LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.

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ALMAS DESNUDAS

—¿Te sientes mejor? — Naori acarició el flequillo de Hinata, sonriéndole.

Ésta correspondió el gesto aun con somnolencia luego de haber sido despertada de pronto. Le asintió — Gracias.

—Tengo una duda —preguntó en voz baja—, ¿por qué estás obedeciéndole?

Hinata se sentó en un sofá sintiéndose nuevamente extraña, y aunque sus ojos escocieron se animó a formar una sonrisa.

—Porque no quiero enfrentarlo. Neji cree que estoy perturbada y de verdad necesito que entienda que no es así —dijo—. Lo que más deseo es su comprensión.

Hinata prefirió no decir más, tenía el tiempo encima y estaba asimilándolo. El médico había solicitado estudios y era cuestión de tiempo para que Neji supiese la verdad completa. Sus ojos volvieron a picar y buscó calmar su desasosiego… para que las cosas saliesen bien, necesitaba convencer a su primo.

La mirada de Naori pareció compasiva.

—Me gustaría mucho ayudarte —dijo tomándola de ambas manos.

—Puedes hacerlo —Hinata no dejó de verla a los ojos suplicando que lo hiciera —. Sabes cómo.

—Naori —la voz de Neji sonó luego de que abrió la puerta de la habitación. A la chica Uchiha se le formó un nudo en la garganta pese al sobresalto—, vamos.

Hinata le asintió despacio y la soltó

—Sí —dijo Naori, Hinata no estuvo segura a quién —. Lo siento —añadió alejándose.

Antes de que Neji cerrara la puerta para dejarla sola, ambas miradas violáceas se encontraron de nuevo. Hinata tuvo el impulso de decirle algo, pero él habló primero:

—Volveré mañana, descanse —hizo una pausa— y, hablaremos.

Ella tragó saliva cuando se quedó sola en esa enorme habitación. Se recostó en ese sofá y ocultó su rostro entre sus manos, se sentía caliente, posiblemente con algo de fiebre y rogó porque Naori pensara en ella. Era su segunda mejor opción después de intentar tocar el corazón de su primo.

• • •

—¿Has pensado qué harás? —Naori preguntó al salir del departamento, inquieta. Volteó a ver a la persona que cuidaba la puerta antes de fijar toda su atención en Neji.

—Sí —dijo él y la vio insatisfecha, por lo que agregó —: Pensaré en lo que dijiste sobre sus amigos, aunque francamente no confío en ellos.

Naori se abrazó a sí misma —Le sentará bien.

Él asintió —Eso espero.

O.O.O.O.O

La noche terminó de caer mientras Sasuke esperaba en su auto. Frustrado, golpeó el volante y bufó cuando su móvil sonó. Era Itachi.

—¿Qué quieres? —respondió harto al salir de su auto.

—¿Qué estás haciendo y cómo llegaste ahí? — su voz era seria.

—Qué hago, ya lo sabes. Cómo llegué, seguí a Neji —respondió haciendo a Itachi soltar el aliento. Sasuke pasó de largo el coche de Neji y se adentró al edificio—. Necesito asegurarme de algo.

—Te pedí mantenerte al margen.

El menor lo escuchó mientras localizaba el listado de los residentes en ese edificio.

—Sasuke no te precipites —pidió—. Escúchame. Déjame hablar con Naori, es lo mejor, si ella sabe algo es más probable que confíe en mí.

El menor localizó el piso y letra del departamento del único nombre familiar que encontró.

—Piensa fríamente.

—Jodidamente eso intento, Itachi —dijo y se contuvo un instante—, pero no dejo de pensar en la forma en que ese imbécil actúa. Neji no está aquí por una coincidencia, me resulta obvio que se entiende con Naori.

—Eso no nos importa —dejó claro—. Además, no eres quién para juzgar el actuar de nadie.

Sasuke sonrió con ironía, tenía razón. Pero siguió pensando en la hipocresía de Neji que se atrevió a sermonear a Hinata por la cercanía con su familia cuando él seguramente se estaba acostando con su prima.

—Si ella está al tanto— retomó Itachi—, debe conocer la versión de Neji, e imagino que es mucho más espeluznante. No confiará en ti jamás.

Sasuke bufó al entenderlo.

—Hinata puede estar aquí mismo, ¿cómo demonios quieres que me vaya? —preguntó con sus ojos puestos en el elevador.

—¿Y qué te garantiza que te permitan siquiera verla? —cuestionó de inmediato— Piensa en ella, en el caso de que esté allí —se cuidó de no mencionar su estado—, si te ve y vuelve a surgir otra pelea, Hinata solo se alterará.

«Mierda, Itachi».

Sasuke se recargó en la pared y se obligó a pensar con la cabeza fría. Tenía razón. Si algo podía obtener de su prima sería estando ella sola, pues con Neji sería imposible siquiera poder hablar.

—Demonios.

—Dame unas horas —pidió el mayor —. Y sal de ahí.

Sasuke asintió en silencio y tardó en dar el primer paso, todavía algo dentro de él le decía que se quedara, sin embargo, optó por la razón. Sintió que su cabeza quiso estallar al momento de entrar a su coche y ponerlo en marcha… Hinata podía estar ahí, pero él seguía siendo el bastardo que la dañó y absolutamente nada había cambiado ante la perspectiva de todos, se obligó a entenderlo. Su frustración estalló en su cabeza y le hizo arder los ojos. Su mano tembló al aferrarse al volante y cada vez era más consciente de lo mucho que le estaba costando intentar hacer lo correcto.

O.O.O.O.O

Naori vio la forma en que Neji prestaba atención a la calle y entendía lo que pensaba.

—Hinata me ha dicho que comenzó a ver a una psicóloga poco antes de esto. Que fue él quien la llevó— habló abordando un tema que la extrañó.

Neji la vio con molestia —¿Pretenderás creerle?

—Yo no dije eso— se defendió —, pero tampoco daré por mentira todo lo que ella diga. Y creo que sería bueno que comenzaras a hacer lo mismo.

—Hinata dirá cualquier cosa para creer que se sale con la suya.

—No me parece ese tipo de persona.

—En estos momentos no es ella misma. Así que no te deberías extrañar.

—Tampoco pareces tú mismo— dijo con cautela viéndolo a los ojos.

—Será mejor que me vaya, es noche. — Neji dio media vuelta y se alejó.

Naori dejó escapar el aliento, agotada, mientras le permitía irse sin decir nada. Cada vez la intrigaba más el actuar de Sasuke, sobre todo por la forma en como Hinata demostraba quererlo; y contrario a Neji, ella parecía querer comprenderla. Le dolía pretenderlo, por eso evitaba darle demasiadas vueltas, ya bastante metida estaba en ese asunto que francamente no le competía.

O.O.O.O.O

Neji había intentado que su mañana fuese tan normal como se pudiese. Había llegado temprano a la constructora y se había mantenido al tanto de cada avance y nuevo proyecto importante. Pero bastaba descuidarse, aunque sea un poco, para pensar en Hinata.

Se suponía que ese día debería verla y hablar, ahora sí de verdad.

Odió hacer lo que hizo, pero localizó un número entre sus registros del móvil y envió un texto. Naori había dicho que posiblemente Hinata reaccionaría mejor si lograba ver a uno de sus amigos. Naruto había sido el único que se le ocurrió, no le caía bien, pero al menos él parecía preocuparse genuinamente por ella.

Suspiró hondamente al cerrar los ojos luego de darle la dirección donde Hinata estaba. Le había pedido tiempo para presentarse, él debía dar su consentimiento para asistir y dejó claro que cualquier acto que comprometiera la salud mental de su prima bastaría para prohibirle volver a verla.

Naruto había contestado con un simple «está bien» y Neji supo que eso bastaba como acto de buena fe. Hinata debería verlo así, y ello tendría que valer para que se diera cuenta que solo quería su bien.

Poco después de las dos se enlazó en una video llamada con su tío. Hiashi regresaría en cuestión de días y mantenerlo al margen de todo lo acontecido con Hinata iba a ser imposible. Esta vez le había pedido confiar en él, pero su tío ya daba por hecho que algo estaba realmente mal, por lo que su llegada demoraría menos.

—Joven Neji, dejaron estas carpetas para usted —su joven secretaria salió a su encuentro apenas estuvo fuera de su oficina.

Neji las tomó y agradeció sin tiempo de detenerse.

—Le recuerdo que por la tarde está programada una reunión con el equipo de Kioto —añadió haciéndolo detener.

—Sobre eso —dijo cerrando los ojos—, necesito que reprogrames para mañana temprano. Si surge algún inconveniente arregla con ellos día y hora, pero no debe exceder a dos días, por favor.

—¿No vendrá por la tarde?

—Aun no lo sé —respondió llamando al elevador.

La joven asintió y le llamó la atención la más marcada frialdad del casi dueño del lugar, así como también lo agotado que lucía pese a su siempre elegancia.

Neji había salido para comer, pero francamente no le apetecía rodearse de nadie, por lo que prefirió ir a su departamento. Corrió las cortinas de su habitación y se tumbó en su cama, el hambre también se le había ido. La cabeza comenzaba a dolerle y cerró los ojos un momento. Quiso disfrutar del silencio que lo rodeaba, pero su interior no le daba tregua.

«Hinata me ha dicho que comenzó a ver a una psicóloga poco antes de esto. Que fue él quien la llevó».

Era absurdo. ¿Qué razón tendría Sasuke para hacer tal cosa? Si Hinata estaba buscando aminorar sus pecados con tal noticia, estaba peor de lo que creía. No era justo. ¿Por qué tuvo ella que pasar por eso y por qué tuvo que caer en esa situación tan complicada?

Sasuke era un desgraciado, pero no tenía tiempo que gastar pensando en él.

Su tío estaba por regresar y para entonces tenía que saber exactamente cuáles serían sus siguientes pasos. El periodo de clases universitarios también comenzaría en relativamente poco tiempo y para entonces no podía tener a Hinata aislada; ella tenía que hacer las cosas bien y por convicción.

Contuvo el aliento pensando y finalmente lo dejó salir despacio. Abrió sus ojos y éstos pasaron de su techo blanco a la pared y finalmente al escritorio de enfrente. Iría a ver a Hinata, aunque sinceramente no le emocionaba mucho hacerlo. Esperaba que al menos la noticia de que podría ver a uno de sus amigos la hiciera bajar sus defensas.

Se puso de pie sin mucho ánimo sabiendo que podría tomarse las cosas con calma, puesto que no tendría que volver al trabajo. Antes de salir pensó en cambiarse, algo menos formal. Estaba terminando de colocarse unos vaqueros cuando tuvo a la vista el bolso de Hinata, consideró entregárselo por mera cortesía, pero antes debía recuperar su móvil, eso era algo que todavía no estaba dispuesto a entregarle.

Luego de colocarse una camiseta negra finalmente lo tomó. Meditó y negó antes de rebuscar entre sus cosas mientras salía de su alcoba. Lo encontró casi de inmediato entre sus llaves y una pequeña cajita de regalo. Tal como imaginó estaba descargado. Lo metió en un cajón de una mesita alta que tenía en el corredor que llevaba a la puerta y antes de considerarlo más, también se guardó para él el juego de llaves que ya no necesitaría.

Neji terminó recargándose en la mesita mientras veía con curiosidad la cajita de regalo, era cúbica y tenía un listón como moño, notó claramente que fue atado cuidadosamente a mano. Casi sonrió por esos detalles tan propios de su prima. Estaba preguntándose para quién sería cuando notó también dentro un sobre de laboratorio clínico. Dejó el bolso sobre la mesita al extraerlo, ¿Hinata se encontraba enferma? Relacionó ese sobre con los síntomas que estaba padeciendo… pensar en que se guardaba su enfermedad para mantenerlo a distancia, lo molestó.

Los ojos violáceos analizaron de inmediato el nombre de la clínica, fecha, el nombre de su prima y la respuesta a la solicitud hecha. Sintió su sangre hervir y recorrer su cuerpo entero.

«DETERMINACIÓN INMUNOLÓGICA DE GONADOTROPINA CORIÓNICA HUMANA EN SANGRE (FRACCIÓN BETA)

RESULTADO:

EMBARAZO POSITIVO».

Arrugó la hoja en su mano y se tomó unos segundos para asimilar la rabia que quiso controlarlo.

Hinata. No. Podía. Estar. Embarazada.

O.O.O.O.O

Sentada junto a la ventana, Hinata se abrazaba a sus piernas mientras solo podía ver coches y personas diminutas pasar abajo. El día era agradable y el calor del sol atravesando los cristales estaba comenzando a calarle en la piel. Llevaba más de mediodía esperando a Neji, pero lo supuso demasiado ocupado como para presentarse con ella.

Suspiró y recargó su cabeza en el cristal sin ánimo de moverse.

No pensaba en nada en particular ni tampoco prestaba demasiada atención a lo que la rodeaba. Cuando un auto llegó estacionándose a varios metros del edificio, su vista fue atraída por el movimiento. La sombra de los árboles cubrió el coche y cuando creyó reconocerlo fue que prestó verdadera atención. Al auto en cuestión se le unió uno más. Hinata creyó sentir su corazón latir en su garganta mientras se obligaba a ni siquiera respirar.

«No puede ser».

Del primer auto salió una figura realmente conocida y Hinata perdió el aliento.

—Sasuke.

Vio al Uchiha dar un par de pasos y reunirse con la persona que salió del segundo auto. No estaba segura, pero podría ser ¿Itachi?

Hinata respiró por sus labios mientras miraba a ambas personas alzar su vista justo a ese edificio.

—Oh, por Dios —susurró y se puso de pie. Golpeó su mano en el cristal y el sonido de su palma sonando contra cristal macizo, llenó la habitación donde únicamente se encontraba ella —. Por favor, mírame, mírame, Sasuke. Sube. — Sus ojos picaron y golpeó más fuerte cuando los vio caminar al interior.

Hinata corrió a la puerta, pero la encontró cerrada. Sus ojos se mojaron y apretó sus manos una con otra al volver tras sus pasos. ¿Sería posible que Naori tuviese algo que ver con la repentina aparición de Sasuke?

—… Por Dios — regresó a asomarse, pero no volvió a verlo. Los nervios rasgaron su estómago. Sasuke debería estar subiendo.

O.O.O.O.O

Itachi vio de reojo a Sasuke mientras ambos subían por el elevador. Anoche apenas pudo convencerlo de aguardar un poco para no precipitarse y, por lo que veía, Sasuke apenas estaba durmiendo.

—Recuerda guardar la calma.

—Claro, como no es de Izumi de quien hablamos.

—Independientemente de ello. Ser inteligente es lo único que te puede ayudar.

—Si ella lo consciente…

—Debí venir solo— lo interrumpió convencido.

Sasuke mantuvo su mirada en el monitor en donde la numeración seguía ascendiendo e Itachi no pudo culparlo por actuar así. Prácticamente tenía a todos en su contra y no había nadie, salvo él, que le dieran el beneficio de la palabra. Aun no le decía, pero su propio padre se había negado a brindarle ayuda, aunque se negaba a dar por perdida la posibilidad. Le preocupó en especial el aspecto pálido de su hermano y las ojeras bajo sus ojos. Sasuke estaba más irritable de lo normal y su entereza parecía cada vez menor, actuando más por impulsos; de hecho, estaba sorprendido de que anoche lo hubiese escuchado. Los estragos que le estaba dejando lidiar con su adicción lo hacían impredecible, se preguntó cuánto más lograría controlarlo sin Hinata cerca.

Sintió pena por él y no alcanzó a imaginar cómo se estaba sintiendo.

Cuando el elevador se detuvo, Sasuke fue el primero en salir. Con un suspiro, lo siguió.

Sasuke no demoró en encontrar la letra que marcaba el departamento de Naori.

—Déjamelo a mí— pidió Itachi al tocar con los nudillos.

Sasuke se recargó en la pared, cruzó sus brazos sin decir nada más notaba su ansiedad. A través de la puerta podía escucharse el murmullo del televisor. La voz de Naori avisó con un pequeño grito que atendería.

Por la forma en que ella palideció y se mostró asombrada, a ambos les quedó claro que ella estaba al tanto de todo. Sasuke incluso se atrevió a ir más allá.

Itachi le sonrió —Sentimos llegar sin avisar —el tono gentil animó a la chica a forzar una sonrisa.

—Sí, me… sorprendieron— confesó.

Ante el silencio incómodo que se formó cuando ella no los invitó a pasar, Itachi volvió a hablar:

—Seré directo— dijo cuando ella había volteado a ver a Sasuke que la veía de medio lado —. Sé que sabes lo que ocurre y debes deducir qué hacemos aquí.

—No estoy del todo segura de lo que hablas.

—Lo estás —aseguró Sasuke—, ¿podríamos pasar? —pidió se deslizó dentro del departamento, sorprendiendo a ambos.

—¡Sasuke! —reprendió Itachi.

Naori lo siguió —Espera, ¿qué es lo que…?

Sasuke volteó a verla luego de dar un vistazo tan meticuloso como le fue posible.

—No me iré por las ramas. Hinata, ¿dónde está?

—¿Qué te hace creer que yo sé de lo que hablas?

Itachi suspiró deteniendo las siguientes palabras de Sasuke —Para nadie es un secreto la relación que mantienes con Neji.

—Eso no les incumbe —Itachi la notó a la defensiva.

—Y lo tenemos claro. Lo que nos trae aquí es ella.

—Sabes lo que ha ocurrido— Sasuke volvió a hablar.

Naori cruzó los brazos —No voy a inmiscuirme —dejó claro.

—¿No lo estás ya?

—Escucha, Naori —Itachi volvió a intervenir al notar que le molestó el tono irreverente de Sasuke —, esta situación no es fácil para nadie. Entiendo la razón por la cual ya has tomado partido, pero, somos familia, apelo a ello.

Ella lo vio con molestia —¿Por qué intervienes?

—No voy a dejarlo solo —dijo cuando ella volteó a ver a Sasuke —. Sólo necesita saber que está bien.

Ella negó.

—Escucha —Sasuke retomó la palabra y ella vio nerviosa que se adentraba en el departamento —. Lamento lo que ocurrió y no tengo por qué decírtelo —dijo llegando al pasillo de las habitaciones —. Siento lo que le hice, no tienes idea cuánto —ella tragó ligeramente al verlo abrir la puerta. Los ojos negros de Sasuke recorrieron la pequeña habitación vacía. La garganta pareció secársele —. Ese día que Neji se la llevó Hinata estaba destrozada, no puedo con la idea de que siga igual. Necesito saber de ella.

Naori solo pasó saliva y demoró unos segundos en voltear a ver a Itachi.

—Se equivocó, ¿entiendes? —dijo él— Y creo que a estas alturas ya tienes claro que no es la única persona en estarlo pagando.

—¿Ella está bien? —Naori volteó a ver a Sasuke y solo entonces se percató que había entrado en la habitación. Tuvo que asentir cuando él le mostró una blusa del pijama que había dejado de Hinata para lavar; no tuvo caso seguir fingiendo no saber nada — ¿Neji la ha maltratado?

Ella negó —No lo haría.

Sasuke suspiró y frotó su rostro, derrotado —Necesito encontrarla.

—¿Para qué?

—Debo verla.

—Creo que lo mejor es darle tiempo, ¿has considerado que de verdad Hinata se haya sentido acorralada y…?

—Mierda, no.

Ella mordió uno de sus labios, había visto a Hinata y sinceramente le creía lo que decía sentir, pero le costaba asimilarlo; ver a Sasuke ahora solo la hacía sentir en medio de algo que no alcanzaba a entender.

—No traicionaré la confianza de Neji— dijo, pese a eso.

—Por favor —pidió Itachi.

—No. Lo siento.

—Hinata no tiene la culpa, no es ella quien debería estar encerrada.

—En eso te daré la razón, Sasuke—aceptó ella—. Sin embargo…

—Estaba intentando hacer bien las cosas, corregirlo— interrumpió el menor—, por y para ella… como si se pudiera. Pero todo salió jodidamente mal —soltó sin verlos, susurrando la última frase —. Pude…

Se cortó, pero ella entendió lo que quiso decir.

—Se la llevó anoche —confesó Naori ganándose la mirada de Sasuke —. Él no podía arriesgarse a que la encontraras.

El menor de los Uchiha asintió despacio y sonrió con amargura.

—Sé lo que pretende —dijo y la vio fijamente. Naori desvió la mirada—. Cree que he manipulado a Hinata —se detuvo un segundo pensando cuánto pudo haberlo hecho realmente—. Intentará hacer lo mismo para apartarla de todo esto y hacerla seguir el rumbo que su padre ha marcado para ella. Para ambos. — Él le sostuvo la vista cuando ella volteó a verlo otra vez— Sabes lo que eso significa.

Naori tragó pesadamente. Lo sabía, lo había temido desde el principio, pero había decidido apoyarlo a pesar de todo. No le permitió a Sasuke saber que eso le mortificaba.

—¿Querrías decirle que lo arreglaré? —volvió a hablar Sasuke y tomó dirección a la salida — Aún no sé cómo, pero la encontraré y juro que voy a arreglarlo. Haré lo que ella quiera.

Itachi sobó sus sienes y negó en silencio cuando su hermano pasó a su lado.

—Neji —habló de nueva cuenta Naori, haciendo a Sasuke detenerse —, él me comentó que le permitirá ver a uno de sus amigos para verla animada — dijo y él volteó a verla —. Yo no puedo decirte dónde está, pero tal vez con esa persona tengas mejor suerte.

Sasuke asintió y continuó su camino.

—Gracias — esta vez fue Itachi el que habló.

—Negaré haber hablado con ustedes ante Neji, pero, Sasuke —volvió a hablar—, Hinata parece llorar cada noche… por ti. A estas alturas, ¿no crees que es mejor dejarla continuar a saberla sufrir?

Él tragó con dificultad y respondió antes de cruzar el umbral de la puerta—: Haré lo que ella quiera. Nada más —su voz sonó tan grave, dolida.

—Itachi— Naori detuvo a su primo antes de que también saliera —, ¿crees que hace lo correcto?

El mayor negó —He visto a Sasuke equivocarse de demasiadas maneras, francamente no lo sé. Lo único de lo que estoy seguro, es de que nunca lo había visto tan desesperado por reparar sus errores. Está esforzándose, de verdad lo intenta —dijo. Saber que su hermano se odiaba todo el tiempo y buscaba enmendarse tan fuertemente era algo que le provocaba un sentimiento que no podía manejar, y le hacía querer ayudarlo.

—Yo —dijo ella— no me atrevo a interceder por él, pero por lo que he visto, Hinata parece realmente enamorada — negó —. No sé qué ha sido todo lo que han pasado, pero lo siento mucho, de verdad. Me gustaría…

—Lo sé y no te preocupes. Gracias.

Naori se quedó recargada en el marco de la puerta viendo como esos dos desaparecían tras el elevador. Hinata estaba a solo cinco pisos arriba, en el penthouse que Neji había buscado alquilar desde el principio, él podría ir a cualquier hora a ese edificio y tener la coartada perfecta para no levantar sospechas: ella. No había forma que nadie pensara que Hinata estaría justamente ahí. Suspiró pensando si Neji se apoyaría en ella por la confianza que le tenía o por mera conveniencia.

O.O.O.O.O

Hinata se mantuvo pegada a la ventana enorme de su habitación y conforme pasaron los minutos y nadie llamó al departamento, sus esperanzas murieron, dando paso a una angustia cerrada en su estómago.

Su garganta estaba seca y sus ojos picaron cuando vio a Sasuke cruzar la calle.

—Por favor, no te vayas. — Golpeó el cristal con su mano — Sasuke, por favor. — Volvió a golpear y lloró —. ¡Voltea arriba y mírame! — alzó la voz y siguió sacudiendo el cristal que apenas vibraba.

—Señorita, ¿se encuentra bien? —cuando Ao, el joven varón que permanecía en el departamento con ella abrió la puerta, Hinata se apresuró a querer cruzarla.

—Por favor, déjame salir — pidió antes de verse envuelta en los brazos del joven.

—Sabe que no puedo hacerlo. El joven Neji acaba de avisar que vendrá pronto.

—¡No! No, no, es que no lo entiendes, debo salir —ella se revolvió con urgencia entre sus brazos. Su paciencia y voluntad estaban hechas añicos, por primera vez luego de ese primer día volvió a sentirse tan presa, tan sola y devastada. Sasuke estaba abajo, se iba, y ella se quedaba ahí sin que él supiera nada. Saber que la buscaba y debía encontrarse tan desesperado como ella la quebró totalmente. Quería a Neji, hablar con él y salir de ahí. No hubo nada tan fuerte como el deseo que le quemó la carne de correr con Sasuke y alcanzarlo, de aferrarse a su pecho y sentir que todo estaría bien.

—Señorita Hyuuga…

—¿Qué ocurre aquí? —la voz helada de Neji tensó a ambos presentes.

—Ah, ella…

—Neji…

—Déjanos solos— ordenó el castaño.

Ao asintió —Estaré cerca.

—Permanece afuera —le dijo a él sin despegar su vista de Hinata que, sollozando, también le sostuvo la mirada, rota.

Cuando la puerta principal se cerró, Neji siguió con su vista a Hinata que dolorida veía por la ventana: Sasuke se había ido ya. Lloró.

—¿Qué más quieres? —le preguntó, pero no volteó a verlo. Sus ojos estaban ardiendo viendo justo a ese cajón vacío de estacionamiento —¿Qué más?

—La maldita verdad.

Ella volteó a verlo.

—¿Y por qué hasta ahora? —reclamó Hinata a quien francamente ya poco le importaba ser sensata — ¡Te lo he pedido tanto!

Él alzó entre sus dedos una hoja arrugada. Hinata cerró los ojos, pero ya no sintió el terror que antes experimentó al saber llegado ese momento.

—Dígame que no es cierto.

Ella jadeó, llorando, pero con el coraje de enfrentarlo brillando en sus ojos.

Asintió —Sí. Lo es.

Neji volvió a bullir de rabia y arrojó un florero y un par de botellas de agua al suelo, luego de golpear el tocador cercano. Hinata las vio estrellarse, pero volvió su vista a él.

—¡¿Cómo pudo ser tan estúpida?!

Ella lloró al escucharlo —¿Con qué derecho?

Neji se acercó a ella y Hinata contuvo el deseo de retroceder —La que explicará será usted —advirtió señalándola—, ¿cómo pudo permitírselo? ¿y qué demonios ha hecho para remediarlo?

—¿Hacer? Ni siquiera pretenderé entenderte. — Ambos estaban furiosos —. Fue algo que no planee, pero no tengo miedo en aceptarlo y tampoco estoy arrepentida en absoluto.

—¡No diga estupideces! ¡Tiene malditos diecinueve años, una carrera apenas iniciada y espera un bastardo de su abusador!

—¡No hables así de mi hijo!

Neji se rio, furioso e incrédulo —No llame hijo a algo que no tendrá.

—Tú no puedes evitarlo.

—Le aseguro que sí. No tiene idea de las conciencias que compra un cheque con los suficientes ceros grabados.

—¡Hablaré con mi padre de ser necesario! ¡Me has tenido aquí encerrada contra mi voluntad y ese también es un delito! Sin agregar esa aberración que has insinuado.

—No he insinuado nada, es lo que se hará. ¿Y qué le dirá a su padre? ¿Que el bastardo que la violó tuvo el cinismo de embarazarla y encima lo defiende?

—¡Deja ya de decir esa palabra!

—¿Duele? —se burló— Seguro que sí. ¿Por qué no tiene las agallas de llamar a las cosas por su nombre y pisar la realidad de una vez por todas?

—¡¿Crees que no he pisado realidad?! —Hinata se acercó a él con ojos llorosos y la garganta ardiendo por alzar la voz— ¡Llevo lidiando con esto todo un año! ¿Qué sabes tú de lo que yo estoy sintiendo?

—¡Al parecer la que no tiene idea es usted, ¿sabe lo que está solapando al defenderlo? ¿Tiene idea siquiera?!

—¡Por supuesto que sí! —afirmó con la misma fuerza. Él bufó y se dio media vuelta para no verla, porque de lo contrario no estaba seguro de poder controlarse — No voy a defenderlo ni a justificarlo, nunca lo haría. Él tampoco lo ha hecho. ¡Pero no voy a quedarme más callada!

—Ni siquiera se atreva— advirtió él al límite de su paciencia.

—¡Es que tengo que hacerlo! ¿No entiendes? Sasuke marcó mi vida.

—Arruinó— corrigió.

—¡No! — Dos lágrimas de tristeza y coraje corrieron en las mejillas de Hinata — Tal vez al principio sí, me sentí morir y me pregunté muchas veces por qué yo. — Los ojos de Neji también escocieron y volvió a odiar dejarla sola —. Me dolió tanto haber pasado por eso y no lo he olvidado del todo, tampoco él. Sé que Sasuke no se ha perdonado aún. Lidiamos con eso.

—Sólo escúchese —el coraje no disminuyó en la voz de Neji pese a que había bajado su tono.

—¡No! ¡Escúchame tú! —Hinata desgarró su voz al alzarla y lo señaló —. Estoy harta de ser subestimada y que nadie me escuche, ¿por qué no te preguntas qué deseo yo y cómo llegué a este punto?

—¡Mera manipulación!

—¡No soy tonta!

—Tal vez demasiado ingenua.

—No, Neji. Sasuke me destruyó haciéndome desear que desapareciera para simplemente intentar olvidarlo. ¡Tenía que superarlo por ti, por mi padre, por la familia a la que no podía defraudar! Me ofreció su vida.

—Debió tomarla. ¡Yo lo habría hecho!

Hinata negó ante el coraje con el que él cargó sus palabras —¡No lo entiendes! Estuve fingiendo que no pasó, queriendo olvidarlo; cayéndome a pedazos sin que nadie lo notara y eso me estaba bien, por lo mucho que me avergonzaba. Me convencí de mentiras al decirme que lo superaría si lo olvidaba, lo intenté; pero la verdad era que en el fondo de mí lo odiaba y no entendía por qué lo hizo. La peor parte de mí, deseo que muriera y me asustaba por eso.

—Tenía todo el derecho de sentir así, ¿cómo pudo pensar lo contario?

Su voz apenas pudo ganarle al llanto —Tuve un cuchillo sobre su cuerpo después, con él obligándome a cobrarme, pero cuando atravesó su piel supe que nunca lo haría. ¡Me seguía doliendo y no pude hacerlo!

Neji odió más a Sasuke en ese momento.

—Con él animándome a hacerlo no pude entender por qué ocurrió y solo pude desear que no hubiese pasado. Ya no quería odiarlo y no podía lidiar con eso, todo fue contradicción. ¿Por qué quería pagarlo? ¿Cómo debía sentirse? ¿Y cómo debía sentirme yo al ver eso? —hizo una pausa que Neji no quiso interrumpir, pese al coraje que aun brillaba en sus ojos— Desde ese día Sasuke no se apartó.

—¿Volvió a forzarla? — preguntó furioso.

Hinata negó con su visión distorsionada por las lágrimas.

—Se quedó cerca. Una vez estuve a punto de ser atacada en los suburbios —dijo y Neji no entendió cómo pudo volverse a exponer así—, él apareció para sacarme de ahí. Pretendí que no me importara, que estaba bien lo que le pasara, debía merecerlo, ¿no? Por lo que me hizo. Porque en el fondo no lo perdonaría y creí que estaría bien si desaparecía, que era lo mejor—Hinata sollozó —. Creí que era lo que debería desear, pero cuando escuché un disparo, cuando voltee y vi al par de tipos salir corriendo y ni rastro de él, supe que no quería que algo malo le pasara. Creerlo muerto por mí, me hizo sentir un miedo impensable, solo Dios sabe el alivio que sentí cuando lo supe bien y las ganas que tenía de odiarlo nunca fueron más inútiles.

—Porque usted no es una mala persona, ¡de eso se aprovechó!

Hinata negó y demoró en hablar porque su garganta le quemaba.

—Nunca más sentí odiarlo. Cuando le permití volver…— Neji jadeó y le pidió no decir eso — por primera vez sentí que tenía demonios internos o que algo estaba mal conmigo. Aun con eso, seguí ahí. Al principio dolía aceptarlo, luego, poco a poco y con el tiempo, dejó de hacerlo.

Neji se sentó en la cama y negó pensando qué tan afectada podía estar Hinata.

—Jamás lo olvidaré —aclaró—, soy consciente. Estamos lidiando con una realidad que lastima. Sasuke ha pedido perdón de muchas formas, tantas veces, sin lograr cambiar el dolor que siento; lo vi y sentí frustrarse, dolorido como yo. Solo que, a diferencia de mí, él no podía controlarlo. Sólo yo sé cuánto duele y cuánto puedo tolerarlo para continuar… él no. No se perdona —derramó más lágrimas pese a controlar su voz.

—Y me alegra, el perdón está negado para ratas como él.

Ella negó y se atragantó con su llanto —Ahora puedo verlo a la distancia, sé ver que aquello no fue más que una burla del destino cruel, que yo, y que él, ¡lo juro! —alzó la voz— daríamos todo por cambiar.

—No hable por él —advirtió Neji al acercarse unos pasos.

—No me arrepiento de haberme dado la oportunidad de conocerlo.

—Un error. Todo fue un jodido error— añadió señalándole el vientre.

—No— Hinata no dejó de verlo. Si bien el inicio fue cruel y difícil, hacía tiempo que había dejado de ser así. Estaba tranquila. Su hijo fue concebido en una noche de amor, había sido algo sincero y sin mala intención. Y pese a todo, estaba feliz por mantenerlo en su cuerpo. Era suyo y de Sasuke.

—¿Cómo puede defender a quien la dañó por elección? Él disfrutó hacerlo, lo meditó, planeó, eso es lo peor, y no se detuvo por nada. ¡No tiene derecho a defenderlo! —volvió a alzar la voz y señalarla haciéndola retroceder por su cercanía.

—¡Sasuke estaba intoxicado! —alzó la voz, sus ojos y garganta siguieron doliendo— No lo supe hasta mucho después y no lo estoy justificando como él tampoco lo hizo. Pero sólo así puedo intentar comprender cómo se siente, porque me daba cuenta cómo me veía cuando creía que no me percataba y me dolía saber que no habría vuelta atrás, para ninguno.

—¡Es el maldito colmo! Debió apartarse y si usted no podía pensarlo ¡él debió hacerlo! Si tanto se arrepentía, no debió permitirle quedarse en una situación que la dañaba— su voz perdió fuerza, pero no seguridad —, menos, llegar al extremo de embarazarla.

—Sasuke lo intentó —dijo con determinación en sus ojos aguados—. He visto la fuerza con la que lo hizo… yo vi sus manos destrozadas por la rabia y frustración de no poder cambiarlo ¡y le creo! Le creo que lo lamenta tanto y eso me mata.

Neji negó y se apartó —No tendría por qué sentirse así —optó por decir—. No tiene por qué. Lo arreglaremos.

Hinata no logró controlar sus lágrimas, pero se las arregló con su voz—¡No estoy enferma! ¡No lo acepto! Sé que no lo merecía y sé que se arrepiente, no lo justificaré. No lo entiendes, Neji —quiso acercarse—, lo amo tanto que me duele —confesó sentándose en la cama, cerca de donde él permanecía de pie.

—Dejará de hacerlo.

—¡¿Cómo?! —exigió saber ahí sentada— ¿Cómo si todo lo que deseo es poder cambiar lo que pasó? —se puso de pie— Salgo a la calle y veo a la gente ahí, sonriendo y siendo felices, ¡y siento envidia! —alzó la voz y soltó otra lágrima— Mucha envidia. Envidia de no poder ser como ellos —Neji la abrazó al verla quebrarse y pegó su nariz a su cabello, sintiéndola llorar—. Quiero poder tomarlo de la mano —Hinata continuó—, verlo a los ojos y gritarle que lo amo sin sentirme mal y sin que las dudas de nadie manchen esto que yo siento.

—Hinata…

—¡No! —ella se apartó— Escúchame. Solo deseo una relación normal, yo no lo pedí así, y no hay nada que pueda hacerse para remediarlo. Aun así, soy feliz con lo que tengo.

—Solo estás confundida. Debes alejarte y verlo con claridad, sin la sombra de él presionándote o haciéndote creer lo que él quiere.

—Lo he hecho. Él se ha alejado de mí, ¿no me has escuchado?

Neji la vio con pena, pero sin pensar en retroceder un poco en sus decisiones.

Hinata limpió su nariz —No me preguntes cuándo me enamoré, porque te juro que no me di cuenta de ello. Ahora, haz lo que tengas que hacer, de cualquier forma, no sentiré diferente a como ya lo hago.

Neji se pasó una mano por el pelo.

—Papá no demorará en llegar y no lo podrás mantener ajeno a todo esto— volvió a hablar ella escudándose en el peor de sus panoramas

—Haré una cita con el médico. Necesito saber de cuánto tiempo está y qué tan peligroso pueda ser librarnos de su problema.

Los ojos le volvieron a arder a Hinata y apretó los dientes para no jadear.

—Neji…

—Ahora coma e intente asimilarlo.

—¡Neji! — Hinata corrió y golpeó la puerta cuando éste salió dejándola sola. Ahora quien golpeó el pequeño tocador fue ella, haciéndose arder las manos. Neji no podía hacerle eso, no de verdad. Con el corazón apretado y a pasos lentos, se dejó caer sentada en la cama. Negó en silencio.

No había más qué hacer. Había dicho lo que tenía que decir y a él no le importó, ahora sólo se quedaba ella misma. Aun así, se recostó echa un ovillo… que Neji estuviera actuando así, le estaba rompiendo el corazón.

O.O.O.O.O

El timbre y dos golpes ansiosos en la puerta rompieron el silencio que había reinado en ese departamento.

—¡Voy! — Naori atendió con un poco de fastidio.

Neji entró cuando ella se hizo a un lado para que pasara.

—¿Qué ocurre?

—Hinata está embarazada.

Ella se quedó inmóvil todavía con la puerta abierta. No le respondió.

—¿Te das cuenta de la estupidez que es esto? —soltó él apoyándose en la mesa, sin verla.

Ella cerró la puerta despacio y volteó a verlo.

—Lo peor es que está convencida de quererlo. De que el imbécil de Sasuke ha intentado rectificar y pretende defender a ese hijo producto de un acto reprochable que…

—¿Qué vas a hacer?

—Está fuera de sí. Está dispuesta a esperar a su padre como si él fuese a ser menos severo que yo. Me ha echado en cara que la mantenga encerrada como si fuera una vil esclavitud.

—Bueno, es que no dista mucho de serlo.

—¿Qué dices?

—No me has respondido qué harás— volvió a preguntar Naori al sentarse en el descansabrazo de uno de sus sofás. Su ánimo no era, y por mucho, el mejor que había tenido.

—¿Qué más? Intentar arreglarlo.

—Ya veo —dijo poniéndose de pie, acercándose a él—. Y déjame adivinar, eso incluye un aborto que enmiende parcialmente el error. ¿Qué más? ¿Tenerla en alguna clase de terapia donde la convenzan que está falsamente enamorada y que coartaron su voluntad para volverla dócil a alguien que la destroza? Podía entenderlo.

—¿A dónde vas con esto?

—Solo intento entender el fondo de todo.

—Es mi prima. No voy a dejarla sola.

—Eso parece a simple vista. ¿Pero no te parece un poco exagerado?

—¿Entiendes siquiera el grado que alcanzamos?

—El embarazo, sí, parece terrible. Pero no tanto como lo que haces.

Él se rio, sin ganas y agotado. Frotó su rostro —¿Y eso es?

—Corregir lo que ha hecho. Convencerte que Hinata no siente nada real para sentirte un poco mejor con todo esto— dijo y señaló arriba, al lugar donde ella permanecía.

Él la vio de arriba abajo —Creo que no estás en la mejor disposición para hablar. Fue un error venir.

Neji avanzaba a la puerta cuando ella habló—: Dime en dónde figuro yo en tus planes.

—¿Por qué quieres hablar de eso ahora? —se detuvo.

—Porque siento que en cuanto consigas lo que quieres, simplemente vas a dar la vuelta como lo hiciste una vez. ¿Hay algo que quieras decirme para que no crea que cuidas y sanas a Hinata para ti?

—¿Qué?

—¿Me dirás que no lo habías pensado? Todas esas patrañas sobre el lugar de ambos en su familia— explicó, encontrando por fin coraje para preguntarlo.

Neji no respondió.

—Porque por donde lo vea, eso parece. ¿Serías sincero conmigo?

Él jadeó y se tomó unos segundos para responder —: Francamente, no sé qué va a pasar.

Ella sonrió, recomponiéndose —Me dejarás, otra vez. Ni siquiera sé por qué alcanza a sorprenderme.

—Naori, no quiero hablar de esto.

Ella se adelantó a su posición y se apoyó a un costado de la puerta. Volvió a sonreírle con un tinte de resignación, en el fondo, cuando decidió ayudarlo, supo que solo había un camino que él podía tomar… y en ese no estaba ella.

—Solo… haz lo correcto, ¿quieres? Para todos. —Él avanzó a ella, pero antes de que pudiera tocarla, Naori volvió a hablar—: Y, Neji, tal vez deberías aprender que ser egoísta no siempre es malo. Creo que tu prima, como Sasuke, ya lo entendieron.

Él se molestó por la mención de esos dos.

—Vendré pronto— dijo al abrir la puerta.

—Claro, y yo te estaré esperando —a pesar de lo apretado que sentía su corazón en su pecho, Naori apenas pudo sentir que sus ojos ardieron. No era la primera vez que pasaba por eso, solo intentaba lidiar mejor con la situación.

O.O.O.O.O

«Claro, y yo te estaré esperando».

Neji había pensado todo el camino a su departamento en esa discusión con Naori. Ellos solían discutir bastante, pero en esta ocasión volvió a experimentar la crudeza de la resignación en sus palabras, que acompañaban a esas últimas peleas antes de su separación.

No era justo lo que estaba haciéndole otra vez. En el fondo, muy en él, había pensado que tal vez algo podía suceder y los haría funcionar… tal vez Hinata se negaría tan fuerte como para tomar su propio camino y entonces él y Naori…

Pero no había sido así. O al menos, las circunstancias que rodeaban a Hinata no eran unas que él aceptaría. No. No iba a hacerlo.

Ahora, quisiera o no, tenía que pensar en ambas, Naori y Hinata. Su garganta se sintió pesada al darse cuenta cuál era su prioridad. Tenía que enfocarse.

Los dos días siguientes apenas había querido pensar. Debía encontrar un médico de confianza, confianza de verdad, y llevar a Hinata con él. Pero para eso debería de darle al menos un par de días, no pretendía llevarla y que hiciera un escándalo.

Esa noche apenas pudo dormir.

Nunca se imaginó haciéndole tales cosas a Hinata. Siempre procuró que no llorara y fuese feliz, ahora él le había hecho derramar más lágrimas que las que nunca se imaginó verle. Pero debía ver y pensar por ella. Hinata no estaba siendo objetiva.

Pese a tener claro ello, había un agudo sentimiento cerrándose en su garganta. Cerró y abrió sus ojos sin poder conciliar el sueño. Eran las dos más doce minutos según el reloj digital en su escritorio.

Exhaló sonoramente antes de ponerse de pie y caminar a su ventana abierta, en busca de otro tipo de aire. Sin ganas de observar los coches en la avenida o las luces que titilaban a lo lejos, Neji volvió al escritorio donde había vuelto a dejar el bolso de Hinata. El malestar en su garganta se extendió hasta su pecho al sacar el pequeño regalo que no tuvo tiempo de examinar.

Sin ninguna expresión en particular en sus ojos violáceos, jaló el pequeño listón y éste cayó al suelo. Tragó pesadamente al ver unos zapatitos tan pequeños que parecían de bombón, pero no lo eran. Los tomó en sus dedos, eran regordetes y pequeños, olían bien, a nuevo y una mezcla dulce. Casi imaginó a Hinata guardándolos con cuidado antes de envolverlos. Los devolvió con más cuidado del que quiso y solo entonces se percató que junto al listón había caído una hoja rosada, doblada con tal cuidado que no le había sido perceptible.

Neji la tomó y mientras la examinaba, caminó a su cama, sin haber dejado los zapatitos devuelta en el bolso. Se tumbó apoyándose en la cabecera. La luz de su lámpara en el buró le mostró a la perfección la inconfundible caligrafía de Hinata. Sus ojos repasaron línea por línea:

«Esto debería decirlo, incluso lo ensayé, pero sería fatal que comenzara a llorar. Así que, escribirlo fue lo mejor que se me ocurrió.

Tengo que comenzar con esto. He conocido la peor versión de ti, esa que no te permite dormir muchas noches, la que tanto te avergüenza y nos lastima. Sé que ha sido terrible, para ambos, pero seguimos aquí. Te lo perdono todo.

Justo ahora, no puedo temer más.

Cuando descubrí qué tan humano eres, me pregunté si estaba permitido amarte, sé que te lo has preguntado también. Si teníamos permitido intentar borrar los días negros, para nunca recordarlos. Y nunca, como hoy, estoy segura que sí. Imagino que sabes ya lo que esto significa.

Espero a tu bebé».

Neji tuvo que darse un respiro antes de seguir leyendo. En el papel rosado se veían pequeñas manchas que decoloraban la pulcritud de la hoja. Supo que debían ser lágrimas que Hinata derramó mientras escribía.

«Tendremos un hijito. Hemos intentado todo este tiempo ser mejores personas, él nos ayudará. O tal vez, es la prueba de que ya lo somos y se nos ha sido dado algo maravilloso que ya cuido dentro de mí. No puedo estar más segura de que Dios nos ha bendecido al cambiar los días que deseábamos olvidar, por días que jamás olvidaremos con la llegada de nuestro propio ángel, uno tan indefenso, tan pequeño y frágil, que solo dependerá de nosotros.

Seamos tan buenos como él o ella merecen.

Te amo».

Pasaron un par de segundos antes de que él tragara pesadamente. Dobló el papel en la forma original y sus ojos siguieron mostrándose imperturbables mientras lo hacía. Dejó ambas cosas en el buró antes de deslizarse en la cama, recostándose. Se llevó un antebrazo a su frente y perdió su mirada en el techo, seriamente pensativo.

O.O.O.O.O

Un Sasuke sumamente agotado se recargó en la puerta de su baño, luego de haberse mareado. El estómago se le revolvió y se acercó al lavabo para escupir, una mancha de sangre salió con su no tan espesa saliva.

Él vio esto sin prestar importancia y dejó correr el agua hasta limpiarlo todo. Tomó un poco entre sus manos y humedeció su rostro. Demoró unos segundos en incorporarse y verse sin ganas en el espejo que devolvía un semblante demacrado y ojeroso. Su pelo, semi húmedo, conservaba su rebeldía, y Sasuke pasó su mano sobre éste al girarse y apoyarse en la encimera. Su estómago vacío comenzaba a molestarlo, pero no con la fuerza suficiente como para intentar comer algo.

Cerró los ojos y frotó su rostro. Su mano tembló al estremecerse su cuerpo completo, y se volvió a sentir sudoroso.

—Maldita sea. — Tuvo arcadas, pero se controló.

Salió del baño y buscó entre su ropa algo limpio que ponerse. Habían pasado tres días desde que habló con Naori y había batallado mucho para no ir y sacarle la información que necesitaba a Naruto, pues no había duda que él sería el único en el que Neji se atrevería a confiar.

Pero ya no resistía. La espera lo estaba matando, o tal vez era algo más, aunque no pensaba en asociarlo. Se colocó unos vaqueros y una camisa sin mangas; escarbó en un buró de la sala antes de finalmente salir de su departamento.

Condujo con toda la precaución que pudo durante casi veinticinco minutos. Librar el tráfico a mediodía y con un calor infernal, había sido un desafío a su tolerancia. Pese al calor del día, él volvió a experimentar un escalofrío que le recorrió hasta la base de su columna vertebral y se extendió, erizándole la piel.

Cuando finalmente estuvo en ese barrio que ya le era familiar, condujo despacio por las calles pequeñas. Al tener a su alcance visual el lugar al que se dirigía, tomó la precaución de estacionar varios metros atrás. Se tomó unos segundos luego de apagar su coche y echó su cabeza hacia atrás, pensando en las palabras que usaría.

Limpió con su antebrazo la capa de sudor que quiso cubrir su frente, e ignoró el esfuerzo que le costó esa sencilla acción, al reconocer una figura masculina. La chaqueta naranja, como la cabellera rubia fueron inconfundibles. También vio a Sakura salir a despedirlo. Ambos compartieron un par de palabras y finalmente Naruto se fue sin reparar en su presencia. Sakura, con un ligero short blanco y una blusa roja, se quedó recargada en el marco de la puerta viéndola partir. Él aprovechó entonces para salir luego de tomar algo de su guantera.

Cuando la pelirrosa sintió sus pasos acercarse, volteó. La sonrisa que mantenía, se desdibujó de inmediato al saberlo ahí.

—¿Qué quieres? —preguntó molesta.

Sasuke pasó la lengua por sus dientes al asentir, aceptando su reacción como normal dadas las circunstancias.

—¿Podríamos hablar?

—¿Sobre qué?

Él demoró en responder y Sakura bajó su mirada a una de sus manos, justo a la que sostenía la cajita de regalo que ella le había dado. Cuando alzó sus ojos a él, sin saber qué pensar, Sasuke habló:

—Lo siento.

Ella jadeó, ofendida y sin creerlo —¿Y ya?

—¿Podemos pasar?

Sakura observó al interior, sus padres habían salido a trabajar, aun así, no se sentía cómoda a solas con él.

—Solo a la sala— aceptó.

—La sala está bien— dijo. Ella se apartó y él entró. Para Sakura no pasó desapercibido lo agotado que lucía, incluso, le dio la impresión, que hablar estaba desgastándolo.

—Ahora sí, ¿qué quieres aquí? —preguntó manteniéndose a un costado de la puerta, Sasuke, por su parte, estaba en medio de una sala grande.

Él observó el obsequio y negó, terminó por ponerlo sobre la mesa ratona que estaba a un costado de él. A pesar de que Sakura tenía claro lo que sentía, esa acción alcanzó a doler en su pecho. Rechazo, puro y claro.

—Siento haber sido el imbécil que fui. — Arrastró su pelo y vio hacia abajo.

—Ya. Eso ya no tiene importancia. Pero, aunque me gustaría creer que a eso has venido, ¿por qué siento que no es así?

—Necesito pedirte perdón.

Ella sonrió con tristeza y un nudo en el estómago.

—Y ayuda también — agregó Sasuke.

Sakura ahora rio, incrédula —¿Y por qué supones que quiero ayudarte?

Sasuke se acercó a pasos lentos, fijó su vista en ella solo hasta que estuvo a centímetros.

—Porque sabes cómo se siente —dijo, profunda y llanamente—. No quise estar contigo, aun así, algo te decía que debías insistir—volteó a ver la cajita de regalo en cuyo interior se encontraban las cartas que por años ella le escribió.

A Sakura se le quiso cerrar la garganta al oírlo reconocer el amor que le profesó. Él estaba tan cerca y su tono de voz era tan oscuro, que ni coraje sintió al escucharlo decir que no la quiso. Se tensó cuando Sasuke, momentos después, apoyó su antebrazo en la pared, acorralándola.

—Siento lo mismo en este momento— confesó él —. No puedo solo dejarlo pasar.

—No te mereces nada —soltó ella con desprecio, pese a la nostalgia que parecía envolverlos. Lo escuchó emitir un sonido desde su garganta, algo como una risa amarga.

—Lo sé, pero necesito encontrarla —Sasuke tomó con su mano la de Sakura que colgaba a un costado de su cuerpo. Ella se quedó quieta con el corazón doliéndole.

—¿Y por eso vienes a mí? —preguntó sin verlo, aunque casi podía sentir el calor de su cuerpo. Sus ojos verdes se aguaron.

Sasuke asintió —Neji no le confiaría la localización de Hinata a otro que no sea Naruto. Y él, a su vez, solo te lo diría a ti. ¿Tengo razón?

Ella no pudo tragar el nudo en su garganta.

—No sé nada.

—Sí lo sabes.

—No lo sé— mintió.

—Necesito encontrarla.

—¿Por qué jodidamente solo no la dejas en paz? —reprochó apartándose y viéndolo con coraje. Sus ojos siguieron aguados. No entendía, de verdad no lo hacía. ¿Por qué actuaba así por ella? ¿Por qué actuó así desde un principio? Por qué si solo tenía ganas de…¿por qué no pedírselo a ella? Habría aceptado. ¿Por qué dañar a Hinata?

Sasuke giró su cuerpo en su dirección y metió sus manos en los bolsillos del pantalón, no tuvo ganas de verla, así que desvió la vista.

—Todo el mundo parece estar de acuerdo con que no soy lo que se merece, que debería permitirle elegir algo mejor, esto incluso antes de saber la bajeza que cometí. Yo mismo sé que Hinata tiene derecho a ser amada de una mejor manera. Pero no puedo concebirlo —confesó con sabor amargo—. No ahora. No por lo que quieran otros… ella debe pedirlo.

—Hinata piensa…

—Hinata sabe— corrigió al interrumpirla y volvió su vista a ella.

Sakura tragó saliva al sentir que él no le permitió entrometerse en eso que tenía con la chica que una vez consideró su amiga.

—Por favor— volvió a pedir él.

Ella negó y sus ojos picaron.

—Sakura.

—Vete— pidió señalando con su rostro la puerta.

Los ojos negros se fijaron en esos verdes que temblaban aguados. Sakura se estaba aguantando las ganas de llorar, se percató de ello al verla apretar en puños sus manos.

Cuando él avanzó a la salida, Sakura pudo ver en sus ojos que ya pensaba qué más hacer. Su razón le decía que debía callarse y cerrar en cuanto saliera, pero sus entrañas la obligaron a hablar:

—Que vengas a pedirme ayuda justamente a mí, me confirma que nunca entendiste del todo lo que sentí por ti —volteó a verlo. Sasuke, ya afuera, se detuvo a escucharla—. Solo espero, Sasuke, que tengas todo lo que te mereces— sus lágrimas la traicionaron al escurrir de sus ojos, y pese a ver el devastado estado del que siempre pareció un soberbio sujeto, sabía que tenía que decir lo que dijo.

—Es lo que espero yo también— respondió él luego de unos segundos, sorprendiendo a la pelirrosa que lo vio partir.

Segundos después Sasuke se encerró en su coche y encendió el motor.

«Solo espero, Sasuke, que tengas todo lo que te mereces».

Volvió a recargarse en el asiento y, con uno de sus codos apoyados en la portezuela, mordió una de sus uñas. Su vista se perdió a lo lejos y sus ojos parecieron aguarse.

Él también. Él también esperaba tener pronto lo que merecía. Bueno o malo. Lo que fuere. Pero ya.

O.O.O.O.O

Habían pasado tres días desde que peleó con Neji, cuando Hinata vio como Ao, quien era la persona que estaba a cargo de su cuidado, entraba a su habitación cargando una caja de cartón que parecía muy pesada.

—¿Qué es eso? —preguntó con desconfianza.

Él le sonrió y apoyó la caja en el tocador, que nuevamente volvía a lucir ordenado.

—El joven Neji ha pedido que se le entregue esto —comentó abriéndola.

Hinata vio que de ahí sacó una laptop y sus ojos mostraron su emoción. Casi corrió por ella.

—¿En serio? — preguntó y buscó los cables que necesitaría para usarla por un buen tiempo. Los encontró y se tumbó en la cama. Encendió el aparato antes de conectarlo.

El joven aminoró su sonrisa —Ese equipo ha pasado por manos de los técnicos de la empresa. Tiene conectividad a internet limitada.

—¿Qué? —la sonrisa de Hinata aminoró y cuando logró entrar al navegador, se dio cuenta que no tenía acceso a ninguna red social o aplicaciones de correo electrónico.

—También están algunos libros — volvió a hablar ganándose la entristecida atención de Hinata —. Al menos le servirá como otra distracción— dijo sabiendo que apenas encendía el televisor.

Hinata le sonrió sin ánimo solo para luego verlo perderse tras la puerta. Desde que había hablado con Neji él no había vuelto a aparecer, pero se percató que tenía nuevas libertades desde esa mañana, ahora ya no estaba recluida solo en su dormitorio, ahora también podía salir a la sala y el resto del enorme departamento que forzosamente compartía con Ao, o cualquiera de las otras dos personas que habían dispuesto para cuidarla.

Se levantó y observó sus libros, todos tenían que ver con su carrera y no supo si eso la hacía sentir bien. Los sacó y hasta abajo en la caja se encontró un móvil. No se emocionó, pues sabía que Neji no cometería algún error en su intento por mantenerla incomunicada.

Al encenderlo se dio cuenta que el único numero registrado era el del móvil del castaño. Al intentar marcar cualquier otro número, incluso de emergencia, se daba por finalizada la llamada.

Cuando se asomó a ver si no había nada más, fue que se percató de la presencia de una nota en una hoja de papel.

«Sé que esta situación es sumamente difícil para usted. Créame, para mí no es más fácil. Espero que vea esto como un intento de paz, mientras más rápido se haga a la idea de lo que es sano para todos, más fácil nos resultará.

Por la noche le espera una nueva ofrenda de paz».

—¿Ofrenda de paz?

«¿Qué querrá decir eso?»

Hinata se llevó la nota con ella a la cama y se sentó. No sabía qué estaba planeando Neji, pero no podía bajar la guardia, sobre todo después de leer ese « mientras más rápido se haga a la idea de lo que es sano para todos, más fácil nos resultará». Estaba claro que no había cambiado de opinión.

Se recostó en la cama, apenas escuchando como Ao revolvía en la cocina, seguro preparando la merienda. Pensó que posiblemente la pronta llegada de su padre había convencido a Neji de limar asperezas. Bien, seguiría su juego, ya después, cada uno volvería a tomar lugares distintos para volver a enfrentarse.

Las horas siguientes no quiso ni asomarse fuera de su habitación, sabiendo que Neji se mantendría al tanto de sus nuevas libertades. Después de las seis ya no pudo soportar el hambre que le quemaba el estómago, por lo que comió el sándwich asado y ensalada, que era de lo poco que Ao podía preparar. Sonrió al encontrarlo delicioso, pese a ello. Prefirió el jugo de naranja a la gaseosa que también le sirvió. Llevó su charola y se tomó el tiempo de lavar los trastos mientras Ao estaba al teléfono.

A las ocho de la noche había terminado el turno de doce horas de su agradable guardián y fue relevado por otro menos amable, pero igualmente respetuoso. Fue por eso que cuando cerca de las nueve el timbre del departamento sonó, Hinata no evitó extrañarse. Naori hacía poco que se había marchado y Neji no necesitaba timbrar, por eso, se asomó curiosa al apenas abrir la puerta.

Se dio cuenta que el sonido del timbre ahora le representaba algún peligro, ¿y si era el médico ese que Neji…? Su sangre casi se enfrió cuando reconoció dos voces masculinas.

—¿Por allá?... Sí.

«Esa voz».

—¿Naruto? —susurró.

La alta figura del rubio tenso apareció en la sala, ella lo vio desde su alcoba y abrió.

—¡Naruto! — Hinata se apresuró a encontrarlo y se detuvo de repente frente a él. Examinó su expresión agobiada que la llenó de tristeza, al recordar lo que se dijeron la última vez que se vieron. En los ojos azules que siempre le habían parecido hermosos, también vio preocupación, una sincera. Y sus ojos violáceos se mojaron.

Se abrazó a Naruto sin decirle nada.

—Hinata…

Ella se apartó y se percató que los observaban —Ven, entremos —lo tomó de la mano—. ¿Cómo llegaste aquí?

Naruto se revolvió su cabellera —Neji, él al fin me dijo dónde encontrarte— confesó incómodo —¿Cómo estás?

Ella le sonrió, pero sus labios la traicionaron al mostrar una mueca de deseo de llorar.

—Encerrada.

Algo golpeó el pecho de Naruto —Lo siento. — Su garganta dolió, de pronto al verla ahí, más delgada y sin mucho color, se sintió traidor, pese a todavía creer que hizo todo por su bien.

Ella asintió y se acercó a él para hacerlo sentarse a su lado en un sofá grande a los pies de la cama.

—¿Has visto a Sasuke?

—Una de las condiciones de Neji…

—Neji no está aquí— Hinata se inclinó a él, buscando su mirada, cuando Naruto desvió el rostro. Los ojos azules la miraron con preocupación —. Necesito saberlo. — Rogó.

Él pasó saliva, su voz salió ronca —Una vez. En su departamento. Ino insistió en saber la verdad.

—Cielos —Hinata temió lo que su amiga rubia pensara. Luego, negó, dejándolo pasar —. ¿Él…?

—Hecho una mierda.

Hinata soportó un nudo en su garganta al sentir que sus ojos picaron —¿Pelearon?

Naruto negó haciéndola sonreír.

—Necesito salir de aquí, estoy ahogándome. — Él le acarició el cabello y Hinata se recargó en su pecho. Naruto sintió su tristeza.

—Siento que pasara esto, yo no creí que…

—¿Qué más podría pasar? —ella enfrentó su mirada al reclamar. Naruto asintió despacio y ella lo lamentó verdaderamente —Lo siento.

—Descuida— dijo él.

Hinata volvió a ocultarse en su pecho, Naruto sobó su brazo y besó su cabello. El corazón de Naruto latía despacio, pero fuertemente en su pecho. El joven parlanchín y vivaracho estaba en silencio y parecía sentirse igual de mal que ella.

—Estoy embarazada— Hinata lloró y los ojos azules se mojaron.

—Lo sé.

Hinata se abrazó con fuerza a su torso —Me lo quieren quitar, Naruto. Neji quiere que aborte y… —su voz se ahogó— y eso no puede pasar.

Él frotó sus ojos y escuchar eso de la voz desgarrada de Hinata lo hacía sentir culpable en otras profundidades. Se había guardado ese detalle para él cuando habló con Neji, pero sabía que tarde o temprano lo descubriría. Si hacía lo que pretendía, iban a ser más los destrozados. Nunca se lo perdonaría y no habría forma como pudiese ver a la cara a esos dos.

—¿Qué necesitas? —le dolió preguntar.

—Sasuke.

—No —suplicó.

Ella inhaló entrecortadamente luchando con su llanto —Nadie más puede ayudarme.

—Itachi está con él. No sé cuánto logren, ni tampoco sé si valga la pena —dijo lo que sabía. Entendía que estaba mal darle esa información, pero no podía negarle esas gotas de esperanza.

Ella asintió —Los vi llegar aquí hace tres días.

—¿Cómo?

—No ha conseguido encontrarme.

Él apenas logró fingir una sonrisa —Si es tan terco como siempre, no demorará en hacerlo —dijo y evitó inquietarla más al decirle que Sakura le contó que había ido a verla.

Ella quiso sonreír, pero no detuvo su llanto.

—Ayúdame. — Rogó Hinata.

—La última vez que intenté hacerlo salió jodidamente mal. — Volvió a acariciarle el pelo. Ella negó.

—Si mata a mi bebé…

—Hablaré con Neji.

—Naruto… — Hinata enderezó su cuerpo a verlo.

—Esto es por mi culpa, ¿no? —él quiso sonreír, pero la tristeza en sus ojos opacó esa mueca — Te prometo que estará bien.

Ella contuvo su respiración, pero sus lágrimas no dejaron de caer. A Naruto se le hizo un nudo en la garganta que le amargó hasta el estómago. Cuando ella, avergonzada por su llanto, se ocultó en su cuello, Naruto siguió acariciándole el cabello suave.

La dejó llorar hasta que su llanto se hizo menor. Su camisa estaba mojada por las lágrimas de Hinata, ella tenía miedo y estaba sumamente triste. Él se sintió escoria por cooperar para tenerla así. Deseó no haber aparecido en su vida, así Sasuke no se hubiera cruzado tampoco y ella estaría por ahí, siendo ingenuamente feliz.

Luego de unos minutos, Hinata por fin se animó a secar sus lágrimas y preguntar, preguntó por Ino y Sakura, por las reacciones de ambas y le preocupaba en especial si la odiaban. Se alegró al saber que Ino únicamente estaba preocupada por ella, Naruto había dejado claro que tendría una amiga esperando por ella afuera, eso volvió a humedecer los ojos violáceos y él se disculpó. Supo que Sakura no la odiaba, ella la compadecía, pero fue sincero al decirle que no creía que ella volviese a verla pronto. Hinata lo lamentó, pero supo que no había mucho que pudiera hacer.

Naruto habló, aunque no con el ánimo que siempre lo caracterizaba, y no dejó de hacerlo hasta no verla tranquila. Hinata ya no lloraba y sin que se percataran, habían pasado casi dos horas. La incomodidad que sintieron al inicio fue dando paso a una nostalgia que dolía, pero intentaron sobrellevarla, sobreentendiendo que, dadas las circunstancias, no podían pedir nada mejor.

—Debo irme ya —dijo él acariciándole una mejilla —. Me he pasado del tiempo que tenía permitido, y si aspiro volver por aquí, no debería hacerlo— no pudo sonreír completamente.

Hinata asintió y se puso de pie. Él se apartó y quiso decir algo más, pero se arrepintió. Tomó camino a la puerta, dejándola ahí de pie.

—Naruto —Hinata habló haciéndolo voltear. Ella le sonrió con sinceridad—. Te lo agradezco — dijo, sorprendiéndolo—. Eres una persona extraordinaria. Y aunque para mí no haya resultado bien, cada persona que sufre en este mundo, merece a un Naruto en su vida —sus ojos se mojaron, pero le sonrió —. Yo amo a Sasuke, lo amo de la forma más pura en verdad. Y siento que esto haya llegado hasta aquí. Aun así, si de verdad hubiese necesitado ayuda, sé que podría confiar hasta la muerte en ti. Gracias por apreciarme así.

Para cuando Hinata terminó de hablar, ya estaba llorando otra vez.

Él aclaró su garganta y solo terminó sonriendo. Hinata no lo supo, pero sus palabras dolieron más que un reclamo.

Naruto salió dejándola adentro, controlando su llanto. Neji estaba recargado a un costado de la puerta para cuando salió. Ambos varones se vieron a los ojos. La mirada de Neji era impersonal, fría, la de Naruto perdió la calidez con la que miró a Hinata y adquirió un tono más serio. El rubio se fue sin decirle nada y Neji volteó de medio lado a ver la puerta cerrada de esa habitación, de donde Hinata no hizo mayor intento por salir. Le fue imposible no quedarse meditando en lo último que su prima dijo. Odió la sinceridad con la que lo hizo.

Tampoco pasó por alto que Hinata no estaba hecha una furia repartiendo culpas y odiando a todos los que habían osado apartarla del sujeto que decía amar. Más bien, parecía sumamente triste, pero entera, firme en lo que decía sentir.

O.O.O.O.O

El teléfono no había dejado de sonar y no tenía intención de responder, no era Hinata; nunca lo era. La cabeza estaba estallándole y solo quería silencio.

—Sasuke, ¿no quieres que veamos a un médico? —preguntó Suigetsu preocupado al verlo ansioso, débil y con rastros de sangre de su nariz.

—¡Qué no, con un demonio! —alzó la voz al ir a su refrigerador en busca de una cerveza —¿Por qué mejor no te largas?

El peliblanco lo vio con preocupación, Sasuke era como el infierno de insufrible, pero hasta él sabía que estaba exagerando. Terminó por sentarse en el sofá en silencio.

Vio a Sasuke dar un trago largo a una cerveza.

—Y dices que viste a esa chica, Sakura.

—Y fue una mierda— dijo dirigiéndose a la sala —. Vete. Quiero estar solo.

—No creo que sea lo que te convenga.

Sasuke cerró los ojos y contó hasta cinco —Por favor. — Suigetsu se descolocó —. Necesito estar solo. Pensar.

—¿Estás seguro?

Sasuke asintió con un dolor terrible en la cabeza.

—Llamaré más tarde, de cualquier forma, tienes mi número si algo se te ofrece— dijo. Sabía que atravesar o intentar atravesar por un alejamiento de las drogas era algo doloroso, imaginó que él comenzaba a resentir seriamente esos síntomas bajo toda esa presión.

—Solo vete.

Cuando el peliblanco cerró la puerta, Sasuke se recostó en su sofá. La noche estaba por caer y los rayos anaranjados del sol molestaron a sus ojos, pero no fue eso lo que lo hizo llorar. Apretó sus sienes con sus manos y se odió por joderlo todo. Su cuerpo fue sacudido por la necesidad de calma y paz. Gato, su pequeña mascota, brincó al sofá a su lado y se acurrucó a un costado de su cintura. El felino jugó a rasguñarlo cuando la mano de Sasuke se hundió en uno de sus bolsillos.

Una dosis triple… era la única que tenía, y lo único que necesitaba era inhalar un poco. Su estómago se contrajo en urgencia y las ganas de vomitar volvieron.

Minutos de paz, eso necesitaba.

Sabía que le había prometido a Hinata que no volvería a hacerlo. Se había aferrado a esa promesa cuando su cuerpo le jugó en contra, pero no podía más. Comenzaba a hundirse. Y quería hacerlo, jodidamente quería.

Mordió la diminuta bolsa de polvo blanco y la estiró ansioso. Todos estaban de acuerdo en que desapareciendo de la vida de Hinata le haría bien. Para joderlo, tal vez tenían razón.

Los ojos llorosos de Hinata volvieron a él y le revivieron las ganas de controlarse. Pero era infernal soportarlo, su piel quemaba y escalofríos lo sacudían.

O.O.O.O.O

Esa noche, después de que Naruto se marchó, se había forzado a cenar.

Hinata había dejado las cortinas abiertas, y con el edificio siendo tan alto como era, tenía el privilegio de ver una luna llena, hermosa. Le había sonreído durante largos ratos mientras se acariciaba el vientre. La visita de Naruto la había llenado de nuevos bríos y quiso confiar que todo mejoraría, poco a poco… tal vez.

Hinata suspiró todavía viendo el resplandor amarillento de la luna enorme, de pronto tuvo una ligera taquicardia que no le gustó. La soportó por unos segundos, pero finalmente terminó por sentarse en la cama. Respiró con profundidad varias veces y se acarició el pecho, poco a poco su ritmo cardiaco se normalizó, pero Hinata permaneció con una sensación de intranquilidad.

La tristeza que nunca la dejaba volvió a sentirse y ella acarició su vientre, buscando tranquilizarse en silencio.

O.O.O.O.O

Eran las diez de la mañana cuando Fugaku miró con poco agrado el edificio donde Sasuke residía desde hacía ya más de siete años. Su rostro ya marcado por una mueca de desagrado no cambió ni al ser saludado por el encargado del edificio.

Fugaku subió al elevador y marcó el número del piso que deseaba.

«Por favor, echa un vistazo, ¿quieres? Lo haría yo, pero tengo que encargarme del proyecto que Sasuke atendía».

La petición de Itachi le dio la excusa que buscaba para presentarse ahí. Desde el día que su hijo mayor se había llegado a la constructora para contarle todo lo relacionado con Sasuke, había estado tentado a buscarlo.

Saber que su hijo menor había dejado de atender al teléfono desde el día anterior no lo preocupaba tanto como el problema en el que estaba metido. No había cambiado de opinión en absoluto sobre ayudarlo. No lo haría. Sinceramente creía que Sasuke no se lo merecía, y consideraba que estaba pagando menos de lo era justo, pero era su hijo, y había algo que lo forzaba a acercarse. Necesitaba ver con sus propios ojos hasta dónde había caído.

Él se lo había advertido: iba a destruir a esa niña.

Nunca se imaginó que había comenzado a destruirla desde mucho antes. ¿Qué tanta bajeza pudo heredarle a su hijo para hacerlo capaz de ser tan ruin? Recordó cuando recurrió a él por ayuda y se la negó. Sasuke debió haber estado desesperado para buscarlo y él no se había siquiera detenido a pensar cuál era el motivo real de su desesperación.

Sabía que era un mal padre, pero no creyó que Sasuke superara sus errores a esas magnitudes. Al final, su intento por corregirlo y fortalecerlo, había terminado por fomentar en él un odio que lo arruinó. Completamente.

Inhaló con fuerza al salir del elevador. Pero no asumiría sus errores por él, cada persona era responsable de sus propios actos y bajo esa premisa siguió firme en su negativa de intervención.

Pensaba en Hinata cuando llamó a la puerta. Tocó con los nudillos y timbró. Evitó llamarlo, porque sabía que su hijo pasaría de él. Volvió a tocar.

Gruñó pensando que había perdido el tiempo. Ni siquiera se había asegurado si el coche de su hijo permanecía en el estacionamiento.

—¡Sasuke! —alzó la voz al llamarlo, tras tocar.

Bufó y negó suponiendo que no estaba. Poco antes de girarse, escuchó el sonido de un cristal estrellándose.

—¡Abre la puerta! Puedo escucharte adentro — exigió con molestia, suponiendo que Sasuke fracasaba hasta para pasar inadvertido —. Maldita sea — susurró al no tener respuesta.

Molesto por llegar a esos extremos, buscó un duplicado de la llave sobre el marco de la puerta, e incluso bajo el delgado tapete a sus pies. No encontró nada, así que forcejeó con el pomo. Sasuke no hizo el intento por salir y pelear con él por la insistencia, así que golpeó con su hombro un par de veces hasta que la chapa cedió.

Todavía con la molestia que le generó el esfuerzo, Fugaku echó un vistazo al departamento oscurecido. El suelo se veía limpio, le prestó atención cuando un pequeño gato se acercó a él, desperezándose. Avanzó pese al felino que se le atravesó a su paso. El lugar tenía un ligero olor a cigarrillo y licor, el aroma de este último era mayor, casi se imaginó que se había derramado.

Buscaba un interruptor cuando la luz que se colaba por el balcón le mostró lo que lo tenía allí.

—Con un demonio. — Se acercó con prisa al ver a Sasuke con camisa de manga larga recostado en el sofá de tres plazas. Tocó su rostro sudoroso y los ojos negros de su hijo apenas se abrieron. Estaba ardiendo en fiebre y temblaba.

—¿Hinata?

—¿Qué demonios dices? — soltó buscando algo con qué limpiar un rastro de sangre que manchaba su boca.

Sasuke cerró los ojos y los estremecimientos de su cuerpo intensificaron.

—¡Sasuke! ¡Sasuke, escúchame, abre los ojos! — Fugaku palmeó sus mejillas, pero él no despertó. Su rostro estaba enrojecido por la temperatura e incluso su aliento, al jadear, era caliente.

El mayor no tardó en llamar a una ambulancia y cuando colgó volvió a acercarse a su hijo, necesitaba quitarle al menos esa camisa y permitirle a su cuerpo respirar. Cuando la mano de Sasuke que estuvo apoyada en su abdomen, resbaló por el sofá, a Fugaku le llamó la atención que la había tenido firmemente apretada. Alcanzó a ver algo entre sus dedos y revisó.

—Esta mierda— soltó molesto y arrojó la bolsita todavía sellada al suelo. Ésta terminó perdiéndose bajo uno de los sofás ante la atenta mirada de Gato.

«¿Qué has estado haciendo?» pensó decepcionado al ver a su hijo jadeando. Sasuke estaba consumiéndose, su cuerpo y él.

—¡Oye, Sasuke! —Suigetsu apareció por la puerta— Te he estado marcando, ¿qué mierda te…? — y se cortó al reconocer al hombre que lo veía con poco agrado.

Continuará…

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¡Hola!

Recién he terminado, lamento la demora. Ojalá les haya gustado. Me iré rápido a comentarios:

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Mil gracias por esperarme y por seguir pendientes de la historia. Lo agradezco muchísimo.

En estos capítulos van a oscilar entre odiar y amar personajes, creo que cada uno hace lo que cree que es justo y ninguno lo hace por maldad (?

Gracias por leer y por tolerarme faltitas. Hace poco me hicieron notar que recaigo en muletillas, en frases que uso muy frecuentemente -perdón, no me había dado cuenta que era tanto- Generalmente me concentro más en que los diálogos encajen y que las reacciones de los personajes tengan un poco de lógica, más que en las cosas que hacen con las manos xD

Lo siento. Estoy aprendiendo, jajaja, si fuese escritora estaría vendiendo libros, okno., pero juro que le pongo ganas c:

¡Nos leemos!