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LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.
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ROTO
(Tengo que agradecer a Himepeti por haber leído el borrador de este capítulo y su atinada opinión. Te amo.)
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Hinata apenas había dejado de llorar cuando fue bajada con fuerza del vehículo, frente a un alto edificio de cristales reflejantes, en un lujoso sector residencial de la ciudad.
—Esperen aquí. Volveré enseguida a darles indicaciones— Neji sostuvo una mirada firme sobre el que parecía ser el jefe de seguridad de los hombres que lo acompañaban. El sujeto fuerte y vestido de negro asintió, dejándole una leve inclinación.
La fuerza que el castaño imprimía en el brazo de Hinata incrementó, obligándola a ignorar las gotas de lluvia que no dejaron de caer. Ella luchó por mantenerse digna pese a lo enrojecido de sus ojos y nariz.
—Vamos— tiró de ella.
—¿A dónde vamos y qué es aquí? ¡¿Qué estás haciendo?! — su voz ronca denotó rastro de dolor. Neji siguió jalándola y lejos ya de las miradas lastimeras, encontró valor para enfrentarlo —Neji, ¡¿por qué te portas así?! — se tironeó pero no logró soltarse, al contrario, se lastimó por la fuerza de su primo.
—¡No finja ya que no lo sabe! —su voz sonó más grave cuando llamó al elevador.
Ante el nuevo tirón los ojos de Hinata volvieron a escocer y casi se atragantó al detener su llanto cuando fue arrojada al interior del mecanismo.
—¡Basta ya! ¡¿Qué es este absurdo?! —limpió con brusquedad sus lágrimas —¡Vas a explicarme exactamente qué estás haciendo!
Neji sonrió con ironía cuando hizo subir el elevador —¿Pensará negarlo ahora? ¡Innecesario y absurdo! — soltó lo último viéndola arriba abajo— Más bien tiene mucho qué explicar.
Hinata enderezó su rostro, no supo cómo lo logró.
—No hay nada que tenga qué decirte. Y absurda es la calumnia en la que caes— tiñó de seguridad su voz controlada, pero no podía permitirle saber la verdad. No a él, menos así — Acabas de ofenderme y humillarme como…
—¡No se atreva a negarlo!
Los ojos violáceos más pequeños temblaron y Hinata consiguió no respingar ante lo fuerte de su voz —¿Negar qué? ¡Por Dios! Has llegado y comenzado a decir disparates y a tratarme como…
Neji golpeó la pared metálica del elevador, acorralándola y Hinata, llorosa, apenas pudo no bajar su rostro. Enfrentó a Neji con la desesperación de cubrir a Sasuke, pero temía fracasar en cualquier momento. Los ojos de Neji y su rostro contraído en furia viva, amenazaban con arrastrarla al pánico.
—Lo sé todo— la lentitud con la que sus palabras salieron heló a Hinata.
Ella sorbió su llanto y se alejó de su cuerpo.
—Ah, ¿sí? ¡¿Todo según quién?! ¿Cuándo me has preguntado a mí si es verdad? Ni siquiera me has dejado hablar, ¿te das cuenta?
Neji apretó sus sienes, controlando su ira.
—No intente negarlo— advirtió volteando a verla lentamente —. Mejor dígame ¿por qué lo calló?
—¡Qué nada ocurrió! Yo…
—¡Su amigo rubio me lo contó! —interrumpió girando su cuerpo. Hinata respingó y cuando el elevador se detuvo, Neji golpeó el botón que mantendría las puertas cerradas y ella empequeñeció ante su altura. Neji tomó su rostro obligándola a verlo a los ojos — Llegó a la constructora y escuché por él lo que tuvo que haber dicho usted. ¿Por qué lo ocultó?
Hinata quiso negar, pero Neji apretó su agarre, volviéndole a llenar los ojos de lágrimas.
—¿Qué ha hecho él con usted?
—Nada.
—¿Negará que la forzó? ¿Negará que lo hizo mientras usted estaba ilusionada de otro? —su voz perdió coraje y al agravarse de una forma distinta, ella pudo ver en sus ojos rastros de dolor y decepción mientras parecían humedecerse — ¿Dirá que él no se obsesionó con usted al punto de violarla?
Hinata negó con ojos aguados.
—¿Era mentira que usted no dejaba de llamar a Naruto, de quién gustaba, mientras ese bastardo estaba obligándola? —él vio una lágrima de Hinata rodar y un nudo amenazó con formarse en su garganta —Dígame— rogó—, ¿dónde lo hizo? ¿la golpeó hasta lograrlo? ¿la amenazó de alguna forma? ¿siguió haciéndolo?
—¡No! —cuando Neji dejó de imprimir fuerza ella se soltó y se alejó a la esquina contraria. Sus ojos dejaban libres lágrimas calientes al recordar y más al saber que Neji imaginaba cosas horribles.
—¿Lo negará?
Hinata asintió con un nudo en la garganta que le ahogaba las palabras.
—¿Lo negará? —volvió a preguntar con menos voz y la vio desesperarse. Aun así, Hinata asintió — Usted no lo merecía.
Hinata hipeó y ya no pudo controlar su llanto.
—Por más que lo niegue, nunca le creeré— continuó Neji—. No se desgaste. Lo que no entiendo, es por qué sigue con él. ¿Está obligándola? ¿La ha amenazado?
—¡No! ¡No me ha amenazado de ninguna forma!
—Tuvo que hacerlo —meditó él dejando de verla—. Ese bastardo sigue aprovechándose de usted.
—¡No! Yo estoy con él porque deseo estarlo. Neji, yo lo…
—¡Ni siquiera se atreva a decirlo! —advirtió él volteando a verla. Hinata luchaba por controlar su llanto, pero sus ojos delataban su vulnerabilidad. Él bufó y arrastró su cabello —Venga.
Cuando Hinata volvió a ser jalada para salir ya no quiso resistirse. Neji sabía todo, necesitaba hablar con él y explicarle, no todo era tan terrible como lo estaba imaginando… lo había sido en otras magnitudes, pero ya no.
—Sé lo que piensas— habló caminando tras él.
—Ni siquiera lo imagina— la interrumpió y ella vio en sus ojos un profundo dolor, pero también cólera dirigida a ella cuando volteó a verla. Eso le partió el corazón.
—¡Tienes que escucharme! —ella tiró del brazo donde la sujetaba y él le permitió soltarse, al no querer hacer un escándalo — ¡No fue exactamente así como ocurrieron las cosas y…!
—¿No fue exactamente así? —el par de miradas similares chocaron, pero una notoriamente más molesta que la otra. Neji se forzó a tomar unos segundos casi sin respirar. Cerró sus ojos obligándose a contenerse. Cuando los abrió, la mirada de Hinata perdió fuerza al reconocer al primo que siempre la quiso — No pretendo lastimarla —aclaró moderando su carácter—. Pero por favor, déjeme ayudarla. No me haga esto más difícil.
Ella negó y se desesperó al no lograr comunicarse con él —Tienes que entenderme—rogó—. Escúchame, por favor. Ya no voy a negar lo que sabes —dijo al verlo en silencio y dos largas lágrimas rodaron—, pero han pasado muchas cosas más.
Neji volvió a sentir que su sangre se calentó al escuchar ese «pero» que parecía justificarle. Tensó su mandíbula y se negó a verla.
—Quiero que sepas que no lo pedí— Hinata hizo sonar su voz con más fuerza. En su departamento Neji había insinuado que ella lo permitió y ella debía dejarlo claro desde un inicio.
—¡Por supuesto que no! Usted misma debe de entenderlo.
—Desde luego que lo entiendo, ¿de qué estás hablando? No lo pedí. Lo sufrí cada minuto y no lo consentí.
Él tembló al contener las ganas que tenía de golpear algo. No a ella, a la que ni siquiera se atrevió a ver. Hinata estaba entrando en un estado enérgico, casi alterado al no conseguir ser tomada en serio. Sus lágrimas no parecían dejar de brotar pese al coraje en su mirada.
—Fue la cosa más terrible que me ha pasado —continuó.
—Maldición— Neji arrastró su cabello, frustrado al escucharla.
—¡No lo he superado! —batalló por decir—, pero intento hacerlo.
—Basta ya.
—¡No!
—Hinata-sama…
—Niisan, tienes que saber que…
—¡Suficiente! — volvió a tomarla del brazo para hacerla caminar.
—Sasuke no es el villano que crees que es —dijo al ser forzada a avanzar.
Ella apretó sus ojos y tembló cuando Neji la hizo detenerse con brusquedad. La tomó con ambas manos del rostro.
—Por favor, no se haga esto— exigió ocultando tras lo tenso de su voz toda su frustración.
El rostro de Hinata se contrajo en dolor y cuando volvió a llorar Neji se obligó a soltarla.
—¡¿Hacerme qué?! Imagino lo que piensas y…
—No siga por ahí — él la hizo seguirlo largos metros por ese pasillo impecable y vacío. Luego ambos se detuvieron frente a una puerta marcada con la letra «J». Neji llamó.
—Va a guardar silencio y a comportarse si no quiere que ese imbécil la pase muy mal.
—¿Ahora vas a amenazarme? Por Dios, ¿qué está pasando? — Hinata, frustrada, no sabía si seguir llorando, pelear o gritar hasta que él la escuchara.
Neji apretó su brazo y ella gimió al no soportarlo.
La puerta se abrió y una chica con semblante serio apareció. Los ojos llorosos de Hinata la reconocieron con apenas verla.
Naori vio a uno y otro Hyuuga y luego, con un gesto condescendiente se hizo a un lado.
—¿Dónde?
—La habitación de huéspedes puede servirle— dijo ella ante la seca pregunta de Neji. Los vio pasar de inmediato en clara tensión, Hinata lloraba y a Neji parecía no importarle. Se mordió el labio preocupada al ver a su pareja tratar de esa forma a su prima. Todavía no estaba del todo segura si hacía bien en ayudarlo en esto.
—Permanecerá aquí hasta que consiga un lugar mejor para usted— dijo Neji, soltándola, al encerrarse con ella en una sencilla habitación.
Una sola cama matrimonial, dos burós, un sofá blanco, una cómoda con espejo, una puerta que seguro era de un baño y era todo lo que había. El lugar olía bien, a fresco, pese a que sólo había un ventanal pequeño, demasiado alto como para asomarse al exterior. Justo encerrada ahí fue que el frio volvió a calarle.
Hinata se llevó una mano a tapar su nariz enrojecida.
—¿Vas a encerrarme? —preguntó sin creerlo.
Neji sonrió sin ánimo, agotado.
—Espero que no sea necesario. Lo que sí, es que estará bajo mi cuidado hasta que decida qué hacer con usted.
—¿Qué hacer? —reprochó ella — ¡No soy una niña! ¿Y qué es esa amenaza de dañar a Sasuke? —se acercó a él, molesta y dolida. Neji no podía estar haciendo algo tan bajo.
Él ignoró su reproche centrándose en mantenerse lo más sereno posible —No es amenaza. La muerte es poco para lo que ese gusano merece— aclaró erguido en toda su altura y con las manos en los bolsillos de sus pantalones, sin pretender tocarla más—. Y juro, que estaré encantado en recibir cualquier estímulo de su parte que me lleve a hacerlo pagar.
—No te atrevas.
Él contrajo su rostro —¿O si no qué? ¿Piensa defenderlo?
—Hasta la muerte, ¿entiendes?
—¿Seguirá negando ahora el control que ese bastardo parece tener sobre usted? — Neji se tragó las ganas que tenía de abofetearla ante su tono de voz. Hinata lucía irreconocible. Él desvió su rostro a cualquier punto de esa habitación, queriendo poner su mente en orden. No podía dejar de ser él.
—No puedes hacerme esto. Ni acusarme de nada sin saber todo lo que ha ocurrido —aclaró dolida, señalándolo—. Lo que pasó fue un acto desafortunado que nos ha marcado a ambos, ¡Siempre lo hará! No tienes idea con lo que hemos lidiado para intentar superarlo.
Neji rio sin ganas, agotado mentalmente.
—¿Intentar superarlo? ¿Ambos? ¿Es eso lo que le dijo para hacerle creer que usted tuvo elección en quedarse con él o no? ¡Sasuke Uchiha dañó su cuerpo y jugó con su mente! La trastornó para hacerle pensar lo que él quiere que piense. ¡Abra los ojos!
Hinata tembló controlando su llanto y el profundo coraje que la invadió. Se dio cuenta que Neji no cedería un centímetro en el desprecio profundo que le profesaba a Sasuke y enfrentarlo solo incrementaría su renuencia a escucharla. Y su ira, también.
—Mi padre… —dijo en voz baja.
—Él volverá pronto y, como le dije, y usted debe saber, esto es poco considerando lo que obtendrá de él. Deliberando en su actuar, lo menos que puede esperar de su padre será ser enviada fuera del país. A ese imbécil lo refundirá en la cárcel, si es que no lo mata antes de ello.
Hinata apretó los puños y no pudo más que darle la razón. Hiashi Hyuuga sería su más grande juez, pero al menos podía escudarse en su nombre para recordarle a Neji que a pesar de ser la mano derecha de su padre, ella no dejaría de ser nunca su hija. Eso debía suponerle un alto a la reacción extrema que estaba teniendo —Nunca tendrás de mí nada que le delate— aclaró.
Neji apretó el puente de su nariz y vio a su frágil prima verlo con fiereza tras sus nobles ojos. Hinata siempre le había provocado la necesidad de amarla y protegerla. Sus ojos fueron a su brazo maltratado y rojo, donde él la había dañado. Se le atoró un nudo en la garganta. Se acercó dos pasos hasta estar frente a ella, viéndola contener el llanto y el aliento.
Ella se tensó al sentir la mano de su primo en su hombro y luego ser deslizada tras su nuca. Neji apoyó su frente en el sedoso cabello de Hinata. El pecho de ésta dolió más profundamente, pero quiso reconocer el amor que siempre se tuvieron asomándose tras ese acto poco pensado.
Ella tembló al aguantarse un sollozo. Después, Neji la apretó más hasta hacerla pegarse a su pecho y Hinata no entendió por qué tenía que estar enfrentando como enemigo a una de las personas que más amaba en su vida.
—¿Por qué? —la voz de Neji sonó ronca. Hinata entendió que para él tampoco era fácil.
—Porque lo amo — Hinata lloró y Neji apretó sus ojos, imprimiendo un poco más de fuerza en su abrazo —. Lo amo tanto.
Cuando Hinata quiso abrazarlo, Neji se alejó un poco.
—¿Qué te hizo? —su voz siguió siendo baja, íntima.
—Sé lo que piensas, Neji —se apresuró a decir—. Sé cómo suena esto, no puedo decirlo mejor— su voz era suave, cansada de pelear con él—. Estoy mal de la cabeza al estarlo defendiendo después de lo que me hizo, ¿no? Crees que siempre ha sido así, que él me ha forzado una y otra vez y yo te juro que…
—Por favor— la interrumpió sin creer poder escucharlo.
—¡No, Neji, debo decirlo ahora! ¿Sabes cuántas veces tuve la necesidad de hacerlo? ¿Cuánto deseé que estuvieras ahí?
Los ojos de él picaron y ladeó su cuerpo, escuchándola, pero sin querer verla directamente. Justo eso se preguntaba él… Hinata lo había necesitado y ¿dónde estuvo él? Entre las muchas personas que odiaba en ese momento, estaba él mismo.
—¿Cuándo fue? —se obligó a preguntar con voz ronca, probando su sinceridad. Recuperó distancia y no se atrevió a verla al darle la espalda.
Hinata se sentó en la cama, pero su pie se movió con insistencia, quería decir muchas cosas, pero temía no tener tiempo o claridad para lograrlo.
—Hace un año —dijo viéndolo llevar su mano a arrastrar su cabello largo —. Casi iniciando el semestre.
«Maldita sea» pensó Neji —. Estaba sola— reconoció él en voz alta.
Hinata mordió sus dos labios antes de continuar —Tanto— recordó.
Neji resopló frustrado y volvió sus pasos a ella. Se sentó en el buró cercano, inclinándose un poco.
—¿Por qué no me buscaste? — preguntó con intimidad viendo al suelo. Siguió tenso.
—¿Cómo iba a hacerlo? ¿Con qué cara? Tenía miedo, vergüenza. ¡Aún la tengo! —lloró pensando en que Sasuke debió mantener el secreto.
—No debió.
—Papá iba a juzgarme, lo sabes. Lo sabes ahora. Tú mismo lo has dicho.
—No por eso— quiso decir, sin querer que Hinata volviera sus palabras en su contra.
—Tenía tanta presión encima— continuó ella viendo al suelo, y sin poder dominar el movimiento de su pierna derecha, delatando su ansiedad —. Mi padre quería que fuese quien no puedo ser, supervisando casi cada paso que daba. Tenía que rendir en una carrera que no elegí. Aprendiendo a vivir con un presupuesto, alejada de la casa donde siempre viví —se atrevió a verlo al notar que la miraba—. Siempre quise satisfacerlos, eso me hace feliz. Lo juro. Pero de pronto mientras intentaba ser solo una chica común todo cambió.
—No debió callarlo.
Hinata negó y demoró unos segundos en encontrar su voz —Tuve tanto miedo de defraudarlos— reconoció. Hablar de lo ocurrido volvió a doler como en antaño.
Neji puso sus palmas sobre sus ojos y talló lentamente los mismos, escuchando y entendiendo.
—¿Él la obligó a callar? ¿La amenazó de alguna manera? —los ojos violáceos destellaban rabia, frialdad, al volver a verla.
Hinata negó —Juro que no. Él…—su rostro se suavizó.
—¡Deje de defenderlo! —ordenó al ponerse de pie, alzando la voz.
—¡Es que no lo hago! Neji… lo juro.
Él maldijo y paseó por la pequeña habitación.
—¿Cómo demonios he de creerle? ¡La ha envenenado completamente! No solo minimiza lo que…
—¡¿Minimizar?! ¿Crees que eso he hecho? —ella también se puso de pie comenzando a discutir nuevamente.
—¿Qué más si no? La he visto querer correr con él hace unos minutos. Se ha metido en su departamento encerrándose a su lado a mitad de la noche —alegó sintiendo su sangre volver a bullir al recordarlo —. Lo defiende como si le debiese algo. ¡No me haga pensar que ha aprendido a disfrutar lo que ha ocurrido!
Lo siguiente que sintió Neji fue su mejilla escocer. Las lágrimas de Hinata rodaron de sus ojos endurecidos y su palma picó.
—¡Ni siquiera te atrevas a insinuarlo! No tienes idea lo que he pasado hasta llegar aquí. No tienes derecho.
Él la vio de arriba abajo. Esa bofetada enfrió sus pensamientos y pese a reconocer la indignación y el dolor en los ojos de enfrente, no podía olvidar qué era ella para él. Era Hinata, la mujer de su vida —Dese un baño o enfermará, su ropa debe estar afuera. Hablaremos después.
Hinata tembló de impotencia, pero ya no tuvo ánimo de decirle nada. Lo vio salir y de inmediato volvió a dejarse caer sentada en la cama. Luego de unos segundos, sus lágrimas volvieron a rodar, pero esta vez se forzó a no hacer su llanto audible.
Se obligó a calmarse al apretar sus manos en el colchón. Debía pensar con la cabeza fría, se lo debía a Sasuke. Necesitaba hacerlo si quería volver a él. Justo en ese momento volvió a detestar a ese pelinegro por hacerles eso… ¿por qué tuvo que complicarlo todo si aprendían a lidiar con ello? Se creyó egoísta, pero podía soportarlo, pudo intentar ayudarlo si él le hubiese confiado cómo se sentía. Pero no lo había hecho. Y ahora ella tenía que enfrentar las consecuencias de su decisión.
Secó sus ojos con firmeza y se tragó el nudo de su garganta. Bien, iba a hacerlo…enfrentaría lo que fuese. Sus ojos picaron negándose a dejar de llorar; seguro Sasuke la pasaba peor.
Cuando Hinata se obligó a no dejarse derrotar, pensó en su primo. Neji no era un enemigo, sólo estaba dolido y tenía una idea errada de lo que estaba ocurriendo. Iba a necesitar mucha paciencia y demasiada claridad para hacerlo razonar.
«Neji».
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—¿Qué fue todo eso? — preguntó Naori apenas Neji apareció en la sala.
—Te dije que no quería preguntas — él se detuvo a unos pasos de la puerta.
Ella sonrió molesta viendo las maletas de Hinata que habían subido minutos antes mientras ellos discutían —Es mi casa y no quieres preguntas. Irónico. Estoy enamorada de ti, pero no soy cualquier idiota. ¿La estás forzando a estar aquí?
—¿Ha intentado irse? No, no lo ha hecho— ironizó, molestándola.
—Es más que claro lo que haces.
—Si no estás de acuerdo, me la llevaré en unas horas —dijo él pretendiendo dirigirse a la salida —. No creí que esto te representara un problema tan grande.
Ella resopló —No es necesario —cedió, deteniéndolo cuando se iba. Cuando Neji le habló para informarle lo que había ocurrido con Sasuke y Hinata, lo escuchó realmente perturbado y prefirió ayudarlo para cargar con un poco de su tensión. Ahora seguía pensando lo mismo, por mucho que le molestara cómo trató a Hinata. Prefería estar cerca por si llegaba a ser necesario. Aunque detestaba reconocerlo, sabía bien la debilidad que tenía Neji ante Hinata; todavía sentía un poco de celos al no estar del todo segura de qué sentimiento hacía surgir esa debilidad.
—La sacaré pronto de aquí. Lo prometo —ella no dijo nada—. No pretendo hacerla sentir incómoda imponiéndole solamente mi presencia, pero no puedo permitirle estar sola tampoco.
Él salió luego de dejarle una mirada de agradecimiento. Ella se recargó en el respaldo de uno de sus sofás. Volteó de reojo a la habitación de donde Hinata no había hecho el intento de salir. Dio un suspiro profundo y luego tomó el par de maletas que le habían dejado.
Tocó y ella no respondió.
—¿Puedo pasar? —sonrió asomándose.
Naori se encontró con una Hinata de rostro enrojecido luego de llorar. La joven Hyuuga se forzó a sonreírle y se levantó de la cama, pero no se acercó.
—Oh, dejaron esto para ti— le mostró una maleta y cuando Hinata asintió, ella entró para dejarlas cercanas a la cómoda. Ante el mutismo de la peliazul, ella ya no pudo ignorar la incomodidad que se sentía —. ¿Estás bien?
—Eres Naori, ¿verdad? La… amiga de Neji y —titubeó— la prima de Sasuke— Hinata de inmediato notó cierta incomodidad.
La bonita chica asintió suavemente — Estás toda mojada, tienes un baño aquí mismo si gustas…
—¡Por favor! — Hinata se acercó a ella con prisa, tomándola por sorpresa — Necesito tu ayuda.
La otra la vio preocupada —Hinata, Neji me ha contado.
La peliazul dejó escapar el aliento soportando el deseo de decirle exactamente lo que le dijo a su primo momentos antes.
—Sé lo que piensan, pero las cosas no son tan fatales. Lo fue, en su momento, pero no ahora, no puedo explicarlo, por favor. Por favor, ayúdame a comunicarme con Sasuke. Él…
—Hinata, Hinata, espera— ella la tomó de las manos —, yo no puedo hacer eso.
—¿Por qué?
—Porque se lo prometí a Neji.
Hinata se apartó y se llevó ambas manos al rostro, queriendo entenderla, pero siéndole realmente muy difícil.
—Dale un tiempo, permítele asimilar las cosas, tal vez así…
—¿Tú le crees? —la interrumpió y volteó a verla. Necesitaba saber si podía contar o no con ella.
La chica dudó —No sé qué pensar. Yo… yo realmente...
Hinata dejó de verla y resopló frustrada. De pronto esta frustración ahogó tanto su garganta que se dio la vuelta y pasó de largo a la joven. Abrió la puerta buscando volver a pelear contra Neji porque le era necesario, pero no lo encontró. Naori salió apresurada tras ella.
—¡Hinata! ¡Hinata, por favor!
—¿Dónde está?
La joven de ojos negros se puso delante suyo —Salió un momento.
—Déjame pasar— pidió y se jaló cuando ella quiso sujetarla —. ¡No tienen derecho!
Hinata abrió la puerta cuando la chica la soltó.
—Ah, joder— se escuchó Naori.
—¿Dónde demonios se supone que va? —la voz gélida de Neji sorprendió a ambas.
—Pienso irme de aquí. Ni tú, ni ella tienen derecho a retenerme contra mi voluntad.
Neji sonrió molesto y apoyó sus manos en ambos costados del marco de la puerta, viéndola a la cara. Le habló luego de darle una mirada fugaz a su pareja: — Si hubiese puesto la misma pasión para mantenerse así de digna después de lo que pasó, tenga por seguro que no estaríamos aquí.
Las palabras filosas calaron tanto en Hinata que sus ojos molestos volvieron a aguarse. Que su primo estuviese reprochándole ese tema tan delicado se sintió como un bisturí hundiéndose en una herida recién abierta.
—Neji— Naori resintió su crueldad.
—Pretendí no caer en esto, pero no me dio otra opción— dijo él y volvió a forzarla para llevarla al dormitorio —. Su padre llegará antes de lo planeado. Le sugiero que se replantee sus planes, porque de lo contrario nadie la pasará bien.
—¿Qué quieres decir? — ella buscó volver a él, pero Neji se lo impidió.
Él sonrió, molesto —¿Usted qué cree?
—Si crees que teniéndome aquí cambiaré mis sentimientos por él, estás equivocado. Padre tampoco logrará nada.
—Entonces, veremos— dijo él y buscó cerrar la puerta.
—No tienes nada, Neji —Hinata sujetó la manija—. Que tú sepas lo ocurrido no cambia nada. Yo nunca diré una palabra que lo perjudique.
—Ni siquiera es necesario. Si sabe lo que le conviene, o si lo valora a salvo, tendrá que encarrilarse.
—¿Qué quieres decir? ¡Neji! —Hinata golpeó la puerta cuando él la cerró, dejándola sola en el interior —¡Neji!
Él la encerró dentro y fijó sus ojos en los indignados de Naori.
—¿Qué demonios haces?
—La sacaré pronto de aquí. Estoy arreglando eso— él apretó el puente de su nariz y avanzó a la sala.
Ella lo siguió —Eso no fue lo que jodidamente te pregunté —forzó su voz para no alzarla, pero su molestia era innegable—. ¿Qué pretendes?
—Ya lo oíste. Si es necesario que la fuerce a volver a su camino, lo haré.
—¿Y su camino es?
—Déjalo ya.
—¿Qué te molesta, Neji? —ella buscó su mirada cuando él le dio la espalda — ¿Que Hinata esté y deseé estar con Sasuke después de lo que supuestamente él le hizo, o que haya decidido de verdad tomar un camino lejos de ustedes?
—¡Hinata no sabe lo que desea!
—Yo la veo perfectamente clara en ello.
Neji volvió a apretar el puente de su nariz, tenso, controlando su siempre imperturbable carácter.
—El desgraciado de tu primo la ha forzado, la ha confundido y enredado de tal modo para hacerla hacer lo que él desea.
—Ni que tu prima fuese una estúpida.
—¡Para ya! —advirtió. Naori no estaba siendo imparcial por razones que le eran obvias — Ella fue sometida, controlada y manipulada por un bastardo. Siempre estuvo sola y ello la volvió vulnerable. Es más que obvio que no tuvo la fuerza física ni mental para hacerle frente. Veélo por ti misma.
—Yo más bien te veo a ti queriendo recuperarla.
—¿Y qué tendría de malo? —alzó la voz sorprendiéndola, a ambos, francamente —No voy a dejarla sola nunca más.
—¿Por qué?
—¿Importa el por qué?
Ella tragó saliva ante la frialdad de esos ojos. Cuando Neji volvió a salir y azotó la puerta, ella resopló contagiada por todo el estrés de la situación y se recordó que las cosas con Neji siempre fueron así de difíciles. Ya una vez habían vivido un distanciamiento como ese que se veía venir enseguida, solo que esta vez había algo mucho más fuerte jalándolo lejos de su lado.
—Juro que te odio, tonto— dijo frustrada al ver la puerta cerrada por donde Neji desapareció. No tenía idea de qué iba a pasar, pero otra vez estaría ahí de pie con él para no permitirle equivocarse.
Lo de Hinata y Sasuke era tan turbio que prefería no enterarse, además, aunque sonara egoísta, tampoco le competía. Conocía a su primo y si bien se dejaron de ver muchos años, no creía que fuese una mala persona; además, Hinata podía ser dócil, pero no parecía débil o tan manipulable. No al menos como Neji estaba considerándola… ¿cuánto le pudo haber costado sobreponerse a tal acto? Solo Hinata lo sabía. Sin embargo, ahora ahí estaba, desafiando a Neji y seguro a su familia entera por Sasuke.
De inmediato pensó en Itachi y en las veces que había visto a Hinata con él. ¿Cómo era posible que Itachi solapara eso? Y si no lo sabía, ¿cómo fue que Hinata había ocultado tal suceso a los ojos expertos de su primo mayor? Ahí estuvo segura que había mucha más historia de la que Neji suponía. Pero no era ella quien debía hacérselo ver.
«Vaya caos».
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El cabello largo y castaño de Neji se ondeó al asomarse por uno de los ventanales de ese edificio. Sus manos fuertes se presionaron contra el travesaño de aluminio de la ventana y mantuvo sus ojos cerrados. Su rostro tenso escondía el esfuerzo que hacía por serenarse. Su mente, siempre a su servicio y control, desmadejaba el enorme problema, mientras luchaba por verlo con total claridad.
Hinata había sido agredida de una forma baja y cruel. Había estado sola. Él no estuvo ahí. Sasuke Uchiha merecía morir, pero eso solo generaría odio y desprecio de la joven a quien debía proteger. Hinata era la víctima, por más que se negara a colocarse en esa posición ahora. Tenía que protegerla.
Lo haría de ella misma si eso era necesario. Y lo estaba siendo.
Necesitaba su ayuda. Sabía, aunque odiaba admitirlo, que necesitaban hablar con corazón en mano, dejarla desahogarse y escuchar de sus labrios cada cosa que sentía. Más su sangre ardía al negarse a entenderla. ¿Cómo era posible que Hinata hubiese caído en esa posición?
Pero mientras buscaba el camino idóneo a seguir, debía tener un final claro: Olvidarían y superarían lo ocurrido. Era una tragedia innegable, pero Hinata podría, con su ayuda, sobrellevarla. Nada debió ocurrir, a ella no le debió pasar. Hinata era la heredera de su familia, una chica noble y con un destino del que nunca se debió de desviar.
Ese había sido el error, Hinata nunca debió ser arriesgada así. Hiashi también tuvo la culpa. Pero ya no podía remediarlo. Aunque lo deseara, y vaya que lo deseaba.
Neji abrió despacio sus ojos y vio abajo, la ciudad. La calle era notoriamente menos transcurrida y el cielo nublado ennegrecía la tarde que ya caía.
La decisión que tomó no era la que más le alegraba, pero era la mejor: sacaría a Hinata de la vida de Sasuke, de todo lo que antes fue. Ella debía aceptarlo por las buenas o no, porque él iba a protegerla hasta de ella misma de ser necesario. Iba a ayudarle sanarse con tiempo y ambos lo iban a superar. Pisar el pasado. Romperlo.
Era la única forma de arrancar a su prima de esa relación enferma en la que la habían sumergido. No podía pedir ayuda o exponerla al escrutinio público para hacer pagar a aquél criminal… odió pensar que esto era casi improbable, pues ella misma estaría encubriéndolo. «Hinata… ¿qué te ocurrió?».
—Joven, Neji — una voz sonó después de que los sonidos de unos pasos se detuvieron cercanos a él.
Neji volteó a ver a uno de los hombres que lo acompañaban. Tokuma era un varón menor de treinta y cinco años y pese a su edad era encargado del departamento de seguridad de la empresa. En esta ocasión había sido requerido directamente por Neji al confiar plenamente en su discreción, como antes ya la había demostrado.
—¿Qué ocurre?
—Kou y el resto se han marchado ya —informó el joven alto y tez perlada—. Me he permitido resguardarle esto —dijo y le mostró el bolso de mano de Hinata.
Neji vio por unos segundos el bolso negro de piel.
—El móvil no ha dejado de sonar —informó Tokuma la razón por la cual lo creyó importante.
El castaño asintió con seriedad —Déjalo en mi coche, por favor. Bajaré enseguida —le dijo tendiéndole sus llaves—. ¿El departamento de Hinata…?
—Un grupo de mudanza está haciéndose cargo en este momento— interrumpió con seriedad el otro.
Neji asintió.
—Nadie de la empresa debe volver a poner un pie ahí. Asegúrate que todo sea guardado en una bodega. Nada es indispensable, no se preocupen por eso —especificó—. El pago será un depósito directo del que me encargaré. Y por favor, nadie, por nada, debe mencionar este lugar, ¿queda claro?
Tokuma asintió y le sostuvo la mirada a Neji unos segundos antes de despedirse. Los ojos violáceos del joven Hyuuga volvieron al departamento donde Hinata permanecía. Si de algo estaba seguro es que Sasuke Uchiha no era alguien que debía ser subestimado; éste no se quedaría de brazos cruzados sin tener a Hinata de vuelta. Le era prioritario ir siempre un par de pasos delante de él. Descuidarse sería perder más de lo que estaba dispuesto a aceptar y eso no iba a ocurrir.
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O.O.O.O.O
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Un Sasuke todavía mojado respiraba agitado estando recostado sobre uno de sus sofás. Se llevó ambas manos al pelo y lo arrastró, tenso. Sus ojos picaban y a la desesperación inicial se le unieron la frustración y la rabia.
Pensar en Hinata y en cómo se encontraba la última vez que la vio, volvió a avivarle esa consternación que le hacía doler respirar. No saber de ella estaba siendo la peor de las torturas.
Momentos antes había corrido de regreso a su auto y pateó el mismo al caer en cuenta que no tenía sus llaves. El viejo conserje del edificio de Hinata fue el único que se atrevió a acercársele cuando hecho una furia aporreó su auto y estrelló su puño contra uno de los cristales, hiriéndose. El anciano pareció apiadarse y lo animó a ingresar al edificio y resguardarse de la lluvia, así como de las muchas miradas sobre él.
—Entonces… un romance prohibido, ¿eh?— el hombre le había mencionado con una sonrisa mientras le tendía algo con qué secarse. Solo un jadeó agotado de su parte delató que lo escuchó, al permanecer sentado en el lobby.
—La señorita estaba realmente preocupada porque usted supiera lo que ocurrió.
—¿Dijo algo? — hasta entonces volteó a verlo.
—El que lo dijo fue él— Sasuke había vuelto a maldecir a Neji internamente —. Están vaciando el departamento. Han subido ya varias personas.
Sasuke no soportó la tensión en su cuerpo al recordar lo ocurrido y se levantó, volvió a apretarse el pelo al comenzar a caminar rumbo al balcón. Una de sus manos tenía un camino borroso de sangre seca y él no pareció notarlo. Había vuelto a pelear con uno de los tipos que sacaban las cosas de Hinata y no sirvió de nada. Ninguno de esos hombres parecía saber algo, de hecho, notó que vestían uniforme de alguna empresa de mudanzas.
Había tomado un taxi casi dos horas después, solo para seguir al camión de tal empresa y su frustración creció todavía más al darse cuenta que todo había sido dejado en una bodega.
«¿Dónde estás, Hinata? ¿Dónde demonios te llevaron?»
Se apoyó contra el balcón y con una mano volvió a revolverse el cabello. Se concentró en obligarse a pensar con claridad. Su auto había sido remolcado al estar mal estacionado y de cualquier forma sin llaves no le servía de mucho. La tarde estaba muriendo y lo único que tenía claro era que esa noche no sabría nada de ella.
Maldijo y golpeó el balcón para regresar adentro.
Su departamento le parecía pequeño de pronto, y su corazón acelerado bombeando sangre rápidamente por todo su cuerpo, solo parecía urgirlo a moverse de ahí. Salir, a donde fuera.
—Maldita sea— alzó la voz al detenerse frente a la barra, impotente.
Se frotó el rostro y cuando logró tranquilizarse un poco para ver más allá de su ansiedad, se encontró con los regalos que Sakura había intentado regresarle la noche anterior. Eran tres regalos de diferentes dimensiones y descansaban ordenados por tamaños uno sobre otro, seguro Hinata los había recogido sin que se diera cuenta y los había guardado.
Los arrojó y se desplomaron en el suelo, al verlos, solo veía a la pelirrosa que motivó su furia y su estupidez; y no le interesaba pensar en ella.
¿Qué iba a hacer?
Si Neji sabía, solo significaba una cosa: Naruto había abierto la boca.
No odiaba que lo hubiese hecho, él mismo había sido el imbécil que le dijo que hiciera lo que creyese pertinente. Lo que odiaba era esa ola de consecuencias que había caído implacable sobre Hinata. La imagen de ella llorosa y maltratada era algo que no se sacaba de la cabeza y lo que más lo impulsaba a lanzarse a la calle y buscarla.
Él había terminado arruinándolo, al final de todo.
Esa idea le trajo de inmediato el rostro de su padre a la mente. Fugaku seguramente se reiría en su cara y la frase «Te lo dije» se escaparía lenta y con satisfacción de sus labios. Curiosamente la rabia que creyó sentir no fue contra su padre, sino contra él mismo. Nadie, solo él, había sido el arquitecto de su destino.
Y del de Hinata.
Y era eso lo que no se perdonaba.
Pensar qué tan mal la estaría pasando amenazaba con torturarlo a cada aliento. Se dirigió a su habitación y después se encerró en el baño. Necesitaba enfriarse.
El agua helada le caló de inmediato esa tarde fría y solo entonces pareció resentir cada golpe recibido, su cuerpo dolió. Apoyó sus manos contra los mosaicos salpicados, y con su cuerpo desnudo y tenso, se forzó a pensar solo en soluciones.
Olvidó a su padre… él no era una opción. Ya antes le había escupido en la cara con su negativa, ahora, sabiendo toda la verdad, iba a pisotearlo.
Estaba solo y eso como nunca antes le pesó. Pero, a pesar de ello, debía solucionarlo. Cuando se convenció, reconfortó a su cuerpo al templar el agua. La sensación de alivio y desentumecimiento llegó de a poco.
Con el rostro gacho, su cabello escurrió de agua. Sus ojos negros se abrieron despacio cuando el vapor comenzó a surgir. Su mirada ennegreció más ante la determinación que adquirió: haría lo que fuera para tenerla de vuelta.
Neji no se la iba a quitar, menos, porque Hinata no lo deseaba.
Supo que no necesitaba ser la mejor persona para recuperarla, Hinata le había demostrado que eso no era necesario para ser merecedor de ella… y aunque quiso ser tan vil como podía serlo, comprendió que ella no se lo merecía. Iba a hacerlo, e iba a hacerlo tan bien como se le ocurriera.
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O.O.O.O.O
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La tarde no había terminado de morir para cuando Neji dejó un juego de llaves sobre el cristal que protegía el escritorio de Itachi.
Los ojos negros del primogénito Uchiha no dejaron de ver con curiosidad y recelo a su competidor más fuerte. La siempre presente altivez del joven Hyuuga parecía cargada de tensión tras sus fríos ojos violáceos.
—¿Qué es esto? — le preguntó poniéndose de pie lentamente. Neji había atravesado la puerta con más calma de la necesaria, luego de haber entrado sin permitirle a la secretaria anunciarlo. La joven había salido de la oficina ante la indicación de Itachi.
—Quiero al imbécil de tu hermano lejos de Hinata — dijo soltando las llaves y alzando despacio sus ojos al joven frente a él.
Para Itachi no pasó desapercibida la peligrosa presencia que Neji imponía, pese a su pasiva actitud. Él suspiró y cerró los ojos creyendo entender lo que ocurría.
—Ambos son lo suficientemente mayores para saber lo que hacen.
—Tu hermano puede ser el bastardo que le apetezca con quien desee. Pero a Hinata no volverá a ponerle una mano encima.
—Estás exagerando.
Neji guardó silencio dos segundos, comprendiendo que Itachi, como todos, era ajeno a la situación entre ese par.
—No tienes idea hasta dónde puedo llegar.
—Neji, vamos, hombre — Itachi se relajó y buscó salir de detrás del escritorio.
El castaño lo hizo detener al señalarlo —Está advertido. Mantenlo lejos de mí, o juro que voy a matarlo.
El Uchiha endureció su mirada al ver a Neji dar media vuelta y avanzar.
—¿No crees que exageras? Ellos ya han tomado sus propias decisiones.
—Pregúntale al bastardo si le dio a Hinata la opción de decidir— soltó Neji antes de azotar la puerta al salir.
Itachi, aun molesto, frunció el ceño y volteó a ver las llaves que quedaron sobre su escritorio. Con ese extraño y rápido momento tuvo la sensación de que algo estaba escapando a su juicio, y entonces estuvo dispuesto a descubrir qué era ello.
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O.O.O.O.O
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Los nudillos de la mano de Ino estaban todavía enrojecidos, luego de haber golpeado con fuerza la puerta del departamento de Hinata.
—Sigo creyendo que nada ganaremos viniendo aquí— la voz ronca y seria de Naruto resonó a su espalda, inquietándola más.
—Ya te dije que no me iré hasta no saber qué demonios está ocurriendo— le dijo casi molesta.
En verdad le agradecía que la acompañara, era tarde y solo Naruto la podía llevar hasta ahí y esperarla hasta saber de su amiga, pues no quería que nadie más se viera involucrado en todo ese asunto. Pero el rubio no había ocultado su antipatía para dirigirse a donde Sasuke vivía, que era justo a donde iban en ese momento, luego de no haber encontrado a Hinata.
—Debimos preguntarle al anciano encargado del edificio si sabía algo.
—Puedes irte si quieres, yo no lo haré— le dijo volteando a verlo. Una vez que el elevador se detuvo, las puertas se abrieron e Ino bajó. Naruto la vio con seriedad y se tomó unos segundos antes de seguirla con desgana.
Ino, como él, sabía ya que Neji estaba al tanto, así que no le veía mucha utilidad en ver a Sasuke. Seguramente el castaño había hecho lo más sensato y debió apartar a Hinata de toda esa porquería.
La mirada cansada de Naruto se fijó en Ino que tocaba con los nudillos la puerta de Sasuke. Caminó con indiferencia a ella, manos en los bolsillos. Supo que pudo irse al no desear ver al que todavía consideraba un amigo, y aunque se decía que se quedaba para procurar el bienestar de Ino, la verdad era que también esperaba escuchar algo que le explicara por qué Hinata defendía con tanta pasión a Sasuke.
Cuando Sasuke abrió la puerta, Ino retrocedió un paso despacio. La mirada helada del pelinegro se dirigió después a Naruto y éste endureció la suya. Ino tragó despacio al verlo, Sasuke estaba muy maltratado de su rostro, lucía golpes rojizos y un par de heridas que seguramente habían sangrado. Naruto no se dio cuenta si tenía golpes nuevos o fueron los que él le propinó la noche antes, lo que sí notó fue el semblante exhausto que tenía.
—¿Qué quieren?
Ante el tono agresivo Ino pareció reducirse, pero se recompuso al instante.
—¿Qué demonios vamos a querer? Una explicación por supuesto —dijo y lo hizo a un lado para adentrarse al departamento medianamente iluminado.
La mirada de los dos varones se unió durante un momento antes de que Sasuke se diera media vuelta y se adentrara tras Ino, dejando la puerta abierta, por si el otro deseaba entrar.
Ino volteó a ver a Naruto que entraba con recelo para luego permanecer recargado en la pared, a un costado de la puerta, con brazos cruzados frente a su pecho.
Ella batalló para hablar—: ¿Es cierto?
Naruto se burló con cinismo ante el beneficio de la duda que Ino todavía le daba. Sasuke se recargó en la barra frente a ella. Ino vio, al prestarle mayor atención, que los moretones se extendían también bajo su camiseta.
—Lo has oído ya, ¿no? — Sasuke guardó sus manos en los bolsillos de su pantalón deportivo y vio de reojo a Naruto que no se inmutó.
—¡Demonios, Sasuke! — Ino se desesperó al aún negarse a creerlo —, ¿Cómo puede ser posible? —se acercó y le dio un golpe seco en el pecho y se negó a separar su mano al apretar su camisa sin mucha fuerza — Tiene que ser mentira, yo he sido testigo de lo que Hinata siente por ti. Ella te ama. ¿Cómo pudiste hacerle eso?
Al Uchiha se le atoró un nudo en la garganta y a la rubia le pasó algo similar al ver la mirada profunda caer al piso, lo sintió tenso y ello le provocó deseos de llorar al pensar en Hinata y en lo mucho que ella lo amaba.
—¿A dónde se la llevó? —la voz de Sasuke sonó más gruesa al voltear a ver a Naruto.
El rubio se mostró incrédulo, ¿cómo podía preguntarle eso a él?
—No lo sé. Y aunque lo supiera, no te lo diría.
Sasuke amenazó con lanzársele encima, pero Ino lo impidió al colocarse enfrente —No debiste involucrarte— soltó Sasuke.
—¿Y qué se supone que debía hacer? ¿Permitir que la siguieras obligando?
—¡Vete a la mierda! —Sasuke volvió a amenazar irse contra él.
—¿Obligando? ¿De qué demonios hablas, Naruto? —intervino Ino fuera de sí. Lo que menos quería era otro derroche de estupidez y golpes, sólo quería respuestas y saber qué ocurría con Hinata en ese momento — Cierra la boca y no compliques más las cosas.
—¿Y por qué me lo dices a mí? Fue Sasuke el que jodió todo cuando la violó.
—¡Ya! — reprendió Ino. Esa declaración era tan fuerte que todavía luchaba por digerirla.
—Si algo le pasa…— le advirtió Sasuke.
—¿Qué demonios le va a pasar? — devolvió Naruto— Está con su familia, no es como que ellos fuesen a hacerle algo peor de lo que ya le has hecho tú.
—¿Sabes dónde está? —ahora fue Ino quien preguntó.
Naruto volvió a cruzarse de brazos y no respondió. No tenía idea, pero no pensaba decírselos.
—Miserable— Sasuke avanzó a él y Naruto enderezó su cuerpo. Enfrentó la mirada negra inundada de desprecio sobre las ojeras cuando Sasuke empuñó su camisa con fuerza. Y en consideración a Ino que se esforzó por alejarlos, Naruto no hizo el intento por defenderse. Ahí solo uno tenía la razón y Sasuke lo sabía, por eso no hizo mayor intento por agredirlo.
—¿Qué demonios pasa aquí? —una nueva voz varonil hizo eco en el lugar.
—Lo que faltaba— susurró Ino, pero contrario a molestarse, pareció respirar tranquila cuando Sasuke soltó a Naruto, pese al mal modo con el que lo hizo.
—¿Sasuke?
Naruto vio al menor de los Uchiha regresar tras sus pasos, arrastrando su cabello. Vio toda su frustración y desespero en su cuerpo tenso. No entendía cómo podía estar sintiéndose y tampoco quería hacerlo, esperaba que sufriera y la pasara tan mal como fuese posible; se lo merecía, después de todo.
Itachi entró despacio analizando la situación en silencio, esperando una respuesta.
Los ojos azules y fríos de Naruto siguieron fijos en Sasuke.
—¿No piensas decirle… bastardo?
Itachi apenas volteó de medio lado a verlo y Naruto no le dio importancia. ¿Qué sentiría o haría Sasuke si supiese que Hinata esperaba un hijo suyo? Era obvio que aún no lo sabía, o su desespero sería todavía mayor.
A pesar de detestar a Sasuke, Naruto prefirió guardarse ese detalle como un secreto, era algo que no diría… ni siquiera a Neji se lo había confiado. Sasuke no se merecía ese hijo, menos si era producto de algo tan torcido. Pero Hinata… Hinata ya no se merecía sufrir. ¿Qué pensaría Neji hacer con ella?
—Sasuke— Itachi lo hizo voltear a verlo y le lanzó las llaves de su auto —, Neji fue a visitarme.
Sasuke empuñó las llaves.
—¿Te dijo dónde está? —pese a ser absurdo preguntar, era lo único en lo que le interesaba pensar.
Itachi frunció el ceño —¿Se la ha llevado? ¿Por qué llegaría a tanto?
Ante el tono relajado del chico de pelo lacio, Naruto no evitó sonreír con ironía.
—Tal vez Neji no se atrevió a decirle, Sasuke, ¿lo harías tú?
Ino se recargó en el respaldo del sofá y se mantuvo en silencio viendo y escuchando, con el ánimo cada vez más desmoronado. La mirada de los varones cayó en Sasuke que seguía empuñando sus llaves, mientras la rubia se preguntaba si sería capaz de escuchar por sí misma toda la historia, sintió náuseas.
Sasuke se sentó en una de las bancas frente a la barra, apoyó sus codos sobre ésta y descansó su frente en sus palmas. Cerró los ojos, frustrado, cansado.
—Hace un año… abusé de Hinata— su voz ronca colmó de distintas sensaciones a los tres que lo escucharon.
Ino apretó sus labios sin querer que sus emociones se desbordaran. Naruto dejó de verlo, repudiándolo, pero se mantuvo ahí.
—¿Cómo? —Itachi fue el único que habló y se acercó a él — ¿Qué mierda dijiste? —lo empujó de un hombro, haciendo que Sasuke girara. El par de miradas negras se encontraron. Itachi comenzaba a enfurecer y Sasuke parecía consumido.
—Lo que oíste. Una noche, antes de todo, fui un cabrón bastardo con ella. Hinata me había rechazado —continuó y vio a Naruto, el rubio se tensó—, me abofeteó después de que la besé.
—Joder— soltó Itachi que se giró arrastrando su pelo. Recién entendía la amenaza que Neji soltó.
—Estábamos en un bar. Me habían dado no sé qué mierda y me la había metido…— agregó avergonzado Sasuke, para extrañez de más de uno.
—¿Quién? —interrumpió molesto Itachi.
—Qué más da. No cambia nada— la falta de energía en su voz y su presencia denotaba lo arruinado que estaba por dentro.
El mayor tensó puños y mandíbula al permanecer callado.
—Y esa noche— continuó Sasuke viendo a Ino y Naruto —, mientras tu conseguías reconciliarte con tu novio y tú te encargabas de una ebria Sakura, con la que después te besarías, yo estaba forzando a Hinata a tener relaciones sexuales conmigo —soltó asqueado e hizo pegar su cabeza varias veces contra la columna a un costado de la barra. Los ojos de Sasuke picaron y el nudo de su garganta casi le impidió respirar.
Naruto se paralizó al saber exactamente qué día fue ese.
—¡Cabrón hijo de puta! — Naruto hizo a un lado a Itachi y le propinó un puñetazo en la quijada a Sasuke que lo hizo perder el equilibrio y caer al suelo. Itachi logró sujetar a Naruto antes de más golpes, batalló con él. Ino quiso moverse, pero no avanzó más de dos pasos, cubría sus labios y no evitó también culparse un poco… ella había sido la de la idea de ir esa noche a ese bar. Sintió frío.
—A que la pasaste bien esa noche, ¿no, Naruto? — Sasuke habló y su tono ronco se escuchó mordaz — Ambos lo hicimos — completó limpiándose un hilo de sangre con brusquedad. Sus ojos ardían al despreciarse y tener que lidiar con sí mismo sin poder evitarlo. Quería ser golpeado más, mucho, mucho más. Alzó sus ojos a Naruto y lo vio forcejear con Itachi para pegarle, pero su hermano lo superaba en fuerza. Itachi terminó lanzando a Naruto e interponiéndose en su camino, le amenazó para que se fuera. El rubio lo hizo sin tener estómago para lidiar con lo que recién descubría.
Sasuke recordó como días después, durante el tiempo que se sintió un bastardo luego de haber dañado a Hinata, Sakura se había acercado a él a contarle que se había besado con Naruto, tal vez pretendiendo infundirle celos o alguna pendejada similar. Poco y nada le importó… si Naruto no se hubiera largado con Sakura esa noche, él no habría tocado a Hinata nunca. Y eso habría sido mejor.
Pero todo había pasado y no había más culpable que él.
—¿Quieres dejarnos solos? —la voz de Itachi que intentó ser amable, arrancó a Sasuke de su estupor.
—¡No! —Ino se negó y lo hizo más al acercarse a Sasuke — Necesito saber.
—Por favor —insistió Itachi cansadamente.
—Ese día —Ino habló sin importarle—, ese día que los descubrí en el estacionamiento de la universidad —recordó—, ¿tú la obligaste a mentir?
Sasuke se recargó en la pared cercana, ahí, tirado en el suelo. Sonrió cansadamente al recordarlo sin sostenerles la mirada y hasta su voz le supo amarga —: No. Pero ciertamente había estado presionándola para dejarme estar cerca.
—¿Qué quieres decir?
—Busqué a Hinata después de eso. No había estado yendo a la facultad… creí que —Sasuke pegó su cabeza a la pared y vio a la nada—, conociéndola como creí que lo hacía, supuse que intentaría matarse o algo así.
Itachi negó y dio media vuelta, se sujetó con fuerza de la barra en silencio permitiéndole seguir hablando. Ino jadeó de estupefacción.
—Una vez que me aseguré de que no fue así, le ofrecí mi vida —continuó de forma casi impersonal. Negó en silencio—. No la quiso. Entonces, imbécilmente, me empeciné en mantenerme cerca pese a que me suplicó que no lo hiciera. Ella parecía solo querer olvidarlo y mientras más lo mencionaba, más me negaba a ello. Se suponía que debía odiarme, ¿no?
Las miradas de los dos presentes estaban en él, cada uno con una expresión distinta, pero Sasuke seguía viendo al frente, a nada en particular.
—Era yo quien no lograba olvidarlo. Fueron días y noches en que necesité tener algo encima para mantenerme cuerdo —Ino se recargó en el sofá más próximo y lo vio con recelo—. Mi obsesión llegó al punto de meterme en su habitación por las noches y verla dormir.
Itachi dejó escapar el aliento decepcionado.
—A veces ella lloraba sin notar mi presencia, haciéndome sentir peor, trastornándome.
—¿Volviste a abusar de ella? —fue Itachi quien preguntó lo que Ino no se atrevió.
Sasuke negó —La siguiente vez yo ya se lo había pedido. Dijo que no. Terminé en su alcoba otra noche y supliqué… y aunque no quería, me lo permitió —los ojos negros del menor escocieron —. Se suponía que debí dejarla en paz, se lo juré. Pero no pude.
A Ino le picaron los ojos e Itachi llevó una mano a apretarse las cienes.
—Hinata estaba sola y yo me empeñé en estar siempre ahí, no siempre fueron malos momentos —Sasuke guardó silencio varios segundos y ninguno estuvo seguro si había terminado de hablar—. En uno de sus peores días solamente estuve yo. Creo que ahí sintió un miedo más grande que el que me tenía a mí.
—¿Qué quieres decir?
—Ese día la vi destrozada… otra vez— él ignoró la pregunta de Ino y se tragó un nudo en la garganta—. Por primera vez me di cuenta cuán basura pude ser. Y entonces, sin darme cuenta, me descubrí pendiente de ella, llegando al punto de cuidarla. Hilarante, ¿no?
—¿La acorralaste?
—Tal vez, ¿cómo conseguiría estar cerca de ella si no?
—¿Decidiste cuidarla?
—¿Qué más podría hacer? —soltó. Su vida le pertenecía y ella no la había tomado.
—¿Seguiste en drogas?
—Intentaba dejarlo después de… —él recordó el accidente de la maestra de Hinata, cuando logró por primera vez tranquilizarla en sus brazos, en lugar de infundirle terror — Como sea. La siguiente vez que me acosté con ella la encontré en un estado vulnerable. Estaba decidido a ser aceptado y pareció funcionar. Hinata ya no me temía tanto. La coaccioné cuando necesité hacerlo, pero fue cada vez menos necesario.
—Eres un miserable —dijo Itachi que se apartó de la barra y caminó despacio por la sala. Sasuke asintió, más que de acuerdo.
—Luego llegaste tú y me facilitaste las cosas —miró a su hermano e Itachi quiso golpearlo al saber exactamente de qué le hablaba.
—Mamá dijo que eran novios.
Sasuke sonrió sin ganas —Supongo que iba ganando terreno. Te dije que ella me temía cada vez menos, yo mismo me sorprendí cuando no se lo negó.
—¿Cuánto tiempo pasó desde eso?
—Meses, varios.
Los tres guardaron silencio por un largo instante, antes de que Ino se animara a hablar.
—¿La amabas?
Sasuke tardó en contestar —Al principio no.
Ino apoyó su frente en la pared, sintiendo ganas de llorar. No respetaba a Sasuke, dudaba poder hacerlo alguna vez, pero ella le había creído que amaba a Hinata cuando lo vio renunciar a ella. A ambos les creyó. Además, Hinata estaba embarazada y pudo ver ilusión real en sus ojos. Eso era algo que no se fingía. Las ganas de llorar de pronto le hicieron doler la garganta.
Sasuke se guardó para él las veces que le pidió a Hinata amarlo, su desespero porque lo hiciera y el alivio que le provocó cuando por fin tuvo un acto de compasión real de parte de ella. Habían pasado meses para eso y había sido la gloria. Que Hinata le amara había sido como el infierno de difícil de lograr, y solo él y ella sabía cuánto habían sangrado para ello. Que se la arrancaran cuando lo tenían todo estaba matándolo.
—Necesito encontrarla —soltó en voz alta.
Ino negó en silencio, no sabía qué pensar y tampoco qué decirle.
—¿Cómo osas?
Solo entonces Sasuke miró a su hermano —Lo remediaría si pudiera. Sé que fui un bastardo, me odio por ello. Pero no puedo perder a Hinata.
El estómago del mayor se contrajo. Sasuke hablaba de Hinata, pero no del bebé que ambos esperaban… ¿era posible que ella no se lo hubiese dicho? Pensar en la suerte que corría Hinata le secó la boca. Y ese bebé… Neji tampoco lo había mencionado, aunque no era nada alentador el destino que le esperaba.
—No se me ocurre una sola forma como Neji la traiga de regreso —terminó por decir—. Y francamente, de ser él, te habría matado.
Sasuke sonrió sin ganas. Habría sido lo mejor.
—Debo irme— Ino interrumpió y casi sin voltear a ver a Sasuke, salió de ahí para momentos después encontrarse con Naruto que seguía esperándola abajo.
—Voy a encontrarla —Sasuke se puso de pie.
—¿Para qué? —soltó Itachi casi molesto — Sólo estarás lastimándola más.
—¡Basta ya! —Sasuke alzó la voz por primera vez y lo señaló — ¡Sí! ¡he aceptado mi bajeza! Lo lamento y mucho. Pero no voy a renunciar a ella después de todo.
—¿Quién demonios te crees?
—Escucha, Itachi —Sasuke tomó un segundo para buscar calmarse—, no tienes idea lo que me desprecio a mí mismo. Aun no me perdono. Y de volver el tiempo, no habría forma en que volviese a hacer lo mismo. Lo juro —su mirada negra recobró al fin su seria profundidad—. Me enamoré de Hinata como un imbécil y verla entregada a mí, amarme, me hace sentir mezquino. Me convenzo todos los días que está bien amarla si no vuelvo a lastimarla, y logro que olvide que lo hice alguna vez.
Itachi negó en silencio.
Sasuke recordó las veces que intentó dejarla y el fracaso rotundo por mantenerse lejos. Francamente, ahora estaba seguro que Hinata no deseaba distancia.
El menor talló su frente y arrastró su pelo, frustrado, al dar media vuelta.
—¿Cómo lo supo Neji? —Itachi se sentó frente a la barra, viendo abajo. No estaba orgulloso de Sasuke, de hecho, lo avergonzaba, pero era su hermano.
—Naruto debió decírselo— respondió Sasuke sin verlo.
—¿Hinata se lo contó?
—Lo hice yo.
—¿Cómo pudiste ser tan imbécil? —reprendió con tono más firme.
—¿Cómo podía seguir ocultándolo? —preguntó viéndole de medio lado — Nadie sabía de lo nuestro y cuando se enteraron creyeron que Hinata… Ella no iba a pagar por mis errores.
—Callar lo que tenían también fueron los de ella.
—Todo el maldito tiempo la arrastré a eso.
Itachi exhaló concediéndole el punto —¿Y no pensaste que la perjudicarías más?
Sasuke se sentó en otra banca, separado de él. Itachi se percató del temblor en la mano de su hermano cuando la llevó a arrastrarse el pelo.
—Obviamente no. Quise… no lo sé, que no la juzgaran y… soltarlo de una puta vez —golpeó la barra y se puso de pie. Cruzó del otro lado y tomó una cerveza, cuando la abrió y la soltó de inmediato, sin tomarle, Itachi lo escuchó maldecir frustrado.
—¿Qué has hecho con tu problema?
Sasuke caminó tras la mesa, tomándose el cabello —Estoy en periodo de desintoxicación. Aunque francamente, dudo que lo logre.
Itachi se puso de pie —Tendrás que hacerlo si quieres tener un mínimo de posibilidad de recuperarla.
Sasuke volteó a verlo de medio lado.
—Bajo ninguna circunstancia apoyo lo que hiciste, y aún no sé si hago lo correcto, pero voy a ayudarte —tragó ligeramente.
—Itachi…
—Hinata, ella, ¿seguro que te ama?
Sasuke no pudo sonreír pese a querer hacerlo —Demonios, sí.
—¿No la has obligado a hacerlo?
—Estaba tan enfadada cuando le conté todo a Naruto. Es real.
El mayor asintió despacio, viéndolo. Sasuke se apoyó en la encimera de la cocina.
—Necesito recuperarla. ¿Qué clase de basura sería si ni siquiera puedo proteger a la mujer que amo?
Itachi sintió pesado el estómago al no ver nada más que la verdad en la mirada profunda de su hermano menor. No entendía cómo había arruinado todo de una forma tan trágica, y entendía menos cómo era que logró recomponerlo hasta hacerse del amor de Hinata. Comprendió entonces, o creyó hacerlo, de cómo se sentía su hermano: Sasuke pudo callarlo y seguir envileciéndose por eso, pero conservando a Hinata a su lado. Sin embargo, había preferido no hacerlo, tal vez pretendiendo expiar sus pecados.
«Como una vez le dije».
—Intenta —Itachi se cortó, pensando en cuál sería la mejor forma de actuar—, intenta mantenerte a distancia —recomendó—. Lo que menos necesitamos es que parezcas más un maldito obsesivo. Neji se tornaría más a la defensiva. Ah, y ruega porque Hiashi no se entere de esto, eso solo complicaría más las cosas.
—¿Qué demonios se supone que haga entonces?
—Mantenerte ocupado.
—No voy a hacer tal cosa.
—Lo harás, si quieres que tener alguna posibilidad. Hablaré con papá.
—¡Ni de joda!
—Si él no interfiere y le asegura a Neji que nunca más tocarás a Hinata de forma que ella no quiera, no habrá forma de que él sepa que aquello no fue más que un fatídico error por el que sigues pagando— explicó—. Esto va a ser muy difícil, pero sin su apoyo no habrá nadie que nos escuche. Espero también que Hinata pueda lidiar con todo lo que se le viene encima.
—Mierda —no había nada que lograra hacer sentir a Sasuke que no era una pequeña basura a la que intentaban sacar del lodo.
—Lo has arruinado profundamente.
—Lo sé— respondió. Se sentía una mierda.
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O.O.O.O.O
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Las noticias sonaban de fondo en un departamento silencioso, contrario a la ajetreada ciudad en esos momentos del mediodía.
Sasuke salió de su habitación secándose el cabello con una toalla. Habían pasado ya ocho días desde que Hinata había sido arrancada de su vida y frustrado reconocía que no tenía idea dónde podía estar. Pese a lo que Itachi le pidió, no había podido mantenerse al margen. Durante cinco días corridos estuvo siguiendo los pasos de Neji, pero el infeliz hacía su vida rutinaria y no había nada ahí que delatara la presencia de su peliazul.
Con artimañas se había hecho del número de la mansión Hyuuga y ahí no parecían tener noticia alguna, pues le habían dado dirección del departamento que Hinata había estado ocupando como si aún siguiese ahí. Pretendiendo ser meticuloso rondó el lugar casi desértico y esto solo sirvió para confirmar que Hiashi no se encontraba todavía en la ciudad. Que Neji no fuese a la mansión ni por error solo descartó la permanencia de Hinata ahí.
Comenzaba a perder dominio de sí y mantenerse limpio estaba resultando peor que tortuoso. La comunicación con su psicólogo era constante y demandaba del auto control que no creía que tenía para no permitirse recaer. No podía hacerlo, menos ahora.
Arrojó la toalla con que se secaba a un sofá y su gato se desperezó al haberle caído encima. El felino bajó solo para beber agua y luego se subió a una de las bancas frente a la barra para continuar durmiendo. Sasuke, ignorando su presencia, permaneció de pie a un costado de él. Toda la noche se había entretenido trabajando en el proyecto de Itachi, pero no tenía ánimo de seguir haciéndolo. Su móvil vibró y atendió de inmediato.
—¿Dónde estás? —escuchó del otro lado.
—En el departamento.
—Vale, llego en quince.
Cuando la comunicación se cortó Sasuke suspiró arrojando sin cuidado su móvil. ¿Qué estaría haciendo Hinata que no había encontrado modo alguno de comunicarse con él o con quien fuese? Si Neji la maltrataba, iba a matarlo.
Su frustración volvió a aumentar. Desvió la mirada a otro punto del lugar y ésta cayó, segundos después, en los regalos que Itachi había tenido a mal sacar de la basura donde los tiró.
«Malditas cosas», pensó al ir por ellos.
Tomó uno y lo hizo sonar, lo arrojó sin importarle. Otro más y lo abrió con desinterés solo para poder deshacerse de él: unos calcetines. Su fastidio no pudo ser más. El tercer regalo era de un color esmeralda brillante, éste tenía una dedicatoria pegada. Era de Sakura. Iba a deshacerse de él sin abrirlo, pero le llamó la atención que pesaba más que los demás.
Antes de abrirlo pensó en esa chica y asumiendo su responsabilidad en su reacción, se permitió comprenderla. Aunque no tenía obligación alguna de corresponderle, sí había sido un patán completo con ella; tal vez hubiese sido distinto si él tomaba las riendas y hablaba seria y tendidamente con Sakura, explicándole que no había forma alguna de tener algo más que una relación de amigos. Eso pudo tranquilizar a Hinata también, pero había pensado más en él que en nadie y lastimó a todo mundo.
Abrió el regalo con el mismo interés con el que se abre cualquier otro, donde seguramente encontraría más calcetines.
Pero lejos de encontrar cualquier prenda, Sasuke encontró muchas cartas atadas, formando tres paquetes de ellas. Había también varias fotografías de él y la pelirrosa, con Naruto de lado, claro. Hasta abajo había una nota escrita con tinta verde, al leerla esa sensación de haber hecho las cosas mal se acentuó. Sakura le contaba que esas cartas las había ido escribiendo para él por años, pero nunca se había atrevido a dárselas, que, al leerlas tiempo después, fue dándose cuenta cuán inmadura fue en su enamoramiento, pero que las últimas escritas resultaban mucho más sensatas. En esa nota sólo pretendía decirle cuánto se había equivocado en insistirle y quería que él supiese todo lo que sintió. Que, a pesar de haberse rebajado tanto por él, ella podría estar ahí si decidía darle una oportunidad. Y que, le aseguraba, haría que valiera la pena cada día.
—Joder— susurró arrojando la nota otra vez al interior. La cerró sin interesarle más pensar en ello ni sentirse así. Soluciones, eso era lo que necesitaba.
Cuando el timbre sonó Gato levantó su cabeza.
—Está abierto— respondió Sasuke desde su lugar.
Suigetsu apareció con una sonrisa cansada, acarició al gato y se dirigió al refrigerador antes de prestar atención a la mirada de Sasuke que seguía esperando a que le dijera algo.
Sasuke rodó los ojos y evitó decirle que tomara un vaso si pensaba beber jugo para evitar sus gérmenes en el envase.
—¿Y? —preguntó el pelinegro por fin.
Suigetsu negó con firmeza —Nada. Lo mismo que hace tres días. El tal Neji va al trabajo, sale a comer a cualquier restaurante solo o acompañado, vuelve al trabajo y va a su departamento.
—Maldición — Sasuke arrastró su pelo y luego se dirigió al balcón.
Suigetsu lo siguió.
—Surte su despensa para una persona, dudo que la tenga en su departamento. ¿Qué tal en la casa de su tío?
—No, no está ahí.
—¿Cómo puedes estar tan seguro? No has entrado, ¿o sí?
Sasuke encendió un cigarrillo, de los que dependía con mayor frecuencia últimamente.
—No ha sido necesario —respondió luego de la primera calada—. Si Hinata estuviese ahí significaría que Neji le ha contado todo ya a Hiashi. Hiashi estaría ya de regreso y eso no ha pasado. Sea lo que sea que lo tenga fuera del país, saber lo ocurrido lo habría hecho regresar de inmediato— dijo y luego soltó despacio el humo.
—Entonces, ¿cuáles crees que sean sus planes?
Sasuke bajó su vista a la avenida tan transitada y no respondió al darle otra calada al cigarrillo. No lo sabía, pero pensaba averiguarlo.
•
O.O.O.O.O
•
El sol estaba cayendo paulatinamente en la ciudad. La mirada violácea de Neji dejó el análisis del plano de un proyecto importante que tenían, y se apartó del par de ingenieros que estaban en la oficina con él, permitiéndoles seguir hablando ente ellos.
Manos en los bolsillos se acercó a la alargada ventana y observó a las primeras estrellas aparecer sobre el sol muriente. El sonido de su móvil lo hizo regresar la atención al escritorio, lugar donde lo había dejado.
—¿Qué ocurre Naori? —preguntó volviendo frente a la ventana, viendo discretamente al par de ingenieros que seguían ahí.
Escuchó un suspiro agotado del otro lado.
—Neji… Hinata me está preocupando.
El varón frunció el ceño —¿Qué ha hecho?
La joven del otro lado se rascó desanimada el pelo —No has aparecido por aquí luego de ese primer día— le recordó —. Hinata intentó irse en varias ocasiones, la última, hace un momento.
Neji gruñó pensando en marcar a su prima. Su vista cayó a los diminutos coches en la avenida, por el momento no podía permitirse ir a donde estaba, no era estúpido y sabía que Sasuke estaba tras sus pasos. Y aunque ya no lo había visto rondándolo, había notado la presencia de un nuevo tipo. Se delataría de inmediato si se acercaba.
El castaño escuchó molestia en la voz de su novia —Hinata cada vez tiene menos disposición a quedarse, y aunque intenta ser paciente, su desesperación al no saber de ti está colmándola. Ha perdido peso y casi no come, aunque soy consciente que intenta hacerlo. Vomita todos los días —su voz sonó más seria—, creo que sus nervios no darán más. Vas a hacerla colapsar.
—Lo tolerará. Dame solo unos días.
—¡El gorila que tienes aquí casi la ha golpeado! — dijo ella con menos paciencia.
—¿Qué? —con voz gélida la forzó a repetirlo.
—Ya te dije —ella se pasó los dedos por el pelo y abrió con cuidado la puerta de la habitación donde Hinata dormía descobijada. Apretó más su móvil al verle las muñecas enrojecidas —. Ella quiso irse, casi escapó, entonces el tipo éste le dio alcance y la arrastró de regreso. Mira —dijo calmándose—, mis vecinos no tardarán en notar que algo raro ocurre, no me importa, la verdad. Lo que sí no pienso permitir es que la maltraten. No la trajiste aquí para eso.
El rostro de Neji casi enrojeció por la tensión en la mandíbula que provocaba su enojo.
—Hablaré con él.
Naori frotó sus sienes y él supo que algo callaba.
—¿Qué más?
—No pretendo que este sujeto tenga problemas, pero no creo que sea el indicado para estar aquí. No parece disfrutarlo —Neji se guardó su opinión al respecto—. No sé qué tanto les haya dicho tu jefe de seguridad, pero parecía demasiado enterado de la situación. Debiste verlo, Neji. Sí, Hinata estaba desesperada pero no debió de tratarla así. La jaló horrible, digo, sé que lo tienes aquí para retenerla, pero creo que confundió eso. Hinata no es una presa, su deber es cuidarla.
—Debería saberlo —dijo y se dirigió a su escritorio. Presionó un botón que lo enlazaba con su secretaria —. Has venir a Tokuma, de Seguridad— dijo apartándose el móvil. Una vez recibida la confirmación por su secretaria, regresó tras sus pasos, manteniendo la distancia con los otros presentes —. Me haré cargo, la discreción en este caso en fundamental.
Naori sonrió irónica al regresar a su sala.
—Arréglalo, porque algo no les ha quedado claro. Como te dije, creo que saben más de lo que deberían —ella hizo un silencio que sintió tenso y luego prosiguió—: ¡La ha llamado pequeña zorra! —susurró indignada y sus ojos escocieron.
—Maldita sea —arrastró Neji al apartarse el móvil de la oreja.
—Debiste ver a Hinata —la escuchó decir cuando volvió a la llamada—, estaba tan dolida. Llorando avergonzada. ¡Avergonzada! ¡Como si debiese estarlo! Ese… ese sujeto…
—Te llamaré luego— interrumpió y colgó la llamada —. Necesitaré un momento —alzó la voz llamando la atención de los ingenieros ahí presentes—, ¿les importaría?
Uno de ellos negó, sin entender —Estamos terminando, Neji y…
—Sí, será rápido— insistió sin dejar de verlos. Sus rasgos endurecidos hablaron de su molestia.
—Como diga— soltó el otro para animar a su colega a partir.
No transcurrieron ni dos minutos desde que se quedó solo, para que el teléfono sonara. Neji presionó el botón que lo enlazaba con su secretaria, pero no habló.
—Tokuma, señor— se oyó por el altavoz.
—Que entre.
La puerta fue abierta segundos después y un joven varón perfectamente peinado y que se ajustaba un manos libres a la oreja, entró en silencio.
—¿Me ha mandado llamar?
La mirada fría y perlada estuvo en él desde que apareció —¿Quién está en este momento resguardando a Hinata?
El joven pareció sorprenderse, pero asintió recomponiéndose —Zabuza Momochi— dijo luego de revisar el dato en un dispositivo digital.
—¿Nuevo? — la molestia de Neji era notoria pese a lo controlada de su voz.
—Casi. Como sabrá, la constructora es partícipe de programas de reintegración social. Se unió hace unos meses, es posible que no lo conozca, pero ha mostrado ser competente. Está en un rol de doce horas con otros dos elementos.
—¿Me estás diciendo que pusiste a un ex presidiario a cargo del cuidado de la señorita Hinata?
—Ah — solo dicho así, Tokuma fue consciente de lo que había hecho. Aunque por ley, debía darle trato igualitario —. ¿Ha cometido algún error?
—Más que eso. ¿Qué tanto sabe de lo que hace?
—Solo lo necesario. Me aseguré de que quienes presenciaron lo ocurrido cuando fuimos por la señorita, no fuesen los mismos que estarán cuidándola, para evitar especulaciones.
—Pues algo ha salido jodidamente mal— intervino Neji más que molesto —. Relévalo de inmediato. Quiero a ese imbécil a kilómetros de Hinata.
Tokuma asintió —Siento el inconveniente.
—Y habla con el resto —añadió el castaño, señalándolo en advertencia por primera vez—: cualquier murmuración o palabra en su boca que no les competa, y estarán despedidos. A nadie debe olvidársele el lugar que ocupan y el respeto que le deben a mi prima. Eso es fundamental. Sean las circunstancias que sean, ella sigue siendo un miembro de la familia principal, es Hinata Hyuuga. No lo olviden.
—Delo por hecho.
Cuando Neji volvió a quedarse solo, de inmediato dio la orden que los ingenieros que salieron volviesen en cuanto les fuese posible.
«Respeto». La hipocresía lo golpeó fuerte al sentarse en el borde de su escritorio. Él era de los principales en faltarle, se recordó con el coraje todavía bullendo por su cuerpo… pero debía tolerarlo. Hinata estaba enceguecida con un falso enamoramiento y debía forzarla a abrir los ojos… así ella no lo agradeciera aún.
• • •
Neji estaba bajando por el elevador directo al estacionamiento de la empresa. Ya era noche, pero el alumbrado de la constructora hacía imposible reparar en ello.
Un par de empleados charlaban todavía con ánimo tras él, luego de terminar la jornada.
—¿Qué dices si vamos por un trago? —invitó un joven ingeniero que había sido su compañero, antes de la pronta titulación del bien llamado genio.
Neji sonrió con cansancio al salir —Quizá otra noche.
—¡Vamos, hombre! ¿Cuánto hace desde la última vez? Un mes, ¿quizá?
Neji mantuvo un intento de sonrisa.
—Creo que envejeces pronto también —bromeó el otro ante su mutismo.
El Hyuuga dejó de verlo al buscar su auto entre los muchos ahí. Su mirada se encontró con una figura conocida y tensó su postura.
—Te veré mañana— se despidió sin ver a su viejo amigo.
El joven en cuestión se extrañó, pero tras verlo dirigirse con otra persona, siguió su camino luego de una despedida anticipada.
Neji apretaba con fuerza innecesaria un portafolios y sus ojos fríos resultaron aún más al ver a Sasuke. El pelinegro de rebelde cabello estaba apoyado en el capó de su coche, con una actitud dura y seria. Los ojos negros se alzaron a él cuando lo sintió llegar. El descaro de su presencia molestó a Neji.
—¿Qué demonios quieres? —preguntó deteniéndose a unos centímetros de él, moderando su voz y las ganas que tenía de romperle la cara frente a la veintena de empleados que rondaban el lugar.
Sasuke apagó con sus dedos el cigarrillo que fumaba y lo dejó caer. Sus ojos negros fueron donde su maltratado vicio yacía en el suelo y cuando se alzaron a Neji, sus ojeras y piel demacrada fueron visibles.
—Todo el mundo cree que lo más sensato es alejarme— se sinceró pisoteando su orgullo, pero con la sombra peligrosa que dormía en él rodeándolo —. Yo decidí venir —su voz ronca sonaba cansada.
—Sasuke, vete a casa — Neji mantuvo la compostura pese a la peligrosa cercanía—. No me provoques.
—No puedo. Ya deberías saberlo.
—Quien sea que te aconseje, lo hace bien —el Hyuuga habló con meticulosa calma. La quietud de Sasuke contrastaba con el demonio que debería ser, pero no por eso confiaría en él —. Aléjate y no hagas esto difícil para nadie— pese a que desearía destazarlo con manos desnudas, no podía dejar de ser inteligente. Eso era lo que los hacía diferentes, él siempre pensaba cada una de sus decisiones. Con los dientes crujiendo por moderarse, Neji deseó poder hacer caso a sus instintos más primitivos.
—No pretendo que lo sea —Sasuke siguió sentado en el capó de su coche, pretendiendo no provocarlo, estaba agotado mentalmente, con apenas dormir o comer y, francamente, no buscaba más enemigos, con él mismo le bastaba —. Solo la necesito de regreso.
Su aparente sinceridad encolerizó al castaño que endureció más su mirada y postura —¡Y una mierda! —advirtió acercándose otro paso, quedando a su costado para poder susurrar — Si te importa, déjala, porque puedo destruirlos a ambos.
Sasuke bajó la mirada sin siquiera alterarse —Hinata no tiene la culpa del hombre que soy. No pagará mis pecados —dejó claro al verlo de medio lado. Podía sentir toda la tensión en el otro—. He hecho cosas de las que jodidamente me arrepentiré siempre. He sido tan bastardo como alcances a imaginar. La dañé más que nadie. Hasta hace poco todavía era una mierda. Pero no más.
Neji sonrió despreciándolo —No tienes siquiera derecho a aspirar a verla.
—Lo sé. Pero necesito hacerlo por ella.
—No la menciones.
—Sé que fui quien la destruyó —Neji volteó a verlo, pero a Sasuke pareció no importarle al enfrentar su colérica mirada y continuar—. He intentado repararla todo este tiempo. Ya no quiero lastimarla —Neji hizo emblanquecer sus nudillos al apretarlos a su portafolios para no golpearlo. Su desprecio solo se mostró como una sonrisa cínica. Sasuke hizo una pausa y luego soltó aire despacio —. Sólo quiero que esté bien— confesó al fin.
—De eso me encargaré yo— sin querer escucharlo más, Neji avanzó, yéndose.
Sasuke escuchó sus pasos alejarse en el ya casi vacío estacionamiento. Bajó su mirada al suelo y alzó su voz —No voy a parar hasta encontrarla. Porque si me rindo, volveré a fallarle y no lo pienso hacer.
La rabia bulló en cada vena de Neji, pero no volteó a verlo siquiera.
¿Había entendido bien?
«Maldita sea» susurró y luego golpeó el volante de su auto al encerrarse en él. Odiaba a ese hombre más que a cualquier otro ser humano en la tierra, pero odiaba más ver a Hinata así de desesperada por él. Que Sasuke la buscara tanto como Hinata lo ansiaba a él, solo le decía que la profundidad de lo que tenían estaba muy por debajo de lo que él creía entender.
Arrastró su cabello al reclinarse en el asiento, necesitando un poco de claridad mental, porque no quería ahondar en lo que esos dos decían tener. Desvió su rostro al verse casi solo en el estacionamiento y su mirada fue atraída por un brillo metálico. Al prestar atención vio un bolso, el de Hinata, para ser precisos. Había olvidado ya que Tokuma lo había dejado ahí y de eso ya hacía una semana.
Iba a tomarlo cuando una llamada entró a su celular, distrayéndolo.
—Tío, hola— respondió al enderezarse y poner en marcha el vehículo. Colocó el altavoz.
—Neji, ¿qué tal todo por allá? — Hiashi se escuchaba cansado, era un hombre mayor y se levantaba muy temprano, si a eso le agregaba que la ciudad donde ahora se encontraba tenía tres horas de diferencia con Tokyo, eso explicaba su agotamiento.
—Todo… bien— terminó por decir.
—Me he ocupado en demasía, el trabajo, la visita a Hanabi y bueno. ¿La constructora?
—Viento en popa —dijo saliendo del edificio, adentrándose a la larga avenida iluminada por altos postes.
Hiashi preguntó sobre un par de proyectos importantes que le encomendó, antes de preguntar por Hinata.
—Sí, ella… tiene problemas con su teléfono móvil —mintió sintiendo más pesada la carga que llevaba en hombros.
—¿Y en su departamento?
—Sí, verás, tío, salió a las afueras de la ciudad con un par de amigas. Yo la autoricé.
Hiashi dejó pasar unos segundos en silencio. Neji supo que no le gustó no enterarse, pero era mejor así.
—Bien, dile que se comunique.
—Lo haré.
La llamada se extendió por unos minutos más mientras Neji conducía. Cuando finalizó se dio cuenta que ya no lo seguían y aunque descubrirlo lo aplacó, prefirió mejor conducir a su departamento luego de pasar por algo para la cena. La verdad su humor no era el mejor y no quería llegar y discutir con Hinata.
Al llegar a su hogar se aseguró de tomar el bolso de Hinata y subirlo con él. Se lo entregaría cuando lo creyese adecuado. Esculcó en él y localizó –entre muchas cosas que traía- su móvil, éste estaba apagado, seguro al agotarse la batería. Bien, así estaba mejor. Lo devolvió para dejar todo en el escritorio de su alcoba.
Minutos después y antes de sentarse a cenar, Neji se entretuvo en una llamada con su jefe de seguridad: a partir de ahora, la entrada o permanencia de Sasuke Uchiha en las instalaciones quedaba terminantemente prohibida. Esa había sido la orden dada.
•
O.O.O.O.O
•
Por la madrugada el cielo lucía despejado, pero la noche era particularmente fría y menos ruidosa. Naruto no había logrado sacarse de la cabeza y del centro del pecho la sensación de culpabilidad y traición, que le provocó enterarse de más detalles de aquella noche.
Ino le había creído a Sasuke, pese a que no se mostraba abiertamente de su lado. Tal vez ella, por haber conocido más de esa relación difería con él; pero entre su charla pudo ver que también se culpaba por dejar a Hinata sola. Esto solo la hacía sentir peor y notoriamente empequeñecida, sin atreverse a fijar postura.
Él, sin embargo, sabía que odiaba a Sasuke. Pero el desprecio también alcanzaba para sí mismo. Durante la tarde había pasado de las llamadas de Sakura, sin humor de escucharla o compadecerla. Se dio cuenta que habían sido una serie de malas casualidades que terminaron exponiendo a Hinata dándole a Sasuke la oportunidad de…
—Maldita sea— la garganta se le cerraba al caer en cuenta cuánto pudo cambiar todo si él solo se hubiese quedado con ella.
Todo pudo ser distinto. Tanto.
Sus pasos cansados lo llevaron a un enorme parque del sector por donde vivía. Dormir sabiendo lo que sabía era un privilegio que le seguiría siendo negado. El lugar estaba casi vacío salvo algún ciclista que atravesaba la pista que rodeaba el enorme parque y un par de perros. Naruto se sentó en el respaldo de madera de una banca y su mirada se perdió en la grama casi amarillenta. Frotó sus cienes al cerrar los ojos, ¿cómo podría dar el siguiente paso para dejar de lado esa situación?
Sabía que tenía que hacer algo o de lo contrario iba a terminar más afectado de lo que estaba.
Sacó su móvil del bolsillo de su chamarra anaranjada. Eran las dos de la mañana, una hora impropia para cualquier llamada, aun así, marcó. Casi como supuso, no demoró en ser atendido.
—¿Diga?
—Neji —hizo una pausa buscando que su voz sonase más clara. No creyó utilizar ese número una vez que fue el único que consiguió buscando ser atendido por Hiashi días atrás. Al final había ido a la constructora, para terminar siendo recibido por ese castaño con quien ahora sí le interesaba hablar: —, Hinata, ¿dónde está?
Apenas se escuchó el aliento del otro, al sonreír cansado y cínicamente —Resultas igual de infeliz que Sasuke al preguntar lo mismo.
Naruto tensó la mandíbula y calló un par de segundos antes de exigir no ser comparado con aquél.
—Necesito verla.
«Sí, todos lo necesitamos», pensó el otro a punto de colgar.
—No puedes solo desaparecerla. No arreglará nada, en serio.
—Hinata volverá a su vida cuando lo crea pertinente. Mientras tanto, creo que ella ha tenido demasiado de tu maldito grupo de amigos. Ni lo pienses.
El rubio se quedó con media palabra atorada en los labios cuando la llamada finalizó. No tuvo intención de volver a marcar y apretó su cabeza al volver a echarla hacia abajo, frustrado. Si seguía dándole vueltas, se iba a volver loco. Los ojos azules escocieron y tuvo una necesidad tan intensa de volver a aferrar a Hinata entre sus brazos, que le empañó la vista.
• • •
Y mientras Naruto permanecía en el parque a esas horas de la madrugada, deseando poder verla, Hinata estaba cobijada hasta el cuello sobre su cama. Sus ojos ya no estaban húmedos, pero ardían como nunca. Ella también necesitaba un abrazo, uno fuerte y largo, de quien fuese, ya no se permitía ser egoísta deseando que fuese Sasuke. Ahora quería escuchar un susurro en su oído con la frase «todo estará bien».
Horas atrás, en un impulso movido por el desespero y frustración, había intentado escapar. Una mala idea. Ella no quería huir, quería ver a Neji y que intentaran arreglar las cosas. Nada era tan fatal como estaba imaginándolo y vaya que le costaría creerlo. Pero Neji no volvía y ella no había alcanzado ni el elevador cuando fue detenida de una forma brusca, casi cruel por alguien que él dejó cuidándola.
Sus mejillas todavía le dolían, luego de que los dedos de ese hombre se hundieron en ellas. Él la miraba molesto, culpándola de la ofensa que le causaba hacer de niñera de una niña rica que solo estaba dando problemas. Por primera vez se sintió más que humillada al ser juzgada. Las palabras más crueles habían salido de un extraño, marcándola como una cualquiera. Y eso la había herido profundamente, el impacto y crudeza le impidieron siquiera responder. Había sido devuelta a la casa casi con brusquedad y ni la voz enfurecida de Naori al enfrentarse con el sujeto ese habían sanado el marcado desgaste que venía padeciendo.
Hinata, acostada y sin poder dormir, sobó su vientre todavía plano. Tenía tantas ganas de que las cosas saliesen bien, luchaba por comer y evitaba en lo posible porque Naori notase los síntomas de su embarazo. Porque algo le decía que en cuanto Neji se enterara de su estado las cosas no harían más que empeorar. Necesitaba que la escuchara antes de eso.
«Sasuke… ¿qué estarás haciendo en estos momentos?».
Todavía con su mano en su vientre tibio, Hinata dejó caer una lágrima… tenía tantas ganas de estar con él, y permitiéndose pedir algo para ella, deseó poder tomarlo de la mano en medio de una multitud de personas que los ignorase y los dejara ser felices. De besarlo y ser besada sin que a nadie le importara.
Lloró más de pensar en ese resultado de embarazo positivo que guardó en su bolso con la esperanza de mostrárselo a Sasuke. Pero el tiempo no alcanzó. Hinata casi perdió el aliento y las ganas de llorar cuando su lucidez pareció volver, acompañada de ansiedad. Ese resultado de embarazo… ¿dónde estaría su bolso en ese momento?
Casi saltó de la cama y se dejó caer sentada en el suelo, al revolver en el clóset las cosas que le habían llevado. No estaba ahí.
¿Dónde estaría? No le importó nada más, solo quería su bolso y ese sobre de laboratorio con sus resultados, también la pequeña cajita de regalo donde con mucho cuidado había guardado unos diminutos zapatitos de recién nacido. A Hinata se le formó un nudo en la garganta y su tristeza fue incluso mayor… había planeado mucho esa sorpresa para Sasuke.
Ahora, si alguien más la descubría…
Sus ojos húmedos fueron cerrados por varios segundos en los que buscó tranquilizarse. Cuando los abrió despacio, Hinata se juró que pasara lo que pasara, nada malo ocurriría con su hijo. En ese momento él era lo único que de verdad tenía. Era de Sasuke y suyo, y lo iba a defender.
•
O.O.O.O.O
•
Suigetsu caminaba evitando gente en una concurrida calle del centro. Hizo tronar su cuello menos tenso y luego revisó su reloj antes de adentrarse a una conocida cantina.
Eran las seis más diez, diez minutos después de la hora acordada. El lugar estaba menos plagado que el exterior, aun así, se demoró unos segundos en ubicar a Sasuke entre todos los presentes. Lo encontró en la barra con un sujeto familiar.
«Joder». Caminó directo a él lo más despreocupado posible. Cuando lo notaron, el otro varón se alejó dejándole una mirada fría.
—¿Qué hay? —saludó sentándose al lado del pelinegro.
Sasuke lo saludó con un movimiento de cabeza —Un Bushmills black— pidió luego al cantinero.
—Yo estoy bien así —respondió el peliblanco viendo preocupado la pequeña dosis con la que Sasuke jugaba entre sus dedos —. Creí que lo dejabas— comentó haciéndose con su atención.
Sasuke prestó atención a la dosis antes de guardarla en su chaqueta —Esto no es nada, sólo… —se detuvo y resopló. Para Suigetsu no pasó desapercibido el estado desmejorado de su amigo. Estuvo seguro que apenas dormía — ¿Qué sabes?
El otro se tomó unos segundos antes de dejar pasar el tema inicial y responder —Ha ido aquí —dijo y le tendió una tarjeta de un burdel, tras la cual había anotada una dirección con la inconfundible mala caligrafía del peliblanco.
Sasuke leyó la dirección y estuvo seguro que le sonaba de algo.
—Es un residencial bastante lujoso, me he pasado varios días por ahí.
—¿Por qué demonios no lo dijiste antes?
Suigetsu separó sus manos y jadeó —¡Oye! El cabrón solo va un par de horas, algo me dice que solo va a follar. Lo he visto despedirse de una tipa, no creí que fuera necesario, pero es lo único nuevo en su rutina. Es putamente aburrido.
Sasuke meditó las cosas mientras le ponían su trago enfrente. Le asintió, comprendiendo; Suigetsu se había ofrecido a estar pendiente de Neji cuando notó que él no podía más. Pese a que la intención de su amigo era permitirle descansar, Sasuke no conseguía dormir más de dos horas corridas. El insomnio era una versión del infierno y la melancolía solo lo debilitaba; no había segundo que no se arrepintiera de lo que había hecho solo por las consecuencias, porque dejar de cargar con ese peso era algo que venía necesitando.
Habían pasado ya veinte días y la presencia de Hinata aparecía en cualquier parte donde volteaba, no sabía si eran alucinaciones por su estado grave de abstinencia, o era la desesperación y necesidad de verla. Una noche había conversado con una versión de Hinata que le acariciaba el pelo mientras ambos estaban recostados en su cama… eso eran gotas de alivio; pero tras volver a la realidad el golpe era aún más duro.
—Volveré a hacerme cargo— resolvió luego del primer trago.
—Te digo que puede no ser nada — replicó Suigetsu.
Sasuke asintió y tocó un par de veces la dirección con su índice —Lo sé. Pero es lo primero distinto que nos da.
Suigetsu terminó asintiendo —Por cierto, ¿piensas meterte eso?
Sasuke negó en silencio, había llegado al punto de necesitarlo demasiado. Quiso responder que no, pero no pudo hacerlo, le sonrió mientras se levantaba —Gracias— dijo y luego de pagar su trago y un par más, lo dejó solo.
•
O.O.O.O.O
•
Neji pasó sus dedos largos por el flequillo de Hinata, pegado a su frente. Ella dormía aparentemente tranquila.
—¿Qué dijo el médico? —preguntó Naori al apoyarse en el marco de la puerta. Notó la ternura con la que él la acarició.
—Recomendó unos estudios— explicó volteando a verla —, supone que algo le ha estado sentando mal. También recomendó multivitamínicos, notó su adelgazamiento.
—Come realmente poco, ¿podría ser estrés?
Neji asintió, Hinata era impresionable y muy sensible, todo eso debería estarle pasando factura a todo su sistema.
—¿La llevarás a que le realicen los estudios?
Neji asintió.
—También he pensado que sería bueno que viera caras conocidas —agregó Naori haciéndolo fruncir el ceño—, así no se sentirá tan resguardada— tintó de ironía la última palabra.
—¿Lo crees?
Ella asintió con firmeza —Ha estado poniendo de su parte, ¿no crees que si estuviera enferma como dices, ya estaría en medio de una crisis convulsiva o de histeria?
Él dejó de verla sin estar convencido. Lo de Hinata no era obsesivo, eso le estaba quedando claro, ella más bien de verdad creía estar enamorada, por eso su ánimo estaba decayendo tanto. Últimamente había preferido ignorarlo, luego de lo que ese sujeto de su seguridad le había dicho.
—Pensaré lo que dijiste— dijo saliendo de la habitación. Neji se acercó al ventanal y reconoció un auto estacionado varios coches tras el suyo —. Naori, necesito pedirte un favor.
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O.O.O.O.O
•
Sí, estás en lo cierto. Esa es la dirección donde se encuentra el departamento de Naori, ¿por qué preguntas?
Sasuke no supo si estar o no decepcionado de la información que Itachi le había corroborado en ese texto. Sus ojos negros se fijaron con curiosidad en unos de los deslumbrantes cristales de la alta torre. Neji estaba ahí dentro en ese momento… ¿sería posible que Hinata…?
Fuera o no muy probable, supo entonces que tenía un lugar por dónde comenzar.
Continuará…
•
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•
¡Hola! Siento la demora :c
Gracias por esperarme y por todo el apoyo, lo aprecio muchísimo.
Espero que el capítulo les gustara, saben que detesto no tener a ese par juntos, tal vez por eso me costó armar todo esto. El siguiente capítulo ya tiene buena parte del esqueleto y varias escenas escritas en uno de mis blocks de notas, así que espero que salga más rápido.
Agradezco todos los comentarios, ¡se mancharon! xD no saben lo bonito que fue leerlos (desde los comentarios fangirls por el fic, hasta las biblias que tanto amo) y fui muy feliz al volver a ver a gente que había desaparecido «3
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Mil gracias por la paciencia, me avergüenza haber tardado, pero ya saben que siempre vuelvo aquí.
¡Besos!
Nota: Esta historia ya la pueden encontrar en wattpad, en mi perfil hay un enlace por si a alguien le resulta más fácil seguirla por haya c:
Nos leemos el año que viene. ¡Feliz año nuevo!
