Capítulo 3: Apple Streusel

El olor del tocino fresco llenaba el aire y Eren se estiró con una contenta sonrisa. Abrió sus ojos, examinando mejor la habitación en la luz de la mañana. Curvó sus dedos en las blancas sábanas e inhaló; el suave algodón tenía un fresco aroma, recientemente limpio, pero aún podía oler la comida siendo cocinada a través de la casa.

Se sentó, bostezando ampliamente, y se acordó de que estaba desnudo. Luego lentamente recordó que no estaba en su cama. Ni siquiera estaba en su casa.

Rascándose la cabeza, Eren salió de la cama y se arrastró hasta el baño. Se refrescó y fue a buscar su ropa. Caminó con sus manos alrededor de su cuerpo, como si quisiera ocultar que estaba desnudo de (inexistentes) ojos curiosos.

Encontró su ropa cuidadosamente doblada y puesta encima de una cómoda. Eren se empezó a vestir y mientras se ponía la camiseta por la cabeza, se dio cuenta de que su ropa había sido lavada. Tenía el mismo aroma que las sábanas.

Estaba acostumbrado a las relaciones de una noche, pero nunca a tener su ropa limpia en la mañana.

Se pasó una mano por su desorden de cabello y salió de la habitación. Se exprimía el cerebro por el nombre del pelinegro. Sabía que era algo con una "L", algo corto. La-. Le-. Li-. Definitivamente algo con Le…

Eren arrastró los pies hasta la sala de estar y desde donde estaba parado podía ver en la cocina. El hombre de cabello negro estaba llevando un par de pantalones oscuros y una camiseta blanca sin mangas. Estaba de pie sobre la estufa, centrado en su cocina. Eren se mordió el labio y aclaró su garganta para llamar su atención. El hombre miró por encima de su hombro con una sonrisa y luego de vuelta a la comida.

—Buenos días, mocoso —dijo.

—Buenos días…uh…

—Levi.

Eren hizo una mueca, golpeándose mentalmente.

—Gracias.

Levi pasó el tocino de la sartén a un plato. Señaló una cafetera.

—Hazte una taza de café. Hay crema en la nevera y el azúcar está en ese segundo contenedor.

Eren entró torpemente en la cocina, con cuidado de mantenerse fuera del camino de Levi. Lo miró mientras cogía su taza de café; todavía estaba muy caliente. Abrió la nevera y sacó la crema. Mientras regresaba a su taza, vio que Levi ya tenía una. Eren se inclinó y alcanzó a ver dos platos de comida, ambos ya listos con omelets. Levi tomó un sorbo de su café y comenzó a servir el tocino también.

—Espero que hayas dormido bien —dijo Levi, llevando los platos a la mesa. Eren puso azúcar en su café y revolvió—. Por cómo roncabas, parece que sí.

—Dormí muy bien, en realidad —se rio Eren—. Tu cama es agradable.

—Me imagino que cualquier cosa es mejor que una cama en un puto dormitorio universitario —respondió Levi, sentándose en la mesa. Eren lo siguió y se sentó en la silla con el plato situado en frente de él.

—¿Y qué te hace pensar que vivo en un dormitorio? —preguntó Eren. Observó la comida delante de él. Un omelet casero y tocino crujiente, junto a una taza de café recién hecho. Estaba en realidad sentándose para un desayuno de verdad en vez de estar corriendo con una tostada en su boca para su clase de la mañana. Cogió el tenedor y miró a Levi antes de comer.

—Estabas en el bar. Si no me equivoco, la Universidad de Trost está muy cerca —dijo Levi, mordisqueando un trozo de tocino—. Así que corrígeme si estoy mal con mi suposición.

Eren tragó. La voz de Levi era suave y eran tan cordial, incluso mientras comía y tan jodidamente temprano, también. La mente de Eren aún estaba tratando de recoger los pedazos de la noche anterior y aquí estaba Levi haciendo una conversación real.

—Sí —murmuró Eren—. Digo, no, ¿qué?

Levi se rio entre dientes y tomó un sorbo de su café.

—Maldito mocoso.

—Voy a Trost, sí —dijo Eren—. Pero no vivo en los dormitorios. Tengo un departamento con mi hermana y mi amigo.

—Suena bien. ¿Qué estás estudiando?

Siempre con esta pregunta. Eren dudó y llenó su boca con comida, haciendo una pausa antes de responder.

—Soy estudiante de arte.

—Arte, ¿huh? Nada mal. ¿Escultura, dibujo, pintura? No estoy muy seguro de todo lo que califica como arte —dijo Levi.

Eren lo miró. Levi tenía sus ojos en su comida, pero su tono aún era… interesado. Estaba genuinamente preguntando por la carrera de Eren en vez de hacer una gran cosa de eso. Eren sonrió un poco y cortó más de su omelet.

—Yo pinto.

—¿Eres bueno?

—Bueno… No creo que sea… malo…

Levi se recostó en la silla, cruzando los brazos y dejando que su mirada se centrara en Eren. Eren levantó sus ojos, pero mantuvo la cabeza gacha.

—No tienes que ser tan jodidamente modesto. Si eres bueno, dilo. Sé dueño de tu talento, mocoso. No es como si te fuera a juzgar.

—Soy decente.

—Eres bueno.

—¿Pero cómo lo sabes?

—Soy muy bueno leyendo a la gente —Levi se encogió de hombros, estirando sus brazos por encima de su cabeza. Sus músculos se flexionaron y apretaron con sus movimientos, mostrando cada buena pulgada de definición. Eren admiró sus clavículas y sus nítidas curvas; admiró el cuello de Levi y las leves marcas aún ahí.

—¿Entonces qué haces?

—Trabajo —dijo Levi, poniéndose de pie y llevando el plato al fregadero. Lo enjuagó antes de abrir el lavavajillas.

—Eso es vago —respondió Eren, siguiéndolo y haciendo lo mismo.

Levi nunca comentó al respecto.

—Tengo que vestirme y luego tenemos que irnos. Tengo trabajo en una hora y media. Ponte cómodo hasta que me arregle y nos vayamos. ¿Te llevo a casa o tienes un auto?

—Auto —dijo Eren—. De vuelta en el bar.

—Perfecto.

Eren decidió hacer la cama mientras Levi se vestía. Era lo menos que podía hacer después del desayuno. Observó a Levi, por el rabillo del ojo, ponerse una camisa blanca. Añadió una corbata azul oscuro y terminó con el saco del traje. Adornó su muñeca con un reloj de plata; Eren notó que tenía varios otros, todos con diferentes caras de colores y todos probablemente costaban más que sus pagos mensuales del departamento.

—Bueno, lo que sea que hagas debe ser serio —dijo Eren mientras caminaban por la casa hacia la puerta del garaje—. Estás bien vestido.

—Tengo que lidiar con mucha gente. Vestirse profesionalmente es requerido —dijo Levi. Agarró un juego de llaves y abrió la puerta, presionando el abridor de la puerta del garaje.

Eren se quedó mirando el Porsche y el Maserati perfectamente aparcados en el garaje de tres puertas. Tragó fuerte, sin saber por dónde caminar. Pero más curioso sobre qué hacía Levi para ganarse la vida.

—¿C-cuál?

—El negro —el Maserati.

Eren se deslizó en el asiento del copiloto y miró alrededor del auto, sus manos firmemente en su regazo. Estaba aterrorizado de moverse o tocar algo. Tenía miedo de que de alguna manera rompiera el auto y tuviera que pagar por ello. Y la última cosa que necesitaba era tener que pagar por un caro auto cuando apenas podía hacer las compras.

En realidad tuvo una buena vista de la casa mientras Levi salió del garaje. Era grande, para un hombre soltero. ¿Pero no lo eran todos los departamentos de solteros? Una grande, bonita casa. No hay responsabilidades que no sean el trabajo o los autos. Levi lo tenía todo y Eren era una aventura de una noche que tuvo un vistazo de todo ello.

Lo hizo cuestionarse si renunciar a ser doctor era la decisión correcta. Vio lo que podía tener con un trabajo con un futuro seguro. Y sabía lo mucho que su padre ganaba. Nunca tendría que preocuparse. Nunca tendría que luchar o conseguir un segundo empleo. Podía ser un doctor y tener el dinero para hacer lo que malditamente quisiera.

Pero incluso sabiendo eso, no tenía pasión. Quería estar sucio y cubierto de pintura. Eso lo haría feliz, lo sabía. No un pensamiento pasajero. No el sueño de su padre.

Después de un viaje de veinte minutos, Levi se detuvo en el estacionamiento del bar. Eren señaló su coche, todavía aparcado y sin (afortunadamente) ventanas rotas.

—Gracias —dijo Eren.

—No hay problema —respondió Levi—. Buena suerte con la universidad. Estudia duro. Y no dudes de tus habilidades para pintar, mocoso.

Eren se rio.

—Consejos de vida de mi viejo de una sola noche.

—No finjas que no te divertiste también. Ahora date prisa. Tengo que ir al trabajo.

Eren sonrió y abrió la puerta. Cuando salió, se detuvo, viendo el papel debajo del limpiaparabrisas de su coche. Cogió el ticket y el terror llenó su estómago. Soltó un quejido.

—Mierda…

—Oi, ¿todo bien? —preguntó Levi, bajando la ventana.

Eren levantó la papeleta y volteó, asomándose por la ventana.

—Tengo una puta multa. No puedo creer esta mierda.

Abrió su auto y se dejó caer en el asiento delantero. Eren quería golpear su cabeza contra el volante por ser tan estúpido como para dejar su auto estacionado ahí toda la noche. Se echó hacia atrás y empezó a abrir el papel cuando Levi miró dentro del coche.

—Déjame tenerlo.

—¿Huh?

Levi le tendió la mano expectante.

—La multa. Dámela. Yo la pagaré.

—¿Qué? No. Eso es estúpido. No es tu problema —dijo Eren—. Yo estacioné aquí. Mi auto. Me encargaré de esto.

—Es parcialmente mi problema. Te llevé a casa. Es mi culpa que dejaras tu coche aquí. Yo lo pagaré, no te preocupes por ello —Levi le arrebató el papel de las manos a Eren antes de que pudiera hacer otra protesta.

—¡Hey! ¡Vamos!

Levi sonrió.

—Piensa en ello como un "gracias" por hacerme compañía anoche.

—No soy una puta. No puedes pagarme por sexo.

—Una prostituta es alguien que se vende por dinero. Es un intercambio conocido; un acuerdo. Esto es un favor por otro.

Eren hizo una mueca.

—Supongo… ¿Pero si es mucho?

—Te dije que no te preocupes por eso —dijo Levi con una despedida con la mano mientras caminaba de vuelta a su auto—. Que tengas un buen día, Eren.

Y así, Levi se marchó sin decir otra palabra. Eren suspiró, aliviado de que no tendría que gastar su dinero en una multa de estacionamiento que no podía pagar. Hizo su mañana un poco menos estresante.


Eren estaba contento de regresar a una casa vacía. No estaba listo para enfrentar a Mikasa o Armin o alguna pregunta sobre la noche anterior. Quería unas pocas horas de silencio antes del trabajo —para ducharse y descansar y posiblemente incluso pintar por un minuto.

Se quitó la ropa, tirándola por su habitación, y abrió la ducha. Pasó los dedos sobre su piel mientras se veía en el espejo. Se quedó mirando las marcas a lo largo de su cuello y pecho, los moretones en sus muslos. Levi ciertamente no se había contenido con su cuerpo.

Corrió la cortina de la ducha y se metió dentro del chorro caliente, disfrutando la forma en que el agua calmaba su cuerpo adolorido. Pasó los dedos por su cabello y hasta su cuello, tocando las marcas en su piel. Suspiró mientras se limpiaba a sí mismo, la suciedad de la noche anterior removiéndose con el agua.

Cogiendo la toalla mientras salía, Eren cerró el grifo y se dirigió a la habitación que compartía con Armin. Fue directo a su cómoda y empezó a sacar ropa limpia para el trabajo, ignorando a Mikasa apoyada contra la puerta con una horrible, crítica mirada en su rostro.

—¿Acabas de llegar?

—Sí.

—Eren.

—¿Sí, Mikasa?

Ella suspiró, frotándose el puente de la nariz.

—¿Por qué haces esto? Siempre haces esto.

—¡¿Hacer qué?!

—¡Ir a bares y estar fuera toda la noche! Me preocupo por ti. Armin se preocupa por ti. Podrías salir lastimado, Eren. No llamaste ni nada. Podrías quedar en un accidente de tránsito o drogado por un viejo-

Eren dio un largo, alto quejido. Estaba harto de escuchar. No quería oír más de sus reclamos. Quería tener una mañana tranquila, vestirse e ir a trabajar; no ser sermoneado por sus hábitos nocturnos.

—No estaba tan borracho. Y no tomo y manejo. Y sé que no debo aceptar bebidas de extraños. No soy un idiota, Mikasa, carajo.

—Entonces deja de actuar como uno.

—¿Puedes por favor dejar de entrometerte? Ya tengo a mis padres asfixiándome, y tu Mika-manta extra no está ayudando. Soy un adulto.

—Y aún tomas decisiones infantiles —dijo Mikasa, dándole la espalda y caminando a su habitación.

Eren rodó los ojos, tirando la toalla al suelo tan duro como pudo. No le satisfacía tanto como azotar una puerta lo haría o arrojar su teléfono, pero se conformó por el momento. Se puso una camisa, ropa interior y unos jeans antes de irrumpir en la sala. Se sentó en el sofá, agarrando sus desordenados cabellos castaños.

No iba a bares buscando problemas. Solo terminaba ahí. Terminaba borracho. Terminaba en la cama de un extraño (usualmente la cama de Jean, pero Mikasa no sabía eso). Y nunca le importaba. Era su vida y sus problemas. Era su manera de olvidar e ignorar la semana, aunque solo sea por un breve momento. Su manera de lidiar con el estrés.

Escuchó a Mikasa caminando y eventualmente su cabeza fue jalada en un suave abrazo. Mikasa lo sostenía cerca, acariciando su cabello con una mano maternal. Eren suspiró.

—Lo siento…

—Está bien —murmuró Eren—. Perdón por gritar.

—Está bien —ella lo besó en la cabeza y lo soltó—. Voy a ir a ducharme. Ten un buen día en el trabajo.

—Sí, gracias…


Eren no se molestó en ducharse de nuevo una vez que regresó a casa. Fue directo a su pintura, añadiendo más detalles. Armin se sentó en el sofá, revisando su tarea, mientras Mikasa cocinaba.

—Oh, ¿decidiste agregar algo más después de todo? —preguntó Armin, levantando la vista de su trabajo mientras se estiraba. Eren lo miró por encima de su hombro, dejando su pincel. Sacudió su mano, aliviando sus tensos músculos.

—Oh sí —Eren rio—. Solo… este diseño de alas.

—Me gusta —dijo Armin—. Se ve increíble.

Eren miró de nuevo su pintura. Era estúpido, lo sabía, pero sentía que las alas cruzadas que vio en el cuerpo de Levi se sentían bien para la imagen. Aunque, cambió el ala negra por una azul y mantuvo la otra blanca, solo para hacerlo resaltar más contra la capa. Y no era el único, aparentemente.

—Me gusta mucho también —dijo Mikasa, acercándose—. Necesitaba eso.

Eren sonrió. Esa noche fuera de casa no fue completamente inútil después de todo.


Eren temía ir a su clase de psicología criminal. Era demasiado temprano y la clase era muy larga. Cada día era demasiado largo. Pero específicamente los martes. Y específicamente esa clase.

No solo era una estúpida, obligatoria clase electiva, no hacía nada para beneficiar su arte. Era una pérdida de tiempo y dinero y estrés; ninguna de esas cosas Eren en realidad quería gastar en su educación. Y por si fuera poco, Jean y Marco estaban en esa clase.

Por lo menos iban a tener a un orador invitado. Eso significaba una carga fácil de tarea.

Eren entró en el salón de clase y vio que estaba lleno. Estúpidamente lleno. Al parecer, algunos estudiantes habían venido a sentarse por el orador invitado. Eren gruñó y echó un vistazo alrededor de la habitación por una silla; en cualquier lugar, estaba desesperado.

—¡Eren!

Se encogió y vio a Marco saludándolo.

—¡Aquí! ¡Te guardamos un sitio!

Eren trató de alejarse, pero joder había devuelto el saludo. Sonrió, ocultando su deseo de esconderse, y subió los escalones hasta la fila en que Marco y Jean estaban sentados. Se apretujó entre sillas y mesas hasta que agarró el asiento que Marco tenía para él. Marco amablemente retiró su mochila de la silla y era todo sonrisas.

—Está realmente lleno —dijo Marco.

—Sí —gruñó Eren. Miró a Jean, quien lucía terriblemente aburrido—. ¿Hiciste que el cara de caballo venga a clase?

—Sí —Marco se rio entre dientes—. No quería, pero sé que esta clase le vendría bien. Vamos a tener un abogado que vendrá y nos hablará, y dado que el señor Kirschtein aquí quiere ser un abogado-

—No necesito escuchar a un viejo hablar sobre sus putos negocios —dijo Jean con un bostezo—. Es demasiado temprano para esta mierda.

—Es tan encantador —dijo Eren sarcásticamente—. ¿Cómo es que ustedes dos terminaron juntos?

Jean miró a Eren, y Eren sabía exactamente qué estaba pensando.

Si soy tan encantador, ¿por qué estás follando conmigo?

Pero Marco era genuinamente agradable. Venía de una buena familia con padres amables. No era un estudiante con calificaciones perfectas, pero aun así estudiaba duro. A todos les caía bien. Iba a la iglesia los domingos e incluso ayudaba con el grupo de jóvenes. Estaba estudiando psicología para ser un puto consejero, porque solo quería ayudar a todos.

Y estaba viviendo con Jean, un imbécil con cara de caballo que quería ser un abogado exclusivamente por el dinero.

Jean no era lo suficientemente bueno para Marco. Todos lo sabían. Pero era lo suficientemente basura para Eren y Eren podía aceptar eso.

—Los opuestos se atraen, supongo —dijo Marco con el color más rojo que Eren había visto en el rostro de una persona. Marco se mordió el labio tímidamente y miró a Jean. Este solo se rascó el pelo y tomó un sorbo de su café.

Eren rodó los ojos, sacando un bolígrafo y papel mientras la profesora entraba. Vagamente escuchó a la doctora Zoe hablando sobre su orador invitado. Acerca de que era un querido amigo. Un abogado exitoso. Por qué una psiquiatra conocería a un abogado estaba más allá de la comprensión de Eren. Aunque de nuevo, ella era una profesora auxiliar. No estaba ahí la mayor parte del tiempo, así que quién sabía quiénes eran sus amistades.

—Así que, por favor, dirijan su atención al señor Levi-

Eren se congeló a mitad de su dibujo. Levantó la mirada, sus ojos muy abiertos, al bajo hombre colocando su portafolio en el escritorio. Este sacó un iPad y cerró su maletín, mirando a la clase.

—Estoy muy honrado de estar aquí esta mañana —dijo Levi—, y gracias a todos por estar a tiempo. Odio como mierda cuando la gente llega tarde.

—Le gusta bastante la puntualidad —canturreó la doctora Zoe.

—Mi turno para hablar, Dra. Cuatro-Ojos —espetó Levi. Una pequeña, insegura risa vino de la multitud de personas. Levi rodó sus ojos—. Está bien. Ustedes, mocosos de mierda, pueden reír. Conozco a Hanji desde la secundaria.

Eren no podía creer lo que veía. Miró hacia abajo, rascando su cabeza y volvió a levantar la vista. Y Levi aún estaba ahí, abriendo sus notas en su iPad tan casualmente. Haciendo sarcásticos chistes de mierda que hacían reír a la gente incómodamente.

—Como dijo Hanji, soy un abogado. Pero lidio con criminales a diario y veo una gran cantidad de trastornos que entran y salen de mi campo en clientes —dijo Levi. Cruzó los brazos y se apoyó en el escritorio—. Así que, ¿qué pueden decirme sobre psicología criminal, mocosos?

Como si Eren fuera alguna vez a decir algo—Marco.

—Bueno, señor —comenzó Marco, atrayendo los ojos de Levi en su dirección. Eren apartó la vista, siendo tan natural como podía ser mientras Marco hablaba.

Escuchó a Levi empezar a hablar y el hombre se detuvo repentinamente. Eren no puedo evitar ver. Levi estaba mirando en su dirección—no la de Marco. Su rostro había palidecido y parecía que estaba en una pérdida total para las palabras. Como si lo que Marco había dicho realmente lo dejó perplejo. Pero los ojos del hombre estaban fijos en la cara de Eren. Y Eren no podía apartar la mirada.

Levi se aclaró la garganta.

—Muy buena definición —cogió su iPad y se dio la vuelta, continuando con su lección.

Eren permaneció tranquilo, incapaz de concentrarse realmente en las palabras de Levi. Solo observaba al hombre hablar. El hombre que le compró bebidas. El hombre cuya casa había visto. El hombre al que se la había chupado, el que vio cómo se metió los dedos a sí mismo, el hombre que lo había follado en el colchón el fin de semana.

Miró a Jean, preguntándose si este ya había reconocido a Levi. Jean estaba entrecerrando los ojos, mirando a Levi como si estuviera escuchando muy duro o tratando de ubicar su rostro. Eren se hundió más en su silla y esperó a que la clase terminara. O a simplemente morir de vergüenza; Eren tomaría la que venga primero.

Después de responder preguntas, todos empezaron a hacer sus maletas. Eren se debatía entre salir corriendo de la habitación y quedarse atrás. No quería hacerle frente a Levi, pero también se sentía grosero por simplemente evitarlo. Se mordió el labio mientras Marco pasó a su lado.

—Nos vemos más tarde —dijo fuerte. Eren sabía que la siguiente clase de Marco estaba en un pabellón diferente al otro lado del campus. Tenía que apurarse. Jean, sin embargo, estaba aún holgazaneando.

Eren se levantó, cogiendo su mochila y mirando a Levi. Jean ciertamente no era el único tomándose su tiempo. Tragando duro, Eren bajó las escaleras y lentamente se acercó a Levi mientras otro estudiante se despedía con un "gracias por venir".

Levi levantó la mirada hacia Eren y este sonrió.

—Hey —dijo Eren—, uhh… ese fue un buen discurso. Lección. Gracias.

Levi guardó sus pertenencias y sonrió con suficiencia. Eren sabía por qué. Y Levi sabía que Eren sabía. Los dos trataron de contener sus risas ante lo ridícula que era la situación.

—Por supuesto —dijo Levi—. Me alegra que lo disfrutaras.

Eren abrazó su maleta más fuerte a su costado.

—No estoy seguro si estás ocupado más tarde, pero hay una cafetería por el pabellón de arte. Si estás libre en una hora-

—¡Señor Levi! —gritó Jean, corriendo hacia Levi con una amplia sonrisa—. Hola, uh, gracias por venir a hablar hoy. Su clase fue realmente increíble.

—De nada.

—¿No tienes clase de arte, Eren? —preguntó Jean.

—¡Sí, en diez minutos! —espetó Eren de vuelta.

—Más como cinco.

Eren sacó su teléfono. Odiaba cuando Jean tenía razón.

—Mierda, bien. Uhh… ¡gracias de nuevo, Levi! —dijo Eren en voz alta, corriendo lejos. Quería hablar con Levi por un poco más. Pero tenía clase y el llegar tarde al parecer era horrible.

De acuerdo con Levi.


La mente de Eren era un desastre durante su clase. Suspiró y resopló y rompió el papel. Se pasó las manos por el pelo hasta que era un desastre manchado de carbón. Su profesora le dio unas palmaditas en la espalda.

—¿Te sientes bien, Jaeger?

—Ugh… Estoy bien. Supongo. Solo que no puedo… No lo sé.

—Relájate. Tómate tu tiempo —dijo ella mientras él comenzaba a hacer un bosquejo de nuevo. Era un trabajo de mierda y lo sabía, pero Eren consiguió entregar una dibujo rápido para el final de la clase. Solo estaba listo para salir de ese lugar y caminar afuera por un rato antes de trabajar.

Después de guardar sus lápices y blocks, Eren dejó el pabellón de arte y cruzó el patio hacia una de las pequeñas cafeterías del campus. Había tres cafés principales en el campus, cada uno ubicado cerca de los pabellones más grandes. Sina Coffee se encontraba entre los pabellones de arte y música, y estaba decorado para lucir como tal. Cada viernes por la noche un estudiante de música iba y cantaba; las paredes estaban decoradas con dibujos de los estudiantes de arte.

Era mucho más reconfortante que Rose Coffee, situado por el pabellón de derecho, que era silencioso debido a los diligentes estudiantes, o Maria Coffee, por los laboratorios y aulas de biología. Sin lugar a dudas, compartir café con un esqueleto colgado encima de sus cabezas les provocaba náuseas a algunos estudiantes.

Eren entró en la cafetería y vio a Annie de pie detrás del mostrador. La saludó con la mano y ella sonrió a medias. Estaba tan acostumbrado a ver a Armin de pie detrás del mostrador e incluso después de un mes Eren se seguía sorprendiendo al ver a alguien más.

—Hey, Annie —dijo Eren en voz alta. Miró alrededor del lugar, solo para ver el tráfico que tendría que hacer frente, y sus ojos cayeron en un rincón de la tienda.

Se dio la vuelta y corrió hacia el mostrador, los ojos de Annie abiertos con preocupación.

—¿Estás bien? —preguntó.

—Sí, estoy bien —dijo Eren, en un volumen bastante alto. Annie levantó una ceja mientras Eren se removía alrededor.

No era como si Levi estuviera casualmente sentado en el rincón, tomando un café y jugando con su iPad.

Eren se inclinó cerca y empezó a susurrar.

—Um, Annie, ¿ves a ese tipo por allá en la esquina?

Annie levantó la vista y miró por la tienda con una cara de póker muy casual. Asintió.

—Sí, ¿qué pasa con él?

—¿Está por casualidad viendo en esta dirección?

—No en este momento. Pero ha mirado por aquí dos veces —respondió Annie—. ¿Por qué, lo conoces?

—Algo así —rio Eren—. Es raro y complicado. Voy a adelantarme y poner mis cosas atrás. ¿Puedes darme un… caramel latte, por favor?

—Claro —dijo Annie—. Estará listo cuando salgas.

—Gracias —dijo Eren, dándose prisa.

Fue a la habitación trasera y tiró sus cosas en uno de los casilleros. Sacó su cuaderno de dibujo, sin embargo. Tenía poco más de una hora antes de que su turno comenzara, así que tenía tiempo para avanzar su tarea. Salió de la habitación, agarrando su cuaderno contra su pecho, sus ojos yendo directamente al rincón de Levi.

Eren se mordió el labio y cogió su café del mostrador donde Annie lo había puesto. Quería ir y sentarse con Levi. Lo estaba invitando a salir a tomar café después de todo. ¿Pero Levi en realidad lo recordaría? ¿Levi lo quería incluso? Era un puto abogado.

Levi lo miró, esos penetrantes y oscuros ojos y todo que hicieron que las rodillas de Eren se debilitaran.

Eren inadvertidamente dio un paso adelante y antes de que pudiera detenerse a sí mismo, estaba de pie al lado de la mesa alta de Levi. El mayor arqueó las cejas.

—Creo que llegas tarde.

—¿Qué…?

—Me dijiste que debía estar aquí después de una hora. Ha pasado una hora y media —dijo Levi, tomando un sorbo de su café—. Alégrate de que no tenga trabajo hoy. De lo contrario me habría ido.

—Oh. ¡OH! Sí… Lo siento —dijo Eren, dejando su taza sobre la mesa. Se subió a la silla de un salto, sosteniendo su cuaderno en su regazo—. He tenido un día extraño…

—Me pregunto por qué —la voz de Levi era seductora, pero su expresión aún era indescifrable. Eren se encogió de hombros.

—Bueno… Supongo que todo empezó cuando apareciste, porque nosotros en cierto modo-

—Sarcasmo, Eren —respondió Levi bruscamente. Eren se encogió.

—Es difícil de decir. Solo tienes esta misma cara todo el tiempo. Eres indescifrable.

—Eso es parte de mi trabajo. Y no hay un "en cierto modo", lo hicimos hasta el final.

—Oh, sí… —vaciló Eren. Se inclinó hacia adelante en sus codos—. Eres un abogado. Eso explica por qué necesitas vestir profesionalmente.

—Muy buena observación. Entonces, ¿qué estás haciendo en un curso de psicología criminal si eres un artista?

—Es un requisito para graduarse. Un curso de sociología o un curso de psicología. Electivos.

Levi hizo una mueca.

—Recuerdo esa mierda en la universidad.

—No sabía que los electivos existían durante el siglo diecinueve.

Los ojos de Levi se dirigieron a la cara de Eren y el menor sonrió ampliamente, tomando un sorbo de su café.

—Vete a la mierda también, mocoso —siseó Levi a través de una sonrisita en sus labios—. Oi, voy por un poco de pastel. ¿Quieres algo?

—No, estoy bien.

Levi saltó de la silla—y Eren tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no reírse—y se dirigió al mostrador. Eren se mordió el labio con entusiasmo y miró sobre su hombro, viendo a Levi caminar. Annie levantó la vista de la caja y habló con Levi por un breve momento antes de que ir al mostrador de vidrio para sacar las tortas.

Eren volvió a su café y casualmente miró a Levi mientras se sentaba de nuevo.

—Aquí —dijo Levi, dejando un plato sobre la mesa—. Le pregunté a esa chica qué clase de postre comes normalmente.

Eren se quedó mirando el streusel de manzana en frente de él. Frunció el ceño y miró con molestia a Levi.

—¡Te dije que no quería nada! ¡No tienes que siempre comprarme cosas!

—Lo sé —respondió Levi con calma—. Pero también puedo hacer lo que quiera, ¿o no?

Eren picoteó el streusel, su boca haciéndose agua. Quería resistirse, pero el postre se veía tentador. Decidió cortar un pedazo y empezó a comer. Levi comía una torta de café, usando el tenedor de plástico que Annie le había dado.

—¿Qué tal tus otras clases?

—Están bien —dijo Eren—. Tuve que hacer un dibujo con carboncillo en mi otra clase y apestó como mierda. Simplemente no podía sentir la imagen.

Levi levantó una ceja, dejando su tenedor.

—Esa es una forma muy interesante de decirlo.

—Lo sé, es raro. Pero esa es la mejor manera que tengo de explicarlo. Solo no había conexión y terminé botando otros tres dibujos.

—Pareces muy preocupado al respecto. Está bien cometer errores, sabes. Darle a las cosas otro intento. Joderla y repetir. Tratar algo nuevo. Eres joven, tienes permitido hacer eso.

Eren se abrazó a sí mismo, escuchando. No quería hablar sobre sus clases o cagarla ni nada. Ya tenía suficiente de eso de su padre y no lo quería del hombre que lo había follado una vez. Incluso si era mejor que la mierda que su papá le decía.

—Supongo —dijo Eren, mirando por la ventana. Levi lo pateó debajo de la mesa.

—Sonríe más, idiota. Esos ojos se ven mejor cuando están felices.

Eren se sonrojó brillantemente mientras Levi tiraba su cabeza hacia atrás, bebiendo el resto de café. Se deslizó de la silla y recogió el plato donde había estado su pastel.

—Me tengo que ir —dijo Levi.

—¿Trabajo especial de abogado o llegas tarde a tu chequeo de anciano con el doctor?

—Qué divertido, mocoso de mierda. Sé bueno.

—¿No me das tu número?

Levi se volvió, como si lo considerara.

—Te pedí que fueras a mi casa. Tú me invitaste a tomar café. Estamos a mano. Si es el destino y nos encontramos una tercera vez, lo pensaré.

—Más te vale.

Eren lo vio irse, por segunda vez ahora. El hombre que era un abogado. Un hombre considerado que no criticaba lo que hacía con su educación. Prácticamente un extraño que lo apoyaba más que su propio padre.

Eren se estremeció. Era un pensamiento raro, considerando que ya había follado con Levi.

Respiró hondo y sacó su cuaderno de dibujo. Aún tenía algo de tiempo. Podía por lo menos tratar de dibujar algo, incluso si era una mierda. Sabía que solo podía ir cuesta arriba desde ahí.


N/T: Perdón por la tardanza con el capítulo, ya voy a comenzar semana de parciales en la universidad, así que… :'D

Ya vemos que Levi quiere ser el Sugar Daddy de Eren ewe Que el castaño se deje mimar xD

Si les gustó, o algo no quedó claro por mi fea traducción, dejen un review por favor. Agradezco a todos los que siguen el fic, en serio me alegra poder compartir esto con ustedes.