Capítulo 9: Blueberry Scones
Eren estaba nervioso. En realidad no le gustaba la idea de que Mikasa y Armin hayan sido invitados a la casa de sus padres para cenar. Pero su madre había insistido e incluso llamó a Mikasa para decirle ("Sé que dirás que les dijiste, Eren, y obviamente no será así. Así que hablé con Mikasa yo misma", fueron sus palabras), desafortunadamente para Eren. Y esperar hasta que Grisha esté muerto antes de invitarlos al parecer no era una opción; desafortunadamente para Eren de nuevo.
Tomaron el coche de Eren, ya que de alguna manera tenía el tanque más lleno, y estacionaron en la calle como de costumbre.
—Wow, Eren, el jardín se ve increíble —dijo Armin, saliendo del auto. Eren rodó sus ojos.
—Dile a mamá, no a mí. Me importa una mierda el jardín.
Mikasa lo golpeó en el brazo con el ceño fruncido en su rostro.
—Sé amable.
—Créeme, lo soy.
Eren tocó la puerta, como era su costumbre usual, y luego procedió a sacar las llaves de su bolsillo. Se podían escuchar arañazos del otro lado de la puerta, junto con los alegres ladridos de Colosal. La voz de Carla siguió y la puerta se abrió.
—¡Abajo, chico! Hola, niños, estoy tan feliz… ¡Maldita sea, Colosal, detente!
Colosal estaba fuera de la casa, corriendo entre sus piernas y moviendo la cola antes de que Carla pudiera agarrar su collar. Eren y Mikasa lo palmearon en la espalda, pero el lugar favorito de Colosal era debajo de los pies de Armin.
—¡Niños, entren! La cena está casi lista —dijo Carla, tomando la mano de Mikasa y arrastrándola al interior—. Eren, ayuda a Armin y controla al perro.
Colosal había saltado sobre Armin, con las patas en sus hombros, y estaba ocupado lamiendo su cara. Armin apenas podía sostener al perro y se mantuvo haciendo muecas cada vez que la lengua de Colosal tocaba sus labios. Eren atrapó a Colosal por la correa y lo alejó, Armin escupiendo y limpiándose la boca mientras se reía.
—Este perro puede ser tan idiota.
—Oh, está bien —rio Armin, sujetando la puerta para él—. Aunque es extrañamente fuerte. Supongo que se parece a ti, ¿huh?
—Hey, sí… Espera.
Armin soltó unas risitas mientras corría dentro de la casa. Era claro, por la mirada en el rostro de Eren, que aún estaba pensando sobre el comentario. Colosal ladró y captó la atención de Eren. Siguió al perro por la puerta y soltó a Colosal, quien se fue de nuevo sobre los hombros de Armin mientras la puerta se cerraba.
—¡Eren! ¡Es muy pesado! —gritó Armin. Se dio por vencido y se sentó en el suelo, Colosal en su regazo mientras se quitaba los zapatos.
Eren sonrió, sacándose los zapatos, y chasqueó sus dedos al perro. Con la cola meneando, Colosal siguió su mano y Armin se puso de pie de un salto.
—Gracias —suspiró Armin, arreglando su camisa. Luego bajó la voz, inclinándose un poco más cerca—. Oye, uhh… Sé que ya pregunté, ¿pero estás seguro de que estás bien con nosotros aquí? Conozco a tu papá…
—Armin —se quejó Eren.
—¡Lo sé, lo siento! —gritó Armin. Mantuvo su voz baja—. Solo quería asegurarme.
—Pues es demasiado tarde ahora. Ya están aquí.
—Lo sé… Solo que me sentí un poco culpable por ser arrastrado —suspiró Armin. Ofreció una sonrisa y Eren rodó sus ojos, dándole una palmada en el hombro.
—Deja de hacer eso. Por cierto, ¿cómo estaba en el trabajo?
Armin asintió con la cabeza, como aclarando sus pensamientos consigo primero.
—Estaba bien. De un mejor humor que ayer.
Una de las ventajas de que Armin ayude en el hospital: Eren podía vigilar a su padre sin tener que comunicarse con él. Aunque estaba seguro de que Armin recibió una charla de "sé una buena influencia para Eren. Asegúrate de que vea lo que estás haciendo para que esté motivado". Y por ello, Eren se sentía culpable.
Pero Grisha tampoco podía levantarle la voz a Armin en el trabajo.
—Eso es bueno, por lo menos —murmuró Eren, solo para que Armin pudiera oír, mientras caminaban hacia la cocina. Carla estaba cortando lechuga para una ensalada, Mikasa sentada en el mostrador con un vaso de té en la mano.
—Armin, siéntete como en casa. Ya sabes dónde está todo —canturreó Carla mientras Armin se deslizaba en la silla al lado de Mikasa.
—Ah, gracias, señora Jaeger.
Carla sonrió y siguió hablando con ellos. Sobre sus clases, sus trabajos, su tiempo libre; nada en particular. Pero era tranquilo (excepto por Colosal) y agradable. No había gritos ni pelas o vergüenza. Solo una sencilla charla, la forma en que una visita debía ser.
—Esto se ve increíble —dijo Mikasa, su voz elevada con emoción mientras miraba detenidamente el plato frente a ella—. No he comido hamburguesas de salmón en mucho tiempo.
—Bueno, espero que no los decepcione —respondió Carla.
—Oh, señora Jaeger, como si su comida pudiera defraudarnos alguna vez —rio Armin.
Eren permaneció callado, comiendo y simplemente escuchándolos hablar. Le recordó a cuando eran pequeños. Cómo Armin y Mikasa pasaban horas en la casa y todos ellos jugaban. Pero para el almuerzo todos se sentaban en la mesa, Carla junto a ellos, y ella escuchaba sus infantiles griteríos.
Y la escena frente a él ahora no era diferente. La misma energía estaba ahí, aunque en lugar de un alboroto, había una conversación real. Mikasa no paraba de hablar de su trabajo e incluso un poco sobre Annie. Armin les contó sobre sus prácticas y las grandes cantidades de café y expreso con las que estaba familiarizado ahora.
Eren se preguntó, probablemente más de lo que debería, sobre su propia relación. Carla no dijo nada sobre Mikasa y Annie; solo sonrió y asintió y le dijo a Mikasa lo feliz que estaba por ella. Si Eren le contaba a su madre acerca de Levi —acerca de un hombre que conoció en un bar, quien le daba dinero, quien era un exitoso abogado, quien era diez años mayor—, ¿podría ella aceptarlo fácilmente? ¿Podría en verdad aceptarlo a él y a Levi?
—Eren, estás muy callado —dijo Carla—. ¿Algo te está molestando?
Eren se sacudió de su mirada vidriosa y sonrió.
—No, estoy bien. Solo escuchaba.
Carla sonrió y asintió con la cabeza, regresando a su comida. Pero Mikasa atrapó a Eren suspirando y vio la tensión dejar su rostro. Armin rápidamente tomó la palabra, haciéndose cargo de la conversación antes de que ella pudiera decir algo.
Para el postre, Carla hizo scones; caseros scones de arándanos que bebieron junto con tazas de café caliente (descafeinado para Armin). Todos se sentaron en la sala de estar, Carla y Eren en el sofá mientras Mikasa tomaba el sillón; Armin se sentó en el suelo con Colosal sentado orgullosamente en su regazo. El enorme perro prácticamente ocultaba a Armin, a excepción de sus manos y piernas.
Todo estaba tan relajado que ni siquiera oyeron la puerta abrirse. No oyeron los pasos pesados o el maletín ser colocado en el mostrador de la cocina. Pero Mikasa fue la primera en percatarse, ya que se sentaba en dirección a la entrada de la sala; Carla y Eren estaban de espaldas y la vista de Armin estaba bloqueada por Colosal.
—Buenas tardes, señor Jaeger —dijo Mikasa. Carla volteó primero, sus ojos abiertos con sorpresa mientras Grisha escaneaba la habitación.
Eren miró por encima del sofá, la taza contra su cara. Era como esconderse en plena vista. Sintió su estómago tensarse y curvó sus dedos de los pies más fuerte en el sofá.
—¿Teniendo una pequeña reunión? —preguntó Grisha calmadamente. Besó a Carla en la cabeza, como un saludo, y ella sonrió.
—Solo los niños —dijo—. Tu plato está listo. Está sobre la mesa.
Grisha asintió.
—Está bien. Lo comeré luego. No te mantendré alejada de tus invitados. Diviértanse.
Y tan tranquilamente como vino, se fue. Sin ninguna otra palabra. Eren sintió un nudo formarse en su garganta y bebió más de su café. Metió su scone en el caliente líquido y observó el vapor danzando alrededor de su mano. Podía oír a Grisha en la otra habitación, arrastrando los pies por su oficina.
Eren miró a su madre.
—Eren, si necesitas hablar con él… —dijo Armin.
—Tal vez debería —suspiró Eren.
—No es necesario —dijo Carla firmemente, agarrando su brazo—. No te sientas obligado.
—Lo sé, pero no puedo simplemente ignorarlo —dijo Eren, dejando su taza sobre la mesa. Bueno, por supuesto que podía, pero entonces no sería mejor que Grisha. Se levantó y pasó las manos sobre sus jeans, limpiando sus sudorosas palmas, y se dirigió al estudio de su padre.
Se quedó mirando la puerta cerrada, alta y amenazante. Cuando era pequeño recordó que era de la misma manera. Una fortaleza blanca inaccesible, protegiendo algún reino como de dios. Nunca se le permitió entrar cuando era niño y aún se sentía lo mismo ahora. No era su lugar. Le estaba prohibido entrar, con o sin permiso.
Extendió la mano y golpeó esa intimidante puerta y esperó a entrar antes de escuchar un brusco "adelante".
Grisha no levantó la vista mientras Eren ingresaba, pero la mirada amarga en su rostro arrugado ya le decía a Eren que él sabía quién era.
—¿Sí?
—Solo quería decir hola —dijo Eren encogiéndose de hombros. Dejó que la puerta se cerrara y se apoyó contra la pared—. Eso es todo.
—Si eso es todo, ¿entonces por qué sigues aquí, Eren? ¿Qué más quieres? ¿Dinero? Ya te dije que estás desheredado.
Eren se dio la vuelta, presionando sus dedos contra el pomo de la puerta y se detuvo, temblando. Sacudió la cabeza y respiró profundo, girando de vuelta y plantando firmemente sus pies en el piso de madera. Apretó los puños.
—En realidad, no, eso no es todo. Y no es sobre dinero. Quería decirte que vendí una pintura.
Hubo una pausa. Lo que sea que Grisha había planeado decir tuvo que callárselo, porque estaba claro, por la mirada perpleja en su rostro, que no estaba esperando la respuesta de Eren. Bajó sus papeles y se recostó en su silla.
E incluso con su padre dándole toda su atención, Eren no se permitió tener esperanzas. En vez de que su corazón esté acelerándose con entusiasmo, se estaba preparando mentalmente.
—Pues qué suerte tienes. Y ahora piensas que puedes vivir de lo que ganaste. ¿Cuánto fue, unos cuantos cientos? ¿A lo mucho? Solo estás empezando…
—Fueron tres mil dólares —dijo Eren—. Y ese no fue el precio inicial tampoco, porque varias personas se ofrecieron a comprarla esa noche. Sé que no es suficiente para vivir de ello, pero pude comprar los víveres y pagar las cuentas. Y me sobró un poco para el próximo mes también. Sé que no puedo esperar ser famoso de la noche a la mañana, pero considerando que ese fue mi primer intento, diría que es un esfuerzo decente.
Grisha hizo un pequeño sonido de desaprobación.
—¿Así que cuál pintura tuya supuestamente vale tres mil dólares?
—No creí que te importaría lo suficiente para preguntar. Pero ya que quieres saber, puedes pedirle a mamá que te la describa —dijo Eren. Los labios de Grisha se apretaron y Eren se giró hacia la puerta, tirando de ella para abrirla. Sonrió, sintiéndose triunfante, y salió de la oficina, cerrando la puerta mientras se iba.
Se apoyó contra la pared en el pasillo, con los ojos cerrados, y una sonrisa todavía plasmada en su rostro. No le importaba el estrellato artístico o lo que sea. Agregó eso para el efecto. Todo lo que quería era hacer lo que amaba y que su padre lo aceptara. Pero si Grisha seguía menospreciándolo, Eren sabía que al menos podría conducir al hombre a la locura con curiosidad.
Se tragó su sonrisa y se recompuso, caminando de regreso a la sala de estar. Tan pronto como entró, todos se quedaron en silencio, alzando la vista hacia él.
—¿Todo bien? —preguntó Mikasa. Eren asintió.
—Todo está bien.
Armin no tenía problema en quedarse callado, pero Mikasa se estaba poniendo cada vez más curiosa por saber a dónde se escabullía Eren a cada oportunidad que tenía. Estaban a mediados de octubre y ella nunca había visto a Eren tan completamente calmado sobre su arte y el trabajo de la universidad y el dinero. Era tranquilizador, por supuesto, pero preocupante.
¿Qué estaba haciendo?
—Solo he mejorado en organizar mi mierda —dijo Eren mientras empacaba sus pertenencias—. Voy a salir.
—¿De nuevo? Acabas de regresar del trabajo —ella cruzó sus brazos y levantó sus cejas—. Y es temprano.
—Ajá.
—Eren.
—¿Hm?
—¿Estás… haciendo algo ilegal? —ella entrecerró los ojos hacia él, observando su expresión ir de estupefacta a ofendida.
—¿Qué carajos? ¿De verdad crees que soy tan estúpido?
—A veces.
Eren rodó sus ojos, pero Mikasa permaneció mirándolo, sobre todo sus orejas. No había ningún indicio de rojo en ellas, por lo que supo que él no estaba mintiendo sobre hacer negocios turbios.
—Si estás saliendo con alguien, puedes decirme.
—Puedo —reflexionó Eren—, pero prefiero mantener eso privado. La última vez que salí con alguien, trataste de matarlo.
—La última vez que saliste con alguien, estabas en la secundaria, tenías quince años y su nombre era Jean. Tenía una razón válida.
—Él no era tan horrible.
—No al principio.
—Ni nunca. Él estaba bien. Simplemente no éramos compatibles. Y tengo que irme —exclamó Eren, corriendo hacia la puerta—. ¡Te veo luego!
Mikasa abrió la boca para discutir más, pero la sonrisa sincera en el rostro de Eren la hizo callar. Ella sonrió para sus adentros. Él estaba feliz, con lo que sea (¿quien sea?) que estaba haciendo, y se veía sano y menos estresado. Tal vez era yoga, se dijo a sí misma, o tal vez, solo tal vez, su hermano finalmente había encontrado a alguien.
Ahora bien, si tan solo pudiera conseguir que Armin comiera en vez de vivir de sus libros y café.
Desde su encuentro con Mikasa esa vez que lo dejaron, Eren decidió que ser recogido directamente frente a su departamento no era una opción. Caminaría hasta la mitad de la calle, solo para evitar encontrarse con alguien. Bertholdt permaneció callado. Igual Marco. Ninguno de ellos se atrevió a hacer preguntas por respeto a la privacidad de Eren. Pero definitivamente no les impedía ser curiosos (eso era obvio durante cualquier clase cuando se sentaban expectantemente al lado de Eren e iniciaban una pequeña charla). Nunca nada directo, pero casualmente dejaban caer pistas.
La gente que Eren realmente quería evitar, mientras Levi estaba cerca, eran Reiner, Connie, Jean e Ymir. Tres por las burlas y uno por lo obvio.
Y por supuesto estaba Armin. No había una manera fácil para él de decirle a su amigo que estaba (más o menos) saliendo con un hombre mayor. Y por su dinero. Algo así.
Luego Mikasa. Ella ya estaba sospechando y Eren en verdad no quería explicarle que estaba cogiendo con su primo adoptivo por dinero para la gasolina.
Eren odiaba molestarse con títulos y detalles sobre su relación. Se metió en el auto de Levi, dejando su mochila en el suelo del coche con un suspiro. Levi le dio un golpecito bajo la barbilla con un dedo cariñoso y Eren sonrió.
—Te ves como un contento gatito —dijo Levi, conduciendo de vuelta por la calle—. Con esa sonrisa de estúpido.
—Siempre haces eso —rio Eren—. Esa cosa del dedo en la barbilla. Bueno… al menos las últimas veces que nos hemos visto lo has hecho.
—No tengo permitido besarte. Necesitaba alguna manera de saludarte sin hacerte sentir incómodo. Así que es eso o directo a follar.
Los ojos de Eren se abrieron y sus mejillas se pusieron rojas. Bajó la vista hacia sus manos, nerviosamente jugando con ellas mientras se recostaba contra el asiento. Trató de pensar de vuelta en cada golpecito en su barbilla; en cada persistente toque. Levi se rio en voz baja y Eren arrugó las cejas.
—No trajiste el Porsche hoy —murmuró el menor.
—Vaya, eres una mierda consentida —bromeó Levi—. Tengo que llevarlo a que lo laven. La cosa está jodidamente asquerosa por la lluvia. Quería tenerlo limpio y dar una vuelta, pero el trabajo me ha tenido agobiado, joder.
Eren se echó a reír.
—Eres tan ridículo.
Eren pasó un dedo por la superficie peltre del Porsche, dejando una línea semi-limpia en el polvo. Levi rodó sus ojos mientras Eren escribía "Lávame, Papi", completo con una carita triste, a lo largo de la ventana.
—¿Es en serio? —preguntó Levi, negando con la cabeza, divertido por la sonrisa infantil en el rostro de Eren.
—Si lo lavo, ¿podemos ir? —reflexionó Eren, inclinando la cabeza hacia atrás para mirar por encima de su hombro. Incluso le dio a sus caderas una generosa sacudida para asegurarse de que tenía la atención de Levi. Y ciertamente hizo que el mayor entrecerrara sus ojos en una mirada depredadora. Se acercó hacia Eren, deslizando sus manos sobre las caderas del chico, y las agarró firmemente, como probando para ver cuánta presión podrían tomar. Amasó los redondos montículos del trasero de Eren y admiró lo apretados que eran esos jeans.
Eren hizo un sonido con la garganta en aprobación y tamborileó sus dedos en el auto mientras Levi empujaba sus caderas contra él. No había fricción real a través de sus pantalones, pero el gesto vulgar dejó suficiente a la imaginación de Eren para hacerle sonreír.
—¿Por qué te gusta tanto este coche? —preguntó Levi, metiendo sus dedos debajo de la camiseta de Eren para sentir su cálida piel—. ¿Te gusta porque es rápido? ¿O por la manera en que ronronea en este culo?
Enfatizó sus palabras con una fuerte palmada al trasero de Eren. El castaño se mordió el labio.
—Ambos. Pero también porque es un convertible y me gusta manejar con el techo abajo.
—Esa fue una respuesta extrañamente inocente —Levi hizo una mueca—. Eso es jodidamente raro viniendo de ti.
—¿Quieres que hable sucio sobre el auto?
—Eso es aún más raro.
— Leviiiiiiiiiii —Eren se quejó—. El clima está tan bueno. No quiero estar encerrado en la casa todo el día. Por favor, papi, ¿llévame a dar un paseo?
—Pequeña mierda persistente. El balde está por allá. Juro a cualquier dios que haya, Eren, que si rasguñas mi auto…
—¡Soy un buen chico! —gritó Eren, apretando los puños con emoción—. Voy a ponerme algo que no me pese cuando esté mojado.
Levi observó a Eren irse dando saltos, sacudiendo su cabeza ante el entusiasmo del chico por algo tan simple como un paseo en coche. Era verdaderamente algo especial.
Pero ese comentario de papi fue incluso mejor.
Para el momento en que Eren se había cambiado, Levi ya estaba sentado afuera, su Porsche estacionado en la luz del sol. La manguera del jardín había sido sacada y el balde llenado con agua jabonosa. Todos los productos de limpieza estaban ordenados en un pequeño contenedor al lado del balde.
Levi se había echado en una tumbona, una pila de papeles en sus manos. Con la forma en que su casa se encontraba, el amplio camino de entrada al garaje daba una vuelta hacia la parte de atrás. Y con la forma en que Eren estaba vestido, Levi estaba contento de que estuvieran fuera de la vista de los vecinos.
Eren salió brincando en un par de shorts deportivos que apenas cubrían su trasero y una simple camiseta blanca sin mangas. Era todo piel maravillosamente bronceada y largos músculos tonificados. Levi bajó sus papeles para observar a su linda mascota agacharse para recoger la manguera. No había nada seductor en sus movimientos, pero esa inocencia hacía a Eren aún más irresistible.
Porque era cuando el mocoso estaba completamente natural, ojos azul Caribe y rostro ajeno a miradas curiosas, que Levi lo encontraba realmente cautivador. Impresionante.
—No tengas un ataque al corazón, viejo —Eren se burló, rociando el coche con agua—. Odiaría tener que llamar a una ambulancia cuando dijiste que iríamos a dar un paseo.
—Deja de hablar y haz tus deberes, mocoso —dijo Levi inexpresivamente—. O de lo contrario no hay recompensas.
Eren hizo un puchero y tiró la manguera, agarrando la esponja jabonosa del balde. Se inclinó sobre el capó del auto, separando sus piernas y arqueando su espalda, mientras apretaba el jabón de la esponja. Levi levantó una ceja, descuidando sus papeles, para mejor prestarle atención al espectáculo que le estaban dando.
Eren estaba haciendo un trabajo de limpieza a medias, como era de esperar. Levi podía ver rayas sucias y seguía olvidándose de enjuagar. Pero en cuestión de minutos Eren estaba empapado y su delgada ropa se pegó a su cuerpo, acentuando las curvas de sus esbeltos músculos.
Levi lo observó todo desvergonzadamente, sus papeles colgando sueltos entre sus dedos. Eren miró por encima de su hombro mientras limpiaba una ventana. Con una sonrisa, tomó su camiseta, tirando de ella sobre su cabeza y arrojándola a un lado. Levi alzó sus cejas, pupilas dilatadas con interés y excitación, porque puta mierda, el cuerpo de Eren se veía incluso mejor en la luz con gotas de agua deslizándose por su espalda.
—Mierda…
—¿Huh?
Levi se sacudió de su mirada sin pestañear.
—¿Qué?
—Pensé que dijiste algo —dijo Eren, rociando el coche con agua—. Creo que ya terminé.
—Hiciste un trabajo de mierda —suspiró Levi. Eren tiró la manguera y se dio la vuelta para darle una mirada enojada a Levi—. Pero te daré una puta A por lucir bien.
Eren sin duda se animó ante las palabras de Levi. Pasando una mano por su cabello, para hacer hacia atrás sus mechones húmedos, Eren se dirigió orgullosamente hacia Levi. En el momento en que se apoyó en el borde de la tumbona, Levi dejó que los papeles se deslizaran de sus dedos hasta caer en el césped.
—Entonces, ¿vas a darme mi recompensa, papi? —dijo Eren, sentándose a horcajadas sobre la cintura de Levi. Puede que estuviera empapado y haciendo un desastre, pero Levi encontró que le era imposible resistirse a tocarlo. Puso sus manos en la cintura de Eren, dedos entreteniéndose con la parte superior de sus shorts.
Se mostró satisfecho por la vista del creciente bulto asomándose a través de la delgada tela.
—Creo que puedo darte un pequeño premio antes de irnos.
Eren agarró el respaldo de la silla y gimió ante el aliento de Levi contra su pecho desnudo.
—¿Vas a darme la polla de papi?
Levi podía estar encantado con la inocencia de Eren, pero fácilmente caía víctima de la deliberada seducción del chico también.
Dejó que su mano se deslizara de la cintura de Eren para tocarlo a través de esos mojados shorts. Un delicioso gemido escapó de los labios entreabiertos de Eren y su cabeza se fue hacia atrás.
—Te daré esto por ahora y luego puedes ir a cambiarte —dijo Levi, lamiendo el pezón duro de Eren—. Sé un buen gatito para papi y te daré mi verga más tarde.
—Ahh… mierda, Levi… —la voz de Eren chilló mientras Levi apretaba su pene a través de sus shorts. Sus piernas se sacudieron mientras movía sus caderas, su respiración pesada y sus ojos entrecerrados con deseo—. P-por favor…
—Por favor, papi —exigió Levi, tirando de la cintura de los shorts de Eren.
—Por… por favor… Papi-ahh…
Eren exhaló fuertemente por la nariz mientras Levi metía su mano en esos mojados shorts. Empezó a mover sus caderas, justo cuando los dedos de Levi apenas rozaron su polla y gimió ante la falta de contacto. Levi sonrió, todavía pasando las puntas de sus dedos sobre la longitud de Eren, y disfrutó el puchero que Eren estaba haciendo en su regazo.
—¡Levi, dije por favor!
—Lo sé, pero me encanta verte retorciendo como un mocoso hambriento de polla.
—Quiero tu verga, joder.
Levi envolvió su mano alrededor de la cintura de Eren, manteniéndolo quieto, y agarró su pene con la mano. Le dio a Eren unas largas, lentas caricias antes de dejar de calentarlo. Las piernas de Eren temblaron y su respiración se volvió irregular, completamente destrozado en cuestión de segundos. Embistió sus caderas en la mano de Levi, sujetando sus hombros, su cabello; cualquier cosa en la que pudiera poner sus dedos.
—No muerdas tu labio —espetó Levi—. Quiero escuchar tus gritos sucios.
Eren soltó su labio de entre sus dientes con un gimoteo. Abrió la boca, jadeando más fuerte con cada tirón y giro de la mano de Levi.
—Mn, joder… ¡Levi!
—Te encanta esto, ¿no? —ronroneó Levi contra su pecho, deslizando su pulgar sobre el glande de Eren, frotando su liquido preseminal sobre su miembro—. Estar afuera con tu polla en mi mano. Dile a papi lo mucho que te gusta esto.
Eren trató de concentrarse, sus ojos cerrados y cejas juntas.
—Me encanta, pa… ¡Mierda!
Levi movió su muñeca hábilmente, con suficiente presión para sacar un grito agudo junto con el orgasmo de Eren. El castaño cayó hacia adelante, el semen manchando su estómago mientras sus hombros se desplomaban y sus piernas se estremecían alrededor de Levi. Gimió de placer y escondió su cara en el hueco del cuello de Levi, dejando que su cuerpo se recuperara de su repentino clímax.
Una sonrisa amable se extendió sobre el rostro de Levi y pasó su mano limpia a lo largo del brazo tembloroso de Eren, hasta su cuello y su cabello mojado. Eren se echó hacia atrás, la mano de Levi enredada en su cabello, y devolvió la pequeña sonrisa con una tímida inocencia.
Inocencia porque no se le hacía extraño un rudo, rápido polvo, pero aún se estaba acostumbrando a la intimidad que seguía después. Que Levi le estaba mostrando.
Se sostuvieron la mirada por lo que pudo haber sido una eternidad.
—¿Estás bien?
Eren asintió, incapaz de encontrar sus palabras por el momento. Levi descansó sus manos en la cintura de Eren, dibujando círculos suaves con sus pulgares que hicieron a Eren retorcerse con una risita encantadora. La sonrisa nunca dejó la cara de Levi y Eren levantó las cejas hacia él.
—¿Q-qué pasa…? —su voz era baja.
—No es nada.
—Pero-
—¿Levi?
La suave y curiosa voz hizo que Levi se tensara. Su estómago se hundió y una sensación de malestar se apoderó de él. Eren puso una mano sobre su boca por miedo, escuchando la voz de la mujer también. Levi quitó sus manos justo a tiempo para ver a la mujer caminando por la acera.
Los ojos miel se abrieron una vez que los vio.
Eren giró la cabeza hacia ella, por curiosidad, y luego de vuelta a Levi. Era la misma mujer con la que se habían encontrado la noche que fueron a cenar. Por la forma en que estaba vestida, Eren podía ver que era una profesional, como Levi; un traje sastre de falda con tacones, su cabello castaño rojizo recogido y unos papeles sostenidos contra su pecho.
Sus mejillas se encendieron y comenzó a murmurar en una voz que solo Levi podía oír.
—Mierda, lo siento, ¿qué hago? ¿Qué hacemos? Oh Dios, Levi…
Una suave mano en la parte baja de su espalda calmó a Eren. Tomó aire mientras Levi se enderezaba, recuperando la compostura.
—¿Parece que olvidaste que teníamos una pequeña reunión hoy? —preguntó Petra, sacudiendo los papeles en su mano.
—Me distraje —respondió Levi.
—Puedo ver.
Eren quería morir. Ya era suficientemente malo que estuviera medio desnudo, recuperándose de su orgasmo, y mojado encima de Levi, pero ahora estaba esta mujer. Y por sus tonos de voz, no estaban en buenos términos tampoco.
Levi se deslizó de debajo del cuerpo de Eren y cogió la toalla que había colocado en el suelo. La puso sobre los hombros de Eren, cubriendo al chico lo más que podía.
—¿Por qué no vas adentro, te secas y abrigas y salimos en una hora? —dijo Levi, palmeando a Eren en la cabeza.
El menor asintió y sostuvo la toalla con cuidado alrededor de sí mismo. Volvió a mirar a la mujer, quien estaba de pie sacudiendo la cabeza. Sin decir una palabra, Eren asintió, trató de sonreírle a ella y corrió hacia la casa.
Azotó la puerta detrás de él, respirando con fuerza. Era terrible. De todas las cosas que podían ir mal, tenía que ir jodidamente mal.
Eren se sentó con su cuaderno de dibujo abierto, garabateando en la cama de Levi mientras esperaba a que los dos terminaran con su reunión. Mantuvo la puerta entreabierta, oyendo un ocasional comentario sarcástico de Levi o incluso a Petra riendo. Escuchó los mismos nombres repetidos, una y otra vez.
Auruo.
Erwin.
Hanji.
Eren reconoció el nombre de Hanji como el de su propia profesora en Trost. Erwin era alguien nuevo. Pero a juzgar por lo que podía entender, Auruo parecía ser el más importante de todos los mencionados. Había tensión, podía percatarse, pero nada que no pudiera ser suavizado. Estaban revisando documentos legales, ¿separando cosas equitativamente…?
Y luego escuchó su nombre. Murmurado.
—¿No es un poco joven?
Eren ciertamente se despabiló. Caminó hacia la puerta de la habitación de Levi de puntillas y presionó su oreja contra esta para escuchar. Hubo más murmullos, algo que no podía descifrar pero Levi estaba hablando.
—No rompas su corazón también.
—No le haría eso a nadie a propósito. Especialmente no a él.
Silencio.
Eren podía sentir la tensión de nuevo. Tragó fuertemente, colocando una mano en su pecho y su corazón acelerado, como si eso fuera a calmarlo. La sinceridad y preocupación en la voz de Levi hizo que las rodillas de Eren se debilitaran y su corazón se agitara demasiado. Quería que se detuviera; no le gustaba sentirse tan… comprometido.
Sin embargo, cuando miró hacia abajo, se dio cuenta de que estaba apretando la almohada de Levi contra su pecho. No la almohada que él usaba, sino la almohada en la que Levi dormía porque a Eren le gustaba la forma en que olía. Y cuando miró su cuaderno de dibujo solo había bocetos de Levi en él. Ni siquiera estaba llevando sus propias ropas; se había puesto una camisa de Levi.
La sensación era extraña y quería que se detuviera. Incluso si se sentía un poco bien…
Escuchó lo que pudo de la conversación y luego oyó sillas moviéndose contra el suelo. Eren corrió de vuelta a la cama, su bloc de dibujo en la mano, y escuchó dos despedidas murmuradas. La puerta abrirse y cerrarse. Y luego pasos.
La puerta de la habitación se abrió y Levi se quedó mirándolo, luciendo exhausto. Se frotó el puente de la nariz.
—Levi…
—Vámonos.
—¿Eh?
—Ya me escuchaste. Querías ir a dar una vuelta. Vámonos. Ponte los zapatos.
Eren vaciló.
—No… No tenemos que hacerlo. Pareces muy estresado. ¿Si quieres puedo ir…?
—Debes saber a esta altura, idiota, que siempre tengo algo jodiéndome y haciéndome sentir putamente estresado. Voy a calmarme mientras manejo. Así que, o levantas tu culo, te pones los zapatos y te metes al coche o me voy sin ti.
Eren obedeció rápidamente y encontró sus zapatos antes de que Levi pudiera decir otra palabra.
Fue un muy necesitado paseo.
En cuestión de minutos al volante con la capota abajo en su Porsche, toda la actitud de Levi cambió. Su ceño se suavizó y ya no presionó sus labios en una línea tan delgada. Se relajó en su asiento, su brazo en la puerta del coche y su cabeza apoyada en una mano perezosa.
Eren trató de no observarlo. Mantuvo sus ojos en el lago por el que manejaron, disfrutando del aire fresco y las suaves olas en el agua. Pasaban al costado de corredores y ciclistas y personas con sus perros. Eren se estiró, levantando los brazos por encima de su cabeza y mirando el sol a través de sus dedos.
—¿Esa es mi camiseta?
Eren miró a Levi. El hombre no lo miró, sus ojos centrados en el camino. Eren acomodó sus manos detrás de su cuello, dándole un vistazo a la camiseta de St. Anger que usaba.
—Tal vez.
—Se ve bien en ti.
Aquellas ciertamente no fueron las palabras que Eren estaba esperando. Se sonrojó y miró hacia otro lado mientras Levi reía.
—Linda mierda.
Eren rodó sus ojos.
—No pensé que fueras del tipo que le gusta Metallica hasta que vi esta playera.
Levi resopló.
—Para tu información, he sido un fan desde antes de que tú nacieras. En la universidad, unos amigos y yo fuimos en un viaje de carretera para ver tres de sus conciertos. El maldito fin de semana más estúpido de toda mi vida. Falté a clases, me quedé con resaca, inhalé más drogas de las que me importa recordar. Pero nos la pasamos genial.
—Wow… —Eren soltó una risa, pasando sus manos sobre la camiseta—. Eso es intenso.
—Nunca hagas esa mierda. Incluso terminamos detrás del escenario una noche y nos tomamos unas cuantas fotos con la banda. Así es como Hanji conoció a su esposo, Moblit. Él era un encargado del equipo.
Eren sabía suficiente acerca de llegar a backstage por las películas para saber lo que eso implicaba. Se rio entre dientes y se volvió hacia Levi, justo para ver que la leve sonrisa de este había comenzado a desvanecerse. Por mucho afecto que le tuviera al viejo recuerdo, el problema actual era más pesado.
Levi estacionó el auto, frente al lago, y recostó la cabeza en su asiento. Rebuscó en sus bolsillos, sacando una caja de cigarrillos y un encendedor. Eren lo observó encender uno y respirar un fino rastro de humo en el aire.
Él suspiró.
—Estoy seguro de que tienes un montón de jodidas preguntas sobre… lo que ocurrió en la casa —dijo Levi—. Así que, por ahora, estoy dispuesto a responderlas, mocoso.
—Eres tan alegre.
—Vete a la mierda.
Eren rodó sus ojos y agarró la mano libre de Levi, alzándola hasta su cabeza. Levi empezó a pasar su mano a través del cabello de Eren y el menor suspiró contentamente, escuchando la respiración de Levi acompasarse.
—Preferiría que no estuvieras con ese humor de mierda y me prestes atención.
—Carajo, estás increíblemente mimado —dijo Levi—. Y es mi culpa, pero sinceramente no me molesta.
—Bien.
El cigarrillo de Levi pasó desapercibido, ceniza cayendo por afuera del auto. Eren prácticamente ronroneó con la mano de Levi en su cabello y en la forma más inocente que pudo. Era gentil afecto lo que anhelaba y Levi lo estaba bañando con ello.
Más corredores pasaron. Más personas paseando a sus perros. Unos pocos botes en el agua. Levi hacía comentarios sarcásticos de vez en cuando. Eren reía y de alguna manera terminó con su cabeza en el hombro de Levi; y el brazo de Levi alrededor de él en vez de en su cabello.
No se estaban realmente abrazando. Incluso si Eren entrelazó sus dedos para sujetar la mano de Levi.
—Maldita sea —suspiró Levi—, esa mujer es mi ex esposa.
Los ojos de Eren se agrandaron.
—Oh, mierda.
—No estuvimos casados mucho tiempo. Tal vez unos tres años. Y por un año y medio de eso ella estuvo engañándome con uno de mis trabajadores de la oficina. Nos divorciamos y ahora nos estamos encargando de unos asuntos legales pendientes. Solo propiedad de mierda, nada demasiado horrible.
Eren tragó saliva y apretó la mano de Levi.
—¿Es por eso que querías un lindo juguete? ¿Para ayudarte a superar esto? —preguntó Eren. Trató de que su voz esté lo más tranquila y firme posible. Pero la sola idea le dolió más de lo que quería admitir.
—Estoy pasando por un maldito divorcio. Salí a beber para lidiar con el estrés. Tomar a un mocoso para consentirlo no estaba en mis putos planes. Eso es estrés y dinero extra.
—¿Entonces soy una carga?
—No, pero eres mocoso de mierda con baja autoestima. Deja de pensar que me molestas. Si no te quisiera conmigo, no estarías aquí. De eso se trata. Punto. Te invito y cuido de ti por una razón.
Eren sintió que su corazón se aceleraba al igual que antes cuando estaba esperando a Levi en su habitación. Aún no le gustaba y lo hacía sentir un poco enfermo. Pero aun así lo quería…
—Petra siempre decía que no era lo suficientemente cariñoso. Por lo que estoy haciendo un esfuerzo en cambiar —continuó Levi—. Pero me hecho una promesa a mí mismo de nunca tolerar que alguien me engañe otra vez.
Un malestar se apoderó de Eren que no tenía nada que ver con sus sentimientos por Levi. Apretó más fuerte la mano de Levi, porque de repente se odiaba a sí mismo aún más. Realmente él era el tipo de persona que Levi no quería. Él era el tipo de persona que no merecía el amor de Levi.
No, no amor. Levi nunca podría amarlo. El hombre era demasiado bueno. Tan absolutamente perfecto.
Y Eren sabía que él estaba absolutamente defectuoso.
Pero por primera vez, en muchos años, Eren ansiaba la ternura de los labios de alguien. Quería besar a Levi en ese instante. Quería probar la boca de Levi y explorar su calidez, pero solo pensar en ello hizo temblar a Eren.
Optó por acurrucarse junto a Levi tanto como pudo, para estar lo más cerca que la física les permitía.
—Lamento que hayas pasado por algo como eso. Eso es… es horrible…
—Mierda pasa.
No dijeron una palabra después de eso. No por unos minutos. Observaron a más personas caminar, preocupándose de propios sus asuntos, pero esta vez Levi no hizo comentarios. Presionó sus labios y le dio una calada a su cigarrillo.
—Está embarazada.
Eren se tensó bajo su mano.
—Oh…
—No con mi bebé. De él. Auruo. Es solo que… debería haberlo visto. Todo. Se suponía que ellos iban a estar juntos y lo sabía y solo la cagué. Ahora estoy jodido. Perdón por ser un desastre.
—No lo eres. No podías saber que eso iba a ocurrir —susurró Eren—. No es como si fueras psíquico o algo raro. Mierda solo… solo pasa.
Levi hizo un sonido que pudo haber sido una risa. Eren sonrió.
—Levi, estamos saliendo, ¿no? ¿Exclusivamente? No sé cuáles son las reglas de esta cosa de sugar daddy y no quiero cagarla.
Las palabras dejaron su boca antes de que realmente pudiera pensar en ellas. Pero Eren tenía que asegurarse. Él no podía ser la razón por la que Levi odie salir por el resto de su vida. No quería contribuir más al dolor y desconfianza de Levi.
El mayor se encogió de hombros.
—Supongo.
Eren se sentó y volvió a mirar a Levi.
—No es como si hubiera estado con alguien desde que estamos haciendo… lo que sea que estemos haciendo. Solo quería asegurarme. No quiero lastimarte también.
Levi no respondió. Le dio golpecitos al resto de su cigarrillo y apoyó su brazo en la puerta del auto. Recostó su cabeza en su mano y entrecerró los ojos, mirando hacia el lago. Sus rasgos se afilaron visiblemente y Eren sabía que estaba acabado.
El dolor estaba escrito en su rostro, tan claro como el cielo sin nubes. Era el dolor de alguien que había sido tan lastimado por alguien y Eren podía ver lo que había hecho. Lo que había estado haciendo con Jean y causado a Marco. Y estaba terriblemente mal. Ahogó un sollozo formándose en su garganta.
—Lo siento.
—No lo sientas. Deja de disculparte. No hiciste nada, Eren.
Eren se encogió en su asiento.
—Lo sé, pero yo saqué el tema. Lo siento.
—Por última vez —dijo Levi, dándose la vuelta para encararlo, su tono lo suficientemente cortante para que no lo contradijeran—. Deja de disculparte por mierda que no es tu culpa. Es molesto.
Las palabras estaban en la punta de su lengua y Levi lo sabía mientras le daba a Eren una mirada severa. El menor reprimió su "lo siento" y Levi enredó sus dedos en el cabello de Eren.
—Gracias —dijo Levi y una dulce sonrisa se extendió sobre los labios de Eren.
Empujó su cabeza hacia adelante contra el hombro de Levi. Este pasó su brazo sobre los hombros de Eren, para mantenerlo cerca, y regresó sus ojos al lago.
—De nada —murmuró Eren, su voz apenas más que un susurro. Sintió los músculos de Levi tensarse y supo que el hombre estaba sonriendo.
N/T: Tengan piedad, este capítulo estaba largo :'v
Y respondiendo a javinikol en guest, quien me preguntó lo que pienso del Levi de este fic… Pues es uno que el fandom no muestra todo el tiempo, y por eso me gustó mucho. A veces la idea de que Levi es sádico, abusivo y sin sentimientos me cansa, por lo que veo al Levi de Sugar on Top más dentro del canon. Es decir, se preocupa por Eren a su manera, aunque sigue siendo crudo con sus palabras. No quiero alargarme mucho, pero me parece que la autora hizo un excelente trabajo con la personalidad no solo de Levi, sino de varios personajes al igual que su crecimiento a lo largo del fic.
Hablando de eso, si se preguntaban si el fic ya está por terminar, déjenme decirles que no. Sugar on Top tiene treinta capítulos. Tenemos para rato, por favor, sigan conmigo.
Agradezco a todos los que dejan comentarios, ustedes son la razón del por qué sigo traduciendo :'D
P.D. ¿Alguien ha visto la película Siniestro? Ya pasó Halloween, pero se las recomiendo para el próximo capítulo ewe
