Capítulo 4: Mocha on a Rainy Day
Por mucho que Eren quería creer que saldría de su periodo de sequía en relación a sus dibujos, solo se sentía peor al respecto. Todo lo que dibujaba, a sus ojos, era basura. A pesar de los cumplidos de Armin, a pesar del consuelo de Mikasa—nada que dibujaba se sentía bien.
Guardó su cuaderno de dibujo a favor de sus pinturas.
Acuarelas, acrílicos y óleos. Experimentó con todo lo que tenía hasta que se encontró a sí mismo con un lápiz en la mano de nuevo.
Y luego estaba el clima. Cualquier otro día, Eren apreciaría verdaderamente la lluvia y el cielo sombrío. Pero combinado con su estado de ánimo y falta de inspiración, lo enfermaba. Lo molestaba y lo dejó sintiéndose horrible. No quería hacer nada con su arte.
Estaba solo en su departamento y estaba empezando a odiar el silencio. Porque cuando era así de silencioso, solo tenía sus pensamientos y su arte.
Y actualmente no tenía su arte.
Eren salió y manejó hacia la librería más cercana. Era algo que hacer. Algún lugar a donde ir. Y la librería siempre era calmante. No era un gran lector, pero aun así podía apreciar los libros de fotografía y paisajes.
Aparcó su coche y caminó las pocas calles restantes (estacionar siempre era un infierno) y se dirigió a la librería. Se echó hacia atrás la capucha de su chaqueta y caminó directo a la pequeña cafetería. Ordenó un mocha, para calentar sus manos, y se dirigió a la sección de fotografía.
Cogió un libro grande, lleno de simples fotografías de Turquía, y se sentó en el suelo, hojeándolo con tranquilidad. Tomó un sorbo de su mocha caliente, ocasionalmente soplando a través de la tapa y creando un pequeño sonido de silbido.
Suspiró suavemente, mirando por encima de los altos edificios y arquitectura que el libro tenía. Todos eran muy buenos recuerdos y nostalgia. Por su regalo de graduación de la escuela, su madre lo llevó al extranjero a ese país y anhelaba volver. Era el país natal de su madre y sabía que ella quería regresar tanto como él.
—Hey, Jaeger, ¿qué estás haciendo?
Eren levantó la vista y vio el rostro sonriente de Jean al final del pasillo. Eren se encogió de hombros y la expresión petulante que Jean llevaba se desvaneció. Se acercó y se sentó mientras Eren volvía a mirar el libro.
—Hey, Jean.
—¿Todo bien?
Eren se encogió otra vez.
—¿Semana de arte malo?
—Sí —Eren suspiró—. No sé lo que está mal. Solo no he estado sintiéndolo últimamente.
—¿Has probado pintar en vez de eso? ¿Qué tal sobre la cosa…uh…carboncillo?
—Puedo tratar con carboncillo por un tiempo. ¿Tal vez debería pintar floreros?
—Consigue una cámara —dijo Jean, inclinándose más cerca para mirar el libro—. Quizás podrías tomar fotos por un tiempo.
Como si comprar una cámara estaba siquiera en el presupuesto de Eren en ese momento.
—No haría daño —mintió Eren—. ¿Marco está contigo?
—No.
Eren tragó duro y volvió a mirar a Jean, rozando su nariz con los labios de su amigo. Jean se apartó.
—No nos besamos.
Eren sonrió a medias y se rio amargamente.
—Ya lo sé. No soy estúpido.
—Probablemente no deberíamos. Estás todo deprimido.
—Me distrae de estar deprimido —dijo Eren, cerrando el libro de golpe y poniéndolo de vuelta en el estante—. No es como si debieras quejarte. Tú solo te sientas y te la chupo. Literalmente no hay trabajo para ti.
—Haces un argumento decente.
—Estacioné a casi dos cuadras.
—Está bien. Mi auto está aparcado atrás.
Eren se echó hacia atrás, limpiándose la boca con el dorso de la mano. Jean jadeó, su cabeza contra la ventana y sus pantalones alrededor de sus tobillos. Era un desastre sudoso, así que Eren no tuvo problema en limpiar lo blanco pegajoso en su muslo expuesto. Jean se rio.
—Idiota.
—Cara de caballo.
Eren se sentía mejor. Aliviado. Emocionado. Estaba mal, lo sabía, pero se estaba saliendo con la suya. Nadie nunca se enteraría. Su corazón se aceleró.
—Diviértete limpiando —se burló Eren mientras Jean abría los ojos.
—No dejaste que cayera en otro lugar, ¿cierto?
—No.
—Bien. Puedes irte entonces. Cuídate mientras manejas.
—Lo haré. Nos vemos más tarde —dijo Eren, saliendo por la puerta.
No se molestó con su capucha. La fría lluvia servía como una ducha rápida para lavar el sudor y semen en su cara. Dejó que su rostro se empapara mientras caminaba, sacudiendo los mechones de su frente.
Estaba contento, lo admitió para sí mismo. Era un nuevo récord el conseguir que Jean aceptara hacerlo en el asiento trasero de su coche. Estaba contento de que pudo lograr que su amigo se corriera en su garganta en cuestión de minutos. Era un juego. Siempre era un juego y siempre sería solo un juego.
Era lo que tenía que decirse a sí mismo, de lo contrario sus estúpidos polvos serían demasiado serios.
Porque cuando se trataba de eso a fin de cuentas, Jean no lo besaría. Besar estaba reservado para los amantes y Eren no era un amante. Era un rápido (aunque buen) polvo. Y eso era todo lo que alguna vez sería para Jean. No era adecuado para ser un novio o amante.
Solo alguien para follar.
Envolvió sus brazos alrededor de sí mismo mientras caminaba, la repentina sensación de estar vacío apoderándose de él. Vacío y frío y sucio. Follaba con Jean porque era una breve distracción de sus propios problemas, pero una vez que terminaba, dejaba a Eren sintiéndose asqueado consigo mismo. Follaba con un chico que estaba en una relación con una increíble y buena persona. Eren no quería lastimar a Marco. ¿Y todo por un tonto juego? Porque simplemente "podía". No era un rompehogares. Nunca lo sería.
No podía llevar ese título con él.
Comenzó a llorar. Eren genuinamente sollozó, sus lágrimas mezclándose con la lluvia y el sudor y el semen en su cara. Su visión se hizo borrosa. Su cuerpo dolía. Su mente estaba nublada. Nada se sentía bien.
¿Por qué todo estaba tan jodido? ¿Por qué seguía cagándola? ¿Por qué seguía haciéndose daño a sí mismo?
Un auto chirrió cuando se detuvo repentinamente, deslizándose bajo la lluvia. Eren se dio cuenta de que la luz encima de su cabeza era verde, no roja. Estaba en medio de una calle muy transitada, la lluvia salpicando alrededor de sus pies. El auto negro se deslizó hasta detenerse y Eren se encogió, congelado por el miedo.
Bajó las manos mientras el enojado conductor tocaba la bocina. Otros conductores hicieron lo mismo, algunos incluso sacando su cabeza para insultarle. Todo se registró lentamente. Una vez que ganó control sobre sus piernas de nuevo, Eren comenzó a caminar. Necesitaba llegar a un lugar seguro.
—¡OI, EREN! ¡METE TU TRISTE TRASERO EN ESTE AUTO!
Sobre los sonidos de bocinazos furiosos, Eren pudo oír la familiar voz. A través de la lluvia, el hombre corriendo hacia él era familiar. Agarró el brazo de Eren y lo arrastró hasta su coche negro; el mismo auto que casi atropella a Eren. Abrió y cerró la puerta del coche, tirando a Eren dentro como un muñeco de trapo.
De pronto no hubo más lluvia. Las bocinas sonaban distantes. El aire era cálido. Y Levi estaba metiéndose en el asiento del conductor y pisando el acelerador. Eren mantuvo sus ojos abajo, evitando la fría mirada de Levi.
—Oi, mocoso, mírame. ¿Qué mierda crees que estás haciendo, huh? ¿Tratando de que te maten? Casi te choco, carajo. ¡Hey, mierda! ¿Estás siquiera escuchan-?
—¡SÍ TE ESTOY ESCUCHANDO JODER! —Eren gritó—. ¡No me grites! ¡No estoy sordo!
Su labio inferior tembló involuntariamente. No quiso gritarle a Levi; no era la culpa del hombre. Pero cada dolorosa emoción enterrada en el ser de Eren quería salir a la superficie y golpearlo. Se secó los ojos con el dorso de su manga mojada, manchando sus mejillas.
—Dios, Eren —Levi suspiró, estirándose y abriendo la guantera. Sacó un paquete pequeño de pañuelos y los arrojó en el regazo de Eren—. Limpia tu puta cara.
Eren asintió, sollozando y tirando un pañuelo del pequeño paquete de plástico. Se secó los ojos, solo para pasar su manga debajo de su nariz de nuevo. Levi soltó un quejido, asqueado, y se detuvo en un estacionamiento. Descuidadamente aparcó su coche y agarró los pañuelos del regazo de Eren, jalando uno nuevo del paquete. Palmeó a Eren suavemente en la barbilla.
—Oi, mírame.
Eren obedeció en silencio la simple orden y dejó que Levi limpiara su cara. Levi le dio toquecitos a los ojos rojos e hinchados de Eren y luego limpió la mancha sucia en su mejilla. Finalmente empujó el pañuelo por la nariz de Eren, le dio una pequeña sacudida y tiró de él, limpiando lo restante.
—Gracias…
—Qué asqueroso. En verdad eres un mocoso, ¿no es así? —Levi suspiró, tirando el sucio pañuelo en el regazo de Eren—. No puedes cuidarte a ti mismo en lo absoluto.
El labio de Eren se sacudió de nuevo y se acurrucó en su asiento.
—Puedo cuidarme a mí mismo. No soy un rico, pomposo imbécil y sé que nunca lo seré, pero puedo cuidarme a mí mismo bastante bien.
Levi se rio entre dientes ligeramente.
—Sigues siendo un mocoso. Aunque, ¿qué te tiene tan molesto que estás caminando por la calle bajo la lluvia e ignorando los putos semáforos?
Eren se estremeció.
—Es… complicado…
—No me digas. Te gusta alguien. Probablemente un viejo amigo o algo. Y él te trata como puta mierda y sabes que no deberías estar interesado. Eres un chico listo, pero aún tienes algo de esperanza en el fondo de tu mente de que toda esta mierda funcione de alguna manera, ¿no?
El aliento de Eren se detuvo en su garganta. Sacó otro pañuelo y asintió.
—Y encima de eso tienes una pesada carga de trabajo en la escuela. Odias tu trabajo y estás teniendo algunos problemas familiares.
Eren dejó escapar un hipo entre su llanto, llevando el pañuelo a su rostro.
—¿Cómo mierda sabes eso?
—Soy un puto abogado. Puedo leer a la gente. También me especialicé en psicología.
—¡¿Por qué mierda eres tan… tan jodidamente perfecto?! ¿Qué demonios?
Realmente no era justo. Eren estaba en desventaja. Levi era inteligente. Entendía cómo funcionaban las personas. Siempre sabía qué decir. Tenía dinero. Era exitoso. E incluso era encantador a su propia manera de mierda.
Levi se inclinó y enredó su mano en el cabello de Eren y oh, cómo se sentía. Eren cerró sus ojos y se apoyó en ella, dejando que el hombre acariciara su cabello. Eren soltó una risa.
—Podrías conseguir a cualquier persona que quisieras —dijo Eren—. Y sin siquiera intentarlo. ¿Por qué te molestas con alguien como yo? Soy un desastre.
—Odio los desastres —dijo Levi. Bien, tal vez no siempre sabía qué decir—. Pero tú eres un desastre con los jodidos ojos más bonitos que he visto en mi vida y no puedo dejar de pensar en ellos.
Eren se estremeció ante su voz grave y la intensa mirada en sus ojos. Lo dejó paralizado, así que rompió contacto visual para mirar los labios de Levi. El pelinegro se inclinó y utilizó su agarre en el cabello de Eren para jalarlo más cerca. Eren apartó el rostro y Levi se detuvo.
—Nunca te di las gracias por el postre del otro día —Eren ronroneó convincentemente, pasando su mano por el muslo de Levi—. O por salvarme.
—Guárdatelo —espetó Levi—. No vamos a follar en mi auto sin condón y no tengo uno conmigo. No voy a lidiar con tu desastre de semen.
Eren se desplomó en su asiento.
—Friki de la limpieza.
—Pequeña mierda pervertida.
Levi llevó a Eren hasta su coche. No estaba lejos, pero al menos Eren no tuvo que luchar contra la lluvia para llegar ahí o arriesgarse a casi morir de nuevo. Sonrió, sintiéndose agradecido por el tiempo de Levi. Se dijeron adiós y Eren se estiró para la manija de la puerta del auto cuando Levi lo detuvo.
—Toma esto —dijo Levi, sacando una tarjeta de negocios de un estuche de plata. Garabateó algo detrás y se lo ofreció a Eren.
—¿Crees que estoy en necesidad de un abogado? —Eren se burló, mirando la tarjeta.
—Son mis horas de puto trabajo y mi número personal al reverso —los ojos de Eren se abrieron—. En caso de que te aburras alguna vez o tengas algo de tiempo libre y quieras follar por un rato, dame una llamada o un mensaje.
—¿E-en serio?
—¿Por qué no? Eres lindo, estoy interesado y pareces dispuesto si te estabas tirando encima de mí por comprarte un puto postre. No estoy en busca de un compromiso de mierda, mocoso. Solo alguien con quien divertirme.
Eren sonrió.
—¿Así que crees que soy lindo y divertido?
—Por lo que vi después del bar, sí.
—Tal vez lo pensaré —dijo Eren coquetamente. Levi sonrió y Eren sabía que el hombre estaba consciente de que estaba mintiendo acerca de que sea un "tal vez"—. No tengas un ataque al corazón pensando en mí, viejo.
Eren lo dejó ahí, abriendo la puerta del auto y paseando hacia su propio coche. Se metió y a través de la lluvia se preguntó si Levi había visto. Por supuesto que Levi había visto; ¿cómo no podría hacerlo?
Sacó su teléfono y miró la tarjeta de negocios. Marcó el número de Levi y lo guardó como "Para Un Buen Rato".
N/T: Quería subir esto ayer, pero después de betear Valkyrie quedé muerta, así que… (?)
El capítulo estuvo algo corto, pero ya tiene el número huehuehue :v
No se olviden de dejar review, por favor. Agradezco a todos los que se toman el tiempo, así dan ganas de compartir esto con ustedes :'D
P.D. ¡Lemon sensual en el próximo capítulo!
