•
LOS PERSONAJES DE NARUTO NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.
•
•
-48-
ACTOS DE FE II
•
•
•
El agarre de Sasuke en la cabeza de Hinata era firme, pero la forma como pasaba sus labios por su mejilla directo a los de ella, delataban el temor de que se esfumara de pronto.
—¿Cómo es que estás aquí? —susurró.
No sabía si deseaba tanto saber su respuesta como besar sus labios; los probó y soltó afirmando bien su cuerpo para mantenerla con él.
Hinata jadeó ante una vieja y conocida tensión cuando sus ojos se unieron a los negros de él. Estaban enrojecidos. Eso volvió a hacerle notar el nudo de su garganta.
Sasuke buscó resguardarla en la seguridad de su departamento mientras Hinata batallaba para sonar firme al hablarle sobre los labios.
—Neji, él me llevó de regreso a la mansión. No había forma de que pudiera permitirle mantenerme encerrada.
Sasuke aseguró la puerta para después sentar a Hinata en una de las sillas frente a la barra, recordando la fragilidad en su vientre. Durante ese trayecto Gato no dejó de hacerse notar al maullar alto, paseó por sus pies, pero esta vez fue ignorado por ambos. Sasuke pegó su frente a la de Hinata al tiempo que le acariciaba la mejilla con más fuerza de la necesaria.
—¿Tuviste problemas?
Hinata negó despacio esperando el beso que esos labios sensuales buscaron al acercarse.
—Lo siento tanto, Hinata.
Cuando él llevó la segunda mano a su rostro y la vio tan cerca a los ojos, las ganas de llorar le volvieron maximizadas. Le sonrió y cerró los ojos cuando no resistió el deseo de besarlo. Sasuke correspondió con ímpetu y pronto una mano grande bajó de su rostro a apretar su cintura. El sonido gutural de Hinata disparó una ola de calor abrazante por ambos cuerpos.
La ambición de Sasuke -que nunca menguó- de mantenerla con él, se transformó en seguridad pura: no había forma de que alguien se la arrebatara de las manos ahora. Atrajo su cuerpo al suyo y apretó tanto sus manos en él que volvió a escucharla gemir. Hinata, jadeante, se abrazó a su cuello y separó sus labios cuando la lengua de Sasuke la invadió. Mezcló sus dedos en el rebelde cabello y, mientras lo atraía a ella, reconoció que el sabor a alcohol antes común en él, ahora era reemplazado por sabor a menta; pese a ello, la voracidad del beso era mucho más grande de lo que recordaba. En esa figura desgastada que la besaba y le apretaba el cuerpo podía sentir al antiguo Sasuke más vivo que nunca. Hinata disfrutó su contacto y fuerza cuando le separó las piernas, él se inclinó sobre ella obligándola a apoyarse contra la barra. La excitación en forma de agua caliente que resbaló por su cuerpo le nubló tanto la razón como ya lo hacía con él.
Él dejó sus labios con un jadeo ronco.
—Te extrañé tanto —le dijo. Su aliento caliente en el oído la estremeció completa. Hinata se percató de la forma en que sus pezones sobresalían sobre su vestido y de pronto encontró inmoral la posición en como ambos se encontraban; ella, con sus muslos expuestos.
Los labios húmedos de Sasuke haciendo contacto con su cuello volvieron a sumergirla en la pasión que siempre la haría obedecer a sus instintos. Esta vez, Hinata quiso hacerse dueña de lo que estaba sintiendo.
—Debemos hablar—susurró llevando sus manos al rostro de Sasuke, apartándolo, y disfrutando de esa nueva sensación que provocaba la barba de días.
—Sí. Después.
Él buscó de nueva cuenta sus labios, pero ella ladeó su rostro. Con un poco más de firmeza se recompuso y se levantó.
La evidente necesidad que Sasuke tenía por más contacto fue visible en la forma como la miró al notarla apartarse.
—Por favor —suplicó—. Papá está en casa.
Sasuke arrastró su cabello al llevar su mano ahí.
—Salí sin siquiera verlo. —Hinata continuó hablando con prisa—. Hanabi, que también está ahí, dijo que casi tuvo un infarto, que estaba delicado de salud y cuando ella subió a avisarle que estábamos ahí, yo solo supe que…
Él tomó su rostro y ella detuvo sus palabras antes de que se atropellaran ellas mismas. Sasuke le acarició con el pulgar una de sus mejillas y Hinata buscó calmar la ansiedad que parecía querer regresar.
—Él no lo sabe— le dijo, tranquilizándose.
Sasuke frunció el ceño —¿Qué te hace suponerlo?
—De saberlo me habría mandado llamar.
—¿Y si fue por eso que enfermó? ¿O si fue por eso que te llevaron ahí?
Ella negó con firmeza —Lo dudo. Mi hermana dijo que había sido por problemas de trabajo. ¿Tú no sabes algo de eso?
Él negó. Sasuke había tenido poco o nulo contacto con el mundo empresarial desde que ella se fue.
Hinata tuvo un estremecimiento cuando Sasuke se recargó en el respaldo del sofá y la abrazó desde su espalda. Se apoyó en él y su calor se sintió bien. Guardó silencio permitiéndole meditar las cosas. Su corazón latía más de prisa que el de Sasuke, o esa impresión le dio al sentirlo en su espalda.
—Quédate aquí —dijo, queriendo besar su cuello.
—¿Qué? ¡No! —Ella se apartó y giró para verlo a la cara y Sasuke no hizo mayor intento por impedírselo—. A estas horas papá ya estará preguntándose en dónde estoy.
—No me refiero a eso, Hinata. Hablo de que te quedes aquí, conmigo. No regreses nunca.
El pecho se le apretó más de lo que creyó cuando no vio rastro de broma en los ojos negros.
—No puedo hacer eso.
—¿Por qué no? ¿Qué mejor opción tenemos?
—No lo sé, Sasuke. Vine aquí porque… —dijo y comenzó a respirar con agitación, nerviosa— porque creí que… yo necesitaba…
Él la tomó por la nuca y la pegó en su pecho. Hinata se quedó quieta ahogando sus ideas.
—Lamento haberlo arruinado así.
—Cielos, lo sé. —Apretó sus manos en su camisa—. Ahora solo debemos solucionarlo.
—¿Crees que Neji le diga? —Bajó su mirada a ella, pero Hinata seguía pegada a su pecho— Mírame. —Le alzó el rostro—. Necesito saber si quieres estar conmigo.
—¡Por Dios! ¡Por supuesto que sí!
—Entonces tienes que ser consciente que esto es muy difícil. Estoy dispuesto a perder todo por ti, pero no puedo garantizarte que tú no tengas que hacer algo parecido.
Ella perdió el aliento mientras lo veía. Tragó con dificultad.
—No creo que Neji le diga nada— dijo luego de un segundo. A decir verdad, quería creer eso.
—¿Qué te hace estar tan segura?
—Pudo haberlo dicho antes, no lo sé. Además, de haberlo hecho, ya habría venido medio equipo de seguridad a tumbar la puerta desde hace horas.
—Hace unas horas hablé con él.
—¿En serio? ¿Y de qué hablaron?
—Sé lo que planea. —Hinata enmudeció ante su atenta mirada—. Todo.
—Él…
—No importa lo que piense, ni lo que quiera. No hará contigo nada que no desees.
—No creo que de verdad lo intentara —dijo y, sin querer que los ánimos subieran, omitió lo ocurrido días atrás—. Neji cree entender las cosas y se ha hecho ideas erróneas, sin embargo, dudo mucho que lo que pretenda sea lastimarme. La prudencia que ha mostrado no me deja pensar lo contrario.
—Eso no fue lo que me dijo —debatió sujetándole el rostro cuando ella quiso ladearlo—. Debes dejar de creer que todos son buenas personas. ¡Con un demonio, Hinata! Debiste haberlo hecho desde hace mucho tiempo atrás.
—¡Deja de decirme lo que debí haber hecho! Neji no deja de repetirme lo que tuve que hacer y qué no hacer—Ella se zafó de su agarre y se apartó unos pasos—. Todos cometimos errores, Sasuke, y venimos lidiando con las consecuencias. Tú y yo lo hemos hecho desde hace más de un año y, cabe mencionar, que no estaríamos así si lo hubieses callado.
Un peso cayó sobre él cuando vio a Hinata con los ojos aguados darse media vuelta, escondiéndose de su mirada. Quiso acercarse, pero, frustrado, prefirió arrastrar su cabello y ver al suelo comprendiendo que lo mejor era no hacerlo. Ella tomó aire y luego estuvo lista para volver a verlo. Él tragó pesadamente al enfrentarle la mirada.
—Que lo haya arruinado una y otra vez, no hará que ahora me permita verte haciendo algo que no deseas.
Ella apretó sus manos en puños —No voy a hacer lo que no deseo. Estoy lista para dar la cara y defender lo que quiero. —Sus ojos siguieron viéndose húmedos—. No estoy ni cerca de aceptar que alguien más me diga lo que tengo que hacer.
Los ojos negros de Sasuke bajaron del rostro de Hinata al vientre casi plano cubierto por la fina tela de su vestido.
Ella se acercó despacio sin saber si se había molestado, pero cuando Sasuke abrió los brazos y la afianzó contra él, Hinata sonrió sintiendo arder sus ojos.
—Lo siento. Sé en la situación en la que te pongo, pero… —habló contra su cuerpo.
—Es tu familia —dijo él acariciándole el cabello. El rostro de Hinata descansaba sobre uno de sus hombros—. Lo entiendo. No tienes que pensar que hay algo que tengas que ocultar. Mírame. —Ambos parecieron agotados a los ojos del otro—. No temo a nada que pueda pasarme. He estado dispuesto a pagar por cualquier mala acción que haya cometido. No estoy pensando en mí. Mi única preocupación eres tú… y eso dentro de ti.
Ella hizo un puchero cuando las lágrimas quisieron ganarle, y cuando se abrazó a su cuello una risita se le escapó. Pensando seriamente que Sasuke estaría por creerla loca, le besó el cuello.
—No pretendo que nos acepten —le dijo acariciándole el pelo—, pero siguen siendo mi familia. No estaría satisfecha si no lo intentara.
—Lo sé.
Sasuke sonrió con menor ánimo preocupado por ella, le acarició la espalda revolviéndole el cabello. Si eso necesitaba Hinata, eso le daría, aunque no le gustara.
Luego de un momento en que ella estuvo repartiendo besos por su cuello, finalmente se apartó para verlo a la cara.
Él le sujetó con firmeza el rostro —Si te arrepientes o algo no sale como esperas, cuentas conmigo. No es así como quería hacerlo, pero, vivamos juntos. Trabajaré para ambos sin importar quienes se opongan. No lo sabes, pero, aún conservo parte de la herencia que me dio mi abuelo y, entre otras cosas hay una casa a las afueras de la ciudad —hizo una pausa—, necesita arreglos, es seguro, pero es un lugar donde comenzar. Está a media hora de la facultad, podrás estudiar antes y después de dar a luz si lo deseas.
Los ojos de Hinata se enternecieron al verlo mientras él continuó hablando:
—Aun cuento con trabajo con Itachi y mis propios ahorros, así que estaremos bien.
Ella asintió sonriendo —Lo sé.
Sasuke le besó la frente revolviendo su flequillo.
—Cásate conmigo —pidió.
Hinata sonrió aún más y dos lágrimas traicioneras se asomaron por sus ojos antes de que Sasuke le besara los labios despacio. Disfrutó ese beso como pocos. El sutil contacto de sus labios y la forma como esperaba más la volvía altamente receptiva. Para cuando él le tomó el rostro y se inclinó sobre ella, exigente, los pechos de Hinata ya estaban endurecidos. Todo su cuerpo se perturbó por el tacto duro de esas manos grandes.
Sasuke se levantó de ese respaldo y caminó contra ella, haciéndola retroceder.
—Duerme conmigo —pidió entre besos.
—Ah. No, no puedo —Hinata quiso apartarse de sus labios, pero él lo impidió. La dirigió a su habitación.
—No pienso ceder en esto —advirtió cuando cerró la puerta, dejando al curioso gato que se acercaba tras ellos.
—Sasuke, no, por favor —susurró cuando él bajó el cierre de su vestido.
Hinata cerró los ojos cuando él le mordió el cuello e hizo resbalar su vestido por sus hombros. Con Sasuke succionando justo en su punto débil y abrazándola contra él, su ya poco raciocinio terminaba de morir. Arrugó su camisa cuando él la recostó sobre su cama desordenada.
La firme decisión que Hinata tenía de defender lo que quería ante su familia, la hizo permitirse ceder ante Sasuke, por eso cuando se posó sobre ella sonrió pretendiendo que no lo notara al ladear su rostro.
Él volvió a besarle el cuello y el rastro de sonrisa fue cambiado por un gesto de puro placer. Las manos delgadas arrugaron la camisa gris y gimió por él.
La cama de Sasuke estaba desordenada y había ropa tirada en el suelo, así como restos de cigarros deshechos que él en un momento de debilidad había intentado fumar, pero Hinata no lo notaría, menos, cuando Sasuke le separó las piernas y reclamó su lugar en medio de ellas.
Él dejó su cuello y fue por sus labios. La fuerza del beso hizo que Hinata se hundiera en el colchón, pese a ello, él cuidó de no presionarse demasiado contra la protuberancia apenas perceptible de su vientre.
Se levantó de ella extasiado. Su miembro bajo su pantalón estaba tan duro que la presión en su ropa era mucha. Estando entre sus muslos, Sasuke la atrajo de la cadera y así acostada, pegó su sexo al de ella.
—Vas a tener que soportar esto —le dijo notando un sonrojo y su agitación.
Habían pasado semanas enteras sin poderla tener, desesperado por ella. En esta ocasión, la desesperación física sobrepasó por mucho el sentimiento genuino de preocupación que nunca lo abandonó. Su cuerpo estaba duro y ardiendo. Notó los ojos de Hinata angustiados cuando se unieron a los suyos.
—¿Tú estás bien? ¿No arruinaremos algo? —preguntó ella.
Sasuke sonrió con malicia, y tuvo la sensación que había pasado mucho desde la última vez.
—La única forma como podría arruinarme es si no lo hago —le respondió.
Hinata se quedó sin habla y pronto no hizo falta cuando Sasuke buscó de nueva cuenta sus labios. Una mano fuerte resbaló por su hombro mientras se negaba a dejar sus labios, acarició uno de sus senos y parecieron disfrutarlo al apenas separar sus labios. Hinata quiso detenerlo y decirle algo, pero Sasuke le tomó las manos y las llevó sobre su cabeza; las sujetó con firmeza y se levantó un poco para no lastimarla. La vio a los ojos.
—Creí que no volvería a verte —dijo Hinata finalmente—. Neji dijo tantas cosas. Cosas horribles que seguro muchos más podrían pensar. —Sus ojos se mojaron.
Sasuke tragó pesadamente.
—Pero no logró hacerte dudar de nada.
Le negó y sus ojos brillaron —En absoluto.
—¿Segura?
La sonrisa que le dedicó fue más marcada y los ojos violáceos brillaron por la ternura que le provocó su inseguridad. Sasuke le dedicó una sonrisa torcida muestra de la complicidad que nuevamente surgió.
—Te amo —soltó mientras le mordía el cuello delgado.
Hinata cerró los ojos y se arqueó contra él, disfrutándolo y ansiando más del contacto que le quemaba la piel. Sasuke mantuvo sus manos sujetas con una sola de las de él y resbaló la otra por su cuerpo; tocó despacio sus curvas notando mayor delgadez. Dejó la preocupación para después mientras la probaba y deslizaba por sus piernas las bragas. El vestido de Hinata ya estaba enredado en su cintura.
Cuando estuvo de nuevo entre sus muslos la embistió varias veces. El calor volvió a recibirlo y aunque no pudo sentirlo, estuvo seguro de su humedad al percibirla tensa, receptiva y ansiosa. Sin poder soportarse más llevó sus manos a su espalda y arrancó su camisa pasándola por su cabeza, desabrochó el cinturón y después hizo lo mismo con su pantalón.
Hinata tuvo que cerrar sus párpados ante la negra mirada de Sasuke pendiente de ella, mientras sacaba su miembro. Cuando sintió su pene apretarla buscando entrada un gemido se le escapó presintiendo el placer que eso iba a causarle. Sentir a Sasuke llenándola de a poco rebasó sus sentidos. Un cosquilleo adormeció su cerebro y multiplicó las sensaciones en su cuerpo. Su piel se erizó. La penetró despacio, centímetro a centímetro. Casi contuvo la respiración para disfrutarlo. Su cuerpo volvió a abrirse para él, apretándolo, dándole cabida y sus pezones se endurecieron cuando lo escuchó gruñir en su oreja.
El cuerpo enorme de Sasuke posado sobre ella pareció cuidarla. Él jadeó cuando se quedó quieto en su interior y volvió a embestir para adentrarse a profundidad. La escuchó quejarse, pero enseguida Hinata le besó el cuello; lo disfrutaba. La sangre en él ardió todavía más y no pudo encontrar forma de permanecer quieto. Salió de ella casi completamente y entonces volvió a embestir. Se apartó para no lastimarla con su peso, pero sus embistes se hicieron insistentes y certeros. Movió el cuerpo de Hinata con el de él, arrancándose, a ambos, gemidos y jadeos. Sasuke comenzó a sudar y liberó las manos de Hinata; ella quiso abrazarlo, pero él se dedicó a bajar los tirantes de su sostén por sus hombros exhibiendo así el par de senos de la Hyuuga. Los acarició y disfrutó aún más estarla penetrando.
—Hinata.
Bajó a besar sus senos y jadeando, también besó su cuello. Ella se tensó arqueando su espalda. Sasuke no dejó de besarla, buscó sus labios y los devoró siendo correspondido por Hinata que le acarició el rostro; él tuvo que dejar de probarlos por falta de aliento. Siguió penetrándola una y otra vez. Los jadeos chocaron mientras ambas miradas suavizadas hacían contacto.
Viendo esos ojos claros humedecidos verlo con ternura, Sasuke reconoció que en momentos de debilidad creyó que podía no volverla a ver. Regresó por sus labios en besos suaves entrecortados, sus embistes cambiaron de ritmo a unos largos y profundos; todavía sintiendo su corazón golpear con fuerza quiso reconfortar cualquier duda o temor que pudiese esconderse dentro de ella. Con menos esfuerzo físico, se dedicó a besarle los labios de forma profunda; tomó su rostro y hundió su lengua en ella, Hinata gimió y él absorbió su vibración. Para el momento en que él tuvo que deshacer el beso, las miradas volvieron a encontrarse. Sasuke le sonrió y notó aún más calidez emanando de los ojos Hyuuga; le dejó un nuevo y corto beso antes de retomar el ritmo que necesitaba para acercarlos a la cúspide del placer.
Sasuke llevó las piernas de Hinata a sus hombros y bombeó contra ella con fuerza. Las manos femeninas se aferraron a las mantas que tenía cerca y soportó el placer creciente. Antes de cerrar los ojos se llevó la visión de las abdominales largas y marcadas de Sasuke que se extendían desde ese punto donde ambos eran uno, y llegaban casi a su pecho agitado. El pelo negro escurría por su rostro y verlo envuelto en placer no hizo más que avivar el suyo, tensando todo en esa zona donde él no dejaba de empujar.
Creyó no soportarlo más cuando Sasuke se inclinó sobre ella, apretándole los muslos con sus manos, y lo hizo tanto, que sus nudillos emblanquecieron. Las rodillas de Hinata estaban casi en sus mejillas y el rostro de él tan cerca que cada exhalación le golpeaba la piel caliente. Su cuerpo se movió con él. Cada empuje la arrastró más al abandono de su propio ser y que su garganta le quemara nunca se sintió mejor. Reconoció su clímax cuando un cosquilleo caliente comenzó a surgir desde su centro y pronto una vorágine de esa sensación la golpeó completa. Gimió. Vibró fuerte. Y, en medio de ese aturdimiento, pudo sentir los embistes violentos de Sasuke no cesar; luego, calientes momentos después, lo escuchó jadear ronca e insistentemente en su oído.
Su placer no hizo más que aumentar.
Para cuando tuvo la capacidad de discernir, lo primero que reconoció fue la agitación de Sasuke sobre ella y todo el calor y sudor que emanaban. Luego los espasmos en su vientre y, también, los que provocaban en Sasuke la liberación de su esperma.
Recuperando el aliento él volvió a besar los labios de Hinata al mismo tiempo que le permitía, despacio, reacomodar su cuerpo sobre la cama. Los latidos de ambos eran desiguales mientras se calmaban. Minutos después los labios de Hinata se mostraban rojizos y adormecidos por los besos compartidos; ella acarició el rostro de Sasuke y le sonrió por enésima vez. Él salió de ella siendo consciente de la cantidad de fluidos que dejó en su interior.
Sasuke recuperó de debajo de sus cuerpos una de las mantas y aunque tenía calor, sabía que con el día lluvioso Hinata no demoraría en sentir frío, así que los cubrió.
Ella aferró la manta sobre sus senos desnudos antes de reclamar un lugar en su pecho. Al sentirla, un calor parecido a ternura llenó el tórax de Sasuke… ella se aferró a él como buscando protección y si bien él sabía que ofrecería su vida por la de ella, era justamente Hinata quien más valor venía mostrando. Esa chica había ido mucho más allá de aquella joven asustadiza que un día vio casi temblar, ante la presencia del patriarca Hyuuga, en los jardines del campus universitario. Nunca se había sentido más orgulloso. Le gustó reconocerla fuerte y que pese a ello siguiese volviendo a él.
Hinata se abrazó a su espalda y dejó su aliento y besos tibios en el pecho sudado de Sasuke. Con sus cuerpos enfriándose, ella suspiró. Él le acarició el pelo.
—Debo irme.
Él negó despacio —¿Cómo sabré que estás bien?
—Llamaré.
—No basta —dijo en voz baja, pensativo—. No voy a arriesgarme.
—Hey. —Hinata lo vio levantarse, acomodar sus pantalones y dirigirse al tocador frente a la cama. Esculcó en varios de los cajones —. ¿Qué haces?
Sasuke se incorporó y volteó teniendo en sus manos un celular.
—Esto todavía servía cuando lo reemplacé —le dijo e intentó hacer prender el aparato. Ella sonrió y se sentó sobre la cama, viéndolo—. Habrá que dejarlo cagar.
—Nadie en casa de mi padre se prestará para prohibirme nada —le aseguró—. Llamaré, lo prometo.
—Ya te lo dije: no voy a arriesgarme.
Cuando él avanzaba directo a ella, Hinata otra vez sintió un estremecimiento y ocultó esa sensación ampliando su sonrisa. Sasuke volvió a posarse sobre ella obligándola a tenderse sobre el colchón.
La vio a los ojos haciendo desaparecer la sonrisa de Hinata al ponerse serio.
Demoró unos segundos para hablar:
—Si ese bastardo intenta volver a… —Hizo un silencio— Le destrozaré la cara.
Ella sonrió y le acarició la cara —Neji no hará nada. Lo prometo.
Sasuke sonrió y negó —Eres demasiado incauta.
Hinata llevó su mano hasta su cabello, lo vio con seriedad —Lo conozco desde que nací.
—¿Y nunca te ha defraudado?
Ella hizo un silencio.
Sasuke dejó de verla a los ojos al ladear su rostro —Quisiera tener una pizca de la certeza que posees, pero me es difícil. No confiaré en él después de que te tuvo encerrada y de lo que le hizo a mi prima.
Hinata frunció el ceño —¿Qué le hizo?
Él se dejó caer de espalda en la cama y Hinata se incorporó para verlo a la cara. A Sasuke nunca le interesó meterse en asuntos de terceros, pero había hablado sin pensar.
—Naori está embarazada.
—¡¿Qué?! ¿Cómo?
—¿Nunca te lo dijo? Ustedes convivieron recientemente.
—No, ¿cómo crees? ¿Estás seguro?
—Sí. Su madre se lo ha dicho a mi padre. Salió de la ciudad.
—¿Naori se fue?
—Si lo piensas bien, ¿qué posibilidad hay de que él no lo supiese?
Hinata dejó de verlo, extrañada —Si Naori se fue, entonces ¿Neji? —susurró— No. Neji no dejaría a un hijo suyo —aseguró viendo a Sasuke a los ojos.
Él llevó sus brazos bajo su cabeza sin dejar de verla —¿Entonces planea casarse contigo y tenerla en un segundo hogar, haciendo de su hijo un bastardo? —cuestionó mordaz.
Hinata se sentó apartándose —¡Neji no haría tal cosa!
Él no dejó de verla, pero no respondió.
Ella negó despacio —Él no lo sabe —aseguró y luego de un segundo sonrió. Eso le dio un nuevo brillo de esperanza —Ahora de verdad debo irme.
• • •
Minutos más tarde Hinata estaba inclinada jugueteando con Gato antes de, de verdad marcharse.
Se levantó y llevó un mechón de su cabello tras su oreja mientras se animaba a volver a ver a Sasuke. Él, con solo su pantalón, la veía recargado en un sofá. Hinata le sonrió y Sasuke cerró los ojos resignado. Se tomó unos segundos antes de abrirlos.
Cuando lo hizo, su mirada era profunda. Triste.
Estiró su mano y la posó en una mejilla de Hinata, la atrajo a él.
—Te amo —susurró Hinata—. Me marcho.
Él tragó saliva pesadamente y no le respondió. Para cuando habló, su voz fue en extremo ronca. Ella lo notó tenso.
—Escúchame bien, Hinata —suplicó, tensando su mano en su mejilla—. No hay forma fácil de decir cuánto lo lamento. Solo quiero tenerte a mi lado. Hemos atravesado demasiado, más tú —aclaró—, y estoy convencido de que puedo hacerlo mucho mejor que hasta ahora. Te lo recompensaré todo. Haré que valga la pena. Lo prometo.
Los ojos de ella se humedecieron al asentir. Percibió la desesperación o necesidad de Sasuke por remediar y hacer las cosas bien, y eso le hizo doler al formar una sonrisa sincera dirigida a él. Un nudo cerró su garganta, pero deseó más que antes besarlo. Besarlo mucho. Y llorar.
—Eres la única parte de mi a la que no puedo renunciar. —Él bajó su rostro y le besó la frente. Ella sintió el mismo dolor que él—. Y sabes que lo he intentado.
—Lo entiendo.
—Solo quería que lo supieras.
Hinata volvió a abrazarlo —Todo será mejor.
•O•O•O•O•O•
Casi una hora después, Hinata estaba entrando en el que hasta el año pasado había sido su hogar. Había anochecido y la ansiedad que le provocó regresar fue acentuada al notar gran cantidad de autos estacionados en fila al costado de los jardines. Todos eran similares, lo notó al pasar uno a uno a su lado.
Observó todas las luces de la mansión encendidas y un mal presentimiento la hizo bajar de prisa y dirigirse a la entrada. Apretó en su mano el móvil que Sasuke le había dado una vez que cruzó la puerta, para dirigirse de inmediato con su padre.
Hinata limpiaba la fina capa de humedad provocada por la noche lluviosa mientras subía las escaleras. Una de las empleadas, Natsu, apareció y se detuvo al verla subir, ella cargaba una charola con tazas de té vacías.
—Hola, Natsu. ¿Qué ha pasado? ¿Papá está bien? —Hinata se apresuró a preguntar al verla.
—Oh, señorita Hinata. Qué sorpresa —la joven le sonrió al continuar bajando—. Nada malo, no se preocupe —dijo tranquilizándola—. Es solo una reunión con su padre.
—Pero, ¿por qué?
—No sabría decirle. Con permiso, prepararé más té.
Hinata le asintió y, extrañada, retomó sus pasos. El pasillo era cubierto por una costosa alfombra roja que en ese momento cubrió el sonido de sus pasos. Al final del pasillo estaba la habitación de su padre. La luminosidad era solo la proporcionada por las lámparas colocadas a las afueras de cada habitación. Estuvo por acercarse más, pero la puerta de la alcoba principal se abrió de golpe y de la misma forma fue cerrada.
La peliazul se quedó de pie viendo a un hombre de edad avanzada caminar de prisa y pasarla de largo sin siquiera dedicarle una mirada. Lo escuchó maldecir entre dientes y posterior a eso, lo vio desaparecer mientras bajaba. Ella volvió su atención al frente. Le pareció escuchar una voz masculina hablar alto, luego otras más moderadas. No creyó pertinente aparecer, así que decidió tomar dirección a la que alguna vez fuese su habitación.
Estaba preocupada por el movimiento inusual, pero se tranquilizaba al saber que su padre se encontraba mejor al grado de recibir visitas.
Su habitación había perdido ese toque personal luego de que se mudara, ahora parecía una más de las muchas que tenía la mansión. Guardó el móvil en el cajón de uno de los burós a los costados de la cama, luego de mandarle un texto a Sasuke y asegurarle que estaba bien, como se vio obligada a prometerle. Permaneció de pie frente al buró y sonrió al recordarlo, sabía que no respondería para evitarle problemas, pero seguro había leído ya el mensaje.
Giró su rostro. La habitación era enorme, elegante como todas, pero tenía ese aroma peculiar de un lugar por el que no ha corrido aire. Se quitó las zapatillas y colocó los pies desnudos sobre la alfombra suave. Caminó a la venta, deslizó la cortina y posteriormente el cristal para sentir el viento fresco golpearla. Se mantuvo un momento ahí, observando el jardín. Había decenas de lámparas solares encajadas en los contornos de los caminos que cruzaban los jardines, la luz de la piscina estaba ausente al estar ésta revestida de la cubierta de seguridad que cada noche colocaban. Buscó entre sus recuerdos alguno feliz de su infancia y encontró un par de Hanabi corriendo tras Neji y ella preocupada porque algo pudiese pasarles, u otros de risas y correteos alrededor o dentro de esa piscina antes de ser remodelada.
Sonrió con nostalgia.
Hasta ese momento siempre se había sentido satisfecha, había aprendido a añorar y resignarse desde la muerte de su madre y se había acostumbrado. Llegó a considerarse feliz pese a su estricta educación y lo distante de su padre. Pero ahora estaba embarazada y no podía imaginar a un hijo suyo siendo expuesto al estricto yugo familiar. Además…
«Neji.»
Él también sería padre.
La puerta se abrió de golpe.
—¡Hinata! ¡Estás de vuelta, qué bien! —Hanabi corrió directo a ella luego de cerrar de un portazo —¿Qué pasará? —preguntó, e inconscientemente volteó en dirección a la alcoba de su padre.
—No lo sé, recién llegué y vi al señor Tatsumi salir furioso.
Hanabi hizo una mueca antes de resoplar —Ese anciano amargado y atenido.
—Hanabi.
—¿Qué? Papá siempre lo dice.
Hinata prefirió no seguir por ahí —¿Hace mucho que han llegado?
—Casi inmediatamente desde que te fuiste —informó.
—¿Y Neji?
—Ah, él entró con ellos. Sabes que papá lo considera su sucesor y, sea lo que sea que esté pasando, los ancianos con él, también lo ven como tal.
Hinata mordió el interior de su mejilla al cavilar. Hanabi había dicho «los ancianos», entonces no era más que el consejo Hyuuga haciéndose presente. Cerró los ojos preguntándose cuán serio era lo que estaba pasando para tener al consejo en casa.
La mayor salió de sus pensamientos cuando Hanabi la jaló.
—¿Escuchaste eso? —preguntó la castaña y no se detuvo hasta asomarse por una rendija al abrir apenas la puerta —. ¡Oh, mira! Se están yendo.
—Sí, eso veo —susurró Hinata y ambas se asomaron con más confianza cuando el pasillo se quedó finalmente solo.
—¡Ven! Vayamos con papá.
A Hinata le hirvió el estómago de ansiedad —Aún puede haber alguien más con él.
—Lo dudo. Esos ancianos parecen la inquisición, siempre en grupo.
—Neji aún no ha pasado.
Hanabi hizo caso omiso a sus palabras y no detuvo sus pasos hasta que una voz en el interior la obligó a hacerlo.
—La decisión del consejo es irrevocable: o remedian la situación, o se disolverá el acuerdo. Los daños serán absorbidos por la familia principal, desde luego.
Hinata volteó a ver a Hanabi cuando ésta, inconscientemente le apretó la mano al escuchar eso.
—No pueden hacer eso. —Esta vez fue la voz de Neji la que resonó—. Es solo un mal paso luego de décadas de abundancia para ustedes.
—Para todos —aclaró fríamente el hombre desconocido.
—Lo resolveremos —aseguró con fastidio Neji.
La habitación se quedó en silencio y ambas hermanas voltearon a verse.
—Vámonos —dijo Hinata.
—¡No, espera! —Hanabi la detuvo y cuando la otra quería jalarla, la puerta se abrió. Ambas se enderezaron al verse sorprendidas.
Un varón apuesto, joven, de piel pálida y albino se detuvo al casi chocar con Hinata. Ella perdió el aliento. Los ojos de la familia le resultaron familiar en él, pero éstos eran de una tonalidad casi azul. El joven le sonrió y ese gesto le resultó ofensivo a Hinata después de lo que le escuchó decir. Hanabi se posó a su lado, ganándose una mirada fugaz del chico que de inmediato se fue.
Neji, que había salido a asomarse solo para estar seguro que Toneri se hubiese marchado, se encontró con sus primas de pie frente a la puerta.
—¿Qué hacen aquí?
Hanabi abrió los ojos sorprendida, pero se recompuso de inmediato. No notó la forma como su primo y hermana se miraban.
—¿Qué hacía ese galán aquí? —se burló.
—Vuelvan a sus habitaciones —respondió y luego centró su atención en Hinata—. Cuando la servidumbre se desocupe subirán su equipaje de vuelta a su habitación y harán su cama. Descansen.
Hanabi se quedó en silencio por el poco humor de su primo ante su broma y Hinata demoró dos segundos en hablar:
—En realidad quiero ver a mi padre.
—No es el momento —respondió Neji con voz dura—. Él no se encuentra muy bien.
—Por eso —Hinata intentó pasarlo de largo, pero él la detuvo al tomarla del codo.
—Insisto —dijo y la vio a los ojos. Neji endureció su semblante, casi podía oler a Sasuke en ella y eso revivió su molestia.
Hanabi, que se había asomado, entró sin prestarles mucha atención al ver a su padre toser.
—Voy a entrar —aclaró Hinata, manteniendo el cruce de miradas tenaces.
Cuando ella tiró de su brazo, Neji no tuvo más opción que dejarla seguir. Conforme ella se adentró, en él creció la frustración que desde horas venía acumulando.
El pequeño sabor a victoria en los labios de Hinata se desvaneció al observar a su padre tendido en cama. Sus pasos se detuvieron solos cuando Hiashi Hyuuga volteó a verla. Hanabi estaba a su lado ofreciéndole un vaso de agua que este rechazó.
Él lucía apagado, incluso parecía haber envejecido quince años desde la última vez que lo vio; estaba lejos del hombre recio que imponía con su sola mirada.
—¿Cómo te sientes, papá? —Hanabi dejó el vaso servido sobre el buró. A Hinata le llamó la atención la forma como ella lo procuraba. Su hermana nunca había sido así, por lo que dedujo que Hanabi realmente debió preocuparse cuando su padre enfermó. Sintió pena por ella.
—No se suponía que ustedes estuvieran aquí —soltó Hiashi sentado sobre su cama. Apoyó su espalda contra la cabecera al ver a Hinata, luego a Neji.
—Lo mejor es que descanse —dijo Neji al acercarse unos pasos, manos en los bolsillos. Ahora que Hinata lo veía bien, él también parecía agotado.
—¿Te encuentras bien? ¿Qué fue todo eso? —preguntó Hinata de pie.
Hiashi pasó de la primera pregunta al voltear a ver a la puerta —Eso fue el grupo de inútiles para los que trabajamos.
Hinata sintió un escalofrío al escucharlo hablar así, resentido. Hanabi sonrió y Neji solo guardó silencio.
—Hinata dijo que vio al señor Tatsumi salir hecho una furia, ¿qué ocurrió? —preguntó Hanabi sorprendiendo y avergonzando a su hermana.
Hiashi resopló y resbaló un poco su cuerpo sobre la cama.
—Esos desgraciados exigen mi cabeza.
—Eso no pasará —aseguró Neji.
El patriarca Hyuuga endureció su semblante y su mirada se fijó en un punto frente a él —Tantos años de trabajo. Ha sido mi familia quien les ha dado de comer por décadas enteras, sin que suden una sola gota.
Escuchar eso hizo que Hanabi y Hinata se voltearan a ver, luego, esta última volteó a ver a Neji. Él observaba a su tío con una expresión tan seria que ella no pudo adivinar qué estaba pensando.
—No entiendo, ¿desde cuándo es tan importante el consejo? Según recuerdo la presencia de ellos en los negocios es de menos de la mitad.
La mirada de los tres cayó sobre Hanabi.
Hiashi no respondió y los otros dos que entendían prefirieron no hacerlo.
—¿Hay algún problema grave? —preguntó Hinata haciéndose con la atención de su padre. Su mirada seca y fría no le dijo mucho.
Ante el nuevo mutismo del mayor, Neji fue quien habló:
—No. Solo un asunto que intentamos resolver —le dijo—. Lo mejor será que se retiren, aquí aún tenemos asuntos de qué hablar.
Hinata asintió cuando notó que el ambiente se tornaba tenso. Hanabi llegó abrazándola.
—Vamos, Hina —le sonrió mientras la hacía caminar—. No volveré al instituto hasta dentro de unos días y como ahora tú y Neji vivirán aquí de regreso, será como en los viejos tiempos y eso me hace tontamente feliz.
Hinata estuvo a punto de aclarar que no lo haría, pero, tras voltear a ver a Neji, se percató que su única atención la poseía su padre. Por el momento soportó la sensación de pesadez de su estómago para mantenerse en silencio; además, ¿cómo explicaba sus maletas de vuelta en la casa?
• • •
—Tú también deberías irte. Tu presencia aquí no solucionará nada —soltó Hiashi una vez se quedó a solas con su sobrino.
—Estaré de regreso en la mansión hasta que lo considere pertinente —informó—. Por lo demás, ¿por qué no me había informado lo sucedido? —la mirada enervada de Neji no abandonó la presencia de su tío.
El otro emitió algo similar a una risa amarga.
—¿Y reconocer mi fracaso?
—¿Esperaba ocultarlo por mucho? —Neji enarcó una ceja.
Hiashi lo vio con furia y se puso de pie para inquietar al menor al verlo batallar.
—¡No vas a decirme tú, mocoso, qué tengo que hacer! Yo me rijo por mis propios lineamientos.
Neji solamente lo vio. A Hiashi le tembló la mano al señalarlo. Él parecía haber envejecido de pronto.
—No vea en mí un enemigo —dijo luego de un momento.
—Entonces no me hagas sentir inútil.
—Sabe que jamás me lo permitiría o se lo permitiría a alguien más. Es usted quien ha hecho que la familia se mantenga en orden y que la empresa sea la número uno de Japón.
—Déjate de adulonerías —respondió el otro más amargado.
—Piense lo que quiera, no retiraré lo que he dicho. De cualquier forma, necesito saber cómo llegamos hasta aquí —mencionó Neji que, solemne, giró su cuerpo viéndolo acercarse a la ventana.
—Deja de preocuparte, lo resolveré.
—¿Cómo? El señor Tatsumi ha exigido tomar el frente de la compañía. En uno de los estatutos dice que…
—¡Sé lo que dicen! —interrumpió sin verlo— Mi padre y mi abuelo los redactaron.
Neji se guardó su siguiente observación para no importunarlo.
—No vas a perder esa empresa —aseguró Hiashi.
—La empresa no es mía.
—Lo es. He trabajado desde hace años para que sea lo justo.
Neji se acercó unos pasos, menos tenso —Si es ello lo que le preocupa, sepa que nunca he tenido interés real en quedarme con nada. Soy…
—Sé que eres capaz de valerte por ti mismo. Pero no debe de ser así, Neji. La empresa es Hyuuga, nuestra. Tú eres el hijo de mi único hermano y no confío en nadie más para entregarle el control de ella y el cuidado de mis hijas si no es a ti —aclaró al voltear a verlo—. Tatsumi puedo irse al infierno.
—Sí, pero no lo hará hasta que ese escándalo quede aclarado. Todo Japón estará enterado antes de terminar la semana.
Hiashi no dijo nada y volteó a la ventana a tiempo para ver como Toneri, el último de sus parientes con sangre pura Hyuuga, terminaba por marcharse.
—¿Es cierto de lo que le acusan? —preguntó Neji con cautela— ¿Fue cómplice de corrupción?
•O•O•O•O•O•
Sasuke hizo tronar su cuello en un intento por liberar tensión, luego llevó su mano a sobar su nuca. Subía hacia el cuarto piso donde Itachi compartía apartamento con Izumi. Si permanecía un momento más en su departamento no podría con la ansiedad que Hinata de regreso con su familia le provocaba; así que aprovechó que recientemente su hermano había vuelto a la ciudad para quitarse una duda.
Las puertas se abrieron y pronto se encontró llamando al apartamento.
—Sasuke, qué sorpresa —Itachi abrió segundos después—. No te esperaba y menos sin avisar.
—¿Soy inoportuno? —preguntó al verlo vestido para salir.
Itachi volteó adentro —En realidad estábamos por salir. Pero, pasa, Izumi apenas ha comenzado a cambiarse, esto le tomará tiempo. —Le sonrió.
—No quiero ser…
—Que pases, ya estás aquí. —Animó.
El menor entró echando un vistazo al siempre impecable lugar. Itachi sonrió.
—Parece que alguien hubiese trapeado el piso contigo. ¿Estás bien?
—Hinata fue a verme —dijo, yendo al grano.
Itachi alzó ambas cejas —Ah, así que fue ella —bromeó.
—Déjate de estupideces.
—Era broma, hombre, ¿recuerdas lo que es eso? —respondió sonriendo y se sentó. Lo invitó a hacer lo mismo. Sasuke demoró unos segundos en hacerlo—. Pero, volviendo al tema, ¿cómo ocurrió?
—Al parecer Neji pretendió llevarla a la mansión luego de que me presentara con él pistola en mano…
Itachi palideció —¿Qué?
—El imbécil creyó que ahí la tendría segura, pero no contó con que ella se las arreglaría.
—Espera, volvamos a lo de la pistola.
Sasuke sonrió —Hinata es genial.
—Sasuke, ¿qué pistola? ¿Qué de-?
—A lo que venía —interrumpió el menor sin pretender ahondar en lo otro—. Hay algo que quiero preguntarte.
—Sí, pero después me hablarás de ello.
Sasuke apoyó sus codos en las rodillas y lo vio a los ojos —Hinata dijo que Hiashi está aquí.
—Lo imaginé.
—Ella habló de que tienen problemas. Tantos, que su padre ha enfermado. ¿Qué sabes?
Itachi se puso serio —Hiashi está metido en uno grande. Siempre lo consideré alguien con un gran olfato, inteligente como pocos, así que me resulta sumamente extraño…
—Al grano.
—Corrupción.
Sasuke negó —No parece la gran cosa. Hasta papá podría ser un corrupto también.
—Pero no, no lo es. En este mundo lo único que tenemos es la honorabilidad. Papá puede ser tan malo como quieras, pero nadie duda de su honor. Es un hombre respetable.
—Tan respetable como un bastardo infiel pueda ser.
—Esto es serio, Sasuke —reprendió—. Como sea, volviendo al tema, Empresas Hyuuga había despuntado para ser la número uno del país en los últimos años; la constructora de papá la seguía. Ellos ya eran multinacionales a últimas fechas, nos estaban dejando de lado. China les representaba el afianzarse como una de las diez más grandes del continente y todo eso lo logró Hiashi.
Sasuke asintió —Entonces este caso de corrupción los ha puesto en la mira.
—Así es. Es un escándalo en aquél país. Hiashi pudo ambicionar demasiado para prestarse a sobornar funcionarios para obtener las obras más importantes sin siquiera licitarlas. Quiero creer en su inocencia, pero nadie está obligado a hacerlo cuando todos lo señalan.
—Porque, si lo hizo una vez, ¿quién asegura que no lo ha hecho siempre?
Itachi asintió con firmeza y se puso de pie —En este negocio, y sobre todo aquí, la reputación pesa y lo hace mucho. Ni siquiera me imagino cómo lo estará tomando el consejo.
—¿Consejo? Siempre creí que no se debían a nadie.
El mayor negó.
—No, hay un consejo. Hacen básicamente lo que cualquier otro, pero, bueno, tienen sus peculiaridades. —Sasuke lo vio con atención y curiosidad, por lo que se obligó a continuar—. El régimen de sucesión de los Hyuuga es lo más cercano a una línea sucesoria monárquica. Ha sido así por generaciones completas.
—Sí, entiendo esa mierda —dijo Sasuke—. La siguiente en la línea es Hinata, Hiashi está planeando casarla con Neji para que ambos se queden con el control de la constructora.
Itachi asintió. Era por eso que siempre le dijo que Hinata ya tenía a alguien destinado para ella, pretendiendo que su tonto hermano no se encaprichara. Suspiró. Pero no le había escuchado, y ahí estaba, desesperado por ella, a quién además había embarazado.
—Hinata siempre dijo que, si ella renunciaba, era su hermana quien ocuparía su lugar. Por eso se negaba a quedarse conmigo en un inicio.
—Sí. Y si Hiashi pretende que Neji sea su sucesor, por cómo ha estado curtiéndolo, tiene que casarlo con una de ellas —explicó—. Pero, para como están las cosas, eso es de lo que menos tiene que preocuparse.
—Explícate.
—Si la existencia de la empresa llegase a verse comprometida por la dirigencia, el consejo puede tomar acción.
—¿Cómo, despedirlo?
—No pueden despedir al cabeza de familia.
—¿Entonces?
—Solo cambiarían de línea. Él pasaría a ser uno más del consejo y se votaría por el nuevo al mando.
Sasuke lo meditó por un momento. Si eso pasaba, ni Hinata ni su hermana estaban comprometidas a nada. No le resultaba tan mala idea.
—Sé lo que piensas, pero no deberías confiarte.
—¿Por qué no?
—Porque Hiashi seguirá alegando inocencia. También conforme pase el tiempo el escandalo iría disipándose y, debes tener en cuenta, que en el consejo debe tener gente fiel. No apostaría mucho a que lo desplazaran.
—Pero puede ocurrir.
Itachi rodó los ojos —Necio.
Sasuke no dijo más. Entonces era eso lo que pasaba. Itachi había dicho que no se confiara, bien, eso haría. Se sintió satisfecho: ahora sabía dónde estaba parado.
—Y cambiando de tema un poco, ¿cómo está ella?
El menor se puso de pie con media sonrisa —Se ve… bien.
Itachi frunció el ceño al examinarlo. Sasuke le pareció menos tenso con esa sonrisa orgullosa —Su bebé, ¿sabe ya qué será?
El otro volteó a verlo. Negó, pensándolo —Hinata debe de estar de ¿quizá dos meses? No estoy seguro. Aún es pronto para saberlo, ¿no?
Itachi se rio sin pretenderlo, era gracioso ver a su malhumorado hermano confundido.
—¿Qué?
Miró hacia abajo y otra vez a él sin borrar su sonrisa —Nada. Supongo que sí.
Sasuke frunció el ceño y luego negó —Por cierto, ¿el proyecto en Fukuoka…?
—¿Estás conmigo?
El menor asintió haciendo sentir orgulloso a Itachi.
—¿Y tú proceso de rehabilitación? —volvió a hablar.
Sasuke apretó sus sienes —Estoy en eso. Mañana veré a mi psicólogo otra vez. Las sesiones son… —dijo y se detuvo—. Estaré bien, lo prometo. —Negó con el rostro y llevó su mano a apretar su nuca—. Este debe ser el menor de mis problemas. Me haré cargo.
—¿Lo llevas bien? —preguntó Itachi al volver a notarlo tenso.
—No. Es una mierda. No pensé que estuviese tan jodido.
—Debes de ser responsable, Hinata espera un hijo tuyo.
—Demonios, lo sé. Y te juro que no pienso arruinarlo —aseguró mientras se dirigía a la puerta—. Espero en mi correo los avances del proyecto —añadió y alzó una mano a modo de despedida antes de salir.
—¡Oye! ¿Y qué con eso de Neji?
Sasuke apenas se detuvo —Una tontería. Nada de qué preocuparse.
Itachi vio con media sonrisa a su hermano perderse tras la puerta y casi sintió un dolor de cabeza. Prefirió no darle demasiada importancia al voltear al pasillo que llevaba a la habitación, mientras se preguntaba cuánto más tardaría Izumi.
•O•O•O•O•O•
Las luces de la mansión se habían apagado en su mayoría. Hinata estaba pendiente del exterior, sentada sobre el marco de su ventana. Con la noche había arreciado la lluvia y ella no podía estar más inquieta; Neji no había abandonado la habitación de su padre y no tenía idea de qué pudiese ser tan importante como para mantenerlo ahí por horas.
Hinata bajó el volumen del televisor para que no interrumpiera el sueño de su hermana, ésta se había quedado dormida minutos atrás, extendida a todo lo ancho de su cama, pero eso no la molestó. Sin poder esperar más, se dispuso a ir a la habitación de su padre con la excusa de ver cómo se encontraba. Todavía no cerraba la puerta tras de sí cuando, para su fortuna o no, se encontró a Neji caminando por el pasillo.
Por dos segundos no supo qué decir.
—¿Sigue despierto? —le preguntó
—No. Me he quedado hasta verlo dormir después de que tomara sus medicamentos —respondió deteniéndose a unos pasos de ella.
Hinata se percató que marcó una fría distancia, pero la mirada penetrante que le dedicó le dijo que él no había olvidado en absoluto lo vivido en las últimas semanas.
—¿Estuvo con él?
Neji omitió mencionar el nombre de Sasuke, pero para Hinata fue claro que se refería a él.
—Sabes que sí.
Neji sonrió con una mezcla de cansancio y hastío —Sí, lo sé. Lo que no sé es qué hace de vuelta aquí —preguntó viéndola de arriba abajo—. ¿Él ha sido tan cobarde como para mandarla a usted a dar la cara?
Hinata tensó los puños.
—Estoy aquí por mi propia cuenta. Como se lo dije a Sasuke, te lo digo a ti también: no haré nada que no desee —alzó un poco la voz—. Porque amo a mi familia es que quiero ser yo quien se lo diga, no insistiré en que acepten nada, están en su derecho; pero no estaría satisfecha sin al menos intentarlo.
Neji sonrió —Vaya, casi me hace pensar que de verdad le importa.
Hinata achicó sus ojos experimentando una oleada de indignación —De verdad decidiste que no vas a creerme, ¿cierto? Es una pena, Neji, porque de verdad me importa —dijo y se obligó a ignorar el escozor en sus ojos—. Haré todo lo posible por estar bien con ustedes, pero no voy a ser yo quien renuncie a quien ama para complacer a nadie.
—Cuánta intensidad.
Ella tragó pesadamente y se giró, cansada de su ironía.
—Si ha terminado ya con necedades, hablemos —alzó la voz mientras ella se iba—. Hinata —volvió a hablarle cuando no se detuvo.
Hinata lo meditó un poco, antes de volver a darle la cara.
—No hablaré más de lo mismo contigo —aclaró.
—No es de eso de lo que quiero hablarle —dijo y le pidió entrar en su habitación.
—Hanabi está durmiendo adentro.
Neji exhaló —Hablemos en la mía, entonces.
Ella se apretó un brazo, insegura, pero terminó aceptando.
Neji encendió la luz completamente y viendo que Hinata no pensaba adentrarse más que unos pasos, él caminó hasta su viejo escritorio. En silencio, se sentó sobre él con un semblante agotado. Hinata le notó preocupación mezclada con seriedad en el rostro agachado, tal vez por eso se animó a acercarse un poco más. Se sentó en el baúl al pie de la cama, a dos metros de él.
—Lo que ocurre con papá es serio, ¿verdad?
—Más de lo que cree —los ojos astutos volvieron a posarse en ella.
—¿Compromete su salud?
—No he hablado con el médico para asegurarlo, pero, él no luce bien.
Hinata se apretó las manos y quiso ponerse en pie e ir a verlo, pero se contuvo.
—Arreglaremos su problema después —dijo él y ella quiso repetirle un par de cosas, pero Neji prosiguió—. Ahora necesito que sepa todo.
—Bien —respondió y por la forma en cómo lo miró, Neji supo que no había desistido en absolutamente nada, pero omitió el hecho.
—A su padre se le ha acusado de corromper a funcionarios en Shaanxi para hacerse con proyectos importantes.
—¡Papá no haría eso! ¡¿Cómo se atreven?!
—Lo hizo.
—¿Qué? —Hinata, que se había puesto de pie, perdió el habla.
Neji tragó ligeramente —Y no solo eso, hay investigaciones abiertas también el país desatadas por esto.
—¿Hizo lo mismo aquí?
Neji no supo qué decir; confiaba en su tío, pero, justo después de lo de Shaanxi, no podía negar nada. Hinata se pasó una mano por el pelo pensando que era probable.
—El consejo está furioso. Todos ellos —aclaró haciéndola entender lo que había escuchado—. No hay forma en que su padre salga bien librado de esto.
—¿Crees que lo encarcelen?
Él sonrió y negó —Eso no va a pasar. Ellos nunca lo permitirían.
—¿Entonces?
—Su padre ha dedicado su vida a la empresa. Perder el mando sería injusto pese a lo que haya hecho, Empresas Hyuuga es tan grande por él.
—Por corrupción —le dijo en un susurro.
El tragó saliva antes de volver a hablar —No logro entender por qué a él le importa a tal grado —dijo también en voz baja. Ambos demoraron unos segundos antes de verse a los ojos—. No va a decirle nada, ¿entiende? Y con nada me refiero a nada —aclaró—. Créame, si hay alguien a quien le tengo más lealtad que a usted, es a su padre. Y en este momento no va a soportarlo —dijo viéndola severamente. Él tenía claro que lo que seguía para Hiashi Hyuuga era una penalización, tanto económica como administrativa. Sería removido del cargo.
—No sé cómo pretendes que no lo haga. Esto no es algo que pueda ocultar por mucho tiempo —dijo ella y se puso de pie para irse.
—¿No va a cambiar de opinión pese a todo? —le preguntó incrédulo—. Él la abusó.
—¿Parezco abusada? —devolvió a cambio—. Mírame, Neji. Espero celosamente a mi hijo, y te juro que haré lo que sea para tenerlo a salvo.
Él no controló una sonrisa irónica, molestándola, pero no dijo más, demasiado exhausto como para intentarlo. Hinata avanzó a la salida.
—¿Sabes? Hay algo que está molestándome —habló ella que fue vencida por sus impulsos. Se recargó en la puerta que estuvo a punto de abrir. Él alzó una ceja, viéndola —. Y la verdad, me niego a creerlo.
—Sea clara.
—Dime que tu lealtad por mi padre y la familia no es tanta como para dejar a Naori de lado. ¿Sabías que espera un hijo tuyo?
—¿Qué?
—Porque es tuyo, ¿verdad? Ustedes dos han sostenido vida de pareja desde hace tiempo.
—¿De qué está hablando? —Neji enderezó su postura al ponerse de pie.
Hinata cerró los ojos casi agradecida —Sabía que no podías saberlo.
—Dígame de qué está hablando. Naori no puede estar embarazada —Él se le acercó. Naori no podía estar embarazada, ella se cuidaba, ambos lo hacían. Además, ella nunca dijo nada.
Al recordarlo, algo pareció caer despejando un nubarrón en la cabeza de Neji, pero se mantuvo en silencio.
—Solo digo lo que escuché. Ella se fue de aquí. Y ahora veo que fue por tu necedad.
—No diga… —se obligó a detenerse.
—Yo no voy a entregar a mi hijo a esta familia casándome contigo, mucho menos me desharé de él. Dime que no me equivoco al creer en ti, y que tú tampoco dejarías a un hijo tuyo vagando por ahí.
Neji pareció recomponerse —Yo siempre me cuidé, si Naori espera un hijo, no es mío.
Hinata solo lo vio, quiso decirle cobarde, pero desistió. Neji pudo notarlo en su mirada.
—Nadie ha visto como yo, hasta qué punto te era leal. Dudo que te haya sido infiel. Pero si ese niño no es tuyo, me alegro ahora, un bebé no debería ser engendrado por un hombre que esté dispuesto a abandonarlo.
Hinata lo dejó solo experimentando una total desazón. Neji, inquieto y más preocupado aún, repasó los últimos meses que vivió con Naori. Durante las últimas semanas habían intimado poco al estar Hinata bajo el mismo techo. Pero antes…
Él exhaló con pesadez mientras llevaba su mano al bolsillo de su pantalón. Extrajo su móvil y tras un par de movimientos de su pulgar sobre la pantalla, lo llevó a su oreja esperando obtener respuestas de la única persona que podía darlas. Aguardó unos segundos, varios tonos, pero no fue atendido. Insistió, obteniendo el mismo resultado.
Neji terminó arrojando su móvil a la cama. Pese a asegurarle tal cosa a Hinata, la verdad era que varias veces había sido descuidado.
«¿Era eso lo que querías decirme, Naori?» pensó de pie en medio de su habitación.
—Maldita sea.
•O•O•O•O•O•
Tras una noche de lluvia constante, Hinata se dio media vuelta sobre su cama, pretendiendo evitar los rayos solares que golpeaban su rostro. Se abrazó a su almohada y se hizo un ovillo para dormir un poco más, tras haber alcanzado el sueño entrada la madrugada, pero un rodillazo en su espalda la hizo quejarse.
—Hinata, me descobijas —Hanabi gimoteó.
Hinata gruñó somnolienta y luego sonrió. Había olvidado la manía de su hermana de acaparar todos los cobertores y, tras aflojar su agarre sobre éstos, la otra se enredó en ellos. La peliazul estiró su cuerpo en la cama y vio al techo tratando de concentrarse en su nuevo día. Volteó al exterior notando el cielo despejado y recordó que desde el día anterior tuvo que haber recogido sus horarios para el siguiente semestre. Estaba por levantarse cuando escuchó el vibrar de cierto aparato en su buró; se puso de pie y lo tomó con cuidado. Tenía dos llamadas perdidas y dos mensajes.
Abrió los textos mientras se dirigía a cerrar las cortinas para que el sol no molestara a su hermana.
«¿Cómo estás?» Leyó el primer mensaje enviado durante la madrugada.
«Hinata, te he estado marcando. Contesta, me pones nervioso.»
Le sonrió a la pantalla y luego comenzó a escribir.
«Todo bien. ¿Nos vemos hoy?»
La respuesta a su mensaje no tardó en llegar. Sí y dónde, le preguntó Sasuke.
Ella se mordió el labio considerándolo. Iba a decirle que pasaba por él para ir a la universidad, pero se temió que no saldrían de ese departamento si lo hacía. Así que optó por pedirle que la viera ahí.
La sonrisa de Hinata no se fue ni cuando Sasuke se negó, pidiéndole un poco de tiempo a solas. Ella se negó y luego de unos segundos, él finalmente envió el mensaje aceptando.
—Estás sonriendo como tonta, Hinata —la voz ronca de sueño de Hanabi la hizo notarla.
Mechones de pelo castaño pasaban sobre el rostro que apenas se asomaba entre los cobertores.
—Veo que despertaste.
—¿A quién mensajeabas? —le preguntó apenas incorporándose.
—Oh, es algo sin importancia —respondió y por curiosidad abrió su clóset. Se encontró con parte de su ropa ya ordenada. Volvió a sonreír.
—Eso te lo creerá alguien que no te conozca. Ya. ¿Quién era?
—Nadie.
—Hinata —insistió viéndola sacar su ropa—. ¿Vas a decirme que sigues viéndote con ese tipo?
—Me daré un baño, voy a salir —informó mientras tomaba un juego de ropa interior.
—¡Ah! ¡Hinata! ¡No puedo creerlo! —Hanabi se levantó de golpe y fue tras sus pasos— ¿En serio lo haces? ¿Qué clase de mosca te picó?
Ante la incredulidad de su hermana, sonrió —Ninguna mosca. ¿Me das diez minutos? Quiero ducharme.
—Yo entro también.
—¡Pero, Hanabi!
La castaña cerró la puerta, encerrándose con ella en el cuarto de baño. Hinata la vio en silencio.
—¿Qué? ¿No ibas a bañarte? —Hinata le reprochó con la mirada— ¡Oh, por favor! En este momento tienes más problemas que desnudarte frente a mí —dijo bajando su short y calzoncillos para orinar. Hinata se volteó para no verla, incómoda—. Ahora sí papá va infartarse.
—No bromees con eso —dijo comenzando a quitarse el vestido con el cual había dormido.
Hanabi frunció los labios antes de volver a hablar —Ojalá que fuera broma. Sabes bien lo necio que es con el tema ese de la continuidad del linaje, la empresa y eso —suspiró viendo como Hinata cubría su cuerpo con una toalla para terminar de desnudarse—. Aunque bueno, algo me dice que, sin empresa, seguro el linaje le vendrá importando un pepino, ¿no crees?
—No lo sé —dijo sin querer abordar con ella ese tema—. Pero de cualquier forma el asunto del linaje no iba a ser sostenible por siempre.
Hinata abrió la llave del agua una vez que estuvo del otro lado del cancel templado, y el vapor surgió a los segundos.
—Bueno, siempre han encontrado la forma de solucionarlo, ya lo sabemos —dijo con poco ánimo mientras se levantaba del excusado. Tiró de la cadena—. ¡Espera! —agregó en voz alta—. Eso ya lo sabías, y nunca lo habías reconocido como impedimento —recordó suspicaz—. ¿Por qué ahora sí?
A través del cristal Hanabi había visto a Hinata llevar sus manos a su cabello, facilitando al agua humedecerlo completo. Una vez que le preguntó la razón, ésta dejó de moverse. La certeza de que algo ocurría creció en la menor.
Hinata inhaló profundamente y no respondió de inmediato, en esos segundos solo se escuchó el agua estrellándose contra el suelo. Hanabi insistió en saber su respuesta y ella apretó sus párpados convenciéndose de que pasara lo que pasara, era algo que iba a saber.
—Hanabi —hizo una pausa—, estoy embarazada.
—¡¿Qué?! —ella gritó e hizo una pausa dramática para tomar aire— ¡Por Dios! ¿Qué? —sonrió y saltó en sus pies— Joder, Hinata, ¿estás loca? ¿Qué?
—¡Hanabi! —Hinata la regañó cuando corrió la puerta viéndola desnuda.
—¡Perdón, perdón, perdón! —Cerró la puerta— ¡No quise hacerlo! ¡En serio! ¿Embarazada? ¡Espera! Déjame asimilarlo. ¡Voy a ser tía! —alzó la voz.
—¿Quieres…? —Hinata se asomó por la puerta húmeda— Por favor, quieres callarte.
Hanabi alzó una mano y asintió varias veces —Embarazada, por Dios. Matarás a papá, eso es seguro.
—¡Hanab!i —Hinata le rogó para que lo tomara en serio.
—Lo siento. ¡Un hijo Hyuuga… Uchiha! —Sintió un escalofrío—. Eso es de locos, pero, ¿de qué me extraña? Desde que me quedé en tu departamento supe que lo de ustedes era más peligroso de lo que asegurabas —habló de prisa, casi consigo misma.
Hinata se ruborizó —¿Cómo? —quiso preguntar, pero se detuvo.
Hanabi rodó los —¡No soy ciega! Pude darme cuenta perfectamente cómo te miraba… ¡y cómo tú lo mirabas a él! —respiró agitada—. Es decir, sí, el tipo está buenísimo…
—¡Hanabi!
Ella la ignoró —No creí que cayeras en la tentación. ¡Y qué tentación! ¡Dios mío! —se burló— ¡Tendré un sobrino!
—Guarda silencio —suplicó—. Papá no puede saberlo. No al menos hasta saber qué tan mal está, ¿entiendes? No quiero que nada le pase.
Hanabi asintió otra vez y la peliazul volvió a cerrar la puerta para continuar con su ducha.
La menor se sentó sobre la tapa del escusado —¿Quién más lo sabe? —preguntó terminando de asimilarlo.
—… Neji.
—Mierda.
—Lo sé.
—¿Enloqueció?
Hinata entristeció, para su suerte Hanabi no pudo verla —Debiste verlo.
• • •
Momentos después, Hinata salió de su habitación dejando a una más tranquila Hanabi. De camino abajo le pareció escuchar a Neji todavía en su habitación, imaginó que hablando por teléfono. Pasó de largo sin pretender verlo luego de lo ocurrido la noche anterior.
—¡Señorita Hinata! —Natsu apareció de prisa al verla casi salir de la casa. Hinata se detuvo cuando estaba a punto de salir—. El joven Neji ha dicho que…
Ella junto ambas manos frente a su rostro a modo de disculpa —Seguro que es importante, pero tengo prisa —dijo y abrió la puerta. No quería encontrarse a Neji y que intentara impedirle salir.
—Pero, señorita. Realmente lo es.
—Debo irme, Natsu. Volveré pronto, ¿está bien? —habló de inmediato y salió apresurada luego de dejarle una sonrisa.
Esculcó entre su bolso y recuperó las llaves del auto de la empresa. Subió y encendió el mismo. Revisó el retrovisor viendo que nadie, salvo Natsu, se veía en la puerta. Volvió a sonreír y negar al mismo tiempo… era extraño alegrarse por algo que tenía que ser natural: salir cuando quisiera.
Pisó el acelerador y el portón se abrió de inmediato. Un par de autos estaban estacionados cerca y aunque le resultó extraño, pues la siguiente casa no estaba cerca, no le dio importancia. Uno de los autos arrancó al mismo tiempo que ella se alejó y casi la impacta cuando ella frenó con brusquedad al darse cuenta que había olvidado el móvil que Sasuke le había entregado.
El auto blanco de cristales polarizados la rebasó sin reclamarle nada, y pensó en la suerte que tuvo. Decidió no regresar y confiar en que Sasuke estaría allí.
Demoró cerca de media hora en llegar a la universidad. El día era fresco, pero el sol brillaba. Fue gratificante ser golpeada por el viento y respirar de nuevo esos aires; pese a todo, tenía solo buenos recuerdos del año anterior en ese lugar. El estacionamiento estaba medianamente lleno, aunque faltaban días para retomar actividades formalmente. Ya se podía apreciar gente yendo y viniendo de distintas direcciones, pero, entre ese pequeño tumulto de gente, la mirada de Hinata no demoró en detenerse en cierto pelinegro que lucía agotado sentado sobre el capó de su auto.
Sonrió al verlo apretar el puente de su nariz, levantando de paso sus gafas de sol. Sasuke mantenía el magnetismo con el sector femenino, pudo notarlo al ver a más de una detener su mirada en él.
Cuando él puso sus ojos en ella sintió los mismos nervios de antes hormiguear en su estómago. Ridículo, se recordó, ya llevaba un hijo de él en su vientre, tendría que lidiar con cosas así.
—Hola.
—Tardaste. Te he estado marcando —mencionó él cuando fue Hinata quien pegó su cuerpo al suyo para enseguida buscar sus labios. Él le acarició el rostro besándola también.
—Olvidé el celular en casa.
Él resopló y entonces ella lo tomó de la mano, haciéndolo dejar el auto.
—¿Me acompañas? —preguntó viéndolo dejar de mirarla y fijar su atención en algo tras ella.
—¿Alguien te acompaña?
—No, ¿por? —ella también volteó, pero no notó nada fuera de lugar.
—Por nada, solo me pareció que alguien caminaba detrás de ti cuando llegaste —dijo y luego negó—. Pero seguro lo imaginé, hay mucha gente por aquí.
—¿Será extraño no volver? —Hinata cambió de tema mientras se adentraban.
—En absoluto —dijo él provocándole una sonrisa—. De cualquier forma, volveré frecuentemente a ver a mi asesor en tesis.
—Será bueno verte por aquí.
Él la detuvo —Podrías verme todos los días si decidieras vivir conmigo.
Ella sonrió cuando él la besó en ese corredor.
—Te propuse algo y no me diste una respuesta —le recordó cuando fue él quien caminó tirándole la mano.
Hinata se ruborizó.
—¿Descubriste lo que ocurre con tu padre? —él cambió el tema recordándole a la joven buena parte de sus problemas.
—Sí. Neji me contó todo.
Sasuke la vio de reojo —¿Ha intentado…?
—No —lo interrumpió de inmediato sin dejar de caminar—. No ha intentado presionarme en ninguna forma —se sintió incómoda al no ser del todo sincera.
—¿Segura?
Ella se dio cuenta que él no le creyó. Sasuke se detuvo a unos metros del edificio de rectoría y la hizo hacer lo mismo.
—Hinata…
—¡Hinata! —una voz muy conocida la hizo voltear tras él.
Sasuke maldijo la interrupción, pero también volteó a ver a Ino que se acercaba de prisa. Hinata se notó tensa al también ver a Sakura saliendo de rectoría. La rubia que corría a ellos atrajo su atención. Por un momento esperó una lluvia de preguntas, pero ella la abrazó y permaneció unos segundos así.
—¿Estás bien? Me da gusto verte, supe por Naruto que tu primo… —dijo y volteó a ver a Sasuke. Para su sorpresa, Ino solo negó y pretendió no verlo—. ¿Todo está bien?
Hinata no pretendía entrar en detalles y menos con Sakura viéndolos —Algo así, sí.
Ino le acarició el rostro y su mirada se enterneció. Hinata no supo si deseó saber qué pensaba en esos momentos —Me alegra que sea así. Supe de… —dijo y bajó su vista a su vientre. Hinata asintió sonriendo, no lo pudo evitar. Ino volvió a abrazarla.
—Recogeré tu horario —dijo Sasuke que no estaba interesado en ser ignorado. Hinata agradeció. Cuando él retomó su camino Sakura dejó de verlos y prefirió irse por una dirección distinta. Él se adentró en el edificio y Hinata llevó su atención a Ino.
—Ella sigue furiosa.
La rubia no le respondió de inmediato —No diría que furiosa —se sinceró—. Sakura está… descolocada. Todo la golpeó tan repentinamente —dijo volteando a ver a la pelirrosa que decidió no esperarla—. Esto la hará crecer. Créeme.
—No veo cómo.
Ino suspiró —Sakura viene de darse de baja.
—¿Qué?
—Lo que dije. Ella en realidad no amaba su carrera, la eligió para seguir a Sasuke desde un inicio, por estar cerca de él. Sus padres están furiosos con ella, estaba casi a la mitad. Pero, ¿sabes? La veo convencida y en calma.
—Ella había mencionado antes que pensaba cambiar de carrera, pero no podía permitírselo.
—Y no puede. Por suerte Tsunade, la ex rectora de aquí, le ha ofrecido su apoyo. La ha seleccionado como posible becaria para medicina y ten por seguro que lo logrará. Esa terquedad al fin servirá de algo.
—No dejo de sentirme mal por ella.
—No lo hagas —dijo viendo a la pelirrosa alejarse—. Sakura se irá de la ciudad a comenzar desde cero. Por y para ella, como debió ser. Será una gran doctora y lo que pasó algún día dejará de doler.
—Espero que así sea.
—¿Y tú? —Ino regresó toda su atención a ella—. Veo que estás con él —hizo una pausa—. He pensado demasiado en lo que ocurrió con ustedes y no logro imaginar por lo que pasaste. ¿Estás segura?
Hinata sonrió con menos ánimo —Él no logrará repararlo nunca, pero lo intenta cada día y eso me dice que no estoy equivocada —La vio a los ojos—. No tengo duda de lo que hago. Algún día viviremos con ello como un recuerdo lejano; mientras tanto, lidiamos con eso.
Ino demoró unos segundos en sonreírle con normalidad —Me alegra escuchar eso. Si algún día necesitas a alguien que le patee las bolas por ti, estaré encantada. —Le guiñó un ojo—. Ahora debo irme, no quisiera que Sakura se vaya sola, entiendes, ¿verdad?
—Claro, ve con ella.
Ino le dejó un beso en la mejilla y salió corriendo siguiendo los pasos de su amiga. Metros adelante, se detuvo de pronto.
—¡Por cierto, Hina! —gritó— ¿Dónde puedo encontrarte? Necesitamos hablar —dijo y alzó su mano derecha. Hinata pasó de la extrañez al no entender, a la emoción al reconocer en uno de sus dedos un anillo que parecía de plástico, pero entendió lo que eso significaba.
—¡Oh, por Dios!
—¡Él es hombre muerto si decide arrepentirse! —añadió haciendo reír a Hinata, luego corrió —. Dejaré un mensaje en la red social, ¡lo contestas!
Hinata la felicitó y le aseguró que sí. Todavía mantenía la sonrisa en sus labios cuando Sasuke salió maldiciendo.
—¿Qué? —le preguntó al verla. La animó a regresar al estacionamiento.
—Creo que Shikamaru le prometió a Ino que se casaría con ella —le contó sin contener la emoción.
Él arqueó una ceja dudando seriamente de la salud mental del Nara.
—Aún puede arrepentirse.
—Grosero. ¿Lo harías tú?
—Si tuviera que casarme con ella, sí —respondió entregándole sus horarios. Hinata decidió no darle importancia a lo que le dijo, sabía bien que esos dos juraban odiarse, pero en el fondo se agradaban —. Toma, tienes dos profesores que odiarás.
—¡Ay, no! ¿En serio?
Hinata se entretuvo revisando materias y profesores, así como los tiempos libres que tendría. Caminaron así hasta el estacionamiento. Sasuke se llevó una goma de mascar a la boca para distraer el deseo de fumar.
Él la hizo detenerse al llegar a su auto —¿Cuánto crees que puedas estudiar embarazada?
Hinata lo vio a los ojos —No lo sé. Tanto como se pueda.
—¿Aún quieres retomar ingeniería? —Hinata frunció el ceño—. Puedes dejarlo como Sakura. Las secretarias hablaban de ello cuando entré —explicó—. No tienes que hacer nada que no quieras. Los dos sabemos que estudias esto por ellos.
Hinata se recargó en el auto cuando él apoyó sus manos en éste, acercándose a su rostro sin permitirle moverse. Le sonrió.
—Quiero hacer esto.
—Necesitas ver a tu psicóloga. —Fingió seriedad—. Tiendes a aceptar con facilidad lo que otros esperan de ti.
—Lo haré. ¿Y si me convence de que no te amo?
—Buscaremos otra —bromearon. Ambos rieron antes de que él la besara, la hizo arquear su espalda contra el auto para profundizar el beso tanto como era prudente en ese lugar—. Duerme conmigo.
—No puedo ausentarme así de casa —susurró, francamente no deseaba otra cosa.
Sasuke se pegó maliciosamente a su oreja, manteniéndola a la expectativa —Entonces seré yo el que se meta a tu cama. Y estoy seguro que a mi futuro suegro le molestará mucho que mi primera visita a su casa sea exclusivamente para follar a su hija.
Ella sintió un escalofrío ir de su cuello, cerca del cual le hablaba, al resto de su cuerpo. Su respiración se aceleró de solo imaginarlo.
—Si él siquiera lo imagina, serías hombre muerto —logró decir—. Y ya mejor no hablamos de lo imposible que sería evadir la seguridad de la casa.
—Entonces quédate tú, nadie moriría y nos evitamos inconvenientes.
Hinata le besó el cuello y sonrió cuando sintió la reacción que eso le provocó a lo que él tenía entre sus piernas —No —le dijo—. Aunque tampoco tengo que volver de inmediato.
Sasuke le besó la frente apretando entre sus labios todo lo que podría decirle para hacerla cambiar de opinión.
—Seguiré tu coche.
Él resopló —Bien, pero deberás estacionar afuera. El auto de Suigetsu se averió y se quedó ocupando el lugar extra del que dispongo.
—No hay problema —dijo y salió casi corriendo al coche que estaba usando. Sasuke negó y entró al auto. Encendió el motor al tiempo que una llamada entraba a su móvil. Lo extrajo de su bolsillo y aunque había decidido atender, al ver el nombre realmente lo reconsideró.
El timbre dejó de sonar, pero lo hizo de nuevo tres segundos después.
—¿Qué? —Sasuke comenzó a conducir.
—¿Dónde estás?
Él localizó visualmente el auto de Hinata que arrancaba, decidió ser él quien la siguiera.
—¿Qué quieres? Si es por el asunto de la casa de mi tía, aún no lo resuelvo. Maldición —gruñó esto último entre dientes cuando un auto blanco casi lo impacta.
—¿Qué ocurre? —preguntó su padre.
Sasuke, con un gesto malhumorado, dejó pasar a quien sea que fuese manejando tras esos cristales polarizados.
—Nada. Estoy conduciendo a mi departamento. Cuando lo resuelva te avisaré. Ah, y no será gratis, tampoco barato —advirtió y colgó. El dinero no le caería mal y esperaba que su padre se la pensara dos veces antes de molestarlo con estupideces.
• • •
El trayecto al edificio no fue mayor a los veinte minutos. Durante el camino Hinata revisó constantemente el retrovisor, buscando el coche de Sasuke, pero éste no parecía seguirla. Al estacionar buscó entre su bolso la llave del departamento que Sasuke había conseguido para ella. Bajó con ella en mano.
Hinata subía las escaleras directo al lobby, cuando se encontró a Fugaku quien descendía.
Se quedó de pie en el descanso y él llegó frente a ella.
—Una sorpresa, Hinata. Si buscas a Sasuke, no está. Había decidido esperarlo, pero no dispongo de tiempo.
—Lo sé, no demorará en llegar, por si gusta esperarlo —le dijo y sonrió. Fugaku ya no la intimidaba, pero no le resultaba tan fácil hablar con él como lo había sido con Mikoto o incluso Itachi.
—¿Vienen juntos?
Ella asintió.
—Sé que estás embarazada —soltó de pronto sorprendiéndola—. Y todo lo demás.
—Sí, verá… ¿Cómo?
—Entiendo lo que ese hijo significa para Sasuke. He visto qué tan hondo puede caer y lo bien que le haces. Pero, debo preguntarte, ¿te ha dado opción de alejarte de él? No quisiera pensar que…
—¿Qué? ¡Por supuesto que sí! ¿Qué está diciendo?
—Sé lo obstinado que él puede ser. No quiero pensar que de algún modo…
—¡Le aseguro que no! Decidí tener a mi hijo pese a los problemas que va a darme con mi familia, y decidí quedarme con Sasuke porque no hay nada que quiera más. Ojalá nadie se hubiera enterado de eso que pasó entre nosotros, porque no les compete; ahora yo no puedo cambiarlo, pero sí puedo decirle que, si hay alguien que lo ha padecido tanto como yo, ha sido él. Ya no puede cambiarlo. No seré yo quien se lo recrimine y tampoco permitiré que alguien más lo haga.
Él se mostró pensativo durante unos segundos y Hinata se obligó a volver a hablar:
—Él nunca ha culpado a nadie más que a sí mismo. Ha pedido perdón y soportado el peso de ello. Vive con ello, yo lo he visto. Aun así, intenta compensarme —sus ojos se mojaron—. Creo, señor, que requiere mucho coraje enfrentarlo y quedarse ahí a asumir las consecuencias, sean cuales sean. ¿Usted no?
Fugaku negó sin querer responder a eso.
—Tu padre, ¿cómo se encuentra?
Hinata se alteró un poco —Él no lo sabe —su voz fue seca—. Su salud es delicada después de lo ocurrido en…
—Entiendo.
—Hinata, ve arriba —la voz de Sasuke los hizo voltear a verlo. Él estaba saliendo del lobby luego de haber subido a su departamento y no encontrarla.
Ella se quedó un momento sin reaccionar y Sasuke llegó a ella. Le puso una mano en el hombro para animarla a caminar.
La Hyuuga asintió y le tendió la mano al mayor de los Uchiha como despedida. Sasuke vio con fría atención a su padre por si se atrevía a despreciar la cortesía de Hinata, pero éste devolvió el saludo.
Cuando ella se perdió tras la puerta, Sasuke volvió su vista a su padre.
—¿Qué estabas diciéndole?
El otro le sostuvo la mirada —¿Tienes idea en lo que estás metiéndote? —preguntó a cambio—. Debería haberte bastado con lo que ocurrió. La haz hecho sufrir y, posiblemente, seguirás haciéndolo. La arrancarás de su familia, las únicas personas que han estado siempre. ¿Podrá tu egoísmo con eso?
—Podré con eso. Hinata no dejará a nadie que no esté dispuesto a darle la espalda.
Fugaku sonrió —La dejarán en la calle.
—No mientras yo esté.
—¿Y tú qué tienes?
Sasuke se burló —Te he dicho que no me interesa tu empresa, que se joda mil veces. Trabajaré para nosotros.
—¿Y el hijo en camino? ¿Si lo arruinas también?
Sasuke bajó el par de escalones que había subido siguiendo a Hinata —Tengo un gran ejemplo de padre. Sé exactamente cómo no debo ser —respondió imperturbable. Ambos se mantuvieron la mirada—. Tenías razón, iba a destrozarla —añadió para una mínima sonrisa de su padre—, lo hice antes de tus advertencias. Me gusta pensar que la podredumbre la heredé de ti.
—No me des tanto mérito, te has esforzado.
Sasuke sonrió con disgusto y se giró para irse —En lo único que somos diferentes, es en que yo jamás la abandonaría. No pienso ni me apetece serle infiel. Cuidaré de ella hasta que alguno de los dos muera.
—Contéstame algo, Sasuke —habló en voz alta Fugaku, haciéndolo detenerse antes de abrir la puerta de cristal del edificio. Éste volteó a verlo —. ¿Qué precio estarías dispuesto a pagar si tuvieras la oportunidad de poder arreglarlo?
—Viviría con su ausencia si pudiera borrarlo, para que ella fuera feliz —no volteó a verlo, pero alzó su voz para asegurarse que lo escuchara—. Pero eso no pasará nunca. —Su voz sonó ronca al raspar su garganta—. Así que solo me queda asegurarme yo mismo de que lo sea. No cometeré tus errores, puedo jurarlo.
Sasuke volteó a verlo antes de cruzar la puerta, ya no le dijo más, y Fugaku notó cierta incomodidad en la base de su garganta. Ahora Sasuke tendría una familia, la oportunidad que necesitaba para demostrar que podía cambiar.
No. La prueba clara de que lo había hecho. Pudo ver en la seguridad con la que su hijo lo miró, que había venido trabajando en ello desde hacía tiempo atrás.
«En lo único que somos diferentes, es en que yo jamás la abandonaría.»
La puerta de cristal permanecía cerrada luego de que Sasuke se fuera. Fugaku terminó asintiendo y luego bajó buscando su auto.
«Bien, Sasuke. Vas a tener que probar tus palabras.»
Fugaku cerró la puerta de su auto y condujo directo a una casa vacía que de pronto se sentía demasiado enorme para él, sus recuerdos y su soledad.
• • •
Hinata cargaba a Gato mientras se asomaba al refrigerador, al momento que Sasuke entró.
Los ojos negros se posaron en ella que esperó a que le dijera cualquier cosa.
—¿Te dijo algo?
Ella sonrió —Sí, varias cosas.
—Me refiero a que si fue grosero contigo —aclaró molesto de solo imaginarlo.
—No —le dijo volviendo su atención al refrigerador. Gato saltó de ella y fue a restregarse contra las piernas de su dueño—. Solo está preocupado, eso me pareció.
Sasuke resopló —Preocupado.
—Sí, preocupado —afirmó y cerró el refrigerador—. Veo que cuidas tu alimentación, me alegra. ¿Tienes hambre? —Sasuke negó y ella lo dejó por un momento—. Creo que lo de tu padre no es para menos, no sabía que estuviese enterado de todo —retomó viéndolo del otro lado de la barra.
—Ese fue Itachi. El muy imbécil pensó que él podía sacarnos de este lío.
—¿Y tú qué piensas? —Hinata se apoyó en la barra acercándose a él.
Sasuke negó —No espero que mueva un dedo por mí. No lo hizo antes, no hay razón para que lo haga ahora.
Ella acarició su cabello cuando él apoyó los codos en la barra —¿Te lo dijo?
—No hace falta. ¿Por qué importaría de todos modos?
Hinata se mordió un labio antes de hablar —Porque nuestro hijo necesitará abuelos. —Arqueó una ceja y sonrió.
—¡Qué va! —Le dio la espalda y Hinata fue frente a él—. Ni mi padre o el tuyo son ejemplo de nada. —Hizo un silencio en el que ella se metió entre sus piernas, recargando su espalda en su pecho. Sasuke la abrazó—. Con franqueza, pensaría dos veces o más que esos ancianos siquiera estuvieran cerca de ese niño.
A Hinata le quedó un sabor amargo en la garganta.
—Bueno, tal vez papá ni siquiera quiera estarlo —reconoció. Su padre habría imaginado hijos suyos y de Neji. Había vivido confiando en eso por muchos años que ahora ella no se imaginaba su reacción —. Por cierto —añadió—, le dije a Neji lo de Naori.
Sasuke no dijo nada. Ella se giró a verlo.
—Él no lo sabía, y aunque pareció lo contrario, sé que lo afectó.
—No me extrañaría si decidiera lavarse las manos. Tu primo tiene un enfermizo sentido de lealtad a tu familia.
—Sí, aunque no siempre fue así. Como sea, no sé de qué forma pueda afectarle.
—¿Estás confiando en ello para arreglar las cosas? No deberías, Hinata.
—Lo sé, sólo creo que para papá sería más sencillo aceptarlo si piensa que a ninguno de los dos… —Hizo un silencio—. Él está enfermo.
—Y una buena forma de no matarlo sería decirle que sus hijos predilectos se enrollaron con justamente la familia que aborrece. No lo sé, suena complicado.
Ella dejó escapar el aliento y se apoyó en la silla cercana.
—Prométeme algo. —Volvió a hablar él—. Si no resulta, vendrás conmigo. —Puso sus manos en la silla tras ella, aprisionándola—. Y haré que funcione.
Hinata asintió suavemente. Sasuke sonrió de lado, la tomó por la cintura y la hizo montarlo cuando se sentó en la silla tras él.
—Además, nuestro hijo no necesita abuelos. —Le alzó el vestido hasta ver sus bragas—. Él puede tener hermanos. Muchos.
Hinata lo abrazó y sonrió por la forma tan peculiar con la cual él pretendía disminuir sus preocupaciones.
•O•O•O•O•O•
Cerca de las seis fue cuando Hinata pudo volver por fin a su casa. Entró casi corriendo sin creer cómo había pasado el tiempo.
La puerta se escapó de sus manos e hizo más ruido del que ella pretendió. Hanabi apareció corriendo desde la estancia.
—Hinata, ¿dónde demonios estabas? Papá está furioso.
—¿Notó qué salí?
—¿Notar? Creo que ha preguntado por ti cada hora. Sin Neji a su lado parece enloquecer —comentó—. Por cierto, comienzan a preocuparme, él también luce agotado, salió a la empresa muy temprano y apenas volvió, anda de prisa, dijo que volverá a salir.
Hinata cerró los ojos lamentándolo —Iré a ver a papá primero—mencionó encaminándose a las escaleras.
—Sí, pero por acá. —Hanabi la tomó del brazo y la guio al despacho.
—¿Está trabajando? —preguntó incrédula.
—Peleando, diría yo. Ha hablado mucho por teléfono. Creo que los reporteros fuera de la casa lo tienen con los nervios alterados.
—¿Qué reporteros?
Hanabi dejó escapar el aliento y rodó los ojos —¿No me digas que no los viste? Han estado ahí desde ayer que el asunto se hizo oficialmente público. Por cierto, Neji te dejó tu móvil, dijo que fueras precavida en a quién veías. Él está arriba, creo que no demorará en bajar.
Hinata pretendió no estresarse y optó por entrar con su padre. Llamó a la puerta varias veces, pero no tuvo respuesta. Decidió abrir. Hiashi estaba de pie frente al escritorio, veía atento una pantalla colocada varios pies arriba de la chimenea apagada.
Seguramente se percató de que entró, pero siguió viendo. Hinata puso atención también. Era un canal exclusivo de noticias. Justo en ese momento hablaban de Empresas Hyuuga, había una reportera trasmitiendo desde los pies de la constructora mientras especulaban sobre las repercusiones del escándalo y evidente declive de una de las empresas más importantes del país.
—¿Puedes verlo? —preguntó el hombre al bajar el volumen— Pretendiendo hacer leña del árbol caído. Caído… esos miserables.
—No creí que… las cosas se hubiesen puesto tan mal.
—¿Y cómo ibas a saberlo? —regañó— ¿Dónde has estado?
—En la universidad —se acercó con cautela a él—. ¿Te sientes mejor?
—No mejoraré hasta que esto se arregle. —Le apartó la mano cuando ella quiso tocarlo—. Yo debería estarme encargando.
—En tu condición no es posible, seguro Neji niisan lo hará bien.
—Neji lo haría mejor que nadie —respondió y a Hinata le llamó la atención que hablara en futuro condicional, cuando él ya lo estaba haciendo—. Esto es un basural.
—¿Por qué lo hizo así? —se animó a preguntarle mientras lo veía rodear su escritorio para tomar asiento.
Él sonrió indignado —¿El qué? ¿Comprar favores?
Ella no se animó a responder, pero asintió despacio.
—Es fácil juzgar cuando se va por la vida haciendo absolutamente nada, Hinata. Pero en el mundo real hay cosas que pasan que no deberían pasar, y no siempre la forma más eficaz de enfrentarlas es la mejor vista.
—Yo solo digo, que la empresa ya estaba bien como estaba.
Él alzó su endurecido y avejentado rostro a ella luego de haber dejado de verla. Lucía amargado, pero también cansado —Hay cosas que tienes que saber para entenderlo todo —aclaró recargándose en su asiento—. Cosas sobre el pasado, sobre Neji, el consejo y la decisión de éstos por hacerlo a un lado. Solo así comprenderás por qué lo hice.
Continuará…
.
.
.
¡Hola, gente bonita!
Disculpas enormes por la tardanza. Es el penúltimo capítulo ¡yei! En el siguiente quiero cerrar la historia y no sé, tal vez ahí mismo meta un epílogo o quizá lo haga en un capítulo aparte. Aún no lo decido.
Quiero decir que pese a los descontentos que pueda haber, me siento satisfecha con la historia. Estoy cómoda con ella y eso es lo que me importa. El próximo capítulo será emotivo… o eso intentaré.
No me canso de agradecer la paciencia que me han tenido con mis constantes tardanzas, pero ya estamos aquí, a pasitos del final. Gracias por todo el ánimo y apoyo que me han dejado. Lo aprecio muchísimo.
Comentarios:
•alsole •Ana OroVel •Alaja Boss •Lady •Gelert •Hina Mia •Nubi F •Nymfhetamina •Kislev •Isadoradreamer •A. M3 •Nena Taisho •BC •Ana •DAngel7 •afath •asdanakaren •Soo Hyun Yuki •chasethepenguins •Melizcp •hinatacris •LittleRock17 •KiaraUchihalove •wolf-enzeru •kitty lori •clrity-chan •Yoselin V •luciacris •Rohana nara •Haku •Daiana T •Joss Lina •Poison girl 29 •dagorfly •Suishoka 69 •Zyan R. Leppard •XukiUchiha •alicereptar •gley •xuxuqui •Mangelot Farid •Canela19 •yaninle •Rosa •Yaiza Mun •Knicky Ouji •JackieBar •Sayuri Koitsumi •Francisvict •Jackei98 •DianRozen •Dia chan •BloodyP xD •Rafaela25 •MONY •Haku •KeremYuuChan •skyblue petunia •Lex nd Juls •yanisaku9 •Yumaika Higurashi •Marjo Em •BC •Ana OroVel •Olena y a quienes no dejaron su nombre.
Gracias a todas, en esta ocasión a Canela 19, lamento no responder comentarios, pero es bonito saber que llegan dando sus opiniones, aunque 'ya no afecten la trama'. Me sirve de recapitulación y me devuelve a partes de la historia que a veces olvido.
No quiero extenderme mucho, así que hasta aquí le dejo. Ojalá les haya gustado.
Dato curioso: En la primera escena me inspiró la canción Hard to say i'm sorry de la banda de Rock Chicago. No recuerdo si alguien ya me la había mencionado antes en relación, el caso es que apareció en mi reproducción de YT y bueno, hizo su magia (?
Me despido. Nos leemos en el siguiente c':
