Capítulo 11: Sugar Cookie Treats

Pintura azul y gris salpicaban el lienzo para crear una escena subacuática. Era un poco fuera de lo normal, pero por alguna razón Eren se había enamorado de un documental sobre la naturaleza que había visto (en realidad Armin había visto) de la vida marítima. De todas las criaturas, había encontrado a la medusa particularmente interesante.

Había pintado el fondo de la escena del mar y estaba esbozando lentamente la medusa que pintaría más tarde. Armin observaba desde el sofá, sus libros arrojados a un lado y sus apuntes esparcidos por el suelo. Lluvia golpeteaba contra la ventana, así que Eren tenía que pintar en el interior en lugar de acomodar su caballete afuera.

La medusa tomó forma y dibujó con carboncillo los contornos de las rocas y corales después. Se echó hacia atrás, estando de acuerdo consigo mismo de que era hora de continuar con su trabajo, y recogió sus pinturas de nuevo.

—¿Eren?

—¿Sí? —no dejó de pintar. Mezcló rosa y naranja juntos hasta que encontró el tono apropiado de coral que quería usar.

—¿Estás saliendo con alguien?

Y luego se detuvo.

—¿Huh? ¿Q-qué?

—¿Estás saliendo con alguien? He oído rumores…

—¿De Marco?

—No —dijo Armin rápidamente—. De Jean. Me preguntó porque dijo que te vio salir de un lindo auto el otro día y que era temprano. Simplemente me hizo pensar y ahora solo tengo curiosidad. No le voy a decir a nadie.

Y por "nadie" Eren sabía que se refería a Mikasa. Suspiró, dejando su pincel.

—No es realmente importante.

—Eso es un sí.

—¡Armin!

—Te estás tomando demasiado tiempo para negarlo. Lo estás evitando. Y tus orejas están súper rojas también, así que estás saliendo con alguien. Eso está bien, solo quería saber.

—¡Armin, no lo estoy!

—Orejas rojas —Armin se burló, sacando la lengua—. Entonces, ¿dónde se conocieron? No por la universidad ya que al parecer maneja un auto que nadie ha visto antes en el campus. ¡Oh! ¿Fue en la exposición de arte?

—No…

—¿Antes o después de la exposición? —Armin apoyó la cabeza en sus manos, ahora totalmente comprometido con este juego.

—Lo conocí antes.

—¡Ajá! Así que estás saliendo con alguien y este alguien es un chico —confirmó Armin. Eren gimió, golpeando su mano contra su cabeza.

—Mierda.

—Así que fue antes. Hmm…

La puerta del departamento se abrió y Mikasa entró, sacudiéndose el agua de lluvia. Miró la cara angustiada de Eren y luego la amplia sonrisa de Armin.

—¿Le preguntaste?

—Mhm.

—¿Tú también? —espetó Eren—. ¡¿En serio, Mikasa?! ¿Estás en esto?

—No actúes sorprendido —dijo Mikasa—. Ya sabes que Jean no puede guardar secretos.

Sí, claro, pensó Eren.

—Me vio salir de un auto una vez. Eso no prueba nada.

—Pero lo confirmaste hace un momento —dijo Armin.

—¡Ese no es el punto!

—Bert también mencionó algo acerca de ver un Porsche aquí una vez —añadió Mikasa—. Y Jean dijo que te vio salir de un Maserati. Por favor, no me digas que eres una clase de acompañante para viejos ricos.

—Lo siento. Me atrapaste. Soy un prostituto para multimillonarios. Ahora déjenme en paz para que pueda terminar mi pintura.


Cuando llegó el fin de semana, Reiner decidió que ir a un arcade era el mejor plan de acción. Y nadie, ni siquiera Armin, tenía una razón para negarlo. Todo el mundo estaba cansado de la universidad y estudiar y solo existir en el campus.

Así que encontrarse en el más cercano Dave & Buster's proporcionaba suficiente entretenimiento mezclado con alcohol y comida para hacer felices a todos, incluyendo a Armin nuevamente.

Eren no estaba seguro de lo que ocurría en las clases de Armin, pero el chico ya se había tirado cuatro cervezas en menos de una hora por ello. De alguna manera lo hizo enojar y volverse mejor que los demás en Dance Dance Revolution. Nadie se atrevió a cuestionarlo.

Eren terminó dejando el lado de Armin para sentarse con Mikasa, compartiendo un plato de nachos. Frente a ellos estaban Connie y Sasha y un plato de hamburguesas. Reiner estaba junto a ellos, en parte en la conversación pero sobre todo más inmerso en un juego de fútbol en la televisión. Eren temía que su celebración resultara en un ojo negro accidental a alguna desprevenida mesera o Christa quien estaba sentada en un taburete a su lado.

Ymir había desafiado (arrastrado) a Bertholdt para jugar hockey de mesa y Marco se había alejado con Armin para jugar DDR (en realidad lo estaba cuidando para asegurarse de que Armin no empezara una pelea).

Aunque cuando Annie llegó, Mikasa optó por irse a jugar con ella y Jean tomó el lugar junto a Eren. Su intento de arrebatarle comida al plato de Eren falló y recurrió a pedir un batido.

Eren lo odiaba. Estar tan cerca de Jean. Prácticamente sintiendo su voz en su piel. Estaban apretujados en una cabina, hombro con hombro, y Eren lo odiaba. Estaba incómodo. Y las bromas de mierda de Jean no eran tan divertidas como las recordaba.

—Hey, Eren, te ves muy tenso —dijo Sasha entre risas—. Cálmate.

—Sí, hombre, estamos aquí para relajarnos y divertirnos —agregó Connie—. Saca el palo de tu trasero.

Jean empujó el hombro de Eren, levantando su batido hacia sus labios.

—Sí, Eren.

Eren rodó sus ojos y metió el resto de los nachos en su boca. Limpió sus manos en una servilleta y la arrojó a la cara de Jean.

—¡Hey!

—¡Quita el heno de entre tus dientes! —espetó Eren.

Connie y Sasha se echaron a reír, resoplando por la nariz.

—¡Diablos, ustedes dos probablemente siempre serán así!

Eren y Jean miraron a Connie, listos por una explicación. Una vez que se calmó, continuó hablando.

—Ustedes dos eran igual en secundaria. Con las bromas y peleas.

—Sí, es un milagro que hayan roto —añadió Sasha—. Pensé que estarían juntos sie- —Connie le dio un codazo lo suficientemente fuerte para hacerla chillar. Al parecer su bebida le estaba haciendo soltar la lengua.

Pero aun así cortó profundo y la tensión aumentó. Eren sonrió a media y tomó otro sorbo de su bebida.

—Umm… Voy a ir a ver los juegos —dijo Eren—. Los alcanzo después, chicos.

Antes de que alguien pudiera protestar, Eren se puso de pie y se alejó apresuradamente. No le importaban los juegos, pero no podía quedarse sentado ahí más tiempo. Ya era bastante malo que Jean se haya sentado a su lado —y tenido la audacia de estar tan cerca—, pero luego Sasha… Eren sabía que ella no lo decía en serio, y hecho hace unos años, su comentario había sido una bendición.

Ahora solo eran incómodas palabras ligeramente ebrias que traían sentimientos desagradables de arrepentimiento y un antiguo amor.

Eren suspiró mientras caminaba, inseguro de dónde incluso se dirigía. Lágrimas picaron en las esquinas de sus ojos, pero cuanto más pensaba en las palabras, menos significado tenían. Y se dio cuenta de que tal vez, solo tal vez, no extrañaba estar con Jean tanto como de costumbre.

Y que tal vez, en realidad era capaz de olvidarse de Jean también.

—¿Tienes otra cita? —Jean caminó detrás de él, y se adelantó hasta alcanzarlo. Eren rodó sus ojos, caminando hacia un videojuego de The House of the Dead. Sacó su tarjeta de juegos y la deslizó en la máquina. Jean hizo lo mismo rápidamente, cogiendo la otra pistola.

—No seas un idiota —dijo Eren. El juego empezó y se saltaron la escena inicial. Ellos apuntaron y se pusieron a trabajar—. Ya te salvé la vida, pendejo.

Jean se quejó mientras recargaba y seguía disparando zombis.

—Lo que sea, imbécil. Aunque hablando en serio, ¿quién te dejó el otro día?

—Eso no importa. Es un ami-¡carajo, vete a la mierda, zombi! Es un amigo.

—¿Amigo-novio? ¿Amigo con derechos? —Jean derribó a una criatura voladora mientras Eren se tomaba un momento para recargar.

—La clase de amigo que no se entromete constantemente.

—Está bien, dios —refunfuñó Jean—. ¿Es un crimen estar interesado?

Eren suspiró, levantando su arma.

—Novio —enfatizó la palabra con unos pocos clics y zombis caídos.

Jean dejó de disparar. Eren estaba agradecido de que él era decente, porque la falta de un compañero competente de repente hizo que el juego se ponga difícil.

—¡Hey!

—Lo siento —dijo Jean, alzando su pistola—. Solo que… no has salido en mucho tiempo.

—Lo sé…

—Aunque desearía que solo me lo hubieras dicho. No necesitas mentir.

Por supuesto que Eren no necesitaba mentir. Pero decirle a Jean, de todas las personas, no era la cosa más fácil que tenía que hacer.

—Sí… lo sé. Es raro porque… tú sabes…

—Porque somos algo. A veces.

Eren negó con la cabeza.

—Éramos algo. En secundaria. Y eso fue hace mucho tiempo. Ahora somos… ¿amigos?

Una leve sonrisa tiró de la boca de Jean y asintió.

—Siempre seremos amigos. No seas un idiota.

—Además, ya tienes a Marco. Yo no tengo a nadie. No tenía. Pero ahora… no lo sé, se siente como si tuviera a alguien… y es agradable.

La sonrisa apareciendo en las comisuras de los labios de Jean se extendió en su cara, sus ojos iluminándose.

—Siempre me tienes a mí. Pero estoy feliz por ti —dijo Jean—. Y si hubiera sabido qué tan seriamente hablabas no te habría molestado de esa manera. Pero sí quiero conocer al que logró agarrarte. Debe de tener cuatro pollas.

—Él no es un pulpo.

—No voy a juzgarte por tu fetiche de cthulhu o cualquier porno rara que te guste.

—Oh, cállate, Twilight Sparkle.

—Fetiche de-¡mierda, mierda, mierda! ¡El jefe!

Dejaron de hablar para concentrarse en su batalla contra el enemigo final. Jean murió dos veces y Eren fue el encargado de derrotarlo. Pero la extraña planta con sus tentáculos raros solamente abrió el camino para más bromas asquerosas de Jean, haciendo a Eren reír más fuerte de lo que quería.

Perdieron todo lo que habían avanzado, pero terminaron con sonrisas en sus rostros.

—¡USTEDES PERRAS APESTAN! —gritó Armin, avanzando a tropezones con otra bebida en su mano. Marco estaba siguiéndolo por detrás, tratando desesperadamente de calmarlo—. ¡NO PUEDEN NI DISPARARLE A UNA PUTA PLANTA!

—Armin, por favor, ya no más —lloriqueó Marco mientras Armin seguía caminando, gritándole a cualquiera que pasara a su lado.

Eren miró a un muy sorprendido Jean.

—No bebe a menudo —dijo el castaño.

—Ya veo por qué —respondió Jean—. Hey, tu papá está llamando.

Eren echó un vistazo a su teléfono que había dejado encima del juego junto a los botones. "Papi" brillaba a través de la pantalla y Eren se puso tan rojo como su pistola. Agarró su teléfono y lo guardó tan rápido como pudo.

—¿No vas a contestarlo? ¿Y si es una emergencia? Tu papá nunca llama.

—Um… no. Lo sé, digo… no es nada.

—Pensé que tenías su nombre como Grisha en tu teléfono. ¿Cuándo lo cambia-?

—¡Vamos a jugar hockey de mesa! —gritó Eren—. O por lo menos asegurémonos de que Bert siga vivo. Estaba jugando con Ymir.

Jean se encogió de hombros y siguió a Eren a través de la multitud de personas hacia las mesas de hockey, solo para encontrar a un triunfante Bert con una Ymir muy cabreada. Reiner se había unido a ellos ya que el juego había acabado, y le estaba dando a Bert una sacudida de los hombros como celebración. Christa estaba tratando de consolar el ego de Ymir.

Eren se hizo cargo de la mesa de hockey y Jean corrió hacia el otro lado. Comenzaron el juego y en algún momento entre anotar cinco puntos y golpear sus dedos, Eren vio que Marco se había unido al lado de Jean.

Por primera vez, en mucho tiempo, sonrió. No por amargura, sino porque sabía lo que era tener a alguien que se preocupaba lo suficiente por él para compartir un beso.

Perdieron su disco una o dos veces y destrozaron sus dedos, pero Eren salió victorioso para la consternación de Jean. Armin ahora estaba bajo el cuidado de Mamá Braun, desmayado en los amplios hombros del rubio. Mikasa, Annie, Connie y Sasha se les unieron alrededor de la mesa de hockey y luego el torneo comenzó.

Eren jugó contra Bertholdt, perdió, y se tomó un momento para salir y hacer una llamada rápida.

—¿Aló?

—¡Hey! Perdón por no contestar tu llamada —Eren le dijo a Levi, con la risa aún en su voz—. Estamos fuera y es ruidoso.

—Está bien —respondió Levi—. Quería preguntar si podía secuestrarte por el fin de semana.

Eren sonrió y dio una patada al suelo, llevándose la mano a su bolsillo. Asintió, a pesar de que Levi no podía verlo.

—Eso me encantaría.

—Suenas como una soñadora quinceañera. Puedo oír la puta sonrisa en tu rostro.

—No te hagas ilusiones, viejo.

—Por cierto, quería preguntar, ¿cómo te sientes respecto a los collares de mascota?

Eren se sonrojó fuertemente ante la idea.

—B-bueno… no me opongo. Nunca he usado uno…

—No te sientas obligado. Solo vi uno y de algún modo pensé en ti.

—¡Aww! Si papi cree que se verá lindo en mí entonces supongo que podría intentarlo.

—Eres una mierda.

—Te encanta.

Se despidieron y Eren volvió a entrar en el edificio, una sonrisa en su rostro. Sujetó el teléfono contra su pecho, apretándolo como si fuera un vínculo con Levi y el hombre pudiera sentirlo. Mientras caminaba oyó a alguien gritar su nombre y se dio la vuelta para ver a Marco corriendo hacia él.

—¿Era tu novio con el que estabas hablando?

—Tal vez…

—Puedo darme cuenta. Estás sonriendo.

—Sonrío mucho, te lo haré saber —dijo Eren sarcásticamente. Marco soltó una risita.

—Oh no, no así. Estás prácticamente brillando.

Eren se frotó las mejillas como si eso fuera a borrar el notorio sonrojo.

—¡No es cierto!

—Tus orejas están todas rojas.

Eren agarró los lóbulos de sus orejas entre sus dedos y fulminó a Marco con la mirada, su ceño fruncido fuertemente. Marco le dio un codazo y salió corriendo antes de que Eren pudiera responder.


La idea inicial del juego sexual como mascota asustaba a Eren hasta el punto de que casi temía ir a la casa de Levi por el fin de semana. Lo había buscado en internet, una vez que estuvo en casa, y no le gustó mucho lo que vio. No quería ser tratado como un animal.

Y desde luego no tuvo problema en sacar el tema con Levi mientras almorzaban a mitad de la semana.

—No voy a abusar de ti —Levi se burló ante la idea—. El pet play no se trata de abuso. Es una cuestión de confianza. De darle a otra persona el control, recibiendo cuidado. No has tenido un problema con eso antes, así que pensé en introducir la idea.

Eren se puso rojo brillante.

—¡Bien! ¡Pero no quiero tener una cola metida en mi culo!

Una mesera que pasaba se les quedó mirando en confusión y Eren se hundió en su lado de la mesa, llevándose un trozo de carne a la boca.

—Eren. Si no quieres hacer esto, dímelo. Soy un niño grande, no vas a herir mis sentimientos —dijo Levi.

—¡No! —exclamó Eren—. Quiero decir… solo… tenemos que hablar de las reglas.

Levi sonrió suavemente, revolviendo su té con el sorbete.

—Que no se preocupe esa linda cabeza tuya, gatito, definitivamente tendremos una serie de reglas.

Eren sabía que Levi estaba siendo serio, pero aun así sus palabras enviaron un estremecimiento por el cuerpo de Eren. Se mordió el labio, más excitado de lo que debería estar en público, y asintió.

Así que cuando llegó el fin de semana y Eren apareció donde Levi, no estaba seguro de qué esperar. Pero ciertamente no fue el despliegue de lindos accesorios ordenados a lo largo de la cama de Levi.

Un collar verde pastel, cuero con un volante de seda alrededor de él y un cascabel que combinaba; una sarta de cuentas blancas, que asemejaban a perlas, enrollado alrededor. Se ataba con una cinta para formar un gran lazo en la parte posterior. Junto a él, así de simple, había cintas en el mismo tono de verde pastel. Por último, una delgada bata estaba doblada al lado.

Eren tragó nerviosamente y Levi tomó su mano.

—¿Relajado?

—¡Lo estoy!

Levi cogió la botella de loción con la que Eren estaba bastante familiarizado.

—Quítate la camisa y acuéstate.

Eren obedeció sin cuestionar, dejándose caer sobre la cama y rodando sus ojos. Con sus dedos examinó el collar, dándole vueltas y escuchando a Levi calentar la loción entre sus manos. Cerró los ojos mientras Levi empezaba en su espalda, borrando la tensión entre sus hombros con fuertes manos.

—No voy a hacerte daño. Y si no te gusta algo, tienes que decírmelo —dijo Levi. Eren asintió—. Esta debe ser una nueva experiencia para nosotros. No algo malo. Y si no quieres hacer esto, Eren, no tenemos que hacerlo.

—No, quiero intentarlo —murmuró Eren. Gimió de placer cuando Levi trabajó el músculo alrededor de su cuello—. Solo estoy nervioso. Pero quiero hacer esto.

Levi podía oír la determinación en la voz de Eren, incluso si no podía ver el rostro del castaño.

—¿Cuál quieres que sea la palabra de seguridad(1)?

Eren se encogió de hombros.

—¿Qué tal "detente"?

—Piña.

—Quiero sandía.

Levi revolvió su cabello.

—Mocoso —se estiró sobre Eren y agarró las cintas verdes—. Extiende las muñecas.

Eren levantó una mano y Levi ató la cinta alrededor de su muñeca. Repitió la acción para la otra mano de Eren y Levi agarró el collar. Calentó el cuero entre sus manos y a Eren le pareció un poco adorable.

—No está muy apretado, ¿o sí? —preguntó Levi, colocando un ligero beso en la cinta alrededor de la muñeca de Eren. Este sacudió su cabeza, mordiéndose el labio.

—No… está bien —su voz salió más suave de lo que quería. Apenas más que un tímido susurro.

—Bien. Ahora algunas reglas —dijo Levi, soltando la mano de Eren—. ¿Quieres que vaya primero, o tú?

—Yo… eh… tú empieza.

—De acuerdo. En primer lugar, quiero que estés desnudo.

Eren se estremeció. La idea le hizo sonrojarse, pero sintió su polla sacudirse con anticipación también.

—Durante todo el tiempo que estemos en una escena, tienes que estar desnudo. Compré la bata para ti, en caso de pausas, pero por lo demás, quiero que permanezcas desnudo. Quiero que me permitas complacerte cuando me dé la gana, así que mantendré el lubricante a la mano. Te alimentaré, te daré lo que sea que quieras beber; podemos tomar descansos para que puedas utilizar el cuarto de baño también. ¿Estás cómodo con ello?

Eren consideró sus palabras cuidadosamente. Nada parecía demasiado difícil o muy abrumador. Sonrió y asintió con la cabeza.

—Estoy cómodo con eso.

—Bien. ¿Y tú? ¿Qué te gustaría obtener de esto?

—Nada en particular. ¿Solo no me golpees? Digo, puedes darme nalgadas tanto como quieras, pero no me golpees en la cara.

Levi ahuecó el rostro de Eren con una mano suave.

—Entendido. Y una cosa más…

—¿Hm?

—Quiero que me permitas besarte. Ahora antes de que empieces tu discurso sobre los besos, me refiero solo a tu cuello y hombros. El afecto y cuidado posterior es importante para estas escenas y eso puede ser difícil de dar con tu prohibición de besos.

El corazón de Eren comenzó a acelerarse ante la sola idea. Pero asintió lentamente de acuerdo.

—Puedo manejar eso…

Levi exhaló.

—Bien.

Se estiró alrededor de Eren y este se sentó para dejar que le pusiera el collar. Eren lo sostuvo en su lugar mientras Levi lo ataba en un gran lazo en la parte posterior de su cuello. Fue recompensado con un ligero beso en su hombro que envió un escalofrío por todo su cuerpo.

Levi dejó caer las manos del cuello de Eren, hacia abajo por su espalda y el borde de sus pantalones. Les dio un tirón y Eren entendió el gesto silencioso. Se los quitó, dejando que sus pantalones y ropa interior cayeran al suelo. Levi pasó sus dedos por el cabello de Eren de nuevo.

—Buen chico. Vamos a sentarnos allá. Tengo trabajo que terminar.

—Está bien —dijo Eren, bajándose de la cama.

—Tch. Los gatitos no caminan.

Eren abrió su boca en shock.

—¿Esperas que gatee todo el camino hasta allá en este piso dur-?

Fue silenciado cuando Levi lo alzó en brazos y lo llevó a la sala de estar. Colocó suavemente a Eren en el sofá.

—Ahora sé bueno y deja a papi trabajar —le dio unas palmaditas a Eren en la cabeza y el castaño no pudo contener su sonrisa juguetona. Levi cogió su carpeta del trabajo y se sentó junto a él, abriéndola para darle un vistazo a la montaña de papeles.

Eren no estaba seguro de lo que se suponía que debía hacer. Estaba desnudo, sentado en el sofá, y llevaba un collar. Levi estaba trabajando, y el trabajo era sin dudas serio. No podía jugar con Levi mientras estaba ocupado.

Pensó en Colosal, y lo que su propio perro haría en una situación como esta. Por lo general ponerse malhumorado y ladrar (ni loco se iba a poner a ladrar, o en este caso, maullar) para llamar la atención de Eren o Carla.

Eren se deslizó del sofá y Levi levantó una ceja, todavía haciendo apuntes en sus destituciones. Eren apoyó su barbilla en la rodilla de Levi, a propósito apuntando hacia abajo tan duro como podía, e hizo un suave puchero quejumbroso. Entrecerró los ojos cuando Levi no respondió su quejido y se dio cuenta de que el papel era más fácil de llevar a cabo de lo que pensó.

Levi bajó su mano hasta la cabeza de Eren, revolviendo su cabello. El castaño inclinó su cabeza hacia atrás, mordisqueando juguetonamente los dedos de Levi. Una delgada sonrisa se extendió por los labios del mayor y estiró su brazo hacia la mesa junto al sofá. Rebuscó en un tazón y sacó una galletita de azúcar.

—Gracias por ser un tranquilo gatito —murmuró Levi, ofreciéndole el premio a Eren entre sus dedos. Eren la tomó cuidadosamente, asegurándose de no dejarla caer al suelo. Levi le dio una palmada en la cabeza de nuevo y Eren gimió de placer.

Eren trató de ser bueno. Pero estar tranquilo y mirar arriba hacia a Levi era difícil, especialmente cuando no tenía nada con lo que mantenerse ocupado. Se movió por el suelo con impaciencia, ocasionalmente dejando escapar un suspiro lastimero en voz alta.

—Abajo —dijo Levi firmemente, cuando Eren apoyó sus manos en la mesa de al lado para observar sus golosinas. Eren se desplomó en el suelo, visiblemente haciendo pucheros—. Estás inquieto. Ven aquí.

Su voz se volvió como la seda oscura y Eren se estremeció por completo. Se arrastró al lado del sofá y se puso sobre los cojines cuando Levi los palmeó. De pronto estaba muy consciente de su estado actual: el collar alrededor de su cuello, los lazos en sus muñecas y el hecho de que por lo demás estaba desnudo. Su polla estaba dolorosamente a media erección, en plena vista para Levi.

Dejando a un lado su carpeta del trabajo, Levi llevó una mano al costado de Eren. Hubo un estremecimiento inmediato ante el repentino contacto y Eren gimió cuando Levi deslizó su mano hacia abajo. Masajeó los muslos de Eren, ignorando el creciente calor entre las piernas del chico.

Le tomó a Eren todo lo que tenía para no rogarle a Levi que lo tocara más. Pero el leve movimiento de caderas del menor fue suficiente para que Levi entendiera.

Rozó sus dedos contra la punta de la polla de Eren y provocó un largo gemido del agitado castaño.

—Oh, mírate. Estás tan ansioso, ¿no es así? —dijo Levi suavemente, las puntas de sus dedos todavía jugueteando con la erección de Eren. El castaño trató de contener otro largo gemido ante los superficiales toques. Se limitó a asentir en respuesta a la pregunta de Levi, apenas capaz de formar palabras coherentes.

Levi envolvió sus largos dedos alrededor del pene de Eren y le dio unas cuantas caricias lentas. Eren tiró su cabeza hacia atrás por la fricción, gimiendo desvergonzadamente y levantando sus caderas. Levi lo soltó repentinamente y lo jaló en su regazo. Volteó a Eren sobre su espalda, apoyando su cabeza contra el brazo del sofá. Eren miró hacia arriba con grandes, sorprendidos ojos.

Acariciando la cabeza del menor, Levi cogió la pequeña botella de lubricante sobre la mesa y abrió la tapa, vertiendo el claro líquido sobre sus dedos. El corazón de Eren se aceleró con anticipación y sus caderas se retorcieron.

—Papi, date prisa —las palabras salieron incluso antes de que Eren se diera cuenta que las había pensado. Se sonrojó fuertemente, hundiendo el rostro en el brazo de Levi.

—Eres una pequeña mascota tan impaciente —Levi se rio entre dientes. Dejó caer su mano entre las piernas de Eren, rozando contra su pene y testículos para encontrar su agujero. Presionó un dedo contra la entrada de Eren y el menor gimoteó más fuerte.

Ese primer dedo entró con facilidad y Levi le dio un pequeño giro. Eren se sacudió cuando rozó contra ese punto, pero hizo su mejor esfuerzo por mantenerse tranquilo. Un segundo y tercer dedo siguieron pronto, sonidos húmedos mezclándose con los lascivos gemidos de Eren. Levi retorció sus dedos de nuevo, esta vez para golpear la próstata de Eren una y otra vez.

El castaño agarró el brazo de Levi con una mano, y el sofá con la otra. Sus nudillos se volvieron blancos mientras embestía contra la mano de Levi, jadeando con cada duro movimiento. Manteniendo los dedos del hombre profundamente en su interior.

En cuestión de minutos, Eren estaba gritando el nombre de Levi mientras llegaba a su orgasmo. Semen salpicó contra su estómago y sus ojos se pusieron vidriosos mientras Levi detenía los movimientos de sus dedos. Ojos grises observaron a Eren a la vez que sus convulsiones empezaban a terminar. Levi retiró su mano, peinando hacia atrás el cabello del menor y frotando su oreja.

—Buen chico —susurró Levi. Cogió otra de las galletas y la acercó a los labios de Eren—. Tan buen gatito, corriéndose así para papi.

Eren mordisqueó la galleta lentamente mientras su mente paraba de girar.

—¿Debo ir a limpiarme?

—Te limpiaré después —dijo Levi—. Eres solo un gatito. No puedes limpiarte adecuadamente tú solo.

Eren asintió, una sonrisa juguetona en sus labios, y se terminó la galleta. Levi siguió acariciando su cabeza, ganando ruidos somnolientos de la garganta de Eren. Con su mano libre, Levi llegó hasta la mesa y hacia la pequeña pila de juguetes que había colocado cuidadosamente. Eren escuchó el sonido del plástico y levantó la vista para ver un juego de cuentas anales en la mano de Levi.

Jadeó y dejó que sus piernas se abrieran, ya estremeciéndose ante la sola visión. Levi sonrió.

—Ya estás listo, ¿verdad?

Eren asintió, mordiéndose el labio mientras Levi empujaba las tres primeras cuentas con facilidad. Eren cerró sus ojos con fuerza, dejando caer su cabeza contra el brazo del sofá. Su respiración se agitó y agarró el brazo del mayor de nuevo, clavando sus uñas profundamente.

—Respira —dijo Levi suavemente, acariciando el cabello de Eren—. Relájate.

La mano de Levi cayó hacia la mejilla de Eren, persuadiéndolo a que acompasara su respiración. Empujó las últimas cuentas, escuchando a Eren jadear ante las más grandes. El castaño se hizo un ovillo y con cada pequeño movimiento, con cada pequeño suspiro, podía sentir las esferas frotándose dentro de él. Sus mejillas se pusieron rojas y enterró su nariz en el regazo de Levi.

—¿Cómo te sientes?

Eren abrió los ojos, tratando de mantenerse quieto.

—Estoy bien.

—¿Te duele algo?

—No.

Levi apoyó una mano en la cabeza de Eren y recogió su carpeta.

—Bien.

No pasó mucho tiempo para que Eren se acostumbrara a las cuentas anales que lo mantenían dilatado. Eventualmente se bajó del sofá y estaba inquieto otra vez, arrastrándose dolorosamente por el suelo. Sus piernas y trasero seguían pegajosos por el lubricante y se aseguró de estirar y arquear su espalda para mostrarle completamente a Levi, el final de la cuerda de esferas colgando contra sus piernas. Eren no sabía si el hombre siquiera estaba prestando atención, pero la idea de que lo observaban era excitante.

Eren dio otro pequeño gimoteo, solo para llamar su atención.

—A menos que quieras que te coja, baja tu trasero —espetó Levi. Eren se sentó ante sus palabras, ajustando los lazos en sus muñecas. Miró por encima del hombro a Levi, observando esos ojos entrecerrados juguetonamente. Eren sonrió y arqueó su espalda más fuerte, alzando su trasero en el aire e incluso abriendo sus piernas.

—Ven a castigar a tu mascota, papi.

Fwump.

Levi cerró de un golpe su carpeta y cogió un condón y el lubricante. Si Eren fuera alguna clase de animal híbrido, sus orejas se habrían erguido ante el gesto y su cola menearía cuando Levi agarró sus caderas.

Manos firmes se deslizaron por su redondo trasero, masajeando con cuidado el músculo. Eren lloriqueó, la presión de las cuentas haciéndolo retorcerse. Sintió un jalón, un corto tirón inicial de advertencia, antes de sentir la esfera más grande deslizarse fuera de él con un húmedo pop. Suspiró, satisfecho con la presión disminuida. Eren apoyó la cabeza en sus brazos, Levi sacando cada esfera del trasero de Eren hasta que el juguete fue tirado a un lado.

Eren gimoteó en sus brazos mientras Levi pasaba sus manos sobre la suave y bronceada piel.

—Joder, Eren. Deberías verte ahora mismo —murmuró Levi—. Tienes un pequeño agujero tan follable. Prácticamente me está rogando.

Levi rasgó el envoltorio del condón con los dientes y sacó su pene todo en un solo movimiento. Eren lo observó desde su lugar en el suelo, con el culo aún en el aire y temblando de emoción. Levi vertió más lubricante en la entrada de Eren y utilizó su pulgar para esparcirlo alrededor. Eren ronroneó de placer, tratando de atrapar el dedo de Levi y empujar su trasero contra él.

—Tienes un cuerpo tan cachondo. Ya quieres más. Dime lo que quieres, gatito, y te lo daré.

Eren jadeó, tratando de encontrar su voz. Sus palabras salieron en roncos suspiros.

—Fóllame, papi. He sido un buen gatito, dame tu verga.

Una mano descendió hasta el culo de Eren y el menor chilló ante el repentino contacto.

—Qué pequeña zorra tan exigente. ¿Qué dices cuando quieres algo?

—¿Por favor, papi?

Eren no podía ver la sonrisa en la cara de Levi, pero sintió el cambio en el peso del hombre. Y sintió el beso colocado en su espalda baja, suave y ligero y suficiente para hacerlo gemir de la pura intimidad de él.

Pero Eren gritó cuando Levi presionó la punta de su polla contra su entrada, dándole a Eren un golpecito de advertencia. Levi esperó por alguna señal de resistencia antes de empujar profundamente.

—Mmmm… Por fin, joder —gimió Eren, tirando su cabeza hacia un lado. Inhaló rápidamente mientras Levi enredaba una mano en su cabello y él empujaba hacia atrás en la verga del hombre.

Levi sujetó las caderas de Eren para soporte extra y comenzó a moverse tan rápido como podía. La boca de Eren se abrió en jadeos silenciosos y cerró los ojos, escuchando el fuerte sonido de sus pieles chocando entre sí. Con un movimiento repentino de sus caderas, Levi golpeó la próstata de Eren otra vez. Su primer orgasmo, la estimulación de esas putas cuentas, y ahora las embestidas deliberadas de Levi fueron suficiente para llevar a Eren a la cima de nuevo. En cuestión de segundos estaba gritando mientras su segundo orgasmo se apoderaba de él.

—L-Levi, por favor, córrete… córrete en mi espalda… —Eren soltó un suspiro, su mente un borrón por tanto placer y Levi follando su trasero adolorido.

Escuchó una suave risa y a Levi palmear su cadera en respuesta. Esas embestidas solo duraron unos segundos más antes de que Levi saliera con un resbaladizo pop. Sostuvo a Eren con una mano en la cintura bronceada del chico, y con la otra Levi retiró el condón.

—No te muevas —susurró. Levi envolvió sus dedos alrededor de su propia polla, masturbándose firmemente. Eren escuchó su respiración entrecortada y gimió una vez que sintió gotas de semen caliente derramándose por su espalda.

Por unos breves momentos, permanecieron en silencio. Sin palabras, tomándose el tiempo para recuperar el aliento. Las rodillas de Eren estaban débiles así que se desplomó, sus piernas dobladas debajo de él y sus brazos contra su pecho. Su estómago estaba pegajoso de nuevo y su espalda seguía húmeda. Miró a Levi, quien estaba apoyado contra el sofá, y se estremeció.

Repentinamente Levi se movió y Eren observó con ojos pesados cómo el hombre se colocaba sobre él. Levi levantó el rostro de Eren y posó un suave beso en su mandíbula, lejos de sus labios, y pasó una mano por el cabello desordenado.

—¿Estás satisfecho ahora, gatito?

Eren asintió.

—Gracias, señor.

—¿Y te sientes bien?

De nuevo, Eren asintió. Levi lo dejó ir y el castaño descansó su cabeza en el suelo. Eren observó a Levi arrastrarse hasta la pequeña mesa, coger unas cuantas galletas y regresar.

—Dime si tienes sed —dijo Levi, alimentando a Eren cada galletita. Todo lo que el menor pudo hacer fue asentir otra vez y observar a Levi arreglarse a sí mismo antes de regresar a trabajar en el sofá.

Eren estaba exhausto. Tirado y somnoliento a lo largo del piso con una feliz sonrisa en su rostro. Su cuerpo dolía de la mejor manera posible y se sintió contento. Se estiró y rodó hasta estar sentado, gateando por la alfombra hacia donde estaba Levi. Apoyó su barbilla en la rodilla del hombre y este peinó con sus dedos los cabellos de Eren.

Levi miró hacia abajo para encontrarse con los grandes ojos de Eren y ambos sonrieron.

La sonrisa del mayor le hacía cosas a Eren que sus manos no podían; lo tocaban de una manera que no estaba esperando. La sonrisa de Levi era cálida y hermosa, y a pesar del disgusto en los ojos grises (Eren sabía muy bien que Levi estaba dividido entre el trabajo e irse a duchar), Levi le seguía sonriendo. Genuinamente sonriendo.

Con el corazón acelerado, Eren se incorporó y se movió entre las piernas de Levi. Apoyó sus brazos alrededor de la cintura del mayor, botando los papeles de su mano.

—¿Sí?

Eren se encogió de hombros y Levi llevó una mano bajo su barbilla, alzando la cabeza de Eren. Sus ojos se encontraron y el castaño sintió sus mejillas ponerse al rojo vivo.

—¿Qué quiere este gatito?

La sangre corrió hacia sus orejas. Era todo lo que Eren podía oír. Su visión borrosa y sus manos poniéndose sudorosas.

—Cierra tus ojos.

Levi levantó una ceja y Eren hizo un puchero.

—¿Por favor? Solo… será rápido…

—Eres en verdad un mocoso a veces —Levi suspiró, cerrando sus ojos mientras Eren preguntaba—. No me robes y salgas corriendo.

—¡Shh! —espetó Eren. Se mordió el labio, rehusándose a pensar demasiado su decisión. Era lo que quería.

Incorporándose un poco más, Eren se apoyó contra Levi, rozando sus narices por la cercanía. Se aseguró de que Levi todavía tenía los ojos cerrados y ante la falta de orbes grises mirándolo de vuelta, Eren se acercó. Mantuvo abiertos sus propios ojos, para asegurarse de que no arruinara esta simple cosa.

Encontró los labios de Levi con los suyos, suaves y aún húmedos. Cigarrillo mezclado con un persistente té de menta y sexo en la boca del hombre. Y a pesar de lo que había sucedido, este beso fue casto, con la boca cerrada y torpe como un verdadero primer beso.

Eren se apartó y bajó la vista, avergonzado por el tono de rojo en sus mejillas. Levi apoyó su cabeza contra la de Eren y el castaño sonrió.

—¿Estás bien?

Eren asintió, empujando la cabeza de Levi.

—Bésame.

Un simple pedido. Su escena había terminado. No había más "Papi" o "Gatito" o "por favor".

Levi tomó el rostro de Eren, inclinando su cabeza hacia atrás. Y sin dudar, atrapó los labios carnosos de Eren, besándolo con suavidad. Pero esta vez su beso no fue algo rápido y torpe; estaba lleno con una pasión que había estado creciendo desde su primer encuentro.

Eren suspiró cuando se apartaron, sus ojos abriéndose lentamente. Se quedó mirando a Levi con orbes esmeralda soñadoras y sonrió.

—¿Vamos a ducharnos? —susurró Eren. Levi tomó la mano del menor y la alzó hasta sus labios, besando su palma.

—Creo que una ducha suena perfecto.


Aclaraciones:

(1) Palabra de seguridad: safeword. Debe ser algo que no se diría normalmente durante el sexo cuando el sumiso quiera detener la escena, y por lo general larga para pronunciarla cuando en verdad se requiera. En inglés, pineapple y watermelon serían ideales, pero la traducción deja que desear en ese aspecto.


N/T: Lo sé, quieren matarme (?). En serio perdón por la demora, me sentía un poco desanimada para continuar a pesar de que este es uno de mis capítulos favoritos… El porno también se me complica, díganme que no está tan mal :'D

El siguiente capítulo es corto, así que me pondré las pilas. Sus comentarios son de mucha ayuda con mi flojera :'v