dejó las bebidas y la cuenta. Eren metió la mano en su bolsillo de atrás, buscando su billetera.
—¡Espere! —llamó el chico al barman—. Son separadas-
—No te preocupes por eso —dijo el hombre de cabello negro. Cogió las cerezas de su trago y las dejó caer en el de Eren—. Yo me encargo. Anda disfruta tu fiesta, mocoso.
—No, no, yo puedo pagar el mío.
—Oi, dije que vayas —dijo el hombre de nuevo—. Yo invito.
Eren estaba vacilante. No sabía el nombre del pelinegro ni nada. Pero aun así tomó su trago con cautelosas manos. Sabía que nunca debía aceptar una bebida directamente de las manos de un extraño, pero había visto al barman todo el tiempo. Y la única cosa que el hombre puso en la bebida de Eren fueron más cerezas. Que vinieron directamente del barman. Realmente no había forma de que el hombre pudiera haberlo drogado.
—Gracias.
—No hay problema, mocoso.
Eren dio media vuelta y caminó a través del bar hacia donde se encontraban los demás. Comió una cereza mientras se acercaba y arrojó el tallo en la mesa.
—¿Tienes suficientes cerezas ahí, Jaeger? —se burló Jean.
—Oh, cállate, caballo —espetó el castaño, masticando otra cereza. Le arrojó el tallo a Jean esta vez y tomó un trago.
Todos se rieron, excepto por Jean, y siguieron bebiendo. Bebiendo y desquitándose sobre sus clases y profesores. Marco de repente corrió alrededor de la pequeña mesa, inclinándose al oído de Eren.
—Eren, no quiero ser raro, pero ese tío en la barra ha mirado en tu dirección como diez veces en los últimos tres minutos —susurró el pecoso—. Solo pensé que deberías saberlo —terminó, agarrando juguetonamente una cereza de la bebida de Eren y se apresuró a volver al lado de Jean.
Eren tomó un sorbo final y miró por encima de su hombro. El hombre no estaba viendo en su dirección en ese momento, pero definitivamente estaba volteado en su asiento. Eren se dio la vuelta, mordiéndose el labio.
—Voy por otra bebida.
—¡Claro que sí lo harás! —dijo Reiner, sacudiendo a Eren por el hombro de nuevo. El castaño se aferró a la mesa mientras era zarandeado fuertemente—. ¡Anda, date prisa!
Eren se frotó el hombro mientras se dirigía a la barra de nuevo. Esta vez, sin embargo, se acercó a un lugar diferente. Le hizo señas al barman y pidió una cerveza simple. Cuando sacó su billetera para pagar, el barman negó con la cabeza.
—Ya está pagada.
—¿Huh?
—Sí, ese hombre de ahí la compró —dijo el barman.
Eren sacudió la cabeza.
—Espera, ¿qué?
—Me dijo que lo que sea que "el mocoso flaco con jeans rasgados y la camiseta de Metallica" compre, él invita —el barman se encogió de hombros, volteándose y alejándose para atender a sus clientes. El chico tomó un sorbo de su cerveza y caminó por la barra, con los ojos fijos en el extraño bien vestido.
—Entonces —dijo Eren—, ¿soy un mocoso flaco?
El hombre se echó hacia atrás en su silla y levantó una ceja.
—Te ves como uno para mí. Pero eres, de hecho, un mocoso.
Eren dejó la cerveza en el mostrador, apoyándose en la superficie dura, y puso la otra mano en su cintura.
—No soy un mocoso.
—Eres un mocoso de mierda.
—¡No lo soy! Ahora, ¿por qué me estás comprando bebidas?
El hombre se encogió de hombros.
—Eres lindo. Es mi dinero. Tengo permitido hacer eso.
Eren permaneció en silencio. Realmente no tenía forma de discutir la lógica del hombre. Era su dinero…
—No estoy… tratando de tomar ventaja o algo —dijo el castaño—. No deberías…
—Sé que no estás tratando de tomar ventaja —dijo el azabache casualmente—. Y no estoy tratando de hacerte sentir incómodo. Anda con tus amigos y ordena lo que quieras beber. Pasa un buen rato. Eres joven, lindo y aparentemente tienes un carácter de mierda. Ve y diviértete.
Eren no podía entender lo que estaba oyendo. Se apoyó más en la barra, tomando un trago más que un sorbo de su cerveza. El hombre lo miró, no con un ápice de lujuria en sus ojos o compasión por el ahora pobre universitario, sino más bien con puro interés. Un relajado interés.
—¿Cuál es tu nombre, señor Benefactor? —preguntó Eren.
—Hm. Creo que me gusta la forma en que señor Benefactor suena, en realidad.
El menor le dio una palmada en el brazo juguetonamente.
—Vamos. Al menos dime eso. No estoy pidiendo tu número. Soy Eren.
—Bueno, Eren, soy Levi.
—Levi —reflexionó el castaño—. ¿Le compras bebidas a todos los chicos jóvenes que conoces en bares?
—Solo los que cumplen con mis altas expectativas —respondió Levi—. Así que no.
—Mhm, me siento honrado de cumplir con tus altas expectativas —Eren remarcó su frase arqueando la espalda, descansando adecuadamente sus codos en la barra. Levi levantó una ceja, sus intensos ojos recorriendo el cuerpo del menor.
Eren sonrió y se apartó de la barra, terminando su cerveza. Se alejó de manera provocativa y esta vez miró por encima de su hombro. Atrapó a Levi mirándolo atrevidamente, sin tratar de ser discreto al respecto tampoco.
Y se detuvo, observando a Levi. Miró de vuelta a sus amigos y luego a Levi de nuevo. El hombre de cabello negro estaba volteado otra vez, tranquilamente dando sorbos a su bebida. Eren mordió su labio inferior, considerándolo. Podía ir con sus amigos y sentir como si estuviera siendo juzgado silenciosamente por Jean. O podía ir con Levi; donde no había culpa, ni preocupaciones, ni nada colgando arriba suyo haciéndolo sentir enfermo y asustado.
Eren se apresuró a regresar a la barra, golpeando sus manos contra el duro mostrador. Levi lo miró con curiosidad.
—Pensándolo bien, creo que me quedaré por aquí —dijo—. Si no te importa un poco de compañía.
—Si quieres otro trago, solo pide uno. No voy a hacer que te quedes aquí cuando tienes un grupo de amigos por allá.
—Lo sé —dijo Eren con amargura. Sonrió, sin embargo, para aliviar sus propios nervios. Para pretender como si estuviera a gusto y hacer que Levi sienta lo mismo—. Pero los puedo ver en cualquier momento. Todos somos malditos vecinos. Así que vamos a conocernos esta noche.
Era una invitación que Levi tomó y Eren estaba feliz de dar. Apenas una hora más tarde, Eren había renunciado a su promesa de no emborracharse a favor de dejarse llevar. Por supuesto que había estado peor, donde ni siquiera podía estar de pie, pero estaba lo suficientemente ebrio para sentarse descaradamente en el regazo de Levi y estar consciente de lo que estaba haciendo. Y el hombre no tenía ningún problema mientras presionaba una mano en la cintura del castaño para mantenerlo en su lugar.
Eren mantuvo su boca abierta, esperando que otra dulce fresa sea colocada en su lengua. Levi cogió la fresa de su bebida y la puso contra los labios húmedos de Eren. El castaño la mordió, ignorando la forma en que los jugos resbalaron por su barbilla. El mayor limpió su boca, dejando la fruta en la mesa.
—Ya estás putamente consentido, mírate —dijo Levi—. Mocoso sucio.
—Tu culpa —Eren arrastró las palabras. Acarició la cabeza de Levi cariñosamente. El azabache no devolvió la acción, pero se rio entre dientes, ajustando su mano para sostener mejor a Eren en su regazo. Levantó la fresa de nuevo.
—¿Más?
Eren abrió la boca y sorbió la fruta mientras la mordía, haciendo un desastre a propósito. Un show deliberado para Levi. Se apartó de la roja fruta, lamiéndose los labios y capturando la mirada de Levi.
—¿Qué tan increíblemente borracho estás?
Eren se encogió de hombros y se inclinó más cerca. Mordió la oreja de Levi, manchando con jugo de fresa todo el cabello y piel del mayor.
—No tan borracho como piensas —ronroneó, dejando caer la mano para tirar de los pantalones de Levi. Sus dedos se arrastraron sobre el cinturón que encontró, rozando peligrosamente cerca del bulto endureciéndose entre las piernas del mayor—. Sé que me gustaría ver tu polla esta noche.
—Bueno, ¿deberíamos seguir perdiendo el tiempo aquí o encontrar un lugar más tranquilo?
—Creo que eso suena como una muy buena idea —Eren canturreó, mordiéndose el labio. Levi palmeó al castaño en la espalda, un silencioso gesto de que se pusiera de pie. Eren se aferró a la barra mientras se levantaba, para probar su habilidad de mantenerse parado. Para su sorpresa, estaba más estable de lo que pensó. Se rio para sus adentros, complacido de que podía pararse por sí mismo, y esperó a que Levi terminara de pagar.
El hombre apoyó su mano en la parte baja de la espalda de Eren, guiándolo orgullosamente a través del bar.
—¡Eren! ¿Qué carajos?
El castaño miró a su alrededor y vio a Jean abriéndose paso a través de los otros clientes del bar, hasta que fue capaz de alcanzar a la pareja. Agarró al chico del brazo y tiró de él hacia atrás.
—¿A dónde diablos vas?
—Afuera —espetó Eren—. Más afuera.
Jean señaló a Levi.
—¿Con este viejo bastardo?
Levi bufó, rodando los ojos. Jean miró alrededor, jalando a Eren cerca y hablando en un tono que solo ellos dos podían escuchar.
—No puedes follar con otras personas.
—Discúlpame —escupió el castaño, empujando a Jean—. No estamos saliendo. Puedo hacer lo que quiera. Así que anda a relinchar a otro lado.
Eren se giró, agarrando a Levi del brazo y prácticamente arrastrando al azabache fuera del bar. No tenía que aguantar a Jean. No le debía ninguna respuesta. No eran novios, después de todo. Solo amigos que follaban en circunstancias completamente equivocadas.
Pero Eren no quería pensar en Jean o los otros. Todo lo que quería era el hombre a su lado.
En el momento en que la puerta se cerró, Eren fue presionado contra la pared. No estaba seguro de si había tirado a Levi hacia él, o si el hombre lo había empujado. Pero tenía sus piernas envueltas firmemente alrededor de la cintura del mayor y los brazos sujetando los anchos hombros del hombre para sostenerse.
Para un hombre de su estatura, Levi era más fuerte de lo que Eren había sospechado. Era más bajo, pero su cuerpo, por lo que Eren podía sentir a través de la ropa, era espectacular. Eren echó su cabeza a un lado, dejando a Levi atacar la sensible piel de su cuello, provocando un largo gemido con cada mordida. Apretó el trasero de Eren a través de los jeans, pero la falta de contacto de piel contra piel estaba volviendo loco al chico.
—Mierda, Levi —jadeó Eren, moviendo sus caderas—. Joder, vamos ya, no quiero esperar toda la noche. Puede que te dé un infarto y mueras antes de acabar.
—Eres una pequeña mierda descarada —rio Levi, mordiendo la clavícula de Eren. Se separó de la pared, el castaño aún en sus brazos.
Eren rápidamente ajustó su agarre, abrazando más cerca el cuello de Levi y envolviendo firmemente sus piernas alrededor de la ancha cintura del mayor. El pelinegro lo llevó por la casa y a través de su borrosa excitación, Eren contempló todo. Las hermosas pinturas, los muebles bien cuidados, la manera en que las superficies de mármol reflejaban las luces del techo.
Cerró sus ojos y frotó sus caderas contra el cuerpo de Levi, tratando con todas sus fuerzas de ganar algo de fricción. Levi lo mordió en la clavícula otra vez, abriendo una puerta de una patada. Sacó la mano de Eren de su cuello y lo dejó caer sobre la cama. El menor rebotó en la suave superficie, sentándose para alcanzar a Levi. El pelinegro jaló de la camiseta de Eren y este cedió, dejando al mayor tirar la camiseta a través de la habitación. Eren se tumbó con un estremecimiento, extendiendo sus manos alrededor de su cabeza y mirando a Levi. Vio al hombre remover su chaqueta, doblarla con meticuloso cuidado, y ponerla ordenadamente encima de una cómoda.
Eren lamió sus labios, viendo al azabache quitarse la camisa luego y revelando una musculosa espalda. Un gemido accidental escapó de la boca del menor mientras observaba la pálida piel que tan desesperadamente quería marcar. Dejó que sus ojos bajaran, admirando la curva de la espalda de Levi. Observó el tatuaje en el costado del pelinegro mientras se volteaba —un par de alas cruzadas en blanco y negro. Eren se afianzó a la cama y se mordió el labio mientras Levi caminaba hacia la cama.
El castaño se levantó y se sentó en sus rodillas, pasando sus manos por el tonificado pecho de Levi, sorprendido por la firmeza y las curvas de los músculos en la punta de sus dedos. Se inclinó hacia adelante, moviendo su lengua contra un pezón, sus manos todavía recorriendo el duro estómago de Levi. Eren levantó la mirada hacia él, sintiendo una suave mano en su cabello, y arqueó su espalda dándole un show al mayor.
—¿Qué es lo que quieres? —preguntó el mayor, su voz baja y sensual, enviando una descarga directo a la entrepierna del castaño.
Eren sonrió, mordiendo el pezón del hombre mientras se alejaba. Metió un dedo a través del cinturón de Levi, dándole un pequeño tirón.
—Quiero probarte —ronroneó—. Por favor.
—Eres un buen chico educado —dijo Levi, desabrochando su cinturón y sus pantalones. Los sacudió alrededor de sus caderas y Eren esperó pacientemente por lo que tanto quería ver.
El azabache sacó su polla de sus boxers, ya lo suficientemente dura para curvarse y levantarse por sí misma. La propia erección de Eren se sacudió y bajó la cabeza, abriendo su boca. Volvió a mirar a Levi con una sonrisa burlona en su rostro.
—No tengas un ataque al corazón —susurró Eren, dejando que la punta del pene de Levi rozara con sus labios. Miró la gruesa verga enfrente de él, dejando que la cabeza rozara contra su mejilla. Dos piercings adornados con barbells, contó el menor; uno justo debajo de la cabeza y el segundo descansando en la base, justo encima de los testículos en orgullosa exposición.
Eren se estremeció.
Movió su lengua y la mano de Levi fue a su lío de cabellos castaños. Eren se acercó más, abriendo su boca más ampliamente para tomar toda la longitud de Levi. Dio unos generosos lametones hasta que supo que Levi estaba completamente duro. Luego empezó a chupar, trabajando su cuello y lengua sobre toda la dura polla de Levi. El pelinegro movió sus caderas lentamente, ligeros gruñidos escapaban de su garganta mientras empujaba más profundo.
Eren ahuecó sus mejillas y relajó su mandíbula, dejando que toda la verga de Levi entrara en su boca. Sintió el primer piercing deslizándose por su garganta y luego el segundo contra sus labios. La saliva se acumuló sobre su barbilla, goteando sobre su pecho desnudo y la cama. Se echó hacia atrás y jadeó en busca de aire, sus labios completamente relucientes y mojados. Levi pasó su pulgar sobre los suaves labios de Eren y este rápidamente sacó la lengua, saboreando los dedos del mayor. Agarró la mano de Levi y con avidez llevó los largos dedos dentro de su boca, chupándolos y gimiendo lascivamente.
El azabache apartó su mano y empujó a Eren sobre su espalda. El castaño soltó una risita mientras rebotaba contra la cama, extendiendo sus piernas desvergonzadamente para Levi mientras este se subía sobre él. Empezó a trabajar en los pantalones de Eren, desabrochándolos y tirando de ellos hacia abajo. El menor arqueó sus caderas para que Levi deslizara sus pantalones y ropa interior en un rápido y fluido movimiento. El mayor sacó la ropa, dejándola caer a un lado de la cama, y empujó sus caderas contra las de Eren.
—Oh mierda, Levi… —suspiró el chico, cerrando los ojos y disfrutando del húmedo contacto. Levi movió sus caderas lento, dolorosamente lento, y Eren levantó las suyas, su cuerpo ya temblando—. Carajo, Levi, deja de calentarme. Ya fóllame.
Levi se rio entre dientes, mordiendo los pezones de Eren. Se apartó y el chico gimoteó, mirando a Levi llegar a la mesita de noche. Le arrojó una botella de lubricante a Eren y volvió a buscar de nuevo en el cajón.
El castaño cogió la botella y vertió lubricante en sus dedos. Se dio la vuelta sobre su estómago, empujando su trasero en el aire y deslizando sus resbaladizos dedos detrás de él. Rápidamente metió un dedo dentro de sí mismo, haciendo una mueca por el dolor inicial, pero trabajó rápido, logrando que dos dedos estén en su interior para cuando Levi se volteó, con un condón ya puesto sobre su miembro.
—Eres tan jodidamente impaciente —dijo el mayor, viendo a Eren meterse los dedos, escuchando los gemidos que soltaba. El pelinegro se sentó detrás de él, masajeando duros círculos con sus manos en las caderas de Eren, dejando que el castaño se dilatara solo. Levi se acariciaba perezosamente, frotando más lubricante en su pene mientras observaba el espectáculo puesto delante suyo.
Pero incluso él se impacientó y tiró de la mano de Eren. Las piernas del castaño se sacudieron por la espera y apoyó su cabeza contra las almohadas, sintiendo el lubricado pene de Levi presionando contra su agujero. El hombre entró lentamente, con cuidado de no hacerle daño a Eren. Metió la punta, sintiéndose succionado directamente en ese calor apretado. El castaño arqueó la espalda, empujando contra la entrepierna del mayor para tomar más.
Hizo un ruido entre un grito y un gemido.
—No te lastimes. Tenemos toda la noche —dijo Levi, deslizándose más profundo y frotando círculos reconfortantes en las caderas de Eren de nuevo. Pero el chico negó con la cabeza.
—Quiero ser follado. Solo cógeme. Hazme sentir bien con tu verga.
No hizo falta una segunda súplica para que Levi lo complaciera. Salió casi completamente, provocando un largo y bajo gemido de la garganta de Eren, y lo metió de nuevo hacia adentro. Marcó el ritmo, entrando y saliendo, golpeando contra las piernas de Eren con cada embestida.
Eren se perdió en la sensación vulgar. No era nada nuevo —en definitiva no era virgen—, pero Levi era prácticamente un desconocido. Un atractivo desconocido con una grande polla con piercings y una inclinación por gastar dinero en lindos clientes de bares. La atención era adictiva. No había emociones, ni dolor, ni nada uniéndolos juntos.
—¡Ahh, joder, Levi!
El hombre había inclinado sus caderas de manera diferente, atacando la próstata de Eren una y otra vez. El menor rodó los ojos de placer y abrió la boca, gimiendo sin pudor en el aire que se había vuelto caliente a su alrededor. Levi enredó los dedos en el cabello castaño, mientras que el cuerpo de Eren se contraía bajo el suyo. Apretó alrededor de la verga de Levi y se corrió sobre la cama, gritando el nombre del azabache repetidamente.
La estrechez repentina alrededor de la polla del mayor y los jadeos entrecortados de Eren fueron suficientes para que Levi lo siguiera. Se inclinó hacia adelante, su mano todavía en el cabello del chico, y volteó a este para que lo mirara. Atrapó los labios de Eren con los suyos, embistiendo en el apretado trasero debajo de él.
Los ojos llorosos de Eren se abrieron por el beso. Trató de separarse, por reflejo, pero el agarre de Levi en su pelo era fuerte. Así que se inclinó, dándole al mayor lo que quería, y observó el rostro del hombre retorcerse por el placer. Estaba ahogando un duro gemido con el beso; Eren podía decirlo por la forma desesperada en que respiraba, por las suaves vibraciones que sentía de la garganta de Levi. El cuerpo del azabache se sacudió, sudor aferrándose a su cabello negro y manchando la frente de Eren.
Esperaron a salir de sus orgasmos, ambos mareados y cansados. Se derrumbaron en la cama, sus fuertes respiraciones el único sonido llenando la habitación. Los propios latidos de Eren palpitaban en sus oídos mientras miraba a Levi. El hombre estaba observándolo de vuelta, llevaba la misma expresión aturdida.
Eren tragó nervioso, su cuerpo aún temblando.
—Yo… puedo irme…
Su voz estaba baja y suave. Una ligera sensación de vergüenza se apoderó de él y Eren volvió sus ojos a la cama en la que estaba, evitando la mirada de Levi. El menor ya estaba vagamente familiarizado con cómo funcionaban estas cosas. Consiguieron lo que querían. No había necesidad de permanecer demasiado tiempo ahí.
Levi se incorporó, pasándose una mano por el cabello. Dio un beso —otro beso— al hombro de Eren y se arrastró fuera de la cama sin decir una palabra. El castaño lo vio alejarse y desaparecer en el baño. La luz se encendió, el agua corrió; podía escuchar el sonido del bote de basura siendo movido.
Levi reapareció, con una toalla en la mano. La tiró en la cama y cayó en la espalda de Eren. Poco a poco, el chico se sentó, pelando la toalla caliente y húmeda de su piel. Dejó un lugar fresco donde había estado.
—Límpiate —dijo Levi, tirando del edredón—. Y dame esto. Necesito ir a lavarlo.
Eren asintió y se movió alrededor para que Levi pudiera tomar la pesada manta. Desapareció de nuevo y el castaño se limpió a sí mismo. Miró su ropa en el piso, demasiado débil para siquiera pararse y recogerla. Sus piernas todavía estaban adoloridas y se sentían como gelatina.
Levi regresó y Eren tragó saliva.
—¿Debería irme? —repitió la pregunta después de aclararse la garganta y esta vez se aseguró de hablar más fuerte.
Levi apartó las sábanas, sacudiendo la cabeza.
—Solo acuéstate. Puedes irte en la mañana. Descansa un poco, mocoso.
Eren asintió y se acurrucó bajo las sábanas con él. Se acomodó sobre las almohadas y en realidad absorbió su fresco aroma. Rodó sobre su costado, de espaldas a Levi. Esa era su reacción normal. Siempre fue así con Jean, con sus ex, con los demás sin nombre; y Levi no era diferente.
Excepto que Levi había tirado un despreocupado brazo sobre los hombros de Eren. Y los ojos de Eren estaban completamente abiertos.
—No me… gusta abrazar después del sexo —susurró el menor. No hubo respuesta inmediata. Solo Levi deslizando su brazo lejos para dejarlo caer en la cama. Eren tragó—. Lo siento…
—Mn. Parecía que sí. Estaba siendo educado, mocoso. Anda a dormir.
Eren se rio y cerró los ojos. Jaló la sábana sobre sus hombros y se hizo un ovillo. Era la primera vez, en mucho tiempo, que no se movía o daba vueltas en la cama de otra persona. No se sentía culpable. No estaba inquieto. Estaba contento, para variar. Y estaba feliz de que alguien realmente trató de abrazarlo para variar.
Pero en realidad, solo estaba exhausto y listo para descansar. No le tomó nada de tiempo el quedarse dormido.
N/T: Primero que nada, perdón por la demora, se suponía que iba a subirlo ayer, pero la universidad es perversa… Así que si algo suena mal, háganmelo saber, por favor QwQ
Comenten si les gustó la limonada :v Agradezco sus reviews, me hacen ver que hay gente que está interesada.
Espero actualizar cada semana. Espero… Bueno, si no han leído mi otra traducción Haute Couture Love, los invito a hacerlo. Ese lo actualizaré en dos días. ¡Nos vemos!
