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LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.
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ACTOS DE FE.
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—Mira a lo que hemos llegado— soltó Itachi al ver las manos de su hermano formando puños, tensas al estar atadas a los tubos de la cama. Sus ojos negros fueron a los otros idénticos que mostraban enojo —. El médico llamó y dijo que intentaste irte. ¿Cuánto creíste que caminarías antes de caer vencido al suelo?
Sasuke se quejó cuando hasta pasar saliva le quemaba la garganta, e Itachi exhaló al verlo toser y volver a quejarse de dolor. Lo notaba aun adormecido por los tranquilizantes que le suministraron a mediodía tras su intento de fuga.
Notó con nula gracia que, para intentar hacer tales estupideces, su hermano debía haber ido mejorando bien.
—Felicidades, Sasuke, espero que sepas que solo estás ralentizando tu recuperación —le dijo viendo que la sonda de su garganta había sido sustituida por un nuevo catéter en su otro brazo, por donde estaba siendo nutrido al tener desgastadas sus paredes nasales tras su abuso con las drogas —. ¿Te duele la garganta?
Sasuke lo maldijo en voz baja al notar sarcasmo en eso último soltado.
—Eso pasa por arrancarte la sonda, pudiste haberte lastimado seriamente. ¿En qué pensabas? — Ante la mirada menos iracunda, decidió dar por terminados sus sermones — Adivinaré. Hinata — dijo cambiando a una voz menos dura, comprendiéndolo.
El cuerpo de su hermano se relajó sobre la cama y no dejó de verlo. Itachi se tomó unos segundos antes de decirle lo que quería escuchar.
—Sé que Sakura te dijo que no estuvo aquí.
—¿Y?
Itachi lo vio fruncir el ceño y verlo con insistencia.
—Mintió. Hinata sí estuvo aquí. Tal vez debí decirlo antes, aunque imagino que el resultado sería el mismo y no, Sasuke, no puedes salir a buscarla sin estar recuperado.
El menor maldijo internamente al apretar su cabeza contra la almohada. La molestia le hizo arder el estómago, pero logró controlarse aunque quería matar a Itachi. Finalmente él había tenido razón y Hinata sí había estado ahí.
Entonces el embarazo también era real.
—¿Ella está…? —soltó lastimando su garganta.
Itachi se acercó y terminó sentado sobre la cama. No le respondió.
Sasuke gruñó quejándose para intentar volver a hablar—: ¿Hinata de verdad está…?
—¿Embarazada? —añadió lo que seguramente Sasuke no pudo decir. El menor asintió despacio —Sí. Lo está. Lo lograste, ¿eh?
La impotencia de Sasuke no pudo ser más al notar el tinte de ironía en las palabras de su hermano. Necesitaba salir y hacerse cargo. No podía pensar en Hinata sin sentir culpa, él había insistido tanto para que eso pasara y cuando lo consiguió, no estaba ahí para ella.
—De cualquier forma, aquí en cama no puedes hacer nada —añadió Itachi al verlo detenidamente. Ante la mirada molesta del otro, prosiguió—: Sé inteligente por primera vez, Sasuke. Te necesita. Pero te necesita fuerte. Mírate, eres un remedo de ti.
—¿Cómo demonios puedes pretender…?
—¿Y cómo no? — lo interrumpió y lo vio apretar sus dientes— Aun si logras salir de cama pronto no serás de ayuda para ella, aun no pasas por lo más difícil de la desintoxicación a tu adicción. No creas que será fácil traerla de regreso.
—Me las arreglaré con todo —aseguró visceralmente. Recargó su cabeza en la almohada y con el sabor de la impotencia amargando su garganta tuvo que escucharlo cuando Itachi añadió:
—Ella ya ha pasado por mucho por ti. Y, cabe decirlo, ha mostrado más entereza que tú. Si vas a ir por ella, asegúrate de ser digno.
Itachi se guardó para él varias cosas que Sasuke no necesitaba saber al menos por el momento. Le resultaba obvio que él no dejaría de dar problemas a menos que tuviese algo a lo que aferrarse, y Hinata embarazada era algo que claramente podía con él.
—¿Lo pasa mal? —escuchó su voz ronca cuando se apartaba. No sabía si pretendía hacerle caso, pero que no actuara como energúmeno era buena señal.
—Imagino que sí, pero, consiguió venir aquí. Además —tuvo que añadir—, luce entera.
Sasuke pareció tranquilizarse e Itachi volvió a pensar en Neji, en la forma tan celosa como se comportaba con su prima. Él había dicho que ese niño no era responsabilidad de Sasuke.
Entendió lo que ocurría.
El sonido del monitor sobresalió por encima de las voces en el pasillo cuando ambos guardaron silencio.
—Déjate ayudar —volvió a hablar Itachi—. Y pon de tu parte.
La mirada endurecida de Sasuke no regresó a su hermano. Su cuerpo siguió tenso y su estómago no dejó de quemar. Itachi tenía razón, lo sabía, pero le costaba demasiado dejar pasar el tiempo con Hinata a merced de los suyos. Sin él.
Si había algo que deseaba más que tener a Hinata, era que ella no pagara por sus errores. Y todo había salido mal.
—Debo irme, Sasuke, quedé de verme con Kakashi y, francamente, me estoy ahogando en trabajo. Espero que entiendas que no pueda…
—Algo más. — Interrumpió Sasuke y volteó a unir su mirada con la de su hermano.
—¿Qué?
Los ojos negros del menor volvieron a endurecerse antes de volver a hablar.
• O • O • O •
«¿Acaso me volví loca?»
Sakura apoyó su frente en sus rodillas al estar sentada abrazando sus piernas. Casi eran las diez de la noche y ella seguía en la parada de autobús, esperando la última corrida que la acercaría a su casa, tras haber dejado pasar las tres anteriores. Estaba tan agotada física y mentalmente, que no le importaba estar sola en la calle donde pocos peatones pasaban. Sus ojos se fijaron en la avenida y las luces de los autos la molestaron.
Hacía casi dos horas había dejado a Sasuke. Él no había recuperado la consciencia tras haber sido sedado cuando quiso irse ese mediodía. El corazón de la pelirrosa se apachurró como en un puño al recordar esa apatía y casi resentimiento con el que él solía observarla pese a que no tenía por qué. O sí, pero no lo sabía. Temía haber escuchado sus palabras si él hubiese podido hablarle.
Tránsito pesado pasó enfrente haciendo vibrar el suelo. Sakura volvió a sumergirse en sus pensamientos al ver que su camión no se veía llegar.
Pensó en esa nota dejada por Hinata tres días atrás y que estaba arrugada en el fondo del cesto de basura de su habitación.
Los ojos verdes lucían apagados al guiar su vista a sus converse rojos. En el suelo las hojas secas de los árboles eran arrastradas por el viento, e intentó distraerse con ellas para no pensar en lo que sentía.
Su garganta casi se cierra al fracasar en su intento. La actitud de Sasuke para con ella era tal y como en la universidad. Tampoco había vuelto a saber nada de Hinata. No supo si su opresión en el pecho provenía porque aún no asimilaba lo ocurrido con ese par, o por un sentimiento de culpa. Hinata le había dicho que estaba embarazada y su primer impulso fue gritarle que se fuera con su problema y dejara a Sasuke en paz.
«¿Con qué derecho lo hice?»
¿Y si fuese ella la que estuviese en su lugar? Saber que se habría sentido fatal, le amargaba la garganta. Peor aún, se temía que actuaría tal cual Hinata hacía. Exactamente igual.
—Si sigues sin prestar atención perderás tu camión.
Sakura se tensó al escuchar una voz masculina. Cuando volteó, se encontró con alguien familiar recargado en los tubos que formaban esa parada.
—Sakura, ¿cierto?
Le asintió. Era ese sujeto que fue, por corto tiempo, entrenador del equipo de baloncesto: Kakashi.
—¿Viniste a ver a Sasuke? —preguntó deduciéndolo por probabilidad.
—¿A Sasuke? No. Él no es tan de mi agrado. Estoy aquí por Itachi —aclaró Kakashi con una sonrisa despreocupada.
Sakura sonrió sin ganas y volvió su vista al suelo —¿Esperarás un camión?
—Mmm, sí. Algo así.
Antes de verse comprometida a continuar la conversación, Sakura notó que su camión se acercaba, así que se puso de pie.
—Debo irme.
—Igual yo.
Ella frunció el ceño, pero no dijo nada. Subió siendo seguida por él. Hasta donde recordaba Kakashi tenía coche. Supuso que era algo más que una mera casualidad ese encuentro, por eso no se extrañó cuando él tomó asiento a su lado aun habiendo lugares vacíos.
—¿Itachi tiene que ver en esto? — preguntó y él suspiró.
Kakashi terminó sonriendo sin mucho ánimo al saberla demasiado intuitiva. Cuando conducía y la reconoció ahí sentada en esa parada de camión -ahorrándose el conducir hasta su casa- supo que eso sería fácil, aunque no había creído que tanto.
—Sabe que tienes algo que no era para ti— respondió finalmente.
Sakura jadeó derrotada y vio su reflejo desgastado en el vidrio mientras edificios y automóviles iban quedándose atrás.
—¿Por qué no lo dijo él?
Kakashi se encogió de hombros —Iba a hacerlo, pero me ofrecí a cambio. Supuse que sería menos incómodo. Itachi, pese a que cree lo contrario, no tiene tanto tacto —hizo un silencio—. No como yo.
«Como si esto no fuese incómodo de todos modos» pensó Sakura.
Kakashi la observó de reojo, Sakura lucía desgastada y triste sumida en sus pensamientos. Momentos antes había llegado al hospital para reunirse con Itachi e ir por unos tragos, pero cuando éste le canceló porque debía hablar con la señorita sentada a su lado, supo que él quería ser quien hablara con ella en su lugar. El semblante molesto de Itachi le obligó a insistir cuando éste se negó. Bueno, acababa de darse cuenta que su terquedad valió la pena si le ahorraba un peor trago a esa niña.
—Y… ¿Qué es eso que él necesita? —preguntó luego de un momento.
—Una tontería— respondió ella con voz seca—. ¿Cómo lo supo?
—Sasuke.
Sakura sonrió desmoralizada. Entonces era por eso que parecía despreciarla; él había sido muy claro en ello pese a no querer hablarle.
—Itachi le aseguró que él se encargaría, pero, como verás…
Sakura no dijo nada. No había dejado de creer que lo mejor que esos dos podían hacer era mantenerse separados, aunque saber que no estaba siendo imparcial golpeaba su moral. Nunca antes sintió que el apego que tenía hacia Sasuke la volvía una persona que no quería ser. Lo peor era que seguramente ahora parecía una obsesa malintencionada y estaba odiando terriblemente esa idea.
Era consciente que Sasuke no podía ser alguien bueno, a pesar de arrepentirse. Y las decisiones que Hinata había estado tomando le resultaban cuestionables. Pero, si podía considerarlos equivocados, ¿por qué ella se había envuelto en esa maraña de malos actos?
—Si me permites, puedo acompañarte a donde sea que me puedas dar eso que Itachi necesita.
Ella sonrió y quiso decir algo, pero no se atrevió. Él lo notó.
—¿Qué ocurre?
Los ojos verdes se humedecieron —No sé qué tanto sepas de esto, no soy yo quien deba decírtelo, de cualquier modo. Pero no dejo de pensar que debes verme como la bruja del cuento.
Kakashi rascó su barbilla y echó su cabeza hacia atrás, Sakura notó con decepción que el tipo era atractivo. Peor mala suerte no podía tener.
—Itachi ha dicho algo, nada preciso. Parece más hermético que de costumbre —explicó antes de voltear a verla —. Pero tampoco soy estúpido y sé que algo serio pasa— confesó. Era por ello que Sakura le preocupaba.
—Y ¿por qué le ayudas de ser así?
Ella lo vio fruncir el ceño —Buena pregunta —rio —. Siempre he confiado en su criterio— dijo finalmente.
—Yo no puedo hacerlo.
—Una característica de las personas inteligentes, es que siempre piensan mucho las cosas. Todavía no decido si eso es una virtud o defecto.
—¿Cómo?
—No siempre podemos esperar injerir en las vidas de terceros para hacer que las cosas estén bien.
—Entonces ¿solo debemos quedarnos mirando cuando vemos que se están equivocando?
Él se encogió de hombros y ella se preguntó cómo alguien mayor podía parecer tan despreocupado.
—Quien toma las decisiones, afronta las consecuencias.
—No basta. Siempre deberíamos ocuparnos de quienes nos importan— debatió de inmediato.
Él asintió despacio varias veces. Volteó a verla de medio lado —Siempre y cuando sea desinteresadamente, estamos de acuerdo.
Sakura no dijo nada al reconocerse profundamente falsa.
—¿Lo es así?
Ella volvió a quedar en silencio y cuando el vehículo disminuyó su velocidad se puso de pie. Kakashi la vio avanzar al haber llegado a su parada.
—Todavía hay mucho por caminar, ¿vendrás?
Él demoró un segundo en ponerse de pie y seguirla con media sonrisa. No esperaba menos de ella. La había tratado apenas, pero era de ese diminuto grupo de personas que le inspiraban confianza y lo hacían sentir bien, por extraño que sonase.
• O • O • O •
Neji apretó sus dientes y fijó su vista en su computador, ignorando con esfuerzo su móvil que volvía a vibrar. Entregarle a Hinata un celular para que pudiese ponerse en contacto con él, justo ahora le parecía que había sido una mala idea. Ella no había dejado de marcarle y la razón era la misma.
No pensaba siquiera escucharla mencionar el nombre de Sasuke una vez más, así que no había estado atendiéndola.
Sus ojos violáceos revisaron su correo electrónico y como no tenía la respuesta que necesitaba, decidió revisar los estados de aquellos que consideraba importantes. Descubrió que apenas un par tenía confirmación de lectura.
Neji marcó en un par de ocasiones para enlazarse con su secretaria, pero no tuvo respuesta. Con menos paciencia se puso de pie y fue a buscarla, encontrándola ocupada apenas saliendo de otro despacho.
—Revisa por mí si has tenido respuesta de Shaanxi —pidió justo cuando ella llegó frente a él.
La joven se apresuró cuando Neji no se apartó. El golpeó uno de sus dedos en el escritorio, ligeramente preocupado, y ella lo interpretó como impaciencia, por eso sus dedos se encimaron unos con otros y demoró un poco más.
—Ah… Sí. Digo, no. No tengo respuesta. — Alzó su vista él y lo vio fruncir el ceño.
—Permíteme. — Pasó de su lado y se inclinó para usar su computador. Neji comprobó lo que le decía — ¿Cuál fue su última respuesta?
—Oh… este…— no tuvo que responder cuando lo vio localizar el último correo recibido del remitente que buscaba.
—Bien. — Con más extrañeza, él regresó tras sus pasos.
Neji marcó el número de su tío y no tuvo respuesta las dos primeras veces.
—¿Qué ocurre, Neji? — ante lo tenso de su voz el castaño se preguntó si no estaba exagerando.
—En realidad, espero que nada —comenzó—. Pero en tres días un equipo de logística estará dirigiéndose con usted como lo solicitó, y no he recibido más que generales de proyectos. Quedaron en enviar especificaciones hace dos días y me gustaría que las estudiáramos aquí primero.
Mientras hablaba Neji escuchó de fondo voces de varias personas.
Hiashi hizo un silencio breve —En realidad no te lo han informado.
—¿Cómo?
—Por el momento no envíes a nadie más. Estamos detenidos con los avances.
—¿Por qué razón?
—Estoy solucionándolo. ¿Algo más?
Neji no contestó de inmediato al no entender su evasiva.
—No. Solo era eso.
—De acuerdo— dijo Hiashi y colgó.
Neji se apoyó en su escritorio pensando en las razones que pudieran haber detenido el inicio de esos proyectos pactados meses atrás. No saber lo molestaba y decidió volver a enlazarse con su tío a horas más apropiadas, por el momento decidió dedicarse al trabajo de oficina que todavía tenía pendiente.
• O • O • O •
Hinata dejó caer sus manos con fuerza innecesaria sobre el teclado de la portátil. Estaba frustrada. Cerró los ojos pretendiendo encontrar calma y pensar con claridad.
Había pasado horas intentando hallar la forma de saltarse las restricciones que el computador le ponía. No era una experta en sistemas, pero tenía conocimientos básicos, mucho tiempo y demasiada ansiedad como para no intentarlo.
«Esto no está funcionando».
Se levantó y empujó el computador sobre el tocador, dándose momentáneamente por vencida. Había logrado abrir un nuevo navegador, pero las advertencias saltaban cada vez. Hinata abrió despacio la puerta de su alcoba. Iban a ser las cinco de la tarde. Habían pasado dos horas desde que Ao había comido.
Un cosquilleo ansioso rondó su estómago.
Había tenido demasiado tiempo como para aprenderse los hábitos y manías de su amable cuidador. Si no estaba equivocada, Ao estaría por pasar directo al fondo del pasillo, hasta su pequeña habitación.
Sonrió al verlo caminar justo hacia allá. Esperó hasta que lo escuchó cerrar la puerta, para abrir completamente la de ella. Que algún Dios la ayudara, porque lo siguió.
Cada día revisaba la puerta, pero no había forma de salir de ahí, menos de ponerse histérica y ser escuchada por alguien. Haber logrado ver a Sasuke renovó su espíritu y la confianza en ambos. Neji no podría tenerla encerrada por siempre y entonces haría valer su apellido.
Mientras tanto, necesitaba saber de él.
El televisor en la alcoba de Ao estaba encendido, por eso abrió con cuidado la puerta. Una vez que no lo tuvo a su alcance visual, entró. Tal como sospechó, él estaba en el baño. Si sus cálculos eran correctos, tendría cinco minutos.
Cuidó sus pasos y con un intento de sonrisa localizó el móvil, propiedad de la empresa, sobre el mueble del televisor. Lo tomó de prisa y salió.
«455085»
Se mordió el labio inferior al digitar la última contraseña que le vio ingresar.
Agradeció a los cielos cuando tuvo acceso. Cuando estaba por marcar se dio cuenta que no recordaba el número de Itachi, así que, con el corazón en un puño, digitó el número de Sasuke que, tontamente, era el único del que estaba segura recordar a la perfección.
El móvil dio cuatro tonos y finalmente alguien atendió.
—Diga. — Era la voz de una chica.
—¿Quién habla?
—¿Con quién quieres hablar?
Hinata resopló sintiendo que perdía el tiempo —Soy Hinata Hyuuga, quiero…
—¡¿Hinata?! Soy Izumi, ¿cómo estás? ¿Te encuentras bien?
—Sí, yo estoy bien. Sasuke, ¿él cómo está?
—Él está bien. Digo, dentro de lo que cabe, sigue recuperándose poco a poco. El médico dijo que avanza bien y dentro de poco pasará a cuidados intermedios. Después de eso, el alta es lo que sigue.
Hinata exhaló y sonrió, alegrándose de escuchar eso, pues la última vez lo había dejado mal.
—¿De dónde llamas? No estaba segura de atender, ya sabes, es el teléfono de Sasuke y marca número privado.
—Sigo —dijo y dudó— con restricciones. — Sonrió ante lo tonta que se sentía —. Por favor, puedes hacerle saber a Sasuke que, no importa cómo, iré con él.
—¿Necesitas ayuda? —Ante su pregunta, Hinata supuso que Itachi había mantenido a Izumi al tanto de su situación.
—No.
—¿De verdad? — insistió con fuerza.
—Lo juro. — Buscó tranquilizarla — Tengo que hacer esto por mí misma.
Se hizo un silencio y por un segundo la mano de Hinata que sostenía el móvil tembló con suavidad. Controló la inseguridad que quiso hacerse presente y apretó el móvil.
—¿Sería posible que él tuviese su celular la próxima vez? —Pidió, aunque no estaba segura de poder comunicarse pronto. — Por favor.
—Claro, me encargaré de ello.
—Muchas gracias. Ahora debo colgar antes de meterme en problemas— Hinata escuchó a Izumi reír y luego ambas se despidieron. Se llevó al móvil al pecho y lo apretó cuando volvió a la habitación.
Cuando escuchó que Ao tiró de la cadena del baño se apresuró. Aun sostenía el móvil cuando una sensación extraña le cerró la garganta. Su corazón bombeó con fuerza y supo que estaba frente a un punto de no retorno.
Ao todavía lavó sus manos antes de abrir la puerta y encontrarla sujetando el móvil.
—¿Qué hace aquí, señorita? —preguntó él y pasó su vista al móvil que recién soltó —. ¿Qué fue lo que hizo?
Hinata apretó sus párpados al haber tomado su decisión.
—Solo lo tomé prestado. —Bajó sus manos echas puño y le sostuvo la mirada, pese a con esfuerzos lograr no titubear.
—¿Que hizo qué? — él tomó de inmediato el móvil y revisó el registro de llamadas — ¡Cómo fue posible! Acaba de meternos en un problema grande. ¿A quién llamó?
—A mi novio.
—Con un demonio.
—No te preocupes, no se darán cuenta.
—¡Por supuesto que lo harán y usted lo sabe!
Hinata se dio media vuelta para salir —Neji lo sabrá tiempo después, no es como que el departamento encargado de este asunto monitoreara cada llamada al segundo. No es el Tokkō1.
—No es gracioso señorita. Usted sabe lo que necesito el trabajo. — Ao la siguió y más que molestia, Hinata notó preocupación en sus palabras.
—Lo siento. Pero yo también necesito muchas cosas y a nadie parece importarle —ella tuvo que tragar saliva para conservar su voz —. Y al decir nadie, también te incluyo a ti.
—No debería ser tan injusta.
—No tendrás problemas. O no más de los necesarios, lo prometo.
—Sabe que le diré a su primo, aunque me cueste el empleo.
—Entonces tal vez deberías decirle —respondió de inmediato y firmemente deteniendo sus pasos. Para sorpresa de Ao, también añadió—: Esto que ustedes hacen es un delito, ¿lo sabías? ¿Bajo qué escusa va a correrte y justificarlo con mi padre?
—Solo cumplo con mi trabajo.
—Sea cual sea —dijo con voz seca. No le extrañaba que Neji se hubiese encargado de ello —. Debería darte vergüenza. — Ao le sostuvo la mirada, una más dura que antes. — Pero no te preocupes, Neji no va a correrte aunque se lo digas.
Para cuando Hinata se encerró en su habitación, sus ojos picaban y sus uñas se encajaron en sus palmas al hacer puños sus manos. Desde su interior tembló, pero ya había dado el primer paso, ahora soportaría la furia de Neji y estaba esperando que eso pasara. No soportaba más la tensión de su cautiverio y menos aún sus continuos fracasos. Su nuca dolió y deseó gritar frustrada por el tiempo que seguía perdiendo.
• O • O • O •
Neji escuchó con furia contenida las explicaciones de Ao, quien había sido el hombre de su mayor confianza.
—¿Con quién se ha comunicado?
—Ella dijo que con su novio.
«Maldita sea.»
—El número.
—Sí. — Ao dictó la numeración mientras Neji anotaba en una esquina de su agenda —. Lo siento mucho, no creí que ese descuido…
—En minutos llegará tu reemplazo. Te espero aquí mañana a primera hora. — El castaño no esperó mayor explicación y colgó la llamada. Todavía con la mirada endurecida y sin perder tiempo digitó el número que Ao acababa de proporcionarle. Tras tres tonos fue atendido.
—Hola.
Era una voz de mujer.
—¿Hinata? ¿Hinata eres tú? — Neji estuvo a punto de colgar. No era Sasuke, pero eso no lo hacía menos imperdonable —. Itachi, creo que es ella.
Se mantuvo en la línea. Escuchó el cambio del móvil de una persona a otra.
—¿Hinata?
No respondió deduciendo que ella no había mentido del todo, sí intentó comunicarse con Sasuke, pero éste no tenía su móvil.
—Neji. — Itachi mencionó del otro lado de la línea.
El castaño colgó y sin levantarse de su silla, arrojó su móvil sobre el escritorio. Apretó sus dientes hasta hacer saltar sus sienes y zumbar sus oídos. Cerró sus ojos despacio controlando su temperamento, debía hablar con Hinata de las consecuencias de sus actos, pero sabía que dejando que su molestia lo dominara no llegaría al resultado que pretendía. Nunca lidiar con sus problemas había resultado tan complicado.
• O • O • O •
—¡Toma!
Itachi atrapó sin problemas la bolita de papel que Kakashi acababa de lanzarle. Dudó sobre si debía leerla o no antes de entregársela a Sasuke.
—Esa niña está dando más problemas de los que nos ahorra— comentó al guardar el maltratado papel.
—Tal vez no debiste dejarla cerca desde el principio —sermoneó el otro.
—¿Te complicó las cosas?
—En realidad no, en absoluto —confesó dándose media vuelta.
Itachi se quedó de pie afuera del edificio donde su constructora tenía sus oficinas —¿A dónde vas? Creí que comeríamos juntos.
—En realidad tengo trabajo que hacer. —Kakashi alzó su mano despidiéndose tan despreocupadamente que no parecía que acababa de hacerle un gran favor.
—¿Qué?
—Y una cosa —Kakashi se giró—. Ella dijo que te buscaría, creo que necesita hablarlo.
Itachi negó con cansancio —En este momento es lo que menos necesito.
—¿Y si fuera como un favor?
—¿De qué hablas? ¿Por qué te importaría?
Kakashi se encogió —Supongo que ha de hacerle bien. Tú mismo debes saber que no siempre hacemos lo correcto. Impulsos sentimentales, les dicen.
Cuando él se marchó dejándole una sonrisa, Itachi tuvo la impresión de que acababa de leerlo. Él mismo se guiaba por lo que sentía al ayudar a Sasuke y eso podría ser catalogado por más de uno, como moralmente incorrecto. Saber que no se arrepentía, le impidió juzgar a Sakura con la misma dureza que con la que lo venía haciendo.
Viéndose libre de momento, se dispuso a cumplir con lo siguiente en su lista de deberes: Sasuke.
• o •
Al apenas entrar no pudo evitar sonreír.
—¿De qué demonios te ríes?
Itachi extendió su sonrisa —Te encuentras mejor, eh.
Sasuke quiso alzar sus manos, pero éstas seguían atadas con un par de correas medianamente largas.
—Juzga tú mismo.
—Creo que es buena señal, ¿no? Después de todo, creen que estás lo suficientemente fuerte como para darles problemas.
—Necesito largarme de aquí.
—Ya no es terapia intensiva, no exageres —dijo el mayor observando la nueva habitación. Sasuke lo hubiese matado con la mirada de haber podido, pero a Itachi no le importó, verlo mejor bastaba para mantenerlo de buen humor.
—Sobre lo que hablamos ayer —dijo Sasuke. Su voz se escuchaba más grave de lo normal.
—¡Toma! —Itachi lanzó el papel, pero Sasuke no pudo tomarlo al no tener demasiada libertad de alcance —. Bien. ¿Lo leo por ti o simplemente lo pongo frente a tus ojos? —preguntó al acercarse.
—Qué demonios dice.
—En realidad no mucho— respondió echando un vistazo—. Menciona su embarazo, que te ama y la dirección en donde está.
—¿Y dónde es? —Sasuke se sentó en la cama y el gesto que se marcó en su rostro delató dolor. Apretó su estómago.
Itachi pareció meditar algo antes de responder —Justo donde creías, solo que en otro departamento.
—Maldita sea. Debo ir ahí.
El mayor vio la frustración de su hermano cuando se dejó caer en la cama. Sasuke hizo el intento de llevarse las manos al cabello, pero no alcanzó y golpeó el colchón con sus puños.
—Creo que algo cambió— intuyó Itachi.
Sasuke jadeó —¿De qué hablas?
—Hinata logró comunicarse ayer.
—¿Qué? ¡¿Por qué mierda no lo habías dicho?!
—¿A qué hora? Si no me has dado tiempo.
—¿Qué dijo? ¿Te llamó a ti?
—En realidad a ti —Itachi sacó el móvil propiedad de Sasuke y se lo ofreció en la mano. Éste lo tomó —. Dijo que volvería a llamar.
—¿Por qué crees que algo cambió?
El mayor omitió mencionar la segunda llamada para no preocuparlo haciéndolo suponer que Hinata estaba en problemas.
—Porque cuando habló con Izumi le dijo que no necesitaba ayuda. Aseguró que ella se encargaría de todo.
—¿Cómo podría?
—No lo sé. Es su familia, ¿qué tan duros pueden ser?
—La han tenido secuestrada semanas, pregúntatelo tú.
Itachi pasó por alto la ironía de su hermano para continuar meditando —Si pensaran ir a los extremos, ya lo hubiesen hecho. Neji. Porque en realidad, dudo que Hiashi esté al tanto.
—¿Qué te hace creerlo?
—Hasta donde sé, está demasiado ocupado con un problema bastante serio en Shaanxi— informó—. Y si Neji no se lo ha dicho…
—¿Crees que pretende… ocultarlo? ¿Todo?
—Si con «todo» te refieres a tu hijo. Es muy probable. Si Hinata habla primero con su padre podría ser…
—Ese bastardo ha estado influyendo en ella desde que tiene memoria para que sea la maldita esposa de Neji. ¿Cómo demonios se te ocurre?
—No pasemos por alto el aprecio que Neji le tiene.
—Aprecio —Sasuke soltó con repudio al volverse a acostar pesadamente sobre la cama—. Está jodidamente enamorado de Hinata. Hasta un ciego puede verlo.
—Con mayor razón. Sólo piénsalo. El aprecio que le tiene ha podido más que la rabia que debió sentir. Todo por no lastimarla. Al menos, no de una forma tan cruel.
—¿Y qué mierda crees que hace justo ahora?
—No logrará ocultarla por siempre, ella tarde o temprano deberá volver a su vida. Hiashi tampoco estará fuera eternamente —dijo, de hecho, su llegada era algo que estaba esperando según la información que tenía—. Para él tampoco debe ser fácil.
Sasuke vociferó algo más a lo que Itachi no atendió. Pensando un poco las cosas, Itachi logró casi entender a Neji. El mismo ya hacía algo posiblemente errado por ayudar a su hermano, Neji tal vez solo hacía su parte.
Si su deducción era correcta, posiblemente tenían una oportunidad de que las cosas no se agravaran más de lo necesario.
—Ayúdame a salir de aquí. —La voz ronca y seria de su hermano lo hizo verlo.
—No estás listo, lo sabes. Llegaste con un problema serio de abstinencia, ese es tu principal problema luego de que aparentemente sanas. Ahora te sientes bien porque…
—Sé lo que me ocurre —Sasuke imprimió fuerza al interrumpirlo pese a que no alzó la voz—. Juro que voy a controlarlo, estaba haciéndolo.
—¿Cómo? ¿Casi muriendo?
—Itachi, si vas a creer en mí, hazlo ahora. —Sasuke pasó por encima de su sarcasmo y le habló al mirarlo a los ojos.
Itachi guardó silencio unos segundos —No sé si te convenga.
—Te aseguro que lo hará.
—No dejo de presentir que arruinarás las cosas. Hinata es quien peor puede pasarlo.
—Y una mierda que lo sé. Sólo… sólo intento ayudarla. Es lo único que quiero.
• O • O • O •
Habían pasado dos días completos desde que logró comunicarse con Izumi. Hinata sabía que Sasuke ya tenía que estar al tanto de ello. Creer que esperar una llamada que no llegaba podía perturbarlo le generaba más ansiedad de la que ya tenía.
Casi se arrepintió de llamar.
Se asomaba por la ventana sin saber qué buscaba exactamente. Tal vez a Neji. Dos días. Pasó menos de una hora desde que hizo esa llamada hasta que otra persona llegara a reemplazar a Ao, francamente, Hinata no tenía ánimo de pensar demasiado en él pese a que no le deseaba nada malo. Después de que Ao se fue, esperó con zozobra la llegada de su primo, pero éste no llegó. Seguía sin hacerlo.
Su ausencia no hacía más que alterarla. Neji debía estar furioso y ella podía igualarlo. Tras la partida de Ao, Neji le mandó un mensaje, al suplirlo justo con aquél tipo que una vez la maltrató y la llamó zorra: Zabuza. Ahora ni siquiera se sentía con la libertad de salir a la sala. Su confinamiento comenzaba a enloquecerla.
—Su comida está aquí. — Hinata escuchó la voz ronca y cortante. Él entró y dejó la bandeja de comida sobre el tocador sin siquiera llamar a la puerta.
—No la quiero. Llévatela — dijo apenas volteando a verlo. Había aprovechado el momento en que él bajó por los alimentos para prepararse un emparedado. Tal vez si Neji sabía que había dejado de comer podía atraerlo.
—Entonces tendrá que sacarla usted. No me pagan por eso.
Él salió de la habitación y Hinata por primera vez tuvo deseo de pelear con alguien. Apretó en puños sus manos y se contuvo de llorar de coraje. Si pelearía con alguien, sería con Neji por humillarla de tal modo.
• o •
La última vez que Neji revisó la hora, pasaban doce minutos de las ocho. Había conducido finalmente para reunirse con Hinata. No pudo deshacerse de su molestia por completo, pero no había duda que podría manejarlo. No sabía qué versión de Hinata encontraría, quizá una a la ofensiva tras la llegada de Zabuza… en realidad, eso esperaba.
El control sobre sí mismo se astilló cuando el conserje llegó a él mientras esperaba el elevador.
—Joven, ¿Neji?
—¿Qué desea? —preguntó cortante. No volteó a ver al varón titubeante.
—La joven Naori dijo que vendría y…
—Al grano.
El hombre no tan mayor carraspeó y enderezó su postura —Ella dejó una maleta para usted.
—Subiré por ella en cuanto me desocupe— respondió y pretendió subir cuando las puertas se abrieron.
—Dirá bajar. Está en la bodega en el estacionamiento —agregó el conserje extrañando al Hyuuga —. Apreciaría que no se olvidara, están por llegar las lluvias y tenemos problemas con el sistema de alcantarillado. Todos lo saben. No quisiera que nada se estropeara— agregó impidiendo que las puertas se cerraran.
Neji jadeó fastidiado —Bien. Pasaré antes de irme. Espero que a Naori no se le ocurra bajar otra cosa.
El hombre que soltó las puertas le sonrió —Lo dudo. Ella dejó el edificio tres días atrás.
—¿Qué?
Cuando las puertas se cerraron, dejándolo solo y subiendo, Neji resopló y negó: no importaba, se recordó. Pese a ello, lo recién descubierto penetró en su cabeza. Se había ido. Él había arruinado las cosas con Naori por segunda vez. Presionado por la situación de Hinata se convenció que no importaba. La había dejado de lado, otra vez, abruptamente.
«No fue abruptamente.» Recordó.
Naori había tenido algo qué decirle cuando todo explotó. Podía recordar la llamada que ella le había hecho y la seriedad en su voz. Ella tenía problemas, pudo adivinarlo. Eso lo mantuvo preocupado, pero la preocupación desapareció cuando Naruto apareció en su oficina. Después, no hubo forma de hablar de algo más que no fuesen Hinata y Sasuke. Ahí comenzó a dejarla sin darse cuenta.
Creerse un bastardo con ella pesó más que nunca. Naori había sido leal pasando la línea de lo correcto. Y él no lo valoró.
Pero ya no había nada que pudiese hacer. El fastidio que soportaba se acentuó notoriamente después de esto.
Neji abrió con sus llaves una vez frente a esa puerta del último piso.
Zabuza apareció frente a él al instante, había estado viendo el televisor.
—Buenas noches joven Neji.
—Sal. No entres hasta que se te indique. — Neji lo pasó de largo sin responder el saludo, y mientras avanzaba a la habitación de Hinata escuchó la puerta cerrarse. Abrió despacio y la encontró sentada en el descansa brazo del sofá, miraba a la calle. Para cuando ella volteó a verlo sin mostrar sorpresa, él ya se había percatado de la comida tirada en el suelo, seguro en una exhibición de frustración de Hinata.
Ambos primos se sostuvieron la mirada.
—¿Desperdiciando comida? —preguntó alzando una ceja. No entró, se mantuvo recargado en el marco de la puerta.
Ella apenas logró ignorar la sensación que le quemó el pecho.
—¿Por qué no habías venido?
—No sabía que le interesara verme.
—Esto no es gracioso.
—Tengo cosas importantes que hacer, Hinata. Debe saberlo. Y no me está ayudando— soltó lo último con menos paciencia.
—¿Y cómo demonios he de poder hacerlo?
—Cuide su vocabulario.
—¡Carajo, Neji! —Hinata se acercó a él furiosa y él simplemente la vio hacerlo. Su mirada helada contrastó con el calor que ella parecía emanar— ¡Ya no sé qué más hacer! ¡Estoy harta de estar aquí!
—Y robar un teléfono para hablar con sabrá quién, le pareció buena idea.
—Y aun así no está a la altura de tus estupideces.
Neji se forzó a hacer un silencio para tolerar escucharla hablar así —No compare.
—No hay manera. Déjame salir— exigió.
—Lo hará a su tiempo. Tenemos un acuerdo.
—¡Por amor a Dios! ¿Cómo pretendes que…?
—¡¿Cómo pretende usted?! —la interrumpió y la tomó del brazo para avanzar con ella varios pasos, alejándola de la puerta—. Acepte ya lo que ocurre, y ahórrenos problemas a todos. ¿Qué demonios quiere? ¿Volver con aquél infeliz?
—¿Por qué no habría de quererlo? ¡Lo amo!
—Estupideces.
—¡Es el padre de mi hijo! ¡Te guste a ti o no lo haga! No puedes cambiarlo.
—Pruébeme.
—¡Basta ya!
—¡Es lo que yo digo! — amenazó —. ¡Basta de niñerías! Si no quiere comer, no lo haga, no me importa. Si quiere gritar y maldecir, hágalo, no voy a evitarlo. Pero vuelva a hacer una estupidez como esa llamada, y le juro que terminará de conocerme —Neji apretó su agarre y los ojos de Hinata picaron.
—Ya no te conozco.
Él la soltó y desvió por un segundo la mirada exigiéndose control.
—Me tratas como si te hubiese robado algo, y no conforme, metiste a ese sujeto al departamento.
—¿Y qué con él? —su voz se endureció— Tuvo a Ao quien la procuraba y abusó de su confianza. ¿Qué haría Zabuza? ¿Abusar de usted? Nunca se lo permitiría. Además, en un descuido, hasta le tome cariño si es que lo hace.
Con ojos llorosos y el corazón doliendo, Hinata estrelló su palma contra la mejilla de Neji. Tenía tantas ganas de llorar, pero era más el coraje que hizo brillar sus ojos.
—¡¿Cómo te atreves?!
Con la mandíbula tensa, Neji no quiso reconocer que se había excedido.
—De todas las cosas que me has dicho, esta fue la más cruel después de decir que me alejarías de mi hijo. ¡¿Quién te crees?! ¡¿Te sientes mejor que alguien, acaso?! ¡Pues no lo eres! —Su voz ardió.
—Tampoco es como que lo pretenda —aclaró él de inmediato—. Entienda esto: no me importa ser ruin si con eso le evito cometer el error de su vida, aunque todavía no tenga la capacidad de verlo. ¡La sola idea de saberla a lado de quien la agravió me da asco!
—Sasuke me forzó una vez, ¡una maldita vez que aún paga y no ha podido perdonarse! Tú, Neji, planeas hacerlo por el resto de mi vida. ¿Quién da más asco ahora?
La mirada endurecida de Hinata caló en el pecho del castaño — No lo exagere.
—Te has llenado la boca con suposiciones sobre cuánto pudo aprovecharse de mí, y apenas pudiste, hiciste lo mismo.
—¡No compare! —exigió—. Jamás haría algo tan bajo.
—Sasuke era un desconocido cuando pasó, no me debía nada. ¿Qué parte de mí crees que destruiste cuando me tocaste? —la lágrima que derramó Hinata hizo a Neji bajar la mirada. Su voz ronca exhibía el esfuerzo por no sollozar— Eres, Neji, todavía, una de las personas que más quiero en esta vida. ¿Cómo crees que me siento?
Él tragó con pesadez al sostenerle una mirada endurecida.
—¿No harías algo tan bajo como él? ¿No lo estás haciendo ya? ¡Eres mi primo! ¡Mi hermano! Dime, si consigues lo que quieres, ¿cómo me harás tu mujer?
—Suficiente.
Hinata sonrió pese a que le dolía —¿Me violarás? ¿Piensas que, en un descuido te tomaré cariño?
Neji resintió un golpe cuando ella usó sus palabras de regreso. La vio llorar.
—Nunca voy a entregarme a ti. Prefiero morir a darle mi cuerpo a mi hermano.
—Sabe que no haría eso— su voz gruesa se fue apagando.
—¿Lo sé?
—Crea lo que quiera. No cambia nada.
—¡Neji! —ella lo siguió cuando él pretendió marcharse. — ¿A dónde vas?
—He dicho lo que tenía qué decir. — Hinata lo tomó del brazo—. Espero haya captado la idea.
—No vas a irte y no vas a dejarme aquí —aclaró deteniéndolo antes de cruzar la puerta —. Te he permitido más de lo que mereces en un intento por hacerte entender, pero…
—¿Hacerme entender? —interrumpió—. La que no ha comprendido nada sigue siendo usted. A mí se me planteó algo, un serio problema, y no he hecho más que actuar en consecuencia. Deje de pretender suavizar las cosas porque no va a conseguirlo.
Ella lo jaló cuando él pretendió irse.
—¡He sido perfectamente clara en lo que quiero! Ahora suaviza tú el hecho de que me has tenido secuestrada por semanas.
—No es secuestro. La mantengo a salvo de sus propias malas decisiones.
—Me tienes encerrada, incomunicada y bajo vigilancia las veinticuatro horas. ¡Si eso no es un secuestro, no sé lo que lo es! Es un delito y sabes que lo cometes.
—Ahora sí conoce esa definición. Nos habría ahorrado todos estos problemas si tan solo hubiese mostrado este carácter entonces.
Hinata guardó silencio un par de segundos.
—Tú como yo sabes que…
—Así es —interrumpió él—. Y usted misma sabe lo que justo ahora es prudente. No sea necia. Eso es todo.
—¿Qué? ¡No!
Neji se soltó de su agarre en cuanto Hinata bajó la guardia. Hinata se apresuró tras él y quiso alcanzarlo otra vez, pero él había tirado de la puerta ésta se cerró con brusquedad en el antebrazo de la peliazul.
—¡Demonios! —él volteó al escuchar el golpe seco y el chillido de su prima — ¿Está bien? ¿Se lastimó?
Hinata, adolorida y frustrada, no contuvo sus lágrimas.
—¿Dónde le duele? —él se arrodilló a su lado cuando la vio desmoronarse al suelo.
Neji le jaló el brazo cuando ella no se lo tendió. Observó un manchón rojo intenso y la coloración se extendía varios centímetros hasta ir desapareciendo.
—Lo siento —susurró mientras se aseguraba con tacto suave de no haber roto el hueso o lesionado de gravedad ningún músculo o tendón.
Los ojos de Hinata ardieron al reconocer en su delicadeza, al primo que siempre la cuidó. Ahora estaban enfrentados.
—Juro que, si no me dejas ir, le contaré todo a papá. — Jaló de su brazo, pero él no terminó de soltarla. Hinata lo vio a la cara, y su voz y ojos denotaron su firme decisión. Él lo notó de inmediato.
—Quizá debería hacerlo, para variar. Quiero ver cómo lo mira a la cara al contarle todo —Neji se puso de pie y Hinata lo imitó casi de inmediato—. Si tanto es su deseo por hacer lo que le place, quizá sí debería enfrentar sus propias consecuencias. Comienzo a cansarme de luchar incluso con usted.
Ella vio el rostro estoico verla con severidad y le enfrentó la mirada.
—Pero sepa algo —continuó Neji—: su padre jamás la dejará con el Uchiha sabiendo lo que le hizo. Y yo no pienso callarlo para solaparlo. Que sea su padre quien juzgue qué pecados pesan más.
Neji cerró la puerta una vez más dejando a una Hinata inmóvil por la fría amenaza, para cuando ella reaccionó y lo siguió, la figura del castaño se perdió tras la puerta principal e ingresó Zabuza de nueva cuenta. Con figura alta y sonrisa filosa él acortó distancia. Hinata casi sintió un estremecimiento cuando él pasó a su lado; no se movió para no perder dignidad, pero descalza y llorosa, había poco qué conservar.
Ella volvió a encerrarse en su habitación, y buscando mantener la paz del ser que crecía dentro de ella, buscó respirar largamente. Su padre debería llegar pronto y entonces conocería cuánto deseaba una vida con Sasuke. Su determinación no debería flaquear.
• O • O • O •
El sol apenas había aparecido desde hacía cinco días atrás. Una llovizna persistente seguía cayendo cuando Itachi entró con cierta prisa a la residencia familiar. La nostalgia de imaginar a su madre salir corriendo a recibirlo lo hizo subir las escaleras con una sonrisa triste.
Entró a la que fue su habitación por años y esculcó en los cajones de su escritorio, así como también en un librero cercano. Tomó su vieja mochila del closet e introdujo varios libros en ella. Se disponía a bajar en busca de su padre cuando se percató de varias cajas de cartón fuera de la habitación de su madre. Se acercó apenas a echarles un vistazo. También se asomó a la habitación sin animarse a entrar. La estaban desocupando.
—¿Mi padre? —preguntó al viejo mayordomo que se apareció al escucharlo cuando bajaba las escaleras.
—Hace cerca de media hora que está en su estudio.
Itachi agradeció. Se dio tiempo de dejar su mochila en un sofá de la estancia antes de dirigirse con él. Lo encontró de pie frente a su escritorio, observando el contenido de varias cajas de madera.
—¿Haciendo limpieza?
Fugaku no volteó a verlo —Me sorprende saberte aquí.
—Sí, noté que no me esperabas. — Se adentró dirigiéndose a él —. Pasé fuera de la habitación de mamá.
—¿Qué hacías allá?
Itachi levantó un hombro mientras se asomaba a ver qué era lo que su padre revisaba —Hay un joven que realiza su servicio social con nosotros, no dispone de muchos recursos, así que creí que mis viejos libros podrían ahorrarle un gasto—. Fugaku volteó a verlo sin ninguna expresión en particular—. ¿Qué hacen las cosas de mamá en cajas? —preguntó. Itachi sabía bien que de haber sido Sasuke quien las hubiese visto, eso ya sería una muy seria pelea.
—Es tiempo de desocupar la habitación.
—Ah, sí. Y ¿eso por qué?
Fugaku decidió evadir su pregunta —De cualquier forma, ella no dejó mucho, donó a la caridad la mayoría de sus prendas. Solo hago lo que no pudo hacer.
Itachi dejó pasar unos segundos antes de asentir, sin pretender insistir en el tema, después de todo, ya nadie usaría sus cosas.
—¿Y qué haces con estas viejas fotos?
—Estaban en el closet de tu madre, las bajaron hace un momento— dijo soltando una foto que no había dejado de ver.
Cuando Fugaku giró para pasar del otro lado del escritorio, Itachi sonrió al tomar la foto que su padre miraba. Era Mikoto sonriente, cargaba a un Sasuke regordete y desnudo después de un baño.
—Es curioso— comentó Fugaku.
—¿El qué?
—Se supone que es del primer hijo del que siempre se tienen más fotografías.
La sonrisa de Itachi se agrandó y algo cálido se acomodó en su pecho.
—Sasuke era su hijo favorito— soltó Fugaku.
—No lo era— contradijo a su padre —. Pero siempre creyó que era quien más la necesitaba. Creo que partió creyéndolo todavía.
Fugaku prefirió no picar en la línea de conversación que Itachi parecía querer tomar. Dio un trago a su té caliente.
—Creo que si hubiesen tenido otro hijo las cosas pudieron ser un poco distintas. Tal vez una niña, mamá siempre anheló una.
—Ella habría muerto de cualquier forma, no veo qué pudo haber sido distinto.
—Tu atención pudo disiparse un poco de Sasuke, dejándolo respirar. La tensión entre ustedes pudo ser menor.
—No hay nada que pueda cambiarse.
El menor volvió a ver la primera foto, la toalla al fondo era rosa; Mikoto había estado segura que su segundo hijo sería niña y se preparó para recibir la sorpresa. Al final, la sorpresa había sido un varón con un guardarropa femenino que tuvieron que reemplazar. Aunque no todo.
—¿Notaste la toalla? —Itachi volteó la foto, mostrándosela.
Fugaku sonrió en un gesto extraño.
—Siempre creí que lo querría menos por la decepción.
—No lo hizo— reconoció el mayor.
—Ni lo haría nunca, pese a quedarse con su ilusión.
Fugaku se sentó en la silla de piel —Tal vez por eso quiso tanto a tu novia, esta chica… ¿cómo se llama?
—Izumi.
—Izumi, sí. Y… a Hinata.
Itachi asintió —Hubiese enloquecido de saber que sería abuela.
Fugaku volvió a beber de su té. No dijo nada.
—Un hijo de Sasuke… hubiese delirado por meses —ante el mutismo de su padre, el ambiente pareció perder lo extrañamente agradable que tenía —. Por cierto, él será dado de alta en dos días. ¿Irás a verlo?
—¿Tan pronto? —preguntó extrañado.
—Colmó a su médico. Al final, creyó que con ciertos cuidados Sasuke estará bien en casa. ¿Irás?
—No veo a qué.
—Sé que has estado yendo, ¿por qué lo haces si no entras a verlo? ¿No es más fácil solo preguntarme cómo está?
—¿Cuándo dejarás de actuar como el padre de todos en esta casa? Ese lugar ya está ocupado.
Itachi sonrió y volvió a observar de una fotografía a otra, dejando correr segundos.
—¿Has decidido si lo ayudarás?
—¿Has venido a hablar de eso?
—Solo ha venido al tema. Sabes que estoy con él.
Fugaku se preguntó si Itachi estaba orgulloso de ello, pero supuso que había cosas que como familia se hacen y seguirían haciendo, pese a su integridad.
—¿Escuchaste ya lo de Shaanxi?
El mayor asintió despacio.
—Imaginé que no lo dejarías pasar. Has estado esperando algo como esto por años. ¿Harás algo?
—Aun no lo decido.
—He meditado en esto desde que me enteré. Si tomas provecho, acabas a Sasuke.
La mirada profunda de Fugaku se alzó a observar a Itachi. Éste parecía querer leerlo, finalmente el menor bajó su vista.
—Creo lo mismo que mamá. Así que, confío en que harás lo correcto —dijo mientras se giraba—. Debo irme ahora.
—¿Lo correcto para quién?
Itachi se detuvo un instante.
—Ya casi lo arruinaste con Sasuke. Hay una parte de él que viene en camino… ahí hay todavía posibilidad de arreglarlo.
Mientras Itachi se iba, Fugaku no hizo intento por decir nada. Cuando la puerta se cerró, se permitió terminar su té, al tiempo de aunar lo recién escuchado a lo que había estado ocupando su mente.
• O • O • O •
Los ojos violáceos y serios se cerraron con pesadumbre. Neji había optado por abrir las ventanas de su departamento porque incluso el aroma de la cena que no había probado, lo asfixiaba.
Las noches frescas de verano solían agradarle y últimamente no reparaba en ellas.
«¿Y qué con él? Tuvo a Ao quien la procuraba y abusó de su confianza. ¿Qué haría Zabuza? ¿Abusar de usted? Nunca se lo permitiría. Además, en un descuido, hasta le tome cariño si es que lo hace.»
—Soy un imbécil. Nunca debí decirle eso.
Hinata ya se sentía mal e incomprendida –por él más que por nadie-, sabía que lo que menos necesitaba era sentirse así de agraviada. Él no creía eso, lo dijo como reflejo de su frustración. Había perdido el control de sus impulsos y pretendió herirla dibujándole una posibilidad tan despreciable como la que él veía.
Pero ella no tenía la culpa.
«Sin embargo… es quien peor lo pasa.»
Él resbaló su cuerpo quedando sentado bajo su ventana. El aire fresco de la noche meció algunos de sus cabellos. Estaba siendo injusto con Hinata. Un bastardo con ella. Saberlo le amargaba la garganta.
Sentado ahí, vio la maleta que Naori había dejado para él. Era la ropa que había dejado durante el tiempo que casi vivieron juntos. Pegó la cabeza a la pared mientras tronaba los dedos de una de sus manos… solo con ella había pensado en llevar una vida. Solo con ella se había permitido hacerlo. Naori habría sido alguien con quien comenzar de cero si dejaba de lado su familia, pensó hacerlo de verdad, estaba dispuesto por segunda vez.
Si no hubiese pasado lo de Hinata…
Lo que le dijo a su prima era cierto: prefería ser ruin con ella, a que otro lo fuera. Él sabía cuáles eran sus límites, no pensaba dañarla de verdad.
La garganta le dolió cuando un nudo se cerró con fuerza en ella. Si Hinata no estuviese así de dañada por Sasuke, él pudo haber encontrado una mejor forma de ayudarla. Pero bajo esas circunstancias, debía forzarla a ayudarse.
Por primera vez en años, no podía ser práctico ni sobrio en su actuar. Había demasiado en riesgo.
Podría ser egoísta, él no tendría por qué inmiscuirse, tenía derecho. Pero la quería demasiado y le era leal a su tío, le debía mucho como para mantenerse al margen. Tampoco se mentiría, él podía ver a Hinata como mujer, desde hacía tiempo pudo hacerlo, pero sabía lidiar con ello, era amo de sus emociones. En cambio, ella había sido muy clara con él.
¿Cómo la tomaría como mujer si conseguía lo que pretendía?
¿Qué había hecho?
… Flaquear ahora era algo impermisible.
• O • O • O •
—Estaré fuera de la ciudad desde esta noche hasta inicio de la siguiente semana, ¿te las arreglarás?
Itachi vio con desaprobación que Sasuke mandaba un texto en su móvil. Su atención recaía en el aparato y no en él como debería ser.
—Por supuesto, ¿crees que pretendo volver aquí pronto? — respondió Sasuke lanzando su móvil centímetros sobre la misma cama.
Itachi observó las manos libres de su hermano, que no hubiese intentado irse lo había tranquilizado.
—Veré el proyecto que tenías en Fukuoka, ¿no preferirías que te esperara para darte por enterado y retomarlo a su tiempo?
Sasuke dejó escapar el aliento, tendido en su cama. Odiaba abandonar el trabajo.
—No creo soportar el viaje.
Itachi reconoció media verdad en sus palabras.
—No busques problemas— aconsejó—. Te he dicho…
—Lo entendí a la perfección. Tendré a Hinata cuando esté seguro de que puedo mantenerla a mi lado.
La mirada cargada de seguridad que Sasuke le dirigió, hizo a Itachi asentir y sonreír. No supo por qué, pero tuvo la sensación que las cosas no podían más que mejorar.
—Sobre la cuenta, la he dejado cubierta ya. No te preocupes por ello—. Sasuke le dedicó una mirada incómoda—. Tengo hambre, ¿tú no?
El menor resopló.
• O • O • O •
Al día siguiente, Sasuke frotó uno de sus dedos sobre la zona hinchada en su brazo, donde había permanecido uno de los catéteres.
—Entonces, todo listo, ¿eh? — Suigetsu lo vio salir del baño ya vestido con su propia ropa.
—No, tú mismo escuchaste que el médico traerá una responsiva junto con el alta.
El otro frunció los labios —Cierto —se estiró recostándose en el sofá colocado en esa habitación—. Por cierto, traje a tu endemoniado gato conmigo, está en el auto.
Sasuke solo le asintió —Sobre lo que te pedí.
—Ya me encargué— respondió Suigetsu luego de unos segundos —. ¿Qué piensas hacer con eso?
—Nada grave.
—Espero, porque si tú tienes problemas, los tendré también.
El médico entró a la habitación luego de estar la puerta abierta, manteniendo el silencio de Sasuke.
—¿Todo listo? —preguntó el médico con una sonrisa.
—Dígame usted, ¿ya puedo irme?
—Puedes. Firma aquí y aquí— le dijo señalándole dos hojas diferentes. Sasuke las tomó e hizo lo que le pidió —. No hagas demasiados esfuerzos. Te añado una dieta que es preciso que sigas, también la enfermera está por traerte el medicamento que debes tomar puntualmente, antibióticos y medicación para reducir los ácidos en el estómago. Es importante que no dejes de comer, presentabas desnutrición que en nada te ayudó. Café, no. Cigarro, nada. Alcohol, tampoco.
Suigetsu se burló— Arruinará toda la diversión. ¿Qué hay de mujeres?
—Ignórelo.
—Cierto ejercicio es aceptable, sin abusar. Evite en lo posible estresarse y emociones fuertes.
—De acuerdo, ¿es todo? —urgió Sasuke cuando vio a la enfermera llegar y entregarle a Suigetsu los medicamentos.
—Sí. Por cierto —añadió cuando Sasuke se disponía a salir—, sobre su desintoxicación, espero que sepa, que físicamente, puede complicarse más.
El Uchiha asintió —Me encargaré de ello —dijo y, tras estrecharle la mano, salió de ahí.
• o •
—Entonces, sí estaba allí. Era de suponerse— Suigetsu comentó cuando llegaron al estacionamiento del edificio donde Sasuke vivía.
El pelinegro soportó la acidez que sintió en el estómago al volver a ver el edificio frente al suyo. Parecía que había pasado tanto tiempo. Bajó cargando a Gato y Suigetsu lo siguió llevando sus medicamentos.
—¿Piensas buscarla hoy mismo?
—No.
El otro jadeó casi con alivio —Después de lo que me pediste, casi creí que iríamos hacia allá.
Sasuke caminó prácticamente con normalidad, pese a una ligera molestia. Aun había cosas que tenía que preparar. Si se arriesgaba a actuar movido por sus entrañas, iba a echarlo todo a perder. Itachi tenía razón: no podía arriesgar a Hinata, menos estando esperando un hijo suyo.
Suigetsu abrió el ventanal del balcón y encendió el televisor. Karin y él habían ido a asear un poco cuando supieron del alta de su amigo, pero, aun así, el aire se sentía denso.
—Si no vas a buscarla, tampoco trabajarás, ¿qué demonios harás para pasar el tiempo?
—No dije que no trabajaría —dijo después de servirle de comer al gato que ignoró su atención —. Tengo cosas qué hacer— añadió buscando su computador, después de todo, Itachi le había pedido apoyo con cotizaciones y demás cosas sin demasiada importancia, pero pretenderían mantenerlo ocupado. Omitió decirle que también tendría que vérselas con su psicólogo para retomar su proceso de desintoxicación.
—¡Qué mierda! Aún hay cervezas en el refrigerador. Oye, voy a llevármelas, eh, no queremos que te las tomes y jodas algo —soltó Suigetsu con burla.
—Joder.
• o •
Días después.
El omelette de clara y espinacas aun exhalaba vapor cuando Sasuke colocó en el plato dos rebanadas de queso y un pan tostado. Llevó el plato junto con una taza de té a la mesa. El canal de noticias informaba que los días lluviosos persistirían debido al frente baiu2 y que no harían más que aumentar en fuerza.
Sasuke dio el primer bocado y no supo si le faltaba sal o si el sabor a mierda era el normal. El trago de té no ayudó en mucho a mejorar su apetito. Gato saltó a la mesa y por primera vez no le molestó que se acercara a olfatear su comida. Cuando el felino se apartó y bajó para comer sus croquetas, Sasuke lo vio harto.
—Traidor— dijo al haber considerado dejárselo todo para comer. Cuando vio el ánimo con el que se comía sus croquetas lo envidió. En su momento, prepararía un filete jugoso y no lo dejaría siquiera mirarlo, lo decidió.
Prestó atención al televisor mientras continuaba comiendo. Al menos el médico pudo permitir su ingesta de café. Suigetsu tenía razón: estaba jodido.
Habían pasado cuatro días desde que había sido dado de alta, y desde el segundo había estacionado su auto frente al edificio donde Hinata estaba. Había requerido todo su autocontrol y la fuerza de sus entrañas no cruzar la avenida e ir por ella.
Le había dicho a Itachi que no intentaría recuperarla hasta no estar seguro de poder mantenerla a su lado. Eso, claro, sonaba más fácil antes. No había nada que borrara el pasado, eso no iba a cambiar nunca. Se había prometido sanar antes su adicción, pero ello requería tiempo; y tiempo y su ansiedad eran enemigos en su circunstancia.
Pensar que Hinata pudiese estarla pasando mal le cerró la garganta. Arrojó su plato a centímetros de él y se puso de pie. Necesitaba cuando menos un trago. Ella podía estar confiando en que iría a buscarla y él perdiendo el tiempo en futilidades. Siempre había sido determinado, pero en este momento la falta de voluntad era algo que estaba martillándole la cabeza, impulsándolo a buscarla y mandar al diablo los planes que se marcó.
Todo estaba lleno de Hinata, donde sea que mirase había recuerdos, dentro y fuera del departamento. Estar ahí estaba sofocándolo. Vio su computador encendido en la sala y prefirió ignorarlo antes de arruinar algo por su nula concentración.
Cuando se tendió en su cama pretendiendo meditar mejor sus opciones, Gato llegó de un salto a su lado, todavía estaba relamiéndose los bigotes tras haber disfrutado su comida. Sasuke le acarició la cabeza y el felino no demoró en posarse sobre sus abdominales.
Luego de ver a su sinvergüenza mascota cómoda sobre él, Sasuke sonrió. Recordó a Hinata junto a él en esa misma cama, era ella quien hablaba mientras Gato se paseaba sobre ellos. Hinata pudo hablar de teorías cuánticas y él igual le hubiese escuchado con atención. Ver su sonrisa mientras le hablaba… Había sido feliz y hasta ahora se daba cuenta que se había equivocado al no disfrutarlo por estar preocupado por cómo conservarla a su lado.
Ella también fue feliz a su lado. Recordar cada una de las sonrisas de Hinata dirigidas a él, hacía doler su pecho. Cada sensación de caricia en su piel, su cuidado, y la confianza que le mostró al entregarse sin pudor. Sí. Hinata también fue feliz. Era esa seguridad lo que lo obligaba a buscarla, no la quería de regreso por mero capricho. Hinata confió en él y lo había arruinado.
Seguía confiando en él.
Pensar que seguía arruinándolo lo hizo levantarse de la cama, dejando caer al suelo a Gato, y salir de su habitación. Antes de abandonar el apartamento Sasuke se dio el tiempo de tomar su saco y algo más de uno de los burós de su sala. Todavía sintiendo tensión en su garganta llamó al elevador.
Mientras descendía, el reflejo de los espejos mostraba a un Sasuke más sombrío, remarcado por su camisa negra y un traje gris. Apaciguó el deseo de un cigarrillo llevándose un par de chicles a la boca sin detenerse a meditar lo que iba a hacer.
Una sensación de fastidio se acentuó cuando notó a su padre bajar de su auto, estacionado a metros del suyo.
—¿Sales tan pronto?
—¿Qué haces aquí? —preguntaron al mismo tiempo. A ninguno se le notó real interés por obtener una respuesta.
Sasuke quiso seguir de largo, pero Fugaku se plantó en frente.
—¿Qué quieres? —preguntó el más joven viéndolo hacia abajo al haberlo superado en altura.
—Sin Itachi a quien solicitarlo, no me quedó más remedio que hacerlo a ti. — Comenzó el mayor—. Estas son las llaves de la casa de tu tía —dijo tendiéndoselas—. Necesito que te encargues de arrendarla tal cual.
Sasuke las tomó cuando él terminó lanzándoselas.
—Seguro que puedes encargarte de ello. No veo por qué tengas que recurrir a mí.
—Imagino que, a diferencia de mí, a ti te sobra tiempo. — Fugaku se dio media vuelta cuando Sasuke pretendió devolverle las llaves—. Reúnete con quien sea necesario, llévalo a la casa y entiéndanse. Ya debes de tener en tu correo los datos bancarios de tu tía.
—¿Por qué no lo hizo ella? — Sasuke alzó la voz mientras su padre se iba dejándole todo en las manos.
Fugaku se alejó manos en los bolsillos —Salió sin tiempo para organizarse. Me pidió un favor —dijo haciendo a Sasuke maldecir.
El mayor detuvo sus pasos antes de llegar a su coche y volteó a ver a su hijo para proseguir—: Además, creo que el embarazo de Naori la tomó por sorpresa y, si conoces a mi cuñada, sabes que tomó maletas y decidió alcanzarla. Estará fuera del país hasta después de que todo pase— finalizó, y luego de desactivar la alarma de su auto entró en él.
«¿Embarazo? ¿Naori?»
Cuando su padre se perdió dentro de su auto y comenzó a salir, Sasuke se preguntó realmente qué pretendía. Lo vio conducir directo a la salida. Era claro que él pudo encargarse de ese asunto encomendándoselo a su secretaria, en cambio, prefirió ir con él y contarle. ¿Había hecho eso a propósito?
Sin pretender darle importancia subió a su propio coche y puso en marcha el mismo. Conforme conducía, su vista fue atraída a su celular un par de veces. Sabía que, por la situación en la que Hinata se encontraba era difícil que ésta se comunicara, pero desde que supo que logró hacerlo, constantemente esperaba su llamada. Finas gotas de agua se estrellaban en el parabrisas mientras las líneas continuas en el suelo se quedaban atrás cada vez con más frecuencia. Sasuke tronó los dedos de una de sus manos mientras analizaba, hasta ese momento, la viabilidad de sus planes.
Cuando la tensión llegó a su nuca, él cerró los ojos un momento. Al abrirlos, entraba bajo un túnel, la luminosidad amarilla no lo molestó tanto como darse cuenta que lo que haría sería lo mismo que Neji.
—Maldita sea— soltó mientras sobaba su nuca. Sasuke se distrajo un momento observando su móvil y al volver su atención al frente se percató de un congestionamiento que había hecho detener el flujo vehicular. Frenó repentinamente para no impactar al auto de enfrente.
Jadeó y golpeó un par de veces el volante sin brusquedad, mientras se decía que lo que hacía era, de entre sus malas ideas, la menos estúpida. Hinata ya no necesitaba más de lo mismo.
Cuando pudo avanzar buscó la primera salida para tomar dirección a su nuevo destino.
• O • O • O •
Estaban por dar las tres de la tarde cuando Neji salió de la oficina de uno de sus arquitectos. Subió hasta su despacho analizando el informe que acababan de entregarle.
—Joven Neji, hace minutos se recibió respuesta a la propuesta enviada para el proyecto de la pista dos del aeropuerto en Kōbe— comentó la secretaria al verlo aparecer.
—¿Tan pronto?
La joven asintió —Ellos declinaron.
Neji frunció el ceño —Fallaron a favor de otro — trató de aclararlo.
Ella negó —No. Nos rechazaron la propuesta.
—Envíalo a mi correo —pidió mientras se retiraba. Las puertas del elevador sonaron antes de que él se adentrara a su oficina.
—Buenas tardes, ¿busca a alguien?
—Lo busco a él.
Neji volteó a ver al recién llegado al reconocer esa voz grave.
La secretaria vio a su jefe y al pelinegro recién llegado. Notó la dureza como ambos se miraban —Lo siento, pero el joven no recibe a nadie sin previa cita.
Sasuke sonrió y tras un leve vistazo a la chica de gafas, volvió su atención al castaño de pie frente a la puerta.
—Él me recibirá.
Neji, con el rostro endurecido, le indicó que entrara y le permitió pasar primero. Había tenido el impulso de preguntar qué demonios quería ahí, pero optó por la sensatez. Nunca había sido partidario de ningún escándalo.
—No preguntaré qué buscas, porque me resulta obvio. Mejor preguntaré, ¿cómo demonios te atreves? —soltó el castaño apenas cerró la puerta y caminó despacio, viéndolo, mientras se dirigía frente a él.
—Amo a tu prima.
—Insensateces— respondió y achicó los ojos—. Más que ello.
—Esta vez— comenzó Sasuke—, la tendré de regreso —aseguró y Neji lo vio con recelo cuando se acercó sin prisa.
Ambos quedaron prácticamente rozando sus hombros y Neji se forzó a voltear cuando el sonido de metal en contacto con cristal llamó su atención. Los ojos suspicaces y violáceos notaron el momento justo cuando el Uchiha soltaba un revolver sobre su escritorio.
—Vas a tener que matarme para impedirlo— sentenció el más joven.
Neji, sin deshacerse de la sorpresa, habló—: Si supones siquiera que he de caer en una provocación como esta, eres más estúpido de lo que creí— soltó viendo al joven con el que competía en altura.
—Una vez dijiste que merecía la muerte, y hace tiempo estuve de acuerdo— dijo apartándose unos pasos y luego volteó a verlo—. Ahora, si me quieres lejos de Hinata, tendrás que matarme. No hay forma distinta en que lo consigas. Iré por ella.
—No pienso permitirlo.
—Toma tu decisión.
Neji sonrió con ironía, un gesto frío y soberbio —No te importó lastimarla, y ahora estás aquí, pretendiendo que me aparte para ser feliz. Tu cinismo no tiene fin.
—Soy una mierda, lo sé. No tengo problema en aceptarlo en voz alta. En cambio, tú, ya no eres mejor que yo.
—No compares —Neji ni siquiera se molestó ante el reproche.
—He aceptado hace tiempo cuán mezquino puedo ser. Eso no disminuye un poco lo que siento por ella. Tampoco por mi hijo.
—Ni siquiera lo menciones— la efusividad aumentó en el castaño que se acercó a Sasuke —. No es algo a lo que tengas derecho.
Ahora quien sonrió fue Sasuke, pero más que ironía, fue un gesto de entendimiento —¿Y quién sí?
Al saberse descubierto Neji también sonrió y se apartó —Me apetece tanto verte como un trago de vinagre, pero ya que estás aquí, permíteme dejarte algo en claro: haré a Hinata mi mujer.
Sasuke soportó el latigazo de rabia que ardió en su pecho.
—Remediaré la estupidez de ambos y haré algo que tú jamás harás: ofrecerle la vida digna y resuelta que merece, una sana, física y mental.
—¿Y cómo lo conseguirás? —devolvió Sasuke con tono agrio —Dime, Neji, ¿O hay preguntas que prefieres no hacerte? — agregó todavía sin verlo. Ante el mutismo del castaño Sasuke experimentó un dolor que crispó su pecho —. ¿Harás lo mismo que yo?
Cuando Sasuke volteó a verlo, Neji ya esperaba enfrentar su mirada.
—¿Y por qué no? Después de todo, ella puede soportarlo, ¿no es así? —Neji, por vergüenza, no se atrevió a confesar al punto al que llegó, aun así, no pretendió ocultar mucho.
Sasuke quiso destrozarle la cara, sus articulaciones quemaron por hacerlo, y tuvo que formar puños para contenerse. Se tomó unos segundos para no volver a arruinarlo.
—No podrás hacerlo.
Neji rodeó su escritorio y tomó asiento al notar que Sasuke no lo atacaría, al parecer, era más pensante de lo que supuso.
—Eso ni tú ni yo lo sabemos todavía.
Sasuke respondió a esa amenaza estrellando sus palmas en el escritorio. Neji mantuvo su vista en él, escudriñándolo.
—Hinata me ama. No hay forma en que se entregue a ti. Lo sabes.
El castaño, cínicamente, alzó un hombro despreocupado.
Sasuke sonrió y bajó el rostro, meditando bien sus siguientes palabras —: No vas a lograrlo. Y no hablo de fuerza, lo harías si quisieras. No tienes idea, Neji. No podrás soportarlo.
Neji enarcó una ceja al verlo todavía con el rostro abajo. El tono profundo logró que él le tomara más seriedad.
—No hables de ello tan fácilmente. Dejarás de ser tú. Te reconocerás tan ruin. Te matará lentamente y no conseguirás perdonarte. Te quemará por dentro cada vez que respires. No habrá forma de que lo toleres. No habrá manera en que la veas sin que sientas cuánto la lastimaste, no borrarás nunca el recuerdo de sus gritos, de su llanto, sus súplicas.
Neji tragó ligeramente y odió más a Sasuke, pero también absorbió parte de su culpa.
—El dolor físico de Hinata desaparecerá —dijo y recordó la sombra en lo más profundo de los ojos de la peliazul—, pero nunca serás el mismo tras haber conocido toda su fragilidad y tu podredumbre. ¿Cómo lograrás lidiar con el hecho de que destrozaste a la mujer que amas con tu propio cuerpo?
El castaño se aclaró la garganta antes de ponerse de pie y enfrentarlo— Te las arreglaste, ¿no? Seguro haré lo mismo.
—Yo, Neji, estaba drogado. Eso me digo cuando el remordimiento no me deja respirar, ¿Qué excusa te pondrás tú?
No le respondió.
—Sé dónde la tienes. Iré por ella.
—No la tendrás de vuelta. Hinata se quedará a mi lado.
—¡No eres mejor que yo! Tú de verdad te has planteado lastimarla. Y lo has hecho a conciencia— dijo y Neji guardó silencio.
Él tenía razón. Tal vez no la había violado, pero había quebrado parte de Hinata al tocarla como mujer. Ambos habían perdido algo ahí… algo que era mucho más valioso para ella que para él. Y lo había hecho deliberadamente.
Sasuke jadeó, frustrado, sintiendo que no lograba ser entendido.
—Pude callarlo —confesó finalmente—. Hinata ya me amaba. Pude enfrentarlos para quedarme con ella y tú mismo hubieses estado de acuerdo si Hinata te lo hubiese pedido —dijo, y Neji tuvo que concederle razón—. Pero necesitaba decirlo, necesitaba un castigo. Necesitaba tomar mi culpa y tampoco pensaba dejar que la juzgaran. Hinata no iba a quedar como la que falla a ninguna de las expectativas puestas en ella. Ella no pagaría mis errores. Y si pudiera impedirlo, tampoco pagaría por los de ella.
—Solo en lo último estamos de acuerdo— soltó Neji —. Si de verdad la amas, no la arruines más.
Sasuke negó. No había manera.
—Me avergüenza lo que he hecho más de lo que imaginas. Aceptarlo no es fácil. Pero intento ser lo más honesto que puedo y lo hago por ella. No me alejarás de su lado —prometió Sasuke—. Le prometí arreglarlo. Y tú tienes una sola opción para sacarme de tu camino— alegó y le señaló con el rostro el revolver que le había llevado.
Neji se mantuvo imperturbable solo viéndolo.
—No interfieras en mi camino— amenazó Sasuke. La última mirada que le dedicó al de ojos violáceos le dejó claro que si tocaba a Hinata era hombre muerto.
Cuando Sasuke se fue, Neji demoró unos segundos en tomar el teléfono. Sasuke no ponía las reglas, pensó. El sabor amargo se mantuvo en su garganta cuando escuchó la palabra vergüenza en la voz de Sasuke. No lo compadecía en absoluto y tampoco había cambiado su forma de ver las cosas, pero esa parte pudo entenderla. Él se avergonzaba por lo que le había hecho a Hinata.
• O • O • O •
Ruidos extraños alertaron a Hinata quien no terminó de secar su pelo luego de darse un baño. Encontró a Zabuza moviéndose en el interior de su alcoba.
—¿Qué está haciendo? —preguntó al verlo guardar su portátil en un pequeño maletín.
—El joven Neji ha dado la orden de que la lleve conmigo —dijo echándole un vistazo —. Vístase.
—¿Llevar? ¿A dónde? ¿De qué habla?
Zabuza salió de su alcoba cargando el maletín y también la maleta de ropa que Hinata siempre se negó a deshacer. Él no le respondió más y Hinata, desconfiada, decidió llamarlo. Neji no atendió.
—Cielo santo —soltó y regresó al baño a colocarse el vestido que tenía pensado usar. Después de colocarse crema humectante en el cuerpo volvió a marcar a Neji. Se había encerrado en el cuarto de baño sin saber qué pretendía ese hombre que la cuidaba.
—¡Señorita!
—¡Espere afuera! —alzó la voz. La única razón que se le ocurría es que su padre estuviese de vuelta, pero no ser informada la ponía nerviosa.
—Tengo órdenes de llevarla conmigo en este momento.
—Aún tengo cosas qué hacer. Espere.
Hinata vio cómo el pomo de la puerta fue movido abruptamente y el nerviosismo aumentó.
—¡Dije, ahora! —soltó molesto Zabuza cuando forzó la puerta y la vio a los ojos.
Hinata tragó pesadamente antes de salir con toda dignidad sin dirigirle un segundo más de su mirar.
—¿A dónde iremos?
—Lo descubrirá de camino. Ahora salga sin hacer revuelo, ya hay un coche que nos escoltará —eso último le sonó a amenaza a la joven Hyuuga.
• o •
Zabuza había conducido por cerca de media hora y para ese entonces Hinata tenía claro ya el lugar al que se dirigían. La mansión Hyuuga. Sus nervios habían dado paso desde minutos atrás a la indignación. El vestido de tirantes morado dejaba ver la tonalidad rojiza que el agarre de Zabuza dejó en su brazo y para entonces esos detalles a Hinata ya no le importaban.
Antes de llegar vio a lo lejos el coche de Neji ingresando a la mansión. El portón eléctrico ni siquiera se cerró permitiéndoles entrar de inmediato. Cuando el auto que la llevaba y el que los seguía se estacionaron, Neji estaba de pie esperándolos en los escalones que llevaban a la puerta principal de la mansión.
Zabuza bajó a abrirle la puerta, pero ella lo hizo primero. Sus pasos molestos fueron directo a su primo.
—¿De verdad me trajiste aquí?
—Sí, eso parece.
Hinata sonrió con ironía mientras buscaba entrar a la casa.
—Espere un momento. No crea que por estar aquí algo ha cambiado— él la tomó del brazo y lo notó maltratado. Una mirada molesta fue dirigida de inmediato a Zabuza.
—Quiero ver que lo demuestres —la voz molesta de Hinata recuperó su atención—. Todos en esta casa saben quién soy yo. Estoy ansiosa por ver cómo los haces pasar sobre eso— dijo y soltándose, avanzó adentro.
Neji resopló molesto y la siguió de inmediato.
Hinata iba escaleras arriba cuando Hanabi bajó corriendo, paralizándolos.
—¡Hermana, Neji! ¡Qué alegría verlos aquí!
Hanabi saltó sobre Hinata justo cuando ésta permanecía de pie en el descanso. En un vistazo fugaz, la peliazul se percató que el castaño no parecía tener idea de la presencia de la menor.
—Pero, ¿qué hacen aquí? Papá aseguró que ustedes desconocían de su estadía en la casa.
—Quieres decir que ¿Hiashi sama está también aquí?
Hanabi asintió con entusiasmo, pero su sonrisa aminoró de a poco —Ahora está mejor, pero no la ha pasado bien.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Hinata.
—Escuchen bien, esto es serio. Papá tuvo problemas con ciertos asuntos de trabajo, creo que ha estado bajo demasiado estrés. Él estaba de paso en el instituto por una pelea que tuve, se disponía a ir al aeropuerto de vuelta a China cuando sufrió un pre infarto —explicó y vio los rostros de consternación de los otros dos—. Está en reposo y medicación, según entendí, planea incorporarse pronto al trabajo, aunque no se lo recomiendan.
Hinata volteó a ver a Neji y éste había recuperado su semblante endurecido.
Hanabi volvió a sonreír —No sabes lo que tuve que contenerme para no contactarte y contarte todo— dijo viendo a su hermana —. ¡Pero esperen a que papá sepa que están aquí! ¡Le daré la noticia y les avisaré para que suban a verlo! —explicó mientras subía —. Aunque creo que estaba durmiendo.
Cuando ambos se quedaron solos, Hinata comenzó a bajar.
—¿A dónde va?
—Saldré de aquí.
Neji la siguió —Ni se le ocurra hacer alguna estupidez o me obligará a contarle todo a su padre.
—¿En serio? Quiero ver que lo hagas. Ni tú eres tan ruin para hacer tal cosa en su condición.
—Pruébeme. Él entenderá por qué lo hago— advirtió Neji.
Ambos se vieron a los ojos dispuestos a atacar al otro.
—¿Y cómo explicarás que me has tenido secuestrada? ¿En serio nunca preguntó siquiera por mí? ¿Le dirás de su nieto y que has planeado deshacerte de él? —Neji endureció la mirada —. Me gustaría mucho verte decirle que te has atrevido a tocarme sin mi consentimiento y que planeas seguir haciéndolo.
—¿Y cómo explicará usted que lleva un bastardo del tipo que la violó? —tiró de ella al tomarla del brazo —Su padre la aborrecerá.
—Le explicaré como he intentado hacerlo contigo desde hace mucho, y si es necesario, estoy dispuesta a perderlo todo, no me importa. Papá y tú podrán aborrecerme, pero recuerda algo: yo puedo quererte mucho, puedes ser mi primo, ese hijo que papá deseó tener, su orgullo, aun así, yo sigo siendo Hinata Hyuuga, su hija por sangre. Y no vas a encerrarme más.
Hinata terminó de bajar las escaleras y abrió la puerta principal. La alta figura de Zabuza apareció de inmediato enfrente.
Cuando ella pretendió pasarlo de largo sin dirigirle la palabra, éste la tomó del brazo con fuerza. Neji vio desde las escaleras todo.
Hinata, movida por la adrenalina que venía haciendo estragos en ella, lo vio a los ojos. El hombre era intimidante con esa sonrisa puntiaguda.
—Vuelva a ponerme una mano encima y le aseguro que la policía encontrará muy interesante sus nuevas actividades.
Él no la soltó y volteó a ver a Neji. Hinata hizo lo mismo y ambos vieron al castaño asentir una sola vez. Zabuza la soltó y ella se encaminó escaleras abajo. Con las llaves puestas en el auto de la compañía, ella solo tuvo que encenderlo y evitar el auto de Neji para salir de ahí. Las rejas se abrieron dejándola pasar y hasta entonces Hinata experimentó un temblor en todo su cuerpo, sus ojos debieron mojarse porque su visión se distorsionó suavemente.
• O • O • O •
La prisa y nerviosismo con los que Hinata llegó al departamento de Sasuke desaparecieron al no encontrarlo. Sin querer descubrir si la habían seguido, se negó a bajar. Afuera estaba lloviendo y su ropa estaba ligeramente mojada al no haber encontrado un cajón de estacionamiento cercano.
Estaba sentada y recargada en la puerta, se abrazaba las rodillas mientras sentía las garritas de Gato jugando con su vestido. Le acarició una manita y éste buscó rasguñarla. Los ojos de Hinata se mojaron.
«¿Dónde estás, Sasuke? Aparece ya».
Estaba anocheciendo y temió por primera vez no encontrarlo ahí. Cuando preguntó por él en el hospital y le avisaron del alta, dedujo que estaría en su apartamento, pero estaba pensando seriamente en que se había equivocado.
Las puertas del elevador sonaron y como lo había hecho las últimas tres veces, volteó de inmediato a ver. Esta vez no era ningún inquilino que la miraría extrañado. El corazón le latió en la garganta y la humedad en sus ojos incrementó.
Gato sacó más su mano bajo la puerta tratando de alcanzar el vestido de Hinata cuando ella se puso de pie.
Sasuke había ido buscando a Hinata y tras no encontrarla pretendió volver con Neji, pero desistió. Si volvía a verlo le rompería la cara y bastante le había costado no hacerlo la última vez. Había paseado por la ciudad hasta agotar la gasolina del auto y había optado por caminar más de dos horas para matar su frustración.
Sus ojos buscaron su puerta por mero instinto, no le emocionaba regresar allí.
Cuando en lugar de encontrar un corredor vacío se encontró con la figura delgada de Hinata levantándose del suelo, detuvo sus pasos. Las puertas del elevador se cerraron tras él. La Hinata que le mostraban sus ojos estaba sonrojada, casi a punto del llanto, cuando ella se llevó una mano a la boca y batalló para dar más de cuatro pasos con firmeza al acercarse, Sasuke corrió a ella.
Sus pechos chocaron con un sonido firme. Los brazos de Hinata se enredaron con fuerza en el cuello de Sasuke y los de él en la cintura y espalda. Sasuke notó su delgadez y apenas una protuberancia dura bajo su ombligo. Hinata metió sus dedos en el cabello negro y mojado y Sasuke la escuchó jadear, llorando.
—Por Dios, Sasuke, te extrañé tanto. —Saberlo sano y ahí, formó un nudo en su garganta que incrementó sus ganas de llorar.
—Estás aquí. — Él acarició su rostro y vio sus lágrimas y su sonrisa. El vacío en su pecho se llenó de a poco y la necesidad de protegerla se multiplicó. Agradeció a todas las deidades por tenerla ahí. Pegó su frente a la de ella mientras lo hacía.
Hinata vio con tristeza las ojeras bajo los ojos negros y su piel descolorida. Le acarició la barba de varios días y buscó besarle los labios. Sus labios temblorosos se encontraron con los secos de Sasuke en un contacto sutil, hasta que él la tomó de la nuca y descargó su necesidad de ella en ese beso.
—Por Dios, estás aquí —el pecho ancho subió y bajó al respirar agitado.
Hinata estaba temblando sin poder creer que estaba finalmente con él. Siguió acariciando su rostro, maravillándose de cuánto le gustaba y lo feliz que la hacía. Le sonrió, sus ojos siguieron húmedos.
—¿Estás bien? —susurró en sus labios.
Él asintió —¿Y ustedes?
Ella se rio, aunque bien pudo llorar —Estamos bien, Sasuke. Estamos bien. — En cuanto Hinata respondió, Sasuke la apretó fuerte contra él para que no viese sus ojos mojados.
—Voy a encargarme a partir de ahora— susurró contra su cuello.
El corazón de Hinata que desde hacía mucho latía doloroso, esta vez lo hizo envuelto en una sensación de calidez. Pegó su pecho más cuando enredó sus piernas en él y, al sentirlo respirándole en el cuello, otorgándole una sensación de confort, creyó percibir el corazón de Sasuke golpear fuerte y al mismo ritmo que el suyo.
Por primera vez en lo que le pareció mucho tiempo, sintió a su hijo seguro en medio de ambos cuerpos.
Continuará…
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¡Hola!
Gracias por leer. Lamento el tiempo de la demora, pero, como notarán, estamos finalizando el fanfic, así que tengo que intentar cerrar todo poco a poco.
Espero la historia les siga gustando. Gracias por la paciencia y por todo el interés que muestran, adoro eso.
Me paso rápido a los comentarios:
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Mil gracias.
•A la niña que me dejó un mensaje diciendo que la pasa mal: espero las cosas hayan mejorado. ¡Mucho ánimo!
*Lamento no poder responder comentarios. Adoro sus análisis –esto en especial- y las teorías que tienen. Me arrancan mis sonrisas al leerlas.
*Agradezco que me digan qué les gusta y qué no. Les dije que amaríamos y odiaríamos personajes de ida y vuelta. Gracias por tolerarlo.
*Debo pedir disculpas si sintieron que en algún momento la historia se estancó, como dije, esto va saliendo sobre la marcha. Creo que en un intento por 'no volver a Hinata una histérica que pareciese enferma', terminé por hacerla demasiado permisiva con Neji. En fin, ya me daré tiempo de corregir dichos errores una vez finalizada la historia, por ahora, así la dejamos.
*En este capítulo en especial quiero agradecer mucho la visión de una hermosa niña que me ha ayudado a centrarme: JackieBar, gracias por todo.
Gracias a todas por toda la paciencia, en serio. No tengo cómo agradecer que me esperen o que vengan a decirme que están releyendo mientras esperan. Sólo se me ocurre darle un final a la historia y no dejarla botada como mera reciprocidad.
Esto es todo. Que tengan buen fin de semana.
¡Nos leemos pronto!
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1. Tokkō: Tokubetsu Kōtō Keisatsu. Policía Superior Especial. Fue una fuerza establecida en 1911 en el Imperio de Japón con el fin de investigar y controlar los grupos políticos e ideológicos que pudieran alterar el orden público. Su principal función fue ser la contraparte civil de las policías militares Kenpeitai y Tokeitai, y puede ser considerado como un equivalente al FBI de los Estados Unidos en términos de combinar tanto las funciones de investigación criminal y contraespionaje.
2. Frente baiu: Estación lluviosa del este asiático, llamada tsuyu y baiu en japonés, méiyǔ en chino, y jangma en coreano.
