Capítulo 8: Crumble Cake
Había una inexplicable felicidad burbujeando en el estómago de Eren, mezclándose con el estrés y la preocupación que ya se había instalado ahí. Levi era rudo y grosero con sus palabras, pero sus acciones hacían que Eren se derritiera en una manera que no podía explicar. Se apoyó contra la puerta de su departamento, simplemente pensando y suspirando felizmente para sí mismo.
Cuanto más se quedaba presionado contra la puerta y más dejaba que ese contento sentimiento se asentara, más sus pensamientos comenzaban a vagar. Y cuando sus pensamientos se desviaban, se volvían hacia él como lobos veloces. Cambiando en ideas desagradables.
Él no era merecedor de alguien como Levi. Alguien que era tan preocupado y considerado.
Eren se mordió el labio y trató, por una vez, de pensar que tal vez no era una mierda inútil. Que tal vez estaba bien para él estar saliendo con alguien amable. Alguien que estaba muy fuera de su alcance, porque tal vez, solo tal vez, a Levi no le importaba eso y realmente le gustaba lo suficiente para salir con él. Salir o lo que sea que estaba haciendo con Levi. Probablemente eso ni siquiera importaba—
Vrrr.
Eren sintió su teléfono vibrar contra su pierna. Deslizó su mano en su bolsillo, sacándolo y desbloqueándolo. Las lágrimas se aferraron a sus pestañas mientras leía el nombre que apareció a lo largo de la pantalla.
Papi: Me divertí esta noche. Gracias de nuevo por comer conmigo y aguantar mi mierda. Anda a la cama. Ya pasó tu hora de dormir, mocoso.
Eren trató de no sonreír mientras sus dedos volaban por la pantalla para escribir una respuesta.
Lo que sea. Deja de enviar mensajes y maneja bien dime cuando llegues a la noche de bingo viejo
Perdió la batalla y se rindió ante su sonrisa. Eren genuinamente sonrió y estaba realmente feliz todo porque—
—Eren…
Levantó la vista hacia la suave voz y vio a Mikasa y Annie. Abrazó su teléfono contra su pecho y tragó saliva, saludándolas mientras su sonrisa tonta se desvanecía.
—Oh hey —dijo—. Heh, todos regresamos al mismo tiempo.
Se dio la vuelta, abriendo la puerta del departamento mientras las chicas se despedían. Entró y encendió la luz, quitándose los zapatos con los pies. Puso su tiramisú en el refrigerador y volteó cuando Mikasa entró en el departamento. Ella cerró la puerta y dejó su bolso, cruzando los brazos sobre su pecho a la defensiva.
—¿Con quién estabas?
Eren se encogió de hombros, apoyado contra el refrigerador.
—Connie. Fuimos a cenar.
—¿Desde cuándo Connie empezó a manejar un Porsche?
¿Por qué rayos había dicho Connie?
Eren se tragó un duro "no es asunto tuyo", porque sabía, demasiado bien, que eso solo llevaría a más discusiones no deseadas. Se mordió el labio, sabiendo que había sido atrapado.
—Solo… estaba con un amigo, Mikasa. Eso es todo.
—Eren, ¿por qué no puedes decirme con quién estabas? —Mikasa presionó.
—Estaba con un amigo, bien. Nos conocimos en la tienda de arte, empezamos a juntarnos y solo fuimos a cenar o algo, lo que sea —espetó Eren. Levantó sus brazos y se fue furioso hasta el sofá, gruñendo con frustración mientras se sentaba—. ¿Algo más? ¿Necesitas saber lo que comí? ¿Cuánto gasté? ¿Qué color de ropa interior estoy usando?
—Deja de estar tan a la defensiva —Mikasa se quejó—. Te estás molestando porque pregunté con quién estabas. Nunca he visto que tengas amigos que manejen coches tan caros. ¿Me puedes culpar?
—Yo no me meto en tu vida personal con Annie. ¿Entonces por qué te estás entrometiendo en mi vida personal?
—Porque tomas decisiones estúpidas, Eren —dijo Mikasa. Se aclaró la garganta, sus palabras habían salido más duras de lo que había previsto. Ella miró hacia otro lado, tirando de su bufanda; la misma bufanda que Eren le había dado hace mucho tiempo—. Lo… Lo siento…
—Lo que sea.
—No quiero que salgas lastimado de nuevo.
Esas palabras eran suaves, apenas más que un susurro y llenas de una pesadez que dieron un tirón al corazón de Eren. Mikasa no era estúpida. Ella podía ver lo horrible que era para Eren, el vivir día tras día en cercanía del hombre que lo había lastimado inconscientemente; el hombre que rompió su corazón.
Ella cruzó la habitación y envolvió sus brazos alrededor de la cabeza de Eren. Él no se resistió; se apoyó contra su estómago y dejó que ella acariciara su cabello con una mano suave.
—Lo siento…
—No te disculpes —suspiró Mikasa—. Solo estoy preocupada por ti. Siempre me preocupo por ti.
Eren refunfuñó en su estómago mientras ella hablaba. Mikasa seguía acariciando su cabeza con una tranquilizadora mano.
—No quiero verte sufrir así de nuevo…
—Estaré bien —murmuró Eren—. Lo estuve la última vez y estoy bien ahora. Y estaré bien en cualquier relación futura.
Tragó su nerviosismo, esperando que sonara convincente. Ni siquiera él creía en sus propias palabras y sabía muy bien que Mikasa tampoco lo haría.
—Si tú lo dices.
Ella sabía. Ella sabía que Eren estaba mintiendo. Y Eren estaba plenamente consciente de ello. Ellos se habían conocido desde hace mucho para no percatarse de esas sutiles y silenciosas pistas. Sus orejas estaban brillantes, de color rojo cereza. Pero más que eso, era la manera en que su voz temblaba. Cómo murmuraba cuando estaba verdaderamente inseguro. Mikasa estaba al tanto de todas estas pequeñas cosas y siempre sabía cuándo él mentía.
Pero dijo sí para preservar su cordura. Para dejar que su mente descansara. Para evitar que él se enojara. Para demostrar que ella podía confiar en que él tomara sus propias decisiones, incluso cuando ambos sabían que serían estúpidas.
Ya era demasiado tarde y ambos estaban muy cansados para discutir. Armin llegaría a casa pronto también, y definitivamente no querían que lo recibiera una pelea.
Mikasa lo soltó y recogió su bolso.
—Voy a tomar una ducha.
Eren asintió y la observó caminar hacia su habitación. Se desplomó contra el sofá y solo podía esperar a que el sentimiento de temor desapareciera. Él sabía que las intenciones de Mikasa eran nada más que buenas.
Estaba demasiado débil por su repentina subida de adrenalina para siquiera intentar ir a su habitación. Se puso cómodo en el sofá y encendió la televisión, viendo Bob Esponja hasta que la puerta se abrió y Armin apareció. Escuchó a Armin desahogarse sobre el hospital, sobre los estudiantes con los que hacía prácticas y su falta de competencia. Pero cuando Armin empezaba a hablar sobre los niños con los que estaba cerca, su voz se animaba repentinamente y sus ojos se agrandaban; era todo sonrisas de Disney.
Mikasa se les unió, una vez que terminó de ducharse, y sus nervios parecían haberse asentado un poco. Los tres charlaron distraídamente sobre sus tardes, riendo de vez en cuando. Eren sintió su teléfono vibrar y juzgando por el tic en la esquina de la boca de Mikasa, lo había escuchado también. Ella se volteó hacia Armin, como para darle algo de privacidad a Eren, y él bajó la mirada hacia la pantalla.
Papi: En casa, idiota. Descansa esa linda cabeza tuya.
Eren sonrió ante el mensaje sarcástico, sintiendo más mariposas en su estómago de lo que alguna vez pensó que podría.
Eren llamó a la puerta de la casa de Levi y esperó pacientemente a que responda. Estaban a mitad de semana, en lo que habría sido un día largo de trabajo. Normalmente. Sin embargo, Levi insistió en que Eren se tomara el resto del día libre y aceptó a pagarle cualquier diferencia en su cheque. A Annie no le importaba, ya que Eren había tomado sus turnos varias veces antes.
Y debido a las miradas curiosas que estaba recibiendo ahora de todos los que conocía, Eren insistió en manejar hasta la casa de Levi. El pelinegro, a su vez, insistió en darle dinero a Eren para la gasolina y por mucho que Eren quiso rechazarlo, un tanque lleno siempre era un poco irresistible.
La puerta se abrió y Levi se quedó de pie allí, un cruce entre cansancio y emoción en su rostro. Extendió la mano y jaló a Eren hacia él, abrazándolo con fuerza. Eren sonrió y se acurrucó contra él, cubriendo los hombros de Levi con sus brazos. Se inclinó, poniendo a propósito todo su peso sobre el cuerpo de Levi con una risa juguetona. Fue alzando repentinamente, con sus pies en el aire en estilo nupcial, con un "tch" por parte de Levi.
—¿Cómo eres tan fuerte si eres viejo y pequeño? —Eren tarareó, envolviendo sus brazos alrededor del cuello de Levi.
—La misma puta razón por la que eres una mierda insufrible —respondió Levi, cerrando la puerta con su pie—. Solo lo soy.
—¡Oh, vamos!
Levi dejó de caminar, de pie junto al sofá de la sala.
—Hago ejercicio. Frecuentemente.
—Pero eso no explica tu estatura.
—Te voy a dejar caer en tu puto culo.
Eren rio y se aferró a Levi mientras se sentaba en el sofá. Era agradable, ser recibido con brazos abiertos y ser levantado en el aire. Literalmente levantado en el aire; no en el sentido metafórico de cuentos de hadas, porque Eren sabía muy bien que ese era un pensamiento estúpido y poco realista. Incluso si era una linda idea.
—Entonces, ¿qué era tan importante que tuve que salir del trabajo y traer mi trasero por aquí? —dijo Eren, su voz ligeramente ronca con una oleada de lujuria. Se enderezó y lanzó una pierna sobre la cintura de Levi, una sonrisa jugando en sus labios. Se sentó a horcajadas sobre el mayor dolorosamente lento, solo para inclinarse más cerca y cubrir con sus brazos los hombros de Levi otra vez.
Bajó sus caderas contra Levi, moviéndolas en un lento giro coquetamente para burlarse aún más del mayor. Un pequeño gemido de aprobación salió de la garganta de Levi y Eren se mordió el labio inferior.
Levi sonrió y apoyó sus manos en las caderas de Eren mientras el castaño arqueaba su espalda.
—Quería algo de compañía mientras trabajaba.
—¿Solo algo de compañía? —Eren repitió burlonamente. Inclinó la cabeza hacia un lado, pasando su mano por el cabello de Levi.
—Un poco —el mayor sopló las palabras en las clavículas expuestas de Eren. Su aliento se sintió caliente contra la piel de Eren, las palabras prácticamente ardiendo mientras las comprendía. Un gemido se escapó de los labios de Eren mientras Levi mordisqueaba su garganta. Una mano dejó la cintura de Eren para enredarse en su cabello, sosteniéndolo en su lugar mientras Levi chupaba su manzana de Adán.
Eren soltó otro gemido mientras sus ojos se cerraban. Levi se estaba tomando su tiempo, dejando el cuello de Eren húmedo y rojo, aunque no lo suficiente para hacer marcas que durarían el resto de la semana. Al menos no todavía.
Los ojos verdes se abrieron cuando Levi pasó su lengua por el lóbulo de la oreja de Eren. Se estremeció en el firme agarre de Levi y se fue hacia adelante, sus mejillas encendidas con color.
—Ahh, Levi… —gimió Eren. Levi chupó y cogió la oreja de Eren entre sus dientes. El menor clavó las uñas en los hombros de Levi, presionando sus caderas contra la entrepierna de Levi, buscando algo de fricción.
Eren escuchó una risita y sonrió. Levi podía ser increíblemente sexy, pero oír esa suave voz subir por la risa siempre era una pequeña bendición. Le recordó a Eren que Levi era humano, no un intocable dios de piedra. Era un hombre caliente con una polla con piercings que Eren estaba ansioso por liberar.
Pero entonces lo vio.
Eren reconoció solo el borde desde donde estaba sentado. Era una imagen borrosa, en su mente dominada por la lujuria, pero cuanto más miraba, más claro se hacía; los naranjas y los rayos de luz y las copas de los árboles.
—Espera —espetó Eren. Golpeó sus manos contra los hombros de Levi para llamar su atención—. ¡Espera, detente! ¡Espera, maldita sea!
Levi se echó hacia atrás, sus ojos entrecerrados, miedo y frustración evidente en su rostro.
—¿Qué carajos?
—Esa pintura —continuó Eren, soltándose de las manos de Levi. Se tambaleó sobre sus pies mientras se levantaba del sofá, señalando con un dedo acusador a la cubierta pintura recargada contra la pared—. Esa puta pintura. ¿Esa es mía?
—¿De qué mierda estás hablando? —Levi gritó de vuelta, sin hacer nada para ocultar su clara molestia. Era obvio que su mente todavía estaba entre sus piernas.
Eren sacudió su cabeza y caminó furioso por la habitación. Cogió la cubierta de la pintura y la tiró tan fuerte como pudo. Levi miró por encima del sofá y levantó las manos.
—¿Qué mierda con eso?
—¡Esta es mi puta pintura! —gritó Eren—. ¡La que vendí en la exposición de arte!
—¿Quieres una recompensa por tus malditas habilidades de razonamiento deductivo? —Levi se quejó, frotándose el puente de la nariz.
—¡Quiero saber por qué mierda la tienes!
—No lo sé, Eren, ¿tal vez porque la compré, joder?
El corazón de Eren se hundió. De pronto se sintió enfermo. Agarró su estómago, negando con la cabeza mientras las lágrimas empezaban a fluir. No podía contenerlas, no podía pararlas ni pretender que estaba bien. Levi levantó las cejas en shock, su cara suavizándose.
—Eren, ¿qué demonios está mal?
—Pensé… pensé que la había vendido porque era buena —dijo Eren, su voz quebrándose—. Pero… no lo hice… solo la compraste porque te sentiste mal…
Eso tomó a Levi por sorpresa. Se puso de pie y rápidamente se acercó a Eren, con sus brazos extendidos. Pero Eren sacudió la cabeza y retrocedió, levantando sus manos a la defensiva.
—Eren, ven aquí, yo…
—¡NO! ¡No, Levi, jódete! —gritó Eren—. ¡Vete a la mierda tú y tu maldita caridad! ¡No necesito eso!
Levi lucía como si hubiera recibido una bofetada en la cara. Los labios de Eren se apretaron y negó con la cabeza de nuevo, incluso cuando las lágrimas rodaron por sus mejillas. Levi inhaló y se acercó, apenas rozando sus dedos contra con el brazo tembloroso de Eren.
Y apenas un segundo después, Eren se había apartado completamente, una sarta de maldiciones y gritos cayendo de su boca, una mezcla de pura ira y dolor. Retrocedió en una mesa, sacudiéndola lo suficiente para tirar un jarrón de vidrio lleno con piedras de un azul profundo.
El destrozo hizo que Eren se detuviera por completo. Dejar de moverse, dejar de gritar y por un momento, dejar de llorar. Jadeó y se quedó mirándolo mientras Levi cerraba los ojos con fastidio.
—Mierda… ¡Mierda! Maldita sea… Soy tan estúpido… —dijo Eren. Pero sus palabras no eran para Levi.
Era un mantra que se había repetido a sí mismo, una y otra vez. Una disculpa silenciosa que se había dicho a sí mismo después de cada horrible discusión que tenía en casa como una manera de justificar su propio comportamiento. Derramar cereal, dejar salir al perro, lanzar la pelota en la casa, convertirse en un estudiante de arte.
Y ahora Levi estaba oyendo la disculpa que solo había susurrado para sí mismo.
Eren al instante cayó de rodillas, para tratar de recoger el desastre de vidrio y piedras. Pero antes de que pudiera tocar algo, Levi estaba de rodillas junto a él, agarrando sus manos.
—¿Qué mierda estás haciendo, Eren? —espetó Levi.
—Yo… yo no…
—No vas a llenar de sangre mi puto piso. Ven aquí —Levi estaba de vuelta de pie mientras Eren aún buscaba sus palabras, tirando de Eren con él.
El menor estaba débil en su mano, siguiendo a Levi sin cuestionar. Las lágrimas se aferraron a sus pestañas, haciendo mucho más difícil ver mientras tropezaba después del hombre de cabello oscuro. Su silencio fue interrumpido cuando Eren hipó.
Levi se giró hacia él, ojos oscuros y puestos en Eren. Levantó sus manos y la única cosa que pudo hacer Eren fue encogerse.
Pero en el momento que lo hizo, Eren se dio cuenta de que Levi estaba manteniendo sus manos para sí. Las había levantado para preguntar "¿qué carajos?", no para golpearlo hasta dejarlo inconsciente. Y cuando Levi se percató de lo que Eren estaba haciendo, bajó sus manos, dejándolas caer contra sus piernas.
—Eren… Eren, ¿qué mierda? ¿Qué carajos está pasando? —no gritó, lo que descolocó más a Eren. La voz de Levi era la misma, con un dejo de un borde cortante, pero en el mismo volumen que siempre usaba, sino un poco más bajo. Reconfortante, calmante.
Eren inhaló, tratando de calmarse a sí mismo.
—Levi… No me importa cómo me das dinero. No me importa lo que tenga que hacer por él. Pero por favor, no… no m-me tengas lástima. Especialmente cuando se t-trata de mi arte —su confesión salió entre sollozos conmocionados. Eren apenas podía concentrarse. Su mente estaba corriendo. Solo sentía dolor. Sus manos temblaban mientras intentaba mantenerlas como un muro entre él y Levi. Todo estaba mal.
—Eren, escucha —dijo Levi, tan suavemente como su dura voz le permitía. Extendió una mano, presionando sus dedos con los levantados de Eren, deslizándolos unos contra otros para que sus dedos estuvieran entrelazados lentamente—. No tenía idea de que era tu pintura cuando la compré.
Levi estaba yendo directamente al problema.
Eren negó con la cabeza, incapaz de creer las palabras del hombre.
—Escucha. Eren, Eren. Detente y mírame.
Eran las palabras de un capitán. No una petición, sino una orden. Eren no tuvo elección repentinamente. Levantó la vista hacia él, orbes esmeralda vidriosos y sus mejillas húmedas.
—Compré esa pintura porque me enamoré de ella —dijo Levi con voz firme—. No sabía que era tu pintura hasta el día que me enseñaste una foto de ella en tu teléfono. Y créeme, pequeña mierda, te lo iba a decir, pero fuimos interrumpidos y estabas tan putamente… estresado esa noche incluso sin eso y no quería que tuvieras más en tu plato.
—Las alas en la pintura eran las mismas que tu tatuaje…
—Similares. No idénticas —dijo Levi—. Eso no es lo que inicialmente llamó mi atención. Vi una hermosa pintura y luego noté las alas. Pensé que tal vez, solo tal vez, podía ser tu pintura mientras la miraba. Pero antes de que ese pensamiento cruzara mi mente, ya había decidido que iba a comprar esa pintura, independientemente de su precio.
Las palabras se hundieron lentamente. Eren quería decirle a Levi que era un mentiroso. Que no le creía una sola palabra. Que Levi le estaba dando dinero de caridad.
Pero cada palabra que dijo Levi se sentía genuina. La mirada severa en sus ojos grises era genuina. La manera en que sostenía la mano de Eren…
—No soy un idiota. Sé lo importante que es tu arte para ti. Así que para mí el comprar tus pinturas, porque sentí lástima por ti, solo te menospreciaría. Y sería una persona de mierda por ello. No quiero hacer eso. No quiero que cuestiones tus talentos. En verdad eres un pintor fantástico, Eren. No compro arte de mierda, así que lo digo en serio.
Eren escuchó. No tenía otra opción. Cerró sus ojos y trató de calmarse mientras Levi hablaba. Suaves y deliberados círculos fueron frotados en sus manos y lentamente dejó de temblar. Tenía que aceptar las palabras de Levi, porque cuanto más escuchaba, más se daba cuenta de que Levi estaba diciendo la puta verdad, y se desplomó en el suelo, sus manos aún entrelazadas con las de Levi.
—Lo siento… —murmuró Eren a través de labios temblorosos, su cabeza hacia abajo—. Lo siento mucho…
—No lo sientas —suspiró Levi. Soltó las manos de Eren para ahuecar las mejillas del chico. Quitó las lágrimas con sus pulgares—. Deja de disculparte, ¿de acuerdo? Debería haberte dicho.
—Perdón. Perdón por gritar. Perdón por entrar en pánico —sus palabras salieron tensas a través de roncos hipos—. Perdón por romper tu jarrón. Soy una mierda, Levi. Lo siento tanto.
¿Por qué siempre gritaba? Levi no se merecía eso. El paciente hombre necesitaba a alguien agradecido y de voz suave. Alguien que no gritara y chillara y culpara. Alguien que no rompiera cosas y pudiera controlar su temperamento. Por eso Jean lo dejó. Él odiaba los gritos tanto como Eren lo hacía. Y al igual que Jean, Eren sabía que Levi lo dejaría también. Por alguien que no perdiera los estribos cada vez que algo saliera mal. Por alguien como Marco—
Eren jadeó y sus ojos se llenaron de lágrimas de nuevo. El pensamiento lo cortó como una cuchilla. Todo dolía y quería gritar y desaparecer. Pero Levi sostuvo su rostro en sus gentiles manos, quitando más lágrimas mientras estas caían.
—Dije que dejes de disculparte —repitió Levi, su voz aún suave. Pasó una tierna mano por el cabello de Eren y la llevó de vuelta para sostener su cara—. No quiero escuchar otro puto "lo siento" salir de tu boca. Tienes todo el derecho a estar molesto.
—Pero grité…
—Las personas gritan cuando están molestas. No es un maldito pecado. Solo respira profundamente.
Eren asintió, haciendo su mejor esfuerzo por obedecer. Todavía estaba temblando, pero intentó respirar. Levi esperó, frotando círculos pacientemente en las mejillas de Eren con sus pulgares. Respirando con él. Asegurándole que estaría bien. Que estaba bien.
Una leve sonrisa se extendió sobre los labios de Eren y finalmente apoyó su cabeza contra la mano de Levi.
—Gracias —la voz de Eren estaba ronca y sabía que lloraría más tarde, pero en ese momento estaba feliz.
Levi quitó el cabello de su rostro y se inclinó. Presionó ligeramente sus labios contra la frente de Eren mientras este cerraba sus ojos.
—Sé que no te gustan los besos, pero necesitabas más que un masaje en la cara —suspiró Levi—. Anda siéntate en el sofá ahora. Te haré un poco de té.
Eren asintió, ya que era lo único que podía manejar, y se arrastró hacia el sofá, todavía sintiendo los labios de Levi en su piel.
—¡El jarrón…!
—No te preocupes por eso —Levi se apresuró. Eren se sentó detrás del cojín del sofá, mirando a Levi por encima de ellos—. Lo limpiaré. Además, ese era el jarrón de la ex. Siempre lo odié.
Eren no estaba seguro en qué momento se quedó dormido, pero su cabeza estaba cómodamente en el regazo de Levi y su té estaba prácticamente sin tocar en la mesa. Así que cuando los ojos de Eren se abrieron, suspiró contentamente por la sensación de la mano de Levi en su cabello.
Encima de él, Levi bajó los papeles que estaba leyendo. El ruido hizo que Eren mirara hacia arriba con curiosidad y sonrió.
—¿Te sientes mejor, mocoso?
Eren asintió.
—Mhm.
Su pequeño gemido fue recibido con una palmadita de aprobación en la cabeza. Se dio la vuelta y empujó su rostro en el estómago del hombre. Levi se había duchado; Eren podía oler el persistente olor a jabón a través de su camisa y podía sentir los pocos lugares húmedos donde Levi no se había secado por completo.
La habitación estaba cálida, sin ser sofocante, y las luces habían sido apagadas. La lámpara en la mesita de al lado estaba encendida, para que Levi pudiera leer lo que sea que estaba leyendo, pero los papeles que sostenía daban una pequeña sombra sobre la cara de Eren para bloquear la luz.
Una sonrisa estiró los labios de Eren. Incluso después de su infantil ataque de nervios, Levi seguía cuidando de él. Mimándolo. Era más que un sentimiento de alegría; Eren percibió una sensación de seguridad. Seguridad emocional que nunca había sentido con Jean o cualquier otra persona.
Cuando él gritaba, la gente gritaba de vuelta, a excepción de su madre. Cuando Levi lo escuchó levantar la voz, solo había una sensación de calma de la que Eren pudo percatarse. Sin gritos de vuelta. Sin lanzar cosas. Solo Levi, siendo Levi.
Siendo perfecto.
—¿Cuánto tiempo estuve dormido?
—Mmm… casi dos horas —dijo Levi.
—¿Y has estado trabajando todo ese tiempo?
Levi suspiró, poniendo los papeles sobre la mesa. Acercó una mano a su rostro, frotando sus sienes, y la otra la mantuvo en la cabeza de Eren.
—Me duché y luego empecé a trabajar. Pero el trabajo es un infierno.
—Deberías tomar un descanso.
—¿Esa es tu manera consentida de decir que quieres atención?
—Iba a sugerir que te diera una mamada.
Levi levantó sus cejas ante la cara engreída de Eren. Se relajó en el sofá, empujando su entrepierna contra la mejilla de Eren.
—Así que eres capaz de buenas ideas. Pon esa boquita sarcástica tuya a trabajar entonces.
Sacó su mano del cabello de Eren para darle al castaño una pequeña palmada en su trasero. Eren soltó una risa, deslizándose del sofá para colocarse entre las piernas de Levi.
Eren palmeó la polla de Levi a través de sus pantalones de pijama, sintiéndola endurecerse mientras más la tocaba. Subió la camisa de Levi y tiró de la pretina de sus pantalones, mostrando esas hermosas y esculpidas caderas. Eren las mordisqueó, escuchando a Levi jadear y sintiéndolo empujar sus caderas para obtener más fricción.
Después de dejar una marca satisfactoria en la cadera de Levi, Eren bajó sus pantalones y ropa interior, revelando su premio. Abrió la boca, lamiendo una línea con toda su lengua desde la base de la polla de Levi hasta la punta, de piercing a piercing, antes de meterla en su boca. Dio una larga, dura chupada, gimiendo con deleite, y metió la verga de Levi profundamente en su boca, golpeando la parte de atrás de su garganta.
Eren no quería andar con rodeos. No quería que Levi rogara.
Pasó sus dientes ligeramente a lo largo de la polla de Levi, provocando un largo gemido del hombre, y abruptamente se la metió hasta la garganta. Aflojó su mandíbula, dejando que la saliva se acumule sobre sus labios y en la pierna de Levi. Unas manos encontraron su camino hacia su cabello y Eren gimió ante el repentino control que Levi tomó de él.
Eren mantuvo firme su cuello mientras Levi empezaba a embestir sus caderas, follando lentamente la boca de Eren. Era una dicha obscena el sentir esos duros piercings deslizándose por su caliente garganta, el tener los dedos de Levi enredados en su cabello, que las lágrimas se acumularan en sus ojos, y que los únicos sonidos en la habitación fueran el chapoteo de la saliva y la respiración agitada de Levi.
—Ahh… mierda, Eren… joder tu boca…
Ante el sonido de la voz rota de Levi, Eren sujetó los muslos del hombre, fascinado de que podía hacer gemir a Levi de esa manera.
El agarre de Levi se apretó y él echó la cabeza hacia atrás, su labio atrapado entre sus dientes. Eren se apartó rápidamente, agarrando la polla de Levi para extraer hasta la última gota de semen mientras alcanzaba el orgasmo. El pegajoso líquido golpeó los labios de Eren, lengua y mejilla, y miró hacia arriba a la cara sonrojada de Levi.
Con una sonrisa de satisfacción, Levi frotó la mejilla de Eren.
—¿Mejor? —ronroneó Eren, acariciando la polla de Levi con su nariz. Disfrutó la manera en que Levi se crispó cuando tocó con sus labios el sensible miembro en un pequeño beso.
—No me digas, tú linda mierda. Ve a limpiarte —ordenó Levi.
—¿Debería irme…?
—No, dije que vayas a limpiarte. Ducha y luego a la cama. Estaré ahí en treinta minutos —dijo Levi, recogiendo sus papeles—. Te vas a quedar a dormir porque aún no he terminado contigo.
—Tengo clase mañana.
Levi arrugó la nariz.
—¿A qué hora?
—Once.
—Entonces solo te follaré la mitad de duro para que puedas descansar un poco y aún caminar a clase.
—Oh, sí, señor —bromeó Eren entusiasmadamente. Se levantó y caminó sin prisa mientras Levi regresaba a terminar su trabajo, un tono color rosa todavía en sus mejillas. Rápidamente miró hacia atrás y atrapó a Levi observándolo. Eren se mordió el labio coquetamente—. No esperes demasiado tiempo, viejo, el efecto de tu Viagra se va a pasar.
—Ya casi es tu hora de dormir, mocoso descarado, por supuesto que no voy a esperar mucho.
Eren rio y corrió hacia el dormitorio, para limpiarse y acomodarse. Levi nunca dejaría de sorprender a Eren con su paciencia y aguante. Tal vez Levi era más un dios de lo que Eren le daba crédito después de todo.
N/T: Hey… -recibe golpes por demorarse tanto- (?) Perdón, estaba ocupada por semana de exámenes y extrañamente se me iban los ánimos para traducir uwu
Bueno, hubo un poco de feels en el capítulo, pero el salseo lo compensa… creo(?). El próximo tendrá algo bien sepsi, aunque se me hace raro traducir porno QwQ
Si me dejan un comentario, se los agradecería mucho. Nos vemos en el siguiente :'D
