Capítulo 14: Almond Cinnamon Pretzels

Eren se desplomó en el sofá de Levi, como hacía usualmente, y miró al otro lado de la habitación. Levi estaba con la nariz metida en su trabajo, todavía usando su traje de antes. Eren permaneció en silencio y optó por tomar su bloc de dibujo de su mochila, haciendo el mínimo ruido posible para así no molestar a Levi.

Los exámenes finales habían sido un infierno, pero se las estaba arreglando con ellos. Lentamente, pero todavía sobreviviendo con solo uno más al final de la semana. Estaba listo para sus vacaciones. Estaba listo para su viaje. Sus clases habían sido atendidas, así que no tenía esa carga persistente. Todo lo que tenía que hacer era explicarles a sus padres (y en algún punto a Mikasa) por qué saldría del país, pero ese era un detalle menor (de acuerdo, tal vez mayor) en el que tenía tiempo para pensar.

Levantó la vista de su cuaderno, examinando la cara de Levi, antes de regresar a su dibujo. Levi se había convertido en su nuevo tema de dibujo favorito; por lo general estaba quieto el tiempo suficiente para que Eren lo dibujara sin interrupciones.

—Oi, ¿qué vas a hacer el viernes siguiente? —preguntó Levi, bajando su teléfono. Eren alzó los ojos.

—Uhh… nada, creo —dijo Eren—. Solo tengo planes para este viernes y sábado por el momento. La semana siguiente aún está muerta. ¿Por qué?

Levi se echó hacia atrás en su silla, quitándose las gafas para frotar el puente de su nariz con molestia.

—¿Estarías interesado, en lo más mínimo, en salir a comer?

Sus palabras fueron vacilantes, cada una dejando su boca cuidadosamente. Eren inclinó la cabeza en confusión. Levi normalmente no le preguntaba al castaño si quería comer; siempre preguntaba si Eren estaba libre para salir. Eren bajó su bloc y lápiz.

—Posiblemente.

—Pregunto porque… es mi tradición de cumpleaños el salir a comer con unos amigos míos. Bueno, es su tradición el arrastrarme. Básicamente…

—¿Quieres a alguien lindo para presumir? —bromeó Eren, su lengua juguetonamente entre sus dientes. Levi rodó los ojos.

—Sí. Eso y… mn. Presumirte.

—¿Y qué?

—Nada. Estoy trabajando.

—Levi.

No hubo respuesta. Levi recolocó las gafas en su nariz y tranquilamente volvió a trabajar, tecleando en su laptop.

—Leviiiiiiiiiiii…

—El año pasado fui solo —dijo el mayor secamente—. Es decir... ellos estaban ahí, pero mi supuesta cita no. Me canceló el mismo día. Así que fui a cenar con mis amigos sin una cita y normalmente no soy tan particular sobre mierda como esta, pero sigue siendo difícil a veces y-

Eren se puso de rodillas frente a Levi, mirándolo con ojos suaves. Jaló la laptop de Levi de él y la colocó en el suelo para deslizarse más cerca, envolviendo sus brazos alrededor de la cintura del azabache.

—No tenías que explicar —dijo Eren suavemente. Levi suspiró.

—Lo sé. Pero preguntaste. Bueno, lloriqueaste en realidad.

Eren se rio entre dientes y le devolvió la mirada.

—Sería un honor ir contigo. Solo que nunca esperé que quisieras que conozca a tus amigos ya que soy solo… para presumir.

Levi resopló, rodando los ojos y envolviendo sus brazos alrededor de los hombros de Eren.

—Idiota. Eres más que eso. No seas tan jodidamente ridículo.

—¿En serio?

—No arruines el momento con comentarios tontos.

Eren rio y cogió el cuello de Levi en un rápido beso.

—Tienes un crush de hombre viejo. Pervertido.

—Si vas a venir conmigo, vas a necesitar un buen traje —dijo Levi, dando un golpecito en la nariz de Eren.

—Tengo camisas de vestir y pantalones.

—Iremos de compras más tarde —dijo Levi, chequeando su reloj—. También nos compré un día de spa. Porque estoy seguro de que tus finales han sido igual de estresantes que mi puto trabajo. Además, tus uñas son atroces.

—¡Soy un artista! —exclamó Eren—. ¡No hay nada de malo con mis uñas!

—Tus uñas están cubiertas de carboncillo y pintura; eso es lindo. Pero también están irregulares y no me hagas empezar con las de tus pies. Masajes de cuerpo completo, máscaras faciales, manicura y una pedicura. Es un regalo para ambos por sobrevivir a un año de mierda.

—¿Nos… nos compraste un masaje para parejas?

Levi rodó los ojos.

—De nuevo: no arruines el momento con comentarios tontos.

Eren soltó una risa, tirando sus brazos alrededor del cuello de Levi y besando su cabello.

—Masaje de parejas y compras suena perfecto.


No fue perfecto.

Eren estaba acostumbrado a comprar trajes. Desde que era pequeño, su madre lo tenía en ellos. Bodas, fiestas en el club de campo, fotos familiares; ella se aseguraba de que él estuviera vestido para la ocasión. Pero después de su graduación, usar trajes se volvió una opción que evitaba a menudo. Camisas de vestir y pantalones lograban funcionar igual de bien y la mayoría de las veces recurría a un Forever 21 para encontrar lo que necesitaba en lugar de conseguir un traje a la medida. Era ridículo gastar todo ese tiempo comprando un traje.

Así que cuando Levi insistió en arrastrarlo a la tienda de Armani, Eren se congeló y la señaló como si Levi fuera un cachorro perdido.

—¿Hablas en serio? ¡No!

—¿Por qué?

Eren tomó sus manos y tiró a Levi fuera del camino de la gente que pasaba.

—¿Porque no quiero que gastes mil dólares en un traje?

—Entonces no lo haré —contestó Levi.

Eren gimió mientras el mayor empezaba a arrastrarlo hacia delante de nuevo.

—Ya estamos haciendo un viaje e hiciste todo el asunto del masaje. No puedo-

Levi alzó una ceja y Eren se calló.

Minutos después, estaba de pie en el probador brillantemente iluminado de la tienda Armani. Una empleada del lugar estaba parada afuera del probador, Levi apoyado en un largo sofá esperando pacientemente. Estaba ocupado jugando con su teléfono, tratando de batir su récord en ese tonto Flappy Bird, cuando Eren salió. Su ave se estrelló, pero Levi se puso atento rápidamente.

—Me gusta ese en ti —dijo Levi mientras Eren se ponía de pie sobre un pedestal, rodeado de espejos. No era lo que quería decir; no estaba seguro de qué decir. Eren hacía que las palabras se volvieran jodidamente difíciles a veces y todo lo que tenía que hacer era probarse un estúpido traje.

Eren arrugó la nariz.

—No lo sé… —dijo Eren, tirando del saco negro—. Quiero probarme el gris.

Era más una pregunta que una afirmación. Levi asintió y cogió el traje gris, llevándoselo a Eren. De cerca podía ver hasta qué punto el traje negro le quedaba, abrazaba su delgado cuerpo. Pasó sus dedos por la nuca de Eren, jugando con su cabello, y el chico se estremeció.

—¡Me hace cosquillas! —Eren rio.

—Porque eres una pequeña mierda —replicó Levi, empujando el traje en las manos de Eren. Le dio una palmadita en el trasero—. Pruébatelo.

Eren se apresuró a regresar al vestidor y cerró la puerta detrás de él. La vendedora cogió los trajes que habían rechazado y se los llevó a la parte trasera mientras Levi se sentaba. Decidió chequear sus emails en vez de empezar otra partida con el puto pájaro, porque sabía que Eren saldría del probador pronto.

Correo tras correo de sus clientes. Unos pocos de Erwin, su socio de negocios, actualizaciones de Teavana, y correos electrónicos de Hanji de sitios de broma enviados a prácticamente todos sus amigos.

La puerta del vestidor se abrió y Levi dejó su teléfono a un lado, levantando la vista al impresionante chico frente a él.

Observó cómo Eren saltó al pedestal y se daba vuelta, examinando la manera en que el traje le quedaba. Era gris, a lo que Levi se había opuesto antes, pero junto con la corbata azul y plata se atrevía a decir que se veía bien. Al menos en Eren; cualquier otra persona se vería estúpida como mierda.

Por supuesto, cualquier cosa que Eren llevara tenía la tendencia a verse bien. Podía ser una camiseta andrajosa con manchas de pintura y jeans deslavados con agujeros y Levi sabía que aun así lo encontraría halagador.

—Creo que me gusta más este —dijo Eren, volteándose. Miró del espejo a Levi—. ¿Qué piensas?

—Se ve bien. Todos se ven bien, pero este te queda mejor de lo que pensé —respondió Levi.

Eren mostró una sonrisita.

—Y me dijiste que se vería horrendo al principio. ¿No estás contento de que sea terco?

—¿Quieres decir un mocoso terco como mierda? —contestó Levi—. Supongo.

Eren rodó los ojos y dio saltitos hasta donde Levi estaba sentado. El mayor se sobresaltó mientras Eren se ponía delante de él, con las manos en sus rodillas para verlo a los ojos.

—Te encanta.

—¿Quieres llevar el gris entonces? —preguntó Levi, echando un vistazo a su reloj—. ¿O te pruebas este otro?

—Quiero un pretzel.

Levi no tenía que levantar la vista para saber que había un puchero en los labios de Eren.

—El gris será.

Eren dejó su puchero y corrió hacia el probador, quitándose el traje y tirándolo por encima de la puerta. Levi lo cogió, poniéndolo de vuelta en la percha. Podía oír a Eren arrastrando los pies, sacándose la ropa. Recogió sus pertenencias y se dirigió a la caja para hablar con la empleada de la tienda.

—¿Esto es todo? —preguntó ella con una sonrisa.

—Eso sería todo.

En el fondo de su mente, Levi consideró unos zapatos y un reloj y diablos, tal vez incluso una nueva billetera. Pero cuando Eren apareció, el cabello un desastre y con jeans sueltos de nuevo, Levi se olvidó por completo de ello. Se rio y estiró su brazo, Eren se acercó mientras la chica de la caja tomaba la tarjeta de Levi. Ella le entregó la boleta y Levi firmó mientras el traje era guardado en una bolsa adecuada con una percha.

—Gracias por comprar con nosotros —dijo la chica con una sonrisa—. Que tengan un buen día.

—¡Gracias! —intervino Eren mientras Levi agarraba la bolsa. Los dos salieron de la tienda y Eren se inclinó, dándole a Levi un beso en la mejilla—. Y gracias a ti.

Levi se rio entre dientes.

—De nada. Ahora, ¿qué querías? ¿Un pretzel?

—En realidad, unos pretzel-bites de almendras y canela —contestó Eren con una sonrisa esperanzada.

—Lo que te haga feliz.

Eren dio un feliz chillido y los guio hasta el puesto de pretzels, agarrando a Levi de la mano. El menor se situó en el mostrador, con sus ojos muy abiertos, y ordenó su bolsa de pretzel-bites.

—¡Oi, espera! —espetó Levi mientras Eren sacaba su billetera—. No-

—Levi, déjame, ¿de acuerdo? —Eren soltó una risa—. ¿Solo esta vez?

Levi hizo una pausa, dejando caer su mano.

—Está bien.

Una expresión de triunfó apareció en el rostro del menor mientras pagaba por su bolsa de pretzels. Para cuando ya había arrugado su recibo y lo había metido en su bolsillo, sus pretzels estaban listos; cubiertos de glaseado y almendras y canela azucarada. Tomó la bolsa de la cajera y se volteó hacia Levi, quien había agarrado un tenedor y un puñado de servilletas.

—¿Bueno?

—Mhm —dijo Eren, cogiendo uno de los trozos pegajosos para comer. Lo metió en su boca y Levi agarró su dedo, limpiando las migajas.

—Sucio.

Eren cogió otro pedacito, pero esta vez se lo ofreció a Levi. Este levantó una ceja y Eren lo empujó más cerca de su boca.

—¡Pruébalo! ¿Solo uno?

Levi arrugó la nariz ante la idea y abrió su boca, dejando que Eren lo ponga en su lengua. Era demasiado dulce y empalagoso y crujiente. Una combinación que Levi realmente no favorecía, pero la expresión en el rostro de Eren valía la pena que las almendras se hayan pegado a sus dientes.

—¡¿No te gusta?!

—Está bien.

—¿Se quedó pegado en tu dentadura postiza?

—Voy a dejar que lo averigües más tarde cuando la limpies.

Eren jadeó, siguiendo a Levi a un banco.

—¿Soy tu nuevo cuidador?

Levi se dejó caer en la silla y le sonrió a Eren. Y el castaño solo sacó la lengua —si hubiera estado más cerca Levi se habría atrevido a morderla—, y se sentó, hurgando más en su bolsa de dulces.

Permanecieron en silencio por un minuto. Observando a la gente caminar. Escuchando conversaciones. Eren masticaba su snack, sus ojos abiertos y yendo a todas partes. Eventualmente, los compradores que los rodeaban perdieron su atractivo. Para Levi, Eren era mucho más agradable de ver.

No era extravagante. No era llamativo. Solo era Eren, dedos cubiertos con pretzels pegajosos y pintura. Su cabello todavía un desastre por dormir en él y un mechón rebelde negándose a quedarse en su lugar. Grandes ojos que observaban todo y Levi se preguntó si veía las cosas de manera diferente. Si los colores y las personas y el diseño de los edificios eran más que solo eso; si Eren encontraba inspiración de ellos y de alguna forma los catalogaba en su mente para futura referencia artística.

Levi extendió una mano y la pasó a lo largo de la espalda de Eren, y este contoneó los hombros ante el toque. Nunca se volvió, pero Levi vio la sonrisa dibujada en su rostro.

—Levi…

—¿Hm?

—¿Por qué tú… siempre me dejas… obtener lo que quiera? Nunca me dices que no.

Eren seguía sentado mirando hacia adelante, casi como si la pregunta fuera vergonzosa. Levi se inclinó, apoyando los codos en sus rodillas y sintiendo su pecho apretarse ante la repentina pregunta.

—Puedo decirte que no. Pero nunca tengo que hacerlo. Nunca quieres algo ridículo. Eres agradecido. Así que comprar mierda para ti me hace feliz.

—¿En serio? —preguntó Eren con un tono sarcástico en su voz. Alzó sus cejas con incredulidad—. ¿Solo eso?

Levi suspiró.

—A veces… tengo miedo.

—¿Por qué? ¿Por no dejarme comprar una bolsa de pretzels con mi propio dinero?

—En el… pasado —dijo Levi—, he sido muy duro con las personas. Diciéndoles que no. Diciéndoles que quieren algo por las razones equivocadas. Y perdiéndolas como consecuencia de ello.

Eren tragó, su expresión poniéndose seria.

—¿Tu… esposa? Ex esposa, digo.

—Sí.

Era la única respuesta que Levi pudo musitar. Era la verdad. Una verdad a medias, pero aun así cierta.

—Es por eso que… quiero decir… parte de la razón por que… Mierda, olvídalo —susurró Eren—. No voy a entrometerme.

—Tú… puedes preguntar —dijo Levi con suavidad. Eren vaciló visiblemente.

—¿Fuiste duro con ella?

—Por costumbre.

—Y eso… ¿la alejó?

—La alejó a alguien que se sentaría y escucharía sus necesidades y deseos. Un amante; no un oficial al mando sin corazón.

Un silencio se apoderó de ellos.

—Si sirve de algo, no creo que seas un oficial sin corazón.

No sabes nada.

La voz de Levi se quedó atorada en su garganta y sus ojos se dirigieron a los de Eren.

—No eres una persona sin corazón.

Mierda, no puedes decir cosas así.

—Además… —y aquí se detuvo lo suficiente para entrelazar sus dedos con los de Levi y mostrarle una brillante sonrisa—. Sé que me gustaría. Toda la cosa de oficial al mando. Algo sexy.

El corazón de Levi se aceleró. Eren no recordaba nada. Sus palabras eran tan inocentes y llenas de cariño. Era casi insoportable porque no recordaba y Levi era el único que se quedaba con horribles recuerdos. Algunos claros, otros todavía muy vagos. Pero Eren estaba feliz y libre de esa carga.

Se encontró a sí mismo sonriendo de vuelta y apretando la mano de Eren, aún aterrado por perderlo de nuevo. Por alejarlo de nuevo.

Eren lo besó en la mejilla.

—Deberíamos ir. No podemos llegar tarde a nuestra cita.

Se puse de pie y se estiró y Levi hizo lo mismo, agarrando el traje. Su corazón estaba acelerado, y estaba seguro de que si Eren podía sentirlo, haría una broma relacionada con su edad, pero eso era algo que Eren le hacía.

—Oi.

El castaño giró, la bolsa pegajosa todavía en sus manos mientras Levi daba un paso más cerca. El mayor no pudo evitarlo. Envolvió una mano alrededor del cuello de Eren y lo jaló de él hasta su nivel. El menor obedeció y Levi atrapó sus labios, besándolo más apasionadamente de lo que debería en público.

Pero en ese momento, nadie más importaba; nunca nadie más importaba. Y sabía mejor que besar a Eren, debido a la renuencia del chico. Sin embargo, necesitaba una pequeña confirmación de que Eren estaba ahí y era suyo y no otro cruel sueño.

Soltó al menor, para recuperar el aliento, y Eren sonrió con las mejillas sonrojadas.

No eran necesarias las palabras. Eren agarró la mano de Levi, entrelazando sus dedos, y empezaron a caminar.

Fue Levi quien se detuvo y habló primero, antes de que pudieran dejar el centro comercial.

—Esas bragas necesitan tu trasero en ellas —espetó Levi, mientras pasaban por un Victoria's Secret. Eren siseó.

—¡¿Esas verdes?!

—Sí. Vamos-

—¡Ya me compraste un traje! ¡No necesito bragas que hagan juego!

Unas pocas personas se quedaron mirando en shock. Una madre hizo pasar a su hija tan rápido como pudo y una señora mayor se rio en aprobación mientras Levi arrastraba a un Eren con la cara roja hacia la tienda.


De algún modo se las arreglaron para llegar a tiempo a su cita, aunque sin bragas (para la consternación de Levi). Pero una vez que estaban echados boca abajo en la mesa, la mayor parte de su decepción por la falta de nueva lencería desapareció.

El masaje era bastante necesario. Su carga de trabajo lo estaba volviendo loco y la oficina no estaba mejor. La gente extraviaba archivos. Dejaban los espacios de su oficina sucios. Documentos eran borrados por idiotas sin cerebro. Y estaba en un estado constante de hacer copias de todo al menos dos veces.

Afortunadamente, había unas pocas personas que eran fiables. Sus socios, Smith y Zacharius, eran lo suficientemente competentes para saber cómo guardar un documento mientras trabajaban en él.

Hanji tomó el camino fácil y logró evitar el drama de su estudio de abogados al convertirse en psiquiatra, a la vez que profesora.

Más que nada, todos tenían recuerdos también. Solo pequeñas piezas vagas de una vida anterior; igual que Levi. Y cada uno con diferentes dolores. Diferentes cargas.

—¿Levi?

El mayor levantó la vista de sus manos hacia Eren sentado junto a él. Estaban a mitad de una pedicura y Levi estaba más relajado de lo que normalmente dejaba mostrar. Su expresión se había suavizado y al parecer se había desconectado lo suficiente para hacer que Eren pregunte.

—¿Hm?

El castaño sonrió suavemente.

—Tenías una expresión rara en tu cara. Eso es todo. ¿Te sientes bien?

—Solo estoy molesto porque no me dejaste comprarte las bragas —dijo Levi. Eren resopló.

—¡Levi!

—Es cierto —mintió. Era mejor que decirle a Eren la verdadera razón por la que se había distraído—. Oi, ¿te importa si pregunto algo?

—¿Qué cosa?

Levi se volvió para mirarlo. A su rostro brillante y ojos curiosos. Los mismos; hermosamente los mismos.

—La marca en tu nuca —dijo Levi—, ¿dónde te la hiciste?

Eren rápidamente puso una mano en la parte posterior de su cuello, revolviendo su cabello. Se encogió de hombros.

—Es solo una marca de nacimiento.

—Mn.

De nacimiento. La marca en la nuca de Eren era de nacimiento. Las dos finas marcas; dos líneas que se asemejaban más a un corte que a una marca de nacimiento natural.

—¿Por qué lo preguntas?

—Porque es jodidamente rara.

Eren hizo un puchero.

—Pues gracias por pensar que mi marca es anormal.

—De nada —la respuesta de Levi fue lo suficientemente sarcástica para hacer reír a Eren, aunque trató de no hacerlo.

—Y me llamas a mí mocoso.

Levi sonrió triunfantemente, a pesar de que fuera un poco forzado. Se recostó en su silla, cruzando las manos sobre su regazo, sus pensamientos dando vueltas.

Sabía que nunca dejó una marca en la parte posterior del cuello de Eren.


La mejor manera de terminar el día fue con una cena y Eren, al estar libre de sus cursos de la universidad y finales, no estaba en posición de rechazar comida. Se decidieron por carne (Eren se estaba asegurando de evitar lugares visitados frecuentemente por sus compañeros), así que encontraron un lugar lejos de Trost y los departamentos cercanos.

Pero mientras terminaban sus platos, y Levi estaba sacando la billetera de su bolsillo, Eren oyó una risa familiar, seguido de un sonido angelical de risitas.

—Carajo… —murmuró Eren mientras Levi ponía su tarjeta en la mesa. El mayor lo miró con las cejas alzadas.

—¿Ya tienes que cagar?

—No… —dijo Eren, mirando hacia la pared de su mesa reservada—. Solo… gente que conozco.

—¿No quieres que ellos se enteren?

—Todavía hay muchas asperezas que limar —dijo Eren bruscamente—. Como decirle a Mikasa, por ejemplo, y si ese estúpido caballo por allá nos ve, se lo contará a ella.

Levi terminó su té mientras la mesera pasaba por su mesa para recoger la cuenta.

—¿Es el ex?

Eren rodó los ojos.

—Sí, es el ex. Y está con su novio.

Antes de que Eren pudiera terminar, Levi estaba mirando por encima de su hombro. El menor gimió, enterrando su cabeza en sus manos.

—¿En serio tenías que mirar?

—¿En serio saliste con ese tipo?

—Sí… ¡¿cómo siquiera sabes cuál es?!

—Bueno… —y aquí, Levi se echó hacia atrás, su expresión calmada—. Reconozco a Pecas por allá de una de las primeras veces que fuimos a cenar. Recuerdo que tuviste un pequeño ataque de pánico y dijiste algo sobre el ex. Solo puedo asumir que el molesto chico con pelo de dos tonos por allá es él. Y si recuerdo correctamente, es un estudiante de derecho también.

—Joder, olvidé que eres bueno para descifrar mierda y recordar todo —Eren suspiró. Levi golpeó su pie suavemente debajo de la mesa y Eren no pudo evitar la sonrisa tirando de sus labios.

—Me iré primero —dijo Levi—. Y buscaré el coche en caso de que empiece a hablarte.

—No, eso es… ridículo. No hagas eso por mí.

—No quiero que estés triste por el resto del día.

—Oh, ¿extrañarías mi sonrisa?

—¿Te refieres a esa tonta sonrisa de mierda? Sí.

Eren estaba agradecido de que la mesera haya regresado con la tarjeta de Levi. Lo distrajo lo suficiente para no ver cómo las mejillas de Eren se coloreaban. Después de firmar, Levi miró hacia el menor.

—¿Listo?

—Sí —dijo Eren—. Solo… caminaré detrás de ti. No lo sé. Solo ve.

Levi se encogió de hombros y se deslizó de la butaca, caminando por el pasillo. Eren hizo lo mismo, sacando su teléfono para pretender que estaba ocupado. A través de su visión periférica, podía ver a Levi moviéndose delante suyo. El pelinegro pasó por la mesa, y afortunadamente Marco no se percató. Pero mientras Eren caminaba, Jean se puso de pie repentinamente.

—Señor Levi, es usted- ¡Cuidado!

Eren no estaba esperando que Jean se parara, en la mitad del pasillo tan repentinamente para captar la atención de Levi. Y Levi ya se estaba dando la vuelta para mirarlo. Y Eren estaba tan pegado a la espalda de Jean para escapar. Los tres se quedaron de pie en el pasillo estúpidamente por un segundo, recomponiéndose.

Levi se acercó con cuidado. Eren dio un paso hacia atrás y Jean se deslizó en su asiento. Marco aclaró su garganta con una sonrisa.

—Qué bueno encontrarte aquí, Eren —Marco alegremente bromeó. Eren sabía que Marco estaba tratando de relajar el ambiente incómodo.

—Sí —Eren tragó.

Jean le restó importancia al castaño.

—Puedo hablarte cuando quiera. ¡Levi! Es… uhh… está aquí y no sé si se acuerde de mí, pero estuve en su clase como invitado en-

—Lo recuerdo —dijo Levi—. Kirstein, creo.

La cara de Jean se iluminó como si fuera Navidad.

—¡Sí! ¡Soy yo!

Marco le hizo un gesto a Eren y este trató de pretender que no lo vio. Pero lo hizo y Marco sabía que lo vio, así que no tuvo más opción que rodear a Levi y sentarse al lado de Marco en la mesa. El chico se inclinó discretamente y levantó una mano junto a la oreja de Eren.

—¿Cita? —susurró el pecoso—. Perdón si la arruinamos.

—Eh, tú no. Solo Jean —dijo Eren. Marco se rio en tono de disculpa. El castaño bajó la voz de nuevo—. Por favor-

—No lo haré —dijo Marco—. No es mi lugar, ¿recuerdas? Pero mejor lo reclamas pronto porque creo que Jean quiere hacerlo.

Eren miró rápidamente a Jean y Levi. Estaban en una charla jurídica profunda y los términos entraron y salieron por las orejas de Eren. Rodó los ojos.

—Si calentarse con cosas legales es lo que les gusta, pueden estar juntos.

Se rieron juntos, algo que normalmente enojaría a Eren. Aún no era justo que Marco esté tan feliz, pero por lo menos lo había aceptado ahora. Eren se despidió primero, se dirigió a la entrada y esperó fuera en el aire frío.

Minutos después, Levi salió del restaurante.

—¿Estás bien?

—Lo estoy —dijo Eren—. Estoy más preocupado por ti. Te habló hasta por los codos, ¿no es así?

Levi sonrió.

—Él está bien. Pero al parecer tiene que tomar algunas prácticas el próximo semestre y preguntó si podía hacerlo en mi firma. Le di mi correo electrónico para que pueda enviarme su currículum. Sé honesto: ¿es bueno?

Por mucho que Eren odiaba a Jean a veces…

—Lo es —respondió el menor—. En realidad, estudia muy duro con las cosas que le interesan. Y ha estado decidido a ser un maldito abogado desde que lo conocí. Digo que le des una oportunidad. Entrevístalo o lo que sea que hagas.

—Hm.

—¿Qué?

—¿Te ha hecho pasar un montón de mierda y aun así lo recomiendas?

Eren se encogió de hombros.

—Hemos sido amigos por mucho tiempo. Sería una mierda de mi parte no hacerlo.

Levi pasó su brazo por la cintura de Eren, acercándolo más. No necesitaron intercambiar más palabras, pero agarrarse de las manos el resto del viaje a casa fue todo lo que Eren necesitó.


—¿Mamá? —preguntó Eren, distraídamente haciendo dibujos en el suelo. Carla levantó la vista de su libro y lo recostó contra su pecho.

—¿Hijo?

Eren soltó una risa, frotando su cabeza. Había estado ocupado dibujando viejos edificios y árboles altos y paredes cubiertas de musgo. Todo ello sacado de su imaginación, pero vívido y lo suficientemente claro para sentir como si estuviera dibujando de un recuerdo.

—Uhh… ¿Dónde está mi pasaporte?

Carla frunció los labios mientras pensaba.

—Debe de estar en la oficina. ¿Por qué?

—Bueno… yo… —Eren hizo una pausa y se sentó, cruzando sus piernas y tirando de sus tobillos—. Para el curso que estoy tomando, la clase puede ir a Francia por un par de semanas. Justo después de Navidad, así que no te preocupes por eso…

—¿Y quieres ir? —Carla se enderezó también, acomodándose en el sillón.

—Sí. ¡Pero escúchame! Es para los estudiantes que van a llevar el curso de francés intermedio y uno de mis profesores de arte en realidad sugirió que vaya. Dijo que sería una buena oportunidad ya que llevaré francés y por el arte y la arquitectura y-

—Eren —ella rio—, no tienes que explicarme todo. Ve, diviértete. Aunque, ¿cuánto es? Esto no suena como un viaje barato…

—¡Está bien! Puedo manejarlo.

Y aquí Carla frunció las cejas con clara incredulidad.

—¿Oh, en serio? Y Eren, ¿cómo piensas hacer eso?

—He sido extremadamente tacaño —dijo. Lo que era parcialmente cierto. En realidad, no gastaba su propio dinero; el dinero por el que trabajaba en la cafetería claro. Lo mantenía todo en sus ahorros y solo lo utilizaba para las compras de la semana y la ocasional cena para Armin y Mikasa, siempre los invitaba a comer cuando salían—. No he gastado mucho. Y por los préstamos están bajo control en su mayor parte. Lo suficiente para que pueda pagar un viaje. Así que… ¿no te preocupes?

Carla suspiró.

—Eren…

—Mamá, lo digo en serio. No… no necesito el dinero de papá.

Era una mentira. Algo. Sí, todavía era un estudiante universitario en apuros. Y sabía muy bien que sin Levi estaría en una mierda más profunda. Sabía que incluso con el dinero que hacía por vender algunas pinturas, aún estaba en aprietos. Pero no tenía ninguna intención de arrastrarse de vuelta a Grisha por ninguna razón; no importaba cuál sea su situación.

—Lo sé, pero todavía eres nuestra responsabilidad —dijo Carla. Ella sonrió—. Al menos por unos años más.

—¿Qué, hasta que termine la universidad? —bromeó Eren.

—¡Hasta que estés plenamente estable, por supuesto!

—Eres tan ridícula a veces, ma.

Su sonrisa juguetona se desvaneció lentamente y ella aclaró su garganta con firmeza. Eso llamó la atención de Eren y esperó porque sabía que se iba a poner serio.

—Lo digo en verdad, Eren. Sé que eres capaz de cuidarte a ti mismo, pero nunca olvides que estamos aquí para ti. Para cualquier cosa.

—Lo sé —suspiró Eren.

—A tu padre solo le gusta hacer rabietas.

—Confía en mí, lo sé.

—Se le pasará.

Eventualmente.

Eren se encogió de hombros y volvió a mirar a su bloc de dibujo. Carla regresó a su libro en silencio. Colosal los observó, su cabeza en el suelo y ojos fijos en las manos de Eren.

—¿Quieres ir por hamburguesas para la cena de esta noche?

—¿Papá te dijo que va a trabajar hasta tarde?

—Tal vez.

—Entonces sí, por favor.


N/T: Muchas cosas en este capítulo, ¿no? Ya se habían dado unas pistas en capítulos anteriores, pero en este se hizo más evidente. ¿Captaron esa parte?

Tómense unos minutos para dejar un comentario por favor, apreciaría mucho saber qué piensan de la historia. Motívenme o díganme si está fea la traducción (?). Gracias por leer.