Capítulo 5: Sugar, Spice and Sugar

Eren no se sentía exactamente mejor respecto a su arte, pero en definitiva no iba a permitir que eso lo mantuviera desanimado. Había comenzado una nueva pintura—una de una vista del mar desde un puerto en Estambul. Tenía una vieja fotografía pegada en la esquina de su nuevo lienzo; una imagen que su madre tomó hace años antes de que él naciera.

El caballete, sin embargo, había colapsado y actualmente estaba apoyado contra la pared para hacer más espacio en la sala de estar. Siempre lo ponía arriba y fuera del camino cuando no estaba pintando en realidad. Sus pinturas y paleta estaban en una caja sellada, para impedir la entrada del aire hasta que esté listo para usarlas de nuevo.

Había llegado a un acuerdo, con Mikasa y Armin, de que sus pinturas inacabadas podían ser colgadas en la pared—en su habitación y lejos de espectadores—hasta terminadas, para prevenir accidentes.

Pero por el momento, Eren tenía unas quince piezas de papel de dibujo dispersas a su alrededor. Cada una tenía un boceto en carboncillo de un Armin estudiando, desde varios ángulos y con diferentes expresiones.

Ninguno de ellos decía una palabra. Mikasa salió a correr, así que el departamento estaba excepcionalmente tranquilo. Solo había el ocasional sonido de una hoja siendo volteada o rasgada, combinado con el ruido de Armin tomando notas y los garabatos de Eren.

Armin era el modelo perfecto, Eren pensaba. Sin importar lo que estaba haciendo, estaba tranquilo. Inmóvil. O estaba leyendo o estudiando y ambos requerían un mínimo movimiento. Y cuando Armin se movía, como para voltear una página o escribir algo, era rápido y siempre regresaba a su posición original.

Hacía un muy buen sujeto para un dibujo.

El teléfono de Eren sonó y le echó un vistazo. Estaba en vibrador, por lo que no sería muy horrible si en verdad timbraba. Lo cogió y vio el nombre de su profesor aparecer en la pantalla. Desbloqueó su teléfono y se lo llevó a la oreja.

—¿Hola? Dr. Schultz.

—Eren, me alegra mucho que hayas contestado —su profesor dijo—. Es sobre la exposición de arte. La que va a ser en el centro. Bueno, me las arreglé para conseguirte dos lugares aprobados en la galería. Trae tus piezas finales a mi oficina en algún momento de esta semana para que pueda tomar las medidas-

—¡PUTA MIERDA! ¡¿HABLA EN SERIO?!

Armin saltó por el repentino y entusiasmado grito de Eren. Dejó caer su libro y este golpeó contra la mesa, creando aún más ruido. Pero eso no distrajo a Eren en lo más mínimo. Se puso de pie, caminando y frotando su cabello.

—Hablo muy en serio —el Dr. Schultz se rio entre dientes.

—De acuerdo, sí, voy a llevarle mis imágenes. Pinturas, ¿cierto? Sí, usted dijo pinturas. Oh, Dios, ¡muchas gracias!

—De nada, chico —su profesor aún se estaba riendo—. No te lastimes. Solo ven a mi oficina durante mis horas.

—¡Sí, señor!

Ambos colgaron y Eren dio un golpe al aire, llevando sus puños cerca de su pecho en entusiasmo. Miró a un muy confundido Armin, incapaz de esconder su sonrisa.

—¡Tengo un lugar en la galería de los estudiantes en el centro! ¡Esa bien grande, Armin!

Los ojos de Armin se iluminaron. Se levantó de un salto y corrió hacia Eren, abrazándolo fuertemente y gritando con él.

—¡OH POR DIOS EREN ESTO ES GENIAL!

—¡LO SÉ NO PUEDO CREERLO! —gritó Eren. Luego jadeó—. ¡Tengo que elegir las pinturas! Necesito opiniones. Armin, cuando termines de estudiar-

—¡No! ¡Eren, esto es importante! ¡Vamos a ver ahora! —exclamó Armin, agarrando la mano de Eren y arrastrándolo a su habitación—. ¡Y luego cuando Mikasa vuelva, ella puede darte su opinión también!


Eren no le dijo a su madre por qué iba a ir en medio de la semana. Pero estaba seguro de que ella sabía, por la manera en que su voz se quebró y subió de tono, de que había buenas noticias. Eren había empacado sus pinturas favoritas, junto con las que a Armin y Mikasa les gustaban más. Solo sentía emoción y adrenalina mientras estacionaba y sacaba sus pinturas del auto.

Corrió hacia la puerta y tocó.

—Hola, Eren —rio Carla, abriendo la puerta para dejarlo pasar. Ella miró sus brazos, llenos con lienzos. Frunció el ceño.

—Mamá, mamá, ma —jadeó Eren—. Fui aceptado para esa exposición de arte.

Los ojos de Carla se agrandaron. Incluso a través de sus palabras desordenadas, ella sabía lo que estaba diciendo y su cara se iluminó tanto como la de su hijo. Levantó las manos a su boca y jadeó, un sonido de pura alegría. Carla agarró las mejillas de Eren y tiró de él en un torpe abrazo por todas las pinturas entre ellos.

—¡Estoy muy orgullosa de ti! —lloriqueó—. ¿Cuándo es? Tienes que decirme. Tengo que marcarlo en el calendario.

—Lo haré, lo haré, pero necesito ayuda para escoger las piezas —dijo Eren, haciendo un gesto a sus pinturas—. Les pregunté a Armin y Mikasa, pero quiero tu opinión y la de papá también.

—Y nosotros estaremos felices de ayudar en cualquier manera. Ven ponlas en la mesa mientras termino de cortar estas zanahorias.

Eren la siguió dentro de la casa y corrió hacia la mesa. Comenzó a organizar las pinturas que había traído; una de casas destrozadas, otra de una mesa con muñecas y encaje, una colina verde cargada con flores azules con una pared en la distancia, un bosque con grandes árboles y caballos casi invisibles en sus bases, y finalmente la imagen de un hombre mirando desde arriba el bosque al atardecer.

Carla terminó en la cocina y se acercó a él, limpiándose las manos en una toalla. Ella miró detenidamente a cada uno.

—Definitivamente me gusta la que tiene el hombre —dijo, dándole un toque a la pintura—. Definitivamente esa y… creo que la pintura de las flores.

—Esos fueron las primeras dos que Mikasa y Armin eligieron también.

—Bueno, creo que esos podrían ser tus ganadores —bromeó—. Aunque todos son realmente increíbles, Eren. Todos son impresionantes.

Eren sonrió. Se sintió patético al pensar que cada una de sus pinturas venía de una escena de un sueño que tuvo. Pero esos sueños sobresalían demasiado para él; eran los más reales y vívidos. Así que pintar esas imágenes era más como pintar memorias y experiencia que de una imaginación nublada.

—Gracias —respondió Eren suavemente—. También creo eso.

Ambos rieron y Eren le contó más sobre sus pinturas. Lo que cada una significaba para él. Y una vez que terminaron, Eren la ayudó en la cocina. Todo estaba en calma; Colosal viéndolos por la ventana desde el exterior, su cola meneándose de un lado a otro.

Una vez que la cena terminó, Eren corrió para dejar al perro entrar. Se sentó en el suelo, jugando con el enorme perro. Carla incluso se atrevió a tomar unas cuantas fotos con su teléfono de los dos jugando.

La puerta se abrió y se cerró rápidamente, con un poco más de fuerza de la que ambos estaban esperando. Los hombros de Eren se cayeron y descansó sus brazos alrededor del amplio cuello de Colosal. Carla inhaló y le sonrió lo más reconfortantemente que podía. Eren logró forzar una sonrisa de vuelta.

—Bienvenido a casa, querido —dijo Carla, mirando alrededor mientras Grisha entraba en la habitación. Eren se volteó y saludó con la mano desde el suelo; Grisha entrecerró los ojos.

—Buenas noches. Es bueno verte, Eren —saludó bruscamente. Grisha dejó su abrigo. Era normal que Carla vaya a colgar su abrigo y acomodar sus zapatos, pero nunca se movió del lado de Eren.

Y por eso, Eren estaba agradecido.

—Hola, papá —dijo Eren poniéndose de pie. Colosal se quejó y Eren le dio una palmada en la nariz—. Umm… ¿adivina qué? Me aceptaron en una exposición de arte en una galería.

—¿Así que por eso has traído toda tu mierda aquí? —preguntó Grisha, haciendo un gesto con una mano vaga a las pinturas de Eren.

—Para empezar, sí, es por eso que mi mierda está aquí. Quiero saber cuáles te gustan más. Estoy tratando de ver cuáles debería llevar.

Grisha rodó los ojos y se volvió a Carla.

—¿Ya está lista la cena?

—Grisha. ¿No puedes al menos fingir que estás interesado?

—¿Y darle falsas esperanzas? —espetó Grisha—. No hay futuro para esto, Carla. No uno que sea estable.

—Muy bien —dijo Eren, dándose la vuelta y cogiendo sus pinturas. Las apiló ordenadamente, aunque con temblorosas manos, y las recogió de la mesa—. Creo que eso es suficiente contribución por esta noche. ¿Cuándo estará lista la cena, ma? Quiero saber también. Me gustaría irme, pero si tengo que esperar una hora por la puta comida mejor voy por algo en el camino a casa.

—Dios, Grisha —se quejó Carla—. ¿Por qué? ¿POR QUÉ? ¿Es tan difícil para ti el superar esto?

—Carla, ¿es realmente malo para mí el estar preocupado por el futuro de mi hijo? —presionó Grisha.

—En serio, ¿la cena ya está lista? —repitió Eren. Tragó duro, su cuerpo entero en llamas.

Carla suspiró, sacudiendo su cabeza. Fue a darle a su olla de estofado de cordero unas vueltas mientras Grisha se dejaba caer en una silla. Eren fue al pasillo de la entrada, sentándose en el borde de los escalones. Apoyó sus pinturas contra la pared y se sentó en silencio con la cabeza en sus manos.

—Eren, ven a comer —llamó Carla. Eren reconsideró el irse en vez de eso. Y entonces ella llamó de nuevo—. ¡Eren!

Se levantó y caminó de regreso al comedor. Se deslizó en su lugar habitual y vio a su madre caminar desde la cocina con sus platos de estofado. Grisha ya tenía el suyo. No esperó a que Eren se sentara ni nada.

—Gracias —murmuró Eren a su madre. Ella se sentó, regañando a Grisha silenciosamente. Él apartó la mirada de ella, plenamente consciente de su mirada.

Todo lo que Eren quería era comer e irse. Sabía que habría más regaños de su padre. Sabía que iba a venir. Por lo menos la comida lo mantenía algo ocupado.


Después de la cena, Eren se fue. Se despidió y se fue lo más rápido que pudo. Carla empacó algo de comida para él, contra los deseos de Grisha, porque Eren estaba "desheredado" de la comida también, y ayudó a Eren a cargar sus pertenencias hasta el coche.

—Las cosas saldrán bien, Eren —ella suspiró.

—Por supuesto que lo harán —respondió Eren. Por más que trató de ser optimista, sabía que estaba mintiendo. Ella sabía que estaba mintiendo—. Te amo, mamá.

Carla lo agarró por la oreja, dándole un leve tirón. Eren hizo una mueca de dolor y empujó su mano.

—¿Qué?

—Estás mintiendo —suspiró Carla—. Tus orejas se ponen-

—Mis orejas se ponen rojas cuando miento, lo sé —Eren soltó un quejido. Cayó contra su auto, sus ojos en el suelo. Carla pasó una mano por su cabello, para apartar el desastre de flequillo de su rostro, y le dio un pequeño beso en la frente.

—Estoy muy orgullosa de ti, Eren —dijo—. Siempre debes saber eso.

—Gracias…

—Lo digo en serio.

Eren sonrió.

—Lo sé.

Carla revisó sus orejas y ante la falta del rojo coloreándolas, le devolvió la sonrisa.

—También te amo.

Se abrazaron fuertemente y Eren se metió en su auto. Vio a su madre regresar a la casa y luego manejó. Pero tan pronto como llegó al final de la calle, se detuvo, dejando que las lágrimas por fin golpearan su rostro. Sacó su teléfono. Quería una distracción. Lo que sea para quitar su mente de las críticas de su padre y su estúpido arte.

Pasó por el nombre de Jean, su dedo dando vueltas sobre el botón de llamada. Inhaló y presionó su nombre, escuchando el teléfono timbrar.

Solo sería por un momento. Tal vez solo se la chuparía a Jean. Eso es todo lo que quería. Era una distracción. Una solución rápida. Algo. Y no se sentiría tan culpable—

Eren colgó antes del segundo timbre. Golpeó su mano en el volante con frustración, presionando la cabeza en su brazo. Dejó que las lágrimas cayeran hasta su barbilla mientras observaba su teléfono, tratando de alejar el sentimiento de culpa que ya estaba surgiendo. Se quedó mirando la lista de nombres en la pantalla de su teléfono…

Se mordió el labio y miró el reloj. Eran apenas las ocho…

Eren presionó llamar otra vez y sostuvo el teléfono contra su oreja. Esperó. El primer timbre. Segundo timbre.

—¿Qué?

—Umm… hey… viejo —dijo Eren, riendo un poco por la dura voz en el otro extremo—. ¿Estás ocupado?

Hubo un poco de revuelo alrededor, probablemente papeles.

—Releyendo estas putas destituciones, tomando una taza de té. No completamente.

—¿Quieres un poco de compañía?

Eren se removió en su asiento nerviosamente. Se sintió tonto al preguntar. Pero no podía ir con Jean. Y no quería estar en casa. No todavía.

—Me vendría bien algo de compañía, mocoso.


Eren se las arregló para encontrar la casa de Levi después de poner la dirección en el GPS de su teléfono. Recordaba, un poco, de cuando Levi lo llevó a su coche en el bar. Al menos una vez que Eren llegó al vecindario real. Irónicamente, Levi vivía más cerca de la casa del Dr. Jaeger de lo que a Eren le gustaba; eran menos de diez minutos de distancia.

Aparcó en la entrada de los autos, ya que Levi mantenía los suyos en el garaje. Se sentó en su coche, mirando el camino de concreto hacia la puerta de Levi. Tomando una respiración profunda, Eren salió y caminó hasta la puerta. Tocando, consideró huir y llorar en el estacionamiento de un 7-Eleven, cuando Levi abrió la puerta, levantando una ceja.

—¿Te importaría explicar, idiota? —igualmente se hizo a un lado para dejar pasar a Eren—. Parecía como si estuvieras a punto de llorar en el maldito teléfono.

—¿Eso importa siquiera? —se quejó Eren, arrojando su chaqueta y pateando sus zapatos—. ¿Quieres que te la chupe? ¿Debo solo agarrar una mesa y agacharme?

—Puedes ducharte primero —dijo Levi, recogiendo los zapatos de Eren y colocándolos ordenadamente junto a la puerta.

—¿Qué? No me voy a duchar.

—Si vamos a coger, sí lo harás.

—No hiciste que me duchara la primera vez.

—Porque tenía el suficiente alcohol en mi sistema para importarme una mierda —dijo Levi—. Estoy sobrio en este momento. Y no voy a meter mi polla o lengua en cualquier parte de ti que no esté limpia. Vas a ducharte.

—¡Dame algo de enjuague bucal entonces!

—Ducha.

Eren levantó las manos en derrota, pisoteando alrededor y dando gruñidos con la elocuencia de un elefante. Levi se cruzó de brazos, recostándose contra la pared para ver el pequeño berrinche. Eventualmente Eren se detuvo y lo miró con molestia.

—Bien. ¿Cuál de todas?

—Me alegro que estés cooperando, mocoso.

—Deja de llamarme mocoso.

—Lo haré cuando dejes de actuar como uno. Ahora lleva tu trasero a la ducha. Puedes usar la mía. Es más grande.

Eren no discutió. Se arrastró detrás de Levi, siguiendo al hombre dentro de su dormitorio. Tenía vagos recuerdos de la decadente habitación, pero eran todos buenos recuerdos; ser follado hasta uno de los mejores orgasmos que había tenido en su vida y luego despertar en una cama de nubes que olían frescas y limpias.

En realidad no había puntos negativos.

Entró en el cuarto de baño, mirando a su alrededor con curiosidad. Todo estaba aseado, colocado en un lugar en particular. Eren podía decir por la manera en que las botellas en el tocador estaban perfectamente organizadas, desde las más altas en la parte de atrás hasta las más pequeñas al frente, y la forma en que la toalla al lado de lavabo estaba doblada, que Levi era meticuloso con sus cosas.

—Aquí hay una toalla y un paño para que te limpies —dijo Levi, sacando los dos del armario y poniéndolos en el tocador; ambos estaban tan cuidadosamente doblados como la otra toalla—. No uses mi cepillo de baño.

—No voy a tocar tu asqueroso rascador de espalda —dijo Eren, sacándose la camiseta. La dejó caer al suelo mientras comenzaba a desabrocharse el pantalón. Se detuvo, sosteniéndolo suelto alrededor de su cintura—. Umm… ¿puedes salir?

Levi levantó la vista mientras doblaba la camisa de Eren. Rodó sus ojos.

—Te das cuenta de que te he visto desnudo, ¿no? —murmuró, dejando la camisa de Eren en el tocador. Eren hizo un suave ruido de protesta y Levi rodó sus ojos, dejando la habitación.

Eren cerró la puerta una vez que Levi estaba afuera. Dio un largo suspiro, de repente sonrojado y sintiéndose terriblemente incómodo. Quería follar con Levi, solo porque sabía que se sentiría culpable por hacerlo con Jean. Pero en lugar de eso fue obligado a ducharse. Levi estaba actuando como su papá.

Excepto que no jodía con su carrera universitaria.

Eren dejó caer sus pantalones y pateó su ropa interior cuando se la sacó. Abrió la ducha y se metió, cerrando el vidrio detrás de él. El agua caliente era refrescante. Quemaba, relajando sus tensos músculos. Eren dejó caer la cabeza hacia atrás, el agua corriendo por su cabello hacia sus hombros y espalda. Se dio la vuelta y cogió uno de los geles de baño colocados en una alta repisa de piedra en la esquina.

Incluso las botellas en la ducha estaban meticulosamente organizadas.

Eligió una botella azul, vertió el jabón en su mano y cerró la tapa. Trató de poner la botella de vuelta en su lugar original, pero el resbaloso jabón goteando por sus dedos hacía su agarre imposible. La botella se deslizó de entre sus dedos, estrellándose con las otras. Todas ellas se cayeron de la repisa, golpeando el suelo de la ducha como un saco de papas.

—¡Ah! ¡MIERDA! —Eren gritó cuando la pesada botella de shampoo golpeó su pie—. Puta… mierda…

Dejó que el desastre se quedara y fue de vuelta a lavarse. Usó su mano para pasar el jabón por su cuerpo y se paró tranquilo para dejar que el agua lo lavara. Su dedo del pie dolía; por supuesto que no iba a perder tiempo enjabonándose a sí mismo.

Giró, el agua lavando el jabón de sus hombros, bajando por su espalda hasta que lo sintió en sus piernas. Cogió el paño de la regadera y se frotó todo el cuerpo para eliminar la espuma. Se puso de pie directamente bajo el chorro de agua para dejar que todo se lave de nuevo.

Cerrando la llave, Eren se arrodilló para recoger el desorden que había hecho. Tiró las botellas de vuelta en la repisa y salió, agarrando la toalla del tocador. La pasó por su cabello, dejando un desastre en su cabeza, y envolvió la toalla alrededor de su cintura. Abrió la puerta.

—¡Hey! ¿Debo siquiera molestarme en vestir, viejo? —Eren llamó, entrando a la habitación.

Levi no se encontraba ahí, pero había una botella de loción y lubricante en la cama. El edredón había sido retirado y doblado, dejando solo las blancas sábanas. Eren caminó de puntillas hacia la cama, cogiendo una almohada. La levantó hasta su nariz e inhaló.

Olía a limpio, justo como la última vez. Justo como Levi.

—Bien, ¿fue eso en verdad tan jodidamente difícil? —preguntó Levi, entrando a la habitación. Eren levantó la vista de la almohada y sacudió la cabeza.

—Solo porque me lo pediste —respondió Eren—. ¿Qué hay con la loción? ¿Tienes alguna cosa sobre… eso? ¿Existe incluso un fetiche de loción?

—Siéntate.

—Wow, gracias por responder mi pregunta —dijo Eren sarcásticamente, lanzando la almohada en la cama. Se sentó mientras Levi se arremangaba la camisa. Cogió la loción, apretó un poco en su mano y las frotó para que se caliente.

—Pie.

—¿En serio? ¿Estás hablando jodidamente en serio ahora?

—¿Nunca has oído hablar de los putos juegos previos, pendejo de mierda? —espetó Levi—. ¿O es que ustedes mocosos universitarios solo meten sus pollas en la boca de otro tan pronto como sea posible?

Eren presionó su talón en la pierna de Levi.

—No chupes mis dedos.

—Jodidamente asqueroso. Necesitarías una pedicura antes de que haga esa mierda.

Eren se rio mientras Levi comenzaba a extender la loción sobre su pie. Las manos de Levi eran fuertes, cada dedo trabajando en el músculo. No frotó por mucho antes de levantar el otro pie de Eren, haciendo lo mismo. Eren sonrió felizmente, cerrando sus ojos y dejando que Levi haga lo que quisiera.

Levi trabajó las pantorrillas de Eren, empujando sus manos debajo de la toalla para masajear los muslos de Eren. El castaño gimió sin querer, sus ojos abriéndose rápidamente mientras se cubría la boca. Levi se rio entre dientes, cogiendo la loción otra vez y sentándose sobre sus rodillas, entre las piernas de Eren.

El castaño jadeó mientras Levi presionaba contra su creciente erección. Se sentía contenida por la toalla y solo por el roce de Levi. Eren estaba listo para liberarla, pero Levi no le prestó atención, incluso mientras rozaba contra ella. Abrió la loción, vertiendo una fina, fría línea desde el estómago de Eren hacia su pecho. El repentino líquido frío dejó a Eren entumecido por un breve segundo.

Levi sonrió, esparciendo la loción por el pecho de Eren y hacia un duro pezón. Eren se estremeció ante el frío en su piel, pero la sensación hizo que un lento gemido escapara de sus labios de nuevo. Empujó sus caderas contra Levi, pero una mano suave las mantuvo abajo.

—Todavía no —ronroneó Levi, frotando el pecho de Eren.

—Mierda… vamos, Levi. Solo fóllame —envolvió una pierna alrededor de la cintura de Levi, tratando de acercarlo más. Pero maldita sea, el autocontrol del hombre era algo para admirarse; solo que no cuando Eren quería divertirse.

—Quiero que te des la vuelta —exigió Levi mientras frotaba el pecho y brazos de Eren—. Sé un buen chico para mí.

Eren se sentó, jalando la toalla de su cintura. La tiró de la cama y gateó hacia Levi, mordiéndose el labio.

—Estoy tan cansado de esperar —ronroneó Eren, acariciando con la nariz el cuello de Levi—. Quiero que me folles como si fuera tu puta.

Estaba suplicando. Estaba realmente rogando, genuinamente rogando. Y no era por ningún tipo de juego, en verdad le estaba pidiendo a Levi que lo haga a su manera.

Levi pasó su brazo por la cintura de Eren, poniéndolo en su regazo. Eren se sentó a horcajadas sobre él, jadeando y con las mejillas sonrojadas. Pero Levi todavía no dejaba que lo toque. Seguía sin desvestirse. Cogió la loción y se inclinó para poner a Eren de vuelta en la cama.

—Dije que te des la vuelta —las rígidas, repetidas palabras hicieron a Eren inhalar en agitada frustración. Observó a Levi sentarse de nuevo, esperando pacientemente. Con un resoplido enojado, Eren se dio la vuelta sobre su estómago, empujando su cara en las almohadas y agarrando la sábana.

Escuchó el sonido familiar de la botella de loción siendo abierta y las manos de Levi frotándose entre sí una vez más.

—Todo lo que tenías que hacer era escuchar, mierda —dijo Levi, agarrando los hombros de Eren.

—Lo que sea… —Eren gimió, complacido por la atención dada a sus hombros.

Levi trabajó sus manos sobre la espalda de Eren, profundo en el músculo. Por mucho que Eren quería ser follado, honestamente no podía encontrar una razón para quejarse por el repentino masaje. Era agradable. Diferente. Definitivamente relajante. Sonrió, estirando sus brazos mientras Levi trabajaba más abajo.

—Tienes un cuerpo tan hermoso —murmuró Levi, inclinándose contra la espalda de Eren. El castaño se estremeció ante el aliento caliente entre sus omóplatos—. Eres una pequeña cosa impresionante.

—Eres tan jodidamente ridículo —rio Eren, sacudiendo la cabeza. Una pequeña mordida en su oreja y Levi cogiendo su trasero lo hicieron parar de reír, sin embargo.

—Y un culo tan lindo —susurró Levi. Eres se mordió el labio, temblando mientras Levi hablaba contra su oído—. ¿Puedo probarte?

La mejillas de Eren se sonrojaron más de lo que quería. Enterró la cara más profundamente en la almohada para esconderse, Levi bajando por su cuerpo. Los dedos del hombre eran suaves por su espalda, pero Levi fue generosamente rudo una vez que llegó al trasero de Eren. Empujó a Eren sobre sus rodillas, amasando el redondo músculo entre sus dedos.

—Joder… Levi…

—Ni siquiera te he tocado y tu agujero ya está rogando por mí —Levi suspiró, mordisqueando la piel de Eren.

Eren lo había estado haciendo bien manteniéndose a sí mismo bajo control. Tenía una mano sobre su boca y sus ojos cerrados con fuerza. Incluso mientras sus piernas estaban temblando, estaba lo suficientemente tranquilo. Pero cuando Levi separó sus nalgas y pasó una hábil lengua entre ellas, Eren perdió el resto de su control.

Dejó salir un largo, contento suspiro, escuchando los sonidos húmedos que Levi hacía. Sintió la lengua húmeda del hombre tocando y probando su apretado agujero. Eren clavó las uñas en el colchón mientras Levi arrastraba las suyas contra muslos bronceados, dejando finas marcas rojas. Eren arqueó su espalda y Levi empujó su lengua profundamente.

Eren no podía distinguir los improperios que salían de sus labios. Eran un revoltijo de palabras a media y jadeos. Hizo un movimiento con su mano entre sus piernas, buscando a tientas su polla húmeda y Levi se apartó. Agarró la mano de Eren y le dio un pequeño tirón.

—No.

Eren gimoteó un entrecortado "por favor" en respuesta. Miró a Levi, lágrimas en las comisuras de sus ojos vidriosos. La barbilla de Levi estaba mojada con saliva y se veía exquisitamente obsceno por ella. Levi empujó a Eren sobre su espalda con facilidad.

Inclinándose, Levi presionó sus labios contra la oreja de Eren, no en un beso pero en un bajo, jadeante susurro.

—Abre tus piernas.

Eren obedeció rápidamente. Mordió su labio en anticipación, viendo a Levi mojar sus dedos con el lubricante. Se acomodó entre las piernas de Eren, ignorando la adolorida polla y testículos del castaño, y yendo directamente hacia el abusado agujero en su lugar.

Levi empujó la punta de uno de sus dedos y no esperó a que Eren se ajustara antes de deslizar dentro todo su dígito. Eren gimió fuertemente, ya sin tratar de ocultar los sonidos que hacía. Cerró los ojos y arqueó las caderas, sintiendo la punta resbaladiza del segundo dedo de Levi rozando contra él. Su cuerpo tembló, mientras Levi empujaba el segundo dedo en el trasero de Eren.

—Por favor, Levi… Necesito esto —Eren giró el rostro hacia el cuello de Levi, respirando con dificultad y moviéndose solo sobre el dedo de Levi.

Levi dejó de mover su dedo para empujar completamente el segundo. Eren gimió, aliviado, y movió sus caderas contra la mano de Levi de nuevo. Pero antes de que Eren pudiera encontrar un ritmo, Levi estaba metiendo un tercer dedo. Esos tres, largos dedos hicieron que Eren rodara los ojos por el placer. Era lo que quería. Exactamente lo que quería. Cerró los dedos en la almohada, montando los dedos de Levi, dejando que su agujero se estirara y lubricara.

—¡AH MIERDA! —gritó Eren, sus ojos abriéndose de golpe cuando Levi rozó su próstata—. Joder, Levi, haz eso de nuevo. Oh, mierda, por favor.

—¿Te gusta tanto, Eren? —Levi respiró contra su cuello, presionando sus dedos contra ese sensible lugar otra vez. Eren pensó que iba a morir en cualquier segundo por el placer. Asintió fervientemente.

—Levi…

—¿Quieres que te folle con mis dedos aquí? —dijo Levi, mordisqueando la piel de Eren. Y otra vez Eren asintió—. ¿Lo quieres suave o rudo? ¿Cómo quieres que te folle?

—D-duro… rudo —jadeó Eren.

—Tienes que aprender algunos modales —murmuró Levi contra el cuello de Eren, disminuyendo la velocidad—. Di "por favor".

Eren agarró el cabello de Levi con una mano temblorosa en frustración.

—Por favor, Levi… por favor… duro…

Fueron las únicas palabras que Eren pudo decir, pero Levi satisfizo su pedido.

Eren dejó caer la cabeza hacia un lado para que Levi pudiera morder mejor su cuello. Levi chupó la bronceada piel, trabajando sus dedos son más fuerza. Presionó los tres contra la próstata de Eren a la vez, golpeando ese lugar una y otra vez tan fuerte como podía.

La sensación hizo que Eren se removiera por el placer. Embistió sus caderas al ritmo de la mano de Levi, gritando hasta quedarse ronco con palabrotas y gemidos. Se corrió sin avisar, doblándose sobre el lado de Levi con un fuerte estremecimiento. Lágrimas manchaban sus mejillas, su estómago cubierto por su propio semen. Lentamente, con cuidado Levi sacó sus dedos y observó los hombros temblorosos de Eren.

El castaño gimoteó mientras una última ola de placer lo golpeó y poco a poco abrió sus ojos. Verde vidrioso se encontró con un lánguido gris. Levi apartó el cabello de Eren de su rostro sudoso.

—Descansa por un minuto —dijo Levi, levantándose de la cama—. Voy a ir a limpiar. ¿Necesitas algo? ¿Agua?

Eren asintió.

—Agua, por favor… —su voz estaba seca y cansada. Curvó sus piernas hasta su estómago y observó a Levi desaparecer en el baño. Escuchó el sonido del agua y cuando se detuvo, vio a Levi caminar por la habitación.

Eren cerró los ojos. No estaba somnoliento, solo cansado. Y un poco adolorido. Pero definitivamente no había una persistente sensación de asco y culpa.

Oyó unos pasos y se sentó para recibir a Levi.

—Fuiste sorprendentemente obediente —dijo Levi, entregándole un vaso con agua. Eren sonrió y tomó un largo trago.

—Puedo serlo.

Levi le acarició el cabello y Eren se apoyó en su mano.

—Me alegra oírlo.

Eren sonrió contra la mano de Levi. Era cálida y suave, pero aun así increíblemente firme. Jaló a Eren cerca y el castaño rápidamente se apartó. Levi sonrió contra la mejilla de Eren.

—No te gusta besar, ¿cierto?

—Besar es para las personas en una relación. Una verdadera relación. No somos… eso —murmuró Eren.

Levi se alejó sin responder. Eren podía sentir la tensión, pero nunca miró de vuelta para tranquilizar a Levi de nada.

—Date la vuelta. Déjame terminar de frotar tu espalda.

Eren estaba demasiado cansado para discutir. Demasiado cansado y demasiado envuelto en sus propios pensamientos autodestructivos. Levi se sentó detrás de él, cogiendo la loción y vertiéndola en su mano. La calentó antes de trabajar los hombros del castaño. Eren dio un sonido de satisfacción, dejando que Levi quitara la tensión de sus hombros.

—¿Entonces qué pasa contigo queriendo consentirme? —suspiró Eren—. Pensé que solo estabas interesado en follar.

—Lo estoy —dijo Levi—. Pero reconozco que eres joven. Probablemente podrías haber llamado a una docena de otras personas. Así que debo haber hecho algo bien para que hayas venido a mí.

—Tal vez ellos solo estaban ocupados.

—No seas una mierda —dijo Levi, mordiendo el cuello de Eren. El castaño gimió y se recostó contra él—. Hago esto porque quiero aumentar mis posibilidades de que regreses. También parecías estresado como mierda.

—Estoy estresado como mierda —suspiró Eren—. Y para ser honesto, creo que me gustas más que mi otro follamigo. Hay demasiada… historia y mierda. Contigo eso… eso no me deja sintiéndome culpable. Pero eso no significa que debas parar con los mimos. Podría acostumbrarme a ellos.

Levi sonrió, ahora pasando su lengua por la suave piel de Eren. Arrastró su mano por la espalda del menor, a lo largo de su muslo y empujándola entre las piernas del castaño. Eren se retorció en su mano, mordiéndose el labio.

—Sin emociones. Solo sexo y los mimos de vez en cuando. Creo que podría manejar este tipo de acuerdo.

Eren volteó, soltándose de su agarre, para mirarlo. Sonrió y tiró de la camisa de Levi, soltando unos botones al abrirla sin cuidado.

—Jodidamente energético.

—¿Necesitas tomar algo de Viagra, viejo?

—Para nada, mocoso de mierda —respondió Levi, sacándose la camisa. Eren se dejó caer de espaldas, observando a Levi desvestirse a través de sus piernas abiertas.

Levi se bajó los pantalones y la ropa interior, su polla dura saliendo por fin de las restricciones de su ropa. Eren se lamió los labios cuando alcanzó a ver los familiares piercings capturando la luz. Perezosamente se acarició a sí mismo, viendo a Levi abrir un condón y ponérselo. Levi vertió lubricante en su mano y lo esparció por toda su verga, masturbándose y mirando el lascivo espectáculo que Eren le estaba dando.

Pero había un límite para todo lo que los dos podían soportar.

Eren jadeó cuando Levi agarró firmemente sus caderas, reposicionándolo en la cama. Levi se arrodillo entre las piernas de Eren, cogiendo uno para lanzarla sobre su hombro. Eren estaba sin aliento, dejando que Levi lo moviera como un muñeco de trapo. Empujó su polla en el agujero del castaño, provocándolo con la punta. Eren sujetó las sábanas, curvando sus dedos de los pies.

—¿Lo quieres, Eren? —susurró Levi y Eren curvó sus dedos de nuevo—. ¿Quieres mi polla? ¿Quieres que te folle?

—Quiero que me folles —suspiró Eren—. Por favor, Leviiiii, ¡ahh!

Levi metió la cabeza de su polla mientras Eren rogaba sin ninguna advertencia. Pero la repentina sensación—esa caliente, mojada sensación—hizo que soltara un largo, ronco gruñido. Eren se estremeció completamente, desde sus hombros hasta sus pies. Suspiró, complacido, cuando Levi empujó más, disfrutando cada centímetro húmedo de la polla del hombre. Podía sentir las vagas ondas de los piercings del hombre a través del condón, ligeramente rozando contra las paredes de su cuerpo.

Ambos tomaron un respiro. Largos, irregulares respiros que llenaron la habitación. Levi le dio a sus caderas un contoneo experimental, probando para ver cuán acostumbrado estaba Eren. Esperó a que Eren asintiera antes de comenzar con un ritmo constante.

A Eren le encantaba. Las rápidas, intensas embestidas. Abrirse cada vez que Levi entraba en él. El dolor inicial de ser llenado pronto se desvaneció, con el placer tomando su lugar. Disfrutaba la manera en que la verga de Levi desaparecía dentro de su cuerpo y observaba—descaradamente observaba a Levi trabajar porque era la primera vez, en mucho tiempo, que él no estaba haciendo todo el trabajo. No estaba tratando de conseguir que alguien se venga. Estaba recibiendo el placer y dolor—Levi había empezado a morder su pierna y golpearle el trasero—en vez de chupársela a alguien apresuradamente o tratar de correrse primero.

Embistió de vuelta, tratando de seguirle el ritmo a Levi. Hizo el sonido de piel chocando contra piel más alto, haciéndolo más fuerte. Con una embestida, Levi golpeó ese lugar y Eren tuvo que parar, gritando de placer mientras su próstata era alcanzada. Levi agarró sus caderas, manteniendo a Eren en ese mismo ángulo para abusar su próstata una y otra vez.

Eren dejó escapar jadeos y gritos sin sentido y se vino en cuestión de segundos. Se desplomó sobre la cama, apretándose alrededor de la polla de Levi. Escuchó un bajo gemido escapar de la garganta de Levi y lo sintió temblar, corriéndose mientras salía de su interior.

De repente se sintió frío y vacío. Observó a través de pesados párpados mientras Levi se sentaba para recuperar el aliento. Eren cerró sus piernas temblorosas con un gimoteo, volteándose para su lado. Levi le dio a su trasero una suave palmada y se levantó, caminando hacia el baño de nuevo.

Eren lo vio, acurrucándose contra una almohada. Oyó el sonido del agua corriendo otra vez y se echó a reír. Esa era la segunda vez que Levi había ido al baño para limpiarse a sí mismo. Para Eren, era realmente divertido.

Levi regresó pronto, una toalla en su mano esta vez. La dejó en el costado de Eren y el castaño sintió que estaba húmeda con agua caliente.

—Límpiate —ordenó Levi, pasando una mano por su cabello—. ¿Tienes hambre?

—Uhh… No me importaría algo de comer en realidad. Si no es mucha molestia.

—Si lo fuera, no hubiera preguntado —respondió Levi, sacando un par de pantalones de pijama. Le tiró uno a Eren—. Tómate tu tiempo. Te ofrecería abrazarte, pero no te gusta, ¿cierto?

Eren tragó, dudando. Sacudió su cabeza lentamente.

—No me gustan… los abrazos…

Levi se encogió de hombros y se alejó, dejando que se limpie y fue a buscar comida. La puerta se cerró con un suave clic detrás de él.

Eren se incorporó, limpiando el semen de su estómago y el lubricante de sus piernas. Tiró la toalla en el borde de la cama y cayó contra las almohadas de nuevo. Suspiró, cerrando sus ojos y descansando sus manos en su estómago.

No quería quedarse dormido, pero Levi aparentemente no tuvo problema con ello. Cuando Eren despertó a la mañana siguiente, estaba cubierto con un montón de sábanas suaves como plumas, Levi durmiendo profundamente a su lado.


N/T: Dios, me demoré demasiado. Perdón, pero si alguien lee Valkyrie, sabrá que el último capítulo fue MASIVO. Creo que mi trabajo de beta es primero… o sino me azotan (?)

Y bien, ¿les gustó el porno? El próximo capítulo es la exposición de arte y… algunas situaciones extrañas ewe.

Dejen reviews, por favor, me animan mucho. ¡Gracias por leer!